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domingo, 28 de noviembre de 2021

Thomas Piketty: “Estamos en una situación similar a la que llevó a la Revolución Francesa”

El reconocido economista francés augura que los privilegios que se conceden a las grandes fortunas conducirán a una gran crisis política. Y recuerda el levantamiento de finales del siglo XVIII, cuando la nobleza se resistía a pagar impuestos

Entrevista a Thomas Piketty


MARC BASSETS, El Pais

Thomas Piketty (Clichy, Francia, 50 años) ha logrado con sus tratados de más de mil páginas algo que solo un puñado de economistas ha conseguido en la historia: colocar su tema de estudio académico en el centro de las discusiones políticas y las agendas internacionales. Su tema es la desigualdad. O, dicho de otra manera, la larga historia del avance hacia la igualdad. Porque el autor de El capital en el siglo XXI y Capital e ideología se declara optimista, aunque no lo parezca: prefiere ver el vaso medio lleno de la igualdad que el medio vacío de la desigualdad.

Ahora Piketty publica Una breve historia de la igualdad (editorial Deusto, traducción de Daniel Fuentes), una síntesis en menos de 300 páginas de sus ideas y sus propuestas.

Piketty no pertenece al club de los apocalípticos: él cree —y así se lo confirman los datos— que, pese a los tropiezos y contratiempos, el mundo va mejor. Y dice que, aunque los partidos que defienden sus ideas son minoritarios y que en muchos países, como el suyo, las clases trabajadoras votan opciones nacionalistas y populistas, no cree estar predicando en el desierto. “Desde la crisis de 2008 se ha acelerado la toma de conciencia sobre los excesos de la desregulación financiera de los años ochenta y noventa, y la covid ha contribuido a ello”, resume en su diminuta oficina en la Escuela de Economía de París. “Las cosas evolucionan un poco en el sentido que yo describo”.

PREGUNTA. ¿No ha sido útil a fin de cuentas el capitalismo para mejorar la esperanza de vida o el nivel de vida, o para reducir las desigualdades?

RESPUESTA. Lo que ha permitido la prosperidad es haber atemperado el capitalismo del siglo XIX con una economía de tipo socialdemócrata, una economía mixta en la que toda una parte de las riquezas está socializada. Y hay que continuar con este movimiento. El socialismo participativo, democrático y federal que yo deseo se inscribe en la continuidad de transformaciones ya muy importantes que han tenido lugar. El sistema de economía mixta socialdemócrata que hoy tenemos en los países de Europa Occidental no tiene mucho que ver con el capitalismo colonial, patriarcal, autoritario de 1910. Y el sistema que yo describo para el futuro no es más diferente del sistema actual de lo que el sistema actual lo es respecto del capitalismo de 1910.

“Si se pide educadamente a la nobleza que renuncie a sus privilegios, la cosa no funciona. Si se pide educadamente a Suiza y Luxemburgo que dejen de ser paraísos fiscales, tampoco”

P. ¿Las guerras, revoluciones o catástrofes naturales han sido necesarias para reducir las desigualdades?

R. Las revoluciones no siempre son catástrofes. Efectivamente, en la historia hay movimientos políticos, movilizaciones que permiten avanzar hacia una mayor igualdad. E insisto en el mensaje positivo: hay una marcha hacia la igualdad que viene de lejos, que es un fenómeno de largo plazo y que se nutre a veces de revoluciones, pero más generalmente de rebeliones, de peticiones de más igualdad. Es un movimiento que comenzó a finales del siglo XVIII, sobre todo con la Revolución Francesa y también con la rebelión de los esclavos en Santo Domingo. Estos dos acontecimientos marcan el principio del fin de las sociedades de privilegios, de un lado, y de las sociedades esclavistas, del otro.

P. Pero no siempre se avanza con revueltas o revoluciones.

R. Otro ejemplo es Suecia. Hasta principios del siglo XX era uno de los países con mayor desigualdad de Europa y una codificación institucional de la desigualdad más extrema que en el Antiguo Régimen francés o en las monarquías censitarias de Francia o España del siglo XIX. Solo el 20% de hombres más ricos tenían derecho de voto, y dentro de este 20% se podía tener entre 1 o 100 derechos de voto en función de si uno era el más rico de los ricos o si lo era menos. Incluso las sociedades anónimas tenían derecho de voto en función del capital invertido en el municipio. ¡Ya les gustaría a las multinacionales hoy tener algo semejante! Lo que ocurre después es que hay una gran movilización sindical y del partido socialdemócrata en un país muy educado, y la clase obrera toma el poder. Se impone entonces de manera relativamente pacífica.


Thomas Piketty.MANUEL BRAUN

P. La de Suecia fue una revolución pacífica.

R. ¿Sabe? Este tipo de transformaciones no pueden hacerse respetando las reglas del régimen precedente. En un momento dado habrá una ruptura institucional. Siempre es así. Cuando la Administración de Obama anuncia a Suiza que se acabó el secreto bancario y que, si Suiza lo mantiene, Estados Unidos retirará las licencias a los bancos suizos, no es algo que estuviese previsto en los tratados internacionales que organizaban la libre circulación de los capitales. Pues bien, resulta que estos tratados no evitan que en un momento dado un país diga: “Cambiamos las reglas”.

P. Estados Unidos es la primera potencia mundial. Otro país quizá no podría hacer lo mismo.

R. Pero es que el cambio histórico se nutre de relaciones de fuerza, sea en 1789 o en 2020. Si se pide educadamente a la nobleza que renuncie a sus privilegios, la cosa no funciona. Si se pide educadamente a Suiza y Luxemburgo que dejen de ser paraísos fiscales, tampoco. Y estas transformaciones suelen implicar transformaciones institucionales con cambios en los tratados o las Constituciones. No quiero decir que el Estado de derecho no sea importante, pero no debe convertirse en un pretexto para mantener las posiciones adquiridas. Todas las transformaciones que describo se han realizado derribando el sistema legal precedente, pero con el fin de reemplazarlo por un Estado de derecho más justo, emancipador e igualitario.
“Hay una huida adelante hacia la deuda pública que se explica porque no se logra hacer pagar a las clases privilegiadas”

P. ¿El mundo posterior a la covid será más o menos igualitario?

R. El primer efecto es de más desigualdad. Primero, entre el norte y el sur. Es escandaloso cómo los países del norte han rechazado transformar las vacunas en un bien público mundial, una oportunidad perdida. También vemos que las grandes fortunas del planeta se han enriquecido. Todo el sector de las altas tecnologías se ha enriquecido. Los más pobres y frágiles sufren más por la covid. Al mismo tiempo, como sucede con todas las crisis de esta naturaleza, la pandemia ha tenido efectos complejos, porque también ha contribuido a rehabilitar una cierta visión del servicio público, del hospital, del sistema sanitario, y esto permite también legitimar de nuevo una política de reinversiones en los servicios públicos.

P. ¿Vamos por el buen camino?

R. Por ahora, se avanza despacio. El nivel de desigualdades es contraproducente. Tener a un 50% de la población que no posee casi nada —en Francia o en España ese 50% posee un 5% del total del patrimonio, mientras que el 10% más rico posee un 50%, un 55%, un 60%— no solo es injusto, sino económicamente ineficaz. El 50% más pobre y sus hijos tienen al menos tantas ideas e iniciativas como los hijos de los más ricos. A largo plazo supone una pérdida colectiva limitar así las oportunidades económicas y las posibilidades de que se dinamice la economía con una mayor circulación de las riquezas, de la propiedad y del poder.

P. Pero estará satisfecho con que la Unión Europea adoptase un acuerdo para poner la deuda en común e invertir masivamente, ¿no?

R. Soy un federalista europeo. Todo lo que vaya en esta dirección es bueno. Y endeudarse conjuntamente permitió, al menos, ganar tiempo y salvar la idea europea. Yo, sin embargo, habría preferido que el plan de recuperación lo adoptase un grupo de países más pequeño y con una mayor democratización de las instituciones europeas, y un voto por mayoría y no por unanimidad. Imagine que en seis meses o un año necesitemos un nuevo endeudamiento y un nuevo plan de recuperación. ¿Hará falta de nuevo la unanimidad de los Veintisiete? La solución es que los países que no quieren más solidaridad queden fueran: no hay que forzar a Países Bajos, Suecia, Dinamarca a participar. Quienes quieran una Europa más unificada, que avancen. Para mí es una ocasión perdida.


R. Plantea dos problemas. El primero es que la tasa de imposición de un 15% es ridículamente débil. Una pyme (pequeña y mediana empresa) o un hogar de clase media o popular no puede, así como así, crear una filial en un paraíso fiscal para aprovecharse de la tasa del 15%. En Francia, si usted es jefe de una pyme en la restauración o la construcción, entre el impuesto sobre los beneficios, el impuesto sobre la renta, las cotizaciones sociales paga como mínimo un 20% o un 30%, y con frecuencia más bien un 30% o un 40%. Así que el 15% para las multinacionales con capacidad para crear filiales en paraísos fiscales equivale a crear un sistema derogatorio privilegiado para los actores más poderosos. Temo que esta reforma con el 15% reporte muy poco dinero y no haga más que perpetuar una injusticia enorme entre, de un lado, las multinacionales y los más ricos, y del otro las pymes y las clases medias.
“Temo que la tasa del 15% a las multinacionales reporte muy poco dinero y perpetúe la injusticia frente a las pymes”

P. ¿Y el segundo problema que menciona?

R. Es aún más grave que el primero. Y es que esta reforma se ha concebido para los países del norte y no los del sur. Los países que obtendrán ingresos suplementarios son aquellos en los que se encuentran las sedes de estas multinacionales; es decir, los más ricos. Creemos que no nos conciernen las crisis en Malí o en Afganistán, pero desde el momento que hay riquezas para explotar, como el uranio en Níger o el cobre en Congo, las compañías occidentales acuden enseguida, o las chinas, que hacen lo mismo. Al mismo tiempo, las emisiones de CO₂ acumuladas de los países europeos y de Estados Unidos representarán un coste considerable en términos de subdesarrollo a los países del sur. Y recordemos que no hay países ricos sin países pobres: todos los enriquecimientos de la historia son resultado de un sistema de división internacional del trabajo y de uso y a veces explotación de recursos naturales y humanos en el planeta, como la industrialización durante el colonialismo y la esclavitud.

P. ¿Qué hacer?

R. La idea de que tal país o persona es enteramente responsable de su riqueza y debería quedárselo todo para sí mismo es una construcción intelectual nada convincente. Hay que imaginar un sistema de reparto de las riquezas con los ingresos fiscales procedentes de los actores económicos más prósperos. Si solo tomásemos una pequeña fracción de los beneficios de las multinacionales y el patrimonio de los milmillonarios y se redistribuyese a todos los países en proporción a la población de estos países, los recursos para invertir en educación y en la salud serían 10 veces más elevados que las supuestas ayudas internacionales, que en África son cuatro veces más débiles que los beneficios de las empresas occidentales y chinas. Estamos creando un sistema que nos estallará en la cara.

P. ¿Una revolución?

R. Estamos en una situación que no es tan distinta de la que llevó a la Revolución Francesa: hay una huida adelante hacia la deuda pública que se explica porque no se logra hacer pagar a las clases privilegiadas. Entonces era la nobleza la que no quería pagar impuestos. ¿Y cómo se resolvió? Con una crisis política, con los Estados Generales, la Asamblea Nacional y el fin de los privilegios de la nobleza. Ahora, de una manera u otra, acabará igual. Cuando hace un momento le hablaba de que el sistema nos estallará en la cara, pensaba en el norte y el sur. ¿Y en el norte? Lo podemos llamar revolución. Siempre ha habido revoluciones en la historia: 1968 o 1945 lo fueron.
“La pregunta es si el cuestionamiento de este sistema se hará en el desorden o de manera apaciguada”

P. ¿Y ahora?

R. La revolución de la que hablo consiste en hacer que contribuyan las mayores fortunas. Si se crea un sistema en el que usted puede enriquecerse utilizando las infraestructuras públicas de un país, su sistema educativo, su sistema sanitario, y después, con solo apretar un botón, puede transferir sus activos a otra jurisdicción sin que haya nada previsto para controlarle, y después usted simplemente puede dejar la factura a las clases medias y populares que son inmóviles y no pueden moverse del país…, es un sistema insostenible. La pregunta es si el cuestionamiento de este sistema se hará en el desorden o de manera apaciguada, como prefiero. Yo soy un intelectual: he elegido escribir libros, no ser guerrillero.



Es corresponsal de EL PAÍS en París y antes lo fue en Washington. Se incorporó a este diario en 2014 después de haber trabajado para 'La Vanguardia' en Bruselas, Berlín, Nueva York y Washington. Es autor del libro 'Otoño americano' (editorial Elba, 2017).

domingo, 17 de octubre de 2021

Después de los papeles de Pandora, es hora de actuar

 Thomas Piketty  Telegram Sin Permiso


Después de los “LuxLeaks” en 2014, los “Panamá Papers” en 2016, los “Paradise Papers” en 2017, las revelaciones de los “Pandora Papers”, resultado de una nueva filtración de 12 millones de documentos sobre operaciones financieras offshore, muestran como los más ricos siguen evadiendo impuestos. Al contrario de lo que a veces se dice, no existe un indicador fiable que nos permita decir que la situación ha mejorado en los últimos diez años. Antes del verano, el sitio web ProPublica había revelado [i] que los multimillonarios estadounidenses casi no pagaban impuestos en comparación con su riqueza y lo que paga el resto de la población. Según Challenges, las primeras 500 fortunas francesas saltaron de 210 mil millones de euros a más de 730 mil millones de euros, entre 2010 y 2020.y todo indica que los impuestos pagados por estas grandes fortunas (información, al fin y al cabo, bastante sencilla, pero que las autoridades públicas aún se niegan a publicar) han sido bajísimos. ¿Deberíamos simplemente esperar las próximas filtraciones, o ya es hora de que los medios de comunicación y la ciudadanía formulen una plataforma de acción y presionen a los gobiernos para que resuelvan el problema de forma sistemática?

El problema de fondo es que seguimos, a principios del siglo XXI, registrando y gravando los activos únicamente sobre la base de las propiedades inmobiliarias, utilizando los métodos y registros establecidos a principios del siglo XIX. Si no creamos los medios para cambiar este estado de cosas, los escándalos continuarán, con el riesgo de una lenta desintegración de nuestro pacto social y fiscal y el inexorable ascenso del "cada uno por sí mismo".

Capacidad contributiva

Lo importante es que el registro de la propiedad y la fiscalidad siempre han estado estrechamente vinculados. Primero, porque el registro de la propiedad le da al propietario una ventaja (la de beneficiarse de la protección del sistema legal) y, segundo, porque solo un impuesto mínimo puede hacer que el registro sea realmente obligatorio y sistemático. Agreguemos que la propiedad de los activos también es un indicador de la capacidad de contribución de las personas, lo que explica por qué la tributación de los activos siempre ha jugado un papel central en los sistemas tributarios modernos, además de la tributación que pesa sobre los flujos de ingresos (flujo que puede a veces manipularse hacia abajo, en particular en el caso de activos muy altos, como demostró ProPublica).

Al establecer un registro centralizado de todas las propiedades, tanto las inmuebles como para los bienes profesionales (tierras agrícolas, tiendas, fábricas, etc.), la Revolución Francesa también instituyó un sistema tributario sobre las transacciones (derechos de transferencia todavía en vigor) y, sobre todo, la propiedad (con impuesto sobre la propiedad). En Francia, como en los Estados Unidos y en casi todos los países ricos, el impuesto a la propiedad, o su equivalente anglosajón, el "property tax", sigue representando el principal impuesto a la riqueza (alrededor del 2% del PIB, aproximadamente 40.000 millones de euros en ingresos anuales en Francia). Por otro lado, la ausencia de tal sistema de registro y tributación de bienes inmuebles y propiedad profesional explica, en muchos países del sur, la hipertrofia del sector informal y las consiguientes dificultades para implementar la tributación sobre la renta.

El separatismo de los ricos

El problema es que este sistema de registro y gravamen de los activos apenas ha cambiado en dos siglos, mientras que los activos financieros han asumido una importancia preponderante. El resultado es un sistema extremadamente injusto y desigual. Si eres propietario de una vivienda o inmueble profesional por valor de 300.000 euros, y si estás endeudado con 290.000 euros, entonces pagarás el mismo impuesto sobre la propiedad que una persona que heredó un bien equivalente y además tiene una cartera financiera de 3 millones de euros. Ningún principio, ningún razonamiento económico puede justificar un sistema tributario tan violentamente regresivo (las fincas pequeñas de hecho pagan una tasa efectiva estructuralmente superior a la más alta), además de que parte del principio que sería imposible registrar activos financieros. Pero esto no es una imposibilidad técnica, sino una opción política: optamos por privatizar el registro de valores financieros (con depositarios centrales de derecho privado, como Clearstream o Eurostream) y luego se establece la libre circulación de capitales garantizada por los Estados, sin ningún tipo de previa coordinación fiscal.

Los “Pandora Papers” también indican que los más ricos logran evadir impuestos sobre sus propiedades, convirtiéndolas en valores financieros domiciliados en el extranjero, como muestra el caso del matrimonio Blair y su casa de 7 millones de euros en Londres (400.000 euros sobre transferencias onerosas de propiedades inmobiliarias evitadas) o de villas en la Costa Azul controladas a través de empresas fantasma por el primer ministro checo, Andrej Babis.

¿Qué hacer? La prioridad debe ser el establecimiento de un registro financiero público y la imposición mínima a todos los activos, aunque solo sea para producir información objetiva sobre ellos. Cada país puede moverse de inmediato en esta dirección, exigiendo a todas las empresas que poseen u operan bienes en su territorio que revelen la identidad de sus tenedores y los graven de manera transparente y de la misma manera que a los contribuyentes ordinarios. Ni más ni menos. Al renunciar a cualquier ambición en términos de soberanía fiscal y justicia social, solo estamos fomentando el separatismo de los más ricos. Ya es hora de actuar.

 
es director de investigación en la École des Hautes Études en Sciences Sociales, profesor en la Paris School of Economics y codirector de la World Inequality Database. Es autor de los libros El capital en el siglo XXI y de Capital e Ideología.
Fuente:
https://www.lemonde.fr/idees/article/2021/10/09/thomas-piketty-apres-les-revelations-des-pandora-papers-il-est-plus-que-temps-de-passer-a-l-action_6097704_3232.html
Traducción:
Enrique García

domingo, 21 de junio de 2020

“El socialismo participativo es un escenario abierto para la crisis que se avecina”. Entrevista a Thomas Piketty


Thomas Piketty 19/06/2020, Sin Permiso
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“Hace tiempo que dejamos de imaginar otro sistema”, aseguró el economista, autor del libro Capital e Ideología, entrevistado para Il Manifesto por Roberto Ciccarelli. “Todo el modelo económico debe ser repensado, de manera más equitativa y sostenible después de la pandemia”, señaló Piketty.
Los grandes disturbios político-ideológicos acaban de comenzar. En su último, monumental, libro Capital e ideología Thomas Piketty los observa a partir de una idea orientadora contra las antiguas y las nuevas desigualdades que se derivarán de la crisis desencadenada por la pandemia de Covid-19. El economista francés habla de un “socialismo participativo” cuyo objetivo es realizar una transformación radical del modo de producción capitalista y de su régimen de la propiedad, que debería transformarse en una “propiedad social y temporal que también puede requerir también una reforma constitucional”. En esta perspectiva, el tan comentado regreso del estado de bienestar a la escena adquiere una connotación política precisa. Piketty considera que se trata de transformar el antiguo Estado de bienestar restableciendo una fiscalidad equitativa y un régimen financiero internacional para que los más ricos y las grandes empresas puedan contribuir en la medida de lo necesario.
A este cambio se une también una nueva regulación global para garantizar la sostenibilidad social y ecológica de este replanteamiento. “No hace falta decir– señala Piketty– que tal transformación requiere muchos cambios de opinión. Por ejemplo, ¿están dispuestos el presidente francés Macron y el presidente estadounidense Trump anular los recortes fiscales a los más ricos decididos al inicio de su mandato?”.
En los primeros meses de la nueva crisis, el Estado se utilizó en todo el mundo como asegurador contra los daños de la pandemia a la salud, a las empresas y a los trabajadores autónomos. ¿Es suficiente para reducir las desigualdades del pasado y otras que se producirán mañana?
 La crisis económica y social provocada por la emergencia sanitaria mundial demuestra la violencia de las desigualdades sociales y la necesidad de cambiar el sistema económico. La seguridad social  puede ayudar a amortiguar el shock, y su ausencia puede exacerbar la crisis, como está ocurriendo hoy en los Estados Unidos. Pero no será suficiente: todo el modelo económico debe ser revisado, de una manera más equitativa y sostenible.
¿Por qué cree que es necesaria una reforma fiscal progresiva de los impuestos sobre la renta y el patrimonio?
La fiscalidad progresiva es una de las instituciones que ha contribuido a reducir las desigualdades en las sociedades ricas a lo largo del siglo XX, garantizando al mismo tiempo su prosperidad. En los Estados Unidos, el tipo impositivo aplicado a los ingresos más altos fue, por término medio, del 82% entre 1930 y 1980, lo que no impidió la prosperidad, sino todo lo contrario. En los años 80, Reagan estableció la tasa a más del 28% con la esperanza de estimular la innovación y el crecimiento. Como resultado, la desigualdad explotó, los multimillonarios prosperaron. Y el crecimiento se ha reducido a la mitad: 1,1% anual de crecimiento de la renta nacional per cápita entre 1990 y 2020, frente a 2,2% entre 1950 y 1990 y 2,1% entre 1910 y 1950. Históricamente, la prosperidad viene de la educación y la igualdad, no de una búsqueda desenfrenada de desigualdad y de agotamiento de los recursos. En mi libro propongo hacer un balance de la historia de la progresividad fiscal y avanzar en esta dirección, tanto a nivel nacional como europeo, permitiendo a los países que lo deseen votar por mayoría a favor de un suplemento de la progresividad fiscal europea sobre rentas y riquezas muy elevadas.
También hablas de “una renta de 120 mil euros para todos” y el establecimiento de un ingreso básico. ¿Cómo construir una alianza capaz de apoyar la lucha política que será necesaria para construir el “socialismo participativo”?
Para empezar, creo que es importante hablar sobre el sistema económico que queremos. Después de la caída del comunismo, dejamos de pensar en otro sistema. Pero esto es esencial hoy si queremos salir de las desigualdades sociales y climáticas producidas por el hipercapitalismo. El «socialismo participativo» que apoyo se apoya en tres pilares esenciales: la justicia educativa, que es real y verificable; el reparto del poder a través de nuevos derechos de voto para los trabajadores en las empresas; y la circulación permanente de la riqueza, con un impuesto progresivo sobre el patrimonio y las sucesiones. Actualmente, en Italia o Francia, el 50% más pobre tiene solo el 5% del total de activos inmobiliarios, financieros y profesionales, contra casi el 60% para el 10% más rico y casi el 25% para el 1% más rico. .
Tras el dramático colapso de todas las economías ¿tendremos que esperar al crecimiento y la recuperación de las fuerzas del mercado para lograr una reforma fiscal verdaderamente justa?
No hay nada radical en el sistema que propongo: quien no herede nada (actualmente el 50% más pobre) recibiría 120 mil euros, y quien herede un millón de euros recibiría de todos modos 600 mil euros.
Considerando el nivel de injusticia social, ¿crees que es suficiente?
Si quiere mi opinión, podríamos ir incluso más lejos. Los partidos socialdemócratas han perdido el electorado popular porque han abandonado toda ambición de redistribución.
Criticó el plan de recuperación de Ángela Merkel y Emmanuel Macron porque no tiene fondos suficientes y porque no prevé una democratización de la política europea. ¿Se han resuelto estos problemas con el “Fondo de recuperación” propuesto por la Comisión Europea?
No, porque el problema democrático básico persiste. Debemos alejarnos de la regla de la unanimidad y la opacidad. Seguimos trabajando con los Consejos Europeos que deciden a puerta cerrada y, a menudo, a través de negociaciones secretas. Esto causará enormes problemas a la hora de acordar el monto de los préstamos, la naturaleza de los gastos autorizados y los impuestos comunes que deben aplicarse. Tenemos que crear una asamblea europea, como la Asamblea Parlamentaria Franco-Alemana creada el año pasado, en la que se puedan tomar decisiones mayoritarias para decidir el nivel del plan de saneamiento, su uso, los impuestos comunes sobre los más ricos.
¿Existe una mayoría en los gobiernos que puedan apoyar esta hipótesis?
Con Italia, Francia y España, ahora hay una mayoría para un plan de recuperación mucho más ambicioso. Si estos tres países propusieran una asamblea de este tipo, Alemania aceptaría esta perspectiva y los demás se unirían gradualmente. Pero si nos quedamos atascados en la regla de la unanimidad, existe el gran riesgo de aumentar la desconfianza y la frustración. Es hora de que Europa confíe en la democracia.
La transformación que deseabas no tuvo lugar después de la crisis de 2008. ¿Por qué debería tener lugar en 2020?
La crisis de 2008 se resolvió imprimiendo mucho dinero para salvar a bancos y banqueros. El balance del Banco Central Europeo pasó del 10% del PIB antes de la crisis a más del 40% del PIB. Esta política ha evitado una depresión generalizada, pero también ha llevado a un aumento en los precios de las propiedades y las bolsas de valores y al enriquecimiento de los más ricos, sin resolver los problemas fundamentales de la economía real (falta de inversiones, aumento de las desigualdades, cambio climático). Si hoy no podemos demostrar a la opinión pública europea que podemos movilizar al menos tantos recursos para luchar contra Covid-19 y poner en marcha otro modelo de desarrollo, entonces corremos el riesgo de un divorcio dramático y potencialmente fatal para la construcción de Europa.


 
es director de investigación en la École des Hautes Études en Sciences Sociales, profesor en la Paris School of Economics y codirector de la World Inequality Database. Es autor de los libros El capital en el siglo XXI y de Capital e Ideología.
Fuente:
Il Manifesto, 09/06/2020
Traducción:
Carlos Abel Suárez

viernes, 27 de diciembre de 2019

Escapando al Oscurantismo de los datos sobre desigualdad


PARÍS – Vivimos en el Oscurantismo de las estadísticas sobre desigualdad. Más de diez años después de la “Gran Recesión”, los gobiernos todavía no pueden rastrear con precisión la evolución del ingreso y la riqueza. Las agencias de estadísticas producen estadísticas del crecimiento del ingreso para la población en general (cuentas nacionales), pero no para la “clase media”, la “clase trabajadora” o el 1% y 0,1% más rico. En un momento en que Google, Facebook, Visa, Mastercard y otras corporaciones internacionales conocen detalles íntimos sobre nuestras vidas privadas, los gobiernos todavía no capturan, mucho menos publican, las estadísticas más básicas relacionadas a la distribución del ingreso y la riqueza.

Esta deficiencia tiene enormes costos para la sociedad. La percepción de que las desigualdades están alcanzando picos injustificables en muchos países, combinado con una falta de alguna elección informada posible para los votantes, es alimento para los demagogos y los críticos de la democracia.

Para colmo de males, muchas veces se considera que los expertos en el campo de la desigualdad dependen excesivamente de estrategias metodológicas específicas, como quedó ilustrado en la reciente historia de tapa de The Economist, “Ilusiones de desigualdad”. Pero, por supuesto, los datos en las ciencias sociales, por su propia naturaleza, están abiertos al desafío, lo que hace que los debates metodológicos sean esencialmente inevitables. La pregunta es dónde trazar la línea entre un desacuerdo académico legítimo sobre los niveles y tendencias de la desigualdad y un negacionismo absoluto de la desigualdad.

Si la desigualdad es aceptable o no –y si debería hacerse algo o no al respecto- es una cuestión de elección colectiva. Para contribuir al debate, más de 100 investigadores de todo el mundo han unido fuerzas para desarrollar métodos innovadores para compilar estadísticas de desigualdad a través de la Base de Datos Mundial sobre la Desigualdad (WID por su sigla en inglés), que hoy cubre más de 100 países. La WID incluye el conjunto más amplio posible de fuentes de datos disponibles, desde encuestas hogareñas, datos de la administración tributaria, cuentas nacionales y rankings de riqueza publicados en los medios, hasta los “Panama Papers”, a través de los cuales el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación expuso acopios de riqueza escondidos en varios paraísos fiscales.

La metodología de la WID se establece de manera tal que permita que los resultados se reproduzcan y se debatan, contribuyendo al mismo tiempo a la expansión y mejora de los datos disponibles. Cuando se la aplica de manera consistente a varias regiones y países, aparecen patrones divergentes, en los que la desigualdad aumenta en algunos países y se estanca o declina en otros (pocos). Y la WID es una de las múltiples instituciones –incluidos el Centro de Datos Transnacionales LIS, el Instituto de Compromiso con la Igualdad, el Banco Mundial y la OCDE- que hoy funcionan fructíferamente para que entendamos mejor estas cuestiones.

Pero el progreso a la hora de medir la desigualdad se ha visto afectado por los recientes desarrollos en materia de políticas, que ocultan relatos sobre una mayor transparencia. Muchas economías avanzadas han reducido la cantidad de auditorías impositivas realizadas cada año, lo que hace más difícil acceder y analizar esta fuente clave de información. De la misma manera, en tanto se han eliminado gradualmente los impuestos progresivos sobre los ingresos de capital, y dado que se han derogado los impuestos a la riqueza y la herencia, algunas de las fuentes más básicas de datos sobre desigualdad de riqueza han desaparecido.

Debido a la falta de datos fiscales y administrativos de alta calidad sobre los ingresos de capital y la riqueza, muchos observadores recurrirán a otras fuentes, como los rankings de multimillonarios publicados por una cantidad de revistas. Pero, si bien estas fuentes pueden ofrecer información valiosa, no cumplen con los estándares del rigor metodológico y la claridad conceptual sobre los que debería basarse una conversación pública informada.

Por estas razones, los investigadores, los medios y las organizaciones de la sociedad civil tienen que involucrarse más. Es crítico que desarrollemos un conjunto de indicadores y métodos para rastrear el ingreso y la riqueza que sean reconocidos internacionalmente. Las agencias de estadísticas gubernamentales deberían publicar los niveles de ingresos y riqueza del 1%, 0,1% y 0,001% más alto, así como los impuestos efectivos que pagan estos grupos.

Con ese objetivo, una meta particularmente importante vendrá con una revisión, a presentarse en los próximos tres años, del Sistema de Cuentas Nacionales de las Naciones Unidas. (Actualmente estemos trabajando con las oficinas de estadísticas nacionales, la OCDE y las Naciones Unidas en este esfuerzo). Las estadísticas de PIB originariamente surgían del compromiso terco de los investigadores de ofrecer evidencia de los ingresos nacionales durante la Gran Depresión. Sería una lástima tener que esperar al centenario del PIB –o a otra recesión- para diseñar estadísticas de crecimiento distributivo.

Todas las sociedades deben empezar por comprometerse más en la producción y difusión de información económica transparente. Instamos a todas las partes interesadas de la sociedad civil, los medios, los gobiernos y la comunidad académica a sumarse al esfuerzo de trasladar los datos sobre desigualdad al siglo XXI.

Facundo Alvaredo es codirector de la Base de Datos Mundial sobre la Desigualdad. Lucas Chancel es codirector de la Base de Datos Mundial sobre la Desigualdad. Thomas Piketty es profesor de Economía en la Paris School of Economics y codirector de la Base de Datos Mundial sobre la Desigualdad. Su último libro es Capital and Ideology. Emmanuel Saez es director del Centro para el Crecimiento Equitativo en la Universidad de California en Berkeley y codirector de la Base de Datos Mundial sobre la Desigualdad. Su último libro (junto con Gabriel Zucman) es The Triumph of Injustice: How the Rich Dodge Taxes and How to Make Them Pay. Gabriel Zucman es profesor de Economía en la Universidad de California en Berkeley y codirector de la Base de Datos Mundial sobre la Desigualdad. Su último libro (junto con Emmanuel Saez) es The Triumph of Injustice: How the Rich Dodge Taxes and How to Make Them Pay.

sábado, 30 de noviembre de 2019

Crítica a Thomas Piketty, ¿incremento de desigualdades o de explotación?

Por Vicenç Navarro, Público

El aumento de las desigualdades de renta y de propiedad ha sido tan grande en la mayoría de países del mundo capitalista desarrollado que ha llamado la atención de los mayores fórums y medios de comunicación en tales países, así como en las instituciones internacionales. En realidad, el tema de las “desigualdades” se ha convertido casi en un tema de moda. Desde el Foro de Davos (el Vaticano del pensamiento neoliberal) hasta el Foro Social Mundial, todos hablan del tema de desigualdades.

Pero lo que es interesante (y diría yo también intrigante) es que apenas se habla de otro término (o concepto) que está claramente relacionado con el tema de desigualdades. Y me refiero al término (y concepto) de explotación , raramente citado y todavía menos analizado, por ser considerado demasiado polémico. Los datos, sin embargo, muestran que es casi imposible entender la enorme evolución de las desigualdades hoy en el mundo capitalista desarrollado sin hablar de explotación.

Qué es explotación

En realidad, el concepto explotación es muy fácil de definir: A explota a B cuando A vive mejor a costa de que B viva peor. Y A y B pueden ser clases sociales, géneros, razas, naciones o ambientes. Me explico: cuando a un trabajador se le paga menos de lo que contribuye con su producto o servicio a fin de que su empleador (el empresario) pueda aumentar más sus beneficios, hablamos de explotación de clase. Cuando una pareja (hombre y mujer) que viven juntos y trabajan los dos, llegan a casa al mismo tiempo y la mujer se va directamente a la cocina a preparar la cena para los dos mientras el marido se sienta a ver la televisión, hablamos de explotación de género. Cuando a un ciudadano negro se le paga menos que a un blanco por hacer el mismo trabajo, entonces indicamos que hay explotación de raza. Cuando un Estado–nación impone a otro más pobre las condiciones del comercio internacional que le favorecen, a costa de los intereses de esa nación pobre, hay explotación de nación. Y cuando la compañía Volkswagen era consciente del daño causado por sus automóviles, contaminando más de lo legalmente permitido, beneficiándose a costa de dañar la salud de la población, había un caso de explotación del medio ambiente por parte de dicha empresa, a costa de la salud de la población.

El crecimiento de las desigualdades de clase causado por un aumento de la explotación

Pues bien, una de las desigualdades más acentuadas y que han aumentado más sustancialmente desde los años ochenta del pasado siglo han sido las desigualdades por clase social, y ello se debe al aumento de la explotación de clase, que explica en gran medida la evolución de estas desigualdades de clase, las cuales, a su vez, afectan a otros tipos de desigualdades (como las desigualdades de género originadas por otros tipos de explotación, como mostraré más adelante). La explotación de clase centra la dinámica de las sociedades capitalistas hasta tal punto que no se pueden entender la génesis ni el desarrollo de la Gran Depresión o de la Gran Recesión en el mundo capitalista desarrollado sin analizar la evolución de tal explotación. Incluso un economista keynesiano como Paul Krugman ha reconocido últimamente esta realidad, señalando que el economista que explicó mejor la evolución de los ciclos económicos fue Michal Kalecki (que influenció a Keynes), que puso la explotación de clase y el conflicto generado por tal explotación en el centro de su análisis. Thomas Piketty, en su último libro Capital e ideología así también lo reconoce, aludiendo a la famosa cita de Karl Marx: “La historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases”.

La explotación de clase durante la Gran Recesión

Esta observación se aplica claramente a España (incluyendo Catalunya), uno de los países de la UE con mayores desigualdades por clase social. Las rentas del trabajo han ido disminuyendo en España (incluyendo Catalunya), mientras las rentas del capital han ido aumentando, siendo el ascenso de estas últimas a costa del descenso de las primeras. En España (incluyendo Catalunya) el conflicto de banderas (la borbónica por un lado y la estelada independentista por el otro) durante los años de la Gran Recesión ha ocultado esta realidad. La enorme crisis de legitimidad del Estado se basa precisamente en esta realidad.

Uno de los elementos de estabilidad del sistema capitalista, que era la ideología de la meritocracia (que asumía que el mérito era el motor que definía la jerarquía social), ha perdido toda su credibilidad y capacidad cohesionadora, pues pocos se la creen. Y ahí está el problema para la reproducción del régimen político actual. Esta realidad muestra el poder de las ideologías en la configuración de las desigualdades, como concluye, con razón, Piketty en el libro anteriormente citado, Capital e ideología. Ahora bien, el gran error de Piketty es que concede excesiva autonomía a las ideologías, sin apercibirse de que las que él cita han sido creadas y promovidas para satisfacer los intereses de las clases que las originan. Piketty reconoce que Karl Marx llevaba razón (cuando ponía la lucha de clases en el centro de la explicación), pero añade inmediatamente después que hoy la lucha no es entre clases, sino entre ideologías. Por lo visto, Piketty no se da cuenta de que, como acabo de decir, las ideologías son sostenidas y promovidas como instrumentos del poder de clase. La meritocracia era una ideología promovida por los que estaban en la cúspide del poder, para justificar su derecho a dominar. Y el neoliberalismo ha sido la ideología de la clase capitalista dominante, como bien muestran los datos sobre la evolución de las rentas y su enorme concentración, lo cual ha ocurrido a costa de la clase trabajadora, cuyo nivel de vida ha ido empeorando. La evidencia de ello es clara y contundente (ver mi libro Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al pensamiento económico dominante. Anagrama, 2015).

Naturalmente tales ideologías (de clase) no son las únicas, pues cada tipo de explotación genera diferentes ideologías. La explotación de género se sostiene gracias a la existencia de ideologías que reproducen tal explotación. Pero todas ellas están también influenciadas por las ideologías encaminadas a reproducir el dominio de clase. Hay muchos ejemplos de ello. Como ha escrito Rosalind Gill en su libro Cultura y subjetividad en tiempos neoliberales y posfeministas, el neoliberalismo (la ideología de la clase capitalista) influenció la expansión del erotismo en la moda femenina, a fin de empoderar a la mujer para competir en el mundo dominado por el hombre en términos que reproducían también el dominio del machismo, que veía a la mujer como objeto de deseo del hombre. Lo que la mujer (liberal) creía que era la libre expresión de su voluntad era, en realidad, la reafirmación de su opresión, presentándola como objeto de deseo.

Una situación semejante se da en las ideologías basadas en la explotación de raza (y de clase). El racismo ha jugado un papel clave en desempoderar al mundo del trabajo, dividiéndolo por raza. Es de sobra conocido que el racismo juega un papel clave en la desunión de la clase trabajadora, causa de que sea ampliamente promovido por la clase dominante. Como bien dijo Martin Luther King una semana antes de ser asesinado, “la lucha central en EEUU que afecta a todas las demás es la lucha de clases”. Lo dicho anteriormente no es, como algunos estarán tentados de pensar, reduccionismo de clase, sino intentar recuperar y resaltar la importancia de la clase social como variable de poder en el análisis de la realidad, y no solo a nivel económico, algo que raramente se hace no solo en los medios, sino también en los análisis académicos.

La explotación requiere dominio, hegemonía y represión por parte de los explotadores

Y estas ideologías se sustentan a base también de una enorme represión. Basta ver qué está ocurriendo en varios países de Latinoamérica hoy. De ahí que considere enormemente ingenua la observación que hace Piketty en su crítica a Marx. Dice Piketty: “A diferencia de la lucha de clases, la lucha de ideologías está basada en el conocimiento y las experiencias compartidas, en el respeto al otro, en la deliberación y en la democracia.” Tengo que admitir que tuve que leer este párrafo dos veces. Mis muchos años de experiencia y conocimiento de la realidad en los varios países en los que he vivido y he trabajado muestran que no es así. Piketty idealiza el sistema democrático. La prueba de ello es que el siglo XXI se está caracterizando por las enormes agitaciones sociales frente a las consecuencias de la aplicación de las políticas de clase impuestas por los grupos dominantes.

Hoy la gran mayoría de países a los dos lados del Atlántico Norte están experimentando una enorme crisis de legitimidad de sus Estados, resultado en gran parte de la aplicación de las políticas públicas neoliberales impuestas por los partidos gobernantes, incluidos los partidos socialdemócratas cuyo compromiso y aplicación de políticas públicas del mismo signo han generado su enorme colapso e incluso desaparición, como ha sido el caso del partido socialista en Francia, país donde reside Thomas Piketty. El surgimiento de la ultraderecha en Europa y el Gobierno de ultraderecha que gobierna EEUU son un indicador de tal crisis. Me parece incoherente que a la luz de estas realidades Piketty concluya que los sistemas políticos actuales responden a la idealizada versión que caracteriza su definición de ellos. Hoy estamos viendo el fin de una etapa en la que el poder de las clases dominantes ha alcanzado un nivel tal que la propia supervivencia de los sistemas democráticos está en juego. La escasa atención que Piketty presta al contexto político del fenómeno económico (que es casi característica de los estudios económicos actuales) empobrece su análisis, pues hace poco creíble que las propuestas que hace puedan considerarse como factibles sin que exista un cambio más sustancial de lo que él considera.

Respecto a sus propuestas, admito reservas en cuanto al hecho de que la solución pase por gravar a las rentas superiores y a la clase de propietarios del capital y que se distribuya la renta a cada uno de los ciudadanos. Ya he expresado mis reservas en cuanto a priorizar una renta universal a costa de un cambio más significativo, que es utilizar los fondos adquiridos gravando al capital y las rentas superiores para crear una sociedad en la que cada uno contribuya según sus habilidades y los recursos se distribuyan según sus necesidades . Habiendo dicho esto, no quiero desalentar al lector a que lea el libro de Thomas Piketty, que como siempre tiene información de gran interés.


lunes, 21 de octubre de 2019

Sobre el libro de Thomas Piketty Capital e ideología: Inglaterra o cómo no abordar el problema

Michel Husson, Viento Sur

Thomas Piketty resume de este modo en el diario Liberation la tesis central de su libro Capital e ideología: "Cada sociedad humana debe inventar un relato ideológico para justificar sus desigualdades" 1/. Pero, curiosamente, no aborda este tema en las páginas que dedica al Reino Unido.
Evidentemente, el voluminoso libro de Piketty [1232 pp.] suscita admiración por el enorme trabajo que ha supuesto y dificulta la crítica. Sin embargo, pensamos que no podemos dejarnos llevar por la fascinación ni por una cierta forma de sorpresa, y que la crítica es necesaria. Para comprender bien el método de Piketty y valorar sus aportaciones hemos optado por situar el proyector sobre una parte de la misma: las páginas (de las 201 a la 226 [a falta de la edición en castellano, todas las referencias al libro tienen que ver con la edición francesa]) consagradas al Reino Unido.

En sí mismo los títulos que elige Piketty para las distintas partes del libro son bastante reveladores: "El Reino Unido y la progresividad de la propiedad ternaria; la aristocracia británica, una nobleza propietaria; la sociedad de propietarios en la novela clásica; el almanaque de Burke, de los barones a los petro-multimillonarios; los Lores, garantes del orden propietario; la batalla por la progresividad fiscal y la caída de la Cámara de los lores; Irlanda, entre la ideología trifuncional, propietaria y colonialista". En esta enumeración encontramos el cuadro sinóptico utilizado por Piketty, en concreto, las nociones de trifuncionalismo y propietarismo. Las sociedades trifuncionales están compuesta por el tríptico: clero, nobleza y Tercer Estado [la plebe]. Después, una "gran ruptura" (principalmente, la revolución francesa) condujo a una sociedad de propietarista.

Los dos Burke: John y Edmund

Tras algunas páginas consagradas a Jane Austen (a la que ya citó en El capital en el siglo XXI) Piketty centra su interés en el almanaque de John Burke, una especie de anuario de la nobleza británica 2/. Con él, llega a la conclusión de que "la nobleza británica del siglo XIX era indisociablemente aristocrática y propietarista". Volveremos sobre esta observación, pero antes es necesario que centremos la atención en la ideología y demos marcha atrás para hablar de Edmund Burke (un homónimo sin vinculo aparente con John) que se hizo celebre por su severa crítica de la revolución francesa 3/.

Su punto de vista debería haber interesado a Piketty, porque su libro está centrado en la contraposición entre la revolución razonable de 1688 en Inglaterra y la revolución francesa. Esto es lo que dice Burke: "si juntamos todas las circunstancias de la revolución en Francia, se puede decir que realmente se trata de la más sorprendente que se haya visto hasta el presente en el mundo entero. En varias ocasiones se han producido hechos asombrosos a través de los más medios y las formas más absurdas y ridículas (…) Todo parece fuera de lo natural en ese extraño caos de insensatez y ferocidad y en esa mezcla de todo tipo de crímenes mezclados con todo tipo de locuras. Echando un vistazo a estas monstruosidades (…) se pasa del desprecio a la indignación, de las risas a las lágrimas y del desprecio al horror".

Incluso desde su punto de vista, Piketty podría haber encontrado en estos comentarios de Burke, en la medida que se irrita por la confiscación de los bienes de la Iglesia, elementos interesantes. Además, Burke es un verdadero ideólogo, que expuso sus ideas en un pequeño libro aparecido en 1795 4/. En sus reflexiones sobre la escasez, avanza una visión de la sociedad que aborda de forma directa la cuestión de las desigualdades. Comienza por enunciar una perogrullada bastante ridícula: "Los trabajadores son pobres porque son numerosos" (The labouring people are only poor, because they are numerous). A continuación explica por qué "en el seno de una gran multitud, el reparto equitativo no puede ofrecer gran cosa a cada persona". Y tampoco se puede hacer nada al respecto: "esa categoría a la que denominados los ricos es tan reducida que si se les cortara la cabeza y se distribuyera todo lo que consumen ellos en un año, eso no daría suficiente pan y queso a los trabajadores para un solo día". ¿No existe ahí una admirable justificación de las desigualdades en la que se podía haber apoyado Piketty?

Las leyes de pobres

En el Reino Unido, la cuestión del trato a los pobres ha sido objeto de un debate permanente. Uno de sus momentos fuertes fue cuando se preparaba la implantación de la Ley de Pobres en 1834. Entre quienes intervinieron en el debate, dos prestigiosos economistas, David Ricardo y Thomas Malthus, discrepaban sobre si había que abolir la vieja Ley de Pobres. En este punto, tomaré como referencia una contribución anterior 5/ y aquí me limitaré a realizar algunas observaciones.

El principal reproche que hace Malthus a los pobres en su Essaie sur la population 6/ [Ensayo sobre la población], es que constituyen un "Estímulo al matrimonio que actúa de una manera constante y sistemática; porque liberan a cada individuo de la responsabilidad que impone la naturaleza a cada hombre que se convierte en padre" (tomo II, p. 236). Es por ello que "el pueblo debe contemplarse como la principal causa de sus sufrimientos" (ibid.: p 237) y resignarse la consiguiente responsabilidad moral: la castidad.

Aparte de eso, la Ley de Pobres "aminora la voluntad de ahorrar, debilitando así uno de los principales incentivos de la laboriosidad y la templanza, y, por tanto, de la felicidad" (T. II, p. 68). Por tanto es necesario lo que hoy en día llamaríamos una política de activación apoyada en esta dura máxima: la situación de dependencia "debería ser considerada vergonzosa. Es un estímulo para trabajar, indispensable para el bien general de la sociedad. Todo esfuerzo que trate de debilitar este sentimiento, por muy bien intencionado que sea, produce un efecto totalmente contrario al esperado" (T II. p. 67).

Aquí volvemos a topar con la retórica -¿o la ideología?- del efecto perverso: querer hacer el bien puede tener consecuencias perversas, y para estar seguros, es necesaria la rudeza social. En consecuencia, concluye Malthus: "es necesario desaprobar públicamente el pretendido derecho de los pobres a ser mantenidos a costa de la sociedad" (T II, pg. 257).

Es en una carta dirigida a un juez de Sussex, Hutches Trower 7/, el 27 de enero de 1817, donde Ricardo formula de forma más clara su oposición a las Ley de Pobres. En ella encontramos el eco de las tesis de Burke (los pobres son pobres porque son numerosos) y evidentemente las de Malthus, pero Ricardo añade un alegato a favor de un libre mercado de trabajo:

"No se puede contener la población mas que reduciendo lo que fomenta su incremento excesivo, dando plena libertad a la relación entre los pobres y sus patrones, que limitaría el volumen del empleo en el mercado a su demanda efectiva. Al comprometerse a alimentar a quienes tienen hambre se genera, en cierta medida, una demanda ilimitada de seres humanos, y si no hubiera una mala gestión de la Ley de Pobres (o la ocasional dureza de corazón de los supervisores y la avaricia de las parroquias) para controlar en parte sus efectos negativos, la población y los impuestos continuarían aumentando progresivamente de forma regular hasta que los ricos sean reducidos a la pobreza y desaparezca para siempre la distinción de la condición social".
Asombrosa coincidencia y síntoma de cierta permanencia en los argumentos, la cuestión de la necesaria "distinción de la condición social" ha sido retomada recientemente en una tribuna de opinión por un defensor convencido de las desigualdades: "A través de un desplazamiento semántico sutil se nos quiere hacer creer que nuestro lema republicano exige la igualdad de la condición social" 8/. Esta perennidad ideológica, que reaparece de forma cíclica, es algo que en su mayor parte Piketty ha pasado por alto. Resumiendo, no podría estar más claro: para los economistas, que también son ideólogos, la buena sociedad se basa en la existencia de distintas condiciones sociales o, dicho de otro modo, en la existencia de la desigualdad entre pobres y ricos.

La pausa de Engels 9/

Esta misteriosa fórmula se debe a Robert C. Allen, profesor de historia económica, en referencia al libro de Engels La situación de la clase trabajadora en Inglaterra 10/, publicado en 1845. La utilizó para llamar la atención sobre el siguiente fenómeno: en la primera mitad del siglo XIX los salarios apenas aumentaron en el Reino Unido a pesar de que la renta per cápita sí progresó 11/. A lo largo de ese período que Allen bautizó como la pausa de Engels, la tasa de beneficio se duplicó y la participación de los beneficios en la renta nacional aumentó en detrimento de la del trabajo y de la renta agraria (ver el gráfico). Para los economistas de la época (Ricardo, Malthus), el estancamiento salarial era la norma y, como ya lo había expuesto Burke en su libro Pensées de 1795: "el trabajo es una mercancía como cualquier otra, aumenta o disminuye en función de la demanda. Esto está en la naturaleza de las cosas".


Otros historiadores refutan esta constatación, porque piensan que el incremento del tiempo de trabajo compensó el estancamiento del salario/hora y permitió un crecimiento del salario anual 12/ . Hacemos referencia al trabajo modesto y minucioso de estos historiadores (que no dará lugar a ningún best-seller) para mostrar hasta qué punto su investigación contrasta con el método de Piketty: para ellos, una de las determinantes fundamentales del reparto de la renta es la evolución relativa de la productividad del trabajo y del salario. También sugieren un trireparto entre tierra, trabajo, capital; ahora bien, ¿tiene esto algo que ver con la ideología trifuncional de Piketty?

Las corn laws [leyes de los cereales ]

Si Ricardo y Malthus estuvieron de acuerdo en combatir la Ley de Pobres, en lo que se refiere a la ley sobre el trigo estuvieron enfrentados. Piketty recuerda con razón que estas corn laws "limitaban la importación de cereales y productos agrícolas y protegían la producción interior" y fueron abolidas en 1846. Ricardo, apoyándose en su ley sobre las ventajas comparativas, combatió la implantación de estas leyes en 1815 13/, mientras Malthus (tras cambiar de opinión) la defendió 14/ . En una nota a pie de página, Piketty hace referencia a la "movilización de los liberales a favor del poder de compra de los obreros y contra la aristocracia agraria proteccionista" y recuerda que "se sospechaba, no sin razón, que los conservadores (tories) querían conservar los precios agrícolas altos para garantizar la rentabilidad de sus tierras".

Pero no es del todo cierto que los liberales (y Ricardo) se movilizaran a favor del "poder adquisitivo de los obreros". El título de su folleto de 1815 lo muestra claramente, porque está consagrado a la influencia del precio bajo del trigo en los beneficios y no en los salarios. El razonamiento que desarrolla se basa en la ley de rendimiento decreciente: si se deja de importar trigo habrá que cultivar tierras de calidad inferior y, en ese caso, "la renta de las tierras cultivadas precedentemente aumentará y los beneficios bajarán exactamente en la misma proporción" (p. 14).

En realidad, Ricardo cuenta con una reducción de los salarios vinculados a las importaciones a precios más bajos y la verdadera cuestión es saber quién se beneficia más por ello: Mr. Malthus, escribe él, considera que esto conduciría a un incremento de la renta mientras que para él "parece que no hará más que aumentar los beneficios" (p. 11). En fin, y para que las cosas queden claras, Ricardo afirma que "el interés de los propietarios se opone siempre al del resto de las clases de la comunidad. Su situación nunca es tan próspera como cuando la comida es escasa y costosa mientras que el resto de la gente se beneficia enormemente de la comida barata" (p. 21).

¿Cómo expresar mejor que se trata de un conflicto en torno al reparto entre los propietarios agrarios y los capitalistas? Pero Piketty no profundiza en este punto que no casa bien en su tipología, y pasa directamente al debate sobre la fiscalidad de 1909.

Irlanda

Con el título "Irlanda, entre la ideología trifuncional, propietaria y colonialista", Piketty consagra cinco páginas a Irlanda. Recuerda, con razón, que el "tema de los absentee landlords, esos propietarios ausentes que perciben rentas agrarias en sus mansiones inglesas, ofrece a la situación irlandesa una resonancia particular", pero no dice nada sobre las justificaciones ideológicas dadas a la dominación inglesa. Sin embargo, la gran hambruna de 1845-1848 fue muy reveladora de estos resortes ideológicos: ¿cómo se podía justificar lo injustificable, no solo la explotación, sino también, como lo subraya Piketty, el hecho de que "las elites británicas (…) rechazaron adoptar las medidas necesarias para evitar el drama"? Piketty se refiere brevemente al "objetivo casi explicito de regulación maltusiana de una población pobre y además rebelde".

Cierto, pero Piketty pasa por alto el racismo frente a la población irlandesa, un racismo tanto étnico como social. Por ejemplo, Charles Edward Trevelyan, que supervisaba la actividad de los poderes públicos ingleses, veía en la hambruna una "castigo divino que infligió esta calamidad para dar una lección al pueblo irlandés; por ello, no se debe atenuar demasiado (…) El verdadero mal al que tenemos que hacer frente no es la hambruna, sino el carácter egoísta, perverso e inestable de ese pueblo" 15/ . Tampoco le son ajenas a Trevelyan las preocupaciones económicas. En una carta a Randolph Routh, el principal responsable de la distribución de la ayuda y preocupado por la insuficiencia de las reservas de alimentos, Trevelyan le responde con severidad: "como ya le he dicho más de una vez, hemos comprado todo lo que hemos podido, más allá de lo cual los precios en el mercado de Londres aumentarán de forma seria" 16/

Este episodio histórico permite observar la confluencia de varios modos de legitimación. El telón de fondo sigue siendo, al menos en Trevelyan, la invocación a la providencia divina. Pero la misma se combina con un análisis que hace de los pobres –a la sazón, irlandeses- responsables de su infortunio. En fin, naturalmente, la oposición entre la raza sajona y la raza céltica encontrará su formulación científica con las tesis hereditarias y luego eugenistas 17/ .

¿Nada que ver con el libro?

Se podría objetar que es imposible comentar un libro de 1232 páginas a partir de un extracto de 25 pp. (es decir, el 2%). Pero esta opción está justificada por una razón simple: después de todo, Inglaterra es la cuna del capitalismo (incluso si la flexible concepción de Piketty supera ampliamente el capitalismo en tanto que sistema social) y uno podría pensar, por lo demás, que habría segregado una ideología específica.

No obstante, centrar la atención en este fragmento basta para poner al descubierto los puntos débiles del método de Piketty. El primero tiene que ver con la propia noción de ideología que él la define así al inicio del libro: "un conjunto de ideas y de discursos, a priori creíbles, orientados a describir cómo debería estructurarse la sociedad. Consideraremos la ideología en su dimensión tanto social como económica y política. Una ideología es un intento más o menos coherente de aportar respuestas a un conjunto de cuestiones extremadamente vastas sobre la organización deseable o ideal de la sociedad".

Teniendo en cuenta la preocupación central de Piketty –la desigualdad-, esperábamos que la justificación de esas desigualdades formara parte del campo de la ideología. Es lo que, por otra parte, hace el propio Piketty en la frase que cita en la introducción: "cada sociedad humana debe inventar un relato ideológico para justificar la desigualdad". Sin embargo, como lo hemos demostrado, esa voluntad no se ha visto correspondida al abordar el Reino Unido: tanto si se trata de la Ley de Pobres como del drama irlandés, Piketty pasa de puntillas sobre el campo ideológico. Burke (John) con su almanaque sobre la nobleza le interesa más que Burke (Edmund) con su crítica de la revolución francesa y su apología del mercado libre. Tampoco cita a Ricardo, Bentham, ni Mill, y a Malthus lo trata de refilón.

La lucha entre propietarios agrarios y capitalistas se empotra por la fuerza en una interpretación (propietarismo, etc.) muy poco operativa: se evacúa el problema de la transición del feudalismo al capitalismo, así como el papel de las enclosures [cercamientos] para liberar una fuerza de trabajo libre. Todo ello conduce a descartar una amplia literatura. La única ideología a la que Piketty presta atención es la que trata sobre las instituciones políticas. Se aprenden cosas sobre la Cámara de los Lores, pero nada sobre el trato dado a los pobres o sobre la condición obrera. Por lo menos, es obligado constatar que el título del libre no se corresponde con su contenido.

Posfacio caústico

Dos especialistas de la historia de las ideas económicas han intercambiado a través de twitter consideraciones agridulces sobre el libro de Piketty. La primera, Laurène Tran, escribe a su correspondiente, Béatrice Cherrier 18/ : "He hecho una lectura rápida de tu post sobre el libro de Thomas Piketty. Encuentro que los extractos hacen pensar a una tesina de un estudiante de 3er curso en Ciencias Políticas". Y Beatriz Cherrier le responde esto, que resulta bastante premonitorio: "creo que el mundo se va a dividir entre quienes piensan que se trata de una nueva mirada, irreverente e inductiva de las estructuras sociales y de la ideología con datos revolucionarios sobre la riqueza y la clase política, y quienes la leerán como la tesis de graduación en ciencia política/antropología/sociología de un estudiante sin preparación (untrained)19/ .

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Notas:

1/ Libération , 11/09/ 2019
2/ John Burke, A General and Heraldic Dictionary of the Peerage and Baronetage of the British Empire , 5ª edición, 1838
3/ Edmund Burke, Reflections on the Revolution in France , 1790. Traducción francesa: Réflexions sur la révolution de France
4/ Edmund Burke, Thoughts and Details on Scarcity , 1795
5/ Michel Husson, « Des lois anglaises sur les pauvres à la dénonciation moderne de l’assistanat. De Speenhamland à la loi de 1834 », A l’encontre, 7 avril 2018
6/ La première version de l’ Essai sur le principe de population está fechada en 1798. En 1803, Malthus publicó una versión mucho más larga, con el mismo título: An Essay on the Principle of Population . Aquí citamos la traducción francesa de, Garnier-Flammarion, 1992
7/ Piero Sraffa, ed., The Works and Correspondence of David Ricardo, vol. VII , Cambridge University Press, 1951
8/ Olivier Babeau, " Plaidoyer pour les inégalités ", Le Figaro 24 septembre 2019
9/ Engels utilizó la fórmula de pausa, que se encuentra en el prefacio de 1892 de la edición original de La situación de la clase obrera en Inglaterra, para describir la interrupción del periodo de grandes ganancias y del desarrollo. Esta fórmula fue retomada por el profesor de Historia económica Robert C. Allen. NdT
10/ Friedrich Engels, La situación de la clase obrera en Inglaterra , 1845
11/ Robert C. Allen, « Engels’ pause: Technical change, capital accumulation, and inequality in the British industrial revolution », Explorations in Economic History n°46, 2009
12/ Ver estas dos recientes contribuciones : Jane Humphries, Jacob Weisdorf, " Unreal Wages? Real Income and Economic Growth in England, 1260-1850 ", The Economic Journal, September 2019; Dietrich Vollrath, " Sustained growth and the increase in work hours ", growthecon.com, June 2018
13/ David Ricardo, " An Essay on the Influence of a Low Price of Corn on the Profits of Stock », 1815
14/ Thomas Malthus, The Grounds on the Policy of Restricting the Importation of Foreign Corn
15/ Charles Trevelyan, correspondance avec Randolph Rough , 16 y 18 de diciembre de 1846
16/ Charles Trevelyan, correspondance avec Randolph Rough , 16 et 18 décembre 1846
17/ Para un análisis más amplio, ver Michel Husson, Comment justifier l’injustifiable? Le cas de la famine irlandaise , A l’encontre, avril 2019
18/ Laurène Tran [@LaureneTran12] trabaja para el Institute for New Economic Thinking, al igual que Béatrice Cherrier [@Undercoverhist] que por otra parte, tiene un blog .
19/ Laurène Tran, Béatrice Cherrier, A Sciences Po 3rd-year student essay ? , twitter, 15 de septiembre de 2019