Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

viernes, 10 de julio de 2015

Arriban a Cuba 2 millones de visitantes internacionales, 39 días antes que en el año anterior

En lo que va de año, Cuba ha recibido dos millones de visitantes. Foto: TripAdvisor
Ayer, 10 de julio, arribó a la Mayor de las Antillas la cifra de 2 millones de visitantes internacionales. Este hecho ocurre con 39 días de antelación respecto al año 2014; lo que constituye una relevante satisfacción para todos los trabajadores y colaboradores del turismo cubano, así como para nuestro pueblo.
Con un crecimiento acumulado del 16% hasta la fecha, los primeros 6 meses del año han estado signados por un alentador comportamiento en la emisión de mercados como Canadá, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia, Estados Unidos y Argentina.
Estos resultados son muestra del posicionamiento del turismo cubano como un destino de paz, salud y seguridad, así como del reconocimiento de nuestro país a nivel internacional.
El Ministerio de Turismo, de conjunto con todas las entidades del sector, continúa trabajando de manera prioritaria en la diversificación de nuestro producto turístico, los procesos inversionistas para actualizar e incrementar las capacidades; así como en la elevación de la calidad de nuestra oferta. Ello, unido a la hospitalidad del pueblo cubano, propicia que todos los que nos visitan se sientan como en casa.

¿Adónde va y qué ha logrado la Revolución cubana?. Polémica


Por Samuel Farber · · · · ·

En los años 50, cuando junto con muchos de mis compañeros de la segunda enseñanza me uní a la lucha contra el dictador Fulgencio Batista, uno de nuestros maestros comentó que nuestra crítica de la situación en Cuba no tenía validez alguna, porque muchos otros países de la región, como Haití y Bolivia, estaban en peores condiciones que nosotros.

La comparación de nuestro maestro era acertada, pero incompleta. En la víspera de la Revolución de 1959, Cuba ocupaba el cuarto lugar con respecto al ingreso per cápita en América Latina, después de Venezuela, Uruguay y Argentina. Y aunque el promedio de ingreso per cápita es un indicador insuficiente y, a veces, despistante del grado general de desarrollo económico, otros indicadores muestran una visión similar de la economía cubana pre-revolucionaria: en 1953 Cuba también ocupaba el cuarto lugar en América Latina conforme a un promedio de 12 índices que incluían indicadores como el porcentaje de la fuerza laboral empleada en la minería, la construcción y la manufactura, el porcentaje de alfabetismo, el consumo eléctrico per cápita, el volumen de material impreso y el consumo de calorías.

Sin embargo, la economía del país estaba estancada y sufría de los efectos perniciosos de la monocultura azucarera, incluyendo un gran desempleo (en parte causado por la temporada corta de tres o cuatro meses de la zafra azucarera).

Aún más importante es el hecho de que los índices nacionales de niveles de vida ocultaban diferencias muy dramáticas entre las áreas urbanas (57 por ciento de la población) y las áreas rurales (43 por ciento), y especialmente entre La Habana (21 por ciento) y el resto del país. El campo cubano estaba plagado de pobreza, desnutrición, enfermedad y sufría de gran escasez de escuelas.

Tal parece que para mi maestro, el hecho de que otros países estuvieran en peores condiciones que el nuestro era razón suficiente para resignarse y aceptar el status quo. Pero él no era la norma, sino la excepción. De forma tal, que los cubanos se comparaban con otros países; preferían hacerlo con aquellos que gozaban de un alto nivel de vida, como los Estados Unidos, en lugar de consolarse comparándose con sus empobrecidos hermanos latinoamericanos.

Así lo confirmó un reporte del Buró de Comercio Exterior de los Estados Unidos en 1956: “El trabajador cubano… tiene horizontes más amplios que la mayoría de los trabajadores latinoamericanos y expectativas más grandes de la vida, con respecto a bienes materiales, que muchos trabajadores europeos… su meta es lograr un nivel de vida comparable con la del trabajador norteamericano.”

Todo esto apunta al error fundamental de asumir, en vez de establecer, que las comparaciones abstractas del funcionamiento económico tienen sentido para las personas concretas que viven en carne propia esas economías.

Llevado al extremo, este error lleva a un análisis “objetivista” alejado de la historia realmente vivida por sus actores, que tiende, como en el caso de mi maestro de bachillerato, a plasmarse en un compromiso conservador con el orden social existente, en vez de cuestionar y oponerse a ese orden y a su grupo gobernante.

Para aquellos que viven el proceso del desarrollo económico, este tiene un sentido que va más allá de datos económicos y requiere un entendimiento de las aspiraciones y expectativas populares que están basadas, en parte, en la realidad material existente y, por otra, en el pasado histórico.

En cuanto a la realidad material, la Cuba de los 50 se caracterizó por una modernidad dispareja, por un lado bastante avanzado en el sector de las Comunicaciones y el Transporte – especialmente con una alta circulación, comparada con el resto de América Latina, de periódicos y revistas – y el rápido desarrollo de la televisión y la radio. Por el otro, las condiciones de vida en el campo eran desastrosas.

En cuanto a su historia, la Cuba de los 50 todavía vivía los efectos de la Revolución frustrada de 1933, una revolución nacionalista contra la dictadura, que tuvo también un componente anti-imperialista significativo y la participación del naciente movimiento obrero, entonces bajo un liderazgo comunista.

Aunque esa revolución logró ciertas reformas importantes, equivalentes en el contexto cubano al Nuevo Trato de Franklin Roosevelt, no llevó a ningún cambio estructural importante de la sociedad, como la independencia política y económica real del imperialismo norteamericano (más allá de la abolición de la Enmienda Platt en 1934) ni a ninguna reforma agraria significativa o a la diversificación de la Agricultura que le permitiera alejarse de la economía de monocultura azucarera, con todo lo que esta implicaba en términos de inestabilidad económica, desempleo y pobreza masiva.

Esa fue la temática económica que empuñó la oposición cubana de esa época en su lucha por reformas más o menos radicales al orden existente, en vez de ponderar y celebrar la relativa superioridad de la Isla entre las economías latinoamericanas.

Así fue como Eduardo Chibás, líder del Partido Ortodoxo, del cual Fidel Castro fue dirigente de segunda fila, propuso en el 1948 varias reformas modestas para mejorar el nivel de vida de la población rural cubana.

Cinco años más tarde, después del golpe militar de Batista contra el gobierno constitucional, Fidel Castro – en el discurso La Historia Me Absolverá que pronunció en su juicio por su ataque fallido contra una de las fortalezas militares de Batista – propuso una serie de reformas más radicales, incluyendo la concesión de títulos de propiedad a campesinos con menos de 165 acres de tierra (cinco caballerías), con compensación a los terratenientes basada en el ingreso promedio que ellos hubieran recibido de esos terrenos en un período de 10 años. También, introdujo nuevos elementos a la agenda de reforma, como un plan radical para que los empleados de todas las empresas industriales, mercantiles y mineras, incluyendo los centrales azucareros, recibieran 30 por ciento de las ganancias.

Después de 1959

Respondiendo a las expectativas acumuladas, inmediatamente después de la victoria del primero de enero de 1959, el gobierno revolucionario presidido por Fidel Castro llevó a cabo una vigorosa política de redistribución. Esta incluyó una reforma urbana que redujo los alquileres significativamente, una política keynesiana de izquierda de construcción de obras públicas para combatir el desempleo, y una reforma agraria radical, aunque no colectivista, que fue proclamada en mayo de 1959.

Luego, a finales de 1960, como respuesta a la hostilidad del imperialismo norteamericano y basado en las inclinaciones políticas de los líderes revolucionarios, la mayoría, tanto de la propiedad urbana, como de la rural fue nacionalizada por el Estado cubano.

Cuando en abril de 1961, Fidel Castro declaró que Cuba era “socialista,” la Isla se convirtió, en términos estructurales e institucionales, en una réplica del modelo existente en la Unión Soviética y el este de Europa. Si bien el estado unipartidista cubano puso más énfasis en la participación popular, impuso un control político tan absoluto como el de sus equivalentes en el bloque oriental.

Y al igual que los partidarios del status quo prerrevolucionario, los del sistema cubano actual insisten que es económicamente superior al de otros países, especialmente en América Latina. Sin embargo, en términos del PIB – que como dijimos anteriormente, no es por sí mismo un indicador confiable de bienestar económico, aunque el Gobierno cubano se guía por este en una forma modificada – a Cuba no le ha ido bien aun en comparación con sus vecinos.

En 1950, entre los 47 países de América Latina y el Caribe, Cuba ocupaba el décimo lugar en el per cápita PIB; en el 2006, casi 50 años más tarde, estaba situada casi al final de la lista, solamente por arriba de Haití, Honduras, Nicaragua, Bolivia, El Salvador y Paraguay. Desde entonces, el PIB cubano ha aumentado poco, con una tasa promedio de dos por ciento anual en los últimos cinco años.

Partidarios del Gobierno señalan sus logros en la Educación y la Salud (particularmente la baja tasa de mortalidad infantil) como evidencia conclusiva del éxito de sus políticas económicas progresivas.

De hecho, Cuba ha obtenido muy buenos resultados en el Índice de Desarrollo Humano (IDH) que combina los parámetros de ingreso, Salud y Educación. Pero si bien el IDH es un índice útil que mide aspectos críticos del bienestar social en los países capitalistas menos desarrollados, no captura adecuadamente la situación de las economías de socialismo de estado como la de Cuba. No cuantifica los apuros que la gente pasa en países donde los problemas económicos del subdesarrollo se intersectan con los que caracterizan a las sociedades de corte soviético.

Tomemos el ingreso, por ejemplo. A diferencia de los países capitalistas, el acceso a un sinnúmero de bienes costosos o de lujo en Cuba depende, en gran medida, de medios extra-económicos y políticos, en vez de recursos monetarios.

Aunque esta situación se ha complicado desde que Raúl Castro ascendió al poder en el 2006 y permitió la expansión de la actividad económica privada – que ha alcanzado aproximadamente el 25 por ciento de la fuerza laboral, la obtención de bienes caros todavía depende a un grado importante de recursos políticos.

Los viajes al exterior son un ejemplo. Para la mayoría de los cubanos que no tienen parientes en el extranjero suficientemente ricos como para proporcionales los recursos económicos para viajar, es el acceso político a los viajes patrocinados por el Gobierno – por ejemplo, ser oficialmente aprobados para asistir a conferencias de índole política, económica, cultural o académica – en vez del ingreso privado, que continúa siendo la manera principal de salir de la Isla.

Situación similar existe con respecto al acceso a Internet. En Cuba – uno de los países con el nivel más bajo de acceso a la Red en América Latina y el Caribe – mucha gente se conecta a Internet solamente en sus centros de trabajo o en la escuela, pero exclusivamente para cuestiones estrictamente relacionadas con el trabajo.

De otra manera corren el riesgo de una reprimenda o de ser castigados con pérdida de acceso a la comunicación en línea. En cuanto a su vida privada, estas personas pueden acceder a Internet pagando tasas más allá del alcance del cubano promedio, y solamente en hoteles turísticos o en los centros patrocinados por el monopolio telefónico estatal.

Pero el acceso gratis a Internet es la norma para aquellos que tienen una posición en las jerarquías burocráticas de toda índole o que tienen conexiones con aquellos que ocupan las posiciones de poder.

Aparte de la cuestión del ingreso monetario, el IDH ignora otros factores que contribuyen a las dificultades de las condiciones de vida en Cuba. Estos incluyen la provisión irregular y la baja calidad de la comida, vivienda, artículos de tocador, y medios de control de la natalidad, tanto para mujeres, como para hombres.

Lo mismo se aplica al mal estado de las carreteras, del servicio inter-urbano de ómnibus y del transporte por ferrocarril (existen servicios de transporte de lujo pero estos están fuera del alcance de la mayoría), y la provisión de servicios básicos como el agua, la electricidad y la colección de basura.

El IDH tampoco cuantifica muchas de las dificultades de la vida diaria a las que se enfrentan los cubanos – por ejemplo, el tiempo que tienen que invertir yendo de un lugar a otro o en espera en las colas para obtener muchos de los artículos necesarios de la vida diaria. Los índices económicos también pueden ser engañosos si no toman en cuenta la actualización y mantenimiento de servicios clave.

Tomemos el servicio de agua, por ejemplo. Visto de una manera, Cuba ocupa una posición alta con respecto a la abasto con un acceso oficial del 95 por ciento de su población al agua potable. Pero la escasez del líquido es una condición crónica de la vida.

Esto se debe, en parte, a las temporadas de sequía en ciertas regiones, especialmente en la mitad oriental. Pero la causa más importante de la escasez es el deterioro de la infraestructura que acarrea esa agua – cañerías rotas y numerosas filtraciones – que se remonta a los años anteriores al colapso del bloque soviético. Es por eso que se pierde más de la mitad del agua bombeada por los acueductos del país, especialmente en el área metropolitana de La Habana. Esto es parte de la realidad material a la que los cubanos se enfrentan diariamente, y que informa sus aspiraciones y expectativas.

Pulgares Fuertes, pero sin dedos

El Gobierno y sus partidarios sostienen que la mayoría de estos problemas son causados por el bloqueo económico criminal que los Estados Unidos han impuesto por más de 50 años, y que sigue mayormente vigente a pesar de la reanudación de relaciones diplomáticas entre los dos países.

No hay duda de que el bloqueo ha infringido un gran daño en la Isla, especialmente en los años tempranos de la Revolución, cuando forzó a reorientar la mayor parte de su actividad económica hacia el bloque soviético.

La abrogación de la ley Helms-Burton de 1996 y el fin del bloqueo serían eventos muy bienvenidos, tanto por razones de principio político, como por razones prácticas. Un cambio así promovería considerablemente la actividad económica en Cuba, probablemente en el turismo y en la biotecnología, así como en la producción y exportación de ciertos productos agrícolas como los cítricos.

Sin embargo, el bloqueo norteamericano no le impidió a Cuba comerciar con los países industrializados de Asia y Europa, especialmente con Canadá y España. El obstáculo principal a las relaciones económicas con esos países capitalistas industriales no fue el bloqueo, sino la escasez de bienes que Cuba les podía vender y, por lo tanto, la falta de divisas para costear las importaciones, fueran los bienes de producción o de consumo.

Y aun cuando Cuba recibió más de 6 mil millones de dólares de créditos y préstamos de varios de estos países capitalistas industrializados, tuvo que suspender el servicio de esas deudas varios años antes del colapso del bloque soviético.

Más importante que el daño causado por el bloqueo norteamericano es la falta de capital, y otros problemas típicos de los países subdesarrollados – la exportación de productos como el nickel y el azúcar en un mercado con precios mundiales inestables – y la interacción de estos con la miríada de defectos y contradicciones típicos de las economías de tipo soviético, incluyendo las fallas en la producción agrícola y la escasez y mala calidad de los bienes de consumo.

De hecho, los logros y fallas de Cuba son muy parecidos a los de la Unión Soviética, China y Vietnam antes de que esos países adoptaran la vía capitalista, lo que sugiere que las similitudes sistemáticas del modelo general soviético son más significativas que sus idiosincrasias y variaciones nacionales.

Cuba comparte con la URSS lo que el politólogo Charles E. Lindblom llamó “pulgares fuertes, pero sin dedos.” El tener “pulgares fuertes” le permite al Gobierno cubano movilizar a mucha gente para llevar a cabo tareas homogéneas, rutinizadas y repetitivas que requieren poca o ninguna variación, iniciativa o improvisación para adaptarse a condiciones específicas y circunstancias imprevistas a nivel local – precisamente las tareas que requieren dedos sutiles en vez de pulgares incapaces de movimientos refinados.

Esto explica por qué un gobierno de tipo soviético puede organizar una campaña de vacunación masiva, y al mismo tiempo su administración burocrática, centralizada, sin dedos ágiles, le impide adquirir la necesaria precisión para coordinar los procesos complicados de producción y distribución en los varios sectores económicos – especialmente en la Agricultura, una de las áreas más heterogéneas e impredecibles.

Las deficiencias de Cuba, especialmente en la producción de bienes de consumo, también proceden, en gran medida, de las inclinaciones ideológicas de sus líderes principales. Si bien estos líderes han favorecido claramente la producción y distribución de ciertos bienes colectivos como la Educación y la Salud, han tendido a ser no solo indiferentes, sino hostiles a la producción de bienes regulares de consumo.

Esa inclinación ideológica viene de una variante profundamente ascética de algunas tradiciones de izquierda. El ejemplo más prominente y coherentemente austero de esta tendencia en el liderazgo cubano fue Ernesto “Che” Guevara, que como Ministro de Industria en los días tempranos de la Revolución determinó en esa dirección muchos aspectos de la economía cubana.

Cuando los bienes de consumo comenzaron a escasear seriamente a principio de los 60, Guevara criticó las comodidades con las que los cubanos se habían rodeados en las ciudades, que él atribuyó al modo de vida al que el imperialismo los había acostumbrado, y no al nivel de vida que habían alcanzado por el desarrollo económico del país y como resultado de las luchas populares y de la clase obrera en la era pre-revolucionaria.

Él insistía que países como Cuba debían invertir solamente en la producción para el desarrollo económico, y dado que la Isla estaba en guerra, el gobierno revolucionario tenía que asegurar que la gente pudiera comer, pero que el jabón y otros productos de aseo no eran esenciales.

Es claro que su hostilidad a los bienes de consumo no se limitaba a la economía de guerra. Como lo expresó en sus reflexiones privadas después de haber renunciado a sus cargos en el Gobierno a mediados de los sesentas, “en Cuba, un televisor que no funciona es un gran problema, pero no en Vietnam donde no hay televisión y están construyendo el socialismo,” y añadió que “el desarrollo de la conciencia ha permitido substituir estas comodidades que son accesorias, que en un momento dado se habían transformado en parte de la vida del individuo, pero que la educación conjunta de la sociedad puede hacer retroceder esa necesidad.”

Más tarde, después del fracaso de los planes grandiosos formulados por Guevara y otros líderes revolucionarios para el desarrollo económico, esa política ascética fue adoptada por todo el liderazgo del Gobierno, que rápidamente la consagró como parte de la ideología revolucionaria opuesta a la “sociedad de consumo” del mundo económicamente desarrollado, una postura que jamás había sido parte de la ideología pre-revolucionaria de la izquierda cubana, tanto comunista como no comunista.

Es por lo tanto de esperar, que durante los ciclos económicos cubanos asociados con el espíritu y política de Guevara, siempre se enfatizó en la acumulación del capital en vez del aumento del consumo.

Este fue el caso, por ejemplo, con el período económico de tipo guevarista 1966-1970 (poco después de que él renunciara a sus cargos en el Gobierno cubano).

Como el prominente economista cubano Carmelo Mesa-Lago ha señalado, en ese momento el plan nacional requería un gran aumento en los ahorros nacionales, basado en la reducción del consumo mediante la expansión del racionamiento, la exportación de productos anteriormente asignados al consumo interno y la reducción de artículos considerados como innecesarios.

Los incentivos materiales en el trabajo se redujeron drásticamente y se exhortó a la población a que trabajara más duro, ahorrara más y aceptara la privación con espíritu revolucionario.

Fue así como la proporción de la inversión estatal destinada a la esfera de la producción ascendió del 78.7 por ciento al 85.8 por ciento de 1965 a 1970. Este fue verdaderamente el clímax cubano de lo que los teóricos húngaros Ferenc Fehér, Agnes Heller y Gyorgy Markus llamaron la “dictadura sobre las necesidades.”

El Período Especial

Hasta el colapso del bloque soviético, el Gobierno cubano pudo proporcionarle a la mayoría de su pueblo un nivel de vida austero, pero con un mínimo de seguridad económica y la satisfacción de las necesidaded básicas, a pesar de deficiencias muy serias en áreas tales como la vivienda y los bienes de consumo.

A pesar de los graves problemas y contradicciones típicos de una economía de tipo soviético, esto fue posible gracias a los subsidios económicos masivos de la URSS, que le permitieron al Gobierno cubano financiar un estado de beneficencia generoso con un sistema extenso de Educación, Salud y seguridad social.

Esos subsidios masivos los recibió Cuba al unirse al estado soviético como socio minoritario en una alianza internacional, que a pesar de desacuerdos estratégicos con respecto a la América Latina (por la renuencia de la URSS a retar a los Estados Unidos en su propia esfera de influencia), acabó siendo más viable y exitosa en África, no obstante las diferencias tácticas entre los dos países.

Aunque la tasa de alfabetismo a nivel nacional alcanzó 76.4 por ciento antes de la Revolución, fue mucho más baja en el campo. El gobierno revolucionario ha logrado eliminar el analfabetismo casi completamente desde entonces. También ha expandido la educación secundaria y superior, lo que ha promovido un grado significativo de movilidad social, a su vez facilitada por la emigración masiva de la clase alta y de buena parte de la clase media.

La expansión dramática de las fuerzas armadas también permitió el ascenso a la oficialidad de muchos cubanos de origen humilde. Los negros se beneficiaron especialmente con la eliminación de la gran segregación informal que había existido en la Cuba pre-revolucionaria, sobre todo, en el empleo.

Pero no se eliminó el racismo. El Gobierno implícitamente identificó al racismo únicamente con su modalidad segregacionista y declaró que había resuelto el problema, sin siquiera considerar políticas de acción afirmativa en larga escala, lo que en un contexto donde a los negros no se les permite organizarse independientemente para defender sus intereses, ha prolongado la desigualdad de razas.

Aun así, en términos generales, Cuba se convirtió en una sociedad más igualitaria, alcanzando a mediados de los 80 un coeficiente Gini de 0.24 (aunque esta medida también sufre del problema de acceso político discutido anteriormente). Fue esto, junto con el desarrollo de una conciencia nacionalista y anti-imperialista que aseguró una amplia base popular de apoyo para el régimen. Al mismo tiempo, las voces críticas, aún dentro del mismo gobierno, fueron sistemáticamente suprimidas, y un gran número de disidentes políticos (así como delincuentes de menor escala – Cuba tiene una de las tasas más altas de encarcelamiento por crímenes comunes) fueron encarcelados.

El colapso del bloque soviético provocó una crisis económica masiva, reflejada en un descenso rápido y agudo de 35 por ciento del PIB. La hambruna que se desencadenó en la primera mitad de la década de los 90, los peores años de la crisis, provocó en el 1991 una epidemia de neuropatía óptica que afectó a más de 50 mil personas hasta que fue parcialmente controlada en 1993.

Servicios como el transporte público descendieron vertiginosamente, de lo cual solo se han recuperado parcialmente. La desigualdad ha aumentado significativamente, especialmente entre los que tienen y no tienen acceso a los dólares de las remesas del exterior. El salario real en el sector público, que todavía incluye al menos un 75 por ciento de la fuerza laboral, bajó precipitosamente, y en el 2013 solamente había alcanzado 27 por ciento del nivel existente en 1989.

El “Período Especial” tuvo también un efecto notable en el sistema de Salud, y redujo los avances registrados en los 30 años previos. Escasean medicinas y equipos médicos, así como médicos de familia y especialistas, quienes frecuentemente se encuentran en el exterior trabajando en programas internacionales.

Los pacientes tienen que traer ropa de cama a los hospitales y las propinas al personal médico se han hecho más y más comunes. Muchos maestros han abandonado el sistema educacional por otros sectores como el Turismo donde obtienen salarios más altos.

El Gobierno trató de reemplazar a los maestros que se habían ido con un sistema televisivo, así como con graduados de la segunda enseñanza que habían sido brevemente entrenados, todo esto con resultados negativos predecibles.

El sistema de seguridad social, que registró grandes avances en los 60 con cobertura universal y la unificación del sistema incoherente de numerosos planes de retiro y pensiones, experimentó una grave crisis en los 90 cuando las pensiones pagadas en pesos descendieron a una fracción de su poder adquisitivo previo.

De importancia especial es el hecho que desde el colapso de la URSS, el apoyo al régimen ha caído significativamente, especialmente entre la gente joven. Eso no quiere decir que los jóvenes hayan comenzado a oponerse abiertamente al régimen. Es mucho más probable que traten de encontrar soluciones individuales a sus problemas; prefieren irse de la isla, que confrontar a un gobierno que a pesar de haber dejado en libertad a la mayoría de los presos políticos y permitir un grado significativo de liberalización social (en términos de religión y emigración por ejemplo) aún mantiene intacto su aparato de represión. (Aunque típicamente ha estado siguiendo una política de vigilancia estrecha, hostigamiento y arrestos frecuentes de corta duración de disidentes, en vez de las largas condenas carcelarias que fueron la norma bajo el gobierno de Fidel Castro.)

La crítica desde la izquierda

Los que apoyan al Gobierno, especialmente en el exterior, continúan defendiendo al sistema como si nada hubiera ocurrido en los últimos 25 años, y continúan señalando a países pobres como Haití – que ya estaban en peores condiciones que Cuba antes de la Revolución de 1959 – como evidencia de que la Cuba de hoy va por buen camino.

Pero la mayoría de los cubanos no están comparando su nivel de vida con el de otros países subdesarrollados. Los más viejos probablemente están comparando su presente con la mayor seguridad y predictibilidad de sus vidas antes del Período Especial, y quizás añoran la época de los inicios de la década de los 80, cuando la apertura de los mercados campesinos, después del éxodo masivo del Mariel en la primavera del 1980, les permitió disfrutar de un nivel de vida que fue probablemente el más alto desde los años 60.

Para muchos cubanos, y especialmente para la juventud desencantada que está muy al tanto de las tendencias culturales contemporáneas en la moda, la música y el baile, la existencia de una comunidad numerosa cubano-americana en el sur de la Florida se ha convertido en un referente muy importante de comparación.

Y al igual que los opositores de los 40 y 50, la naciente izquierda crítica en Cuba no celebra, a la manera de la prensa oficial del Partido Comunista y los simpatizantes del régimen en el exterior, el alto rango que Cuba ocupa en el IDH.

Más bien se están tratando de organizar bajo circunstancias extremadamente difíciles, en pos de las libertades políticas necesarias para defender el nivel de vida del pueblo cubano y abrir la posibilidad de una economía y sistema político de auto-gestión democrática y popular.


Samuel Farber nació y se crió en Cuba y ha escrito numerosos libros y artículos sobre dicho país. Su libro más reciente es Cuba Since the Revolution of 1959. A Critical Assessment publicado por Haymarket Books en el 2011.

Enfoque abierto a las estadísticas cubanas


En, Cuba, el Sistema de Información Estadística Nacional (SIEN) es un mecanismo legitimador de la administración pública cubana que apunta al control y centralización de la información, pero las limitaciones técnicas limitan y complejizan su uso.



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El Sistema de Estadísticas e Información Nacional es el recurso fundamental para la toma de decisiones del Estado y el Gobierno de Cuba.
La relación entre las instituciones públicas y los ciudadanos se ha transformado de manera drástica e irreversible debido a las nuevas tecnologías. Cada vez resulta más fácil a las administraciones públicas informar, a los ciudadanos saber y es bastante más difícil ocultar información social relevante a las decisiones en todos los niveles de una esfera pública, en la cual los ciudadanos se encuentran empoderados y los gestores cada vez más responsabilizados por la demanda de transparencia. La tecnología se ha tornado, en sí misma, mediadora de la eficiencia y confiabilidad de los procesos de los que somos usuarios o sujetos de regulación.
Una de las tendencias en la concepción de los sistemas de información de gobierno apunta a la creación de sistemas de información basados en datos abiertos. Cualquier ciudadano o empresa puede analizar, reutilizar y redistribuir estos datos, generar nuevos servicios y permitir que la administración pública mejore en transparencia y fomente la generación de riqueza a través de la gestión eficiente de los recursos. A estas empresas o personas se les denomina “infomediarios” o “reutilizadores”.  Es necesario que los datos ofrecidos cumplan los principios definidos para la iniciativa Open Government Data, movimiento dirigido a poner los datos del gobierno a disposición de la ciudadanía sin restricciones.
  1. DATOS COMPLETOS: Todos los datos públicos deben ponerse a disposición de los ciudadanos. Esto incluye cualquier dato que no esté sujeto a una lógica privacidad, a la seguridad o a alguna limitación en cuanto a sus derechos.
  2. DATOS PRIMARIOS: Los datos deben ser recogidos en y por la fuente, con el mayor nivel posible de detalle, y no de forma agregada o modificada.
  3. PUNTUALIDAD: Los datos deben ser accesibles tan rápidamente como sea posible para preservar su valor.
  4. ACCESIBLES: Los datos deben estar disponibles para el más amplio espectro de usuarios y para el más amplio rango de propósitos.
  5. PROCESABLES: Los datos deben estar razonablemente estructurados para permitir su procesamiento automático por parte de programas y scripts de software.
  6. NO DISCRIMINATORIOS: Los datos están disponibles para cualquiera, sin necesidad de ningún tipo de registro ni licitación.
  7. NO PROPIETARIOS: Los datos deben estar disponibles en un formato sobre el que ninguna entidad tenga control exclusivo.
  8. LIBRES DE LICENCIA: Los datos no deben estar sujetos a ningún copyright, patente, marca comercial o regulación de secretos comerciales. Aunque, de acuerdo con el primer punto, puede haber restricciones lógicas por razones de privacidad, seguridad o derechos.
Existen varias aristas desde las cuales abordar las ventajas del enfoque de datos abiertos; interesan sobre todo los que respectan a la ciudadanía y a la propia administración pública. La implementación de este tipo de sistemas de información supone un gran paso para la transparencia informativa y la consecución de ese objetivo del gobierno abierto. Los ciudadanos pueden tener una visión más clara de las acciones y servicios de su administración, así de cómo se está invirtiendo su contribución y gestionando los recursos públicos. Toda la información estadística que se genere en los organismos e instituciones públicas debe ser confiable y de calidad.
Para el ciudadano, la principal ventaja que conlleva la libre difusión de datos públicos es el acercamiento a los principios de gobierno abierto, es decir, aquel en permanente conversación con los ciudadanos y que facilita la participación y colaboración de la ciudadanía en el ejercicio de sus funciones. El uso y utilización de los datos públicos puede generar diversas aplicaciones y nuevos servicios de valor social que mejoren la vida de los ciudadanos. La creación de nuevos servicios por parte de las iniciativas privadas, con el uso de los catálogos de datos abiertos, conlleva la generación de nuevos puestos de trabajo.
El poder intercambiar los datos entre diferentes administraciones promueve la interoperabilidad y colaboración; se eleva la eficiencia de la administración y disminuye la carga de trabajo de los empleados públicos.
Proporciona, además, una mayor transparencia por el hecho de exponer los datos públicos de forma estandarizada, de manera que tanto ciudadanos como empresas u otras instituciones del Estado y la sociedad civil puedan hacer uso de ellas. En cuanto a las administraciones, pueden reducir notablemente los costes de la realización de aplicaciones que ahora pueden diseñar las empresas infomediarias. También se beneficia de la colaboración de los ciudadanos, los cuales participan activamente en la mejora del servicio público con contenidos generados por ellos mismos o ideas e iniciativas creadas y promovidas por ellos, o nuevas aplicaciones desarrolladas a partir de los datos públicos liberados.
Figura 1: Modelo tripartita de gobierno abierto. Tomado del sitio web de la organización no gubernamentalDémocratie Ouverte
Se entiende por estadística pública el conjunto de datos y estadísticas definidas, generadas, elaboradas y publicadas por las diferentes dependencias y organismos que componen la Administración Pública. Estas se obtienen mediante censos, encuestas por muestreo o bien mediante el aprovechamiento de registros administrativos, que no es otra cosa más que los datos que recaba alguna institución u organismo público como parte de su función específica.
Usualmente se utilizan de forma indistinta los términos estadísticas públicas y estadísticas oficiales. El término primero es más apropiado, pues denota claramente la propiedad última de la información que producen las instituciones de carácter público. En Cuba se utiliza el término estadísticas oficiales, definido el DL 281 de 2011para referirse a los datos relevantes para la toma de decisiones del Estado y el Gobierno.
El Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC) explica que la disponibilidad de estadísticas públicas objetivas y fiables inspira confianza entre la población y las organizaciones nacionales e internacionales en la integridad del Gobierno y del proceso de adopción de decisiones públicas en los ámbitos económico, social y ambiental de un país. Para que tengan utilidad práctica, las estadísticas deben ser pertinentes y de una calidad adecuada, y presentarse de una manera que facilite su uso correcto. Para ello es esencial comprender las necesidades de los usuarios.
Uno de los principales problemas que encuentran los ciudadanos que hacen uso de las estadísticas públicas es el de no disponer de información homogénea y comparable, dado que las instituciones fuente no hacen un tratamiento específico de los datos estadísticos en su proceso de recolección, ni en su posterior depuración y presentación a los usuarios o clientes finales en forma de servicios de información.
Los sistemas deben estructurarse basados en modelos de metadatos que garanticen la interoperabilidad. Esto conlleva también una reducción de costes debido al hecho de que, en la medida en que dos conjuntos de datos se refieran al mismo tipo de información, si el formato elegido por las diferentes administraciones es el mismo, permite obtener más fácilmente nuevos usos de los datos. La posibilidad de que el ciudadano colabore permite a los responsables políticos estar al día de las inquietudes, intereses y necesidades. De la misma forma, las administraciones pueden compartir información con mayor facilidad y transparencia. Muchos países se han integrado a este tipo de iniciativas.
La calidad de la información estadística está relacionada con la satisfacción de las expectativas de los interesados en los servicios estadísticos y en sus procesos de producción y de gestión. La calidad en la información estadística debe definirse como el punto en que satisfacen las necesidades y exigencias de los usuarios actuales y potenciales. El valor de la información es multifactorial porque intervienen el contenido, la puntualidad, la comparabilidad, la exactitud y la disponibilidad. Si se agrupan los tres primeros elementos, referidos a la pertinencia, es posible identificar tres aspectos principales de la calidad de la información estadística: pertinencia, exactitud y disponibilidad.
Otra dimensión de interés se refiere a la toma de decisiones. Desde esa perspectiva, la calidad de la información estadística radica en su potencial para ser usada efectiva, económica y rápidamente para tomar y evaluar decisiones. Una década atrás, la estadística pública estaba diseñada para satisfacer las necesidades de los planificadores y los tomadores de decisiones, pero durante los últimos 10 años se ha dirigido a necesidades de la sociedad en general, así como de usuarios más especializados.
Algunos autores abordan los temas de acceso y uso de la información estadística como derecho ciudadano y como garantía de la democracia. De esta forma, se producen diferentes capas o planos de información en relación con los usuarios. Se agregan dimensiones tales como la tecnología, el nivel de procesamiento, las fuentes de información y las políticas públicas.
Figura 2: La cadena de valor de datos abiertos muestra qué información pública está socialmente influenciada por diversos factores y se produce en diferentes niveles.
El desarrollo económico y social de los países depende en gran medida de la información estadística que utilizan los encargados de definir las políticas públicas. Las decisiones serán cada día más eficaces en la medida en que se mejore la calidad de la información de apoyo. En los países son varias las instituciones que desarrollan procesos de producción estadísticos, tales como institutos de estadística nacionales, secretarías, sistemas de información sectoriales, instituciones especializadas, etc.
Los conjuntos de actividades estadísticas oficiales realizadas en un país se denominan sistemas estadísticos públicos. Se incluyen las organizaciones estadísticas nacionales, cuyo fin es proporcionar las estadísticas que se necesitan en el país; su razón de ser es la de ayudar a la actividad del Estado y del público en general, descubrir la realidad para orientar mejor estas actividades. Por tanto, estas estadísticas han de ser tan variadas como sean dichas actividades.
La estadística pública suministra la información que soporta la definición, el seguimiento y la evaluación de las políticas públicas, de acuerdo con los fines de cada Estado o sociedad. Hoy día, cada vez se avanza más en los niveles de coordinación e integración de estas estadísticas a través de los Sistemas Nacionales de Estadística, y ya se inician experiencias de integración hacia sistemas de información más amplios.
Este trabajo parte del supuesto de que la información estadística es una necesidad social, y aborda el caso del Sistema Estadístico Nacional de Cuba como fuente de información de acceso abierto para la toma de decisiones en la administración pública. Como contexto de análisis se encuentran los presupuestos de la reforma del modelo económico iniciado en 2008, que deriva en la aplicación de los Lineamientos de la política económica y social y el cumplimiento del DL 281/11 sobre el Sistema de información de Gobierno.

Información estadística como necesidad social de la administración pública

La necesidad de información se genera por la ausencia de una información adecuada que permita seguir alternativas que conduzcan potencialmente a beneficios o servicios para mejorar el nivel de vida de las personas.
Las personas necesitan información social en apoyo a los roles que desempeñan como miembros de la sociedad. Un ciudadano informado es un mejor ciudadano; bajo esta premisa se puede decir que las estadísticas posibilitan a las personas tomar mejores decisiones sobre su vida diaria. De la misma forma, es deber de las administraciones rendir cuentas de forma transparente y una de las fuentes esenciales para ello son las estadísticas definidas.
Si las necesidades de las y los ciudadanos deben ser el principal aspecto en la determinación de las actividades y la evaluación del desempeño de una institución productora de estadísticas, se puede afirmar que el concepto de calidad en estas instituciones abarca aquellos aspectos de los resultados estadísticos que reflejen su adecuación al uso de los clientes.
El acceso abierto a las estadísticas oficiales proporciona a la ciudadanía algo más que una fotografía de la sociedad, solamente. Le ofrece una ventana sobre el trabajo y desempeño del gobierno, a la vez que muestra el nivel de actividad de este en las áreas de atención pública, permite calcular el impacto de las políticas y de acciones de la administración. Las estadísticas sociales y económicas confiables son fundamentales para un gobierno abierto; además, es responsabilidad del Gobierno proporcionarlas y mantener la confianza de la sociedad en ellas.

Credibilidad en la estadística pública

Tener acceso a estadísticas públicas confiables es esencial en cualquier sociedad democrática. La credibilidad se deriva del respeto y confianza que los usuarios tengan por la organización productora y los datos que emanen de ella. Las instituciones que producen estadísticas se ganan el respeto y la confianza de la sociedad cuando exhiben una apertura acerca del origen de su información y las limitaciones de los datos que proveen, cuando muestran voluntad de entender y conocer las necesidades de los usuarios, y cuando tienen una postura de respeto y confianza hacia los usuarios de su información.
Las Naciones Unidas advierten que, para tener credibilidad y desempeñar su función de brindar un flujo ininterrumpido de información útil y de excelente calidad al público en general y a los encargados de la formulación de políticas, es preciso que los organismos productores de estadísticas tengan una posición de independencia ampliamente reconocida. Sin la credibilidad derivada de un alto grado de independencia, los usuarios perderán la confianza en la exactitud y la objetividad de la información del organismo y quienes les proporcionan los datos estarán menos dispuestos a cooperar con ellos.
Es la ciudadanía la que tiene derecho a exigir una relación creíble con las estadísticas que se producen y es ella quien define el cumplimiento de las condiciones requeridas para estos efectos.  Un estudio realizado para la CEPAL identificó algunos atributos que van desde la percepción individual del usuario hasta la perspectiva comunitaria, “en tanto las estadísticas sean más creíbles y más significativas, esta comunidad estará más dispuesta a aumentar la inversión de recursos públicos y privados para su producción.”
La información estadística es un bien público; su provisión es una obligación ineludible de los organismos y entidades públicas. La calidad de las decisiones públicas y privadas depende de la disponibilidad de información demográfica, económica y social confiable.
Para tener credibilidad, los organismos productores de estadísticas deben estar libres, y ser percibidos como libres, de cualquier interferencia o interés político. También es importante que tengan prácticas que aseguren la amplia distribución de los datos por igual para cualquier tipo de usuario, una total apertura sobre el origen de la información y compromiso con su calidad y profesionalidad.
Las aproximaciones anteriores refieren directamente propiedades fundamentales de la información como mecanismo de legitimación en la esfera pública: como derecho y como estímulo de la transparencia administrativa. De la misma forma, la información estadística disponible, las reglas para el acceso y uso, su periodicidad… explica la forma de pensar, evaluar, entender y actuar del Estado en relación con la información. Estimula buenas prácticas en la gestión pública, con el apoyo de otros sistemas de información como bibliotecas, archivos y medios de comunicación, los cuales integran el capital de información del Estado.
Sobre esas características, la International Federation of Library Associations and Institutions (IFLA), argumenta en su Manifiesto de Internet que el libre acceso a la red de redes ofrecido por las bibliotecas y servicios de información ayuda a las comunidades e individuos a conseguir la libertad, la prosperidad y el desarrollo.
Esa organización alienta a todos los gobiernos a apoyar el libre flujo de circulación de información accesible en Internet y la libertad de expresión para garantizar apertura y transparencia, al oponerse a intentos de censurar o inhibir el acceso, y garantizar que se pueda demostrar que la vigilancia y la recogida de datos sean legales, necesarias y proporcionales.

La información relevante para el Estado y el Gobierno de Cuba


La reforma económica emprendida por el Estado cubano al final de la década pasada tiene entre sus ajustes la reivindicación del papel de la información para la toma de decisiones de la administración pública y la necesidad de mantener informados a las y los ciudadanos sobre los aspectos de interés público. Las expresiones evidentes de esto se encuentran en los documentos rectores de este proceso, de los cuales es posible advertir rasgos esenciales de la información relevante para el Estado y el Gobierno de Cuba.
Si bien el documento de los Lineamientos refiere, específicamente, el término información en escasas oportunidades de forma explícita, el enfoque de la implementación está dirigido hacia la legalidad y control de los procesos organizacionales y de la administración pública, basados en sistemas de información eficientes.
Algunos lineamientos explican esa afirmación. En el 11, se registra el término información en referencia a la necesidad de reducir la carga de controles económicos y financieros (sin excluir los administrativos). Esas acciones van dirigidas a hacer “más racionales los sistemas de información”. En el acápite destinado a la política agroindustrial se instruye el perfeccionamiento de “las estructuras organizativas para aplicar instrumentos de control e información fiables” (Lineamiento 179). Sobre la política turística, se requiere el uso de las tecnologías de información y comunicación para la comercialización del destino Cuba (Lineamiento 258).
En 2011, se publicó en la Gaceta Oficial de la República de Cuba, el Decreto –Ley  281, sobre el Sistema de Información de Gobierno. En este se declara que la información es un: “conjunto de datos procesados que constituyen un mensaje sobre un determinado ente o fenómeno. Proporciona significado o sentido a las cosas y su uso racional es la base del conocimiento, facilitando la solución de problemas y la toma de decisiones”.
En el mismo documento, en su artículo 11, se establece: “La información relevante del Gobierno es el conjunto de datos, incluidas las estadísticas oficiales, que son imprescindibles para la dirección en todos los niveles. Como principio, se genera en forma regular y periódica, definiéndose de antemano los procedimientos, atribuciones y obligaciones relacionadas con su obtención, registro, presentación y periodicidad.”
El Sistema de información de Gobierno se apoya en la Oficina Nacional de Estadística e Información como fuente de datos. Dicha institución dirige metodológicamente la gestión de información relevante para el Gobierno, para lo cual se ha implementado el Sistema de Información Estadística Nacional (SIEN).
La Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) tiene la misión de garantizar la producción de estadísticas de calidad a través del Sistema Estadístico Nacional (SEN). Este y su órgano rector, la ONEI, tienen la función de controlar la captación de las cifras estadísticas, tanto económicas como sociales de la nación, así como su difusión de acuerdo con las necesidades del país en información, por lo que a través del SEN la información estadística es organizada, controlada, recopilada y una vez verificada y analizada se difunde en el sitio web.
Esa misión está en correspondencia con lo establecido en DL 281/11 sobre el sistema de información del gobierno, en la que se define la información relevante para el Gobierno de Cuba: “es el conjunto de datos, incluidas las estadísticas oficiales, que son imprescindibles para la dirección en todos los niveles”.
“Como principio, se genera en forma regular y periódica, definiéndose de antemano los procedimientos, atribuciones y obligaciones relacionadas con su obtención, registro, presentación y periodicidad”.
Los Lineamientos para la implementación de la política económica y social, así como los objetivos de trabajo del Partido CPCC) vigentes, toman en cuenta esa definición y refieren de forma indistinta las nociones de datos e información. Los lineamientos se enfocan en el control y legalidad de la información y los objetivos del Partido aluden a la información que se da a conocer a los ciudadanos. Estas posturas revelan el interés del Gobierno por fomentar el uso de los datos como fuente primaria para la toma de decisiones en todos los niveles de la vida social cubana.
En los epígrafes siguientes se examina el sitio web del Sistema Nacional de Estadísticas de Cuba desde la perspectiva de datos abiertos. Se tomaron en cuenta las propiedades de la información estadística antes señaladas, con la óptica de renovación de la reforma económica emprendida en 2008.

Sistema de Información Estadística Nacional

El SIEN comprende la elaboración de estadísticas y análisis destinados a satisfacer las necesidades informativas del Estado y del Gobierno, a los efectos de conocer el comportamiento de los procesos económicos, demográficos y sociales y, especialmente, para el control del plan de la economía nacional y del presupuesto, los compromisos estadísticos internacionales a la población y otras instituciones.
Figura 4: Organización del sistema de información estadístico cubano. Tomado del sitio web de la ONEI
Conforme a los estándares, la institución tiene entre sus funciones integrar el trabajo estadístico estatal del país en un sistema eficiente y se enfatiza en el objetivo de “brindar la información requerida para el control del plan de la economía, el análisis del comportamiento de la economía y las demás necesidades del país”.
El SIEN es centralizado y emite la estadística oficial del país de todos los sectores. Incluye lo estatal, cooperativo, mixto y privado. De esa forma, tiene como obligación organizar y aprobar las estadísticas centralizadas, destinadas a satisfacer los requerimientos informativos de dirección y los compromisos estadísticos internacionales, así como las estadísticas territoriales destinadas a satisfacer los requerimientos de los órganos de dirección del gobierno en los territorios y aprobar las normas metodológicas y de clasificación utilizadas.

Sitio web de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información

El sitio web de la ONEI contiene información pública y se utiliza con el fin de dar a conocer la información estadística relevante no clasificada del país, para su posterior consulta y análisis. Resulta un componente vital para dicha organización y la nación, pues en ella se tiene acceso a información que en muchos casos resulta de obligatoria consulta, dada la necesidad de tener un conocimiento parcial o detallado de las estadísticas nacionales.
De igual forma, es habitual encontrar ciudadanos comunes interesados en adquirir conocimientos sobre las estadísticas de su territorio o alguna región determinada del país, para satisfacción e interés personal, por lo que interactúan con el sitio web para estos fines verificando el hecho de que la información estadística no solo debe ser de interés para empresarios, estudiosos, investigadores, directivos, sino que es una información que el pueblo debe y tiene el derecho de conocer.
En los párrafos siguientes se analizan las características del SIEN con los principios de datos abiertos.
El servicio estadístico de la ONEI tiene un carácter público, razón por la cual incluye informaciones relativas a los tres poderes en todos los niveles de gestión. Su acceso es libre a través del sitio web. Los datos son detallados, pero tienen cierto nivel de procesamiento para su publicación en el sitio web.
El ritmo de actualización es variable. Se observa en las fechas de las publicaciones que los meses más activos para las estadísticas generales del año anterior son abril y mayo. Para las estadísticas sectoriales, los meses de septiembre y octubre. Esto tiene un impacto no necesariamente positivo porque si bien mantiene la precisión, se pierde el sentido de la oportunidad. Además, se generan discrepancias entre las informaciones publicadas por la institución y las publicadas en los medios de comunicación, porque la actualización del servicio en el sitio web es bastante más espaciada que la frecuencia de uso en informaciones periodísticas. Este es un problema mayor. La ausencia de datos actualizados de las fuentes públicas puede provocar errores numéricos e interpretaciones equivocadas que, en el caso de Cuba, pueden tardar meses en ser esclarecidos con la publicación de los informes de la ONEI.
La accesibilidad es el grado en el que todas las personas pueden utilizar un objeto, visitar un lugar o acceder a un servicio, independientemente de sus capacidades técnicas, cognitivas o físicas. Es indispensable e imprescindible, ya que se trata de una condición necesaria para la participación de todas las personas, independientemente de las posibles limitaciones funcionales que puedan tener. En puridad, el servicio es accesible a todos aquellos que quieran hacer uso de él, con independencia del propósito de su uso. Sin embargo, la forma de presentar la información restringe su público efectivo, pues no se acopla a los estándares de accesibilidad para la web: tipografías de alto contraste o gran tamaño, magnificadores de pantalla, lectores y revisores de pantalla, programas de reconocimiento de voz, teclados adaptados y otros dispositivos apuntadores y de entrada de información.
Esto está relacionado con la desactualización del diseño del sitio web, el cual permanece concebido como un espacio de información estático, diseñado según los estándares de la pasada década de los noventa.
En general, los datos no permiten automatización, pues se publican mayoritariamente en formato pdf. Algunas estadísticas publicadas en Excel permiten cierto nivel de procesamiento por computadoras, pero su actualización es aún menos frecuente. Este es un aspecto desfavorable a la reutilización de los datos y un problema para la recuperación rápida de referencias relevantes.
Para acceder a los servicios estadísticos disponibles en la web no se requiere registro.
Si bien el país ha definido como política el uso del software libre en el proceso de informatización de la sociedad cubana, los formatos de datos utilizados por la ONEI para la publicación de su servicio utilizan software propietario.
Los datos publicados son de libre acceso para los usuarios. Esto quiere decir que no están sujetos a patentes, copyright, derechos de privacidad, seguridad o privilegios establecidos por otras normas.
Las fuentes de estadísticas son las encuestas y los censos. A la vez, todos los organismos del sistema de la administración pública rinden cuentas en forma de estadísticas sobre el ejercicio de sus funciones.
La credibilidad del servicio estadístico cubano está basado en la confianza en la ONEI como organismo representante de los intereses del Gobierno cubano, especialmente dirigidos al desarrollo social de la nación.

Consideraciones finales

Los sistemas de información estadísticos son un recurso vital para las sociedades democráticas. Éstas influyen en muchas de las decisiones que toman los gobernantes, los administradores de servicios públicos y del sector privado; e innegablemente esas decisiones repercuten directamente en la ciudadanía.
Las estadísticas públicas proporcionan a los ciudadanos un panorama del trabajo y desempeño de los organismos públicos y es preciso que esta información describa de manera correcta y se articule en forma de servicios accesibles y abiertos.
Como sistema de información, el SIEN es un mecanismo legitimador de la administración pública cubana. En este sentido, apunta al control y centralización de la información. Los servicios en la web tienen limitaciones tecnológicas, lo que complejiza su uso.

Bibliografía

Cuba. Consejo de Estado. Decreto-Ley No. 281/1. Sobre el sistema de información de gobierno. En Gaceta Oficial de la República de Cuba. La Habana, miércoles 23 de febrero de 2011. Edición extraordinaria. Año CIX, Número 10, p. 29.
IFLA. Manifiesto de IFLA sobre Internet 2014. [Internet] Disponible desde: < http://www.ifla.org/publications/node/224> [Acceso 25 de noviembre de 2014].
Partido Comunista de Cuba. VI Congreso del Partido Comunista de Cuba. Lineamientos de la política económica y social del Partido y la Revolución. La Habana, 18 de abril de 2011.

1 Este trabajo forma parte de una ponencia presentada en LASA, 2015.
La autora de este trabajo es profesora de la Universidad de La Habana (email: sulema@fcom.uh.cu)