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miércoles, 5 de octubre de 2022

La crisis de deuda estanflacionaria ya llegó

Oct 3, 2022



NUEVA YORK – De un año a esta parte, he venido diciendo que el aumento de la inflación sería persistente, que sus causas incluyen no sólo malas políticas sino también shocks de oferta negativos y que el intento de los bancos centrales de combatirla provocaría un aterrizaje económico forzoso. Cuando llegue la recesión, advertí, será severa y prolongada, con desbarajustes financieros y crisis de deuda generalizadas. A pesar de su discurso de línea dura, los banqueros centrales, atrapados en una trampa de deuda, pueden echarse atrás y conformarse con una inflación por encima de la meta. Cualquier cartera de acciones riesgosas y bonos de renta fija menos riesgosos perderá dinero con los bonos, debido a una inflación y a expectativas de inflación más elevadas.

¿Cómo se suceden estas predicciones? Primero, el Equipo Transitoria claramente perdió ante el Equipo Persistente en el debate sobre la inflación. Además de políticas monetarias, fiscales y crediticias excesivamente laxas, los shocks de oferta negativos hicieron que el crecimiento de los precios se disparara. Los confinamientos por el COVID-19 causaron cuellos de botella en la oferta, inclusive para la mano de obra. La política de “COVID cero” de China creó aún más problemas para las cadenas de suministro globales. La invasión de Rusia por parte de Ucrania generó conmoción en los mercados de energía y otras materias primas. Y el régimen más amplio de sanciones –sobre todo el uso del dólar estadounidense y otras monedas como arma- ha balcanizado aún más a la economía global, donde el “friend-shoring” y las restricciones comerciales e inmigratorias aceleran la tendencia hacia la desglobalización.

Todos hoy reconocen que estos shocks de oferta negativos persistentes han contribuido a la inflación, y el Banco Central Europeo, el Banco de Inglaterra y la Reserva Federal de Estados Unidos han comenzado a admitir que un aterrizaje suave será excesivamente difícil de conseguir. El presidente de la Fed, Jerome Powell, hoy habla de un “aterrizaje tirando a suave” con un “cierto dolor”. Mientras tanto, entre los analistas de mercado, los economistas y los inversores, crece el consenso en torno a un aterrizaje forzoso.

Es mucho más difícil alcanzar un aterrizaje suave en condiciones de shocks de oferta negativos estanflacionarios que cuando la economía se sobrecalienta por un exceso de demanda. Desde la Segunda Guerra Mundial, nunca ha habido un caso en el que la Fed consiguiera un aterrizaje suave con una inflación por encima del 5% (actualmente está arriba del 8%) y un desempleo por debajo del 5% (actualmente es del 3,7%). Y si un aterrizaje forzoso es el punto de referencia para Estados Unidos, es aún más probable en Europa, debido a la crisis energética rusa, la desaceleración de China y el hecho de que el BCE está aún más rezagado en relación a la Fed.

¿Ya estamos en una recesión? Todavía no, pero Estados Unidos reportó un crecimiento negativo en la primera mitad del año, y la mayoría de los indicadores más ambiciosos de la actividad económica en las economías avanzadas apuntan a una marcada desaceleración que se agravaría aún más con un ajuste de la política monetaria. Un aterrizaje forzoso para fin de año sería considerado el escenario de referencia.

Si bien muchos otros analistas hoy coinciden, parecen pensar que la recesión inminente será de corto aliento y superficial. Yo, en cambio, he advertido en contra de este relativo optimismo y he destacado el riesgo de una crisis de deuda estanflacionaria severa y prolongada. Y, ahora, las últimas alteraciones en los mercados financieros –incluidos los mercados de bonos y de crédito- han reforzado mi opinión de que los esfuerzos de los bancos centrales por hacer regresar la inflación a la meta causarán una crisis tanto económica como financiera.

También he venido argumentando desde hace mucho tiempo que los bancos centrales, más allá de su discurso duro, sentirán una enorme presión para revertir su ajuste una vez que se materialice el escenario de un aterrizaje económico forzoso y de una crisis financiera. En el Reino Unido ya se empiezan a discernir señales tempranas de una intención de recular. Frente a la reacción del mercado ante el estímulo fiscal temerario del nuevo gobierno, el Banco de Inglaterra ha lanzado un programa de alivio cuantitativo (QE) de emergencia para comprar bonos gubernamentales (cuyos rendimientos han alcanzado un punto álgido).

Cada vez más la política monetaria está sujeta a la captura fiscal. Recordemos que un giro similar ocurrió en el primer trimestre de 2019, cuando la Fed interrumpió su programa de ajuste cuantitativo (QT) y comenzó a implementar una combinación de QE encubierto y recortes de las tasas de política –después de señalar previamente alzas continuas de la tasa y QT– ante la primera señal de presiones financieras moderadas y una desaceleración del crecimiento. Los bancos centrales hablarán en términos duros; pero hay buenos motivos para dudar de su voluntad de hacer “lo que sea necesario” para que la inflación regrese a su tasa objetivo en un mundo de deuda excesiva con riesgos de una crisis económica y financiera.

Asimismo, hay señales tempranas de que la Gran Moderación ha dado lugar a la Gran Estanflación, que se caracterizará por la inestabilidad y una confluencia de shocks de oferta negativos lentos. Además de las alteraciones mencionadas más arriba, estos shocks podrían incluir el envejecimiento de la sociedad en muchas economías clave (un problema que se vio agravado por las restricciones inmigratorias); un desacople sino-norteamericano; una “depresión geopolítica” y una ruptura del multilateralismo; nuevas variantes de COVID-19 y nuevos brotes, como la viruela del mono; las consecuencias cada vez más dañinas del cambio climático; una guerra informática; y políticas fiscales para impulsar los salarios y el poder de los trabajadores.

¿Cómo queda entonces la cartera tradicional de 60/40? Yo previamente dije que la correlación negativa entre los precios de los bonos y de las acciones se desintegraría en tanto aumentara la inflación, y de hecho eso ha sucedido. Entre enero y junio de este año, los índices bursátiles estadounidenses (y globales) cayeron más del 20% mientras que los rendimientos de los bonos de largo plazo aumentaron del 1,5% al 3,5%, lo que derivó en pérdidas masivas tanto de las acciones como de los bonos (una correlación de precios positiva).

Por otra parte, los rendimientos de los bonos cayeron durante el repunte bursátil entre julio y mediados de agosto (que, tal cual predije, sería un rebote del gato muerto), manteniendo así la correlación de precios positiva; y desde mediados de agosto, las acciones han sostenido su marcada caída mientras que los rendimientos de los bonos se han vuelto mucho más altos. En tanto la inflación más elevada ha derivado en una política monetaria más ajustada, surgió un mercado bajista equilibrado tanto para los bonos como para las acciones.

Sin embargo, las acciones estadounidenses y globales todavía no han valorado por completo un aterrizaje forzoso moderado y breve. Las acciones caerán alrededor del 30% en una recesión suave, y un 40% o más en las crisis de deuda estanflacionarias severas que predije para la economía global. Las señales de tensión en los mercados de deuda están creciendo: los diferenciales soberanos y las tasas de los bonos de largo plazo están aumentando y los diferenciales de rendimientos altos están subiendo marcadamente; los mercados de préstamos apalancados y obligaciones de préstamos colateralizados están cerrando; las empresas altamente endeudadas, la banca en la sombra, los hogares, los gobiernos y los países están entrando en dificultades financieras. La crisis está entre nosotros.


NOURIEL ROUBINI, Professor Emeritus of Economics at New York University’s Stern School of Business, is Chief Economist at Atlas Capital Team, CEO of Roubini Macro Associates, Co-Founder of TheBoomBust.com, and author of the forthcoming MegaThreats: Ten Dangerous Trends That Imperil Our Future, and How to Survive Them (Little, Brown and Company, October 2022). He is a former senior economist for international affairs in the White House’s Council of Economic Advisers during the Clinton Administration and has worked for the International Monetary Fund, the US Federal Reserve, and the World Bank. His website is NourielRoubini.com, and he is the host of NourielToday.com.
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domingo, 24 de febrero de 2019

Venezuela: crisis humanitaria y responsabilidad de proteger


¿Qué es una crisis humanitaria?

Es una situación de emergencia “en la que existe una excepcional y generalizada amenaza a la vida humana, la salud o la subsistencia”.[1]

La crisis humanitaria se suele desencadenar por la ocurrencia dos fenómenos:
  • un desastre natural
  • un conflicto bélico
La combinación de estos fenómenos y de problemas preexistentes en contextos con presencia de
  • Pobreza y desigualdad social
  • Mala gobernabilidad y fragilidad estatal
  • Precariedad alimentaria
  • Violaciones de derechos humanos,
tienen como resultado el desplazamiento forzado de seres humanos, enfermedades y una crisis alimentaria.[2]

Por tanto, el desplazamiento forzado, las enfermedades y la crisis alimentaria calificarían como crisis humanitaria si se dan junto a esos fenómenos (desastre natural o conflicto bélico) en el contexto complejo descrito.

Hay una variante de la crisis humanitaria denominada “emergencia política compleja”. Ésta es la forma en la que muchas crisis humanitarias se han dado después del fin de la Guerra Fría. Según la Escuela de Paz de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), las emergencias políticas complejas: “se diferencian de las crisis por ser más prolongadas en el tiempo, tener un origen fundamentalmente político y un importante impacto destructivo y desestructurador en todas las esferas de la vida”.[3]

¿Qué organismos de las Organización de Naciones Unidas (ONU) atienden una crisis humanitaria?

La ONU cuenta con una Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA, por sus siglas en inglés),[4] dependiente del Secretaría de la ONU y encargada de coordinar las respuestas de emergencia. La OCHA, a su vez, gestiona el Fondo Central de Respuestas de Emergencia (CERF) para atender a los afectados por las emergencias derivadas de las crisis humanitarias. Recibe donaciones voluntarias.

Además de estos organismos, hay cuatro más que participan en prestar ayuda humanitaria:
  • El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)
  • El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR)
  • El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF)
  • El Programa Mundial de Alimentos (PMA)[5]
La doctrina de la Responsabilidad de Proteger (R2P) para justificar el intervencionismo

La doctrina de la Responsabilidad de Proteger, también conocida como R2P, por sus siglas en inglés, fue adoptada por la Asamblea General de la ONU en 2005 tras varias guerras traumáticas (Bosnia, Kosovo, Ruanda).[6] Consiste en el derecho que se arroga la comunidad internacional para intervenir en los asuntos de terceros cuando está en peligro la integridad de determinadas poblaciones por riesgo de genocidio, crímenes de guerra, limpieza étnica y crímenes en contra de la humanidad. La intervención suele ser en forma de medidas drásticas (que incluyen intervenciones militares), justificadas bajo el argumento de impedir un sufrimiento mayor de la población.

Según algunas especialistas, la base legal para la aplicación del uso de la fuerza en una intervención humanitaria requiere:

  • Que exista evidencia convincente, aceptada por el conjunto de la comunidad internacional, de la existencia de una crisis humanitaria angustiante, a gran escala, que haga imprescindible la intervención inmediata y urgente;
  • Que sea objetivamente claro que no hay otra alternativa viable al uso de la fuerza para salvar vidas;
  • Que el uso de la fuerza sea necesario y proporcional al objetivo del alivio del sufrimiento humanitario, así como debe ser estrictamente limitado en el mínimo tiempo para el alcance de este objetivo.[7]
Sus defensores sostienen que este tipo de “intervención humanitaria” tiene sustento legal y sólo se usa de manera excepcional. Sin embargo, no deja de generar controversia puesto que, como tal, esta doctrina no está incorporada formalmente en el Derecho Internacional y tampoco es vinculante, al haber sido adoptada por la Asamblea General. Su aplicación, de hecho, puede acabar invalidando el papel que el Consejo de Seguridad de la ONU tiene en la autorización del uso de la fuerza, así como contravenir la misma Carta de la ONU en su artículo 2.

Sin embargo, cada vez hay más ejemplos de aplicación de la R2P como pantalla que no logra tapar el intervencionismo de las potencias en terceros países. De hecho, tanto la R2P como el concepto “intervención humanitaria” están enfocados en el derecho de las potencias a la injerencia.[8] Dos de los casos más recientes han sido los de Libia y Siria.

En 2011, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la resolución 1973 para intervenir en Libia amparándose en la R2P. Bajo la excusa de proteger a la población libia de supuestos ataques del Gobierno de Mohammad Gaddafi, se autorizó una zona de exclusión aérea y el bombardeo de la OTAN. El resultado fue más de 50.000 muertos y cientos de miles de desplazados por esta “intervención humanitaria”, cuyos estragos todavía se viven en el Mediterráneo. La ingobernabilidad y el caos caracterizan a la Libia actual, que es considerada un Estado fallido.

También en el caso sirio se ha esgrimido la defensa de la R2P para justificar bombardeos sobre población civil, algo altamente paradójico desde un punto de vista “humanitario”. El uso de la ley para la intervención también se observó en la autorización que hizo el Consejo de Seguridad de la ONU (resolución 2328 de 2016) a la llegada de una misión de monitoreo a Aleppo, para supervisar supuestos ataques a civiles por parte del Gobierno de Bashar Al Assad. Actualmente, el conflicto sirio se está resolviendo a favor de las fuerzas gubernamentales, gracias al apoyo militar y político de la Federación de Rusia.

La supuesta crisis humanitaria en Venezuela

En los últimos tiempos se viene manufacturando la existencia de una crisis humanitaria en Venezuela que irradiaría a terceros países en la región (elemento clave para buscar su participación en las tareas de intervención y dar lugar a una guerra por delegación o proxy war).[9]El tema del éxodo de venezolanos hacia países como Brasil, Ecuador o Colombia, presentándolo como una “crisis de refugiados” que, además, traían enfermedades, ha sido la pieza neurálgica en esta construcción. Para presionar en el sentido de la existencia de esta problemática, EE. UU. decidió dedicar una parte de los 9 millones, destinados originalmente a la asistencia a la sociedad civil venezolana en el año fiscal 2019, a atender a los venezolanos en Colombia.

Esta asistencia a los venezolanos ha sido calificada de insuficiente por analistas del propio establishment estadounidense, que presionan para que los venezolanos que llegan a territorio estadounidense reciban un Estatus de Protección Temporal por parte del Departamento de Homeland Security.[10] Se trataría de equiparar su situación a la de cualquier ciudadano que huye de un conflicto armado o un desastre natural, estableciendo la matriz de que se encuentran en situaciones similares.

La oposición venezolana, respaldada por otros gobiernos de la región y por el Secretario General de la OEA, ha pedido abrir un “canal humanitario” para hacer llegar la ayuda humanitaria que EE. UU. quiere trasladar a territorio venezolano desde territorio colombiano. Una ayuda de la que la Cruz Roja se ha encargado de deslindarse.[11]

La falsedad de la existencia de una “crisis humanitaria” en Venezuela, que haría necesaria la intervención de EE. UU. y otros países para atajar esta problemática, se pretende convertir en una verdad por la fuerza de la repetición y la difusión de imágenes impactantes (y a veces manipuladas, como el uso de fotos de niños yemeníes haciéndolos pasar por venezolanos) en las redes sociales. Estamos asistiendo a una novedosa forma de golpe de Estado virtual que necesita legitimarse por redes y medios de comunicación. La argumentación y los ejemplos usados para sustentar una supuesta “crisis humanitaria”, de mayor o menor nivel de elaboración o veracidad, no esconden que, tras esta matriz prefabricada, encontramos las “armas de destrucción masiva” que permitieron a EE. UU. mentir e invadir Irak. Con la diferencia de que en 2003 la mayoría de la opinión pública mundial tenía claro que aquélla era una guerra por petróleo.

Años de bombardeo mediático contra Venezuela impiden que en la actualidad haya esa claridad antibélica por parte de la opinión pública e, incluso, por parte de cierta izquierda mundial. De ahí la importancia de aclarar términos y alertar sobre qué hay detrás del uso a la ligera de conceptos que se están utilizando a conciencia para validar nuevamente la injerencia política y, eventualmente, militar, de EE. UU. en un país de América Latina. Los antecedentes de Libia y de Siria permiten visualizar cuál puede ser el futuro para Venezuela de no detener esta escalada bélica en forma de “intervención humanitaria”.













Arantxa Tirado es doctora en Relaciones Internacionales e Integración Europea por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y doctora en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Es también magíster en Estudios Latinoamericanos por la UNAM y Licenciada en Ciencias Políticas y de la Administración (itinerario de Relaciones Internacionales) por la UAB. Algunos de sus temas de investigación son la política exterior de Venezuela, México y Cuba; la integración latinoamericano-caribeña; las relaciones entre EE. UU. y América Latina y el Caribe; y la geopolitización de las relaciones internacionales. Es coautora del libro La clase obrera no va al paraíso. Crónica de una desaparición forzada, escrito con Ricardo Romero Laullón “Nega” y publicado por Ediciones Akal en 2016