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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

viernes, 8 de febrero de 2019

Donald Trump y la amenaza socialista

Según sugiere el secretario del Tesoro, el país era en tiempo tan recientes como 2016 una pocilga socialista

PAUL KRUGMAN
8 FEB 2019 - 16:51 CET


El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el pasado 12 de enero. CAROLYN KASTER AP


"Los rojos se van a quedar con vuestras camionetas”. En 1961, Estados Unidos se enfrentaba a lo que los conservadores consideraban una amenaza mortal: las peticiones de un programa sanitario nacional que cubriese a las personas mayores. En un intento de evitar este horrible destino, la Asociación Médica Estadounidense lanzó lo que denominó la Operación Taza de Café, un novedoso intento de mercadotecnia viral.


Funcionaba de la siguiente manera: a las esposas de los médicos (ojo, estábamos en 1961) se les pedía que invitasen a sus amigas y les pusiesen una grabación en la que Ronald Reagan explicaba cómo la medicina socializada destruiría la libertad estadounidense. Se suponía que las amas de casa debían escribir a su vez cartas al Congreso denunciando la amenaza que entrañaba el Medicare. Evidentemente, la estrategia no funcionó; el Medicare no solo vio la luz, sino que se volvió tan popular que hoy en día los republicanos acusan sistemáticamente (y falsamente) a los demócratas de planear recortes en la financiación del programa. Pero la estrategia —el afirmar que cualquier intento de reforzar el colchón social o de limitar la desigualdad nos situará en una pendiente resbaladiza hacia el totalitarismo— perdura.


De modo que Donald Trump, en su discurso sobre el estado de la Unión, se desvió por un momento de sus habituales advertencias contra los espantosos seres de tez oscura para advertirnos de la amenaza del socialismo. ¿A qué se refieren los partidarios de Trump, o los conservadores en general, cuando hablan de “socialismo”? La respuesta es: depende. A veces significa cualquier tipo de liberalismo económico. Por eso, después del discurso, Steven Mnuchin, secretario del Tesoro, alabó la economía de Trump y declaró que “no vamos a volver al socialismo”. O sea que, por lo visto, el propio Estados Unidos era en tiempos tan recientes como 2016 una pocilga socialista.

Sin embargo, otras veces se refieren a cualquier planificación central al estilo soviético, o a una nacionalización industrial al estilo venezolano, sin que importe el hecho de que en la vida política estadounidense básicamente nadie defiende semejantes cosas. El truco —y “truco” es la palabra adecuada— consiste en oscilar entre significados completamente distintos y esperar que nadie se dé cuenta. ¿Dice usted que quiere matrículas universitarias gratuitas? Piense en todos los que murieron en la hambruna de Ucrania. Y no, no es una exageración: lean el extraño y empalagoso informe sobre el socialismo que los economistas de Trump publicaron el pasado otoño.

Hablemos entonces de lo que está verdaderamente sobre el tapete. Algunos políticos progresistas estadounidenses ahora se definen como socialistas, y un número considerable de votantes, entre ellos una mayoría de votantes menores de 30 años, afirma que aprueba el socialismo. Pero ni los políticos ni los votantes reclaman que el Estado se apropie de los medios de producción. Más bien, han asumido la retórica conservadora que califica de socialismo todo aquello que atempere los excesos de una economía de mercado, y efectivamente han dicho, “vale, en tal caso, soy socialista”.

Lo que quieren realmente los estadounidenses que apoyan el “socialismo” es lo que el resto del mundo denomina socialdemocracia: una economía de mercado que limite la adversidad extrema con un colchón social fuerte y la desigualdad extrema con unos impuestos progresivos. Quieren que nos parezcamos a Dinamarca o Noruega, no a Venezuela.

Y en caso de que no hayan estado ustedes allí, los países nórdicos no son de hecho pocilgas. Tienen un PIB per cápita un poquito más bajo que Estados Unidos, pero eso se debe en gran medida a que se toman más vacaciones. En comparación con Estados Unidos, tienen una esperanza de vida más elevada, mucha menos pobreza y una satisfacción con la vida significativamente mayor en general. Ah, y tienen un elevado espíritu emprendedor, porque las personas están más dispuestas a asumir el riesgo de crear una empresa cuando saben que no van a perder su atención sanitaria o caer en la pobreza más absoluta si fracasan.

Está claro que a los economistas de Trump les costó mucho encajar la realidad de las sociedades nórdicas en su manifiesto antisocialista. En algunas partes afirman que los nórdicos no son realmente socialistas y en otras intentan demostrar desesperadamente que, a pesar de las apariencias, los daneses y los suecos sufren: por ejemplo, les resulta caro conducir una pickup. Y no me lo estoy inventando.

¿Y qué decir de la resbaladiza pendiente del progresismo al totalitarismo? No hay ni la más mínima prueba de que exista. El Medicare no ha destruido la libertad. La Rusia estalinista y la China maoísta no derivaron de socialdemocracias. Venezuela era un petroestado corrupto mucho antes de que llegara Hugo Chávez. Si hay un camino hacia la servidumbre, no se me ocurre ningún país que lo haya tomado.

De modo que el alarmismo respecto al socialismo es ridículo y deshonesto. ¿Pero resultará eficaz desde el puno de vista político? Seguramente no. Al fin y al cabo, los votantes apoyan abrumadoramente la mayoría de las políticas propuestas por los “socialistas” estadounidenses, como la subida de impuestos a los ricos y hacer que todo el mundo pueda acceder al Medicare (aunque no apoyan los planes que obliguen a los ciudadanos a dejar los seguros privados, lo que constituye una advertencia a los demócratas de que no conviertan la pureza del pagador único en una prueba definitiva).

Por otro lado, nunca deberíamos menospreciar la fuerza de la mentira. Los medios de comunicación de derechas acusarán a cualquiera que los demócratas designen como candidato a la presidencia de ser una reencarnación de Leon Trotski, y millones de personas les creerán. Esperemos que los demás medios informen sobre el pequeño secreto del socialismo estadounidense: que no es en absoluto radical.

Paul Krugman es premio Nobel de Economía. © The New York Times, 2019.

Traducción de News Clips

Son más de 4 800 las viviendas afectadas por el tornado

En este artículo: Fotografía
8 febrero 2019 
Se desglosan en 500 derrumbes totales y más de 750 parciales, además de afectaciones en techos, tanques de agua, paredes y otros. Foto: Juventud Rebelde
El tornado que afectó a varios municipios de esta capital el pasado 27 de enero, provocó daños en cuatro mil 812 viviendas, así lo señaló este viernes el ministro cubano de la Construcción, René Mesa.
El funcionario precisó que se han visitado más de cinco mil 330 casas para evaluar el impacto del fenómeno climatológico, según refiere una nota publicada en Prensa Latina.
Además, Mesa puntualizó cifras sobre la marcha de la venta de materiales de construcción, destinados a reconstruir o reparar viviendas tras el paso devastador del tornado por los municipios de Cerro, Habana del Este, Regla, Guanabacoa y Diez de Octubre, los tres últimos los más goleados.
Hace dos días, el titular compareció junto al Presidente cubano Miguel Díaz-Canel y otras autoridades en la televisión nacional para informar sobre la marcha de la recuperación.
En su intervención, destacó la elaboración de dictámenes técnicos de las casas de cara a la solución de los problemas causados por el fenómeno, al cual se atribuyen unos 500 derrumbes totales y más de 750 parciales, además de afectaciones en techos, tanques de agua, paredes y otros componentes.
A propósito de los daños, Díaz-Canel reiteró que nadie quedará abandonado y sin atención en La Habana, y llamó a buscar salidas para los problemas de vivienda causados por un tornado que no se veía en la isla desde los años 40 del pasado siglo.
Se han visitado más de cinco mil 330 casas para evaluar el impacto del fenómeno climatológico. Foto: EFE
Díaz-Canel reiteró que nadie quedará abandonado y sin atención en La Habana. Foto: Prensa Latina
(Tomado de Juventud Rebelde)

El tornado y la nueva Cuba que toma forma

Por Ricardo Torres Actualizado Feb 6, 2019

LA HABANA. El 27 de enero de 2019 marcó un antes y un después en varios asuntos importantes que atañen a los cubanos. Para un grupo de habaneros, una de las noches más tristes de sus vidas. El infortunio de un tornado, y su estela de destrucción, muerte y dolor, han sido el detonante de una marea interminable de personas de todas las procedencias que se han sentido obligadas a prestar ayuda a sus coterráneos. A poco más de una semana del hecho, mucho ha cambiado para siempre.
Que muchos cubanos se preocuparan por sus semejantes y expresaran dolor y simpatía con los afectados no es una noticia. Lo que sí ha felizmente sorprendido a todos ha sido la escala, la espontaneidad, la organización, la agilidad y la integralidad con la que muchísimos habitantes de la capital, de otras provincias y de otros países se han movilizado eficazmente, en muchos casos “estrenando” las redes sociales desde los móviles, para canalizar una ayuda que, si bien no tenemos todos los detalles, ya ha pasado de acto simbólico a apoyo real que marca la diferencia para los que tienen que lidiar con semejante desastre.
Muy conmovedor es el hecho de que la respuesta ha llegado desde todos los grupos sociales y ha generado un efecto de contagio que ha sobrepasado cualquier memoria sobre eventos de este tipo. Cuando muchos nos habíamos dejado arrastrar por una interminable conversación sobre valores “perdidos” o “cambiados” en nuestra juventud, las demostraciones de estos días son la más agradable confirmación de que Cuba tiene un capital infinito de humanidad listo para ser activado cuando sea necesario.
Es loable la altura moral y cívica de los ciudadanos. La participación espontánea ha superado todas las expectativas. Esta vez, en su gran mayoría, sin ser “convocados”.  Las demandas de transparencia en el manejo de las donaciones y la proliferación de análisis sobre la situación y la respuesta brindada constituyen pruebas de la madurez de un nuevo tipo de sociedad civil.
También hemos confirmado que existen “islas” de excelencia dentro de nuestra atribulada economía. Los “linieros” cubanos han desarrollado una maestría tal, que puedo afirmar que tienen “una ventaja competitiva” que ya empieza a llamar la atención más allá de nuestras fronteras. Destacable también la prontitud en el restablecimiento de otros servicios como la telefonía fija, y en menor medida, el suministro de agua. La urgencia y la presión social han forzado a innovar, diseñando soluciones emergentes para atender una situación excepcional.
Las redes sociales se han convertido en instrumento clave para la movilización y la sensibilización. En estos días hemos visto a cientos de cubanos lanzando sus candidaturas como narradores. Las crónicas han provocado no pocas lágrimas, y muchos han recibido el empujón que necesitaban para actuar.  Internet móvil acaba de hacer su debut, y ya ha demostrado su poder aglutinador. Ha sido un factor de empoderamiento ciudadano, tanto para coordinar la respuesta como para fiscalizar la gestión gubernamental y denunciar procedimientos inadecuados.
Sin embargo, hay lecciones que aprender. En algunos casos, muy lamentables, los mecanismos y protocolos no estuvieron a la altura de la situación para canalizar adecuadamente este desbordamiento de la acción ciudadana. Desde el gobierno, la inercia trajo demora a la hora de reconocer la legitimidad de las acciones que adelantaban los ciudadanos. Los procedimientos no estaban listos, y se han ido creando sobre la marcha, con la frustración que provoca en los que quieren hacer más y mejor. El patrón observado es que el Gobierno ha sido ágil con los mecanismos tradicionales, pero lento para atender circunstancias desconocidas.
Es un llamado de atención. Lo que estamos viendo es el choque entre dos paradigmas: el actual, bajo el cual el Gobierno era el único actor en la provisión de ayuda y protección en casos de catástrofe; el emergente, en el cual diversos actores no estatales tienen medios y vocación para proveer este tipo de asistencia. La velocidad del cambio para las instituciones oficiales es de vértigo. Y esto no debería verse como un desafío, o una amenaza. Cuba ha cambiado, y ciertos marcos ya quedan estrechos.
El evento también ha contribuido a visibilizar vulnerabilidades ocultas durante demasiado tiempo para muchos cubanos. El tornado atravesó algunas de las zonas más humildes de cinco municipios de la Capital. Y se cebó con las moradas más endebles. No se puede seguir pasando de largo sobre lo que es obvio. La cuestión de la vivienda es de primera importancia, y no hay solución duradera con una economía estancada. Se requieren muchos recursos y nuevas formas de hacer. Un evento de esta naturaleza no es previsible, el impacto es severo pero muy localizado. Pero es obvio que la calidad de la respuesta depende en gran medida de la disponibilidad de recursos y las condiciones de vida en las zonas afectadas. La voluntad política es importante, pero no suficiente para resolver los problemas sobre el terreno.
Generar los recursos para aliviar y eventualmente ofrecer una solución duradera a los afectados tomará tiempo y depende de procesos que van más allá de esta situación particular. Lo que sí puede ser revisado inmediatamente es el enfoque para lidiar con fenómenos de esta naturaleza. También hay lecciones que pueden ser extrapolados para otros cambios en marcha en nuestro país. El Estado cubano debe dejar atrás la noción de que es el único actor legítimo, y debe darle la bienvenida a la nueva sociedad que emerge. Ahora mismo quedémonos con la estela de solidaridad que ha dejado el tornado.
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Todos los actores de la economía impulsan el desarrollo

Foto: Estudios Revolución
Todos los actores de la economía impulsan el desarrollo del país, y en este sector existen potencialidades suficientes para ello, subrayó el Presidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez en el balance anual que se realizó este jueves sobre el trabajo del Ministerio de Energía y Minas durante el 2018, donde no solo se analizaron los logros, sino también las deficiencias.
Por eso –dijo– tenemos que lograr integrar coherentemente todos los actores de la economía con las formas de propiedad y de gestión reconocidas, sin ningún prejuicio y con las mismas posibilidades, de manera que exista competitividad y progreso.
Raúl García Barreiro, ministro de Energía y Minas, explicó el comportamiento favorable que tuvieron las principales producciones, en su mayoría con indicadores superiores al 95 % de lo planificado y al año 2017.
«Al programa más importante del país, que es el uso de las fuentes renovables de energía, se le debe prestar cada vez una mayor atención», puntualizó el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros.
La investigación científica, la informatización y la comunicación social constituyen tres herramientas de trabajo imprescindibles en los momentos actuales, reiteró Díaz-Canel.
Por otra parte, insistió en que cada vez debe ser más transparente y participativa la gestión de Gobierno. Que sea más visible todo lo que se hace 
–señaló– de manera que se comparta con la gente y se les permita participar más en la toma de decisiones.

Foto: Estudios Revolución
Destacó la necesidad de compartir con los trabajadores las estrategias aprobadas en este balance, para que tanto el obrero como el directivo conozcan claramente los objetivos trazados y cooperen con su puesta en práctica.
Reconoció como vital la vinculación de los cuadros con la base, que es decir con los colectivos de trabajadores en las diferentes entidades y territorios.
De ahí –puntualizó– la importancia de que los cuadros rindamos cuenta a todos los niveles de dirección. Ello promueve valoraciones y análisis autocríticos del desempeño, lo cual es un ejercicio que, si se hace bien, proporciona desarrollo al país, reflexionó.
Además, compartió criterios sobre la necesidad de revisar constantemente los diferentes procesos y perfeccionarlos para minimizar las trabas burocráticas que pudieran entorpecerlos. Igualmente, hizo referencia a la política de cuadros y su relación con la fuerza de trabajo calificada y la gestión de recursos humanos; así como la batalla ética contra la corrupción, las ilegalidades y el robo de combustibles.
Urge trabajar para propiciar el encadenamiento productivo entre la empresa estatal, el resto de la economía, la inversión extranjera, las empresas mixtas, las exportaciones y el sector no estatal.
Al referirse a este último, enfatizó en que constituye un complemento importante, que se debe conectar a nuestros proyectos y trabajar en función de la economía. Hay cosas –apuntó– que se les pueden contratar y otras que podemos ofertarles; y esa es también una manera de integrarlos en este empeño.