Opinión/ 21 enero 2026

Project Syndicate
Por Mariana Mazzucato
"La edificación de la nueva sociedad en el orden económico es también un trayecto hacia lo ignoto". RCR
Opinión/ 21 enero 2026

Deja un comentarioComentario HHC: Nuestro Ministro al parecer no sabe que el cliente va a conocer el destino, no encerrarse en un hotel, que en ocasiones tienen igual o mejor categoria en su propio país.
El caso de Cayo Coco y Cayo Largo, si es relevante que tengan generación propia, en su condición de Cayo. Me gustaría saber no obstante el nivel de satisfacción, el % de ocupación lineal en los mismos, que nunca se ha publicado.
Adicionalmente , eso de que los hoteles no sufren apagones como los residentes, es politicamente incorrecto, aunque sea la verdad.
La alerta de viaje de Canadá es peligrosa, porque es nuestro primer emisor, y se estaba recuperando, pero en fin, no sabemos todavía ni cómo cerro el año 2025.
Aseguró este jueves el primer ministro de la República, Manuel Marrero Cruz, durante la continuación de las reuniones extraordinarias de los consejos provinciales de Gobierno, por Ciego de Ávila y Sancti Spíritus

CIEGO DE ÁVILA.–El municipio debe dejar de ser un eslabón pasivo para ser el protagonista de su propio desarrollo, aseguró el primer ministro de la República, Manuel Marrero Cruz, al resumir la reunión del Consejo Provincial de Gobierno con carácter extraordinario efectuada este jueves en territorio avileño.
El Jefe de Gobierno cubano fue claro al definir que los municipios constituyen el terreno de batalla para enfrentar los principales problemas que aquejan a la población en la actualidad.
Allí es donde la población siente las transformaciones. Por eso, su llamado fue a enterrar la retórica y a multiplicar los hechos. «Lo más seguro en materia de sustentabilidad», afirmó, «es lo que cada municipio pueda aportar, desde lo endógeno, con esfuerzo colectivo». No se trata de seguir «una línea de deseos», sino de trazar «una línea de trabajo intenso allí, donde están las fuerzas productivas», precisó.
Marrero Cruz advirtió que el complejo panorama que vivimos hoy, como consecuencia del recrudecimiento del bloqueo y la política cada vez más hostil del Gobierno de Estados Unidos, no admite medias tintas. Ambos factores han impuesto una realidad lacerante: «prácticamente una economía de guerra». Y una economía de guerra, sentenció, exige profundas transformaciones, un cambio de mentalidad radical.
«Actuamos como si todo estuviera normal», dijo, señalando una contradicción que es necesario resolver con urgencia.
En este marco, el análisis del Primer Ministro puso particular interés en el potencial de Ciego de Ávila.
En un intercambio diáfano, destacó el papel estratégico de esta provincia en la producción de alimentos. Con casi 35 000 hectáreas dedicadas a viandas, hortalizas, granos y frutales solo en el sector agrícola, sus tierras son un bastión para la seguridad alimentaria de los avileños y de los habitantes de otros territorios.
En este sentido, la intervención del ministro de la Agricultura, Ydael Pérez Brito, puso de relieve el significado estratégico de la provincia en la batalla por la seguridad alimentaria nacional.
Subrayó que su posición geográfica, casi al centro del país, constituye una ventaja logística clave para la distribución de alimentos. Sin embargo, destacó que su verdadero valor en el sector reside en la combinación tangible de disponibilidad de tierra y la capacidad de sus trabajadores.
El titular enfatizó en que las casi 35 000 hectáreas de cultivos varios son un escenario donde se aplica el conocimiento profundo y el esfuerzo de agricultores que dominan el oficio de producir. Esta convergencia de factores –ubicación, recurso tierra y capital humano– convierte a Ciego de Ávila en un pilar imprescindible, con la premisa de que el desarrollo endógeno es la base más segura para la sustentabilidad del país.
Para Cuba, según se afirmó, 2026 se plantea como un año de definiciones. Será difícil, reconoció el Primer Ministro, pero será, sobre todo, el año del «fortalecimiento de la aplicación de normativas y políticas» para, de una vez y por todas, desatar las amarras que frenan a los territorios. «Si se quiere avanzar», dijo, «hay que hacer las cosas diferentes y no tenerles miedo a los cambios».
El tono de rigor y autocrítica fue asumido por el gobernador, Alfre Menéndez Pérez, en su rendición de cuenta. Lejos de la complacencia, centró su análisis en lo pendiente: la imperiosa necesidad de diversificar e incrementar las exportaciones, la búsqueda de nuevos mercados, la reducción de las multas en apremio y del déficit presupuestario.
Entre las prioridades también está el abasto de agua a la población, con un foco especial en las comunidades que enfrentan las situaciones más complejas: Punta Alegre, Tamarindo, Florencia y la cabecera provincial.
La intervención de Ana María Mari Machado, vicepresidenta de la Asamblea Nacional del Poder Popular, aportó una dimensión jurídico-institucional fundamental al debate sobre las insatisfacciones. Desde su perspectiva, la intensificación de los procesos municipales requiere no solo voluntad política, sino de un marco normativo ágil y facilitador que responda a las urgencias de los territorios.
Subrayó el papel de los gobiernos locales en la materialización de las leyes y políticas nacionales, destacando que la eficacia de la gestión se mide, precisamente, en la capacidad para traducir ese marco legal en soluciones concretas que la población pueda palpar.
Las potencialidades son el extra que necesita el país
Si el plan de la economía concebido por los espirituanos estuviera sustentado en el aprovechamiento incuestionable de todas las potencialidades del territorio, el Consejo de Gobierno –presidido por Manuel Marrero Cruz– quizá hubiera sido no solo más breve, sino también menos profundo en consideraciones y en perspectivas de seguir enfrentando adversidades y carencias.
A meditar en tales reservas condujo de inmediato la observación inicial del propio Marrero Cruz, acerca de si el crecimiento que se propone la provincia en varias actividades o indicadores es por encima del mencionado plan o solo en relación con el año 2025.
Ello permitió comprender que, efectivamente, no siempre crecer con respecto a la etapa precedente da la medida de lo que potencialmente se puede alcanzar.
Por ello, exhortó a seguir enriqueciendo un plan que continúa abierto, en aras de resultados superiores para la economía nacional y para la satisfacción de necesidades básicas en el universo familiar.
Como evidencia de tal factibilidad afloraron ejemplos como el de la pesca, que, si bien no se rinde ante lo hostil, puede lograr más con una mayor integración de actores y una contratación más objetiva.
A pesar de la sequía, el programa del arroz no depone armas, y a las 11 000 hectáreas que plantará el polo ubicado en La Sierpe, sumarán otras 6 200 mediante el empeño popular en los demás municipios.
Quedó claro, en fin, que aún no se aprovechan todas las posibilidades productivas para generar ingresos en divisas o exportar rubros que pueden ir desde el carbón vegetal, frutas, viandas, briquetas, plantas medicinales hasta la factibilidad de poner cebolla en el mercado internacional.
Igual enfoque distinguió las valoraciones en torno al uso de la tracción animal, los molinos de viento, biodigestores y otras alternativas de probada utilidad décadas atrás, oportunas en el contexto actual a favor del cambio de matriz energética y la producción de alimentos.
Casos como el de la empresa cárnica o del municipio de Fomento, indican que no es quimera proponerse más. Años atrás tenían que buscar producciones fuera, y hoy les aportan a otros territorios.
BRÚJULA PARA LA ACCIÓN
Marcado interés propició el análisis del Programa de Gobierno para corregir distorsiones y reimpulsar la economía, calificado por Marrero como brújula para la guía e hilo conductor del trabajo para continuar adelante.
Al respecto, coincidiría con el punto de vista expresado por Ana María Mari Machado, en torno al impacto de objetivos como el relacionado con la producción de alimentos y la necesidad de reforzar la atención a personas y familias vulnerables.
Avanzar en ese terreno no debe ser impedimento para un territorio que puede hacer mucho más para seguir incorporando municipios superavitarios (tiene tres, y la totalidad reduce déficit), empeño considerado estratégico por la máxima dirección del Partido y del propio Gobierno.
AHORA, AL MUNICIPIO CON TODO
Ahora vamos para los municipios –explicó Marrero Cruz en alusión a reuniones similares que deben aportar aún más por ser allí «donde están las potencialidades y donde se concentran las principales preocupaciones de la población».
Seguidamente llamó a aprovechar al máximo los balances anuales, desde la base hasta los ministerios, poner toda la capacidad e inteligencia en función de un año de transformaciones más profundas y sólidas, no temerles a los cambios, identificar las trabas objetivas y subjetivas que frenan tanto en el ámbito estatal como en el no estatal y «no tomar como excusa el bloqueo imperial en asuntos de nuestra responsabilidad».
Tras ponderar la estabilidad de la provincia en el programa materno infantil, afirmó que lo más seguro para llevar a los hogares es lo que el país sea capaz de producir en cada lugar, sin restar importancia a alternativas de inversión extranjera a instancias provincial y municipal.
Finalmente, evocó la enseñanza que en las circunstancias actuales deja la histórica determinación de Fidel cuando, en vísperas del desembarco del Granma, aseguró: «Si salgo llego, si llego entro y si entro triunfo».
Comentario HHC: LLevamos años muchos economistas planteando lo anterior y mas. Hay que liberar las fuerzas productivas, en el sentido amplio del término.
Por su propio Peso Ariel Terrero
Los altos precios continuaron frenando el consumo y la recuperación de la economía cubana en 2025, aunque la inflación mostró signos de moderación.
Foto: Jorge Luis Baños/IPS
La crisis económica que conmueve a Cuba debió hilar en 2025 el tercer año consecutivo de recesión. Aunque en el informe de diciembre al Parlamento el ministro de Economía y Planificación, Joaquín Alonso, prefirió no incluir datos preliminares del producto interno bruto (PIB), todas las señales apuntan a un cierre anual con cifras negativas.
La pésima evolución en áreas estratégicas de la economía se enlazó con la inflación, pesados desequilibrios fiscales y monetarios y estrangulamientos financieros, en un contexto que hizo improbable desde temprano el mínimo 1 por ciento de crecimiento económico que las autoridades habían planificado para el año.
La propia decisión de callar ese dato por ahora es un indicio de lo sombrío del derrotero.
En un Balance Preliminar para la región, actualizado en diciembre, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) de Naciones Unidas estimó una caída del PIB en Cuba de 1,5 por ciento en el año. Se sumaría a los descensos de 1,9 y 1,1 por ciento en 2023 y 2024, respectivamente. Desde el 2020 de la pandemia, la economía cubana acumula, entonces, una contracción superior al 12 por ciento.
Pero una de las señales más claras de lo grave que pinta el escenario, definido por Alonso como “escenario de economía de guerra” quizás sea precisamente el apuro con que el gobierno desenfunda medidas económicas desde finales de noviembre. Estos pasos se inscriben dentro del Programa de Gobierno para corregir distorsiones y reimpulsar la economía, que desde hacía un año aguardaba por un despliegue que fuera realmente perceptible.
Las nuevas decisiones, sin embargo, corren el riesgo de perder alcance o notoriedad por los ahogos que enfrentan la economía y la sociedad cubanas puertas adentro y desde el exterior. Estados Unidos ha elevado las sanciones a Cuba a niveles extremos, agravadas ahora por la agresión militar a Venezuela, la crisis geopolítica y el abierto belicismo del gobierno de Donald Trump en el hemisferio.
Los signos dominantes en la economía cubana variaron poco en 2025. Las tensiones, desgastes y fracturas, las evidentes y las menos visibles, persistieron tanto en el consumo cotidiano, como en la producción, los servicios básicos, el comercio y las cuentas macroeconómicas.
Cuatro de los conflictos que sintetizan o simbolizan una tormenta con dimensiones múltiples son la crisis energética, el estancamiento del turismo, la inflación y los ahogos de las cuentas externas, con el bloqueo económico de EEUU como Pi constante.
Los apagones continuaron como telón de fondo desestabilizador de la vida doméstica día tras día, entre otras mil flaquezas en la distribución y consumo de productos y servicios básicos. Con raíces en el deterioro tecnológico de las termoeléctricas y el déficit de combustibles, la crisis energética lastra también a sectores vitales de la industria, la agricultura y el transporte, entre otros.
El capítulo extremo de las caídas del SEN (Sistema Eléctrico Nacional) se repite cada año: en septiembre todo el país quedó a oscuras durante más de 24 horas y en diciembre se apagó de golpe solo en occidente. En octubre sucedió lo mismo en el oriente durante largas jornadas pero esta vez por el impacto del costoso huracán Melissa en esa región.
La dificultad permanente para importar petróleo se hizo aguda o francamente crítica en más de una oportunidad a lo largo del año. Aunque la generación de las termoeléctricas descansa en el gas y el petróleo de extracción nacional, otra línea de producción de electricidad, los motores de la llamada generación distribuida, se ha visto limitada por momentos ante la falta de diésel y fuel oil, dependientes de la importación.
La generación de electricidad ha disminuido en Cuba en una cuarta parte, en los seis años desde que apareció la pandemia covid : bajó en casi 5000 GWh, hasta 15 918 GWh en 2025.
Solo ha crecido la generación a cuenta de paneles fotovoltaicos, uno de los pocos programas de inversiones en expansión en el país. Después de representar el 4 por ciento de la matriz energética cubana hasta el 2023, las fuentes renovables de energía escalaron hasta el 9 por ciento en 2025 con parques fotovoltaicos que se triplicaron en el año. En 2026, el gobierno calcula elevar la participación de FRE hasta un 13 por ciento, sobre todo a cuenta de la energía solar.
Otro sector en declive desde el golpe de la covid es el turismo, con todos los conflictos que entraña para el resto de la economía. Cuba recibió 1,9 millones de visitantes extranjeros en 2025, de acuerdo con el informe del ministro de Economía a los diputados, un 14 por ciento por debajo del año previo y un 21 por ciento menos que en 2023.
A diferencia del resto del Caribe, la industria del ocio sigue en caída libre en Cuba después de la pandemia, con el daño que implica para otros sectores productivos y de servicios, en proporción inversa con el beneficio que aportó hasta el 2018 como locomotora de la economía.
La baja en la recepción de turistas, a cuenta del deterioro de servicios y la presión de medidas coercitivas de EEUU sobre aerolíneas y cadenas hoteleras extranjeras asociadas con firmas cubanas, dejó a la economía de este país desprovista de un sector dinámico. El sostén que el turismo aportaba con su demanda a otras áreas internas del comercio, la inversión, la industria y los servicios, no ha encontrado sustituto. Sectores que en Cuba resisten o se expanden como la industria biotecnológica, la exportación de servicios médicos y la producción de habanos, no tributan ni entrañan beneficios similares a los del turismo para el resto de la economía.
La mayoría de las producciones industriales y agropecuarias importantes cerraron el año con pérdidas notorias y, consecuentemente, el comercio interno y externo se vio deprimido. Con esta contracción generalizada de la oferta es inevitable que se mantuvieran el ambiente inflacionario, los desequilibrios macroeconómicos y la incertidumbre de los consumidores.
En un contexto de baja sostenida de la producción nacional y de la importación para abastecer el comercio interno, la inflación se ha convertido en uno de los síntomas más lamentados en la crisis económica. Eje de incertidumbre de consumidores y de actores de la economía, el incremento de precios tomó cuerpo con el fracaso del Ordenamiento Monetario en 2021, aunque había enseñado sus espuelas antes de la pandemia.
En 2025, la inflación continuó horadando la capacidad adquisitiva del peso cubano y, por extensión, de los salarios y la dinámica laboral, aunque moderó su ritmo. El economista Juan Triana aprecia dos signos puntuales positivos en el año y uno se relaciona justamente con la inflación y el menor crecimiento (14,95 por ciento) que observa en la variación interanual del Indice de Precios al Consumidor (IPC) -en 2024, el IPC acumuló un incremento de 24,88 por ciento y de 31,3 en 2023.
El otro punto positivo Triana lo vincula con “el control del déficit fiscal a niveles relativamente manejables (84 por ciento de lo planificado para el año)”, una señal de aliento, sin dudas, por tratarse de un dato identificado con los peligrosos desequilibrios macroeconómicos que tanto inquietan a economistas y decisores del gobierno desde hace años.
En el consenso de los expertos, la estabilización macroeconómica es una necesidad imprescindible para sacar a flote a la economía, pero a la vez representa uno de los retos más difíciles.
“Los desbalances presupuestarios recientes no solo obedecen a los impactos de la crisis, sino a déficits estructurales de larga data que no se visibilizan debido a las distorsiones de la dualidad cambiaria sobre las cuentas fiscales”, comentan los economistas Carlos Lage Codorniu y Karina Cruz Simón, en la publicación anual Miradas a la Economía Cubana correspondiente al año pasado, del Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC).
Los enredos derivados de la dualidad monetaria se complicaron en 2025 al sumarse la dolarización parcial al peso cubano y la fórmula digital del MLC, con la asfixiante simultaneidad de tres tasas de cambios muy distantes entre sí.
A pesar de las dos señales positivas que observa, Triana menciona, en la citada publicación del CEEC, una situación económica en “peores condiciones que cuando se iniciara el llamado Período Especial” tres décadas atrás.
Otro economista, Julio Carranza, define la moderación de desequilibrios macroeconómicos en el caso de la inflación y el déficit fiscal, como “un alivio cuantitativo, pero no cualitativo”.
Como en los años 90, la depresión de producción y comercio y los desequilibrios fiscales, financieros y monetarios mantienen contraída la oferta minorista y mayorista, ahogan la captación de ingresos en divisas, deprecian el valor del peso cubano y deprimen el salario real.
Siguiendo igual guion que en los 90, el gobierno estadounidense ha aprovechado esta coyuntura para acentuar de manera extrema las sanciones del bloqueo, con un discurso cada vez más agresivo hacia Cuba. A la par, el alto endeudamiento externo de este país complica o retarda el acceso a las pocas economías que, como la china, mantienen sus puertas abiertas a esta nación del Caribe.
Casi a punto de cerrarse el año, el gobierno cubano comenzó a implementar respuestas, pero será el 2026 el momento que confirme el alcance real de los cambios que promete el Programa de Gobierno para corregir distorsiones y reimpulsar la economía. (2026)