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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

lunes, 28 de agosto de 2017

Cuba busca rescatar la industria del henequén

DetallesEscrito por Prensa Latina Foto: PLCategoría: Economia
Publicado: 28 Agosto 2017
industria del henequn
Informes oficiales consideran este lunes que Cuba busca rescatar la industria del henequén con la finalidad de incrementar las producciones de sogas y cordeles, entre otros rubros económicos.

Un informe publicado este lunes por el periódico Granma añade que la Empresa Nacional de Fibras Naturales, de reciente creación, tiene esa responsabilidad.
El director de la entidad, Enrique Almeida, señaló, además, que esa tarea se basa en el deseo de afianzar el fomento del henequén, sobre todo, en la provincia occidental de Matanzas, donde se cultiva.
Dijo que lograr el renacer de ese cultivo en un plazo lo más breve posible constituye prioridad para el país, sin descartar la exploración en torno a otras plantas fibrosas y multiusos como el kenaf y el coco.
Del total de la producción de sogas y cordeles el año anterior (136 toneladas) en la vetusta industria matancera Julián Alemán, apenas un volumen superior a las 40 toneladas se logró con fibra de henequén, producto ecológico muy apreciado en el mercado.
Indicó que el programa para la supervivencia y desarrollo de este cultivo con alto potencial contempla la siembra de entre 300 y 400 hectáreas anualmente. Este año prevén plantar 219 hectáreas y unas 260 en 2018.
Afirmó que para reanimar los sembrados necesitan crecer en los campos de posturas, razón por la cual en estos momentos refuerzan el área de vivero en las Unidades Económicas de Base (UEB) localizadas en Matanzas, Mariel y Cienfuegos (centro), donde hoy se concentra el fomento de la planta textil.
Significó que en la actualidad existen 809 hectáreas en desarrollo y 542 en producción, un cultivo que requiere de un ciclo de cinco años de maduración a fin de estar aptos para el corte, y es una de las labores más difíciles del campo.
La fabricación de sogas y cordeles tiene como destino, básicamente, el sector de la agricultura, y de manera muy particular la campaña tabacalera. Del plan de 532 toneladas correspondiente a este año, ya entregaron un volumen cercano a las 290 toneladas.
Tanto el proceso de desfibrado de las pencas como la elaboración industrial descansan en viejas máquinas, que por razones lógicas limitan la eficiencia y los rendimientos en ambos casos.
Otro de los desafíos para devolverle esplendor a este cultivo en Cuba pasa por completar la plantilla de obreros en la actividad de cortadores, así como certificar la calidad de la siembra.

La empresa estatal cubana: reforma, aparta de mí este subsidio

Por Pedro Monreal, El estado como tal

La atención concedida en sí misma a las “nuevas medidas para el trabajo por cuenta propia en Cuba” es justificada, pero quizás ha sido exagerada. Poner fin al gigantesco subsidio que recibe la empresa estatal es un problema económico mucho mayor cuya solución debería ser priorizada. Parte del proceso de reducción de subsidios empresariales implicaría la expansión del sector no estatal de la economía, no solamente del trabajo por cuenta propia sino también de la empresa privada y de las cooperativas.

Para despejar cualquier duda acerca de si este es un problema serio, basta con revisar dos datos de la realidad:

Primer dato: el presupuesto nacional de 2017 prevé transferir 14 465 millones de pesos a la “actividad empresarial” estatal como subsidios a la exportación y sustitución de importaciones, algo que equivale a casi la cuarta parte del gasto presupuestario. Esas transferencias han ido creciendo y se estima que alcancen 2 752 millones de pesos más en comparación con 2016. En ausencia de ese masivo subsidio presupuestario, una buena parte del sistema empresarial cubano pudiera colapsar en poco tiempo. Obviamente, tal cosa no sería socialmente aceptable ni políticamente conveniente.

Segundo dato: la adopción de una “Ley de empresas” en 2017, anunciada a mediados de 2015, es un tema que parece haberse evaporado de la agenda pública. Es decir, la anunciada solución normativa –o por lo menos el posible inicio de una salida- no parece estar a la vista. Probablemente, lo que ha quedado en la memoria de algunas personas es la adición de dos nuevas siglas a la sopa de letras de la planificación nacional: Organismo Superior de Dirección Empresarial (OSDE) y Unidades Empresariales de Base (UEB). ¿Qué importancia práctica tienen ambas? No parece quedar claro ni para los propios especialistas.

Empresas que no lo son

El hecho concreto es que muchas entidades que se catalogan como empresas estatales en realidad no funcionan como empresas porque no cubren sus gastos con sus ingresos, obteniendo una ganancia. Es decir, no serían empresas si se aplica la propia definición que utiliza la Oficina Nacional de Estadística e Información de la República de Cuba (ONEI).

La planificación nacional nunca llegará a ser el mecanismo de regulación de un modelo económico socialista vigoroso en Cuba mientras que se considere como algo normal que la empresa estatal no sea una entidad autofinanciada porque puede ser pródigamente subsidiada por el presupuesto.

Se trata de una generosidad presupuestaria descomunal pues representa un monto mucho mayor que el presupuesto de salud pública y asistencia social (10 206,2 millones) y que el de educación (8 278,4 millones).

Aquí la discusión no es acerca de si se trata de un gasto “sostenible” para el presupuesto pues, efectivamente, son gastos que tienen un respaldo productivo que incorpora valor al Producto Interno Bruto (PIB) y que genera ingresos al presupuesto. El problema radica en que cuando el subsidio en gran escala se convierte en algo permanente para una parte significativa de la empresa estatal, se disipa cualquier posibilidad de poder avanzar hacia un sector estatal que sea capaz de asegurar la utilización eficiente de los recursos del país.

Origen de los subsidios

Conviene aclarar que la razón principal de esa inmensa transferencia presupuestaria parece haber sido la respuesta de los planificadores cubanos a la “gran distorsión” macroeconómica sobre la que se erige el funcionamiento de la economía cubana: la multiplicidad de tasas de cambio.

En ese sentido, el planteamiento oficial es que “los subsidios a la exportación y sustitución de importaciones, que ascendieron a más de 11 mil millones de pesos, en producciones como el arroz, frijoles, maíz, carne de cerdo, leche, azúcar, miel de abeja y carbón entre otras, con el fin de establecer precios justos y competitivos a los productores que generaron ahorros en divisas al país”. (Informe sobre la Liquidación del Presupuesto del Estado del año 2016, Cubadebate, 14 de julio de 2017 http://www.cubadebate.cu/noticias/2017/07/14/lina-pedraza-ante-compleja-coyuntura-economica-en-2016-el-estado-protegio-los-servicios-sociales/#.WWn6qulLfIU).

A ese primer nivel de subsidios –derivado de un mecanismo para tratar de compensar una distorsión macroeconómica- habría que agregar una especie de subsidios de “segunda generación” que se conceden para mantener en funcionamiento aquellas empresas –probablemente algunas que también hubieran recibido el primer tipo de subsidio- como consecuencia de dificultades relativas a una amplia gama de problemas que van desde una deficiente gestión hasta la imposibilidad de contar con la tecnología necesaria, pasando por interrupciones en el flujo de energía y de materias primas.

Según los datos disponibles, el monto de ese tipo de subsidios es considerablemente menor: “67 empresas terminaron con pérdidas en 2016 por un monto de 297 millones de pesos, de las cuales 60 tenían planificadas utilidades”. (Informe sobre la Liquidación del Presupuesto del Estado del año 2016, Cubadebate, 14 de julio de 2017).

Conviene puntualizar que la utilización de subsidios para apoyar exportaciones y sustituir importaciones pudiera ser un mecanismo legítimo de la planificación en Cuba. El asunto es que tendría que ser un instrumento bien acotado en cuanto a su magnitud y duración. No puede ser, de ninguna manera, el enfoque de “mesa sueca” (smörgåsbord) que existe hoy.

Relativa concentración de los subsidios

Aunque no existe información precisa que cubra la totalidad de la utilización de los 14 465 millones de pesos previstos en el presupuesto para subsidios a la exportación y sustitución de importaciones, se conoce el destino de dos tercios de ese monto (9 657,4 millones de pesos).

La composición de esos subsidios es la siguiente:

Azúcar crudo: 3 575,5 millones de pesos

Carne de cerdo: 2 765,9 millones de pesos

Arroz: 1 497,2 millones de pesos

Frijol: 947,6 millones de pesos

Leche fresca: 871,2 millones de pesos

Fuente: “El costo de un Presupuesto humanista”, Granma, 2 febrero 2017, http://www.granma.cu/cuba/2017-02-02/el-costo-de-un-presupuesto-humanista-02-02-2017-20-02-34

Esto significa que existe una elevada concentración de los subsidios en dos sectores: agropecuario y azúcar. El tema merece una reflexión especial que no se intenta hacer aquí, pero quizás bastaría hacer tres observaciones puntuales:
Se trata de producciones con bajo nivel de complejidad tecnológica que han sido realizadas en Cuba de manera tradicional. Estamos hablando de azúcar, arroz y frijoles. No se trata de producir satélites para exportar, ni de fabricar máquinas de soldadura por láser para remplazar importaciones.
La agropecuaria es el área de la economía donde coexiste -desde hace tiempo- mayor diversidad de formas de propiedad y de gestión y es, por tanto, donde existe un potencial elevado para poder transferir parte de la actual producción estatal subsidiada hacia otros productores no estatales que no tendrían que recibir subsidios.

Al menos en tres de esas producciones (arroz, frijol y leche fresca) el peso de la producción estatal es minoritario y coexiste con otras formas de propiedad –especialmente la privada- que ya produce la mayor parte del total de esas producciones sin tener que recibir subsidios, es decir, lo produce un sector no estatal -particularmente el privado- que es más eficiente que la empresa estatal. Las cooperativas de créditos y servicios y el sector privado aportaron en el primer trimestre de 2017 el 77,6 por ciento y el 71,2 por ciento de la producción nacional de arroz y de frijoles, respectivamente. (ONEI, Sector Agropecuario. Indicadores Seleccionados. Enero – marzo 2017. http://www.one.cu/publicaciones/05agropecuario/ppalesindsectoragrop/mensualprincipalesindicadoresagropecuario/Agricultura%20no%20ca%C3%B1era.pdf

¿Qué hacer?

Es posible identificar, al menos, tres direcciones principales en las que deberían emprenderse acciones concretas que, sintéticamente, pudieran expresarse de la manera siguiente:
  • Unificación cambiaria y establecimiento de una tasa de cambio económicamente fundamentada.
  • Reforma de las formas de gestión –no necesariamente modificación de la propiedad- en el sector agropecuario.
  • Ley de empresas
Naturalmente, cada una de esas acciones involucra a su vez muchas otras. Habría que considerar múltiples factores, incluyendo los políticos, pero de una manera que permita que estos se tomen en cuenta mucho más allá de lo que parece ser la preocupación –legitima- que existe hoy con la concentración de la propiedad y de la riqueza. Debe incluirse también la cuestión del ejercicio del poder obrero en las empresas estatales y en el sistema de planificación. Por supuesto, son temas cuya complejidad rebasan ampliamente la capacidad analítica del autor de esta nota.

No obstante, en relación con lo político, se desea llamar la atención acerca de que el orden de las tres acciones antes mencionadas pudiera variar en función de las decisiones políticas que se adoptasen. Las distintas variantes posibles de ordenamiento de la secuencia tendrían ventajas y desventajas que habría que evaluar.

En un esquema óptimo, la unificación cambiaria debería ser la primera medida en la secuencia de acciones posibles. Sin embargo, pudiera tener alguna utilidad hacer una discusión sobre otra posible secuencia debido a lo que parecería ser, en estos momentos, una postergación de la unificación cambiaria.

Si la decisión política consistiese en no avanzar por el momento en la unificación cambiaria, entonces habría que mantener los subsidios para asegurar la viabilidad de muchas empresas estatales por la vía de garantizarles temporalmente a esas empresas los “precios justos y competitivos” que las distorsiones cambiarias impiden hoy.

En ese caso, pudiera considerarse la manera de reducir –tanto como sea posible- el monto de los subsidios. De una parte, habría que tratar de mantener en operación aquellas empresas estatales que no tuviesen otras alternativas, a la espera de una futura eliminación de las distorsiones cambiarias. Por otra parte, pudiera pensarse en reducir o eliminar las producciones estatales subsidiadas para las que existiesen alternativas de producción por parte de otras entidades.

Por ejemplo, aquellas producciones estatales que ya hoy son marginales, pero que son producidas por empresas estatales que no funcionan como verdaderas empresas porque están “enganchadas” del subsidio, pero que pudieran ser sustituidas por otras formas de gestión. El caso del arroz y los frijoles pudiera ilustrar esta situación.

Es decir, que aún sin resolver la distorsión macroeconómica mayor –multiplicidad de tasas de cambio- y a la espera de que ello ocurra, sería posible adoptar una estructura productiva que mientras tanto permitiese hacer un uso más eficiente de los recursos nacionales, mediante el reemplazo de productores marginales estatales subsidiados, por productores no estatales que no requieren subsidios.

Considero útil esa perspectiva para razonar sobre la reforma del modelo económico, partiendo de un criterio político: lo estatal y lo no estatal como partes distintas, pero complementarias que para funcionar no necesitan estar en pie de igualdad en el plano del poder político. El Estado predomina, solo que debe tratarse de un predominio que sea económicamente eficiente. A fin de cuentas, toda ineficiencia estatal más temprano que tarde les pasa factura a los ciudadanos, y eso es algo muy político, por supuesto.

Ya sé que es fácil decirlo y que es mucho más difícil materializarlo. Sin embargo, por algún lugar hay que empezar a intentarlo. Las empresas estatales del sector agropecuario parecen ser un buen lugar para comenzar a reducir subsidios estatales en Cuba.

¿Qué sentido tiene que el presupuesto del Estado cubano dedique 1 500 millones de pesos a subsidiar la producción de apenas el 7 por ciento de la producción nacional de arroz?, algo que pudieran hacer los agricultores privados sin costo alguno para el presupuesto estatal.

Para empezar, se ahorraría -en subsidios- una suma considerable de fondos presupuestarios que pudieran destinarse a otros fines relacionados con el bienestar ciudadano y el desarrollo social, y eso es, obviamente, una cuestión directamente política.

Crece el temor de un desplome financiero y una revuelta social en Estados Unidos

Nick Beams, WSWS

Están aumentando las inquietudes en los círculos financieros de EEUU y alrededor del mundo de que la acelerada subida de la bolsa de valores estadounidense tras la elección de Donald Trump de paso a un gran desplome. Estas preocupaciones develan algunas de las fuerzas que están detrás de la virtual guerra civil que vive la élite política estadounidense.

Los corredores y ejecutivos de Wall Street son cada vez más de la opinión de que el “comercio Trump”, que envió al Dow Jones y otros índices bursátiles a récords históricos, ha llegado a su fin, debido a que el presidente se ha vuelto un inconveniente. El punto álgido del ímpetu empresarial pasó de largo con el conflicto que siguió los disturbios nazis en Charlottesville. Los comentarios de Trump en defensa de los neonazis fueron percibidos como una carga debilitante para los intereses internacionales del imperialismo estadounidense y un posible detonante de inestabilidad social y política dentro del país.

Sin embargo, las preocupaciones sobre la inestabilidad que pueda causar el mandatario reflejan temores más profundos. La clase gobernante estadounidense confronta problemas que van más allá del actual ocupante de la Casa Blanca.

En un comentario publicado el lunes, Ray Dalio, el presidente del mayor fondo de inversión del mundo, Bridgewater, declaró que la política “probablemente va a desempeñar un mayor rol del que hemos experimentado antes en una manera muy similar a 1937”. La capacidad de EEUU para sobrellevar conflictos políticos tendrá un mayor efecto en la economía que las “políticas monetarias y fiscales clásicas”.

La referencia a 1937 es significativa. La primera mitad de ese año vio un colapso importante en la economía estadounidense—un declive más empinado que el de 1932 en lo peor de la Gran Depresión—. Ese año también vivió una erupción de las luchas de clases en las industrias automotriz y siderúrgica.

Dalio escribió que las divisiones sociales y económicas en EEUU son similares a las de los alzamientos revolucionarios en este periodo. “Durante tiempos como estos, aumentan los conflictos (tanto internos como externos), emergen los populismos, las democracias son amenazas y pueden ocurrir guerras”. Luego, añadió que él no puede predecir cuán mala será la situación, pero dijo no sentirse alentado. “Los conflictos se han intensificado al punto que un combate hasta la muerte es más probable que una reconciliación”.

Hace casi 170 años, en su obra Las luchas de clases en Francia, Marx notó que la erupción de la lucha de clases tiene un impacto significativo en el sistema financiero porque pone en duda la confianza en la viabilidad misma del sistema económico que preside la clase gobernante.

En su comentario, Dalio escribió que, cuando uno mira los promedios, “uno podría concluir que la economía de EEUU está bien, pero cuando uno mira los números detrás de esos promedios, se vuelve claro que a algunos les va extraordinariamente bien mientras que a otros terriblemente mal, con las mayores brechas de riqueza e ingresos desde los años treinta”.

Dalio y otros se han referido a la cada vez más amplia brecha social y política en términos de “populismo”, pero su verdadero temor es que emerja un conflicto abierto entre clases. “La mayoría de los estadounidenses”, anotó, “parecen estar fuerte e intransigentemente en desacuerdo en cuanto a nuestros líderes y la dirección del país”. Además, “están más dispuestos a luchar por lo que creen que en tratar de ir más allá de sus diferencias para trabajar productivamente con base en principios compartidos”.

En otras palabras, las ilusiones sobre el “sueño americano” y sobre EEUU como “la tierra de la oportunidad”, que sirvieron históricamente como un tipo de pegamento político, se han desvanecido. Lo que aterra a la clase gobernante es que la clase obrera entre en acción bajo condiciones en que todo apunta a un estallido de la burbuja financiera que ha venido siendo inflada por los bancos centrales globales desde la crisis financiera del 2008.

Hace nueve años, la desintegración completa de los mercados bursátiles fue prevenida solamente gracias a la inyección de billones de dólares al sistema financiero global—tan sólo la Reserva Federal de EEUU vertió más de cuatro billones de dólares—. Sin embargo, el efecto principal de estas medidas no fue estimular una recuperación significativa en la economía “real” —algo evidente viendo que las tasas de interés en EEUU y las principales economías permanecen en niveles históricamente bajos—, sino facilitar un auge en el mercado financiero.

La última expresión de esta manía especulativa ha sido la subida del valor de la criptomoneda Bitcoin. Después de los más de 3000 días que le tomó alcanzar el nivel de $2000, la divisa, utilizada para el comercio por Internet, brincó de $2000 a $4000 dólares en menos de 85 días. La valoración total del mercado de Bitcoins se ha expandido a $140 000 millones, con el ingreso de algunos de los principales inversores como Goldman Sachs.

Sin embargo, esta es sólo una de las burbujas que se han desarrollado en casi todos los activos financieros.

Con la descarga de dinero ultrabarato por la Reserva Federal y los otros bancos centrales, las compañías también han podido mantener el valor de sus acciones alto a través de préstamos para recomprar sus propias acciones. Sin embargo, este proceso está llegando a un límite, ya que las compañías se han endeuda excesivamente y no pueden adquirir nuevos préstamos para continuar inflando los valores de sus acciones.

Como lo comentó el diario Financial Times el lunes, tomando en cuenta sus valoraciones históricas y de largo plazo, las acciones en EE. UU. “parecen más caras que en cualquier otro momento excepto en los meses antes del gran colapso de 1929 y del estallido de la burbuja de las puntocoms en el 2000”.

Bajo lo que eran circunstancias “normales”, el dinero era invertido en los mercados de bonos para aprovechar sus mayores tasas de rentabilidad; sin embargo, los mercados de bonos ahora también se encuentran en una burbuja con un comercio a niveles históricos, con tasas de interés (que varían inversamente al precio) en niveles bajos récord.

En el 2008, la clase gobernante estadounidense respondió a la crisis financiera por medio de mecanismos políticos y económicos. Por un lado, instalaron a Obama como presidente, bajo proclamas de una “audaz esperanza” y “cambio en el que puedes creer” y contando con el apoyo de la burocracia sindical y las distintas organizaciones de las capas privilegiadas de la clase media, que aclamaron su elección como un momento “transformativo”.

Por el otro lado, destaparon el tesoro para inyectar la mayor cantidad de dinero al sistema financiero en la historia económica para financiar una orgía de especulación y organizar la mayor transferencia de riqueza de la clase obrera a los ricos. Lejos de resolver las contradicciones, las recrudecieron a un nivel más alto.

A pesar de que hay secciones de la burguesía que tiemblan ante la intensificación de los conflictos de clases, no pueden proponer ninguna medida que aborde las condiciones que están llevando inexorablemente a explosiones sociales. Mientras que Trump ha perseguido la política de desarrollar un movimiento extraparlamentario de extrema derecha, sus críticos dentro de la clase gobernante están buscando reorganizar su administración para ponerla bajo un control más firme de la cúpula militar y financiera del país.

Estamos entrando en un nuevo periodo de convulsiones económicas y sociales, para el cual tiene que prepararse la clase obrera mediante la construcción de una dirección revolucionaria basada en un programa internacionalista y socialista para resolver, en sus propios intereses, la crisis histórica del sistema de lucro capitalista.

( Jaque al Neoliberlaismo)

¿Podría el huracán Harvey 'matar' la economía de EE.UU.? ( video)


RT Publicado: 28 ago 2017 10:55 GMT

El daño causado en el estado de Texas por el huracán podría ascender a decenas de miles de millones de dólares, pero algunos expertos advierten que lo peor aún está por llegar.


Adrees Latif / Reuters

El huracán Harvey afectó fuertemente el estado de Texas, pero algunos expertos advierten que lo peor aún está por llegar. Un estudio del año pasado reveló los posibles daños de un potencial desastre natural de este tipo en la región. 

El informe, publicado en el portal ProPublica, detallaba todas las deficiencias de la protección de Texas ante un posible huracán. Los expertos advirtieron de la posibilidad de que se produjeran miles de muertes, un fuerte golpe para la industria y el transporte marítimo, así como la inundación de cientos de miles de hogares y negocios. El congresista republicano Pete Olson incluso indicó que esta potencial tormenta "mataría a la economía estadounidense".

El director de la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA, por sus suglas en inglés), William Long, ha calificado a Harvey como la peor catástrofe en la historia de Texas. De momento, nadie se ha pronunciado sobre las cifras concretas del daño causado, aunque está claro que se puede hablar de decenas de miles de millones de dólares.

Primero, el huracán redujo la producción de petróleo en el golfo de México en aproximadamente un cuarto, y la capacidad de la refinería disminuyó un 5%. A consecuencia de esto, expertos predicen un fuerte aumento de los precios de combustible y del índice de desempleo. Por último, el cálculo de los daños a las empresas agrícolas y los hogares personales se prolongará durante varias semanas más.

Harvey podría tener un impacto duradero en la economía de Texas y el sector energético de EE.UU. Las costas de Texas albergan instalaciones clave que conforman casi un tercio de la infraestructura del sector de refinación de petróleo del país.

Si las refinerías de la región permanecen cerradas durante varios meses, las consecuencias "serían devastadores no solo para nuestra economía, sino también para la economía EE.UU.", según Jim Blackburn, codirector del Centro de Investigación de Tormentas de Universidad Rice (Texas).

Además, se prevé que los gastos necesarios para la restauración de miles de casas afectadas por el desastre se eleven hasta 40.000 millones de dólares, una cifra que podría ser inasumible para el presupuesto del estado.

Harvey, el primer huracán de estas dimensiones que azota el país desde el 2005, tocó tierra en Texas la noche del 25 al 26 de agosto en forma de tormenta de categoría 4. Esto se tradujo en vientos de hasta 200 km/h, oleajes de hasta 3,7 metros e inundaciones. Asimismo, provocó numerosos daños materiales y víctimas mortales.