Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

sábado, 11 de abril de 2020

Coronavirus en el mundo y Cuba 11.04.2020. Comentario HHC




Al cierre del día de ayer, 10 de abril, se encuentran ingresados en hospitales para vigilancia clínico-epidemiológica 2 mil 415 pacientes. Otras 7 mil 128 personas se vigilan en sus hogares, desde la Atención Primaria de Salud.
Para COVID-19 se estudiaron mil 139 casos, resultando positivas 56 muestras. El país acumula 13 mil 162 muestras realizadas y 620 positivas. Por tanto, al cierre del día de ayer se confirman 56 nuevos casos, para un acumulado de 620 en el país.
De los 56 casos confirmados fueron diagnosticados 55 cubanos y una extranjera (boliviana). De los 55 cubanos diagnosticados 46 fueron contactos de casos confirmados, 7 fueron contactos de viajeros procedentes del exterior y se investiga la fuente de infección de dos.
De los 56 casos confirmados, 31 fueron asintomáticos, representando el 55,3%. Reiteramos la necesidad de cumplir las medidas orientadas, fundamentalmente el distanciamiento social, así como declarar todos los posibles contactos, cuando exista sospecha de la enfermedad.
Minsap.




Cuba confirma 56 casos  ( tercer día de más detectados) y llega a 620 pacientes, notese que hay 31 casos asintomáticos  y eso es importante seguir detectándolos para evitar el contagio " ciego".
Hay 26 enfermos recuperados y un lamentable fallecimiento como se refleja en el gráfico # 4 y es alentador.
El gráfico #2  se estimó con Excel, la linea  de tendencia logarítmica para los próximos 60 días y refleja que el 9 de Junio del 2020  daría cero  % crecimiento de nuevos casos, es decir no  habría nuevos casos. Esto no pretende sustituir los pronósticos de las autoridades donde hay variables multifactoriales y hay tres escenarios,  solo es un ejercicio más utilizando una herramienta de Microsoft , veremos como sigue. 
La disciplina de la población no se puede predecir, el pensamiento racional no actúa muchas veces en un grupo de la población y Cuba no es la excepción.
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El mundo siguen creciendo el números de casos por la pandemia y los fallecidos asociados a la misma con 1 767 855 y 108 281. 
Estados Unidos  sigue siendo el pais de mas casos confirmados y sobrepaso a Italia en el número de fallecidos  con 524 903 y 20 463 respectivamente, la buena noticia dentro de la gravedad es que los números de crecimientos fueron menores en ambos indicadores que el día de ayer.

Cuba ascendió dos lugares  y ya esta en el 80 de los mas contaminados en el mundo, pero es el único pais de la tabla presentada que bajo la tasa de mortalidad. A continuación detallo las variaciones con relación al día anterior.


El fracaso de Donald Trump, no proteger a su pueblo

POR ROSA TOWNSEND
10 DE ABRIL DE 2020 12:25 PM, ACTUALIZADO 10 DE ABRIL DE 2020 12:51 PM


El presidente Donald Trump habló con los medios el domingo 5 de abril de 2020 para informar a la nación sobre la pandemia de COVID-19 y ofreció oraciones a las personas que sufren de coronavirus. BY THE WHITE HOUSE

El presidente Harry Truman puso en su escritorio un letrero con la frase “The buck stops here”, que en español significa “Yo soy el responsable”. Justo lo que se espera de un verdadero líder: que asuma toda la responsabilidad, sin buscar chivos expiatorios de sus fracasos.

Al igual que también se espera que muestre empatía en medio de las tragedias. Como hizo George W. Bush tras los atentados del 11-S, o Barack Obama con los tiroteos en las escuelas, por solo nombrar a los dos últimos presidentes. Aunque tradicionalmente todos han mostrado su sensibilidad humana en los desastres acontecidos durante sus mandatos.

Es algo inherente al cargo de presidente de Estados Unidos: asumir siempre la responsabilidad, en lo bueno y en lo malo; y ejercer de “confortadores en jefe” cuando azotan catástrofes y el pueblo necesita ver que el líder les habla con sinceridad y se identifica con sus sentimientos, a veces hasta con lágrimas.

Solo los hombres fuertes pueden mostrar compasión y responsabilizarse de sus errores. Cuestión de valentía. Los débiles en cambio disfrazan su inseguridad con palabras grandilocuentes, gestos duros e insultos.

Por desgracia, el actual presidente pertenece a esta última categoría: incapaz de asumir su responsabilidad, siempre culpando a otros de lo que él ha hecho mal; incapaz de sentir el dolor de los demás y consolarlos, incapaz de mostrar alma (¿tiene alma?, se preguntaba estos días un colega del New York Times).

La respuesta está, más que nunca, a la vista de todos. La pandemia del coronavirus es la gran pantalla de nuestro tiempo a la que nadie puede escapar; y mucho menos quien como Donald Trump la está aprovechando para exhibirse, creyendo en su estulticia que todos compramos el humo que pretende vender. (“Vender humo” en argot de España es embaucar).

Pues no, mister Trump. Detrás del humo se le ve mucho el plumero. Se le ve cómo está desalmadamente usando la tragedia para su beneficio, tanto de cara a la elección en noviembre como para adueñarse de más poder mientras el país vive en la zozobra del virus.

Antes de repasar los desastrosos fallos de los que Trump no se responsabiliza, es conveniente “enmarcar su actuación”. Nunca mejor dicho, porque eso es lo que hace, actuar ante las cámaras con el show nuestro de cada día, para hacer campaña electoral y que la gente, cautiva en sus hogares, le vean aunque lo que diga sean nimiedades o mentiras (más de 50 falsedades en las últimas 2 semanas). Lo importante es que le vean en TV.

Y ése “marco” que está fabricado es de material autoritario. Como demuestra por ejemplo la purga de cargos esenciales –reitero, esenciales– para el funcionamiento democrático de contrapesos (checks and balances), como son los “inspectores generales” que, de forma independiente, supervisan al gobierno.

En la semana que acaba de pasar, la más trágica hasta ahora, cuando Estados Unidos supera las 20,000 muertes y 500,000 infectados (que se sepa), Trump ha eliminado, entre otros, al inspector general a cargo de vigilar la distribución de los $2.2 billones del rescate. Esto es muy serio.

El inspector purgado, Glenn Fine, tiene fama de eficaz y duro. Y su función era asegurar que el dinero destinado por el Congreso para rescatar la economía no se malgaste. O se robe.

Gran parte de ese dinero beneficiará a las industrias de “turismo y hospitalidad”, o sea hoteles y restaurantes. El Congreso puso una cláusula prohibiendo específicamente que Trump y su familia se beneficiaran de tales fondos. Es de esperar que los Trump se atengan a la ley. También sería deseable que los bancos y otras corporaciones presenten recibos de a quién dan el dinero. Pero es sólo un deseo, porque ya se ha eliminado ese trámite de transparencia.

Trump ha sustituido al inspector Fine por uno de sus leales, Sean O’Donnell, al tiempo que ha dicho que él, Trump, será quien supervise todo. Creo que no es necesario decir más. Debería ser un escándalo. Trump lo sabe y por eso lo ha escondido tras su cortina de humo. Porqué no menciona NADA de la supervisión de los $2.2 billones en el show diario compareciendo ante la prensa, en vez de hablar de que él es número uno en Facebook (lo cual es incierto).

Tampoco menciona los 70 días que perdió minimizando e incluso ridiculizando la pandemia (“Es un fraude de los demócratas” repetía, “El flu mata a más gente”).

Esos casi dos meses desperdiciados –desde que le advirtieron el 3 de enero que el COVID-19 estaba dentro de Estados Unidos hasta el 13 de marzo que lo reconoció– pasarán a la historia como el mayor cataclismo, cuando no fraude, de la presidencia de EEUU.

Porque era evitable. Al menos en la magnitud en la que se ha extendido en virus por culpa –sí, culpa–, de la negación de Trump a actuar. Por su ineptitud.

Porque en vez de tomar las riendas y crear un plan nacional para abordar la crisis –conseguir los materiales médicos y hacer test generalizados en la población–, hizo lo opuesto: atar las manos a los expertos y tapar la realidad con eslogans de relaciones públicas: “Nada está cerrado. La economía está bien”, tuiteó el 8 de marzo. Al día siguiente tuiteó: “El virus desaparecerá. Calmense”.

Para entonces habían pasado 40 días desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara el coronavirus una “emergencia mundial”. El 6 de febrero Trump rechazó miles de test de la OMS para detectar el virus. Y el 10 de febrero, en plena epidemia internacional, Trump recortó 16% el presupuesto del CDC (Centro Nacional de Enfermedades Infecciosas). El CDC tuvo que fabricar sus propios test, ¡que resultaron ser defectuosos!

Fiasco tras fiasco, llevan las huellas de Trump. A día de hoy sigue negándose a crear un plan nacional de algo tan elemental como identificar dónde, quiénes y cuántos están infectados; a ordenar –bajo la Ley de Producción de Defensa Nacional– a las empresas privadas que fabriquen las mascarillas, ventiladores y test necesarios.

Su táctica es evadir responsabilidades, trasladándoselas a los gobernadores, y simultáneamente buscar enemigos, el último es la OMS.

El 13 de marzo afirmó cuando le preguntaron sobre su papel en la pandemia: “No soy responsable en absoluto”. Al mismo tiempo se declaró “Presidente en Guerra”. ¿Pero en guerra contra quién? Desde luego no contra las grandes corporaciones, la industria hotelera o los bancos.

Habría que preguntar a los familiares de los miles de difuntos, a cientos de miles de infectados y a los 17 millones que han perdido su trabajo. O a los miles de héroes que en los hospitales intentan salvar vidas, exponiendo las suyas por falta de protección. O a los trabajadores del transporte y los supermercados. Y a tantos otros. A todos los millones desvalidos, de los que Trump, quiera o no quiera, es el responsable.

Donald Trump ha fracasado en la función más solemne de un presidente: proteger a su pueblo. Para salvarse él. Ese será su legado.

Periodista y analista internacional. Twitter: @TownsendRosa.

La internacionalización de la crisis


NUEVA YORK – En su propagación de un país a otro, el nuevo coronavirus no prestó atención a fronteras nacionales ni a «grandes y hermosos» muros fronterizos. Tampoco valen esos límites para sus efectos económicos posteriores. Como ha sido evidente desde el primer momento, la pandemia de COVID‑19 es un problema global que demanda una solución global.

Para las economías avanzadas, la compasión debería ser motivo suficiente para apoyar una respuesta multilateral. Pero la acción global también es una cuestión de interés propio. Mientras haya un lugar donde la pandemia siga haciendo estragos, será una amenaza –epidemiológica y económica– en todas partes.

El impacto de la COVID‑19 sobre las economías emergentes y en desarrollo apenas comienza a revelarse. Hay buenas razones para creer que en estos países la pandemia será mucho más dañina que en las economías avanzadas: allí donde los ingresos son más bajos, es común que la gente viva más aglomerada, y que una proporción mayor de la población padezca problemas de salud previos que aumentan su vulnerabilidad a la enfermedad. Y los sistemas sanitarios de estos países están todavía menos preparados para manejar una epidemia que los de las economías avanzadas (que tampoco puede decirse que hayan funcionado sin problemas).

Un informe publicado el 30 de marzo por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Comercio y el Desarrollo ofrece un atisbo de lo que aguarda a las economías emergentes y en desarrollo. Las más exitosas tienen su crecimiento supeditado a las exportaciones, que se hundirán a la par de la contracción de la economía global. Naturalmente, los flujos globales de inversión también se están derrumbando, lo mismo que los precios de los productos primarios, lo que permite prever un futuro complicado para los países exportadores de recursos naturales.

Estos hechos ya se ven en los diferenciales de rendimiento (spreads) de la deuda soberana de los países en desarrollo. A muchos gobiernos les resultará sumamente difícil (o imposible) refinanciar los vencimientos de deuda de este año en términos razonables.

Además, los países en desarrollo tienen menos opciones para enfrentar la pandemia y son más difíciles. Cuando la gente vive al día, sin mecanismos adecuados de protección social, la pérdida de ingresos puede convertirse en hambre. Pero estos países no pueden imitar la respuesta estadounidense, que incluye (hasta ahora) un paquete económico de dos billones de dólares que sumará más o menos un 10% del PIB al déficit fiscal, que ya antes de la pandemia era del 5%.

Tras una reunión virtual de emergencia el 26 de marzo, los gobiernos del G20 emitieron un comunicado en el que se comprometen «a hacer lo que sea necesario y a usar todas las herramientas disponibles para minimizar el daño económico y social de la pandemia, restaurar el crecimiento global, mantener la estabilidad de los mercados y reforzar la resiliencia». En tal sentido, hay al menos dos medidas que pueden tomarse en relación con la difícil situación de las economías emergentes y en desarrollo.

En primer lugar, hay que usar a pleno los derechos especiales de giro del Fondo Monetario Internacional, una especie de «dinero global» cuya creación forma parte de las atribuciones de la institución desde su fundación. Los DEG son un ingrediente esencial del orden monetario internacional que John Maynard Keynes defendió en la Conferencia de Bretton Woods en 1944. La idea es que como obviamente durante una crisis la prioridad de los gobiernos es dar protección a sus ciudadanos y economías, la comunidad internacional debe tener una herramienta para ayudar a los países más necesitados sin que los presupuestos nacionales resulten afectados.

Una emisión de DEG estándar –en la que un 40% de los DEG se destine a las economías emergentes y en desarrollo– ya supondría una enorme diferencia. Pero sería incluso mejor si economías avanzadas como Estados Unidos donaran sus DEG o los dieran en préstamo (en forma concesionaria) a un fideicomiso destinado a ayudar a los países más pobres, tal vez con determinadas condiciones, en particular, que el dinero no se use para el rescate de acreedores.

También es crucial que los países acreedores colaboren, anunciando una suspensión de pagos de las deudas de las economías emergentes y en desarrollo. Para comprender la importancia de esta medida, tomemos como ejemplo la economía estadounidense. El mes pasado, el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano de los Estados Unidos anunció una suspensión por 60 días de las ejecuciones de hipotecas con garantía del gobierno federal. En esencia, esta política es parte de una serie más amplia de medidas de «suspensión» en toda la economía estadounidense en respuesta a la crisis de la COVID‑19. Los trabajadores están en casa, los restoranes cerrados, y las aerolíneas prácticamente inmovilizadas. ¿Por qué permitir a los acreedores seguir acumulando rendimientos, habida cuenta de que con los tipos de interés que cobran ya deberían tener un colchón suficiente contra riesgos? Si los acreedores no conceden esa suspensión, muchos deudores saldrán de la crisis debiendo más de lo que pueden pagar.

Así como las medidas de suspensión son importantes en el nivel nacional, también lo son en el nivel internacional. En las condiciones actuales, muchos países están sencillamente imposibilitados de seguir pagando sus deudas, y si no se aprueba una suspensión mundial de los cronogramas de pago, puede haber una avalancha de defaults a gran escala. En muchas economías emergentes y en desarrollo, el gobierno se enfrenta a una elección entre la cantidad de ingresos que se destinan a los acreedores externos y la cantidad de ciudadanos que morirán. Obviamente, para la mayoría de los países permitir un aumento de la mortalidad sería inaceptable, así que la única opción real para la comunidad internacional es o bien una suspensión de pagos ordenada o bien una suspensión desordenada, alternativa esta que generará inevitablemente graves turbulencias y amplios costos para la economía global.

Por supuesto, sería incluso mejor si contáramos con un mecanismo institucionalizado para la reestructuración de deudas soberanas. La comunidad internacional intentó crearlo en 2015, cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó por amplia mayoría una serie de principios compartidos. Por desgracia, el plan no tuvo apoyo suficiente de los países acreedores más importantes. Es probable que ya sea demasiado tarde para crear un sistema así para esta crisis. Pero inevitablemente habrá otras crisis en el futuro, de modo que la reestructuración de deudas soberanas debería ser una cuestión prioritaria de la agenda para después de la pandemia.

En las inmortales palabras de John Donne: «Ningún hombre es una isla». Tampoco lo es ningún país (algo que la crisis de la COVID‑19 dejó suficientemente en claro). Esperemos que la comunidad internacional decida finalmente hacer frente a la realidad.

Traducción: Esteban Flamini

Joseph E. Stiglitz, a Nobel laureate in economics, is University Professor at Columbia University and Chief Economist at the Roosevelt Institute. His most recent book, People, Power, and Profits: Progressive Capitalism for an Age of Discontent, will be published in paperback on April 21.

Empresa láctea de Artemisa no detiene producciones


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Artemisa, 11 abr (ACN) La Empresa de Productos Lácteos Artemisa no detiene sus producciones e incrementa la cifra destinada a la población, como parte del plan de enfrentamiento a la COVID-19.

En entrevista concedida a la ACN, Lázaro Armando Jiménez Barbosa, director general de la Empresa, refirió que la prioridad de la entidad es garantizar la leche para niños y el yogurt natural de dietas, de ahí que hasta abril hayan producido 280 toneladas (t) de leche y más de 100 t de yogurt natural.
Precisó que la Empresa distribuyó las variedades de leche en polvo (para niños de cero a dos años, de dos a seis y las dietas) previstas hasta el 15 de este mes, produjo la leche que resta de abril destinada a niños de cero a dos años y esperan el suministro de las 32 t de leche en polvo necesarias para elaborar el alimento correspondiente a niños de dos a seis años.
Explicó que al no destinar yogurt de soya para la merienda escolar, debido a situación sanitaria actual, el sobrecumplimiento de este renglón se destina a la venta liberada en el territorio y la capital cubana, a la cual suministrarán unas 150 t este mes y 100 t a Artemisa.
De acuerdo con Jiménez Barbosa, el país presenta una situación muy complicada con la importación de leche en polvo debido al bloqueo impuesto por Estados Unidos y la situación creada por la pandemia, por lo cual es objetivo de la Empresa aprovechar el suero y el requesón para elaborar helado y dulces con base en leche de soya.
Resaltó que la Unidad Empresarial de Base (UEB) de Productos Lácteos Bahía Honda, enclavada en ese norteño municipio, produjo en marzo una tonelada de dulce de leche fluida con esta base y dos fórmulas, una conformada con suero y la otra con requesón - muy aceptadas- y este mes debe alcanzar las 15 t, a la vez que se crean las condiciones para fabricarlo también en la UEB Guanajay a partir de mayo.
El aprovechamiento del suero permitirá a la UEB de Productos Lácteos Santa Cruz, en San Cristóbal, sobrepasar este mes los planes de yogurt para la venta en divisas, de suero sabarizado y dulce de leche en almíbar, incremento que destinarán al municipio como estrategia de autoabastecimiento ante la situación impuesta por la COVID-19.
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Pedro Blanco Herrera, director de este UEB, comentó que ante la carencia de leche en polvo, materia prima fundamental para fabricar helado, dejarán de producir nueve mil 400 galones del producto este mes (la mitad del plan) por lo que el aprovechamiento del suero será vital para ahorrar materia prima e incrementar producciones, pues por cada mil litros de suero ahorran 62, 5 kilogramos de leche en polvo.
Enfatizó que, como medidas para prevenir el contagio con la COVID-19, 13 trabajadores (en especial del área administrativa) desarrollan su labor en sus hogares, implementaron un sistema de desinfección en la puerta para personas y vehículos, activaron la planta de fregado, reubicaron a varios obreros y realizan el pesquisaje diario.
La Empresa de Productos Lácteos Artemisa está formada por cinco UEB productivas, una de logística y la dirección de la entidad, sus producciones principales son leche y yogurt natural para niños y dietas, quesos, yogurt y mantequilla para el turismo y la red de tiendas en divisas, requesón, pasta untable, dulces de leche fluida y en almíbar, así como suero saborizado para entidades y unidades del comercio y la gastronomía.
Desde el año pasado introdujo la venta de queso a empresas de la Zona Especial de Desarrollo Mariel (ZEDM) y en 2020 promueve la comercialización de helado y natilla en este enclave económico.

En EEUU sabían que el virus tenía consecuencias catastróficas pero Trump no hizo nada

Por Marco Antonio Moreno

Pese a que funcionarios de inteligencia advirtieron al Pentágono, a la Casa Blanca y al Estado Mayor en noviembre del año pasado que el nuevo virus encontrado podía tener consecuencias catastróficas para la humanidad, el gobierno de Donald Trump hizo caso omiso y, como en todo, subestimó la información. El informe fue dado a conocer esta semana por ABC News y es lapidario para Trump y todo el gobierno de Estados Unidos.

De acuerdo esta publicación, funcionarios del Centro Nacional de Inteligencia Médica (NCMI), levantaron la alarma sobre lo que ahora se conoce como pandemia del coronavirus, en un informe fechado en noviembre de 2019. Se daba cuenta de una enfermedad fuera de control que se podría convertir rápidamente en una gran amenaza para las fuerzas del Ejercito de EEUU en Asia. El NCMI es un componente de la Agencia de Inteligencia del Pentágono y su objetivo es garantizar que las fuerzas militares de EEUU tengan toda la información epidemiológica que los puede afectar en alguna de sus misiones. Es prioridad del Pentágono mantener sanos a los soldados.

Pero esa prioridad no la tuvo Donald Trump cuando ninguneó el informe con la arrogancia que lo caracteriza. Incluso despidió a la científica que trabajaba en el Laboratorio de Wuhan del cual salió la información antes de que en China se produjera la primera víctima mortal. Tal ha sido la displicencia o falta de liderazgo de Trump en el desarrollo de esta crisis, que no supo comprender la potencial amenaza que esto implicaba. Como declara uno de los funcionarios del Departamento de Salud: "No me sorprende que la comunidad de inteligencia haya detectado el brote; lo que es sorprendente y decepcionante es que la Casa Blanca ignoró todas las señales de advertencia, no siguió los protocolos de respuesta pandémicos establecidos y tardó en implementar un esfuerzo de todo el gobierno para responder a esta crisis".

Sorprende también que el Evento 201 realizado en Nueva York el 18 de octubre de 2019 por la Universidad Johns Hopkins y patrocinado por la CIA, el FMI, el Foro Económico Mundial y los multimillonarios Bloomberg y Soros, haya pasado tan inadvertido. Este fue un verdadero Deja-vu, un sueño premonitorio ofrecido en una conferencia mundial que era un "simulacro de pandemia", con un virus mortal y, más precisamente, un "coronavirus". Este simulacro de pandemia se iniciaba en Brasil y de ahí se propagaba al resto del mundo. Al mes tenía 450 mil casos y 26 mil muertes; a los 3 meses contaba con 10 millones de casos y 660 mil muertes. Esta es una captura de pantalla del Event 201



El gobierno de Trump no estuvo al tanto de nada de esto que ocurría en sus mismas narices. Estaba más preocupado de Venezuela, Cuba o las patadas bajo la mesa con China por una guerra comercial sin sentido. La ineptitud de Donald Trump le está costando a EEUU más de 100 muertos por hora, y un estado de catástrofe descomunal. Estados Unidos suma más de 520 mil contagios y 20 mil muertos, con el nivel de propagación más alto del mundo. Los cadáveres se amontonan en los hospitales y la solución de camiones refrigerados para mantener en forma provisoria los muertos no da abasto. Incluso se debió improvisar una fosa común en la Isla Hart, en Nueva York, donde se entierran centenares de cadáveres cada día. Toda película o historia de ficción ha sido superada por la cruel realidad. Una realidad cruel que asola el mundo cuando personajes déspotas como Trump toman las riendas.

La desconexión con la realidad ha sido de tal magnitud en el gobierno de Trump que muchas muertes sorpresivas ocurridas en enero y febrero fueron atribuidas a influenza o "una extraña neumonía". Como detalló el New York Times: los protocolos inconsistentes, la escasez de recursos y una cadena de malas decisiones tienen a los forenses sin los elementos que necesitan para detectar la enfermedad. Solo pudieron realizar unos pocos análisis post mortem a fines de febrero y dieron positivo a la prueba de coronavirus. Se sospecha que más de 10 mil muertes ocurridas entre enero y febrero fueron por esta causa. Como dice NYT, "los datos de las muertes están subestimados"

Si Estados Unidos era uno de los países que se jactaba de tener "la mejor salud del planeta", ¿qué queda para el resto del mundo?

¿Suspenderemos Economía en tiempo de pandemia?

EE UU está dominado por una ideología contraria a lo público que nos ha dejado poco preparados para esta crisis



El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, habla durante la sesión informativa diaria sobre el coronavirus en la sala de reuniones Brady en la Casa Blanca el 7 de abril.MANDEL NGAN / AFP

Hace solo un mes, Donald Trump seguía insistiendo en que la Covid-19 era una cuestión de poca importancia, en comparación con la “gripe común”. Y restaba importancia a las preocupaciones económicas; al fin y al cabo, durante la temporada de gripe, “nada se cierra, la vida y la economía siguen adelante”.

Pero las pandemias atacan con rapidez. Desde que Trump desestimó alegremente el problema, unos 15 millones de estadounidenses han perdido su puesto de trabajo; la implosión económica se está produciendo a tal velocidad que es imposible mantener actualizadas las estadísticas oficiales.

En nuestra anterior crisis financiera, la economía cayó en torno a un 6% respecto a su tendencia a largo plazo, y la tasa de desempleo aumentó en cerca de cinco puntos porcentuales. Calculo que lo que se perfila ahora es una caída entre tres y cinco veces mayor.

Se trata de una caída fuera de lo normal no solo desde el punto de vista cuantitativo, sino también desde el cualitativo, porque es distinta a todo lo que hemos visto antes. Las recesiones normales se producen cuando las personas deciden recortar el gasto, con la consecuencia involuntaria de destruir empleo. Hasta el momento, esta recesión refleja principalmente el cierre deliberado y necesario de actividades que aumentan la tasa de infección.

Como ya he dicho, es el equivalente económico a un coma inducido médicamente, en el que se paralizan temporalmente algunas funciones cerebrales para dar al paciente la oportunidad de curarse.

Aunque es imposible evitar una recesión profunda, unas políticas acertadas podrían, no obstante, contribuir en gran medida a reducir considerablemente las dificultades que experimentarán los estadounidenses. El problema es que el panorama político del país está dominado desde hace tiempo por una ideología contraria a lo público que nos ha dejado poco preparados, intelectual e institucionalmente, para esta crisis.

¿Qué deberíamos estar haciendo? Ya existe una cierta unanimidad entre los economistas serios acerca de cuál sería la respuesta política adecuada para una pandemia. Partimos de la base de que esta no es una recesión convencional, que exige un estímulo económico amplio. La misión inmediata, más allá de un esfuerzo a gran escala para contener la pandemia en sí, debería ser más bien ser una ayuda en casos de desastre: subvenciones generosas para quienes han sufrido una pérdida repentina de ingresos debido al cierre de emergencia de la economía.

Es verdad que podríamos sufrir una segunda ronda de pérdida de empleo si las víctimas del cierre de emergencia recortan el gasto en otros bienes y servicios. Pero una ayuda adecuada para compensar la catástrofe abordaría también este problema, ayudando a sostener la demanda.

De modo que todo es cuestión de ayudar a las víctimas económicas del cierre por coronavirus. ¿Qué tal lo estamos haciendo?

La buena noticia es que, gracias a la presión demócrata, la Ley CARES, que fue aprobada menos de tres semanas después de que Trump rechazase la idea de que la Covid-19 pudiera suponer un problema económico, y que establece ayudas por más de 2 billones de dólares, no consiste en un estímulo, sino que se centra principalmente en las cosas en las que se tiene que centrar. Las disposiciones fundamentales de esta ley son las ayudas a los hospitales, a los desempleados, y a las pequeñas empresas que mantienen sus plantillas de trabajadores; son exactamente el tipo de cosas que deberíamos estar haciendo.

Lo que resulta especialmente curioso es que se hayan promulgado leyes en su mayor parte sensatas, a pesar de las tonterías que decía el presidente, quien proponía –cómo no– rebajas de impuestos como solución para los problemas de la economía. De hecho, no se me ocurre ningún otro ejemplo reciente en el que los republicanos hayan aprobado una importante legislación fiscal con el objetivo principal de aumentar el gasto para beneficiar a los necesitados, sin ninguna rebaja de impuestos para los ricos.

La mala noticia se presenta en dos partes.

En primer lugar, la ley se queda muy corta respecto a lo que se necesita en un aspecto crucial: la ayuda a las administraciones públicas estatales, que están en la primera línea de la batalla contra la pandemia. A diferencia de la administración federal, los estados tienen que equilibrar sus presupuestos cada año. Ahora afrontan un aumento repentino del gasto y enormes pérdidas de ingresos; a no ser que reciban mucha más ayuda, se verán obligados a recortar drásticamente el gasto, lo que debilitará directamente los servicios esenciales y acelerará indirectamente la recesión general.

Y no está claro cuándo se solucionará esa laguna, o si se solucionará siquiera. Los republicanos del Senado se muestran reacios a aprobar otro paquete de rescate; supuestamente, las autoridades de la Casa Blanca siguen hablando de rebajar impuestos.

En segundo lugar, décadas de hostilidad a la administración pública nos han dejado en muy mala posición para proporcionar siquiera la ayuda que el Congreso ha aprobado. Las oficinas de empleo de los estados llevan años privadas de fondos, y los estados republicanos han dificultado deliberadamente la solicitud de prestaciones. De modo que el repentino aumento del paro está sobrepasando al sistema de prestaciones; puede que el Congreso haya votado a favor de las ayudas para paliar la catástrofe, pero el dinero no circula.

El programa de préstamos a pequeñas empresas ha tenido también, a decir de todos, un comienzo caótico. ¿Y qué hay de esos cheques de 1.200 dólares que supuestamente va a recibir todo el mundo? A muchos estadounidenses tardarán en llegarles semanas o meses.

No tiene por qué ser así. Canadá ya ha creado un portal de Internet y un sistema telefónico especiales para conceder prestaciones por desempleo urgentes. Los alemanes están agradablemente sorprendidos por la rapidez con la que fluye la ayuda a los trabajadores autónomos y a las pequeñas empresas.

Pero décadas de ataques conservadores a la idea de que la administración pública pueda hacer algo bien han dejado a Estados Unidos con un caso único de impotencia aprendida. Y a esto se le suma una completa falta de liderazgo en la cima.

Sabemos qué deberíamos estar haciendo en materia de política económica, y el Congreso ha aprobado una ley de socorro que, a pesar de los fallos, es mejor de lo que yo me esperaba. Pero ahora mismo, tiene pinta de que nuestra respuesta a la emergencia económica va a quedarse muy corta.

Traducción de News Clips.

Proporciones de la pandemia

SINE DIE  119

SD2
juan m ferran oliva                                         Abril 9 de 2020

nada es verdad ni es mentira,
todo es según el color
del cristal con que se mira.
                                                                                                                                            ¿Calderón?


PAÍS
 Contagiados POR CADA MIL HABITANTES
 %  DE FALLECIDOS entre los contagiados
1
Estados Unidos
1,31
2,9%
2
España
3,40
9,8%
3
Italia
2,30
12,5%
4
Alemania
1,26
1,6%
5
Francia
1,63
8,6%
6
China
0,07
4,1%
7
Irán
1,03
6,2%
8
Reino Unido
0,90
10,4%
9
Suiza
3,13
3,4%
10
Bélgica
2,08
7,8%
11
Países Bajos
1,25
9,9%
12
Canadá
0,58
1,8%
13
Austria
0,16
1,8%
14
Brasil
0,07
4,3%
15
Corea del Sur
0,24
1,8%
16
Israel
1,76
0,6%
17
Suecia
0,85
6,9%
18
Noruega
1,36
1,3%
19
Australia
0,33
0,7%
20
Chile
0,32
0,8%
21
India
0,01
2,7%
22
Malasia
0,21
1,6%
23
Japón
0,03
2,1%
24
Filipinas
0,06
4,5%
25
Ecuador
0,29
4,9%
26
Arabia Saudí
0,16
1,2%
27
Perú
0,09
1,6%
28
México
0,02
4,4%
29
Panamá
0,69
2,7%
30
Pakistán
0,02
2,8%
31
Emiratos Árabes U.
0,75
0,6%
32
R Dominicana
0,21
4,7%
33
Sudáfrica
0,04
0,7%
34
Argentina
0,04
3,1%
35
Colombia
0,04
0,0%
36
Argelia
0,05
11,5%
37
Egipto
0,02
6,6%
38
Marruecos
0,04
6,4%
39
Camerún
0,05
1,2%
40
Costa Rica
0,11
0,4%
41
Puerto Rico
0,13
4,0%
42
Uruguay
0,12
1,2%
43
Burkina Faso
0,04
4,9%
44
Cuba
0,03
2,5%
45
Honduras
0,05
7,4%
46
Tailandia
0,004
11,8%
47
Ghana
0,014
2,3%
48
RD Congo
0,004
11,7%
49
Paraguay
0,021
3,5%
50
Libia
0,0025
9,1%
TOTAL MUNDIAL
5,5%
La teoría de las probabilidades aplicada al coronavirus es resbalosa. Su contención o expansión depende de variados factores: disponibilidad de personal y de logística médica, decisiones políticas, predisposiciones personales, factores económicos y sociales, y puede que algunos más. La combinación de todos determina la marcha de la epidemia.

De todas formas las proporciones observadas permiten cierto grado de medición del potencial de la enfermedad. Asustan las cifras absolutas de contaminados y sobre todo la de fallecidos, pero ello, en cierta medida, obedece al tamaño de la muestra. Un millón de enfermos en un país de 10 millones habitantes sería una catástrofe, en otro de 100 millones la tragedia resultaría 10 veces menor. 

En la tabla se han tomado 50 naciones como modelos de la situación en estos momentos primeros de abril. Encarnan casi la cuarta parte del elenco mundial y pueden considerarse como una muestra representativa. No se refieren  a cifras sino a proporciones. Pero el orden en que aparecen responde a su posición en cuanto al número de  contaminados. Por otra parte las cantidades absolutas cambian a diario mientras que las relaciones mantienen vigencia durante algún tiempo.

Estados Unidos escaló el primer lugar mundial. Sufre 1.31 contagiados por cada millón de habitantes (en abril 6). Cuenta con 252 millones pobladores aterrorizados. El 2.9% de los contaminados han expirado.
.
En España e Italia el número de fallecidos es enorme, tanto como en el Reino Unido. Son los casos peores. Parece que influyó  la dilación de los gobernantes y han  fallado las infraestructuras sanitarias.

Me sorprende Irán. No tengo explicación para la situación que confronta, y que es  acentuada por las medidas agresivas externas. .

China descendió y según parece ha detenido su curva ascendente. El grafico muestra su evolución. Creo que hablan de vuelta a la normalidad. Así sea.


?
El momento es también importante. Algunos países se hallan en una fase inicial, mientras que en otros la pandemia ha madurado. Llama la atención el caso de muchos Estados africanos tan proclives a enfermedades, que aún muestran cifras discretas. En América Latina comienza una fase expansiva.

En Cuba se aprecia un crecimiento diario de los infectados, a pesar de las medidas tomadas y de la disciplina de la población. Según parece es un curso normal. Hay alrededor de 30 contagiados por cada millón de habitantes. O bien 0.03 por cada mil[1]. La tasa de mortalidad es 2.5% hasta el momento. No son proporciones extremas, pero estamos en el inicio. Se espera una aceleración en los días venideros. Los pronósticos estadísticos, parecidos a los de los ciclones, indican un techo de alrededor de 1.500 o más en una alternativa elevada y otras menores más optimistas. Es lo que prevén los especialistas según su exposición en la Mesa Redonda del día 9 de abril.

Resulta sintomático que los Estados que dan más importancia a las ganancias que a la vida ocupen lugares cimeros en la expansión del covid-19.

El tema es obligado en las actuales circunstancias No oso abordar otras cuestiones[2]. Comoquiera hay que evitar la histeria a la que a veces conducen las cifras y la propia insistencia de los medios que resaltan el número de contaminados y de fallecidos. No es para menos.

La esperanza no sirve para una comida pero da un buen desayuno. Las proporciones observadas sugieren que son relativamente pocos los llamados a contaminarse.

Pero ¡COÑO!, no bajen la guardia

Fin

 [1] Hoy ya son más
[2] Ferran, Juan M. En Tiempos del Coronavirus. SINE DIE 116 dee marzo 22. La Bolsa o la Vida. SINE DIE 117, de marzo 30, y Rico McPato, Trump y el Coronavirus SINE DIE  118 de abril 4.

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