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sábado, 31 de enero de 2026

Estrategia faltante o improvisación: cocción y preservación de alimentos en Cuba hoy. Comentario HHC

 Por Luis Gutiérrez Urdaneta

A principios de los 90´s del siglo anterior Cuba enfrentó una profunda crisis debido al “desmerengamiento” del campo socialista europeo. A ese periodo se le llamó “periodo especial”. He realizado innumerables búsquedas en internet sobre las transformaciones de la industria salinera en Cuba en ese lapso. Lamentablemente, no hallé nada y me decidí a contar, sólo de manera anecdótica, desde mi óptica de entonces joven participante, una reforma “desconocida” de la cual se pueden extraer múltiples lecciones hoy.

El contexto

Para emprender trasformaciones fundamentales en la política y economía cubanas existía un contexto específico:

       Había comenzado en la segunda mitad de los 80´s, lidereado por Fidel, el “proceso de rectificación de errores y tendencias negativas”. Aunque las soluciones a algunos de esos fenómenos fueron controversiales, y en varios aspectos la dirección de ese proceso era opuesta a los cambios que necesitaba el modelo existente, el debate social que éste generó, dio lugar, desde la óptica política, a un marco propicio para el diagnóstico y revisión de la situación de la economía y la sociedad en Cuba.

       Desde 1982 había sido nombrado Marcos Portal como Ministro de la Industria Básica. Marcos, que comenzó un proceso profundo de reformas dentro de la rama, especialmente en la dirección de los procesos. Aunque lo que pudiéramos llamar la “Comisión Nacional de Obstáculos” ya existía (no tenía aún el desarrollo que hoy exhibe), su desactivación fue precisamente uno de los propósitos de la “rectificación de errores y tendencias negativas”.

       A fines de los 80´s Fidel ya había avizorado un concepto estratégico que se llamó “periodo especial-opción cero” que suponía un escenario crítico: autodestrucción del campo socialista europeo y cero entradas de combustible en Cuba”.  Estaba implícito en ese concepto el reforzamiento del bloqueo yanqui a Cuba.

      El Partido y las organizaciones de la sociedad civil, liderearon el llamado proceso de rectificación, y el consenso fue logrado mediante discusiones en las bases populares. Existía un inmenso liderazgo político que convertía al pueblo en actor activo y no simple espectador.[i]

Es en ese contexto que se plantea la restructuración de la industria salinera en Cuba.

El inicio del proceso de restructuración

A principios de 1990 fuimos convocados por el Comandante Pedro Miret y Marcos Portal, junto a directivos de organismos de la administración del estado y de la Unión de Empresas de Minería y Sal (UEMS) a una breve reunión el MINBAS. Miret explicó el concepto de opción cero y detalló la importancia estratégica de la sal marina para la zafra, la producción de la industria Cloro Sosa, para la industria conservera y como “refrigerador natural” de las carnes ante interrupciones prolongadas del fluido eléctrico. El viceministro Tony de los Reyes atendería directamente la tarea por el MINBAS. El país se estaba preparando con antelación para un escenario crítico.

Allí mismo se decidió la formación de un grupo temporal en la UEMS, concepto introducido por Marcos, que debía rendir cuenta de sus resultados ante Miret y él mismo, y ante los representantes del Comité Estatal de Finanzas (Millares, viceministro, formaba parte de aquel grupo), del Comité Estatal de Trabajo y Seguridad Social (Isabel Asencio, Directora de ese organismo) y de otros organismos centrales. El contenido político formó parte de la estrategia.

La formación del grupo temporal en la UEMS

La idea trasmitida por Marcos Portal fue el comienzo del análisis del proceso productivo y posteriormente la ejecución de las transformaciones laborales y salariales y la calidad de los procesos. Recién se habían aprobado la formación de las llamadas brigadas integrales y el pago por turnos, entre otras medidas de apoyo con mejores remuneraciones a la actividad productiva.

La industria salinera enfrentaba tres problemas fundamentales para acometer la transformación: la falta de piezas de repuesto y gomas para los montacargas, las dificultades en la transportación por carretera que comenzaba a sufrir el país y el éxodo de trabajadores de la actividad salinera hacia la construcción de hoteles[ii].

A los pocos días se formó el grupo temporal en la UEMS. A más de 35 años, recuerdo con mucha estimación a sus integrantes: Morales, ingeniero químico y experto en salinas, Ángel Bueno y Miguel del Valle, ingenieros mecánicos innovadores, Roberto Xenes, la enciclopedia de las salinas, Eddy Estévez, experimentado técnico y anteriormente obrero salinero y los destacados economistas Roberto Gutiérrez y Humberto Herrera. Me tocó liderear el grupo de la Unión, que se fundía a los grupos creados con los mejores directivos y especialistas en cada una de las salinas: Matanzas, Nuevitas, Puerto Padre y Caimanera.

En las visitas a cada una esas salinas se realizaban tormentas de ideas y discusiones técnicas profundas. En esta breve reflexión me concentraré en la salina de Matanzas (Bidocq) pues fue en la cual las transformaciones fueron más profundas y revolucionarias.

El grupo fusionado en Matanzas contó con la presencia activa de Julito Trujillo, el buen guajiro director de la empresa y diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular. Luego de intensos debates desde la tormenta de ideas inicial y la selección de los objetivos centrales se plantearon transformaciones revolucionarias, para lo cual el acompañamiento político del Partido y el sindicato fueron indispensables. La atención al hombre, desde la alimentación y los medios de protección hasta la transportación, fue premisa.[iii] Los representantes designados de los organismos de la administración central del estado, por suerte de mente abierta, se convirtieron en aliados indispensables en la lucha contra las trabas.

Me dirigí a la CUJAE y obtuve el concurso de la decana de la Facultad de Ingeniería Industrial, Ana Karell y del profesor Ricardo Montero, que nos asesoraron en la selección de métodos de estiba y en la organización de los procesos productivos[iv]. A partir de esta experiencia, estudiantes de esa Facultad participaron activamente en la racionalización de los procesos productivos en establecimientos de la Empresa Minero-Salinera de Villa Clara. Se logró una integración ciencia-producción al estilo de la reciente batalla contra la COVID en Cuba.

Se buscaba una solución integral. Se tomaron como decisiones centrales la formación de una segunda brigada en los cristalizadores para reducir el tiempo de extracción de la sal (no se perdía tiempo en la reparación y el traslado del equipamiento de un cristalizador a otro que podía tomar hasta quince días), previendo el adelanto a la estación de las lluvias, la sustitución de los montacargas por bandas transportadoras mediante nuevos métodos de estiba, con un aumento del empleo en una zona necesitada del mismo y de un 33% en la capacidad de almacenaje, la formación de un segundo turno en la planta procesadora de sal y la introducción de la transportación por casillas hacia otro punto a 50 km de la salina[v]. La industria mecánica, la Unidad Administrativa Habana del reparto Chivás, respondió puntualmente y se pudo formar la segunda brigada con las bandas transportadoras y las combinadas de sal requeridas. [vi] El programa de transformaciones se enriqueció en la discusión con los trabajadores. La remuneración de los empleados aumentó.

Se lograron resultados encomiables en todas las salinas. La de Matanzas, por ejemplo, duplicó la producción de la sal en meseta[vii] y redujo en casi la mitad, a pesar del aumento del gasto salarial y de la inversión del equipamiento producido en Cuba, el costo unitario de la sal terminada. La sal fue el producto que, ya entrado el periodo especial se mantuvo liberado, sin restricciones para la adquisición por la población durante el periodo especial. Esa fue una de las indicaciones del Comandante Miret: ¡y se cumplió!

Las lecciones aprendidas

Es por ello que, haciendo memoria de aquellos lejanos tiempos, me sorprendo con el enfrentamiento a la crisis energética de hoy: la falta de un discurso político convincente y de una estrategia política y productiva con la participación popular sobre algo tan simple como imprescindible: la preparación y conservación de los alimentos por la población debido a las interrupciones eléctricas y la falta de gas licuado. Un tema del cual casi nada se aborda en los medios o las comunicaciones institucionales.

¿Cómo cocinan las familias? ¿Cómo conservan los alimentos? ¿En algún momento se analizó este asunto con previsión para coordinar las acciones necesarias en un escenario crítico? ¿Se evaluaron escenarios? ¿Debe dejarse que sólo la “mano invisible” continúe “resolviendo” el problema del carbón, la leña y las cocinas rústicas para estos combustibles, si esa fuera la solución más racional, a precios lejos del alcance de la mayoría? ¿O que cada cual resuelva como pueda? El saco de carbón ronda hoy los 2 000 – 2 500 pesos en La Habana. ¿No es este un problema de seguridad nacional?

Y me remito al título de esta reflexión: “Ausencia de estrategia o improvisación”. La activa participación de las bases del Partido y del pueblo, la autocrítica como punto de partida del cambio y la estrategia eran el corazón de aquel “proceso de rectificación de errores y tendencias negativas”: esas fueron las lecciones aprendidas.

Este documento lo he preparado apelando a mi memoria. Ruego disculpen cualquier inexactitud u omisión menor.

Post scriptum

Había concluido estas breves reflexiones y el 30 de enero el gobierno fascista de Trump aprobó más medidas punitivas contra la nación con la imposición de aranceles a aquellos países que envíen petróleo a Cuba. Es muy probable que estemos a las puertas de la opción cero. Si no hay una estrategia al detalle es imprescindible armarla: “plan contra plan”. No hay tiempo para quejas.

Como escribió el Apóstol a Maceo a unos días del descalabro de La Fernandina: “Ni Ud. ni yo perderemos tiempo de hombres en lamentaciones”. La estrategia debe venir acompañada de las necesarias acciones de comunicación y razonamiento político con el pueblo: urge. Hoy más que nunca el tiempo es una variable crítica. Está en juego la sobrevivencia de la nación y la unión alrededor de un plan de todos es hoy imprescindible. 

Luis Gutiérrez Urdaneta                                                                                     30/1/2026



[i] Para ejemplificar mejor la situación, el poder de convocatoria del Partido era enorme. Los CDR eran una organización activa y con amplia participación popular, las donaciones de sangre eran parte de la cultura social y no una mercancía, se adiestraron yuntas de bueyes con tiempo suficiente para garantizar la zafra, se montó una fábrica de hilos de sutura quirúrgicos de henequén como respuesta a la escasez de insumos médicos, se previeron los “camellos” para el transporte urbano, las “limusinas” como taxis y la venta de bicicletas para la transportación de los trabajadores de manera masiva. Todo ello dentro de una estrategia integral clara y con el imprescindible intercambio político desde la más alta dirección del Partido y del gobierno.

[ii] Esto era muy acusado en las salinas Bidocq de Matanzas y El Real de Nuevitas, por la cercanía a los futuros polos turísticos.

[iii] Recuerdo que hasta nos entrevistamos con el pescador de la salina, para precisar la necesidad del aumento de la pesca para la alimentación de más trabajadores. El pargo era la especialidad del comedor de la salina y el cocinero era un maestro de la buena cocina.

[iv] Se revisaron 18 métodos de estiba para seleccionar el más aconsejable.

[v] Ello atenuaba de manera significativa la paralización de la planta por el almacén lleno.

[vi] Esto puede parecer una broma, pero fue real. Para poder realizar el embarque por casillas de ferrocarril, se crearon las condiciones en la propia casa de una señora que estaba dispuesta a cocinarle a 8 estibadores, con la entrega de los alimentos sin cocción por normas de consumo para un periodo. Eso era en aquellos tiempos un anatema. Cuando se fue a “radicar” la plaza en la Dirección Municipal de Trabajo, el funcionario encargado se negaba porque como la compañera a contratar era ama de casa, de acuerdo a las “normativas”, la persona que cocinaba no podía realizar la limpieza. O sea, había que buscarle una empleada que limpiara la casa y fregara. Recuerdo que le pregunté al funcionario, que si él era el que cocinaba o el que limpiaba su casa. No obstante, el colega se mantuvo en “sus trece”. Luego de muchas reuniones y pérdida de tiempo se pudo desmontar la traba.

[vii] Es la sal que, luego de extraída de los cristalizadores, se almacena en una meseta a la intemperie. Ese inventario es esencial para la producción industrial en años climáticos adversos.

Comentario HHC:  La Sal en tiempos de crisis es esencial, sobre todo para la conservación de alimentos, etc. por ello comparto la preocupación de Luis Gutierrez ante la aparente falta de estrategia existente para enfrentar una condición extrema en estos momentos.  Ya que se trata, de garantizar la comida de la población.

Como se menciona en el texto, participé intermitentemente en ese proyecto, bajo el liderazgo de Luis. Me acuerdo que otro problema a resolver era al desarrollar la producción de  Sal en Matanzas, y estar relativamente cerca de la capital, se ahorraría los costosos viajes de trasladar la Sal de Guantanamo a la Habana, y me acuerdo que calculamos cuanto se ahorraría en combustible en diez años, y era el equivalente a viajar a la Luna  si hubiera , hipoteticamente, una carretera.

La preocupación, la nostalgia y la situación del país y los desafios que enfrenta, me motivo a buscar información por ambas salinas, y encontré un revelador artículo en el periódico Giron del 21 de marzo del 2025 titulado "La salina matancera y su lucha por la supervivencia"



La  Salinera de Guantánamo, la mas grande del  pais, encontré que hace diez meses el Presidente Diaz Canel visitó la Salina, y habían inventarios de miles de toneladas que no se podían trasladar por falta de combustible, y en las provincias occidentales se carecía o faltaba el producto.



Antes, en febrero de 2024, el ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, informó que había almacenadas 9 000 toneladas de sal, cuya distribución a los consumidores se dificultaba por falta de transporte.

En abril de 2024, según reportó el Periódico 26 de Las Tunas, la situación era similar en la Unidad Empresarial de Base (UEB) Salinera de Puerto Padre. 

Paradojicamnte de acuerdo con el Observatorio Económico Mundial, en 2023, Cuba importó sal por valor de 769 000 USD, siendo España (529 000 USD), República Dominicana (118 000 USD), Estados Unidos (36 300 USD), Países Bajos (28 700 USD) y Alemania (13 600 USD) los principales proveedores.

Reitero la Sal en "opción cero", y en condiciones normales, es un producto estratégico, y hoy en día con la arremetida de los EEUU, aún mas, de ahí la alerta de Luis Gutierrez.

martes, 25 de noviembre de 2025

Del “Programa de gobierno para corregir distorsiones y reimpulsar la economía”. Notas sobre el Impuesto al Valor Agregado (IVA).

Por Luis Gutiérrez Urdaneta

Julio Carranza Valdés

A finales de este año 2025 Cuba, su sociedad y su economía, están en un momento de múltiples tensiones y complejidades, mismas que no basta con reconocer y reflejar en estadísticas, lo cual obviamente es fundamental, pero se debe ir más allá, tratar de entenderlas, explicarlas y superarlas o al menos tratar de contribuir a superarlas, está en juego el futuro de la nación como la aspiramos.
Nos aproximamos a un nuevo año sucesivo de decrecimiento económico, se estará a más de 11 puntos por debajo del Producto Interno Bruto que tuvo el país en 2019, hace 6 años, esto a pesar de algunos avances relativos en materia fiscal y de una reducción, insistimos relativa, en el índice de inflación Inter anual, asi como de una renegociación de los plazos de pago de una parte de la deuda externa, se mantienen los desequilibrios macroeconómicos, la insuficiente producción de alimentos, la extendida ineficiencia empresarial, la contracción de las exportaciones, la falta de correspondencia entre los ingresos de la mayoría de la población y los precios corrientes en los mercados internos, el caos monetario y cambiario, el deterioro de la infraestructura y de servicios esenciales, la insalubridad, el impacto negativo de la crisis sobre una población en decrecimiento y envejecimiento, etc (en otros textos hemos referido en detalle cada uno de estos aspectos).
Sin dudas, el país ha estado bajo fuertes impactos externos, desde la política de agresión de Estados Unidos, las condiciones actuales de la economía mundial, hasta otros eventos adversos como el golpe del huracán Melissa al oriente de país y la expansión de epidemias de arbovirosis que están afectando a una muy amplia parte de la población, pero también, y a esto debemos prestar más atención, el insuficiente y errático avance de la reforma integral que entendemos es imprescindible para superar la actual situación.
En nuestra opinión, no ayudan expresiones al uso como “actualización” y “perfeccionamiento”. ¿Actualizar qué? y ¿Perfeccionar qué?, preguntamos con honestidad. De lo que se trata es de transformar, abordar transformaciones profundas e integrales. Eso creemos y argumentamos, sin eso no habrá avance significativo posible.
Es también importante destacar el carácter positivo de la inserción de Cuba en espacios emergentes como los BRICS y la Unión Económica Euroasiatica. Sin embargo, es necesario comprender que el mundo aquel donde las relaciones económicas se basaban en acuerdos políticos se derrumbó con el muro de Berlín, ahora aprovechar esos nuevos espacios depende de la fuerza y el dinamismo económico con el que se pueda asistir a ellos, la cooperación existe, pero es menor, puntual y muy lejos de alcanzar la magnitud necesaria para cambiar la situación y revertir la crisis.
Durante años y en diversas publicaciones, hemos expuesto nuestros análisis y propuestas al respecto, la idea y la actitud siempre ha sido contribuir, debatir, aterrizar, ni un ápice de pretensiones en el sentido de que necesariamente tengamos razón, nuestras consideraciones como economistas cubanos, han estado a disposición de las autoridades, de la academia y de todas las personas por mas de 30 años, desde el libro publicado en 1995 (que consideramos en su esencia totalmente vigente), hasta otros textos que hemos venido publicando sistemáticamente. Con la academia y con las personas en general hemos debatido bastante y de manera edificante, con las autoridades casi nada, no se nos ha abierto ese espacio.
Ahora, al presentar este texto sobre una cuestión específica de las transformaciones que consideramos necesarias, el impuesto al valor agregado, es preciso aclarar que no nos estamos refiriendo a toda la transformación integral sino a una dimensión importante pero específica, que solo cobra validez concebida como parte de esa integralidad ampliamente tratada en muchos de nuestros textos anteriores y que a la vista están.
Es con esa perspectiva que se debe leer este breve artículo, o sea como parte de un todo, sin perder de vista que lo que más importa es el todo, único contexto en el cual las partes cobran sentido. La economía es un sistema complejo y como tal hay que tratarla. Las proporciones, la secuencia, el tiempo y otras categorías generales son esenciales y no son neutrales, de su adecuada consideración depende en gran medida el avance posible.
Se debe destacar que otra importante circunstancia está presente en este momento, noviembre de 2025, es que el gobierno ha presentado y puesto a discusión pública, previo a su aprobación, sabia decisión, un plan general para la economía “Programa de gobierno para corregir distorsiones y reimpulsar la economía”, en ese contexto, como un aporte a ese debate actual, debe entenderse este texto.
Como expresamos, nuestras reflexiones sobre la integralidad de la necesaria reforma de carácter fundamental se encuentran en varios textos, entre ellos, “Cuba, la reestructuración de la economía. Una propuesta para el debate” (1995), “La pequeña y mediana empresa en Cuba. Aportes para un debate actual (1997), y más recientemente en “Cuba, la inflación aquí y ahora: administración tributaria, política de precios y deuda pública” (octubre 2021), “Los precios y la arquitectura de la reforma económica en Cuba” (diciembre 2021), “Conjurar la inflación: lo esencial de una política integral (la oferta, la demanda y la política monetaria)” (abril 2022), “La política fiscal y el Impuesto sobre los Ingresos Personales en la reforma integral de la economía” (junio 2022), “La reforma de la empresa estatal en Cuba, componente principal de la restructuración de la economía”(diciembre 2022) y “Sobre algunas de las incongruencias e insuficiencias de la política económica en Cuba” (mayo 2024(), entre otros. “Sobre el recién presentado Programa de gobierno para corregir distorsiones y reimpulsar la economía” (octubre 2025). La mayor parte de ellos fueron, además, enviados oportunamente a las autoridades del gobierno.
En un texto anterior habíamos comentado que volveríamos sobre el “Programa de gobierno para corregir distorsiones y reimpulsar la economía”. Ahora bien, como son muchos los temas a abordar, y el tiempo es también para nosotros una variable crítica, nos referiremos ahora específicamente al punto 1.5 del Programa: Presentar resultados del estudio y propuestas para la implementación del Impuesto sobre Valor Agregado (IVA).

Lo primero es señalar que el enunciado de ese punto, como el de otros que también son parte del Programa, es general, sin cronograma, tareas simultáneas o precedentes e instituciones responsables. Es un tema sumamente complejo y requiere, como el propio Programa, un enfoque integral.
Uno de los impuestos indirectos que hoy se aplican es el llamado Impuesto sobre las Ventas, que grava con el 10% (salvo excepciones) el importe de las ventas mayoristas y minoristas de productos y servicios. Este gravamen, en su aplicación, tiene, entre otras, las siguientes desventajas y fallas:

* Es regresivo, en la medida que la carga tributaria, como porcentaje de los ingresos, es mayor para las familias de bajos recursos que para las de altos ingresos.
* Distorsiona los precios relativos en la economía
* Existen dificultades prácticas para eliminar la carga fiscal acumulada de los productos a exportar
* La gran evasión fiscal, debido a la ausencia de una regulación sobre la emisión obligatoria de facturas (impresas o electrónicas), la no existencia de un mercado cambiario formal, la obligatoriedad del uso de una tasa de cambio desactualizada para el registro contable (1 USD = 120 CUP) para los negocios privados, el débil control de las instituciones del gobierno y el crecimiento de la economía sumergida. Todo ello, además de los problemas de la bancarización, genera la poca aceptación de los pagos electrónicos a la cuenta fiscal por parte, sobre todo, de los negocios no estatales.
Es muy importante tener en cuenta, que un programa sobre la economía no se reduce solamente a una rigurosidad técnica neutral, aunque esta es muy importante. Es esencial que esté en función de objetivos sociales claramente establecidos, en el caso de Cuba, la garantía de la justicia social, por esta razón es fundamental el carácter progresivo que debe tener el sistema impositivo. Este principio irrenunciable, adquiere ahora mayor relevancia cuando la crisis ha provocado un crecimiento de la vulnerabilidad social y el notable empobrecimiento de sectores de la población
Parecería que lo que se propone implícitamente en el punto 1.5 del Programa, es la sustitución del Impuesto sobre las Ventas por el IVA. Más de 160 países utilizan el IVA.

El IVA es un impuesto al consumo que se aplica con una tasa en cada etapa de la producción y distribución de un bien o servicio. Su funcionamiento es el siguiente: cada empresa en la cadena cobra el IVA a su cliente sobre el precio de venta (IVA repercutido), esas mismas empresas pagan IVA cuando compran insumos a sus proveedores (IVA soportado), y al final de cada período, la empresa resta el IVA que pagó (soportado) del IVA que cobró (repercutido) y entrega la diferencia al fisco. El impuesto total, que recae finalmente sobre el consumidor, es equivalente a aplicar la tasa solo sobre el precio final, evitando que el impuesto se acumule en cada transacción.
Mantiene, si se aplica una tasa impositiva uniforme, la misma desventaja de su regresividad. Sin embargo, existen dos mecanismos principales para reducir la regresividad y hasta lograr progresividad: la aplicación de tasa 0% (o menor que la general) a bienes de la canasta básica y medicamentos o el llamado enfoque personalizado. Para el resto de los bienes y servicios se utiliza la tasa general.
Con el IVA personalizado se diseñan políticas para su reintegro a ciertos grupos poblacionales. Este reintegro puede ser total o parcial, y puede ser estructurado como una devolución o como una compensación.
Varios países de América Latina han introducidos programas de personalización del IVA; son Colombia, Uruguay, Argentina, Ecuador y Bolivia, siendo los grupos beneficiarios, según el país, jubilados y pensionados, personas con ingresos mensuales menores a un cierto monto, individuos con discapacidades u hogares en extrema vulnerabilidad. El número de beneficiarios incluye 1.5 millones de individuos en Argentina, 1 millón de hogares en Colombia, 200 mil hogares en Uruguay y 15 000 personas en Ecuador.
Una comparación del IVA con tasa 0% (o menor que la general) a Bienes Básicos o personalizado (IVAT0P) con respecto al Impuesto sobre Ventas (ISV) nos muestra que:

- EL IVAT0P puede ser progresivo. El ISV es regresivo
- Eficiencia Económica: El IVAT0P combina la eficiencia del IVA con tasa única (neutralidad con un objetivo social.
- Autofiscalización: Para deducir el IVAT0P que pagó, el comprador (empresa) necesita que su proveedor le emita una factura legal. Esto crea una cadena de verificación que reduce la evasión. En el caso del ISV no hay un incentivo incorporado para que los compradores intermedios exijan facturas, ya que no pueden descontar el impuesto. La evasión es más fácil y frecuente.
- Exportaciones: Con el IVAT0P las exportaciones pueden salir totalmente libres de impuestos. Con el ISV el impuesto pagado en etapas intermedias se convierte en un costo.
- Simplicidad Administrativa; el IVAT0P es más complejo, sobre todo cuando existen diferentes tasas.
Para que el IVA se pueda introducir de manera eficiente en la economía, necesita una visión de integralidad con tareas secuenciales y simultáneas, enmarcadas en un cronograma con indicadores medibles a nivel nacional y territorial, y conteniendo las respectivas instituciones responsables. Las frases con infinitivo que contienen los verbos “avanzar, perfeccionar, trabajar…”, son altamente imprecisas y en realidad muestran más bien una exhortación o un deseo. A continuación, sin pretender ser exhaustivos, relacionamos de manera breve, algunas áreas y premisas, para que esta importante reforma sea ejecutada como debe ser y no a “ojo de buen cubero”. De ellas, en un marco reticular, con acciones, indicadores, etapas, responsables y tiempo, se podrían conformar las tareas para la creación de las condiciones necesarias para la introducción del IVA.

- Factura impresa o electrónica: Sin regulaciones de obligatoriedad de emisión y contenido de facturas cualquier sistema impositivo es endeble.
- Reforma de la empresa estatal y desarrollo de los pequeños negocios: Para reducir la informalidad y generación de empleos con salarios remunerativos. Reforma de la empresa estatal y desarrollo de la pequeña empresa privada y cooperativa son “caras de una misma moneda”.
- Estadísticas sobre pobreza y niveles de ingreso: Cálculo de canasta básica para determinar los bienes con tasa 0% (o menor que la general) o el enfoque personalizado. Monitoreo permanente de la población objetivo.
- Preparación de funcionarios y empresarios: Se necesitan funcionarios, inspectores y auditores competentes e íntegros con salarios remunerativos. También debe abordarse la capacitación de los empresarios y público en general.
- Finanzas: Se necesitan normas contables y precisiones sobre tiempo de pago o devolución.
- Medios materiales: La autoridad fiscal debe tener los medios necesarios para realizar las inspecciones y auditorías, desde transporte, mobiliario, edificaciones hasta computadoras.
- Tipo de cambio: Funcionamiento de un mercado cambiario legal bajo regulaciones y respaldo del Banco Central.
- Comunicaciones: Una mejoría en la conectividad es necesaria para la ampliación de los pagos por esta vía. Sería aconsejable evaluar la venta a precios asequibles y con facilidades de pago de teléfonos inteligentes.
- Control : Procedimiento de inspecciones y auditorías y método de selección de las unidades a evaluar.
Debe aclararse que el establecimiento del IVA como aquí se propone, supone el avance de la reforma hasta que este alcance a todos los productos y servicios, aún si su venta de manera temporal se realice en moneda extranjera. Ello conllevaría a un reanálisis de los precios de esos últimos. Finalmente, todos los productos en un mercado unificado tendrían las mismas reglas.
Este texto, al igual que casi todos los anteriores, será enviado a las instituciones cubanas simultáneamente a su publicación.
Volveremos sobre otros puntos específicos del Programa de Gobierno puesto a debate, pero sin perder la integralidad que este debería alcanzar y que no vemos presente en su versión actual.
Bibliografía fundamental:

- Scott Hodge, From the Tax Foundation Archives: The Pros and Cons of a Value Added Tax (VAT), Tax Foundation, 2017
- Alastair Thomas, The regressivity of the VAT. OECD. 2020
- Emilio Pineda, Martin Bes y Alberto Barreix, Revisando el IVA Personalizado: Una herramienta para la consolidación fiscal con equidad. Centro Interamericano de Administraciones Tributarias, 2022
24 de Noviembre 2025.

domingo, 28 de septiembre de 2025

Tres décadas del intento de saneamiento financiero en Cuba


IPS Cuba rescata un análisis especializado de nuestra publicación Enfoques de 1996 del programa de saneamiento financiero.

Economía Redacción IPS Cuba 28 septiembre, 2025

Para los autores cualquier decisión sobre la desmonetización del país debería resultar de un amplio debate social, teniendo en cuenta su relevancia para el futuro del país.


Foto: Jorge Luis Baños/IPS

La Habana, sep.- Hace alrededor de 30 años, cuando Cuba intentaba salir de los años más duros del llamado período especial en tiempos de paz, el gobierno del entonces presidente Fidel Castro impulsó un programa de saneamiento de las finanzas internas que tenía entre sus principales objetivos la disminución de la liquidez monetaria.

En diciembre de 1995, decimoctavo mes de implementación del programa, era evidente que el exceso de liquidez seguía siendo un problema pendiente de solución y que el programa de desmonetización lenta de la economía adoptado en mayo de 1994 había alcanzado resultados relativamente modestos.

Con la seguridad de que mirar al pasado nos ayuda a entender el presente, Archivo IPS Cuba rescata las dos partes de la monografía La desmonetizacion de la economía cubana: una revisión de las alternativas, publicada en los números 7 y 8 de 1996 de nuestra publicación Enfoques, de los especialistas y colaboradores de IPS Luis Gutiérrez, Pedro Monreal y Julio Carranza Valdés.

Los expertos van más allá del análisis del programa aplicado y sus resultados para hacer una propuesta de lo que, a su juicio, hubiera sido un camino a mediados de los años 90 del siglo XX. (2025)

Consultar:



Comentario HHC : Comparto el texto de la I parte

LA DESMONETIZACION DE LA ECONOMIA CUBANA: UNA REVISION DE LAS ALTERNATIVAS (I PARTE)

 

Enfoques, No.7, abril de 1996

 

Luis Gutiérrez Urdaneta, Investigador del Departamento de América Latina y el Caribe en el Centro de Estudios sobre América

Pedro Monreal González, Investigador del Departamento América del Norte en el Centro de Estudios sobre América 


Julio Carranza Valdés, Subdirector del Centro de Estudios sobre América 

LA DESMONETIZACIÓN: ¿UN PROBLEMA RESUELTO? 

En diciembre de 1995, decimoctavo mes de implementación del programa de saneamiento de las finanzas internas se hizo evidente que el exceso de liquidez es todavía un problema pendiente de solución. El programa de desmonetización lenta de la economía adoptado en mayo de 1994 ha alcanzado resultados relativamente modestos que dejan la liquidez acumulada a niveles todavía muy elevados y con una clara tendencia hacia una fuerte concentración. De hecho, se observa un rendimiento decreciente de los instrumentos utilizados por el programa en su primer año y medio de funcionamiento.

La necesidad de continuar avanzando en la reducción significativa de la liquidez se mantiene, a nuestro juicio, como una de las condiciones necesarias para consolidar la reactivación de la economía nacional y esto plantea inevitablemente la adopción de nuevas medidas. Conocemos que este no es un criterio compartido por todos los especialistas, por lo que antes de continuar, nos parece pertinente delinear claramente nuestra posición en los marcos de la discusión acerca del contenido real del problema del exceso de liquidez en la economía cubana al comenzar 1996.

Existen algunas nuevas interpretaciones de esta cuestión que aseguran que las medidas adoptadas han resuelto esencialmente el problema existente un año atrás, y que su actual magnitud se encuentra a un nivel "manejable", aún cuando la cifra de liquidez total oficialmente reconocida excede en casi tres veces lo que se considera como punto de balance (1).

Esta corriente de opinión reconoce el alto nivel de concentración del circulante pero destaca que el 60 % del total se encuentra depositado en cuentas que según los reportes bancarios tienen un bajo nivel de movimiento y que, por tanto, "no constituyen un factor de presión real sobre el conjunto de la economía". Vale apuntar, sin embargo, que las tendencias más recientes parecen contradecir la supuesta inmovilidad de los saldos bancarios. De acuerdo con el Informe Económico del Banco Nacional de Cuba, en agosto de 1995, mientras que en todo 1994 se produjo una contracción del ahorro ordinario de 147 millones de pesos, sólo en el primer semestre de 1995 se produjo una nueva contracción del mismo en 451 millones de pesos, lo que pudiera colocar la cifra total para el año en la proximidad de los 1.000 millones, un nivel que difícilmente puede ser interpretado como inmovilidad del ahorro.

Tampoco se deja de reconocer por esa corriente la otra dimensión del asunto que es la concentración del ingreso, sin embargo, se considera que esta es manejable a través de la nueva política impositiva.

Desde esa perspectiva, no tendría sentido asumir los costos y riesgos que significan actuar sobre una cuestión -el exceso de circulante- "que realmente no existe como problema en este momento."

En nuestra opinión esta es una interpretación que soslaya otras dimensiones de lo que consideramos continúa siendo un problema de necesaria solución, como un momento de lo que debe ser el proceso de reestructuración integral de la economía cubana.

Existen evidencias que demuestran que el exceso de liquidez y su concentración continúan presionando fuertemente al conjunto de la economía, sobre todo en los espacios de mercado que progresivamente se han venido abriendo. El alto nivel de precios en el mercado agropecuario y su relativa rigidez, después de un año de funcionamiento, no se puede explicar, única ni fundamentalmente, como un problema de falta de oferta. En nuestra opinión, una de las causas centrales del fenómeno es la persistencia de una masa monetaria excedentaria y concentrada (incluyendo aquella que se encuentra depositada en el banco), que somete la economía a una notable presión inflacionaria.

El nivel de los precios (sobre todo en el mercado agropecuario) mantiene una relación muy desproporcionada con el salario medio del país lo que condiciona rigideces en la estructura del consumo individual (2), limita las posibilidades de restablecer la condición del trabajo como fuente fundamental de ingresos y crea una serie de complejos problemas a la economía nacional, sobre los que volveremos más adelante en este artículo, y entre los que se destacan: a) las distorsiones en la producción agropecuaria como consecuencia del diferencial de rentabilidad que existe entre las actividades vinculadas al sector de precios regulados y el desregulado, b) el relativo estancamiento de la actividad económica del resto de los espacios del mercado legalizados que no son el agropecuario, c) el desestímulo a los sectores campesinos y algunos cooperativos que ya tienen un alto nivel de ahorro en moneda nacional sin oferta correspondiente, y d) la fuerte transferencia de recursos monetarios de la ciudad al campo.

Por último, más allá de la discusión acerca de la presión real que ejerce en este momento específico el exceso de liquidez, incluyendo el depositado en el banco, está la cuestión central de su impacto en el curso posterior de la reestructuración. La descentralización y la mayor diversificación de las formas de propiedad y organización de la producción y los servicios es, en nuestra opinión, una trayectoria inevitable en el futuro inmediato para elevar el nivel de eficiencia en el sector estatal y actuar positivamente sobre el problema del empleo.

Sin embargo, el problema pendiente de un exceso de liquidez concentrado, que se puede activar en cualquier momento frente al estímulo de escenarios futuros, podría darle un curso no deseado a ese proceso no sólo desde su dimensión económica sino también desde su perspectiva política.

Así consideramos que la revaluación del problema de la liquidez acumulada es una cuestión de total relevancia para la economía cubana y su futuro. En ese sentido, nos parece conveniente revisar las alternativas posibles.

Este artículo se propone precisamente evaluar esas alternativas, abordando el asunto desde una concepción amplia que integre consideraciones económicas, sociales y políticas que deben estar presentes en cualquier examen, ya que la reducción del excedente monetario es un proceso que por su propia naturaleza rebasa el ámbito estrictamente económico.

Una premisa conceptual que consideramos esencial para poder articular un programa efectivo de desmonetización en Cuba es su consideración como parte de un programa económico mayor que trascienda el ámbito monetario-financiero. En realidad, esa consideración estuvo implícita en los debates que precedieron la adopción del actual plan de desmonetización. Sin embargo, el hecho cierto es que su ejecución se ha producido sin que corresponda claramente a un programa económico integral explícitamente formulado. La existencia simultánea de acciones en otras áreas de la economía evidencia que los cambios son relativamente amplios. Sin embargo, ello no significa que necesariamente sean parte de un programa suficientemente integral de transformaciones.

Sin dudas, la imposibilidad de ubicar el proceso de desmonetización en el contexto de un programa integral de cambio limita las posibilidades de su evaluación y puede conducir a la adopción de un enfoque estrecho que tienda a centrar el análisis en la discusión de parámetros fundamentalmente monetario-financieros y "técnicos" de corto plazo.

La limitación antes apuntada se puede resolver en la medida en que se considere la desmonetización en un contexto mayor. Aquí es importante destacar la existencia de dos niveles en el análisis. Primero, la evaluación del proceso tal y como se ha producido en su relación con otros cambios reales, y segundo, el estudio comparado del proceso de desmonetización llevada a cabo, tomando como referente un modelo integral dado de transformaciones económicas.

La importancia del primer nivel es obvia en la medida en que permite una perspectiva de la economía como sistema, en tanto el segundo nivel es importante porque conduce a pensar en alternativas concebidas como parte de un programa integral. Esto último es más importante en condiciones como las de Cuba donde hasta el momento el proceso de desmonetización no aparece conectado a un programa integral explícito.

En el análisis que se presenta a continuación se ha tratado de considerar el programa de desmonetización lenta en sus relaciones con otros cambios, particularmente los asociados con la apertura de espacios de mercado y el desarrollo de un sector no estatal de la economía. Por otra parte, el modelo integral de transformaciones económicas que se ha tomado como referente es el planteado por los autores de este artículo en un trabajo anterior de mayor alcance (3). Pudo haberse seleccionado otro modelo, pero prevaleció el criterio de adoptar un referente diseñado y publicado a nivel nacional.

En las páginas siguientes se examina el tema de las alternativas de desmonetización de la siguiente manera. Primero, se apuntan algunos antecedentes del programa actual, en particular el relativo al debate en torno al canje de moneda que se produjo a fines de 1993 y principios de 1994. Segundo, se hace una descripción y evaluación sucintas del programa de desmonetización lenta adoptado en mayo de 1994, señalando sus principales efectos. Tercero, se evalúan las principales alternativas existentes para continuar el proceso de desmonetización. Finalmente, se plantean algunas consideraciones acerca de cuál debería ser, a juicio de los autores, la variante más adecuada de desmonetización a implantar en Cuba en las actuales condiciones.

ANTECEDENTES DEL PROGRAMA DE DESMONETIZACIÓN DE 1994

El ajuste económico que fue preciso realizar en Cuba a principios de los años 90 tuvo características muy específicas que lo diferenciaron esencialmente de los procesos de ajuste adoptados en otras partes del mundo. La afectación de los niveles de consumo e inversión asociados al ajuste cubano fue incluso mayor que en otras partes, pero sus características distintivas más importantes fueron la distribución equitativa de los costos de la crisis y el mantenimiento de servicios sociales fundamentales de alcance universal para el ciudadano cubano.

La especificidad del ajuste cubano estuvo determinada en grado considerable por la profundidad de la crisis, la impredecibilidad de sus impactos inmediatos, la percepción inicial de su transitoriedad y, sobre todo, por la vocación de equidad y de justicia social de la revolución.

La variante de ajuste adoptada incorporó como elementos principales el racionamiento casi general de los bienes de consumo en la medida en que se reducía la oferta, la fijación de precios al alcance de todos, el mantenimiento del empleo a través del subsidio a las empresas y de programas sociales importantes como los de salud, educación y seguridad social, todo lo cual tuvo un considerable impacto en el mantenimiento del consenso político aún en las más difíciles condiciones económicas. Por supuesto, que el ajuste adoptado también tuvo costos que se hicieron crecientes en la medida que la crisis se agudizó y prolongó, particularmente cuando comenzó a hacerse evidente que la crisis no era un fenómeno transitorio.

Uno de los costos del ajuste, posiblemente el más "visible" fue la excesiva monetización de la economía. Si cuando comenzó el proceso se preveía como solución la recuperación de la producción, ya a finales de 1993 se percibía que los desequilibrios financieros habían alcanzado tal magnitud que obstaculizaban cualquier programa de reactivación de la economía. Los efectos más notables de la excesiva monetización fueron:

a) el aumento de la indisciplina laboral y la reducción de la intensidad del trabajo en el sector estatal,

b) desplazamiento de la fuerza de trabajo a actividades de menor importancia social y productividad real, en detrimento de sectores claves,

c) el proceso inflacionario en el mercado sumergido, al cual tenían que acudir por necesidad, cada vez con mayor frecuencia, los ciudadanos como ofertantes o demandantes, y

d) la pérdida de valor de la moneda nacional y por tanto del salario, que provocó no solamente efectos perversos en el plano económico, sino también en el político e ideológico (4).

Para enfrentar esta situación comenzaron a ponderarse a fines de 1993 dos opciones principales: a) el canje de la moneda nacional con confiscación o "congelamiento" de la mayor parte del efectivo acumulado, y b) un programa de desmonetización paulatina que condujera al nivel aceptable de liquidez. De hecho, el II período de sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular en diciembre de 1993 dio inicio a un amplio debate sobre temas económicos, en particular el saneamiento de las finanzas internas que continuó en cada centro de trabajo, y que tuvo un momento definitorio en la sesión extraordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular de mayo de 1994, cuando se decidió aplicar la segunda variante, es decir, un proceso de desmonetización lenta de la economía.

Contra el cambio de moneda se argumentaron varias razones en el decursar del debate. Una de ellas estaba relacionada con el costo económico directo que acarrearía la sustitución del signo monetario nacional, sobre todo en medio de la crítica situación de disponibilidad de divisas que atravesaba el país. Sin embargo, esta razón fue descartada rápidamente en la sesión extraordinaria del Parlamento de mayo de 1994, aclarándose que el costo no era tan elevado como podría haberse supuesto, y que en última instancia, si esa era la opción adecuada se podía afrontar (5).

También se argumentó la eventual pérdida de confianza de la población en la banca nacional en caso de producirse un canje de moneda que estuviese acompañado por la confiscación total o parcial, o por medidas equivalentes a una cuasi confiscación como podía ser el congelamiento de cuentas. La preocupación era válida en general, aunque en realidad siempre existen formas de estructurar de manera cuidadosa un canje confiscatorio limitado para minimizar -si bien no eliminar- su eventual impacto negativo sobre la confianza pública en la banca nacional. (6) El hecho cierto de que determinados sectores minoritarios de la población (los que concentran mayor parte de la liquidez) se verían afectados por confiscaciones parciales de sus cuentas bancarias no debe ser identificado como un factor que genere desconfianza masiva en el sistema bancario (7).

La preocupación respecto al posible socavamiento de la confianza en el banco hubiese tenido más peso si se hubiese planteado un canje parcialmente confiscatorio solamente del dinero en cuentas bancarias, pero al tratarse de un canje de todo el efectivo, independientemente de su lugar de depósito, el argumento pierde parcialmente validez. Inclusive cabría la variante de darle un tratamiento diferenciado al dinero en banco, lo que lejos de afectar beneficiaría la confianza bancaria.

Otra razón aludida, que se hizo explícita en ambas sesiones de la Asamblea (diciembre de 1993 y mayo de 1994), y que en definitiva determinó, a nuestro juicio, la decisión final fue el peligro de que el exceso de liquidez se regenerara luego del canje (8). En el contexto del programa económico incompleto que entonces se aprobó, se entendió que era preferible evitar una medida potencialmente problemática en su dimensión política (9) y cuya efectividad en el mediano y largo plazo no era totalmente predecible. Sin embargo, quedó abierta la posibilidad de que en momentos posteriores podría realizarse el cambio de moneda si ello fuese necesario.

Por supuesto que esa percepción era lógica en ausencia de un programa integral de transformaciones económicas de carácter estructural que minimizara, desde su concepción, la probabilidad de repetición del excedente monetario modificando las causas que le dieron origen. Un canje aislado, o que formara parte de un plan de acciones no suficientemente articulado, estaría condenado ex ante al fracaso, y cuando más, sería un alivio temporal con resultados políticos y económicos finales más desfavorables que exitosos. El cambio de moneda lesiona directamente los derechos de propiedad de las personas afectadas, y requiere como condición indispensable que forme parte de un programa integral de medidas que permita establecer un contexto político favorable para la aceptación y apoyo de la medida por la mayoría de la población.

La variante de desmonetización lenta de la economía seleccionada en mayo de 1994 representó en la práctica, más allá de sus intenciones y logros parciales, la postergación del establecimiento de niveles funcionales de equilibrio monetario y del enfrentamiento de las consecuencias que se derivan del efecto concentrador de la liquidez, objetivos que en nuestra opinión deben ser alcanzados al principio de un programa de reestructuración de la economía cubana. Mirando en retrospectiva, parece quedar claro que la decisión no dependió tanto de los méritos intrínsecos de la variante adoptada, sino de la incertidumbre que entonces se percibía asociada a la alternativa más radical de un canje de moneda y al curso posterior de los cambios económicos.

EL PROGRAMA DE DESMONETIZACIÓN LENTA

El programa de reducción gradual del excedente monetario puesto en vigor a mediados de 1994 se compuso principalmente de las siguientes acciones: incremento de los precios de una gama de bienes y servicios de consumo, eliminación de algunas gratuidades sin afectar las que constituyen logros fundamentales de la revolución en el orden social, aplicación de una nueva ley de impuestos, modificaciones en la política de subsidios a las empresas estatales, y mayor exigencia y control para restituir la disciplina financiera en el sector estatal (10).

El mayor peso del programa recayó sobre el incremento de precios, particularmente los de los productos del tabaco y el alcohol (11). Las medidas tuvieron como resultado la reducción de un 16 % del circulante de mayo a diciembre de 1994, pero durante 1995 se desaceleró el proceso y sólo se logró una disminución del 7 % durante los primeros nueve meses de este año (12). En septiembre de 1995 el dinero circulante representaba todavía 2,6 veces la magnitud de la liquidez permisible calculada por el gobierno (13), dándose la situación paradójica, como ya hemos apuntado, de que existiendo un exceso de efectivo de acuerdo con los cálculos oficiales, para la mayoría de las economías domésticas lo que se estaba extrayendo no era el "sobrante", sino la liquidez "necesaria".

La extracción de efectivo en circulación ha constituido un proceso doble: de un lado se ha reducido el monto total de circulante, y del otro se ha generado una mayor concentración relativa del mismo como medio de depósito o circulante pasivo (14), que contiene una amenaza implícita de convertirse en efectivo como medio de circulación o circulante activo, y desatar mayores presiones inflacionarias ante la apertura de nuevos espacios de mercado sobre los que actuaría la demanda atrasada (15).

El programa de desmonetización implementado parece haber llegado a sus dos límites: de una parte, la magnitud del circulante activo, como parece ser la percepción empírica se encuentra ya probablemente cerca de la cantidad de dinero necesaria para la circulación mercantil, y por la otra, se han agotado las posibilidades de que la mayoría de la población pueda continuar actuando como principal "fuente" de extracción en el contexto de un programa de desmonetización basado en incrementos de precios de productos de amplio consumo. De manera que el programa resolvió una parte del problema (reducción limitada de la liquidez) pero dejó pendiente el logro de niveles más adecuados de equilibrio y además reforzó la concentración del dinero (16).

De la experiencia acumulada del programa puede concluirse que su principal característica no ha sido tanto haber producido una desmonetización lenta como el haber sido un programa regresivo en término de la concentración de sus efectos en los grupos con menores niveles de liquidez e ingreso. De lo primero se deriva la permanencia de los desbalances a pesar del tiempo transcurrido. De lo segundo, la complicación de las posibles alternativas de solución sobre todos porque se ha producido en un contexto de apertura de mayores espacios de mercado y crecimiento de la participación privada y cooperativa (17) que han favorecido la concentración legal del ingreso en los mismos sectores sociales que ya acumulaban, en gran medida de manera ilegal, el efectivo antes del inicio del programa.

La desmonetización de la economía es, como ya se ha dicho, un tema relevante y actual. Para el caso de Cuba en particular, empeñada en una reestructuración socialista, rebasa la dimensión que pudiera tener el asunto para otros países que transitan hacia "economías de mercado" o que ejecutan planes de estabilización macroeconómicos de corte neoliberal. (18).

En nuestra opinión, la desmonetización no es sólo una condición necesaria desde el punto de vista técnico para una reestructuración profunda de la economía cubana, sino que es ante todo un problema político, de cuya solución dependerá en buena medida el propio cauce de la reestructuración y su coherencia ulterior.

En un trabajo anterior habíamos señalado las posibles consecuencias negativas de un proceso de desmonetización lento en las condiciones de partida de la economía cubana (19).

A continuación se revisan brevemente esas consecuencias negativas, tratando de ajustarlas a las condiciones actuales:

- El efecto político: Cuando a mediados de 1994 se decidió realizar el programa de desmonetización gradual, el punto de partida era un circulante ya altamente concentrado (20). Las fuentes ilegales habían contribuido a la acumulación en la economía sumergida, y las "legales" eran fruto en gran medida de distorsiones en el mercado, que se remontan a los tiempos anteriores a la crisis y que permitieron la obtención de "rentas inmerecidas". No constituían, como frecuentemente se sugiere, un producto del espíritu de empresa o del "trabajo honesto" (21). En aquellas circunstancias existían, a nuestro juicio, las condiciones políticas favorables para haber efectuado un proceso confiscatorio de parte del excedente dirigido puntualmente a los principales sectores concentradores de la liquidez (22).

Era previsible, desde entonces, que un programa de desmonetización basado en impuestos indirectos (por la vía de los precios) fuese de carácter regresivo al recaer asimétricamente sobre amplios sectores de la población que no concentraban el excedente. En la práctica, la variante aplicada, en medio de un proceso de apertura de mercados y ampliación del sector privado, permitió la legitimación del dinero y la capitalización en activos físicos productivos.

La preservación de acumulaciones monetarias no vinculadas al trabajo y la regresividad del programa de saneamiento financiero representan un problema político en el contexto de una sociedad en proceso de cambio que no ha renunciado a importantes principios del modelo anterior tales como la justicia social y la consideración del trabajo como fuente fundamental de riqueza. Lo delicado del asunto es que diariamente se están decidiendo y reconociendo en la práctica "ganadores" y "perdedores" sin que se haya efectuado una amplia discusión a fondo sobre los paradigmas anteriores y los emergentes.

En el contexto de una sociedad donde los intereses económicos diferenciados comienzan a desempeñar un papel más activo y abierto es inevitable que se plantee la cuestión política de ¿a quién afectar?. A nuestro juicio esa decisión solamente podrá ser satisfactoria si resulta de un proceso de debate y consulta en el que las mayorías desempeñen un papel central y donde los problemas económicos sean considerados también desde una perspectiva política.

- El efecto sobre la concentración del efectivo: Era también predecible que de la manera en que se efectuó la reducción absoluta del efectivo acumulado, en condiciones de apertura de mercados y mayor presencia de agentes privados (23), condujera a una mayor concentración no sólo del excedente de circulante previamente existente sino también del ingreso. El fenómeno fue particularmente preocupante dada la presencia de una débil política tributaria de sesgo progresivo y de una reducida capacidad redistributiva del estado. Esto, como ya se ha dicho antes, ha hecho cada vez más difícil continuar la desmonetización por la vía asumida (24) y ha tenido implicaciones sobre el desarrollo del mercado interno, como se explica en el siguiente punto.

- El efecto recesivo: Este es tal vez uno de los efectos menos discutidos en el tema de la desmonetización, pero que se convierte en relevante en virtud de la necesitada coherencia que deben tener las transformaciones económicas emprendidas recientemente. Las medidas del lado de la oferta (ampliación del trabajo por cuenta propia, apertura de los mercados agropecuario e industrial y artesanal, reformas en el funcionamiento de la empresa estatal) han creado condiciones favorables para elevar la producción y el empleo en el sector no estatal. Sin embargo, el propio proceso de desmonetización paulatina, en tanto constituye una contracción de la demanda agregada y ha contribuido a la concentración del ingreso, tiene efectos recesivos que anulan parcialmente los incentivos para la oferta (25). Así, en la actualidad se observa cierto estancamiento en varias actividades del sector no estatal, sobre todo aquellas localizadas en la producción de mercancías cuya demanda es más elástica (26) y en zonas del interior del país en que los ingresos promedio son bajos o no hay flujos significativos de divisas.

La variante de desmonetización implementada coloca notables restricciones para expandir la demanda agregada. De ello se deriva una limitación para el crecimiento del autoempleo y consecuentemente para la racionalización de la fuerza de trabajo en el sector estatal.

- Las distorsiones del mercado: La desmonetización lenta en condiciones de creciente apertura de mercados y espacios al sector no estatal ha tenido un efecto distorsionador sobre los mercados emergentes, que ha creado nuevos problemas a la conducción de la política económica. Las distorsiones han sido particularmente agudas en el funcionamiento de los mercados existentes para la producción agropecuaria.

Dada la permanencia de un importante desequilibrio monetario y las presiones inflacionarias resultantes, en los mercados liberados para productos agropecuarios prevalecen altos precios que favorecen muy elevadas tasas de ganancia para los ofertantes en esos mercados (27). En la medida en que esa rentabilidad no guarda correspondencia alguna con el trabajo realmente empleado y por tanto no puede ser interpretada como un reconocimiento social al efecto productivo, las condiciones distorsionadas en que debe actuar el mercado, y no el mercado mismo, tienden a tener efectos perversos en la asignación de recursos económicos. El problema es especialmente agudo en condiciones como las de Cuba donde junto a los mercados liberados funcionan mercados regulados, lo que determina la existencia de diferenciales de precios y rentabilidades que diseminan el efecto distorsionador por todo el sector agropecuario (28).

Es cierto que mientras coexistan mercados regulados y desregulados en una misma actividad se mantendrán vigentes las tendencias distorsionadoras, pero el punto que tratamos de destacar aquí es que en condiciones de agudos desequilibrios monetarios las distorsiones se tornan prácticamente inmanejables mediante el uso de instrumentos económicos.

Notas

1 Estimado a fines de 1994 por el gobierno en 3.500 millones de pesos. Cfr. "Entrevista a José Luis Rodríguez, Ministro de Finanzas y Precios", en Granma, Ciudad de La Habana, 22 de noviembre de 1994. La cantidad necesaria de dinero circulante depende de las condiciones concretas de la economía. Aunque desconocemos las bases sobre las que se efectuó el estimado oficial, las transformaciones estructurales posteriores sufridas por la economía cubana, que han tenido repercusiones en los niveles de precios, de oferta y, seguramente, en la velocidad de circulación del efectivo, así como la conversión de su mayor parte en medio de depósito, deben haber modificado su magnitud.

2 Una parte importante de la población urbana tiene que emplear la parte mayoritaria de su salario en el mercado liberado como un complemento imprescindible a la cuota que obtiene en el mercado regulado.

3 Julio Carranza Valdés, Luis Gutiérrez Urdaneta y Pedro Monreal González, Cuba: la reestructuración de la economía. Una propuesta para el debate, Editorial de Ciencias Sociales, Ciudad de La Habana, 1995.

4 Cfr. Julio Carranza, "Los cambios económicos en Cuba: problemas y desafíos", en Cuadernos de Nuestra América, vol.XI, no.22, Ciudad de La Habana, julio-diciembre de 1994.

5 Cfr. "Finalizó el II período ordinario de sesiones de la Asamblea", en Granma, Ciudad de La Habana, 29 de diciembre de 1993.

6 Ver Cuba: la reestructuración de la economía, Una propuesta para el debate.

7 En diciembre de 1994 el 86 % de las cuentas de ahorro de la población tenían saldos inferiores a los 2.000 pesos, un nivel que podía ser respetado íntegramente durante el canje, sobre todo cuando se toma en consideración que esas cuentas solamente acumulaban el 22,2 % del monto total del ahorro ordinario de los ciudadanos.

8 Cfr. "Finalizó el II período ordinario de sesiones de la Asamblea", en Granma, Ciudad de La Habana, 29 de diciembre de 1993 y "Reseña de los debates de la primera jornada", en Granma, Ciudad de La Habana, 2 de mayo de 1994.

Un elemento que parece haber tenido cierto peso en esta percepción es que existían varias experiencias internacionales negativas, como la vietnamita en los años 80 donde se produjo un canje de moneda que no dio los resultados esperados. Sin embargo, una revisión rigurosa de esa experiencia demuestra que el problema consistió en la desconexión del canje con el resto del programa de transformaciones que debía modificar las causas que habían generado el exceso de circulante.

9 Los problemas políticos que pudieran haberse derivado de un canje de moneda a principios de 1994 podrían ubicarse fundamentalmente en dos planos. Por una parte, la posible activación de un rechazo en ciertos sectores sociales en momentos en que se trataba de mantener el consenso político y por otra, en una eventual reacción negativa en el corto plazo por parte de los productores agrícolas privados. Esto pudiera haber provocado una reducción del suministro de alimentos en momentos en que este había alcanzado niveles críticos. Debe tenerse en cuenta que este último problema pudo haber sido atenuado con medidas específicas en el contexto del canje. Sin embargo, lo más importante en nuestra opinión es que la inmensa mayoría de la población parecía no oponerse al canje de moneda a principios y mediados de 1994. Para un argumento en favor del canje puede consultarse, Julio Carranza y Pedro Monreal, op. cit.

10 Cfr. Julio Carranza, op. Cit.

11 El 81,2 % de la reducción del excedente hasta noviembre de 1994 correspondió al incremento de precios y liberalización de la venta de cigarros y bebidas alcohólicas. Cfr. "Intervención de José Luis Rodríguez. Presentación del Proyecto de Ley de Presupuesto para el año 1995", en Granma, Ciudad de La Habana, 21 de diciembre de 1994.

12 Cálculos a partir de "La economía cubana en 1994", Oficina Nacional de Estadísticas, Ciudad de La Habana, junio de 1995; y "Confiamos en quienes no se dejaron doblegar por las presiones e invirtieron en Cuba; mañana serán más", en Granma, Ciudad de La Habana, 27 de octubre de 1995.

13 Se refiere al nivel de 3500 millones de pesos antes mencionado y sobre el cual ya hemos introducido una nota de cautela.

14 Incluye tanto el depositado en cuentas bancarias, como en poder de la población pero que en un momento dado no actúa como medio de circulación. Aunque no hay datos disponibles para conocer con exactitud la estructura de concentración de la liquidez total, existe, sin embargo, una parte del circulante del cual es posible conocer su distribución: el ahorro ordinario. El Informe Económico del Banco Nacional de Cuba (agosto de 1995) reconoció que el período comprendido entre diciembre de 1994 y junio de 1995 se observó una tendencia a la concentración de los depósitos en un menor número de cuentas. En junio de 1995 el 13,6 % de las cuentas de ahorro concentraban el 82,4 % del valor de los depósitos. Teniendo en consideración que el ahorro ordinario representaba en junio de 1995 el 64 % de la liquidez acumulada, su estructura de concentración indicaba de manera general la elevada concentración de la liquidez en Cuba.

15 Aunque sobre este punto volveremos más adelante, conviene dejar aclarado desde el principio nuestro criterio de que el circulante pasivo representa un problema económico que no debe ser minimizado en el caso de Cuba por varias razones: primero, porque explica en gran medida las presiones inflacionarias que determinan niveles de precios en los mercados liberados que no guardan relación racional alguna con los niveles de ingresos promedios de los trabajadores. Esos precios, luego de un período inicial de reducción se han mantenido de manera sostenida a niveles muy altos en relación con el salario medio. El hecho de que haya limitaciones de oferta en esos mercados no puede explicar por sí sola los altos precios. Segundo, no existen barreras rígidas entre el circulante pasivo y el activo. En realidad en 1994 y 1995 las variaciones en las cuentas de ahorro han representado una creciente fuente de circulante activo. Tercero, el elevado grado de concentración de la liquidez acumulada representa una importante barrera a la necesaria ampliación de segmentos de mercados de actividad económica no estatal y sobre todo, en ese contexto, se haría altamente cuestionable desde una perspectiva socialista la apertura de nuevos espacios al sector privado, particularmente en materia de legitimidad e igualdad de oportunidades. En este último punto se hace muy clara la necesaria integración del proceso de desmonetización con otros componentes de un programa mayor de transformaciones de la economía.

16 Por supuesto que esto no debería ser un efecto negativo para los que propugnan el restablecimiento de una economía de mercado en Cuba en la medida en que esa concentración de dinero se percibe como una fuente legítima y deseable de acumulación originaria de capital. Sin embargo, en los diversos trabajos que sobre este punto se han escrito en el exterior aparecen diferentes posiciones respecto a este asunto. Para unos como Juan Luis Moreno cualquier forma de expropiación de circulante es un ataque contra los sectores informales, tan necesarios para la reconstrucción capitalista, en tanto Jorge A. Sanguinetty, por su parte, cuestiona la existencia de excesos de circulante y los considera como "ahorros involuntarios".

Otros autores, como Pastor y Zimbalist, que toman distancia de fórmulas tradicionales para el restablecimiento de una economía de mercado en Cuba consideran necesario aprovechar la capacidad empresarial atribuida a "los operadores del mercado negro". Curiosamente algunos autores, como Montalván y Castañeda, que postulan explícitamente el restablecimiento del capitalismo en Cuba proponen, sin embargo, acciones que representan una cuasi confiscación. El anterior punto ilustra que el debate sobre la desmonetización no sólo se deriva de consideraciones ideológicas, sino también de premisas técnicas. Cfr. Juan Luis Moreno, "Una política o un sistema monetario óptimo", en Cuba in Transition, vol.3, Florida International University, Miami, 1993; Jorge A. Sanguinetty. "El desarrollo de una Economía de Mercado. El caso de Cuba", en Cuba in Transition, vol.1. Florida International University, Miami, 1991; Manuel Pastor y Andrew Zimbalist, "Waiting for Change: Adjustment and Reform in Cuba", World Development, vol.23, no.5, Gran Bretaña, 1995; y Rolando H. Castañeda y George P. Montalván, "In Search of a Way Out for Cuba: Reconciliation, Stabilization and Structural Reform" ponencia presentada en 1993 Annual Meeting of the Eastern Economic Association, Washington D.C.; y "Transition in Cuba: A Comprehensive Stabilization Proposal and Some Key Issues", Cuba in Transition, vol.3, Florida International University, Miami, 1993.

17 La apertura de los mercados agropecuarios el 1ro. de octubre de 1994 y la ampliación de la presencia de los sectores privado y cooperativo, con posterioridad al inicio del programa de desmonetización, pero en presencia de un alto nivel liquidez concentrada ha representado en la práctica un gigantesco proceso de legitimación de dinero. Por una parte, esto ha conducido a un estado de amnistía económica de facto que favorece a sectores sociales que por mucho tiempo actuaron en espacios no legales, complejizando con ello los problemas ya de por sí traumáticos asociados al desarrollo de tendencias diferenciadoras del ingreso y del ahorro en una sociedad socialista. Por otra parte, el fenómeno complica el discernimiento de la legitimidad de la liquidez acumulada, un problema que dificulta, si bien no impide, la aplicación de medidas parcialmente confiscatorias y que de hecho limita las opciones disponibles para sanear las finanzas internas. Debe quedar claro que el juicio antes expresado no significa en modo alguno una oposición de los autores de este artículo a la necesaria apertura de mercados o de espacios no estatales. De lo que se trata es de que esos cambios estructurales deben estar integrados con acciones como el saneamiento financiero en un proceso único donde la secuencias de las medidas es esencial para darle un curso económica y políticamente favorable.

18 De lo que se trata es de llevar a niveles funcionales determinadas variables económicas, incluyendo las monetarias y las financieras, para asegurar la adecuada operación del sistema económico. Los autores no comparten otras concepciones que rinden culto excesivo al ajuste monetario-financiero y que le adjudican al equilibrio en esas esferas una serie de virtudes casi "mágicas".

19 Cfr. Julio Carranza, Luis Gutiérrez y Pedro Monreal, Cuba: la reestructuración de la economía. Una propuesta para el debate, Editora Ciencias Sociales, Ciudad de La Habana, 1995.

20 También había ocurrido una redistribución de la riqueza, de la que el circulante es sólo una parte. Pero ello no es justificación para que no se actúe sobre su porción modificable que es, además, relevante desde el punto de vista del funcionamiento de la economía en el actual contexto.

21 Para un discusión vea el Anexo 4. La inflación reprimida en Julio Carranza, Luis Gutiérrez y Pedro Monreal, op.cit.

22 El Decreto-Ley no.149 de mayo de 1994 "Sobre confiscación de bienes e ingresos obtenidos mediante enriquecimiento indebido" era a todas luces insuficiente para identificar y confiscar las acumulaciones ilegales de riqueza. La ampliación del mercado y del sector privado harían cada vez más conflictiva y difusa su aplicación en el futuro.

23 La privatización en su concepción amplia no sólo consiste en la venta de activos estatales. Incluye también la remoción de las barreras de entrada al sector privado, los contratos de administración, de concesión, las subcontrataciones de servicios antes suministrados por el estado, etcétera. Ver Luis Gutiérrez, "El Estado como empresario en América Latina: Quo vadis?", en Cuadernos de Nuestra América vol.XI, no.22, pp.135-136, Ciudad de La Habana, 1995.

24 Por ejemplo, la elevación de los impuestos indirectos sobre los cigarros, tabacos y bebidas alcohólicas, en las condiciones de Cuba, no garantizan en lo absoluto un impacto progresivo sobre la reducción de efectivo, más bien todo lo contrario.

25 Adicionalmente añadiremos una consecuencia sobre la oferta de la alta concentración del efectivo en forma de depósito en manos de una parte limitada de la población. Aclaramos que es tan sólo una hipótesis, y que requeriría un estudio más a fondo.

La cadena de agregación de valor de una parte importante de los sectores privado y estatal depende del desarrollo de la producción agrícola. Sin embargo, las altas magnitudes de dinero atesoradas por una parte de los campesinos privados, algunos sectores cooperativos, y sus intermediarios, tiene un efecto paradójico sobre la producción. En observaciones y entrevistas realizadas por los autores a varios campesinos salieron a relucir datos sumamente relevantes. Las altas sumas como medio de depósito no se corresponden solamente con la propensión al atesoramiento "atávico", sino a la insuficiencia para canalizar dichos fondos hacia la inversión. De manera que satisfecho el consumo a determinado nivel se debilitan los incentivos "positivos" para el trabajo. Por otra parte, la seguridad personal que se deriva de la posesión de altas sumas en depósito hace desaparecer prácticamente los incentivos "negativos".

26 Aquellas en que es mayor la sensibilidad de la cantidad demandada a las variaciones de los precios. No es el caso del mercado agropecuario en Cuba, donde la demanda mantiene siempre un alto nivel a pesar de los precios por tratarse de bienes de primerísima necesidad, o sea este último es un mercado muy inelástico.

27 De paso, es conveniente reiterar en este punto que los altos precios en esos mercados no sólo se derivan de una oferta insuficiente. Ese es un factor importante, pero que no debe llevar a minimizar las presiones inflacionarias resultantes del agudo desbalance monetario todavía existente. Asumir que los mercados liberados, aún en condiciones de una mayor oferta, pueden funcionar libres de distorsiones en presencia de significativos desbalances monetarios no se ajusta a las lecciones de la historia de los mercados.

28 En Cuba, el problema es muy preocupante en la medida en que los más importantes productos agropecuarios de exportación (caña de azúcar, café, tabaco) solamente se mueven en mercados regulados. El diferencial de rentabilidades entre una caballería sembrada de caña y una de malanga, por sólo citar un ejemplo, puede ser abismal. Impedir que el fenómeno actúe en el sentido de una selección adversa de recursos recae en procedimientos extraeconómicos y ni aún así puede ser resuelto. En el caso de Cuba, donde el acceso a la tierra no es libre, la producción de cosechas para los mercados regulados puede estar representando fundamentalmente la puerta de entrada a una actividad económica con nichos de producción extremadamente lucrativos, es decir, a las actividades complementarias que están autorizadas (por ejemplo, áreas de autoconsumo). En esas condiciones, siempre está presente el eventual desvío de recursos para atender las producciones marginales más lucrativas. Existe inclusive un término popular para denotar este fenómeno: "conuquear".