Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

domingo, 17 de mayo de 2026

¿Misil ruso Sarmat definió la Cumbre de Trump y Xi? // Sombra del G-2 de Rusia y China en Beijing

17 mayo, 2026

Por Alfredo Jalife-Rahme




A dos días de la trascendental cumbre de Trump y Xi, Rusia experimentó en forma exitosa el misil intercontinental balístico ICBM Sarmat, el más letal de la Vía Láctea: 4 veces (¡mega-sic!) más poderoso que todas sus contrapartes de Occidente y que estará listo para el combate a finales de año (https://bit.ly/4tF4ddk).

El viceportavoz del Consejo de la Federación Rusa, Konstantin Kosachev, comentó que la estridencia del Sarmat “debe ser escuchada fuera de Rusia, especialmente en aquellos países que desean la derrota estratégica de Rusia”. Sarmat (https://on.rt.com/dps9) posee 16 (¡mega-sic!) ojivas con un alcance de 35 mil kilómetros y ostenta capacidad tanto convencional como de deslizamiento (glide): puede ser balístico, pero también optar por una trayectoria suborbital de un misil hipersónico indetectable por los presentes sistemas defensivos que exhibieron su rotundo fracaso en Israel y en la parte occidental del golfo Pérsico frente a Irán y sus célebres misiles hipersónicos.

Un día antes al aviso ominoso del Sarmat y tres días antes a la visita de Trump, el portavoz de la cancillería china, Guo Jiakun, aprobó los asertos de Putin sobre la coordinación entre Rusia y China que “se ha vuelto un pilar vital para disuadir los conflictos y salvaguardar la estabilidad estratégica global (https://bit.ly/4nCqQ0D)”. En mi reciente conferencia magistral en el Primer Congreso de Geopolítica en República Dominicana aduje la operabilidad de la “estabilidad estratégica tripolar (sumado de EU)” como sine qua non de la paz global.

Ya me he explayado lo suficiente sobre la visita de Trump a Xi antes, durante y después –(https://bit.ly/3Pu3yNQ); (https://bit.ly/4uhz0y4); (https://bit.ly/4dp4oTT)– cuando hoy ya nos encontramos de lleno con la visita de Putin el próximo 20 de mayo que, por cierto, fuera de Rusia, anuncié antes que nadie. Nada menos que el vicecanciller ruso Sergey Ryabkov comentó: “no debemos mover la estabilidad estratégica” y que “Sarmat hablaba por sí solo, por lo que no requiere de publicidad (https://bit.ly/3RgZDV4)”.

Sin tapujos, el ex presidente y hoy vice mandamás del relevante Consejo de Seguridad Nacional, Dmitry Medvedev, advirtió a los aventureros europeos de todos los tamaños (diminutos/medianos/grandes): “Felicitaciones a todos los “amigos” occidentales de Rusia por la exitosa prueba del sistema de misiles estratégicos Sarmat. ¡Ahora estamos todos mucho más cerca! (https://bit.ly/4wEblcI)”.

La directora del Centro de Política Mundial y Análisis Estratégico en el Instituto de China y Asia Contemporánea, Ekaterina Zaklyazminskaya (https://bit.ly/4wyj77V), comentó las 5 razones por las que Trump no pudo asegurar acuerdos firmados, ni llevarse la mano frente a Xi o realizar una declaración conjunta en su visita a China: “No había manera de negociar desde una posición de fuerza (¡mega-sic!) debido a que la visita del presidente ruso era esperada a la brevedad. Es difícil para EU encajonar a China y dictar sus términos ya que Rusia actúa como socio estratégico y como la retaguardia estratégica para China en varias (sic) situaciones geopolíticas y periodos de alta tensión (https://bit.ly/4uUa6UZ)”.

Como si lo anterior fuera poco, el legendario canciller de origen armenio Sergey Lavrov expuso que “Rusia no será atraída a ningún intento de triangulación por Estados Unidos para amarrar navajas entre Moscú y Beijing… Creo que el ex secretario de Estado Henry Kissinger argumentó en una ocasión que los lazos de Washington tanto con Beijing como con Moscú deberían ser más fuertes que los lazos de Beijing y Moscú entre sí. EU y las potencias coloniales han seguido durante mucho tiempo esta estrategia de divide y vencerás, que perdura hasta nuestros días en la política occidental… pero no es así como operamos nosotros, tampoco es cómo opera China (https://bit.ly/4duSwjc)”.

Trump no pudo fracturar la hoy indisoluble alianza estratégica del G-2 entre Moscú y Beijing. El letal misil Sarmat definió tanto el encuentro de Trump y Xi como la visita de Putin a China 5 días después.


Facebook: AlfredoJalife




Tiktok: ZM8KnkKQn/


Instagram: @alfredojalifer

Las 2.16 hectáreas que desafían la productividad. Comentario HHC

 A pocas horas de celebrar el Día del Campesino cubano, el miembro del Buró Político y primer ministro, Manuel Marrero Cruz, compartió con productores destacados de La Habana. A los hombres y mujeres que labran la tierra, aun en medio de las limitaciones impuestas por el recrudecido bloqueo y el cerco energético, reconoció por su labor, esfuerzo y constancia

Foto: Estudios Revolución

Martha González y su esposo Héctor Infante demuestran que el tamaño no define la productividad. En su finca D´M@rySeT, sobre un terreno rocoso de apenas 2.16 hectáreas, transformaron la adversidad en «abundancia». En ese entorno, perteneciente a la cooperativa de créditos y servicios Arides Estévez del capitalino municipio de Playa, ellos abrazan principalmente cultivos y hortalizas, aun en condiciones muy difíciles.

Se trata de una finca familiar de tres generaciones donde sus dueños convirtieron un terreno rocoso en área cultivable aplicando medidas de conservación de suelo a partir de la materia orgánica que ellos producen y, además, diseñaron un sistema de terrazas con muros de contención hechos con piedras locales, evitando la erosión y el arrastre de tierra hacia el río.

Como explicó Martha, en estas terrazas «tenemos diez cultivos permanentes y 15 en campaña, ahí mismo producimos nuestras propias semillas, por tanto, nuestras producciones se dan de una manera mucho más favorable, porque las semillas son autóctonas» y su enfoque es «compartir y contribuir al bienestar colectivo».

Precisamente de esta experiencia en tiempos de convertir las excepciones en regla, conoció el miembro del Buró Político y primer ministro, Manuel Marrero Cruz, quien, a pocas horas de celebrar el Día del Campesino cubano, llegó hasta este sitio acompañado por el titular de la Agricultura, Ydael Pérez Brito, y las máximas autoridades políticas y gubernamentales de La Habana.

«Heredé esta finca cuando tenía 46 años, con muchos problemas que los convertí en grandes desafíos. Tuve que estudiar, superarme, luchar, trabajar. En mi finca no se echan productos químicos, todo es biológico. El objetivo principal es producir alimentos sanos para el autoconsumo y la comunidad. Sin acompañamiento es imposible lograr resultados, por suerte yo he tenido mucho apoyo.

«Estoy segura que se puede cultivar cualquier pedacito de tierra y que la única luz que yo encontré y la única solución para hacerlo se llama agroecología, que es una práctica ancestral», dijo con orgullo Martha y habló, también, de cómo han mejorado sus cosechas, las cuales se destinan al consumo social, el autoconsumo familiar y la atención a personas en situación de vulnerabilidad.

Mucho ha alcanzado ya esta familia en su pedacito, pero Martha no se conforma y sueña con desarrollar la acuicultura y el cultivo vertical. «Sueño infinitamente, también, con cultivar fruta bomba y fresas, porque hacemos asociación de cultivos para aprovechar en un mismo espacio varias siembras. Cuando los espacios son pequeños, las transformaciones tienen que ser grandes».

¿La clave para lograr materializar un sueño como este?, preguntamos a esta mujer incansable y sin titubear responde: «Visualizarlo primero, esforzarse después. Tener mucha, mucha voluntad. Si tenemos voluntad, vencemos enfermedades, problemas, situaciones. Hay que trabajar mucho, trabajar sin cansancio, no pensar en que no vamos a tener, sí vamos a tener. Si nos lo proponemos, lograremos nuestros propósitos».

Y a su «esfuerzo y constancia» como vías para seguir creciendo correspondió el Primer Ministro al enviar un mensaje de felicitación a los campesinos en su día. «En esta batalla que estamos librando hoy, en este intento de asfixia de los enemigos de la Revolución, estamos preparándonos para la defensa y prepararse significa producir alimentos. Este es un buen ejemplo, en la propia Habana, en un terreno con complejidades; sin embargo, se pueden hacer muchas cosas».

Foto: Estudios Revolución

Poco después, el Jefe de Gobierno llegó hasta la finca de Yurisán Márquez Téllez, también perteneciente a la CCS Arides Estévez, quien logra mensualmente 1.5 toneladas de carne de cerdo, destinadas al consumo social y la venta a determinados organismos. Según explicó el destacado productor, con dos años y medio de trabajo, cuentan con 361 animales, de ellos cien reproductoras.

«Estamos en la cría intensiva de cerdos, sembramos cultivos como maíz y yuca como alimento animal. Además, hacemos escalonamiento de cultivos y así hemos logrado mantener esta cantidad de animales», detalló Márquez Téllez al Primer Ministro, quien hacia el final del intercambio reiteró que los alimentos más seguros que tendremos son los que seamos capaces de producir y que en tiempos de bloqueo, estos productores son una lección de soberanía alimentaria.

Foto: Estudios Revolución

Comentario HHC: La vida tiene a veces correspondencias, lo mismo que dice el Presidente Diaz Canel de las experiencias en algunos lugares exitosas, y en otros no, pasa ahora con el Primer Ministro.

Para coincidencias de nombres , tenemos la experiencia de la FINCA Martha, que tiene igual o mas exito, y desde hace mas de una decenas de años. Reitero fue a lo que Fidel le dedicó tiempo en los ultimos meses de su vida. De esta experiencia hay hasta un libro  que el link lo he publicado al menos dos veces en este sitio, que me recuerde.

Parece que hay que ir mas allá, conocer cómo o lograr la motivación  masivamente, hay ejemplos aislados que sirven de referencia, pero no resuelven los problemas del país. 

Lo común es diseñar sistemas  de estimulos para que se alcancen los mayores ingresos en dinero, y eso da resultados, pero no en todas partes y no en todos los seres humanos. Esto lo he podido constatar en Cuba y en México con los sistemas de estimulos salariales que se diseñan para obtener mejores resultados para la entidad y el trabajador. Hay mucho mas, y me temo que la mayor reserva tiene que ver incluso con la psicología,  que es la ciencia que estudia el comportamiento humano y los procesos mentales.

¿ Cómo obtener, masificar, resultados individuales que parecen excepcionales, incluso en condiciones dificiles? , es la respuesta que hay que buscar siempre, para que sea cotidiana.  

Copio un ejemplo que lei, que no es la solución,  es una manera, un método, no el único claro está.

Decálogo Agrícola: Replicando el Éxito en Terreno Difícil

1. Extrae el principio agronómico, no la receta exacta
Ejemplo: Si un productor triplicó su maíz usando "cosecha de agua de lluvia en surcos", el principio es maximizar la captación de agua in situ. En otro lugar, eso puede lograrse con hoyos, barreras vivas o terrazas, no copiando los mismos surcos.

2. Traduce el éxito al lenguaje del nuevo suelo y clima
No digas "vamos a hacer lo del señor Juan". Di: "En tierra similar a la tuya, se logró doblar la producción usando abono verde. ¿Qué materia orgánica tienes disponible aquí? ¿Gallinaza? ¿Restos de cosecha? Empecemos con eso."

3. El objetivo motivador debe ser tangible, cercano y urgente
No un "aumentar rendimiento". Sino: "Que tus hijos no pasen hambre en los próximos tres meses" o "Tener suficiente maíz para vender y pagar lo que necesitas sin endeudarte". Ese objetivo se escribe y se pone visible (en una bolsa, una tabla, la pared del galpón).

4. Autonomía adaptativa: el agricultor decide el "cómo" local
El técnico dice el qué (ej: reducir erosión). El agricultor elige el cómo según sus herramientas: ¿barreras de piedra? ¿franjas de pasto? ¿curvas a nivel? La motivación crece cuando él es dueño del método.

5. Crea "parcelas espejo" en lugar de exigir cambio total
No pedir que replique todo su lote. Que destine solo un surco o una cama pequeña para probar la práctica adaptada. El objetivo ahí es: "Que esa parcela piloto le gane a tu método tradicional por al menos 20%". El éxito pequeño motiva más que la teoría grande.

6. Retroalimentación semanal con dos preguntas clave
Cada 7 días frente al cultivo:

  • "¿Qué hicimos esta semana que nos acercó al objetivo de cosecha?"

  • "¿Qué condición diferente de este lugar (plaga, piedra, falta de riego) nos pide ajustar el método original?"
    No hay fracaso, solo aprendizajes para reajustar.

7. Convierte las limitaciones en reglas de decisión positivas
En lugar de "no tenemos fertilizante", la regla es: "Antes de comprar insumo externo, usamos al menos dos recursos locales (estiércol, ceniza, compost, mulch, biofertilizante casero)". Eso mantiene el objetivo (nutrir el suelo) y la motivación (creatividad autosuficiente).

8. Celebra el "progreso en condiciones duras", no solo el rendimiento final
Si hubo sequía pero el cultivo aguantó 10 días más que el vecino, eso se celebra. El objetivo no es solo cosechar, sino construir resiliencia. Un calendario visual con logros semanales (primer aporque, primer riego con agua recuperada, etc.) alimenta la motivación.

9. Rota el rol de "líder de la réplica" entre productores
Cada ciclo, un agricultor diferente es quien enseña a los demás su adaptación local del método original. Eso genera orgullo, compromiso y valida que cualquiera puede ser fuente de éxito. El objetivo pasa a ser colectivo: "que todo el grupo supere las próximas heladas".

10. Cierra con una pregunta que proyecta el propósito
Después de cada cosecha o ciclo de réplica, reunión de 15 minutos:
"Si logramos esto con tan pocos recursos, ¿qué otro objetivo importante para nuestra comunidad podríamos atacar con la misma actitud?"


John Maynard Keynes salvó al capitalismo de sí mismo.

 Pero el éxito económico pasado de Estados Unidos no garantiza su futuro, escribe Joseph Stiglitz. The Economist

Ilustración de Joseph Stiglitz
Ilustración: Dan Williams
|Lectura de 5 minutos
Escucha esta historia



Hace doscientos cincuenta años, Estados Unidos era en gran medida una economía agraria, afectada, por supuesto, por el clima, pero sin ciclos económicos propiamente dichos. Estos surgieron con el desarrollo del capitalismo en el siglo XIX. Y así comenzaron las profundas fluctuaciones de la era moderna, siendo las dos peores la Gran Depresión de la década de 1930 y la Gran Recesión que comenzó en 2008. Afortunadamente, John Maynard Keynes, el gran economista del siglo XX, nos demostró que no teníamos por qué sufrir estas disfunciones del capitalismo. El gobierno podía hacer algo al respecto.

Como dice el refrán, la necesidad agudiza el ingenio. Para cuando Franklin Roosevelt asumió la presidencia en 1933, Estados Unidos ya había perdido cuatro valiosos años sumiéndose cada vez más en la depresión. Roosevelt no podía esperar a que Keynes explicara qué hacer. Intervino con decisión, incluso podría decirse que con intuición. Algunos aspectos de su programa siguen siendo controvertidos; a pesar de que la tasa de desempleo alcanzó un máximo cercano al 25% durante la Gran Depresión, la mayoría de economistas y empresarios afirmaban: «Déjelo en manos del mercado. Se corregirá solo con el tiempo». Pero, como bromeó Keynes, a la larga, todos estaremos muertos.

El libro de Keynes de 1936, "La teoría general del empleo, el interés y el dinero", constituyó una revolución intelectual. Contrariamente a las doctrinas predominantes de la época, argumentó que los mercados, si se dejaban a su suerte, podían permanecer estancados en largos periodos de desempleo profundo. Incluso si existieran "fuerzas" autorreguladoras que impulsaran la economía hacia el pleno empleo, estas actuarían con demasiada lentitud por sí solas para evitar graves dificultades económicas. Explicó por qué la política monetaria —favorecida por muchos economistas conservadores cuando se consideraba necesaria la intervención— sería ineficaz en una profunda recesión. Y lo que es más importante, ofreció una solución: el gasto público podía estimular la demanda y sacar a la economía del estancamiento.

La buena noticia era que la constitución tenía la flexibilidad suficiente para permitir que estas nuevas ideas se pusieran a prueba y demostraran su valía, aunque los Padres Fundadores no pudieron haber previsto este papel fundamental del gobierno. En aquellos tiempos, el gobierno era mucho más pequeño. Durante la primera mitad del siglo XIX, el gobierno federal recaudaba apenas el 2% del PIB y no existía un banco central hasta la creación de la Reserva Federal en 1913. El gobierno central no contaba ni con los recursos ni con las herramientas necesarias para estabilizar un sistema capitalista inherentemente inestable.

Keynes no era un radical de izquierdas; no le preocupaba demasiado la desigualdad, creía en la economía de mercado y creía que su intervención propuesta —no una revolución, sino una pequeña "solución"— salvaría la situación.

Sin embargo, muchos desconfiaban de Keynes porque justificaba la necesidad de un gobierno más grande. Algunos ideólogos de derecha hubieran preferido que el país permaneciera en una depresión antes que la intervención del gobierno. Según su perspectiva, si el gobierno podía hacer eso, ¿quién sabe qué más podría hacer? Podría garantizar a todos una pensión mínima, atención médica y educación. Y esas cosas podrían requerir impuestos superiores a las ínfimas cantidades que pagaban los estadounidenses. Esto era especialmente peligroso —para los antepasados ​​de los oligarcas multimillonarios de hoy— porque unos 20 años antes Estados Unidos había adoptado la 16.ª Enmienda a la Constitución, que permitía la imposición de un impuesto sobre la renta.

En retrospectiva, el pragmatismo de Roosevelt y las ideas de Keynes salvaron al capitalismo de los propios capitalistas. Si estos últimos se hubieran salido con la suya, los fracasos del capitalismo sin restricciones, una economía asfixiada por una depresión aparentemente interminable, probablemente habrían significado que no hubiera sobrevivido a las presiones democráticas. En cambio, el presidente John F. Kennedy, bajo la influencia de destacados economistas keynesianos (entre ellos John Kenneth Galbraith, Robert Solow y Paul Samuelson), adoptó las políticas keynesianas como la piedra angular de su marco económico.

A lo largo de la década de 1970, con el país enfrentando inflación (entonces, como ahora, causada en gran medida por aumentos sin precedentes en los precios del petróleo), la derecha afirmaba que Keynes estaba obsoleto. Mientras que Keynes había enfatizado el papel del gobierno en el sostenimiento de la demanda total (o agregada) para que la economía se mantuviera en pleno empleo, Ronald Reagan cambió el enfoque para enfatizar la oferta. Los conservadores argumentaban que si los impuestos eran bajos y las regulaciones laxas, la dinámica del mercado aseguraría el crecimiento con pleno empleo. Eran tan optimistas que incluso afirmaban que las reducciones en las tasas impositivas impulsarían tanto crecimiento que aumentarían los ingresos fiscales. Por supuesto, eso no sucedió.

En las décadas siguientes, Estados Unidos sufrió repetidas recesiones, algunas bastante profundas, demostrando con contundencia que los mercados sin restricciones no eran buenos para autorregularse. Durante la Gran Recesión y, sobre todo, durante la pandemia de COVID-19, las intervenciones keynesianas —el gasto público— demostraron ser enormemente eficaces.

Sin embargo, a pesar de todas las evidencias, la batalla política continúa. A principios de la década de 1990, se intentó aprobar una enmienda para lograr un presupuesto equilibrado, una disposición que prácticamente habría impedido la implementación efectiva de políticas keynesianas. Afortunadamente, fue rechazada por un estrecho margen. Durante el primer mandato del presidente Donald Trump, se produjo un resurgimiento de las políticas de oferta, con una importante reducción de impuestos a las corporaciones y a los multimillonarios. Estas políticas fracasaron, al igual que las anteriores de Reagan: los déficits aumentaron y el impulso al crecimiento fue mínimo, si es que hubo alguno.

Si la constitución se hubiera creado en el siglo XXI, sabiendo que el gobierno tiene la capacidad de garantizar el pleno empleo en la economía, probablemente lo habría estipulado. Lo más cerca que estuvimos fue con la Ley de Empleo de 1946, que creó el Consejo de Asesores Económicos en la Casa Blanca, que presidí durante la presidencia de Bill Clinton. Esta ley comprometía a Estados Unidos a “fomentar… las condiciones que permitan el acceso a un empleo útil para quienes sean capaces, estén dispuestos y busquen trabajo”. A pesar de contar con las herramientas para lograr esta misión, con demasiada frecuencia, y para muchos, hemos fracasado .

Joseph Stiglitz es un economista ganador del Premio Nobel y profesor en la Universidad de Columbia.