Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

viernes, 22 de julio de 2016

Holanda lidera la innovación mundial en agricultura . !! Atención Cuba !!


Este pequeño país de apenas 33.894 km2 consigue superar en exportaciones a otros que cuentan con millones de hectáreas cultivables como Rusia, India o Brasil. ¿Cuál es el secreto de este éxito?


El pasado 12 de julio el ministro de Asuntos Exteriores de los Países Bajos, Bert Koenders, comenzaba su visita a Argentina para estrechar lazos con el nuevo gobierno presidido por Mauricio Macri. Como afirmó el propio ministro, el país ofrece grandes oportunidades para las empresas holandesas, especialmente en el sector agrícola.

Argentina, por su parte, busca atraer nuevos inversores internacionales después de años de aislamiento, y considera la modernización de su sector agroganadero como uno de los ejes del giro en la política económica desde las elecciones de 2015. Por otra parte, la elección de Holanda como socio no es casual: el año pasado los Países Bajos se convirtieron en el segundo exportador mundial de productos agrícolas.

Según los datos publicados por el Ministerio de Agricultura, las exportaciones del sector agroganadero holandés llegaron a los 80.700 millones de euros, mientras que las importaciones sumaron solamente 52.400, dejando un superávit comercial de 28.300 millones. A su vez, los productos relacionados con la agricultura y la ganadería suponían un 18,8% de las exportaciones totales. La mayor parte de las ventas fueron de vegetables, carne, flores y plantas vivas (en cuyo caso Holanda acapara más de dos tercios del mercado mundial) y productos lácteos, aunque también destacan las exportaciones industriales ligadas al sector primario (siendo el primer exportador mundial de robots para la extracción de leche bovina). En cifras absolutas, el auge de las exportaciones agrícolas holandesas coincide con un aumento continuo de la producción en las últimas décadas, pero contrasta con la reducción progresiva de la superficie cultivable (-4% entre 1996 y 2010) en favor del suelo para usos residenciales y forestales.

Nos encontramos por tanto ante un país de reducido tamaño (de los cuales una gran parte está ganada al mar y solo el 27% tiene uso agrícola, ocupando en tamaño el puesto 134 entre los 196 países del mundo) y en cambio exporta más que otros países que cuentan con millones de hectáreas cultivables como Rusia, India o Brasil. ¿Cuál es el secreto de este éxito?


La primera clave es entender que Holanda ocupa la segunda posición mundial por el valor (no el volumen) de sus exportaciones, lo cual nos indica que los productos holandeses son relativamente más caros que los de sus competidores, y sin embargo, son más competitivos y mantienen su posición de liderazgo. Esta realidad rompe con la tendencia en el sector primario, tradicionalmente dominado por países con abundantes recursos naturales abocados a una producción masiva y compitiendo entre sí por ofrecer los precios más bajos del mercado. La vía holandesa, en cambio, demuestra que un país con recursos mucho más escasos y costes de producción más elevados puede mejorar los resultados de sus competidores, planteando una visión radicalmente diferente del mercado.

En este sentido, los holandeses han sabido entender que comerciar en el sector primario no significa necesariamente vender materias primas. De hecho, el sector agroganadero de los Países Bajos exporta principalmente productos ya elaborados y destinados al consumo final (como el queso), mientras que sus competidores todavía apuestan por las materias primas (leche, en este caso). Esto supone un proceso de elaboración dentro del país que aumenta sensiblemente el valor añadido de los productos de exportación, lo cual a su vez se traduce en precios de venta más elevados. De hecho, un 24% de las exportaciones actuales consisten en reshipping, es decir, la exportación de productos agrícolas previamente importados a granel y preparados en Holanda para su consumo final. Gracias a este fenómeno, un pequeño país de Europa del Norte es capaz de exportar frutas tropicales y oleaginosas, propias de climas mucho más cálidos.

Por otra parte, los productores holandeses parecen haber tenido éxito a la hora de diferenciar sus productos, reduciendo así el margen de maniobra de la competencia. Esta diferenciación, facilitada por la larga tradición agrícola del país, es mucho menor en los mercados de materias primas, lo cual los hace también más volátiles. Es así como Brasil o Cuba podrían verse muy afectados si un nuevo productor de azúcar entra en el mercado a precios más bajos (ya que básicamente todos ofrecen el mismo producto), mientras que los quesos Gouda sufrirán un impacto mucho menor ante la competencia de una nueva denominación de origen (al ser productos que el público percibe como diferentes).

Otro factor que aumenta la competitividad holandesa es su larga tradición exportadora: después de siglos entre los protagonistas del comercio internacional, las empresas holandesas pueden disfrutar de una infraestructura logística inmejorable (con Rotterdam como mayor puerto de Europa) y de una extensa red de distribución de alcance mundial. De esta manera, los empresarios del país pueden abastecerse en los mercados más baratos, vender en otros con más potencial de crecimiento e incluso actuar como intermediarios, todo ello con unos costes logísticos mínimos.

Esta ventaja comparativa en distribución, sumada a los factores ya mencionados, ha permitido que los empresarios holandeses puedan vender productos agrícolas incluso a países cuyas economías aún son en parte rurales y con costes de producción mucho más bajos. Es así como en los últimos años han aumentado las ventas de pollos a Sudáfrica, de peras y manzanas a Vietnam y de cebollas a Indonesia y Panamá. Y aunque las ventas exteriores todavía presentan una notable concentración geográfica (el 80% de las exportaciones del sector se dirigen a la Unión Europea) la tendencia a la diversificación puede ser muy importante a la hora de reducir el riesgo de mercado, especialmente si la recuperación europea sigue retrasándose.

Sin embargo, todos estos factores no hubieran sido capaces por sí solos de generar un aumento exponencial de la producción, menos aún en un sector donde tanto los recursos naturales (la tierra cultivable) como humanos (mano de obra) no han dejado de reducirse. Por el contrario la clave reside en la innovación y en la introducción masiva de tecnología a lo largo de todo el proceso productivo, lo cual ha contribuido a aumentar notablemente la productividad. El resultado es un nivel de output mayor por cada unidad de tierra o trabajo empleada, lo cual ha repercutido muy positivamente en la competitividad y en el valor añadido. Como ejemplo, la introducción de granjas con cultivos acuapónicos ha dado lugar en algunos casos a una producción 10 veces mayor, pero el uso de tecnología en la agricultura holandesa no es algo nuevo: en la industria lechera, por ejemplo, la inseminación artificial en los animales para mejorar la calidad del ganado ya se utilizaba en los años 60, y en el último lustro del siglo XX ya se habían introducido los primeros robots para la extracción de leche. Actualmente el liderazgo en tecnología se mantiene, con actividades (como la recogida de frutas), que aún en los países desarrollados se hacen todavía manualmente y que en Holanda están cada día más robotizadas.


El resultado de todos los factores mencionados anteriormente (elaboración, diferenciación, distribución, innovación y tecnología) es un aumento continuo del valor añadido en las últimas décadas. La evolución es especialmente positiva en términos de valor por hora trabajada, lo cual nos permite deducir que la mejora en la productividad ha compensado con creces la reducción de mano de obra. Y posiblemente esta conclusión resume el éxito de la agricultura holandesa: no se trata de producir más, sino de sacar el máximo rendimiento posible a cada unidad de factores invertida.


Por otra parte, el caso holandés adquiere una especial relevancia si consideramos la pervivencia del malthusianismo en parte del pensamiento económico actual. Según esta teoría, el crecimiento de la producción de alimentos solamente podría seguir una tendencia aritmética ya que la agregación de factores (como la tierra, el trabajo y el capital) solamente podrían dar lugar a un aumento lineal en el tiempo. La población, por otra parte, crecería de forma geométrica, desbordando las posibilidades de abastecimiento y generando escasez a largo plazo. Estas teorías, aunque actualizadas, están aún presentes entre los economistas que alertan del inminente agotamiento de los recursos y quienes señalan al crecimiento demográfico como el principal responsable de la pobreza en el mundo, mientras recomiendan políticas de corte antinatalista como único remedio posible para revertir esta tendencia.

Lo cierto es que no son pocos los datos que fundamentan esta teoría: en los últimos 50 años la población mundial se ha duplicado, pasando de 3.420 millones en 1966 a 7.256 en 2016 (United States Census Bureau). Mientras tanto, la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) estima que unas 1.750 millones de personas viven en la pobreza y 800 sufren de malnutrición. La lógica parece clara: el crecimiento demográfico ha superado con creces el aumento de la producción de alimentos y así se han rebasado las posibilidades de abastecimiento en nuestras sociedades. Al no existir fórmulas para lograr incrementos similares en el output, es necesario moderar el crecimiento poblacional.

El caso de Holanda, sin embargo, parece demostrar lo contrario: a pesar de contar con una demografía dinámica (la población aumentó un 44% en los últimos 50 años), la acumulación de capital y la aplicación de tecnología permitieron un crecimiento exponencial de la producción de alimentos, a pesar de haber reducido los factores de tierra y trabajo. Como se ha comentado anteriormente, la clave no está en una mayor producción total sino en un aumento de la productividad y del valor añadido. De esta manera, un país de apenas 33.894 km2 se ha convertido en el segundo exportador mundial de productos agroganaderos. ¿Qué podríamos esperar entonces de un país casi 88 veces más grande, como la India? ¿Podremos seguir culpando al crecimiento demográfico de su pobreza?

El shock venezolano y Cuba: crónica de una crisis anunciada.

Por Pavel Vidal Alejandro, Cuba Posible

Desde el fallecimiento de Hugo Chávez, en marzo de 2013, comenzaron a sonar las primeras alarmas sobre la sostenibilidad de los acuerdos económicos y financieros entre los gobiernos de Cuba y Venezuela. Luego, el menor respaldo y consenso político alrededor del nuevo presidente Nicolás Maduro, unido al estancamiento de la economía venezolana, llamaban aún más la atención sobre lo que podría suceder con la economía cubana si se veían afectados los acuerdos con el principal aliado económico. A finales del año 2014, tras la estrepitosa caída del precio del petróleo, ya el asunto solo parecía tratarse de una cuestión de tiempo, de estimar cuándo ocurriría la inevitable caída de estos flujos comerciales y financieros.   

A finales de 2015, el ministro de Economía y Planificación presentó un plan indicando que sería un “año tenso en la disponibilidad de divisas”. A su vez, el presidente Raúl Castro en su discurso explicaba que: “… no es menos cierto que se han generado desde este propio año 2015 afectaciones en las relaciones de cooperación mutuamente ventajosas existentes con varios países, en particular con la República Bolivariana de Venezuela…” Así y todo, el gobierno planificó un aumento del Producto Interno Bruto (PIB) de 2 por ciento para 2016.

Finalmente, en la sesión de la Asamblea Nacional en el mes de julio del presente año, se confirmaba que ya ocurre una contracción en los suministros de combustible pactados con Venezuela. El propio Presidente revelaba que para el segundo semestre del año 2016 la situación implicaba un ajuste significativo de gastos en la economía, recortes en la disponibilidad de combustibles para el sector empresarial y el incumplimiento de algunos compromisos de pagos internacionales, y que no se alcanzaría el crecimiento planificado del PIB. 

¿Cuáles serán los principales impactos del shock?

Ante estos anuncios, a la mente de los cubanos no viene otra cosa que los recuerdos de la crisis económica de inicio de los años noventa, conocida como Período Especial, y que se derivó como consecuencia de la caída del campo socialista y la desaparición de la URSS. Ello obligó al presidente Raúl Castro a afirmar, en la Asamblea Nacional, que el país no regresaría al Período Especial. 
  
La comparación del escenario que enfrentará Cuba a partir de este año con lo sucedido a comienzo de los años noventa, cuando tuvo lugar la crisis económica conocida como Período Especial, para nada es espuria. La vulnerabilidad ante la caída de los vínculos con Venezuela es muy parecida a la que existía en relación con la caída de la URSS. En ambos casos se ha tratado de relaciones formadas bajo acuerdos y alianzas políticas entre los gobiernos, con precios y condiciones financieras que distan de los estándares en los mercados internacionales. Por tanto, ello genera una vulnerabilidad adicional dada las características de esos flujos comerciales, financieros y de inversión, que resultan de muy difícil relocalización en otros países. Es decir, no se trata solo de perder el principal mercado, que ya de por sí es un choque tremendo para cualquier economía, sino que obliga al país a buscar nuevas formas de inserción en la economía internacional, y esto es algo que demanda tiempo y requiere una transformación productiva.

No obstante, en principio, el choque no será de la misma magnitud que el experimentado a partir del año 1991. El intercambio comercial con la URSS, como porcentaje del PIB, representaba casi el doble de lo que representa hoy el intercambio comercial con Venezuela. Por otra parte, el desplome del intercambio comercial con la URSS desde 1991 fue mucho más drástico que lo que sugieren las informaciones disponibles hasta el momento con respecto al caso venezolano. Hasta el momento, las cifras indican que el intercambio con Venezuela disminuirá alrededor de un 20 por ciento, debido a la reducción de los despachos de petróleo, porque se han detenido las operaciones de la refinería de Cienfuegos, y también porque ello implica una disminución de los ingresos por la exportación de servicios médicos (dado que existe un mecanismo de indexación entre ambos flujos).

Las estimaciones sugieren que, por ahora, no vendrá un nuevo Período Especial. Sin embargo, sí es muy probable que la economía entre en una recesión; es decir, que decrezca el PIB y obviamente ello tendrá un impacto negativo en los diferentes sectores económicos, el comercio externo, los equilibrios macroeconómicos, las finanzas internacionales y el bienestar de los cubanos. 

A continuación mostramos algunos de los pronósticos macroeconómicos bajo este escenario de reducción del intercambio comercial con Venezuela, en 20 por ciento, en el año 2016 (suponiendo que en el año 2017 no ocurra otra contracción en este intercambio) (1). El pronóstico se puede tomar como un escenario base del menor impacto; si Venezuela continúa reduciendo el envío de petróleo, los efectos entonces serían mayores.

El crecimiento del PIB quedaría muy cercano a cero o ligeramente negativo este año. Lo peor vendría el próximo año. En el año 2016 las empresas cubanas pueden atenuar el shock con los inventarios y los contratos que ya se han firmado con los proveedores, pero en el próximo año 2017 tendrán que hacer un ajuste mucho más grande de gastos. La caída del PIB en 2017 sería de 2,9 por ciento; sería la primera disminución del PIB en 24 años.

La agricultura y la industria sufrirán ambas una contracción, mucho más marcada en 2017 con registros de -9 por ciento y -7,3 por ciento, respectivamente. La agricultura tendrá mayor resiliencia que en el año 1991 cuando se contrajo un 23,9% por ciento, dada las transformaciones que se han aplicado en el sector; pero así y todo es un reglón que, al igual que la industria, sufrirá los recortes en los suministros de petróleo y las restricciones de divisas para adquirir insumos. El turismo, en cambio, seguirá creciendo y siendo una fuente importante de ingresos de divisas para el sector empresarial estatal y mixto, y para los negocios privados.

Se pronostica que la inversión caiga en una proporción similar a la registrada en el año 1991. Se puede esperar una contracción de 17 por ciento y 20 por ciento para los años 2016 y 2017. Ello se explica, en primer lugar, por los menores ingresos en divisas por exportaciones y por las mayores restricciones financieras. 

Dado que las autoridades tratarán de evitar hacer recaer el peso del ajuste en el consumo, las inversiones serían las más penalizadas. Sin embargo, la caída en las inversiones pudiera aliviarse parcialmente si el gobierno cubano comienza a dar luz verde a los proyectos de inversión extranjera que están pendientes de aprobación.

Se espera una disminución de las exportaciones corrientes mayor que de las importaciones corrientes (lo que tiene como trasfondo una caída en los términos de intercambio), por tanto se prevé un déficit en el balance comercial de bienes y servicios. En los últimos años el balance positivo de bienes y servicios en la balanza de pagos le ha servido al país para poner en orden sus compromisos financieros internacionales. Pero, un cambio de signo en este balance, pondrá en riesgo los pagos a los acreedores internacionales, el respaldo a las monedas nacionales y la estabilidad del sistema bancario. 
    
También se prevé un incremento del déficit fiscal como proporción del PIB, que pudiera superar el 9 por ciento en el año 2017. Este desequilibrio estaría lejos del déficit del 22,2 por ciento registrado en el año 1991. Por tanto, es probable un incremento de la inflación cercano al 10 por ciento en 2017. No obstante, ello implicará una disminución del poder adquisitivo de los salarios promedios, en similar o mayor proporción.

Las familias también se verán afectadas por una disminución del consumo de 2,8 por ciento este año y de 7,5 por ciento el año próximo, así como por un ligero aumento de la tasa de desempleo. En comparación con el año 1991, las familias hoy en día tienen fuentes de ingresos más diversificadas que le permitirán resistir mejor la crisis que a inicios de los años noventa; cuentan con remesas, con los ingresos derivados de las actividades vinculadas al turismo y con los ingresos provenientes del sector privado y cooperativo.
Sin embargo, hay una gran cantidad de familias (la mayoría), que aún mantiene una alta dependencia de los salarios estatales del consumo racionado de alimentos y de los diferentes subsidios. Y lo más preocupante es que hoy en día el valor real de estos ingresos se encuentra sumamente deprimido, representan una tercera parte del valor real que ostentaban en el año 1989. En consecuencia, existe una alta proporción de la población en situación de extrema vulnerabilidad ante la llegada de una nueva crisis económica. El reto, por tanto, para la política social, y en el orden político, será enorme para el gobierno cubano.

El antes y el después del shock.

Lo más llamativo es que este es un shock que se veía llegar. Se sabía que la crisis venezolana en algún momento tendría un efecto negativo sobre la economía cubana. Sin embargo, la dependencia comercial y financiera con Venezuela se mantuvo alta y no se ha hecho lo suficiente para buscar alternativas. 

Si bien la diplomacia cubana y su política exterior, se ha movido con rapidez y toma riesgos en el restablecimiento de relaciones con Estados Unidos, en la firma de nuevos acuerdos con la Unión Europea, y en las negociaciones con el Club de París, la política económica no ha marchado al mismo ritmo; su rezago y excesiva precaución siguen sin ofrecer resultados y no ha preparado la economía para enfrentar el shock venezolano. 

La diplomacia cubana ha abierto nuevos espacios de integración internacional como alternativas a Venezuela, pero hasta el momento no se traducen en mayores flujos comerciales, financieros y de inversiones. Hay un gran interés internacional por Cuba, pero la burocracia sigue inmóvil y la preferencia por cambios graduales sigue dejando pasar importantes oportunidades.

El ajuste ante la crisis que se avecina se lo han dejado a un nuevo ministro de economía. Marino Murillo ha sido movido a su posición anterior de jefe de la Comisión de Implementación de los Lineamientos. En su lugar, se nombra a Ricardo Cabrisas, artífice de las negociaciones de la deuda externa cubana y persona más familiarizada con el comercio externo y la inversión extranjera que con los asuntos de política económica doméstica. En tanto, su aporte principal podría ser precisamente impulsar ambos elementos en momentos en que Cuba requiere buscar nuevas formas de inserción en la economía internacional.

Por ahora, la primera respuesta de la política económica al shock ha sido aplicar recortes en los gastos y en los suministros de combustibles, y fijar topes a los precios en los mercados agrícolas y en el transporte privado. La contracción de gastos es inevitable e indispensable para sostener los equilibrios macroeconómicos y financieros, pero deben acompañarse con cambios estructurales.

La peor respuesta sería aplicar solo recortes, conservar el lento ritmo de las reformas estructurales y esperar a ver si Venezuela vuelve a cumplir los acuerdos en el suministro de petróleo. En un horizonte de corto y mediano plazo, la salida de la crisis venezolana se ve con muchísimas complicaciones. Los analistas internacionales prevén una caída de 8 por ciento en el PIB de Venezuela en 2016, una inflación de 700 por ciento, una tasa de desempleo de 17 por ciento, un déficit fiscal de más del 20 por ciento del PIB y un déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos de más del 6 por ciento del PIB.

Las autoridades cubanas requieren acelerar y profundizar los Lineamientos aprobados en los Congresos del PCC y diseñar novedosos cambios a la luz del nuevo escenario internacional que enfrentará el país en los próximos años. En un entorno externo menos complicado, los Lineamientos han resultado insuficientes, se han quedado cortos en alcanzar la transformación productiva que requiere el país y las metas que se fijaron para el crecimiento del PIB. La confirmación de que Venezuela no podrá cumplir todos los acuerdos, y la agudización de su crisis económica y financiera, obligan a pensar y acelerar una nueva estrategia de inserción internacional para el país. Sin embargo, esta estrategia no está definida completamente ni en los Lineamientos, ni en los nuevos documentos aprobados en el pasado Congreso.  

La velocidad de la reforma nunca llegó a convencer; a muchos nos resultaba incompatible con la urgencia de cambios que vive el país después de más de veinte años cargando con las consecuencias de la caída del campo socialista y sin poder encontrar un modelo económico alternativo que promoviera progreso económico y bienestar. En muchas áreas de la economía se podían haber aplicado cambios más drásticos con grandes posibilidades de obtener resultados netos, suficientes y positivos. Si antes la velocidad de la reforma parecía excesivamente lenta, ahora ese ritmo resultaría un inmovilismo autodestructivo. 
   
De inmediato, las autoridades podrían comenzar por acelerar la aprobación de los proyectos de inversión extranjera pendientes, expandir la pequeña y mediana empresa y las cooperativas con nuevos tipos de licencias y participación de los profesionales, y con la apertura de un mercado competitivo y sin restricciones para el acceso a insumos y bienes de capital físico. La devaluación del peso convertible podría ser también una medida a considerar con vistas a sostener la competitividad del sector turístico, ayudar al ajuste de los equilibrios de la balanza de pagos y evitar un nuevo “corralito financiero” en los bancos cubanos. Asimismo, muchas otras propuestas de política y trasformaciones que han realizado los economistas cubanos y expertos internacionales, deberían revalorizarse en las nuevas circunstancias.

Es evidente que no se preparó de manera suficiente la economía para el escenario que se avecinaba. Toca ahora ver si las autoridades logran aplicar las medidas más inteligentes y audaces para amortiguar el shock, recuperar lo antes posible la senda del crecimiento económico, e insertar definitivamente la economía, de una manera sostenible, en los mercados globales. Si existe algún lado positivo en las difíciles circunstancias actuales sería que, al igual que en los años noventa, la crisis podría ser una oportunidad para sumar consensos hacia cambios estructurales más profundos y más acelerados. 


Nota

1. Los pronósticos se apoyan en modelos econométricos que estiman las relaciones entre un grupo de indicadores macroeconómicos en los últimos 30 años. Para más detalles de los pronósticos ver Cuba Standard Economic Trend Report, segundo trimestre, 2016.

Innovaciones agropecuarias sorprendieron a la población de Cienfuegos

El Programa de Innovación Agropecuaria Local exhibió en esa provincia del sudeste cubano los resultados más prominentes de los últimos años.

La innovación agropecuaria local es de vital importancia para un país donde se importa alrededor del 80 por ciento de los alimentos.
La innovación agropecuaria local es de vital importancia para un país donde se importa alrededor del 80 por ciento de los alimentos.
Foto: Cortesía de PIAL
Cienfuegos, 22 jul.- Dailín López y sus vecinos recibieron una agradable sorpresa al encontrar que una concurrida zona de la principal avenida de su ciudad estaba colmada de productos alimenticios y artesanías.
“Nunca había visto algo así, tantos productos y variedad para comprar”, comentó a la Redacción IPS Cuba la joven que reside en esta ciudad, a 232 kilómetros al sudeste de La Habana.
PIAL: una mirada a lo local  Bárbara Benítez, coordinadora nacional de Eje de Género del PIAL, explicó que entre los principales resultados obtenidos por la iniciativa figuran “el aumento de la diversidad de granos, tubérculos, hortalizas y el mejoramiento animal en los municipios donde se ejecuta el proyecto”.Refirió además que han “generado nuevos empleos para mujeres y hombres acorde a sus intereses, sobre todo en zonas rurales”.La especialista aseguró que la iniciativa también apuesta por “recuperar la cultura agraria, a través del intercambio entre productores y productoras de experiencia y las nuevas generaciones”.
“Hay que esperar a probarlos, pero lo que compré parece bueno y los precios están asequibles”, acotó.
El Paseo del Prado cienfueguero acogió el Festival Nacional del Programa de Innovación Agropecuaria Local (PIAL), un proyecto de agricultura ecológica y participación campesina que desde 2000 emprende el estatal Instituto Nacional de Ciencias Agrícolas (INCA)con el apoyo de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación.
La actividad, efectuada el 15 de julio, permitió “dar a conocer los resultados recientes, intercambiar experiencias entre productoras, productores y la población”, explicó en la inauguración, Bárbara Benítez, coordinadora nacional del Eje de Género de la iniciativa.
Según la especialista, la convocatoria instó a “presentar las nuevas variedades de granos obtenidas, ejemplos de productos elaborados en mini industrias, vinos, vinagres, pienso (comida) animal, artesanías y otras innovaciones de los diferentes territorios”.
 Los vinos y vinagres tuvieron gran aceptación por parte de la población cienfueguera.
Los vinos y vinagres tuvieron gran aceptación por parte de la población cienfueguera.
Foto: Cortesía de PIAL
El espacio, organizado por el grupo PIAL de la provincia sede, contó también con representantes de Pinar del Río, Mayabeque, Sancti Spíritus, Villa Clara, Holguín, Las Tunas y Granma.
La población mostró su regocijo por la variedad de productos, algunos nunca vistos en esta ciudad marina.
“En otras ocasiones, han hecho ferias con vendedores de otros municipios, pero ahora nos han traído conservas y artesanías que no se ven por aquí”, remarcó Dailín López, de 31 años.
Por su parte, Caridad González tuvo la oportunidad de degustar vinos aromatizados, vinagres y mermeladas, que calificó de “excelentes”.
“No sé quién organiza esto, pero ojalá lo hicieran más seguido porque todo está sabroso”, dijo la mujer, de 54 años.
Otras personas llegaron al lugar en busca de ofertas que contribuyeran a una alimentación más sana.
Además de las representaciones del PIAL, en el festival participaron organizaciones e instituciones que apoyan la innovación agropecuaria a escala local.
Además de las representaciones del PIAL, en el festival participaron organizaciones e instituciones que apoyan la innovación agropecuaria a escala local.
Foto: Cortesía de PIAL
“Se acabaron rápido los productos agroecológicos”, espetó una mujer frente a las tarimas.
Integrantes de PIAL observan un aumento de una cultura alimentaria sana de cubanos y cubanas, pese a la escasez de ese tipo de productos en establecimientos estatales y privados.
Intercambiar para crecer
Algunos criterios de las personas participantes en el festival insistieron en la importancia de crear más espacios para socializar conocimientos y experiencias.
Al respecto, el médico veterinario Gregory Valdés valoró que “lo mejor fue compartir los resultados obtenidos, mostrar la diversidad de acciones y visibilizar el trabajo realizado en diferentes localidades del país”.
Además comentó que la actividad posibilitó un acercamiento a la comunidad, que “así puede conocer más sobre el esfuerzo de los productores y las productoras para garantizar alimentos, fabricar conservas, confeccionar artesanías y rescatar maquinarias agrícolas”.
Las población instó a realizar festivales o ferias con mayor frecuencia.
Las población instó a realizar festivales o ferias con mayor frecuencia.
Foto: Cortesía de PIAL
A su juicio, “es una oportunidad única, porque accedes a los productos y el conocimiento de primera mano, sin intermediarios”.
“Tienes frente a ti al agricultor o agricultora, quienes pueden explicarte las propiedades de los alimentos, cómo se elaboran, cómo se trabaja en familia, entre otras cuestiones interesantes”, precisó Valdés, 34 años, profesor universitario y coordinador provincial del Eje de Jóvenes de PIAL, en Sancti Spíritus.
Por su parte, Sonia Fonseca, especialista del departamento de cooperación internacional de la no gubernamental Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, consideró que “los festivales o ferias son medidores importantes para identificar qué productos tienen más demanda en la población”.
En el Festival Nacional del Programa de Innovación Agropecuaria Local también se entregaron reconocimientos a familias y mujeres destacadas en la innovación agropecuaria local y a organizaciones que han acompañado esos procesos. (2016)