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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz
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miércoles, 5 de julio de 2023

Soluciones (lo que pienso)

Segunda Cita

Por Antonio Díaz Medina*

Motivado por lo publicado en ¨Segunda Cita¨**, el blog de Silvio Rodríguez, y por la Cuba de hoy, donde por fin se habla de ¨soluciones¨, más que de ¨problemas¨, escribo esto que sigue.

Lo primero: dejar establecido qué es socialismo, y después, cómo sería en las condiciones cubanas. Si esto no preside las ¨soluciones¨, no llegaremos a estas. Llevo unos 20 años enfrascado en esta necesidad.

Socialismo es poder político y económico de la clase trabajadora toda, de los asalariados, entre los que hay imprescindibles diferencias. Su economía es la que objetivamente hereda del capitalismo con los cambios necesarios y suficientes para garantizar ese poder: control por el estado de la banca, los medios de producción claves: energía, comunicaciones, transporte, salud pública y educación. Incluso en estos sectores y en el resto de la economía, con participación del sector privado (nacional y foráneo), tanto heredado como creado por la nueva sociedad.

Socialista es todo el que participa en nuestra sociedad, a la que pertenece enteramente. Ponerle otro cartel a cualquiera de los actores mencionados, va contra ella misma, contra su unidad y por tanto es contrarrevolucionario. Esto no quita, sino presupone, que la sociedad va enrumbada, intencionadamente, hacia todos los ideales de la civilización de hoy: bienestar para todos (con las diferencias objetivas que tenemos los seres humanos); democracia (sin apellidos, pues jamás hemos tenido nada parecido a esto, sólo pretensiones, pues será alcanzada en una sociedad sin clases cuando allí lleguemos); planeta Tierra sano; ciencia y tecnología de crecimiento galopante; diversidad maravillosa y sabia.

Cuba es un caso particular, como cada uno. El compañero Fidel Vascós hace un buen resumen, que llama ¨Socialismo de Estado¨. Yo no le pondría apellido. Confunde más que aclara. Su explicación sí es pertinente, que resumo en: concebir a la nueva sociedad como propiedad estatal universal. Entré a la Facultad de Economía en 1972 y los folletos con las ¨Conferencias¨ de cada asignatura debieran ser objeto de estudio, para tener una evidencia sólida de los disparates económicos aplicados, que resumo en ¨voluntarismo pequeñoburgués¨ y, en este caso, defiendo el apellido a como dé lugar.

La participación del espíritu pequeñoburgués en las revoluciones, y los estados que de ellas emergen, es clave para entender esta tendencia absurda, no objetiva, basada más en la envidia que en el acervo de conocimientos de la humanidad sobre el socialismo, para entender qué hacer en esta sociedad y aplicarlo. Las evidencias de esto en los procesos democrático-burgueses, más o menos ¨progresistas¨, son claras. Para los que no tienen muy bien definido el tema, pues los pequeño-burgueses como clase, yo incluido, tenemos como meta llegar a ser burgueses: más capital, sencillamente. Esto no excluye, sino que presupone, que muchos de ellos asuman como propios los intereses del pueblo trabajador y den la vida por defenderlos. Ejemplos abundan. El primero y que más me impactó fue el de Engels. Aquí, en el patio, pues incontables. Se trata de seres humanos.

Pretender definir a un individuo exclusivamente por la clase en que se desarrolló es tan mediocre y peligroso como definirlo por sus padres. La única vara fiable son los hechos, su vida. ¿Que los orígenes importan?, pues sin objeciones; a veces incluso para ponderar su grandeza al constatar que lograron pararse sobre su clase y trascender hacia la condición de revolucionario.

La clase trabajadora, como clase, yo también incluido, no tiene envidia de la burguesía. De hecho lo que persigue es eliminarla finalmente, pero cuando sea posible, lo que parece tomar mucho tiempo; tanto, que no es posible predecirlo y menos proponérnoslo para dentro de 20 años, como Fidel Vascós nos recuerda que hizo la desaparecida URSS.

Todos sabemos que hay obreros envidiosos y pequeño burgueses entregados y tremendamente humanos. No hablamos de seres humanos, sino de clases sociales que estos integran, del espíritu pequeñoburgués.

Como comprenderán, soy tanto asalariado como cuentapropista. Creo, aspiro, a que los 50 años como asalariado pesen más. Compartirles que mantengo una ¨vigilancia¨ permanente al respecto.

Ah, si me explico: todos somos socialistas: asalariados, cuentapropistas, empresarios privados, capital extranjero invertido. Que pertenecemos a clases diferentes no nos hace más o menos socialistas, pues todos aportamos a la misma sociedad. ¿Que hay que estar claros de estas diferencias clasistas?, sí; no hay de otra, empezando por los sindicatos.

Volviendo a Cuba: hay que revertir los resultados de la ¨Ofensiva Revolucionaria¨ del final de los años 60. Ya hemos avanzado en este camino, aunque todavía el mercado sigue satanizado. Pero hay algo mucho peor con relación a esta forma milenaria de relacionarnos económicamente: lo tenemos bloqueado, no rige incluso lo primario de este sistema: el dinero. Tiene que haber un solo tipo de cambio para poder arreglar la economía. Las consecuencias de todas las medidas que se han tomado a lo largo de estos años, sobre todo los 3 últimos, son nefastas, lo que no hay que demostrar. Pero duele que las peores afectan nuestra razón de ser como sistema socio-económico: el pueblo. De contra, lo que se pretende arreglar, el sector estatal, sufre igualmente.

Si la economía toda no se ajusta y funciona sobre la base del tipo de cambio del mercado, pues todo queda patas arriba para entender y funcionar en la economía. Las decisiones todas están basadas en datos y en hechos distorsionados. No es difícil entender el problema y las consecuencias. Un análisis que logre sintonizar el tipo de cambio real del peso cubano, tanto con relación a las divisas como al famoso MLC, nos sorprendería a todos.

Una consecuencia ¨ideológica¨ del tema es igual de dolorosa. Llamamos al capitalismo ¨sociedad de mercado¨. Los ideólogos que lo defienden se regodean de gusto; nosotros mismos les colgamos el ¨San Benito¨. De gratis ya no son capitalistas, no es una sociedad cuya esencia es el capital y su condición de explotación del hombre por el hombre.

De paso, otro problema ¨ideológico¨: como tenemos que utilizar el mercado, dejarlo funcionar en nuestra sociedad socialista, pues hacemos que esto signifique ¨tener al enemigo dentro¨. ¿Que el mercado genera el vicio del enriquecimiento a toda costa en muchos?, es una verdad incontestable hasta hoy. ¿Que tenemos que domeñarlo para ponerlo al servicio de las mejores causas del socialismo?, igualmente. ¿Que nos hace falta para llegar al comunismo?, está más que probado, nos guste o no. Se entiende mejor en este punto lo que decíamos más arriba sobre lo que es socialista y que no.

El primer símil que me vino a la mente para ejemplificar esto es el cuchillo. Este instrumento, al igual que el mercado, es muy útil, en manos de un campesino, por ejemplo, es imprescindible, desde cortar hierba, limpiar las botas, hasta para pelar una caña. En manos de un asesino en serie…. pues ya tenemos un serial o película de acción o terror. En manos que no sepan utilizarlo, es muy probable que no logre el propósito o se corte el que lo blande, incluso puede herir a los que están a su alrededor. Hay que cogerlo por el cabo, con firmeza y sin miedo, con total convicción y propósitos claros. Igual hay que asumir al mercado.

Agregar aquí otro problema, no menos serio, ya mencionado en parte en el ejemplo de Fidel Vascós en la URSS. El comunismo es la ¨visión¨ de la sociedad socialista. Esto en teoría organizacional y marketing vale como ¨a donde queremos llegar¨. Pero hoy de lo que se trata es de la ¨misión¨ que estas teorías significan en el ¨qué hacer¨ ahora para mejorar. Empeñados en ¨construir el comunismo¨ desde el inicio, pues logramos exactamente lo contrario, y todos conocemos el dicho de marras: ¨de buenas intenciones…¨.

Lo más paradójico de todos estos errores o desviaciones de lo que la práctica de más de 100 años nos ha demostrado, y Deng Xiao Ping y la Moi Doi vietnamita nos ratifican, es que en el camino voluntarista de llegar al comunismo nos volvemos de espaldas a los trabajadores, al pueblo. Perdemos la brújula, que no puede ser otra que los intereses genuinos del pueblo, su bienestar. Estos objetivos se posponen interminablemente y, con ello, la dirección del país pierde el rumbo socialista y se construyen hoteles que no tendrán uso en años, a pesar de que el nivel de ocupación de las habitaciones en el país no rebasa el 50% desde el 2017, 3 años antes de la pandemia. No encuentro ejemplo más elocuente, aunque hay otros.

De varias maneras muchos compañeros se refieren a este absurdo empeño de poner la ¨ideología del proletariado¨ por delante de la clase que defiende, representa o pertenezca. La mal llamamos ¨marxismo-leninismo¨, con lo que no comulgo, pues considero que utilizar el nombre de los fundadores de esta filosofía, fundamento de nuestra forma de pensar y hacer, no es lo idóneo pues ellos no crearon una religión, simplemente entendieron como funcionaba la sociedad donde vivieron, su esencia explotadora y comprendieron el papel que la clase obrera jugaría en el necesario cambio. Le llamo materialismo dialéctico. Este último sí es de hoy, conoce y asume las conclusiones de hace más de un siglo, pero de cara a las realidades del mundo actual.

Defender a ultranza lo que dijo Marx a mediados del siglo XIX es tan anti materialista y anti dialéctico como cualquier religión.

Si pensaron que iba a dar ¨todas las soluciones¨, pues se engañan, como yo mismo lo he hecho, hace años, cuando tenía menos experiencia y vivencias de nuestra sociedad. Trato, intento incluir a las soluciones que nos demos, el punto de partida, premisas o simplemente lo primero a resolver. Espero que esto ayude. En mi caso, para ayudarme a mí, pues necesitaría todo análisis, crítica de los que lean esto, si creen que merece la pena.

He hecho varios escritos con propuestas de qué hacer. En este camino, lo segundo, pues ¨sacudir la mata¨. Para esto hay dos vías. La que considero mejor, más eficiente y efectiva, es llevando a todos los cuadros del país a la situación que siempre han debido tener: vivir bien cerca del standard de vida de la media de nuestro pueblo. Sin extremismos, pero con firmeza en el empeño, deshacer cuanto privilegio, nepotismo o injusticia se haya cometido.

Sé que esto puede verse como extremista. Es el reclamo de la población hoy.

Las excepciones, por razones de seguridad, serían estrictamente temporales: mientras se ocupe el cargo que las exijan, que serían el Presidente de la República y… no se me ocurre nadie más. Siempre he sugerido leerse ¨El Estado y la Revolución¨, de Lenin. Sigo escribiendo algo que di en llamar ¨La Revolución y nuestro Estado¨, pero lleva tiempo que no sobra.

En paralelo, y teniendo en cuenta los resultados que se vayan teniendo con la primera medida, desmontar al menos el 50% del aparato burocrático del Partido, el Estado y el Gobierno en todos los niveles. Es un hecho incontestable que hay personal redundante en todos los casos. Lo más importante de esta medida es poder disponer de una cantidad importante de cuadros y compañeros con experiencia para que trabajen en la base, directa y permanentemente, que es donde hace falta y donde la Revolución se juega la vida.

Por ejemplo, el problema del transporte es endémico en nuestro país, hoy más deprimido que nunca. En los años 70, cuando se transportaban en La Habana más de 3 millones de pasajeros a diario en el transporte por ómnibus, pero aun así andábamos muchos de nosotros colgados por fuera de ellos, un compañero, muy ocurrente y de inteligencia aguda, hizo esta propuesta: ¨si me hacen Ministro de Transporte, lo primero que hago es reunir a todos los cuadros del ministerio para informarles que por todo un año no tendrían más carro asignado, incluido el mío¨. El compañero decía que esto no garantizaba que el transporte mejoraría de hoy para mañana, pero que sí aparecerían las ideas y decisiones, que se aplicarían con total inmediatez, para resolver el problema. Está por ver si este es el camino.

Lo que sí parece una cualidad obligada en una sociedad socialista es que sus dirigentes vivan igual al pueblo al que se deben, que fue el que los puso en los cargos que ostentan. No hay que copiar mucho aquí del capitalismo de donde venimos y con el que coexistimos. De hecho, algún que otro político capitalista da prueba de esta forma de servir a la sociedad. En la Etiopía capitalista y pobrísima, donde trabajé por 5 años, ni un ministro tenía permitido llevarse un auto estatal para su casa; menos aún tenerlo al servicio de su familia.


1º de julio, 2023
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* Antonio Díaz Medina: 70 años. Nacido en familia obrera, textilera Ariguanabo, Bauta. Graduado en Economía en 1977, MSc. en Turismo en el 2021. Diplomático por más de 20 años, mayormente en África y Medio Oriente. Subdirector o Vicepresidente del Grupo Havanatur por 10 años. Profesor en la Facultad de Turismo ya por 13 años hasta hoy. T.C.P. cuentapropista por 6 años: Gestor de Alojamiento. Militante de la UJC desde los 14 años y del Partido desde los 26.


** Se refiere a la entrada de Fidel Vascós "Repensando el socialismo", publicada en este blog el LUNES, 26 DE JUNIO DE 2023.

martes, 15 de junio de 2021

¿A dónde va Cuba?

Por Antonio Díaz Medina | 12/06/2021 | Cuba
Fuentes: Rebelión

Nuestros objetivos a corto, mediano y largo plazo no están claramente definidos para el pueblo. No basta con que mantengamos el poder, la Revolución, hay que dar resultados concretos en la economía en primer lugar.

Tiene que saberse cuando el salario mínimo podrá cubrir las necesidades básicas de una familia, cuando acabará la crisis de sub-producción que no permite ofertar al pueblo todo lo que necesita para una vida decorosa y un mejoramiento de las condiciones de vida. Es imprescindible saber cuándo las jubilaciones recién aprobadas tengan el poder de compra que tenían anterior a las medidas. En fin, darle las esperanzas concretas que el pueblo demanda y necesita.

Tal parece que vivimos dando vueltas y vueltas y llegamos siempre al mismo lugar. Hay que definir la dirección de nuestros pasos, de nuestras acciones, de nuestras estrategias, de nuestras leyes, de nuestras políticas.

Para ello se requiere primero saber qué somos, en qué situación estamos, con qué contamos, para el camino y para llegar al objetivo.

Somos una sociedad socialista, pero aquí está el primer y principal problema a resolver. ¿Qué cosa es un país socialista? La teoría dice que es una sociedad en transición del capitalismo al comunismo, donde todavía no están creadas las bases objetivas para este último y se requiere deshacerse de las del primero.

La palabra transición tiende a confundir. La mayoría de los entendidos la asume como que no es algo firme y establecido, sino como un paso, hacia el objetivo final, que por tanto debe darse con la mayor rapidez posible. Algo así como el momento en que la mariposa rompe y sale de la crisálida. Grave error. La sociedad socialista es una forma de gobierno, economía, hecha y derecha y que, si es transición, no lo es más que la capitalista que me parece más una transición menos estable y consolidada que el socialismo.

La nuestra es una sociedad que se construye con una buena dosis de participación consciente de sus habitantes, sus fundamentos fueron llamados incluso socialismo científico. Pero de aquí surge otro importante problema, esto hace pensar a muchos que ya los seres humanos hemos conquistado el control absoluto de la naturaleza, incluida, en particular, la humana. Nos parece una presunción arrogante y nociva. Los seres humanos somos cada vez más conscientes, conocedores y en posesión de mejores instrumentos para conocer más y aumentar nuestra acción sobre la naturaleza toda, pero se trata del camino infinito por el que hemos y seguiremos transitando a través de toda nuestra existencia.

La sociedad socialista permite un mayor control del devenir, pero no total, menos aún prescindir de lo que no podemos dominar. Por ejemplo, el desarrollo de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción. Todos los intentos de socialismos que han pretendido prescindir totalmente del gran capital y de la media y pequeña empresa privada, han fracasado. Lo han hecho siguiendo, ideológicamente, el objetivo de su desaparición a ultranza. Esta ideología ha fracasado por no tener fundamento objetivo, por pretender estar por encima del materialismo dialéctico, asumiendo que las ideas ya pueden prevalecer sobre la realidad objetiva, aún sin que existan las condiciones objetivas para ello.

Socialismo no es comunismo, por más que este sea su ¨visión¨ a largo plazo, para utilizar términos organizacionales. Mucho menos es su visión a corto plazo que, por el contrario debe consistir en la consolidación de una economía y sociedad donde coexistan: el poder obrero-campesino; la planificación; el mercado funcionando a plenitud, en armonía con la planificación y al servicio de los objetivos de la sociedad; los sectores económicos principales por este orden: estatal, cooperativo, privado. Este último compuesto por el gran, mediano y pequeño capital cuya burguesía no puede funcionar como clase para sí, y está al servicio de los objetivos del socialismo y la clase en el poder, la alianza obrero-campesina.

Para los países que habían logrado la toma del poder y aplicaron la abolición del capital y la pequeña burguesía, están obligados a rescatar y devolver el importante papel que juegan el capital nacional y extranjero, léase inversión, en la nueva sociedad, tal y como han hecho China y Vietnam y tiene que hacer Cuba cuanto antes. La dirección política de ambos países reconoció el fracaso económico que eran y que el socialismo no solo era buenas ideas sino la garantía de una vida mejor ahora y mejorando constantemente hacia el futuro. Impedir esto es el objetivo de la brutal guerra económica de EE.UU. contra Cuba, objetivos idénticos contra Venezuela, contra cualquier gobierno de izquierda, sea Allende en Chile o Evo en Bolivia. Es su cruzada para intentar impedir lo indetenible, incluso en su propio país.

Para los nuevos países que logren el triunfo del socialismo, tiene que quedar claro, como ya parece están los que en América Latina luchan por llegar al poder, que se tiene que preservar mucho del sector capitalista que sea imprescindible para el funcionamiento de la economía y para el proceso de dominio de la gestión económica del sector estatal que ya exista o que se adicione con las nacionalizaciones imprescindibles que permitan consolidar el poder político de la nueva clase dominante, la obrera.

La práctica ha demostrado que no es posible prescindir totalmente del capital, tanto nacional como extranjero. Que este, para sobrevivir, tiene que aceptar funcionar con la condición de renunciar a la condición de clase para sí. Esto es bien fácil de decir, pero todos sabemos cuánto de lucha política, incluso cruenta, se requiere para lograrlo, pero las tendencias objetivas y cada vez más irreversibles hacia el socialismo en todo el mundo, lo harán más viable con el tiempo.

Hay que contar con el capital en el socialismo porque el desarrollo de las fuerzas productivas, lo exige. No se trata solo de los medios de producción desarrollados, sino de los actores que los hacen funcionar, que los hacen crecer. Más aún, se trata de hacer producir eficientemente lo que ya está funcionando, algo que resulta relativamente fácil, más importante aún de mantener y desarrollar el emprendimiento económico, incluso por encima de lo que este logra en el capitalismo. Hablamos del desarrollo y la expansión de la innovación, de la tecnología, ahora con otros objetivos y por tanto con mayor fundamento social, ambiental, de atemperar el objetivo lucrativo a las nuevas condiciones, realidades que reclaman un impacto social, no individual. Estamos hablando de mejoras sistemáticas y profundas de las condiciones de vida del pueblo, no de las minorías privilegiadas.

Se trata, en fin, de rescatar la NEP de Lenin, la reforma liderada por Deng Xiao Ping y la Doi Moi vietnamita, y adecuarlas a nuestras realidades creativamente, decididamente. Se trata de la política de Evo y Arauz en Bolivia, del intento de Correa en Ecuador, de evitar los errores similares a los nuestros en Venezuela.

Porqué escribo esto hoy, puede preguntarse el lector. Todavía leo y escucho a dirigentes del país a todos los niveles, hablar de las dañinas consecuencias del ¨mercado¨, satanizando al instrumento imprescindible que hemos usado sin interrupción estos 60 años y ahora tenemos que usarlo más consecuentemente con su valor y utilidad para salir de la crisis económica crónica, que hemos tenido y ahora se ha multiplicado, en que estamos. Seguimos satanizando al falso enemigo llamado mercado, error ideológico y político de gran magnitud, pues le regalamos a la burguesía el encubrimiento del verdadero enemigo, el capital, mientras este pretenda ejercer el poder omnímodo del que disfruta como clase para sí.

Cabría preguntarse por qué la propaganda contra Cuba siempre nos llama comunismo. No estamos ahora en la época en que Marx y Engels lo llamaban ¨fantasma¨ que recorre el mundo. No, ahora lo utilizan de ¨espantapájaros¨ pues conocen de los fracasos, sobre todo económicos, archiconocidos de todos los socialismos que han pretendido llegar al comunismo de la noche a la mañana. Esto está bien posicionado en la conciencia global. Lo utiliza ahora mismo la derecha neofascista, y su apoyo extranjero, contra el candidato de la izquierda en Perú.

El socialismo, como término, también tiene una historia que lleva a confusión a muchos, pero cuenta con ejemplos muy positivos que compensan su imagen para el pueblo. Una imagen que mejorará sostenidamente con los ejemplos de China y Vietnam y que el ¨socialismo del siglo XXI¨ debe aumentar si aquellos dos países son consecuentes con su esencia socialista tanto nacional como internacionalmente y si este nuevo concepto de socialismo se revela como el sistema viable, tanto económica como políticamente, que se necesita.

Para Cuba es vital entender estas realidades sobre el modelo de economía, de sociedad socialista que combina al sector estatal con el cooperativo y privado, nacional y extranjero, funcionando bajo la égida combinada de la planificación con pleno mercado al que no podemos seguir satanizando, so pena de que no funcione con el alcance y la eficiencia que es condición necesaria para el vuelco que el país necesita en su economía. Esta es su contribución internacional más importante ahora al mundo, más importante que la de los valientes y abnegados médicos y enfermeras que combaten los más peligrosos males de salud en decenas de países.

Se crean así las bases para los cambios que en paralelo demanda nuestra sociedad en lo social y lo político. Se convierte en el proceso donde poder aprender lo necesario para perfeccionar nuestra democracia, nuestro sistema político, de dirección, de participación. Nos enseñará lo necesario de pensar y hacer de abajo a arriba, de entender que la vida se hace, se construye y se desarrolla en la base, desde la base, del pueblo. Nos hará ver lo necesario de deslindar funciones de dirección, organismos que la ejercen y los actores que la ejecutan, que no pueden ser los mismos en cada función de dirección, pues se convierten en jueces y parte de los procesos de dirección y gestión de la sociedad. Nos hará ver con claridad que la dirección de una sociedad socialista tiene que concentrarse en ¨dejar hacer¨, en crear condiciones para que los de abajo produzcan, creen, emprendan, y sean los protagonistas de la Planificación, entendida como la conciliación de todas las voluntades del país hacia los objetivos trazados por ese mismo país, por su pueblo.

Y este vuelco es imprescindible también para cambiar de una buena vez la imagen negativa que aún hoy puede utilizar el enemigo de clase para emponzoñar el único futuro viable que tiene la sociedad humana si quiere salvar al planeta que le sirve de hospedero, el socialismo.

jueves, 8 de abril de 2021

Bloqueo norteamericano y reforma económica en Cuba

 Por 

Bloqueo - economía

(Foto: Yana J. Paskova)

Una reforma económica profunda en Cuba es impostergable. Aunque tarde, con una aplicación lenta y en las peores condiciones, ya está en marcha. Para entenderla y, sobre todo, aplicarla consecuentemente, debemos tener claro a dónde queremos llegar, cuál es la meta. El proceso está en marcha, pero todavía parecen prevalecer los miedos.

La eliminación de la dualidad monetaria y cambiaria parece aplicarse con el rigor necesario, con errores –en precios de algunos bienes y servicios, nivel bajo en salarios de algunos sectores y en ciertas pensiones de jubilados– que revelan defectos de planificación y la debilidad del sistema de dirección en la base, acostumbrado a recibir y cumplir orientaciones superiores y a no generar ideas ni soluciones. También demuestran la imposibilidad de preverlo todo en economía.

Por otro lado, alcanzar la independencia económica de las empresas no marcha al mismo ritmo. El proceso lleva más de 25 años, desde el llamado Perfeccionamiento Empresarial, y ha devenido en ejemplo de burocratización y desnaturalización de una tarea. Este «perfeccionamiento» dejó como legado varias malformaciones económicas que han sido estudiadas y descritas por economistas cubanos.

  • Se mantienen las organizaciones superiores de dirección empresariales, las llamadas OSDE, creación artificial de los órganos de dirección central consistentes en conglomerados de empresas con similitud o no. En sus inicios, pretendían separar las funciones estatales de las administrativas, pero se han convertido en la práctica en una suerte de pequeños ministerios, lo que ha multiplicado los órganos con funciones estatales, en lugar de reducirlos.
  • Se ha eliminado en varios sectores la competencia necesaria entre empresas, y con ello, se ha socavado el incentivo a la calidad.
  • Se ha perfeccionado el control central en lugar de dar mayor autonomía a las empresas, muchas de ellas convertidas en unidades de base (UEB), con menores posibilidades de autogestionarse.

El desarrollo del sector privado sigue avanzando, ahora con la nueva «lista negativa» que establece las actividades prohibidas para ejercer como cuentapropistas. Existen limitaciones en algunos sectores como en el turismo, pero sobre todo quedó cerrada la posibilidad de que se incorporen al trabajo privado los profesionales más capacitados en su calidad de tales, otra muestra de aplicación mediatizada de la reforma.

La inversión extranjera se libera progresivamente, regulación a regulación, pero también se ve sesgada por el tamiz de la cartera de proyectos que por cada sector se ofertan al potencial inversionista. La ventana única, aplicada aquí y pensada también para el sector privado local, debe mejorar en cuanto a lo referido a desburocratización.

Entre los pendiente, uno de los más importantes sigue siendo la Ley de Empresas. Las palabras del viceprimer ministro y ministro de Economía y Panificación, Alejandro Gil, han creado expectativas al respecto, como comenta el economista Juan Triana. Sin embargo, de nuevo se respira el temor o la predisposición ante la necesidad imperiosa de la economía cubana de un despegue vigoroso de la micro, pequeña y mediana empresa –privada, cooperativa, estatal o mixta– con total independencia y apoyo para ser gestadas y desarrolladas.

Por tanto, el desarrollo vietnamita no estuvo condicionado por sus relaciones con EEUU. Es un error culposo decir lo contrario. Por ello, considero corresponde en nuestro caso hacer una reforma económica en toda su plenitud. EEUU hará lo que considere necesario, pero habríamos comenzado el camino al desarrollo sin su participación y a pesar del bloqueo.

Otra idea que he visto esgrimir es que el levantamiento del bloqueo norteamericano a Vietnam fue una forma de aprovechar la confrontación de esta nación con China. Los hechos históricos no confirman esa idea.

Fue en 1979, a raíz de la invasión vietnamita a Cambodia, principal aliado chino en el área, que se produjo el ataque de China a través de la frontera común. Vietnam liberó a Cambodia del infierno de Pol Pot, lo que constituye un mérito inmenso –otro más– de su pueblo y fuerzas armadas. La invasión comenzó en 1978 y las tropas se retiraron del país en 1989. El restablecimiento de relaciones entre Hanói y Washington fue en 1995, seis años después.

Vietnam demostró en 1979 que no necesitaba de nadie, menos a EEUU, para detener a China en la misma frontera. Relacionar el levantamiento del bloqueo norteamericano con una necesidad de Vietnam para poder contener a su poderoso vecino es, cuando menos, otro error culposo. Actualmente China es un país distinto y seguramente no tendría la relación estrecha con un régimen como el de Pol Pot.

En mi opinión, por esencia socialista, China no persigue la expansión ni tiene cualquier otra de las características que emanan de un estado imperialista. Considero que lo viene probando a cada paso.

Los intereses estadounidenses para levantar el bloqueo económico y establecer relaciones con Vietnam al año siguiente, fueron diversos. Incluso, pueden tener relación con su política hacia China, pero parecen más cerca del reconocimiento del despertar de Vietnam y las posibilidades económicas, comerciales, estratégicas y políticas que de ello podrían derivarse.

Cuba más allá del bloqueo

El bloqueo a Cuba es cruel y constituye en la práctica una guerra económica, pero no es la única causa de nuestros problemas, aunque los agudiza profundamente. Está en nosotros, en nuestra capacidad e inteligencia, salirnos del hoyo económico que nos hemos cavado en estos años y que le permite a EEUU presentarnos como la economía fallida que de hecho somos.

La economía cubana no solo requiere reformar sus métodos de dirección, sino emprender cambios con profundidad y sin miedos. Es importante también mostrar firmeza ante la corrupción y la ineficiencia, sin importar de dónde venga esta. Muchos podrían estar agazapados para dar el zarpazo «cuando venga el capitalismo».

El éxito es posible y la historia nos da evidencias, no sólo las de Vietnam y China. Esta última acaba de anunciar al mundo lo que pocos –ningún país de sus dimensiones– han logrado: sacar a toda su población de la pobreza. Pero estos son ejemplos extranjeros. Muestra del potencial que podemos alcanzar la tenemos en los resultados de los candidatos vacunales contra la Covid-19, que no dejan dudas del desarrollo científico del país, sobre todo en la industria bio-farmaceútica.

Pero ni la medicina ni la biotecnología son las únicas ciencias desarrolladas en el país. Las ciencias sociales producen conocimiento práctico constantemente, entre ellas la economía enfocada en la logística, la gestión de empresas, la teoría organizacional. El problema radica en que muchas veces se desconoce lo que sus investigaciones concluyen y proponen.

Una parte de esas medidas y acciones concretas propuestas están incluidas en los documentos rectores de la estrategia que actualmente se aplica. Quizás no figuren en el orden necesario, ni con la prioridad e intensidad requerida, pero deben avanzar inexorablemente, so pena de agravar aún más la crisis crónica de sub-producción, que se ha agudizado con la pandemia y el recrudecimiento del bloqueo.

Las muchas investigaciones producidas en nuestros centros de conocimiento, en particular las hasta ahora preteridas del campo de la economía, articuladas y aplicadas con creatividad y voluntad política, deben constituir el marco referencial científico sobre el cual se apoye la reforma económica que necesitamos para avanzar en la senda del desarrollo con o sin bloqueo.

domingo, 18 de octubre de 2020

Ideas para la nueva época del turismo en Cuba

ANTONIO DÍAZ MEDINA ,Cubarte.Temasv16 Oct 2020

"...necesitamos ideas que potencien acciones concretas para adaptarnos a la situación creada por la pandemia..."

Hemos analizado antes la situación del turismo por el impacto de la Covid-19. Pero también necesitamos ideas que potencien acciones concretas para adaptarnos a la situación creada por la pandemia, aún en pleno auge a nivel mundial, con rebrotes en los principales mercados emisores de Europa, América del Norte y del Sur y la cercanía de una vacuna que no será aplicada antes de enero del 2021, en el mejor de los escenarios.

Hacer pronósticos de la demanda parece un ejercicio intrascendente ahora mismo, por lo incierto del escenario creado y su evolución a corto plazo. El turismo es un fenómeno social en pleno desarrollo, creciente, y parte ya de la cultura humana. Hay que asumirlo como tal, más allá de los beneficios económicos que engendra y entraña. Pero es también un negocio demasiado importante e imprescindible que se debe salvar.

Como negocio, ocupa a la décima parte de la fuerza de trabajo empleada en todo el mundo. Había sido una industria siempre creciente por varias décadas, que la crisis actual ha parado en seco. De la pandemia, sin embargo, saldremos, cambiados en nuestra apreciación del riesgo de salud al que estamos expuestos, pero confiando en la capacidad humana para amortiguar su impacto y reducirlo a los niveles mínimos en que se han podido confinar otras enfermedades, incluso más letales.

El proceso será lento, pero no hay que reinventar el turismo. Hay cambios temporales profundos en los turistas potenciales. El ser humano, al margen de todos los daños psicológicos que causan el enclaustramiento, la ausencia prolongada de la socialización, solo posible en muchos casos por vía digital, ha saboreado, no obstante, el placer de la introspección, de pensar en todo, incluidos los viajes y el turismo. Las conclusiones son tantas como las cabezas en que tienen lugar, pero las tendencias tienen que ser más humanas e inteligentes. La reclusión fortifica la necesidad de salir y viajar, pero debe ser de forma cada vez más segura y gratificante, lo que significa un turista más exigente no solo en seguridad sanitaria, sino en sus expectativas, en las experiencias que espera tener en el destino.


Es necesario reactivar la demanda potencial enorme que se había logrado hasta el pasado año, pero no haciendo lo mismo, sino aplicando políticas y acciones que canalicen o despierten el deseo de viajar ya consustancial a la civilización. Esta reactivación de la demanda, impulsada irresponsablemente en Europa, dentro de EE.UU. y en otros mercados y destinos, para salvar la economía en medio de la pandemia, creó rebrotes que solo dañan al turismo, lejos de salvarlo, pues reforzaron la certeza de que el turismo es uno de los vectores de transmisión de la enfermedad, nada positivo para su recuperación a mediano plazo.

Su recuperación requiere modelos de operación que garanticen la seguridad de salud, tanto en origen como en destino. Es posible hacerlo donde haya condiciones objetivas probadas en ambos extremos del viaje, analizando qué mercado emisor y para qué destino en Cuba. Los cayos de nuestro archipiélago son ideales para ese despegue, como se probará, finalmente, a partir de este otoño. Las ciudades tendrán que esperar algunos meses para aventurarse a una apertura a turistas y demás visitantes foráneos.

La necesidad de que Cuba evolucionara como destino turístico era visible mucho antes del 2020. Revolucionar los polos de sol y playa, enriquecer la oferta de servicios, diversificar los atractivos, en particular, ensanchando geográficamente su alcance, de forma que la sociedad local sea parte del mismo. Sin esto, será estéril mejorar la calidad de la planta hotelera, necesidad también impostergable. Crear nuevas ofertas de larga estancia en estos polos de sol y playa, más por la vía de transformar productos ya existentes que de invertir en nuevas instalaciones.


Revisar y potenciar el turismo de salud parece una consecuencia lógica en estos tiempos, cuando Cuba ha demostrado otra vez su capacidad y alcance mundial, con ejemplos concretos incluso en Europa.

Se requiere multiplicar la sostenibilidad energética de toda la oferta turística y de todo el país, perfeccionando lo que ya se viene haciendo para llegar a elevar el grado de perfeccionamiento ecológico de su funcionamiento. Es preciso transformar el servicio de transporte interno para llevarlo hacia las energías renovables. Si el viaje a Cuba se hace por avión, el medio de transporte que emite más gases contaminantes, al menos hay que contribuir con un transporte interno ecológico.

Se debe reconsiderar la política aérea. La experiencia ha demostrado que resulta extremadamente difícil mantener una flota aérea propia mientras se mantenga el férreo bloqueo económico de EE.UU. contra la nación cubana. Es necesario negociar, con principios y objetivos bien definidos. Parece impostergable la participación de la inversión extranjera y de la operación de compañías aéreas en el país.

El sistema salarial y el sistema de retribución y estímulos para el turismo son los más bajos del país. Esta es una demanda muy fuerte entre los trabajadores del sector. Sin esa mejoría no podrá alcanzarse la calidad en los servicios a que estamos obligados para competir con el resto de los destinos del área.

La pequeña y mediana empresa, tanto estatal como cooperativa o privada en el sector, debe orientarse hacia donde más necesaria y efectiva pueda ser, empezando por el nivel local, pero sin desconocer su papel a nivel nacional, donde sea necesaria.

Hay que rehacer el sistema empresarial estatal, en particular eliminar las organizaciones superiores de dirección empresarial (OSDE) que no han sido generadas por una necesidad de su gestión y funcionamiento, sino por la inercia de pensamiento que copia formatos ajenos. Los grupos hoteleros con ajustes constituyen organizaciones naturales del sector, fundadas desde hace más de 20 años en casi todos los casos. Pero el resto debe ser revisado sin prejuicios, con mente abierta, buscando únicamente la necesaria independencia total de las empresas que se desarrollaron naturalmente en el ecosistema turístico nacional, como las agencias de viajes, cuyas sólidas marcas han resistido todos los cambios, pueden recuperarse y, más importante aún, rehacerse para adaptarse a los nuevos tiempos. Asimismo ocurre con el encadenamiento de servicios con el sector privado, cuyo valor agregado hará la diferencia, y enriquecerá la experiencia de cada turista que llegue al país y de nuestros clientes domésticos.


La impostergable informatización del sector conlleva utilizar una fuerza laboral, tanto en el sector estatal como privado, que, bien remunerada, puede ser capaz de producir milagros, siempre que tengan el estímulo suficiente, los recursos y la libertad necesaria. Hay que convertir a toda Cuba en un ¨destino más inteligente¨, no solo por informatizado, sino porque su aplicación se haga enriqueciendo nuestros valores, nuestra solidaridad, hospitalidad, cultura popular, cubanía.

Un reciente estudio de Miguel Figueras recomienda mejorar la atención al segmento del mercado conocido como “cubanos residentes en el exterior”. Por mi experiencia durante buena parte de mis 10 años en Havanatur a cargo de la operación aérea y la oferta de servicios de todo tipo a los cubanos que viven en EE.UU. o viajan a ese país, estos representan 70% del total de visitantes norteamericanos cada año. Aunque la politiquería electoral del actual Presidente de EE.UU. anunció el cierre de los vuelos chárter privados a Cuba, el efecto de la medida apenas incide sobre los vuelos entre ambos países, pues no incluye a los chárter que constituyen transporte público, cuya participación, antes de la interrupción por la pandemia, equivalía al 30 % del mercado, aun después de la entrada de las líneas aérea regulares desde 2016. El impacto de este anuncio sobre los clientes de estos vuelos, sin embargo, resulta negativo, y ejemplifica cómo la manipulación política en las relaciones con Cuba deforman ese mercado. Como ha indicado Figueras, así como hemos hecho otros expertos durante 20 años, asumir a los cubanos como un segmento de mercado, cultivarlo y potenciarlo en las infinitas oportunidades que brinda es una necesidad.

Para concluir, hago hincapié en la urgencia de actuar con audacia, e incidir sobre los que tienen miedo natural al cambio, y sumarlos a la reforma, pues aunque su visión y actuación más conservadoras puedan contrapesar cualquier exceso, no deben frenar los cambios. Se requiere rebasar a los que defienden sus cargos por interés personal, extirpar la simulación y la corrupción, para hacer que el turismo cubano entre realmente en un “cambio de época”, junto con toda la economía, y pueda insertarse en la evolución del turismo mundial.