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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

martes, 7 de enero de 2020

Libro " Economía cubana: entre cambios y desafíos" (III)

Manufactura, restricción externa e integración productiva doméstica 

Por RICARDO TORRES 

Introducción 

El análisis del desarrollo industrial reviste gran importancia por el valor estratégico que representa para una economía en desarrollo. Históricamente los países que han logrado alcanzar los más altos niveles de ingreso han dependido de la expansión de una base industrial densa y diversificada. Sin embargo, las transformaciones en el patrón de acumulación global han cambiado las bases para entender el lugar de ese sector en el debate contemporáneo sobre desarrollo. 

La cuestión del desarrollo industrial en Cuba ha estado presente en la vida nacional con mucha fuerza después de 1959. Todas las estrategias de desarrollo reconocidas hasta 1989 tenían a la industrialización como objetivo fundamental. A partir del proceso de cambios en el modelo económico que se desató en 2011, se viene reposicionando el debate sobre una agenda de desarrollo que atienda los múltiples problemas acumulados en los últimos años. No menos importante en este escenario es el tema del papel que des-empeñará la industria manufacturera en la renovación económica del país. 

Este artículo pretende contribuir al análisis del sector a partir de re-saltar dos aspectos interrelacionados que caracterizan su desempeño re-ciente: la escasa competitividad externa con el consiguiente efecto sobre la balanza de pagos, y las barreras a la integración productiva doméstica como uno de los factores que darían cuenta de esta debilidad estructural. El trabajo se ha estructurado en cuatro secciones. Luego de esta introducción se describe el nuevo estatus de la industria después de la crisis de los noventa a partir de su desempeño reciente, con especial énfasis en la dependencia importadora y su efecto en la balanza de pagos. Seguidamente se analizan los obstáculos más relevantes que impiden mejorar la integración interna de la economía, especialmente la industria. En la cuarta sección se adelantan algunas opciones de políticas para atender los problemas identificados. 

El reacomodo del modelo de crecimiento industrial 

El proceso de restructuración de la economía cubana tras el descalabro de principios de los noventa, permitió recuperar tasas de crecimiento positivas del PIB aunque la dinámica de crecimiento fundamental se concentró entonces en los servicios, mientras que el comportamiento del sector manufacturero ha sido muy heterogéneo, con un balance global desfavorable. Como norma, la producción de bienes marcha rezagada respecto a las necesidades de la economía, tanto en volumen como en lo relativo a la productividad y competitividad externa (Torres, 2011). 

La ausencia de planes de desarrollo a largo plazo ha implicado, entre otras cosas, que la industrialización ha dejado de estar en el centro del debate sobre desarrollo económico. De hecho, los equilibrios de corto plazo y las razones macroeconómicas han pasado a ocupar las prioridades de la política económica. La restricción externa al crecimiento constituye el tema recurrente en la agenda económica, por lo que un sector escasamente competitivo en el ámbito internacional como el conjunto de la manufactura no es percibido como parte de la solución. 

El perfil industrial que ha emergido en las últimas dos décadas con-tiene marcadas diferencias respecto al modelo anterior. Primeramente, la manufactura cubana contemporánea tiene un peso relativo mucho me-nor que a fines de los ochenta. En términos del producto, la industria representaba el 19% del PIB en 1985, mientras que solo el 12% en 2016. En el empleo, otro tanto: del 16% en 1991, al 8% en 2016, o sea, se redujo a la mitad. 

Al mismo tiempo, ha tenido lugar una recomposición de su estructura interna. Además de que la mayoría de las ramas industriales exhiben volúmenes de producción menores respecto a dos décadas hacia atrás; la recuperación no ha sido homogénea. 





En la tabla 1 se observan claramente dos grupos. Por encima o alrededor de la media se ubican ramas tradicionales como bebidas y tabaco, junto a sectores nuevos como la farmacéutica y química conexa. Otras ramas complejas como la construcción de maquinaria de cualquier tipo, y medios de transporte exhiben reducciones abruptas de sus niveles de producción que las han llevado prácticamente a desaparecer. Adicionalmente, la industria azucarera muestra un declive continuo, y los materiales de construcción, claves para las inversiones, tienen dinámicas muy discretas. Es un sector más modesto, cuyo perfil está aún más anclado en ramas tradicionales. Excepto en el nicho de la biotecnología, la brecha en las ramas decisivas del progreso técnico se ha ahondado en este período. 

El conjunto de políticas que se implementaron como parte de la estrategia anticrisis, incluyendo la llegada de inversión extranjera en sectores seleccionados y el desarrollo de los mercados en frontera alrededor del turismo internacional y la red de tiendas en divisas, permiten presentar los rasgos principales de la empresa industrial en crecimiento durante el período considerado. La empresa típica de este perfil es una que recibió capital extranjero, y destina una parte sustancial de su producción al mercado externo o al mercado doméstico en divisas. La única excepción son las empresas biotecnológicas, muchas de las cuales son exitosas sin aportes de capital foráneo aunque sí venden activamente en los mercados extranjeros. 

Este desempeño del sector manufacturero tomado en su conjunto tiene amplias repercusiones para el sistema económico. Entre ellos se destaca su impacto en el equilibrio externo global de la economía, y el efecto derivado sobre la restricción externa al crecimiento. Ya en la dé-cada de los ochenta Cuba había empezado a enfrentar agudos problemas derivados de su patrón de crecimiento, caracterizado por ser extensivo1 junto a una alta dependencia externa, tanto material como financiera. El esquema de integración del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) repercutió favorablemente en varias áreas de la sociedad cuba-na, pero profundizó la dependencia externa secular. El modelo de crecimiento manufacturero conllevó un incremento más que proporcional de las importaciones, junto a la baja eficiencia y la escasa competitividad en los mercados externos. Como resultado, la dependencia estructural de las importaciones creció notablemente entre 1959-1989. Esto tres factores en su conjunto determinaron la insostenibilidad de este modelo en ausencia del esquema de intercambio con el CAME (Marquetti, 1999). 

La desarticulación productiva reciente solo ha profundizado esta característica, en detrimento del desarrollo económico de la nación. La figura 1 (en la página siguiente) muestra que el déficit en la balanza de bienes se ha hecho crónico, en un país cuyo acceso a los mercados financieros internacionales es más que imperfecto. En este sentido, la compensación que proveen los servicios es parcial en el largo plazo. En primer lugar, dado el elevado componente importado de la actividad turística, y sobre todo, por los vaivenes derivados del singular esquema detrás de la prestación de servicios médicos. 

Si bien la dependencia importadora es alta, no lo es en términos relativos para el tamaño de la economía cubana. En la tabla 2 se puede apreciar que en la muestra seleccionada Cuba exhibe el segundo valor más bajo, solo por detrás de una economía continental como Brasil. Este coeficiente deja ver claramente la interacción entre los tamaños relativos de las economías consideradas, su modelo de desarrollo y la dependencia de las importaciones. El valor es indicativo de al menos tres condiciones que caracterizan al sector industrial y la economía cubana en general: la baja calidad en el acceso a financiamiento externo, la escasa competitividad externa de las exportaciones y específicamente las de bienes, y la baja integración en cadenas globales de valor. En estas condiciones, este bajo coeficiente muestra la restricción externa al crecimiento y la baja dinámica de la producción manufacturera. El pobre desempeño de las exportaciones en condiciones de escaso financiamiento externo obliga a mantener el equilibrio externo sobre la base del control de las importaciones, en cuya estructura tienen mayor peso los bienes intermedios (energía), alimentos y otros artículos de consumo. Esto determina que la importación de bienes de capital esté por debajo de las necesidades de una economía en desarrollo.  

1 Se refiere a un patrón de incremento del producto en el que predomina el mayor uso de factores por encima de la mejoría sostenida de la productividad total como fuente de crecimiento. 

FIGURA 1. CUBA: INTERCAMBIO DE BIENES (2008-2016) 



TABLA 2. PESO RELATIVO DE LAS IMPORTACIONES EN EL PIB (PORCENTAJE)

La restricción externa ha sido uno de los obstáculos más importantes para el crecimiento de la economía. Esto se corrobora en la tabla 3, en la que se muestra un resumen de los estudios que han estimado la elasti-cidad-producto de las importaciones, cuyos valores para Cuba son muy elevados, lo que unido a un pobre desempeño exportador dan cuenta de un déficit estructural en el comercio de bienes que incide negativamente en el desempeño económico del país (véase figura 1). 

TABLA 3. RESUMEN DE ESTUDIOS EMPÍRICOS SOBRE ELASTICIDAD-PRODUCTO DE LAS IMPORTACIONES PARA CUBA 


Las fuentes consultadas para otros países reflejan una amplia variedad de situaciones. Las estimaciones son muy sensibles al período analizado, las técnicas utilizadas, el tamaño de las economías y su estructura productiva. No obstante, tanto para los países de América Latina como para los asiáticos que integran la muestra, la elasticidad-ingreso de las importaciones reporta valores que están por debajo de la media obtenida para Cuba (Fullerton, Sawyer y Sprinkle, 1999); (Chang, Ho y Huang, 2005). Aunque no se cuentan con estimaciones para el sector manufacturero, se puede argumentar que esta característica también describe la situación de la industria cubana. 

De hecho, se puede establecer una relación inversamente proporcional entre el déficit comercial medido en términos relativos y el peso relativo del sector industrial como una medida de su desempeño general. Es importan-te señalar que las exportaciones de servicios de alto valor agregado, que ha mostrado un alto dinamismo desde el 2005 y al menos hasta el 2014, por sus características, tienen pocas conexiones con el aparato productivo nacional y esto a su vez refuerza la desarticulación productiva interna y presiona al alza a la elasticidad-producto de las importaciones (Mesa-Lago y Vidal, 2010). 

Adicionalmente la estructura de estas importaciones impide que su efec-to multiplicador en la economía sea mayor, al estar altamente concentradas en energía, alimentos y medicamentos. Esto explicaría, por una parte, el bajo dinamismo exportador de Cuba, que es lo que en última instancia ha hecho insostenible los niveles de importación actuales (relativamente modestos) y, por otro, la pobre conversión en crecimiento económico. 

Después del noventa, lo que ha ocurrido es que la contracción de la producción industrial ha continuado aumentando la dependencia externa del país, un fenómeno solo parcialmente compensado por el turismo internacional y las ventas de servicios médicos. 

Al nivel de la clasificación uniforme del comercio internacional, la figura 2 confirma que la competitividad global de la actividad manufacturera es muy baja, y es una función decreciente en relación a la complejidad relativa de las distintas ramas. Por ejemplo, el componente importa-do de los equipos instalados como parte de las inversiones del país fue del 60%2 como promedio en el período analizado, incluso en un escenario donde la inversión total ha sido muy baja. 

Las únicas dos ramas claramente superavitarias son las bebidas y tabaco y los materiales crudos no combustibles que, en el caso cubano, se corresponden en un 85% con las ventas de níquel. En los tres casos se trata de actividades tradicionales basadas en recursos naturales. El mejor posicionamiento relativo de los productos químicos se corresponde con las ventas asociadas al complejo biofarmacéutico. 

Integración productiva doméstica: los encadenamientos productivos 

Uno de los factores explicativos de la alta dependencia importadora es la debilidad de las cadenas productivas domésticas, que inhiben un óptimo aprovechamiento de las capacidades instaladas, lo que a través de las economías de escala dinámicas, conspira en contra de la competitividad a largo plazo de la industria. 

La fortaleza del tejido industrial de un país en desarrollo como Cuba depende en gran medida del tipo y número de los eslabonamientos entre empresas. Una de las características históricas de este plantel industrial ha sido la débil interconexión entre sus empresas y ramas. Después de 1963, la estrategia industrializadora definió como prioridad la construcción de un sector de apoyo para la industria azucarera. En este sentido, actividades como la industria mecánica, la química de fertilizantes y me-dios para el combate de plagas y enfermedades, la construcción de maquinaria e implementos agrícolas, el transporte terrestre, la fabricación de neumáticos, entre otras, recibieron grandes volúmenes de inversiones que se reflejaron en su crecimiento. 

Además progresaron aquellas industrias que se servían de los productos o subproductos de la caña de azúcar como la de bebidas y refrescos, la alimentaria, la ganadería o la generación de energía. De esta manera, es posible afirmar que el único complejo productivo verdaderamente integrado de la economía cubana para fines de la década de los ochenta era el que giraba en torno a la fabricación de azúcar. Esto quedó demostrado durante la crisis cuando, en la medida en que decrecía la producción de azúcar y por tanto la demanda de insumos del sector, se contraían el resto de los sectores vinculados. A pesar de ser uno de los objetivos de política económica prioritarios después de 1959, este propósito no pudo materializarse. De hecho, una de las insuficiencias del modelo de industrialización cubano es que no logró articular encadenamientos productivos, con la notable excepción de la industria azucarera (Marquetti, 1999). 

2 Cálculo sobre la base del Anuario Estadístico de Cuba (2018). 

Asimismo, el propio modelo económico exhibe una amplia variedad de barreras que limitan el desarrollo de relaciones horizontales entre entidades, fragmentando el mercado interno, lo que reduce el aprovechamiento de economías de escala. Teniendo en cuenta las singularidades del contexto cubano, se pueden agrupar los obstáculos que inhiben la consolidación de verdaderos encadenamientos productivos en tres gran-des conjuntos (Díaz y Torres, 2012): 

- Económico-productivos 

- Institucional-administrativos 

- Infraestructurales 


Económico-productivos 

Este ámbito da cuenta de las características de las ramas que han liderado el crecimiento económico en los últimos años y su impacto en la matriz de relaciones intersectoriales de la economía. La estructura económica cubana experimentó mutaciones de gran profundidad desde 1989. En ese lapso el país pasó de ser un productor y exportador especializado en unos pocos rubros de origen agrícola (principalmente azúcar de caña) y minero (níquel), a exhibir una economía y exportaciones altamente dependientes de los servicios (servicios médicos y turismo internacional). 

Después de 1959 el complejo azucarero logró desarrollar una densa red de encadenamientos con otras ramas, llegando a convertirse en la única cadena productiva con alta integración en la economía doméstica. El descenso sostenido de sus niveles de producción y la desarticulación de los proveedores domésticos indican que su contribución al dinamismo de la economía se ha reducido sustancialmente desde finales de la década de los noventa. 

Aunque se desarrollaron nuevas áreas de especialización exportadora, estas no han logrado reemplazar su potencial de arrastre hacia otras actividades. El turismo ha sido uno de los sectores más dinámicos de la economía cubana desde 1990 y ha seguido una progresión destacada en términos de ingresos externos y cuota de mercado. El beneficio potencial de la actividad turística depende de las características de la economía receptora y, en ese sentido, son importantes las dimensiones referidas al tamaño, el nivel de desarrollo y el grado de diversificación del aparato productivo del país en cuestión. 

A pesar de que los niveles de concurrencia de los productores nacionales aumentaron desde niveles muy bajos en la primera mitad de los noventa, ese efecto se concentró en ramas tecnológicamente maduras como “las producciones textiles (telas, sábanas, toallas), muebles y confecciones, alimentaria y bebidas, materiales de construcción, astilleros o el ensamblaje de ómnibus para el transporte de turistas…” (García et al., 2003). Ni el segmento más importante (sol y playa), ni el modelo de negocio predominante (todo incluido), se corresponden con un producto diverso y crecientemente sofisticado. De hecho, la combinación de ambos atributos tiene más que ver con un servicio estandarizado, semejante a un “commodity”. A partir de la primera década de los 2000, tanto el menor dinamismo del turismo como decisiones de política económica interna determinaron que esa contribución decayera en el tiempo. No hay datos precisos para el período analizado, pero esa contribución se estima mucho menor. 

Respecto a los servicios médicos, el número de profesionales que prestan servicios en el exterior representa una proporción muy reducida del total de ocupados en Cuba. Si bien su productividad es muy elevada y se obtienen cuantiosos ingresos que alivian la restricción externa, su potencial como motor de cambio estructural es reducido dado que las conexiones con el aparato productivo han sido escasas. Ello se relaciona con el modo de prestación, basado en el envío de profesionales. Lo que sí se logró fue arrastrar a determinados volúmenes de producción de medicamentos, como lo demuestra el hecho de que en 2012, el 84% de las ventas de productos del complejo biofarmacéutico se concentraban en Venezuela y Brasil, los dos mercados más importantes para los servicios médicos cubanos. Precisamente, la rama industrial de mayor dinamismo desde 1990 es la industria biofarmacéutica, cuyo impacto en la economía merece una reflexión particular. Este es el único caso de un sector de alta tecnología genuinamente nacional que ha progresado al mismo tiempo que sus similares en el mundo, con un gran valor estratégico debido al esperado impacto transversal que tendrán estas técnicas en un futuro no lejano. También ha sido una garantía para asegurar, a un costo menor, una proporción significativa de los suministros para el sistema nacional de salud. 

Aunque representa un sector de gran valor estratégico, su tamaño es aún reducido para el contexto de la economía cubana, excepto probable-mente en lo que respecta a las exportaciones. Debido a su alta especialización y el nivel tecnológico, la mayor parte del equipamiento e insumos claves deben ser importados, lo que hace que su efecto multiplicador sobre otras ramas industriales o de servicios sea todavía escaso. Adicionalmente el avance se ha concentrado en las aplicaciones médicas para uso humano y en menor medida animal; mientras que otras áreas con mayor impacto potencial en el sector productivo como las vinculadas a la agricultura, la industria alimentaria, las energías renovables o el tratamiento de residuos sólidos muestran un progreso modesto, lo que llevaría a no sobrestimar el potencial dinamizador de este sector. 

En general, el cambio en la especialización sectorial ha debilitado las posibilidades de arrastre desde las ramas más dinámicas, lo que se refleja, por ejemplo, a través de una reducción de la elasticidad-PIB de las exportaciones (Fundora, 2008), lo que en nuestro caso puede ser usado como evidencia del debilitamiento de la integración interna de la economía. 

Institucional-administrativos 

La densidad de los encadenamientos productivos en una economía particular también depende del marco normativo que regula los diversos tipos de relaciones que se establecen entre entidades (compra-venta, cooperación, asociación comercial). El modelo cubano se ha caracterizado por la sustitución de relaciones comerciales (monetario-mercantiles) por otras de tipo administrativo con alto grado de verticalidad y jerarquía. Uno de los resultados ampliamente descritos en la literatura es la tendencia hacia la autarquía y la baja cooperación interinstitucional. Esto se puede observar, por ejemplo, en el escaso desarrollo de los servicios a empresas, los que tienen una proporción muy pequeña dentro de la estructura del valor agregado total. 

En la práctica, las relaciones horizontales entre entidades responden en gran medida a la estructura institucional, determinada por un número de ministerios e institutos centrales y sus respectivas representaciones territoriales. Todo ello se acompaña de la escasa autonomía en que se desenvuelve la toma de decisiones en las empresas y la débil integración de las diferentes formas de propiedad, lo que da cuenta de la desarticulación interna de la economía. 

Aunque bajos niveles de cooperación interinstitucional han sido descritos para un gran número de países en niveles diferentes de desarrollo, en Cuba este aspecto alcanza un nivel superior atendiendo a las condiciones propias de una economía centralmente planificada. La diferencia fundamental estriba en que en otros contextos las pobres relaciones entre ministerios y agencias de gobierno no se trasladan automáticamente al ámbito productivo debido a la separación entre entidades estatales y entes productivos, incluso si se trata de empresas públicas. En el caso cubano, dado que todas las empresas son públicas y estas son administradas por los ministerios respectivos, los problemas de baja cooperación se trasladan y reproducen al nivel empresarial. 

Adicionalmente se pueden encontrar otro grupo de obstáculos que se originan en los límites para establecimiento de vínculos entre empresas de diferente tipo de propiedad, gestión, domicilio legal, entre otros. Un elemento de particular importancia desde principios de la década de los noventa reside en el efecto que tiene la dualidad monetaria y cambiaria en la segmentación del mercado interno, a través de la existencia de barreras a la compra de bienes y servicios entre entidades que operan en monedas diferentes. Esto sugiere que el uso de las capacidades de producción se encuentra limitado por el acceso efectivo a divisas, y los límites que se establecen desde el plan anual de la economía. 

Infraestructurales 

La infraestructura en tanto soporte material sobre el que transcurren los flujos más importantes de una economía (trabajo, capital, bienes, in-sumos, información, datos y conocimiento) es básica para entender las relaciones que pueden establecerse entre los distintos actores. 

La evolución del stock de infraestructura ayuda a comprender algunos de los rezagos en términos de encadenamientos productivos. El desarrollo de las redes de infraestructura es un factor determinante de los costos de transacción entre empresas lo que, en condiciones de restricción de recursos, puede reforzar un comportamiento autárquico en las unidades productivas. Resulta ilustrativo que entre 1960 y 2010, la participación de la energía y las telecomunicaciones dentro del stock total de infraestructura en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) se haya incrementado notablemente. En el caso de la energía, esta proporción se ha duplicado, mientras que el incremento ha sido aún más rápido en las telecomunicaciones, donde se ha multiplicado por cinco (OCDE 2006). Esto indica claramente cuáles son las plataformas tecnológicas sobre las que se estructurarán los flujos fundamentales en las nuevas estructuras productivas, incluyendo la industria 4.0. 


Como se puede apreciar en la tabla 4, Cuba tiene el valor más discreto en el índice de referencia internacional para la calidad de la logística, lo que evidentemente tiene repercusiones negativas para las empresas y los vínculos que pueden establecerse entre ellas. Este factor genera un aumento de los costos de transacción en la economía, en adición a los aspectos que habían sido examinados como parte del conjunto institucional-administrativo. En la tabla se aprecian tres grupos de países: los asiáticos (líderes mundiales en este aspecto) que incluyen al país que más avanza en este aspecto (Vietnam), los países latinoamericanos de buen desempeño económico con el período considerado (Chile y Uruguay); y el resto, cuyas posiciones se deterioran o ya son muy rezagadas. Se debe notar que la logística, a su vez, depende de factores que van más allá de la infraestructura, teniendo mucho que ver también con la densidad de relaciones comerciales en la economía, y los mecanismos económicos que las hacen posible. 

Reflexiones finales 

El análisis anterior muestra algunas de las debilidades que ha afrontado el desarrollo industrial cubano, tanto desde el punto de vista de la estructura ramal de la manufactura, como los desafíos más generales que se vinculan con el modelo económico. Dos efectos directos interrelacionados entre sí son la elevada dependencia importadora que refuerza un patrón histórico de dependencia externa y crecimiento lento; junto a una débil integración interna de la economía, que responde a un grupo de aspectos conectados entre sí, que tienden a reforzarse a lo largo del tiempo. 

Sobre esta base, se esbozan las siguientes propuestas, cuyo contenido y alcance desborda en muchos casos el ámbito de la manufactura: 

1- La mejoría de la calidad del marco regulatorio en el sentido de fo-mentar las relaciones horizontales entre empresas independientemente del sector, tamaño o tipo de propiedad. De particular importancia resulta mejorar la formación de precios y avanzar hacia un nuevo esquema monetario-cambiario que suponga una mejor valoración de la escasez efectiva de recursos y oriente su uso, por ejemplo, premiando el acceso a los mercados externos. En ese sentido, se juzgan de retroceso las medidas anunciadas en julio de 2018, que establecen restricciones adicionales para las relaciones comerciales entre el sector “cuentapropista” y cooperativo y el sector público. 

2- El estímulo a una mayor participación efectiva de la inversión extranjera con criterio estratégico, que permita atender las limitaciones de recursos para inversión en el completamiento de cadenas exportadoras claves. El completamiento de estas cadenas y la participación competitiva de pequeños productores debe producirse sobre la base de brindar una opción justa a las empresas domésticas, independientemente del tipo de propiedad. 

3- Los análisis de intervenciones en sectores, tanto tradicionales como emergentes, con potencial para generar eslabonamientos en ambas direcciones. Por ejemplo, se podría otorgar mayor ponderación al desarrollo del turismo de salud en frontera, lo que permitiría aumentar el efecto multiplicador de un sector en el que Cuba mantiene una ventaja competitiva. Otro caso sería el turismo en sentido general, cuyo arrastre permitiría revitalizar amplios sectores de la manufactura, criterio donde la mayoría de los expertos considera que existe un amplio potencial aún sin explotar. 

La clave de estas propuestas radica en su carácter integrador. Es decir, avanzar en la solución de las debilidades estructurales antes planteadas supone transformaciones en el conjunto del modelo económico cubano, que desbordan lo que sería un programa de desarrollo tradicional para la industria. La manufactura cubana enfrenta un conjunto de problemas cuyas causas trascienden el ámbito productivo propio. Esto es especial-mente cierto para la matriz de condicionantes que gobiernan el desarrollo de encadenamientos entre las diversas actividades económicas. 

Bibliografía 

Chang, Tsangyao, Yuan-Hong Ho, y Chiung-Ju Huang (2005). “A reexamina-tion of South Korea’s aggregate import demand function: the bounds test analysis”, en Journal of economic development, no. 1. 

Díaz, Ileana y Ricardo Torres (2012). “Desafíos estructurales en el sector pro-ductivo”, en Miradas a la economía cubana. El proceso de actualización, Editorial Caminos, La Habana, pp. 27-40. 

Fullerton, Thomas, W. Charles Sawyer, y Richard Sprinkle (1999). “Latin Amer-ican Trade Elasticities”, en Journal of economics and finance no. 23 , pp. 143-156. 

García, Adriano, Isis Mañalich, Nancy Quiñones, Carlos Fernández de Bulnes, Elena Álvarez, y José Somoza (2003). Política industrial, reconversión productiva y competitividad, Instituto Nacional de Investigaciones Eco-nómicas, La Habana. 

Marquetti, Hiram (1999). La industria cubana en los años noventa: reestructura-ción y adaptación al nuevo contexto internacional. Tesis Doctoral, Cen-tro de Estudios de la Economía Cubana, La Habana. 

Mesa-Lago, Carmelo, y Pavel Vidal (2010). “The impact of the global crisis on Cuba’s economy and social welfare”, en Journal of Latin American Studies, pp. 689-717. 

OCDE (2006). Infrastructure to 2030, OECD Publishing, París . 

ONEI. Anuario Estadístico de Cuba, Oficina Nacional de Estadísticas e Informa-ción, La Habana. 

Torres, Ricardo (2011). Cambio estructural y crecimiento económico en Cuba. 

Tesis Doctoral, Centro de Estudios de la Economía Cubana, La Habana. 

UNCTAD (2018). UNCTADStat, en http://unctadstat.unctad.org/wds/Report-Folders/reportFolders.aspx (último acceso: 20 de febrero de 2018). 

World Development Indicators (2018). http://databank.worldbank.org/data/ views/variableSelection/selectvariables.aspx?source=world-develop-ment-indicators. 


Marcas cubanas: cuando se quiere y no se puede

Por Eileen Sosin Martínez 

LA HABANA. “Aprovecha y guarda, que el café está perdido”, sugirió la señora, mientras entregaba a otra los dos paquetes. Es la enésima vez que escucho un comentario por el estilo. Donde se lee “café” podemos dejar un espacio en blanco y completarlo con cualquier otro artículo.
Vivimos con el desabastecimiento como quien vive con una enfermedad crónica. Dicen que lo que no te mata te fortalece. Pero en este caso, lo que no te mata te mortifica; un poco cada día.
En ese eterno quejarse de que no hay, y llevarse lo que haya, se escapan matices importantes. Por ejemplo: el consumidor nacional tiene gustos, preferencias, y en muchas ocasiones sus favoritos son los productos cubanos. Cerveza: Cristal y Bucanero; café: Cubita, Serrano, Turquino…; conservas Conchita, mayonesa Doña Delicias…
Escrito así quizás no parezca gran cosa. Sin embargo, es una ventaja enorme. En el mundo “mundial” los gobiernos realizan campañas para que la gente adquiera las mercancías hechas en el país, frente a las etiquetas de importación. El envase de algún café instantáneo fabricado en México —por poner un caso— recuerda a los clientes que con su compra están ayudando a los caficultores locales.
Por otra parte, la tendencia a escoger productos de factura nacional, el también llamado “efecto made in”, ha sido documentado en diferentes áreas geográficas, y resulta un tema recurrente en la literatura especializada.
Ya que el consumo constituye uno de los motores de la economía, esas personas comunes que hacen la factura resultan actores primordiales.
Los consumidores son al mercado lo que los ciudadanos a la política. Deciden. Impulsan.
(O deberían).
Con la imperiosa puja por incrementar las exportaciones, tal vez se subestima la capacidad —y necesidad— de compra de muchos paisanos. Los electrodomésticos comercializados en divisas “de verdad” lo han demostrado.
“A ver, y si entonces yo quiero pagar en dólares otras cosas, ¿no puedo?”, preguntaba una muchacha. Más de uno se cuestiona —versionando el dilema del huevo y la gallina—, cuál es el sentido de exportar determinado producto mientras la demanda interna permanece insatisfecha.
¿Quién lo ha tenido claro? Havana Club, por ejemplo. El principal mercado del ron cubano es la tierra que produce la caña de azúcar. Brascuba, otra exitosa empresa mixta (fabricante de los cigarros Popular, Hollywood, H. Upmann…) señala en su perfil institucional la intención de ocupar el primer lugar en el mercado doméstico.
De hecho, según declaraciones de sus directivos, la planta que establecieron en la Zona Especial de Desarrollo Mariel destinará solo el 20 por ciento del rendimiento a las ventas externas. El resto se queda en casa.
Además, el consumo posee un lado afectivo no menos trascendental. Marcas como Taoro, Hatuey o Vita Nuova se guardan en la memoria sensorial de la gente, sus nombres implican calidad, y basta mencionarlas para desatar conversaciones. Casi todos conocemos a cubanos migrantes que después de sus vacaciones en la Isla regresan allá cargados de semejantes “productos de la nostalgia”.
En cualquier situación, pero más en un contexto de asfixia económica, resulta un desatino tremendo no aprovechar tales características. Algo similar a cuando se prioriza la inversión extranjera y se ignoran las posibilidades del inversor nacional.
Esa demanda de lo “Hecho en Cuba” serviría para estimular la industria, aumentar ingresos, insertar mejoras tecnológicas… En cambio, nos enredamos con trampas administrativas, como en la cafetería de la tienda Carlos III, que días atrás solo permitía vender una cerveza Cristal o Bucanero por persona. El anti-comercio, la consagración del contrasentido.
No se puede concebir al consumidor cubano como un cliente de segundo orden, dispuesto a aceptar lo (poco) que le ofrezcan. Menos aún cuando su demanda encierra un gran potencial dinamizador.
Un análisis de la Organización Internacional del Trabajo (OIT, 2010), señala que la crisis financiera iniciada en 2008 mostró la necesidad de un desarrollo más equilibrado que mantenga los instrumentos de integración global, pero que a su vez cuente con herramientas para fomentar el mercado doméstico.
Por ello, recomiendan una “estrategia de dos pilares” para promover el desarrollo sistémico de las economías, basado en la expansión del sector interno y la inserción competitiva en el mundo.
Durante los años noventa ganó fama el eslogan “Lo mío primero”, pegado en latas de refresco y bolsas de nailon. Su antecesor directo, tres décadas atrás, era aquel que invitaba: “Consuma productos cubanos”. Ahora mismo nos vendría bien cierta coherencia histórica para con esos propósitos.
Más acá, los funcionarios hablan de “sustitución de importaciones”, que puesto al derecho significa “producir”. Eso: producir.
Y producir lo que se vende, de acuerdo con la elemental lógica mercantil. Siguiendo con las frases publicitarias, recordemos aquella que decía que el pueblo nunca se equivoca.
Progreso Semanal/ Weekly autoriza la reproducción total o parcial de los artículos de nuestros periodistas siempre y cuando se identifique la fuente original y el autor. 

El poder de los superricos: cómo actuarán a partir de hoy

Por Vicenç Navarro, Público

Paul Krugman, Premio Nobel de Economía del año 2008, y articulista del New York Times, publicó recientemente un artículo “Big Money and America’s Lost Decade" en el que indicaba cómo la gente muy rica de EEUU (que son una minoría de la población) influye desmesuradamente a los partidos políticos de tal país, configurando en gran medida su cultura política, promoviendo una ideología que favorece a sus intereses, presentando una enorme agresividad hacia aquellas fuerzas políticas que propongan reducir tales intereses. Mostraba, por ejemplo, su hostilidad hacia candidatos progresistas como Bernie Sanders y Elisabeth Warren, movilizando todos los recursos políticos y mediáticos a su alcance para debilitar y eliminar lo que ellos (la mayoría de los superricos son hombres) consideraban una amenaza. Lo que añadía gran interés a este artículo de Paul Krugman es que las tesis y observaciones que hacía para EEUU son aplicables casi en su totalidad a la situación existente en países como España y Chile.

Una manera que, según este autor, tienen los superricos de influenciar a los políticos y a sus partidos es contribuyendo legal (o ilegalmente) a su sostenibilidad económica, dándoles o prestándoles dinero (como hacen los bancos) en términos muy favorables. Aunque esta práctica alcanza niveles extremos en EEUU, donde la financiación de las elecciones es predominantemente privada, también ocurre en España, siendo en general más frecuente entre los partidos de derechas (ya que los ricos creen que defienden mejor sus intereses) que no entre partidos de izquierdas, siendo esta práctica incluso más común en las comunidades autónomas en las que las derechas han gobernado más tiempo durante el período democrático, como han sido la Comunidad de Madrid, la de Galicia y la de Catalunya.

La creación de la sabiduría convencional

Otra manera en que, según Paul Krugman, los ricos y superricos influencian a los partidos políticos es mediante la financiación de think-tanks, de grupos de investigación (sobre todo dedicados a temas económicos) y revistas “científicas”, y otras instituciones que reciben donaciones de superricos y de sus instituciones, que declaran como filantrópicas y, con ello, reciben ventajas fiscales, con subvenciones del erario público. Ni que decir que todas ellas tienen como una función muy importante el crear un clima político, intelectual y cultural afín a sus intereses y que se presente y se perciba como “la sabiduría convencional del país” (es decir, lo que es respetable y lo que no lo es en el lenguaje y argumentario político hegemónico).

La elaboración de esta sabiduría convencional se distribuye por los medios de información (que son también medios de persuasión), en los que los superricos tienen también una enorme influencia, bien porque son sus propietarios o bien a través de su financiación, directa o indirectamente, mediante anuncios y otras relaciones comerciales que pueden alcanzar dimensiones de gran importancia para la supervivencia de éstos. Esta situación, por cierto, es incluso más acentuada en España, donde el abanico ideológico de los medios es sumamente limitado siendo, en su gran mayoría, medios de centro-derecha y de derecha, con algunos claramente de ultraderecha. No existe ningún gran medio radiofónico o televisivo en España que se pueda considerar de izquierdas. En cuestiones económicas, el dominio de los articulistas que, consciente o inconscientemente, reproducen la ideología de los superricos -el neoliberalismo- es muy grande, casi absoluta.

La enorme complicidad entre poder económico y poder político

Otro elemento que demuestra la gran influencia de los superricos, añade Paul Krugman, es la existencia de puertas giratorias entre las instituciones políticas y las grandes empresas económicas, financieras o de servicios del país. Es parte de la normalidad que los políticos, al dejar su puesto de responsabilidad, pasen a trabajar en grandes empresas, una situación muy común en la vida política de España. Esto es especialmente frecuente en las grandes empresas del sector energético, una de las causas de que sea uno de los sectores más monopolizados del país (que explica que tenemos en general un problema grave de carestía de la energía de este país). Por ejemplo, los expresidentes Leopoldo Calvo Sotelo y Felipe González acabaron en los consejos de administración de Naturgy, y José María Aznar en el de Endesa. Y junto a ellos, numerosos ministros y altos cargos de los principales partidos políticos del país. Del PSOE, Elena Salgado (Endesa), Rafael Escuredo (Abengoa), José Domínguez (Abengoa), Cristina Garmendia (Naturgy), Guzmán Solana Gómez (Naturgy), Víctor Pérez Pita (Naturgy), Narcís Serra (Naturgy), Javier Solana (Acciona), Manuel Marín (Iberdrola), Manuel Amigo (Iberdrola), Braulio Medel (Iberdrola), Felipe Romera (Iberdrola), Juan Pedro Hernández Moltó (Iberdrola) y Pedro Solbes (ENEL). Del PP, Luís de Guindos (Endesa), Manel Pizarro (Endesa), Pío Cabanillas Alonso (Endesa), Rodolfo Martín Villa (Endesa), Manuel Vicente-Tutor (Abengoa), Ricardo Martínez Rico (Abengoa), José Luís Olivas Martín (Enagás), Ana Palacio (Enagás), Carlos Espinosa de los Monteros (Acciona), Ángel Acebes (Iberdrola), Fernando Becker (Iberdrola), Ramón de Miguel (Iberdrola), José Luís Olivas (Iberdrola), Santiago Martínez Garrido (Iberdrola) y Ana Palacio (HC Energía). A este largo listado deben añadirse algunos consejeros, diputados y altos cargos autonómicos, como Miquel Roca (Endesa) y David Madi Cendrós (Endesa), de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC), y Joseba Adoni Aurrekoetxea (Enagás) y Juan María Atutxa (Iberdrola) del PNV.

Es lógico que los políticos sean conscientes de que algún día dejarán de tener responsabilidades políticas y que algunos sean sensibles a sus futuras posibilidades de trabajar en el mundo de las grandes empresas. Pero también ocurre al revés. Muchos cargos políticos proceden del mundo de las grandes empresas. Algunos de ellos son Elena Salgado (PSOE), que formó parte del Consejo de Administración de Abertis Telecom; Luís de Guindos (PP), ex-miembro del Consejo Asesor del banco de inversión Lehman Brothers y del Consejo de Administración del banco Mare Nostrum, y ex-responsable de la división financiera de la consultora PricewaterhouseCoopers (PwC); o Román Escolano (PP), exdirector de relaciones institucionales del BBVA.

Las consecuencias de que una minoría – los superricos – tengan tanta influencia política y mediática: el empobrecimiento de la democracia

La evidencia de este enorme dominio de los superricos en la vida política es abrumadora. De ahí que el neoliberalismo sea la ideología dominante en los círculos del poder. Las políticas neoliberales implementadas por los gobiernos han sido enormemente beneficiosas para las clases pudientes. No solo el número de superricos ha aumentado, sino que también lo ha hecho el nivel de su riqueza y de sus rentas, y ello conseguido a costa de que el nivel de rentas de las clases populares (clase trabajadora y clases medias de rentas medias y bajas) haya descendido de una manera muy marcada, siendo su nivel de vida mucho más bajo que al inicio de la imposición de aquellas políticas neoliberales. Este descenso ha afectado con especial intensidad a los jóvenes, los cuales, tanto en EEUU como en España, no vivirán mejor que sus padres, tal y como había ocurrido antes del período neoliberal. Como consecuencia, las desigualdades se han disparado, alcanzando niveles extremos. La aplicación de las políticas neoliberales en ambos lados del Atlántico Norte (como las reformas laborales, que favorecían a los empresarios a costa de debilitar a sus trabajadores y empleados, reduciendo sus derechos laborales; así como las políticas de austeridad, que han reducido también considerablemente sus derechos sociales) han sido resultado de la gran derechización de los partidos políticos gobernantes, derechización que se tradujo no solo en la vida política sino también en la cultural y social del país. En realidad, nunca durante el período democrático la sabiduría convencional del país había sido tan de derechas (rozando incluso la ultraderecha) como ahora.

La protesta y el rechazo de tal situación: la nueva esperanza que se abre

A lo largo de la historia de este país, se puede observar que la explotación siempre produce una respuesta y un rechazo. La última gran ofensiva neoliberal en España se topó con el 15 M, un movimiento político-social que denunció la imposición de tales políticas, acusando a las autoridades gubernamentales de falta de legitimidad y representatividad, pues estaban imponiendo políticas públicas neoliberales sin que tuvieran mandato popular para ello, ya que no estaban en sus ofertas electorales. En España, su “no nos representan” lo decía todo. Fue una reivindicación que exigía democracia, y que desde el inicio provocó gran temor a los superricos y a sus servidores políticos y mediáticos. La fuerza de este movimiento explica que, en solo cinco años, el movimiento social que se transformó en un partido político, Podemos y sus confluencias (En Comú Podem y En Marea), junto a una renovada IU, estableciera una alianza (Unidas Podemos) que hoy es más que probable que gobierne en coalición con un renovado PSOE. La oferta programática de tal coalición incluye propuestas de recuperación y expansión de los derechos políticos, civiles, laborales y sociales que se habían eliminado o reducido, junto con otras medidas progresistas de gran calado que podrían significar, de aplicarse, un cambio notable en el bienestar de las clases populares (que son la mayoría de la población), revirtiendo el descenso de su calidad de vida, lo cual necesariamente requeriría reducir y eliminar la excesiva y antidemocrática influencia política que los superricos tienen hoy en el país.

Ni que decir tiene que, tal y como Paul Krugman señala que está ocurriendo en EEUU, los superricos movilizarán su enorme y antidemocrático poder para, a través de todos los muchos medios de que disponen, sabotear tales propuestas. Se iniciará así una campaña, que se caracterizará por su mezquindad, falsedad y juego sucio (que han caracterizado su comportamiento) a fin de impedir los cambios necesarios y urgentes que el país necesita. En realidad, ya ha estado ocurriendo durante estos meses, durante el proceso electoral. Y sin lugar a dudas, las banderas de siempre se utilizarán por ambos lados para defender sus intereses de clase. Los mismos superricos que han hecho tanto daño al bienestar de la población se presentarán ahora, como siempre han hecho, como los defensores de la patria. No hay que olvidar que el anterior gobierno de coalición de fuerzas progresistas al que hoy se establece, fue interrumpido en 1936 por un golpe militar, estableciéndose un régimen enormemente reaccionario y represivo que condenó al país a un enorme subdesarrollo.

El contexto ha cambiado y es poco probable que algo semejante ocurra. Pero las derechas de hoy son las herederas de las de ayer, y su escasísima vocación democrática está bien documentada. No obstante, como asegura Krugman en EEUU, el cambio es posible, pues existe la esperanza de cambio por vía democrática (y ello a pesar de las enormes insuficiencias democráticas) bajo el empuje y presión de las movilizaciones ciudadanas (pensionistas, mareas, protestas y huelgas laborales, movimiento feminista, y muchos otros), que cuando se mueven pueden ganar, tal y como ha ocurrido en este momento histórico del país.

Resultados en cortes norteamericanas nos dan la razón sobre ilegalidad del Título III de la Ley Helms-Burton

Foto: Juvenal Balán
«Juez en EE.UU. desestimó demanda contra la empresa suiza MSC Cruises S.A. basada en la extraterritorial Ley Helms-Burton. En Cuba no reconocemos la ley garrote que va contra el Derecho Internacional. Resultados en cortes norteamericanas nos van dando la razón», publicó este lunes el ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera de Cuba, Rodrigo Malmierca, en su cuenta de la red social Twitter.
Havana Docks Corporation es una compañía que alegaba ser «propietaria legítima de ciertos bienes inmuebles comerciales» en el puerto de La Habana, e interpuso una acción legal el 27 de agosto pasado contra msc Cruises y otras dos empresas, Norwegian Cruise y Royal Caribbean, por el uso de esta infraestructura.
Según referencia Prensa Latina, en la reclamación se señaló que el 10 de diciembre de 2018 o cerca de esa fecha, MSC Cruises «inició, condujo y promocionó» sus negocios comerciales en Cuba, al embarcar y desembarcar regularmente a sus pasajeros «sin la autorización del demandante o cualquier ciudadano de Estados Unidos que tenga un reclamo sobre la propiedad sujeta».
La línea de cruceros argumentó en una moción que la demanda debía ser desestimada por cuatro razones, entre ellas que quienes presentaron la reclamación «no incluyeron suficientes acusaciones sobre el presunto tráfico de los acusados en la propiedad».
La moción añadió que el reclamo fracasa como una cuestión de derecho y que el Título III de la Ley Helms-Burton viola la cláusula del debido proceso de la Quinta Enmienda de la Constitución estadounidense.
Además, los demandados argumentaron que la «propiedad» no es un asunto de la reclamación, porque el interés del reclamante en la propiedad en cuestión se basa en un arrendamiento que expiró en 2004.
En el documento emitido por la jueza Beth Bloom, se indicó que «el reclamo del demandante, que involucra una concesión por tiempo limitado, no le da derecho a reclamar por actividades que tuvieron lugar años después de que ya no posee interés en la propiedad», y la magistrada desestimó la demanda con perjuicio.
Según el Instituto de Información Legal de la Facultad de Derecho de la Universidad de Cornell, eso significa que la Corte adoptó una determinación final sobre los méritos del caso y que, por lo tanto, el demandante tiene prohibido presentar otra acción basada en los mismos motivos.

Comenzó puesta en marcha de Ventanilla Única para inversión extranjera

Creado el Martes, 07 Enero 2020 09:23 | | Foto: Juventud Rebelde


La Habana, 7 ene (ACN) La Ventanilla Única para la Inversión Extranjera comenzó la fase de puesta en marcha con el propósito de agilizar los trámites necesarios para los empresarios extranjeros que desarrollan proyectos de cooperación con Cuba.

Rodrigo Malmierca Díaz, ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera (Mincex) dijo que esta herramienta funcionará a plenitud en el mes de enero, contribuyendo a prestar una atención expedita a los procesos de aprobación de proyectos con capital extranjero.

En la red social Twitter el Mincex dijo que la fase de puesta en marcha incluye pruebas de software y servicios a inversores.

Durante la Feria Internacional de La Habana de noviembre del año pasado las autoridades informaron que en un primer momento la Ventanilla Única posibilitará que los trámites se transparenten y simplifiquen en un 95 por ciento.

Luego se sucederán otras fases en las que el exportador o el importador solicitan sus certificados y estos se le otorgan en línea, para lo cual se precisa una interacción muy fuerte y bien lograda con las autoridades competentes.

Otro momento sería en el que los empresarios puedan gestionar sus mercancías on line, y conocer, por ejemplo, dónde se encuentran estas.