Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

viernes, 8 de noviembre de 2019

La economía cubana durante el primer semestre de 2019 (III Parte)


II

El punto de referencia para medir el crecimiento que se alcanza en el 2019 varió al modificarse el incremento del PIB que se obtuvo el año anterior.

En efecto, al cierre del 2018 se anunció que la economía había crecido un 1,2% de un plan que preveía un incremento del 2%. Sin embargo, al cierre del primer semestre del presente año se informó[1] que realmente se había alcanzado un crecimiento de 2,2% producto de que cálculos más precisos llevaron a que, de un decrecimiento de -4,9% en la agricultura, se obtuviera -con la información actualizada- un aumento de 2,6%; de un decrecimiento de -2,2% en las construcciones se logró un incremento de 9,3% y de un incremento de 1,3% en los servicios de salud, se registró finalmente un 3%.

Es de agradecer que se informara de esta rectificación, aunque todo indica que deben mejorar los estimados de fin de año que elabora la ONEI, ya que los mismos son base para los cálculos de los crecimientos a lograr en el año siguiente. Al respecto ya se apuntó también que para obtener un incremento del PIB de 1,5% planificado para el 2019 se requiere ahora un esfuerzo mucho mayor en cifras absolutas, al partir de un producto superior en el año precedente.

En la evaluación del desempeño de la economía durante el primer semestre del año todavía no se dispone de indicadores macroeconómicos por sectores. No obstante, se han venido ofreciendo cifras parciales que permiten realizar algunas valoraciones del desempeño alcanzado.

En primer término, en relación a las inversiones la ejecución alcanzó el 36,5%, lo cual representa una cifra de unos 4 125 millones de pesos y un 1,7% por encima de lo previsto durante los primeros 6 meses del año, frente a un plan anual que se fijó en 11 300 millones para el 2019, por lo que el mayor esfuerzo para concluir nuevas obras deberá realizarse en la segunda mitad del año.

En relación a la producción agropecuaria, el ministro de Economía y Planificación informó sobre un conjunto de resultados en relación al plan. En esa información se expuso que se alcanzó una producción de 77 700 TM de arroz (92% del plan), 47 400 de frijoles (95%), maíz 12 100 TM (98%), huevos 895 millones de unidades (99%), leche fresca 158 millones 500 mil litros (109%), carne bovina 47 000 TM (92%) y carne de cerdo 60 000 TM, cifra que incumplió lo previsto.

También se aclaró que estos planes se atenían a las posibilidades con que contaba el país y no alcanzaban a satisfacer la demanda en muchos casos. Estas limitaciones se manifestaron en los resultados del sector agropecuario que se registraron por la ONEI en el semestre enero-junio de este año, donde se aprecian un conjunto de dificultades en relación a igual período del 2018.[2]

Al respecto vale recordar que se requiere un notable esfuerzo para elevar la productividad en la agricultura tomando en cuenta que solo el 23,2% del total de la superficie agrícola es productiva o muy productiva, con una propiedad de la tierra que en un 78,7% pertenece al Estado, pero donde el 69,3% se gestiona por el sector privado y cooperativo, sectores en los que preponderan las pequeñas y medianas propiedades.

No obstante, cabe destacar que para avanzar gradualmente en esta situación las inversiones en la agricultura – que alcanzaron los 490 millones de pesos en el 2018- se elevarán a más de 600 millones en el presente año, para un crecimiento superior al 22%. Por otra parte, deben continuar aumentando los rendimientos agrícolas, que se incrementaron entre el 2013 y el 2018 un 13,4% en las viandas, alcanzando un nivel superior de 22,2% en la malanga; un 21,6% en el boniato; un 3,7% en las hortalizas; un 1,5% en el arroz y se mantienen similares niveles en los frijoles y el maíz.

Para tener una idea del esfuerzo a realizar, en el caso del arroz, la demanda nacional es de 700 mil TM anuales y las perspectivas actuales suponen crecer en los rendimientos de 3,45 toneladas por hectárea en 2018 a algo más de 5 toneladas, para alcanzar una producción de 600 mil toneladas en el 2023.[3]

Otros resultados del primer semestre muestran que se produjeron 26 840 TM de acero (75% del plan) y 825 000 TM de cemento (97,6%). En el caso de la industria del cemento no ha podido recibir las acciones de mantenimiento e inversiones necesarias para actualizar la tecnología instalada, lo que unido a otros factores de logística y suministro de combustible hace que el pronóstico de producción del presente año solo alcance 1 400 000 toneladas, de 1 700 000 planificadas, lo cual repercutirá en los compromisos productivos para 2020.[4]

Un sector de máxima prioridad para la economía cubana actualmente es el de la energía. La producción de petróleo ha venido descendiendo desde el 2011 un 16,3% hasta el 2017 producto del agotamiento de los pozos en explotación, en tanto que la de gas ha crecido un 3%. En términos de petróleo equivalente, se puede estimar que la misma se encuentra por debajo de los 3 millones 500 mil TM en estos momentos, por lo que la satisfacción de la demanda a partir de la producción nacional se reportó en el orden de un 48% a finales del 2018.

No obstante, hoy el 47% de la generación eléctrica se asegura con combustibles cubanos, en tanto que las fuentes de energía renovable aportan el 4,6%.

De cara al futuro, además del incremento de nuevas fuentes renovables de energía, –que deben cubrir alrededor del 24% de la generación eléctrica en el 2030- el país cuenta con una zona económica exclusiva offshore, donde se estima que hay una reserva de unos 10 000 millones de barriles de petróleo aún por explotar. Para ello se cuenta con compañías asociadas en las tareas de su exploración, como las empresas rusas Zarubezhneft y Rosneft, de amplia experiencia internacional.

Acuerdos más recientes firmados con motivo de la visita del Primer Ministro de Rusia entre el 3 y el 4 de octubre, presuponen una participación significativa de ese país en el suministro de portadores energéticos al país a corto plazo, así como una mayor presencia en la prospección petrolera y en la modernización de las plantas generadoras de electricidad. De igual modo, se espera que se materialice –por parte de empresas rusas- el proyecto de modernización de la refinería de Cienfuegos, lo que debe elevar sustancialmente la producción de derivados en el país.[5]

Todas estas noticias mejoran favorablemente las perspectivas energéticas del país a corto y mediano plazos.

(Continuará)

BIBLIOGRAFIA

-Banco Central de Cuba (BCC) “Información Económica” septiembre 30 de 2019 en www.bc.cu

-CUBADEBATE (2019) “Economía cubana en el análisis del Consejo de Ministros” junio 20 de 2019 en www.cubadebate.cu

-CUBADEBATE (2019a) “Pese a restricciones financieras, Cuba cumple niveles de producción esenciales en el primer semestre de 2019” julio 13 de 2019 en www.cubadebate.cu

-CUBADEBATE (2019b) “Alejandro Gil: Esta en nuestras manos que la economía crezca y se desarrolle” julio 25 de 2019 en www.cubadebate.cu

-Cuba y la Economía (2018) “Cuba estima producir unas 50 000 toneladas de níquel y cobalto en 2018” diciembre 13 2018 en www.cubayeconomia.blogspot.com

-Cuba y la Economía (2018a) “Cuba proyecta para 2019 un aumento del 17 por ciento de sus ingresos turísticos” noviembre 26 2018 en www.cubayeconomía.blogspot.com.

-Díaz Canel, Miguel (2019) “Pensar Cuba es que todos nos entreguemos en cuerpo y alma al servicio de la nación” Discurso de clausura de la ANPP, julio 13 de 2019. Publicado en www.cubadebate.cu julio 14 de 2019.

-Government of the Russian Federation (2019) “Dmitry Medvedev’s interview with the All-Russian State Television and Radio Broadcasting Company” October 5 2019, www.government.ru

-On Cuba News (2019) “Sherritt confirma compromiso de Cuba de pagar su deuda con la compañía” junio 14, 2019 en www.oncubanews.com

-ONEI (2019) “Ventas de Productos Agropecuarios. Indicadores Seleccionados. Enero-Junio 2019” en www.one.cu

-Periódico Granma (2019) Granma (2019) “Celebrada reunión del Consejo de Ministros” agosto 2 de 2019.

-Periódico Granma (2019a) “Del arroz en barco al arroz que cultivamos” enero 11 de 2019.

-Periódico Granma (2019b) “Evalúa Díaz Canel marcha de de programas económicos en Cuba” septiembre 10 de 2019 en www.granma.cu

-Prensa Latina (2019) “Restricción de viajes, hipocresía de la política de Trump hacia Cuba” julio 29 de 2019 en www.prensa-latina.cu

-REUTERS (2019) “Cuba plantea más ajustes por deterioro de situación financiera” diciembre 28 2018 en www.lta.reuters.com

-The Economist Intelligence Unit (EIU) (2019) “Country Report. Cuba” October 1st 2019 en www.eiu.com

-World Bank (2019) “Commodities Price Outlook” March 2019 en www.pubdocs.worldbank.org

[1] CUBADEBATE (2019b)

[2] Ver ONEI (2019). Las ventas totales descendieron un 19,1% en relación a igual período del año anterior, de ellas la de productos agrícolas bajó un 12,9% y la de los cárnicos un 33,4%.

[3] Ver Granma (2019a).

[4] Ver Granma (2019b).

[5] Ver Government of the Russian Federation (2019).


Asesor del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (CIEM). Fue Ministro de Economía de Cuba.

Cuba: las recientes importaciones de carne de pollo desde EEUU y sus perspectivas

Por Pedro Monreal , El Estado como tal

El 6 de noviembre se divulgaron los datos de exportaciones de EE.UU para el mes de septiembre y hay datos interesantes respecto a Cuba.(1)

El valor de las exportaciones de carne de pollo de EEUU a Cuba repuntó ligeramente en septiembre de 2019, manteniéndose a niveles altos, aunque menores que el dato del mes de julio. Las estadísticas en toneladas indican una dinámica similar en septiembre.
El acumulado en el valor de las exportaciones de pollo hacia Cuba en enero- septiembre de 2019 es mayor que el total de las exportaciones en el año 2018.
En lo que va de 2019 se ha establecido un récord de todos los tiempos en el valor de las exportaciones anuales de carne de pollo desde EEUU a Cuba, superando la marca anterior del año 2017.
El nivel alto y relativamente estable de las exportaciones en meses recientes – después del “salto” experimentado entre abril y junio de 2019- parece corresponderse con la hipótesis de que las exportaciones de carne de pollo de EEUU a Cuba pudieran estar moviéndose en un nivel límite.
Dado el “apagón” estadístico respecto a la producción de alimentos en Cuba (la ONEI se ha retrasado en divulgar los datos de enero-julio 2019), las exportaciones de alimentos de otros países a Cuba son hoy los únicos datos mensuales confiables sobre la oferta de alimentos.
Se dispone de escasa información oficial (sin cifras) sobre el comportamiento del agro al cierre de agosto: incumplimientos en el arroz y los frijoles; no así con la leche, el huevo y la carne de cerdo, que han ido “recuperando y estabilizando sus producciones”. (2)
También se ha informado oficialmente (sin datos numéricos) que en agosto se cumplió con el acopio de viandas, hortalizas y frutas, una tendencia que se pronosticó que se mantendría en septiembre. Se conoce que la circulación mercantil minorista quedó por debajo de lo planificado.
La importación de carne de pollo es un dato relevante, al menos por dos razones: es crucial para el consumo de proteínas de la población y es un indicador muy útil para el análisis económico más general, incluyendo la evaluación del programa antinflacionario actual.
La carne de pollo es el principal alimento importado por Cuba y los 179,4 millones de USD de carne de pollo exportados por EEUU hacia Cuba entre enero y septiembre de 2019 equivalen a casi el 60% del total de importaciones de carne de pollo que hizo Cuba en todo el año 2018.
Insisto en que la estadística sobre las exportaciones de carne de pollo de otros países a Cuba –principalmente EE.UU y después Brasil- es el único indicador confiable que permite hacer mensualmente una evaluación aproximada de la oferta de un componente crucial de la alimentación del país (la disponibilidad de proteínas) a partir de datos públicos.
Sumando las importaciones y la producción nacional, la oferta de carnes en 2018 fue de 352 000 tm de cerdo, 317 000 tm de pollo, 178 100 tm de bovino y 44 200 tm de pescado. El pollo es crucial. Si se saca la carne de pollo de “la ecuación”, se dispararía el riesgo de una crisis nutricional. (3)
La carne de pollo es la única fuente importante de proteína animal que se importa directamente en una proporción tan alta (aproximadamente el 90% de la oferta total). Es decir, que no es una fuente de proteínas que esté “a la vista” y su oferta depende de la disponibilidad de un factor muy escaso: las divisas.
Perspectivas de la producción nacional de carne de pollo
Recientemente, se ha anunciado de la aspiración oficial de que el alto nivel de las importaciones cubanas de carne de pollo pudiera estar en vías de reducirse en el futuro, estimándose que se alcanzaría la autosuficiencia en carne de pollo en un plazo de 10 años. (4)
El programa televisivo Mesa Redonda dedicó dos sesiones (23 y 24 de octubre de 2019) a explicar el proyecto oficial para producir totalmente en Cuba el segundo tipo de carne más consumida (pollo), que es también el principal alimento importado por el país.
Se trata de un proyecto que asume que sus resultados se obtendrían paulatinamente. Según el programa, la producción de carne de pollo debería crecer rápidamente a partir de 2022 para llegar progresivamente hasta las 100 mil toneladas en el mediano plazo. Se planifica sustituir 1/3 de las importaciones, reduciéndolas en unos 100 millones USD. (5)
El impulso inicial y el pilar a largo plazo serían 4 proyectos de inversión extranjera por un monto estimado de 400 millones USD, complementado por instalaciones de ciclo completo con tecnología nacional y por la participación de productores privados. (6)
Los funcionarios que participaron en las Mesas Redondas mencionaron experimentos con esquemas de contratación de entidades estatales con productores privados que fueron realizados en 2 provincias, los cuales han aportado evidencia de su rentabilidad y se planifica ampliar el proceso, utilizando diversas modalidades.
He leído comentarios acerca de que no sería muy significativa la producción prevista de 100 mil toneladas a partir de 2022, pero considero que –si esa meta se lograse- no sería razonable tratar de minimizar la reducción de 1/3 de las importaciones de carne de pollo en aproximadamente 3 años.
Obviamente, para que ello sucediera habría que incrementar las importaciones de maíz, soya y preparados, pero la avicultura moderna es eficiente transformado alimento vegetal en proteína animal y, de hecho, internacionalmente se avanza rápido en la mejora del factor de conversión.
La producción de pienso animal utiliza actualmente 300 mil toneladas de maíz y 120 mil toneladas de soya. Esos volúmenes de materia prima tendrían que crecer, una parte mediante importaciones y también gracias a la producción nacional. (7)
Cuba importó en 2018 unas 812 mil TM de maíz y 329 mil TM de soya. No se produce nacionalmente soya, pero se produjeron unas 346 mil TM de maíz en 2018 y en 2014 se llegó a producir aproximadamente 430 mil toneladas. Existe potencial para producir más maíz en Cuba. (8)
La carne de pollo es una de las que presenta mejor factor de conversión del alimento de ceba en proteína animal y ese alto factor de conversión favorece la rentabilidad de la producción nacional, particularmente si se utiliza tecnología avanzada.
No se han ofrecido detalles sobre las nuevas instalaciones previstas en asociación con el capital extranjero para producir carne de pollo, pero la experiencia con las granjas automatizadas de huevo en 2019 ofrece una idea de los posibles beneficios de las nuevas tecnologías.
Las informaciones ofrecidas por los funcionarios revelaron tres aspectos interesantes:
  • la prioridad gubernamental respecto al tema, incluyendo la creación de un Grupo de Trabajo Temporal,
  • la iniciativa que han demostrado los emprendedores privados, y
  • la demanda por parte de estos del funcionamiento de un mercado mayorista de medios de producción
El tema de la participación del sector privado en lo que se proyecta como el restablecimiento de un sector nacional de producción de carne de pollo es interesante. La información ofrecida permite apreciar la relevancia que tendrían en el proyecto las unidades productivas estatales con participación de capital extranjero. Eventualmente, las grandes empresas tendrían el peso muy grande en el desarrollo de una ganadería moderna de carne avícola, como ocurre en otros países y como ya sucede en Cuba en el caso de la producción de huevos.
Sin embargo, queda menos claro el peso relativo y la función que tendrían en la cadena productiva los productores privados nacionales. Un aspecto que requiere mayor análisis es el relativo a si el modelo estaría fundamentalmente apoyado en grandes unidades productoras estatales que abarcarían todas las fases productivas, o si las grandes granjas estatales coexistirían con otras grandes empresas estatales que operasen bajo un esquema de empresas “integradoras” con contratos de producción agrícola.
En los acuerdos entre “integradoras” y productores privados, las primeras proporciona insumos a las granjas privadas, dan seguimiento y se encargan de la venta del pollo una vez finalizado su crecimiento, en tanto los productores privados se encargan –bajo contrato- de cuidar a los animales de la empresa “integradora” hasta que alcancen un peso de mercado a cambio de un pago.
La breve mención, por parte de los funcionarios, acerca de los experimentos conducidos en dos provincias parece indicar que se utilizaría también el esquema de empresas “integradoras” en Cuba, pero no es posible inferir por el momento el alcance que tendría esa variante. Lo que queda claro es que el programa de restablecimiento de un sector de carne avícola se apoyaría inicialmente en las grandes empresas productoras estatales en asociación con el capital extranjero.
Resumiendo,
En el corto plazo las importaciones cubanas de carne de pollo desde EE.UU se mantienen a ni veles altos y estables, pero oficialmente se estima que esos niveles deberán empezar a reducirse progresivamente, con una disminución importante de 100 mil toneladas a partir de 2022 y alcanzando la meta de la autosuficiencia total en 2030.
El programa en marcha se basa, al menos inicialmente, en la creación de grandes empresas productoras estatales asociadas al capital extranjero que tendrían un alto costo de inversión. Por el momento, también se realizan experimentos de contratación con productores individuales, pero no queda claro si se trata de un esquema que incluya el funcionamiento –en escala amplia- de empresas “integradoras” basadas en la contratación con un numero alto de productores privados. Potencialmente, pudiera darle no solamente diversidad al modelo productivo sino también reducir el costo de las inversiones necesarias. Es un tema para seguir analizando.
Notas
1 United States Department of Agriculture (USDA). Foreign Agricultural Service. “Standard Query”. Acceso interactivo a datos. 6 de noviembre de 2019.
2 Leticia Martínez Hernández y Yaima Puig Meneses, “Consejo de Ministros de Cuba analiza funcionamiento del país ante compleja situación energética”, Granma, 27 de septiembre de 2019, http://www.granma.cu/cuba/2019-09-27/trabajar-distinto-porque-son-tiempos-distintos-27-09-2019-00-09-20
3 ONEI. Anuario Estadístico de Cuba 2018.
4 Oscar Figueredo Reinaldo y Lisandra Romeo Matos, “Producción avícola en Cuba: Realidades y desafíos”, Cubadebate, 24 de octubre de 2019, (incluye video de las Mesas redondas) http://www.cubadebate.cu/noticias/2019/10/24/produccion-avicola-en-cuba-realidades-y-desafios-video/#.XcKqvdUo8-V  
5 Datos compilados por al autor basados en video de las Mesas Redondas del 23 y 24 de octubre de 2019. http://www.cubadebate.cu/noticias/2019/10/24/produccion-avicola-en-cuba-realidades-y-desafios-video/#.XcKqvdUo8-V  
6 Ibidem.
7 Ibidem.
8 ONEI. Anuario Estadístico de Cuba 2018.

La coyuntura (en tres actos)

Por Michel E. Torres Corona
-8 noviembre, 2019



Foto: Razones de Cuba
Primer acto

Mi barbero fue deportista y entrenador. De lucha grecorromana, creo. Lo sé porque tiene en su pequeño local, de apenas un par de metros cuadrados, colgado en una pared un diploma de reconocimiento por su trabajo de entonces. “Lo bueno es que yo aprendí a pelar con tijeras”, comenta, “Pelaba a mi papá, a un amigo… porque ahora todos los chamos pelan con maquinita, pero se enredan cuando tienen que sacar la espada.” Dice eso último mientras abre y cierra las tijeras.

Estoy sentado, esperando mi turno. Al lado mío un muchacho de unos treinta años quizás, que por los pelos que aún tiene en la cara, se acaba de pelar. En la silla giratoria, mi barbero da los últimos retoques a un cliente que ya empieza a presentar calvicie. “Te estás quedando calvo, mi hermano”, le dice, mostrando los estragos de la temprana alopecia con un espejo. “Yo sé, Alber, yo sé”, le responde, con cierta tristeza.

Alberto el barbero le recomienda un peinado, para “embarajar”. Y suelta la palabra del momento: “Vaya, algo coyuntural, para que vayas disimulando”. El cuasicalvo hace una mueca, que quizás quiso ser sonrisa. El muchacho a mi lado y yo reímos con ganas. La conversación deriva de la broma a la realidad: mi barbero está un poco escéptico y piensa que Díaz-Canel no va “a dar pie con bola”. El muchacho recién pelado dice que hay que tenerle confianza, que “el hombre” ha sabido resolver varias cosas. Alberto sigue escéptico y pregunta qué cosas; el interpelado calla. “Resolvió lo del pollo”, comenté yo, para ayudarlo. Todos asintieron en silencio.

Hace una semana, el presidente Miguel Díaz-Canel había hablado en televisión nacional, anunciando que, debido al recrudecimiento del bloqueo estadounidense y el aumento de la persecución financiera y jurídica a los socios comerciales de Cuba, el mes de septiembre estaría marcado por una “situación coyuntural” de desabastecimiento de combustible. Se anunciaron medidas para paliar la escasez, mantener (aunque fuera al mínimo indispensable) los servicios a la población y se llamó a la solidaridad. En octubre, las cosas volverían a la normalidad, pero no se descartaba que la presente “coyuntura” se repitiera en un futuro.

“Resolvió lo del pollo pero ahora se puso la cosa mala, mala”, dice mi barbero. “De Período Especial y eso”. El cuasicalvo, con la barbilla pegada al pecho, dijo que no iba a haber Período Especial. Que nosotros teníamos ahora más socios comerciales, que no dependíamos tanto de Venezuela como dependimos antes de la Unión Soviética. Y que el problema era Trump, que la tenía cogida con nosotros. “Nos quiere hacer la vida un yogurt”. “Y parece que va a salir de nuevo”, acotó el recién pelado, mientras se pasaba un pañuelo por la frente. De nuevo, todos asentimos en silencio, con tristeza a la manera de alguien al que se le acaba de anunciar la calvicie.

Mi barbero sigue escéptico: “Pero nosotros también tenemos que dejar esas cosas políticas viejas, dejar el rencor…”. Yo apunto que el empeoramiento de las relaciones bilaterales fue a partir de una política de Trump, trazada en contubernio con políticos como Marco Rubio y anunciada con bombo y platillo ante el “exilio histórico”. El cuasicalvo dice que tengo razón, que con Obama no había sido así, que en su “pincha” habían llegado muchos clientes estadounidenses, que se había visto un reverdecer del intercambio comercial, turístico y cultural con Estados Unidos. Quizás no dijo “reverdecer” exactamente, pero ese era el sentido.

Como no se levantaba aún de la silla giratoria y parecía no tener apuro, el cuasicalvo siguió con su exposición: “Te digo que el lío es el bloqueo. El otro día hablaba con unos socios que si Viet Nam, que si esa gente sí estaban bien… Pero es que Viet Nam está lejos y nosotros estamos ahí mismo, pegaítos a esta gente.” Yo, a modo de pie de página, menciono que el primer socio comercial de la nación vietnamita es Estados Unidos. “¿Tú ves lo que te digo?”, le pregunta al barbero, para responderse a sí mismo: “Con bloqueo y tan cerca, sí no se puede”.

“Y la cantidad de gente que apoya a Trump”, menciona el recién pelado, todavía sentado a mi derecha. “Cubanos y todo”, agrega. Y ahí Alberto sí parece estar de acuerdo, frunce el ceño y dice que esa gente se tomó la Coca-Cola del olvido, que cómo puede ser que ahora apoyen esa política. “¿No tienen familia aquí, chico? ¿No se acuerdan de lo que era estar aquí, con la jugada apretada?”. Todos volvemos a asentir en silencio.

“Vamos a salir de esto”, digo yo, como para hacer un impasse. Y Alberto el barbero me vuelve a hacer una mueca de escepticismo, pero que luego muta en una sonrisa: “Bueno, si se resolvió lo del pollo…”
Segundo acto

Cuando se anunció la medida del incremento salarial, hubo un júbilo generalizado. Todo el mundo estaba emocionado por la noticia, se veían caras de optimismo en la calle y en los centros laborales. Sin embargo, un grupo de economistas empezaron a agitar la bandera de la inflación. Economistas cubanos radicados en Cuba y en el extranjero se sumaron en una intensa campaña que casi parecía un coro griego anunciando una profecía apocalíptica. “Los dioses del mercado velan por las sagradas leyes de la oferta y la demanda. Serán castigados”.

El anunciamiento de la “situación coyuntural” (que pronto fue satirizada por la población, vía choteo) fue aprovechada por esos economistas apocalípticos. Como en especie de “te lo dije”, muchos de estos especialistas empezaron a argüir que la escasez de combustible no era fruto de la hostilidad de Estados Unidos ni del bloqueo, sino consecuencia de un problema estructural y de la negligencia de la “burocracia” cubana de escuchar “a los que saben” y querer dominar la economía nacional con “voluntarismos políticos”. Quizás no dijeron eso exactamente, pero ese era el sentido.

Otro grupo de “cubanólogos”[1], con el profesor (de la universidad de Pittsburgh) Carmelo Mesa-Lago a la cabeza, parecía que se frotaban las manos. La “situación coyuntural” podía no ser un nuevo Período Especial, pero parecía el momento propicio de volver a la carga contra los “conservadurismos” que impedían la transición y el cambio en Cuba. Se entiende que transición y cambio hacia una economía capitalista, obviamente.

El punto en común de cubanólogos y algunos economistas del patio es que soslayan el papel del bloqueo y se concentran en las deficiencias de nuestro modelo económico. Por ejemplo, para Mesa-Lago el “embargo” (porque ni siquiera se anima a llamar las cosas por su nombre) es un factor que meramente “agrava” los problemas económicos de Cuba, que según él “no son coyunturales, sino que se asientan en una consuetudinaria dependencia sobre un socio extranjero.”[2]

Este argumento se repite entre varios economistas, que intentan equiparar la dependencia colonial de Cuba a España, y la opresión neocolonial de Estados Unidos; a las relaciones económicas con la Unión Soviética (el CAME en su conjunto) y, en el presente, con Venezuela. Los datos de que Cuba tenga hoy una mayor diversidad de socios comerciales[3], que se brinde servicios médicos en más de 60 países o que la producción nacional de petróleo cubra casi la mitad de las necesidades del sector doméstico no parecen óbice para que se comience a dar rienda suelta a la imaginación, y a especular sobre escenarios fatídicos en los que la cooperación con Venezuela desaparece por completo.

Y es que la crisis y las emergencias humanitarias no son solo un efecto deseado, sino el escenario idóneo para las “terapias de shock” neoliberales y la transformación de Cuba en otro escenario de reconversión capitalista, al estilo de las exrepúblicas socialistas de Europa del Este, como señala Naomi Klein en su libro “La doctrina del shock”.

Con este propósito, se ocultan las verdaderas causas de la escasez con el combustible en Cuba y se intenta promover la matriz de opinión de que sí, el bloqueo externo influye, pero el bloqueo interno es el determinante. ¿Es que acaso nuestro socio comercial “natural” no es Estados Unidos? Mesa-Lago señala que el turismo ha decaído, pero más de medio millón de estadounidenses visitaron Cuba en el 2017 (durante el “new deal” de Obama). Los estimados de visitantes estadounidenses, si se quitara el bloqueo, están entre los 3 y 5,6 millones anualmente. ¿Podrían las remesas compartir con esa entrada de divisas?

¿Cuánto se ha perjudicado nuestra industria biotecnológica, a la que se le ha negado un mercado y se le prohíbe el uso de materiales y componentes de manufactura estadounidense? ¿Cuánto podría ahorrarse Cuba en materia de importación de alimentos si se establecieran convenios con Estados de la Unión que están deseosos por vendernos sus excedentes agrícolas, a precios inmejorables? ¿Cuánto aumentarían los ingresos por la exportación de minerales como el níquel y el cobalto si empresas estadounidenses pudieran comprar a la Isla?

Hablar de la supuesta “incapacidad” de Cuba para hallar nuevos socios, diversificar sus relaciones comerciales y “disminuir” dependencias, ocultando al bloqueo estadounidense como la causa principal, es una forma taimada de tergiversar la realidad. Imaginen lo mucho que se simplificaría y aumentaría la inversión extranjera en Cuba si disminuyera el “riesgo país”, acrecentado en buena medida por el pavor que infunde en potenciales inversionistas las sanciones económicas, financieras y comercial a las que pueden ser sometidos; o la mayor capacidad de gestión para afrontar “coyunturas” si se le permitiera al Estado cubano el acceso normal a créditos y la interacción pacífica con entidades bancarias del escenario internacional.

Hace unos días fui a comprar arroz por la libre en la bodega. Cuando llegué, el bodeguero le despachaba a un cliente. “Veinte pesos”, le dijo. El hombre pagó con un billete de cincuenta pesos y el bodeguero, bromeando, le preguntó si se podía quedar con el vuelto. “Yo te lo doy después”, afirmó. El cliente se sonrió y negó con la cabeza. “Normalmente, no habría lío. Pero estamos en una situación coyuntural”. Supongo que a la bodega no llegan las profecías apocalípticas.
Tercer acto

Yo no tengo carro. Quizás por eso no me perjudican demasiado las colas que suelo ver en las gasolineras. Pero sí me molestan y decepcionan las personas que acaparan combustible por una cuestión de comodidad. Porque no es una cuestión de interés, es una cuestión de ética, de principios. El presidente nos llama a pensar como país, cosa que de una forma u otra siempre hemos hecho. Porque frente a un enemigo tan formidable, lo único que nos ha sostenido durante todos estos años es la moral, la solidaridad y el talento de nuestra gente.

Pero no divago (más). No tengo carro, así que tuve que llevar en brazos al perro de mi mamá hasta el veterinario. Llevaba varios días tosiendo y el doctor Eligio prescribió diez días de inyecciones diarias. Como el doctor Eligio no trabajaba a domicilio, había que cargar al paciente hasta su consulta, ubicada a unas cuantas (y largas) cuadras de la casa. La mayoría de las veces, lo confieso, mis hermanos dieron el paso al frente. Pero eventualmente me tocó a mí.

Llegué a la consulta del veterinario empapado en sudor, lleno de pelos. El doctor Eligio me llamó para que entrara al local y me indició que pusiera al perro sobre una “camilla” que tenía preparada. “Déjame prender el ventilador”, me dijo, quizás compadeciéndose de mi triste facha. “Lo tengo apagado porque los vecinos andan exigentes con eso del ahorro”, me explicó y luego agregó: “Y a mí me parece bien. Ahorrar es la única manera de aguantar a este loco que insiste en jodernos con el bloqueo.”

Mientras inyectaba a la mascota, yo pensaba en esas profecías apocalípticas que disimulaban con eufemismos al bloqueo, en esos teóricos de Facebook que culpaban al gobierno cubano del desabastecimiento. Pensaba que tan mal no podíamos estar si aún estábamos aquí, luego de sesenta años de guerra económica, con un agresor que era y sigue siendo el imperio más poderoso en la historia de la humanidad.

Es cierto que tenemos que cambiar cosas. Un economista como Juan Triana (con menor tendencia al alarmismo) llamaba a reducir la dependencia al petróleo, potenciando aún más las energías renovables, especialmente la solar.[4] José Luis Rodríguez, quien fuera ministro de Economía, también ha reflexionado mucho sobre la realidad cubana y ha recomendado medidas para la unificación cambiaria, y como prevenir y sobrellevar dificultades potenciales en el desarrollo del país.[5]

También es cierto que debemos aumentar exportaciones y disminuir importaciones, para limitar los daños que los vaivenes internacionales nos puedan provocar; que es recomendable democratizar las empresas para que los planes y las decisiones que se tomen en estas entidades no respondan a lógicas verticales, sino que se descentralicen y se dinamicen sin enfrentarse o negar los objetivos del país.

Pero el socialismo sigue siendo la vía. Ninguna “coyuntura”, por compleja que sea, servirá de telón para el canto de sirenas que intenta lavar el pasado capitalista de Cuba y presentar “cambios” y “reajustes” para nada revolucionarios. Creo que el camino del pueblo sigue siendo la Revolución. Con todo y nuestras contradicciones, con todo el choteo y el escepticismo posible, creo que Alberto el barbero, el bodeguero de la esquina y el doctor Eligio estarían de acuerdo conmigo. Con ellos y con los casi ocho millones de cubanos que votaron sí por el socialismo basta para seguir luchando por un futuro más próspero y justo. Contra eso, no hay coyuntura que valga.


[1] Como se definen a sí mismos, según Emily Morris, un grupo de emigrados, estudiosos del tema Cuba. Ver su estudio “Unexpected Cuba”, cuya traducción al español puede ser encontrada en el blog La Pupila Insomne (https://lapupilainsomne.wordpress.com/2014/11/24/lo-mejor-que-he-leido-sobre-la-economia-cubana-de-los-ultimos-25-anos-pdfs-en-ingles-y-espanol/?fbclid=IwAR2toLUQjUrhIkLKOHdZztAsjm7tlw1em1mDyMuszTeBWOki8S-xjtGSkXs)

[2] Ver “¿Problema coyuntural o crisis estructural en Cuba?”, artículo publicado por el citado cubanólogo en la edición digital de la revista estadounidense OnCuba (https://oncubanews.com/cuba/problema-coyuntural-o-crisis-estructural-en-cuba/)

[3] El propio Mesa-Lago arguye que entre 2012 y 2017 la relación económica con Venezuela disminuyó de 22% a 8% del PIB cubano.

[4] “Cuba más allá de la coyuntura: mirar al Sol”, en https://oncubanews.com/opinion/columnas/contrapesos/cuba-mas-alla-de-la-coyuntura-mirar-al-sol/

[5] Interesante leer su charla a miembros de la UPEC, disponible en https://www.cubaperiodistas.cu/index.php/2019/09/jose-luis-rodriguez-para-fidel-no-habia-economia-sin-politica-ni-politica-sin-economia/

Calentadores solares de agua: apuesta por la calidad de vida y el ahorro




Calentador solar de Copextel. Ilustración Cortesía de la Onure

Como parte de la política para un mayor uso de las fuentes renovables de energía y la eficiencia energética en el país, desde el mes de septiembre comenzó la venta de calentadores solares de agua de 90 litros, de producción nacional, al sector residencial en la capital cubana.
Una tecnología probada y de la cual, afirmó a Granma el ingeniero Erdey Cardete Tejas, director adjunto de la Oficina Nacional para el Control al Uso Racional de la Energía (Onure), «queda claro el impacto en el Sistema Electroenergético Nacional y en la vivienda, pues cuando se calienta agua no se necesita hacer gastos de electricidad ni de gas licuado para un amplio número de actividades», explicó.
Un calentador solar para agua es un equipo o dispositivo que convierte la energía radiante del sol en calor, el cual se utiliza para elevar la temperatura de un recipiente de agua sin consumir gas o electricidad, mencionó el especialista.
De acuerdo con el entrevistado se estima que con un calentador solar se pueden ahorrar hasta 40 kwh al mes solo por concepto de calentamiento de agua y sobre los 30 kwh si se utiliza también esta agua en el precalentamiento de los alimentos. Es decir, que podrían ahorrarse entre 60 y 70 kwh como promedio mensual con el uso de un calentador de este tipo, dijo.
Las ventajas de este producto son múltiples: contar para el aseo personal y de algunos quehaceres domésticos con el agua caliente, que estas tareas requieren, dígase para bañarse, lavar la ropa en la lavadora,  fregar, cocinar (por ejemplo, puede ahorrar tiempo de cocción de los frijoles, del arroz, etcétera); hasta sus beneficios en negocios de belleza, donde sirve para el lavado del cabello, en hostales para los baños de las habitaciones, en las lavanderías para el lavado de la ropa y en los bares, cafeterías y restaurantes, para fregar y cocinar, entre otras múltiples aplicaciones.
Hoy el modelo que se comercializa tiene una capacidad de 90 litros de agua, y entrega como promedio 160 litros del líquido por día a una temperatura de 45 grados Celsius aproximadamente, aunque puede llegar a alcanzar los 70 grados, explicó el directivo.
El Ministerio de Energía y Minas (Minem) dispuso comenzar la venta en una primera etapa de estos equipos por la provincia de La Habana, para lo cual se aprobó la comercialización de 7 000 unidades solo en la capital.
Antes del plazo máximo de un año –refirió Cardete Tejas– se comenzaría a extender la venta al resto del territorio nacional, luego de que a partir de la experiencia de La Habana se conozca el impacto global que ha tenido esta medida en el ahorro energético en la principal urbe de la Isla, y perfeccionado el servicio de venta, instalación y postventa.
Enfatizó en que se trata de una medida que no solo permitirá el ahorro de combustible, a partir de lo que se dejaría de generar, sino que tiene repercusión directa en la economía familiar, pues se reducirían los costos de electricidad en los hogares.
A siete semanas de iniciada la comercialización de los calentadores, se han vendido 551 unidades, comentó el especialista.
¿Qué requerimientos mínimos debe tener la casa para poder instalar un calentador solar?
Según explicó el Director adjunto de la Onure, el espacio para instalar un calentador o sistema debe tener las siguientes características:
  • Exposición solar cuando menos seis horas al día durante todo el año. Por esta razón se debe evitar las sombras producidas por objetos cercanos y o de altura considerable. Muros cercanos, árboles u otras casas son causas potenciales de sombra sobre la zona elegida para la instalación del sistema de calentamiento solar de agua.
  • Resistencia estructural para sostener un peso mayor de cien kilogramos por metro cuadrado, pues el calentador tiene un peso de 125 kilogramos.
  • Posibilidad de instalación de tubería de este lugar al tanque y al calentador de apoyo.
  • De preferencia que tenga una superficie horizontal o en su defecto que se pueda colocar el equipo nivelado, lo más cercano posible al calentador convencional si existe o al servicio de agua caliente que se requiere.
  • De preferencia el equipo debe estar alejado de obstáculos, de las orillas de la azotea o de instalaciones y cables eléctricos.
  • Se debe tener acceso a la zona de instalación, evitando obstáculos para llegar al mismo.
  • En el proceso de instalación los tubos en la espera no deben estar expuestos al sol.
  • Por la presión de trabajo este es un calentador que trabaja a presión atmosférica y soporta una columna de agua a la entrada de entre dos y cinco metros de altura. No se permite la presurización del agua condicionada con equipos utilizados para estos fines.
  • Existencia de una toma de agua fría cercana al lugar donde se pretende montar el calentador.
Subrayó Cardete Tejas que la venta, instalación y servicio postventa de los calentadores se realizan a través de la empresa Copextel. «El usuario tiene o no la facilidad de, al comprar el producto, pedir la instalación de este. Exhortamos a la población a que utilice la posibilidad de solicitar una visita técnica a su vivienda antes de la compra del equipo, con vistas a tener la seguridad de que su casa cumple con las condiciones necesarias antes mencionadas», sostuvo.
El costo del calentador es de 2 945. 00 cup, el de instalación es de 181 cup, y el de una visita técnica de corta distancia (hasta 12 kilómetros) es de 11 pesos, y el de larga distancia (más de 12 kilómetros) se cobrará a peso por cada kilómetro recorrido, puntualizó el ingeniero.
Una vez que se adquiere el equipo, si fue solicitado el servicio de montaje, antes de los 20 días establecidos como plazo máximo Copextel instala el calentador en la vivienda, con garantías de partes y piezas y de instalación. Si el producto fuese instalado por los usuarios, y ocurre alguna avería durante este proceso, el equipo mantiene garantía de partes y piezas, pero pierde la del montaje.
«Unos 38 servicios de instalación han sido cancelados, porque los clientes han dicho que tienen las condiciones, pero cuando van los técnicos no es así», insistió.
Hoy se está trabajando en soluciones técnicas para los principales problemas detectados respecto a los requisitos de instalación, como es el caso de la altura del tanque, agregó.
La garantía del equipo –explicó– es de un año, teniendo en cuenta que, por las características técnicas, el servicio de garantía no se realiza en los talleres especializados de Copextel, sino en los lugares de residencia. Además, por la calidad de agua en las diferentes zonas de La Habana, esta garantía está condicionada a la oportuna realización de los mantenimientos recomendados por el fabricante, que debe realizarse en las casas de los clientes.
Este tiempo de garantía es superior a las ofertas que existen hoy en los mercados de calentadores de gas más complejos, peligrosos y más caros, que en todos los casos son de tres meses.
En caso de roturas de los equipos, el cliente debe dirigirse al servicio de Copextel Leatiendo, mediante el número (53) 7-833 33 33.
Para la compra del equipo, el cliente debe llevar, además de su carné de identidad, el aviso de consumo o recibo de electricidad, mencionó el especialista. Este último es el que nos permitirá monitorear y registrar el ahorro energético real que se produce en el sector residencial en la capital, sostuvo.
PUNTOS DE VENTA PARA LOS CALENTADORES
  • Noriega número 12, entre Fernanda y Finales. Reparto La Fernanda, San Miguel del Padrón.
  • Calle 118 número 8303, entre 83 y 85, Marianao.
  • 5ta. entre 476 y 478, Guanabo, Habana del Este.
  • Infanta No. 56 entre Humboldt y P, Vedado, Plaza de la Revolución.
  • 41 y 34, Playa (se carga en el punto de venta número 2).
  • Calle 51 número 10 023, entre 100 y 102, Marianao.

La guerra de Estados Unidos a la tecnología china


NUEVA YORK – La peor decisión de política exterior que tomó Estados Unidos en la última generación (y tal vez más) fue la “guerra electiva” que inició en Irak en 2003 con el propósito declarado de eliminar armas de destrucción masiva que en realidad no existían. Comprender la irracionalidad detrás de esa decisión desastrosa es más importante que nunca, porque hoy se la está usando para justificar una política estadounidense igualmente errada.

La decisión de invadir Irak siguió la irracionalidad del entonces vicepresidente de los Estados Unidos, Richard Cheney, que declaró que aunque el riesgo de que tales armas cayeran en manos de terroristas fuera minúsculo (digamos, 1%) debíamos actuar como si esa posibilidad fuera indudable.

Esa forma de pensar llevará a decisiones erróneas la mayoría de las veces. Pero Estados Unidos y algunos de sus aliados ahora están aplicando la Doctrina Cheney contra la tecnología china. El gobierno de los Estados Unidos sostiene que como no sabemos con certeza si las tecnologías chinas son seguras, debemos actuar como si fueran indudablemente peligrosas y prohibirlas.

Para una toma de decisiones correcta se aplica el cálculo de probabilidades a los diversos cursos de acción. Hace una generación, el gobierno estadounidense tendría que haber considerado no sólo el (presunto) 1% de riesgo de que armas de destrucción masiva cayeran en manos de terroristas, sino también el 99% de riesgo de una guerra basada en supuestos deficientes. Con su énfasis en el 1% de riesgo, Cheney (y muchos otros) distrajeron la atención pública de la probabilidad, mucho mayor, de que la Guerra de Irak careciera de justificación y desestabilizara gravemente la política de Medio Oriente y del mundo.

El problema con la Doctrina Cheney no es sólo que recomiende acciones basadas en riesgos pequeños sin considerar costos potencialmente muy altos, sino que alienta a los políticos a agitar temores con otras intenciones.

Es lo que está haciendo otra vez la dirigencia estadounidense: generar pánico a las empresas tecnológicas chinas postulando (y exagerando) riesgos minúsculos. El caso más pertinente (pero no el único) es el ataque del gobierno estadounidense a la empresa de tecnología inalámbrica de banda ancha Huawei. Estados Unidos le ha vedado el acceso a sus mercados y trata de impedirle hacer negocios en todo el mundo. Lo mismo que con Irak, puede terminar creando un desastre geopolítico sin razón alguna. 

He seguido los avances tecnológicos de Huawei y su trabajo en países en desarrollo, ya que creo que el estándar 5G y otras tecnologías digitales pueden ayudar enormemente a poner fin a la pobreza y alcanzar otros Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas. También he interactuado con otras empresas de telecomunicaciones y he alentado a la industria a intensificar acciones para el logro de los ODS. Hace un tiempo escribí un breve prefacio (no remunerado) para un informe de Huawei sobre el tema, y recibí críticas de enemigos de China; pedí entonces a altos funcionarios públicos y de la industria pruebas de actividades indeseables por parte de Huawei. Una y otra vez me dijeron que la conducta de Huawei no difiere de la de empresas líderes del sector dignas de confianza.

Pero el gobierno estadounidense sostiene que los equipos 5G de Huawei pueden ser un riesgo para la seguridad global. Los funcionarios estadounidenses afirman que una “puerta trasera” en el software o el hardware de Huawei daría al gobierno chino medios para la vigilancia mundial; al fin y al cabo, señalan, las leyes chinas exigen a las empresas de ese país cooperar con el gobierno por motivos de seguridad nacional.

Ahora bien, he aquí los hechos. Los equipos 5G de Huawei son económicos y de alta calidad, mejores en la actualidad a los de muchos competidores, y ya se están desplegando. Su buen desempeño es resultado de años de inversiones sustanciales en investigación y desarrollo, economías de escala y aprendizaje mediante la práctica en el mercado digital chino. Dada la importancia de la tecnología para el desarrollo sostenible de las economías de bajos ingresos, sería una insensatez que estas rechacen el despliegue adelantado del estándar 5G.

Pero sin ofrecer prueba alguna de la existencia de puertas traseras, Estados Unidos quiere que el mundo evite a Huawei, sobre la base de afirmaciones genéricas. Como expresó una integrante de la Comisión Federal de Comunicaciones de los Estados Unidos: “El país que domine el 5G dominará la innovación y fijará los estándares para el resto del mundo, y hoy no es probable que ese país sea Estados Unidos”. Otros países, notoriamente el Reino Unido, no encontraron puertas traseras en el hardware y el software de Huawei. E incluso si se las descubriera más tarde, es casi seguro que se las podría cerrar en ese momento.

La cuestión Huawei es tema de intenso debate en Alemania, donde el gobierno estadounidense amenaza con reducir la cooperación en inteligencia si las autoridades no vedan la tecnología 5G de Huawei. Tal vez como resultado de la presión estadounidense, hace poco el jefe del servicio de inteligencia alemán formuló una declaración equivalente a la Doctrina Cheney: “La infraestructura no es un área apta para una organización en la que no es posible confiar plenamente”. Pero no presentó pruebas de ilícitos concretos. La canciller Angela Merkel, en cambio, está batallando en segundo plano para mantener el mercado abierto a Huawei.

Algo irónico, aunque tal vez predecible, es que las quejas de Estados Unidos tienen que ver en parte con sus propias actividades de vigilancia dentro y fuera del país; los equipos chinos pueden dificultar la vigilancia secreta por parte del gobierno estadounidense. Pero la vigilancia injustificada por parte de cualquier gobierno debe terminar. Hay que incorporar al sistema mundial de telecomunicaciones mecanismos de supervisión independientes a cargo de Naciones Unidas para frenar esas actividades. En síntesis, necesitamos diplomacia y salvaguardas institucionales, no una guerra tecnológica.

La amenaza de las demandas estadounidenses de bloquear a Huawei no sólo afecta el despliegue adelantado de la red 5G. También conlleva profundos riesgos para el sistema de comercio internacional basado en reglas. Ahora que Estados Unidos ya no es el líder tecnológico indiscutido del mundo, el presidente Donald Trump y sus asesores no aceptan competir en el marco de dicho sistema. Buscan contener el ascenso de China. Su intento simultáneo de neutralizar la Organización Mundial del Comercio impidiendo el funcionamiento de su sistema de resolución de disputas muestra el mismo desdén por las normas internacionales.

Si la administración Trump consigue dividir el mundo en campos tecnológicos separados, los riesgos de conflictos futuros se multiplicarán. Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos promovió el libre comercio no sólo para aumentar la eficiencia global y abrir mercados a la tecnología estadounidense sino también para revertir el colapso del comercio internacional en los años treinta. Colapso que se debió en parte a los aranceles proteccionistas impuestos por Estados Unidos según la Ley Smoot-Hawley (1930), que magnificaron la Gran Depresión, lo que a su vez contribuyó al ascenso de Hitler y, finalmente, al inicio de la Segunda Guerra Mundial.

En los asuntos internacionales, igual que en otros ámbitos, atizar el miedo y usarlo como fundamento de la acción en vez de la evidencia es una receta para el desastre. Aferrémonos en cambio a la racionalidad, la evidencia y las reglas como curso de acción más seguro. Y creemos mecanismos de supervisión independientes que reduzcan el riesgo de que cualquier país use las redes globales con fines de vigilancia o ciberguerra. Así, el mundo podrá continuar la tarea urgente de poner los grandes avances en tecnología digital al servicio del bien común.

Traducción: Esteban Flamini



JEFFREY D. SACHS, Professor of Sustainable Development and Professor of Health Policy and Management at Columbia University, is Director of Columbia’s Center for Sustainable Development and of the UN Sustainable Development Solutions Network. His books include The End of Poverty, Common Wealth, The Age of Sustainable Development, Building the New American Economy, and most recently, A New Foreign Policy: Beyond American Exceptionalism.