Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

sábado, 12 de mayo de 2018

Que coman filetes marca Trump

Retirar las ayudas a la compra de alimentos perjudicará, una vez más, a los votantes del presidente


Donald Trump (en el centro), en una reunión del Consejo de Ministros. SAUL LOEB GETTY

En general, a Donald Trump le interesan muy poco los detalles de la política. Por ejemplo, es evidente desde hace tiempo que nunca se ha molestado en entender para qué servía realmente su única victoria legislativa importante, la rebaja fiscal de 2017. De modo similar, está bastante claro que no tenía ni idea de qué había en realidad en el acuerdo con Irán que acaba de revocar. En ambos casos, ha sido más una cuestión de ego que de fondo: anotarse una "victoria" y deshacer lo logrado por su predecesor.

Pero hay algunas cuestiones políticas que sí le importan de verdad. A decir de todos, siente verdadera aversión por la idea de que la gente reciba "asistencia social", refiriéndose con esto a cualquier programa público que ayude a personas con rentas bajas, y quiere eliminar esos programas siempre que sea posible.

Se dice que hace poco amenazó con vetar la futura ley agraria a no ser que imponga duros requisitos laborales a los perceptores del Programa Asistencial de Nutrición Suplementaria (SNAP por sus siglas en inglés), conocido en general como los cupones para alimentos.

Permítanme ser directo: hay algo esencialmente obsceno en este espectáculo. Tenemos a un hombre que heredó una gran riqueza y que luego desarrolló una trayectoria empresarial principalmente a base de engañar a gente crédula, ya fuesen ingenuos que invertían en sus negocios y cargaban con el muerto cuando esos negocios quebraban, o estudiantes que perdían tiempo y dinero en títulos inútiles emitidos por la Universidad Trump. Así y todo, está decidido a quitarles la comida de la boca a personas verdaderamente desesperadas, porque está seguro de que, de una manera u otra, se están librando de algo, de que lo tienen demasiado fácil.

Pero por mezquinos que sean los motivos de Trump, este es un gran problema desde el otro lado. La Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO, por sus siglas en inglés) calcula que los nuevos requisitos laborales y otras restricciones propuestas por los republicanos de la Cámara de Representantes acabarían negando o reduciendo la ayuda nutricional a cerca de dos millones de personas, la mayoría familias con niños.

¿Por qué querría alguien hacer eso? El problema está en que no es solo Trump: el odio de los conservadores a los cupones para alimentos está muy extendido. ¿A qué se debe?

El lado más respetable, supuestamente intelectual, de la opinión conservadora plantea que los cupones para alimentos reducen los incentivos, al hacerles la vida demasiado cómoda a los pobres. Como explicaba Paul Ryan, el SNAP y otros programas crean una "hamaca" que "mece a personas físicamente aptas y las lleva a una vida de dependencia y complacencia".

Pero este es un problema que existe solo en la imaginación de la derecha. Es muy difícil encontrar perceptores físicamente aptos de SNAP que debieran estar trabajando y no lo hacen; la gran mayoría de los beneficiarios del programa tienen trabajo —aunque en empleos inestables que pagan poco— o son niños, ancianos, discapacitados o cuidadores esenciales de familiares.

Ah, y hay pruebas sólidas de que los niños de familias con pocos ingresos que reciben cupones para alimentos se convierten en adultos más productivos y sanos, lo que significa que el programa es, de hecho, bueno para el crecimiento económico a largo plazo.

¿Se trata de dinero? La aprobación de la rebaja de impuestos de 2017, que destrozará el presupuesto, demostró de una vez por todas, a cualquiera que lo dudase, que a los republicanos les dan igual los déficits.

Pero incluso aunque les importasen, la CBO calcula que los recortes propuestos para los cupones de alimentos ahorrarían menos del 1%, sí, el 1%, de los ingresos perdidos debido a esa rebaja de impuestos. De hecho, en la próxima década todo el programa SNAP, que ayuda a 40 millones de estadounidenses, solo costará aproximadamente un tercio de lo que costará la rebaja de impuestos. No, no es una cuestión de dinero.

¿Y el racismo? Históricamente, los ataques a los cupones de alimentos han comportado un elemento racial apenas oculto: por ejemplo, cuando Ronald Reagan imaginó a un "fornido joven negro" usando los cupones de alimentos para comprar chuletones. Y sospecho que el propio Trump todavía piensa que los cupones de alimentos son un programa para negros urbanos.

Pero si bien muchos negros urbanos reciben cupones para alimentos, también los reciben muchos blancos de las zonas rurales. A escala nacional, hay muchos más blancos que negros recibiendo cupones, y la participación en el SNAP es más elevada en los condados rurales que en los urbanos. Los cupones para alimentos son especialmente importantes en regiones deprimidas como los Apalaches, que han perdido empleos en el carbón y en otros sectores tradicionales.

Y sí, esto significa que algunas de las mayores víctimas de la obsesión de Trump con recortar la "asistencia social" serán los mismos que lo elevaron al cargo.

Piensen en el condado de Owsley, Kentucky, en el epicentro de la crisis regional de los Apalaches. Más de la mitad de la población del condado recibe cupones para alimentos; el 84% de los electores votaron a Trump en 2016. ¿Sabían qué votaban?

Al final, no creo que haya ninguna justificación política para el ataque a los cupones de alimentos. No se trata de incentivos, ni de dinero. Y hasta la animosidad racial que tradicionalmente se oculta tras los ataques a los programas sociales en Estados Unidos ha retrocedido parcialmente a un segundo plano.

No, esto es crueldad mezquina convertida en principio de gobierno. Se trata de gente privilegiada que mira a otros menos afortunados y no piensa "yo podría estar ahí, si no fuese por la gracia de Dios"; simplemente ven a un montón de perdedores. No quieren ayudar a los menos afortunados; de hecho, les indigna la idea misma de que la ayuda pública haga un poco menos desgraciados a esos perdedores.

Y esta es la gente que en estos momentos gobierna Estados Unidos.

Paul Krugman es premio Nobel de Economía.
© The New York Times Company, 2018.
Traducción de News Clips.

Caribe insular se coloca en el tope de las prioridades de la Cepal

Según cálculos oficiales, la deuda externa del Caribe insular sobrepasa los 42.000 millones de dólares.

ECONOMÍA Ivet González 12 mayo, 2018


Un momento de la clausura del 37 periodo de sesiones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), que se desarrolló entre los días 7 y 11 de mayo en el Palacio de Convenciones de La Habana. Foto: Jorge Luis Baños/IPS

LA HABANA, 12 may 2018 (IPS) – Con la decisión de apoyar la reducción de la deuda externa y el enfrentamiento al cambio climático en las islas del Caribe, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) cerró su 37 período de sesiones este viernes 11 en la capital cubana.

“Estamos proponiendo analizar la vulnerabilidad de la insularidad del Caribe en dos temas: el cambio climático y el altísimo endeudamiento externo de sus países”, dijo Alicia Bárcena, la secretaria ejecutiva de la Cepal, en una conferencia de prensa posterior a la clausura de la reunión más importante del organismo regional de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Con diferencias por naciones, se calcula que la deuda externa del Caribe insular sobrepasa los 42.000 millones de dólares.

Bárcena especificó, al clausurarse el encuentro iniciado el lunes 7, que la Cepal desarrolla una iniciativa para aliviar el endeudamiento externo y “crear un fondo de resiliencia”.

Se concentrará, detalló, en reducir la deuda pública multilateral aunque propiciará diálogos entre deudores y acreedores privados y públicos, en dependencia de la situación de cada país.

De esta manera, la agencia regional aspira a demostrar que el grave endeudamiento de la subregión se debe al “costo tan alto que han tenido que enfrentar estos países por el impacto de los desastres naturales”, remarcó la alta funcionaria, que lleva 10 años al frente de la Cepal, que en 2018 celebra sus 70 años.

La segunda iniciativa se aboca a apoyar la adaptación al cambio climático, que cuenta con un fondo ya creado por México y Canadá, luego de que en 2017 el paso arrasador de los huracanes Irma y María mostraron la casi nula resiliencia de los países y territorios asociados del Caribe y su exposición a eventos extremos.

Bárcena contextualizó que, al calificar como países de ingresos medios en términos mundiales, muchas de las naciones caribeñas “no reciben ayuda al desarrollo, no tienen acceso a fondos concesionales ni a tratamiento especial en materia comercial”, un problema general de América Latina analizado durante el encuentro.

Con el objetivo general de repensar el enfrentamiento a las desigualdades en la región más desigual del planeta, la cita de La Habana logró la aprobación de 18 acuerdos sobre cooperación, empoderamiento femenino, sociedad de la información y ambiente, entre otros temas de desarrollo.


La secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena, en el centro, entre el ministro cubano de Comercio Exterior, Rodrigo Malmierca, y la vicesecretaria general de la ONU, Amina Mohammed, durante la clausura del 37 periodo de sesiones del organismo regional, en el Palacio de Convenciones de La Habana.Foto: Jorge Luis Baños/IPS

Congregó a representantes de los 46 países miembros y 13 asociados de la Cepal, investigadores y académicos, funcionarios de casi 30 organismos intergubernamentales, especializados y del sistema de la ONU. E incluyó un foro de representantes de 25 organizaciones de la sociedad civil.

Otros asuntos analizados fue una revisión de la cooperación Sur-Sur entre países en desarrollo y el avance en el cumplimiento de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), acordados por Naciones Unidas para ser cumplidos en 2030.

Los problemas ambientales tuvieron un espacio protagónico en la reunión ya que, en la región compuesta por 33 países se produjeron casi 17 por ciento de los 10.271 desastres naturales registrados en el mundo entre 1970 y 2010.

El proyecto de trabajo presentado por Cuba al resto de los países miembros, como parte de su presidencia pro tempore de la Cepal de 2018 a 2020, planea analizar las tendencias actuales y emergentes en las nuevas tecnologías, mercados y bioeconomía para trabajar en la adaptación y mitigación del cambio climático.

“Cuba va a trabajar con empeño y gran responsabilidad para juntos ir labrando el camino hacia el futuro. Y lo haremos además privilegiando la región del Caribe (…) porque tenemos que darle un apoyo especial a los países que tienen mayores vulnerabilidades”, aseguró durante la clausura Rodrigo Malmierca, ministro cubano de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera.

Este país insular caribeño asume este rol cuando el organismo internacional prioriza el área con el eslogan en inglés “Caribbean First” (El Caribe primero), que fue muy repetido durante el 37 período de sesiones.

“Las pérdidas anuales promedio por desastres naturales en el Caribe son estimadas en 3.000 millones, dentro de las cuales los sectores social y productivo se llevan la peor parte”, reveló el informe “The Caribbean Outlook. 2018” (disponible solo en inglés), que actualiza datos económicos, sociales y ambientales de la zona insular.


Tres participantes en el 37 periodo de sesiones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) conversan durante un receso en la sesión de clausura del encuentro regional, el 11 de mayo, en la capital cubana. Foto: Jorge Luis Baños/IPS

El texto, elaborado por la Cepal y presentado el 9 de mayo, califica de “desafíos más serios” de la subregión al impacto del cambio climático y la falta de financiamiento en mitigación y adaptación ante el impacto del incremento de las temperaturas.

Mientras los países latinoamericanos experimentaron despuntes en su desarrollo económico en diferentes momentos desde entonces, “las economías caribeñas continúan presentando un persistente bajo crecimiento desde la crisis global de 2008-2009”, reveló el documento.

El Caribe insular, además, ha tenido décadas de progreso en desarrollo humano, pero actualmente afronta el crecimiento de la pobreza e inequidad de ingresos, a juicio de la Cepal sus principales causas de la exclusión social de grupos y comunidades vulnerables, en especial las mujeres, jóvenes y personas de la tercera edad.

Las islas caribeñas, como el resto de la región, afrontan nuevos retos para cumplir con la agenda de desarrollo para 2030, muy ligada a solucionar problemas ambientales y del cambio climático.

“Está claro que los Estados ya no pueden solos con unos estándares de desarrollo sostenible en la actualidad mucho más complejos que los del siglo XX”, dijo a IPS Carmen Isabel Claramunt, directora adjunta de cooperación internacional del Ministerio de Relaciones Exteriores de Costa Rica, un país líder en la protección ambiental en la región.

Claramunt, junto con un delegado chileno, brindó una pormenorizada información durante las sesiones sobre el Acuerdo Regional sobre Acceso a la Información, la Participación Pública y el Acceso a la Justicia en Asuntos Ambientales en América Latina y El Caribe, conocido como el Acuerdo de Escazú.

Se trata de un instrumento vinculante para la defensa de los derechos ambientales de la región, alcanzado en la capital costarricense el 4 de marzo, con el que 24 países de la región se comprometieron a cumplir con el Principio 10 de la Declaración de Río, con que concluyó la llamada Cumbre de la Tierra, en 1992.

Ese Principio 10 busca asegurar que cada persona tenga acceso a la información, participe en la toma de decisiones y acceda a la justicia en asuntos ambientales, con el fin de garantizar el derecho a un medio ambiente sano y sostenible de las generaciones presentes y futuras.

“La ciudadanía está llamada a jugar un rol muy diferente al del pasado. En materia de cooperación Sur-Sur, (los ODS) nos está poniendo retos: antes cooperábamos solo a nivel oficial y hoy tenemos que incorporar procesos de cooperación mucho más sofisticados”, explicó la funcionaria costarricense.

“Estamos en la búsqueda de cuáles son esos esquemas de trabajo conjunto, de cómo hacer la cooperación Sur-Sur con nuevos actores, con una agenda más compleja y con visiones que deben ser complementarias”, sopesó.

Producir alimentos en tiempos adversos

El arroz es uno de los cultivos beneficiados por el proyecto Basal. Foto: Istuan Ojeda
Como sugieren los resultados de las investigaciones realizadas en el país para determinar los posibles impactos del cambio climático en la esfera agropecuaria, las principales actividades de ese vital sector deben desenvolverse en un entorno futuro caracterizado por el aumento de las temperaturas y la aridez ambiental, el incremento en la frecuencia e intensidad de los eventos de sequía, y un acentuado déficit de agua.
Dada la urgencia de trabajar en la búsqueda de soluciones encaminadas a reducir las vulnerabilidades y propiciar la adaptación de la rama agropecuaria a las manifestaciones actuales y posteriores del cambio climático, el Estado cubano, a través del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma) y en decisión colegiada con el Ministerio de la Agricultura (Minag), puso en marcha en el 2013 el Proyecto Bases Ambientales para la Sostenibilidad Alimentaria (Basal), con el respaldo financiero de la Unión Europea y la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación.
Liderado por el Instituto de Geografía Tropical del Citma, la implementación de Basal está a cargo del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo.
Experiencia que se multiplica
El doctor en Ciencias Juan Mario Martínez, director de Basal, precisó a Granma que el programa comenzó a instrumentarse en tres sectores claves en la alimentación de la población cubana: arroz, cultivos varios y ganadería vacuna destinada a la producción de leche.
Tres municipios representativos de los renglones mencionados resultaron seleccionados para acoger el inicio de la experiencia. Fueron ellos Los Palacios en Pinar del Río, Güira de Melena, en Artemisa, y Jimaguayú, en la provincia de Camagüey.
«Desde el principio involucramos a un numeroso grupo de instituciones científicas del Citma y el Minag», precisa el doctor Juan Mario, y explica que con la participación de los gobiernos locales de los tres municipios citados se seleccionaron las fincas y unidades productivas donde empezarían a trabajar, en las cuales hicieron un levantamiento o diagnóstico para conocer a qué se dedicaban, tipos de suelo, disponibilidad de agua, comportamiento de las precipitaciones y otros datos esenciales a tomar en cuenta a la hora de elegir las tecnologías y procedimientos más adecuados de aplicar.

«Las principales acciones de adaptación al cambio climático aplicadas con Basal han estado relacionadas con el mejoramiento y conservación de suelos, uso eficiente del agua para riego y abasto animal, empleo de variedades resistentes a condiciones ambientales extremas y de semillas certificadas de calidad, impulso a la introducción de fuentes de energía renovables, el manejo integrado de plagas y el procesamiento de alimentos».
Mencionó entre las tecnologías novedosas introducidas por el Proyecto, las Niveladoras de Terreno Láser, que favorecen el aprovechamiento y la distribución óptima del agua destinada al riego en el cultivo del arroz, así como del modelo informático weap, con el cual es posible estimar la demanda de agua de los usuarios de la localidad por tipo de cultivo y volumen entregado, facilitando así elaborar el balance de ese recurso para cada productor.
Resalta, asimismo, el surgimiento de los Centros de Creación de Capacidades y Gestión del Conocimiento (ya funcionan siete) y el desarrollo de la Red de Información Agrometeorológica y Productiva, a cargo del Instituto de Meteorología, devenidas herramientas clave en la preparación de los trabajadores (estatales y no estatales), el intercambio y actualización de datos, y la toma de decisiones.
En opinión del campesino Marcelino Leyva Pérez, de la cooperativa de créditos y servicios Romárico Cordero, de Florida, Camagüey, dedicada a la producción de leche y a la ceba de toros, el empleo de fertilizantes orgánicos y otras prácticas introducidas en su finca desde hace dos años al calor de Basal, reportó una mejora apreciable de los pastos, y favoreció la obtención de más litros de leche por vaca y la más rápida ganancia de peso de los animales.
A cinco años de su implementación, Basal tiene hoy diferentes niveles de intervención en 33 municipios de Cuba y más allá de los resultados en el incremento de los rendimientos, su mayor legado radica en haber capacitado y sensibilizado a un alto número de productores, productoras, directivos de empresas y representantes de los gobiernos locales, para adecuar la rama agropecuaria a los complejos escenarios climáticos proyectados, y contribuir a la sostenibilidad alimentaria de la nación.
Baste apuntar que ya suman 46 las prácticas y tecnologías agropecuarias para la adaptación al cambio climático implementadas en el arroz, cultivos varios y la producción lechera en más de 90 sitios demostrativos del país.
No menos esenciales han sido las diferentes acciones promovidas por Basal para reforzar la igualdad de género y favorecer el empoderamiento de la mujer.
ALGUNOS COMPONENTES DE LA TAREA VIDA A LOS CUALES CONTRIBUYE BASAL
- Tarea No. 1: Identificar y acometer acciones y proyectos de adaptación al cambio climático de carácter integral y progresivo, necesarios para reducir las vulnerabilidades en las 15 zonas identificadas como priorizadas; considerando en el orden de actuación a la población amenazada, su seguridad física y alimentaria y el desarrollo del turismo.
- Tarea No. 4: Asegurar la disponibilidad y uso eficiente del agua como parte del enfrentamiento a la sequía, a partir de la aplicación de tecnologías para el ahorro y la satisfacción de las demandas locales. Elevar la infraestructura hidráulica y su mantenimiento, así como la introducción de acciones para medir la eficiencia y productividad del agua.
- Acción Estratégica No. 3: Adaptar las actividades agropecuarias, en particular las de mayor incidencia en la seguridad alimentaria del país, a los cambios en el uso de la tierra como consecuencia de la elevación del nivel del mar y la sequía.