Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

sábado, 8 de octubre de 2016

Escapar de la nueva normalidad de débil crecimiento

Por Michael Spence, a Nobel laureate in economics, is Professor of Economics at NYU’s Stern School of Business, Distinguished Visiting Fellow at the Council on Foreign Relations, Senior Fellow at the Hoover Institution at Stanford University

MILÁN – Sin lugar a dudas, la recuperación de la recesión mundial provocada por la crisis financiera del año 2008 ha sido inusualmente larga y anémica. Algunos aún esperan un repunte en el crecimiento. Sin embargo, ocho años después de que estallara la crisis, la situación que atraviesa la economía mundial comienza a mostrarse más como un nuevo equilibrio de bajo crecimiento que como una recuperación lenta. ¿Por qué ocurre esto y hay algo que podamos hacer al respecto?

Una posible explicación de esta “nueva normalidad” que ha recibido mucha atención es la disminución del crecimiento de la productividad. Pero, a pesar de la considerable cantidad de datos y análisis, el rol que desempeña la productividad en el actual malestar ha sido difícil de definir – y, en los hechos, parece no tener la importancia crítica que muchos piensan.

Por supuesto, la desaceleración del crecimiento de la productividad no es buena para el desempeño económico a largo plazo, y puede ser una de las fuerzas que frenan a Estados Unidos, a medida que se acerca al nivel de “pleno” empleo. Pero, en gran parte del resto del mundo otros factores – para nombrar algunos, la demanda agregada insuficiente y las significativas brechas de productividad, enraizadas en el exceso de capacidad y activos subutilizados (incluyéndose entre ellos a las personas) – parecen tener mayor importancia.

En la eurozona, por ejemplo, la demanda agregada en muchos países miembros se ha visto restringida por, entre otras cosas, el gran superávit de cuenta corriente de Alemania, que ascendió a 8,5% del PIB en el año 2015. Al tener una mayor demanda agregada y un uso más eficiente de los recursos humanos y otros recursos de capital existentes, las economías podrían lograr un impulso significativo en el crecimiento a mediano plazo, incluso sin que estén presentes ganancias de productividad.

Nada de esto quiere decir que debemos ignorar el desafío de la productividad. Pero la verdad es que la productividad no es el principal problema económico en este momento.

Hacer frente a los problemas más apremiantes de la economía mundial requerirá de la acción de múltiples actores –no sólo de la de los bancos centrales. Sin embargo, hasta el momento, las autoridades monetarias han asumido gran parte de la carga de la respuesta frente a la crisis. En primer lugar, intervinieron para evitar el colapso del sistema financiero, y, más tarde, para detener la crisis bancaria y de la deuda soberana en Europa. Luego continuaron su accionar para reducir las tasas de interés y la curva de rendimiento, elevando los precios de los activos, lo que a su vez impulsó la demanda vía los efectos de riqueza.

Pero este abordaje, a pesar de hacer algo bueno, ha llegado a su fin. Las tasas de interés muy bajas – incluso negativas – no han logrado restablecer la demanda agregada o estimular la inversión. Y, el canal de transmisión del tipo de cambio no tendrá muchos efectos positivos, ya que no aumenta la demanda agregada, simplemente desplaza la demanda entre los sectores relacionados al comercio exterior de los países. La inflación ayudaría, pero incluso las medidas monetarias más expansivas han estado esforzándose por elevar la inflación para que se alcance los niveles-objetivo, Japón presenta un ejemplo de lo antedicho. Una de las razones para esto es la presencia de una demanda agregada inadecuada.

Nunca se debería haber esperado que la política monetaria por sí sola cambie las economías, llevándolas a una trayectoria más alta de crecimiento sostenible. Y, de hecho, no lo hizo: la política monetaria explícitamente pretendía ganar tiempo para que los hogares, el sector financiero y los países soberanos deudores reparen sus hojas de balance; y, las políticas de crecimiento comiencen a funcionar.

Desafortunadamente, los gobiernos no fueron lo suficientemente lejos en la búsqueda de respuestas fiscales y estructurales complementarias. Una de las razones es que las autoridades fiscales en muchos países – en particular, en Japón y partes de Europa – se han visto limitadas por los altos niveles de deuda soberana. Por otra parte, en un entorno con tasas de interés bajas, estos países pueden vivir con sobreendeudamiento.

Para los gobiernos altamente endeudados, las tasas de interés bajas tienen importancia crítica para mantener los niveles de endeudamiento en niveles sostenibles y para aliviar la presión relativa a la reestructuración de la deuda y la recapitalización de los bancos. El desplazamiento hacia un equilibrio en el rendimiento de la deuda soberana alto haría que sea imposible lograr el equilibrio fiscal. En la eurozona, en el año 2012 el Banco Central Europeo anunció que su compromiso relativo a evitar que los niveles de endeudamiento se tornen insostenibles estaba políticamente condicionado a la restricción fiscal.

También hay motivaciones políticas en juego. Los políticos simplemente prefieren mantener la carga sobre la política monetaria y evitar así ir tras la consecución de políticas difíciles o impopulares – incluyéndose entre ellas las reformas estructurales, la reestructuración de la deuda y la recapitalización de los bancos – mismas que están destinadas a impulsar el acceso a los mercados y la flexibilidad, incluso si esto significa socavar el crecimiento a mediano plazo.

El resultado es que las economías están atrapadas en un supuesto equilibrio de Nash, en el cual ningún participante puede ganar a través de una acción unilateral. El crecimiento sufrirá si los bancos centrales intentan abandonar sus políticas agresivamente acomodaticias sin acciones complementarias para reestructurar la deuda o restablecer la demanda, el crecimiento y la inversión– así como también sufrirá la credibilidad de los bancos centrales, o incluso su independencia.

Pero estas instituciones deben abandonar las mencionadas políticas monetarias expansivas, porque ellas han llegado al punto en el que pueden estar haciendo más daño que bien. Al suprimir los rendimientos para los ahorristas y para los titulares de activos por un período prolongado, las tasas de interés bajas han estimulado una búsqueda frenética de rendimiento.

Esta búsqueda toma dos formas. Una es el aumento del apalancamiento, que ha aumentado en todo el mundo en una cifra de alrededor de $70 millones de millones de dólares desde el año 2008, y en gran medida (aunque no totalmente) esto ha ocurrido en China. La otra es la volatilidad de los flujos de capital, lo que ha llevado a los formuladores de políticas en algunos países a ir tras de su propia flexibilización monetaria o a imponer controles de capital, con el fin de evitar daños al crecimiento en su sector de comercio exterior.

En el pasado los líderes políticos mostraron más coraje en la implementación de reformas estructurales y de seguridad social que puede que impidan el crecimiento por un tiempo, pero estabilizan la situación fiscal de sus países. De manera más general, las autoridades fiscales tienen que cooperar mucho más y de mejor manera con sus contrapartes, a nivel nacional e internacional.

Dicho accionar probablemente tendrá que esperar hasta que las consecuencias políticas del bajo crecimiento, la alta desigualdad, la desconfianza en la inversión y el comercio internacional, así como la pérdida de independencia del banco central se tornen en demasiado pesadas para soportar. Probablemente esto no ocurrirá de inmediato; pero, dado el surgimiento de líderes populistas que aprovechan estas tendencias adversas para ganar apoyo, puede que dichas acciones no estén demasiado lejanas.

En este sentido, el populismo puede ser una fuerza beneficiosa, ya que desafía al status quo problemático. Sin embargo, en el caso de que los líderes populistas se hagan del poder, permanece el riesgo de que ellos vayan a ir tras la consecución de políticas que conducen a resultados que son aún peores.

Traducción de Rocío L. Barrientos.

Cuba arribó este sábado a los tres millones de visitantes internacionales


Con ello el país refuerza su posicionamiento en el escenario turístico mundial


Varadero, principal balneario cubano. El turismo sostenible es uno de los principales ejes en el que centra su atención la Asociación de Estados del Caribe. Foto:Granma


Cuba arribó este 8 de octubre de 2016 a los tres millones de visitantes internacionales, 39 días antes que en 2015, informó una nota del Ministerio de Turismo de la Mayor de las Antillas.

Este resultado representa un crecimiento acumulado de 12%, con lo cual el destino Cuba refuerza su posicionamiento en el escenario turístico mundial.

Ello ha sido posible gracias a la labor de los trabajadores del turismo cubano, a la cooperación de múltiples sectores de nuestra economía, al acompañamiento de los colaboradores internacionales, y muy especialmente al apoyo constante de nuestro Gobierno y de nuestro pueblo, protagonistas del desarrollo del turismo en nuestro pais, agrega la nota del Mintur.

Este incremento en la cifra de visitantes internacionales al destino Cuba, representa un compromiso por alcanzar resultados superiores en nuestra gestión, a trabajar por la mejora y diversificación continua de nuestro producto y a elevar la calidad en el servicio que prestamos. El objetivo máximo es el de incrementar nuestros resultados para lograr un mayor aporte al desarrollo de nuestro país y al bienestar de nuestro pueblo, concluye la comunicación del organismo cubano.

Cuba. Lineamientos de la política económica y social, periodo 2016-2021.III. POLÍTICA ECONÓMICA EXTERNA

III. POLÍTICA ECONÓMICA EXTERNA 

LINEAMIENTOS GENERALES 

62. Consolidar la credibilidad del país en sus relaciones económicas internacionales, mediante el estricto cumplimiento de los compromisos contraídos. 

63. Continuar prestando la máxima atención a la selección y al control de los cuadros, funcionarios y empresarios que intervienen en las relaciones económicas externas, de manera especial, a la conducta ética acorde con los principios de la Revolución y la preparación técnica, en aspectos económicos, financieros, y jurídicos, entre otros. 

64. Aplicar el principio de “quien decide no negocia” en toda la actividad que desarrolle el país en el plano de las relaciones económicas internacionales. 

65. Promover, siempre que se justifique económicamente y resulte conveniente, el establecimiento de empresas y alianzas en el exterior, que propicien el mejor posicionamiento de los intereses de Cuba en los mercados externos. 

COMERCIO EXTERIOR 

66. Garantizar la aplicación integral de las políticas Comercial, Fiscal, Crediticia, Arancelaria, Laboral y otras; así como consolidar los mecanismos de protección de precios de los productos que se cotizan en bolsa y que Cuba comercializa. 

67. Elevar la eficiencia en la gestión de las empresas vincula-das al comercio exterior para incrementar y consolidar los ingresos por concepto de exportaciones de bienes y servicios; crear una real vocación exportadora a todos los niveles, fundamentar con estudios de mercado las decisiones más importantes y estratégicas; continuar la flexibilización de la participación de las entidades nacionales en el comercio exterior. 

68. Diversificar los destinos de los bienes y servicios exportables, con preferencia en los de mayor valor agregado y contenido tecnológico, además de mantener la prioridad y atención a los principales socios del país, y lograr mayor estabilidad en la obtención de ingresos. 

69. Continuar desarrollando la exportación de servicios, en particular los profesionales, que priorice la venta de proyectos o soluciones tecnológicas, y contemple el análisis flexible de la contratación de la fuerza de trabajo individual. 

70. Acelerar el desarrollo de los Servicios Médicos y de Salud Cubanos y continuar ampliando los mercados para su exportación. 

71. Continuar diversificando los mercados de exportación de langostas y camarones, incorporando mayor valor agregado al producto. 

72. Trabajar para garantizar, por las empresas y entidades vinculadas a la exportación, que todos los bienes y servicios destinados a los mercados internacionales respondan a los más altos estándares de calidad. 

73. Incrementar la eficiencia en la gestión importadora del país, haciendo énfasis en la disponibilidad oportuna de las importaciones, su racionalidad, el uso eficaz del poder de compra y el desarrollo del mercado mayorista. 

74. Promover acuerdos internacionales de cooperación y complementación en el sector industrial que favorezcan las exportaciones de mayor valor agregado y la sustitución de importaciones, con un mejor aprovechamiento de las capacidades nacionales. 

75. Establecer los mecanismos para canalizar las demandas de importación que surjan de las formas de propiedad y gestión no estatales, así como viabilizar la realización de potenciales fondos exportables. 

DEUDA Y CRÉDITO 

76. Continuar el proceso de reordenamiento de la deuda externa, aplicando estrategias de pago flexibles, de modo que se garantice estrictamente el cumplimiento de los compromisos, para contribuir al desempeño creciente y sostenido de la economía, así como al acceso a nuevos financiamientos. 

77. Asegurar un adecuado balance en la toma de créditos y su estructura, el pago de las deudas reordenadas, la deuda corriente y el cumplimiento del plan. 

INVERSIÓN EXTRANJERA 

78. Incrementar la participación del capital extranjero como una fuente importante para el desarrollo del país. Considerarlo en determinados sectores y actividades económicos como un elemento fundamental. 

79. Favorecer, en el proceso de promoción de inversiones, la diversificación de la participación de diferentes países. 

80. Ampliar y mantener actualizada una cartera de proyectos de oportunidades de inversión extranjera, en correspondencia con las actividades, sectores priorizados y los territorios. 

81. Consolidar la Zona Especial de Desarrollo Mariel y promover la creación de nuevas, de acuerdo con el desarrollo de la economía. 

COOPERACIÓN 

82. Consolidar el proceso de incorporación al Plan de la Economía Nacional y el Presupuesto del Estado, de las acciones de cooperación internacional que Cuba recibe y ofrece, que demanden recursos materiales y financieros adicionales. 

83. Culminar la implementación del marco legal y regulatorio para la cooperación económica y científico-técnica que Cuba recibe y ofrece. 

84. Continuar desarrollando la solidaridad internacional a través de la cooperación que Cuba ofrece; considerando, en la medida que sea posible, la compensación, al menos, de sus costos.

85.Promover la cooperación económica que se recibe del exterior, destinada a la atracción de recursos financieros y tecnología, de acuerdo con las prioridades que se establezcan en el Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta 2030. Potenciar la vía multilateral, en especial con instituciones del Sistema de las Naciones Unidas.

INTEGRACIÓN ECONÓMICA

86. Dar prioridad a la participación en la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) y trabajar con celeridad e intensamente en la coordinación, cooperación y complementación económica a corto, mediano y largo plazos, para el logro y profundización de los objetivos económicos, sociales y políticos que promueve. 

87. Continuar la participación activa en la integración económica con América Latina y el Caribe, como objetivo estratégico, y mantener la participación en los esquemas regionales de integración comercial en que Cuba logró articularse: Aso-ciación Latinoamericana de Integración (Aladi), Comunidad del Caribe (Caricom), Asociación de Estados del Caribe (AEC), Petrocaribe y otros; y continuar fortaleciendo la unidad entre sus miembros.

Continuará

Las tramas sociales, económicas y políticas en la realidad cubana

Por Ovidio D’Angelo Hernández, Revista Temas
Investigador social.
Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS).

La riqueza de los enfoques sociales disciplinares referentes, reinterpretados a la luz de la complejidad de los procesos, en conjunción con una inmersión directa en las prácticas vividas con los actores de base de escuelas, empresas, organizaciones sociales, grupos poblacionales, gestores de proyectos comunitarios, etc., nos brinda un material de análisis fundamental para comprender la realidad cubana de hoy y sus potencialidades de desarrollo, desde los ámbitos conjuntivos micro y macrosocial. 

En los procesos microsociales se anidan prácticas y patrones de interacción social, representaciones e imaginarios que, aunque parten de tradiciones propias, están en interjuego con referentes ideológicos y prácticas macrosociales, sean o no institucionalizadas, de manera que estas y sus representaciones en lo micro están transversalizadas por los referentes de más alto nivel. 

El enfoque integrador tiene que moverse en tramas socioculturales, económicas, institucionales, jurídicas, políticas y de subjetividad social para poder dar cuenta de los intervínculos en que se construyen sus condiciones de vida y contextos reales. Ello implica una comprensión hologramática de articulación de procesos de carácter micro, meso y macrosociales, la consideración de dinámicas no lineales, multirrelaciones sistemas-entornos, incertidumbre y azar, intervinculación de procesos intencionales y espontáneos, etc. 

El enfoque, no solo comprensivo, sino transformador de la realidad, requiere de esta perspectiva compleja; para realizarla se necesita una visión de país concertada socialmente, y de sus escenarios de desarrollo social posible, en clave emancipatoria de un renovado socialismo democrático. 

No es posible moverse en dimensiones paralelas para obtener resultados de integración y desarrollo social: por un lado la realización de una práctica extendida de enfoques emancipatorios a nivel de las comunidades, que propician el protagonismo de los actores sociales populares, junto a un sistema social centralizador que promueve la gestión desde las instituciones del Estado, como vía fundamental. Lo último impide tácitamente el despliegue natural de lo primero. 

A tal efecto, en este artículo se repasan algunos de los principales Lineamientos del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), referidos a una mayor diversificación de las formas de propiedad no estatal y de gestión empresarial, descentralización empresarial, autonomía local y otros y se analizan posibles desarrollos necesarios en sus concepciones. Se enfatizan tres líneas fundamentales de acción de la investigación-transformación social de nivel comunitario-local, en concertación con las políticas correspondientes: 

• La promoción de formas de autoorganización positiva de agenciamiento social por los actores sociales de base. 
• La experimentación de formas de apropiación socializadoras del trabajo. 

• La realización de procesos colectivos de interconexión y autogobierno empresarial, local y comunitario. 

Se apuesta a que la transformación comunitaria y de la realidad social total estén íntimamente relacionadas, lo cual debe garantizarse por medio de la política social que realice una concepción de sociedad básicamente autogestora y emancipatoria. 

Transformación social: ¿desde dónde y hacia dónde? 

Las operaciones y transformaciones sociales en nuestra sociedad ocurren, principalmente, por medio de la promulgación de políticas provenientes del Estado y sus instituciones, como entes que tendrían que ser representativos de las necesidades e intereses del pueblo. 

En otro sentido se han ido afirmando, en los últimos tiempos, enfoques y acciones que reclaman espacios de poder social y participación activa en los procesos de cambio social desde lo local y comunitario. Se ha marcado un hito importante en la concepción de las investigaciones y acciones con énfasis en estos ámbitos, como motor de transformaciones autosustentables, lo que mueve las fuerzas propias de las bases necesitadas y más comprometidas con las soluciones básicas de su entorno. 

En diversos países y contextos, esta línea de transformaciones «desde abajo», a pesar de movilizar a los propios actores sociales necesitados e implicados, ha aparecido no solo como un instrumento movilizador de conciencias antihegemónicas y contraculturales, sino también, en otra dirección, como paliativo social —con efecto adormecedor— que hace recaer la responsabilidad de los cambios y mejoras sociales en el nivel micro y sus actores de base. 

Las comunidades, en esta posición liberal reformista, quedarían desconectadas de los grandes problemas sociales para sumergirse en su propio entorno y, en el mejor de los casos, perfeccionarlo limitadamente. Todo el tejido social queda, así, fragmentado; se aíslan los focos potencialmente contrahegemónicos —hoy renovados con multitud de movimientos sociales— y se deja a la burocracia y a las clases dominantes las decisiones de las que, fundamentalmente, depende el curso de la vida del país. En otros sistemas sociales como en el cubano, el reto tampoco es ajeno. 

De manera que, vista la sociedad en sus tramas hologramáticas interconectadas, la relación micro-macro forma una totalidad inseparable y es a través de ella que adquiere sus sentidos más generales. De aquí que un enfoque multirrelacional sea hoy imprescindible para entender y propiciar procesos de transformación social que, partiendo de la realidad total, considere el papel de lo micro (comunitario-local) en su inserción en la sociedad total y como parte de sus procesos. En este sentido, las comunidades serán desarrolladoras y autosustentables en la medida en que sus interconexiones con el todo sean congruentes y la sociedad total transite por esas mismas vías. 

Lo comunitario y lo macrosocial: cruces hologramáticos 

Por ser Cuba una sociedad altamente centralizada, en la que un modelo de socialismo de Estado —con participación fundamentalmente movilizativa y consultiva en ciertas ocasiones— ha sido dominante durante el período revolucionario, y porque este modelo impregnó todos los sectores de la vida institucional y cotidiana del país, es obvio que la presencia de los referentes ideológicos que lo han fundamentado, así como las prácticas y mecanismos de acción institucionales, se manifiestan con un grado muy alto de fractalidad (reproductividad de formas, estructuras, patrones de interacción y mecanismos en cada nivel, como autosimilaridad esencial), desde los órganos centrales del Estado-Partido y sus organizaciones sociales subsidiarias, hasta sus representaciones a nivel provincial, local y comunitaria. 

Las organizaciones sociales, políticas y de masas, representadas en sus bases a nivel de cuadra, comunidad y localidad, están diseñadas, básicamente, como «poleas trasmisoras» que comunican orientaciones y son guiadas desde el centro; en muchos casos, ello obvia la característica idiosincrásica de las comunidades reales en que se ubican y las particularidades de sus necesidades, problemas y tradiciones propias. Esas organizaciones actúan con líneas y metas más o menos fijas y homogéneas para toda zona del país y descansan en una conducción y membresía alineada en esas visiones. 

No es menos complicada la situación de los órganos de gobierno en los diferentes niveles. En el caso de las comunidades, se opta por una representatividad ficticia a través de delegados de circunscripción —muchas veces presionada por el cumplimiento de la militancia política—, sin que se diriman por la participación popular en el acto electoral las acciones y programas necesarios para la comunidad y el país. Esto muy poco aporta a la gestión de la localidad y menos a los intereses y necesidades de la población, en tanto sus márgenes de solución son fijados mediante normativas políticas de carácter general, en las que ni la población ni sus representantes tienen opciones de proponer y definir agendas sociales y económicas. Esta debería ser una cuestión básica que atender a partir de la propuesta de los Lineamientos de la política económica y social del Partido y la Revolución (PCC, 2011) sobre mayor autonomía local y en la definición de presupuestos participativos comunitarios. 

Por otro lado, la falta de concertación entre organizaciones sociales y entre instituciones —cada una con sus propios objetos y tareas— ocasiona una gran fragmentación en las direcciones del trabajo social, que contribuyen a desenfocarse, en cierta medida, de las necesidades poblacionales comunitarias, sus temas de interés y sus urgencias. A pesar de directivas de la Asamblea Nacional para el enfoque del trabajo comunitario, integrado por los representantes de los gobiernos locales y consejos populares, la estructuración desconectada y difusa de las tareas de las organizaciones sociales impide, en gran medida, su realización efectiva.1 

Asimismo, las prácticas burocráticas de trasmisión, típicas de las instituciones del Estado, permean toda la trama institucional hasta la localidad y las comunidades, así como sus relaciones con la población, de manera que el verticalismo desde el nivel macro se instala en las organizaciones e instituciones de nivel meso y micro, en las que predomina la atención a las informaciones del nivel superior para evitar reprimendas y sanciones, lo cual de paso afecta la objetividad de la información y la irrealidad de las metas y acciones proclamadas, al menos en un determinado porcentaje. 

En el ámbito de la subjetividad social ciertos arquetipos van conformando parte del imaginario y constituyen límites del actuar colectivo junto a las tradiciones culturales cotidianas; por ejemplo, las creencias sobre lo que se puede y no se puede decir o hacer en determinado momento, los tabúes dados como preconceptos asimilados, etcétera. 

Todo ello constituye un medio de naturalización de situaciones que abarcan desde la naturaleza del Estado hasta las relaciones sociales vigentes. 

Paralelamente, como efecto recursivo del principio de la ecología de la acción (Morin, 1999), basado en la naturaleza de los procesos sociales auto-organizativos o espontáneos, van surgiendo «unas maneras de hacer alternativas» a las normas estrictas impuestas. Ellas recorren una amplia gama de patrones y comportamientos sociales: desde la anomia, la incredulidad, el desentendimiento, el no compromiso social, el mercado negro y otras formas más dañinas de relacionamiento social e, igualmente, la construcción de prácticas alternativas creativas en la solución —a veces limitada— a los problemas emergentes. 

Así que la sociedad supercentralizada intenta poseer el control de todos los procesos que ocurren en su interior en aras de lograr una integración social que, en parte, es solo aparente, porque la sociedad real va por otros caminos que ella misma se ha trazado y que, en ocasiones, pueden conformar fenómenos disruptivos de desintegración social o plantear alternativas aportadoras al modo de ser instituido. 

Procesos complejos en la dinámica social 

Estas cuestiones plantean retos muy serios a la política y a la investigación social, que deben dar cuenta de la realidad compleja y contradictoria en la que se insertan, si es que sus resultados deben tener un efecto de impacto real. La certeza y estabilidad de las estructuras e instituciones sociales es solo, al menos en parte, una apariencia transitoria; al estar compuesta por personas que viven en las dos realidades: la oficial declarada y la cotidiana, cada una con sus propias reglas, asumiendo la esquizofrenia social en la que no se conjugan los dos modos de hacer o creando sus propias defensas y compatibilizando sus comportamientos en ambas esferas de vida, lo que da lugar a la doble moral, la simulación, la corrupción, el oportunismo y otros males sociales. 

Estos se van construyendo como patrones-modos de relaciones dentro de las instituciones y otros espacios sociales, desde las personas que las habitan. Y, con ello la propia institucionalidad y sus estructuras van perdiendo credibilidad, funcionalidad, eficacia, y quedan como sirvientes de la ficción burocrática. 

Todo ello aumenta la incertidumbre e impotencia social ante fenómenos que ocurren al margen de su comprensión y control efectivo. El fetichismo institucional burocrático crea, como apuntara Marx, su inconsecuencia como expresión ideológica de «falsa conciencia». 

La multirrelación requerida entre los subsistemas sociales y sus entornos, vista desde la posibilidad de los centros de control del Estado, no toma en cuenta la no linealidad y carácter azaroso de diversos eventos impredecibles, por lo que ahoga la iniciativa auto-organizativa, en lo que pudiera tener de creativa y aportadora, desdeña la dinámica entre los procesos intencionales de diferentes actores sociales, más allá del Estado; obvia su relación con procesos espontáneos que deben encontrar su lugar de legitimidad, en consonancia con las metas sociales consensuadas. 

Contextualización del cambio social. Sus posibilidades en las comunidades 

El enfoque integrador de la investigación-transformación social tiene que moverse en tramas socioculturales, económicas, institucionales, jurídicas, políticas y de subjetividad social, de diferente nivel (macro-micro) para poder dar cuenta de los intervínculos en que se construyen sus condiciones de vida y contextos reales.

El objetivo de la transformación social en una concepción socialista emancipatoria estaría encaminado a potenciar el desarrollo social humano integral, multifacético, armonioso, que implica la creación de condiciones apropiadas para el disfrute de las actividades y relaciones sociales, el despliegue de las potencialidades propias, el logro de valores de dignidad humana y solidaridad. 

Lo primero que tendríamos que plantearnos es la comprensión del cambio social en sus finalidades, que a nuestro juicio son las de un desarrollo humano social hacia fines emancipatorios. Las potencialidades de despliegue pleno del ser humano y los colectivos se dan a través de la formación para la autonomía: el asumir las propias direcciones de vida, en vinculación con las necesidades y determinaciones del contexto social; esta es la posibilidad de convertirse en sujeto —individual y colectivo— autodeterminado y responsable de sí mismo y del conjunto, con una alta conciencia de ciudadanía. 

Apostamos por una conceptualización de autonomía integradora (D’Angelo, 2005) en lo individual, grupal, institucional y social. Al construir el término estamos apuntando más bien a las siguientes características: autodeterminación contextual; independencia en la diversidad; criticidad interpretativa de la realidad social; apertura a alternativas múltiples; responsabilidad y solidaridad social; compromiso ético humano emancipatorio; integración social en la diversidad y la contradicción; dialéctica de construcción social abajo-arriba, arriba-abajo; empoderamiento para la autogestión social; desarrollo de institucionalidades, subjetividades y patrones de interacción y participación social creativos-emancipatorios. 

Así, el objetivo de la transformación social en una concepción socialista emancipatoria estaría encaminado a potenciar el desarrollo social humano integral, multifacético, armonioso, que implica la creación de condiciones apropiadas (en el nivel del individuo, de lo micro y macrosocial y en todos los campos de la actividad humana) para el disfrute de las actividades y relaciones sociales, el despliegue de las potencialidades propias, el logro de valores de dignidad humana y solidaridad. El objetivo del desarrollo humano no es otro que el mejoramiento y desarrollo de la calidad de vida material y espiritual de las personas y la sociedad, a lo que debe agregarse la cuestión de su sustentabilidad y, en nuestra opinión, su cualidad en ambientes relativamente armónicos y emancipatorios. 

El concepto de autogestión social se orienta al despliegue de la autonomía integradora en los procesos instituyentes de las prácticas cotidianas y la subjetividad social vinculadas a la conducción de los procesos institucionales y sociales por los propios actores significativos. 

En esta línea, el logro de la autotransformación social supone trabajar activamente en la formación de sus competencias proactivas con los sujetos sociales que, por su posicionamiento en los sectores potenciales de desarrollo de las instituciones sociales, tienen la posibilidad de ejercer la función de la crítica y acción social profunda en relación con los programas, plataformas y visiones de los diferentes sectores y sujetos sociales. 

En consecuencia, este enfoque transformador promueve un tipo de interacción social basada en el respeto mutuo, el razonamiento, la cooperación, la aportación constructiva y la coherencia ética. 

Se trata, entonces, de la necesidad de creación de una nueva cultura reflexiva-creativa emancipatoria que fomente la identidad a partir de la diversidad, que propicie el libre desarrollo de personas identificadas con sus raíces y valores nacionales y culturales, lo que supondría otra calidad de «participación» responsable, reflexiva y creativa en toda la extensión del proceso de elaboración, toma de decisiones y su control social.2 

Sobre esas bases, la investigación social debe atender a la construcción y ajuste sucesivos de los proyectos de vida colectivos, lo que supone la superación positiva de conflictos cotidianos, de situaciones de crisis personal y social inherentes al movimiento mismo de la vida cotidiana y su dinámica. Se requiere una evaluación constante de los sucesos vitales y la toma de decisiones efectivas. 

La formación de competencias (como articulación de conocimientos, destrezas, actitudes-valores y prácticas de desempeño social) para la reflexión crítica y la potenciación de la creatividad en torno a valores humanos sustentados en criterios multilaterales, en espacios autogestivos y autocríticos, constituyen las bases de formación de un orden social reflexivo, creativo y solidario, que expresa la nueva cultura liberadora. 

Por otro lado, la armazón vincular de este marco con procesos de gestión comunitaria, educativa, cultural, social y otras, requiere que los métodos interpretativos y reflexivo-creativos disponibles puedan actuar como instrumentos de empoderamiento emancipatorio a través de la formación de competencias humanas generales que permitan la realización de una praxis autotransformadora de esos actores mismos en sus contextos sociales. 

En algunas investigaciones de los procesos de transformación comunitaria (López y D’Angelo, 2008) se identificaron factores y procesos que inciden en la organización social de la vida comunitaria y las prácticas y subjetividades de todos los segmentos sociales. Ellos son de carácter físico-material-ambiental, económico, organizativo-estructural, cultural, político, jurídico, etc.; afectan en su conjunto condiciones de vida material y espiritual y relaciones sociales en la comunidad. 

Asimismo, se han llevado a cabo múltiples investigaciones y prácticas de transformación comunitaria en el país que parten del diagnóstico de los problemas sentidos por los pobladores, que tienen que ver con el complejo entramado de factores, procesos y situaciones señalado. 

En nuestro contexto socioeconómico actual se ha motivado el desarrollo local a partir de proyectos comunitarios de diverso tipo, como complementos o alternativas a la acción del Estado en temas centrales como la construcción de viviendas, mejoramiento ecológico, desarrollo sociocultural, etc.; sin embargo, muchas potencialidades de la comunidad para resolver sus propios problemas permanecen atadas normativamente; por ejemplo, la generación de empleos a través de asociaciones, cooperativas, la vinculación empresa-comunidad, etc., en las más diversas ramas —aun siendo positiva la consideración de la apertura posible en estos campos en los Lineamientos del PCC (2011). 

De manera que a la propia comunidad no le resulta fácil ni posible, en muchos casos, satisfacer sus necesidades de empleo, capacitación, generación de ingresos sociales de desarrollo, reconstrucción de su hábitat, mejoramiento de las redes urbanas de comunicación, comercialización, etc. De otro lado, se ha hipostasiado el papel del llamado cuentapropismo (que incluye formas de propiedad individual y pequeña privada) sin explotar los resortes de su asociación comunitaria para beneficio de ambos: emprendedores privados y comunidad. 

En este marco de análisis: ¿cómo potenciar en la comunidad las respuestas efectivas al problema de la desvinculación juvenil del estudio y el trabajo, por ejemplo, si no están creadas esas posibilidades autogenerativas y no puede contarse más con la centralización del empleo estatal habitual?, ¿cómo es posible involucrar la participación popular, las organizaciones sociales y las comisiones de gobierno en la solución de estos asuntos si estas tienen normadas sus posibilidades de acción al respecto, en otras direcciones?, ¿no son las condiciones materiales básicas de vida aquellas que generan la posibilidad de escalar a un peldaño de desarrollo social que haga posible que las potencialidades de desarrollo en el campo sociocultural y en otros sea complemento y no sustituto —provisorio, en muchos casos— de la acción comunitaria social más integral? 

Construcción de la visión de país y de socialismo. Lineamientos de la economía; avances y límites 

No es posible sobrepasar los niveles actuales de la intención de desarrollo comunitario —incluso en los proyectos con fines y prácticas emancipatorios— sin un avance decisivo en la visión de país, que se inició en el proceso de los Lineamientos de la economía, del VI Congreso del PCC, cuestión que requiere aún de análisis y profundizaciones. 

La realización de proyectos comunitarios está dejando como saldo la necesidad de cambio del modelo social y de sus prácticas. El énfasis en grupos gestores de proyectos socioculturales, talleres de transformación de barrios y otras experiencias ha potenciado las posibilidades de autogestión de diversos grupos sociales populares, y fomentado una mentalidad de actores protagónicos del hecho social —aunque se trate del entorno inmediato, y con efectos limitados, en que realizan sus acciones. 

Sin embargo, por su carácter incompleto y fragmentario, esas vías de participación popular distan todavía —salvo en algunas experiencias— de lograr una integración de procesos socioculturales, económicos, políticos, institucionales, puesto que dependen de normativas de nivel superior. 

Algunos de los principales Lineamientos del VI Congreso del PCC, referidos a una mayor diversificación de las formas de propiedad y de gestión empresarial, descentralización, autonomía local y otros, abren posibles caminos, aunque pienso que se necesitaría profundizar en ello para encauzarlos hacia el necesario desarrollo de sus concepciones actuales. 

Baste, por ahora, y de acuerdo con el objetivo que nos proponemos, ilustrar la efectividad e intervinculación de la investigación social comunitaria con las políticas de la sociedad total y sus cursos de desarrollo. Para esto solo veremos algunos aspectos básicos que nos parecen incompletos o que necesitan ser reencauzados en los Lineamientos. 

• Diversificación de las formas de propiedad. Se logra no solo llevando a cabo la apertura necesaria hacia formas de cuentapropismo más amplias, propiedad mixta e inversión nacional y extranjera, aprovechamiento de financiamientos internacionales sino, además, con un énfasis decisivo hacia formas de producción comunitaria, cooperativa, y procesos autogestionarios desde los trabajadores, o cogestionarios en empresas públicas, rompiendo el control burocrático de la propiedad-gestión económica estatal inoperante, que se desenvuelve en la lógica del trabajo asalariado y enajenado —metamorfoseado en la sustitución de la propiedad privada por la propiedad estatal burocrática que responde a sus intereses, ajenos al colectivo de trabajadores. 

• Descentralización empresarial. Se logra con la ampliación de las facultades de inversión y vínculos múltiples de las empresas, pero con formas de autogestión y cogestión de los trabajadores que posibiliten la generación de decisiones propias, concertadas con los intereses del país; el papel central no estaría en manos de los funcionarios, sino de consejos de trabajadores libremente asociados o en formas de cogestión con instituciones estatales o privadas-mixtas. 

• Autonomía local. Con facultades de diseñar sus propios presupuestos y planificar las acciones de sus territorios, con participación popular amplia, elecciones basadas en programas de acción y rendición de cuentas públicas, para llegar sucesivamente a la autonomía de los consejos populares y su intervinculación con diversas formas de economía para el desarrollo de la comunidad y de la localidad, a la vez que mantengan sus cuotas de aportación al territorio, provincia y país. 

Muchas más precisiones tendrían que elaborarse, pero el curso de la dirección proyectiva debe seguir, claramente, el camino del desarrollo colectivo e individual de toda la población, más allá de concepciones burocráticas y centralizadoras o de las implementaciones pragmáticas existentes. Una línea central de enfoque debería ser, entonces, la clarificación de concepciones medulares acerca de procesos fundamentales de la sociedad socialista, ya que, como consecuencia de la coyuntura de las etapas iniciales críticas de la URSS y del encumbramiento del estalinismo, se naturalizaron ideas —que llegaron a parecer inamovibles—, que se hicieron pilares de la visión normativa del socialismo que se pretendía, aun distorsionando el pensamiento de los clásicos, incluido el propio Lenin. Baste citar algunas de esas naturalizaciones: 

• El mercado como instrumento solamente del capitalismo, opuesto a la planificación centralizada. 

• El Estado como centro omnipotente del poder —formalmente representativo de los intereses de la clase trabajadora y el pueblo—, que expresa intereses de la burocracia entronizada en el funcionariado y sus instituciones, con poco contacto con las necesidades de la sociedad civil y el resto del pueblo. 

• El Partido como director de toda la política y estrategia de desarrollo del país, solapando las funciones del Estado, en vez de ser uno de los pilares elaboradores y concertadores de los intereses populares, junto a otros movimientos sociales, desde marcos ideológicos abiertos y flexibles. 

• Los medios de comunicación social como difusores de las ideas y programas coyunturales del grupo dominante en la dirección política del país en un momento dado, y no como vehículos de debate y aprendizaje ciudadano sobre la construcción de la sociedad. 

• La participación obrera y popular como reafirmación de la voluntad del Estado-Partido, a través de actos de respaldo o, a lo más, consultivos, no de debate y construcción de posiciones fundamentales. Así queda la toma de decisiones y su control, a todos los niveles, en manos del funcionariado como capa social. 

• La propiedad social sobre los principales medios de producción, como la estatización de la propiedad y la gestión a través de estructuras e instituciones y funcionarios designados, lo que reduce la participación de los trabajadores a consejos de dirección en algunos niveles de los «factores» representativos de las organizaciones políticas y sindicales, con un alto grado de subordinación y poca operatividad. 

• La democracia como un concepto y práctica burgueses, atribuyéndole exclusivamente carácter clasista y obviando la real significación de diferentes grupos de pensamiento y del ejercicio de poder del pueblo y sus instrumentos jurídicos y garantías de sustento. 

• La planificación como procedimiento burocrático manejado desde el Estado, sin participación democrática obrera y ciudadana en sus determinaciones y programas de desarrollo. 

• Las organizaciones sociales y de masas como instancias trasmisoras de las directivas centrales y sus prioridades, con escaso margen de autonomía, por encima o ajenas a muchas de las necesidades e intereses populares concretos, y como clausura de la emergencia de formas autoorganizativas y asociativas de sectores diversos de la población. 

Revertir esto no obvia la utilización de los mecanismos de mercado en el socialismo, ni las funciones especializadas de regulación y proyección del Estado y sus especialistas, sino una nueva conceptualización de la democracia socialista, de la planificación democrática, de la gestión y autogestión obrera y ciudadana, de la asociatividad ciudadana respecto a la defensa de intereses legítimos en diversos campos de la vida social, etcétera. 

Esto plantea desafíos importantes para la política social y para la investigación-transformación social, entre otros ámbitos. Desde el lado de la investigación social, si se opera dentro del esquema naturalizador que hace de lo instituido lo verdadero e ineluctable, nos conduciría —más allá de una mirada crítica sobre lo obvio superficial— al reconocimiento de formas de relaciones sociales limitantes del desarrollo del propio sistema social. 

Así, por ejemplo, cuando se intenta investigar y perfeccionar los mecanismos de dirección de empresas u organizaciones introduciendo prácticas más democratizadoras, de hecho se puede estar legitimando el papel dirigente de los funcionarios y organizaciones estatales que, por su naturaleza, constituyen parte de la configuración burocrática de la sociedad y responden a ella, mientras que de lo que se trataría es de experimentar cómo llevar a cabo la gestión y el control obrero y popular desde los propios núcleos de trabajadores de las empresas y los ciudadanos en general. La imagen social del director de empresa como un representante del pueblo trabajador muchas veces entra en conflicto con la realidad de las tramas institucionales en que se inserta, asunto que habitualmente no es cuestionado por la investigación social, que parte de un hecho existente como la única posibilidad de gestión socialista. 

El nuevo socialismo y la comunidad interconectada. Tramas sociales, económicas y políticas, con refundación jurídica 

El nuevo socialismo democrático, en la propuesta de articulación micro (comunitaria) y macro (sociedad), se basaría en tres líneas de integración y desarrollo social, que requieren de la desnaturalización y reconceptualización de los esquemas del socialismo real y de la construcción de un cuerpo jurídico que la legitime, desde el nivel constitucional al del ejercicio normativo específico. 

Así, clarificando mejor lo planteado inicialmente, se apuesta por tres líneas fundamentales de acción de la investigación-transformación social de nivel comunitario-local, en concertación con las políticas correspondientes: 

• La promoción de formas de auto-organización positiva de agenciamiento social, sensibles a entornos institucionales permeables y flexibles, con posibilidades asociativas diversas y aportadoras al bien común y al interés de comunidades, grupos y personas involucradas. 

• La experimentación de modos de apropiación socializadores del trabajo, a partir de las diversas formas de propiedad, conjugadas con un interés y responsabilidad comunal-social fundamental, a través de la autogestión, cogestión y otras formas individualizadas o mixtas, de efecto desarrollador para las comunidades y territorios. 

• La realización de procesos colectivos de interconexión y autogobierno empresarial, local y comunitario, que vinculen la gestión combinada de los procesos económicos y políticos con predominio de la participación popular ciudadana, de los trabajadores, y el resto de la población, en la toma y control de decisiones, en interjuego con procesos institucionales del Estado. 

Es preciso avanzar en la reconexión de la sociedad a sus diferentes niveles macro y micro, con propósitos coherentes y emancipatorios, más allá de visiones programáticas específicas y buscando una reconexión con las dimensiones esenciales de una sociedad socialista renovada. 

Creatividad para la transformación social 

Cualesquiera que sean los diseños y decisiones respecto al nuevo encauzamiento de la política para el desarrollo macro y micro social del país, se requiere una ruptura con las viejas concepciones y visiones vigentes. Y, con ello, una reconexión de los planos macro, meso y micro social con potenciación de autonomías a cada nivel y su consideración en los intervínculos necesarios. 

Una nueva visión está asociada al ejercicio de la creatividad a todos los niveles. Esta, en general, es considerada como potencialidad humana, como creación de algo nuevo y valioso. El concepto creatividad para la transformación social apunta a la conjunción de la autotransformación en concertación con sus entornos, la cual se va perfilando con el énfasis en el papel proactivo y autorreferente de los propios actores en sus contextos institucionales y sociales. 

El enfoque de la creatividad, como planteo emancipatorio, es otro de los ángulos de nuestro interés en el tema de la transformación comunitaria y social. Este se enmarca en la concepción epistemológica compleja de la relación sujeto-objeto a partir de la reflexividad crítica que se produce en el proceso de construcción de intersubjetividades conectadas —dicho en forma muy sintética (D’Angelo, 2005)—; aquí se parte de las condiciones instituidas, representadas en formas de conciencia3 a través del vínculo acción-reflexión-transformación. 

La creatividad, así concebida, corresponde a los procesos intencionales de auto-organización desarrolladora. Los procesos de la creatividad se desatan a partir del renfoque de situaciones problemáticas, en las que son posibles diversas bifurcaciones y trayectorias. Precisamente, los procesos de crisis y de oclusión de oportunidades son renfocados desde las perspectivas de sus potencialidades para generar lo nuevo intencionalmente; se trata de restructurar el campo de posibilidades, a manera de focalizar y generar rupturas constructivas del contexto, que lleven al sistema de relaciones a un nivel más alto de funcionamiento, eficiencia y eticidad emancipatoria.

Para ello se requiere la aplicación de métodos propios de creatividad basados en las prácticas dialógicas y vivenciales, la indagación crítica, el pensamiento problematizador, analógico y proyectivo, y otros recursos especiales de que disponen las ciencias sociales y humanas.

Este enfoque de creatividad para la transformación social, desde la complejidad, apunta a la construcción de una cultura reflexivo-creativa de diversos actores sociales, que enfatiza la problematización-anticipación-generación-proyección como vías de construcción de autorrealización individual-colectiva hacia fines de progreso e integración social, por lo que se conecta con una concepción novedosa del desarrollo humano. Esta perspectiva de creatividad a todos los niveles de la sociedad implica elaborar, desde las tradiciones provechosas y las limitaciones actuales, nuevas relaciones de procesos novedosos, orientados en la dirección emancipatoria.

Notas

1. Esta afirmación se basa en experiencias de investigación-transformación realizadas directamente por nuestro equipo en diferentes comunidades de la capital del país. 

2. La libertad como cultura, como planteara Martí, supone este enraizamiento contextual y la capacidad de análisis argumentado. La libertad es la dimensión de la posibilidad creadora coherente con los sentidos que construye, el «conocimiento de la necesidad» y de las vías posibles y convenientes, de acuerdo al marco de valores de la cultura en que se sustenta el pensar, sentir y actuar de las personas. Esto tiene que ver con el propio ideal martiano de «preparar al hombre para la vida», que no sería más que hacerlo capaz de elaborar (sustentadamente, cultamente) sus proyectos de vida y de realizarlos teniendo en cuenta la raíces propias, el contexto de su cultura y del movimiento social que dan sentido a su propia actividad. 

3. Apuntadas por Freire (1974): mágico-intransitiva y transitiva-ingenua (formas de conciencia oprimida o falsa conciencia), hacia la transitividad crítica, que es conciencia liberadora. 

Referencias

D’Angelo, O., (2005) Autonomía Integradora. El desafío ético-emancipatorio de la complejidad. La Habana, Ediciones Acuario.

______, (2010) «Marco conceptual del desarrollo de subjetividades y participación para la transformación social. Informe de resultado teórico». La Habana, Fondos del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), mayo.

D’Angelo, O. et al., (2010) «Desarrollo de subjetividades y espacios de participación para la transformación social. Estudio de caso de la comunidad de Buenavista. Informe final». La Habana, Fondos del CIPS, septiembre.

Freire, P., (1972) Pedagogía del oprimido. Montevideo, Ediciones Tierra.

_____, (1974) Concientización. Buenos Aires, Ediciones Búsqueda.

______, (1975) Acción cultural para la libertad. Buenos Aires, Tierra Nueva.

López, C. y O. D’Angelo, (2008) «Informe de investigación: participación social de los jóvenes en la comunidad de Buenavista». La Habana, Fondos del CIPS.

Morin, E., (1998) Introducción al pensamiento complejo. Barcelona, Gedisa.

_____, (1999) La mente bien puesta. Buenos Aires, Nueva Visión.

Munné, F., (1995) «Las teorías de la complejidad y sus implicaciones en las ciencias del comportamiento» en Revista Interamericana de Psicología. V. 29, n. 1, pp. 1-12.

Partido Comunista de Cuba (PCC), (2011) Lineamientos de la política económica y social del Partido y la Revolución (Resolución del VI Congreso), disponible en: http://bit.ly/1X2YXzg.

Sotolongo, P. L., (2005) Teoría social y vida cotidiana. La sociedad como sistema dinámico complejo. La Habana, Ediciones Acuario.

Y el planeta, ¿qué?

La campaña electoral estadounidense ha ignorado el problema del cambio climático. Eso es casi criminal.


RAFAEL RICOY

Nuestros dos principales partidos políticos discrepan en muchos temas, pero en ninguno la brecha es mayor o más importante que en el del clima.

Si Hillary Clinton gana, seguirá adelante con las medidas del Gobierno Obama, una mezcla de negociación internacional y políticas nacionales que promuevan las energías limpias, un dúo eficaz que da alguna esperanza de controlar las emisiones de gases de efecto invernadero antes de que el cambio climático se convierta en catástrofe climática.

Si Donald Trump gana, la política climática de estilo paranoide —la creencia de que el calentamiento del planeta es un engaño pergeñado por una conspiración internacional de científicos— se convertirá en doctrina oficial, y la catástrofe será casi inevitable.

Entonces, ¿por qué los medios de comunicación parecen tan decididos a no prestar atención a este asunto? En concreto, ¿por qué casi siempre da la impresión de que existe una norma que prohíbe sacarlo a colación en los debates?

Antes de entrar en ello, un breve resumen sobre la división política. Resulta extraño lo poco que se le reconocen al Gobierno de Obama sus políticas ambientales. Todo el mundo ha oído hablar del fiasco de las garantías de préstamo concedidas a una empresa de energía solar, Solyndra, con un coste, por cierto, equivalente a poco más de la mitad de lo que el propio Trump perdió en solo un año por culpa de sus malas decisiones empresariales. Sin embargo, poca gente ha oído hablar de la revolución de las energías limpias que los préstamos del Gobierno y otras ayudas políticas contribuyeron a promocionar, y que ha reducido drásticamente el precio de las energías solar y eólica, y disparado su consumo.

Tampoco hay muchos que hayan oído hablar del endurecimiento de las normas gubernamentales sobre ahorro de combustibles, especialmente para camiones y autobuses, que por sí sola es una de las medidas ambientales más importantes de las últimas décadas.

Y si Clinton gana, es casi seguro que se harán realidad medidas todavía más importantes: el Plan de Electricidad Limpia, que regularía las emisiones de las centrales eléctricas, y el Acuerdo de París sobre el Clima, por el que todas las grandes economías del mundo se comprometen a recortar considerablemente sus emisiones.

Por otro lado, está Trump, quien una y otra vez ha tachado el cambio climático de bulo y ha insinuado que se lo inventó China para perjudicar la competitividad estadounidense. Ojalá pudiera decir que esto le convierte en una excepción dentro de su partido, pero no es así.

De modo que, en materia de política climática, existe una brecha inmensa e increíblemente trascendente. No solo porque haya una distancia enorme entre ambos partidos, y entre sus candidatos, sino porque esa distancia posiblemente tenga más importancia para el futuro que cualquiera de sus desacuerdos. Entonces, ¿por qué no se habla más de ella?

No digo que no se haya informado en absoluto sobre las diferencias en materia climática, pero nada comparable a, por ejemplo, el empecinamiento con las noticias sobre el servidor de correo electrónico de Clinton. Y resulta verdaderamente increíble que, en los tres debates emitidos en todo el país que se han celebrado hasta ahora —el foro “Comandante en jefe”, con la participación de Clinton y Trump, el primer debate presidencial y el debate vicepresidencial—, los moderadores no hayan planteado ni una sola pregunta sobre el clima.

Fue especialmente curioso durante el debate del martes. De algún modo, a Elaine Quijano, la moderadora, le dio tiempo a hacer no solo una, sino dos preguntas inspiradas por el Comité para un Presupuesto Federal Responsable, una organización a la que le preocupa que, a pesar de los déficits presupuestarios relativamente bajos y el extremadamente bajo coste de los préstamos, el Gobierno federal pueda toparse con problemas fiscales de aquí a un par de décadas. Puede que este asunto tenga algún interés, aunque no tanto como afirman los cascarrabias del déficit (y Quijano se las arregló para insinuar que las propuestas de Clinton, cuyo coste está completamente cubierto, no son mejores que la multibillonaria explosión de la deuda de Trump).

Pero si nos preocupan las consecuencias a largo plazo de las políticas actuales, el aumento de los gases de efecto invernadero es un problema mucho más grave que la acumulación de deuda a un interés bajo. Es raro que se hable de lo segundo pero no de lo primero.

Y este punto ciego tiene mucha importancia. Los sondeos indican que a la generación del fin del milenio, en concreto, le preocupan mucho la protección del medio ambiente y las energías renovables. Pero también muestran que más del 40 % de los votantes jóvenes cree que no existen diferencias entre ambos candidatos en estas cuestiones.

Sí, lo sé, la gente debería prestar más atención, pero, no obstante, ese dato nos dice lo fácil que es que los votantes que dependen de las noticias de la televisión o no leen los artículos de las páginas interiores de los periódicos pasen por alto algo que debería ser un tema fundamental de esta campaña.

La buena noticia es que aún tenemos dos debates por delante, que nos brindan la oportunidad de enmendar algunas cosas.

Ya va siendo hora de terminar con el bloqueo informativo que pesa sobre el cambio climático. Tiene que ser un asunto crucial y de primer orden, y las preguntas deben ir acompañadas de una comprobación de los hechos en tiempo real, no quedar relegadas al limbo de “su palabra contra la mía”, porque este es uno de esos asuntos en los que la verdad suele perderse en medio de una ventisca de mentiras.

Dicho de manera simple, no hay ningún otro asunto tan importante como este, y pasarlo por alto sería una irresponsabilidad casi criminal.

Paul Krugman es premio Nobel de Economía.

© The New York Times Company, 2016.

Traducción de News Clips.