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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz
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lunes, 1 de febrero de 2021

Political Show desde la Habana

Como todos los días, el despertar nos inunda de un sin fin de noticias, en las que no puede faltar, la evolución de la Covid-19, las vacunas, y posibles tratamientos para contener su letalidad, una vez contraído. Pero hoy, paso de ello. Hace unos tres días, me motivó el “political show”, frente al ministerio de cultura de Cuba. Y, como no puedo abstraerme, pues todo lo que pasa en Cuba me interesa, y preocupa, intentaré sacar “mis propias conclusiones y enseñanzas”.

Primero. El diálogo es posible, cuando los interlocutores tienen disposición, voluntad, y muestran seriedad, honestidad, tolerancia, y responsabilidad. La fecha de la fallida reunión, entre los demandantes y funcionarios del MINCULT, se conocía con antelación; y no puedo dejar de preguntarme ¿si acaso no se estaba consciente de que, por muy buenas o malas intenciones, cualquier demanda, petición pública en Cuba, lleva implícita la provocación connotada y manipulación por los grupos disidentes o divergentes, y los medios alternativos digitales, financiados o no por EEUU? ¿si no era presumible, con el antecedente de San Isidro, y la concentración anterior frente al ministerio de cultura, que, todos o algunos, tratarían de que no se hiciera finalmente la reunión, porque se les acabaría el argumento para mantener latente el show mediático, el escándalo?, y que incluso, tratarían de provocar un enfrentamiento, y si fuera con la policía, aun mejor. Creo que, a esta altura, todo eso era predecible, y, aun así, se intentó el diálogo por parte de las autoridades de cultura. Eso es tolerancia, y da, una idea clara, de las buenas intenciones de los interlocutores del MINCULT

Segundo. A los hechos. Se acordó que los demandantes enviarían tres delegados, y no fue así. Fueron algo más de tres, y escoltados por la llamada prensa alternativa digital, tal vez por su poca fe, pero que, en cualquier caso, evidencia sus verdaderas intenciones mediáticas, y el verdadero trasfondo: el Show. Se les propuso una segunda hora de encuentro, para que se pudieran ponerse de acuerdo, y poder hacer la reunión con los 3, como se había acordado; pero tampoco pudo ser, pues se negaron. Después de estar sirviendo como interlocutor el viceministro Rojas, salió el ministro, para estimular, sin intención consciente, sus exigencias y protagonismo ¿por qué no se preservó?; y ya que decidió salir, ¿por qué se dejó provocar, aunque no haya pasado de algo más de una reacción lógica ante la invasión de su privacidad, por el portador del móvil? Pero bueno, esto sucede todos los días en el mundo, sobre todo con deportistas, artistas famosos, o con cualquier ciudadano, cuando se sientes acosados mediáticamente. Como noticia no tiene mayor recorrido; pero si evidenció falta de cultura política y de suspicacia, por parte de las autoridades en cuestión. Con el perdón de todos los dirigentes políticos y estatales, ninguno tiene la personalidad de Fidel, ni su legitimidad, ni se viven los mismos tiempos.

Pero voy a más. En Europa, y EEUU, en el mundo democrático occidental liberal, ¿ningún ministro o viceministro, recibe o acepta una reunión bajo presión, con ciudadanos aislados y pocos transparentes o mal intencionados? Eso es muy inusual y poco probable, y más si no hay una organización pujante o reconocida detrás. Hasta en las huelgas, se negocia con representantes de los huelguistas, no con todos; aunque presumiblemente, discutirán cualquier acuerdo con sus bases. Esta no fue una demanda, ni una petición de diálogo. Fue una puesta en escena, mediática, en toda la regla; y el ministerio cayó en la encerrona

Tercero. Aunque toda opinión ciudadana es válida, y debe ser escuchada, existen los escenarios, espacios e instancias estatales, y de la sociedad civil, donde evacuar, plantear, y exigir respuesta y soluciones; sin que se descarte por ello, alguna problemática, cuya solución requiera la participación directa de los niveles superior. Y, todo indica que, este caso se manejó así. Se trataba de una reunión, un encuentro entre las dos partes; que a priori, los demandantes convirtieron en una pequeña manifestación (de 5 o 20 ciudadanos, da igual), en un espectáculo mediático. En democracia, capitalista o socialista, se presupone que la manifestación ciudadana, es uno de los últimos recursos, cuando no se les ha escuchado, o no consideran satisfechas sus peticiones, en los diferentes niveles organizativos sociales y estatales donde las han planteado. Pregunto, ¿esos conciudadanos, ya habían hecho esos planteamientos en sus respectivas organizaciones civiles ramales, como la UNEAC, AHS, Artes escénicas, la Casa de las Américas, etc.? Si la respuesta es no, entonces ¿qué los hace tan especiales que, han de ser atendidos personalmente por un alto funcionario de gobierno (desconozco si se previó para ese encuentro, la presencia de estas organizaciones y el Sindicato de cultura, que en cualquier caso deberían estar presente) ?, máxime cuando no han sido honestos y transparentes en sus intenciones. El atenderlos directamente desde arriba, saltándose los canales, ¿no debilita el rol de estas organizaciones, como representantes y mediadores sociales? o ¿se les iba a atender por miedo, o bajo presión? No se debe estimular a que, los ciudadanos se salten los mecanismos sociales y estatales existentes; porque de lo contrario éstas no tendrían razón de ser; y se crearía un caos. Otra cosa es, el lograr que funcionen bien. Sobre esto, comentaré más abajo. Y aun otra pregunta ¿si estaban exigiendo la libertad de algún que otro ciudadano o compañero, ¿por qué Cultura, tiene que asumir esa reunión? Cultura, a cultura.

Cuarto. Cuando se intuye que no se quiere dialogar, que no se quiere entendimiento alguno, hay que evitar, siempre que sea posible, la conflictividad y el enfrentamiento; pero también hay que documentar y testimoniar bien todos y cada uno de los antecedentes y actuaciones de ambas partes, desde el primer contacto; y pasar a la ofensiva informativa; antes de que pulule en redes, la desinformación y las “fakes”. La mayoría del pueblo, y los intelectuales y artistas, siempre sabrán distinguir la verdad, y las verdaderas intenciones de unos y otros, cuando prima la inmediatez y la transparencia informativa. Hay que ser tolerantes, dentro de lo enmarcado por la constitución y la ley, pero no ingenuos, porque se está jugando al duro.

Quinto. La cultura y la creación artística en Cuba, ha pasado por diferentes etapas, no precisamente lineal, con sus altos y bajos en el consenso artístico-político, y no ignoro que, algún (o algunos), pueda haberse sentido incomprendido, criticado; se haya sentido cuestionado o censurado por su obra, en algún momento; pero no creo que, sean precisamente los artistas, los más afectados en cuestiones de libertad de expresión, pues tienen el privilegio de la libre de la creación y la libre interpretación, de la oblicuidad, de la ambigüedad. Pueden crear y presentar su obra, y por muy polémica que resulte; ellos, como creadores, siempre tienen la última palabra, “esa es su interpretación; no fue lo que quise pintar, esculpir, interpretar o escribir”, y hay que respetarlo. No conozco a los participantes, ni se sobre su valía artística o no, ni me preocupa; pues la opinión de cualquier ciudadano siempre ha de ser escuchada, sea artista o no.

Sexto. Nadie tiene que asustarse por lo sucedido, ni sobredimensionarlo; porque al margen de sus pretensiones, han puesto de manifiesto sus verdaderas intenciones, han sido muy burdos y torpes. ¿Perseguían el ruido?; obvio. La sociedad es plural, aunque el poder lo detente una clase u otra, un partido u otro; exista una democracia liberal o socialista, una monarquía o una república. La diversidad de pensamiento siempre ha existido, solo que, hoy, las redes sociales lo han puesto más en evidencia; y las personas y los gobiernos están más expuestos que nunca. A ambas cosas habrá que acostumbrarse, porque ya forman parte de la cotidianidad; y estamos obligados  aprender, a convivir y lidiar con ellas; y a interiorizar que, las redes sociales son portadoras de inmediatez y gran alcance, desde cualquier lugar, y hasta cualquier parte donde haya internet; pero que también son, un instrumento valioso para captar los estados de opiniones, al menos de una parte de la sociedad, la poseedora de móviles e internet, y que por tanto, las opiniones podrán estar sesgadas, por el criterio obligado de muestra.

Séptimo. Anécdota al margen, es previsible o predecible que, se den otras experiencias como ésta, desde la disidencia anexionista o desde la exigencia ciudadana; lo que hace necesario anticiparse a los mismos, para estar a tono con los nuevos tiempos. Hay que revisar y actualizar los mecanismos de retroalimentación; los protocolos de atención a la población (presentación, tramitación y tiempo límite de respuesta a quejas); el papel de las organizaciones de la sociedad civil (centralismo - participación real - disposición permanente al diálogo - seguimiento y respuesta a los problemas); etc. Pero también, revisar, el proceso de selección de cuadros y mandos administrativos, intermedios y de base, y de los funcionarios administrativos o no (por convocatoria y por oposiciones) para buscar mayor profesionalidad = aptitud + actitud; profundizar en el sistema de evaluación y en los parámetros a medir en sus evaluaciones, incluidos los cuadros ministeriales. Hoy, ser revolucionario no es condición suficiente para ser un servidor social; hay que tener sensibilidad social, conocimiento, capacidad de solución de conflictos, y responsabilidad ciudadana. La arrogancia política, prejuicios, indiferencia, insensibilidad, y estrechez de pensamiento de, algunos funcionarios estatales, partidistas, y de la ejecutiva de las organizaciones de la sociedad civil, muchas veces hacen más daño que, los enemigos manifiestos o encubiertos. Hay que cambiar la mentalidad; y aunque es difícil y lleva su tiempo, la realidad constatable, no da mucho margen, porque se mueve a otro ritmo. Al mismo tiempo, éste cambio de época, de mentalidad y de medios de influencia, habrá que asumirlo, enérgica y diáfanamente, con inteligencia y sin miedo, sin llegar nunca a la violencia. Si es mala la intransigencia al margen de la ley; malo también es el miedo, la candidez, la ingenuidad y la mediocridad. No creo que, en Cuba, la reacción internacional, pueda replicar un “Golpe blando”, mientras no haya violencia estatal, pero si se busca, rabiosamente, una confrontación o un hecho dentro del país, que de motivos y ponga en peligro, el posible reacercamiento entre EEUU y Cuba

Atentamente,
FRANKLYN ESTRUCH | fref2012@yahoo.es

lunes, 6 de enero de 2020

EL AFFAIRE FACUNDO, ANTIGESTIÓN DEL PENSAMIENTO Y FISURAS EN LA HEGEMONIA DEL SOCIALISMO CUBANO.


 5 ene. a las 12:13 p. m.

                                                                 POR RICARDO J. MACHADO

“El poder es un centauro: mitad coerción y mitad legitimidad…La conquista del poder cultural es previa a la del poder político y esto se logra mediante la acción concertada de los intelectuales llamados orgánicos, infiltrados en los medios de comunicación, expresión y las universidades. “(A.Gramsci)

El video que Andy Vázquez (alias Facundo y dos personajes más) circuló por las redes no mostraba el nivel de calidad de otros desempeños del actor. No se destacaba por la originalidad ni su agudeza: en mi opinión estaba destinado a pasar sin pena ni gloria. Es verdad que pudo haberlo utilizado el enemigo, pero con efecto Alkazelser.

Pero la irreflexiva medida del ICRT lo convierte en un tratamiento con anticancerígenos con consecuencias de mayor duración en el tiempo, y no a favor nuestro. Lo que pudo tener un efecto de horas ahora se potencia en una escala mayor y un recurso de mayor efecto en manos del enemigo. Es verdad que todos los sistemas políticos censuran a su manera. Unos lo saben hacer mejor y otros peor. Pero esta decisión clasifica dentro del grupo de los modus operandi de los gobiernos más primitivos de los países del sur, guardando las distancias.

Evidentemente lo venían siguiendo, esperando que sacase el pie de la base…hasta que lo cogieron. El hecho evidencia que carecemos de un modelo de comunicación con una base conceptual fundamentada.

Este incidente da la impresión que la política comunicativa está en manos de aficionados, por muchas incoherencias como ésta. Les falta astucia y perspicacia para la confrontación ideológica: lo que pudo ser una simple escaramuza que debió terminar con un dialogo amistoso “a lo cortico con Andy” ahora se convierte en un combate en el que llevamos la de perder.
  
Existen no pocos Facundos, es cierto, pero por mi experiencia de años recorriendo el país me consta que son muchos más los que son diferentes y para bien. Si el país estuviera repleto de Facundos hace tiempo que el socialismo cubano hubiera reventado. Me imagino como deben sentirse los buenos cuando ven semanalmente como se denigra la imagen del directivo cubano representado en un hipócrita farsante (ojo solo el de nivel de base).

Yo dejaría el programa como está, pero siempre y cuando la TV y los medios diseñaran mecanismos inteligentes para equilibrar los mensajes de ese programa que algunas veces no son acertados. La gente se ríe y libera serotonina: la substancia que da la felicidad por momentos que es la única forma en que existe la felicidad. Pregunten a los siquiatras y vuelvan a leer el profundo ensayo del pensador francés Bergson que tituló La risa.

Por otra parte, estos espacios de libertad para la crítica –al igual que el existente en las redes sociales- contrarrestan el imaginario que trata de imponer el enemigo de Cuba como una sociedad cerrada que sufre hipoxia de reflexión.

Tenemos una cantidad importante de dirigentes con actitudes que merecen respeto, pero apenas aparecen por TV. Por cada minuto dedicado a un científico destacado, o un joven con logros profesionales importantes o empresarios con resultados-no son muchos, pero los tenemos (algunos no los tienen, pero no porque sean unos bandidos), la TV dedica cientos o miles de minutos a las que considera sus figuras icónicas: artistas, deportistas y cocineros, dicho sea, con el mayor respeto. No hay equilibrio ni mesura porque falta gestión del pensamiento en una buena parte de la TV.

La TV cubana: ¿la peor de todas?

No es cierto. Herbert Marcuse, un profundo pensador marxista sobre el impacto de los medios en el imaginario de las masas, afirmó en uno de sus libros que si alguien visitaba un país y quería saber cómo andaba social y políticamente tenía que dedicar varias horas a ver televisión. Los libros de Marcuse debían estar en las mesas de noche de los directivos de la TV y todos los días darles un vistazo. Pero parece que estudian poco.

Como muchos ciudadanos yo pensaba que la TV cubana no era buena. Pero tuve la oportunidad de poner en práctica el consejo de Marcuse y comprobé que era una las mejores, o si se quiere de las menos malas.

No se trata de que no tenga manchas, pero aseguro que comparándola con la de muchos países la nuestra sale ganando. La TV a escala global se ha convertido para la mayoría de los países en un instrumento poderoso para ocultar la verdad y estupidizar de forma masiva a grandes sectores de la población. Por algo le dicen la “caja tonta”. El capitalismo crudo y duro que predomina en la mayoría de los países es ya un barco al que le está entrando agua por todas partes. Necesita mucha gente bruta para que sea más fácil engañarlos.

Lo cierto es que han desarrollado habilidades excepcionales en cuanto a darle una base científica a la mentira. Su instrumento favorito es la TV y la tienen infestada de propaganda comercial que interrumpe videos y filmes en sus momentos claves produciendo un dañino efecto en la mente del televidente semejante al “coitus interruptus”. En el caso nuestro, la propaganda comercial es sustituida por mensajes políticos, a veces excesivos y de poca creatividad.

Por otra parte, los cubanos no nos damos cuenta de que estamos viendo las mejores series del mundo que cuestan una millonada. Pero muchos no lo valoran. Es cierto que ahí está el “síndrome del paquete semanal” que es una suerte de mesa buffet donde junto a productos excelentes muestra golosinas envenenadas. No podemos subestimar la influencia del paquete sobre los hábitos de consumo audiovisual del pueblo cubano.

Por otra parte, nadie puede negar que la Tv estatal promueve a figuras jóvenes de talento tanto comentarista –Lázaro Manuel Alonso- y actores de ambos sexos. También está De la Gran Escena, la mayoría de los programas de Taladrid, el noticiero cultural y una buena telenovela hecha en casa como la que están poniendo ahora. Lamentablemente esto no es frecuente. Hay otros programas que sin ser destacados hacen el peso para subirse al ring de la pequeña pantalla. No toda es un desastre como aseveran algunos.

HEGEMONIA, GRAMSCI  Y  EL DETERIORO SELECTIVO DE IMAGEN

En realidad, no veo con frecuencia Vivir del cuento. No pocas veces es reiterativo, pero sé que hay una mayoría que los disfruta (alguna vez escuché que la teleaudiencia alcanza más de dos millones.) Pero nunca defendería una medida como esa. Tales concepciones basadas en la intolerancia y la incapacidad para el dialogo, no permiten construir sostenibilidad ni la hegemonía que necesita nuestro socialismo.

Se pierde el equilibrio entre legitimidad y coerción. La balanza se inclina más hacia ésta. Como muestran algunas experiencias recientes (separación de la docencia a profesores de  ideología socialista-caso Rene Fidel y Julio Fernández Estrada, directivos ministeriales que exigen a los docentes sometimiento ciego a cualquier posible error del gobierno, castigo sobre un periodista por un simple comentario con el que casi todo el mundo coincide) se confunde sistema político con actividad gubernamental, lo que significa que carecen de formación en teoría marxista cuyas ideas claves son la contradicción y el cambio.

Esta débil concepción teórica tiende a romper la balanza a favor de la intolerancia injustificada. Debilita la sostenibilidad ideológica y hegemónica de nuestro sistema. Deben recibir algún cursito de actualización filosófica y profundizar en Gramsci que probablemente muchos no conocen.

Por otra parte, esa tendencia de programas de TV orientada a deteriorar la imagen de los directivos tiene otros antecedentes como Deja que yo te cuente, con ese personaje con síntomas de retraso mental que fue Lindoro Incapaz. Desde mi experiencia de décadas trabajando en la formación de directivos confirmo que un sector importante de la juventud rechaza asumir cargos de dirección y esto es grave para la calidad y continuidad de nuestro sistema de administración. Y algunos organismos tienen incompleta la plantilla de dirigentes hasta un 20%.

Muchos jóvenes, casi desde niños han visto estos programas que en alguna medida contribuyen a generar prejuicios hacia las funciones directivas. No digo que es la única causa. Los que tomaron esa medida contra Andy se alinean a la tradición de métodos verticales de “dirección” de ordeno y mando, ajenos a un enfoque más profesional. Fueron métodos que llevaron al precipicio al socialismo soviético.

Probablemente, sin saberlo asumen el principio de Maquiavelo que el príncipe debe ser más temido que amado. Ideológicamente medidas como esta tienden a meter miedo porque dejan sin trabajo a las personas, colocan un estigma sobre ellas o los reubican en otras tareas empujándolos a la frustración.

No es preciso señalar que cualquier subsistema –sea el de la TV u otro- cuyos dirigentes fundamenten su gestión sobre el que llaman “el sentimiento negro” no podrá lograr bienestar sicológico, consenso y confianza entre los subordinados. Estos componentes actúan como lubricantes que facilitan las relaciones entre las personas y si en ellas faltan estos nutrientes inevitablemente habrá pérdida de credibilidad y gobernabilidad en el sistema.

En el caso de un medio tan importante como la TV puede hacernos mucho daño tanto adentro como afuera porque expande a nivel de país percepciones negativas, y en mi opinión también añade obstáculos a la gestión del presidente: amplía la superficie de agresión para los medios del enemigo y disminuye los niveles de confianza en algunos sectores de la población hacia la alta dirección.

Todo el mundo sabe que no pudo hacerse sin el apoyo de funcionarios de mayor nivel y es injusto echarle toda la responsabilidad al ICRT. Este caso daña la imagen del país y nos aleja de la consigna del presidente que todos conocemos.
Ojalá el partido encuentre una solución inteligente ante este lamentable hecho y no guarde silencio. Eso esperamos muchos revolucionarios de compromiso profundo con el socialismo cubano.

Dado el punto a que ha llegado el asunto, hace falta coraje.


jueves, 5 de diciembre de 2019

Defender la propia existencia de una nación cubana. Entrevista a Pedro Pablo Rodríguez

Publicado: 4/12/2019


Autor: 
Disamis Arcia Muñoz, Revista Temas
Este artículo forma parte de la serie: 





Disamis Arcia: ¿Cuál es el significado de la cultura? ¿Cómo contribuye a la defensa de la nación? ¿Qué sentido tiene la defensa de la nación desde una perspectiva cultural?

Pedro Pablo Rodríguez: Tendríamos que clarificar si se está pensando en el plano de la cultura artística y literaria, porque ya hoy –al hablar de cultura– consideramos otras cosas desde una perspectiva antropológica y sociológica, y para los historiadores también es otra cosa.

Ahora bien, ¿por qué la cultura en defensa de la nación? Toda nación siempre tiene amenazas de alguna manera. Las naciones son –voy a usar lenguaje de moda– construcciones históricas que no son eternas, y hasta en plazos muy cortos tienen rasgos que se modifican, que cambian, que desaparecen, van apareciendo otros nuevos. Las naciones son procesos histórico-sociales, para decirlo rápido y en dos palabras, como lo son las identidades. Las naciones, para expresar una conciencia de ellas, no necesitan siempre –aunque sí en muchos casos– de un enfrentamiento con otras, pero sí de una diferenciación con otras. Por tanto, nación e identidad están muy unidas. Identidad nacional, conciencia nacional y nación son cosas casi inseparables, al menos para mí. Y hay naciones de la misma manera en que hay una conciencia de nación y de identidad de nación, es decir, elementos que permiten que grupos humanos, colectividades diversas, sientan espiritualmente –y de alguna manera también con cierta elaboración en su conciencia– que constituyen una nación.

Estos son procesos histórico-sociales que cambian. Los cubanos del siglo XIX eran tan cubanos como nosotros, pero no eran exactamente igual de cubanos que nosotros. Los de antes de la Revolución lo mismo, los de la Revolución igual, y posiblemente las generaciones que vivimos los inicios de la Revolución no sentimos la nación igual que la pueden sentir la gente que pertenece a otra época, a otra realidad, y que ha vivido otros momentos. Sin embargo, yo estoy seguro que si tuviéramos a Carlos Manuel de Céspedes sentado aquí, compartiría muchas cosas con nosotros hasta en sus gustos y sus maneras de actuar; o si tuviéramos a José Martí acá, también.

Eso me parece importante porque Cuba ha estado, está, y parece que va a estar por un largo tiempo todavía, en el centro de un enfrentamiento sistemático, constante, y que no cesa, frente a los Estados Unidos. Eso les pasa a otros países. Ese problema lo tiene Irán, ese problema lo tiene ahora Venezuela, y quizás pudiera recrudecerse en los próximos años. Yo no creo que necesariamente, y se demuestra con el cambio tan aparentemente radical que hubo de Obama a Trump, la sociedad norteamericana esté mayoritariamente en la disposición de aceptar que ya no son la potencia hegemónica del mundo, que hay otras potencias rivales, y que la inteligencia indica que lo lógico es que se pongan un poco de acuerdo entre ellas para repartirse el mundo. Esa falta de disposición no nos da espacios a los que no podemos pensar en repartirnos el mundo. Por eso pienso que estamos hablando de defensa de la nación.

Esta nación se conformó o se terminó de conformar, de adquirir su plena conciencia y de convertirse en una nación soberana no solo arremetiendo contra un poder colonial que la veía como parte de ella misma, de su propia nación, parte de España. Para los grupos y clases sociales, para los intereses españoles, Cuba era España, como lo puede ser Cataluña a pesar de todos los problemas, como lo puede ser Galicia. Ese proceso cubano se desenvolvió y terminó cuando se alcanzó la soberanía nacional, en un conflicto con los Estados Unidos que dominó hasta el Estado cubano e inventó toda esa historia que hoy sabemos de la Enmienda Platt, y que además inició inmediatamente un proceso sumamente acelerado de control de la vida económica nacional, dominación de la política y subordinación de las clases dominantes en el plano interno a los Estados Unidos.

Todo esto trajo conflictos sociales, problemas en la Revolución del 30, en la Revolución de 1959, pero al llegar al poder un gobierno y crearse un sistema social que de un modo u otro choca con los intereses de los Estados Unidos, se inicia un largo enfrentamiento que tiene ciertas altas y bajas pero que nunca ha terminado, ni siquiera en los momentos de cierto detenimiento, de cierta distensión. Eso es lo que implica que de un modo sistemático aquí estemos hablando de defensa de la nación; necesitamos defenderla.

Los franceses te hablan también de defensa de la nación. Desde los años 70 hay intelectuales en Francia que están hablando de la defensa de la nación frente a esa hegemonía mundial de los Estados Unidos, de su cultura –inclusive en el plano artístico y literario– y en el sentido civilizatorio, y como Francia jugó en cierta medida ese papel en Europa quizás la intelectualidad francesa ha sido una de las más lúcidas en comprender que Francia en primer lugar, y Europa con Francia adentro, debe de alguna manera sostener su propia cultura en todos los planos, incluido también el artístico y el literario, frente a los Estados Unidos. Son grandes y frecuentes los debates y la pelea del cine francés por no dejarse aplastar por el cine norteamericano, que hoy domina la cinematografía mundial.

DA: Además, proponen otro tipo de relato.

Pedro Pablo Rodríguez: Exacto. Lo cual indica también una cultura diferente.

Me parece que estas son cosas importantes a la hora de pensar el asunto, porque de alguna manera ya la entrevista me está llevando a la defensa de la nación. Yo creo que esta es una necesidad que se impone como parte del propio desarrollo de un proceso nacional cubano, que ha estado signado por la vinculación cubana con un régimen social opuesto al capitalismo, al que se le ha llamado socialismo; sin embargo, en Cuba –como en todas partes– ha pasado por diferentes etapas. No fue lo mismo el socialismo en los años 60, en que la primera tarea –que ya se había iniciado desde el 59– era recuperar el control de la vida nacional y en primer término de los medios económicos del país de manos del gran capital de los Estados Unidos. No es lo mismo en los 60 que en los años 70 y los 80 en que el país estuvo muy estrechamente vinculado con el campo socialista y donde tuvo que atenerse a las reglas del juego de actuación del socialismo en Europa oriental y la Unión Soviética; y lo que pasó después de la debacle de los 90, en que de alguna manera el socialismo se mantiene sobre ciertas bases teóricas –por decirlo de algún modo– y normativas del período anterior, pero en el que se han dado múltiples intentos en la sociedad cubana de ver de qué manera se adaptan sus principios a las realidades que estamos viviendo. Lo estamos haciendo con bastante trabajo porque, en primer lugar, nos cuesta mucho a nosotros también admitir a veces la necesidad de ciertos cambios.

Estos también son problemas de la cultura porque indican además, cuando hablamos de socialismo, ¿de qué estamos hablando? Aquí tenemos deficiencias teóricas espantosas. Ya ni siquiera se habla en Cuba prácticamente de marxismo, el marxismo ha desaparecido de la cultura cubana. Yo tengo un trabajo que empieza y termina con una pregunta: ¿somos marxistas? Y eso es importante. No porque yo crea que hay que estar repitiendo de memoria a Carlos Marx, sino porque hay que entender el funcionamiento del capitalismo para saber hasta qué punto algunos de sus mecanismos te pueden afectar la vida cotidiana en tu proyecto social, como se dice ahora, que no es exactamente igual en sus propósitos a los del capitalismo.

Todo esto incide sobre la cultura artística y literaria porque en la época del regimentalismo soviético vivimos la barbaridad aquella que fue el famoso Quinquenio Gris, que ni fue gris ni duró un quinquenio, duró mucho más y fue más que gris, para algunos concretamente negro.

Hay que hablar de defensa de la nación porque independientemente del régimen social que hay en Cuba, los sectores dominantes en los Estados Unidos han pretendido históricamente que Cuba forme parte directamente de la Unión o en un grado de confluencia en que de hecho esté dirigida prácticamente desde allí, y esto es un problema real porque no solo implica pérdida de soberanía para el Estado cubano sino también una pérdida de características de nuestra cultura, de nuestra manera de ver la vida, de nuestra filosofía, de nuestra identidad.

La cultura artística y literaria siempre ha desempeñado un papel importante en eso, en todas partes. El artista, en el sentido más extenso de la palabra, trabaja en un campo que no trabaja la política y que ni siquiera trabajan los estudios teóricos, que es la vida de los sentimientos, la vida de las emociones; y la identidad es también emociones. Las banderas no son más que una tela organizada con determinados colores y determinado diseño, pero "a la hora de los mameyes” la gente se muere por las banderas, la gente se muere por los escudos, la gente se muere cantando un himno, porque identifican lo que para ellos es eso: la patria, la nación, su país, con estos símbolos, y los símbolos entonces adquieren un valor. El arte trabaja fundamentalmente con símbolos, y desde luego aporta al conocimiento. Yo soy de los que cree que sí, pero su manera de trabajar no es desde el punto de vista cognoscitivo, sino desde lo espiritual, los sentimientos, las emociones; y los artistas suelen tener una mirada peculiarmente honda acerca de los conflictos sociales, muchas veces se dan cuenta antes que los propios políticos del espíritu que está flotando, y que la gente expresa muchas veces de una manera no elaborada. El artista, por lo general, no intenta hacer una novela de una manera teórica o conceptualmente elaborada, ni mucho menos un poema, ni una película, por muy realista que sea en el tema que está tratando; está pretendiendo resolver un problema social, pero ahonda, presentando incluso la psicología de un individuo, presentando a una persona de un modo u otro, está reflexionando sobre los problemas sociales y levantando sentimientos, emociones. Por eso es tan importante para la cultura artística y literaria la formación de una conciencia nacional y de una identidad nacional. Por eso para mí, en una defensa de la nación desde la cultura, los artistas son parte decisiva de esta batalla, tanto como los políticos, tanto como la intelectualidad –me refiero a los que nos dedicamos a teorizar, a tratar de encontrar las explicaciones. Los artistas no se preocupan de dar tantas explicaciones, aunque muchos las dan, sino que tratan de expresar a través de los sentimientos esos asuntos que están viviendo.

Yo creo que aún en las circunstancias actuales, que son y han sido tan tremendas en los últimos treinta y cinco años, y en los que además se ha producido un desmoronamiento de lo que era en gran medida nuestro sostén económico, ideológico, militar y hasta estratégico, en las confrontaciones mundiales, también se produjo la pérdida de prestigio en el campo intelectual del pensamiento marxista. De hace más de diez años a la actualidad todo el mundo me dice, y lo compruebo a cada rato, que en el campo de las ciencias sociales en los Estados Unidos Marx es hoy uno de los escritores más leídos, y en la propia Europa también es muy referido. Sin embargo, ha habido una crisis también del pensamiento marxista, quizás no de Carlos Marx, pero sí de muchos que después se llamaron marxistas, empezando por el marxismo soviético; todo esto implica que de pronto hay referentes que no funcionan, que la sociedad no admite, con los que ya la gente no se mueve.

Por suerte, nosotros tenemos a José Martí, que nos salva mucho. Primero porque es nuestro y segundo porque no solo fue un político brillante sino que como fue un intelectual de primera línea, como fue además un gran escritor y un gran poeta, veía también el mundo con poesía, y eso le daba la capacidad de expresar sus ideas en el terreno político y en el terreno estrictamente de las ideas con una manera tal que se movía siempre sobre la base de los sentimientos y las emociones. Esto es lo que yo creo que en buena medida le da actualidad, porque además era un conocedor muy profundo del ser humano, de las personas. Entonces no existía la psicología como ciencia, pero creo que Martí era un psicólogo nato: en conocer las bajezas y las alturas, los defectos y las virtudes, y a la vez, siendo una persona muy crítica hacia el ser humano, fue también una persona que supo comprender que había algo valioso en el ser humano, que era su capacidad de crecer y de transformarse, su capacidad de levantarse de las caídas; así lo dijo en lenguaje bíblico, como se sabe, en muchas ocasiones, Martí.

Eso ha sido importante para la cultura cubana, ya no solo para la nación sino particularmente para la cultura cubana, porque Martí ha creado un sentido de dignidad, de ética, de sacrificio y de entrega por encima de lo personal, pero sin olvidar lo personal, y yo creo que así ha sido asimilado en buena medida por los cubanos, hasta por los que en las esquinas te dicen cualquier cosa en torno a Martí. Esas cosas me ilustran cómo ese pensamiento llega, y llega por eso, porque en Martí no hay teque, en Martí no hay descarga.

Creo que todo eso es lo que explica por qué hay que defender la nación, y cuál es la perspectiva que tenemos delante si la Revolución fracasa por cualquier motivo –bien porque se derrumba por dentro, o porque viene una agresión militar tipo Libia, tipo Iraq, y acaban con este país–: no vamos a ser una república independiente por lo menos en muchísimos decenios porque los Estados Unidos, o ningún grupo político de allí va a permitir que se mantenga algo de lo que ha pasado en estos años. Tendrían que extirparlo de raíz, y eso quiere decir sacárselo de la conciencia a la gente, y si tuvieran que matar un millón de cubanos lo harán con una tranquilidad espantosa como han matado a un millón de sirios, como han matado a un millón de gente en Iraq, y de eso no se habla.

Entonces, no es solamente defender la soberanía, es defender la propia existencia de una nación cubana, y eso es lo que yo creo que nos obliga a pensar y a hablar de este tema de la cultura como exponente y defensora de la nación. Defender la nación no solo está en la disposición de enfrentarnos a una agresión militar, es levantar conciencia, sentimientos, es levantar vida espiritual en torno a lo que es la nación, que va desde lo más simple y más sencillo, que es tu familia, tu entorno geográfico, tus valores locales, tus sentimientos individuales y locales, hasta los que de un modo u otro nos engloban a todos. No hay nada más diferente a un santiaguero que un habanero, pero todos somos cubanos, yo seguiré siendo de los Industriales aunque pierdan, y seguiré discutiendo con los partidarios de las Avispas.

El papel de la cultura artística y literaria es significativo porque la forma mejor de dominación es justamente crear divisiones por un lado, y por otro perder el sentido de nación. Estaba hace poco en Costa Rica, y vi una cosa por televisión que me dejó aterrado, un canal presentaba, como un gran triunfo, que treinta y cuatro profesores de inglés costarricenses habían sido contratados para trabajar en escuelas norteamericanas. Ellos decían muy felices: “Tenemos treinta y cuatro profesores que les van a enseñar inglés a la gente de un país de habla inglesa”, pero en los quince días que estuve allí no vi nada hablando de Costa Rica, de los que pudieran ser sus logros, de lo que pudiera ser de valor en la intelectualidad costarricense. Fui a un evento sobre Repertorio Americano, de Joaquín García Monge, una revista fabulosa que ese hombre hizo durante cincuenta años, que le abrió espacios a todos los latinoamericanos, que fue defensa de toda Latinoamérica, y los estudiantes universitarios de Costa Rica no saben quién es Joaquín García Monge. Los cubanos fuimos a hablarles a los costarricenses de García Monge. A la mayoría de los estudiantes –que los contamos– no les interesaban para nada las humanidades, no les interesaba saber de Costa Rica, ellos querían ser buenos técnicos para ganar dinero y de ser posible buscarse un buen trabajo en los Estados Unidos. ¿Qué futuro tiene ese país, qué futuro tiene esa nación, si la opción para la gente más joven y mejor formada es irse del lugar? Eso está pasando en Cuba ya, y creo que no hay una respuesta adecuada.

¿Qué quiero decir con todo esto? Que la responsabilidad de un artista es notabilísima. El artista es más cuestionador, si el arte no cuestiona no vale un centavo. Todavía hay aquí demasiada gente, sobre todo en los círculos políticos, que le tiene terror al cuestionamiento. El país está en una situación muy difícil, con un presidente que está, con la mayor delicadeza en medio de estas circunstancias tan difíciles, tratando de mantener la unidad entre la gente. Los políticos cubanos no están acostumbrados a admitir el debate, no están acostumbrados a admitir la discusión, la crítica, la opinión del otro, y eso es un problema real que nosotros tenemos, y eso nos trae dificultades. Yo creo que este es un momento en que tiene que haber unidad sobre ciertos principios, pero a la vez un amplio debate crítico.

Los años 80 fueron momentos de gran debate crítico en Cuba, y el Período Especial, a pesar de todo, logró mantenerlo por lo menos en los planos teóricos y en los analíticos –la propia existencia desde entonces de la revista Temas así lo indica. Ahora la situación no es tan difícil como entonces, pero se aproxima bastante, y esto nos indica que cada vez que hay situaciones coyunturales difíciles la reacción de muchos políticos es de este tipo: no puedo admitir ningún tipo de señalamiento, no puedo admitir al que discrepa, y me lo quito de arriba. No eres capaz, si tienes determinada forma de pensar, de abrir un diálogo ni un debate, inclusive las posturas pueden ser cerradas, que la gente no se abra el uno al otro, pero que expongan, que discutan, de la discusión siempre sale algo. Creo que es un problema que afecta la unidad nacional cubana y afecta la defensa de la nación. Lo mismo le puede pasar, y le pasa a veces, a los artistas.

Yo creo que la política cultural tiene que partir de estas bases, y creo que se está afectando porque no hay madurez suficiente en buena parte de los cuadros de la cultura. Estamos perdiendo cosas que habíamos ganado antes, que es cierto espacio para ese debate y dejar tranquilos a los artistas.

DA: Quisiera preguntarle si la cultura cubana está limitada al territorio de la Isla, ¿en qué medida la protección de la nación rebasa sus fronteras?

Pedro Pablo Rodríguez: Es importante para esta defensa de la nación tratar de ganar cada vez más a los emigrados cubanos a que la defiendan. Buena parte de ellos la defienden, incluso muchos que no admiten el socialismo. Fidel Castro convocó dos reuniones con cada personaje de la nación y la emigración que tú dices: “¿Pero este personaje en Cuba y conversando con Fidel Castro?, esto es asombroso, esto nadie lo podía pensar”.

Y algunos se han convertido, unos cuantos realmente, en personas que se han mantenido con sus puntos de vista pero en las cosas fundamentales defienden la nación cubana, porque se sienten cubanos. Llevan cuarenta años viviendo en los Estados Unidos y no quieren que Cuba sea una colonia de los Estados Unidos. Entonces yo creo que ahí están los límites del asunto y los puntos en que hay que buscar la defensa de la nación. La nación es más que el socialismo en mi opinión, la nación no es un régimen social, ¿o es que no había Cuba en el capitalismo esclavista del siglo XIX?, ¿no eran cubanos esos patriotas, los buenos de la película, que lucharon contra la esclavitud para eliminar uno de los rasgos de aquella sociedad cubana colonial? Eran cubanos, y había sentido de nación, por eso se peleó por la independencia.

Creo que tenemos que dialogar sinceramente con esas personas, abrirles espacios. Fue Díaz-Canel quien dijo hace unos días que podían invertir en Cuba; eso no se había dicho, la ley lo permitía pero hasta ahora no se le había permitido a nadie, si es que alguno lo había pedido, invertir en Cuba. Por otro lado, surge el reclamo de gente aquí –acá no hay millonarios pero hay gente que tiene plata–: ¿entonces por qué el de afuera sí y el de aquí no? Tenemos que admitir y comprender las circunstancias en que se ha movido el país y las circunstancias del mundo de hoy, que es hegemónico y totalmente capitalista –porque China es un capitalismo socializado, y Rusia es capitalista, que no le interesa tanto ni siquiera socializar su sociedad como China.

Hay una cosa importante: no es solo por un problema estratégico, por un problema de política, por un problema cultural en el plano artístico; es que esto es un problema de interés nacional, esa gente no están ahí para ser usadas, esas personas están ahí porque forman parte de nosotros, porque espiritualmente se sienten cerca de nosotros.

DA: Una última pregunta: ¿cómo evitar que la defensa de la nación desde la cultura se confunda con atrincheramientos y proyectos de vulnerabilidad?

Pedro Pablo Rodríguez: Tratando de educar más a los políticos, tratando de evitar la clonación de políticos incultos en el más amplio sentido de la palabra, tratando de impedir que crezca la burocracia, porque la burocracia es muy peligrosa también en Cuba porque tiende a corromperse, y a abroquelarse. Cuando te acostumbras al carrito todos los días y no tienes que quedarte en G como te quedaste para llegar hasta aquí, cuando te acostumbras a no pensar en que pasé por la esquina y compré las galletas, cuando vives en un mundo superestructural, por decirlo de alguna manera, que no es el de la cotidianeidad de todo el mundo, se te va creando una distancia quieras que no. Evitar eso es la única manera de que la política no camine por otro lado, que no se vaya, sin mala intención, pero te va llevando a eso, a que tú piensas que tienes toda la verdad, o que tu equipo, tu gente, los que te rodean, son los que tienen toda la verdad.

Me sorprendió mucho cuando Raúl Castro habló del problema, porque Raúl fue presentado desde el principio de la Revolución como el extremista, el más comunista. A lo mejor no era así, pero lo cierto es que en algunas cosas que fueron públicas, las posturas de Raúl eran más cerradas que las del propio Fidel, porque él era el malo de la película. Fidel a veces cerraba y a veces era abierto, como buen político, por eso era un genio de la política, pero realmente Raúl representó una apertura en muchos terrenos, y cuando presentó a aquella mujer militante del Partido que la habían botado porque tenía ideas religiosas y la puso como ejemplo, cuando se paró y dijo que estaba ya cansado de tanta chusmería –Raúl, que además en cierta manera está formado con un pensamiento teórico dentro del comunismo ruso. Raúl Castro está demostrando que él en eso es más talentoso, quizás mejor político que buena parte de la gente de su generación.

Creo que el problema central está en los políticos, necesitamos políticos cultos en el más amplio sentido de la palabra. En lo que dijo Díaz-Canel sobre los profesores hay que incluir a los políticos, y culto no es solamente haber leído más libros que nadie ni ir a todas las exposiciones de arte ni verse todas las películas de Woody Allen. No es ni siquiera eso: es tener un espíritu verdadero de comprensión de que la unidad no significa unanimidad y que no siempre se tiene la razón, que se pueden equivocar y tienen hasta que aprender.

Foto: Rusia Today (RT)

domingo, 30 de junio de 2019

Discurso pronunciado por Miguel M. Díaz-Canel Bermúdez, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en la clausura del IX Congreso de la Uneac, en el Palacio de Convenciones


(Versiones Taquigráficas – Consejo de Estado)
Queridos escritores, artistas, creadores;
Compañeras y compañeros de la Presidencia;
Ministros y viceministros presentes:
Ante todo, reciban el cálido saludo del General de Ejército, del cual soy portador.
Ha concluido su IX Congreso. No digo estos días de análisis y debate en el Palacio de Convenciones, sino los largos meses de intercambios y aportes desde las bases. ¡Cuánta inteligencia y talento, cuánto se aprende de ustedes!
Es un proceso que hemos seguido de cerca en frecuentes encuentros con la Comisión Organizadora, tratando de aproximar, en lo posible, soluciones a las insatisfacciones más generalizadas, y confirmando, una vez más, el valor de ir a lo profundo del extraordinario caudal creativo del pueblo cubano. Allí siempre nos espera la verdad.
Permítanme sentirme uno más de ustedes: en la insatisfacción y también en el compromiso, soy un apasionado del arte y de la cultura en sus más diversas expresiones, sea de Cuba o universal.
Los temas que aquí se han tratado suelen ser pan de cada día en nuestra familia y entre amigos. Por las profesiones de mis tres hijos y de mi esposa, la cultura está de manera casi permanente en nuestras vidas. Por imperiosa necesidad del espíritu, no sabríamos vivir sin acceso a las artes.
La emoción más profunda, junto con la gloria patria, nos la provoca constantemente el contacto con la creación artística. Personalmente no puedo separar el sentido de plenitud, incluso de felicidad, de un disfrute estético determinado. Y si es cultura cubana, el goce se multiplica.
Lo que quiero decirles es que durante estos meses, estos días, estas horas, más de una vez nos hemos sentido entre ustedes, compartiendo lo que expresan y comprometidos con lo que hacen.
Y por lo que dicen y lo que hacen, sé que muchos de ustedes, alguna vez, pueden haberse sentido en nuestro lugar, desafiados a dar continuidad a un proceso histórico único, de un impacto y alcance universal y de un liderazgo solo comparable a la grandeza de la Revolución misma, hecho cultural superior que transformó desde la raíz a una nación pequeña y atrasada en una indiscutible potencia mundial, no por sus recursos materiales, sino por sus recursos humanos y sentimentales.
Nosotros cuando miramos al mundo y repasamos la historia podemos decir: ¡Qué milagro de país, en qué gran pueblo nos hemos convertido! Es lo que nos ocurre cuando asistimos a una función de ballet o danza, a conciertos de música, lo mismo en un gran teatro que en uno de nuestros barrios; a obras teatrales, a estrenos de cine, a ferias del libro, de artesanías, a galerías, a descargas de rumba o a escuelas de arte.
Un país bloqueado durante seis décadas, perseguido con saña y alevosía hasta en la gestión de medicamentos infantiles, acribillado mediáticamente por los medios más influyentes del planeta, no se ha conformado con resistir y sobrevivir. Como ya dije una vez: “Somos una Revolución que puede presumir de haber sido contada y cantada, desde sus orígenes, con el talento y la originalidad de sus artistas y creadores, intérpretes genuinos de la sabia popular y también de las insatisfacciones y esperanzas del alma cubana.
“Y así seguirá siendo. Intelectuales, artistas, periodistas, creadores, nos acompañarán siempre en el empeño de que este archipiélago que la Revolución puso en el mapa político del mundo siga siendo reconocido también por su singular modo de pelear cantando, bailando, riendo y venciendo”.
Quizás aún no hemos aprendido, y en algunos casos hemos desaprendido, a contar esa maravilla, pero nadie puede ya quitarnos el orgullo de ser una nación para respetar, gracias a una Revolución que siempre ha puesto al ser humano en el centro.
Es algo que nuestra generación les debe a los fundadores en primer lugar, desde Céspedes a Martí. A los creadores que continuaron sus luchas y fundamentalmente a Fidel, el indiscutible intelectual y guía de la generación histórica que, junto con la entrega de la tierra y las fábricas a los que la trabajaban, alfabetizó al pueblo, universalizó la enseñanza, creó poderosas instituciones culturales y en los momentos más difíciles nos enseñó que “la cultura es lo primero que hay que salvar”.
¿Por qué insistía Fidel en esa idea, que repitió tantas veces? Ustedes lo saben seguramente, pero no está de más recordarlo. Porque “no hay proa que taje una nube de ideas”, diría Martí.
Y Fidel supo advertir el riesgo de perder nuestra mayor fortaleza: la unidad, la identidad, la cultura, con la avalancha colonizadora que avanzaba en los tiempos de la globalización, con el acceso masivo a las nuevas tecnologías, promovido por los mercaderes modernos, no para enriquecer sino para empobrecer la capacidad crítica y el pensamiento liberador. 

Consciente de que esas tecnologías de acelerado desarrollo serían una poderosa arma de educación y multiplicación del conocimiento a la que la Revolución no podía renunciar ni acceder tardíamente, Fidel creó la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI) y paralelamente alertó a la sociedad cubana sobre la importancia de salvar la cultura.

Así como antes, en aquellas reuniones de la Biblioteca Nacional que dieron lugar a sus Palabras a los intelectuales y muy poco tiempo después a la creación de la Uneac, Fidel acudía a la vanguardia intelectual y artística para enfrentar desafíos que solo podía advertir un iluminado, como Barnet lo definió alguna vez.
Si hace 60 años fue vencido el intento de fracturar la unión visceral entre aquella vanguardia y su Revolución, es decir, ella misma y su pueblo, más tarde y muchas veces a lo largo de los años el adversario se empeñaría inútilmente en ello. En el cruce de siglos, la batalla alcanzaría cotas mayores golpeando a las fuerzas progresistas en la región y en el mundo.
Movimientos como la Red en Defensa de la Humanidad y proyectos culturales que florecieron por todo el país demostraron la extraordinaria fuerza de la vanguardia para alimentar y sostener la espiritualidad de la nación.
De la Uneac fundada por Nicolás Guillén y otras cubanas y cubanos universales emergió un compromiso para siempre con el destino de la cultura nacional, que se ha afirmado en estos días. Y es tremendo ver la continuidad de esa obra en una organización dirigida hasta hoy por uno de los más jóvenes delegados a aquella cita de hace 58 años: el poeta, ensayista, etnólogo, intelectual, en suma, Miguel Barnet.
Aquí se ha hablado varias veces de las Palabras a los intelectuales. No concibo a un artista, a un intelectual, a un creador cubano que no conozca aquel discurso que marcó la política cultural en Revolución. No me imagino a ningún dirigente político, a ningún funcionario o dirigente de la Cultura, que prescinda de sus definiciones de principio para llevar adelante sus responsabilidades.
Pero siempre me ha preocupado que de aquellas palabras se extraigan un par de frases y se enarbolen como consigna. Nuestro deber es leerlo conscientes de que, siendo un documento para todos los tiempos, por los principios que establece para la política cultural, también exige una interpretación contextualizada.
Claramente Fidel planteó un punto de partida: la relación entre Revolución, la vanguardia intelectual y artística y el pueblo. Entonces, todos no tenían tan claro como Fidel lo que los artistas e intelectuales irían comprendiendo en el desarrollo de su obra: que la Revolución eran ellos, eran sus obras y era el pueblo.
Por eso resulta reduccionista limitarse a citar su frase fundamental: “Dentro de la Revolución todo, contra la Revolución nada”, soslayando que Revolución es más que Estado, más que Partido, más que Gobierno, porque Revolución somos todos los que la hacemos posible en vida y en obra.
Y también sería contradictorio con la originalidad y fuerza de ese texto, pretender que norme de forma única e inamovible la política cultural de la Revolución. Eso sería cortarle las alas a su vuelo fundador y a su espíritu de convocatoria.
Hoy tenemos el deber de traer sus conceptos a nuestros días y defender su indiscutible vigencia, evaluando el momento que vivimos, los nuevos escenarios, las plataformas neocolonizadoras y banalizadoras que tratan de imponernos y las necesidades, pero también las posibilidades que con los años y los avances tecnológicos se han abierto.
Hay que hacer lecturas nuevas y enriquecedoras de aquellas palabras. Hacer crecer y fortalecer la política cultural, que no se ha escrito más allá de Palabras… y darle el contenido que los tiempos actuales nos están exigiendo.
Ustedes han hecho bastante. Como hemos apreciado, han trabajado y avanzado mejor allí donde más coordinados han actuado con otras fuerzas intelectuales, como las que crean desde las universidades y otros centros de investigación de las ciencias sociales y humanísticas.
Evidentemente, hay más y mejores resultados donde la creación se apoya en nuevos soportes tecnológicos que facilitan el trabajo.
Hace unos días, compartiendo con la Comisión Organizadora, les comentaba sobre uno de los temas que más discusiones genera siempre en los eventos de la Uneac: la relación con el turismo. Y otro tema más actual que es la política cultural en los espacios de la economía estatal y los privados.
Hoy quiero reiterar que tenemos, desde la administración, el deber de ser coherentes. No hay una política cultural para el sector estatal y otra para el privado. En ambos sectores tiene que promoverse, defenderse, dárseles espacio a quienes hacen arte verdadero.
Y en el caso específico del turismo, yo he insistido en que la cultura es un eslabón fundamental en los encadenamientos productivos que nos interesa promover. Pero defiendo, sobre todo, que el turismo no solo lleve a los artistas a sus instalaciones, sino que propiciemos una muy intensa actividad cultural en todas nuestras ciudades y zonas turísticas que, a la vez que enriquezca la vida cultural del pueblo, atraiga y conquiste al visitante. Hay que ser auténticos y dejar de vender “shows enlatados”, productos de seudocultura que responden más a la rentabilidad que al orgullo de mostrar quiénes somos realmente.
Cuba es una potencia cultural y hoy el turismo, siendo como es una actividad económica que aporta cotidianamente al Presupuesto, la verdad es que todavía tributa mucho menos de lo que podría si los turistas salieran a consumir bienes y servicios, no solo culturales, pero sobre todo culturales (Aplausos).
A propósito, el sistema de escuelas de arte tiene una fuente de ingresos por exportación de servicios, insuficientemente explotada, en la generación de cursos en áreas de la enseñanza artística, en las que somos realmente fuertes y donde debemos establecer modalidades y precios coherentes con el nivel de la academia cubana.
En esa misma línea de pensamiento, a la Uneac le corresponde ser una especie de electrodo movilizador de fuerzas y acciones para la proyección internacional de nuestras industrias culturales. No olvidar que cuando todas las puertas se cerraron para Cuba por su osada pretensión de soberanía y libertad, hasta en el imperio se abrieron al menos ventanitas por donde entraron la música, las artes plásticas, el ballet, la danza, el teatro y otras manifestaciones culturales.
Los puentes que ha levantado la cultura cubana, apoyada por fieles amigos, en tantos años de ninguna o escasas relaciones entre Cuba y Estados Unidos, nos han permitido sostener vivo un intercambio entre nuestros pueblos de tanta fuerza que la actual administración estadounidense se ha propuesto clausurarlo definitivamente.
Pero también hacia Europa, Asia, África, los intelectuales y artistas han fungido como embajadas culturales, han abierto puertas y favorecido entendimientos que podrían ser más difíciles y hasta imposibles sin ellos.
Hay mucho, mucho que trabajar en ese sentido. Y ustedes tienen el talento, la fuerza y el conocimiento para hacerlo crecer, aportando al país recursos imprescindibles para su desarrollo.
Comparto igualmente las preocupaciones de quienes sienten que algunas instituciones de la Cultura se han quedado por detrás de los creadores. Resulta inaceptable que no se comprenda que todas las instituciones culturales existen por y para los creadores y su obra (Exclamaciones y aplausos), no a la inversa, y que el burocratismo y la falta de profesionalidad ahogan la creación.
En la pelea contra esos molinos de viento, tan antiguos como dañinos, vemos un papel fundamental de la Uneac. Es preciso hacer más proactiva a la organización en sus bases: indagar qué misiones cumple cada una en función de aquellos a quienes representan y qué ámbitos de discusiones lideran. ¿Desde cuáles posiciones? ¿Con qué liderazgos?
Igualmente veo a la Uneac batallando por rescatar y elevar el peso y el papel de la crítica cultural. La sequía de análisis serios y bien fundamentados sobre los valores reales de obras y espacios culturales desestimulan a los creadores y privan a los públicos, particularmente a los más jóvenes, de criterios orientadores que establezcan las jerarquías artísticas a tiempo.
Es un hecho incontestable que los creadores cubanos residentes en el país tienen obras capaces de emular con lo mejor creado por sus contemporáneos que trabajan y viven en naciones del Primer Mundo, bajo condiciones materiales e incentivos muy superiores a veces, lo que les ha valido acceder a mercados exigentes.
¿Por qué desde Cuba no logramos insertar, difundir, exportar la obra de los que trabajan dentro del país y en cambio promocionamos y replicamos lo que ya el mercado acuñó y nos devuelve envuelto en sus reglas? (Exclamaciones y aplausos prolongados.) ¿Qué necesitan nuestras instituciones para hacer florecer nuestras más auténticas creaciones culturales?
Se escucha mucho la queja —sobre la cual es importante que actúen las organizaciones de artistas— de que el sistema empresarial o las llamadas industrias culturales, con relación a la creación artística, en cuanto a su producción, promoción y comercialización, se han quedado atrás.
La cultura puede y debe aportar al Producto Interno Bruto del país y para eso están sus empresas. Sobran las insatisfacciones de artistas y creadores que deben gestionarse absolutamente todo para difundir o promocionar su trabajo, mientras quienes tendrían la responsabilidad de hacerlo ejercen una suerte de parasitismo desde la inactividad (Exclamaciones y aplausos prolongados).
Los artistas tienen el deber de pagar sus impuestos, pero no deberían tener que abonar a las empresas si estas no han tenido nada que ver con los contratos de trabajo, con su promoción ni con su amparo jurídico (Exclamaciones y aplausos prolongados).
Es un secreto a voces que ese parasitismo favorece la corrupción (Exclamaciones y aplausos) y enmascara el incumplimiento de la función de representación y gestión de oportunidades para el creador y su obra. Es inútil y engañoso que el escaso dinero de que dispone el país sea reciclado entre entidades sin ningún efecto en la economía real (Exclamaciones y aplausos).
Otros temas que, en mi modesta opinión, deberían concitar acciones y reacciones de nuestros creadores agrupados en la Uneac tienen que ver con lo que algunos llamamos “mercenarios culturales”, esos dispuestos a linchar a cuanto artista o creador exalte a la Revolución o les cante a las causas más duras y a la vez más nobles en que están empeñadas las fuerzas progresistas de nuestra región y del mundo (Aplausos).
Recordemos el mensaje del General de Ejército Raúl Castro Ruz, en ocasión del aniversario 55 de la Uneac: “Hoy estamos doblemente amenazados en el campo de la cultura: por los proyectos subversivos que pretenden dividirnos y la oleada colonizadora global. La Uneac del presente continuará encarando con valentía, compromiso revolucionario e inteligencia, estos complejos desafíos.”
Esta plataforma colonizadora promueve los paradigmas más neoliberales: Estado mínimo, mercado hasta donde más sea posible, todo se vende y se compra, el supuesto éxito único de la empresa privada; atentos a los que ponen por delante mercado y no cultura; egoísmo y vanidad personal y no compromiso social de la cultura (Exclamaciones y aplausos).
Ya se ha denunciado que la actual administración estadounidense destina nuevos y mayores fondos a la subversión y que pide a quienes desean acceder a los cotos privilegiados del imperio que rindan cuenta de cuanto hacen o dicen en las redes sociales. Por lo que callan y por lo que dicen algunos contra sus propios compatriotas, es fácil colegir quiénes aspiran a ganarse el penoso boleto. Apóstatas les llamaría Martí. Me pregunto si alguien cree que servir al que nos bloquea, ataca y obstaculiza nuestro desarrollo le abrirá por largo tiempo la pequeña puerta por la que les dan acceso a quienes reniegan de su raíz.
No vamos a limitar la creación, pero la Revolución que ha resistido 60 años por haber sabido defenderse, no va a dejar sus espacios institucionales en manos de quienes sirven a su enemigo, sea porque denigran cualquier esfuerzo por sobreponernos al cerco económico o porque se benefician de los fondos para destruir a la Revolución (Aplausos).
Los límites comienzan donde se irrespetan los símbolos y los valores sagrados de la Patria (Aplausos).
La Constitución que acabamos de aprobar y que se complementará con sus leyes correspondientes tiene, entre las primeras, la de los símbolos nacionales.
Los ingenuos hacen tanto daño como los perversos. No son tiempos de negar ideologías, ni de descontextualizar. Y nada de esto significa negar la libertad de creación ni hacer concesiones estéticas. Significa tener sentido del momento histórico, saber que más allá de Cuba el mundo vive horas de mucho riesgo e incertidumbre, donde los poderosos pasan por encima de las leyes internacionales, lanzan guerras al amparo de las llamadas fake news o falsas noticias y destruyen civilizaciones milenarias en nombre de la intervención humanitaria. Construir y defender un proyecto socialista significa defender el humanismo revolucionario.
Como en los tiempos de Palabras a los intelectuales, la Revolución insiste en su derecho a defender su existencia que es, también, la existencia de un pueblo y de sus creadores e intelectuales.
Tendría mucho más que decirles, pero sé que habrá nuevas oportunidades para hacerlo. Nos hemos propuesto realizar encuentros mensuales con la directiva electa y grupos de creadores, junto a los ministerios, para revisar todo cuanto podamos colaborar en arrancarles cada vez un pedazo mayor a los problemas y dificultades (Aplausos).
Para eso cuenten con el apoyo del Gobierno, presentes aquí seis ministros y viceministros de los organismos de la Administración Central del Estado. El Dictamen de las comisiones nos ofrece un menú de temas muy amplio que debemos ahora abordar entre todos y en darle solución.
No dejen morir el Congreso. Trabajen por hacer realidad todo lo que entiendan que aportará al bien de la nación, a su espiritualidad, al porvenir que quieren negarnos los que no han podido destruirnos.
Entre ustedes nos sentimos cómodos, entusiastas, optimistas, conscientes de que como nos enseña Raúl: “Sí se puede” cuando se quiere. Y ustedes y nosotros, es decir, la Revolución, queremos lo mismo:
Un país libre, independiente y soberano;
Fiel a nuestra historia;
Que garantice justicia social y justa distribución de la riqueza;
Con respeto a la dignidad plena del ser humano, mujer y hombre;
Con una sólida identidad cultural;
Donde se preserve el acceso gratuito y universal a la educación;
Que avance hacia un desarrollo económico equilibrado y sostenible;
Próspero, inclusivo, participativo;
Invulnerable militar, ideológica, social y económicamente;
Con servicios de salud gratuitos y de la mayor calidad para todos;
Solidario, generoso, humanista;
Que repudie todas las formas de discriminación;
Donde no prosperen nunca el crimen organizado, la trata de personas o el terrorismo;
Defensor de los derechos humanos de todos, no de segmentos exclusivos o privilegiados;
Libre de toda forma de violencia, esclavitud, explotación humana;
Con un ejercicio ejemplar de la democracia del pueblo y no del poder antidemocrático del capital;
Capaz de vivir en paz y desarrollarse en armonía con la naturaleza y cuidando las fuentes de las que depende la vida en el planeta.
Compañeras y compañeros:
Nuestro reconocimiento a la intensa labor realizada por Barnet en estos años al frente de la Uneac.
Felicitamos a la nueva dirección de la Uneac, a su presidente electo, Morlote, con la certeza de que comprenden que su misión más importante es desatar una irreconciliable batalla contra la incultura y la indecencia (Aplausos), y en ese bregar los creadores deberán ser, como siempre, como pidió Fidel en Palabras a los intelectuales: más que espectadores, actores.
Un mundo mejor es posible.
Esa certeza la heredamos de nuestros padres y tenemos el deber de sostenerla para nuestros hijos.
¡Somos Cuba! ¡Somos continuidad!
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!
(Ovación)

Comentario HHC: Las negritas son mías.