Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

miércoles, 16 de noviembre de 2016

¿Qué necesita la economía estadounidense que Trump haga?

Joseph E. Stiglitz, recipient of the Nobel Memorial Prize in Economic Sciences in 2001 and the John Bates Clark Medal in 1979, is University Professor at Columbia University, Co-Chair of the High-Level Expert Group on the Measurement of Economic Performance and Social Progress at the OECD, and Chief Economist of the Roosevelt Institute. A former senior vice president and chief economist of the World Bank and chair of the US president’s Council of Economic Advisers under Bill Clinton, in 2000 he founded the Initiative for Policy Dialogue, a think tank on international development based at Columbia University. His most recent book is The Euro: How a Common Currency Threatens the Future of Europe. 

NUEVA YORK – La impresionante victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos hizo que una cosa quede abundantemente clara: demasiados estadounidenses – especialmente hombres estadounidenses blancos – sienten que se quedaron atrás. No es sólo un sentimiento; muchos estadounidenses realmente se quedaron relegados. Esto puede verse en los datos tan claramente como se hace patente en su ira. Y, tal como he sostenido repetidamente, un sistema económico que no “cumple” con gran parte de la población es un sistema económico fallido. Entonces, ¿qué debe hacer el presidente electo Trump al respecto?

Durante las tres últimas décadas, las reglas del sistema económico de Estados Unidos han sido reescritas de manera que están sólo al servicio de unos pocos que se encuentran en la parte superior, perjudicando a la economía en su conjunto, y especialmente al 80% en la parte inferior. La ironía de la victoria de Trump es que fue el Partido Republicano, al que ahora Trump lidera, el que impulsó la globalización extrema y arremetió contra los marcos políticos que hubieran mitigado el trauma asociado a la misma. Sin embargo, la historia sí tiene importancia: China e India están ahora integradas en la economía mundial. Además, la tecnología ha avanzado tan rápido que el número de empleos en manufactura, a nivel mundial, está disminuyendo.

La inferencia es que no hay manera de que Trump pueda traer a Estados Unidos un número significativo de puestos de trabajos bien pagados en el ámbito de manufactura. Puede traer de vuelta la manufactura, a través de manufactura avanzada, pero habrá pocos puesto de trabajo. Y, también puede hacer que los puestos de trabajo retornen, pero serán puestos de trabajo con bajos salarios, no los puestos bien remunerados de los años cincuenta.

Si Trump es serio en cuanto a abordar la desigualdad, debe reescribir las reglas una vez más, de una manera que sirvan a los intereses de toda la sociedad, no sólo a los intereses de aquellas personas que son como él.

Lo primero en el orden del día es impulsar la inversión, restableciendo así un robusto crecimiento a largo plazo. Específicamente, Trump debe enfatizar el gasto en infraestructura e investigación. Es sorprendentemente que en un país cuyo éxito económico se basa en la innovación tecnológica, la participación en el PIB de la inversión en investigación básica esté, hoy en día, en un nivel más bajo del que estuvo hace medio siglo.

Una infraestructura mejorada aumentaría el rendimiento de la inversión privada, que también ha estado rezagándose. Garantizar un mayor acceso financiero a las pequeñas y medianas empresas, incluidas las encabezadas por mujeres, también estimularía la inversión privada. Un impuesto sobre el carbono proporcionaría una triple apuesta ganadora, una trifecta de bienestar: crecimiento más alto a medida que las empresas se adapten para reflejar el aumento de los costos de las emisiones de dióxido de carbono; medioambiente más limpio; e, ingresos que podrían utilizarse para financiar la infraestructura y dirigirse hacia los esfuerzos por reducir la brecha económica de Estados Unidos. Pero, dada la posición de Trump como una persona que niega la existencia del cambio climático, es poco probable que se aproveche lo antedicho (y ello, a su vez, también podría inducir a que el mundo comience a imponer aranceles contra los productos estadounidenses manufacturados en maneras que infrinjan las regulaciones mundiales relativas al cambio climático).

Al mismo tiempo se necesita un abordaje integral para mejorar la distribución de la renta de Estados Unidos, que es una de las peores entre las economías avanzadas. Si bien Trump ha prometido elevar el salario mínimo, es improbable que realice otros cambios de importancia crítica, como ser el fortalecimiento de los derechos de negociación colectiva y el poder de negociación de los trabajadores, así como la imposición de restricciones a la compensación de los directores ejecutivos y a la financiarización.

La reforma de la regulación debe ir más allá de tan sólo limitar el daño que el sector financiero puede hacer y debe garantizar que este sector realmente esté al servicio de la sociedad.

En abril, el Consejo de Asesores Económicos del presidente Barack Obama publicó un informe mostrando una creciente concentración del mercado en muchos sectores. Eso significa menos competencia y precios más altos – esta es una forma segura de bajar los ingresos reales, tal como lo es bajar directamente los salarios. Estados Unidos necesita hacer frente a estas concentraciones de poder de mercado, incluyendo las más recientes manifestaciones en la llamada economía colaborativa.

El retrógrado sistema impositivo de Estados Unidos – que estimula la desigualdad al ayudar a los ricos (sólo a ellos y a nadie más) a hacerse aún más ricos, también debe ser reformado. Un objetivo obvio debería ser eliminar el tratamiento especial de las ganancias de capital y los dividendos. Otro objetivo es garantizar que las empresas paguen impuestos – tal vez bajando la tasa de impuestos corporativos para aquellas empresas que inviertan y creen empleos en Estados Unidos, y elevándolos para las que no lo hagan. Sin embargo, debido a que Trump es uno de los principales beneficiarios de este sistema, sus promesas relativas a llevar a cabo reformas que beneficien a los estadounidenses comunes y corrientes no son creíbles; tal como acostumbradamente ocurre con los republicanos, los cambios impositivos que ellos realizan beneficiarán en gran medida a los ricos.

Probablemente, Trump no llegue a cumplir con el objetivo de mejorar la igualdad de oportunidades. Garantizar educación preescolar para todos e invertir más en las escuelas públicas es esencial para que Estados Unidos evite convertirse en un país neo-feudal donde las ventajas y desventajas se transmiten de una generación a la siguiente. Sin embargo, Trump prácticamente ha permanecido callado con respecto a este tema.

El restablecimiento de la prosperidad compartida requeriría de políticas que amplíen el acceso a viviendas y atención médica a precios asequibles, así como el acceso a una jubilación segura con un mínimo de dignidad, además serían necesarias políticas que posibiliten que todos los estadounidenses, independientemente de cuánta riqueza tenga su familia, puedan pagar una educación postsecundaria acorde con sus habilidades e intereses. Si bien me podría imaginar a Trump, un magnate de los bienes raíces, apoyando un programa masivo de vivienda (en el cual la mayoría de los beneficios vayan a favor de desarrolladores inmobiliarios como él), su prometida derogación de la Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio (Obamacare) dejaría a millones de estadounidenses sin seguro de salud. (Poco después de las elecciones, Trump insinuó que es posible que él actúe con cautela en este ámbito).

Los problemas planteados por los estadounidenses marginados – cuya marginación es el resultado de décadas de negligencia – no se resolverán, ni rápidamente ni mediante herramientas convencionales. Una estrategia eficaz tendrá que considerar un mayor número de soluciones no convencionales, hacia las que los intereses corporativos republicanos son poco proclives. Por ejemplo, se podría permitir a las personas incrementar su seguridad de jubilación poniendo más dinero en sus cuentas del Seguro Social, con aumentos proporcionales en sus pensiones. Además, se podrían instituir políticas integrales de licencias por enfermedad y asuntos familiares que ayudarían a que los estadounidenses lograran un equilibrio menos estresante entre la vida cotidiana y el trabajo.

Del mismo modo, una opción a través del sector público para financiar viviendas podría dar derecho a cualquier persona que haya pagado impuestos regularmente a obtener una hipoteca con el 20% de pago inicial, a un préstamo que sea proporcional a su capacidad para pagar la deuda a una tasa de interés ligeramente superior a la que el gobierno pueda pedir prestado y reembolsar, a su vez, su propia deuda. Los pagos se canalizarían a través del sistema de impuestos sobre la renta.

Mucho ha cambiado desde que el presidente Ronald Reagan empezó a debilitar a la clase media y desviar los beneficios del crecimiento a favor de aquellos en el estrato más alto, y ​​las políticas e instituciones estadounidenses no se han mantenido al ritmo de dichos cambios. Desde el papel que desempeñan las mujeres en la fuerza de trabajo y el surgimiento de Internet hasta el aumento de la diversidad cultural, Estados Unidos del siglo XXI es fundamentalmente distinto al Estados Unidos de los años ochenta.

Si Trump realmente quiere ayudar a los relegados, debe ir más allá de las batallas ideológicas del pasado. La agenda que acabo de esbozar no es sólo una agenda económica: es una sobre cómo edificar una sociedad dinámica, abierta y justa que cumpla la promesa de los valores más apreciados por los estadounidenses. Pero si bien, en algunas maneras, esta agenda es coherente con las promesas de campaña de Trump, en muchas otras maneras, es la antítesis de dichas promesas.

Mi muy nublada bola de cristal muestra una reescritura de las reglas, pero no para corregir los graves errores de la revolución de Reagan, un hito en el viaje sórdido que dejó a tantos atrás. Por el contrario, las nuevas reglas empeorarán la situación, excluyendo aún a más personas del sueño estadounidense.

Traducción del inglés por Rocío L. Barrientos.

Conversaciones honestas sobre comercio

Dani Rodrik is Professor of International Political Economy at Harvard University’s John F. Kennedy School of Government. He is the author of The Globalization Paradox: Democracy and the Future of the World Economyand, most recently, Economics Rules: The Rights and Wrongs of the Dismal Science.

CAMBRIDGE – ¿Los economistas son en parte responsables de la abrumadora victoria de Donald Trump en la elección presidencial de Estados Unidos? Aunque no hubieran podido frenar a Trump, los economistas habrían tenido un mayor impacto en el debate público si se hubieran ceñido más a la enseñanza de su disciplina, en lugar de aliarse con los promotores de la globalización. 

Cuando mi libro ¿La globalización ha ido demasiado lejos? fue a imprenta hace casi dos décadas, me puse en contacto con un economista muy conocido para pedirle que escribiera un comentario en la contratapa. En el libro yo decía que, en ausencia de una respuesta gubernamental más concertada, un exceso de globalización agravaría las divisiones sociales, exacerbaría los problemas de distribución y minaría los acuerdos sociales domésticos -argumentos que, desde entonces, se han vuelto moneda corriente.

El economista puso reparos. Dijo que, en realidad, no estaba en desacuerdo con ninguno de los análisis, pero que tenía miedo de que mi libro ofreciera "munición para los bárbaros". Los proteccionistas se servirían de los argumentos del libro sobre los aspectos negativos de la globalización para justificar su agenda estrecha y egoísta.

Es una reacción que todavía recibo de mis colegas economistas. Uno de ellos levantó la mano dubitativamente luego de una conversación y preguntó: ¿no te preocupa que se haga abuso de tus argumentos y terminen favoreciendo a los demagogos y populistas que estás denunciando?

Siempre existe el riesgo de que aquellos con quienes disentimos se apropien de nuestros argumentos en el debate público. Pero nunca entendí por qué muchos economistas creen que esto implica tener que torcer nuestro razonamiento sobre el comercio en una dirección determinada. La premisa implícita parece ser que sólo hay bárbaros en uno de los lados del debate comercial. Aparentemente, aquellos que se quejan de las reglas de la Organización Mundial de Comercio o de los acuerdos comerciales son proteccionistas desagradables, mientras que quienes los respaldan siempre están del lado de los ángeles.

En verdad, muchos entusiastas del comercio también están motivados por sus propias agendas estrechas y egoístas. Las compañías farmacéuticas que defienden reglas sobre patentes más estrictas, los bancos que presionan por un acceso sin restricciones a los mercados extranjeros o las multinacionales que solicitan tribunales de arbitraje especiales no tienen una mayor consideración por el interés público que los proteccionistas. De manera que cuando los economistas matizan sus argumentos, en efecto están favoreciendo a un grupo de bárbaros por sobre otro.

Ya hace mucho tiempo que existe una regla tácita de compromiso público para los economistas según la cual deben defender el comercio y no reparar demasiado en la letra chica. Esto ha generado una situación curiosa. Los modelos estándar de comercio con los cuales trabajan los economistas normalmente tienen fuertes efectos distributivos: las pérdidas de ingresos de ciertos grupos de productores o categorías de trabajadores son la otra cara de los "réditos del comercio". Y los economistas hace mucho que saben que las fallas del mercado -incluidos el mal funcionamiento de los mercados laborales, las imperfecciones del mercado de crédito, las externalidades del conocimiento o ambientales y los monopolios- pueden interferir en la obtención de esos réditos.

También saben que los beneficios económicos de los acuerdos comerciales que atraviesan las fronteras para dar forma a regulaciones domésticas -como sucede con el endurecimiento de las reglas sobre patentes o la coordinación de los requerimientos de salud y seguridad- son esencialmente ambiguos.

Sin embargo, se puede contar con que los economistas repitan como loros las maravillas de la ventaja comparativa y del libre comercio cada vez que se hable de acuerdos comerciales. Recurrentemente han minimizado los temores en materia distributiva, aunque hoy resulte evidente que el impacto distributivo de, por ejemplo, el Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte o el ingreso de China a la Organización Mundial de Comercio fueron importantes para las comunidades más directamente afectadas en Estados Unidos. Sobreestimaron la magnitud de las ganancias agregadas a partir de los acuerdos comerciales, aunque esas ganancias han sido relativamente pequeñas desde por lo menos los años 1990. Han respaldado la propaganda que retrata los acuerdos comerciales de hoy como "acuerdos de libre comercio", aunque Adam Smith y David Ricardo se revolcarían en sus tumbas si leyeran el Acuerdo Transpacífico.

Esta reticencia a ser honestos respecto del comercio les ha costado a los economistas su credibilidad ante la población. Peor aún, ha alimentado los argumentos de sus oponentes. La incapacidad de los economistas de ofrecer un panorama completo sobre el comercio, con todas las distinciones y advertencias necesarias, ha hecho que resultara más fácil embadurnar al comercio, muchas veces equivocadamente, con todo tipo de efectos adversos.

Por ejemplo, a pesar de todo lo que puede haber contribuido el comercio a la creciente desigualdad, es sólo un factor que contribuye a esa tendencia amplia -y, con toda probabilidad, un factor menor, comparado con la tecnología-. Si los economistas hubieran sido más directos respecto del lado negativo del comercio, podrían haber tenido mayor credibilidad como actores honestos en este debate.

De la misma manera, podríamos haber tenido una discusión pública más informada sobre el dumping social si los economistas hubieran estado dispuestos a admitir que las importaciones provenientes de países donde los derechos laborales no están protegidos efectivamente plantean cuestiones serias sobre la justicia distributiva. Se podría haber hecho una distinción entre aquellos casos donde los salarios bajos en países pobres reflejan una baja productividad y aquellos casos donde se registran violaciones genuinas de los derechos. Y el grueso del comercio que no plantea este tipo de temores podría haber estado mejor aislado de las acusaciones de "comercio injusto".

Del mismo modo, si los economistas hubieran escuchado a sus críticos que advertían sobre la manipulación de la moneda, los desequilibrios comerciales y las pérdidas de empleos, en lugar de apegarse a modelos que ignoraban esos problemas, podrían haber estado en una mejor posición para contrarrestar los argumentos exagerados sobre el impacto adverso de los acuerdos comerciales en el empleo.

En resumen, si los economistas hubieran manifestado públicamente los reparos, incertidumbres y escepticismo de la sala de seminarios, podrían haberse convertido en mejores defensores de la economía mundial. Desafortunadamente, su celo a la hora de defender el comercio de sus enemigos resultó contraproducente. Si los demagogos con sus comentarios absurdos sobre el comercio hoy están siendo escuchados -y, en Estados Unidos y otras partes, están ganando poder- al menos parte de la culpa debería recaer sobre los impulsores académicos del comercio.

Lecciones para aprender de una mala decisión… en un momento turbulento


Ricardo Torres • 16 de noviembre, 2016



LA HABANA. Las noticias que han circulado en las últimas semanas sobre la situación de los restaurantes privados (paladares) en La Habana han alimentado las preocupaciones sobre el compromiso con las decisiones adoptadas en el VI y VII Congresos del Partido Comunista de Cuba. No se hicieron esperar los titulares que anticipaban un abandono de la limitada apertura hacia el sector privado nacional. El repentino reinicio del otorgamiento de nuevas licencias el 23 de octubre puede obedecer a muchas razones, y posiblemente haya pesado mucho la reacción de amplios sectores de la población, incluyendo intelectuales.

Examinemos los hechos. Dos artículos fechados el 19 y 20 de octubre de este año, publicados en Cubadebate y Granma respectivamente, dieron cuenta de un proceso que había empezado por lo menos un mes antes, cuyo eje esencial es la decisión de suspender temporalmente el otorgamiento de nuevas licencias para paladares mientras se realiza una fiscalización profunda de las actividades de los que funcionan actualmente. Se anunció también que en febrero de este mismo año se había hecho una notificación a estas instalaciones relacionada con varios temas, incluyendo el horario de cierre de las mismas. El 7 de noviembre Radio Reloj informó que desde el 24 de octubre se había iniciado otra vez la entrega de nuevas licencias.

Los artículos en cuestión vieron la luz más de un mes después de que se produjeran las primeras reuniones con un grupo seleccionado de dueños de establecimientos privados, de acuerdo al propio Gobierno Capitalino. El retraso, ya típico en el sistema de información y prensa de Cuba, dio paso a un sinnúmero de conjeturas, percepciones y tergiversaciones. Las razones expuestas para la suspensión temporal son cuestionables desde varios ángulos. Vamos a examinar tres ángulos del asunto: el procedimiento y sus argumentos; el impacto en estas actividades y la economía de la ciudad, y el efecto más general en el contexto actual, dentro y fuera de Cuba.

Primeramente, los problemas identificados son legítimos, y difícilmente una mayoría se opone a que se aborden enérgicamente. Pero, ¿es imprescindible suspender el otorgamiento de nuevas licencias para fiscalizar los emprendimientos existentes? Tal parece que la fiscalización es un asunto de moda o rachas, ¿no debería ser un ejercicio permanente? Lo que queda claro es la disminuida capacidad de las instituciones responsables para ejecutarla adecuadamente. ¿Tendremos que atravesar situaciones de este tipo en el futuro? Asimismo, ¿cómo se manejó el proceso para mantener el balance entre lo público y lo privado? El mismo Gobierno que declara que busca un tratamiento homogéneo independientemente del tipo de propiedad tiene el deber de velar porque estos fenómenos no perjudiquen la intención declarada.

Estimular la actividad económica fuera del sector estatal pasa por reglas que difieren completamente de las que hemos conocido para el sector público. Los potenciales dueños toman una decisión basados en la relación riesgo-rentabilidad y suponen que el marco regulatorio no se va a modificar sustancialmente en el futuro inmediato. En el contexto cubano, el gobierno es probablemente el agente más relevante, por el poder desproporcionado que tienen en la economía y en el establecimiento de las reglas de juego. Cualquier decisión altera el equilibrio existente e incide directamente en los beneficios esperados. Y desde ahí afecta a la contratación de nuevos empleados, la remuneración de los existentes y las compras a terceros. Lamentablemente, no existen datos públicos abundantes sobre el volumen de negocio total o los encadenamientos que propician con otras actividades pero desde el punto de vista del empleo y el pago de impuestos, los números no son insignificantes.

En la capital, más de 260 000 personas laboran en el sector privado y cooperativo, incluyendo dueños y empleados. Esto es más del 25% de la fuerza laboral total en la capital. Esta cifra se aproxima al 30% que lo hace en todo el país. Aunque el monto de impuestos pagados todavía es modesto, su proporción dentro de los ingresos totales del prepuesto se ha multiplicado por tres hasta alcanzar más del 6%. Se sabe que muchas más personas dependen de una forma y otra de este sector, a partir del peso de la economía informal.

Entonces no cabe pensar que una evolución negativa de este segmento es neutral para la economía de la Ciudad o para una parte notable de sus habitantes. Aunque parezca un sinsentido aparente, el interés público también se vela cuando se protegen los intereses de un segmento que emplea a una proporción no despreciable de la fuerza de trabajo. Lo sucedido recientemente con el transporte privado prueba claramente esta dinámica. Cuando este se vio perjudicado, no solo se afectaron los dueños de los autos y sus empleados, sino la gran masa de habaneros que los usa para ir al trabajo y realizar otras gestiones.

En un panorama de alta discrecionalidad como el que pone de manifiesto una decisión de este tipo, el riesgo aumenta tanto que muchos proyectos que en otras condiciones hubiesen sido viables, dejan de serlo porque no pueden entregar los márgenes que justificaría la inversión en esas condiciones. Las reglas de juego no se deben cambiar una vez que comienza el partido, y el árbitro no debe aplicarlas selectivamente.

Muchos comentaron sobre este episodio como un ejemplo más del sesgo en contra del sector privado que persiste en amplios estratos del Gobierno y en sus políticas, aunque muchos dueños reconocieron la diferencia respecto a los noventa. Las normas que regulan este sector están plagadas de contradicciones que terminan por estimular muchos malos vicios. Cabe mencionar dos ejemplos.

Se ha venido insistiendo en la importancia del cumplimiento del Código Laboral, que según explican, rige para todos los empleados y establecimientos independientemente del tipo de propiedad. En cada negocio se exige que los empleados firmen un contrato laboral con su empleador, sin embargo, ¿alguien previó que a lo mejor los dueños necesitan un período de prueba para sus empleados, una práctica común en el sector público? ¿Por qué el dueño tendría que firmar un contrato y amparar una licencia desde el primer día sin conocer las características de su potencial empleado? Se sabe que la rotación de personal en este segmento es relativamente alta.

Otro aspecto son las compras en el mercado informal. El propio gobierno admite que no ha sido posible desarrollar un mercado mayorista que atienda las necesidades, y al mismo tiempo pretende que se abastezcan del mercado minorista, compitiendo con el resto de la población y afectando su rentabilidad. Varios dueños de restaurantes me han llegado a asegurar que si ellos cumplieran estrictamente todas las regulaciones existentes sería imposible ser rentables, o sería tan exigua la ganancia que no justificaría la movilización de recursos, tiempo y energía. Supongo que la respuesta para algunos es simple, si no les da resultado, pues que entreguen sus licencias. ¿Esto es realmente lo que necesitamos a estas alturas? Un problema que afecta a algún sector en la ciudad es un asunto de todos, independientemente del tipo de propiedad. Si queremos que paguen impuestos, tienen que producir primero.

Un último aspecto tiene que ver con el contexto doméstico e internacional. En casa, la economía atraviesa el momento más delicado en más de una década: crecimiento económico nulo o negativo ya no sería una sorpresa para este año y los nubarrones se abalanzan sobre el próximo año también. Existe una percepción social de cierta fatiga y hastío.

Para muchos a estas alturas, luego de seis años de reformas (diez si tomamos como referencia a la agricultura), ya deberíamos estar cosechando sus frutos. Y la estamos cargando contra los que, a pesar de este panorama sombrío, han comprometido importantes recursos, apostando por un proyecto personal y un futuro para ellos y sus familias en este país, incluyendo a no pocos jóvenes. Esto parece un efecto menor, pero no lo es. Convencer a un sector importante de la juventud cubana de que es posible y vale la pena proyectar su futuro en Cuba es una tarea crecientemente ardua en sí misma.

Sin embargo, no termina en nuestras fronteras. Es bien conocido que hay vientos de cambio en la política de Estados Unidos hacia Cuba. Varios grupos llevan adelante una batalla campal en el Congreso de Estados Unidos, el obstáculo más formidable en el propósito de levantar completa y definitivamente el bloque norteamericano. La resistencia en ciertos sectores dentro del Legislativo es todavía fuerte, por diferentes razones. Con el presidente Trump esta tarea se antoja más difícil si cabe. Bandazos de este tipo alimentan a los grupos más reaccionarios en ese país, y no es que la agenda doméstica se tenga que poner a disposición de los que hacen lobby en el Congreso para facilitar su labor.

Parece objetivo asumir que era un paso innecesario para cumplir los propios objetivos que se planteó. Pero no solo eso, es contraproducente, en casa y para las relaciones de Cuba con el mundo. Es un verdadero dolor de cabeza desde el punto de vista de las relaciones públicas.

Para los que no se han enterado, estamos jugando en Grandes Ligas, y estas pifias cuestan caro.

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Renovación y manejo, prioridades para la acuicultura

El consultor internacional en genética de peces Raúl Ponzoni asesora el proyecto firmado entre la FAO y Cuba Establecimiento e implementación de un programa de mejoramiento genético para peces de agua dulce

Por Raquel Sierra

En los años 80 del pasado siglo, productores acuícolas de Asia se percataron de un acentuado deterioro en la productividad de una de las especies más utilizadas: la tilapia. La ciencia acudió con prontitud, técnicos de varios países asiáticos y de Noruega, con financiamiento de varios organismos internacionales, tejieron redes para investigar las interioridades del asunto hasta formular un dictamen del problema y proponer una solución.

El diagnóstico, recuerda el consultor internacional en genética de peces Raúl Ponzoni, arrojó que el material traído al Asia no se había manejado bien desde el punto de vista genético, lo que provocó la drástica reducción en la productividad de los peces.

Con la conclusión entre las manos, los técnicos noruegos -con vasta experiencia en la genética y un exitoso programa de mejoramiento con el salmón-, decidieron adaptar a la tilapia la tecnología que habían desarrollado. Tomada la decisión, se acordó conducir el programa en Filipinas, mediante un diseño sólido y bien pensado. “Para que un programa de mejoramiento funcione es esencial contar con abundante variación genética, por lo que se muestrearon cuatro poblaciones de tilapia que ya existían en Asia e igual número del lugar de origen de la especie, cuatro naciones africanas”.

Las muestras se llevaron a Filipinas, donde se condujo un programa de cruzamiento en el que todas las líneas o variedades se usan como madres y padres. “En este caso, había ocho fuentes de tilapias, lo que multiplicado por ocho, daba 64 combinaciones. Es un diseño muy poderoso desde el punto de vista técnico porque permite estimar no solo la variación aditiva, sino también el vigor híbrido por el cruzamiento entre esas variedades”, explica el experto.

Las conclusiones, agrega, fue que el vigor híbrido no era muy importante, por lo que se decidió crear una nueva variedad única, que se denominó GIFT, del inglés Genetically Improved Farm Tilapia. “La sigla quedó simpática, pues en ese idioma el vocablo gift significa obsequio, presente o regalo, y simbólicamente era como un presente para los productores”, apunta Ponzoni.

Con esa variedad sintética, producto de ese cruzamiento entre poblaciones de tantas fuentes, se empezó a hacer selección, principalmente por crecimiento. De acuerdo con el experto, ese indicador en la tilapia es muy importante para los sistemas de producción prevalentes porque, si se tiene un período de crecimiento constante, permite producir un pez más grande, y si se quiere hacer un pez del mismo tamaño, con mayor velocidad de crecimiento, se logra en menos tiempo. Esto, además, ahorra en insumos porque el productor debe cuidar y alimentarlo durante un plazo menor.

En el proceso de selección hubo muy buena respuesta. En cinco años se consiguió un progreso considerable: se alcanzó 85 % del promedio del tamaño que los animales tenían al principio del programa, lo que fue bastante espectacular. “En las especies terrestres, por ejemplo, cuando un proyecto anda bien, se tienen ganancias anuales de 1 % o 2 % mientras que con estas se estaban obteniendo de 15 %, así que la diferencia era muy grande a favor del programa”.

Segunda pregunta

Los investigadores se plantearon entonces otra interrogante: ¿se expresaría la superioridad conseguida mediante el programa en una diversidad de ambientes? Para responderla enviaron muestras de especies a países como India, Bangladesh, China y Vietnam, donde las compararon con el material genético que los productores estaban usando en ese momento, en todos los casos se observó que la variedad GIFT se desempeñaba mejor.

En Filipinas, por ejemplo, hay productores con establecimientos grandes y también pequeños. “La GIFT es una variedad que se desempeña mejor que la contraparte no mejorada, tanto en instalaciones grandes como reducidas, es un genotipo superior que se comporta como tal en diversidad de entornos”.

Aterrizar en Cuba

A todas luces, la tecnología resultó exitosa. “Quienes recibían la variedad, en el próximo ciclo decían: yo quiero la que me llevé la otra vez porque crece. El favorable desempeño creaba una fidelidad hacia la especie. Aunque los productores técnicamente no sepan mucho, se dan cuenta de cuando comen y crecen o si están siempre casi del mismo tamaño. Ha sido un proyecto con impacto y varios estudios económicos muy detallados sobre ese aspecto y el resultado muestra que ha sido muy favorable”, explica Ponzoni.

Ahora Cuba está a las puertas de implementar un proyecto de cooperación internacional que persigue el establecimiento del programa en el país y el fortalecimiento de las capacidades en genética y reproducción selectiva en actores claves para lograr la sostenibilidad.

Esta podría ser una buena oportunidad. Por ejemplo, hace algún tiempo, una nación africana donde ya existía una variedad mejorada -40 % superior a la que normalmente usan los productores-, recibió un envío de GIFT. para compararla con la de Malasia. “El resultado fue sorprendente y espectacular, la progenie de GIFT creció 100 % más rápido y mejor que la variedad mejorada”.

Ventajas

En Cuba, si se tiene éxito en traer ejemplares de un número razonables de familias-entre 30 y 40-, se maneja con cuidado y se sigue el programa indicado, se va a dar un salto inicial importante en la productividad de tilapia, considera el consultor internacional.

“Deberán realizarse cambios de metodología de trabajo, que son alcanzables. El salto grande va a ser traer ejemplares mejorados pues se “adquieren” 20 años de selección bien hecha y el planeamiento, diseño y ejecución del proyecto original, un proceso complejo y prolongado”.

Para Raúl Ponzoni, si uno trae los animales mejorados está adquiriendo el resultado de todo ese gran esfuerzo. “Entonces, una vez aquí, uno de los objetivos principales tiene que ser manejar bien el material genético, de modo que no se deteriore; en términos de prioridad, lo esencial es el manejo óptimo, emplear las combinaciones exactas para prevenir problemas de consanguinidad y no disminuya el tamaño efectivo de la población”.

Lo confirma la ciencia

Los beneficios, sin embargo, pueden ir más allá de las tilapias. De acuerdo con el experto, esta experiencia puede tener mucho impacto a nivel de país “porque estamos hablando de la metodología utilizada en la tilapia GIFT, pero de manera general es aplicable a otras especies de agua dulce”.

El consultor internacional en genética de peces Raúl Ponzoni considera que otra ventaja de la acuicultura, no siempre tenida en cuenta, es su alta tasa reproductiva, lo que hace al sistema más eficiente. “El vacuno de carne, con suerte, produce un ternero por año, y todo ese tiempo debe darle de comer y cuidarlo, mientras que una hembra de especie acuática puede producir 10-30 o un millón de progenies, el sistema no gasta en mantener a la hembra que reproduce, porque son tantos que el costo de mantenerla es despreciable comparado con las especies terrestres”.

Según sus palabras, “si vamos a pensar en seguridad alimentaria, en término de eficiencia a nivel planetario, lo son mucho más los animales acuáticos que todos los demás, entonces si un gobierno invierte en consolidar y mejorar la eficiencia en la producción acuícola, es una decisión muy inteligente”.

TILAPIA Es el nombre genérico con el que se denomina a un grupo de peces de origen africano, que consta de varias especies, algunas con interés económico, pertenecientes al género Oreochromis. Las especies con interés comercial se crían en piscifactorías profesionales en diversas partes del mundo. Habitan mayoritariamente en regiones tropicales, en las que se dan las condiciones favorables para su reproducción y crecimiento.

El mundo condena pero bloqueo sigue: Washington multa a empresa por comerciar con Cuba



NOV Elmar participó entre 2007 y 2008 en dos operaciones vinculadas a la venta de bienes y servicios a Cuba. Foto tomada de The Rational Walk.

El gobierno norteamericano impuso una multa millonaria a la multinacional National Oilwell Varco (NOV) y sus subsidiarias Dreco Energy Services y NOV Elmar, por antiguas transacciones con Cuba, trascendió hoy.

De acuerdo con el portal Cuba Vs. Bloqueo, esta multa impuesta por la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro (OFAC, siglas en inglés) asciende a cinco millones 976 mil 28 dólares.

Según la entidad, Dreco Energy Services realizó entre 2007 y 2009 un total de 45 transacciones relacionadas con la venta de productos a Cuba por un valor de un millón 707 mil 964 dólares.

A su vez, NOV Elmar participó entre 2007 y 2008 en dos operaciones vinculadas a la venta de bienes y servicios a Cuba por un monto de 103 mil 119 dólares, en violación del bloqueo económico que Washington mantiene desde 1962.

Esta es la cuarta multa que la OFAC impone este año a empresas extranjeras por comerciar con Cuba, pese al proceso de normalización de las relaciones entre ambos países, y a la abstención de Washington a una votación en Naciones Unidas contra el bloqueo.

Las agencias encargadas de la aplicación de esa política de acoso económico persisten en la imposición de multas millonarias, con la consiguiente inquietud en los sectores económicos interesados en establecer vínculos con la isla.

La administración del presidente Barack Obama ya multó este año a la compañía estadounidense de diseño WATG Holdings Inc., a la petrolera Halliburton y a la compañía francesa CGG Services S.A.

(Con información de Prensa Latina)

Crecen estándares de calidad en Varadero (+ Video)

En este artículo: Cuba, Economía, Matanzas, Turismo, Varadero


Hotel Blau Varadero. Foto: YouTube.

En más de tres mil habitaciones del balneario de Varadero, en la occidental provincia de Matanzas, crecieron los estándares de calidad con vistas a la temporada alta turística, que contará además con nuevos productos en la red extrahotelera.

Mejoras en el confort habitacional y ofertas gastronómicas y de recreación exponentes de la riqueza cultural cubana, marcarán la etapa invernal en este polo a 140 kilómetros al este de La Habana.

Directivos del Ministerio de Turismo (Mintur) destacaron a Varadero como una localidad de excelencia en el sistema de esta rama económica en la isla, y auguraron incrementos considerables en la recepción de visitantes de Canadá, Alemania e Italia.

Cuatro instalaciones hoteleras de la demarcación varaderense ocupan puestos relevantes en TripAdvisor, la mayor web de viajes en el orbe.

Los hoteles citados en ese sitio digital son Blau Varadero, Royalton Hicacos, Iberostar Varadero y Arenas Doradas, encomiados por el índice de satisfacción expresado por sus huéspedes en encuestas.

A ese cuarteto se unen la sucursal aquí de la agencia de viajes Havanatur and Travel, y la paladar (restaurante privado) Varadero 60, todos con la condición de Colectivo Líder de Calidad por el servicio eficiente.

La también llamada Playa Azul tiene más de 50 hoteles, el 80 por ciento de ellos con categoría de cuatro y cinco estrellas, mientras Canadá mantiene la supremacía como su principal mercado emisor de veraneantes.

Por noveno año consecutivo, el importante destino del archipiélago recibe un millón de vacacionistas foráneos, en esta ocasión con 42 días de antelación con respecto a 2015, indicaron desde el Mintur.

Especialistas señalan los progresos locales en la imagen visual con rediseños en su paisajismo, además de proseguir importantes acciones de recuperación de la duna, de renovar los hoteles y avanzar en materia de calidad y sostenibilidad.

Además se reconoce por la mencionada cartera progresos en la infraestructura con mejoras en viales y aceras, la iluminación, y el trabajo en las redes de residuales.

Así lo informó el Noticiero Nacional de la Televisión Cubana

(Con información de Prensa Latina)