Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

sábado, 1 de agosto de 2015

Los emperadores desnudos de China

La noticia no es que la transición económica no será fácil, sino que los líderes no saben como llevarla a cabo




El presidente chino, Xi Jinping. / ZHANG LINTAO (GETTY)

Los políticos que están en el poder en tiempos de expansión económica suelen desarrollar delirios de competencia. Es algo que se puede apreciar en Estados Unidos: Jeb Bush cree conocer los secretos del crecimiento económico porque fue gobernador de Florida mientras el estado experimentaba una enorme burbuja inmobiliaria y tuvo la buena suerte de dejar el cargo justo antes de que estallase. Pero también lo hemos visto en otros muchos países: todavía me acuerdo de la omnisciencia y la omnipotencia que se les atribuía a los burócratas japoneses a mediados de la década de 1980, antes del inicio de un largo estancamiento.

Ese es el contexto en el que tenemos que inscribir los extraños acontecimientos que están ocurriendo en el mercado de valores chino para poder entenderlos. Por sí solo, el precio de las acciones chinas no debería importar demasiado. Pero las autoridades han decidido poner en entredicho su credibilidad al intentar controlar ese mercado, y están demostrando que, a pesar del notable éxito de China durante los últimos 25 años, los gobernantes del país no tienen ni idea de lo que están haciendo.

Empecemos por las nociones básicas. China se encuentra al final de una era, la era del crecimiento superrápido, posibilitado en gran medida por la ingente emigración de campesinos subempleados, que se fueron del campo a las ciudades costeras. Esta reserva de mano de obra excedente está menguando, lo que significa que el crecimiento debe ralentizarse.

Sin embargo, la estructura económica china está construida en torno a la premisa del crecimiento muy rápido. Las empresas, muchas de ellas propiedad del Estado, acumulan sus beneficios en lugar de devolvérselos a los ciudadanos, que tienen unos ingresos familiares raquíticos; al mismo tiempo, los ahorros de los individuos son elevados, entre otras cosas porque la red de seguridad social es débil, con lo que las familias acumulan efectivo, por lo que pueda pasar. En consecuencia, el gasto chino es asimétrico, con tasas muy altas de inversión pero una cuota muy baja de demanda por parte del consumidor en el PIB.

Esta estructura era viable mientras el frenético crecimiento económico ofreciese las suficientes oportunidades para invertir, pero ahora la rentabilidad de las inversiones desciende rápidamente. El resultado es un problema de transición peliagudo: ¿qué ocurre si la inversión disminuye pero el consumo no sube lo bastante rápido para llenar la brecha?

Lo que China necesita son reformas que amplíen el poder adquisitivo y, para ser justos, ha hecho esfuerzos en ese sentido. Sin embargo, es del todo evidente que dichos esfuerzos se han quedado cortos. Se ha introducido, por ejemplo, un supuesto sistema nacional de salud, pero en la práctica muchos trabajadores se cuelan por sus resquicios.

Entretanto, los líderes chinos parecen estar aterrados —probablemente por razones políticas— ante la perspectiva de la más mínima recesión. Así que han inflado la demanda atiborrando de crédito al sistema, fomentando además un boom en el mercado de valores. Estas medidas pueden funcionar durante un tiempo, y las cosas podrían haber ido bien si las grandes reformas avanzaran lo bastante rápido. Pero no lo están haciendo, y el resultado es una burbuja que quiere estallar.

En respuesta, China ha lanzado un gran órdago para respaldar el precio de las acciones: a los grandes accionistas se les ha impedido vender; las instituciones gestionadas por el Estado han recibido la orden de comprar acciones; y a muchas empresas cuyos precios estaban cayendo en picado se les ha permitido suspender las operaciones. Estas medidas pueden tomarse durante un par de días para contener un pánico a todas luces injustificado, pero China las aplica de manera sostenida a un mercado que todavía está muy por encima de su nivel de hace no mucho tiempo.

Es posible que, en parte, les preocupen las repercusiones financieras. Al parecer, algunos actores financieros chinos pidieron prestadas grandes sumas de dinero con sus acciones como garantía, por lo que el hundimiento del mercado podría dar pie a suspensiones de pagos. Esto resulta particularmente inquietante porque China tiene un enorme sector bancario "en la sombra" que, básicamente, no está regulado y podría sufrir una oleada de retiradas masivas de depósitos.

Pero también parece que el Gobierno chino, que en su momento animó a los ciudadanos a comprar acciones, ahora cree que debe defender los precios de las acciones para conservar su reputación. Sin embargo, lo que ha acabado haciendo, huelga decirlo, es hacerla añicos a una velocidad récord.

Lo cierto es que, cada vez que uno cree que las autoridades han hecho todo lo posible para destrozar su credibilidad, se superan. En los últimos tiempos, los medios de comunicación estatales están culpando de esta caída en picado de las acciones a —sí, lo han adivinado— una conspiración extranjera contra China, que es aún menos plausible de lo que podría parecer: durante mucho tiempo el país ha realizado controles eficaces para mantener a los extranjeros fuera de su mercado de valores, y resulta dificilísimo vender unas acciones que nunca te permitieron comprar.

Así las cosas, ¿qué hemos aprendido? El increíble crecimiento de China no era un espejismo, y su economía sigue constituyendo una enorme fuerza productiva. Evidentemente, los problemas de la transición a un crecimiento menor son importantes, pero eso es algo que sabemos desde hace tiempo. La gran noticia no es la economía china, sino sus líderes. Olvidémonos de todo lo que hemos oído sobre su brillantez y su capacidad de previsión. A juzgar por los bandazos actuales, no tienen la menor idea de lo que están haciendo.

Paul Krugman es premio Nobel de Economía de 2008.

© The New York Times Company, 2015.

Warren Buffett está mejor que nunca

Por ANDREW BARRY



Cerca de cumplir 85 años, el Oráculo de Omaha lleva medio siglo al frente de Berkshire Hathaway, período en el que ha registrado una ganancia de 20% anual. Daniel Acker/Bloomberg News Barron’s

A comienzos de este mes, Warren Buffett concluyó de uno de los mayores aciertos de inversión de su larga carrera al cerrar la fusión entre Kraft Foods y el fabricante de salsa de tomate Heinz Holdings.

Dos años atrás, Berkshire Hathaway, BRKA -0.35% el conglomerado liderado por Buffett, invirtió US$4.250 millones por una participación de 50% en la compra apalancada de Heinz por US$23.000 millones, junto con la brasileña 3G Capital. En marzo de este año, Berkshire realizó una segunda inversión de US$5.000 millones con 3G cuando Kraft dio a conocer su fusión con Heinz. Berkshire¬ tiene ahora 25% de la nueva Kraft Heinz, con una valuación de mercado de unos US$25.000 millones. Esto equivale a una ganancia de casi US$16.000 millones, una cifra impresionante en sólo dos años (3G tuvo una ganancia similar).

El logro de Heinz no tiene precedentes en el sector de private equity. También demuestra que Buffett, que celebra medio siglo al frente de Berkshire y en agosto cumple 85 años, sigue muy firme al timón. Berkshire es su bebé, y la compañía está mejor que nunca pese al mediocre desempeño de su cartera de renta variable, que está dominada por cuatro acciones: American Express, AXP -0.08% Coca-Cola,KO +1.28% International Business Machines IBM +0.64% y Wells Fargo. WFC -0.48%

Wall Street no le está dando mucho crédito a Berkshire, ni siquiera por el gran negocio que hizo con Heinz ni por sus muchos otros atributos, como el torrente de ganancias que obtiene del conjunto diversificado de sus participaciones, sobre todo en compañías de seguros, ferrocarriles, servicios públicos e industrias manufactureras. Este año, las ganancias operativas después de impuestos del holding podrían totalizar US$19.000 millones, 18% más que en 2014 y más del doble que en 2006.

“Me estoy rascando la cabeza sobre Berkshire”, dice Jay Gelb, analista de Barclays.BCS +0.84% “El poder de sus ganancias es más fuerte que nunca, la compañía ha realizado una serie de adquisiciones atractivas y acaban de cerrar [la operación con] Kraft”, dice Gelb. “Nada de eso se refleja en la valuación de mercado de Berkshire”. En su opinión, la acción debería apuntar a US$259.500, 22% por encima del valor actual. Su balance es formidable: US$58.000 millones en efectivo, o US$44.000 millones netos si se resta una deuda de $14.000 millones.

Buffett, que no quiso hacer comentarios para este artículo, sigue buscando lo que él llama “adquisiciones tamaño elefante”, de US$35.000 millones o más, a pesar de que en los últimos años no ha hecho ninguna otra oferta comparable a la de Heinz. La compañía quiere mantener un colchón de efectivo de al menos US$20.000 millones.

Berkshire ha sido históricamente valuada con base a su valor contable, aunque Buffett se centra en lo que él llama el valor intrínseco de la compañía. El truco es que Buffett no revela en cuánto estima ese valor intrínseco; solo dice a los inversionistas que el valor contable es “un dispositivo de seguimiento crudo pero útil para determinar el número que realmente cuenta, el valor intrínseco del negocio”. Buffett ha declarado que dicho valor “supera con creces” el valor en libros debido a que el valor actual de sus negocios clave, como Burlington Northern y la aseguradora de automóviles Geico, es mucho mayor que en los libros.

En su mensaje anual a los accionistas, Buffett respaldó el valor de las acciones de Berkshire en la que probablemente fue la exposición más extensa que haya hecho sobre la compañía y lo que él ve como sus inigualables fortalezas. En el prólogo a sus comentarios, Buffett dio a los accionistas el mismo consejo que le daría a su familia, si [ésta] le preguntara sobre el futuro de Berkshire. “En primer lugar (…) creo que el riesgo de pérdida de capital permanente para los accionistas de Berkshire que sean pacientes es tan bajo como el que pueda esperarse de cualquier inversión en una empresa individual. Esto se debe a que, casi con toda seguridad, el valor empresarial intrínseco de cada acción va a crecer con el paso del tiempo”.


Warren Buffett, junto a su amigo Bill Gates. Daniel Acker/Bloomberg News

El valor de mercado de Berkshire es 18 veces mayor que las ganancias proyectadas para 2015, en línea con el índice S&P 500. Pero sus ganancias están creciendo más rápido que el mercado en general. La relación precio/ganancias no refleja el valor de US$113.000 millones de la cartera de acciones en manos de Berkshire. Estas ganancias reflejan únicamente los dividendos que recibe. La compañía también tiene un montón de efectivo que no genera ingreso alguno. Una adquisición importante, financiada con efectivo, probablemente aumentaría las ganancias del holding.

¿Por qué la acción de Berkshire no se está cotizando mejor? Hay un par de razones. La primera es la edad de Buffett. Incluso si se tiene en cuenta su buen estado de salud, es improbable que siga al frente de la compañía a los 90 años. Es muy raro ver a una persona de esa edad, que es la que Buffett tendría en 2020, liderando una gran empresa que cotiza en bolsa.

Buffett es insustituible. La combinación de sus habilidades como inversionista y gestor es sencillamente extraordinaria. Buffett está a sus anchas cuando evalúa y compra toda clase de activos, incluyendo acciones, bonos y materias primas. Y cuenta además con la lealtad y confianza de inversionistas de larga data y del grupo de gerentes de las filiales de Berkshire.

Algunas de las oportunidades de inversión que Berkshire tuvo en el pasado —incluyendo la disposición de empresas a ser compradas por Berkshire y el deseo de otras que cotizan en bolsa de obtener el visto bueno de Buffett y el voto de confianza que representa una inversión de Berkshire— podrían no estar al alcance de quien lo suceda. Sin Buffett, es poco probable que General Electric GE -0.08% o Goldman Sachs GS -1.03% hubieran buscado inversiones de Berkshire durante la crisis financiera.

Muchos inversionistas temen que la empresa sea simplemente demasiado grande como para generar altos rendimientos en el futuro. Según este punto de vista, la rentabilidad de Berkshire dependerá de su capacidad para cerrar negocios cada vez más grandes. Berkshire está además en desventaja para comprar empresas debido a que no participa en subastas. Con Buffett, las ofertas son a menudo del tipo “tómela o déjela”.



Otra preocupación es que Berkshire¬, con sus más de 80 filiales, será difícil de manejar una vez que Buffett deje el mando. Charlie Munger, vicepresidente cuasi vitalicio de la junta de Berkshire, se refirió a esto en la carta a los accionistas que acompañó a la de su jefe. Munger dijo que “la mezcla de impulso y oportunidad es ahora tan grande, que Berkshire casi seguramente seguirá siendo por mucho tiempo una compañía mejor que lo normal, incluso si: 1) Buffett dejara su puesto mañana, 2) sus sucesores fueran personas de una habilidad moderada, y 3) Berkshire nunca más adquiriera una gran empresa”.

“Habrá grandes desafíos”, dice Cliff Gallant, analista de Nomura Securities. “Buffett es el mejor presidente ejecutivo que existe. El objetivo de Berkshire es la creación de valor y él ha posicionado a la compañía en negocios estables y con ventajas competitivas por el futuro previsible”.

El modelo de conglomerado de Berkshire, único en su tipo, en el que las ganancias se reciclan en nuevas adquisiciones, es un círculo virtuoso. La compañía se ha convertido en algo que va más allá de ser sólo el vehículo de inversión de Buffett.

“La creación de valor tiene más que ver con el éxito de las unidades operativas que con las inversiones de Berkshire”, dice Gallant. La cartera de renta variable de la firma equivale a un tercio de su valor de mercado de US$350.000 millones, lo que la ubica en cuarto lugar por capitalización bursátil en Estados Unidos después de Apple, GoogleGOOGL -1.10% y Microsoft. MSFT -0.38%

Es bueno que en los últimos diez años Buffett se haya concentrado en comprar compañías enteras en lugar de acciones, porque su habilidad para elegir valores se ha erosionado. Su cartera está llena de acciones que fueron ganadoras una o dos décadas atrás pero que ya no son tan dominantes. En los últimos años, Buffett se perdió el auge de las acciones tecnológicas y del sector de salud.

De las cuatro mayores tenencias de Berkshire —American Express, Coca-Cola, IBM y Wells Fargo—, sólo Wells Fargo ha superado al índice S&P 500 en los últimos tres y cinco años. IBM, una posición de US$13.000 millones de Berkshire, vale menos de lo que Buffett pagó por ella, mayormente en 2011. Desde entonces ha retrocedido 60% respecto del mercado. Coca-Cola sigue por debajo de su máximo de 1998. El año pasado, Berkshire liquidó a pérdida una participación de muchos años en Tesco,TSCO.LN +0.50% la cadena británica de supermercados. Una de las razones por las que Buffett se apega a estas acciones durante tanto tiempo es su aversión a pagar impuestos por ganancias de capital.

A Berkshire la ha ido mucho mejor con una serie de adquisiciones, especialmente la del ferrocarril Burlington Northern, que hoy probablemente vale US$70.000 millones, el doble de lo que pagó en 2009.

En su carta anual a los accionistas, Buffett destacó que los cinco negocios motores de Berkshire fuera del rubro de seguros —Burlington North, Berkshire Hathaway Energy (la mayor empresa de servicios públicos operada por Berkshire), Lubrizol (productos químicos), IMC (máquinas herramientas) y Marmon (industria manufacturera)— tuvieron el año pasado una ganancia récord antes de impuestos de US$12.400 millones. Estos negocios, dijo, podrían agregar US$1.000 millones en ganancias en 2015.

Sólo una de estas empresas, Berkshire Hathaway Energy, era propiedad de Berkshire hace una década. Tres de las otras cuatro fueron compradas totalmente en efectivo; Burlington Northern, en gran parte con efectivo.

En los últimos 10 años, el resultado neto de esos cinco negocios arrojó un aumento de ganancias de US$12.000 millones, pero sólo un aumento de 6% en el número de acciones de Berkshire. “Eso satisface nuestra meta de no sólo aumentar los ingresos, sino también de asegurar que aumente el resultado por acción”, se ufanó Buffett, quien está obsesionado con las ganancias por acción y la ampliación del valor por acción de la compañía. Esto es algo que todos los presidentes ejecutivos deberían emular. Para evitar la dilución, Berkshire normalmente evita emitir nuevas acciones cuando compra una empresa. Desde 1965, cuando Buffett tomó control de lo que entonces era un fabricante de textiles en problemas, el número de acciones de Berkshire ha aumentado 60%, un alza pequeña si se compra con lo que ha crecido la compañía desde entonces.

Después están las formidables operaciones de seguros del grupo, lideradas por Geico, la reaseguradora Gen Re, y las operaciones de reaseguro especializadas. Geico, la segunda aseguradora de autos de EE.UU. detrás de State Farm, es probablemente la aseguradora de cualquier tipo mejor gestionada del país. La operación de reaseguros especializados, que ofrece protección contra catástrofes como terremotos y huracanes, ha generado miles de millones de dólares en las últimas tres décadas bajo la brillante conducción de Ajit Jain. Como escribió Buffett a los accionistas que asistieron a la pasada asamblea anual en Omaha: “Si se encuentran con Ajit, hagan una profunda reverencia”.

“En efecto, el mundo es de Berkshire”, escribió Buffett, resaltando que la compañía “está perfectamente posicionada para asignar capital de forma racional y con un mínimo costo”. La compañía está invirtiendo fuertemente en Burlington Northern (US$ 6.000 millones en gastos de capital este año) y en sus empresas de servicios públicos (otros US$6.000 millones).

Con una participación de 19%, equivalente a US$65.000 millones, Buffett sigue siendo el principal accionista de Berkshire, incluso después de haber dado miles de millones de dólares en acciones a la Fundación Bill y Melinda Gates y otras organizaciones. Su salario anual como presidente ejecutivo es de sólo US$100.000.

La estructura de liderazgo pos Buffett está tomando forma. Dos gestores de inversiones, Ted Weschler¬ y Todd Combs, que actualmente supervisan alrededor de US$14.000 millones de la cartera de acciones de Berkshire, probablemente tomarán el control total de las inversiones. Howard, el hijo de Buffett, se convertirá en presidente no ejecutivo de la junta y otro directivo de Berkshire aún no designado asumirá la presidencia ejecutiva.

La especulación se ha centrado en dos nombres: Greg Abel, cabeza de Berkshire Hathaway Energy, que incluye un grupo de empresas eléctricas y dos gasoductos, y Jain. Este par de candidatos fue incluso destacado por Munger en su carta anual.

Nuestra apuesta es que Abel recibirá la bendición final. Hay varias razones para ello, incluyendo su edad (53 años, frente a los 64 de Jain) y su experiencia. Abel ya ha dirigido un conglomerado y se siente cómodo en el ojo del público, mientras que Jain maneja un personal relativamente pequeño y siempre ha esquivado ser el foco de atención. En lo que puede ser una jugada de Buffett para que gane experiencia más allá del negocio de las empresas de servicios, Abel ha sido nombrado miembro de la junta de Kraft. Esto podría ayudarlo a prepararse para el trabajo de presidente ejecutivo de Berkshire.

Es imposible que Berkshire repita el 20% de rentabilidad anualizada que obtuvo en los últimos 50 años, pero su próximo medio siglo de vida debería ser impresionante.

—Andrew Bary es editor

asociado del semanario Barron’s.

Libro " Socialismo y Mercado" de Fidel Vascos. Los Criterios de Lenin. Capitulo II


Por Fidel Vascos. Capitulo II.



El desarrollo del pensamiento de Lenin en cuanto a la economía mercantil y su existencia en el socialismo puede estudiarse en varias etapas. 


La primera, corresponde al período anterior a la Gran Revolución Socialista de Octubre de 1917. En esta etapa, Lenin desarrolla la teoría marxista del valor y del papel del mercado, aplicándola a las condiciones de la Rusia de aquel entonces, y coincide exactamente con Marx y Engels en su concepción sobre la producción mercantil en el socialismo. 

Ello se pone de manifiesto en las obras económicas de Lenin correspondientes a la década de 1890 y el primer lustro del siglo XX. En esos 15 años, Lenin dedicó importantes esfuerzos a la profundización de la teoría económica de Marx y en la aplicación de muchos de sus conceptos claves, de acuerdo con las nuevas condiciones históricas de la Rusia zarista. En su trabajo “Acerca de la llamada cuestión de los mercados”, escrito en el otoño de 1893, Lenin expuso su concepto de producción mercantil relacionándolo con el desarrollo de la división social del trabajo. 

Por producción de mercancía se entiende una organización de la economía social, en la que los productos son elaborados por productores particulares, aislados, y cada productor se especializa en la elaboración de un producto cualquiera, de forma que, para la satisfacción de las necesidades sociales, es imprescindible la compraventa de los productos (que a consecuencia de ello, se convierten en mercancías) en el mercado. Se entiende por capitalismo la fase de desarrollo de la producción mercantil en la que se convierten en mercancía no sólo los productos del trabajo humano, sino también la propia fuerza de trabajo del hombre.23 

Después de profundizar en el desarrollo de la división social del trabajo, Lenin arriba a la idea siguiente: 

La primera conclusión consiste en que el concepto “mercado” es completamente inseparable del concepto “división social del trabajo” de ese, como decía Marx, “fundamento general para toda producción de mercancías” (y, en consecuencia, capitalista, añadimos nosotros). El “mercado” aparece precisamente allí donde aparecen la división social del trabajo y la producción de mercancías. El volumen del mercado está indisolublemente vinculado al grado de especialización del trabajo social.24 

En este sentido también se manifiesta Lenin en su obra El desarrollo del capitalismo en Rusia, escrita en 1896-1899. En este trabajo Lenin define que la economía mercantil viene determinada y se desarrolla sobre la base de la división social del trabajo, constituyendo un proceso que a partir de la economía mercantil simple se transforma gradualmente en economía capitalista, adquiriendo con esta última pleno dominio y difusión general. 

En este período de su pensamiento económico, Lenin aborda su concepción acerca del destino de la economía mercantil en el socialismo. 

Entre los meses de enero y abril de 1902 se llevó a cabo una intensa labor teórica entre los miembros del Partido Obrero Social Demócrata de Rusia (P.O.S.D.R.) con el objetivo de redactar el Primer Programa del Partido, el cual fue aprobado en su II Congreso celebrado en 1903. 

El primer proyecto del programa fue preparado por L. V. Plejanov. A este proyecto Lenin anotó una serie de observaciones. Entre ellas, en el acápite VI del proyecto de programa, Plejanov escribió: 

(...) sólo con sus propios esfuerzos puede la clase obrera sacudirse el yugo de la dependencia económica que pesa sobre sus espaldas y de que para quitarse de encima ese yugo es necesaria la revolución social, es decir, la supresión de las relaciones de producción capitalistas, la expropiación de los explotadores y la transformación de los medios de producción y de circulación de las mercancías en propiedad social.25 

Acerca de este párrafo, Lenin acotó la siguiente observación: 

“¿Destrucción de las relaciones de producción capitalista? Sustitución de la producción mercantil por la producción socialista”. Y añadió: “hay que aclarar cómo es la producción socialista”.26 

De esta manera Lenin expresó que en el socialismo la economía mercantil desaparecería aunque no abordó el proceso en que ello sucedería. Lenin coincidía con Marx y Engels en cuanto al destino de la economía mercantil en el socialismo y como ellos, concebía que la producción mercantil desaparecía al suprimirse la propiedad privada sobre los medios de producción. Posteriormente, Lenin profundizó en esta concepción y al enfrentarse a las tareas prácticas de la construcción del socialismo en Rusia, ratificó que la economía mercantil desaparecería, pero precisó que ello ocurriría pasando por un período de transición en donde la utilización de las relaciones mercantiles por el proletariado en el poder era requisito indispensable para la destrucción del capitalismo y la construcción del socialismo. 


Fue después de la Revolución de Octubre cuando Lenin sentó las bases para la teoría de las relaciones monetario-mercantiles en el socialismo, desarrollando creadoramente la economía política marxista. 


La historia de la teoría económica y de la elaboración y aplicación de los métodos de dirección de la economía planificada socialista en el país de los soviets revisten especial importancia, tanto en sus logros alcanzados como en los errores cometidos. La URSS fue el primer país donde se comenzó, en la práctica, a construir el socialismo; el PCUS y el Estado soviético fueron los primeros en enfrentarse con la necesidad de dirigir una economía socialista centralmente planificada y de desarrollar la teoría económica marxista en las nuevas condiciones históricas. 


Al principio, las relaciones mercantiles se consideraban en la URSS como algo únicamente vinculado al capitalismo y ajeno al socialismo. Posteriormente, fue ganando terreno la concepción de que las categorías mercantiles también se asientan en causas objetivas engendradas por la propia economía socialista, la cual determina un nuevo contenido de dichas categorías, radicalmente diferente al que se manifiesta en el capitalismo y otros regímenes de explotación. 

Para poder analizar el desarrollo de estas ideas en la Unión Soviética desde 1917, es conveniente distinguir varias etapas en este proceso y definir sus características. 

La primera etapa corre desde octubre de 1917 hasta la segunda mitad de 1918. En este período de aproximadamente un año, el gobierno soviético contempló una amplia utilización de las palancas económicas, los bancos, el dinero y el crédito, pero entendía que esta utilización era provisional, pues estas relaciones monetario-mercantiles utilizadas se identificaban con el capitalismo y se consideraban ajenas a la naturaleza del socialismo. 

Desde principios del año 1919 se implantó la política del “comunismo de guerra”, que se mantuvo hasta mediados de 1921. En este período se acentuó la negación de la posibilidad de la utilización de las relaciones monetario-mercantiles en la economía socialista. Se planteó como tarea práctica la eliminación del dinero y del comercio, su sustitución por el intercambio directo de productos y la construcción inmediata del comunismo, acelerando el tránsito por la fase socialista. Durante esta etapa, los economistas soviéticos intentaron sustituir los indicadores de valor por una nueva forma de registro económico y de contabilidad. 

S. Strumilin y E. Varga propusieron organizar el registro directo de los gastos de trabajo en unidades de tiempo y no en dinero. Otros economistas plantearon aplicar solamente el registro en unidades físicas de producción, sin reflejar la expresión de los gastos de trabajo social ni siquiera en unidades de tiempo. 

A partir de marzo de 1921 se aplicó la NEP, impulsada por Lenin. 

La importancia principal de esta etapa consiste en que en ella se comienza a aplicar más ampliamente las relaciones mercantiles para la construcción del socialismo y se empieza a comprender que en la propia economía socialista existen causas que determinan la existencia de la producción mercantil la cual no depende exclusivamente de las relaciones capitalistas de producción. 

Este mérito histórico le corresponde a Lenin, con lo cual sentó las bases para el posterior desarrollo de la teoría económica del socialismo. Esta etapa de la NEP se extendió hasta principios de la década de 1930. 

A partir de la toma del poder y hasta mediados de 1918, el Partido Bolchevique se enfrentó a la tarea práctica inmediata de gobernar a toda Rusia. Esta etapa inicial de estreno del poder soviético en la historia de la humanidad tiene un especial significado. Las realidades concretas de la Rusia de entonces determinaron una profundización en el pensamiento económico marxista. Lenin advirtió a tiempo que una vez realizadas las nacionalizaciones de los bancos, los seguros, el correo, los telégrafos, la industria, el comercio exterior y otros importantes medios de producción que hasta entonces habían estado en manos de la burguesía, no se podía continuar atacando al capital “a lo Guardia Rojo”. Era necesario continuar atacando pero de una forma distinta. Había que hacer un aparente repliegue temporal pero que, en realidad, era la única vía para consolidar el poder soviético, destruir las bases del capitalismo y garantizar la construcción del socialismo. 

Aunque considerada como una táctica provisional, Lenin orientó en esta etapa cambiar el centro de gravedad del trabajo económico y político del proletariado. 

Con las nacionalizaciones, había surgido un importante sector de propiedad estatal que demandaba una efectiva administración en bien del pueblo y para consolidar el poder revolucionario. Por primera vez en la historia, un Estado de obreros y campesinos se enfrentó a la tarea de administrar directamente importantes medios de producción. Lenin comprendió enseguida que no era posible llevar a cabo esta nueva responsabilidad eliminando de inmediato las relaciones económicas y sustituyéndolas por estrictos métodos administrativos. Era necesario garantizar una buena contabilidad y un adecuado control económico. Relacionado con ello, en su trabajo “Las tareas inmediatas del poder soviético”, escrito en abril de 1918, Lenin planteó la consigna general del momento en estos términos: 

"Lleva con puntualidad y honradez la cuenta del dinero, administra con economía, no seas perezoso, no robes, observa la mayor disciplina en el trabajo: estas son precisamente las consignas que, ridiculizadas con razón por el proletariado revolucionario cuando la burguesía encubría con ellas su dominio como clase explotadora, se transforma hoy día, después del derrocamiento de la burguesía, en las consignas principales y propias del momento".27 

Para comprender la esencia dialéctica y revolucionaria de la teoría marxista, es muy importante estudiar a fondo la gran capacidad de Lenin para profundizar y desarrollar la teoría a partir de las condiciones históricas concretas. Una muestra de esta visión de Lenin nos la ofrece su comprensión del cambio de orientación en la conducción del trabajo económico una vez tomado el poder en Rusia por los obreros y campesinos. 

Hasta ahora se destacaban en primer plano las medidas encaminadas a la expropiación inmediata de los explotadores. Hoy colocamos en primer plano la organización de la contabilidad y del control en las haciendas y empresas ya expropiadas a los capitalistas y en todas las demás.28 El centro de gravedad en la lucha contra la burguesía se desplaza hacia la organización de esta contabilidad y de este control. Únicamente partiendo de esto podremos determinar con acierto las tareas inmediatas de la política económica y financiera en el terreno de la nacionalización de los bancos, del monopolio del comercio exterior, del control del Estado sobre la circulación fiduciaria, del establecimiento de un impuesto sobre los bienes y los ingresos aceptable desde el punto de vista del proletario, de la implantación del trabajo obligatorio.29 

Así, de una manera práctica y como un cierto repliegue temporal en la ofensiva contra el capital, se inició en los primeros momentos de la Rusia soviética, la utilización de las relaciones monetario-mercantiles en la construcción del socialismo. Estas medidas comenzaron a crear condiciones para la profundización de la teoría económica marxista del socialismo y constituyeron la primera acumulación de experiencias que condujo, años después, a formular teóricamente la utilización y el nuevo contenido de las relaciones mercantiles en el socialismo. 

En este período que se extendió hasta principios del año 1921, el Estado soviético se orientaba hacia la utilización de las relaciones mercantiles en su lucha contra los capitalistas aún existentes en el interior del país, y en el empeño de fortalecer y desarrollar el sector estatal de la economía. 

En abril de 1918 el Gobierno soviético aprobó un plan de construcción del socialismo que preveía la utilización de las palancas económicas como el dinero, los bancos, el crédito, las finanzas y otras. 

En los primeros tiempos del poder soviético —desde octubre de 1917 hasta los primeros meses de 1919— no se desarrolló un sistema teórico que plasmara de conjunto el plan de construcción del socialismo en Rusia, sino que este plan de construcción se iba elaborando y cumpliendo mediante una serie de medidas prácticas. 

En este período, Lenin abordó en sus artículos y discursos la idea de no eliminar de inmediato las palancas económicas que venían del capitalismo, sino utilizarlas para aplastar a la burguesía y establecer definitivamente el poder obrero y campesino. 

Estas ideas de Lenin se reflejan en los actos legislativos y otros documentos oficiales del Gobierno soviético, así como en las Resoluciones del PCUS. Como ejemplo de ello podemos citar un fragmento del Decreto sobre la nacionalización de los bancos, dictado por el Gobierno soviético con fecha 14 de diciembre de 1917, en el cual se dice lo siguiente: 

"Con el interés de organizar correctamente la economía nacional, de erradicar la especulación bancaria y de liberar por todos los medios a los obreros, campesinos y a toda la población trabajadora de la explotación del capital bancario, y con el objetivo de crear un Banco Popular Unido de la República Rusa que sirva fielmente a los intereses del pueblo y de las clases más pobres, el Comité Ejecutivo Central resuelve: 

1) La actividad bancaria se declara monopolio estatal". 30 

En esta disposición está presente la concepción de que para eliminar el poder financiero de la burguesía representado en las instituciones bancarias, con el cual explotaba al pueblo, la solución no podía ser la supresión de esas instituciones, sino la nacionalización de los bancos, pasando de manos de la burguesía a manos del Estado proletario, el cual no disolvía los bancos, sino asumía su dirección para combatir a la burguesía en el terreno financiero y garantizar la construcción del socialismo. Aquí está implícita la idea de que los instrumentos y categorías económicas del capitalismo cambian de contenido bajo la dirección del Estado proletario, el cual usa las formas de esas instituciones y categorías pero con objetivos totalmente diferentes a los que perseguía la burguesía. 

También en esta época comenzó a elaborarse una Reforma de Precios, cuya aplicación fue detenida por la intervención militar extranjera en Rusia. La Reforma de Precios indicaba la importancia que la Revolución de Octubre daba a esta palanca económica y que el Gobierno no pretendía suprimir los precios, sino que se intentaba utilizarlos en aras de cumplimentar los objetivos revolucionarios del Estado soviético. 

Estas y otras ideas que se elaboraban por el Partido y el Estado con vistas a ejecutar un plan de construcción del socialismo en Rusia fueron brutalmente interrumpidas por la agresión extranjera, que comenzó a gestarse en los primeros meses de 1918 y se desencadenó a principios de 1919. 

La guerra civil y la agresión extranjera impusieron al país condiciones extraordinarias para su supervivencia. Desde los inicios de 1919 y hasta mediados de 1921 el Estado soviético no utilizó las relaciones monetario-mercantiles en la práctica de la dirección económica. Aunque la economía continuaba bajo una atención primordial por parte del Partido y del Gobierno, su objetivo era el abastecimiento material para el frente de combate. En esta etapa, que se conoce como el “período del comunismo de guerra”, no se produjeron avances en la utilización de las relaciones mercantiles ni en el desarrollo de sus correspondientes aspectos teóricos. 

El período del “comunismo de guerra” se extendió desde principios de 1919 hasta marzo de 1921. Durante estos meses se desarrolló la guerra civil en Rusia, donde guardias blancos e interventores extranjeros trataron de ahogar en su cuna a la Revolución Socialista de Octubre. La situación militar de la República de los Soviets era muy peligrosa para su existencia y el Partido Comunista y el Gobierno soviético tomaron medidas extraordinarias para salvar a la Revolución. 

Mantener la capacidad combativa del Ejército Rojo y la economía militar era la tarea principal del momento y lo único que podía salvar al Poder soviético. En aras de lograrlo, se tomaron medidas especiales en la dirección de la economía. Se eliminó la circulación monetaria; las relaciones económicas entre la ciudad y el campo se establecieron mediante medidas administrativas. La lucha de los kulaks contra el Poder soviético y su propaganda contrarrevolucionaria entre los campesinos pobres y medios, agudizó la lucha de clases en el campo y amenazó con debilitar la alianza obrero-campesina, que constituye la principal base social de la Revolución socialista. 

En estas condiciones se implantó la entrega forzosa al Estado del plusproducto agrícola en físico. Se eliminó el mercado, sustituyéndolo por la recogida obligatoria de trigo y otros alimentos para el ejército y los obreros de las ciudades. Estas medidas necesarias, prácticamente eliminaron de momento las relaciones monetario-mercantiles en la economía soviética. La producción industrial también estaba dedicada, en lo fundamental, para el ejército, tanto en el combustible y los metales, como en el tejido y otros productos. Aquí también se eliminaron las relaciones de compraventa y la circulación de mercancías. 

Para explicar la justeza de estas medidas y su aplicación en la economía, se desplegó un intenso trabajo político y organizativo entre las masas. El pueblo entendió los objetivos que se perseguían y apoyó con heroísmo y abnegación la política económica del Partido y el Estado soviético. 

El esfuerzo desplegado por los trabajadores en la aplicación de la política del “comunismo de guerra” permitió elevar la producción y la productividad del trabajo. En la cosecha de 1920-1921, los campesinos entregaron al Estado un 30 % más de trigo que en 1919-1920, así como también mayores volúmenes de carne, papas, mantequilla y otros productos. 

La condición decisiva para esta elevación de la producción y la productividad era la elevada conciencia política de las grandes masas trabajadoras, sus iniciativas y el entusiasmo en el trabajo. Solamente de esta manera era posible abastecer de todo lo necesario al Ejército Rojo y vencer a los guardias blancos y los interventores extranjeros en las extraordinariamente difíciles condiciones de la guerra civil. 

Pero estas medidas en la dirección de la economía soviética, que eliminaron las relaciones monetario-mercantiles e instauraron la más severa centralización administrativa en la industria, la agricultura, el transporte y demás sectores económicos, sólo podían elevar la producción y la productividad en un período de extrema gravedad para la Revolución. Estas medidas solo tienen resultado y ganan el apoyo de las masas cuando el poder obrero está amenazado de muerte ante la ofensiva de los explotadores. Debido a ello, la eliminación de las relaciones mercantiles en la construcción del socialismo puede tener lugar solamente de manera provisional y en períodos extraordinarios. 

En condiciones relativamente normales, sin guerra y sin peligros extremos para la Revolución, no pueden aplicarse exclusivos métodos administrativos ni eliminarse la utilización de las relaciones monetario-mercantiles en la construcción del socialismo. 

Las medidas prácticas extraordinarias que fue necesario tomar en el campo de la dirección económica para rechazar la intervención extranjera fueron interpretadas por algunos teóricos como la política que debía aplicarse en la construcción del socialismo. Estas medidas prácticas provisionales se consideraban por ellos como decisiones definitivas y a partir de aquí se trató de elaborar una teoría general de la construcción socialista, que sirviera para todas las etapas del ulterior desarrollo social. 

Durante este período se divulgó la idea de que al socialismo le era ajeno la economía mercantil y sus categorías económicas. Se partía del criterio de que las relaciones monetario-mercantiles estaban identificadas con el capitalismo y, por tanto, eran un obstáculo que había que eliminar para construir el socialismo. 

En esas condiciones, surgieron una serie de intentos cuyo objetivo era eliminar el dinero y sus funciones económicas. En la segunda mitad del año 1920 se discutió en la prensa y en algunas instituciones económicas las vías para sustituir el dinero en las relaciones económicas socialistas. 

En estas discusiones pueden distinguirse tres direcciones principales que pretendían sustituir el dinero y sus funciones: 

• registro natural directo, en unidades físicas, de los gastos de producción; 
• registro en unidades energéticas de trabajo y 
• registro directo en unidades de tiempo de trabajo puro. 

Durante el “comunismo de guerra” se pretendió justificar teóricamente que la economía socialista eliminaba las relaciones monetario-mercantiles y establecía las relaciones naturales de intercambio directo de productos, sin la mediación del dinero. Es decir, la economía socialista era considerada una economía natural, sin relaciones mercantiles. 

En realidad, ninguna de estas concepciones fue puesta en práctica y el Programa del Partido, aprobado en su VIII Congreso, en marzo de 1919, no planteó la eliminación del dinero en forma inmediata, sino la necesidad de crear condiciones para su eliminación futura. Estas condiciones incluían determinadas medidas financieras dirigidas a garantizar la estabilidad del sistema monetario existente. 

Las concepciones definitivas del Partido en esta etapa pueden apreciarse en los fragmentos siguientes del Programa aprobado en el VIII Congreso: 

Al aspirar a la igualdad en la remuneración por todo tipo de trabajo y al comunismo completo, el Poder soviético no puede plantearse como tarea la inmediata realización de esta igualdad en los momentos actuales en que meramente da los primeros pasos hacia el tránsito del capitalismo al comunismo. Por eso es necesario mantener por cierto tiempo una remuneración más alta para los especialistas, para que ellos puedan trabajar mejor y no peor que antes. Para lograr ese objetivo no se puede renunciar al sistema de premios por el trabajo más exitoso y específicamente, el más organizativo.31 

En la esfera de la distribución, la tarea del Poder soviético en la actualidad consiste en continuar incesantemente la sustitución del comercio por la distribución de productos de forma planificada y organizada a nivel de todo el Estado.32 

En este texto se manifiestan las distintas ideas que sobre la dirección económica se debatieron en el VIII Congreso. En el primer párrafo se reconoce que no es posible implantar de inmediato la igualdad de salario y de consumo y se define que esta igualdad se logrará en el comunismo total, y que en el período de transición del capitalismo al comunismo hay que estimular materialmente a los especialistas de alto nivel técnico, o sea, que no puede implantarse la igualdad absoluta en la esfera del salario y del consumo. 

Sin embargo, en el segundo párrafo se plantea que una de las tareas inmediatas del Poder soviético consiste en sustituir el comercio por la distribución planificada de los productos a escala de todo el país. 

Aquí está presente la idea, superada más tarde, de contraponer el plan al mercado, a la ley del valor y a otras categorías mercantiles. 

Pero el Congreso se manifestó resueltamente por no eliminar de inmediato el dinero y la circulación monetaria, aunque planteó la necesidad de tomar medidas que condujeran a su eliminación, tal y como se aprecia en el texto siguiente: 

"En los primeros momentos del tránsito del capitalismo al comunismo, todavía no se organiza totalmente la producción comunista y la distribución de productos y la supresión del dinero se presentan como tareas imposibles. En esta situación los elementos burgueses de la población continúan utilizando el papel moneda en el objetivo de la especulación, el lucro y el pillaje a los trabajadores. 

Apoyándose en la nacionalización de los bancos el PCR se esfuerza en la realización de una serie de medidas que amplían la esfera de cuentas a la orden y que preparan el terreno para la supresión del dinero, tales como: obligación de mantener el dinero en el banco popular, introducción de libretas de presupuesto, sustitución del dinero por cheques o por billetes con derecho a la obtención de víveres, etc".33 

Terminada la guerra civil con la victoria del Poder soviético sobre los interventores extranjeros y la contrarrevolución interna, la situación del país cambió radicalmente. Las condiciones del peligro militar para la Revolución, que determina-ron la adopción de la política del “comunismo de guerra”, habían desaparecido en lo fundamental. 

En las nuevas condiciones, los principios del “comunismo de guerra” tenían que ser cambiados. 

Un momento importante en la comprensión del papel de las relaciones monetario-mercantiles en la construcción del socialismo fue el paso del período del “comunismo de guerra” a la Nueva Política Económica. Este cambio en el método de dirección de la economía soviética fue concebido y dirigido por Lenin, y en él se refleja la profundización del pensamiento marxista sobre la producción mercantil en las condiciones de la construcción del socialismo. 

Este cambio propuesto, cuya aplicación dio lugar a la Nueva Política Económica (NEP), restableció los principios de la construcción del socialismo en el período relativamente normal de desarrollo de la República Soviética y constituyó un importante aporte a la teoría marxista de la economía socialista. 

El período del “comunismo de guerra” incluyó la eliminación de las relaciones mercantiles mediante actos legislativos del Estado soviético, una excesiva centralización administrativa, la supresión del mercado y la circulación monetaria, la aplicación más estricta del igualitarismo en la distribución, la reducción de la estimulación material de los trabajadores, la rápida extensión de la propiedad estatal a costa de la reducción de la pequeña producción mercantil. Todas estas medidas eran interpretadas como el camino más corto para la construcción del comunismo completo. Se llegó a plantear por algunos dirigentes del Partido y del Estado soviético que la tarea inmediata de la clase obrera era construir el comunismo, eliminando las relaciones monetario-mercantiles y obviando la fase socialista. 

El debate de ideas mediante el cual se formuló la conclusión de que el “comunismo de guerra” tenía que ser cambia-do por la Nueva Política Económica constituye uno de los procesos de mayor riqueza teórica y práctica por el que transitó el país de los soviets. Su importancia no tiene sólo significación particular para la Rusia soviética, sino también para la concepción general de la construcción del socialismo. 

Además de Lenin, entre los dirigentes del Partido que más amplia y profundamente tomaron parte en las discusiones se destacan León Trotsky, Nicolás Bujarin y Eugenio Preobrajensky. El análisis de sus concepciones al respecto ofrece un importante marco de referencia para precisar aspectos esenciales de la construcción económica del socialismo, habida cuenta de las experiencias acumuladas durante el tiempo transcurrido desde entonces. 

No obstante, el empeño por esclarecer sus ideas se hace difícil por lo escaso de la literatura a ellos dedicada sobre este tema y las tergiversaciones que de uno y otro signo político han sufrido sus concepciones. 

Debido a ello, en este caso no se pretende ofrecer al lector las conclusiones acabadas y definitivas sobre este asunto, sino abordar un acercamiento a los distintos puntos de vista en el debate, como un estímulo para profundizar en este aspecto tan medular para el establecimiento del método correcto para la construcción del socialismo, sobre todo en países relativa-mente atrasados como la Rusia de aquel entonces. 

Con relación a las ideas de Trotsky sobre la NEP, en la versión oficial de la historia del PCUS se plantea que Trotsky consideraba los métodos del “comunismo de guerra” como la única posibilidad de la política económica del Estado proletario para la construcción del socialismo no sólo en el período de la guerra civil, sino también para el futuro en condiciones de desarrollo relativamente pacífico del país de los soviets. 

Al respecto, en la Historia del PCUS se incluye el texto siguiente: 

"En unas tesis redactadas para el XII Congreso, Trotsky lanzó la consigna de establecer la “dictadura de la industria”. En labios de Trotsky, esta consigna no significaba destacar el papel rector de la industria en la economía nacional o el desarrollo preferente de la fabricación de medios de producción con respecto a la de artículos de consumo. Trotsky concebía esta consigna como el desarrollo de la industria, a costa de la explotación de los campesinos. Semejante línea habría conducido a la ruptura de la alianza de los obreros y los campesinos, a la muerte del régimen soviético".34 

Con ello se reafirmaba el criterio de que Trotsky era contrario a la NEP, lo que significaba contrario al uso del mercado en la construcción del socialismo y a promover la participación del campesinado, en estrecha alianza con los obreros, en la defensa y desarrollo de la revolución socialista. 

Sin embargo, el propio Trotsky, en su autobiografía, concluida en Turquía en 1929, después de haber sido expulsado de la URSS por el régimen de Stalin, rechaza estas aseveraciones e incluso asegura que un año antes del X Congreso del Partido, en el cual se aprobó la NEP, él (Trotsky) había propuesto al Comité Central cambiar los métodos del “comunismo de guerra” por un sistema que diera más espacio al interés material y a las palancas económicas. 

El X Congreso del Partido tuvo lugar en marzo de 1921 y el famoso artículo de Lenin “Sobre el impuesto en especie”, que fundamentó teóricamente la NEP, se publicó en mayo de 1921. Durante el invierno 1919-1920, Trotsky se encontraba en los Urales, realizando un trabajo de organización económica. Por ese tiempo, el sistema de ferrocarriles en Rusia se había deteriorado mucho y parecía colapsar a mediados de 1920. Lenin le pidió a Trotsky que regresara de los Urales y se hiciera cargo de la reorganización del transporte por ferrocarriles. 

Es en ese momento (febrero de 1920), según su autobiografía, cuando Trotsky propone al Comité Central del Partido su criterio acerca de que los métodos del “comunismo de guerra” se habían agotado y que era necesario introducir el interés personal para revitalizar la economía. El Comité Central rechazó la propuesta de Trotsky por 11 votos contra 4. Trotsky no presentó su propuesta al IX Congreso del Partido, celebrado en marzo-abril de 1920, el cual siguió siendo un Congreso del “comunismo de guerra”.35 

Cuando un año después, el X Congreso del Partido abandonó los métodos del “comunismo de guerra” y aprobó la Nueva Política Económica”, propuesta por Lenin, recibió el apoyo inmediato de Trotsky. Este explicó que su propuesta de principios de 1920 había sido hecha a partir de un criterio económico, mientras que la de Lenin tenía un fundamento principalmente político.36 

En sus concepciones económicas, Trotsky contraponía el plan al mercado, lo que se refleja en el fragmento siguiente del texto de la biografía de Trotsky, escrita por Isaac Deutscher, acerca de lo discutido sobre el tema en el XII Congreso del Partido: 

“Lenin había dicho que la NEP había sido concebida seriamente y para largo tiempo”; y los adversarios de la planificación citaban la frase con frecuencia. 

“Sí, seriamente y para largo tiempo”, replicó Trotsky, “pero no para siempre. Hemos introducido la NEP para derrotarla en su propio terreno y utilizando en buena medida sus propios métodos. ¿En qué forma? Haciendo uso efectivo de las leyes de la economía de mercado (...) y también interviniendo, a través de nuestra industria de propiedad estatal, en el juego de estas leyes y ampliando sistemáticamente la esfera de la planificación. A la larga extenderemos la planificación a toda la esfera del merca-do, absorbiendo y aboliendo así el mercado”.37 

Al respecto, Deutscher plantea: “(...) debido a la insistencia de Trotsky en la necesidad de una política de ofensiva socialista, muchas personas lo juzgaron básicamente opuesto a la NEP (…)” 38 

En el caso de Bujarin, la historia de sus ideas en torno a la NEP es diferente a la de Trotsky. Antes de que Lenin definiera la necesidad de pasar a la Nueva Política Económica, Bujarin era completamente partidario del “comunismo de guerra” como método general para la construcción del socialismo. Después del X Congreso del Partido, Bujarin se dedicó a fondo al estudio de las causas del surgimiento de la NEP y de su papel en la construcción del socialismo en la Rusia soviética. 

Según A.G.Löwy en su libro El comunismo de Bujarin: 

Gran parte del equipo dirigente vio en la NEP una retirada provisional impuesta por las circunstancias. En cuanto que estas mejoraran, ya por el triunfo retrasado de la revolución en la Europa occidental, ya por el robustecimiento interior de Rusia, se podría volver al comunismo integral. Como se puede apreciar por su actitud en los años posteriores, esa fue la opinión de Trotsky, Zinoviev, Kamenev y el mismo Stalin, con la diferencia de que los primeros confiaban principalmente en la revolución mundial y Stalin más en las posibilidades económicas internas de la Unión Soviética (…)39 

El aspecto central alrededor del cual giraba la discusión en torno a la NEP era si esta constituía sólo un accidente histórico debido a las condiciones particulares existentes en la Rusia soviética de los años 20; o si era el primer peldaño de un largo período de economía mixta, incluyendo el mercado, como único camino para construir el socialismo. Si era un accidente, más tarde o más temprano habría que rectificarlo por medios extraeconómicos en un proceso de agudización de la lucha de clases interna en el país. Si no era un accidente sino la condición en que se tendría que construir el socialismo, la propiedad privada y el mercado se extinguirían paulatinamente en un proceso atenuado en la lucha de clases interna. 

El principal descubrimiento de Bujarin -y el más discutido-, asegura Löwy, se expresa en la expectativa de que el socialismo pleno se desarrolle a partir de la NEP, de sus propias leyes económicas.40 

Estudiosos de la obra de Löwy no son tan categóricos en este criterio y plantean que la aseveración del autor de El comunismo de Bujarin no está fundamentado plenamente en su libro. 

No obstante, Löwy reproduce fragmentos de la intervención de Bujarin en el IV Congreso de la Internacional Comunista, en 1922, en los cuales advierte de los peligros del centralismo económico: 

Si el proletariado se empeña en tomar en sus manos demasiadas cosas, necesita un aparato administrativo gigantesco. El intento de sustituir a todos los pequeños productores por funcionarios estatales crea un aparato burocrático tan gigantesco que sus costes sociales son más graves que los provocados por la situación anárquica propia de los estamentos de pequeños productores.41 

Y en el proyecto de Programa de la Internacional propuesto por Bujarin a su IV Congreso se incluye el texto siguiente: 

El proletariado victorioso ha de hallar la proporción correcta entre las esferas de la producción que pueden ser sometidas a una dirección centralizada y planificada y las esferas que, puestas en sus manos, solo significarían un lastre. Estas últimas se tienen que dejar en manos de la iniciativa privada.42 

Este texto propuesto por Bujarin no fue incluido en el documento que se discutía porque, en definitiva, el IV Congreso de la Internacional Comunista aplazó la aprobación del Programa. 

A principios del año 1920, cuando Bujarin era partidario del “comunismo de guerra”, publicó su libro La economía del período de transición. 

Lenin analizó este libro. Sus anotaciones y señalamientos críticos a diversos conceptos de Bujarin constituyen valiosos aportes al desarrollo de la teoría marxista en las nuevas condiciones. 

En el Capítulo I, Bujarin escribe: (...) De este modo, el fin de la sociedad fundada en la producción capitalista de mercancías significa también el fin de la economía política”.43 Lenin anotó en el margen: “No es verdad” y aclaró que la Economía Política como ciencia de las leyes económicas del desarrollo de la sociedad se mantendría incluso en el comunismo. 

Más adelante escribe Bujarin: “Pues la economía política explora la economía de las mercancías;44 a lo que Lenin repostó anotando: “¡No solamente!”. 

En el Capítulo V, Bujarin plantea que las relaciones mercantiles entre el proletariado y los pequeños productores no tienen un contenido económico propio y “se hace posible principalmente a través de la esfera de la circulación, o sea, formalmente (…)”.45 Lenin anotó al margen: “no sólo formalmente”. 

En la Historia del PCUS se incluye la siguiente apreciación de la actividad de Bujarin en torno a la NEP a fines de la década del 20: 

Las dificultades de la reestructuración socialista y la inevitable agudización de la lucha de clases en el país, como consecuencia de la ofensiva del socialismo, provocaron vacilaciones en las capas pequeñoburguesas de la población. Esto tuvo su repercusión también en el partido: se formó el grupo de los capituladores de derecha con Bujarin, Rykov y Tomski al frente. Bujarin había lanzado ya en 1925 la consigna de “¡enriqueceos!”. Esta consigna significaba de hecho una política de apoyo a las haciendas de los kulaks en el campo... tan pronto como el partido pasó a la ofensiva decidida contra los kulaks, los líderes derechistas intervinieron abiertamente contra la política de industrialización socialista del país y de colectivización de la agricultura.46 

La consigna de “¡enriqueceos!” la pronunció Bujarin el 17 de abril de 1925 en el Teatro Bolshoi de Moscú en una reunión del partido, dentro del texto siguiente: 

(...) Nuestra política en el campo tiene que tender a suavizar y eliminar en parte las muchas restricciones que impiden el desarrollo de las haciendas de los campesinos acomodados y de los kulaks. Hemos de decir a los campesinos, a todos los campesinos: enriqueceos, desarrollad vuestras granjas, no temáis que vayamos a tomar medidas coactivas contra vosotros.47 

Posteriormente Bujarin rectificó la consigna explicando que no se trataba de fortalecer a los kulaks sino de levantar las muchas restricciones que impedían el desarrollo de todos los campesinos. Planteó que, en definitiva, no más del tres o cuatro por ciento de los campesinos eran kulaks y campesinos acomodados, y que no habría mayor peligro en desarrollar las haciendas tipo farmers norteamericanas, manteniendo las adecuadas proporciones entre las distintas capas campesinas. 

Eugenio Preobrajensky expuso sus concepciones en el libro La Nueva Economía, publicado en Rusia en 1926. Esta obra constituyó, en su época, el más completo e integral intento de explicar las transformaciones en la teoría económica de Marx y sus categorías sobre la base de las experiencias prácticas acumuladas por el poder obrero y campesino en los nueve años transcurridos en Rusia después de la Revolución de Octubre. 



Las ideas principales de su tesis giran en torno al nuevo concepto de la ley de la acumulación socialista originaria y su lucha contra la ley del valor. 


Preobrajensky destaca que en el capitalismo rige en forma determinante la ley del valor; y que en la economía de transición al socialismo en Rusia, preside la ley de la acumulación socialista originaria. En Rusia, dentro del cerco hostil de los países capitalistas, con 3 millones de obreros industriales y 22 millones de haciendas campesinas privadas en su economía interna, la única posibilidad para lograr la supervivencia del socialismo consistía, según Preobrajensky, en garantizar la acelerada acumulación ampliada de la industria estatal extrayendo los recursos necesarios para este fin del sector no socialista de la economía, principalmente de la economía campesina. 



Preobrajensky contrapone el plan estatal socialista al mercado como reguladores de la economía en el período de transición. Al respecto plantea: “Nosotros oponemos la producción mercantil a la economía socialista planificada, el mercado a la contabilidad de la sociedad socialista, el valor y el precio a los gastos de trabajo de la producción, la mercancía al producto”.48 


El triunfo del socialismo lo ve Preobrajensky como el triunfo de la economía estatal sobre la economía privada en un pro-ceso lo más acelerado posible y en creciente conflicto hasta su conclusión: “(...) la forma socialista de economía no puede existir en el cerco de la producción mercantil privada sobre la base de la coexistencia pacífica”.49 

Este criterio conducía a concebir la superación de la NEP mediante un rápido proceso de creciente agudización de la lucha de clases interna en Rusia. 

Una vez aprobada y puesta en marcha la NEP, el tema discutido era si esta debería desaparecer mediante una “ofensiva socialista” que en relativamente breve tiempo diera paso a una exclusiva economía estatal y a métodos similares a los del “comunismo de guerra”, o si la construcción del socialismo se realizaría a través de un largo proceso de economía mixta, tanto estatal como privada, donde la ley del valor tenía un importante papel como regulador de la actividad económica. 

Trotsky y Preobrajensky eran partidarios de la primera opción, mientras que Bujarin defendía la segunda alternativa, aunque quizás este no vió con suficiente claridad el peligro que significaba para la revolución socialista la existencia de una clase de poderosos propietarios ricos en el campo. 

Lenin puso las cosas en su lugar y demostró que el “comunismo de guerra” constituía una medida provisional impuesta por las condiciones particulares de la guerra civil que se desató en Rusia, y no el método necesario e inevitable para todos los países que construyen el socialismo. El método permanente y que se repetiría como una necesidad en todos los países era el que reflejaba la Nueva Política Económica, la cual constituía la continuación, en las nuevas condiciones, del acertado plan de construcción socialista aprobado por el Gobierno soviético en abril de 1918 y que contemplaba la utilización de las palancas económicas, el mercado, los bancos y el dinero para la construcción del socialismo. El “comunismo de guerra” fue un paréntesis eventual, para las condiciones de Rusia, en el camino inevitable de la utilización de las relaciones monetario-mercantiles en la construcción del socialismo, aunque sin permitir la existencia de grupos sociales basados en la propiedad privada sobre los medios de producción, con gran poder económico y eventual influencia política. 

Lenin comprendió que con la terminación de la guerra era necesario modificar los métodos de dirección e introducir, junto a los administrativos, nuevos métodos económicos. 

La Nueva Política Económica fue discutida y aprobada por mayoría en el X Congreso del Partido, en marzo de 1921, y se reafirmó en la X Conferencia de toda Rusia del Partido, en mayo del mismo año. En esta Conferencia se discutió el trabajo de Lenin “Sobre el impuesto en especie”. 

La esencia del cambio en los métodos de dirección económica del “comunismo de guerra” a los de la nueva política económica consistía en sustituir el acopio forzoso de los productos agrícolas por el impuesto en especie. Solo por este cambio y aunque las palancas económicas no se extendieran de inmediato al resto de los sectores económicos, la implantación del impuesto en especie contenía un aspecto económico de profunda significación posterior. 

La aplicación de la nueva política económica era, en su esencia, una cuestión política, pues el impuesto en especie conduciría al fortalecimiento de la alianza obrero-campesina y las relaciones de estas dos clases determinaban el destino de la revolución socialista en Rusia. La tarea de la nueva política económica consistía en movilizar a la masa campesina hacia el socialismo empleando los métodos económicos más conocidos por ella. 

Lenin aclaró que la NEP no conduciría a debilitar las bases del socialismo, sino por el contrario, mientras el poder político estuviera en manos del proletariado, la NEP sumaba a este poder político, el poder económico. 

Con la NEP, el campesino tenía que pagar de su producción un impuesto en especie al Estado. Lo que le quedaba por encima de este impuesto, podía usarlo en el aumento de su economía, en el consumo personal o en el intercambio por productos industriales y artesanales en los marcos del mercado local. De hecho se estimuló la circulación de mercancías y el uso del dinero en este intercambio mercantil. 

Junto a esta estimulación, el Partido cuidaba de limitar el crecimiento del capital privado en el comercio, garantizando el decisivo papel del Estado soviético en las relaciones monetario-mercantiles. 

Lenin comprendió la necesidad de las relaciones mercantiles entre la ciudad y el campo para el desarrollo de la construcción del socialismo y concibió una ampliación de las formas económicas de estas relaciones. 

En su artículo “Sobre el impuesto en especie”, de abril de 1921, planteó: 

"Una política acertada del proletariado, que ejerce su dictadura en un país de pequeños campesinos, es el intercambio del trigo por los artículos industriales necesarios al campesino. Únicamente tal política de abastecimiento responde a las tareas del proletariado; solo esta política es capaz de consolidar las bases del socialismo y llevarlo a la victoria completa. El impuesto en especie representa la transición hacia ella".50 

En el mismo artículo Lenin vinculaba la NEP a la situación de las relaciones económicas del Estado soviético con los países capitalistas, a la política de las concesiones y del es-fuerzo para que el Poder soviético influyera en el desarrollo económico de Rusia. 

“Libertad y derechos para las cooperativas en las condiciones actuales de Rusia”, —decía Lenin— “significan libertad y derechos para el capitalismo. No querer ver esta verdad evidente sería una sandez o un crimen”. Y más adelante agregaba: “(...) debemos hacer esfuerzos para que este desarrollo del capitalismo —ya que la libertad de venta, la libertad de comercio es un desarrollo del capitalismo— se lleve al cauce del capitalismo cooperativo”.51 

Las concepciones teóricas sobre la base de las cuales se formuló y aplicó la NEP no abarcaban todas las posibilidades del empleo de las relaciones monetario-mercantiles en la construcción del socialismo; pero sentaban las bases para ello. 

La necesidad de la NEP se explicaba a partir de las distintas formas de propiedad sobre los medios de producción en el período de transición del capitalismo al socialismo. El “comunismo de guerra” había avanzado demasiado hacia las formas comunistas de distribución, y era necesario un “repliegue” para asegurar que la masa de campesinos pobres y medios continuara comprendiendo y apoyando la Revolución. 


Se concebía la NEP fundamentalmente como un intercambio de productos y un desarrollo del mercado y el comercio solo en el ámbito local. Poco a poco las palancas económicas fueron abarcando una escala mayor en el mercado, y las relaciones monetarias y financieras comenzaron a jugar un papel más activo en la dirección de la economía soviética. 



Rusia era un país con una enorme masa de pequeños productores, e incluso, una economía patriarcal bastante generalizada. La guerra había destruido en gran parte la economía, con lo cual la restauración de la gran industria sufrió un gran retraso y la ruina del pequeño productor se agravó aún más. 

En estas condiciones era imprescindible aplazar el desarrollo de la gran industria y el único camino que podía iniciar la recuperación de la economía nacional era el resurgimiento de la pequeña producción campesina y de la pequeña industria. La miseria y la devastación eran tales que no se podía restablecer de golpe la gran producción fabril, la producción del Estado, la producción socialista. 

Ante esta situación, el Partido y el Estado aprobaron, a pro-puesta de Lenin, la aplicación de la NEP que introdujo el impuesto en especie, determinada libertad de comercio y otras medidas que fortalecían el papel del dinero y ampliaban el uso de las relaciones monetario-mercantiles. 

Al principio se concebía la NEP solo como un intercambio de productos entre la agricultura y la industria, entre el campesinado y el proletariado. La libertad de comercio era concebida solamente como un intercambio local y en especie. 

Lenin demostró que en el período de transición del capitalismo al socialismo, con una pluralidad de tipos de economía social, no era posible pasar directamente al socialismo, suprimiendo el empleo de las relaciones mercantiles. En las condiciones relativamente normales de este período, para la construcción del socialismo es necesaria la utilización de las relaciones mercantiles. Lenin esclareció que mientras el poder político esté en manos del proletariado, es posible utilizar el intercambio y la libertad de comercio para fortalecer la economía y avanzar en la construcción del socialismo. 

En las condiciones de Rusia, con un gran peso de pequeña economía campesina, Lenin planteó que la libertad de comercio generaría el capitalismo, pero que ello no era inevitablemente fatal para el socialismo. Era necesario que el Estado soviético fuera capaz de movilizar a la pequeña producción mercantil y encauzarla hacia el socialismo. El cauce hacia el socialismo pasaba por el capitalismo de Estado. 

Lenin concibió cuatro formas principales de capitalismo de Estado en la Rusia de entonces: las concesiones a los capitalistas extranjeros, la cooperación (cooperativas de créditos y de consumo, tanto agrícolas como comerciales), el comerciante privado y el arriendo por el Estado al capitalista industrial. 

La política económica planteada por Lenin concebía la movilización de estas fuerzas por la única vía que dichas fuerzas entienden: el intercambio y la libertad de comercio. Con ello, Lenin fundamentó la utilización de las relaciones mercantiles en el período de transición del capitalismo al socialismo. Dada las circunstancias de aquel momento, esta utilización se limitaba a las relaciones con la pequeña producción mercantil y la causa de su existencia se veía en la presencia simultánea de diferentes tipos de economía social en la etapa de transición al socialismo. 

El intercambio de mercancías se continuaba considerando únicamente capitalista. Su empleo se concebía como una necesidad impuesta por un tipo de economía ajeno al socialismo: la pequeña producción mercantil y el capitalismo. 

En la obra de Lenin “Sobre el impuesto en especie” se expresa claramente la concepción de aquel momento acerca del empleo de las relaciones mercantiles por el Estado socialista. 

"El desarrollo de la pequeña hacienda es un desarrollo pequeño burgués, un desarrollo capitalista, ya que existe el intercambio; esta es una verdad indiscutible, una verdad elemental de la Economía Política (…) ¿Qué política puede, pues, realizar el proletariado socia-lista ante semejante realidad económica? (...) ...o bien intentar prohibir, impedir por completo todo desarrollo del intercambio privado, no estatal, es decir el comercio, esto es, el capitalismo, inevitable con la existencia de millones de pequeños productores. Esta política sería absurda y suicida para el partido que tratara de ponerla en práctica... (…) O bien (la única política posible y la única prudente) no tratar de prohibir o impedir el desarrollo del capitalismo, sino tratar de meterlo en el cauce del capitalismo de Estado (...) ¿Es posible la combinación, la unión, la compatibilidad del Estado soviético, de la dictadura del proletariado con el capitalismo de Estado? Claro que es posible (...) 

Todo el problema —tanto en teoría como en la práctica— consiste en encontrar los métodos acertados de cómo se debe llevar precisamente el inevitable (hasta cierto grado y por un plazo determinado) desarrollo del capitalismo al cauce del capitalismo de Estado, en qué condiciones hacerlo y cómo asegurar, en un futuro próximo, la transformación del capitalismo de Estado en socialismo.52 

Hay que desarrollar por todos los medios y a toda costa el intercambio, sin temor al capitalismo, puesto que lo hemos metido en un marco bastante estrecho (por la expropiación de los terratenientes y de la burguesía en la economía, por el poder de los obreros y campesinos en política), bastante “moderado”. Tal es la idea fundamental del impuesto en especie, tal es su significación económica.53 

Esto podrá parecer una paradoja: ¿el capitalismo privado en el papel de auxiliar del socialismo? Pero no es ninguna paradoja, sino un hecho de carácter económico absolutamente incontrovertible".54 

A fines de 1921 y hasta su muerte, ocurrida el 21 de enero de 1924, Lenin continuó profundizando en la teoría económica del socialismo. De este último período de su vida son los aportes principales que sientan las bases para el desarrollo posterior de las concepciones acerca de la utilización de las relaciones monetario-mercantiles no solo en el período de transición, sino en la propia economía socialista. 

Ya en octubre de 1921, Lenin comprendió que los criterios que habían sustentado la aplicación de la NEP fueron superados en la práctica. Con la NEP se pensaba desarrollar, en el ámbito local, el intercambio de productos entre el campesinado y el proletariado. En realidad, la libertad de dicho intercambio condujo al comercio mediante el dinero, cuya esfera de influencia desbordó el marco local y trascendió a la economía nacional. 

Ante estos hechos, Lenin profundizó aún más en su análisis teórico y llegó a la conclusión de que lo correcto no era tratar de llevar el mercado hacia atrás, hacia el intercambio de productos tal y como se había concebido antes, sino continuar desarrollando el mercado y la circulación monetaria. En esta alternativa, el Estado debía jugar un papel activo y conducir dicho mercado y dicha circulación monetaria por cauces que condujeran a la construcción del socialismo, a través de la acumulación para el resurgimiento de la gran industria. 

Esta idea del desarrollo de la NEP la planteó Lenin en octubre de 1921, al intervenir en la VI Conferencia del Partido en la provincia de Moscú. En esa ocasión explicó: 

"Proyectábamos realizar en todo el país un intercambio, más o menos socialista, de artículos industriales por productos del agro, y gracias a este intercambio restablecer la gran industria como fundamento de la organización socialista. Pero, ¿qué ocurrió? Ustedes saben perfectamente, a través de los hechos y también de nuestra prensa, que el intercambio de mercancías fracasó y tomó la forma de compra-venta. (...) Debemos admitir que el retroceso no fue suficiente, que es indispensable retroceder un poco más aún, dar otro paso atrás en la transición del capitalismo de Estado al control estatal de la compra-venta y la circulación monetaria. El intercambio de mercancías fracasó; el mercado resultó ser más fuerte que nosotros, y en lugar del intercambio de mercancías, se operó la simple compra y venta: el comercio. 

Debemos ajustarnos a ella, porque de lo contrario la fuerza espontánea de la compra y la venta, de la circulación monetaria, nos arrollará".55 

En esos momentos Lenin continuaba considerando la utilización de las relaciones monetario-mercantiles en la construcción del socialismo solamente como una necesidad impuesta por los vestigios de un régimen social ajeno al socialismo. El empleo de las relaciones mercantiles era considerado como un paso atrás en la edificación de una economía socialista, que hasta entonces se había concebido alcanzar de forma inmediata y diferente, prescindiendo de la utilización de las relaciones mercantiles. 

Lenin planteó que en las condiciones de Rusia, con una enorme masa de pequeños productores, la construcción del socialismo se llevaría a cabo dando un rodeo, por la vía más larga, y no directamente. Haber descubierto la necesidad de este rodeo para lograr la edificación socialista es un mérito de Lenin. Con esta idea, se enriqueció el marxismo y su teoría económica del socialismo. Hoy se puede asegurar que lo que entonces se consideraba un rodeo es, en realidad, el único camino posible para construir el socialismo. 

Las bases teóricas para llegar a esta conclusión fueron sentadas por el propio Lenin. El control del comercio por el Estado era concebido por Lenin no de una manera temporal a corto plazo, sino en la medida que se alcanzara el socialismo a escala mundial. 

En su artículo “La importancia del oro, ahora y después de la victoria total del socialismo”, escrito en noviembre de 1921, Lenin planteó: 

(...) Pienso que cuando triunfemos en escala mundial construiremos mingitorios públicos de oro en las calles de algunas de las más importantes ciudades del orbe. 

Por el momento es necesario economizar el oro en la RSFSR,* venderlo más caro, adquirir con él mercancías a precios más bajos.56 

La comprensión de Lenin acerca de que la construcción de la economía socialista en la URSS era un fenómeno totalmen-te nuevo y que había que estar preparado para aplicar las formas más variadas de dirección, aún no previstas anteriormente, lo demuestra el siguiente párrafo de la obra última que hemos mencionado: 

(...)Todas las formas económicas de transición son admisibles, y es preciso saber emplearlas, puesto que son necesarias para fortalecer los vínculos entre los campesinos y el proletariado, para reanimar enseguida la economía en un país agotado y arruinado, para elevar el nivel de la industria.57 

A fines del propio año 1921, Lenin comenzó a vincular el uso de las relaciones mercantiles con las características del sector socialista de la economía, planteando que uno y otro no se contraponen antagónicamente. En carta a G.M. Krzhizhanovski, en diciembre de 1921, Lenin escribió: 

(...) la nueva política económica no modifica el plan económico estatal en su conjunto ni se sale de sus marcos, sino que modifica sólo el modo de abordar su realización.58 

Lenin abordó de lleno los métodos económicos de dirección de la economía socialista y su aplicación en el sector estatal socialista. En carta a Sokolnikov, entonces Ministro de Finanzas, el 1ro. de febrero de 1922, planteó los principios del cálculo económico en las empresas socialistas: 

(...) Pienso que los trusts y las empresas que funcionan sobre la base del cálculo económico han sido creados precisamente para responder ellos mismos, y además por entero, de la rentabilidad de sus empresas (...) 

Si después de haber creado los trusts y las empresas basados en el cálculo económico, no lográramos asegurar plenamente y en el terreno mercantil nuestros intereses, seríamos unos tontos de remate.59

En enero de 1923, Lenin definió el carácter socialista de las cooperativas en la URSS. En su conocida obra “Sobre la co-operación”, analizó cómo la organización cooperativa, bajo el capitalismo, no tenía carácter socialista ni constituía el ca-mino al socialismo. Los viejos socialistas utópicos que soñaban con el cooperativismo como vía para construir el socialismo, no comprendían que en aquellas condiciones lo fundamental no era la cooperativa, sino la lucha política de la clase obrera por derrocar el dominio de los explotadores. 

Después de ese derrocamiento, llevado a cabo en Rusia, el papel de las cooperativas cambia por completo y adquiere un contenido socialista, constituyendo el camino más sencillo, fácil y accesible para el campesino en su desarrollo hacia el socialismo. 

(...) Cuando los medios de producción pertenecen a la sociedad, cuando es un hecho el triunfo de clase del proletariado sobre la burguesía, el régimen de los cooperativistas cultos es el socialismo.60
(...) Si pudiéramos organizar en cooperativas a toda la población, pisaríamos ya con ambos pies terreno socialista. 61

Esta definición de Lenin tiene enorme importancia para la comprensión del proceso de construcción del socialismo. Con ella se establece que las categorías económicas pueden cambiar de contenido según el régimen social en que se desarrollen. A su vez, la definición del carácter socialista de las cooperativas tiene especial importancia para el desarrollo de la economía política del socialismo. Con esta definición se establece que las relaciones mercantiles, el uso del dinero y otras palancas económicas, que relacionan entre sí al Estado proletario y a las cooperativas socialistas, surgen no solamente sobre la base de la pequeña producción mercantil y el capitalismo, sino que también hay causas en el propio sector socialista de la economía que determinan la necesidad de la utilización de las relaciones monetario-mercantiles. 

Con ello, Lenin definió que las categorías mercantiles también pueden existir sobre la base del sector socialista de la economía, donde no existen ni la propiedad privada sobre los medios de producción, ni la explotación del hombre por el hombre. 

Este documento de Lenin, unido a sus muchas apreciaciones sobre los principios, la organización y los métodos de dirección económica en la construcción del socialismo, permiten declarar que Lenin enriqueció la teoría económica marxista del socialismo, la desarrolló en las nuevas condiciones históricas y sentó las bases teóricas para el ulterior desarrollo de dicha teoría. 

Citas


23 V.I. Lenin: Obras Completas, t. 1, p.92, Editorial Progreso, Moscú, 1981. 

24 
Ibídem, p. 99. 

25 Ibídem, t.6, p. 21l.

26 Ídem. 


27 V.I. Lenin: Obras Escogidas en tres tomos, t. 2, p. 679, Editorial Progreso Moscú, 1981. 

28 Ibídem, p.681.

29 
Ibídem, pp. 685-686. 

30 Acuerdos del Partido y del Gobierno sobre cuestiones económicas (1917-1967), t 1, p. 28 (texto en ruso), Editorial de Literatura Política, Moscú, 1967. 

31 Acuerdos del Partido y del Gobierno sobre cuestiones económicas (1917-1967), t 1, p. 28 (texto en ruso), Editorial de Literatura Política, Moscú, 1967.

32 
Ibídem, p. 137. 

33 Ibídem, pp. 138-139. 

34 Historia del Partido Comunista de la Unión Soviética, p. 391, 2da. ed., Moscú, s/a. 

35 Leon Trotsky: My Life, p. 463, Pathfinder Press, New York, Seventh printing, 1987.: “From the Urals I brought with me a store of economics observations that could be summed up in one general conclusion: war communism must be abandoned. My practical work has satisfied me that the methods of war communism forced on us by the conditions of civil war were completely exhausted, and that to revive our economic life the element of personal interest must be introduced at all costs; in other words, we had to restore the home market in some degree. I summitted to the Central Committee the project of replacing the food levy by a grain-tax and of restoring the exchange of commodities”. 

36 Ibídem p. 466: “The uprisings at Kronstadt and in the province of Tambov broke into the discussion as the last warning. Lenin shaped the first and very guarded theses on the change to the New Economic Policy. I subscribed to them at once. For me, they were merely a renewal of the proposals which I had introduced a year before”. 

37 Isaac Deutscher: Trotsky, el profeta desarmado, 2do. vol., pp. 101-102. 

38 Ibídem, p. 102. 

39 A. G. Löwy: El Comunismo de Bujarin, p. 177, Ediciones Grijalbo, Barce-lona, 1972. 

40 Ibídem, p.179.

41 
 Ibídem, p. 182

42 
Ídem

43 Nicolai Bujarin: Teoría Económica del Período de Transición, p.154, Siglo XXI, Argentina Editores S. A., Buenos Aires, 1974. 

44 
Ibídem, p.155. 

45 
Ibídem, 179. 

46 Historia del Partido Comunista de la Unión Soviética, p. 440, 2da. ed., Moscú.

47 A. G. Löwy: El Comunismo de Bujarin, p. 287, Ediciones Grijalbo, Barcelona, 1972. 

48 Eugenio Preobrajenski: La Nueva Economía, p. 167, Instituto del Libro, La Habana, 1968. 

49 
Ibídem, p. 236. 

50 V.I. Lenin: Obras Escogidas en tres tomos, t. 3, p. 616, Editorial Progreso, Moscú, 1981. 

51 Ibídem, pp. 620-621.

52 V. I. Lenin: Obras Escogidas en tres tomos, t. 3, pp. 617-618.

53 
Ibídem, p. 625. 

54 
Ibídem, p. 627. 

55 V.I. Lenin: Obras Completas, t. 33, p. 83, Editora Política, La Habana, 1964. 

56 Ibídem,pp. 98-99

57 
 Ibídem, p. 100. 

58 V.I. Lenin: Obras Completas, t.35, p. 552. 


59 Ibídem, p. 566 (cotejado con el texto en ruso).

60 
V.I. Lenin: Obras escogidas en tres tomos, t. 3, p. 789, Editorial Progreso, Moscú, 1981.

61 Ibídem, p. 791.