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viernes, 28 de agosto de 2026

Inflación: Una nueva aceleración

Por Ricardo González Aguila, LJC
28 agosto 2026




Al comenzar 2026, nuestros modelos situaban la inflación esperada en 12,1 % para todo el año. La estimación se basaba en la desaceleración observada en períodos anteriores y en el mantenimiento de las condiciones que la habían hecho posible. En la práctica, esto no significaba que los precios fueran bajos o asequibles para la mayoría de los hogares, sino que aumentarían a un ritmo menor.

Esa trayectoria se interrumpió. Entre diciembre de 2025 y julio de 2026, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) aumentó 15,1%, es decir, en siete meses, la inflación acumulada superó la prevista para todo el año. Desde marzo, además, el IPC se mantiene por encima del rango de variación previsto por el modelo y la brecha respecto a la inflación esperada continúa ampliándose. Esto indica que no estamos ante una fluctuación aislada, sino ante un cambio estadísticamente significativo y económicamente relevante en la dinámica de los precios.

Las cifras oficiales no recogen necesariamente toda la inflación experimentada por los hogares. El IPC conserva ponderaciones basadas en los patrones de consumo de 2010, aunque desde entonces han cambiado considerablemente la composición del gasto y los mercados en los que se realizan las compras. Aunque esta limitación exige cautela al interpretar las magnitudes, la comparabilidad de la serie permite examinar de forma continua la trayectoria de los precios e identificar cambios en su velocidad de crecimiento.

La evidencia disponible apunta, además, a que todavía podríamos no haber llegado a los meses más difíciles. Los factores que ayudaron a contener la inflación en años anteriores se están debilitando, mientras continúan acumulándose presiones fiscales, cambiarias y productivas. Si este deterioro persiste, el último trimestre podría registrar una inflación mayor que la observada en la actualidad.

De la desaceleración al cambio de trayectoria

El actual ciclo inflacionario comenzó en 2020, cuando Cuba registró, por primera vez en años, una inflación de dos dígitos (18,5 %). El Ordenamiento Monetario de 2021 representó, sin embargo, un cambio de escala. La devaluación oficial y el reajuste simultáneo de precios, salarios, pensiones y tarifas provocaron un incremento extraordinario de los precios y los costos empresariales. Posteriormente, la contracción de la producción, la escasez de bienes y divisas, los déficits fiscales, la emisión monetaria y la depreciación del peso en el mercado informal prolongaron el proceso.

Después del salto de 2021, la inflación comenzó a moderarse y descendió año tras año. Como muestra el Gráfico 1, pasó de 39,1 % en 2022 a 14,1 % en 2025. Seguía siendo una tasa elevada —en economías con estabilidad de precios, las metas suelen situarse alrededor de 2 % o 3 % anual—, pero la trayectoria era descendente.

Inflación: Una nueva aceleración 11

La moderación observada no fue resultado de una corrección estructural de los desequilibrios, sino de varios mecanismos de contención:Baja transmisión de la inflación hacia los ingresos. Los salarios estatales y las pensiones no aumentaron al mismo ritmo que los precios. La ausencia de mecanismos automáticos de indexación (ajustes periódicos de los ingresos de las familias en función del aumento de los precios) limitó la formación de una espiral entre precios e ingresos, pero trasladó buena parte del costo del ajuste hacia el poder adquisitivo de la población.

Contracción de la demanda interna. La recesión, la reducción de los ingresos reales y el debilitamiento de la inversión limitaron el consumo. Parte de la desaceleración respondió, por tanto, a la contracción de la demanda y no a una recuperación de la producción o la oferta.

Menores necesidades de financiamiento monetario. El déficit fiscal total del sector público disminuyó de 11,5% del PIB en 2023 a 7,3% en 2024 y 5,4% en 2025. Esta corrección acumulada de 6,1 puntos porcentuales redujo las necesidades de financiamiento del presupuesto y, por tanto, la presión para cubrirlas mediante emisión monetaria. De ese modo, se moderó una de las principales fuentes internas de inflación.

Contención administrativa de algunos precios. El tipo de cambio oficial permaneció fijo y numerosos precios y tarifas estatales continuaron administrados. Estos mecanismos limitaron la transmisión de mayores costos hacia determinados componentes del IPC, aunque su capacidad de contención se redujo a medida que la oferta estatal perdió participación frente a mercados con precios más flexibles.


Gráfico 1. Inflación anual en Cuba, 2021–2025 / Notas: Variación del IPC en diciembre respecto a igual mes del año anterior.

Cuba llegó así a diciembre de 2025 con una inflación en descenso, pero sin una estabilización macroeconómica consolidada ni una reactivación de la actividad económica que garantizara la continuidad de esa tendencia.

La inflación que cabía esperar en 2026

Para establecer un punto de comparación, estimamos cómo habría evolucionado el IPC si hubiera conservado las regularidades observadas hasta finales de 2025. Esta referencia permite evaluar si los precios siguieron la trayectoria esperada o comenzaron a aumentar más rápidamente.

El modelo considera la tendencia del IPC, la influencia de sus valores anteriores y los movimientos que suelen repetirse durante el año. Como muestra el Gráfico 2, reproduce de cerca la trayectoria observada hasta diciembre de 2025.


Gráfico 2. IPC observado, estimado y esperado, 2021–2026 / Notas: La línea gris representa el ajuste del modelo hasta diciembre de 2025; la azul discontinua, la trayectoria esperada para 2026. La línea vertical marca el inicio del pronóstico. El modelo se estima desde febrero de 2021 para evitar que el incremento excepcional asociado al Ordenamiento Monetario sea tratado como parte de la dinámica habitual de la inflación.

Con la información disponible hasta ese momento, el modelo situó la inflación esperada para 2026 en 12,1 %, ligeramente por debajo del 14,1 % registrado el año anterior. Esta previsión constituye la referencia para evaluar el comportamiento de los precios durante 2026.

El cambio de tendencia aparece en los datos

El Gráfico 3 compara la evolución real del IPC en lo que va de 2026 con su trayectoria esperada. En enero, los precios todavía se mantuvieron en línea con la desaceleración anterior. En febrero comenzaron a superar la trayectoria central prevista, aunque permanecieron dentro del rango estadísticamente esperado. Desde marzo, el IPC se situó de manera persistente por encima de ese rango.



Gráfico 3. En 2026, el IPC supera la trayectoria esperada / Notas: La línea negra muestra el IPC observado y la azul discontinua, la trayectoria esperada con información hasta diciembre de 2025. Las líneas grises delimitan el margen de predicción del 95 %.

La persistencia de esta desviación es relevante. Un dato aislado podría responder a un acontecimiento puntual o a la volatilidad habitual de la serie. En este caso, el IPC permaneció fuera del rango previsto durante cinco meses consecutivos y la brecha continuó ampliándose.

En julio, el IPC alcanzó 581,56 puntos. Desde diciembre de 2025, los precios habían aumentado 15,1 %, más del doble del 7,0 % esperado para igual período. La diferencia entre ambas tasas acumuladas fue de 8,1 puntos porcentuales. Además, en solo siete meses, la inflación observada ya superaba el 12,1 % previsto para todo 2026. En términos simples, esto significa que los precios están subiendo bastante más rápido de lo que se esperaba al comenzar el año, una señal de que las presiones inflacionarias se intensificaron durante el primer semestre.

Inflación: Una nueva aceleración 12

En conjunto, la persistencia y la magnitud de la desviación constituyen evidencia estadística de un cambio económicamente relevante en la dinámica de los precios.
Qué cambió en 2026

El cambio observado en la inflación no tiene una explicación única. Cuba comenzó 2026 con desequilibrios fiscales, monetarios, cambiarios y productivos que ya ejercían presión sobre los precios. Durante el primer semestre, además, la intensificación de las sanciones estadounidenses añadió restricciones externas sin precedentes recientes. Estas últimas constituyeron el rasgo distintivo del período, actuando sobre una economía profundamente debilitada por factores internos.

Inflación: Una nueva aceleración 13

Las sanciones pueden incidir sobre la inflación mediante cuatro canales principales:Combustibles, producción y costos internos. Las restricciones al suministro de petróleo profundizaron una crisis energética preexistente. La escasez de combustible afecta la generación eléctrica, el transporte, la producción y la distribución, lo que reduce la oferta y eleva los costos.

Pagos, transporte e importaciones. Las dificultades financieras y logísticas obstaculizan los pagos a proveedores, el traslado de mercancías y la reposición de inventarios. También afectan las importaciones privadas, que durante los últimos años ampliaron la oferta de alimentos y otros bienes de consumo.

Ingresos externos y tipo de cambio. La contracción del turismo y de la exportación de los servicios profesionales, junto con el deterioro de la inversión y el financiamiento externos, reduce la disponibilidad de divisas. En un mercado cambiario ya desequilibrado, esta reducción aumenta las presiones sobre el peso y encarece los bienes e insumos importados.

Cuentas fiscales y financiamiento monetario. La contracción de la actividad reduce los ingresos fiscales y amplía las presiones sobre el presupuesto. Después de disminuir hasta 5,4 % del PIB en 2025, el déficit fiscal total podría acercarse a 10 % en 2026. Su efecto sobre los precios dependerá también de las decisiones internas de gasto y de la forma en que se financie.

Estos canales se refuerzan mutuamente, debilitan la capacidad productiva y contraen la oferta agregada. La magnitud del deterioro es considerable: la CEPAL proyecta una caída del PIB cubano de 10,3 % en 2026, la mayor de la región. No se trata, por tanto, de una perturbación sobre un producto particular, sino de presiones simultáneas sobre la producción, los costos y varios de los mecanismos que determinan la inflación.

La coincidencia temporal y la consistencia de estos canales respaldan la hipótesis de que la intensificación de las sanciones contribuyó al cambio de tendencia observado. Sin embargo, sus efectos se combinan con desequilibrios fiscales, monetarios, cambiarios y productivos que ya existían. Nuestros modelos aún no permiten estimar qué proporción del aumento corresponde a cada factor.
Los alimentos refuerzan la señal

La evolución de los alimentos aporta evidencia adicional. Este componente representa cerca del 30 % de la canasta oficial usada en el IPC, una proporción inferior a la que actualmente ocupa en el gasto efectivo de los hogares. Su encarecimiento afecta especialmente a las familias de menores ingresos.

La inflación mensual de los alimentos se había desacelerado notablemente en los datos oficiales: su promedio descendió de alrededor de 4% en 2022 a 1,1% en 2025. Durante los primeros siete meses de 2026 aumentó hasta aproximadamente 2,5% mensual, más del doble del promedio del año anterior. En junio alcanzó 4,3% y en julio permaneció elevada, en torno a 3,5%.

 

Inflación: Una nueva aceleración 14

Esto significa que el precio de los alimentos no solo siguió aumentando, sino que comenzó a hacerlo a un ritmo cada vez mayor durante 2026, después de varios años en los que la velocidad de esos aumentos venía disminuyendo.

 
Gráfico 4. La inflación de los alimentos vuelve a acelerarse / Notas: Las barras muestran la variación mensual de los precios de los alimentos. La línea representa el promedio mensual de cada año.

Uno de los canales descritos anteriormente es el traslado de la depreciación del peso hacia los precios. Nuestras estimaciones indican que una depreciación de 10 % del tipo de cambio informal se asocia con un aumento adicional acumulado de aproximadamente 1,4 % en los precios de los alimentos durante los tres meses siguientes.

En junio, el tipo de cambio informal aumentó de 550 a cerca de 648 pesos por dólar como promedio mensual, mientras, en el Segmento III de las tasas oficiales publicadas por el Banco Central de Cuba, el aumentó fue de 502,6 a 554,3 pesos por dólar como promedio mensual. De acuerdo con la relación histórica estimada, un movimiento de esta magnitud se asocia con un incremento adicional acumulado de alrededor de 2,3 % en los precios de los alimentos durante los tres meses siguientes. Esto no significa un aumento de 2,3 % cada mes, sino que al finalizar ese período los alimentos podrían ser 2,3 % más caros de lo que habrían sido sin la depreciación de junio. El dato de julio podría recoger una parte de ese efecto; el resto podría manifestarse durante agosto y septiembre.

El repunte de los alimentos amplifica la dimensión social del proceso inflacionario. Como estos productos absorben una proporción mayor del gasto de los hogares de menores ingresos, su encarecimiento reduce con más intensidad el poder adquisitivo y aumenta el riesgo de inseguridad alimentaria.

Podríamos no haber llegado a los meses más difíciles

Los datos analizados del IPC muestran un patrón estacional: julio, agosto y septiembre suelen registrar aumentos inferiores al promedio mensual del año. Es decir, hay meses del año en los que, de manera recurrente, los precios tienden a subir más lentamente que en otros. En el caso cubano, julio, agosto y septiembre suelen ser meses de menor presión inflacionaria. Sin embargo, hacia el último trimestre, las estimaciones apuntan a una mayor inflación, aunque esa diferencia es menos concluyente estadísticamente (Gráfico 5).

Gráfico 5. La inflación suele moderarse entre julio y septiembre / Notas: Las barras muestran la diferencia estimada respecto al promedio mensual del año. Las líneas verticales muestran el margen de incertidumbre del 95%. Si cruzan el cero, la diferencia respecto al promedio no es concluyente (barras grises).

Cuba atraviesa en estos momentos el período habitualmente menos inflacionario del año. Aun así, en julio el IPC general aumentó 2,6 % y los precios de los alimentos, cerca de 3,5 %. Si las presiones no ceden durante los meses normalmente más moderados, el comportamiento observado hasta ahora podría no representar el momento de mayor intensidad del año.

Inflación: Una nueva aceleración 15

La estacionalidad no constituye un pronóstico ni permite afirmar con certeza que la inflación aumentará durante el último trimestre. Sin embargo, el período estacionalmente más favorable coincide con la acumulación de presiones fiscales, cambiarias y productivas.

En el frente fiscal, nuestras estimaciones sitúan el déficit de 2026 alrededor del 10 % del PIB, frente al 5,4 % registrado en 2025. Su efecto sobre los precios dependerá de la ejecución del gasto y, especialmente, de la forma en que se financie. Un aumento del financiamiento monetario podría intensificar las presiones inflacionarias hacia finales del año.

A ello se añade el posible efecto de las reformas económicas anunciadas en junio. Los ajustes de los precios administrados, las tarifas y el tipo de cambio oficial modificarían algunas de las anclas nominales que habían contribuido a contener la inflación y podrían elevar directamente el nivel de precios en el corto plazo.

El incremento salarial aplicado desde julio en el sector presupuestado beneficia a más de 1,2 millones de trabajadores y tiene un costo presupuestario anual estimado en 42 500 millones de pesos. La recuperación de los salarios resulta necesaria después de varios años de pérdida de poder adquisitivo. El riesgo no reside en el aumento en sí mismo, sino en que se produzca sin una recuperación paralela de la oferta, la productividad y los ingresos fiscales. En esas condiciones, parte del incremento podría trasladarse a los precios, especialmente si amplía el déficit y requiere financiamiento monetario.

También persisten riesgos sobre la oferta agrícola. Parte de los productos que llegarán al mercado durante el segundo semestre fue cultivada bajo mayores restricciones de combustible, fertilizantes y otros insumos. El aumento de los costos, las posibles pérdidas de rendimiento y las dificultades de distribución podrían trasladarse a los precios con cierto retraso.

Aunque ninguno de estos factores permite afirmar categóricamente que el último trimestre será más inflacionario, considerados conjuntamente constituyen señales de un posible deterioro adicional durante los próximos meses.
Las señales que seguiremos observando

El comportamiento de los próximos meses no dependerá de un único indicador, sino de la interacción entre las presiones existentes. Una depreciación persistente encarecería las importaciones y los alimentos; el deterioro fiscal reduciría la capacidad del Estado para contener sus efectos; y las reformas de precios, tarifas y salarios podrían añadir un nuevo impulso si no están acompañadas por una recuperación de la oferta y fuentes sostenibles de financiamiento.

El principal riesgo es que estos mecanismos comiencen a reforzarse mutuamente y conviertan la desviación observada durante el primer semestre en una nueva dinámica inflacionaria. Por ello, Señales seguirá, no solo la evolución del IPC, sino también los factores que permitirán distinguir entre un choque transitorio y un proceso más persistente.

La tormenta todavía no puede medirse en toda su magnitud. Pero ya no es solamente una amenaza en el horizonte: sus primeras señales aparecen en los datos.

martes, 25 de agosto de 2026

La inflación en Cuba: una batalla por la supervivencia de la Revolución y el bienestar del pueblo


agosto 22, 2026

Cuando uno se sienta a reflexionar sobre la inflación cubana, no puede hacerlo ni desde la fría estadística ni desde los manuales de economía escritos en países sin bloqueo. Hay que hacerlo desde la trinchera, desde la resistencia diaria de un pueblo que lleva más de seis décadas demostrando que no se rinde. Porque esto, compañeros, no es un problema técnico: es una batalla política, y en ella está en juego nada menos que la supervivencia de la Revolución y el bienestar de nuestro pueblo.

La inflación: un termómetro de la agresión imperialista

No podemos hablar de inflación sin hablar de su causa fundamental: el bloqueo criminal de Estados Unidos. Las cifras oficiales hablan de un 18,27% de inflación interanual en el mercado formal, pero cualquier cubano sabe que la realidad es más dura. El cerco petrolero que Washington impuso desde enero ha disparado los precios de manera transversal y a niveles descomunales, especialmente en la alimentación y el transporte.

El Partido Comunista y el gobierno han reconocido con honestidad revolucionaria que hay «una acumulación de distorsiones, adversidades, dificultades y errores propios, exacerbados por un bloqueo externo extremadamente agresivo”. Y frente a eso, la respuesta no puede ser la resignación. Como ha dicho el presidente, «no hay espacio para la gestión resignada de la crisis».

¿Qué nivel de inflación sería sano para nuestro pueblo?

En una economía normal, sin bloqueo, con producción propia y moneda estable, el objetivo sería una inflación entre el 2% y el 5% anual. Pero en Cuba, con un bloqueo que nos estrangula, hablar de esas cifras hoy sería irrealista.

El nivel de inflación que sería sano para nuestro pueblo es aquel que permita que una familia con un salario medio pueda cubrir sus necesidades básicas sin tener que vender lo poco que tiene. Y eso pasa por estabilizar la macroeconomía, porque como ha dicho el presidente, la estabilidad macroeconómica «no es un lujo tecnocrático; es una condición para que los salarios valgan la pena, para que el mercado funcione, no por sí mismo, sino para garantizar una política social sostenible”.

Las transformaciones necesarias: una mirada desde la conciencia revolucionaria.

Se han aprobado 176 medidas económicas que representan la transformación más profunda de nuestra economía socialista en décadas. No las hemos hecho para complacer a nadie, es para sobrevivir. Como ha dejado claro Díaz-Canel: “Se trata, por encima de todo, de salvar la Revolución”.

En esta tarea esencial para bajar los precios y con ello los niveles de inflación, estas son algunas de las propuestas que hacemos:

Primero: dejar de financiar el déficit con emisión monetaria. Esto no es una concesión al neoliberalismo, es una necesidad marxista. Cuando el Estado emite dinero sin respaldo, lo que hace es un impuesto invisible sobre los que menos tienen. Por eso el gobierno está trabajando en la estabilización macroeconómica como condición para que los salarios recuperen su valor.

Segundo: unificar el tipo de cambio. La multiplicidad cambiaria distorsiona toda la economía. Un tipo de cambio único, aunque alto, daría señales claras a los productores y a los importadores. Y en una economía que depende de lo que viene de fuera por culpa del bloqueo, eso es vital.

Tercero: transformar la empresa estatal. Las empresas públicas se están convirtiendo en sociedades mercantiles, con autonomía de gestión y expuestas incluso a reestructuraciones si acumulan pérdidas. El objetivo es claro: hacer más eficiente el sector estatal, sanearlo, evitar el derroche. Marx ya mostró cómo la eficiencia es una fuerza objetiva que, incluso en el socialismo, debe ser gestionada.

Cuarto: abrir espacios al sector no estatal. Se han aprobado miles de MIPYMES, se ha ampliado el límite de trabajadores y se permite la inversión de cubanos residentes en el exterior. No estamos hablando de grandes capitalistas, acaso de pequeños y medianos productores que, insertos en la economía nacional, pueden aportar mucho. No se cede la propiedad de los medios fundamentales de producción, eso no se negocia.

Quinto: atacar el problema energético como una emergencia nacional. El bloqueo petrolero de Estados Unidos ha paralizado nuestra economía. Por eso se ha autorizado la primera inversión extranjera para importar y vender combustible, y casi 200 empresas cubanas ya tienen permiso para la distribución mayorista de combustible. Es supervivencia, no entrega.

Sexto: proteger a los más vulnerables. Se eliminan subsidios universales y se concentran en los que más lo necesitan. El Presupuesto del Estado subsidiaba el sector empresarial con 92,5 mil millones de pesos, la mitad destinada a tarifas eléctricas. Revisar y eliminar gradualmente esa carga es coherente con una gestión socialista racional.

La unidad del pueblo como arma principal

Frente a quienes desde fuera nos etiquetan como un «estado fallido», el presidente ha respondido con la verdad de los hechos: «¿Un estado fallido podría enfrentar un huracán como Melissa y superar el desafío de proteger la vida del pueblo en momentos muy críticos para la economía?

Los que odian a Cuba olvidan que en nuestra Isla el Estado somos todos. El tejido social que la Revolución ha creado en cuadras, barrios y comunidades es más poderoso que cualquier Estado típico. El poder del pueblo, ese es el verdadero poder.

Como ha dicho Roberto Morales Ojeda, la respuesta del pueblo y el gobierno cubano no es la rendición, sino la preparación meticulosa y la movilización colectiva, demostrando una vez más que la unidad y la inteligencia son los pilares para avanzar.

Conclusión: una revolución que se reinventa

La inflación en Cuba no es un número, es un termómetro de la agresión imperialista y de nuestra capacidad de resistencia. Las transformaciones que estamos aplicando no son perfectas, tendrán contradicciones, pero es mejor avanzar con correcciones que quedarnos paralizados mientras el bloqueo nos asfixia. Como he mencionado antes.

«No vamos a implementar un capitalismo depredador ni a realizar una privatización masiva de los activos nacionales, como algunos temen. No habrá privatización de la salud, la ciencia, la cultura o los servicios estratégicos para la nación”.

La Revolución no se arrodilla, se reinventa y se fortalece en la adversidad. Porque como nos enseñó Fidel,

“Revolución es sentido del momento histórico, es cambiar todo lo que debe ser cambiado, es defender los valores en los que se cree a costa de cualquier sacrificio”. Y eso, más que cualquier cifra, es lo que realmente nos mantiene en pie.

El camino es difícil, pero el rumbo es claro: salvar la Revolución, construir una sociedad más justa y mejorar la vida de nuestro pueblo. Esa es la batalla que estamos librando. Y la vamos a ganar.

*El autor es MsC. y vicepresidente de la ANEC Nacional.

martes, 14 de julio de 2026

Inflación en 2026: ¿entra Cuba en una nueva fase?

 La inflación es uno de los principales desafíos económicos de Cuba hoy, un grave problema que pudiera entrar en una nueva fase durante la segunda mitad de este año.






Los datos disponibles hasta mayo de 2026 sugieren que la inflación está creciendo por encima de lo que podía esperarse a partir de las tendencias observadas durante los años anteriores en Cuba.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

La inflación es uno de los problemas económicos que más preocupa hoy a la población cubana. Antes de que comenzara 2026, Cuba era ya una economía con una inflación elevada. En 2025, el índice de precios al consumidor (IPC) cerró en torno al 15%, muy por encima de los niveles que suelen considerarse compatibles con la estabilidad de precios.

Durante los últimos años, la explicación a este fenómeno parecía relativamente clara. Se debía, entre muchas causas, a los desequilibrios monetarios acumulados, la persistencia de déficits fiscales elevados, las dificultades del sistema financiero para recuperar la confianza de la población tras el Ordenamiento Monetario y unas reformas insuficientes que no lograron acelerar el crecimiento económico.

A pesar de estos problemas, la inflación había mostrado una tendencia descendente desde 2021: los precios seguían creciendo, pero lo hacían cada vez a menor velocidad.

En 2026 esa historia comenzó a cambiar. La economía cubana empezó a enfrentar nuevas sanciones energéticas, financieras y comerciales que están alimentando desequilibrios ya existentes. Los datos disponibles hasta mayo sugieren que la inflación está creciendo por encima de lo esperado. Y lo más importante: existen razones para pensar que una parte de las presiones inflacionarias que hoy enfrenta la economía todavía no se ha trasladado plenamente a los precios.

Para el segundo semestre de este año, las medidas económicas aprobadas por el parlamento cubano el 18 de junio introducen una nueva dimensión al análisis: la forma y velocidad con que se implementen estas transformaciones influirá sobre una dinámica de precios que ya muestra señales de cambio. 

Una economía que ya venía inflacionada

Desde enero de 2021, con la implementación del Ordenamiento Monetario (programa de ajuste monetario y cambiario), las y los cubanos hemos vivido de forma permanente en una economía inflacionaria. Incluso descontando las limitaciones metodológicas del IPC oficial, el aumento acumulado de los precios durante los últimos años ha sido significativo.

Para el infográfico Índice de Precios al Consumidor en Cuba y España. Trayectorias acumuladas 2021-2025, ambas series fueron reescaladas a una base común (enero de 2021=100) con el objetivo de comparar la trayectoria acumulada de los precios en cada país. El gráfico no debe interpretarse como una comparación directa de niveles de precios o costo de vida, ya que los índices de precios al consumidor se construyen a partir de canastas, ponderaciones y metodologías estadísticas diferentes. En el caso cubano, además, la existencia de mercados segmentados, escasez y precios informales implica que el IPC oficial puede no reflejar plenamente todas las presiones inflacionarias presentes en la economía.



La comparación con España no tiene un significado especial más allá de servir como referencia visual de una economía con inflación relativamente baja y estable. No pretende contrastar niveles de precios o costo de vida, ya que ambos índices se construyen utilizando metodologías y canastas diferentes. Su objetivo es ilustrar cuán distinta ha sido la trayectoria acumulada de los precios en Cuba durante los últimos cinco años.

Mientras España logró mantener una inflación relativamente contenida incluso después de la crisis internacional de precios de 2022, Cuba acumuló incrementos mucho mayores y más persistentes. La economía llegó a 2026 con una inflación elevada, aunque mostrando señales de desaceleración respecto a los años inmediatamente posteriores al Ordenamiento. La pregunta es si esa desaceleración continúa existiendo. 

¿Qué cambió en 2026?

A diferencia de años anteriores, 2026 ha estado marcado por la aparición simultánea de varios factores de incidencia.

En los primeros meses del año, la economía cubana enfrentó nuevas sanciones energéticas, financieras y comerciales de una magnitud poco habitual incluso para los estándares recientes del país.

Entre ellas, destacan el bloqueo de Estados Unidos al suministro de combustibles (29/1/2026), las amenazas sobre inversionistas extranjeros (1/05/2026), el aumento del riesgo de una escalada militar, las dificultades para realizar pagos internacionales tras la salida de Visa y MasterCard (5/06/2026), la interrupción de operaciones de navieras (15/05/2026) y la paralización o retirada de inversionistas extranjeros en sectores estratégicos como el turismo, los vuelos internacionales, la minería y la energía. Cada uno de estos acontecimientos tendría capacidad para afectar la inflación por separado. Lo excepcional es que todos estén ocurriendo casi al unísono.

Las consecuencias potenciales son conocidas y operan a través de diferentes canales. Menos combustible implica mayores costos de transporte y producción. Menos financiamiento externo reduce la capacidad para sostener importaciones y presiona sobre el mercado cambiario. Más dificultades para realizar pagos internacionales encarecen operaciones comerciales. Una menor inversión extranjera limita la generación futura de divisas.

Y un entorno de incertidumbre creciente suele terminar reflejándose en las decisiones de consumidores, empresas e inversionistas. La combinación de estos factores presiona al alza los precios domésticos. 

¿Se están expresando las sanciones del primer semestre de 2026 sobre la inflación?

La respuesta es sí, pero no podemos saber con exactitud en cuánto: una parte importante de los aumentos de precios observados hoy son el reflejo de desequilibrios acumulados durante años anteriores. Eso quiere decir que, incluso si ninguna de las sanciones recientes hubiese ocurrido, los precios probablemente habrían continuado creciendo.

Por esa razón, comparar simplemente la inflación de 2026 con la de 2025 dice poco a la hora de determinar si las sanciones están induciendo presiones inflacionarias adicionales.

El verdadero desafío consiste en separar, al menos parcialmente, la inflación que ya venía incorporada en la dinámica de la economía cubana de aquella que podría estar asociada a los nuevos acontecimientos del año en curso. Como no podemos observar qué habría ocurrido en una Cuba donde estas sanciones no existieran, la única alternativa es aproximarnos a ese escenario de forma indirecta.

Con ese objetivo se construyó una trayectoria esperada de la inflación utilizando únicamente la información cuantitativa disponible hasta diciembre de 2025. La idea fue estimar mediante un modelo de predicción cómo habría evolucionado el IPC en 2026 si se hubiesen mantenido las condiciones prevalecientes a finales del año anterior. Asumiendo cierta similitud en las causas internas de la inflación entre 2025 y 2026, la diferencia entre esa trayectoria esperada (predicción) y la inflación efectivamente observada ofrece una primera aproximación al posible efecto de las nuevas sanciones sobre los precios.

Una cuestión central en este esfuerzo es contar con una herramienta capaz de reproducir el comportamiento histórico de la inflación. Como muestra el infográfico Inflación observada y su trayectoria esperada en Cuba (2021-enero 2026), la trayectoria estimada por el modelo sigue con bastante precisión la evolución observada del IPC entre 2021 y 2025. Esto sugiere que captura adecuadamente los principales patrones de la inflación cubana durante ese período y permite utilizarlo como referencia para evaluar si en 2026 comenzó a ocurrir algo distinto.


La línea roja muestra el ajuste del modelo a los datos observados durante el período utilizado para la estimación (marzo de 2021-diciembre de 2025). La línea verde representa la trayectoria esperada del IPC a partir de enero de 2026, proyectada utilizando exclusivamente la información disponible hasta diciembre de 2025. La línea gris con marcadores corresponde a los valores observados del IPC reportados por la Onei. La línea vertical discontinua indica el inicio del período de pronóstico fuera de muestra.

El modelo proyectaba una inflación de aproximadamente 11,8% en diciembre de 2026. Una inflación elevada, pero inferior al 15% registrado en 2025 y consistente con la desaceleración gradual observada durante los años previos. A estas alturas puede afirmarse que ese escenario difícilmente se materializará, pues solo hasta mayo de 2026 el IPC acumulado alcanzaba ya 9,16%. 

Cuando la inflación comenzó a desviarse en 2026

Durante enero y febrero, la inflación observada siguió una trayectoria muy similar a la esperada, se ubicaba dentro de los márgenes de confianza de la predicción.

Sin embargo, a partir de marzo comenzó a abrirse una brecha que se amplió en abril y mayo, como se muestra en el infográdico Inflación observada y su trayectoria esperada en Cuba (enero 2025-diciembre 2026). La línea verde representa la trayectoria esperada del IPC utilizando exclusivamente la información disponible hasta diciembre de 2025. La línea gris con marcadores corresponde a los valores observados del IPC reportados por la Onei. Las líneas rojas discontinuas son intervalos de confianza del pronóstico al 95%.


Hasta mayo de 2026 la inflación acumulada alcanzó 9,16 %. De acuerdo con la trayectoria esperada, debía haber sido aproximadamente 6,2 %. La diferencia -casi tres puntos porcentuales- constituye una señal de que nuevas presiones inflacionarias comenzaron a manifestarse durante el primer semestre. Aunque no puede establecerse una relación causal concluyente, parece evidente que esas presiones vienen en gran medida determinadas por las nuevas sanciones.

Otro elemento relevante es la persistencia de la brecha. Los precios no sólo crecieron más rápido de lo esperado, sino que la diferencia respecto a la trayectoria proyectada se mantuvo y amplió durante varios meses consecutivos.

Resumiendo, los resultados sugieren que la inflación observada entre marzo y mayo ya no puede explicarse completamente a partir de las tendencias heredadas de los años anteriores. Bajo las condiciones prevalecientes hasta finales de 2025, una trayectoria como la observada durante el primer semestre resultaba poco probable. La coincidencia temporal entre esta desviación y la aparición de nuevas restricciones energéticas, financieras y comerciales es consistente con la hipótesis de que estos choques comenzaron a trasladarse gradualmente a los precios internos. 

La inflación que todavía no aparece completamente en los datos

Aunque el comportamiento futuro del IPC habrá que seguir monitoreándolo, existen motivos para anticipar un segundo semestre particularmente complejo en materia inflacionaria. Los resultados anteriores sugieren que nuevas presiones comenzaron a manifestarse durante la primera parte del año, pero esto podría ser solo el comienzo de una espiral que se expresará con mayor énfasis en el segundo semestre del año. .

Al menos cuatro mecanismos apuntan en esa dirección:

  • Depreciación del tipo de cambio informal. Entre el 21 de mayo y el 15 de junio de 2026, el dólar estadounidense pasó de aproximadamente 550 CUP a 660 CUP, una depreciación cercana al 20 % en menos de un mes (El Toque, 2026). Este movimiento resulta especialmente importante porque el mercado cambiario informal funciona como referencia para una parte significativa del sector privado y para numerosos mecanismos de formación de precios dentro de la economía. No existen razones evidentes para pensar que esta depreciación sea un fenómeno puramente transitorio. Por el contrario, parece reflejar el deterioro simultáneo de fundamentos económicos: menores ingresos de divisas, dificultades crecientes para acceder a financiamiento externo, interrupciones en actividades exportadoras y un aumento general de la incertidumbre. En estas condiciones, es razonable esperar que una parte de esa depreciación continúe trasladándose gradualmente hacia los precios internos durante los próximos meses.
  • Aumento continuo de los costos de producción y distribución. Los costos de producción continúan aumentando como resultado de las interrupciones energéticas, las dificultades logísticas, el encarecimiento del transporte, el mayor costo financiero y las restricciones para acceder a insumos importados. En muchos casos existe un desfase temporal entre el momento en que estos costos aumentan y el momento en que terminan reflejándose en los mercados de consumo. La agricultura constituye probablemente el ejemplo más evidente. Una parte importante de la producción agropecuaria que llegará a los mercados durante el último trimestre del año se está produciendo actualmente a mayores costos. Por ello, es posible que una parte de las presiones inflacionarias asociadas a estos factores todavía no se encuentre plenamente incorporada a los precios observados.
  • Deterioro de las cuentas fiscales y monetarias. Con una economía estatal sometida a crecientes dificultades operativas, es razonable anticipar una caída drástica de los ingresos públicos y, como consecuencia, una ampliación considerable del déficit fiscal. A diferencia de años anteriores, la posibilidad de reducir significativamente el gasto público resulta limitada porque los servicios básicos ya están sujetos a tensiones extraordinarias. Esto aumenta el riesgo de que se multipliquen los desequilibrios monetarios y como consecuencia la inflación.
  • Expectativas e incertidumbre. La economía cubana enfrenta hoy un escenario de elevada incertidumbre, marcado por la posibilidad de nuevas sanciones, una escalada de las tensiones con Estados Unidos -que incluyen posibles acciones de naturaleza militar- así como eventos climáticos o sanitarios imprevistos. En algún momento, estos acontecimientos podrían desanclar las expectativas de hogares y empresas. Cuando las personas comienzan a anticipar mayores aumentos de precios, tienden a adelantar compras, demandar más divisas o ajustar preventivamente sus precios y salarios. Estos comportamientos pueden convertirse en una fuente adicional de inflación, incluso antes de que los choques reales se reflejen plenamente en la economía. 
¿Impactará el nuevo programa económico sobre la inflación del año?

Para completar el panorama, el 18 de junio de 2026 el parlamento cubano aprobó un programa de transformaciones económicas basado en 176 medidas que modifican los fundamentos tradicionales del modelo económico. Aunque, a largo plazo, este programa tiene el potencial de colocar a la economía cubana en una senda de crecimiento más dinámica, sus efectos de corto plazo podrían resultar económicamente y políticamente desestabilizadores.

Una parte importante de las medidas propuestas descansa sobre la desregulación de precios y costos en el sector estatal -salarios, tarifas, tipo de cambio y tasas de interés, entre otros- y su transición hacia mecanismos de mercado. La experiencia internacional muestra que este tipo de transformaciones suele ser una condición necesaria para mejorar la eficiencia y estimular el crecimiento.

Sin embargo, también demuestra que los procesos de liberalización de precios suelen generar tensiones macroeconómicas y distributivas significativas durante las primeras etapas de implementación.

La magnitud de este impacto sobre la inflación dependerá, naturalmente, de la velocidad y profundidad con que avance el programa. En determinados escenarios, este canal podría llegar a tener efectos incluso más importantes que los descritos anteriormente. No obstante, dadas las actuales condiciones económicas y geopolíticas, parece poco probable que el gobierno opte por una implementación particularmente acelerada.

Las tensiones externas, la fragilidad de la situación interna y los elevados costos sociales asociados a un ajuste rápido constituyen incentivos poderosos para avanzar de forma más gradual. 

¿Entramos realmente en una nueva fase inflacionaria?

Es altamente probable que así sea. Los datos disponibles sugieren que la trayectoria de desaceleración observada durante los últimos años podría haber comenzado a interrumpirse.

Esta posible ruptura ocurre en un contexto excepcional: una economía que ya arrastraba importantes desequilibrios internos enfrenta ahora sanciones energéticas, financieras y comerciales de una magnitud poco habitual. Además, previsiblemente, el segundo semestre será clave en el despliegue de un programa de transformaciones económicas que podría generar nuevas presiones sobre los precios en el corto plazo.

La inflación que observamos hoy parece ser apenas la primera manifestación de tendencias económicas que todavía se encuentran en pleno despliegue. Si esta lectura es correcta, el principal desafío ya no será explicar lo ocurrido durante el primer semestre, sino comprender cuánto de lo que está por venir ya comenzó a gestarse.

También obligará a revisar algunas ideas establecidas sobre las causas de la inflación en Cuba y, por extensión, sobre las políticas más adecuadas para enfrentarla. (2026)

sábado, 15 de noviembre de 2025

La operación El Toque: Una maniobra contra el pueblo de Cuba. Comentario HHC

 



La denuncia realizada a través de la Televisión Cubana la noche del miércoles, puso sobre el tapete el entramado de acciones ilegales que conforman la estrategia desestabilizadora del Gobierno de EE. UU. contra Cuba.

El Toque, medio contrarrevolucionario financiado por el Departamento de Estado y los servicios especiales estadounidenses, fue denunciado ante la opinión pública, como lo que verdaderamente es, un instrumento de subversión contra la Mayor de las Antillas.

Durante décadas, EE. UU. se ha empeñado en vencer al insumiso archipiélago. ¿Cuántas veces han intentado provocar un estallido social en Cuba y reeditar episodios fabricados por ellos en otras regiones del mundo?

En los últimos años triplicaron el presupuesto para la guerra multiforme contra la Mayor de las Antillas; el objetivo ha sido provocar el mayor dolor posible, utilizando la penuria como arma, el hambre y muchos otros males, verdaderos jinetes del Apocalipsis, lanzados sobre el pueblo para destruir su capacidad de resistencia, desmoralizarlo y vencerlo.

El bloqueo económico, vinculado a la agresión permanente a la siquis, ha sido llevado a niveles de precisión quirúrgica. Apuestan por crear un escenario caótico, apagando nuestros hogares, paralizando la industria, el transporte, la vida.

Como elemento fundamental, la comunidad de inteligencia de Estados Unidos lleva a cabo una estrategia para distorsionar las finanzas cubanas e inducir la inflación a lo interno del mercado cubano.

La estrategia de guerra económica se divide en varias etapas: desabastecimiento, inflación inducida, boicot de suministros y bloqueo financiero para limitar al máximo la entrada de divisas al país, fundamentalmente de dólares. Estas acciones tuvieron esencial énfasis en las maquinaciones contra el turismo y los servicios médicos.

La segunda fase incluye la utilización de plataformas financiadas por la administración norteña, como El Toque, para estimular la inflación. Los antecedentes de este fenómeno se encuentran en procedimientos similares llevados a cabo por Washington en Nicaragua, Zimbabue, Argentina (Dólar Blue, vía Telegram) y Venezuela (Dólar Today, vía web).

El Toque, con el pretexto de brindar información «independiente» y «objetiva», cumple la tarea de degradar el nivel de ingreso de la población, mediante la manipulación especulativa de la tasa de cambio.

Como bien denunció la Televisión Cubana, su director, José Jasán Nieves, es un receptor del dinero del Departamento de Estado, de Estados Unidos. Con parte de esos dólares que se entregan, por supuesto intentando ocultar el oscuro propósito que guía tal acción, se pretende formar «líderes de cambio» desde el sector privado de la economía.

Al estilo de los especuladores de oficio que medran en el mundo con la pobreza de las mayorías, sin que ocurra ningún suceso económico real que lo motive, la tasa de cambio sube o baja, se mueve misteriosamente, siempre a favor de sus operadores.

Tráfico de divisas, especulación financiera, mercenarismo, fueron denunciados; se trata de un negocio redondo que fructifica a costa del pueblo cubano, de delitos duramente castigados por las leyes internacionales.

(Tomado de Granma)

Comentario HHC: Muchos llevamos años denunciando lo nocivo del Mercado Ilegal de Divisas y la necesidad de tener uno solo, como se hizo en la década del 90 del siglo pasado. En aquel entonces, debió eliminarse el CUC y dejar el CUP fortalecido, o dejar el CUC,  como moneda única, tampoco se hizo y a la larga seguimos por años, con las dos, y desperciamos la oportunidad del Boom de la relación Venezuela- Cuba. 

Me causa asombro que dejemos crecer los problemas una y otra vez. El Minint ha confirmado, lo que era evidente y claro había que tener pruebas y eso lleva tiempo desmostrarlo.  Pero los economistas  sabemos, que la inflación es de lo mas dañino para el buen funcionamiento de la economía , de todas, y se combate o trata de hacerse siempre. Para decirlo simple, el deterioro del salario real por la inflación, afecta el poder adquisitivo y disminuye el interes por el trabajo, lease ademas productividad y el estimulo a lña producciñon de bienes y servicios, es una cadena en espiral que hay que atajar y corregir a tiempo.  Hasta el incapaz de Trump acaba de quitar los aranceles a productos de primera necesidad que importan, por la inflación generada con su arbitraria, anárquica  e ilegal politica arancelaria.

Ahora bien, el fracaso del Ordenamiento propiciado por Marino Murillo - Gil, tenia errores de concepción desde el principio, y no se atendieron, pareciera que se iban "arreglar sobre la marcha" , y para colmo el brazo ejecutor Gil, resulto un traidor. El Toque además se aprovecho de nuestras carencias de respuestas, de ajustes, y optamos, además por "financiar el deficit" fiscal emitiendo bonos, que puede ser una solución coyuntural, pero se hizo solemnemente por años en la Asamblea Nacional. 

Otro ejemplo de falta de integralidad y previsión,  y lo digo con pesar,  es autorizar Mipymes, que tenían de facto, por fuente de divisas principal, el mercado ilegal , ese, el negro, el mismo que floreció en la década del 90, y hoy en día, es decir la mesa servida para el Toque.

¿Donde empiezan y donde terminan, el accionar contrarrevolucionario del Toque y la ingenuidad nuestra y la falta de respuestas para contrarrestar esas agresiones ? ¿ Donde quedó la estrategia de Martí de Plan contra Plan?. De eso tambien se trata, porque si bien no hay que permitir las agresiones del enemigo, tampoco hay que contemplarlas en calma.




Hay que actuar cuando los indicadores de la economía empiezan a deteriorarse , esas son las señales, y si además algunas vienen propiciadas desde el exterior, hay que combatirlas, denunciarlas.  Esa ha sido la historia nuestra desde el 1ero de enero de 1959.


miércoles, 24 de septiembre de 2025

Inflación y poder adquisitivo en el contexto cubano. Una reflexión sobre los datos y los relatos.

Por: Joel Ernesto Marill Domenech

Uno de los debates más candentes en los últimos años en Cuba ha rondado sobre los efectos que ha provocado la inflación sobre la vida y el poder adquisitivo de las familias cubanas. En este texto, se presentan algunas ideas generales sobre los principales aspectos que han conformado dicho debate.  

Debate sobre la medición de la inflación: índice de precios o deflactor.

Existe un primer gran tema de debate sobre la medición de la inflación: ¿Cuánto ha sido la inflación real experimentada desde el inicio de la crisis económica en 2019? y por consiguiente ¿Cuánto ha sido la pérdida de poder adquisitivo/capacidad de compra de los hogares cubanos en dicho período? En sentido general las estadísticas oficiales ofrecen dos indicadores claves para medir este proceso.

En primer lugar, el Índice de Precios al Consumidor o IPC de carácter mensual. El cual estaría indicando que entre 2018 y 2024 los precios que pagan los consumidores cubanos se habrían incrementado como promedio unas 3.7 veces. Este indicador, ha sido cuestionado por varios colegas, en tanto pareciera estar subvalorando el impacto inflacionario real percibido por las familias.

Para ejemplificar este cuestionamiento vale la pena poner en contexto dicho indicador: entre 2018-2024 el salario medio estatal se multiplicó 6.5 veces, esto implicaría que tomando como base el índice de precios al consumidor el salario real había crecido en cerca de un 60% (Tabla 1). O lo que es lo mismo, que el poder de compra de los salarios estatales se habría incrementado desde 2019. Este resultado, que contradice el proceso de deterioro del nivel de vida percibido por las familias, daría señales de la necesidad de buscar otros indicadores más ajustados para medir la inflación.

            Tabla 1: Datos sobre la inflación, el salario real, la producción y la oferta monetaria. (2018 - 2024)


Fuentes: IPC, Deflactor Gasto de Hogares, PIB, PIB Agrícola y PIB Manufacturero: Anuario Estadístico de Cuba. Capítulo Cuentas Nacionales.

Salario Nominal: Anuario Estadístico de Cuba. Capítulo Empleo y Salario.

Salario medio estatal real: Construcción propia a partir del Salario Nominal y los índices de precios del IPC y el Deflactor del Gasto en Consumo de los Hogares.

Déficit Fiscal y Oferta Monetaria (M2A): Anuario Estadístico de Cuba. Capítulo Finanzas.

Pero la oficina de estadística nos ofrece un segundo indicador clave. Uno mucho menos empleado, pero igualmente importante: el deflactor de gastos de consumo de los hogares. A diferencia del IPC, este indicador mide el aumento de precios en los gastos de los hogares en todos los mercados sin depender de una encuesta base. Este indicador reportado anualmente, estaría indicando que entre 2018 y 2024 los precios que pagan los hogares cubanos se habrían incrementado hasta unas 17.8 veces, o lo que es lo mismo una inflación en el entorno del 1.688% de inflación. (Tabla 1)

Tomando como base este indicador, la pérdida de poder adquisitivo de los salarios estatales entre 2018 y 2024 se encontraría cerca de un 60% (Tabla 1). Una cifra que parecería más cercana al deterioro observado del nivel de vida de los trabajadores cubanos en la etapa.

Como dato adicional comentar que la Reserva Federal de los Estados Unidos, mide su objetivo de inflación a partir del “deflactor del gasto de consumo de los hogares” y no por el IPC. El deflactor del gasto parecería acomodarse mejor a cambios en la estructura del consumo de los hogares, más aún, si la encuesta que sustenta la estructura del IPC se encuentra desactualizada.  

Para el caso cubano, aunque el índice de precios al consumidor (IPC) puede dar señales de la tendencia del proceso inflacionario -si se acelera o desacelera-, para un análisis de la inflación acumulada sufrida por las familias resulta más adecuado emplear el deflactor de los gastos de hogares.

Causas de la inflación: una mirada rápida a los desequilibrios agregados.

Sobre las causas de la inflación creo que se ha debatido mucho. Con mayor o menor nivel de profundidad analítica. Y aunque hay visiones alternativas del tema, creo que existe un consenso amplio de que sus causas fundamentales están dadas por los desequilibrios agregados que ha sufrido el país en los últimos cinco años. Pero para los que aún no estén convencido de ello un recordatorio:

a. Entre 2018 y 2024 la producción agrícola del país se ha contraído un 62% en términos reales. O para decirlo de otra forma. Cuba produjo en 2024 el 38% de la producción agrícola que generó en 2018. No es de extrañar luego, que la mayor parte de la inflación se concentrará en los alimentos.

b. En segundo lugar, la producción industrial en el período se contrajo un 47%, produciendo en 2024 poco más de la mitad de lo alcanzado en 2018 (Tabla 1).

c. Y finalmente por el lado de la demanda las cosas no han sido mejores. Entre 2018 y 2024 el déficit fiscal acumulado demandó una emisión monetaria para su financiamiento de más de 355.000 millones de pesos. Que se dice pronto, pero supuso multiplicar la cantidad de dinero en la economía como mínimo en casi 4 veces (Tabla 1).

No hay que buscar muchas explicaciones “extra económicas” para explicar un proceso inflacionario en un contexto donde la producción material de un país cae a la mitad y la cantidad de dinero se multiplica por 4 veces. En la práctica no hay forma de que la inflación no alcance niveles de más de dos dígitos. 

Causas de la pérdida de poder adquisitivo: una nota sobre la dicotomía clásica.

Un tema más interesante sería: ¿Qué causó la pérdida del poder adquisitivo? O sea, la capacidad de comprar cosas de las familias cubanas. Porque si bien la inflación tiene causas de oferta y de demanda, una parte de los economistas -en la que me incluyo-, argumentaríamos que la caída del poder adquisitivo es fundamentalmente -no exclusivo, pero esencialmente- un proceso por el lado de la oferta.

Toda inflación no implica siempre pérdida de poder adquisitivo, de hecho, muchas economías experimentan inflación incluso moderada -por arriba del 5%- y los salarios reales crecen. Pero la cuestión no es menor, y en muchos aspectos es vital para la política económica del país.

En mi visión, el consumo de los hogares no está determinado por la cantidad de dinero en circulación, sino por la disponibilidad de oferta agregada. O puesto de otra forma.  Supongamos que la economía está compuesta por una oferta exclusiva de 100 unidades. Da igual que la cantidad de dinero se duplique o divida a la mitad, estos movimientos solo impactarán en el precio, pero no en la cantidad de unidades que se puede consumir en la economía. Si hay sólo 100, no se puede consumir 101.

Si la producción de unidades pasa de 100 a 50, da igual que el salario pase de 5.000 a 20.000 pesos. El consumo será de 50 dólares más. Los precios terminarán ajustando menor oferta y mayor demanda.  

Si se quiere, esto es una versión simplificada de la “dicotomía clásica”: variables reales como la producción determina variables reales como el consumo o el salario real, y la cantidad de dinero lo que determina es el nivel de precios. En casi cualquier contexto esto solo se cumple, en el mejor de los casos en largos periodos de tiempo, pudiendo la demanda impactar positivamente en la producción y el consumo a corto plazo (visión keynesiana).

Sin embargo, la economía cubana es esencialmente una economía restringida por la oferta. Esto implica que la capacidad de “arrastre’’ de la demanda interna es mínima, y que aumentos de la demanda -vía déficit fiscal- por arriba de la oferta sólo se traducen en inflación.

En sentido general el argumento es el siguiente: si bien la inflación tiene componentes de demanda, por ejemplo, los aumentos salariales y otras operaciones fiscales asociadas a la tarea ordenamiento y el déficit presupuestario ejecutado para financiarlas, la capacidad de compra de los hogares se determina mayormente por el lado de la oferta, independientemente del nivel de circulante.

Sin caída estructural de la oferta, por ejemplo, los aumentos de salarios asociados a la Tarea Ordenamiento, hubieran generado una inflación hasta más o menos devolver el poder adquisitivo real de los salarios al nivel pre-ordenamiento, pero no hubiera generado por sí solo una espiral hiperinflacionaria que licuara más del 50% del salario real en tan solo cuatro años. Las causas de la pérdida de poder adquisitivo en el largo plazo tenderían a ser de carácter real y no monetario.

Indexación de salarios a precios: porque no ajustar salarios en contracciones de oferta.

El análisis anterior es también un argumento en contra de la idea de algunos colegas que defienden la indexación de salarios en el caso cubano, esto es: ajustar salarios o pensiones conforme al aumento de los precios para cubrir a dichos agentes del efecto de la inflación.

En el mundo, la indexación de salarios o pensiones es una práctica en algunos países. Sin embargo, el objetivo de la misma suele ser cubrir ingresos fijos de una inflación moderada y evitar procesos redistributivos en contra de los ingresos que se ajustan más lentamente, como las pensiones o los salarios públicos. También algunos sindicatos lo emplean para cubrir de la inflación salarios derivados de procesos de negociación colectiva. 

Sin embargo, la experiencia de indexación de salarios a precios en contextos de alta inflación -México en los 80s o Venezuela en 2016- han tenido un efecto claro de maximizar la inflación y de generar -como en el caso venezolano- presiones hiperinflacionarias.

En contextos donde la principal causa de la inflación son shocks de oferta, no tiene mucho sentido indexar completamente los salarios al crecimiento inicial de los precios, porque no hay forma de sostener el consumo real de los hogares si la oferta material que lo respalda se ha desplomado. Indexar los salarios a la inflación -al menos mientras se mantenga el contexto de caída de oferta- solo traería un incremento de las presiones de demanda y finalmente una espiral hiperinflacionaria.

Volviendo al argumento central: el desplome del poder adquisitivo de los hogares cubanos tiene causas reales y productivas, no fundamentalmente monetarias o fiscales.

Lo anterior no significa que no se pueda, a medida que los ingresos fiscales lo permitan, incrementar selectivamente salarios y pensiones. Sino que, la solución para la contracción del nivel de vida de las familias no está solo en reducir el déficit fiscal per se, sino en expandir la producción y garantizar un crecimiento sostenible de largo plazo en la economía.

Finalmente, me gustaría referirme a dos ideas que comúnmente se argumentan como explicaciones alternativas del proceso inflacionario. 

Inflación como aumento de márgenes de ganancia.

La primera es la idea de que la inflación en Cuba viene dada por un comportamiento especulativo de los actores económicos no estatales que “inflan indiscriminadamente los márgenes de ganancia”.

Para ser claros. La escasez de oferta y los desórdenes monetarios han creado espacio para múltiples deformaciones microeconómicas. En especial la posibilidad de agentes en determinados momentos de aplicar márgenes de ganancias muy superiores a los que son comunes a mercados competitivos y bien abastecidos -hablamos de márgenes del 50, 100 o 200%-. En un contexto de desequilibrios y escasez esto permite que pequeños capitales se rentabilicen muy rápidamente, en gran medida a costa de vender pocos productos a consumidores con alta disponibilidad de pago.

Sin embargo, este proceso no puede explicar en la práctica la inflación a lo largo del tiempo.

En primer lugar, porque márgenes de ganancia tan altos tienden a atraer nuevos oferentes. Y tras las altas ganancias iniciales, la competencia termina reduciendo márgenes y generando un mercado más o menos competitivo. Esto se ha visto en el caso cubano en múltiples productos y momentos.

La velocidad en que ocurre este proceso, sin embargo, está determinado también por factores institucionales tales como la velocidad de aprobación de nuevos actores o la disponibilidad de crédito en el sistema financiero. La ralentización de la entrada de nuevos oferentes -ya sea por la ralentización de la aprobación o racionamiento crediticio- es un factor que permite a los agentes ya establecidos mantener por mayores periodos de tiempo márgenes de ganancia elevados. Pero incluso en este escenario, los márgenes no pueden explicar estructuralmente un proceso inflacionario.

Supongamos por un momento que los costos de un bien sean de 100 y su precio inicial 130 -o sea 30% de margen de ganancia-. La única forma de que la inflación se explicara permanentemente por los márgenes es que estos tuvieran una tendencia creciente. Esto es que pasará de un mes a otro de 30% a 40% y luego a 50% y así sucesivamente para explicar el incremento permanente de los precios.

Debido a que los márgenes tienden o bien a reducirse producto a la competencia, o en algunos casos estabilizarse en niveles altos, pero no a presentar un crecimiento constante, los mismos, pueden explicar “un nivel de precios dado”, pero no un proceso inflacionario permanente. 

Inflación como traspaso del tipo de cambio informal.

Supongamos ahora, sin embargo, que los precios no suben por los márgenes, sino por el incremento de sus costos, en particular de sus costos importados debido a la depreciación cambiaria. Este argumento podría resumirse en: “la inflación es un fenómeno inducido por el aumento exógeno del tipo de cambio informal, que presiona los costos de importación y finalmente los precios minoristas”

Este razonamiento tiene un fundamento claro: cuando el precio de las divisas sube, los insumos adquiridos en el exterior se vuelven más caros y esa presión de costos se traslada al precio que pagan los consumidores. En la Tarea Ordenamiento se mostró con nitidez este mecanismo: la devaluación oficial generó un salto en los costos y, en consecuencia, en los precios de gran parte de la economía.

Sin embargo, los movimientos cambiaron no siempre son causa en sí misma de la inflación, sino un reflejo de los mismos procesos que impulsan el alza de los precios domésticos. Esto depende en gran medida de las causas que generan la depreciación cambiaria.

Cuando la depreciación responde a desequilibrios internos y presiones de demanda -por ejemplo, exceso de emisión monetaria, déficits fiscales persistentes o un crecimiento de la liquidez muy por encima de la producción disponible-, el aumento del tipo de cambio refleja la pérdida de valor del peso y su causa es en el fondo la misma que impulsa el proceso inflacionario general.

Las divisas debido a que son al mismo tiempo un activo financiero se ajustan de forma más rápida a los desequilibrios macroeconómicos que el resto de las mercancías, y debido a su papel determinante en el circuito económico cubano sirve de referencia para la fijación de otros precios domésticos. Sin embargo, esta depreciación cambiaria no está en sí misma impulsando la inflación general, sino que al igual que esta es el reflejo de los desequilibrios macroeconómicos, pero no su causa.

Si el tipo de cambio se deprecia muy fuertemente a corto plazo e impulsa que los precios minoristas se incrementan por arriba del equilibrio -o sea de la capacidad de pago de los consumidores-, las ventas privadas se desplomaron debido a la falta de demanda, lo que llevaría a un desplome de las compras de divisas en el mercado informal y por tanto una caída del precio del dólar.

Este proceso ya ha ocurrido en el pasado, cuando el tipo de cambio se ha acelerado producto a la incertidumbre en los mercados. Las correcciones a la baja han sido el reflejo de este proceso de autocorrección: precios desalineados de las capacidades de demanda -la restricción presupuestaria de los hogares- no pueden sostenerse artificialmente en el tiempo en mercados competitivos.

Por el contrario, cuando la depreciación obedece a un shock negativo en la oferta de dólares, como una reducción de remesas, o de los ingresos turísticos que van a nutrir el mercado informal, la escasez de divisas si dinamiza al alza el precio del dólar y si puede impulsar un shock inflacionario de costos que no está directamente vinculado a los desequilibrios macroeconómicos internos.

En síntesis, la relación entre depreciación e inflación no es lineal. A corto plazo, un salto del tipo de cambio puede traducirse en aumentos de precios, pero si no viene acompañado de un aumento de la demanda final tiende a autocorregirse. En el mediano plazo, la única forma de que la depreciación sostenga la inflación es que refleja un desequilibrio más profundo: exceso de moneda nacional, caída de la oferta productiva o reducción de la oferta de divisas en el mercado informal. Por tanto, el dólar informal no debe verse como el origen autónomo de la inflación, sino como un espejo que refleja, y en ocasiones amplifica, los problemas estructurales de la economía que causan dicha inflación.

Apuntes finales.

En este texto he intentado resumir algunos posicionamientos respecto a los principales debates relacionados a la inflación y la caída del poder adquisitivo en Cuba en el último quinquenio. Considero que, aunque sobre estos temas se ha debatido extensamente, continúan existiendo puntos de conflicto en la forma en que se entiende la inflación y las principales medidas para enfrentarla.

Para implementar políticas económicas que permitan en el mediano plazo la recuperación del nivel de vida de los cubanos, es vital distinguir con claridad las particularidades del proceso inflacionario cubano, el cual presenta múltiples diferencias con los procesos que han experimentado otras economías en años recientes. Así como la diferencia existente entre inflación y pérdida de poder adquisitivo. Y analizar cómo, aunque en el caso de la primera - la inflación- puede frenarse con medidas macro-monetaria-fiscales como la reducción del déficit, o la represión monetaria, solamente un incremento sostenido del lado de la oferta puede impactar en una recuperación significativa del nivel de salarios reales. El objetivo de la política económica, no puede ser en tal sentido frenar la inflación per se, sino en un sentido más amplio la recuperación de la capacidad de consumo de las familias cubanas.