Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

jueves, 18 de junio de 2020

Los salarios en Cuba: un nudo a desatar

El tema de los salarios en Cuba suscita muchas opiniones, sin embargo, carece de amplios debates económicos y políticos con rigor teórico.

Salarios en Cuba
Los salarios y las pensiones por jubilación suelen cubrir requerimientos mínimos para la mayoría de los ciudadanos, no obstante el reciente incremento de salario en el sector presupuestado y de pensiones.
Foto: Archivo IPS
Un tema sobre el cual casi toda la población cubana tiene una opinión es el concerniente a los salarios. Paradójicamente, no existen en Cuba amplios debates económicos o políticos con rigor teórico sobre este asunto. Esto se debe en parte a que puede suscitar malestares o herir sensibilidades provocadas por concepciones sobre justicia social.
Pero, por otro lado, el tema salarial está estrechamente vinculado a la teoría marxista-leninista y siempre puede resultar compleja la aplicación de la teoría en cada momento histórico.
Se pudiera decir que todo el mundo está de acuerdo en que los sueldos nunca alcanzan porque las necesidades suelen ser infinitas, y las remuneraciones no. Por ello siempre serán percibidas como insuficientes para la mayoría, aun cuando fuesen elevadas.
El debate sobre los ingresos por trabajo se ha centrado en el dilema de que no se pueden incrementar sin existir un aumento de la producción, porque eso traería consigo inflación, o si hace falta elevarlos para estimular a los trabajadores y como resultado lograr el incremento de la producción. O si este tema hay que aparcarlo hasta tanto no se produzca la unificación monetaria, para adecuar los salarios a los nuevos precios de los productos, o las nuevas mediciones económicas resultantes de la unificación.
También es interesante conocer si los nuevos salarios después de la unificación monetaria, que aún se desconoce cuándo pudiera suceder, serán suficientes para cubrir las necesidades de la población. En definitiva, antes de 1993 se tenía una sola moneda y siempre existían y existirán quejas sobre la insuficiencia de las remuneraciones y sobre los precios, como en cualquier país.
El tema a debate no es sobre la magnitud de los salarios o los ingresos de los trabajadores, sino sobre su forma de establecerse. Al cierre del 2018, el salario medio del país era de 777 pesos cubanos (equivalentes a 32 dólares), pero la capacidad adquisitiva estaba muy lejos de llegar a niveles de otros períodos por la inflación existente.
En el 2019 se produjo un aumento del salario al sector presupuestado pero insuficiente frente a los precios existentes, incluso los topados, como por ejemplo la libra de carne de cerdo a 45 pesos cubanos (equivalentes a cerca de dos dólares). Pero fue un paso necesario, dado que los trabajadores públicos estaban muy desmotivados, y se estaba produciendo una salida en masa del sector educacional y otros.

La teoría es importante para reflexionar

En Cuba, el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social ha sido el encargado de aprobar los salarios a nivel de país centralmente. Esto no solo incumple con el principio de “a cada cual según su trabajo”, sino que no coincide con lo que mencionaba Karl Marx.
Foto: Jorge Luis Baños/IPS
La teoría marxista plantea que en el capitalismo la fuerza laboral es una mercancía más, y la entiende como un conjunto de las capacidades físicas y mentales, inherentes a todo ser humano, susceptibles de ser utilizadas para la producción de un valor de uso. El valor de la fuerza de trabajo, como el de cualquier otra mercancía, está determinado por el tiempo de trabajo socialmente necesario para producirla.
Lo que el obrero vende al capitalista no es su trabajo, sino su fuerza de trabajo, o sea, el obrero se compromete mediante un contrato a realizar un trabajo a cambio de un salario equivalente al valor de la fuerza de trabajo. La cantidad de trabajo que realiza el obrero en la jornada laboral es superior a la cantidad de trabajo necesaria para reproducir el valor de su fuerza de trabajo. Es decir, el trabajador recibe por su fuerza de trabajo una cantidad inferior al valor de las mercancías producidas. Esto permite explicar cómo se produce la plusvalía, la cual es la expresión monetaria del valor que el trabajador asalariado crea por encima del valor de su fuerza de trabajo.
¿Pero, según Karl Marx (1818-1883), qué tratamiento darle a la fuerza laboral en el socialismo y cómo pagarla?
En la obra Crítica del Programa de Gotha (1875), el filósofo y economista alemán reconoce que la sociedad comunista no puede surgir de ahora para luego “sobre su propia base”. Indica que esa sociedad en tránsito, salida precisamente de la sociedad capitalista, “presenta todavía en todos sus aspectos, en el económico, en el moral y en el intelectual, el sello de la vieja sociedad de cuya entraña procede”.
Marx describe las deducciones a hacer del fruto del trabajo colectivo en esta etapa transitoria, que es el socialismo:
  • Una parte para reponer los medios de producción consumidos.
  • Otra parte “para ampliar la producción”.
  • Una deducción para “el fondo de reserva o de seguro contra accidentes, trastornos debidos a fenómenos naturales, etc”.
  • Los gastos generales de administración, no concernientes a la producción, o sea el mantenimiento de la estructura del Estado.
  • La parte que se destina a satisfacer necesidades colectivas, tales como escuelas, instituciones sanitarias.
  • Los fondos de sostenimiento de las personas no capacitadas para el trabajo, que es lo que hoy compete a la llamada asistencia social.
Después de las mencionadas deducciones, quedaría “la parte de los medios de consumo que se reparte entre los productores individuales de la colectividad”.
El propio Marx preveía que las primeras tres deducciones “constituyen una necesidad económica, y su magnitud se determinará según los medios y fuerzas existentes, y en parte, por medio del cálculo de probabilidades, pero de ningún modo puede calcularse partiendo de la equidad”. Como también que la parte destinada a satisfacer necesidades colectivas (escuelas, hospitales) aumentaría “considerablemente desde el primer momento, en comparación con la sociedad actual (la capitalista), y seguirá aumentando en la medida en que la nueva sociedad se desarrolle”.
Con todas estas explicaciones, quedaba delineado el principio a regir en el socialismo: “de cada cual, según su capacidad, a cada cual según su trabajo”.

Marxismo a la cubana

Salarios en Cuba
¿Cómo es posible llegar a una situación donde todos reconocemos que durante muchos años ya transcurridos, los salarios no alcanzan para satisfacer muchas de las necesidades básicas de la población?
Analicemos lo descrito por Marx y la realidad de lo que sucede con los salarios en la actualidad en Cuba.
Si el valor de la fuerza de trabajo se determina por el tiempo de trabajo socialmente necesario para producir los medios de existencia y reproducción del trabajador, y así poder volver al trabajo cada nuevo día: ¿cómo es posible llegar a una situación donde todos reconocemos que durante muchos años ya transcurridos, los salarios no alcanzan para satisfacer muchas de las necesidades básicas de la población?
Se dice que en el socialismo la fuerza de trabajo no es una mercancía, pero ¿acaso los trabajadores ya ni pueden aspirar a obtener una cantidad suficiente para satisfacer sus necesidades? Recordemos que a medida que la sociedad y sus componentes son más desarrollados, ese costo de reproducción de la fuerza de trabajo aumenta, no debiendo abarcar sólo lo imprescindible para alimentar y vestir a los trabajadores y sus familias, sino que también incluye un mayor tiempo de ocio, una salud más garantizada, el pago que permita disfrutar de unas merecidas vacaciones, ir al teatro, cine, comprar libros, electrodomésticos, entre otros.
¿Será que en Cuba se ha limitado el valor de los salarios de forma consciente, para ampliar el valor del plus trabajo, que en definitiva después se revertirá en bien de todos? Si es así, de todas formas, esto bien pudiera ser un aspecto a debatir por la sociedad en su conjunto, porque puede que la mayoría prefiera primeramente recibir un salario superior y decidir personalmente la forma de emplearlo, aun cuando después se viera afectada la parte a distribuir entre todos.
Se sabe que los trabajadores van a entregar una cantidad superior a la cantidad de trabajo necesaria para reproducir el valor de su fuerza de trabajopero no puede ser que lo recibido no alcance ni para reproducir su fuerza de trabajo; que quiere decir reproducirlo a él mismo y su familia. En el socialismo, puede que la Tasa de Plusvalía (TP) no pudiéramos llamarla Tasa de Explotación, por cuanto esa ganancia no va a parar a manos de unos pocos capitalistas, sino que se revierte en toda la sociedad; pero de todas formas el valor de esa TP debe ser debatido por toda la sociedad, y en primer lugar por los sindicatos. ¿Deben los que trabajan y aportan a la sociedad recibir casi lo mismo vía gratuidades y productos subsidiados, entre otros, que los que no trabajan y no aportan a la sociedad?
Las deducciones descritas por Marx apuntan a que en el socialismo ese plus trabajo va a parar íntegramente al Estado. Si la primera deducción es para reponer los medios de producción consumidos, ¿cómo es posible que hayamos dejado a nuestras industrias y fábricas caer en un estado de abandono, o las maquinarias sin reparaciones periódicas u obsoletas, o las producciones detenidas por falta de materias primas e insumos?
En Cuba, el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social ha sido el encargado de aprobar los salarios a nivel de país, de forma minuciosa, con categorías, escalas, según la formación profesional de los trabajadores, descripción del contenido de trabajo y otros parámetros.
La fijación de unos salarios aprobados centralmente por un ministerio dado, no solo incumple con el principio de “a cada cual según su trabajo”, sino que no coincide con lo que mencionaba Karl Marx.
 Nueva Constitución y salario
Limitar que los centros de trabajo mejoren los pagos y otros estímulos a sus trabajadores debido a la fuerza del criterio establecido sobre el igualitarismo ha provocado el éxodo de la fuerza laboral mejor calificada, que no se siente suficientemente estimulada.
Foto: Archivo IPS
El artículo 65 de la Constitución de la República de Cuba establece que “toda persona tiene derecho a que su trabajo se remunere en función de la calidad y cantidad…”. La calidad del trabajo no es la calidad del producto del trabajo sino la calidad del propio trabajo, la cual se expresa por el conjunto de cualidades, características o particularidades estructurales de una forma integral y específica, que le son inherentes a un trabajo concreto, y por las cuales se distingue esencialmente de otros. Por cantidad de trabajo se expresa el volumen de energía física y mentales (trabajo vivo) invertido por hombres y mujeres en el proceso de su actividad laboral y que pueden medirse por la duración del tiempo de trabajo (magnitud extensiva) y por el volumen de los gastos de trabajo en la unidad de tiempo (magnitud intensiva)”, como explica el economista Lázaro González en un texto para el blog El estado como tal.
Muchas veces el rendimiento bajo no es culpa de los trabajadores ni depende de ellos, como por ejemplo, las bajas producciones por falta de materias primas o decisiones ministeriales, entre otras causas. Pero para ello están los salarios mínimos que se establezcan, por debajo de los cuales no pudieran afectarse los trabajadores. Mínimos a estudiar y aprobar por la cartera de trabajo y seguridad social, que debieran responder al costo de vida, o al costo de la canasta básica, u a otros indicadores, sin importar si la empresa cae en pérdidas por asegurar esos salarios mínimos. Si hay que reestructurar la empresa en pérdida, o cerrarla, o aprobarle otro objeto social, subsidiarla u otra medida, sería otro tema, pero los trabajadores que allí laboran deben tener garantizado un mínimo de ingresos por su trabajo.
Entiéndase que ingresos es ingresos totales, o sea salarios más pago por resultados, ya que es cierto que los salarios no pueden estar modificándose constantemente. Pero a los trabajadores lo que les importa es el ingreso real final, da igual que sea en un único salario, que en salarios más estímulos. Aunque el salario básico es importante para determinar el monto de la jubilación. Es igual que cuando los cooperativistas reciben un adelanto contra resultados y al final una redistribución de las utilidades. Como también es casi igual recibir un ingreso bajo y que después al trabajador le vendan productos y servicios a precios bajos o subsidiados. Hablamos de ingresos reales.
Se entrega fuerza laboral para obtener a cambio un equivalente que permita reponer las fuerzas propias y las de la familia. ¿Cómo, entonces, vamos a concentrar recursos financieros para adquirir una tecnología moderna, así como para otros fines, y el aspecto de la fuerza laboral no lo vamos a priorizar, si es el activo principal de la empresa?¿No estaremos así dilapidando los recursos monetarios destinados a la inversión, por desatender uno de los aspectos más importantes para que la inversión y/o la empresa den resultados?
En muchos países lo que fija el Estado es el salario mínimo que debe pagarle los empresarios o los empleadores a sus trabajadores. Paradójicamente, en algunas ocasiones lo que ha hecho el Ministerio del Trabajo y Seguridad Social es limitar que los centros de trabajo mejoren los pagos y otros estímulos a sus trabajadores, y no precisamente porque la empresa esté en pérdidas, o con bajos rendimientos sobre la inversión estatal, sino debido a la fuerza del criterio establecido sobre el igualitarismo. Muchas veces eso es lo que ha provocado ese éxodo de la fuerza laboral mejor calificada, que no se siente suficientemente estimulada. Esto a la larga compromete la productividad del trabajo y los resultados que espera la economía. ¿Es beneficioso para el país continuar por ese camino del igualitarismo?
Una reforma de salarios, al estilo de las que conocemos del ministerio del trabajo, sin incremento de la productividad, solo traería consigo el aumento de la inflación, para al cabo del tiempo tener a los salarios con la misma capacidad adquisitiva anterior a la reforma. Sin embargo, más salario, que puede ser un estímulo a incrementar la producción, no es equivalente automático a inflación, si logras que el estímulo de más salario actué antes, con más producción, llevando la oferta producida al mercado, antes de que la demanda salarial llegue al mercado a reclamar sus mercancías.
No se puede olvidar que oferta y demanda son dos funciones diferenciales en el tiempo.  Que solo se equilibran en un mismo periodo “t” teóricamente. Hasta ahora en Cuba las autoridades solo pusieron topes de precios para intentar contener esa supuesta inflación posterior al incremento salarial del 2019 al sector presupuestado, pero esto es algo que funciona en un corto plazo.
De lo que se trata es de tener salarios que puedan ser establecidos por las Juntas de Gobierno, u Organización Superior de Dirección de la Economía, u otros órganos de dirección superior de las empresas, de acuerdo a parámetros que el ministerio pudiera establecer, pero donde las empresas puedan tener cierta autonomía, de acuerdo a los Lineamientos aprobados y los documentos rectores del Partido Comunista de Cuba, y donde los criterios fundamentales sean los rendimientos del trabajo y de la inversión estatal. O sea, la creación de valor agregado bruto y la justa repartición de ese valor agregado bruto.
 La distribución de la fuerza laboral en Cuba
El único sector que ha incrementado el empleo en Cuba desde 2008 es el sector privado.
Foto: Jorge Luis Baños_IPS
Supongamos que se tiene dificultades en la interpretación de la teoría marxista y que lo planteado hasta aquí no es correcto. Pero hay un tercer aspecto, más importante, que hace que se olvide todo el análisis teórico anterior. Y ese es la distribución actual de la fuerza laboral del país y la que se espera en los próximos años.
A pesar de las restricciones que existen para desarrollar el trabajo por cuenta propia, el único sector que ha incrementado el empleo en Cuba desde 2008 es el sector privado.
Este sector llegó a emplear en 2019 el 31,8 por ciento del empleo nacional, con 1 435 700 trabajadores, casi la tercera parte del total de trabajadores en ese año (4 515 200 trabajadores). Todavía no es la fuerza más representativa en el país, pero desde 2008 el sector no estatal incrementó el empleo neto a razón de 4,9 por ciento anual (835 900 trabajadores en 2008). Mientras, en ese mismo período, el sector estatal “destruyó” empleo con un promedio anual de 2,6 por ciento, pues en 2008 tenía un total de 4 112 300 trabajadores y cerró 2019 con 3 079 500 trabajadores.
En un artículo para su blog, el economista Pedro Monreal planteó que “el establecimiento de PYMES en Cuba pudiera aumentar el PIB entre 1,5 y 1,7 por ciento”. Todo hace indicar que en los próximos años se mantendrá la tendencia de creación de más cantidad de empleos en el sector privado que en el estatal.
Si ya el sector privado ocupa casi un tercio de la fuerza laboral, donde no se aplican las mismas limitaciones e indicaciones restrictivas para el pago de la fuerza laboral, según los resultados reales de cada centro laboral, ¿qué sentido tienen algunas normativas salariales de corte “igualitaristas” en la empresa estatal?
Bajo la realidad actual, lo que se podría seguir observando es un éxodo de fuerza laboral del sector estatal hacia el privado y también hacia el exterior la más calificada que, si fuese experimentado solo en empresas con pérdidas, o sobredimensionadas o en proceso de reestructuración, bienvenido fuese ese éxodo natural y esperado, pero no sucede así.
En la sociedad se observan manifestaciones de preocupación sobre la migración de la fuerza de trabajo preparada y calificada hacia el sector privado, supuestamente porque esta última desarrolla una competencia desleal. No hay tal competencia desleal en el sentido que expresan muchas personas, lo que hay son restricciones que no favorecen a los trabajadores de las empresas estatales rentables y eficientes, que hacen que estos no se sientan debidamente compensados por su fuerza laboral.
Ojalá esas “preocupaciones” no se traduzcan en prohibiciones y limitaciones para que los trabajadores encuentren un puesto de trabajo con ingresos más acorde a sus necesidades y expectativas. Ojalá que los decisores de la política económica del país se den cuenta que los ingresos de los trabajadores deben corresponder con el valor agregado que estos últimos han creado con su esfuerzo y dedicación, de manera que los trabajadores deseen permanecer en la empresa estatal. Y más que ello, que puedan liderar el resto de los otros tipos de propiedad.
Poder pagar por resultados podría ser insuficiente, si las empresas no siempre pueden decidir qué hacer para incrementar sus resultados o dependen sus insumos del gobierno central.
Y los salarios, como las inversiones, o el rendimiento para el accionista (en nuestro caso, el Estado), no podrán variar si también continuamos con las mismas concepciones sobre la utilidad de las empresas y los precios de las producciones para alcanzar esa utilidad.
En conclusión, si al salario no se le da el papel que tiene que tener en una sociedad que pretende avanzar hacia el desarrollo, seguirán existiendo muros que no permitan el despliegue de todo el potencial existente en el país. Ahora que se ha expresado la voluntad de eliminar trabas existentes, este tema debe ser discutido con rigor.
Hay variados estudios académicos existentes que demuestran el costo actual de la canasta básica en Cuba, por ende, el salario mínimo al que debe aspirarse si tiene la categoría marxista implícita, no podría estar por debajo del mismo, si no estaríamos aun con el nudo que nos aprieta fuertemente la garganta. A modo de ejemplo de un costo promedio de una canasta en Cuba se pudieran consultar el artículo de Betsy Anaya y Anicia García Gastos Básicos de las familias cubanas urbanas dependientes de salarios y pensiones: Dinámica reciente (parte I y II),  donde en todos los casos se verifica el déficit salarial para complementar dicha canasta.
Incluso, de manera clara, el actual primer secretario del PCC, Raúl Castro, expresó al respecto: «constituye hoy un objetivo estratégico avanzar de manera coherente, sólida y bien pensada, hasta lograr que el salario recupere su papel y el nivel de vida de cada cual esté en relación directa con los ingresos que recibe legalmente, es decir, con la importancia y cantidad del trabajo que aporte a la sociedad». (2020)

LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES EN LOS ESTADOS UNIDOS.

Como todos conocemos, solamente faltan 4 meses para que se celebren las elecciones presidenciales en los Estados Unidos, el primer martes del mes de noviembre de 2020. 

Los contendientes son, por el Partido Republicano, que espera reelegirse por otros 4 años, Donald Trump; y por el Partido Demócrata eL ex-vicepresidente de Barack Obama, Joe Biden. 

En el transcurso de esos casi 4 años de haberse elegido ese troglodita personaje multimillonario, ha conducido a ese poderoso imperio a cometer los actos más increíbles y absurdos que hayan podido imaginarse en este colosal Siglo XXI. 

Por otro lado, en esos últimos meses, Trump ha cometido errores garrafales relacionados con la no atención priorizada desde sus inicios, a los brotes de la pandemia del coronavirus, lo que ha constituido que su país se encuentre en el primer plano de los que más infestados y muertes ha sufrido. 

Y más recientemente, el asesinato alevoso por un policía de un afro-norteamericano, que originó las interminables protestas en casi toda la nación, y también en otras partes del mundo. 

Motivado por estos sucesos repulsivos y negligentes, se han manifestado y publicado protestas y criterios por diversos personajes, activos y retirados, de la política, las fuerzas armadas, la cultura, la prensa y otros, incluyendo algunos miembros del Congreso. 

Sobre este caso específico, pienso que ha sido bien utilizado por sus detractores, creándose un ambiente desfavorable que se adiciona a los demás desatinos cometidos, aunque si se escudriña bien, también salen a relucir algunos personajes de la misma calaña, a saber: 

· George W. Bush, el hijo. ex-presidente y culpable del holocausto causado en la guerra de Irak. 

· Colin Powell, ex-secretario de Estado, que fue capaz de plantear descaradamente en la ONU, que era cierto que en Irak había armas de destrucción masiva. 

· El general James N. Mattis, al que se le llama “perro rabioso”, coautor con el general Petraeus del Manual de Contrainsurgencia. 

De todos modos, ¿Quiere esto decir que ya este magnate presidente tiene las horas contadas, y en las elecciones del primer martes de noviembre de este año, tendrá que ir preparando sus bártulos para entregar el poder a principios de enero de 2021, a su contrincante del Partido Demócrata? 

Considero seriamente que sería un error craso bajar la guardia y dar por seguro que debido a estos contratiempos, deslices, tropezones e imbecilidades, el taimado de Trump ya tiene perdida su reelección. 

En primer lugar, personalmente considero que las características de su oponente, que está en su tercera campaña presidencial, ajustándome a una serie de informaciones recibidas y en la que también puntualiza sus virtudes, padece de una serie de deficiencias de tal índole, que el astuto y mentiroso de Trump lo va a ser quedar mal desde su primera confrontación personal en público. 

En este sentido, se está observando un remanso, un entretenimiento, de las principales fuerzas demócratas, como si hubieran acordado afianzarse solamente en las crecientes protestas en su país, y así facilitar el debilitamiento extremo del contrario. 

Por lo menos, esto es lo que se está percibiendo cuando se analizan las noticias que se reciben de esa nación. 

Pero, a la vez, se presiente que Trump y sus asesores, que no tienen nada de tontos, independientemente de los graves problemas que están confrontando, tienen definida su estrategia, que seguramente se asemeje a la de su elección de noviembre de 2016, dirigida con habilidad, marrullería y astucia por Steve Bannon, especialista renombrado en estos quehaceres, en la que su contendiente Hillary Clinton, a pesar de obtener 3 millones de votos populares más, no pudo alcanzar los votos electorales necesarios. 

Además, como son fanáticos a utilizar como herramienta fundamental EL MIEDO, como buenos fascistas que son, seguramente emplearán los elementos más sofisticados que conocen y practican, como el ”ALGORISTMO DEL MIEDO”.

O sea, emplearán, entre otros medios, variantes del MIEDO en los Estados claves que precisen sean esenciales para obtener los 270 votos electorales necesarios.

Definitivamente, si los demócratas continúan inertes en sus trincheras de invierno, esperando a un milagro salvador que los lleve a la presidencia; o a que los trumpistas se auto-flagelen, debilitándose peligrosamente, veremos lamentablemente como en noviembre de este año, la historia pudiera repetirse, y tendemos al FASCISMO IMPERANDO EN NUESTRO COMPLICADO MUNDO.

La Habana, Cuba, 18 de junio de 2020. “Año 62 de la Revolución”

JULIO SERGIO ALCORTA FERNÁNDEZ.

Producir todos los alimentos que necesitamos con la misma economía

Por: Luis A. Montero Cabrera, Giraldo Martín Martín

En este artículo: AgriculturaAlimentosCubaEconomía
 
Se cuenta que Sísifo, un rey griego de Corinto, tenía un comportamiento inadecuado y era merecedor de castigo por parte de Zeus, el dios de dioses. El que le aplicaron consistía en que eternamente debía empujar una enorme piedra a lo alto de una empinada colina para que cuando estuviera llegando al final, la piedra rodara de nuevo cuesta abajo al valle y tuviera que empezar de nuevo. Esta leyenda se ha usado muchas veces en la cultura occidental para ejemplificar trabajos arduos que no conducen al objetivo deseado, obligando a hacerlo todo desde el principio muchas veces y de la misma manera, siempre sin lograr lo que se quiere. Se dice que es un “trabajo de Sísifo”.

Desde hace cientos de años, quizás miles, la tierra de esta isla ha sido capaz de proporcionar la riqueza necesaria a los cubanos para subsistir. Convenientes e inconvenientes naturales fueron conformando nuestra agricultura y se supo aprovechar en todo momento lo mejor y minimizar lo peor. La base natural es feraz, con un clima esencialmente beneficioso para producciones colosales durante todo el año, a pesar de los vaivenes de sequías y excesos de lluvia. El sol subtropical y la humedad garantizada por ser una isla larga y estrecha, con mucho mar tibio y cercano en todas partes, resultan buenos para estos fines. Los huracanes rara vez afectan todo el país. Pueden devastar una región, quedando la mayoría de la isla intacta y hasta beneficiada con las lluvias para ayudar a la parte dañada.
Esa riqueza agrícola natural siempre se logró con un alto costo humano. Paradójicamente, nuestras ventajas para la vida vegetal pueden ser muy inconvenientes para el trabajo directo del ser humano en el campo, sobre todo en verano. Esto se resolvió en cada época histórica según los procederes del sistema social imperante. Explotando aborígenes primero bajo el manto de la reconversión de sus creencias. Pero estos no resistieron. Muy pocos habían llegado a cultivar la tierra antes de llegar los europeos pues parece que la mayoría eran solo cazadores – recolectores. Después importando seres humanos seleccionados por sus cualidades físicas para trabajar como esclavos. Así se trajo durante siglos a cientos de miles de víctimas de una trata que ya para entonces era inmoral en la Europa cristiana. Pero esto no fue obstáculo para el beneficio de las clases dominantes en África, que seleccionaban y proporcionaban la “materia prima”, ni para los traficantes europeos que los traían y vendían, ni para los consumidores de las élites locales. Con una economía capitalista moderna de mercado más tarde en el siglo XX se aprovechó la necesidad de trabajar de una población creciente en el país y en las islas circundantes, que se creían libres, para lograr resultados mucho más eficientes y baratos que con los esclavos.
La caña de azúcar fue predominante por muchas razones. Se disponía de un mercado rico, creciente y cercano en los Estados Unidos para un dulce producto que fue “de alta tecnología” durante siglos. La planta como especie vegetal es la reina de eficiencia con la energía solar. Aprovecha lo mejor y lo peor del clima y requiere relativamente poco trabajo cultural, si se hace bien. Se siembra para un lustro, en el peor de los casos, y produce valor todos los años. Su cultivo extensivo, y también el intensivo, era rentable siempre en Cuba. La mano de obra era barata y solo requerida en cantidades apreciables durante la cosecha. Los que trabajaban directamente la tierra provenían de las capas de la sociedad cubana de más bajos niveles educativos y económicos. Por otra parte, las cuantiosas exportaciones de azúcar a mercados seguros en el norte permitían importaciones de cualquier tipo de alimento que en el país no se pudiera producir o que fuera más caro hacerlo.
La Revolución Cubana nació programada para transformar el estado de cosas del sufrimiento y la explotación humana y resolver para siempre una injusticia agraria que se basaba solo en el sacrificio de los que trabajaban la tierra, en su ignorancia y en su vida precaria. Y así lo ha hecho en este aspecto de principios, y desde el principio: “Tengo, vamos a ver, lo que tenía que tener”, dijo el Poeta.
Lo que no se ha resuelto es que todos tengamos siempre a nuestra disposición el alimento que deseemos, con la calidad y diversidad que merecemos y a los precios que corresponden, alcanzables por todos de forma proporcional. No tenemos hambre, pero la justicia social ineludible alcanzada se ha logrado sin satisfacer nunca, con la debida calidad y variedad deseadas, la demanda de alimentos de la población. Increíblemente, ahora importamos 2000 millones de dólares al año para comer, los que no se cubren con las exportaciones del sector. Mucho se ha trabajado, invertido, planeado, pensado, con las mejores intenciones durante décadas para lograrlo preservando el principio ineludible de la justicia social. Pero ha sido “trabajo de Sísifo”.
La conclusión evidente fue expresada por el Presidente Díaz – Canel recientemente: “Hay que tener valentía y tenemos que hacer cosas diferentes, haciendo lo mismo no vamos a resolverlo, ni vamos a avanzar más[i]. Si la piedra de Sísifo era redondeada, es preciso buscar soluciones para que no vuelva a rodar hacia el valle, y quizás hacerla cúbica. Llevarla a lo alto puede costar más, pero se logrará el objetivo de que se mantenga en las alturas y no perder así todo el trabajo sin lograrlo.
Baltimore y Estación Experimental del Pastos y Forrajes “Indio Hatuey”, 13 de junio de 2020

El convite emponzoñado

POR: JORGE CASALS LLANO/ ESPECIAL PARA CUBASÍ
18 JUNIO 2020


¡No hay error, estamos siendo invitados! Precisemos entonces en que consiste el convite: nos invitan a cambiarlo todo (y no “lo que tiene que ser cambiado”) y con ello renunciar a todo lo logrado (lo cual nos ocultan) y, además, sin considerar el “momento histórico” y sí la renuncia a “los valores en los que se cree”. En el menú se mantienen el bloqueo y las “sanciones” (que deben ser solo admitidos), la propaganda desmoralizadora y las “fake news”, el desconocimiento de nuestra historia y el intento de desprestigiarla. También incluye el tratar de convencernos de la inoperancia de nuestro estado y gobierno y de la incapacidad del socialismo y la necesidad del liberalismo para alcanzar la eficiencia económica. Tal es la naturaleza de la invitación que, principalmente “desde allá”, aunque también “desde acá”, recibimos a través de las redes sociales.

Tampoco hay error si se considera que la naturaleza del convite es consistente con la “guerra de cuarta generación” que se nos hace y de la que también forman parte desde la negación de nuestros logros y el aporte a nuestra historia de Marx y Lenin sin siquiera comprenderlos (¿acaso al menos leídos e interiorizado su método dialéctico?), cuando se reniega con jactancia de una “Economía Política” que se desconoce (¿conocerán al menos su “Objeto de estudio”?) y hasta aceptando acríticamente la Economía convencional “oficial” cuyos instrumentos de análisis son utilizables sólo si se comprende y admite que apenas sirven para analizar las tendencias de las formas y no la esencia misma de los fenómenos económicos y también sociales.

Supongo coincidiremos “tirios y troyanos” en comenzar –dado su destacado papel en el surgimiento y desarrollo de la “Teoría económica” –a analizar la naturaleza del convite partiendo de Adam Smith y una de sus citas más conocidas: “No es la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero la que nos procura el alimento sino la consideración de su propio interés. No invocamos sus sentimientos humanitarios sino su egoísmo; ni le hablamos de nuestras necesidades sino de sus ventajas”. 

También supongo coincidiremos si interpretamos la cita de la misma manera que Yuval Noah Harari, considerado uno de los más prestigiosos analistas de la actualidad y asesor de Bill Gates y Angela Merkel, en su libro “De animales a dioses” sin importar cuanto nos moleste la crudeza y si admitiendo la consecuencia de la misma con el pensamiento del autor: “La afirmación de (Adam) Smith de que el impulso egoísta humano de aumentar los beneficios privados es la base de la riqueza colectiva es una de las ideas más brillantes de la historia humana; revolucionaria no solo desde una perspectiva económica, sino, más si cabe, desde una perspectiva moral y política. Lo que Smith dice es, en realidad, que la codicia es buena, y que al hacerme rico yo beneficio a todos, no solo a mí. El egoísmo es altruismo” (el subrayado es mío).

El último supuesto (y no más para evitar los chistes acerca de los economistas y su exceso en el contenido de sus propuestas): lo evidente que para cualquier analista resulta que en el convite que nos hacen los proponedores subyacen el liberalismo –no solo económico –y el mercado (visibles en las citas anteriores) bajo la máscara de una innecesaria defensa a las MPYMES en nuestro país (a las que “misteriosamente” les retiran la primera M, de micro) obviando que la necesidad de las mismas se encuentra en el consenso ya alcanzado y refrendado en los documentos aprobados por el Partido en sus congresos con la adopción de los lineamientos de la Política económica y social del Partido y la Revolución y la conceptualización del Modelo Económico y Social de desarrollo socialista.

Y si la defensa de las MPYMES resulta innecesaria, entonces solo queda lo subyacente y “encriptado”: el llamamiento al liberalismo y a la regulación por el mercado. La propuesta resulta entonces cuando menos extemporánea en tanto fracasada en todo el mundo y repudiada hasta por sus principales beneficiarios, incluido el denominado 1% aunque en realidad su número sea mucho menor. Es que pareciera que solo los proponedores no se han enterado de que la falacia pseudocientífica de Fukuyama –y su profecía del “fin de la historia”, del triunfo del liberalismo económico y la democracia liberal al darse por terminada la “guerra fría” –había definitivamente muerto junto con el neoliberalismo, incluso cuando todavía la pandemia de la Coronavirus no había arrojado las últimas paletadas de muerte y desolación a su tumba.

Antes de continuar, una aclaración necesaria para evitar disquisiciones innecesarias. Reflexionamos aquí sobre el liberalismo económico que subrepticiamente se introduce cuando se rechaza por obsoleta la Economía Política marxista y su continuación por Lenin, pues quien la ha estudiado sabe que el funcionamiento de las leyes económicas conduce, inexorablemente, al capitalismo en todas sus manifestaciones; también que ese liberalismo es el mismo que, al “liberar las fuerzas productivas”, deberá mantenerse bajo el más estricto control y vigilancia estatal para garantizar su supeditación al interés colectivo. 

Una vez desmontada la falacia de la “asepsia” del liberalismo (incluye por supuesto el neoliberalismo) y “el mercado” como solución de los problemas de la economía de nuestro país sin utilizar la “obsoleta” Economía política desterrada, nada mejor que utilizar la crítica que se le hace, desde la propia economía convencional “oficial”, a la liberal y neoliberal (en la que hay desde “ortodoxos” y “heterodoxos” hasta “reguladores” que van desde M. Friedman y el “Capitalismo de accionistas” ahora repudiado, junto al de Misses y Von Hayek hasta el “Capitalismo regulado” keynesiano también en su momento repudiado por los neoliberales. 

Difícilmente pueda encontrarse mejor evidencia para lo anterior que la declaración de los CEOs de las casi 200 ETNs integrantes de la asociación Business Roundtable que agrupa a los directores ejecutivos de casi doscientas megaempresas, entre las que se encuentran Apple, Amazon, GM, IBM, Johnson & Johnson , JP Morgan, Walmart… y hasta la nada marxista revista Fortune, que en Septiembre de 2019 elaboraron y publicaron respectivamente el “Nuevo propósito para la corporación” y su “Compromiso” que incluye el rechazo a la doctrina neoliberal y significativamente y seguramente no por casualidad, deja para el último lugar de la lista de “propósitos” el que en su momento fuera enunciado por Milton Friedman, como “una y única responsabilidad social de las empresas”: “aumentar las ganancias para sus accionistas” (el “egoísmo” de A. Smith) para dejarlo enunciado último en el “Nuevo propósito…” como “Generar valor a largo plazo para los accionistas”.

También el Foro Económico Mundial y sus visiones –que hace unos pocos años atrás hubieran sido catalogadas como sacrílegas –rechaza la teoría económica oficial (la que sustituyó a la “obsoleta” Economía Política) cuando en su “Manifiesto de Davos 2020” expresa:

• El propósito de las empresas es colaborar con todos los grupos de interés implicados en su funcionamiento. Las empresas no funcionan únicamente para sus accionistas, sino para todas las partes involucradas (stakeholders): empleados, clientes, proveedores, comunidades locales y la sociedad en general. 

• Una empresa es más que una unidad económica generadora de riqueza. Atiende a las aspiraciones humanas y sociales en el marco del sistema social en su conjunto. Los salarios del personal ejecutivo deben reflejar la responsabilidad ante todas las partes involucradas.

• Una empresa multinacional es en sí misma un grupo de interés –como los gobiernos y la sociedad civil –al servicio del futuro global. 

Junto a la crítica al liberalismo y el neoliberalismo del “Capitalismo de las partes interesadas” (stakeholders), también deben incluirse los “neokeynesianos” como J. Stiglitz que propone el “Capitalismo progresista” y también a políticos norteamericanos como Elizabeth Warren que proclama el “Capitalismo responsable” y a Bernie Sanders que se declara “socialista”.

Para la crítica al funcionamiento del mercado en el que tanto enfatizan los proponentes en su crítica a la teoría “obsoleta”, nadie mejor que el Premio Nobel J. E. Stiglitz, en su libro “El precio de la desigualdad”: “Está claro que los mercados no han funcionado de la forma que proclaman sus apologistas… se supone que los mercados son estables, pero la crisis financiera mundial demostró que podían ser muy inestables, con catastróficas consecuencias… Se supone que la gran virtud del mercado es su eficiencia. Pero evidentemente, el mercado no es eficiente. La ley más elemental de la teoría económica –una ley necesaria si una economía aspira a ser eficiente –es que la demanda iguale a la oferta. Pero tenemos un mundo en que existen gigantescas necesidades no satisfechas (inversiones para sacar a los pobres de la miseria… o para adaptar la economía mundial con el fin de afrontar los desafíos del calentamiento global). Al mismo tiempo tenemos ingentes cantidades de recursos infrautilizados… El desempleo –la incapacidad del mercado de crear puestos de trabajo para tantos ciudadanos –es el peor fallo del mercado, la principal fuente de ineficiencia, y una importante causa de la desigualdad.” (los subrayados son míos)

Y si no bastaran J. Stiglitz o Paul Krugman (ambos premios Nobel y neokeynesianos) para demostrar las falencias del liberalismo y el mercado, también puede recurrirse a Thomas Piketty que desde su libro “El capital en el siglo XXI” queda bien alejado de la “obsoleta” Economía Política de Marx y Engels en “El Manifiesto Comunista” y la idea acerca de la historia y “la lucha de clases” la que sustituye por la “lucha de ideologías” para explicar cómo esta lucha culmina con concentraciones extremas de la renta y la riqueza a semejanza de las que se han dado en las sociedades del “hipercapitalismo” hasta llegar a un extremo tal que amenaza los valores de la “meritocracia”, la justicia y la cohesión social sobre las que se asientan las democracias.

Pero si apelar a la teoría no fuera suficiente, los recientes acontecimientos han demostrado las falencias del sistema mundo construido, en lo fundamental, a partir del liberalismo basado en el “laissez faire” y por tanto en la desregulación y el estado mínimo que ha provocado una concentración de riqueza hasta niveles que, como fundamenta Piketty en sus obras, amenazan la existencia del sistema mismo.

Por último no puede obviarse que el convite se hace en tiempos de la pandemia de la Coronavirus, la que continuó profundizando la crisis sistémica del capitalismo y sus manifestaciones como la agudización de la crisis cíclica y junto a ella la social y moral, la deshumanización, el egoísmo e individualismo exacerbados, el desempleo masivo, la marginalización de países y de sectores enteros de la población dentro de los países (también en los llamados desarrollados), el endeudamiento impagable (que incluye el del país emisor del dinero en que al menos hasta hoy se contrae buena parte de la deuda), el cambio climático, consecuencia del calentamiento global y las crisis migratorias masivas convertido todo en crisis civilizatoria lo que lo hace, además, más peligroso y nos obliga a rechazarlo.

Nadie duda de que vivimos y viviremos en lo inmediato en un mundo caracterizado por la incertidumbre y la aporía que no solo no se recupera de los principales impactos de la crisis antropológica generada por la crisis sistémica y la pandemia, sino que tampoco sabe cómo hacerlo luego del fracaso del modelo capitalista neoliberal globalizador. Pero nosotros sabemos qué y cómo hacerlo, todo lo que está en lo fundamental consensuado en los documentos ya aprobados lo que nos permitirá adecuarlos y adecuarnos a la “nueva normalidad” sin perder la noción de futuro que nos indicara Fidel. 

Para ese futuro contamos con lo logrado precisamente porque no seguimos las indicaciones del modelo capitalista liberal y neoliberal y si con la activa participación del estado socialista, fundamental no sólo en el tratamiento de la pandemia en su vínculo con la ciencia, sino en todo lo que hizo posible esa participación.

No resulta ocioso aquí recordar que todo lo hoy posible comenzó a serlo ya desde 1961 con la campaña de alfabetización, el plan de becas que le siguió y los esfuerzos realizados, bajo el liderazgo, las orientaciones y la directa participación de Fidel, incluso en las más difíciles circunstancias, cuando se comenzó a formar el potencial humano (mismo que todavía se insiste en el socialismo equivocadamente llamar capital humano) capaz de crear las bases científicas y tecnológicas necesarias para el desarrollo, lo que incluyó desde siempre el sistema de salud en su interacción con la biotecnología, y más recientemente la incorporación de la informática, la nanotecnología y la robótica lo que hizo posible mantener a Cuba en el pelotón de la vanguardia mundial del conocimiento, la ciencia, la tecnología y la innovación en las más diversas áreas.

Y si Fidel había dicho en 1960 que “El futuro de nuestra Patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia, tiene que ser un futuro de hombres de pensamiento porque precisamente es lo que estamos sembrando”, en el 2003, anunció: “Este país vivirá, fundamentalmente, de sus producciones intelectuales, aunque no vivirá exclusivamente de eso vivirá en grado creciente de las producciones de su ciencia”. Ese es el futuro, hacia allá vamos.

«Romper» La Güira para regar las semillas


El autoabastecimiento empieza por hacer parir cada pedazo posible de la tierra cercana. Foto: José Luis Camellón
Aunque La Güira existe, aquí en Guantánamo, puede ser cualquier comunidad rural de Cuba. Es más, hiciera falta, hoy más que nunca, que los asentamientos de los campos nuestros fueran algo así como La Güira oriental, en eso de producir, al pie de casa, casi toda la comida que demandan.
Es verdad que, en La Güira del municipio Manuel Tames, nada más son 549 bocas; pero pasa que esa cantidad de bocas es el mismo número de espaldas dobladas en el trabajo, y el doble de los brazos para sembrar. Y con las tierras que los rodean –que no son las mejores, pero tocan a unas cuántas hectáreas por cabeza– allí las aprovechan mejor. Y por eso vas llegando y La Güira está rodeada de hortalizas, y de frutales, y de viandas, y los granos pronto alcanzarán para repartir a todos, y los cerdos y los pollos dan para alimentarse mejor, y hasta prueban ya con conejos, y de las propias gallinas salen huevos que, en un tiempo, darán más unidades por persona que las que en la ciudad llegan por la libreta.  
A La Güira de Guantánamo no va gente a trabajar por ellos. Dicen que se bastan ellos mismos y, según se ve, han entendido mejor que unos cuantos eso que repiten de muchas maneras, en el noticiero, en la radio, en los periódicos, sobre el autoabastecimiento, la producción local, la «capacidad endógena». Allí saben leer, claro que sí, porque como en toda Cuba hay escuelitas, y consultorios, y electricidad; pero puede que alguno se pierda un poco con lo que endógena quiere decir.
Lo que pasa es que el paisano de La Güira se va con esa duda para el campo, que no es un paraíso. Llueve poco, el sol abrasa, y los suelos sufren degradación, pero no existen tierras improductivas bajo el follaje de las plantaciones intercaladas de calabaza, plátano, yuca, boniato, habichuelas, ñame, frijol caupí… Puede que vuelvan a casa con la duda, pero traen el saco lleno, y sirven la mesa como se debe, y ­cuando llegan a aclarar la palabrita se dan cuenta de que «el aprovechamiento endógeno y la autosustentación» están cerca de resolverlo, porque producen ya las «30 libras per cápita» de surtidos del agro de las que tanto hablan, aunque falte limar muchas cosas todavía, como lo de «organizar el aporte de cada productor por cultivo», al decir del presidente del Consejo de Defensa Provincial, Rafael Pérez, uno de sus más entusiasmados impulsores.
Lo mejor de La Güira es que demuestra –caramba– que sí se puede comer bien con la producción local, que lo de autoabastecerse no es mentira, que es posible, que si allí hay tierra para 500, en Cuba hay suficiente para el millón que la quiera trabajar. Lo malo de La Güira es que eso que allí hacen apenas pasa en La Güira, que hay muy pocos lugares parecidos, y lo que hace falta ahora, «de corredera», es que La Güira «se rompa», a ver si riega la semilla de su ejemplo; a fin de que el entusiasmo y la urgencia de sembrar lo que nos vamos a comer, se conviertan de una vez en viandas, frutas, carnes, leche, granos… que es por donde empieza de verdad eso que llaman economía local.

La inflación en Cuba: Una señal a atender

Por Omar Everleny Pérez Villanueva Actualizado Jun 17, 2020


LA HABANA. Es muy complejo, aunque no imposible, tener una cifra de la real tasa de inflación en Cuba, pues coexisten varios mercados, muy segmentados, todos con diferentes precios y monedas… Pero, ¿qué se entiende por inflación?

La inflación no es otra cosa que el incremento generalizado de los precios promedio en un país para un período de tiempo determinado. Como otros indicadores económicos, usualmente se calculan para un año. La tasa de inflación, por tanto, proporciona el cambio porcentual anual en los precios al consumidor en comparación con los del año anterior.

Existen muchos métodos de cálculo, y uno de ellos, es establecer una canasta básica de productos y servicios necesarios para la existencia de un hogar promedio. La salvedad en el caso cubano es que hay una canasta básica mínima, que se entrega mensualmente para todos, a precios bajos, sin inflación anual, pero insuficiente para garantizar las necesidades mensuales de las personas. Se estima que esta canasta alcanza para unos 10 días como promedio.

El resto de los días del mes, se completan en los mercados en CUC o tiendas de recuperación de divisas —como también han sido denominados—, o los mercados de libre oferta o demanda, tanto agrícolas como industriales, e incluso en los mercados informales con productos legales e ilegales, pero que satisfacen determinadas necesidades.

La teoría económica plantea que es positivo para cualquier economía mantener la inflación baja, dado que un nivel de inflación alto distorsiona las señales del mercado, y además genera ineficiencias con graves afectaciones y, sobre todo, encarece la vida a las personas.

La crisis económica estructural como la que atraviesa la economía cubana, junto a choques externos como el bloqueo económico de Estados Unidos, la pandemia del COVID 19, la carencia de divisas por desajustes o disminución de las exportaciones, el pago de las deudas resultantes de los procesos de condonación, han afectado la oferta de bienes y servicios en el país, y eso se ha traducido en el aumento de los precios en productos en algunos mercados donde accede la población, como los del mercado agropecuario e informales.

Altos déficits presupuestarios financiados durante periodos largos en el país, mediante emisión monetaria, generaron una cierta inflación, y esa inflación afectó los ingresos reales al presupuesto. Otro factor que incide en el aumento de la inflación es la credibilidad de la autoridad monetaria (banco central) y la estabilidad y rigor en el manejo de la política monetaria, pero en el caso cubano esto no es muy negativo.

La crisis de inflación como la que se está generando en estos momentos en Cuba no es nada nueva, ya el país atravesó un Período Especial, derivado de la desaparición del mercado socialista, donde el PIB cayó en más de un 35 por ciento en los primeros años de la década del noventa, al igual que se produjo un retroceso importante en las exportaciones, sumado a la escasez de recursos monetarios por la cancelación de los créditos que se recibían de esas ex economías socialistas.

A pesar de esa adversa situación económica y la carencia de oferta, el gobierno cubano no afectó los salarios de los trabajadores, lo cual trajo consigo una espiral inflacionaria de magnitudes elevadas. El estado tuvo que subsidiar a la mayor parte de las empresas, lo que lógicamente generó un enorme déficit fiscal.

La causa de la inflación en tales circunstancias se explicó en el déficit fiscal, el cual fue cubierto con emisión monetaria en ausencia de otros medios financieros durante una gran parte de la crisis. Ello se reflejó en un aumento significativo de los precios en los mercados formales e informales ante la ausencia de productos o servicios.

En la figura 1 se muestra el incremento de precios que se produjo a comienzos de los noventa, y cómo la población llego a tener un 73 por ciento de liquidez monetaria con respecto al PIB. Esa liquidez disminuyó inmediatamente cuando el país comenzó a obtener los frutos de su reforma económica. Todo indica que en la actualidad hay un consumo postergado, ya que la población en el 2018 tenía ya un 58,9 por ciento de liquidez monetaria. Pero esa cifra muestra una enorme desigualdad en el país, pues hay un grupo importante de trabajadores a los que no les alcanza sus ingresos para el consumo básico, entre otros factores por los excesivos precios en CUC —que no son producto de la inflación, puesto que son precios estables, solo que estables y altos—, y por el creciente aumento de precios en CUP en la actualidad.

Figura 1: Tasa de Inflación y Liquidez en Cuba. 1990-2018

Fuente: Elaborado por el profesor Carmelo Mesa-Lago para “The Cuban Economy in the Context of the Covid-19,” Webinar, Harvard University, May 1,2020.

La complejidad de la medición de la inflación cubana radica en la existencia de una doble circulación monetaria (pesos cubanos y pesos convertibles), y más reciente la dolarización parcial (existen productos que se venden en dólares) junto a diversas estructuras de precios, donde se emplean distintos tipos de cambio. Además, persiste la distribución de productos y servicios subvencionados, o normados (libreta de abastecimiento), que brinda cobertura a toda la población.

También debe destacarse la tasa de cambio del dólar a peso cubano, que durante el Período Especial llegó a niveles de hasta 160 pesos por un dólar, ante la no existencia de un mercado formal y que pocas personas recibían o ganaban dólares. Y también era necesaria esa moneda para comprar en las nuevas tiendas que fueron creadas al efecto, ya que había productos que solo se vendían en dólares. Con la creación de las CADECA la tasa de cambio, a pesar de altas y bajas, se estabilizó en 24 pesos por dólar, y la decisión gubernamental fue establecer esa tasa de cambio fija.

Con la llegada de las remesas en cantidades cada vez más crecientes, se volvieron a dar contradicciones, ya que una parte de la población, puede pagar determinados productos a precios hiperinflacionarios, pero los que viven de salarios estatales se han resentido fuertemente con los elevados precios existentes.

Ya en 2020 ha ocurrido que una suma de factores externos e internos, sobresaliendo la escasez de divisas que tiene el país, la pandemia de COVID-19, y el arreciamiento del bloqueo, ha llevado nuevamente a la escasez de productos de primera necesidad, y esto a la vez ha disparado determinados precios.

Lo que se observa en la realidad cubana es una “inflación silenciosa” que está teniendo efectos sutiles sobre las personas y las autoridades, y puede llevar a cometer errores si no se toman medidas urgentes, especialmente en la agricultura.

A principios de los años 2000 la canasta de la compra de los cubanos experimentó ciertos cambios. Antes los productos permanentes de la cuota mensual por persona se podían adquirir por alrededor de 9,05 pesos cubanos (jabón, pan, aceite, café, arroz, huevos, carne de pollo y fríjoles), pudiera ser incluso algo superior si se le agregaba otro producto.

Ya en el 2005 esa misma canasta de productos normados o regulados valía 17,45 pesos. Un aumento del 148 por ciento. Además, la subida contrastaba con el ocho por ciento del aumento experimentado por las pensiones, un 6,72 por ciento del incremento del salario mínimo y un 11,9 por ciento del aumento del salario medio. El nuevo precio de la canasta solo incluía 2 libras de arroz y dos huevos adicionales. Un salto alto sucedió con el café, aunque en este caso la subida del precio, por la misma cantidad, ha sido del 1600 por ciento, ya que un paquete de café pequeño y mezclado empezó a costar unos 4 pesos, y antes su precio era de unos 25 centavos.

En el actual tiempo de Coronavirus, la canasta básica normada que se ofrece mensualmente por persona ronda los 80 pesos, si se incluye una libra de pollo adicional, productos de aseo y limpieza, los huevos adicionales, entre otros productos. No incluyo productos que se venden en CUC normalmente, pero son facilitados a las personas en CUP en esta coyuntura, como los refrescos gaseados en lata a 10 CUP, que no necesariamente son básicos ni resaltan por sus cualidades nutritivas. No obstante, insisto, esa cuota normada sigue siendo insuficiente para cubrir las necesidades de todo un mes.

Hay que ser preciso y recordar que a mediados del año 2019 una parte del sector presupuestario recibió un aumento de salarios significativos. Aun así, no alcanza.

Se dice que en el socialismo la fuerza de trabajo no es una mercancía, pero ¿acaso los trabajadores ya ni pueden aspirar a obtener una cantidad suficiente para satisfacer sus necesidades? Recordemos que a medida que la sociedad y sus componentes son más desarrollados, ese costo de reproducción de la fuerza de trabajo aumenta, no abarca sólo lo imprescindible para alimentar y vestir a los trabajadores y su familia, sino que también incluye un mayor tiempo de ocio, una salud más garantizada, el pago que permita disfrutar de unas merecidas vacaciones, ir al teatro, cine, comprar libros, electrodomésticos, etc.

Durante su comparecencia en una Mesa Redonda, Betsy Díaz Velázquez, titular del Ministerio del Comercio Interior (MINCIN), informó que algunos productos liberados, y por lo tanto no subsidiados, empezarán a venderse mediante el sistema de la libreta de abastecimiento y la red de bodegas, pero ahora con un sistema controlado.

En los mercados de oferta y demanda y los carretilleros, aun con el llamado de que nadie puede subir el precio a las mercancías, y se establecieran precios topados, estos se han incrementado.

Solo a modo de ejemplo, de demostración, y tomando como punto de referencia algunas zonas de la Ciudad de la Habana, se pueden ver algunos productos y sus precios. La unidad de medida se expresa en libras:



Fuente: Elaborado por el autor en base a su observación en mercados de los municipios Playa y Marianao.

La tabla anterior no es exhaustiva ni muy rigurosa, si no que fue confeccionada a simple observación en diferentes puntos de venta, pero sí indica la tendencia alcista de los precios.

No es ocioso mencionar que no toda la población cubana puede realizar las largas colas para comprar determinados productos necesarios en la cotidianidad, como aceite, cárnicos, productos de aseo y limpieza, que están escaseando, y eso es una brecha que la están ocupando ciertos intermediarios, para lucrar con la escasez existente, y por ende han subido extraordinariamente los precios de ese mercado informal.

Solo es posible atenuar la inflación cubana actual que va en ascenso con una mayor producción. Para esto tendrá que estar relacionada con las soluciones pensadas y con el plan nacional del gobierno, que se ha anunciado en las últimas semanas, pero aún sin divulgar su contenido. Se insiste en quitar las trabas que frenan la producción, pero no se observan los resultados de su eliminación. Mientras se apuesta por la gradualidad en las decisiones, la economía continúa retrocediendo.

Ojalá se les ofrezca a los economistas las potestades ofrecidas a los epidemiólogos y personal de la salud en Cuba, quienes lograron un buen manejo de la situación sanitaria en el país frente al COVID-19 y los resultados han sido exitosos. Sería muy factible que la economía, que está en una crisis estructural compleja, pudiera recaer también en manos de sus especialistas, o al menos fueran tenidas en cuenta algunas de sus propuestas.

Progreso Semanal/ Weekly autoriza la reproducción total o parcial de los artículos de nuestros periodistas siempre y cuando se identifique la fuente original y el autor. 

Síganos en Facebook, en Twitter @ProgresoHabana y en Telegram.

Si tiene alguna sugerencia, historia o dato que quisiera compartir con nuestro equipo, puede escribirnos a progresohabana@gmail.com