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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz
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martes, 2 de abril de 2019

Marchas y contramarchas: el pa’trás y pa’lante de la política económica

Si todos estamos de acuerdo, ¿por qué no sucede lo que debe ocurrir?

 


Por Dr.C Juan Triana Cordoví




Foto: Osbel Concepción.

Motivado por las discusiones en torno a las ponencias presentadas en el Seminario Anual del Centro de Estudios de la Economía Cubana de la Universidad de la Habana, que durante más de 20 años ese centro ha realizado año tras año y esta vez con el estímulo adicional de celebrar sus treinta años de fundado, es que he escrito esta columna. Coincide además con los primeros treinta años del inicio de la crisis que llamamos Período Especial. Cuba sobrevivió a esa crisis, incrementada por ese “pequeño escollo” que es el bloqueo norteamericano. Pero sobrevivir a la crisis no es desarrollarse.

Han sido treinta años tremendos, de hechos trascendentales, de marchas y contramarchas casi constantes.

En los inicios de aquel Período… se introdujeron cambios que promovieron una mayor descentralización en el sector empresarial estatal en la búsqueda de mayor eficiencia. Se identificó a la inversión extranjera como un elemento positivo –aunque no deseado– para nuestra golpeada economía; se otorgó una mayor apertura al trabajo por cuenta propia –es cierto que a regañadientes–; y se introdujo el dólar en la circulación nacional de monedas, para crear de facto la dualidad cambiaria y monetaria en la que ya ha nacido y vivido una generación de cubanos.

Luego asistimos a una primera contramarcha que condujo a restricciones al trabajo por cuenta propia; la ralentización de los proyectos de inversión extranjera, con nuevas exigencias y requerimientos a los mismos; la no renegociación para la continuidad de algunos y el cierre de otros junto a una fuerte ofensiva para reducir las sucursales comerciales de empresas extranjeras en Cuba. Además fue decretada la salida del dólar de las operaciones corrientes para ser sustituido por el CUC y se creó la cuenta única que entre otros efectos motivó que la economía comenzara a padecer un proceso de devaluación real del CUC. Esto nos ha traído hasta el famoso CL y la compleja situación financiera que debe solucionar hoy el país.

A partir del 2007, el presidente Raúl Castro tomó un grupo de medidas que significaban una apertura como nunca antes se había experimentado. En sus propias palabras se reconoció el carácter estratégico de la necesidad de emprender una reforma del sistema empresarial estatal, hizo explícito el apoyo del liderazgo político al trabajo por cuenta propia, introdujo y defendió las cooperativas no agropecuarias y elevó a necesidad estratégica la atracción y utilización de inversión extranjera directa: se aprobó una nueva ley y una política asociada a la misma y la Zona Especial de Desarrollo del Mariel. Cambió además la ley migratoria y por primera vez en casi sesenta años los cubanos pudimos optar por una visa para cualquier país sin tener que encomendarse a nadie.

Pero nuevamente aparecieron las contramarchas. La creación de la Organización Superior de Dirección Empresaria que lejos de conseguir más autonomía para la empresa estatal generó mayor centralización y burocracia, alejando las decisiones del lugar donde deben ser tomadas, y convirtiendo a aquellas en émulos enanos de sus propios ministerios: un sistema parasitario del sistema empresarial estatal. También se “revisó” la política hacia el trabajo por cuenta propia con más restricciones. Y todavía esperamos mayores facilidades hacia la inversión extranjera que le permitan al país reducir los tiempos que toma aprobar nuevos negocios y lograr procesos burocráticos más ligeros que faciliten su establecimiento. Mientras, la aprobación de nuevas cooperativas parece un proceso sumergido en algún glacial perdido del Himalaya. Es cierto también que en estos últimos meses hemos asistido, por suerte, a cierta rectificación de los decretos de agosto del 2018 sobre el trabajo por cuenta propia. También hay que decir que las nuevas medidas anunciadas recientemente sobre el este significan una mayor apertura.


Pero la lista y el billete siguen sin cuadrar. A pesar de que tanto Raúl Castro Ruz como Miguel Díaz-Canel Bermúdez han hecho énfasis en la necesidad de vencer las resistencias, de cambiar las mentes anquilosadas, de lograr la coherencia entre las políticas promulgadas, la realidad y los documentos programáticos aprobados por todo el pueblo de Cuba, incluyendo la nueva Constitución de la República que será proclamada en apenas unos días.

Si todos estamos de acuerdo, ¿por qué no sucede lo que debe ocurrir?, se pregunta mi amigo Goyo.

Reducir esas razones a caprichos, a mala voluntad, a incompetencia, a desidia e indolencia de algunos, sería adoptar una posición demasiado simplificadora, aunque también podemos encontrar un poco de todo eso. Sin embargo, prefiero utilizar otras herramientas para intentar comprender, al menos en parte, esta gran contradicción y la complejidad de los procesos que enfrenta Cuba.

Desde la economía institucional quizás podamos encontrar algunas respuestas.



Asumiendo un determinado entorno internacional, la gráfica ilustra la idea básica de la economía institucional de que el comportamiento de los principales agentes económicos de cualquier país (esto es, las familias, el Estado y las empresas) así como las políticas puestas en práctica, se encuentran determinados por la calidad de las reglas de juego (las instituciones) y que estas a su vez son generadas y están condicionadas desde y por el sistema político, la cultura, la ideología, la capacidad burocrática, administrativa y el sistema judicial. Son ellos los que generan y a la vez deben cumplir las políticas de todo tipo que definen los incentivos bajo los cuales operan esos tres agentes.

Ellos trabajan dentro de un entorno conformado por las condiciones de la economía y política internacional y por la políticas y condiciones nacionales. Sobre las primeras poco se puede hacer excepto ejercer una buena capacidad de adaptación y negociación. Sobre las segundas se puede hacer casi todo.

Las políticas nacionales deben permitir hacer realidad las estrategias al menor costo posible, facilitando y estimulando esas transacciones entre los tres agentes.

La coherencia de las políticas, de los programas, de los planes, dependerá en mucho de que esos sistemas estén alineados y produzcan reglas del juego COHERENTES con los objetivos de cada país; esto es, incentivos adecuados a esas realidades y propósitos.

Ocurre, no obstante, que existe un relativo grado de independencia, retraso y baja capacidad de reacción de cada uno de esos cinco sistemas. De ahí la gran dificultad de lograr la coherencia deseada.

La cultura aprendida, la ideología profesada, las preferencias políticas, los intereses creados, la capacidad para facilitar o entorpecer leyes y decretos emitidos, tienen algún grado de influencia en esas reglas de juego.

Pasa en todos los países, pero el hecho de que pase en todos con un determinado grado de impacto mayor o menor no puede servir de consuelo, sino solo como referencia.

Lo ilustro con hechos de nuestro día a día:

  • Aspiramos a tener empresas estatales más eficientes, pero la concepción del plan no deja espacio suficiente a esas empresas para buscar esa eficiencia.
  • Escuchamos que los resultados de las empresas estatales han mejorado pero los efectos de esa mejora no se plasman en el crecimiento de la economía.
  • Aspiramos a que las empresas estatales inviertan más pero el “aporte” que están obligadas a entregar conspira contra ese propósito y es parte de las razones de su descapitalización.
  • Deseamos mejorar y crecer en exportaciones, pero tenemos “incentivos negativos” suficientes (tasa de cambio, salarios, exceso de restricciones) que entorpecen ese propósito.
  • Necesitamos empresas estatales innovadoras, pero la manera en que se concibe el “plan” y las regulaciones para la formación de los salarios y la distribución de utilidades son contradictorias con ese propósito, de la misma forma que no se promueve la cultura del riesgo y la competencia.
  • Declaramos que el “sector no estatal” es más que un compañero de viaje en el propósito de un socialismo próspero y sostenible, pero mantenemos un listado positivo de empleos y no se acaba de emitir una ley de cooperativas ni tampoco una ley de pequeña y mediana empresa.
  • Deseamos conservar nuestra fuerza de trabajo de alta calificación pero los salarios que se pagan estimulan la emigración hacia otros sectores u otros países y no se permite a los profesionales ejercer “por cuenta propia” en sus propias profesiones.
  • Necesitamos elevar la tasa de inversión, pero no incentivamos la movilización de los recursos nacionales “no estatales” hacia ese propósito.
  • Pensamos primero en controlar antes que en promover.
  • Estamos mejor entrenados en identificar amenazas que en aprovechar oportunidades.
Las razones por las cuales estas contradicciones nos acompañan y nos han acompañado tienen que ver, en buena parte, con lo que intenté ilustrar más arriba. Con la existencia de culturas políticas e ideológicas resistentes a “actualizarse”, con comportamientos incluso personales marcadas por aprendizajes anteriores, con prejuicios, con legislaciones muchas veces obsoletas, pero aun vigentes, con espacios grises que permiten “interpretaciones personales” y que condicionan, dificultan, retrasan los mejores propósitos que un país pueda tener y hacen extraordinariamente difícil alcanzar la coherencia deseada y con intereses personales creados difíciles de renunciar.

Los “costos de transacción” son enormes. Son difíciles de medir. Muchas veces son intangibles, pero sin dudas participan de forma importante en buena parte de los problemas que Cuba enfrenta hoy, entre los cuales están:

  • bajas tasas de crecimiento económico,
  • balanza comercial de bienes negativa,
  • elevada dependencia comercial y
  • elevada concentración del comercio exterior en mercados y productos,
  • costos financieros elevados,
  • desaprovechamiento de la alta instrucción de nuestra fuerza de trabajo,
  • alta tasa de emigración de jóvenes con instrucción media y alta,
  • dependencia tecnológica elevada,
  • bajos flujos de capital extranjero, etcétera, etcétera.
No es para cruzarse de brazos. No es para pensar que nada puede hacerse, todo lo contrario. Es para entender que el futuro se gana todos los días, en una difícil lucha con una realidad multicompleja y que todos los días hay que trabajar por esa coherencia necesaria a la que todos a veces contribuimos no de la mejor forma.

Esos no son procesos del tipo ganar-ganar. Por el contrario casi todos son procesos ganar-perder. Ninguno está libre de costos, pero con buenos diseños institucionales –con reglas de juego coherentes– esos costos pueden hacerse los menores posibles.

Tenemos todo lo que hace falta para lograr cambiar esa realidad; una visión de país, un plan de desarrollo a largo plazo en construcción, una Constitución concertada más cercana a nuestras realidades de hoy que será proclamada en breve y sobre todo, lo más importante, un pueblo como pocos hay.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

¿Gazapos, contradicciones, incongruencias?

Por Lázaro González Rodríguez, El Estado como tal

Autor invitado de este blog, reconocido especialista en organización del trabajo y los salarios, comparte criterios sobre la Actualización de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución para el período 2016-2021.

“Un hombre que oculta lo que piensa, o no se atreve a decir lo que piensa, no es un hombre honrado”

José Martí

A continuación emito algunos criterios sobre la Actualización de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución para el período 2016-2021.
Teniendo en cuenta las palabras de nuestro Presidente, General de Ejército Raúl Castro Ruz, cuando dijo: “No siempre se tiene la experiencia en estas tareas, por eso lo que hagamos debe estar sometido constantemente a la crítica constructiva”. Y el párrafo establecido en la página 13 de la Conceptualización que señala: “El modelo actualizado de acuerdo con la presente Conceptualización no se concibe como una pauta acabada y estática, sino como un patrón activo y perfectible, a partir de los avances en la teoría de la construcción socialista y su interacción con la práctica”.
  1. En el acto clausura del XIII Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba efectuado el 15 de noviembre de 1973, Fidel expresó: “No se impone un punto de vista, se discute con los trabajadores. No se adoptan medidas por decreto, no importa cuán justas o cuán acertadas puedan ser determinadas medidas. Las decisiones fundamentales que afectan a la vida de nuestro pueblo, tienen que ser discutidas con el pueblo y esencialmente con los trabajadores”. Palabras ratificadas por Raúl en la clausura del XX Congreso de la CTC. Si estas orientaciones existían ¿por qué no se discutió con el pueblo y especialmente con los trabajadores, tanto la Conceptualización como los Lineamientos? ¿No van estos documentos a regir la vida del pueblo durante los próximos años? ¿Puede la supraestructura cambiar el modelo económico y social de un país sin consultar y ver el criterio de la población? Estamos sentando un mal precedente para las futuras generaciones que dirigirán este país. ¿Es que solo van a tener conocimientos de estos documentos quienes tienen acceso a Internet?
  2. Tanto en la Conceptualización como en los Lineamientos no se establecen objetivos definidos para el pueblo y los trabajadores como parte del mismo. ¿Son los trabajadores o los niveles superiores de dirección  los encargados de materializar los objetivos planteados?
  3. Tampoco se hace señalamiento alguno en cuanto a las tareas de la juventud. Téngase presente que de acuerdo con los salarios actuales, un graduado universitario después de uno o dos años de servicio socialdevengará 365 CUP, o lo que es lo mismo, 14,6 CUC si no está aplicado el Perfeccionamiento. Hay que tener presente que la diferencia entre un obrero no calificado y un graduado universitario es de 140 CUP, o lo que es  igual a 5,6 CUC ¿Cuál es el futuro de la juventud? ¿Es que los viejos vamos a definir el futuro de la juventud? ¿Somos eternos?
  4. Los Lineamientos, salvo excepciones, no concretan los objetivos que se proponen. En su redacción se utilizan términos tales como “continuar, priorizar, avanzar, incrementar, alcanzar, lograr, consolidar, perfeccionar, fortalecer, estructurar, concluir, fomentar, establecer, trabajar,” etc. Es muy difícil —diría imposible— saber qué obtendremos en el período 2016-2021. El cómo y cuándo brillan por su ausencia.
  5. En ambos documentos no se le da la prioridad que requiere la productividad como indicador de eficiencia de trascendencia inigualable para el incremento de la producción. En el número 24 de los Lineamientos se alude a la productividad contrayéndose esta a lograr mayores niveles basada en los factores técnico-materiales. Parece que al escribir este párrafo se olvidaron los factores económico-sociales, de gran preponderancia en nuestras empresas, y que son, entre otros: la elevación del nivel técnico-cultural y profesional de los trabajadores, elevación del bienestar material, implantación de la organización científica del trabajo, fortalecimiento de la disciplina laboral, pago según la cantidad y calidad del trabajo aportado, desarrollo de la emulación socialista y, como parte de ella, la divulgación de las experiencias de vanguardia, la distribución planificada de la fuerza de trabajo, la reducción de los accidentes del trabajo, el mejoramiento de la calidad de los productos.
Cuatro son los aspectos esenciales para que el trabajador realice su labor con alta productividad, con satisfacción y disfrute: la riqueza de contenido, la vocación y calificación, la participación protagónica en la toma de decisiones y un sistema salarial que refleje lo más exactamente posible el pago por la calidad y cantidad de trabajo aportado. De no estar presentes estos cuatro aspectos, total o parcialmente, se produce un alta significativa de la fluctuación laboral, la que conduce, en la mayoría de los casos,  a que la inversión realizada en su preparación no fructifique como es debido y la fuerza de trabajo, en la generalidad de los casos, se convierta en una mercancía sujeta a la ley de la oferta y la demanda.
Dentro de los indicadores de eficiencia en las empresas o entidades productivas, la productividad del trabajo deviene el indicador fundamental, ya que, como bien señaló V. I. Lenin: “El factor más importante, el decisivo para el triunfo del nuevo régimen social es, en última instancia la productividad. El Che, agregaba: “Todo se reduce a un denominador común en cualquiera de las formas en que se analice: al aumento de la productividad del trabajo, base fundamental de la construcción del socialismo y premisa indispensable para el comunismo”
Como señalara nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro: “El único camino mediante el cual se puede ir elevando el estándar de vida es por el camino de ir elevando la producción. Y el camino de ir elevando la producción es elevar la productividad. Y la productividad se eleva con la técnica y la organización”.
Continuando su pensamiento sobre este tema, Fidel expresó el 1º de Mayo de 1971, lo siguiente: “¿Dónde debemos dar la batalla, ya una batalla  más larga, más difícil, pero que solo se puede dar y solo se puede ganar con los obreros, con los obreros? Es la batalla de la productividad, la batalla del aprovechamiento de la jornada de trabajo, la batalla por el uso correcto de los recursos humanos. No basta con que incorporemos a todos al trabajo. No haríamos nada si los incorporamos  y no aprovechamos sus energías, no haríamos nada si los incorporamos y no aprovechamos la jornada, no haríamos nada si los incorporamos y bajamos la productividad…”
No obstante ser una ley económica del desarrollo social y los planteamientos anteriormente expresados por Lenin, el Che y Fidel, en la actualidad no se presta una real atención a la productividad. Afirmamos esto porque:
  • La productividad no se sitúa como eslabón fundamental en la Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista ni en los Lineamientos.
  • En los indicadores directivos, los cuales son de eficacia o resultados, no aparece la productividad como indicador de eficiencia.
  • No se le presta la debida atención al incremento de la productividad con relación al salario medio, este crece ostensiblemente con respecto a la productividad, limitando, entre otros, los fondos para la salud, la educación, las inversiones, etc.
  • El concepto de productividad no está claro, se emplea en empresas cuya eficiencia debe medirse por otro indicador.
  • No existe, a nivel de empresa, ni unidades productivas, un plan de medidas para el incremento de la productividad debidamente aprobadopor los trabajadores.
  • El cálculo de la productividad no se realiza a precios constantes ni se eliminan los factores que puedan distorsionarla.
  • El cálculo de la productividad en el Plan Técnico Económico se hace aritméticamente, formalmente.
  • No existe un programa para la preparación de técnicos en organización del trabajo y los salarios.
  • No se realizan estudios de organización del trabajo que den al traste con el voluntarismo en la determinación de las plantillas, las normas y la estructura de dirección.
  • No existe un sistema salarial que refleje lo más fielmente posible el pago por la calidad y cantidad de trabajo aportado y, por tanto, sea un factor significativo para el incremento de la productividad.
Concluimos con el pensamiento martiano que expresa: “…cuando el error no está sostenido por la fuerza y la ignorancia dominantes, el error, por sí propio se deshace y cae”.
  1. En el Lineamiento 6 se puede leer: “Exigir la actuación ética de los jefes, los trabajadores y las entidades…” Y en el 113 aparece: “Impulsar el desarrollo integral y pleno de los seres humanos (…) Promover y reafirmar la adopción de los valores, prácticas y actitudes que deben distinguir a nuestra sociedad.” Efectivamente, desde inicios del período especial han disminuido sensiblemente los valores éticos, entre los cuales podemos citar: Las indisciplinas, las ilegalidades, el burocratismo, el robo, la malversación, la corrupción, etc., frente a lo cual debemos tomar todo un conjunto de medidas dentro de ellas, innegablemente, la reforma de los salarios y la disminución de los precios.
La conciencia es producto de la materia por ello, la satisfacción de las necesidades materiales es un factor determinante en la eliminación de aquellos aspectos que lastran la eticidad de las personas.
Ahora bien, con consignas no resolveremos el problema. Durante muchísimos años lo señalado en los Lineamientos 6 y 113 se ha repetido incansablemente; la cuestión no estriba en hacer declaraciones, sino en buscar las causas que producen estas situaciones y acometer un programa que las enmiende. Los Lineamientos solo hacen declaraciones, no aportan soluciones a los problemas.
La construcción del socialismo no es solo producir riquezas, sino también crear un hombre nuevo, ético, lo que no se puede descuidar en modo alguno.
  1. Al leer el aspecto dedicado a la seguridad social (Lineamientos 137 y 138) resulta indignante que en el contenido de ambos solamente se traten los problemas financieros dejando a un lado el incremento de las jubilaciones. En el VII Congreso del PCC, Raúl admitió que tanto el salario como las jubilaciones no daban respuesta al costo de la vida. ¿Es posible que más de cinco millones de pensionados que han batallado durante todos estos años de Revolución, al final de la vida tengan una pensión promedio de 269 pesos —unos 11 CUC— y que un por ciento considerable reciba como pensión 200 pesos —hasta 8 CUC? Esto es algo realmente incomprensible. ¿Es que acaso los pensionados,—personas que sobrepasan los 60— años tienen que esperar a que se eleven sus pensiones después del año 2021? ¿Tienen noción  los niveles superiores de lo que se puede adquirir con 11 CUC o menos?
  2. En los acápites 12,  22, 33, 139, 142 y 227 se trata el problema salarial. En todos ellos se muestra la falta de conocimientos sobre la temática según demostraremos a continuación:
a. En el número 12 se da por sentado que el principio determinante de los ingresos de los trabajadores y sus jefes debe estar en correspondencia con los resultados obtenidos. ¿Los resultados que se obtengan por quién? Existe una confusión entre las fuentes de financiamiento y el principio de pagar por la calidad y cantidad de trabajo.
b. El 22 establece el incremento gradual del poder adquisitivo de los ingresos provenientes del trabajo. ¿Y los ingresos no provenientes del trabajo como puede ser la jubilación no es objeto de dicho incremento?
c. En el número 33 se afirma que la condición necesaria para avanzar en el restablecimiento del funcionamiento de la ley de distribución socialista, “De cada cual, según su capacidad; a cada cual según su trabajo” está determinada por la estabilidad monetaria y cambiaria.Esta afirmación es incorrecta ya que:
  • El pago por la calidad y cantidad de trabajo aportado por el trabajadorno depende de la estabilidad monetaria y cambiaria.
  • Más de una vez he explicado a los diferentes niveles que la distribución en el socialismo no se efectúa solamente a través del salario, sino que la riqueza creada se distribuye también por medio de los fondos de consumo social (salud pública, educación, etc.)
  • La ley de distribución salarial en modo alguno implica que cada trabajador aporte según su capacidad ya que el desarrollo económico del país lo impide.
  • Distribuir de acuerdo con el trabajo aportado por cada trabajador no es un principio socialista, sino burgués. Invito a estudiar lo señalado por Marx en Crítica del Programa de Gotha y por V. I. Lenin en El Estado y la Revolución.
d. En la página 48 de la Conceptualización se expresa: “La distribución de la riqueza creada en correspondencia con la complejidad, cantidad y calidad de trabajo aportado por cada cual…”Asimismo, en la página 49 se plantea: “En consecuencia, existen diferencias en los ingresos de quienes trabajan, en función de la cantidad, calidad, complejidad y los resultados obtenidos”. No tengo la menor duda de que quienes intervinieron en la redacción de ambos documentos y los discutieron carecen de la menor noción de los conceptos y de la teoría salarial. ¿Por qué digo esto?
  • La calidad del trabajo no debe confundirse con la calidad del producto o del servicio puesto que la misma comprende las características o cualidades que hacen diferente un trabajo del otro.
  • La calidad comprende a la complejidad y tiene dos aspectos centrales: la complejidad dada por el tiempo socialmente necesario para que el trabajador adquiera los conocimientos teóricos, prácticos, habilidades, etc., para el desempeño de un puesto de trabajo dado, y los factores extracalificatorios que no implican una mayor complejidad, sino que en el ejercicio del puesto se gasta un cúmulo superior de energías físicas y/o mentales a las consideradas como normales, tales como el esfuerzo físico, las altas temperaturas, pestilencia, nocturnidad, etc.
  • Es redundante hablar de cantidad y de resultados. La cantidad se puede medir ya sea a través de las unidades ejecutadas o por el tiempo de trabajo.
e. En el lineamiento 139 se habla de rescatar el papel del trabajo, sin embargo, no se explica cómo lograrlo. Se ha puesto de moda una frase entre la mayoría de los trabajadores “Hacen como que me pagan y yo hago como que trabajo”.
f. En los Lineamientos 142 y 227 se alude el famoso pago por resultados el cual, subrayo, es un invento cubano y viola los más elementales principios de la teoría general de los salarios.
La verdad no es siempre comprendida, ya sea por falta de conocimientos, o porque conspira contra los intereses creados.
Es incuestionable que los salarios actualmente vigentes en el sector estatal no se corresponden con los altos precios de las mercancías y servicios, así como que el sistema salarial existente presenta serias incongruencias que impiden el cumplimiento de sus objetivos básicos, lo que impone su reforma integral. Reforma que no solamente buscará el incremento salarial, sino que establecerá un sistema que contribuya al aumento de la productividad del trabajo, la calidad de vida, la calificación, la disminución de la fluctuación, etc., y, junto a ello, será necesario revisar los precios —para evitar súper ganancias— y su control, al tiempo de establecer un impuesto progresivo a los altos salarios e ingresos.
El Ministerio de Trabajo y Seguridad Social encontró una “maravillosa solución” a esta problemática dictando la Resolución 17 del 23 de abril de 2014. En ella se estipula la aplicación del sistema de pago a destajo con las normas elementales existentes, y el pago por resultados, —contribución a la teoría general del salario—, donde se fija que si la empresa no cumple su valor agregado bruto, todos los trabajadores recibirán un salario 225 pesos.  Se nota que los niveles superiores no saben qué con 225 pesos no se puede vivir, quizás esto se deba a que hace algunos años en los organismos globales se incrementaron sustancialmente los salarios.
Dicha resolución y las subsiguientes —las 6 de 2016 y la 1 de 2017—   incumplen las orientaciones de nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro en el acto clausura del XIII Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba efectuado el 15 de noviembre de 1973. Palabras ratificadas por el General de Ejército Raúl Castro en la clausura del XX Congreso de la CTC. ¿El salario no es un problema fundamental de los trabajadores y el pueblo en general? ¿Cómo se ignoró  esta orientación de Fidel corroborada por Raúl? ¿En qué país estamos? ¿Dónde estaban la CTC y sus Sindicatos?
Tal y como hemos señalado, en la Resolución 17 se disminuye a 225 pesos el salario de los trabajadores cuando la empresa no cumple el valor agregado bruto, suma que todo el mundo conoce no alcanza para vivir. Lo anterior nos obliga a preguntarnos: ¿a qué tipo de concepción ideológica se debe? ¿qué responsabilidad tienen los trabajadores cuando por causas ajenas a su voluntad no se cumple el VAB? Esta medida jamás fue aplicada por la Revolución pasando por las reformas salariales de 1963, 1980 y 2005. ¿Cómo conceptuar este cambio de política?
El 21 de marzo de 2016 se dicta la Resolución 6, disponiendo que en lugar de ir los trabajadores a 225 pesos a causa del incumplimiento del VAB, recibirían como salario el de la escala por complejidad. Se sigue la misma concepción, no se reconocen los pagos por condiciones anormales, los pagos por nocturnidad, por la importancia de la rama, por antigüedad, por aplicar el perfeccionamiento, etc. ¡que los de a pie paguen cualquier error  cometido por los organismos superiores!
Al inicios de 2017 se dictó la Resolución 1 que establece un indicador límite adicional al valor agregado bruto: la utilidad con respecto al valor agregado. Se complejiza aún más el cálculo del salario.
En todos los casos se trata de que el salario tenga el respaldo material correspondiente, lo cual entendemos debe alcanzarse mediante el crecimiento de la productividad por encima del salario medio.
Veamos cuál ha sido el resultado de tales resoluciones. En la p. 132 del Anuario Estadístico de Cuba, la edición 2016 de la Oficina Nacional de Estadística e Información, se puede leer: “El PIB mide el valor agregado bruto de toda la economía en un período, y su tasa de crecimiento puede ser considerada como uno de los principales índices de la evolución de la economía de un país” Así, tenemos que en el período 2014-2016 a precios constantes, el PIB creció en el 7,5% mientras que el salario medio tiene un incremento del 57%, lo cual pone de manifiesto un crecimiento muy  superior al de la productividad del trabajo. Cabe una sola pregunta:¿el incremento salarial en este período tiene respaldo productivo?¿El sistema de pago por resultados en este período incrementó la producción y la productividad?
La introducción de estas resoluciones no se justifica desde el punto de vista económico, por el contrario, han traído, entre otros, los siguientes efectos:
  • Restricciones al crecimiento de la productividad.
  • Mayor anarquía de los salarios.
  • Aumento de la tasa de fluctuación.
  • Subutilización de la calificación.
  • No correspondencia del salario con el trabajo individual.
  • Dificultades contables, etc.
Ahora bien, al analizar la Resolución 6, nos encontramos, entre otras, las situaciones siguientes:
Planificación burocrática.
  • Los trabajadores no participan en la elaboración del Plan ni en
sus ajustes posteriores hasta su aprobación por los niveles superiores, sin embargo, son ellos quienes tienen que cumplirlo.
  • La información a los trabajadores del Plan aprobado es, generalmente, formal.
  • Muchas veces la entidad no cuenta con el Plan aprobado en el primer trimestre del año.
  • La desagregación del Plan entre las UEB es generalmente tardía.
  • El Plan no se sustenta en un programa de medidas técnico-organizativas aprobadas por los trabajadores con vistas a lograr una mayor eficiencia.
  • El cálculo de los diversos indicadores no se hace a precios constantes, lo que puede tergiversar los resultados en correspondencia con los aumentos de los mismos sin que se hayan producido valores de uso.
  • Existen problemas metodológicos y contables para el cálculo del valor agregado bruto en distintas entidades.
  • El sistema de pago por resultados no promueve la racionalización de los trabajadores toda vez que se incrementa el coeficiente de gastos de salario por peso de valor agregado y con esto disminuye el salario de los trabajadores.
  • El sistema de pago por resultados no promueve el aumento de la producción y la productividad en las empresas y UEB.
  • Al establecerse el salario en base a los resultados de la entidad, existen trabajadores que no influyen en el cumplimiento del VAB y, no obstante, reciben los incrementos o decrementos en sus salarios.
  • Los trabajadores, por regla general, no dominan los indicadores a que están sujetos sus salarios. La explicación de su cumplimiento, cuando se hace, es formal, y conocen sus salarios al finalizar el mes, lo que impide su proyección en cuanto a gastos.
  • La existencia de topes en las oficinas centrales de las empresas hace que en las UEB se pueda devengar un mayor salario. Al mismo tiempo, hace que el salario de todos los trabajadores, en la oficina central y cuando se alcanzan los topes, sea el mismo para todos los trabajadores con excepción del director.
  • Cuando el monto de salario en las oficinas centrales rebasa los topes establecidos, los trabajadores reciben sus salarios de forma tal que los menos calificados obtienen una prima superior.
  • Los coeficientes de distribución salarial generalmente no corresponden a la labor rendida por el trabajador.
De todo lo planteado se deduce que es imperativo solucionar a la problemática salarial y al incremento de las jubilaciones. En correspondencia con ello insistimos en que la solución de la problemática salarial es la reforma integral del sistema, la cual requiere tiempo de preparación, y su implantación debe de ser paulatina empezando por las ramas fundamentales de nuestra economía y teniendo presente que hay que preparar adecuadamente a los organizadores del trabajo de forma tal que las plantillas infladas, las normas de trabajo, los sistemas de trabajo no se refrenden con el dedo, sino que tengan un basamento técnico.
  1. En el lineamiento 145 se lee: “Dar continuidad a la eliminación ordenada y gradual de los productos de la libreta…” Este objetivo solamente puede lograrse cuando se incrementen los artículos de consumo, se aumenten los salarios y las jubilaciones y se disminuyan los precios al por menor, lo demás sería una hecatombe para quienes, desgraciadamente, tienen que subsistir con los pocos productos que actualmente se adquieren mediante la libreta de abastecimientos.
  2. El No. 140 expresa “Favorecer la incorporación al empleo de las personas en condiciones de trabajar…” Favorecer no es el término adecuado, el Estado debe garantizar la incorporación al trabajo como derecho ciudadano.
  3. En el No. 103 se señala: “Continuar fomentando el desarrollo de investigaciones sociales y humanistas…” ¿las económicas no son importantes? ¿Está dicho todo sobre economía?
  4. El No. 254 expone “Perfeccionar el programa de capacitación para la implantación de las políticas que se aprueben…” cabe preguntarse: ¿y las que ya se han aprobado qué? ¿Están suficientemente preparados los directivos? ¿Por qué no se instrumentan carreras universitariassobre dirección empresarial y la dirección de recursos humanos, respectivamente?
  5. En el No. 187 se utilizan los términos desarrollar las producciones y   fortalecer las capacidades, ¿qué quiere decir esto?
  6. En el No. 8 se dice: “Continuar otorgando gradualmente a las direcciones de las entidades y del sistema empresarial nuevas facultades…” Sobre el particular tengo los siguientes  criterios:
  • A los trabajadores, que son quienes en definitiva elevarán la producción y la productividad, deben otorgárseles facultades que impliquen la toma de decisiones. En este sentido es de relevancia la aprobación de los proyectos de planes técnico-económicos que elabore la dirección de la empresa, los ajustes posteriores y su control, aspectos que no deben decidirse sin la aprobación de los trabajadores.
  • El otorgamiento de facultades a las empresas y entidades empresariales debe hacerse con sumo cuidado evitando por todos los medios que estas correspondan a la dirección superior delos organismos o del Gobierno. Como ejemplo podemos citar la organización del sistema salarial, la regulación de precios, etc.
  • Para la ampliación de las facultades a las entidades anteriormente señaladas debe tenerse presente el nivel de calificación de los directivos y trabajadores, las altas tasas de fluctuación, así como la divulgación efectiva de las disposiciones que se adopten.
Hasta aquí algunas observaciones sobre los Lineamientos.
27 de agosto de 2017

Lázaro González Rodríguez (1941)
Licenciado en Economía Universidad de La Habana, Doctor en Ciencias Económicas graduado en la Universidad de Leipzig, antigua RDA, con calificación Magna Cum Laude, Profesor Titular Adjunto de la Universidad de La Habana. Ha dedicado 57 años de su vida a la organización del trabajo y los salarios, y a la dirección empresarial. Laboró durante 20 años en el Ministerio de Trabajo ocupando, entre otros cargos, el de director de Salarios, viceministro y director fundador del Instituto Nacional para la Investigación Científica del Trabajo. En el período 1980 a 1981 dirige la elaboración del sistema salarial en Etiopia Socialista. Durante 1997 forma parte del grupo gubernamental que elaboró las bases para el perfeccionamiento empresarial en las empresas estatales civiles (segundo jefe del grupo). Presidió la Comisión de Organización del Trabajo y los Salarios al XIII Congreso de la CTC, Delegado empleador ante la OIT durante los años 1988-2000. Director de la Empresa de la Goma «Conrado Piña» durante 16 años (empresa laboratorio y primera en el país en aplicar el perfeccionamiento empresarial). Ha escrito varios libros sobre la temática, entre los cuales se encuentran: Introducción a la Economía del Trabajo (libro de texto en la Facultad de Economía de la Universidad de La Habana desde 1974 hasta 1979), El SalarioEl Sistema de tarifa entre los países miembros del CAME (coautor); Contribución a la teoría general del salario en Cuba(2016); y decenas de artículos publicados en Cuba y en el extranjero. Ha sido nominado cinco veces al Premio Nacional de Economía. Desde el año 2000 al 2003 se desempeñó como asesor del entonces Ministerio de Industria Básica para el perfeccionamiento empresarial. Es miembro de Honor de la Asociación de Economistas de Cuba. desde 2004 labora como consultor.
Publicaciones recientes
Lázaro González Rodríguez. “Conocimientos y participación”. Cuba Siglo XXI. Número CXLIII – Junio 2017. 03 Junio 2017 http://www.nodo50.org/cubasigloXXI/conocimientos-y-participacion/

lunes, 18 de mayo de 2015

Algunas reflexiones sobre plan y mercado en el socialismo y el modelo cubano actual

Por Dr. José Luis Rodríguez - Asesor del CIEM 

Uno de los temas más discutidos en torno a la construcción del socialismo se ha referido a lo largo de los años a la permanencia de las relaciones monetario-mercantiles en este proceso. En este sentido, el manejo de relaciones monetario-mercantiles en el socialismo, debe realizarse tomando en cuenta su carácter contradictorio, asimilándolas como un elemento no consustancial al socialismo, pero en cuya construcción el mercado tendrá que ser tomado en cuenta durante largos años.

La opinión de Marx y Engels sobre el tema partía de considerar la desaparición del mercado en el socialismo, tomando en cuenta la elevada socialización de la producción que debía alcanzarse y por tanto, la posibilidad de una expresión llana del carácter social del trabajo, sin que fuera necesaria la mediación del intercambio mercantil para ello. Al respecto, Engels plantearía "Tan pronto como la sociedad se adueñe de los medios de producción y los aplique a esta, socializándolos directamente, el trabajo de cada individuo, por mucho que difiera su carácter específicamente útil, adquirirá de antemano y directamente el carácter de trabajo social."

La interpretación de Lenin sobre la existencia de las relaciones monetario-mercantiles en el socialismo no difería inicialmente en esencia de la que habían expresado con anterioridad Marx y Engels.

Con el triunfo de la Revolución de Octubre, comenzó por primera vez en la historia, la construcción de una nueva sociedad libre de la explotación del hombre por el hombre.

En estas novedosas circunstancias, si bien ya Marx en su trabajo de 1875 "Crítica al Programa de Gotha" había establecido la necesidad de un período de transición entre el capitalismo y el socialismo en el que estarían presentes aún elementos propios de la sociedad capitalista, no podía anticipar la elevada complejidad que este proceso supondría en el país más atrasado de la Europa de entonces.

Pocos meses después del triunfo revolucionario en Rusia, el país se sumergía en una sangrienta guerra civil durante tres años. En esa etapa la economía se puso necesariamente en función de la defensa, lo cual demandó la aplicación de procedimientos extraeconómicos expeditos para asegurar mediante la requisa de alimentos la supervivencia del Ejército Rojo, lo que conllevó posponer en la práctica el inicio de la construcción socialista.

La política económica aplicada en esta etapa –conocida como el comunismo de guerra– llevó, por imperativo de las circunstancias, a la desaparición de las relaciones mercantiles en la economía de entonces. Se creó la ilusión de que se podía prescindir a corto plazo de las categorías mercantiles hasta llegar –incluso– a la eliminación del dinero.

Con el fin de la guerra civil surgió la necesidad de restaurar la economía del país que estaba completamente devastada. El análisis desarrollado por Lenin entonces tomó en cuenta que la estructura económica básica de Rusia la constituía la pequeña producción de una enorme masa de campesinos a los que había que incentivar a través de la libertad de comercio, unida al inevitable desarrollo del capitalismo que de ello se derivaría, por lo que no quedaba otra salida que reconocer las relaciones monetario-mercantiles abriendo un espacio para su desarrollo hasta llegar incluso a cierta forma de capitalismo de Estado como única alternativa en esas circunstancias en las que se demandaba el apoyo del campesinado y financiamiento para sobrevivir.

Emergió así en 1921 la Nueva Política Económica (NEP), la que Lenin siempre concibió como un retroceso táctico inevitable para salvar el país ante circunstancias excepcionales. Al respecto se señalaría "El intercambio significa la libertad de comercio, es capitalismo. Este es útil para nosotros en la medida en que nos ayude a luchar contra la dispersión del pequeño productor, y en cierto grado, contra el burocratismo. En qué medida, lo comprobará la práctica, la experiencia." También se reconocería claramente el carácter transitorio de estas concesiones al expresarse "Nos hemos replegado hacia el capitalismo de Estado. Pero nos hemos replegado en la medida debida. Ahora nos replegamos hacia la regulación estatal del comercio. Pero nos replegaremos en la medida debida. Hay ya síntomas de que se vislumbra el final de este repliegue, de que se vislumbra en un futuro no muy lejano la posibilidad de cesar este repliegue."

Durante muchos años con posterioridad a la implantación de la NEP se ha pretendido dar a esta política económica específica un carácter universal, como si se tratase de una regularidad del socialismo. Al respecto Ernesto Che Guevara agudamente señalaría "Como se ve la situación económica y política de la Unión Soviética hacía necesario el repliegue de que hablara Lenin. Por lo que se puede caracterizar esta política como una táctica estrechamente ligada a la situación histórica del país, y, por tanto, no se le debe dar validez universal a todas sus afirmaciones."

Con posterioridad a la muerte de Lenin la discusión sobre la acción de la ley del valor en el socialismo y su relación con la planificación continuó durante algunos años, y este debate sobre la política económica se vinculaba con el que se desarrollaba en torno a la estrategia de desarrollo por implementar en la URSS.

Como se conoce, se enfrentaron diversas posiciones. Por un lado se encontraban las tesis defendidas por Nicolái Bujarin, que mantenía una posición que reconocía en esencia la vigencia de la ley del valor, al tiempo que defendía una industrialización gradual basada en una no confrontación con el campesinado, al que consideraba incluso podría enriquecerse.

Por otro lado, estaban las ideas de Eugenio Preobrazensky publicadas en su libro de 1926 "La Nueva Economía" en el que defendía la extracción del excedente económico agrícola mediante un intercambio no equivalente con la industria socialista, conformando lo que denominó la ley de la acumulación socialista originaria que actuaría imponiéndose a la acción de la ley del valor.

En estos debates donde participaron múltiples economistas y políticos soviéticos preponderó –no obstante-- la valoración sobre las relaciones monetario-mercantiles como algo heredado del capitalismo y no esencialmente asociado al desarrollo propio del socialismo.

Lamentablemente estas discusiones quedaron truncas.

La solución a las contradicciones que se generaron con la aplicación de la NEP y las tensiones a ellas asociadas, no recibieron el tratamiento político previsto por Lenin, sino que fueron enfrentadas con medidas políticas de coerción que caracterizaron el proceso de colectivización forzosa de la tierra realizado principalmente entre 1929 y 1936, basado en una polémica interpretación sobre la lucha de clases enarbolada en el partido dirigido por J. Stalin. Este proceso coincidió con un acelerado desarrollo de la industria pesada a partir del primer plan quinquenal aprobado para el período 1928-1932.

Se produjo así –por medios coactivos y extraeconómicos- la captación de los recursos de acumulación, generados en mayor medida por la economía campesina para emprender la industrialización soviética.

En tanto que este desarrollo ocurría, no se brindó espacio para el esclarecimiento teórico de las relaciones monetario-mercantiles, limitándose la discusión a partir de los años 30 del siglo pasado al abordarse separadamente el empleo de las categorías mercantiles, según los principios del cálculo económico.

El vacío conceptual que ello representó tendría importantes consecuencias para la construcción del socialismo en la URSS y en los países que emprendieron ese camino tiempo después.

No sería hasta años más tarde, una vez concluida la Segunda Guerra Mundial, que se convocó nuevamente a un debate científico del tema a partir de la necesidad de dar una respuesta coherente a un tema medular en la construcción del socialismo, y se exponen las conclusiones de ese análisis por Stalin en su conocido trabajo de 1952 "Los problemas económicos del socialismo en la URSS". En este documento se daba una explicación a la permanencia de las relaciones monetario-mercantiles en el socialismo a partir de la existencia de distintas formas de propiedad, en tanto que a la presencia de categorías mercantiles en el seno de la propiedad estatal se le atribuía un carácter formal y solo vinculado a los efectos del cálculo estadístico-contable.

Esta interpretación solo sería gradualmente superada en el transcurso de los debates que se efectuaron en el contexto de la reforma económica que debía implementarse y que duraron en la URSS desde 1958 hasta 1965.

Se logró entonces una explicación acerca de la permanencia de las relaciones monetario-mercantiles en el socialismo a partir de la persistencia de la división social del trabajo, del insuficiente nivel de desarrollo de las fuerzas productivas y –por tanto-- de la imposibilidad de lograr una expresión directa del carácter social del trabajo, lo que ocasionaba la presencia de un aislamiento económico relativo entre los productores, que aún sin que existiera la propiedad privada sobre los medios de producción, debían confrontar a través del mercado la utilidad social del producto de su trabajo, que aparecía así como un trabajo indirectamente social.

Aun cuando esta explicación constituyó un gran aporte conceptual, su aceptación no resolvió el problema asociado a la correcta interpretación del carácter contradictorio del mercado en el socialismo.

II

La construcción de las nuevas relaciones de producción que suponía el socialismo implicaba un enorme desafío histórico, ya que el hombre debía participar de forma consciente en este proceso.

El pueblo llegaba al triunfo de la revolución después de siglos de prevalencia de los intereses individuales y de su materialización a través de la propiedad privada.

La implantación de la propiedad social sobre los medios de producción no suponía meramente un acto jurídico, sino una raigal transformación de la mentalidad del ser humano que debía aprender a conjugar, en un período de tiempo muy breve, sus intereses individuales con los intereses sociales, aceptando –además-- la preponderancia de estosúltimos como premisa para el avance de los proyectos personales. Esto suponía un proceso político e ideológico de adaptación a las nuevas condiciones sociales que no podía transcurrir sin atravesar complejas circunstancias y profundas contradicciones, especialmente si se tiene en cuenta la tradición que durante siglos llevó al ser humano a enfrentarse a sus semejantes para lograr la supervivencia, basado primero en la existencia de la producción mercantil simple asociada personalmente a su trabajo, y posteriormente a la producción mercantil capitalista, al servirse del trabajo ajeno.

El hecho de que durante la transición al socialismo no fuera posible eliminar a corto plazo las condiciones que engendraban la producción mercantil y las categorías mercantiles, a partir del bajo nivel de desarrollo alcanzado, reforzaba en el individuo la noción del carácter "natural" y permanente que durante siglos ya tenía la producción de mercancías.

En la medida en que los factores subjetivos no se desarrollaron suficientemente como para permitir una comprensión de este complejo proceso, fue hasta cierto punto lógica la aceptación primero y la asimilación acrítica después del mercado en el socialismo. Si a ello se añade la complejidad técnica presente para el desarrollo de las nuevas formas de dirección económica de la sociedad a través de la planificación, parecería a muchos que esta no hacía más que entorpecer la actuación "natural" del mercado.

No es de extrañar entonces que la búsqueda de resultados económicos más eficientes a nivel microeconómico se encontraran siempre potenciando el aislamiento social de las empresas frente a la planificación estatal que en las condiciones del socialismo europeo, resultaba ineficiente en muchos aspectos.

Ese fue el rumbo que comenzaron a tomar las reformas económicas de los países socialistas europeos en los años 60 del pasado siglo, a través de las que se abrieron espacios cada vez más amplios para los mecanismos de mercado limitando por su supuesta o real ineficiencia la aplicación de la planificación social que, además de sus carencias de orden técnico, se asociaba a la ausencia de participación popular en la toma de decisiones que se adoptaban central y burocráticamente en el socialismo real.

Una ilustración histórica del papel de los factores políticos e ideológicos y sus vínculos con una dirección socialmente planificada ineficiente, se pone de manifiesto en la historia económica de Europa Oriental y muy especialmente en los casos de Yugoslavia, donde el desarrollo de la autogestión obrera a nivel de empresa no encontró otro camino para su inserción en la economía que acudir a los mecanismos de mercado, desechando la planificación; en Hungría, que proclamó la identidad entre socialismo y nivel de vida alimentando una suerte de consumismo insostenible y eliminando la planificación centralizada en 1968, o el caso de Polonia, donde ni siquiera las reformas orientadas al mercado tuvieron una funcionalidad mínima y una aceptación social para hacerlas viables.

La interpretación de las relaciones monetario-mercantiles como un fenómeno propio del socialismo y por tanto, no contradictorio con este sistema, condujo a que se extendiera el modelo de socialismo de mercado en los años 80, hasta que solo quedó el mercado y nada del socialismo con la desaparición de la URSS en diciembre de 1991.

III

La dolorosa enseñanza del derrumbe del socialismo en Europa no puede llevar a la conclusión –manejada por no pocos autores– de que el socialismo no es perfectible y de que la preponderancia absoluta del mercado es inevitable.

Bastaría para refutar la tesis de que el mercado resulta más eficiente que la planificación, lo sucedido en los últimos 20 años con la implantación del capitalismo neoliberal en los antiguos países socialistas europeos y la ex URSS. Además del enorme costo político y social que ha conllevado la variante de capitalismo salvaje allí introducido, desde el punto de vista económico estos países se ubicaron en la periferia del capitalismo como los más atrasados de la Unión Europea o dejaron de ser una potencia mundial que fue el caso de Rusia como heredera de la URSS. La experiencia histórica reciente muestra que si bien la existencia de las relaciones monetario-mercantiles tiene una base objetiva en las condiciones del socialismo y no es posible negar su presencia, sobrevalorarlas lleva a la destrucción del sistema. El llamado socialismo de mercado mostró que no era posible asimilar la producción mercantil sin tomar en cuenta su carácter esencialmente contradictorio con el socialismo en múltiples aspectos, por lo que ofrecen muchas dudas aquellas interpretaciones que plantean la "utilización" del mercado como un mero instrumento de dirección en función de la construcción de la nueva sociedad.

Al respecto el Che fue categórico cuando en 1964 advirtió "Negamos la posibilidad del uso consciente de la ley del valor, basado en la no existencia de un mercado libre que exprese automáticamente la contradicción entre productores y consumidores…" y más adelante subrayó "La ley del valor y el plan son dos términos ligados por una contradicción y su solución; podemos, pues, decir que la planificación centralizada es el modo de ser de la sociedad socialista, su categoría definitoria y el punto en que la conciencia del hombre alcanza, por fin, a sintetizar y dirigir la economía hacia su meta, la plena liberación del ser humano en el marco de la sociedad comunista."

El manejo de relaciones monetario-mercantiles en el socialismo, a partir de su existencia objetiva, tanto mayor en la medida en que más bajo sea el nivel de desarrollo de la sociedad, debe realizarse tomando en cuenta su carácter contradictorio, asimilándolas como un elemento no consustancial al socialismo, pero en cuya construcción el mercado tendrá que ser tomado en cuenta durante largos años.

Cómo hacerlo supone un delicado manejo político y económico que impida que el mercado obstaculice el desarrollo de relaciones sociales de producción superiores, al tiempo en que se le conceda el espacio indispensable para evitar un freno al desarrollo de las fuerzas productivas.

Un interesante análisis sobre las medidas que pudieran propiciar la asimilación de la heterogeneidad en las formas de propiedad y el incremento de las relaciones monetario-mercantiles en el caso de Cuba fue emprendida por el destacado economista Alfredo González ya desde inicios de la pasada década.

En su ensayo "Socialismo y mercado", este autor subrayaba la importancia de no "…combatir la extensión de las actividades mercantiles con métodos coercitivos, no económicos…", y proponía medidas para lograr una mayor diversidad de oferta y una mayor capacidad competitiva de la propiedad estatal respecto a la no estatal brindando a las empresas públicas un mayor nivel tienen ahora un nuevo contenido que las hace autonomía, incentivos, restricciones financieras efectivas y flexibilidad para responder a la demanda; implementar la competencia entre formas de propiedad no estatales, propiciando el desarrollo de las de mayor contenido social como las cooperativas y acotar el crecimiento de formas de propiedad no estatal asociándolas al Estado; y reconocer las desigualdades de ingresos laborales derivadas de la heterogeneidad productiva, así como atenuarlas mediante un sistema salarial coherente, incentivos multilaterales, nivelación del mercado de trabajo y una política más selectiva de subsidios, impuestos y mercados segmentados, entre las más destacadas.

Al propio tiempo González subrayaba en el caso cubano cómo en la convivencia entre diversas formas de propiedad resultaba "…determinante la evolución del entorno externo y, en especial, del diferendo con Estados Unidos, pues a nadie se le escapa que la promoción unilateral de dichas reformas de mercado persigue, en muchos casos, objetivos ulteriores, nada favorables al desarrollo del socialismo en Cuba."

Un enfoque más adecuado de las relaciones entre plan y mercado se encuentra más recientemente en los "Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución" que se aprobaron en el VI Congreso del PCC celebrado en abril del 2011. En ese documento se recogió la necesidad de tomar en cuenta la existencia objetiva de relaciones monetario-mercantiles en el socialismo al tiempo que se les ubicó subordinadas a la planificación. Así se señalaría: "La política económica de la nueva etapa se corresponderá con el principio de que solo el socialismo es capaz de vencer las dificultades y preservar las conquistas de la Revolución, y que en la actualización del modelo económico primará la planificación y no el mercado. La planificación centralizada de la economía y el control sistemático que el Estado y el Gobierno y sus instituciones deben ejercer, serán la garantía del funcionamiento eficiente de los sistemas."

Adicionalmente en el lineamiento 01 se expresaría: "El sistema de planificación socialista continuará siendo la vía principal para la dirección de la economía nacional, y debe transformarse en sus aspectos metodológicos, organizativos y de control. La planificación tendrá en cuenta el mercado influyendo sobre el mismo y considerando sus características."

En esencia se reflejaba así la necesidad de reconocer un mayor espacio a las relaciones monetario-mercantiles, tomando en cuenta el nivel de desarrollo real alcanzado por la sociedad cubana actual, en tanto que no es posible aspirar al reconocimiento directo del carácter social del trabajo y a la satisfacción de las necesidades de la sociedad si esto no viene acompañado de un elevado nivel de desarrollo de las fuerzas productivas.

Al mismo tiempo, en los Lineamientos estaban presentes elementos de política económica dirigidos a compensar los efectos indeseados del mercado restringiendo su alcance o reafirmando principios esenciales de la política social de la Revolución.

De tal modo, el Lineamiento 03 expresaba "En las formas de gestión no estatales no se permitirá la concentración de la propiedad en personas jurídicas o naturales" en tanto que en el 140 se planteaba "Continuar preservando las conquistas de la Revolución, tales como el acceso a la VI atención médica, la educación, la cultura, el deporte, la recreación, la tranquilidad ciudadana, la seguridad social y la protección mediante la asistencia social a las personas que lo necesiten."

En el caso de Cuba el carácter subordinado que se otorga al mercado refleja la comprensión de las contradicciones que –en su desarrollo– este conlleva, lo que supone –en el socialismo– la activa participación del Estado para potenciar sus efectos positivos, al tiempo que se frenan sus más indeseables consecuencias.

Por último, no es posible olvidar que los mecanismos económicos que se utilicen para ello serán siempre instrumentos auxiliares, pues nunca deberá perderse de vista que –como señalara el Comandante en Jefe en 1975– "…ningún sistema en el socialismo puede sustituir la política, la ideología, la conciencia de la gente; porque los factores que determinan la eficiencia en la economía son otros que no pueden existir de ninguna manera en el socialismo, y sigue siendo un factor fundamental y decisivo el aspecto político, el aspecto ideológico y el aspecto moral."

Bibliografía

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E. SHARPE, New York, 1991 y A, SANTANA (1982) "Teoría y práctica de los mecanismos de dirección en Cuba", Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1982, cap. 1.

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ENGELS, FEDERICO (1960). Anti-Dühring, Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo 1960, p. 376.

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- "Sobre el impuesto en especie", Op. cit., p. 659.

- "Acerca de la significación del oro ahora y después de la victoria completa del socialismo" Op. cit. p. 697.

- "Sobre la cooperación", Op. cit. LEWIN, MOSHE (1991). "Stalinism and the Seeds of Soviet Reform" Pluto Press and M. E. Sharp, London and New York, 1991, Chap. 1.

M. KOTZ, DAVID y FRED WEIR (2007). "Russia’s Path from Gorbachev to Putin" Routledge London and New York, 2007.

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PREOBRAZENSKY, EVGUENI (1969). "La Nueva Economía", Editorial Polémica, La Habana, 1968.

BUJARIN, NICOLÁI, AUGUST THALHEIMER y EVGUENI PREOBRAZENSKY (1969). "La polémica acerca de la industrialización en la URSS", Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1969, t. 2. .VASCÓS, FIDEL (2006). "Socialismo y mercado", Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2009. GONZÁLEZ, ALFREDO (2002). "Socialismo y mercado" Revista Temas, no. 30 jul.-sep. de 2002.

Fuente: Temas de la Economía Mundial. Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (CIEM). Nueva Época II No. 27 / Febrero 2015 LA HABANA, CUBA

lunes, 4 de mayo de 2015

Factores claves en la estrategia económica actual de Cuba (IV)

Por Dr. Jose Luis Rodriguez

El factor que más rápidamente impacta en el crecimiento de la productividad del trabajo es la inversión productiva. Sin embargo, no ha sido posible priorizar este elemento entre 2008 y 2014 tomando en consideración la baja capacidad de ahorro interno del país y habida cuenta de la necesidad de dedicar significativos recursos a reducir el desequilibrio financiero externo, que actúa como limitación fundamental para nuestro desarrollo.

En efecto, una primera valoración muestra claramente que en el período estudiado la inversión bruta descendió de 5 264 a 4 729 millones de pesos, para una reducción de 535 millones, equivalente al 10,2% a precios corrientes. Por otro lado, en esos años el estimado de pago por concepto de servicio de la deuda -según datos de Economist Intelligence Unit- se elevó de 1 571 a 3 106 millones de dólares, 1 535 millones más que representan un aumento de 97,7%.

Al examinar la composición de las inversiones a precios corrientes también se observan diferencias importantes, ya que la cifra dedicada a construcción y montaje crece 10% hasta 2014, en tanto que la referida a equipos desciende 32,4%.

Para reducir la influencia de la variabilidad de los precios y afinando más el análisis, puede utilizarse la categoría de Formación Bruta de Capital (FBC), que refleja más directamente los elementos de mayor importancia al considerar el impacto sobre la productividad del trabajo. En este caso, la dinámica de la FBC muestra solo un crecimiento de 1%, mientras que la categoría de maquinaria y equipos dentro de la misma se reduce en 2%.

En términos relativos al comparar la FBC con el PIB, la tasa muestra un descenso de 15,9% en 2008 a 14,3% el pasado año.

De igual modo, al examinar la estructura de la inversión por sectores se aprecia un cambio sustancial que se puede vincular a la necesidad de una infraestructura mejor y una liquidez mayor. Así se registra un aumento de las inversiones dedicadas a servicios empresariales/inmobiliarias/alquiler, que se elevan de 3,5% en 2008 a 31,8% en 2014; la categoría construcción sube de 6,5 a 16,3%, y la categoría referida a la infraestructura básica (electricidad/gas/agua) se reduce de 18,4 a 13%. Por otra parte, el sector agropecuario se mantiene prácticamente con la misma proporción (8,3%), pero descienden la industria, de 6,2 a 5,4%; la minería, de 12,7 a 5,2%, y los hoteles y restaurantes, de 8,6 a 2,8%.

Este análisis confirma que los elementos más importantes para el crecimiento de un 10,7% de la productividad del trabajo que se obtiene entre 2009 y 2013 responden básicamente a factores de organización del trabajo centrados en la reducción de subempleo estatal, y no a la inversión productiva.

La necesidad de un cambio en esta situación comienza a gestarse a partir de la priorización del incremento en la inversión, con un sustancial impulso a la inversión extranjera a partir de la creación de la Zona Especial de Desarrollo de Mariel (septiembre de 2013), la aprobación de una nueva Ley de Inversión Extranjera (marzo de 2014) y la publicación de una Cartera de Oportunidad de Negocios para la inversión extranjera, en noviembre del pasado año.

Para el presente año estas medidas se apoyan con una modificación a la política de financiamiento externo que permita -mediante un elevado pago en el servicio de la deuda- la retoma de créditos en mejores condiciones y una dinámica sustentada en un incremento del 28,7% en las inversiones y del 13,3% en las importaciones, lo que debe contribuir finalmente a que aumente 6,2% la productividad del trabajo y se expanda en 4% el PIB. 

Todo esto deberá asegurar el crecimiento de la productividad en las empresas estatales y el incremento de las retribuciones a los trabajadores como elemento central para asegurar la dinámica indispensable de la economía nacional en lo adelante.


* El autor es asesor del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial


Nota: Las partes I y II pueden consultarse aquí y la III Parte aquí

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martes, 28 de abril de 2015

Factores claves en la estrategia económica actual de Cuba (III)

Por Jose Luis Rodriguez

Entre los factores que deben tomarse en cuenta en el estímulo al crecimiento de la productividad del trabajo juega un papel determinante el incremento de los ingresos del trabajador. En las presentes condiciones de la economía cubana, el análisis de este tema resulta de elevada complejidad dado el conjunto de factores que inciden en él y la transformación actual de los mecanismos de retribución.

Tomando esto en cuenta, en este análisis no se pretende agotar el tema, aunque se tratará de mostrar el papel de los diferentes elementos que inciden en su determinación.

En primer lugar, se trata de examinar separadamente el sector estatal del no estatal, considerando que en este último los factores que determinan la retribución del trabajo están mediados por relaciones de mercado y su relación económica con el Estado transcurre básicamente por la vía fiscal a través del pago de impuestos. 

En este caso puede decirse que no hay límites a la retribución laboral más allá de la carga fiscal, por lo que -tomando en cuenta los déficits en la oferta estatal de un grupo de bienes y servicios a la población- los precios resultan actualmente elevados dada la fuerte demanda insatisfecha de los mismos y -consecuentemente- los ingresos de los trabajadores por cuenta propia y los cooperativistas son naturalmente muy superiores a las retribuciones que el Estado puede brindar a sus empleados, dados los compromisos que tiene en relación con la acumulación y el consumo de toda la sociedad.

Centrando la atención en la economía estatal, debemos tomar en cuenta que esta abarca un sector empresarial y un sector presupuestado, que tienen dinámicas diferentes. También debe considerarse que los ingresos de los trabajadores estatales se componen de salarios (el elemento básico), ingresos por sistemas de estimulación (esencialmente en CUC) que no se computan en el salario y, en menor medida, pagos en especie que pueden incluir alimentos, ropa, calzado y artículos de higiene personal.

Los salarios han estado determinados en general por parámetros o escalas en función de la complejidad, calificación y resultados del trabajo. Un primer problema a destacar es la diferencia entre el salario nominal -que no toma en cuenta su poder de compra- y el salario real, que sí lo contempla.

Si se examina la dinámica del salario nominal promedio medido mensualmente entre 1989 y el 2013 -según el Anuario Estadístico de Cuba-, se aprecia que pasó de 188 a 471 pesos, para un crecimiento de 2,5 veces en 24 años, lo cual resulta apreciable. Sin embargo, si se incluye en el análisis la dinámica de los precios minoristas estimada para el mismo período, a fin de calcular el salario real, se observa que el salario nominal de 2013 equivale a entre 106 y 51 pesos del salario nominal de 1989. En todo caso, aun con diferentes cálculos, lo que no ofrece dudas es que el poder de compra real del salario no se ha recuperado en estos años, lo que es un factor importante de desestímulo al incremento de la productividad del trabajo.

No obstante, más recientemente se observa un gradual incremento del salario real en la misma medida en que se aplican fórmulas que posibilitan incrementar el pago de acuerdo a los resultados en el sector empresarial, lo que debe sustentar un crecimiento más dinámico de la productividad del trabajo. 

Así, por ejemplo, en la entidad BioCubaFarma el salario medio previsto para este año le permitirá alcanzar un salario real equivalente a un poder de compra de 325 pesos de 1989, un 73% superior al salario nominal medio de ese año. Esta situación también se reflejará en alrededor de 70 empresas que pagarán salarios nominales promedio de entre 1 000 y 3 000 pesos mensuales, así como en el sector de la salud, cuyo incremento salarial computó unos 2 750 millones de pesos anuales para más de 440 000 trabajadores.

Para enfrentar los desequilibrios salariales presentes no sería lo más efectivo una reforma general de salarios, tomando en cuenta los resultados de experiencias como la de 1981, que engendró importantes desequilibrios en la economía nacional. Con vistas a evitar errores pasados, será indispensable que -a nivel macroeconómico- la productividad crezca más rápido que el salario medio y que la proporción del salario no rebase los límites previstos en relación con el valor agregado bruto, o sea, el nuevo valor creado.

La dinámica de este último aspecto mostró tendencias negativas en el primer decenio de los años 2000, cuando la productividad aumentó 46% pero el salario medio se elevó en 87%. En el período 2009-2013, esa situación comenzó a corregirse en la misma medida en que la productividad del trabajo creció 10,7% mientras que el salario medio escaló 9,8%. Para el plan 2015 se prevé que los salarios aumenten 5,8% y la productividad 6,2%.

Otra forma de mantener la retribución del trabajo en un cauce adecuado consiste en fijar la proporción de los salarios a pagar en relación con el valor agregado bruto. Este índice reflejó los fenómenos apuntados en el párrafo anterior, al computar hasta 0,43 a inicios de los años 2000, proporción que se redujo a 0,3326 en el plan del presente año.

Un ingreso laboral no siempre vinculado con los resultados del trabajo y que tampoco se incluye en el salario es el monto de los sistemas de estimulación en divisas. Estos esquemas se introdujeron a la par con la doble circulación monetaria en 1994 y -en la medida en que se concentraron en las actividades generadoras de ingresos en divisas- aportaron resultados favorables. Alcanzaron su mayor impacto alrededor de 2007, cuando se estima que llegaron a alrededor de 820 000 trabajadores estatales -el 20,3% del total- con un monto de unos 118 millones de CUC, para un ingreso medio de 12 CUC mensuales.

Finalmente, otros ingresos monetarios beneficiaron a la población desde 1993, cuando se autorizó la recepción de remesas en divisas que, si bien incrementaban los ingresos de una parte de los habitantes del país -que se ha estimado en el 25% del total-, no se vinculaban con los resultados del trabajo y no incidían directamente en el aumento de la productividad.

En síntesis, la recuperación del salario real de los trabajadores estatales es un elemento clave para el incremento de la productividad del trabajo, lo cual debe reflejarse también en un aumento del peso de los salarios nominales en el total de ingresos, que disminuyó de 80% a solo 46% en los últimos 30 años. 

En ese sentido, la política que se ha comenzado a implementar para vincular la retribución laboral con los resultados del trabajo en las empresas es un elemento de enormes potencialidades. No obstante, el aseguramiento de factores que la empresa no controla -como el financiamiento de los suministros importados- puede frenar este mecanismo, para lo cual deberán adoptarse otras medidas que impidan esa y otras afectaciones externas al cumplimiento de los indicadores directivos del plan.

Igualmente -tal y como se ha hecho con el sector de la salud y el deporte- habrá que diseñar otras políticas que permitan incrementar los ingresos de los trabajadores del sector presupuestado -sin crear desequilibrios inmanejables-, tomando en cuenta que en estos sectores se ubican factores estratégicos para el desarrollo del país, tales como la educación y la ciencia, que hoy padecen la migración de fuerza de trabajo calificada. 

(Continuará)

Nota: Las partes I y II pueden consultarse aqui




* El autor es asesor del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial.

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