Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

sábado, 25 de junio de 2016

Libro "Cuba año 2025". Parte IX

Juan M Ferran Oliva



Según Keynes[1]

Los hombres prácticos, que se creen completamente exentos de cualquier influencia intelectual, son, generalmente, esclavos de algún economista difunto. Los lideres mesiánicos que escuchan voces en el aire, destilan su frenesí inspirados en algún escritor académico de algunos años atrás.

Economistas y politólogos son apóstoles de las ideas que profesan.

Durante más del último medio siglo los principales modelos económicos enraizados en distintos ámbitos  fueron  el keynesiano y el monetarista en el mundo capitalista. En el socialista predominaron el soviético, la modalidad yugoslava, el maoismo y la variante china actual. Han existido popurrís con ingredientes teocráticos, nacionalistas, marxistas y  tribales.

En el mundo capitalista


Keynesianos


El keynesianismo surgió en medio de la gran crisis de 1929 que despertó alarmas sobre el paro. La plena ocupación y la demanda agregada se convirtieron  en claves de solución y en ese contexto aparecieron  ideólogos en búsqueda de fórmulas. El más brillante fue John Maynard Keynes[2] . Planteaba que el paro forzoso se debía a la  caída de  la  demanda global a la que consideraba generadora de trabajo y  producción. Veía a la política fiscal como instrumento para lograr el pleno empleo. Proponía bajas tasas de interés y mayores imposiciones fiscales, la reducción del salario real a través de la inflación, y grandes inversiones gubernamentales para compensar las insuficiencias privadas. La tasa de interés constituía una recompensa para los inversores capaces de sacrificar  su preferencia por la liquidez. El seguro por paro, surgido en esa época, compensaría la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores cesantes. Persuadió a muchos gobiernos occidentales a disminuir el desempleo mediante el déficit presupuestario.

La nota diferencial del modelo keynesiano fue el papel que asignó al Estado como garante de la estabilidad económica. Algunos lo consideraron  un ataque a la sacrosanta empresa privada y no faltaron quienes acusaron a Keynes de comunista. El destacado reformista impugnaba  la espontaneidad  y  proponía iniciativas gubernamentales  capaces de movilizar a los agentes de la producción. Fue un iconoclasta en un mundo conservador. En tal sentido expresó[3]

Las ideas económicas siempre han tendido a cristalizar en dogmas….una de las responsabilidades más importantes y difíciles del economista es oponerse a la autoridad del prejuicio

Las propuestas del autor de La teoría general sobre el empleo, el interés y el dinero[4]  fueron muy influyentes e incluso respaldaron políticas notorias como la del New Deal de Franklin D. Roosevelt[5]. Entre sus destacados epígonos se contó  Paul Samuelson,  más tarde Premio Nobel en Ciencias Económicas. El modelo keynesiano  estuvo en boga durante décadas. En la Cuba anterior a 1959 sus más señalados seguidores fueron Julián Alienes Urosa y el grupo de la Misión Truslow[6].

Neo liberales


La teoría keynesiana comenzó a perder adeptos en los primeros años de la década de 1970. Las políticas de gasto público que facilitaron la reconstrucción tras la Segunda Guerra Mundial empezaron a agotarse y germinaron nuevas crisis económicas. Eran frecuentes las emisiones monetarias inorgánicas para cubrir el déficit. Fue entonces que la estanflación debutó como componente del paisaje económico. 

Resultó el momento oportuno para culpar al Estado de las crisis y se inició el rescate de teorías que limitaban el rol gubernamental. Los oponentes del keynesianismo decían inspirarse en el liberalismo económico preconizado dos siglos atrás por los fisiócratas y Adam Smith[7]. En su época estos clásicos y  otros precursores combatieron l’ancien régime  y el mercantilismo. Propusieron un orden natural sin regulaciones. Entonces no existían aún las transnacionales.

El nuevo pensamiento, calificado como monetarista, tuvo por cuna las universidades de Chicago y Stanford. Milton Friedman[8] y sus discípulos lo lideraron  y a partir de sus recetas  se erigió posteriormente  el neoliberalismo como doctrina política. Consideran que  la inflación es un fenómeno monetario causado por un exceso en la masa de dinero en circulación y las posibles soluciones deben estar enmarcadas en una rigurosa política monetaria. Estos postulados son seguidos por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Los monetaristas creen que el libre mercado es más eficiente que la intervención pública. Defienden la libre competencia y las preferencias naturales de los consumidores, pero plantean un laissez-faire en un mundo monopólico inexistente en tiempos de Smith. Al igual  que él, aspiran a restringir las aventuras macro económicas del gobierno a aquellas actividades que nunca interesarían a un empresario privado.

La fórmula básica del monetarismo consiste en controlar la oferta de dinero a través del banco central con objeto de reducir la inflación o superar recesiones. El predicamento  de los Chicago Boys emana de corrientes políticas conservadoras y sus fórmulas implican afectaciones a los sectores de exiguos ingresos. Suelen proponer políticas de choque que requieren el apoyo de gobiernos autoritarios. Opinan que el costo social provocado por las medidas de austeridad es irrelevante pues debe ser  resarcido, a largo plazo, con más ocupación y consumo. Keynes acotaba al respecto que para entonces ya todos estaríamos muertos.

Según uno de sus críticos, el monetarismo o neoliberalismo, suele sustituir la  mano invisible de Adam Smith por la manu militari de las dictaduras[9].

La teoría tomó auge entre 1980 y 1990, años en los que proliferaron las privatizaciones de industrias controladas por el Estado y se redujo el rol del sector público. Muchos países lo adoptaron y en América Latina destaca Chile que contaba con un fuerte grupo de economistas formados en la Escuela de Chicago. Sus planteamientos fueron seguidos por el régimen castrense que derrocó a Salvador Allende.

Keynes falleció 24 años antes de que se introdujese el Premio Nobel en Ciencias Económicas pero de haber estado en tiempo seguramente se lo hubieran concedido.  Paul A. Samuelson que se adhirió a su teoría lo recibió en 1970[10], mientras que  Milton Friedman, adversario de ambos, lo ganó en 1976.


Stiglitz


Otro Nobel en Economía, en este caso Joseph E. Stiglitz,[11] recibió dicho galardón en 2001. Un año antes había renunciado a su cargo de economista jefe y vicepresidente del Banco Mundial en señal de protesta contra la política de la entidad. Es un oponente declarado del monetarismo. Su talento y postura ética lo hacen acreedor a ser escuchado. Ha expresado al respecto [12]:

El mundo no ha sido amable con el neoliberalismo, esa caja de sorpresas de las ideas que se basa en la noción fundamentalista de que los mercados se corrigen a sí mismos, asignan los recursos con eficiencia y sirven bien al interés público. Este fundamentalismo del mercado estuvo detrás del thatcherismo, la reaganomía y el denominado “consenso de Washington”, todos ellos a favor de la privatización, de la liberalización y de los bancos centrales independientes y preocupados exclusivamente por la inflación...

Durante un cuarto de siglo, los países en vías de desarrollo han estado en pugna, y está claro quiénes son los perdedores: aquellos que siguieron políticas neoliberales no sólo han perdido la lotería del crecimiento, sino que cuando esos países crecían, los beneficios iban a parar desproporcionadamente a las clases más altas…

..este exceso de inversión en el sector inmobiliario tuvo sus beneficios a corto plazo: algunos estadounidenses disfrutaron, aunque sólo fuera durante unos meses, de los placeres de ser propietarios y de vivir en una casa más grande de lo que podían permitirse. ¡Pero a qué precio para sí mismos y para la economía mundial! Millones perderán los ahorros de su vida con la casa. Y las ejecuciones de hipotecas de viviendas han precipitado una recesión mundial. Cada vez se coincide más en el pronóstico: esta crisis será prolongada y extensa.

Y los mercados tampoco nos prepararon bien para el encarecimiento del petróleo y los alimentos. Por supuesto, ninguno de los sectores es un ejemplo de economía de libre mercado, pero ése es en parte el argumento: la retórica del libre mercado se usa selectivamente; se asume cuando sirve a intereses especiales y se descarta cuando no es así.

Esta mezcla de retórica de libre mercado e intervención estatal ha funcionado especialmente mal para los países en vías de desarrollo. Se les dijo que dejasen de intervenir en la agricultura, con lo cual sus agricultores quedaron expuestos a una devastadora competencia por parte de Estados Unidos y Europa. Sus agricultores habrían podido competir con los estadounidenses y los europeos, pero no con las subvenciones estadounidenses y europeas. No es de extrañar que las inversiones en agricultura en los países en vías de desarrollo desaparecieran y que el desfase alimentario se agravara….

El fundamentalismo de mercado neoliberal siempre ha sido una doctrina política que sirve a determinados intereses. Nunca ha estado respaldado por la teoría económica. Y, como debería haber quedado claro, tampoco está respaldado por la experiencia histórica. Aprender esta lección tal vez sea un rayo de luz en medio de la nube que ahora se cierne sobre la economía mundial.


En el socialismo


Las ovejas han comenzado a mostrarse ahora tan voraces e  indómitas que se comen a los propios hombres. Fue la frase acuñada por Thomas More al referirse al proceso que se desarrollaba en la Inglaterra de su época (Dē Optimo Rēpūblicae Statu dēque Nova Insula Ūtopia, o  simplemente Utopía, fue escrita en1516). Ello, seguramente, le llevó a diseñar con lujo de detalles su sociedad ideal. Asomaba entonces el capitalismo pero su fantasía lo llevó más allá: Utopía es una isla imaginaria donde se ha suprimido la propiedad privada y el dinero. 

Allí el comercio es sustituido por el intercambio directo entre la ciudad y el campo, y el oro y la plata se utilizan para confeccionar orinales. Todos los ciudadanos reciben educación y disponen de cuanto necesitan. Cada uno trabaja durante dos años en labores agrícolas; luego regresa a la ciudad donde practica diversos oficios en jornadas de seis horas y el tiempo libre lo consagra a la ciencia y al arte.  No faltaron otros soñadores que elaboraron e incluso intentaron llevar a la  práctica fantasías similares[13].    En la propia Cuba posterior a 1959 se acunaron algunas de estas fantasías propias de la política ficción.

Marx y Engels no construyeron castillos en el aire. Previeron la sustitución del modo capitalista de producción por uno comunista, con una transición socialista, pero no dejaron una metodología. El socialismo científico que preconizaron fue desarrollado analizando las contradicciones del capitalismo sin penetrar la dialéctica del soñado socialismo. Lenin y sus seguidores afrontaron esta tarea práctica.  En el afán de actuar antitéticamente al modo rechazado llegaron,  en ocasiones, a remedar la mujer del ejemplo de Engels que tras bañar al niño echó el agua sucia de la tina con crío y todo[14].  En medio de tal desconcierto la presencia de Lenin fue orientadora.

En 1921 los acontecimientos aconsejaron la adopción de la Nueva Política Económica (NEP). Fue una pausa liberalizadora que  entre otros propósitos planteaba atraer a los campesinos permitiéndoles que desarrollasen su economía. Con ella comenzaron a  cambiar algunos criterios fundamentalistas sobre la circulación mercantil. En 1925 un reconocido economista soviético expresaba[15]:

…intentar llevar el grado de organización de la economía hasta la reglamentación  obligatoria del consumo de cada individuo, significa atribuirse un deber injusto que en el fondo es imposible en la época actual. La reglamentación de los consumos debe hacerse más compleja mediante un política de salarios, de precios, etc….

Muchos pensadores de la época se refirieron al naciente socialismo. Algunos, incluso, actuaban en países capitalistas. Son notorios los casos de Abba Lerner[16] y Oskar Lange[17]. Ambos elaboraban sus propuestas con una visión particular que los separaba, en lo formal, del predicamento de quienes lo hacían dentro de la propia URSS.

Años más tarde, en 1960, pero aun bajo el calor del debate en cuestión, descollaron las ideas del polaco Wlodzimierz Brus[18]. Señalaba, entre otros temas, que

… sobre las alas de la popularidad aparece la espuma de las incomprensiones y simplificaciones defendidas por los incompetentes. La atmósfera de sobre excitación no siempre se conjunta con la reflexión de los investigadores.

Un tema  muy debatido fue la actuación de la ley del valor en el socialismo. Brus la define como una tendencia constante a restablecer las relaciones de precios con las relaciones de valor[19]. En términos más llanos, es algo muy similar al principio de costo beneficio, el propio autor diferenciaba entre los conceptos modelo económico y sistema económico social[20]. Añadía que la confusión entre ambos conceptos originaba equívocos.

Según los fundamentalistas, en el socialismo desaparecían las contradicciones, La única aceptada durante mucho tiempo fue la de las supervivencias de deformaciones burguesas en el seno del modo socialista - léase soviético. Se achacaba al bajo nivel de las fuerzas productivas heredadas[21].

Lenin  dejó de existir en 1924 pero su impronta creadora se perpetuó aún durante unos años durante los cuales los criterios libres eran sopesados en la cúpula. Tras su muerte lo sucedió una  troika que en breve fue liquidada por Stalin, a quien no agradaba la competencia. La  situación cambió y brotó el estalinismo como una mala hierba: la cima del Poder emitía sus ideas a priori y los especialistas se limitaban a su divulgación apologética[22]. Fue el imperio del dogmatismo y de la ausencia de información objetiva. Todo ello afectó el resultado de las investigaciones que derivaron hacía cauces metodológicos y se contagiaron con el ansia de normarlo todo[23]

La idea del mercado en el socialismo obsesionó a los pensadores. Solía verse una contradicción con el plan. Prevalecía la idea de la centralización. Los principios del funcionamiento de la economía soviética aparecieron en la URSS después de 1930. Triunfó entonces el criterio centralizado.

Hacia 1928 se había aplicado un Primer Plan Quinquenal cuyo objetivo era construir la industria pesada. El Segundo Plan, ya en época de Stalin, se llevó a cabo entre 1933 y 1937 e hizo hincapié en la autosuficiencia. Como resultado de la enorme acumulación en años anteriores, la economía soviética dio un salto impresionante realzado por ocurrir en medio de la gran crisis mundial. En esos 5 años se construyeron 45.000 fábricas Las transformaciones cuantitativas fueron espectaculares pero el aspecto cualitativo dejó mucho que desear. Fue entonces que cuajó el modelo económico adoptado después por los demás países incorporados al socialismo de corte soviético[24] .

El modelo ortodoxo cumplió su cometido durante el periodo de industrialización acelerada pero posteriormente entró en contradicción con las exigencias del desarrollo. La centralización desmesurada desvinculo a los productores de los consumidores, generó burocracia y dio origen a una economía lubricada con esmeril, que se desgastaba velozmente. La producción soviética alcanzó mundialmente niveles cuantitativos destacados en muchas ramas, sobre todo de la industria pesada. Pero la baja productividad y la falta de competitividad fueron su Talón de Aquiles.

En 1953 murió Stalin. Tres años más tarde se le acusó de violar el liderazgo colectivo, ejercer represión política severa, promover el culto a la personalidad y exagerar su papel personal en la Guerra Patria[25]. El proceso de desestalinización no fue suficiente para remendar los puntos débiles del modelo. La economía de la URSS se estancó debido al agotamiento de una acumulación lineal y a un gasto insostenible de defensa. Todo ello provocó la perestroika que estimuló la crítica y la acción sedicente con efectos incontrolables.

Las naciones del Campo Socialista  se durmieron en las delicias de Capua aceptando un modelo  que consideraron el mejor de los mundos posible. Las inquietudes renovadoras posteriores fueron insuficientes y la situación  tocó fondo. La crisis alcanzó tal profundidad que se vislumbraron, incluso, posibilidades de involución política. Así ocurrió.

En abril de 1985 se habían emprendido reformas para rescatar  del colapso al abigarrado  Estado integrado por 15 repúblicas con 292 millones de habitantes. En 1990 cesó el papel rector del Partido Comunista; en 1991 se independizaron las tres repúblicas bálticas incorporadas mediante la fuerza en 1940. Antes de finalizar el año todas las demás lograron un status similar. La URSS dejó formalmente de existir.

Consecuentemente la crisis se extendió a los llamados satélites. Entre 1989 y 1990, Polonia, Hungría, Checoslovaquia y Albania se transformaron en economías de mercado y la Alemania Oriental se unió a la Federal. Caminos similares siguieron Bulgaria y Rumania. Tras el colapso, en todos estos países las empresas se metamorfosearen y, en no pocos casos, sus antiguos dirigentes se convirtieron en los nuevos capitalistas. En 1991 se disolvieron el CAME y el pacto de Varsovia.

Aquella proyectada sociedad sin clases se engalanó con las teorías de Marx, Engels y Lenin. Pero el estalinismo pretendió la infalibilidad partidista y redujo la teoría genuina a códigos dogmáticos. El omnímodo aparato monopolizó la economía y rechazó censuras y disidencias. Como diría aquel cortesano: Nada más lejos de nuestras mentes,  ¡oh Señor!,  que la funesta manía de pensar[26].

La desaparición del mundo soviético y su modelo dejó un vacío ideológico en sus millones de seguidores a lo ancho del mundo. La creencia había enraizado de tal modo que sus fieles la seguían con fe religiosa. Tenían la certidumbre de que, indefectiblemente, el capitalismo desaparecería para ser sustituido por el comunismo en  todo el orbe.

Los  revisionistas


Mucho antes de la disolución de la URSS tuvo vigencia el modelo yugoslavo. Los comunistas del Estado balcánico fueron expulsados del Kominform en 1948 y adoptaron una línea independiente. El particular modelo trasladó el concepto de propiedad social al colectivo de cada empresa. Consecuentemente estableció la autogestión de los trabajadores y concedió poderes a los sindicatos. También estableció reformas descentralizadoras y asignó a la industria un rol protagónico. La agricultura fue incapaz de atajar la necesidad de importar cereales.  En lo exterior Yugoslavia promovió el no alineamiento frente al bipolarismo y a la supremacía soviética del momento.

Tito falleció en 1980 tras 35 años de gobierno. A su muerte renacieron viejas fiebres nacionalistas y se independizaron los variopintos pueblos integrados en Yugoslavia. La separación evidenció el fracaso económico del modelo. El multinacional Estado se había articulado en 1918 cercenando y cosiendo territorios del disuelto impero Austro Húngaro y otras entidades balcánicas.

Como contrapartida a la postura yugoslava existió la vecina y  estalinista Albania. Destacó por su política represiva.

En la lejana Asia, Corea del Norte  mantuvo la centralización económica, dentro de un régimen  dinástico con pretensiones marxistas.

Por otra parte surgió el engendro fundamentalista de Pol Pot en Camboya.  Pretendió una aberrada adaptación del maoismo. Independientemente de aspectos éticos,  se caracterizó por la aplicación del Gran Salto Adelante chino de forma extremadamente cruel. En 1978 fue derrocado el régimen con el país devastado en todos los sentidos. Fue un régimen satánico con maquillaje  comunista.

El pensamiento de Mao es descrito por sus seguidores como una adaptación del marxismo leninismo a las circunstancias chinas. Su líder epónimo fundó el Partido Comunista del inmenso país en 1921. Tras prolongada lucha contra los nacionalistas locales y los invasores japoneses, obtuvo la victoria y proclamó la República Popular China en 1949. Poco después de 1960 rompió con el esquema soviético y surgió el maoismo que postuló el papel primordial del campesinado como vanguardia revolucionaria. Como era de esperar, desde fuera fue tildado de revisionista.  

Entre otros desvaríos, el maoísmo desarrolló  el Gran Salto (colectivización agrícola). La  Revolución Cultural rechazó lo foráneo. El fanatismo ejerció una represión colectiva contra grupos o personas no afines. Los Guardias Rojos fomentaron la purga de quienes disentían. Como símbolo de igualdad  -o de miseria-  millones de personas vestían perennemente bastos uniformes. Las hormiguitas azules, las calificaba paternalmente el líder mesiánico a quien rendían culto. Su virtual beatificación se manifiesta en la difusión del Libro Rojo contentivo de sus ideas y organizado como un texto sagrado[27].

Con la muerte de Mao en 1976 surgió una etapa de pugnas por el poder.  Entre quienes aspiraban a modificaciones salvadoras destacaba Deng Xiaoping, un dirigente partidista pragmático con experiencia en finanzas. Se había opuesto a los dislates maoístas y sufrió la Revolución Cultural. Fue rehabilitado en 1977  y  reinició su lucha por el desarrollo chino.

A fines de 1978 los mecanismos partidistas aprobaron la iniciativa de Deng para restaurar la economía en tres periodos a lo largo de cien años (a partir de la fundación de la Nueva China en 1949). La disposición contenía las bases de las cuatro modernizaciones: agricultura, industria,  ciencia y técnica, y defensa. 
Han sido cumplidas las dos primeras etapas con antelación. Son metas relativamente modestas y, al parecer, objetivas. Contrastan con las fantasías de Jruschov cuando proyectaba que la supremacía de la URSS sobre Estados Unidos estaba al doblar de la esquina.

Al calor de las reformas se racionalizó la planificación y se introdujo el beneficio como base de la vida económica. China se incorporo a la economía mundial y  se establecieron condiciones exitosas para atraer la inversión extranjera. El rápido desarrollo tuvo su precio político como sugieren los acontecimientos de la Plaza de Tian'anmen en 1989.

Otros hechos, considerados por algunos como alarmas, tienen que ver con la distribución del ingreso. Se estima que unos 12 millones de chinos han acumulado fortunas multimillonarias. Ello representa algo menos del 1% de la población de la nación. En sentido contrario vale señalar que 300 millones de personas escaparon de la pobreza absoluta en que vivían y la clase media creció en unos 100 millones[28]. ¡Bien vale Paris una misa!

Viet Nam unificó sus dos mitades en 1975 después de más de 30 años de lucha contra el colonialismo. Fue implantado de inmediato el modelo soviético y recibió gran ayuda externa pero la economía no prosperó y brotaron las hambrunas. El país, a la carrera,  introdujo su Política Económica de Renovación, un clon del modelo chino. En 1992 debutó una nueva constitución aperturista. En los últimos años Viet Nam registra crecimientos anuales superiores al 6% y se ha convertido en exportador importante de diversos productos agrícolas. Los niveles de pobreza de la población disminuyeron hasta un 10%, cota significativa tomando en cuenta el punto tan bajo del cual partió[29].

Un hecho anecdótico narrado por Raúl Castro ejemplifica los resultados alcanzados por este país asiático. Expresa el aludido[30]:

Después de la guerra de agresión norteamericana contra Viet Nam, el heroico e invicto pueblo vietnamita nos solicitó que le enseñáramos a sembrar café, y allá fuimos; se le enseñó, se le trasladó nuestra experiencia.  Hoy Viet Nam es el segundo exportador de café del mundo.  Y un funcionario vietnamita le decía a su colega cubano:  “¿Cómo es posible que ustedes que nos enseñaron a sembrar café el otro día, ahora nos estén comprando café?”  No sé qué le habrá contestado el cubano.  Seguro que le dijo: “El bloqueo.”

El modelo socialista cubano


Los teóricos cubanos no fueron ajenos al debate sobre el socialismo soviético.

En 1961, ya nacionalizada la industria azucarera, se realizó la primera zafra totalmente estatal. Para llevarla a cabo se creó un fondo centralizado en el Ministerio de Industrias y tal práctica inspiró el llamado Sistema de Financiamiento Presupuestario (SFP). Se basaba en la centralización de recursos financieros, humanos, materiales y tecnológicos en un momento en que todos ellos escaseaban. Tal concentración permitía moverlos expeditamente hacia donde fuera necesario. Según el comandante Ernesto Che Guevara, su creador, el método se basaba en técnicas de control y administración empleadas en las grandes corporaciones modernas, pero sólo en el aspecto administrativo. 

Conceptualmente Che pensaba que en la construcción del socialismo no debían utilizarse herramientas capitalistas como el interés material. Hacía énfasis en el registro de los costos dentro de empresas consolidadas y en una estricta vigilancia administrativa de la actividad. Reducía al mínimo las relaciones mercantiles y los resortes económicos entre sus dependencias y entidades, y daba preferencia a los estímulos morales. Pensaba, además, que la ley del valor no debía aplicarse entre las empresas estatales y las transferencias de medios y objetos de producción entre ellas no debían estar sujetas a acciones de compra venta. El sistema fue aplicado en las entidades del Ministerio de Industrias.

La agricultura, el comercio exterior y otras esferas adoptaron el tradicional Cálculo Económico de la economía soviética. Esta expresión, quizás una tosca traducción del ruso,  significaba que cada empresa debía contabilizar sus resultados económicos teniendo en cuenta la ley del valor y asegurar su producción cubriendo costos y obteniendo beneficios.  Todo ello, como es natural, bajo el proverbial control estatal. El sistema gozaba de un grado de autonomía relativamente más amplio que el SFP, mantenía relaciones mercantiles entre sus empresas y daba preferencia a los mecanismos económicos y a los estímulos materiales.

En junio de 1963 se generó una polémica alrededor de ambos sistemas. Estaba liderada  por el comandante Guevara, de un lado, y por el comandante Alberto Mora, Ministro de Comercio Exterior, por el otro. Este último defendía el Cálculo Económico[31]. El vicepresidente Carlos Rafael Rodríguez, destacado economista y personalidad de gobierno, se inclinaba también por este último modelo santificado por la praxis soviética, y  apoyado por otros economistas cubanos y extranjeros.

Las condiciones para el funcionamiento de ambos sistemas, y en particular para el Cálculo Económico, no eran favorables. El Banco no ejercía el debido control, el abastecimiento de insumos era deficiente, no existían mecanismos ni fondos de estimulación a partir de los resultados de las empresas, y los incumplimientos obligaban a constantes subsidios. En la práctica fueron aplicados los dos métodos con sus respectivas limitaciones.

La iconoclastia[32]  de Che se manifestó en su original propuesta de un SPF que rompía los moldes de la época. Su mérito no consiste en la viabilidad del modelo en aquellos tiempos, quizás discutible, sino en su percepción de que algo andaba mal en el patrón ofrecido por la URSS como fórmula mágica de un socialismo real,  que finalmente resultó inviable. Sin embargo admitía la posibilidad de estar equivocado. En sus propios artículos, durante la polémica entre el SPF y el cálculo económico, afirmaba[33].

…cargada de subjetivismo, la afirmación (preeminencia de los estímulos morales) requiere la sanción de la experiencia y en eso estamos; si en  el curso de ella, se demostrara que es un freno peligroso para el desarrollo de las fuerzas productivas, habrá que tomar la determinación de cortar por los sano y volver a los caminos transitados;

Esto decía en el año 1964. Se infiere que la afirmación fuese extensiva a otras situaciones nacidas al calor de la mística revolucionaria imperante en la época. El manualismo, o creencia incondicional en lo afirmado en los manuales soviéticos de la época, fue combatido por Che en su libro Apuntes Críticos a la Economía Política. Al parecer fue poco divulgado según Alfredo Guevara[34].

Poco después, en medio de la vorágine del plan del quinquenio 1966-1970, con la ausencia del comandante Guevara, la predisposición hacia las relaciones mercantiles, el idealismo desbordado y la pretensión de construir el socialismo y el comunismo de manera simultánea[35], surgió un procedimiento sui generis, un verdadero collage lleno de aberraciones muy ajenas al pensamiento de Che pero también alejado del cálculo económico. La superficialidad condujo a serios errores.

A fines de 1965 fue disuelto el  Ministerio de Hacienda y se redujeron las funciones del Banco. El presupuesto de 1967, que fue el último de aquella época, no llegó a aplicarse pues a mediados de ese año se habían eliminado los pagos y cobros entre empresas estatales. En su lugar se establecieron asignaciones monetarias  para salarios y las relaciones con el sector privado[36].

Quizás lo más trágicamente pintoresco dentro de este baile de idealismos fue la implantación del nuevo sistema contable. Ocurrió  en 1966. Pretendía sustituir la secular fórmula de la partida doble creada por Fra Luca Pacioli en el siglo XV. ¡La nueva teneduría cubana aportaba la partida simple!  Incluso se eliminaron los estudios de contabilidad a pesar del prestigio que gozó la Facultad de Ciencias Comerciales de la Universidad de La Habana. La profesión de contador se convirtió en poco menos que vergonzante y muchos  tenedores de libros cambiaron de oficio.

Como mal colateral se sumó el apagón estadístico.

En paralelo y como parte de la euforia paternalista se ampliaron las gratuidades. En muchos lugares se sustituyó la tarjeta de entrada y salida de los trabajadores por el horario de la conciencia. Los incentivos materiales quedaron prácticamente anatemizados. Se intentaba llegar al comunismo a marchas forzadas. En general, con el paternalismo desbocado y la falta de controles, más que al comunismo se llegó a un anarquismo impensado.

Carlos Rafael Rodríguez diría al respecto[37]

Una de las más grandes herejías que se cometió en este país fue suponer que lo que estábamos haciendo entre 1967 y 1970, el descontrol económico que prevaleció, podía realizarse, como lo hicieron algunos, bajo la invocación del Che Guevara.

En los años posteriores a 1970, a partir de las calamitosas experiencias, se diseñó un modelo integral adoptado oficialmente en 1975. Tuvo como ejemplo al vigente en la URSS y otros países del campo socialista. Dicen los documentos oficiales al referirse al Sistema de Dirección y Planificación de la Economía (SDPE), como fue llamado[38]:

 El sistema elaborado…parte de la práctica que existe en todos los países socialistas…Lo que se ha hecho es recoger de una manera realista esa experiencia y tratar de adaptarla a las condiciones nuestras, haciéndolo además con mucho cuidado y con criterio más bien conservador.

Según el entonces titular de Economía, la adopción del SDPE, basado en la experiencia soviética, fue la única opción posible  -el único camino trillado - en aquéllos momentos[39]. Se mantendría sin cambios hasta  la década de los 90 cuando las circunstancias obligaron a modificaciones.

¿Pero hubo alguna vez socialismo?


Parafraseando a Jardiel Poncela[40] cabría preguntarse ¿Pero hubo alguna vez socialismo?

Mundialmente coexisten muchos movimientos políticos que adoptan tal título.  Pero su uso y abuso han difuminado su significado y ha devenido un  término gelatinoso difícil de concretar.

En su momento, Marx y Engels no pudieron elaborar una metodología para construir el socialismo. La tarea práctica recayó sobre los bolcheviques. Después de la prematura desaparición de Lenin surgieron otras exégesis, entre ellas el estalinismo y el trotskismo, notorias por su antagonismo.. Posteriormente no faltaron nuevas interpretaciones generalmente caracterizadas por alineamientos personales. Durante décadas los defensores del modelo soviético pensaron que eran dueños de la verdad. Pero finalmente el pretendido socialismo científico de los manuales pasó a engrosar las filas de los socialismos utópicos.

Teóricamente, el socialismo es una doctrina progresista. Pero bajo ese manto muchos han hablado como Cristo y actuado como Lucifer. Ejemplos notorios son Stalin,  Enver Hoxha, Pol Pot, Ceausescu, todos vestidos de rojo. El hábito no hace al monje.

Socialismo se ha convertido en un término polisémico. Hay partidos socialistas obreros que no son ni una cosa ni la otra. Algo similar ocurre con los social demócratas y los social cristianos. Actualmente surgen en América Latina pretensiones esperanzadoras y lo hacen en un medio electoral, en competencia.

Según  Samuelson, un cínico podría decir de la libre competencia lo mismo que Bernard Shaw dijo del cristianismo: su único defecto es que nunca se ha practicado. Lo mismo pudiera decirse del socialismo.

Los distintos modos de producción se caracterizaron por el salto de la productividad respecto a los sustituidos. El esclavismo superó a la comunidad primitiva y fue mejorado por el feudalismo y éste por el capitalismo. Hasta el presente ninguno de los supuestos socialismos ha mejorado la productividad capitalista. Ergo, no han sido genuinos.  ¿China? Hasta el momento arroja resultados prometedores pero hay que seguir observando.

El término en cuestión debe aplicarse con parsimonia….o no emplearlo. Es preferible esto último. Su contenido resulta tan impreciso como el de democracia, libertad, igualdad y tantos otros conceptos tomados de la panoplia de los demagogos. Son resbaladizos debido al uso y al abuso. Parece más adecuado atenerse a la tecnocrática calificación de Economía centralmente planificada.  Es la que dio la organización de Naciones Unidas a las economías de corte soviético. En tales entidades el Estado es determinante. Ejecuta sus proyecciones a través de planes temporales que cuantifican las inversiones, el suministro, los salarios y los métodos productivos. Al no tener comunicación efectiva con el mercado incurren en errores de previsión. Es pobre su capacidad de reacción. No dependen de la competitividad. Sus servidores son funcionarios, pero no empresarios; ello equivale a burocracia.

Por oposición a la Economía Centralmente Planificada existe la llamada Economía de Mercado. En su versión más pura se atiene al rejuego entre la demanda y la oferta. Este mecanismo decide la organización de la producción, la asignación de recursos y el consumo de bienes y servicios.  Su difusor original más notorio fue Adam Smith. Pensaba que el egoísmo individual se ponía en función del bien colectivo a través de la competencia. También decía que las únicas actividades sociales que debía emprender el Estado eran aquellas que no interesaban a ningún empresario privado. Estaba a favor de la libertad de comercio opuesta al mercantilismo de la época. El mal vino después. Actualmente los monetaristas pretenden seguir el camino del profesor escocés. No tienen en cuenta el surgimiento de los monopolios, oligopolios y transnacionales. No se debe  aplicar la clave del siglo XVIII al capitalismo actual, generalmente identificado con la Economía de Mercado.

Para algunos teóricos marxistas el mercado emanaba un tufillo burgués. Otros lo veían como un engendro del capitalismo y ello favoreció la consolidación de un prejuicio en su contra. Prácticamente una satanización. Según Smith la propensión al trueque y al intercambio de una cosa por otra es una característica intrínseca de la naturaleza humana. Esta interpretación es más bien sicológica. El mercado de los clásicos no había llegado a la fase monopolista.  Fueron Marx y Engels, quienes más profundizaron en el tema y desarrollaron su teoría sobre la evolución de los modos de producción.

Un tema crucial es el concepto de propiedad de los medios de producción. La ortodoxia soviética la ubicó en el Estado. Otros la sitúan en la fábrica o granja, hay quienes la  ven en la cooperativa. Parece ser que este es el determinante de la definición política de un Estado.  Pero no existen regímenes químicamente puros. En la práctica, las Economías Centralmente Planificadas incluyen muchas actividades particulares: campesinos, comerciantes, pequeños productores, transportistas y otros. A su vez, en las Economías de Mercado suelen existir aparatos que brindan servicios en forma socializada como la educación, la atención médica, acueductos, viales y otros. Lo que determina la pertenencia a una u otra categoría es la prevalencia.

El mecanismo del mercado es ineludible. Surgió durante la  comunidad primitiva y se generalizó con la división social del trabajo aplicada a los oficios. El salario no es más que una forma de canje mediante un equivalente universal llamado dinero. Aunque no gusten, todos son instrumentos indispensables.  En el capitalismo el mercado ha logrado un desarrollo hipertrófico, consecuente con el avance tecnológico. Pero el intercambio existió en los anteriores modos de producción y parece que continuará en los que vengan.
 
Pero ojo con el mercado. Su célula germinal es la fetichista mercancía que evolucionó desenfrenadamente hasta el Imperialismo actual. Lo que comenzó siendo suave brisa –un venticello-  se transformó en un temporale, como en la famosa aria del bajo en El Barbero de Sevilla.

Se da, además, un proceso dialéctico poco abordado. Cuando se produce un salto en la condición económica también varía la conciencia de quienes han brincado. El hombre piensa según vive, dijo Marx. Es él y su circunstancia, apuntó Ortega y Gasset. El ciudadano promedio español, al igual que el portugués y el griego de hoy, piensan de manera diferente a sus antepasados cercanos. De miserables se elevaron a clase media y la mentalidad se mantiene pese a la crisis actual. Esto ocurrió en el campo capitalista ¿Qué decir de los 12 millones de chinos que acumulan fortunas millonarias y de los 300 millones que escaparon de la pobreza absoluta, o de los 100 millones que pasaron a clase media[41]. Es muy probable que los grupos en cuestión ya no razonen como proletarios. Extrapolando tal situación a planos menos espectaculares cabe pensar en los funcionarios de las Economías Centralmente Planificadas. Muchos proceden de las filas más pobres. ¿Pensaran igual una vez ubicados en sus cargos?  Hay excepciones, por supuesto, pero abundan los filisteos que disfrutan sus prerrogativas mientras  alardean de un origen humilde  dejado atrás[42].

 Los manuales niegan a los dirigentes la categoría de clase social,  pero como quiera que sea constituyen un segmento de la población con intereses propios.

Después de 1959 Cuba siguió el modelo soviético para eludir el maleficio neocolonial. Se pensaba erróneamente que también serviría para escapar del atraso. Pero como señala Juan Triana, el desarrollo tiene agenda propia[43]. No tiene que ver necesariamente con la Economía Centralmente Planificada. La desaparición del padrino soviético fue una catástrofe para la isla. Su integración al Consejo de Ayuda Mutua Económica –CAME- perpetuó su dependencia externa. El modelo soviético incluía al sistema político basado en la trilogía Partido-Estado-Gobierno. Su correctivo es la autocrítica generalmente indulgente.

Hasta 1975 se produjeron las transformaciones revolucionarias en Cuba. En lo adelante, con el modelo oficializado, siguió una evolución. Algunos de los errores, según la óptica actual, estarían justificados por razones políticas o coyunturas determinadas. Otros no tienen defensa. La época de los milagros a crédito pasó. Además, la deuda externa financiera  heredada resultó enorme. Solo queda utilizar eficientemente los recursos disponibles entre ellos los seres humanos, por suerte mejor preparados que antes.

Continuará



[1] KEYNES, John M. Teoría general de la ocupación, del interés i del dinero. Barcelona: Ed. 62, 1987
[2] John Maynard Keynes (1883-1946) fue un intelectual integral. Además de brillante economista, el más renombrado en su época, era un notable critico de arte que mantenía una columna sobre el tema en uno de los principales periódicos londinenses.
[3] Keynes, J.M. Citado por Galbraith, John K. El Capitalismo Americano. Colección Zetein,  Ediciones Ariel, Barcelona 1968. Pág.  41
[4] Keynes, John Maynard.   Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero. Versión española de Eduardo Hornedo. Edición Revolucionaria. La Habana 1968. Es su obra principal y supuso el nacimiento del keynesianismo como doctrina económica. El original  fue  publicado  en Londres en 1936 (The general theory of employment, interest and Money),
[5] El  New Deal  de 1933 consagró cierta intervención del Estado en la economía. Entre otras medidas introdujo el seguro contra el desempleo y programas de inversiones publicas para reducir o eliminar el excedente laboral.
[6] Misión asesora dirigida por Francis Adams Truslow,  patrocinada por el Gobierno de Cuba y el International Bank for Reconstruction and Development. El correspondiente informe fue publicado por The John Hopkins Press. 1951.
[7] Adam Smith (1723-1790)
[8] Milton Friedman (1912-2006) catedrático de la Universidad de Chicago. Asesor económico del Presidente Ford. Sus principales obras en las que expone los diversos aspectos de su doctrina son Nueva Formulación de la Teoría Cuantitativa, Capitalismo y Libertad, Libertad de Elegir. Ganó el Premio Nóbel en 1976.
[9] Apaza Mmani, Gabriel. La Doctrina keynesiana y la doctrina monetarista (para comprender el neoliberalismo). El Zorro de Arriba. 12 feb de 2010. consejerodelobo @hotmail.com
[10] El Premio Nobel en Ciencias Económicas fue instituido en 1968 y el primer nominado fue el noruego Ragnar Frisch, junto con el holandés Jan Timbergen. Al siguiente año le correspondió a Samuelson.
[11] Joseph E. Stiglitz (1942) Norteamericano. Catedrático de la Universidad de Columbia. Ha publicado más de 300 trabajos y 12 libros.
[12] Stiglitz, Joseph E. ¿El fin del neoliberalismo?. Tribuna, 20/07/2008. Publicado también  en la Sección de Negocios de El País el país. Com.
[13] Karataev et altri. Historia de las Doctrinas Econ¢micas. pp 90. Editora Pueblo y Revoluci¢n. Habana 1980
[14] Engels,  Frederic. Ludwing Feurbach  o el Fin de la Filosofía Clásica Alemana, Editora Política. Habana 1962. Engels  se refería irónicamente al materialismo vulgar de Feurbach ,  quien, al igual que la mujer de la bañera, al rechazar al idealismo filosófico, desechó también a la dialéctica hegeliana.
[15] La expresión es de G. Sokolnikov. Smilga y L. Kritsman mantenían posiciones similares en 1926. Todos son citados por Wlodzimierz Brus en El Funcionamiento de la Economía Socialista. Oikos-tau SA. Ediciones. Barcelona 1969. El prólogo del autor esta fechado en junio de 1960. Sokolnikov ocupó posiciones importantes en los primeros años de la Revolución Rusa. Después de 1936 fue víctima de Stalin y desapareció en prisión.
[16] Trabajos de Abba Lerner en  Review of Economic Studies, de 1934 a 1937.
[17] Trabajos de Oskar Lange en Review of Economic Studies, de 1936 a 1937.
[18] Wlodzimierz Brus. El Funcionamiento de la Economía Socialista. Obra citada. El prólogo del autor esta fechado en junio 1960
[19] Citado por Brus en El Funcionamiento de la Economía Socialista. Pag.62 y 63
[20] Bruss W. El Funcionamiento de la Economía Socialista. obra citada. Pág. 13-14
[21] Brus obera citada pag. 17.
[22]   Manievich V. De la Historia del Desarrollo de la Economía Política en la URSS. pp 9-29.  Y  Zaostovsev, P.G. Las Relaciones Monetario Mercantiles y la la ley del valor en la economía soviético. pp 97-137. Ambos en Ensayos Sobre Historia de la Teoría Económica en la URSS. Edit. Ciencias Sociales. Habana 1977
[23] Lange Oskar. Ciencia Planificaci¢n y Desarrollo. Pág.  28-32; 39; y 98-100. Editorial Nuestro Tiempo. México 1974.  Y   Brus W. El Funcionamiento de la Economía Socialista. Pág. 79. Oikos Tau S.A. Barcelona 1969.
[24] Podkolzin A. Ensayo de Historia de la Economía de la  URSS. Pág. 179-188. E. Progreso. Moscú
[25] durante el XX Congreso del Partido en 1956.
[26] Consigna acuñada en el siglo XVIII por un cortesano de los Borbones hispanos. Es aplicable en general a burócratas sumisos y a fanáticos. Los estalinistas entre ellos.
[27] Un diplomático cubano destacado en China durante los años del maoísmo relata un viaje interior en avión como algo rocambolesco.  En lugar del acostumbrado reparto de pitanza, las azafatas acosaban a los viajeros con consignas al uso: cantar  himnos al Presidente Mao, leer versículos del Libro Rojo, anunciar que el vuelo se llevaba a cabo con seguridad debido a que la tripulación se inspiraba en el pensamiento de Mao, y otras ingenuidades por el estilo. Relato personal escuchado de Oscar Pino Santos por JMFO
[28] Vázquez Díaz, Julio A. China ¿otro socialismo? (LX aniversario).  Editorial de Ciencias Sociales. La Habana 2010. Pág. 100.
[29] Díaz Vázquez, Julio A. ¿Es Aplicable el Modelo Chino  o Vietnamita en Cuba?. Opúsculo del Centro de Investigaciones de la Economía Internacional de la Universidad de La Habana.  Abril 6 de 2011. www. Rebelión.org. Y  Centro de Investigaciones de la Economía Internacional Universidad de La La Habana,  Marzo de 2011
[30] Castro, Raúl. Discurso de Clausura del Sexto Periodo Ordinario de la Asamblea Nacional. Dic. 18 dic de 2010
[31] La polémica puede seguirse a través de las desaparecidas revistas Nuestra Industria y Comercio Exterior, que en los años 1963 y 1964 recogieron todos los artículos publicados al respecto. Otros participantes fueron Luis Álvarez Rom, Ministro de Finanzas; Marcelo Fernández Font, presidente del Banco Nacional; Charles Betelheim, de l’Ecole d’Hautes Etudes de Paris, y Enrns Mandel, economista belga que trabajaba entonces en el Ministerio de Industrias.
[32] Un criterio del Che, prácticamente olvidado, es el referido a los sindicatos en el socialismo. ¿para que hace falta esta institución en un gobierno proletario? se preguntaba.   Quien escribe estas líneas se lo escuchó personalmente en varias ocasiones.
[33] Guevara, Ernesto “Che”. Sobre el Sistema Presupuestario de Financiamiento. Revista Nuestra Industria Económica no.5. Feb. de 1964.
[34] Guevara, Alfredo. presidente del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana. Tomado de Encuentro con Alfredo Guevara, en la Facultad de Química de la Universidad habanera el 22 de junio de 2011. Alfredo Guevara fue uno de los grandes impulsores del cine cubano actual. Cubadebate Internet. Comparte apellido e inquietudes ideológicas pero no familiares con Che.
[35] En la Isla de Pinos, actualmente llamada de la Juventud, se intentó la experiencia de saltar al comunismo salvando la etapa socialista.
[36] Informe Central del Primer Congreso del PCC. Diciembre de 1975.
[37] Carlos Rafael Rodríguez.  Sobre la contribución del Che al desarrollo de la economía cubana. En Cuba Socialista, No. 33, La Habana.
[38] Informe al Primer Congreso  del PCC, pág. 111
[39] Pérez, Humberto. Clausura del Congreso Constituyente de la Asociación Nacional de Economistas de Cuba. La Habana. Junio 4 de 1979.
[40] Pero... ¿hubo alguna vez once mil vírgenes?  Novela satírica publicada en 1931 por E. Jardiel Poncela.
[41] Vázquez Díaz, Julio A. China ¿otro socialismo? (LX aniversario).  Obra citada. Pág. 100.
[42] En Cuba durante mucho tiempo el origen humilde se convirtió en un mérito. Era frecuente que se alardeara de tal condición en las autobiografías acompañantes del proceso de incorporación al Partido. Paradójicamente, por razones históricas y sociales, muchos de los creadores y propulsores del socialismo a nivel mundial y cubano no fueron de origen proletario.
[43] Triana Cordoví, Dr C. Juan. Cuba 2010: El Crecimiento, la Economía y el Desarrollo. Investigador Titular  del Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC). Seminario Anual Sobre Economía Cubana y Gerencia Empresarial. Hotel Nacional de Cuba, 24-25 de junio de 2010.