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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz
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domingo, 14 de junio de 2026

Manuel Piñeiro: “El Che nunca se sintió ni derrotado, ni desmoralizado”


En esta nueva entrega del Blog América, en vísperas del próximo 14 junio, fecha en que el Che cumplirá 98 cumpleaños, reeditamos la primera entrevista dada por el comandante Manuel Piñeiro a un medio de difusión con el objetivo de abordar su visión sobre quien fue muchísimo más que un Guerrillero Heroico: quien, tras nacer continuamente como advirtió Eduardo Galeano, es hoy por hoy paradigma de coherencia humana y política; ejemplo insuperable de dirigente revolucionario y pensador imprescindible para comprender el trayecto inicial de la Revolución Cubana y de sus proyecciones antimperialista e internacionalista, entre muchas cosas más.

El texto, originario de la revista Tricontinental, ahí va…

Por Luis Suarez Salazar, Ivette Zuazo, Ana María Pellón

Un tremendo aguacero estalla en el mismo instante del comienzo de la grabación. El ambiente es propicio para la broma. «Ustedes van a romper mi virginidad», nos advierte nuestro interlocutor, aludiendo al hecho de que, si bien ha sostenido algunos encuentros periodísticos, es esta la primera vez en 30 años, que accede a ser entrevistado sobre Che Guevara.

Solicitudes ha recibido muchas, de colegas cubanos y extranjeros. La razón es que este hombre llamado Manuel Piñeiro, y apodado Barba Roja en los años ‘60 por amigos y enemigos, es un testigo clave a la hora de reconstruir toda la trayectoria internacionalista del Che, desde 1959 hasta su asesinato en Bolivia en 1967. Durante aquellos años, Piñeiro fue nada más y nada menos que el jefe de la Dirección General de Inteligencia del Ministerio del Interior de Cuba, encargada, además, de otras funciones, de los vínculos con los movimientos revolucionarios en el Tercer Mundo. Estaba en pleno apogeo la insurgencia liberadora. Entre sus múltiples tareas dentro de la dirigencia de la Revolución cubana, el Che dedicaba energías a promover la solidaridad antimperialista y a prepararse para combatir en «otras tierras del mundo». En ello estuvo Piñeiro muy cerca de él.

El aval que le mereció aquel puesto lo había forjado fundamentalmente en la Sierra Maestra, adonde llegó en mayo de 1957 tras una petición hecha al liderazgo del Movimiento 26 de Julio en la capital. Antes había sido uno de los dirigentes del M 26-7 en su provincia, Matanzas; de aquí debió emigrar a La Habana, «quemado» por sus actividades de sabotaje y propaganda; y arribó a las montañas orientales, después de haber organizado varios envíos de armas para la Sierra. Allí integró la columna 1 comandada por Fidel. En marzo de 1958, pasó a la de Raúl Castro, que fundaría el IIº Frente Oriental Frank País, donde le confiaron la Dirección de Personal e Inspección Territorial, la del Servicio de Inteligencia y la Policía Rebelde. Baja con el grado de Comandante.

Participa en la fundación del Ministerio del Interior en 1961, y en él permanece hasta el 75, casi una década, como responsable máximo del Viceministerio Técnico; y luego, de la Dirección General de Liberación Nacional.

En 1975 y por más de tres lustros, condujo el Departamento América del Comité Central del Partido Comunista de Cuba. De este Comité es miembro desde su surgimiento el 3 de octubre de 1965. Ese día justamente, Fidel hacía pública la carta de despedida del Che. Hoy, a los 64 años de edad, con la barba y el cabello encanecidos, Piñeiro no abandona su afición -o su costumbre- por el trabajo hasta altas horas de la noche; lo mismo en el Comité Central, donde entra cada tarde poco después del mediodía, que en la sencilla terraza de su hogar, donde ahora nos reunimos.

El «decorado» delata su ambiente natural de trabajo: manojos de publicaciones, documentos acerca de América Latina tapizan los muebles; al pie de una mesa plástica una lámpara; hamaca y mucho verde en el pequeño patio.

Pero habría que decir también que en medio de todo este intenso bregar como revolucionario, ocupa un espacio privilegiado su familia: su compañera, la escritora marxista chilena Marta Harnecker, la hija de ambos, Camila, y su primogénito, Manuel, quien es abogado. Han transcurrido casi cuatro horas de diálogo y él, tan fresco como al principio, sólo ha faltado a una promesa que en definitiva hizo consigo mismo: ser escueto. Más no a la de esforzarse porque su memoria le permitiera toda la rigurosidad posible. Enhorabuena. Luego de tantos años, conceder esta entrevista no es para él sino un homenaje, «mi modesto homenaje al Che Guevara».

– ¿Cuándo y en qué circunstancias conoció usted al Che?

La primera vez que lo vi fue de pasada, al cruzarse nuestras Columnas luego del combate de Pino de Agua (10 de septiembre de 1957). Por otros combatientes, quienes hablaban de él con mucho respeto y cariño, ya sabía que era un argentino valiente, temerario, dotado de una gran preparación cultural y de sólidas ideas políticas. Luego volví a encontrarlo en El Hombrito, otro lugar de la Sierra Maestra, donde se hallaba su comandancia: armería, panadería, servicios médico y odontológico del cual él mismo era el dentista, con una tenaza por único instrumento. Coincidentemente con el día de hoy (10 de junio), yo tenía un tremendo dolor de muela, pero cuando iba en busca del Che oigo quejidos y gritos de un hombre y lo veo a él sujetando por la cabeza a un campesino y, tenaza en mano, extrayéndole una muela. Allí me dije: jamás caeré en las manos de este hombre. Esa imagen creo que no la olvidaré nunca.

– Más allá de aquel impacto, ¿Qué impresión le causó su personalidad?

La de un hombre sereno, de mucha confianza en sí mismo, que inspiraba respeto. Al principio podía parecer serio e introvertido, más una vez que se entraba en contacto personal con él se mostraba muy comunicativo, con un agudo sentido del humor, a menudo matizado de ironía. Pienso que por tener otra sicología, otra formación cultural, otra idiosincrasia, algunos compañeros no comprendían sus bromas, decían que los suyos eran chistes «argentinos» muy ácidos. En realidad, muchas veces llevaban un cierto tono crítico, pero eran siempre afectivos y educativos, nunca de ofensa a ningún compañero, siempre apelando a su vergüenza personal.

– Después del triunfo de la Revolución, ¿En qué momento se reencuentra con él?

El Primero de Mayo del 59, él asistió al desfile de Santiago de Cuba, capital de la entonces provincia de Oriente. A la sazón yo era jefe de la Plaza Militar allí, así que lo recibí y sostuvimos una reunión en mi oficina del Cuartel Moncada. Pero mi relación estrecha con el Che se inicia en la segunda mitad de 1959.

– ¿Es entonces que comienzan a trabajar juntos en las actividades vinculadas con la solidaridad hacia las luchas revolucionarias en el Tercer Mundo?

Sí. En ese año me trasladan de Oriente a La Habana, para incorporarme a la fundación de las estructuras de seguridad e inteligencia que antecedieron a la creación, el 6 de junio de 1961, del Ministerio del Interior, cuyo jefe fue el Compañero Ramiro Valdés. Estas incipientes estructuras y luego el Viceministerio Técnico del MININT -cuya jefatura me encomendaron-, tenían también que ver con la atención a dirigentes revolucionarios y políticos de otros países del Tercer Mundo, quienes venían a conocer la experiencia de la Revolución cubana, y lógicamente querían conversar con sus principales dirigentes, en primer lugar con Fidel y el Che. Él les dedicaba su poco tiempo disponible, sobre todo las noches, como mismo hacía con cuanto campesino o combatiente rebelde, vinculado a él en la Sierra, le solicitara una entrevista. Las reuniones con esos dirigentes, en su mayoría latinoamericanos y caribeños, se extendían hasta bien avanzada la madrugada y a veces hasta la salida de los primeros rayos del sol. Se realizaban en casas de seguridad, en las sucesivas oficinas del Che en el Instituto Nacional de Reforma Agraria, el Banco Nacional, el Ministerio de Industrias y ocasionalmente en su casa.

– ¿En todas participaba usted?

Casi siempre, si no, algún otro compañero encargado de la atención al visitante.

– ¿Qué más recuerda de aquellas reuniones?

Invariablemente estaban «presididas» por un termo de agua caliente, una bombilla, mate y un tabaco en la boca del Che. Me llamó la atención siempre su capacidad de saber escuchar, su respeto por las opiniones de su interlocutor, aun cuando no coincidieran con las suyas. Sin embargo, esto no significaba que no expusiera sus puntos de vista, con argumentos muy convincentes. Aún sin conocer al visitante podía crear un clima de distensión, confianza y fraternidad que permitía a ambos dialogar directa y francamente. Aunque permanecía al corriente de la situación política y del surgimiento de movimientos revolucionarios en el Tercer Mundo, en especial en América Latina, previo a los encuentros leía cuanto material poseyéramos sobre la realidad política, económica y social del país en cuestión. Era inexcusable no tener un mapa de éste encima de la mesa porque, como hombre de mucho detalle, le gustaba indagar analizando la geografía, la topografía del territorio, las características de la población rural, las formas de propiedad de la tierra, las luchas sociales y sus antecedentes, los movimientos campesinos, obreros, estudiantiles, las organizaciones políticas, el mundo intelectual… Era en extremo meticuloso, buscando datos y cifras acerca de todos estos temas.

De forma pedagógica, y alejado de esquemas o dogmas, explicaba la experiencia revolucionaria cubana y dentro de ella no sólo la suya, sino la de otros líderes, como Fidel y Raúl Castro, Juan Almeida, Camilo Cienfuegos. No dejaba de señalarle al visitante que allí donde hubiera un resquicio para la actividad legal debía aprovecharse, pero sin hacerse ilusiones, teniendo muy presente lo indispensable de acumular fuerzas al máximo y prepararse militarmente para enfrentar la represión al movimiento popular y revolucionario, en cuanto éste se convirtiera en un desafío peligroso al sistema imperante. Asimismo, los alertaba sobre la probable reacción agresiva del imperialismo, ante los avances de las luchas revolucionarias. A veces también incursionaba en asuntos filosóficos y culturales.

– ¿Podría mencionar algunos de aquellos dirigentes latinoamericanos que vinieron a establecer contactos con él?

Es imposible mencionarlos a todos, pero entre muchos recuerdo a los nicaragüenses Carlos Fonseca, Tomás Borge, Rodolfo Romero y el exoficial del Ejército Somocista Somarriba, quien encabezó un intento de lucha armada en Nicaragua -finalmente fallido y donde murieron los compañeros cubanos Ornelio Hernández y Marcelo Fernández-, también recuerdo a los guatemaltecos Turcios Lima, John Sosa, Rolando Ramírez, Pablo Monzanto, Julio Cáceres (Patojo), amigo íntimo y muy querido por el Che; los peruanos Luis de la Puente Uceda, Héctor Béjar y Javier Heraud; los peronistas William Cooke y Alicia Eguren; los colombianos Fabio Vázquez (quien sería jefe del Ejército de Liberación Nacional), el dirigente guerrillero liberal Franco, los hermanos La Rota (fundadores en aquella época del Movimiento Obrero Estudiantil Colombiano) y el secretario general del PC de ese país, Gilberto Vieira; el secretario del PC uruguayo, Rodney Arismendi, los principales dirigentes de los partidos socialista y comunista chilenos, en primer lugar Salvador Allende, entonces senador de la República y Jaime Barrios; los principales dirigentes del PC venezolano, Fabricio Ojeda, y varios dirigentes haitianos y dominicanos. En general, todos los líderes de la izquierda y de los partidos comunistas del continente, que pasaban por La Habana se entrevistaban con él. Hay que recordar que el Che participó en la Conferencia de Partidos Comunistas de América Latina, celebrada en Cuba en 1964.

– ¿Puede decirse que desde el propio triunfo de la Revolución ya empiezan a confluir la puesta en práctica de la política solidaria cubana hacia el continente, con las ideas del Che de integrarse a la batalla liberadora en otros países de América Latina?

No hay que olvidarse de dos cosas: desde La historia me Absolverá, Fidel manifiesta la vocación latinoamericanista de la Revolución; él mismo había participado en el Bogotazo, en actividades de solidaridad con la lucha por la independencia de Puerto Rico, la soberanía de las Malvinas, la recuperación del Canal de Panamá y en la fallida expedición de Cayo Confite para derrocar al dictador dominicano Leónidas Trujillo. Fidel se encuentra con un Che en quien ya existía esa misma voluntad, que venía marcado por su experiencia de la derrota del presidente Jacobo Arbenz en Guatemala, en 1954. En ese país, el Che conoció a muchos líderes revolucionarios del continente, que fortalecieron sus sentimientos y convicciones antimperialistas y latinoamericanistas. Lo otro es que antes de partir para Cuba en el Granma, él le planteó a Fidel que tan pronto como pudiera liberarse de sus responsabilidades con la Revolución cubana, y fuera el momento más oportuno, quería tener la libertad de integrarse a la lucha revolucionaria en otro país de Latinoamérica, preferiblemente Argentina. No dejó de estar alerta ante cualquier alternativa que representara alguna perspectiva de desarrollo del combate armado revolucionario, léase Nicaragua, Venezuela, Colombia; interesado siempre en la posibilidad de que pudiera ser aceptado como participante en las luchas de otros países.

Por ejemplo, desde fecha tan temprana como 1959, el Che le envía con un emisario cubano una nota al dirigente antisomocista nicaragüense Somarriba, donde le expresaba su disposición a unirse a la lucha tan pronto la columna guerrillera lograra crear condiciones en el territorio de esa nación. Aquel intento, para dolor del Che, fracasó.

– ¿Cómo concebía el Che el desarrollo y diseminación de la lucha revolucionaria en América Latina?

Su concepción, con raíz en la guerra liberadora cubana, consistía en fundar una columna madre integrada por revolucionarios de varios países latinoamericanos, la cual, una vez superada la etapa de sobrevivencia, fogueados los combatientes, formados los cuadros de dirección, en su fase de desarrollo y crecimiento, crearía las condiciones para el desprendimiento de otras columnas y así expandir el combate a otros países del continente; sobre todo hacia aquellos que se unieran al imperialismo en el intento de derrotar la causa popular.

Según demostró la experiencia cubana, el núcleo guerrillero original, bien dirigido, era el motor chico, que accionando política y militarmente echaba a andar el motor grande de las masas. En eso se basaba la concepción continental y antimperialista del Che sobre la lucha armada revolucionaria. Es esencialmente política, militar, de masas y contradice esa interpretación reduccionista del foco guerrillero, que se le ha adjudicado al Che. Él hablaba de un foco insurreccional vinculado a las masas, no de un grupo pequeño de hombres armados que actúan divorciados del movimiento popular y en general del pueblo.

También dijo que no podía desarrollarse la lucha guerrillera en aquellos países donde los gobiernos fueran fruto de alguna forma de consulta popular y donde no se hubieran agotado las posibilidades de lucha cívica.

Debe resaltarse una idea básica del Che: no necesariamente tienen que existir todas las condiciones para comenzar la lucha revolucionaria, la propia lucha en su desarrollo las puede ir creando. El Che, por tanto, no es responsable de las simplificaciones de la experiencia cubana y de sus concepciones, desarrolladas, aún con las mejores intenciones, por parte de algunos revolucionarios del continente.

– ¿En la preferencia del Che por Argentina está el origen de la guerrilla que comandó su compatriota Jorge Ricardo Masetti en 1963? ¿Cuál fue el papel del Che en ella?

El Che lo había conocido como periodista en la Sierra Maestra. Después de enero del 59, Masetti regresó a Cuba, cumplió algunas misiones de apoyo a la revolución en Argelia con el Frente de Liberación Nacional (FLN), así que ya había adquirido cierta experiencia combativa, cursó escuelas militares en nuestro país y entonces el Che le dio la tarea de organizar una columna guerrillera cuya misión principal era instalarse en un territorio argentino fronterizo con Bolivia, específicamente Salta, con la idea de incorporarse en cuanto se lograra un mínimo de condiciones para dirigir desde allí el inicio de la lucha armada en Argentina. El prestó una dedicación especial a la preparación de ese destacamento, nombrado Ejército Guerrillero de los Pobres, donde irían junto a Masetti, entre otros compañeros, el cubano Hermes Peña (muerto en combate) y Alberto Castellanos, quien cayó prisionero y permaneció cuatro años en las cárceles argentinas sin que pudieran identificar su verdadera nacionalidad.

– Cuando Masetti partió a Salta, ¿Se le denominó Segundo, aludía esto al hecho de que él la encabezaría sólo temporalmente?

Sí, porque el Primero era el Che; ese era el significado del seudónimo de Masetti. El Che quería ser el iniciador, pero Fidel logró persuadirlo de que solo ingresara a la Argentina luego de que una avanzada creara las condiciones, es decir, que no estuviera allí en la etapa más difícil y riesgosa de cualquier movimiento guerrillero, la de la sobrevivencia. En esta, la guerrilla depende básicamente de sus propias fuerzas.

Este criterio tiene su antecedente en la política de cuadros que desarrolló Fidel en la Sierra Maestra. Siempre trató de conservar a los jefes intermedios que despuntaban como jefes de columna. Esta política se demostró justa en nuestra guerra. Fidel no quería que un cuadro de la experiencia y la estatura continental del Che se expusiera en la primera etapa de la lucha guerrillera.

Sin embargo, este esfuerzo contó con la solidaridad cubana.

Era necesario establecer previamente una base de apoyo logístico desde la parte boliviana y para eso fueron designados los cubanos Abelardo Colomé Ibarra (Furry), hoy General de Cuerpo de Ejército, y José María Martínez Tamayo (Papi), quien murió después en la guerrilla boliviana. Ellos se trasladaron a Bolivia para recibir a Masetti y su grupo, con la ayuda de los hermanos Peredo y Rodolfo Saldaña (miembros del PC boliviano), en coordinación con un grupo de compañeros a quienes nosotros enviamos a La Paz. A la par los esposos William Cooke y Alicia Eguren se encargaban del respaldo en la Argentina por solicitud del Che, si bien no conocían totalmente los planes, ni la eventual participación del Che en ese movimiento guerrillero. También habría que reconocer aquí la cooperación brindada en todo momento por la dirección del FLN argelino.

– Finalmente, la insurgencia de Masetti fue descubierta y casi todos sus miembros murieron o desaparecieron, ¿Qué efecto causó en el Che tal desenlace?

Un efecto profundamente emocional y humano: habían caído compañeros a quienes le unían muchos años de camaradería y lucha. Según expresó más de una vez, lo perturbaba la idea de que mientras eso ocurría, él se hallaba aquí en una oficina. Cuando en abril de 1964 se perdió el contacto con Masetti, el Che hizo todos los esfuerzos posibles por aclarar las circunstancias de aquellos sucesos, por saber si había sobrevivientes, y en caso de existir, por reorganizarlos. En esos intentos tuvo la colaboración de William y Alicia; más tarde otros amigos argentinos han seguido buscando los restos de Masetti y sus compañeros, tratando de reconstruir los acontecimientos, pero hasta ahora no se han podido hallar indicios de cuál fue la forma en que culminó aquel intento guerrillero y las circunstancias de la muerte de Masetti.

– Por esa misma época, el Che estuvo muy atento a los empeños de insurgencia en Perú, ¿es cierto que fue este país otra de las alternativas valoradas por él antes de seleccionar Bolivia?

Argentina, Perú, Bolivia…todo formaba parte de su proyecto integrador para llevar adelante su estrategia de continentalizar la revolución.

Paralelamente a la Operación de Salta, un grupo de combatientes peruanos dirigidos por Alain Elías y entre quienes se encontraban Javier Heraud y Abraham Lamas, intentó comenzar en enero de 1963 la lucha armada, cuando entraron a Perú por la zona de Puerto Maldonado, fronteriza con Bolivia. Allí murió el joven poeta peruano Javier Heraud y otros compañeros. Ellos contaron con la ayuda de varios cuadros del PC boliviano, especialmente los hermanos Peredo, quienes les proporcionaron apoyo logístico y sirvieron como guías a su Columna para ingresar desde Bolivia a Perú. Años después el ELN reinicia la lucha bajo la dirección de Héctor Bejar, emergen también las guerrillas de Luis de la Puente Uceda y Guillermo Lobatón, líderes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria. Con todos esos dirigentes peruanos el Che sostuvo reuniones previas. Es decir, que en Perú había cierta organización y efervescencia popular, luchas sociales, ocurría la toma de tierras dirigida por Hugo Blanco; a la vez que era atractivo para el Che porque se hallaba más cerca de Argentina. Además, en esa época en Bolivia existía un gobierno democrático surgido de la revolución de 1952, que duró hasta 1964. Sin embargo, tanto el intento guerrillero del ELN como los del MIR fueron destruidos, murieron Luis de la Puente Uceda (en noviembre de 1965) y Lobatón (en enero del 66); Héctor Bejar ya había sido detenido en 1965 y golpeada la columna que dirigía…

– ¿Cómo reaccionó el Che ante todos estos reveses, que evidentemente aplazaban su proyecto continental?

Se le veía muy impaciente. No dejó de explorar posibilidades de sumarse al combate armado en otros países como Venezuela y Colombia. No obstante, no se dieron las condiciones favorables para recibir a un revolucionario de su talla política y militar, con las consecuencias que eso traería.

– ¿Cuándo empieza a pensar en Bolivia como un escenario de batalla, y no sólo como una zona de apoyo? ¿Por qué se decide por este país?

En 1964 el general Barrientos dio un golpe de Estado, y se abrió en Bolivia un período de intensa represión, pero también de resistencia del movimiento popular, particularmente de los mineros y de los estudiantes. Desde entonces el Che comienza a observar el desarrollo de los acontecimientos.

Dos años más tarde, estando en Tanzania, el Che decide enviar a Papi a Bolivia para evaluar la situación. Se confirma el criterio de que esa era la única opción disponible en el sentido de que existían condiciones políticas mínimas y cuadros bolivianos con experiencia, quienes habían tomado parte en la ayuda a Masetti y a los guerrilleros peruanos, o sea, eran gente fogueada y con una disposición político- ideológica a la solidaridad con cualquier movimiento revolucionario que se gestara en el área.

– ¿Cómo se perfilaba en el proyecto boliviano del Che su estrategia continental?

En su perspectiva, esa guerrilla debía resultar una escuela de formación de cuadros latinoamericanos, sobre todo del Cono Sur – entre ellos argentinos-, que propiciara extender la lucha armada a otros países fronterizos. A la vez, le permitiría a él acumular fuerzas políticas y militares, y esperar por la ocasión más oportuna para continuar hacia su país natal.

Ello dependería del desarrollo y crecimiento de la columna madre asentada en Bolivia. Sin ella, no era posible seguir hacia Argentina, donde también se había instalado una sanguinaria dictadura militar, apoyada por Estados Unidos y repudiada por los sectores más combativos del pueblo argentino. De una manera realista, el Che analizó que si a partir de Bolivia surgían y evolucionaban otras columnas guerrilleras conformadas por combatientes de diversas naciones del Cono Sur, esto provocaría como reacción una alianza entre los gobiernos y los ejércitos de los países fronterizos, apoyados por el imperialismo. Ello contribuiría a la propagación de la lucha armada revolucionaria en la región, la cual se tornaría un escenario de cruentas, largas y difíciles batallas que más tarde o temprano llevarían a la intervención yanqui. Eso sería, por tanto, otro de los Viet Nam a los que él convocó en su histórico «Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental».

– ¿Pertenecen enteramente al Che la idea original y el plan para Bolivia?

Sí, la elección del lugar, los combatientes, el diseño y preparación de dicho plan, todo fue concebido por él. Lógicamente, Fidel ofreció todo el apoyo y la cooperación posibles.

Nuevamente planteó que el Che no fuera en la avanzada, sino cuando ésta ya se hubiera instalado y creado un mínimo de condiciones: la logística, el armamento, las redes urbanas de apoyo y la incorporación de algunos cuadros latinoamericanos, en particular los bolivianos, así como que estos hubieran alcanzado conocimientos, adaptación al terreno, en fin, que la guerrilla hubiera superado la etapa de comenzar la lucha, sobre todo en un país como ese, vecino de aquél a donde deseaba llevar la batalla revolucionaria, Argentina. Además, desde el punto de vista sicológico, se sentía muy apremiado por el paso de los años. Él sabía cómo nadie que le eran imprescindibles las condiciones físicas elementales para conducir un movimiento guerrillero; y que no le sería nada fácil la tarea de desarrollarlo en aquella coyuntura de América Latina, con Estados Unidos desplegando la desmovilizadora Alianza para el Progreso, y toda una campaña contrainsurgente de ayuda a los regímenes del área, a los que suministraba armamentos, recursos financieros y entrenamiento a sus ejércitos. Querían evitar a toda costa la propagación del ejemplo de la Revolución cubana.

– Se ha dicho que luego de la divulgación de su carta de despedida, el Che sentía que había asumido el compromiso moral de no retornar a Cuba a volver a ocupar un cargo visible en la dirección de la Revolución…

En mi opinión, con carta de despedida o sin ella, el plan del Che era inamovible. Estaba decidido a cumplir con lo que él había diseñado como su objetivo histórico y estratégico: continentalizar la lucha antimperialista.

– Si descontamos a Ciro Bustos, sólo quedaba otra argentina, Tania, ¿a qué piensa que se debió la casi insignificante presencia de argentinos en la guerrilla boliviana?

Bustos era un enlace que poseía una serie de vínculos y relaciones, transmitidas por el Che, para que contactara con argentinos de distintas organizaciones, y los trasladara a la zona donde él operaba en Bolivia. Al caer preso Bustos y convertirse en un delator -ofreciendo datos y dibujos identificativos del Che y los guerrilleros-, se «congela» Argentina. Recuerden también que al descubrir el Ejército la base guerrillera, todo el plan se desencadenaba de forma precipitada; la guerrilla tiene que moverse constantemente, y en esa etapa se hace muy difícil mantener los contactos con la base urbana y con el exterior. Yo pienso que de no haber ocurrido eso, al conocer la presencia del Che en Bolivia, muchos cuadros y combatientes de las diversas fuerzas revolucionarias en el continente, hubieran buscado el modo de acercarse y participar. La convocatoria del Che ejercía una gran influencia en muchos revolucionarios dentro y fuera de Latinoamérica.

– ¿Qué consideraciones le merece la versión difundida en el mundo, respecto a que la dirigencia política cubana abandonó al Che en Bolivia y no le ofreció el apoyo necesario para el éxito de su operación?

Desde el mismo comienzo de la Revolución cubana -y mucho antes, desde nuestras primeras guerras de independencia-, el imperio ha practicado una estrategia de división de las fuerzas revolucionarias: primero se echó a rodar la campaña de que la desaparición de Camilo fue obra y consecuencia de las contradicciones en el interior de la dirección revolucionaria; después hablaron de supuestas divergencias entre Raúl y Fidel; y luego entre Fidel y el Che. Así montaron toda una campaña de desinformación que dura hasta nuestros días para tratar de generar confusión no sólo en Cuba sino en el movimiento revolucionario latinoamericano y mundial, y en la opinión pública internacional. Uno de los ejes de esas campañas es este supuesto abandono a la guerrilla del Che, que se basa en el cuestionamiento de por qué no le mandamos un refuerzo militar para apoyarlo y ayudarlo a romper el cerco del Ejército boliviano.

Cualquiera que conozca las leyes de una guerrilla sabe que en la fase inicial es más difícil; la columna está obligada a desplazarse constantemente para evitar las emboscadas del ejército enemigo, máxime si está en desventaja con éste. En esa fase la guerrilla depende de sus propias fuerzas, y del respaldo que puedan brindarle las redes urbanas, las cuales en aquel momento ya habían sido golpeadas. Por tanto, no era fácil enviar -como dicen-, un refuerzo militar. Eso es pura fantasía.

– ¿Y también es una fantasía la comparación que se ha hecho entre la supuesta falta de apoyo al Che y los exitosos esfuerzos cubanos por sacar de Venezuela a los oficiales que se encontraban allí?

Con absoluto conocimiento y responsabilidad afirmo que en Venezuela el Partido Comunista, el MIR y otras fuerzas revolucionarias (aunque habían sufrido algunas derrotas), conservaban estructuras clandestinas y recursos operativos que facilitaron la organización paciente y minuciosa de la operación de salida de esos compañeros. Esas circunstancias no concurrían en Bolivia.

– Regresando al año 1965, usted estuvo muy ligado a los preparativos de la misión internacionalista cubana en el Congo, dirigida por el Che en ese año. A su juicio, ¿Qué representó para él esta etapa, en relación con su plan estratégico final?

En ese entonces, aunque ciertamente se evidenciaba un auge revolucionario a nivel mundial, encabezado por el heroico pueblo vietnamita, y al calor de la Revolución cubana, aún no existían condiciones mínimas para que el Che pudiera materializar su plan en Latinoamérica. Ante esto y ante la solicitud de ayuda que había formulado a Cuba a través del Che, la dirección del Consejo Supremo de la Revolución del Congo, Fidel le propone como lo más útil ponerse al frente del grupo de asesores militares cubanos que marcharían a ese país africano, de modo que esto le permitiera ganar tiempo acopiando experiencia, fogueándose nuevamente, al igual que preparando a algunos de los cuadros y combatientes cubanos que lo acompañarían más tarde a Bolivia. El Che asume la etapa del Congo como un escalón, una fase intermedia para prepararse con vistas a su meta definitiva y aguardar a que la evolución de los acontecimientos en América Latina creara condiciones políticas favorables para llevar a cabo sus planes estratégicos. Tanto es así que, en el momento de la salida del Congo, el Che les pregunta a Harry Villegas, a Carlos Coello y a José María Martínez Tamayo, si estaban dispuestos a continuar la lucha junto a él en otro país, una lucha que sería larga, compleja y difícil. Estos compañeros formarían parte posteriormente de la guerrilla boliviana, con los seudónimos Pombo, Tuma y Ricardo.

– ¿Cuál fue la participación del Viceministerio que usted dirigía, en las delicadas operaciones para trasladar al Che y sus compañeros a África, luego regresar a Cuba y más tarde salir hacia Bolivia?

Nuestro organismo tuvo a su cargo toda la preparación técnica y operativa para la misión del Congo, la documentación, los itinerarios de viaje, las leyendas. A partir de nuestra embajada en Tanzania, constituimos un grupo de apoyo encargado de la búsqueda de información y de la cooperación en el traslado de la logística desde ese país a la base del Che en el Congo; al entrenamiento de los radistas, así como otras formas de enlace y comunicaciones con el Che. A partir de la orientación de Fidel, el Viceministerio Técnico del MININT respaldó al Che en todo cuanto él solicitaba en relación con la misión futura en Bolivia. Trabajamos en el aseguramiento de la documentación, la falsificación de pasaportes, las informaciones que él pedía sobre determinadas situaciones en el país de destino, el entrenamiento en distintas especialidades (comunicaciones, métodos conspirativos). Todos los detalles técnicos fueron elaborados por nuestros oficiales, pero cada paso era analizado y aprobado por el Che; las vías escogidas y quiénes tomarían por ellas; cómo pasar inadvertidos por los aeropuertos, las características de éstos y de las fronteras, el grado de control migratorio, cuáles eran las horas y los días en que había menos vigilancia de las autoridades. Para esto se realizó un estudio previo de la situación operativa, fronteriza y migratoria, y de los métodos aplicados por la contrainteligencia de los países por donde transitarían el Che y los demás combatientes.

Algún día, en el momento oportuno y conveniente, habrá que contar con más detalles esta historia y reconocer a todos esos compañeros que trabajaron en aquellas operaciones, en las que no hubo una sola falla. Hacia África se movieron más de 140 cubanos y más de 20 para Bolivia, sin ser detectados por los órganos de espionaje yanqui, ni por los aparatos de seguridad de los países por donde transitaron. Se laboró con mucha meticulosidad, profesionalismo, compartimentación y sobre todo con una gran motivación por tratarse de Che y de quienes lo acompañaban. Vivimos entonces días de mucha tensión, hablo por todo el equipo encargado de estas tareas. Sabíamos que un error de cualquier índole podía costar la vida de algún integrante de la misión. Eran horas de permanente vigilia y angustia hasta que recibíamos las señales que confirmaban la llegada del Che y del resto del grupo a los lugares de destino. Nunca olvidaré aquellos momentos, ni a ninguno de los compañeros que cumplieron anónimamente esa difícil tarea internacionalista.

– ¿Cuál era el estado de ánimo del Che en los meses entre su regreso del Congo y su partida hacia Bolivia? Él venía de una derrota africana…

Bueno, una derrota cuyas causas explicó, haciéndose además una autocrítica, como era propio de su personalidad, de su ética. Pero siempre hay que recordar que él fue a allí a transmitir su experiencia y a asesorar, no a dirigir esa guerra de liberación nacional. Ya en el lugar chocó con las tradiciones culturales y religiosas, las contradicciones entre los dirigentes congoleños, la falta de experiencia combativa, una situación muy conflictiva sobre todo para la mentalidad de nuestros combatientes, que eran gente fogueada, con experiencia de lucha y querían no solo asesorar sin participar en el combate directo contra el enemigo. No fue fácil, lógicamente. Por ello el Che se incorporó directamente a las acciones combativas y estuvo dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias de sus actos.

Sin embargo, las decisiones tomadas por la dirección congolesa y por los gobiernos africanos, crearon una coyuntura donde no había otra alternativa que organizar su salida del Congo y la de otros muchos compañeros.

Respecto al estado moral del Che antes de salir hacia Bolivia, parecía un muchacho con juguete nuevo. Estaba eufórico, feliz, porque se hallaba con el grupo que él había elegido y ya se habían entrenado. Se mostraba muy fraterno con los compañeros, aunque también muy disciplinado y exigente. Practicaban un plan riguroso de preparación física, militar y sicológica; lectura de documentos sobre el país; aprendizaje del quechua, clases de matemáticas -se preocupaba mucho por la superación cultural de los combatientes subordinados a él.

– En abril de 1967, estando ya el Che en Bolivia, se publicó en un suplemento de la Revista Tricontinental, su Mensaje a los Pueblos del Mundo. Sin embargo, según algunas versiones, éste no fue escrito en ese país sino en Cuba. ¿Qué información puede ofrecernos acerca de esto?

Creo que efectivamente fue así, que lo escribió cuando se encontraba en el campo de entrenamiento en la provincia de Pinar del Río, antes de su salida para Bolivia, en noviembre de 1966.

– Resulta notorio que habiéndole dedicado él tantos esfuerzos intelectuales y prácticos al internacionalismo, no haya asistido a la histórica Conferencia de Solidaridad de los Pueblos de Asia, África y América Latina, en enero de 1966. ¿Cuál sería la razón?

No pudo asistir porque cuando se efectuó la Conferencia Tricontinental él estaba en Tanzania. Pero allí recibió todos los materiales y una valoración de la reunión.

-¿Qué impacto causó en usted la carta de despedida del Che?

Ya sabía de ella antes de que fuera leída por Fidel en la presentación del primer Comité Central del Partido Comunista, en octubre del ’65. No obstante, cada vez que la oigo o la leo me provoca un estremecimiento y me trae muchos recuerdos tanto del Che como de sus compañeros, pues los conocí a todos y a algunos me unían estrechos lazos personales y de trabajo.

– ¿Cuándo vio al Che vivo por última vez? ¿Pensó que sería la última?

Lo vi en la madrugada del día que marchaba hacia el aeropuerto para su incorporación a la lucha guerrillera en Bolivia. Fue en una casa de seguridad donde sostuvo -creo- la última conversación con Fidel. Se hallaban también Raúl Castro y Vilma Espín. En la sala había un sofá y Fidel y Che estuvieron hablando allí solos, en voz baja, un tiempo muy prolongado. No pensé que sería esa la última vez que lo vería, aunque quienes nos comprometemos en este tipo de lucha sabemos que en ella se triunfa o se muere. Éramos muy optimistas y teníamos mucha confianza en la decisión, la voluntad y la capacidad del Che, de los cubanos que lo acompañaban y de los bolivianos que habían sido probados en otras tareas, para conseguir su objetivo poder sortear con habilidad todos los escollos que pudieran presentársele. De hecho, la guerrilla boliviana logró realizar varias acciones militares exitosas, causándoles bajas y tomando prisioneros a soldados del Ejército. El Che no sentía -como han querido atribuirle- esa cierta mística hacia la muerte; aún si hubiese quedado sólo o con un combatiente, se habría esforzado por reorganizar la guerrilla y continuar la batalla. Él no era un hombre que entregara su vida fácil a los enemigos y tampoco tenía vocación de mártir. La prueba está en que, herido y con el fusil inutilizado, trata de escapar del cerco para reencontrarse con sus hombres.

Nunca se sintió ni derrotado, ni desmoralizado, sus ideas las defendía con su piel, sin importarle si le iba la vida en su empeño.

– ¿El Che se despidió de usted? ¿Cómo fue la despedida?

Lo hizo en la casa de seguridad ya mencionada. Estaba contento, sonriente, ya se veía emprendiendo por fin la marcha hacia su ansiada meta. Fue una despedida sencilla, él no era muy efusivo. Su emoción la llevaba internamente, había que saber descifrarla. Pero como siempre, la expresión de su rostro transmitía una gran fuerza y convicción.

– ¿Cómo le llegó la noticia de la muerte del Che?

Por una radiofoto que recibí el 10 de octubre donde aparecía el cadáver del Che en la lavandería. Llamé a Fidel y él vino a mi casa. Recuerdo la cara de Fidel, dubitativo, aunque le hallara a la foto algún parecido con el Che, no estaba muy convencido de que era él. Se marchó para su casa y estando allí con la compañera Celia Sánchez le llevé una segunda radiofoto que me había llegado, la cual ya no dejaba lugar a dudas de que se trataba del Che. Ese momento quedó registrado en mi memoria como una fotografía inolvidable. En aquella habitación se hizo un gran silencio. Fidel envió a la compañera Celia a buscar a Aleida, la esposa del Che, quien se encontraba en una investigación en las montañas del Escambray, para darle personalmente la noticia. Luego llamó a otros compañeros de la dirección del Partido y comenzó a dar instrucciones acerca de cómo se debía transmitir la información y preparar a nuestro pueblo para esa dura noticia. Fue un impacto tremendo. Pero en estas misiones revolucionarias uno deja la vida debajo de la almohada.

– ¿Cuánto tiempo después se supo que había sobrevivientes?

Al poco tiempo, cuando Pombo, Urbano y el ahora traidor Benigno logran romper el cerco, y específicamente Inti Peredo establece contacto con algunos militantes del Partido Comunista boliviano y del ELN, quienes los llevaron hasta la frontera con Chile. Siempre recuerdo con mucho cariño el papel desempeñado por Salvador Allende, en ese año presidente del senado chileno, quien a pesar de las críticas de la derecha brindó todo su apoyo y protección a los tres sobrevivientes. Él le comunicó a nuestro embajador en Francia, Baudilio Castellanos, que trasladarían a los tres sobrevivientes a Tahití. Hacia allí viajó nuestro embajador, los llevó a Francia y de ahí a Cuba. Igualmente hay que destacar la colaboración ofrecida por los partidos comunista y socialista chilenos, Beatriz Allende y entre otros muchos compañeros, la del periodista Elmo Catalán, quien luego caería en combate junto a Inti Peredo, tratando de reiniciar la lucha armada en Bolivia.

– Recientemente usted pudo leer el testimonio del chileno Manuel Cabieses, publicado en la revista Liberación, sobre la llegada del Diario del Che a Cuba. ¿Qué opinión le merece?

Es muy objetivo. Cabieses es un periodista serio y riguroso en sus análisis y trabajos periodísticos; además de un revolucionario muy consecuente, fraterno y solidario con Cuba y con los movimientos revolucionarios latinoamericanos. Esta pregunta me hace evocar la participación de varios compañeros en la edición del Diario en otros idiomas: el italiano Feltrinelli, amigo de la Revolución cubana y admirador del Che; el francés François Maspero, Arnaldo Orfila de Siglo XXI en México, y el equipo de la revista Rampart, en Estados Unidos. También a editores de otros países que bajo la coordinación del entonces presidente del Instituto Cubano del Libro, Rolando Rodríguez, hicieron un extraordinario esfuerzo por editar el Diario en Cuba y en todo el mundo, antes de que los servicios secretos norteamericanos pudieran publicar, como querían, una versión apócrifa y falseada. Se ganó esa batalla.

– ¿Cuáles son sus valoraciones acerca de las biografías sobre el Che aparecidas en los últimos tiempos?

Bueno, no las he leído todas, sí algunos comentarios publicados en periódicos de América Latina, donde en particular uno de ellos, pretende presentar a un Che que sólo encarna un símbolo puramente cultural -sobre todo entre la juventud-, despojarlo de su mensaje político-ideológico y de su ejemplo.

Algunos -porque no todos sus biógrafos muestran un balance negativo- enfatizan en que todas las tesis económicas, políticas y militares del Che han fracasado, que han perdido vigencia y que el rumbo tomado por la Revolución cubana desvirtúa sus ideales. En mi opinión, si la Revolución cubana hubiera abandonado los ideales del Che, no sería como sigue siendo un bastión de las luchas populares antimperialistas, anticapitalistas y por el socialismo, que se desarrollan en este mundo.

Aún en las duras circunstancias de agresión económica, política e ideológica por parte del imperialismo, el pueblo cubano mantiene el heroísmo al que lo convocó el Che y lo convoca todos los días Fidel, al que llamó su «maestro y guía».

La demostración de que los ideales, el pensamiento, la acción y el ejemplo del Che no han fracasado y que trascienden con una proyección de futuro, es que cada día hay un interés creciente y consciente en Cuba y el mundo por estudiar su obra e interpretarla, recuperando la esencia de sus ideas, y tomando en cuenta las diferencias entre su momento histórico y éste.

En muchos países, las sociedades de consumo han querido convertirlo en una mercancía. Sin embargo, la fuerza paradigmática del Che se impone por encima de estas intenciones, para intranquilidad de los triunfalistas neoliberales y los poderosos de este mundo. Intentar reducirlo a un símbolo cultural es una vulgar simplificación. No creo que la atracción y la solidaridad que su figura concita hoy día en la juventud mundial dentro del movimiento revolucionario y en los sectores progresistas y democráticos del planeta, respondan a esa estrecha percepción del legado del Che; sino que lo ven como un hombre con una tremenda fuerza moral, muy honesto, sensible, humano, capaz de acompañar su prédica con sus actos; como un símbolo del internacionalismo, del antimperialismo, de la solidaridad: del genuino socialismo. En fin, como un ejemplo para las actuales y futuras generaciones, que lo toman como bandera de intransigencia revolucionaria, de los valores éticos y de la justicia social. Creo que mientras existan oprimidos y opresores, injusticias sociales, dominación imperialista y también la esperanza en un mundo justo, fraternal y solidario entre los hombres y los pueblos, perdurará el pensamiento y el ejemplo del Che. Por ello coincido con lo que afirmó Fidel el 12 de octubre de 1987, en la velada por el XX aniversario de la caída en combate del Che y sus compañeros: «el Che vive más que nunca, está más presente que nunca y es un adversario del imperialismo más poderoso que nunca».

miércoles, 9 de octubre de 2024

Che Guevara: el reposo del guerrero

Por Manuel David Orrio

La Habana, 24/10/08. - Cincuenta y siete años después del asesinato de Ernesto Che Guevara, requiere este artículo una introducción de contexto, aunque mucho de cuanto afirmo está siendo confirmado por la Historia, la más implacable de las maestras. Sobre todo, este decir de Federico Engels: "Llegará el día en que las grandes luchas pasarán de las barricadas a las urnas".

Lo publiqué en el website opositor al proyecto socialista criollo CubaNet , el 20 de octubre de 1997; era entonces un supuesto periodista independiente cubano; pero en verdad un agente encubierto de la Seguridad del Estado de Cuba, enfrentado desde las sombras a la éticamente inaceptable política de Estados Unidos hacia mi país, al buen decir de Juan Pablo II.

Para ese entonces CubaNet me publicaba cuanto enviara y mi jefatura ni se molestaba en revisar o aprobar un artículo mío. Si acaso, mis jefes enunciaban algunos objetivos de carácter general, a lo que sumaba de mi cosecha.

Vi así la oportunidad de rendir mi personal homenaje al Che, en tan extrañas circunstancias, mediante un lenguaje apropiado para el medio, y en el momento en que sus restos recibían el homenaje del pueblo que le idolatró y no le idolatra: quisiera verle en el puente de mando de esta nave cuyo nombre es Cuba, mientras echa por la borda a burócratas de clase en sí y para sí, a aduladores, a corruptos...

Más allá de sus aciertos o errores, el Che es para los cubanos la personificación de un valor hoy ¿escaso en mi país?; me refiero a la correspondencia entre palabras y obras. Digo ésto y predico con mi ejemplo: pura subversión en esta Cuba que echa de menos una que fue - como apunto - del picadillo de soya. No más: un par de arreglillos y juzgue el lector.

LA HABANA, octubre/97 - Treinta años después de su asesinato recibe el Che Guevara un homenaje a la altura del lugar que ocupa en el curso de este agitado siglo, quién sabe si todo un símbolo del adiós a la violencia como partera de la Historia, no obstante la apología beligerante implícita en las tardías exequias.

Sus restos descansarán en la ciudad cubana que fuera escenario de su mayor victoria militar --Santa Clara--, hoy urbe típica de la era del picadillo de soya. Allí, el fantasma del que intentó liquidar al subdesarrollo manu militari quizás aparezca en las noches de luna para recordar la cotidianidad de un desarrollo frustrado. ¿Habrá reposo para el guerrero?

Una izquierda demodee hará del evento el símil de un acto de fe, tanto como una de cuello y corbata asistió a una peregrinación en Valle Grande, Bolivia, buena oportunidad para que madame Miterrand expusiera en el lugar su habitual elegancia de ex-primera dama.

Este mundo ¡qué complicado se ha vuelto!

Piense la izquierda, y en especial la cubana, ya que anda de homenajes al gran iconoclasta. La globalización capitalista es hoy el pronóstico confirmado de un tal Carlos Marx, quien hizo el vaticinio en un librillo casi olvidado cuyo título es el Manifiesto Comunista . El dizque socialismo en un solo país condujo al desplome del campo dizque socialista, y las contadas excepciones de relativo y asiático éxito parecen cada vez más cercanas a un capitalismo autoritario. Desde Cuba, un académico neomarxista escribe que la izquierda sabe lo que no quiere, pero no parece saber a qué aspira y cómo lograrlo en tiempos postmodernos - hasta de romances en el ciberespacio -,los cuales no ocultan el hambre cuasi genética de buena parte de la Humanidad.

Piense la izquierda; hora es de que deje de apostrofar al llamado imperialismo y se ocupe de presentar programa concreto, bien concreto, donde el culto a la libertad del individuo, la justicia social y la solidaridad, se apoyen sobre una definición exacta sobre qué se quiere en materia de propiedad, derechos de gestión, participación de los trabajadores. En los umbrales del tercer milenio nadie aceptará que en nombre de la Revolución Mundial se repitan los horrores del Gulag o la colectivización forzosa , o el Pacto Germano-Soviético , o el aborto escandaloso de una primavera en Praga . Mucho menos se aceptarán complicidades, pues no por gusto los obreros polacos invocaron una palabra mágica: Solidaridad . Como nunca, el funeral magno de Che Guevara recuerda un párrafo visionario de Rosa Luxemburgo, la comunista más lúcida de la Historia: " Libertad sólo para los partidarios del gobierno , solamente para los miembros de un partido --no importa cuán numerosos sean-- no es libertad. Sólo lo es si es libertad para aquél que disiente.

Palabras como ésas sirven para comprender cuánto hay de mito en el Che Guevara, y hasta dónde la realidad de su ejemplo, sin dudas singular, revela una esencia trágica. Ungido por los dioses, representó como nadie al agente de una violencia que condujo al fracaso, cuando no al holocausto. Si en la primera mitad del siglo tocó a Lenin ese papel shakesperiano, fue el Che Guevara el Hamlet de la segunda. Piense la izquierda en el fantasma que hoy se invoca. Detrás de Lenin se ocultó Stalin, la cara opuesta de Trotski, y uno de los autores intelectuales de Adolfo Hitler. A la sombra de Che Guevara prosperaron desde un Pol Pot hasta la piñata de Managua .

Sin embargo, el muerto de esta hora exhibe cierta impronta de eternidad. Mientras la doble moral hace de las suyas, y hasta parece chic predicar la austeridad desde una mesa colmada de néctares y ambrosías, Che Guevara abofetea el rostro de sus apologistas mayores.

Vivió como pobre y murió en nombre de los pobres, razón de peso para que los fariseos del momento intenten santificarle, a ver si le castran la arista subversiva. Por ello, en su error, está su absolución. Nadie puede imaginar al Mahatma Ghandi con un fusil entre las manos, ni es necesario. Basta pensar en el Che Guevara. Ahí está el secreto de la inmensa y equivocada grandeza de su ejemplo.

Ese contrapunto constante entre una vocación dictatorial y una moral prístina es la causa profunda de los sentimientos encontrados que provoca en La Habana su osamenta ilustre. Si se ha visto rodar lágrimas por los rostros de hombres bien curtidos, también se observa la aparición de un misterioso síndrome del ¡nunca más! tal como lo describió ese forense del comunismo de cuartel; cuyo nombre es Francois Furet . Resulta un dato curioso que a la altura de la mañana del 13 de octubre, a dos días de expuestos en el memorial José Martí los restos del Che Guevara y sus camaradas de armas, sólo 55 mil personas habían acudido a rendir homenaje, según informes de la radio oficiosa. Eso es 2 % de la población de la ciudad, mundialmente conocida por su talento para votar de rutina con las manos y de  verdad con los pies. Claro, después apareció cuanto fuera necesario para facilitar la asistencia; desde los celebérrimos y temibles camellos; cubanos -¡tan añorados en este 2024, tan ausente de transportes públicos! -, hasta un transbordador espacial si hubiera hecho falta. Ironía tremenda, èsa de abordar al símbolo mayor del fracaso económico de Cuba para decir adiós a este Prometeo, llorado en pleno por La Habana treinta años atrás. Pero los tiempos cambian y las generaciones también.

Los monumentos perpetúan los errores y aciertos de los hombres y revelan al profano grandes paradojas. Che Guevara, ese gran enemigo del dinero, corre el peligro de verse convertido en fuente de ingresos en divisas a costa del turismo de peregrinaciones, cual si fundárase una Meca de los condenados de la tierra , tal como por su parte les describiera Frank Fanon en casi el mismo estilo de Furet.

Así descansará el guerrillero, si es que lo dejan, ilustrando desde su tumba definitiva sobre su modo incorrecto de luchar por la libertad y la justicia social. Será un llamado de alerta y será una lección. Quiera Dios que descanse en paz. Quiera Dios que repose el guerrero.

viernes, 14 de junio de 2024

En un 14 de junio: Singularidades y simbologías del Che

Por: María del Carmen Ariet García

 



La fecha de nacimiento de Ernesto Che Guevara se renueva todos los años, cuando muchos la convierten en motivador e impulsor de cambios, siempre con interrogantes que tratan de encontrar por qué llega a ser tan peculiar, cómo sucedió y cuánto hizo para pasar de Ernesto a Che sin dejar de ser uno y el mismo.

Una explicación veraz se encuentra en los caminos por los que transita con la singularidad de un aprendizaje sin límites y una práctica permanente que le proporcionan valoraciones superiores para entender los procesos de transformación social y los cambios hacia sociedades soberanas e independientes.

Desde etapas primarias de su vida, se destaca su gusto por la lectura, con la cual adquiere un conocimiento múltiple e integrador que lo acercan al hombre para convertirlo, después, en el centro de sus acciones. Es una búsqueda interminable iniciada con los viajes de juventud, con el estudio de la filosofía y las lecturas de cultura general que nutren su avidez de saberes.

Ambos caminos se convierten en el leitmotiv capaz de impulsarlo a nuevas metas y a caminos esenciales, el marxismo y la revolución. Conoce la obra de Marx, considerándolo como la base del pensamiento y actuar revolucionarios, máxime cuando encuentra la relación establecida por Marx entre el carácter activo del sujeto y el papel como actor principal de los cambios que debían producirse para lograr la emancipación del ser humano.

La coherencia en que fue alimentándose de esos fundamentos, la manera en que los sintetizó, explican la solidez de su vasta cultura y el convencimiento de que el marxismo es la fuente real del cambio que necesitaba el mundo y el sostén de las verdaderas revoluciones.

Pudo aquilatar los procesos revolucionarios de Bolivia y Guatemala en sus viajes de juventud por el continente y a su llegada a México en 1954, después del derrocamiento de la revolución guatemalteca, y conocer a Fidel Castro a su arribo a la capital mexicana en 1956. De ese encuentro histórico toma la decisión de involucrarse en la lucha revolucionaria en Cuba cuando, sin dudar, conversa con Fidel y acepta participar.

La empatía que surgió entre ellos ha sido escrita y narrada por ambos, que marcaron intereses comunes. Como se ha afirmado, Cuba fue el puente tendido ante el Che y el medidor de sus búsquedas, algo que quizás no imaginara, convertido en compromiso con la futura revolución.

Ese rumbo trazó principios esenciales de su participación en la Revolución cubana, su destacado papel como combatiente para dar paso al dirigente, como colofón de una etapa dedicada a promover cambios profundos y a una labor política que pasa de una escala de menos a más, comprometido con la obra revolucionaria y reforzada al declararse socialista e identificada, además, en sus tesis antiimperialistas y tercermundistas.

Se destaca como dirigente de nuevo tipo y alcanza un relieve mayor al ocupar posiciones radicales. Conoce los logros del socialismo, pero, a la vez, en su experiencia personal advierte el rumbo que asumía el sistema socialista, cuando analiza la transición socialista y su significación para el pensamiento marxista, empleado muchas veces para evadir obstáculos difíciles de salvar contra el dogmatismo, el monopolio de teorías y la falta de análisis para asumir el socialismo.

Esas observaciones se convirtieron en componentes para captar y pronosticar el futuro del socialismo al presentar fisuras que traerían consigo dificultades insalvables, las que se traducirían en un duro revés para la fuerza revolucionaria y, lo peor, un estancamiento para la humanidad en su totalidad.

Un día como hoy, en que se cumple un aniversario de su natalicio, la admiración y el ejemplo del Che se refuerzan más que nunca Su herencia conceptual elaborada con dedicación y estudios profundos de política y economía marxista permite aquilatar el significado de sus presupuestos teóricos y aportes a la teoría marxista.

Se hace preciso, en la dura realidad que vive Cuba y la crisis global que persiste en el mundo, la defensa y el análisis con profundidad del valor del marxismo y la exhortación del Che de que nada está más alejado de su teoría que atar de manos a las generaciones futuras, así como tampoco el lastre de haberlo considerado una especie de compendio de dogmas aprendidos y repetidos de memoria.

Hoy, como en esos momentos, se debe meditar en sus advertencias de impedir un marxismo estático con enseñanzas eternas e infalibles solo porque algunos concebían su aplicación indiferente al tiempo y al espacio y juzgaban imposible su enriquecimiento durante el desarrollo de nuevas experiencias y conocimientos.

Tal y como se desempeñó el Che en el estudio profundo y crítico de la economía política y del marxismo, sobre todo a la primera la consideraba tan compleja como la construcción del socialismo. Muchos de esos cuestionamientos, según expuso, emanaban de la propia realidad de la URSS, pues a lo largo de su existencia había podido resumir la mayor experiencia derivada de la aplicación del marxismo leninismo. Sin embargo, señaló que la práctica aplicada demostraba que se podía correr el riesgo al asumir el marxismo en las condiciones soviéticas y convertirlas en regla general, aplicable a cualquier lugar, lo que podría afectar la proyección internacional del socialismo.  

De importancia actual, advierte que a la premura de emprender tareas complejas no puede acompañarle la irrupción de formas de organización acordes con indicaciones preestablecidas ni aceptar como válidas la ausencia de creatividad en la teoría, lo que llevaría inestabilidad y conllevaría una apología inútil dentro del debate en el desarrollo de la nueva sociedad. Los apuntes del Che formulan inquietudes y “respuestas tentativas” a problemas que consideraba no resueltos en el proceso de construcción de la nueva sociedad.

En la búsqueda de soluciones, plantea cuestiones referidas a las técnicas de la planificación y las críticas a los métodos de dirección, la obcecación de pretender la existencia de leyes generales para construir una economía imaginaria que llevaba implícita una lectura mecanicista del marxismo y los cambios quedaban truncos en esas valoraciones.

Esos estudios y reflexiones del Che llevaron a que determinados sectores de la izquierda ortodoxa lo consideraron un hereje, incluso en el presente, cuando esos planteamientos demostraron su consistencia y lamentablemente su verdad.

Queda el desafío lanzado por el Che de cómo se debe realizar una verdadera transición socialista y recordar la carta que le escribiera a Fidel, a días de su partida para el Congo en 1965, sus consideraciones sobre los problemas presentes en nuestro país, donde destaca la economía y la política como una especie de resumen de lo expuesto en diferentes momentos y de los problemas a que nos enfrentábamos si no se frenaban determinados mecanismos y desviaciones, algunas copiadas y otros productos de nuestras iniciativas y que estaban resultando negativas en el proceso de la transición.

La situación actual de Cuba obliga, una vez más, a examinar el valor concedido por el Che a la teoría marxista e impedir desviaciones en su interpretación al emplearla de forma indiscriminada, convirtiéndola en apología e invalidarla en su esencia revolucionaria. Sigue siendo una deuda no saldada con el pensamiento y el actuar del Che y su siempre ¡Hasta la victoria!

lunes, 6 de mayo de 2024

EL CHE Y EL INICIO DEL PROCESO DE INDUSTRIALIZACION EN CUBA

Tirso W. Sáenz

Michael Vázquez

v  Introducción

La Revolución Cubana, en un decidido pro
ceso de liberación nacional en tránsito al socialismo, elaboró en sus inicios, una 
 estrategia de desarrollo económico  basada en cuatro objetivos estrechamente relacionados: la diversificación agrícola mediante la Reforma Agraria, la industrialización como complemento lógico de la Reforma Agraria, la eliminación del desempleo y la diversificación del comercio exterior.

En este sentido, Fidel Castro expresó:

Efectivamente, nosotros en Cuba confrontamos ese problema y sabemos que los 700.000 desempleados de allá no hay manera de ocuparlos, la solución única que tiene el problema es sencillamente establecer industrias… las industrias que se establezcan para el mercado interno, porque no hay industria que prospera si no tiene quien le compre, […] por eso nosotros la solución del problema de Cuba la hemos basado en dos principios: Reforma Agraria y desarrollo industrial, porque si los campesinos de nuestra patria no perciben ingresos, la industria ¿a quién le va a vender?

En febrero de 1961, fueron perfiladas las características fundamentales de un nuevo patrón de industrialización: protección de la economía nacional, nacionalización de la industria, apuesta por un desarrollo endógeno, planificación estratégica, compromiso con la clase trabajadora y administración a cargo del Estado. En síntesis: una sociedad que recupera sus riquezas, destina una parte de ellas a transformar su estructura productiva, y deposita la gestión en un Estado controlado por las fuerzas revolucionarias.

Para dirigir la ejecución del proyecto de industrialización fue nombrado el Comandante Ernesto Che Guevara, primero como Jefe del Departamento de Industrias dentro del Instituto Nacional de Reforma Agraria y poco tiempo después, como Ministro del recién creado Ministerio de Industrias.

El presente trabajo se propone mostrar el enorme trabajo realizado bajo su dirección para alcanzar los objetivos trazados en el proceso de industrialización y sus impactos en el desarrollo social y económico de Cuba.

v  La situación económica y social de Cuba antes de 1959

La economía cubana en 1959 se caracterizaba por los rasgos negativos impuestos por su pasado colonial y neocolonial entre ellas, un carácter marcadamente estático, ya que las tasas de crecimiento del ingreso nacional y de la población eran similares. Su estructura económica y sus características más definitorias radicaban en su condición de país agrícola, monoproductor y monoexportador. En este sentido la industria azucarera, la cual, desde principios de siglo hasta 1958, producía entre el 25% y el 40% del ingreso nacional.

Esto se debía a la existencia de intereses disímiles y contradictorios entre los cuales predominaban el de los grupos financieros extranjeros, principalmente norteamericanos, que no estaban interesados de manera alguna en un desarrollo armónico cubano y que controlaban los sectores claves de la economía: azúcar, energía, servicios telefónicos, níquel y tabaco entre otros.

Debido básicamente a estos factores, la economía de Cuba, en los años comprendidos entre 1950 y 1959, dadas sus características estructurales, se encontraba a las puertas de una larga, severa y profunda crisis.

El bajo nivel de desarrollo de la industria se evidenciaba no sólo en su bajo nivel de participación en la creación del ingreso nacional, sino también en la reducción de su participación al 13%, excluida la industria azucarera.

El grado de explotación de la capacidad instalada era sumamente bajo. Era relevante la casi inexistencia de la industria mecánica y el insuficiente desarrollo de la industria química.

Por otra parte, la escasísima investigación que se llevaba a efecto en las universidades era producto del esfuerzo personal de determinados profesores y no se encontraba en general, vinculado con temas referidos a la economía, sino con los intereses académicos de sus ejecutantes.

Entre las condiciones y factores que conformaban la situación industrial de Cuba en aquella época y que pudieran considerarse como un punto de partida para el abordaje de problemas a ser enfrentados por el Ministerio de Industria, se destacan:

Ø  El elevado grado de dependencia de las industrias con respecto a Estados Unidos con respecto al suministro de materias primas, equipos y tecnologías.

Ø  El frágil parque industrial cubano, formado por número relativamente reducido de industrias con actividades heterogéneas, de las cuales una elevada proporción eran centros manufactureros de carácter artesanal. Por otra parte, las pocas industrias existentes, el 75% de las no azucareras se concentraban en la antigua provincia de la Habana.

Ø  La falta de industrias en el interior del país, agravaba los serios problemas de desempleo en esas regiones

Ø  La falta de una base propia de materias primas.

Ø  La débil, casi inexistente, capacidad nacional de producción de piezas de repuesto y equipamiento.

Ø  El escaso número, en general, de personal técnico calificado para abordar planes futuros de industrialización. Esta situación se agravó casi inmediatamente por la fuga de cerebros promovida por el gobierno norteamericano.

Ø  El insuficiente nivel técnico y cultural de los trabajadores.

Ø  La falta de capacidades propias de investigación y desarrollo tecnológico.

·       La falta de planes formalizados de desarrollo económico y social.

Según un estudio que realizó el Consejo Nacional de Economía de Estados Unidos entre mayo de 1956 y junio de 1957 publicado en un informe titulado Investment in Cuba. Basic Information for the United States Busing Department of Commerce, el número de desempleados era de 650.000 la mitad del año, es decir cerca del 35% de la población activa. Entre esas 650.000 personas, 450.000 eran desempleados permanentes. Entre los 1,4 millones de trabajadores, cerca del 62% recibía un salario inferior a 75 pesos Según el Departamento de Comercio de Estados Unidos, “en el campo, el número de desocupados aumentaba tras la zafra azucarera y podía superar el 20% de la mano de obra, es decir entre 400.000 y 500.000 personas”. Los ingresos anuales del jornalero no superaban los 300 dólares.

El gobierno de Estados Unidos, mediante el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, envió a Cuba, durante el gobierno de Fulgencio Batista, una delegación de especialistas a Cuba, conocida como Misión Truslow, la que trabajó desde julio de 1950 hasta junio de 1951, la cual realizó un voluminoso y pormenorizado análisis de la situación económica y social del país. En sus comentarios iniciales la Misión señalaba:

El actual nivel de vida del cubano... depende principalmente de una industria que hace muchos años dejó de crecer. Algunas actividades se han expandido... pero en relación con la necesidad de empleo de la población actual y futura, el crecimiento de las empresas ha sido desalentadoramente bajo.

Este estudio mostró que la fuerza de trabajo era de 2.204,000 de la cual estaban ocupados y semiocupados 1.689000 y sin trabajo 515,000.

El desempleo crónico ascendía al 23.4 %, fluctuando entre un 16.1 % en el periodo de zafra o máxima actividad económica y un 27.3 % en el periodo de “tiempo muerto “, o sea, de una actividad económica mínima. En los años 1956-1957 alrededor de 16% de la fuerza de trabajo padecía de desempleo, mientras que 14% se encontraba subempleada.

Del total de 1.689000 empleados y semiocupados 100,000 trabajaban menos de 30 horas semanales, ganando menos de 75.00 al mes; 934,000 trabajaban más de 30 horas a la semana, ganando también menos de 75.00 al mes;(estas dos categorías de trabajadores sumaban 1034,000 que representaban el 61.3 % del total de los empleados y semiocupados).

En 1957 la Agrupación Católica Universitaria realizo una investigación cuyos resultados son los siguientes:

Ø  El ingreso medio para una familia de seis personas, en las que trabajaban 23 horas a la semana cada uno de los asalariados de la misma, era de 0.25 centavos diarios dedicando 0.17 a la alimentación.

Ø  El 60.35 % de las viviendas era de madera, guano y pisos de tierra; el 63.96 % no tenían inodoro ni letrina y el 82.62 % no tenían baño ni ducha.

En el aspecto de la salud la investigación arrojo que un 14 % de los entrevistados padecía o había padecido de tuberculosis; un 36 % declaró sin lugar a dudas, que se hallaba parasitado; el 31 % padecía o había padecido de paludismo. Solo un 8 % recibía atención médica gratuita del estado y otro 4 % de las empresas. El 43 % de los campesinos era analfabeta, o sea, casi la mitad de la población trabajadora agrícola. El 73.46 % de los entrevistados demandaba trabajo y el 18.86 % escuelas.

Por otra parte el 1 % de todos los propietarios de fincas poseía el 47 % de todas las tierras laborales y de pastos. Las empresas latifundistas azucareras poseían el 22 % de todo el territorio nacional y sólo utilizaban la mitad de esas tierras para el cultivo extensivo de la caña, manteniendo baldías la otra mitad  o 1.342,000 has.

Según la Misión Truslow.

El actual nivel de vida del cubano... depende principalmente de una industria que hace muchos años dejó de crecer. Algunas actividades se han expandido... pero en relación con la necesidad de empleo de la población actual y futura, el crecimiento de las empresas ha sido desalentadoramente bajo.

Era evidente que la economía de Cuba, en los años comprendidos entre 1950 y 1959, dadas sus características estructurales, se encontraba a las puertas de una larga, severa y profunda crisis.

v  La industria cubana antes de la Revolución

Durante la llamada República neocolonial (1902-19158) se consolidó el modo capitalista de producción así como el carácter monoproductor y monoexportador de azúcar hacia los Estados Unidos, aunque también ocurren diversos intentos de diversificación económica. En la etapa 1900-1925 se registró un notable crecimiento económico (8% como promedio anual) fundamentado básicamente en la agroindustria azucarera.11 De hecho, la producción de azúcar se elevó a 5,4 millones de toneladas en 1925, lo que propició el auge del intercambio comercial con el resto del mundo.

Se impuso también un modelo de industrialización apoyado en la sustitución de importaciones ante las dificultades para comprar bienes manufacturados en los mercados internacionales.

La estructura empresarial en Cuba reflejaba la desigual y deforme economía donde predominaba la industria azucarera  con sus 161 centrales y una marcada tendencia excluyente a la convivencia con otras ramas salvo con la actividad bancaria y crediticia y el gran comercio importador A su lado solo descollaban el servicio eléctrico y telefónico, las dos grandes empresas ferroviarias, la de aviación, el transporte urbano capitalino y dos o tres grandes minas.

La industria no azucarera era una industria no pesada, poco mecanizada, casi artesanal con procesos de elaboración simples y poco transformativos, dependiente en grado sumo de importaciones

Existían alrededor de ocho fábricas de cigarros y veinte de tabaco torcido a mano, donde casi no se había introducido la mecanización.

La industria de materiales de construcción estuvo en el último decenio entre las de mayor crecimiento, entre ellas las fábricas de cemento, las de hormigón, canteras, cerámicas, mosaicos, tejas, ventanas de aluminio y otras.

Otras industrias que se destacaban eran las cerveceras, jaboneras, neumáticos, vidrios, refinerías de petróleo, papel, fósforos, aceites comestibles, aceros, pinturas, molinos de trigo, textiles, calzado, madereras, embotelladoras de ron y refrescos, confituras, , lácteos, molinos de arroz, mezcladoras de abono, productos químicos, conservas y embutidos,. Los llamados chinchales o trabajadores a domicilio  como talleres artesanales de confecciones, de calzado, de torcidos, de madrera, representaban las 2/3 partes de los trabajadores de la industria no azucarera.

Junto a las grandes minas de níquel y cobre existían menores  de manganeso, oro, hierro, como y zinc.

Las principales empresas de la rama de los servicios eran dos grandes firmas norteamericanas, una dedicada a la generación y distribución de la energía eléctrica y la otra a la telefonía,

El alto grado de dependencia tecnológica con respecto a Estados Unidos en relación a los sectores claves de la economía: azúcar, energía, servicios telefónicos y níquel, entre otros, así como de las industrias más importantes y complejas, era uno de los factores más relevantes que tenía que enfrentar la Revolución desde un punto de vista industrial.

Como resultado del crecimiento de la industria azucarera hasta 1927 - año en que se construyó en aquella época el último central azucarero[1] - se produjo una intensa transferencia de tecnología asociada al desarrollo de esa industria. Esa transferencia era totalmente controlada por los grupos financieros monopolistas más importantes de Estados Unidos y servía exclusivamente a sus intereses. Los molinos de las mayores fábricas de azúcar provenían de la Farrel Company o de la Fulton Iron Works; los turbo-generadores de la General Electric y las locomotoras de la Baldwin Locomotive Works. En el sector de la construcción, buena parte del cemento, las vigas, las planchas de acero y hasta los clavos se importaban de los Estados Unidos. Por ejemplo, la industria de refinación de petróleo, en cuanto a materiales, equipos, piezas de repuesto y tecnología, era totalmente dependiente de los Estados Unidos.

El auge sin precedentes de las fuerzas productivas en Cuba después de la Primera Guerra Mundial – originado por una rápida, aunque efímera bonanza, en la industria azucarera - dependió, en una medida casi absoluta, de la transferencia de tecnología de Estados Unidos.

Como decía el Departamento de Comercio de Estados Unidos, el negocio había llegado a un punto de “saturación”; por otro lado, se programaron inversiones en la industria eléctrica, la refinación de petróleo, la minería y las manufacturas. A este movimiento estratégico del capital estadounidense trató de dársele la categoría de “proceso de industrialización del país”.

Uno de los rasgos más definitorios de esta situación era una acentuada dependencia tecnológica, en la cual, a la ausencia de facilidades experimentales y de investigación, que impedía una asimilación activa de la tecnología que se transfería, se unía la debilidad de la industria mecánica y el bajo potencial de proyectos de ingeniería y de bases de construcción y montaje industrial. Todo ello era consecuencia directa de la falta de una estrategia nacional en cuanto a las inversiones.

La dependencia tecnológica no sólo era de importaciones intelectuales en su forma materializada, como la importación de tecnología, el sistema de normas técnicas, de patentes y licencias, sino también en su forma “viva”, bajo la forma de importación de capital humano: expertos y asesores.

La generación de tecnología fue – salvo en momentos muy contados - prácticamente inexistente. Sólo la industria azucarera presentaba, dentro de un contexto general poco viable, algunos ejemplos de innovaciones tecnológicas. Aunque en la década del 40, pese a todos los factores adversos, existía un mínimo de recursos humanos capaces – quienes construyeron más de 30 destilerías durante la Segunda Guerra Mundial - las innovaciones tecnológicas de mayor envergadura se realizaban fuera del país, sin la participación de técnicos cubanos. Este fue el caso de las tecnologías específicas para procesar los minerales lateríticos[2], materializadas en las grandes plantas de Nicaro y Moa, en la parte nororiental del país.

Al mismo tiempo, el llamado proceso de industrialización acentuó la dependencia de materias primas y portadores energéticos importados, sin que se desarrollara un esfuerzo científico y tecnológico integral para determinar y establecer una base propia en esta esfera.

§  Las características de la industria cubana

La economía cubana estaba dominada por la industria azucarera; 75% de las tierras agrícolas estaba controlada por compañías azucareras, la mitad de las cuales permanecían en barbecho. Estas empleaban alrededor de 25 000 trabajadores a tiempo completo y alrededor de medio millón de trabajadores durante los 2 a 4 meses de periodos de zafra, los cuales eran demitidos en el llamado tiempo muerto.

En la década de los 50s Cuba fue el mayor exportador de azúcar del mundo; el azúcar y sus subproductos representaba el 86% de sus exportaciones. Los Estados Unidos recibían el 80% de las importaciones de azúcar cubano. Las cuotas azucareras que el gobierno norteamericano imponía a  estas importaciones contribuían al estancamiento de la industria azucarera cubana, a una falta de estímulo parta invertir en ella y como instrumento para ejercer el control económico y político sobre el gobierno cubano. En 1926 se construyó el último central azucarero cubano.

En el conjunto de la economía cubana, la industria cubana presentaba una situación de dualismo tecnológico; la producción artesanal coexistía con la producción mecanizada – aunque obsoleta en muchos casos - y con la tecnología moderna. Las instalaciones industriales de tecnologías más modernas – verdaderos enclaves - pertenecían en su casi totalidad a empresas transnacionales, las cuales, a su vez, ejercían una gran influencia sobre los gobiernos de etapas anteriores.

La industria también estaba concentrada geográficamente. El 70% de la producción industrial no azucarera se localizaba en un radio de 70 km. alrededor de la ciudad de La Habana; por su puerto se realizaba entre el 80 y el 90% de las importaciones; se generaba el 85% de la energía eléctrica; y se encontraba el 87% de los teléfonos. La antigua provincia de La Habana absorbía el 80% de las construcciones.

Entre 1950 y 1958, como ya expresamos anteriormente, las inversiones norteamericanas crecieron en un 52. Las principales inversiones fueron:

Ø  en la industria del níquel: la ampliación de la planta de Nicaro, propiedad del gobierno de los Estados Unidos, la que inició sus operaciones durante la Segunda Guerra Mundial, debido a las necesidades de la industria bélica norteamericana; y el inicio de la construcción de una nueva planta en Moa, propiedad de la Freeport Sulphur Co.

Ø  las refinerías de petróleo de la Standard Oil y la Shell en La Habana y la de la Texas Oil en Santiago de Cuba.

Ø  la generación de electricidad estaba en manos de la Electric Bond and Share, la que construyó, en la década de los 50s, la planta termoeléctrica de Regla, en La Habana.

Ø  las comunicaciones telefónicas eran propiedad de la International Telephone and Telegraph (ITT);

Ø  la planta de rayón en Matanzas. Este fue un típico negocio sucio de la época. Su dueño, el norteamericano Burke Hedges, al aducir que la planta producía pérdidas, la vendió al gobierno de Fulgencio Batista a un precio elevadísimo. Poco tiempo después, Mr. Hedges la volvió a comprar al gobierno cubano, a un precio muy bajo.

Ø  tres instalaciones de neumáticos (Goodridge, Firestone, U.S. Royal);

Ø  la primera fábrica de envases de vidrio, propiedad de la Owen Illinois;

Ø  las fábricas de envases metálicos, de la Continental Can Corporation y los de aluminio, de la Reynolds Aluminum Co.;

Ø  la totalidad de la producción de detergentes y una elevada proporción de la de jabones estaban controlados por la Colgate Palmolive y la Procter and Gamble.

Ø  una fundición de tuberías de hierro;

Ø   tres fábricas de pintura pertenecientes a Sherwin-Williams, Glidden y Dupont.

Algunas industrias nacionales fueron creadas con el criterio de sustitución de importaciones:

Ø  La planta “Antillana de Acero” en San José de las Lajas, actual provincia de La Habana, para la producción de acero a base de chatarra y arrabio importado.

Ø  La planta de Sulfometales en Santa Lucía. Pinar del Río, para la producción de ácido sulfúrico a partir de minerales cubanos de pirita[3].

Ø  La planta Cubanitro en Matanzas, para la producción de fertilizantes nitrogenados.

Ø  Las plantas de cemento de Santiago de Cuba y de Artemisa. Anteriormente existía una planta mayor en Mariel, La Habana.

Ø  La planta extractora de aceite de soya en Regla, La Habana.

La característica, en general, de las inversiones industriales realizadas en Cuba en ese período consistía en su baja eficiencia económica. Así tenemos que la siderúrgica Antillana de Acero y la extractora de aceite de soya constituían desechos de la industria norteamericana, vendidas a título de tecnología actualizada; la planta Cubanitro sólo tenía capacidad para 30.000 toneladas de amoniaco y estaba también provista de una tecnología atrasada; la planta de Sulfometales nunca pudo conseguir su capacidad de diseño (30-40%) debido a que su proceso no se adaptaba a las características de las materias primas. A esto se añadía la localización irracional y antieconómica de muchas de las plantas industriales en esta época.

El crecimiento industrial que Cuba experimentó después de la Segunda Guerra Mundial, no estaba dirigido a producir un verdadero desarrollo económico nacional. Este proceso de transnacionalización en industrias agrupadas fundamentalmente alrededor de La Habana, estaba dirigido, en buena medida, a satisfacer el consumo suntuario de las capas de más altos ingresos, que, lógicamente para aquellos tiempos, se concentraba en la capital. Así, el esquema de producción de las refinerías de petróleo era para incrementar la producción de gasolina para automóviles y de gas licuado mediante la instalación de una moderna planta de craqueo catalítico. En este mismo sentido las fábricas de neumáticos satisfacían las crecientes demandas de los dueños de automóviles. En Cuba, después de la Segunda Guerra Mundial, se importaban más automóviles que tractores.

Un informe de la Electric Bond and Share de finales de los años 50 señalaba que el crecimiento de la generación de electricidad se basaría casi exclusivamente en el incremento de consumos de climatizadores, refrigeradores y cocinas eléctricas, a cuyos fines se elaboró y ejecutó una intensa campaña publicitaria.

Sin embargo, afines de los años 50s, todo parece indicar que, en lo referente a las inversiones norteamericanas en Cuba, se gestionaba un cambio en la estructura por sectores.

Todo lo anterior era un reflejo del modo de producción, de las relaciones de producción y de la estructura dependiente de la economía y la sociedad  cubanas.

§  Materias primas y recursos naturales propios

Salvo el azúcar para una parte de la industria alimenticia; tabaco para la producción nacional y la exportación; escasas cantidades de sebo – menos del 20% del requerimiento de la industria - para la producción de jabones; reducidísimas producciones de fertilizantes, las cuales a su vez requerían de insumos de importación: azufre, amoniaco, etc., entre otras pocas, todo lo demás se importaba principalmente de Estados Unidos. Según un tristemente dicho jocoso de la época, Cuba era un país de sobremesa:” azúcar, café, tabaco y ron”.

Al mismo tiempo, el llamado proceso de industrialización desarrollado en la década de 1950 acentuó la dependencia de materias primas y portadores energéticos importados, sin un esfuerzo científico y tecnológico para establecer una base propia, endógena, capaz de apoyar el desarrollo del sector.

Desde antes de 1898 ya existían empresas norteamericanas que explotaban los recursos naturales de Cuba; sin embargo, con la primera intervención de Estados Unidos (1898-1902), su actividad en este sector aumentó considerablemente. Desde finales del siglo XIX se extraía un petróleo muy pesado en diferentes zonas aisladas del país, que se embarcaba se embarcaba fuera del país por el puerto del Mariel. Este material fue utilizado para asfaltar las primeras calles de New York

A petición del general Leonard Wood, interventor norteamericano en el país, el Gobierno de Estados Unidos envió a Cuba, en 1901, una comisión de especialistas del US Geological Survey. con el fin de evaluar la cuantía de los recursos minerales de la isla.

En última instancia, los objetivos de esta misión no eran científicos, sino de saqueo económico: determinar las posibilidades de explotación de los minerales cubanos por parte de los Estados Unidos. El resultado de ese verdadero espionaje, publicado en 1901 en inglés, no se tradujo al español y se dio a la publicidad en Cuba hasta 16 años después. Estaba casi integralmente volcado al estudio, sobre la base de datos que la misión extrajo de las publicaciones disponibles hasta esos momentos, de los yacimientos minerales ya conocidos.

Los intereses norteamericanos sólo explotarían sus denuncios mineros en una pequeña proporción consideradas en su totalidad, pero se asegurarían su control. En 1958, una parte de los yacimientos de lateritas – Cuba tiene una de las mayores reservas del mundo - era propiedad del Estado norteamericano y la otra, de una empresa privada, también norteamericana.

No obstante, un número relativamente alto de diversos estudios geológicos realizados, en las primeras décadas del siglo XX, por algunos especialistas cubanos y un nutrido número de extranjeros, no tuvo la unidad y el propósito, planificado, necesarios para lograr un cabal conocimiento científico que permitiera aprovecharlos en todos sentidos para el desarrollo económico de la nación.

Para integrar las informaciones existentes en el ámbito geológico, en la década del 40 se iniciaron las labores de la Comisión del Mapa Geológico de Cuba, la cual aunque contó con precarios recursos para practicar los trabajos de campo necesarios y afrontó repetidas crisis por falta de apoyo oficial, realizó una meritoria labor que tuvo como resultado la impresión y publicación en 1946 de un croquis geológico a escala 1:1 000 000 y otro minero, a igual escala, que constituyeron modestas contribuciones cubanas al estudio geológico de nuestro país.

En las décadas de 1940 y parte de 1950, se llevó a cabo un trabajo intensivo de perforación de pozos de petróleo que arrojó solo un yacimiento pequeño en la zona de Jatibonico, el cual junto a otros campos pequeños cerca de la costa norte de La Habana, por las playas de Guanabo, Santa María, Bacuranao y Tarará, reportaban en conjunto una producción de petróleo entre 600 u 800 barriles diarios en 1959, al triunfo de la Revolución.

§  Piezas de repuesto y equipamientos

Al triunfo de la Revolución, sólo existían algunos talleres para reparaciones, sobre todo en los centrales azucareros, en la industria del petróleo, en la del níquel y otras pocas más; sin embargo, muchas de las piezas de repuesto necesarias para las industrias más avanzadas eran de tal complejidad tecnológica, que no podían ser fabricadas por los mismos. El país carecía de una industria mecánica que le permitiera resolver los graves problemas que le presentaba el bloqueo. Salvo los mencionados anteriormente, los pequeñísimos talleres existentes eran incapaces de producir piezas o equipos. Ni su base material lo permitía, pues eran máquinas herramientas obsoletas y de escasa precisión, ni los operarios tenían la calificación suficiente.

Por otra parte, como escribiera José Altshuler:

...los estudios de ingeniería estaban mucho menos orientados hacia la construcción de nuevos equipos y hacia la creación de nuevas tecnologías que hacia la ingeniería de sistemas de equipos, dispositivos y métodos ya conocidos. Esta tendencia reflejaba el grado de dependencia económica en que se desarrolló nuestro país durante largo tiempo.

Los “ingenieros de catálogos”, según Altshuler, no escaseaban en nuestro país. Sin necesidad de apoyarse en un trabajo experimental o de desarrollo técnico; sin necesidad de preocuparse mucho – a la hora de encargar un equipo - por saber cómo se efectuaba, por ejemplo, el revestimiento especial para los trópicos, o qué aleación precisa debía utilizarse en las partes expuestas a corrosión o desgaste, o cómo pudiera construirse determinada pieza de repuesto o aditamento para el mismo, simplemente leía en los prospectos los datos técnicos y confeccionaba una relación de lo necesitado; en situaciones más o menos complicadas consultaba al representante de la firma vendedora.

Esta ausencia de base material, de recursos humanos calificados y, consecuentemente, de tradición en la fabricación de piezas de repuesto y maquinarias constituyó una dificultad de primer orden que hubo que encarar.

  • Los recursos humanos

En vísperas de la Revolución en 1958, había en Cuba casi un millón de analfabetos y sólo recibían educación primaria 717 mil alumnos; la mitad de los niños en edad de asistir a la escuela no lo hacían

La educación técnica de nivel medio era muy escasa; se concentraba en las llamadas escuelas de Artes y Oficios. La educación superior no estaba preparada para satisfacer las demandas que reclamaba el desarrollo, tanto en el orden de la cantidad de especialistas que se debían formar, como en el de los perfiles necesarios y la calidad requerida. En la estructura de la matrícula, las humanidades alcanzaban un 23% y la tecnología sólo un 11%. La formación se caracterizaba por ser en gran parte teórica, alejada de la práctica y muy desvinculada de las realidades del país.

  • Investigación y desarrollo tecnológico

En Cuba, en el período anterior a 1959, la subordinación económica y política a Estados Unidos frenó el desarrollo científico y tecnológico y tuvo como resultado una virtualmente nula capacidad resolutiva del país en esta esfera. Incluso allí, donde, por diferentes motivos, surgió un mínimo potencial científico y tecnológico, el intrínsecamente contradictorio proceso económico y social dificultaba o impedía su alineación en función de objetivos válidos a todo lo ancho de la sociedad.

En 1950, la misión enviada a Cuba por el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (IBRD en inglés), conocida como la Misión Truslow, no encontró - en su opinión - ningún laboratorio adecuado de investigación aplicada, público o privado, aunque en este último sector existían algunos pequeños laboratorios, prácticamente dedicados todos al control de la calidad o al ajuste de las características externas y más superficiales de los productos a las necesidades del consumo. En Cuba - se lee en el informe rendido por la Misión -, raras veces se interesa un ingeniero o un químico en realizar investigaciones aplicadas, y en cambio, prefiere el trabajo operativo.

Hasta 1958, las actividades del Instituto Cubano de Investigaciones Tecnológicas (ICIT) – creado en 1955 como organismo autónomo del Estado, a imagen y semejanza de la institución de investigaciones propuesta por la Misión - constituían un muestrario de débiles e inconexos esfuerzos -. Un somero examen de sus publicaciones permite afirmar que en la práctica no contribuyó al desarrollo tecnológico del país. Llegó demasiado tarde; y, sobre todo insertado a bombo y platillo en el simulacro de diversificación industrial que, ante la asfixiante situación del mercado azucarero capitalista, organizó Fulgencio Batista durante su dictadura.

El financiamiento de la investigación azucarera, el renglón fundamental de la economía, era exiguo; en la década del 50, la cifra oscilaba entre los 60 000 y los 80 000 pesos[4] anuales, obtenidos por la Asociación de Hacendados como contribución voluntaria de los centrales azucareros. Las contribuciones se hacían a la Sugar Research Foundation en Nueva York, sobre todo para la realización de investigaciones de carácter básico y no aplicado. Esta institución no investigaba acerca de la producción en sí, sino los posibles usos del azúcar.

El único esfuerzo de investigación aplicada que llegó a materializarse en una instalación industrial de cierta envergadura, se relacionaba con el proceso llamado La Roza para la utilización de pulpa química de bagazo en la producción de papel periódico. A la luz del conocimiento adquirido acerca de las características del bagazo y con la experiencia ganada en éste y otros intentos, en la actualidad resultan evidentes las insuficiencias técnicas y económicas del proceso desarrollado. Al iniciar la fábrica su operación, se desplegó una extraordinaria propaganda, que formaba parte de la misma estrategia de la tiranía batistiana para constituir una fachada de desarrollo económico del país mediante una supuesta diversificación industrial que dio origen al ICIT. Pero el 31 de diciembre de 1958, la totalidad de la producción de siete meses, se encontraba almacenada.

La escasísima investigación que se llevaba a efecto en las universidades – como expresáramos anteriormente - era producto del esfuerzo personal de determinados profesores y no se encontraba, por lo general, vinculada con los temas requeridos por la economía nacional, sino por los intereses académicos de sus ejecutantes.

No podía, en estas condiciones, hablarse de la ciencia como institución social en la nación. A ello se unían, como fenómenos derivados de esa subordinación, un alto índice de analfabetismo, una baja escolaridad de la población en general y muy bajos niveles de formación de técnicos y especialistas.

La dependencia externa de toda la economía cubana tendría como consecuencia, en aquellas condiciones, que la incorporación real de tecnología se produjera sólo cuando resultaba favorable a intereses foráneos. El sector industrial no azucarero sometido en definitiva a las decisiones de los grupos oligárquicos dominantes, era débil y carecía de estrategia. La corrupción administrativa excluía, por otra parte, la preocupación por el nivel tecnológico apropiado de aquellas pocas industrias promovidas con capital del Estado.

Esta fue una época de agudos contrastes técnicos y sociales. Por ejemplo, coexistiendo con rudimentarios sistemas de comunicación telefónica y la falta de extensión de esa red, se introdujo y se verificó en Cuba uno de los principales sistemas conocidos en el mundo basado en el principio de propagación troposférica para la comunicación telefónica y de televisión a altas frecuencias sobre el horizonte. Junto a los 200 000 bohíos y chozas, a las 400 000 familias del campo y la ciudad que vivían hacinadas en barracones y otras habitaciones precarias, sin las condiciones de salud e higiene más elementales, se desarrolló, hasta un grado considerable, el cálculo de complejas estructuras de hormigón: en Cuba se desarrollaban los modelos matemáticos y se resolvían en Estados Unidos las ecuaciones correspondientes por medio de computadoras electrónicas.

Todas estas contradicciones, claras expresiones de un desarrollo dependiente extremo y que provocaron una atroz deformación estructural de la sociedad cubana, fueron sintetizadas de manera lapidaria por Fidel Castro, cuando en La Historia me absolverá, afirmó que:

Salvo unas cuantas industrias alimenticias, madereras y textiles, Cuba sigue siendo una factoría productora de materia prima. Se exporta azúcar para importar caramelos, se exportan cueros para importar zapatos, se exporta hierro para importar arados (...) Todo el mundo está de acuerdo en que la necesidad de industrializar el país es urgente, que hacen falta industrias metalúrgicas, industrias de papel, industrias químicas, que hay que mejorar las crías, los cultivos, las técnicas y elaboración de nuestras industrias alimenticias para que puedan resistir la competencia ruinosa que hacen las industrias europeas del queso, leche condensada, licores y aceites y las de conservas norteamericanas; que necesitamos barcos mercantes, que el turismo podría ser una enorme fuente de riqueza; pero los poseedores del capital exigen que los obreros pasen bajo las horcas caudinas, el estado se cruza de brazos y la industrialización espera por las calendas griegas.

v  El proceso de industrialización en los primeros años de la Revolución.

·       La situación de partida

La Revolución Cubana tuvo que enfrentar desde sus primeros momentos la necesidad de incrementar la capacidad productiva y la productividad del trabajo en las condiciones del subdesarrollo en un proceso de transición al socialismo.

Desde sus primeros momentos la Revolución confrontaba dos importantes  problemas: el desempleo, de gran impacto social y político, y la escasez de divisas, dada la gran dependencia del país en relación al comercio exterior; eso último se agravaría posteriormente con la imposición del bloqueo económico, comercial y político impuesto a Cuba por el gobierno norteamericano. En ese contexto era imperativo atender, no sólo a las industrias nacionalizadas por la Revolución sino también al necesario proceso del desarrollo industrial del país.

En lo referido a la industria, en el momento del triunfo de la Revolución, el panorama en Cuba no era muy diferente de aquel apuntado por Fidel en el discurso de su defensa. El número de industrias cubanas era reducido y la mayoría eran pequeñas; las pocas industrias mayores y controladoras de áreas o materiales estratégicos era extranjeras y la dependencia tecnológica era casi integral.

La naciente revolución lanza su estrategia de desarrollo económico a partir de cuatro objetivos estrechamente relacionados: diversificación agrícola mediante la Reforma Agraria, industrialización como complemento lógico de la Reforma Agraria, eliminación del desempleo y diversificación del comercio exterior

La estrategia, la organización, la planificación, la preparación de los recursos laborales, el desarrollo económico, social y tecnológico de todo este conjunto industrial, así como su interconexión e interrelación con otros sectores de la economía y la sociedad cubana, requerían de la creación de una estructura encargada para cumplir con esta responsabilidad. Esta tarea le fue encargada  al Comandante Ernesto Che Guevara. El 7 de octubre de 1959 fue nombrado   Jefe del Departamento de Industrialización en el INRA. También, por aquella época fue nombrado Presidente del Banco Nacional, cargo que ocupó desde el 26 de noviembre de 1959 hasta febrero de 1961en que fue nombrado Ministro de Industrias.

En una entrevista al periódico Revolución, el 27 de febrero de 1961, a los pocos días de ser creado el Ministerio de Industrias, el Che expresó:

La Revolución Cubana ha entrado plenamente en el proceso de industrialización... Como uno de los grandes objetivos del Gobierno Revolucionario y de la cimentación de su desarrollo económico... En ese sentido se crea el Ministerio de Industrias para unificar la planificación y ejecución del desarrollo industrial.[5]

En un informe sobre las actividades del Ministerio en el período comprendido entre 1961 y 1962, resaltaba: 

Nuestro punto de referencia debe ser penetrar rápidamente en el dominio de aquellas ramas industriales que tienden a crecer aceleradamente y que darán fisonomía al mundo industrial en la próxima generación. Es necesario prestar atención preferente a lo que es nuevo en el terreno industrial, a lo que tiende a desarrollarse más rápidamente, sin llegar a subestimar lo convencional. Estas nuevas tendencias industriales están muy ligadas al dominio de la química, la electrónica, la mecánica fina o de precisión, la técnica de fabricación de nuevos metales, etcétera. Si nuestro sistema industrial se perfila desde un comienzo acorde a las tendencias más progresistas y a las posibilidades objetivas, se estarán asegurando para el futuro altas tasas de incremento de la productividad, y por ende, del nivel de vida; habrá la posibilidad de actuar en el mercado internacional en un plano verdaderamente favorable, de conseguir una situación cualitativamente distinta a la presente[6].

Gran parte de las fábricas heredadas del período pre-revolucionario eran muy antiguas. Otras tenían una capacidad de producción insuficiente para las necesidades que se vislumbraban, por lo que era necesario realizar un importante y diverso volumen de inversiones.

Puede decirse, sin peligro de exagerar, que la tarea era titánica. Al mismo tiempo que tenían que organizarse las tareas propias del Ministerio, debían enfrentarse enormes obstáculos: como el bloqueo y las agresiones del exterior, la escasez de personal técnico y la inexperiencia y falta de preparación de los cuadros de dirección en general.

Para alcanzar ese nuevo proyecto nacional, era necesario realizar cambios fundamentales en las concepciones y prácticas productivas. En primer lugar, dada la propuesta de la Revolución, era indispensable que todo esfuerzo productivo, científico, técnico, organizativo o gerencial tomase como referencia primordial al propio trabajador - al Hombre en sentido genérico - buscando la mejoría de las condiciones de trabajo, de salud, y de educación, entre otras, de forma accesible a toda la población. No estábamos delante de simples cambios en las técnicas de producción, sino delante de la creación de una nueva base técnica, científica, organizativa, gerencial e inclusive, cultural, dentro de un nueva concepción política y social[7].

En los mismos inicios del triunfo revolucionario fue intervenido un grupo de fábricas pertenecientes a personeros de la tiranía batistiana y de otros que habían abandonado el país. Algunas empresas fueron compradas -realmente muy pocas- como la italiana Carlo Erba de productos farmacéuticos. En otros pocos casos también, los dueños entregaron su fábrica a la Revolución. Ese fue el caso de la fundición “Hermanos Steere” en la ciudad de Camagüey.

En agosto de 1960 se produjo la nacionalización de las primeras grandes empresas, todas ellas filiales de empresas norteamericanas: la Compañía Cubana de Electricidad, perteneciente a la Electric Bond and Share; la Cuban Telephone Company, filial de la ITT; las empresas petroleras, subordinadas a la Standard Oil, la Shell[8], la Texas Oil y la Sinclair; la empresas de níquel ubicadas en la parte norte oriental del país: la Nicaro Nickel Co., perteneciente al gobierno norteamericano y Moa, perteneciente a la Texas Sulphur Co. Además, poseían 24 centrales azucareros, entre los mayores y mejores del país; la United Fruit poseía 2 de los colosos: el Delicias y el Preston[9].

El 14 de octubre de ese mismo año, se produjo la nacionalización de prácticamente todo el resto de la industria radicada en Cuba.

·       Los problemas a enfrentar

El bloqueo norteamericano

Con el triunfo de la Revolución y las subsiguientes medidas tomadas por la dirección de la misma, Cuba dejaba de ser una neocolonia norteamericana. Se habían producido importantes medidas liberadoras con respecto a la dependencia política existente hasta entonces de Estados Unidos. Ya desde1960 el gobierno norteamericano Unidos impuso las primeras sanciones económicas a Cuba interrumpiendo por completo las importaciones de caña de azúcar desde este país.

Medidas duras, pero imprescindibles, como la Reforma Agraria, la posterior intervención y nacionalización de empresas norteamericanas, provocaron el bloqueo de Estados Unidos, declarado formalmente por el Presidente Kennedy el 3 de febrero de 1962, por el cual se rompía con Cuba toda relación económica, financiera y comercial[10]. Este bloqueo incluía el comercio con filiales norteamericanas radicadas fuera de Estados Unidos. El mercado tradicional de Cuba, por razón de su corta distancia - 140 kilómetros - era el país del Norte..

El bloqueo cortó el suministro tradicional de materias primas, equipamiento, materiales y piezas de repuesto desde prácticamente los mismos inicios del triunfo revolucionario. Si tomamos en consideración la dependencia casi absoluta de los Estados Unidos, durante todo el periodo neocolonial, el bloqueo creaba una situación de asfixia en la industria cubana.

 

Las relaciones con la URSS y los países socialistas

En la medida que el bloqueo restringía el acceso a divisas libremente convertibles, era urgente acelerar el desenvolvimiento del país y la apertura de relaciones económicas y comerciales con la Unión Soviética y los demás países del campo socialista. Ellos ofertaban una amplia gama de productos,  plantas completas y tecnologías incluyendo asistencia técnica y formación de recursos humanos bajo condiciones extremadamente favorables.

La materialización de las ideas sobre la industrialización del país, a partir de 1960, se inició con negociaciones con la Unión Soviética y otros países socialistas. Se firmaron convenios de crédito para la adquisición de un buen número de fábricas completas incluido el asesoramiento para su instalación en el país, la mayor parte de ellas destinadas a la sustitución de importaciones en el sector industrial.

El Che se quejó por estas inversiones inicialmente contratadas y otras que aún no estaban en operación. El criterio básico utilizado para su selección fue la sustitución de importaciones utilizando solamente la lista de importaciones realizadas en los últimos años. Sobre este asunto el Che con su habitual espíritu crítico y autocrítico expresó:

Nosotros iniciamos el proceso de desarrollo económico, ¿en qué forma? Tomamos los anuarios de Comercio Exterior y dijimos: aquí se importan palas… tanto. Vamos a hacer una fábrica de palas. Se importan tantos machetes… vamos a hacer una fábrica de machetes. Se importa tanto cepillo… vamos a hacer una fábrica de cepillo […] No nos dimos cuenta de una cosa elemental: para que un país se desarrolle, por chiquito que sea, tiene que tener una base de materias primas propias, y cuando un país, como Cuba, depende de la forma que depende del comercio exterior, para garantizar un desarrollo equilibrado debe desarrollar simultáneamente nuevas fuentes de comercio exterior […] Desarrollamos una tecnología en aquella época de desconocimiento nuestro tan grande, que es increíble. Una tecnología que nos costó no sé cuántos miles de pesos por una fábrica de palas, compañeros, y vale la pena ir a ver la fábrica de palas para tener una idea de lo que no se debe hacer en política de desarrollo […] Eso es lo que no se debe hacer, eso es lo que hicimos en una época y eso es lo que está tarando nuestro desarrollo. Hay otras cosas mucho más absurdas; el machete es un instrumento de trabajo; una radio, un refrigerador, bueno, pues podíamos importarlo o no importarlo, o no tenerlo, no importa; en eso hemos gastado millones de pesos.

Estos errores iniciales en la adquisición de plantas completas estuvieron en la falta de personal con la necesaria capacitación y experiencia para realizar los estudios de evaluación técnico-económica, de prefactibilidad y factibilidad, así como la selección y negociación de las mismas.

Sin embargo, fue adecuada y exitosa la selección y decisiones tomadas en cuanto a la compra de varias fábricas vinculadas a la generación de energía termoeléctrica, a la  industria sideromecânica y a las de cemento, textil, fertilizantes y de calzado.

Posteriormente en este trabajo, se indicarán las nuevas fábricas instaladas ente 1961 y 1965.

Un factor de consideración fue la distribución geográfica de las mismas con vistas a crear nuevos empleos en el interior del país.

Sin embargo, ese proceso de relaciones comerciales y económicas tuvo que ser gradual. Las relaciones con el campo socialista, recién comenzaban a establecerse. En esos primeros momentos, se presentaron innumerables dificultades relacionadas con las características de los productos, a las formas de negociación con los nuevos socios, a la distancia, a las diferencias culturales, etc. Se requeriría de tiempo para que fuesen encontradas soluciones satisfactorias a las necesidades de Cuba. Deben mencionarse  algunos ejemplos para dar una idea del desafío a enfrentar por el Ministerio de Industrias en lo que se refiere a las relaciones con estos países.

Muchos de los suministros provenientes del campo socialista eran inferiores en términos técnicos y de calidad a los correspondientes de los países capitalistas, particularmente norteamericanos o inadecuados a a las condiciones cubanas, lo que exigió muchos cambios urgentes y adaptaciones tecnológicas en relación a las nuevas materias primas, materiales, maquinarias y equipos que se importaban.

Estas diferencias en cuanto al patrón energético son un ejemplo importante. La generación de electricidad en Cuba se realiza a 60 hertzios; los motores eléctricos del campo socialista eran de 50 hertzios. Los motores en Cuba para uso no industrial - aunque también los pequeños utilizados en industrias - utilizaban corriente eléctrica de 110 voltios; los procedentes del campo socialista, de 220 voltios.

Otro aspecto técnico que se convirtió en un importante obstáculo fue la incompatibilidad con los sistemas de medidas. En Cuba se utilizaba predominantemente el sistema inglés de medidas; los suministradores socialistas de piezas de repuesto, materiales y equipos utilizaban el sistema métrico. Esto pudo resolverse, en buena medida, después de innúmeras negociaciones técnicas y comerciales y de esfuerzos tecnológicos dentro de la industria nacional.

En cuanto a la calidad, las tecnologías procedentes del campo socialista presentaban problemas que acarreaban graves dificultades. Una característica importante era que los equipos y piezas desarrollados para su consumo interno no eran adecuados al clima de Cuba. La falta de resistencia al calor, a la humedad y a la salinidad ocasionaba corrosión y, como consecuencia, costos elevados de mantenimiento, además de interferir en la productividad y en la calidad de los productos finales, entre otros aspectos.

Además, las tecnologías procedentes del campo socialista presentaban serias dificultades: atrasos de varios años con respecto a estándares internacionales, elevados consumos energéticos, de materias primas y otros insumos; altos índices de peso muerto, baja productividad, insuficiente confiabilidad, capacidades de producción sobredimensionadas, excesiva verticalidad en su integración, poca flexibilidad para efectuar cambios en los flujos productivos y agresividad ambiental, entre otras limitaciones.

En otros casos, no existían sustitutos en los países socialistas y había que comenzar a intentar desarrollarlos en dichos países para suministrárnoslos. Como ejemplo pueden citarse los materiales de cerámica especiales para las tuberías y equipos de la moderna planta de níquel de Moa, de avanzada tecnología para la época. Cerca de dos años demoró en Checoslovaquia un instituto de investigaciones de materiales cerámicos de gran experiencia y nivel técnico, para desarrollar materiales sustitutos.

Graves problemas de calidad se produjeron con la falta de materias primas adecuadas para toda la industria. Por ejemplo, hubo que eliminar las etiquetas de las botellas de cervezas y refrescos y los envases a los jabones de lavar y de tocador; las pastas de dientes se endurecían; los refrescos sabían, usando la propia expresión del Che, a “jarabe para el pecho” y las cabezas de los fósforos saltaban y producían quemaduras en la piel y en las ropas, por sólo mencionar algunos ejemplos.

En aquellos momentos, esa situación no tenía alternativas; había que producir bienes para el pueblo, aunque fuesen de inferior calidad. Sin embargo, la costumbre creada al continuar esta “cultura” de producir de cualquier forma, produjo posteriormente un relajamiento en cuanto a la calidad y a la disciplina tecnológica que el propio Che combatió duramente.

Mas las opciones de Cuba eran extremadamente reducidas dadas las condiciones impuestas por el bloqueo, las que limitaron las posibles fuentes de suministros y tecnologías. Adicionalmente, factores internos dificultaron que los procesos de evaluación previa de las tecnologías transferidas para Cuba identificasen con precisión –en aquellos primeros momentos y durante varios años después – las limitaciones y problemas de las tecnologías del campo socialista. Entre esos factores estaban la falta de experiencia y calificación de muchos profesionales responsabilizados en la selección, evaluación y negociación de tecnologías.

De todas formas, puede afirmarse sin duda alguna, que hubo una verdadera autodeterminación tecnológica. Aunque las variantes para la selección fuesen muy limitadas y las condiciones internas bastante difíciles, las decisiones se tomaron independientemente por las autoridades cubanas.

Como consecuencia de todo ese proceso y pesar de los problemas señalados, la transferencia de tecnologías e insumos del campo socialista  permitió - hay que subrayarlo por una elemental justicia histórica - alcanzar tasas de crecimiento y niveles de producción significativos en plazos relativamente breves; hacer surgir sectores prácticamente nuevos como el de la metalmecánica, la siderúrgica, la electrónica; ampliar significativamente la capacidad energética para, más tarde, electrificar prácticamente todo el país; abrir considerables fuentes de empleo; propiciar un desarrollo territorial más armónico y dotar de una alta calificación a la fuerza laboral.

La falta de recursos humanos calificados.

La escasez de personal técnico de todo tipo – ingenieros, físicos, matemáticos, químicos, biólogos y técnicos medios, entre otros - agravada por la fuga de cerebros, promovida por el imperialismo norteamericano fue sin dudas, el elemento más complejo que tuvo que enfrentarse para iniciar un proceso de desarrollo industrial.

Al triunfo de la Revolución, en Cuba había alrededor de 6 000 médicos; más de 3 mil; un 50% abandonó el país en los dos o tres primeros años. Sin embargo, para enfrentar el desarrollo industrial que la Revolución se proponía, el país sólo contaba sólo con alrededor de 2 700 ingenieros de distintas especialidades, principalmente de ingeniería civil. Por ejemplo, en la industria azucarera había 3 100 especialistas de primera línea; el 60% marchó al extranjero. Los graduados en las especialidades de ingeniería química y mecánica eran escasos y casi todos graduados en los Estados Unidos, pues sólo muy recientemente esas especialidades se habían iniciado en Cuba. De esos 2 700 ingenieros, sólo quedaron en el país unos 700. ¡Nada menos que una cuarta parte del total! Era con lo que se contaba para promover el desarrollo industrial que la Revolución se proponía.

En cuanto al enorme éxodo de personal técnico promovido por los Estados Unidos, debe subrayarse que, en muchos casos, los técnicos que emigraron eran los de mayor nivel. En el caso de la industria de refinación de petróleo, en el período comprendido entre agosto de 1960 - cuando se nacionalizó la misma - y febrero de 1961, había emigrado más del 75% de los ingenieros, casi todos ellos de primera y segunda línea. Por otra parte, un grupo importante de los que quedaron en la industria, se manifestaban agresivamente contra la Revolución y posteriormente se marcharon del país. Lamentablemente, unos pocos, algunos de ellos con responsabilidades técnicas importantes en la refinería “Ñico López”, en La Habana, fueron captados por la CIA para realizar actos de sabotaje y de captación de personal con fines contrarrevolucionarios. Fue el llamado “Caso ICP” detectado y controlado a tiempo por la Seguridad del Estado, antes de que pudieran concretarse acciones de sabotaje por ese grupo.

Un aspecto importante en el tratamiento al personal técnico estaba relacionada con sus salarios, El Che reconocía que durante la transición socialista los técnicos debían recibir mejor pago que los obreros menos calificados, aunque la remuneración siguiera vinculada a la labor realizada, pero no recibirían privilegios políticos o sociales por encima de otros trabajadores. Decía: «serán mejor pagados, además, porque la ley de la oferta y la demanda, en cierta