Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz
Mostrando entradas con la etiqueta Multilateralismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Multilateralismo. Mostrar todas las entradas

lunes, 28 de julio de 2025

Sobre la Multipolaridad Estructural



Por Leonid Savin, The Postil Magazine

Si observamos el estado del sistema internacional moderno, podemos concluir sin lugar a dudas que se encuentra en una etapa de transición, con procesos de transformación que afectan a la economía, la política, la geopolítica, las normas jurídicas e incluso las religiones. Dicho esto, también se habló de un período de transición en la década de 1990, cuando se derrumbó el sistema bipolar.

¿Cuáles son las diferencias fundamentales entre la transición actual y la anterior, y hacia dónde se dirige el sistema? Los países occidentales hablan ahora de la necesidad de preservar un «orden basado en normas», que remontan al final de la Segunda Guerra Mundial y al surgimiento del modelo de economía internacional de Bretton Woods.

Esta posición muestra claramente que el periodo de transición anterior no afectaba a este orden occidental, sino que tenía como objetivo cambiar los regímenes de aquellos países que se oponían o criticaban el modelo capitalista en economía y el liberalismo en política. En aquel momento, Occidente hablaba con entusiasmo de la transición del autoritarismo a la democracia y ofrecía, o más bien imponía, su visión de la estructura del Estado y las relaciones internacionales.

Al mismo tiempo, Occidente, especialmente Estados Unidos, apoyaba activamente las autocracias en Oriente Medio y otras regiones, siempre que siguieran la política del Consenso de Washington. Esta doble moral persiste hasta hoy, como lo demuestra el apoyo de Occidente a la política de genocidio descarado de Israel contra los palestinos y su crítica paralela a Rusia, que desde 2014 aboga por la protección de los derechos de los civiles en Ucrania, incluido el derecho a hablar su lengua materna, el ruso.

Ahora, Occidente en su conjunto denuncia la amenaza del revisionismo de los países que no comparten su visión de las relaciones internacionales o, más precisamente, critican la práctica del neocolonialismo y la hegemonía cultural, utilizados como herramienta de política exterior por Estados Unidos y sus satélites.

Incluso en Estados Unidos, los funcionarios han comenzado a hablar de una transición hacia la multipolaridad y están configurando su nueva política exterior en consonancia con este paradigma.

El tema de la multipolaridad no es un fenómeno de los últimos años, aunque la operación militar especial de Rusia ha servido sin duda de catalizador de este proceso. Existen diversas teorías sobre la multipolaridad, algunas de las cuales hacen hincapié en criterios específicos, mientras que otras se limitan a afirmaciones abstractas. Es necesario repasarlas brevemente para comprender en detalle estos debates, que arrojarán luz sobre el panorama actual de la crisis del sistema internacional.

La descripción más breve de los polos del sistema político internacional la dio el politólogo estadounidense Richard Rosecrance en 1963: «Los sistemas internacionales multipolares, bipolares y unipolares pueden distinguirse de la siguiente manera: la multipolaridad es un sistema multibloque o multiactor; la bipolaridad es un sistema de dos bloques o actores; la unipolaridad es un sistema de un solo bloque o actor. La unipolaridad requiere además una dirección única del bloque preponderante» (Rosecrance, p. 234, nota 12).

Karl Deutsch y David Singer consideraban la multipolaridad como un medio para fomentar una mayor cooperación entre los principales actores (Deutsch y Singer, 1964). Estos dos autores argumentaban que la transición de un sistema bipolar a uno multipolar debería conducir a una disminución de la frecuencia y la intensidad de los conflictos, y que un sistema multipolar se caracteriza por una estabilidad mucho mayor que uno bipolar.

También existe una teoría de la multipolaridad nuclear, en la que los polos son potencias que poseen armas nucleares. Sin embargo, hay diferentes valoraciones de esta teoría. Kenneth Waltz partía de la base de que los Estados son actores racionales inclinados a minimizar los riesgos. Las potencias nucleares se comportarán con extrema cautela en sus relaciones mutuas, ya que son conscientes de que el precio del conflicto podría ser demasiado alto. En su opinión, los Estados con capacidades nucleares reducidas pueden emplear con éxito una estrategia de disuasión contra potencias nucleares mucho más poderosas. Sin embargo, Stephen Cimbala señaló que «sin duda existe la posibilidad de que, en cualquier régimen multilateral y restringido de proliferación nuclear, algunas armas de alcance medio o intermedio tengan que incluirse como «estratégicas» en función de sus efectos potenciales contra posibles adversarios regionales» (Cimbala, 2019). Frank Whelon Wayman introdujo el concepto de multipolaridad en racimo a mediados de la década de 1980. Señaló que «un sistema es multipolar en términos de poder cuando las capacidades están distribuidas de forma más equitativa que en una situación bipolar, y cuando la hostilidad sigue siendo elevada... Un sistema es multipolar en clústeres cuando los Estados están distribuidos de forma más equitativa en el espacio, con muchas oportunidades para los intermediarios y muchas lealtades transversales que moderan la hostilidad... La bipolaridad y la multipolaridad en términos de poder son categorías mutuamente excluyentes» (Wayman, p. 63).

John Mearsheimer propuso dos modelos de multipolaridad. En su libro La tragedia de las grandes potencias, escribió: «Los sistemas multipolares sin un hegemón potencial, lo que yo denomino «multipolaridad equilibrada», siguen siendo propensos a presentar asimetrías de poder entre sus miembros, aunque estas asimetrías no serán tan pronunciadas como las brechas creadas por la presencia de un hegemón aspirante. Por lo tanto, la multipolaridad equilibrada tiende a generar menos temor que la multipolaridad desequilibrada, pero más temor que la bipolaridad» (p. 45). Un sistema multipolar sin un hegemónico potencial es, por lo tanto, una «multipolaridad equilibrada» y tiene como objetivo preservar las asimetrías de poder entre sus miembros. Por lo tanto, la multipolaridad equilibrada produce menos miedo que la multipolaridad desequilibrada, pero más miedo que la bipolaridad (Mearsheimer, p. 45).

(De hecho, todos los teóricos presentados pertenecen a la escuela del realismo o neorrealismo en las relaciones internacionales. (Véase mi libro, Ordo Pluriversalis: El fin de la Pax Americana y el auge de la multipolaridad))

En el contexto de la situación internacional actual y los cambios que se están produciendo, se puede concluir que, en ausencia de una clara hegemonía global de Estados Unidos, la situación podría mejorar significativamente, ya que habría más centros de poder. Si la desaparición de la hegemonía de Washington hace automáticamente más independiente y soberana a la Unión Europea, entonces, junto con Rusia y China, podemos hablar de cuatro polos. Con la India, serían cinco. Es difícil decir cómo se llevará a cabo la integración en África y América Latina, que podrían convertirse en polos de poder en el futuro.

Sin embargo, ¿hasta qué punto es realista? ¿Cuáles son los criterios visibles para una transición hacia la multipolaridad? Por ejemplo, si todos los países africanos trabajan más intensamente en la integración regional, ¿significa esto que se creará un polo? Existe la Unión Africana, pero ¿cuál es su papel en la política mundial? ¿Es equivalente a otras asociaciones supranacionales? ¿Se puede considerar la ASEAN como un polo independiente, basándose en la demografía de los países y la participación de los Estados de esta asociación en la economía mundial?

En general, detrás de la creación de un polo geopolítico mundial, ya sea uno o varios, hay una gran potencia que asume la responsabilidad de formar una determinada estructura, es decir, un sistema único de poder que incluye elementos políticos, ideológicos (cosmovisión), económicos y militares (seguridad) que están interconectados a través de diversos acuerdos y formatos de interacción. En un orden mundial bipolar, estos eran evidentes. Estaba la URSS como gran potencia y el bloque socialista, con el Consejo de Asistencia Mutua Económica en la economía, el Pacto de Varsovia en defensa y seguridad, y una ideología común de marxismo y lucha de clases. En el otro lado estaban los Estados Unidos y los Estados capitalistas. El dólar estadounidense se utilizaba como moneda de reserva mundial, extendiéndose más allá de la zona formal de control político de Washington. La OTAN era el principal bloque militar, aunque Estados Unidos tenía otros acuerdos con Estados asiáticos, africanos y latinoamericanos que formalizaban la presencia militar estadounidense en todo el mundo.

Por consiguiente, un polo real en las relaciones internacionales no es solo una potencia nuclear o una gran potencia. Por ejemplo, Pakistán tiene armas nucleares, pero no es una gran potencia y no puede ser un polo según numerosos criterios e indicadores. Un polo real en la geopolítica mundial es una estructura regional o transregional en la que una gran potencia puede actuar como principal impulsora de los procesos y como think tank.

No es casualidad que la cuestión de la unipolaridad comenzara a plantearse incluso antes del colapso de la Unión Soviética, ya que la caída del Muro de Berlín en 1989 y el cambio de régimen en Europa del Este dejaron claros los procesos de desintegración del Pacto de Varsovia, que era un elemento clave de la seguridad en Eurasia. Por eso Charles Krauthammer tituló su artículo «El momento unipolar», basado en una conferencia que dio en Washington en septiembre de 1990. Krauthammer admitía la aparición de la multipolaridad, pero, teniendo en cuenta la Operación Tormenta del Desierto en Irak, señalaba el poder real de Estados Unidos y advertía contra la agitación interna para mantener su posición como único polo de poder en el mundo en el futuro.

Por cierto, Fidel Castro planteó una cuestión similar cuando expresó públicamente esta idea por primera vez el 7 de diciembre de 1989, señalando que «si continúan ciertas tendencias muy negativas, el mundo pasará de la bipolaridad a la unipolaridad bajo el dominio de Estados Unidos». El Muro de Berlín fue derribado un mes antes de su advertencia. Y Fidel previó un posible escenario posterior, que posteriormente se hizo realidad.

El Pacto de Varsovia cesó su cooperación militar en febrero de 1991 y se disolvió oficialmente el 1 de julio del mismo año. El Consejo de Asistencia Económica Mutua dejó de existir el 28 de junio de 1991.

Y la Unión Soviética dejó de existir en diciembre de 1991. Cabe señalar que, en un principio, no fue el actor principal del segundo polo el que se desintegró, sino sus elementos estructurales en forma de un organismo responsable de la seguridad y otro relacionado con la economía.

Y no se ha creado nada similar para sustituirlos. Por supuesto, Rusia se ha vuelto significativamente más fuerte que inmediatamente después del colapso de la URSS. Por iniciativa de Moscú, se crearon la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva y la Unión Económica Euroasiática, pero su efecto es bastante insignificante en comparación con lo que existía durante la era soviética.

Al mismo tiempo, la hegemonía del dólar sigue intacta y la mayoría de las transacciones bancarias mundiales se realizan en esta moneda, aunque existe la práctica de liquidar las cuentas en monedas nacionales y la cuota del yuan chino está creciendo gradualmente.

El bloque de la OTAN ha crecido significativamente, principalmente debido a la adhesión de antiguos miembros del Pacto de Varsovia. Al mismo tiempo, sus objetivos declarados van mucho más allá del Atlántico Norte; ha llevado a cabo intervenciones militares en África (Libia) y tiene acuerdos con países de Oriente Medio y Asia.

Por lo tanto, aunque se habla de la aparición de la multipolaridad, en realidad, si lo miramos desde la perspectiva de las estructuras y no de las grandes potencias o asociaciones supranacionales como la UE, sigue existiendo un polo poderoso establecido por Estados Unidos. Y a pesar de los actuales desacuerdos entre Estados Unidos y la UE, este modelo sigue vigente. Además, este polo se ha hecho más grande y más influyente debido a la expansión de sus elementos estructurales.

China, a pesar de sus enormes éxitos económicos y políticos, no puede ofrecer nada similar para contrarrestar a Occidente. La Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda no es una nueva versión del Consejo de Asistencia Económica Mutua, sino más bien la aplicación de parte de la política exterior de China. Es de naturaleza centrada en China. La Organización de Cooperación de Shanghái también fue concebida por Pekín para promover sus propios intereses, y la presencia de la India y Pakistán, dos países en constante conflicto, sugiere que no existe una verdadera unidad de propósito.

Por lo tanto, desde la perspectiva de la multipolaridad estructural, solo se puede hablar de un cierto resurgimiento de la bipolaridad, en la que Rusia es el actor clave, pero este polo funciona en un formato diferente y fue catalizado por la operación militar especial en Ucrania. Los nuevos acuerdos de Moscú con Minsk, Pyongyang y Teherán han permitido a Rusia establecer un nivel especial de relaciones con estos Estados socios. El despliegue de armas nucleares en Bielorrusia, la participación de tropas de la RPDC en la guerra de Ucrania y el suministro de equipo necesario por parte de Irán demuestran un nuevo modelo de seguridad emergente en Eurasia. Al mismo tiempo, la OTSC y la UEEA funcionan en paralelo a este proceso.

Por lo tanto, si hablamos de multipolaridad estructural, esta es prácticamente inexistente. Pero será necesario poner fin a la hegemonía unipolar. Por lo tanto, no debemos sucumbir a la ilusión de las declaraciones de los políticos occidentales sobre la llegada de la multipolaridad, entre los que se encuentra el nuevo vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance. Sí, Estados Unidos está atravesando actualmente una serie de problemas, pero sus agentes financieros, en forma del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, siguen trabajando activamente para defender la hegemonía del dólar. La OTAN está aumentando su gasto en defensa, y Suecia y Finlandia han sido recientemente aceptadas como nuevos miembros de la alianza.

Al mismo tiempo, se están desarrollando diversas formas de asociación fuera del Atlántico Norte, por ejemplo con la República de Azerbaiyán, lo que indica los intereses globales de la OTAN. Además, Serbia, víctima de los bombardeos de la OTAN, también tiene una serie de acuerdos con esta organización, lo que indica claramente el fortalecimiento del control geopolítico de la OTAN en Europa.

No obstante, la experiencia de Rusia puede aplicarse en otras regiones, creando así una multipolaridad más tangible. Es de esperar que la cooperación de Moscú en África y América Latina dé un impulso correspondiente a este proceso. Por cierto, no fue casualidad que Hugo Chávez propusiera una alianza de defensa para los países latinoamericanos y que, más tarde, Brasil propusiera esta idea en forma de Consejo de Defensa Latinoamericano. Sin embargo, este proyecto nunca se llevó a cabo, ya que Estados Unidos era muy consciente de la amenaza que supondría para sus intereses la creación de un polo geopolítico independiente en el Atlántico Sur. Esperemos que, tras la resolución de las disputas y contradicciones entre varios países de la región, esta idea se lleve a cabo en un formato necesario para la creación de una estructura polar completa, lo que supondría una valiosa contribución a la multipolaridad real que está tomando forma.

jueves, 18 de abril de 2024

LA MULTIPOLARIDAD COMO UN HECHO

 Por Dimitrios Oikonomou. Geopolitica



La multipolaridad es un hecho y no una teoría académica falsable, especialmente por parte de quienes desean obsesivamente una utópica hegemonía unipolar de EEUU. Los acontecimientos corren más deprisa que la adopción por el sistema internacional de la teoría de un mundo multipolar. Una teoría introducida por primera vez en el debate internacional en su totalidad por el profesor Duguin, que creó un movimiento político mundial. Muchos empezaron, antes, a hablar de multipolaridad en el mundo occidental, pero no plenamente y siempre en el contexto intelectual de la hegemonía occidental.

Teoría Crítica (marxismo) y los enfoques pospositivistas allanaron el camino para darse cuenta de que detrás de la globalidad de los últimos siglos se esconde el deseo hegemónico de la civilización europea occidental y, especialmente en las últimas décadas, el deseo globalista hegemónico de EE.UU. de poder a nivel material e intelectual para hacer globales sus valores supuestamente universales.

La Teoría Crítica ha desvelado el hegemonismo de explotación global oculto tras la supuesta naturaleza cooperativa del capitalismo liberal al equiparar completamente la hegemonía con el capitalismo a secas, que si bien acepta como etapa necesaria hacia la consecución de otro globalismo ideológico basado en la otra segunda vertiente del fenómeno moderno. Los planteamientos pospositivistas demostraron la localidad y temporalidad del fenómeno cultural occidental al equiparar la hegemonía con la perpetuación de la modernidad que, sin embargo, debe liberarse de sus restos premodernos. Occidente es un fenómeno cultural local cuyos valores conciernen exclusivamente a una zona geográfica concreta de influencia principalmente anglosajona.

Mientras que estos dos ejemplos ponían de manifiesto el núcleo hegemónico subyacente a las pretensiones occidentales de universalidad, Huntington fue un paso más allá al reconocer ya en el momento del "fin de la historia" la existencia de otras culturas que constituirían los polos de un nuevo sistema, pero siempre dentro del marco realista de la competencia internacional.

Hasta aquí llegan los límites perceptivos de Occidente. Incluso el reconocimiento de múltiples polos potenciales no cambia la visión bipolar que Occidente tiene del mundo: "nosotros: como hegemones de un sistema unipolar potencial, y aquellos: que se oponen a nuestro globalismo". Lamentablemente para ellos, los "regalos espejo" de la tecnología, del comercio y las transacciones económicas globales, de apelar a esa parte hedonista de la naturaleza humana con los derechosismos y los lgbtqismos que son una bomba en los cimientos de cualquier sociedad pero también herramientas de manipulación y hegemonismo autoritario, no hicieron el trabajo que esperaban.

Las sociedades que requieren mantener en lo profundo su conciencia colectiva premoderna no se doblegaron por nada de esto, permaneciendo profundamente tradicionales y, aunque son estados pertenecientes al sistema internacional westfaliano, nunca adquirieron características etnocráticas. Son meganaciones culturales (ay de aquellos que vendieron su historia y su alma a la etnocracia moderna).

Este fenómeno se denomina en relaciones internacionales "modernización sin occidentalización". China, India, Rusia son ejemplos en mayor o menor medida. El Islam en Oriente Medio (a pesar de los conflictos entre sectas) percibe la etnocracia como un obstáculo y la causa de su fragmentación.

La teoría multipolar moderna empieza a convertirse en una opción consciente para todos estos Estados multiétnicos y multirreligiosos (una proyección posmoderna de los imperios premodernos) pero que tienen unas características culturales claras que unen todas estas distinciones respetando su diversidad colectiva. Este fue especialmente el caso tras el colapso del poder absoluto de las ideologías occidentales en su seno inmediatamente después del final de la Guerra Fría.

Como señala Huntington, el derrumbe del polo comunista y la difusión de los valores y las instituciones capitalistas liberales por todo el mundo pusieron el foco de la competencia mundial ya no en las ideologías, sino en las civilizaciones que hasta entonces habían estado amparadas por ellas. El capitalismo se transmitió a estas sociedades no como una ideología sino como una herramienta contra la hegemonía de Occidente que quiere subyugar los renacidos valores premodernos que habían estado cubiertos durante todo el siglo XX bajo el manto de las ideologías.

También ha habido un largo debate académico y político sobre si la bipolaridad o la multipolaridad es, en última instancia, una solución más pacífica para que el sistema internacional evite un conflicto mundial. La Guerra Fría ha demostrado, como sostienen los estudiosos occidentales, que cuando el sistema internacional consta de dos polos compactos, es estable, y los conflictos controlados tienen lugar en los márgenes geográficos de los dos polos. Por tanto, Occidente se basa hoy en esta experiencia al tiempo que argumenta que el mundo multipolar puede ser impredecible.

Esto es siempre para justificar su necesidad de hegemonía mediante la continuación de una competición bipolar que conducirá de nuevo a la hegemonía global, ya sea con un centro global y la dispersión del centro de toma de decisiones a nivel individual de la llamada "sociedad civil" o con los propios EE.UU. en el centro (en ambos casos estamos hablando de americanización - occidentalización y un crisol social global).

Por el contrario, en Relaciones Internacionales ahora está claro que un mundo multipolar bien puede ser estable e incluso evitar más fácilmente una guerra mundial. Quizá incluso más que la bipolaridad, ya que falta el elemento de polarización. En este caso puede haber más conflictos regionales, pero hay más flexibilidad debido a la polarización reducida frente a la polarización extrema de un sistema bipolar.

Además, los nuevos polos del sistema global, al menos los que ya están formados y operan conscientemente como fuerzas polares, no tienen el potencial de convertirse en hegemónicos. El único que busca la hegemonía es el euro-atlantismo. Es en esta fluidez donde se desarrolla el juego actual, donde por un lado emergen polos independientes que reconocen un mundo multipolar y por otro una potencia hegemónica que sigue viendo el mundo hegemónicamente. Es decir, potencialmente unipolar y convencionalmente bipolar (nosotros los vencedores de la Guerra Fría que somos por derecho los hegemones del sistema mundial frente a los desafiantes de nuestra victoria y hegemonía).

En resumen, el sistema actual, aunque multipolar, la negativa de Occidente a ver la realidad lo hace peligroso. Además, si el euro-atlantismo reconociera la existencia de varios polos y no sólo de una zona de "bárbaros" situada en la periferia, se vería obligado a darse cuenta de que no puede ser una potencia hegemónica, de que es un fenómeno cultural histórica y geográficamente limitado y de que su pretensión de universalización de sus valores sólo se basa en el derecho que le da su poder económico y militar. 

Si hay alguna posibilidad de evitar la Tercera Guerra Mundial es que Estados Unidos se dé cuenta de que es un polo de los 7 que están confinados geográficamente en su esfera de influencia tradicional.

Si no, los puestos avanzados del imperialismo - hegemonismo (Ucrania, Israel, Taiwán, y pronto otros estados en el borde de los polos), que son las herramientas de Occidente para una mayor penetración en Eurasia, se convertirán en los pretextos para el estallido de la última fase militar de una nueva guerra mundial. Para ayudar a la teoría a escapar de los constantes debates teóricos y zanjar qué sistema polar es más estable, podemos decir que si Occidente insiste en la interpretación bipolar, entonces el sistema bipolar será considerado el más destructivo en la literatura de Relaciones Internacionales y no la multipolaridad... Si tiene sentido continuar con la literatura internacionalista después de unas cuantas explosiones nucleares...

Traducción al español para Geopolitika.ru
por el Dr. Enrique Refoyo

domingo, 30 de octubre de 2022

Putin esboza el nuevo orden financiero global de la multipolaridad soberanista

30 octubre, 2022


En la sesión de preguntas y respuestas en las que suele lucirse Putin –quien es abogado y posee una notable memoria que practicó con el espionaje soviético, además de una asombrosa cultura politemática–, un periodista sudafricano lo inquirió sobre la quiebra del régimen de sanciones y la militarización del sistema dolarizado de pagos (https://bit.ly/3TP93U9). Putin respondió que Estados Unidos creó el sistema Bretton Woods que ahora está fracasando y asentó que el error (¡megasic!) fue usar el dólar como arma, lo que ha socavado la confianza.

Abordó que un “nuevo sistema financiero global (¡mega-sic!) debe permitir a todos los países emprender su desarrollo soberano (…) Si creamos nuevas organizaciones internacionales, como el sistema Bretton Woods, deben abastecer a los países que necesitan ayuda”, lo cual transferirá conocimiento y tecnología: el nuevo sistema económico aglutinará los intereses de la mayoría, no sólo de la élite financiera. Luego matizó que por el momento (¡mega-sic!) debemos expandir arreglos entre países mediante sus divisas nacionales que buscarán su independencia frente al dólar estadunidense utilizado como arma (sic).

Putin proporciona el ejemplo de que hoy el comercio de Rusia con India se concreta con sus divisas nacionales (el rublo y la rupia), lo que se está incrementando con otros países. La construcción del nuevo sistema internacional será gradual. Primero de país a país y luego de forma regional.

Se desprende que, en el proceso de la desglobalización, los regionalismos y sus plurales bloques neoeconómicos (https://bit.ly/3DmdgHN) podrían optar por divisas regionales. Faltará ver cuál será el mecanismo futuro para que las divisas regionales –desde 15-RCEP, pasando por los BRICS, hasta el T-MEC– sean intercambiadas en un nuevo organismo neutral consensuado.

Ahora se entienden las ditirámbicas glorificaciones de Putin a India en la era del primer Narendra Modi, quien se ha también adelantado al inevitable nuevo orden soberanista multipolar: alabó al primer indio de verdadero patriota y elogió a India por haber realizado tremendo progreso en su desarrollo de pasar de ser una colonia británica a un Estado moderno(https://bit.ly/3NjSL32).

Las alabanzas de Putin a India quizá tengan como objetivo seducir al nuevo primer británico de religión hindú Rishi Sunak, cuando su antecesora eyectada Liz Truss estaba dispuesta a una guerra nuclear contra Rusia (https://bit.ly/3DIfIK8).

Desde la derrota de Napoleón en Waterloo y el ascenso de los banqueros globalistas Rothschild –cuando el megaespeculador George Soros es un vulgar títere de la CIA y la banca londinense (https://bit.ly/2oB1DHc; https://amzn.to/3fdlhqP)–, Londres ha sido el centro de las finanzas globales durante 207 años y que, en medio de las varias guerras en una que se libran en la singularidad de Ucrania (https://bit.ly/3TOnCaE), empieza a disminuir su control en el mercado de divisas globales, según un reporte del Banco Internacional de Pagos (BIS, por sus siglas en inglés): el banco de los Bancos Centrales (https://bit.ly/3DGgojo), reportado por Financial Times (FT), rotativo globalista/neoliberal/neocolonial/monárquico (https://on.ft.com/3gTtu3O).

El BIS y FT reportan que el “posicionamiento de Londres como la encrucijada global para el intercambio de divisas foráneas y de derivados financieros se ha erosionado conforme confronta la feroz (sic) competencia de otros mayores (sic) centros financieros”. Obvio, de Asia. El BIS asienta que Gran Bretaña “permanece como la más importante encrucijada para las divisas y las tasas de interés del intercambio de los derivados financieros, pero que su participación en ambos mercados ha declinado a 38 por ciento, mientras Londres continua su lucha con las consecuencias financieras del Brexit y su presente ingobernabilidad. ¡Es todo un tema lo que sucede en La City: el suburbio financiero de Londres!

Mas inquietante resulta el desplome del mercadeo de los derivados financieros, que cayeron 19 por ciento (sic) a 5.2 billones de dólares: ¡cuatro veces el PIB de México!


Facebook: AlfredoJalife




Tiktok: ZM8KnkKQn/

sábado, 30 de julio de 2022

El multilateralismo y el sector privado

 



ESSpanish

Por GELSOMINA VIGLIOTTI

BRUSELAS – En una era mediada por la tecnología avanzada, es fácil olvidar que los seres humanos (y la vida misma) dependen enteramente de las frágiles condiciones planetarias. Frente a una lista creciente de amenazas graves y acaso existenciales, lo dicho es una verdad básica con la que deberíamos volver a familiarizarnos. El cambio climático, la escasez de suministros críticos, la pérdida de biodiversidad y pandemias devastadoras exponen como nunca antes las vulnerabilidades de nuestras sociedades.

Ningún país podrá huir de estos desafíos o resolverlos solo. Si en los buenos tiempos la cooperación multilateral ya es difícil, en los malos es esencial. Es en momentos de crisis cuando tenemos que trascender el interés estrecho y reforzar la cooperación, la coordinación de recursos y la mejora en la toma e implementación de decisiones colectivas.

Las reuniones que mantendrá este mes el G20 en Indonesia llegan en uno de esos momentos. La guerra de Rusia en Ucrania, las sequías y otros factores han llevado a que millones de personas en todo el mundo enfrenten una escasez crítica de alimentos y energía, en simultáneo con olas de calor récord en Europa, China, el sur de Asia y otras partes del mundo. Sin una acción global concertada, estas crisis pueden convertirse fácilmente en desastres humanitarios a gran escala.

Los miembros del G20 representan el 85% del PIB global, el 75% del comercio internacional y dos tercios de la población mundial. Actuando juntos, pueden ayudar a enfrentar estos desafíos y servir de modelo a otros países. Quienes den la espalda a la cooperación y al bien común deberán rendir cuentas, así como hay que denunciar y detener a quienes dilapidan tiempo y energía en la violencia y la guerra.

Pero estados y gobiernos no son los únicos actores de este drama global. Para manejar las crisis actuales, también hay que poner en escena al sector privado. Los estados no tienen recursos o experiencia para resolver la escasez de suministros, extender el uso de la energía limpia o desarrollar vacunas y terapias por sí mismos. Su fortaleza reside más bien en la capacidad de atraer y movilizar todo el poder y el ingenio del sector privado, de lo cual depende que la humanidad pueda detener el calentamiento global, asegurar un suministro suficiente de alimentos y agua potable (para la generación actual y las futuras) y sobrevivir a futuras pandemias.

Los foros y organismos internacionales tienen un papel crucial para esa movilización. Las instituciones financieras multilaterales, por ejemplo, pueden actuar como garantes en el otorgamiento de préstamos y así ayudar a financiar inversiones deseables y reducir el riesgo para los inversores privados; esto permite multiplicar varias veces la efectividad de los fondos públicos.

Además, su conocimiento técnico y su experiencia operativa en todo el mundo les permiten proveer un valioso asesoramiento para la planificación, estructuración e implementación de proyectos. Por ejemplo, el Banco Europeo de Inversiones tiene un brazo dedicado al desarrollo, BEI Global, que cuenta con más de sesenta años de experiencia en más de 150 países. Como parte de Team Europe, está colaborando con las instituciones y estados miembros de la Unión Europea en la promoción de la estrategia conjunta Global Gateway.

Global Gateway es una iniciativa de la UE que busca alentar hasta 300 000 millones de euros (305 000 millones de dólares) de inversión en mitigación y adaptación frente al cambio climático, tecnología digital, transporte sostenible, sistemas de salud, educación e investigación en países asociados de todo el mundo. Se lanzó a fines de 2021, y ahora se integró a la Colaboración por la Infraestructura Global y la Inversión, anunciada el mes pasado por el G7 y cuyo objetivo es destinar 600 000 millones de dólares a los fines mencionados.

La crisis de la COVID‑19 puso de manifiesto el peligro que suponen las pandemias, cuya frecuencia aumentará como resultado del cambio climático y de la pérdida de hábitats naturales. Para prepararnos para futuros brotes de enfermedades y evitar que se conviertan en pandemias, se necesita con urgencia cooperación internacional dirigida a fortalecer la inversión en infraestructuras básicas, atención primaria de la salud y capacitación de personal médico.

Con ese objetivo, el BEI está colaborando en el desarrollo de una estrategia de financiación que pueda adaptarse y aplicarse a una variedad de cuestiones en cualquier parte del mundo. Trabajamos con la Organización Mundial de la Salud, con la Comisión Europea y con la Unión Africana para movilizar mil millones de euros en inversiones que fortalezcan los servicios de salud primarios en África subsahariana (incluido ampliar el acceso a vacunas).

El BEI dispondrá al menos 500 millones de euros para ayudar a los países destinatarios a cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible relacionados con el área de la salud. Se espera que esta inversión movilice la provisión de fondos adicionales por parte del sector público, para restaurar, ampliar y sostener el acceso a servicios sanitarios esenciales; aumentar la protección contra riesgos financieros; mejorar la disponibilidad de vacunas, medicamentos, elementos de diagnóstico, dispositivos y otros productos sanitarios; extender modelos innovadores en el área de la provisión de servicios de salud primarios; e invertir en personal sanitario. Estos mecanismos de colaboración son esenciales para crear ecosistemas favorables a la participación del sector privado, sobre todo en lo referido al desarrollo de habilidades e inversiones en capital humano especializado.

Frente a desafíos globales demasiado grandes y complejos para que cualquier país los resuelva por sí solo, la clave del éxito es la cooperación internacional, no sólo entre estados, sino también entre los gobiernos y el sector privado. El propósito de las instituciones financieras multilaterales es facilitar esa cooperación. En tiempos en que fuerzas mundiales centrífugas amenazan con dividirnos, esas instituciones tienen la capacidad y el deber de tender puentes (en sentido literal y figurado) entre las personas.

Traducción: Esteban Flamini

martes, 27 de marzo de 2018

Trump cada vez más alejado del multilateralismo, advierten en Cuba ( VIDEO)


El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, impulsa una política exterior cada vez más alejada del multilateralismo, advirtió hoy aquí el investigador cubano Luis René Fernández.
En declaraciones a Prensa Latina, el profesor titular del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre los Estados Unidos (Cehseu), precisó que esa postura coloca al mandatario republicano en una posición difícil de cara a la VIII Cumbre de las Américas de Lima, Perú, que tendrá su segmento de alto nivel el 13 y 14 de abril.
La cumbre por su naturaleza es multilateral, pero está administración parece decantarse por la negociación bilateral, además de por la polarización y la división interna, agregó el doctor en Ciencias Económicas.
De acuerdo con Fernández, desde su campaña electoral, Trump -quien asumió el cargo en la Casa Blanca en enero de 2017- ha creado problemas, ofendido y manifestado racismo.
Anteriores presidentes, en particular su predecesor en la Oficina Oval, Barack Obama, con sus contradicciones, sí han tratado de dar una visión multilateral y de buscar un acercamiento a través del diálogo, dijo.
El investigador del Cehseu, centro de la Universidad de La Habana, recordó que en la Cumbre de las Américas previa, celebrada en 2015 en Panamá, Obama se presentó como un allanador del camino del mejoramiento de las relaciones con Cuba, lo cual fue aplaudido en el continente.
Si Trump viaja a Lima, llegará allí en condiciones muy difíciles, por el bajo respaldo y la poca aceptación y confianza que genera en la región, sobre todo en los ciudadanos, subrayó.
Según el experto, el mandatario ni siquiera parece tener el apoyo de organizaciones de la derecha latinoamericana, porque su discurso no se ajusta a la visión multilateral y el predominio del diálogo y la comunicación que se supone acompañen a las cumbres de las Américas.
Trump divide, segmenta y agrede, y promueve una particular hostilidad contra Cuba y Venezuela, lo cual no lo colocan en posición de apostar por mejores relaciones hemisféricas, insistió.
Fernández denunció que el jefe de la Casa Blanca demuestra con sus actuaciones interés en renovar el enfoque de la Guerra Fría.
PL