Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

sábado, 4 de julio de 2020

Florida, como un país en desarrollo



MILÁN/HANGZHOU – La pandemia de COVID‑19 llegó como una serie de olas, que empezó en Asia, donde en poco tiempo se extendió desde el territorio continental de China a Corea del Sur, Hong Kong y Taiwán. Los gobiernos en cuestión reaccionaron enseguida con programas intensivos de seguimiento, rastreo y contención, y China indujo una contracción económica masiva pero efímera con la que hasta cierto punto consiguió detener el virus en seco.

En tanto, una segunda ola, que ahora está en sus etapas medias a tardías, atravesó las economías desarrolladas de Europa, Norteamérica y Oceanía. Lo mismo que en Asia, hubo entre los diversos países variaciones en cuanto a estrategias de contención y resultados; pero en términos generales, la mayoría de los gobiernos respondieron tarde, lo que dio al virus tiempo para propagarse antes de la introducción de medidas de control.

En cualquier caso, en las economías de la primera y segunda ola, la pandemia siguió una pauta clara. Tras una marcada contracción económica (fase uno) se llega a un valle (fase dos), durante el cual la tasa de propagación del virus se reduce hasta el punto en que las recuperaciones superan a los casos nuevos confirmados. Luego viene un período de reapertura gradual por etapas, durante el cual se mantienen precauciones para la contención del virus (fase tres).


Pero la tercera ola de la pandemia genera mucha inquietud porque es diferente. Aunque llegó más tarde, se está extendiendo a gran velocidad por la mayor parte de los países en desarrollo, donde viven dos tercios de la población mundial. Además, esta ola, que equivale a más del 60% de los nuevos casos confirmados, dejó a una cantidad alarmante de países muy poblados detenidos en el período de «economía de pandemia» anterior a la fase tres, con ambas crisis, la económica y la sanitaria, saliéndose básicamente de control.



La aparente dificultad para controlar la propagación del virus incluso con períodos sostenidos de contracción económica es una característica exclusiva y preocupante de la tercera ola. Y como muestran los gráficos 2 y 3, se da en una amplia variedad de países en Asia, América Latina y África.


En la mayor parte de los países en desarrollo, una proporción considerable de la población carece de recursos para soportar un cierre prolongado de la actividad económica, y la capacidad fiscal de los gobiernos para proveer protección es (a veces muy) limitada. Por eso muchos de estos países no tendrán otra opción que empezar a reabrir la economía aunque no hayan contenido la propagación del virus.

Lo que está ocurriendo en los países en desarrollo es una tragedia, pero la tercera ola no ha recibido tanta atención como la crisis en Estados Unidos, donde la presentación de datos agregados en el nivel nacional dificulta ver el hecho de que en este momento hay en este país dos economías de pandemia con pautas muy diferentes. Varios estados en el sur y el suroeste están acercándose o regresando a la pauta de tercera ola que se observa en las economías en desarrollo: apertura económica con propagación veloz del virus.


Los últimos datos sobre nuevos contagios en Florida sugieren un tiempo de duplicación de casos inferior a 19 días, lo que coloca el brote en ese estado claramente dentro de la fase de propagación «descontrolada». Y una pauta similar puede hallarse en datos recientes de Texas y algunos otros estados.


En Estados Unidos, 27 estados derogaron las medidas de confinamiento antes del 15 de mayo, mientras que los otros 23 comenzaron la reapertura en esa fecha o después. Como muestran claramente los datos sobre nuevos casos, los estados que reabrieron antes han experimentado un aumento considerable de contagios.


Sin embargo, incluso en los estados que reabrieron antes del 15 de mayo, la economía de pandemia siguió trayectorias diferentes. California se mantiene en la fase de contención del virus, pero otros estados (Florida, Texas) están retrocediendo a la zona de peligro, con un tiempo de duplicación de casos menor o igual a 18 días.


En tanto, de los estados que derogaron el confinamiento el 15 de mayo o después, la mayoría (incluidos Minnesota, Washington y el muy afectado estado de Nueva York) exhiben la típica pauta de segunda ola: una trayectoria lenta pero sostenida hacia la reducción de nuevos contagios y el aumento de la actividad económica. Una excepción notable es Arizona, donde los casos activos muestran una vez más un crecimiento exponencial.


La razón más probable para la recaída de estos estados es que sus gobiernos reabrieron la economía demasiado pronto, demasiado rápido o ambas cosas. En algunos casos tal vez hayan decidido que la elección entre el control del virus y la recuperación económica debía inclinarse en favor de la segunda. También es evidente que algunos estados y localidades se tomaron la fiscalización de las medidas precautorias (distanciamiento social, uso obligatorio de mascarillas) con más seriedad que otros. Y sobre todo, estos estados de la «tercera ola» carecen de programas de testeo y seguimiento sustanciales, lo que limita la capacidad para contener el virus y aumenta el riesgo implícito en la reapertura.1

En el caso de los países en desarrollo, la profundización de la crisis tiene una explicación obvia: muchos carecen de recursos económicos, médicos y fiscales para contener el virus y dar apoyo a sus poblaciones durante un período de confinamiento prolongado. Pero no se pueden aplicar las mismas razones a una economía avanzada como Estados Unidos.

De modo que al parecer, una parte de Estados Unidos seguirá la pauta de la segunda ola, junto con Europa, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, mientras otra parte emprende una trayectoria similar a la de los países en desarrollo. Pero a diferencia de estos, los estados de la tercera ola en Estados Unidos todavía tendrán la opción de cambiar de rumbo, con posibilidad de sumarse a la segunda ola, si es que logran reunir la voluntad política para hacerlo.

Traducción: Esteban Flamini


MICHAEL SPENCE, a Nobel laureate in economics, is Professor of Economics Emeritus and a former dean of the Graduate School of Business at Stanford University. He is Senior Fellow at the Hoover Institution, serves on the Academic Committee at Luohan Academy, and co-chairs the Advisory Board of the Asia Global Institute. He was chairman of the independent Commission on Growth and Development, an international body that from 2006-10 analyzed opportunities for global economic growth, and is the author of The Next Convergence: The Future of Economic Growth in a Multispeed World


CHEN LONG, a former chief strategy officer at Ant Financial, is Director of Luohan Academy, Executive Provost of the Hupan School of Entrepreneurship, Chairman of Alibaba’s Research Council, and a member of the International Monetary Fund's FinTech Advisory Group.

Llama Díaz-Canel a trabajar con rigor, sin menospreciar ninguna de las decisiones tomadas

Por: Leticia Martínez, Cubadebate
4 julio 2020 
Díaz-Canel hizo referencia a un grupo de aspectos que hay que seguir tomando en cuenta en esta etapa que vive la nación, como el fortalecimiento del pesquisaje y el autopesquisaje
Díaz-Canel hizo referencia a un grupo de aspectos que hay que seguir tomando en cuenta en esta etapa que vive la nación, como el fortalecimiento del pesquisaje y el autopesquisaje. Foto: Estudios Revolución
Cuando Cuba entera ya está de lleno en la recuperación tras la epidemia de la COVID-19 — algunas provincias en fase uno y otras en la dos—, el Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, indicó “continuar trabajando con todo rigor, con toda exigencia, sin menospreciar ninguno de los elementos y decisiones que se han tomado”.
Al encabezar, junto al Primer Ministro, Manuel Marrero Cruz, la última reunión de esta semana del grupo temporal de trabajo para la prevención y control del nuevo coronavirus, el Jefe de Estado señaló que “cada vez que cometemos un error o cuando no se siguen con rigor algunas de las indicaciones y protocolos que están planteados y en aplicación, eso siempre nos provoca el surgimiento de un grupo de casos y una trasmisión local, que implica más seguimiento en determinadas situaciones”.
El mandatario destacó los estudios que a nivel internacional revelan que el virus está teniendo nuevas cepas, que son más infecciosas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) está alertando que puede haber más propagación y eso en la situación en que nosotros estamos hoy y en el avance que vamos teniendo en cada una de las fases de la recuperación, exige que se continúe trabajando con disciplina, recalcó.
Díaz-Canel hizo referencia a un grupo de aspectos que hay que seguir tomando en cuenta en esta etapa que vive la nación, como el fortalecimiento del pesquisaje y el autopesquisaje; además de la filosofía de tratar a la persona que llega enferma a una institución médica como si tuviera la COVID-19, hasta que se demuestre que puede ser otro padecimiento.
Se tienen que aplicar en todas las provincias y territorios, aclaró, los indicadores epidemiológicos que se han aprobado para cada una de las etapas. “Eso no se puede violar y hay que transparentarlo en cada una de las informaciones que se dan a la población”, enfatizó el mandatario.
Entre varias puntualizaciones dirigidas al grupo temporal de trabajo y los gobernadores, el Presidente de la República habló de “continuar con el procedimiento para reforzar el control epidemiológico en frontera, en una primera etapa con la toma de muestras de PCR, porque ya vamos a tener más afluencia”.
Asimismo, dijo, seguir fortaleciendo los recursos humanos y la infraestructura para la atención médica en la planta hotelera del país, particularmente en las instalaciones de los cayos, por donde primero se abre al turismo internacional.
El Jefe de Estado comentó acerca de la implementación del procedimiento del periodo de cuarentena para los viajeros cubanos e inmigrantes, a partir de la fase tres. Eso implica, agregó, que se deben determinar los hospitales que se van a quedar en el manejo de la COVID-19 y los centros destinados a sospechosos, contactos y viajeros, que permanecerán y deben estar certificados todos por el Ministerio de Salud Pública.
Con una visión más a futuro, Díaz-Canel indicó continuar el trabajo para fortalecer las unidades de cuidados intensivos, con todas las experiencias que hemos tenido y con las que nos están aportando las brigadas médicas que van regresando.
De la misma manera, añadió, hay que seguir el proyecto de producción de equipos de ventilación pulmonar y otros medios, por la industria nacional y BIOCUBAFARMA; la aplicación de los avances en la tecnología SUMA con relación al diagnóstico de la COVID-19; y la atención a los protocolos de terapias regenerativas para el tratamiento a los pacientes con enfermedades que son secuelas de ese peligroso virus.
El Presidente de la República precisó que debe proseguir el desarrollo de los candidatos vacunales específicos para la COVID-19 y la actualización de los resultados finales de la aplicación en los pacientes con SARS-Cov-2 del anticuerpo monoclonal anti-CD6, el péptido CIGB-258 y el Heberferón.
De esos retos que quedan por delante, señaló el fortalecimiento de la atención primaria de Salud, sobre todo el tratamiento diferenciado a los grupos vulnerables; el estricto cumplimiento de las medidas higiénico-sanitarias en todas las fases y de la pesquisa activa, “que es uno de los elementos que más seguridad nos da en todo este enfrentamiento”; y mantener los estudios aleatorios para detectar casos asintomáticos.
En esta reunión desde el Palacio de la Revolución rindieron cuenta nuevamente las provincias de La Habana y Matanzas, ambas en la primera fase de la recuperación, aunque en momentos diferentes; así como Granma y Holguín, con trabajos más consolidados y que transitan la segunda fase sin alteraciones en la situación epidemiológica de sus territorios.
Las autoridades de cada uno de esos consejos de defensa provinciales detallaron las medidas tomadas como parte de la desescalada gradual. Particularmente la vicegobernadora de la capital, Yanet Hernández Pérez, informó que La Habana sigue cumpliendo los indicadores establecidos por Salud Pública.
La tasa de incidencia en la provincia, detalló, disminuye a 2,58 por cada 100 mil habitantes en los últimos quince días; el índice reproductivo es de 0,61; existen 45 casos activos, que representan el 3,44% del total; los positivos con fuente de infección conocida están al 92,7%; y mantenemos un evento abierto de transmisión en Centro Habana.
Respecto a la capital y luego de conocer que quedan varias muestras PCR por saber sus resultados en Cuatro Caminos y el Cerro, los dos focos que están generando casos actualmente, el Primer Ministro apuntó que hay que estar preparados para, si se mantiene algún evento de transmisión, aplicar la cuarentena donde corresponda y así el resto de la provincia puede seguir funcionando con normalidad.
Tenemos que ser muy estrictos, destacó, con todos los lugares donde nos vayan saliendo casos concentrados; y las pesquisas tienen que ser ahora más profundas que nunca, insistió.
La clave, se concluyó en la reunión, es mantener el rigor que ha llevado a la victoria en el enfrentamiento a la epidemia. Los números que informó este sábado el ministro de Salud Pública, José Angel Portal Miranda, dan cuenta de lo que Cuba ha logrado con disciplina y constancia: de los 2 369 pacientes diagnosticados con la enfermedad, se mantienen confirmados solo 54, de ellos el 96,3% con una evolución clínica estable.
Los números que informó este sábado el ministro de Salud Pública, José Angel Portal Miranda, dan cuenta de lo que Cuba ha logrado con disciplina y constancia: de los 2 369 pacientes diagnosticados con la enfermedad, se mantienen confirmados solo 54, de ellos el 96,3% con una evolución clínica estable
Los números que informó este sábado el ministro de Salud Pública, José Angel Portal Miranda, dan cuenta de lo que Cuba ha logrado con disciplina y constancia. Foto: Estudios Revolución
En la Mayor de las Antillas se ha tenido que lamentar la muerte de 86 personas, pero también se ha festejado la vida de 2 227 pacientes, ya totalmente fuera de peligro. Ahí radica el éxito.

La construcción de ciudades inclusivas y sostenibles en el período de recuperación de la pandemia no es un mito urbano


Crédito de la fotografía: Diego Sugoniaev/Shutterstock.com

Banco Mundial[1]

El camino hacia el desarrollo económico

Durante más de 100 años, la línea 7 del metro de la ciudad de Nueva York ha conectado Jackson Heights, Elmhurst y Corona, vecindarios de clase media de Queens, con Midtown y el lujoso West Side de Manhattan. En tiempos normales, el tren 7 lleva 500 000 personas por día a trabajar en el enorme y diverso mercado laboral de Nueva York. Un viaje de 24 minutos desde la Avenida Roosevelt/Calle 74 de Jackson Heights hasta Times Square conecta vecindarios que se diferencian por ingresos medios anuales de USD 78 000. El viaje en el tren 7 es un camino hacia el desarrollo económico.

La pandemia de coronavirus (COVID-19) ha paralizado la ciudad desde marzo, y las órdenes de permanecer en el hogar continúan vigentes en un contexto de aumento de las infecciones y las muertes. Se ha hecho mucho hincapié en las desventajas de la densidad de la ciudad de Nueva York; las imágenes de las largas filas de pacientes afuera del Hospital Elmhurst, sobrecargado de casos de COVID-19, han quedado grabadas en las mentes de millones de personas de todo el mundo. Los males de la densidad han sido el tema central en las conversaciones populares y políticas sobre la COVID-19 mientras las ciudades se esfuerzan por aplanar la curva y limitar el contagio.

Debajo de la línea 7 elevada, Jackson Heights, un animado y concurrido vecindario de inmigrantes cuyas tiendas de saris y bocadillos samosa chaat recuerdan a Karol Bagh en Nueva Delhi, es actualmente el vecindario más afectado por el virus (véase el mapa 1a). Los casos de COVID-19 ascienden a 4125 por cada 100 000 habitantes en el área del código postal 11368 local.[2] En el otro extremo de la línea 7, en Chelsea, la zona más acomodada con el código postal 10011, el número de casos es mucho menor (925 por cada 100 000 habitantes). Si bien quizás sea lo que cabe esperar (los vecindarios densamente poblados presentan el mayor riesgo de contagio), los datos empíricos indican algo completamente diferente.


Los vecindarios de West Queens no son los más densos de la ciudad de Nueva York (mapa 1b). West Queens tiene una densidad de 12 584 habitantes por kilómetro cuadrado, mientras que, en Chelsea, en el otro extremo de la línea 7, la densidad asciende a 30 923 habitantes por kilómetro cuadrado. En el Upper East Side de Manhattan las cifras son aún más elevadas, con densidades superiores a 58 000 habitantes por kilómetro cuadrado. La densidad y las infecciones no van a la par a lo largo de la línea 7, ni en la zona metropolitana de Nueva York (gráfico 1).

Lo que marca la diferencia son los ingresos de los vecindarios y las características conexas, que moderan la medida en que las inversiones complementarias en estructuras (es decir, viviendas), infraestructura y servicios transforman los lugares hacinados en sitios densos y habitables. En Chelsea, el centro económico de la ciudad, la tierra tiene un valor más elevado. Gracias a las eficientes reglamentaciones de planificación y desarrollo urbanístico, los urbanizadores tienen incentivos para construir estructuras altas y crear una gran cantidad de superficie útil (véase el mapa 2).

[Mapas 1 a-c: Incidencia de la COVID-19, densidad e ingresos en la ciudad de Nueva York]


Los casos de COVID-19 se han extraído del portal de datos del Departamento de Salud de la Ciudad de Nueva York (https://github.com/nychealth/coronavirus-data). La densidad se calcula en función de la población (Encuesta sobre la Comunidad Estadounidense 2018) y las zonas edificadas urbanas (World Settlement Footprint 2015).

[Mapa 2: Alturas de los edificios a lo largo de la línea 7 del metro de la ciudad de Nueva York]



Fuente de los datos: Centro Aeroespacial Alemán.

En los vecindarios de ingreso bajo, los urbanizadores no tienen incentivos para agregar superficie útil o exigir mejoras adicionales de la infraestructura. Especialmente en la ciudad de Nueva York, las personas viven en espacios más reducidos, a menudo en familias multigeneracionales, y tienen trabajos que exigen la interacción en persona. El riesgo de contagio aumenta en los vecindarios que carecen de estructuras físicas y servicios que mejoren la habitabilidad, y donde los residentes no tienen otra opción que salir todos los días a buscar trabajo o servicios. En definitiva, la geografía económica, no la geografía física, determina el riesgo de contagio. Afirmar lo contrario es un mito urbano.

Gráfico 1: La incidencia de la COVID-19 y la densidad no van a la par en la ciudad de Nueva York; los ingresos y la densidad están correlacionados


Los casos de COVID-19 se han extraído del portal de datos del Departamento de Salud de la Ciudad de Nueva York (https://github.com/nychealth/coronavirus-data). La densidad se calcula en función de la población (Encuesta sobre la Comunidad Estadounidense 2018) y las zonas edificadas urbanas (World Settlement Footprint 2015).

La focalización geográfica puede ayudar a las ciudades en desarrollo a salvar vidas y proteger a los grupos vulnerables durante la pandemia

Al igual que en Nueva York, las diferencias considerables en la geografía económica se han relacionado con los casos de COVID-19 en todo el mundo. En ciudades en desarrollo como El Cairo, Mumbai, Manila y Nairobi, se han implementado confinamientos a gran escala —aplicados y exigidos con diversos grados de éxito— para contener la propagación del coronavirus y ayudar a los sistemas de salud a hacer frente a la situación. Una preocupación importante es la geografía económica: una gran proporción de habitantes de ciudades de África y Asia vive en barrios marginales y asentamientos informales, donde las condiciones de vida precarias y los servicios públicos inadecuados, especialmente de abastecimiento de agua y saneamiento, pueden exacerbar el contagio. En Dar es Salam, el 28 % de los habitantes vive, como mínimo, de a tres por habitación; el 50 % de Abiyán vive en condiciones de hacinamiento. Los residentes carecen de espacios abiertos y sufren a causa de la infraestructura inadecuada; comparten grifos y letrinas y, a menudo, 200 personas utilizan cada centro de servicios comunitarios. En Sudáfrica, apenas el 44 % de los habitantes tiene acceso al agua dentro de su vivienda y solo el 61 % tiene acceso a un inodoro. Urge salvar vidas y proteger los medios de subsistencia de las personas pobres y vulnerables, muchas de los cuales viven en barrios marginales y asentamientos informales. Incluso durante el confinamiento, debido a la limitada superficie útil y la necesidad de agruparse en torno a servicios públicos como los baños y grifos comunitarios, los habitantes de estos entornos no pueden mantener distancias físicas seguras entre ellos.

A fin de responder a la crisis emergente en las ciudades en desarrollo, el Banco Mundial ha creado una metodología que puede ayudar a las autoridades municipales a dirigir los insumos médicos y otros recursos esenciales a las posibles “zonas críticas”, es decir, los lugares con los niveles más elevados de exposición y riesgo de contagio. Se aplica la perspectiva de la geografía económica y se tienen en cuenta las inversiones en infraestructura, la disponibilidad de servicios públicos y la probabilidad de contagio.

Esta metodología se creó en abril de 2020 con el objetivo de implementarla rápidamente sobre la base de tres conjuntos de datos de todo el mundo que revelan la densidad de población, la superficie habitable disponible y el acceso a servicios básicos, como grifos y baños. [3] Estos datos, combinados, indican dónde y cómo viven las personas. Los datos sobre los lugares donde viven las personas provienen de WorldPop y Facebook, y los datos sobre los servicios esenciales se obtienen mediante OpenStreetMap. Los datos de densidad y superficie útil, disponibles en cuadrículas de 100 metros por 100 metros, proporcionan información detallada a nivel de los subvecindarios. El Banco Mundial también se asoció con el Centro Aeroespacial Alemán para acceder a su innovador producto World Settlement Footprint 3D, que brinda información sobre la altura de los edificios, lo que permite estimar la superficie habitable disponible en un edificio determinado.

Como se observa a lo largo de la línea 7 del metro de Nueva York, una superficie útil adecuada puede tornar habitable una zona de alta densidad, mientras que una superficie útil insuficiente puede hacer que aun las zonas de densidades moderadas se saturen y se vuelvan inhabitables. En Mumbai, los barrios marginales de Dharavi enfrentan un triple desafío: la densidad de población sumamente alta, la superficie útil muy limitada y la escasez de infraestructura, espacios públicos y servicios. Resulta sobrecogedor pensar en el riesgo de contagio que presentan 68 400 personas hacinadas en 1 kilómetro cuadrado de tierra, sin grifos ni baños en sus hogares. Según nuestra metodología de zonas críticas, se prevé que 5,2 millones de personas de Mumbai presentan riesgo de infección, incluso con las medidas de confinamiento vigentes. En el gráfico 2 se muestran las zonas de contención de Mumbai al 9 de mayo, superpuestas con las zonas críticas previstas. Las zonas de contención se definen según el número de casos activos en los lugares donde se han adoptado medidas estrictas para prevenir el contagio. Más del 30 % de las zonas actuales se encuentran en las zonas críticas previstas, con una coincidencia notable en los asentamientos hacinados de Dharavi. Es probable que la mayor prevalencia de pruebas en muchas ciudades en desarrollo, especialmente en los vecindarios menos prósperos, mejore las tasas de coincidencia y permita predecir la infección con más precisión. 

Gráfico 2: Infecciones de COVID-19 en vecindarios hacinados y subatendidos de Mumbai


Se han definido zonas críticas en 15 ciudades en desarrollo, a fin de respaldar los esfuerzos dirigidos por las ciudades para controlar el contagio y proteger a los grupos vulnerables, y está previsto ampliar esta labor en otras 30 ciudades. 

En el gráfico 3 se muestra que el 25 % la población de El Cairo corre riesgo de infectarse, a pesar de los límites a la interacción social. En Dar es Salam, el 74 % de la población está en riesgo. Estas evaluaciones de las zonas críticas pueden resultar útiles para las autoridades municipales, quienes están a la vanguardia de los esfuerzos de respuesta temprana.

Muchas de las respuestas dirigidas por las ciudades se han centrado en dos esferas: la prestación de servicios básicos (abastecimiento de agua, saneamiento, higiene y nutrición) y la mejora de las comunicaciones y las estrategias de afrontamiento relacionadas con el coronavirus. Yakarta ha renovado sus informales kampungs con contenedores de agua y dispensadores de jabón públicos de bajo costo, como parte de un programa de concientización de la comunidad. En Monrovia, Liberia, la Alianza de las Ciudades ha respaldado los esfuerzos de difusión en asentamientos informales para crear conciencia acerca de las medidas básicas de higiene y la gestión de desechos. En la capital de Rwanda, Kigali, se han instalado lavabos portátiles para el lavado de manos en paradas de autobuses, restaurantes, bancos y tiendas. En muchas ciudades del mundo se han implementado medidas similares.

Las intervenciones actuales del Banco en las ciudades demuestran que el enfoque basado en zonas críticas da buenos resultados. En Egipto, el comité interministerial nacional de la COVID-19 se ha basado en los mapas de zonas críticas para analizar la creación de un enfoque de gestión de riesgos diferenciado espacialmente para la zona metropolitana de El Cairo. En Kinshasa, en la República Democrática del Congo, se están utilizando las zonas críticas previstas para crear un índice de vulnerabilidad, a fin de focalizar espacialmente las transferencias monetarias de emergencia a través del plan de respuesta multisectorial a la COVID-19 del Gobierno. En Filipinas, las zonas críticas están ayudando a los funcionarios municipales de Manila a definir las esferas en que se necesita apoyo de emergencia con mayor urgencia, por ejemplo, el suministro de agua limpia.

Gráfico 3: Predecir las zonas críticas de la COVID-19 para ayudar a las ciudades a salvar vidas y proteger a los grupos vulnerables


En términos generales, existe una fuerte correlación entre la pobreza y las malas condiciones de vida, como sucede en los barrios marginales y los asentamientos informales de las ciudades de los países en desarrollo. En los países y regiones donde los catastros de los hogares pobres y vulnerables están incompletos y los enfoques de focalización mediante la comprobación de medios económicos no es factible, la focalización geográfica basada en las zonas críticas puede ser un indicador indirecto fiable y ayudar a las ciudades a focalizar los esfuerzos de emergencia en los grupos vulnerables.

Reestructurar la densidad para volver a construir mejor que antes

La pandemia de la COVID-19 ha puesto bajo la lupa las disparidades sociales y espaciales dentro de las ciudades como nunca antes. Los vecindarios reducidos y hacinados donde residen los trabajadores y los pobres —gran parte de Queens de Nueva York, Dharavi de Mumbai o los albergues para trabajadores migrantes de otras ciudades— han soportado una carga excesiva de infecciones y medios de subsistencia perdidos. A medida que los países salen de la pandemia, existe una necesidad urgente de ayudar a las ciudades a reestructurar sus densidades económicas para que su tejido urbano sea socialmente inclusivo y sostenible desde el punto de vista ambiental.

A continuación, se detallan cinco medidas prácticas que las autoridades municipales pueden adoptar.

Planificar, crear y proteger los espacios públicos. Es fundamental repensar la escala, el diseño y la distribución espacial de los espacios públicos, que incluyen las aceras, los parques, los lugares abiertos y los establecimientos públicos, como bibliotecas y centros comunitarios. Esto es especialmente importante en las ciudades hacinadas de los países en desarrollo, donde la superficie útil del hogar es limitada y las familias generalmente son numerosas. Esta medida mejoraría el distanciamiento social y las actividades recreativas, a la vez que brindaría oportunidades para optimizar la respuesta y la recuperación ante la COVID-19. Por ejemplo, los terrenos de Goregaon, un parque natural de Mumbai, India, y la villa deportiva de Hyderabad se están utilizando como centros de cuarentena provisionales. En Atenas, Grecia, está previsto asignar 50 000 metros cuadrados de espacio público para ciclistas y peatones, incluida una “gran pasarela” de 4 millas que conectará los sitios arqueológicos en el centro histórico. En Dublín, Irlanda, se han reservado franjas de tierra para peatones y ciclistas, a fin de facilitar el distanciamiento físico, en el marco de un “plan de movilidad temporal” que podría prolongarse. En Bogotá, Colombia, los funcionarios municipales han construido 70 kilómetros de carriles exclusivos para la circulación de bicicletas, y en Auckland, Nueva Zelandia, se ha restringido el derecho de paso vehicular para ampliar el ancho de las aceras, a fin de facilitar el distanciamiento social. Estos cambios no solo harán que sea más seguro trasladarse en estas ciudades en un mundo transformado por la COVID-19, sino que también mejorarán la habitabilidad para los habitantes de vecindarios hacinados.

Modificar las reglamentaciones para crear una mayor superficie útil. El hacinamiento aumenta la densidad al reducir la cantidad promedio de espacio útil por persona, mientras que la altura permite lograr una densidad económica al agregar pisos y superficie útil. Sin embargo, las estrictas normas sobre densidad generalmente restringen las alturas de los edificios y la cantidad de propiedad que se puede construir en una parcela de tierra. Esto limita artificialmente la superficie útil que se puede edificar, como se observa en las zonas centrales de San Pablo, Brasil, y en Mumbai. Es preciso organizar las ciudades en zonas más pequeñas de densidades diferenciadas, basadas en la capacidad y la demanda de infraestructura, especialmente, el transporte. Los vecindarios urbanos necesitan una densidad de “Ricitos de Oro”: ni muy alta ni muy baja, sino “perfecta”.[4] Asimismo, debe tenerse en cuenta que la densidad “perfecta” cambia con el tiempo y varía según el vecindario. Los vecindarios urbanos pueden aumentar la densidad económica mediante instrumentos de financiamiento y recuperación de plusvalías inmobiliarias, que también influyen en los valores y la demanda de la tierra. En San Pablo se adoptó un enfoque similar cuando se subastaron los derechos de edificabilidad.

Movilizar financiamiento para infraestructura urbana a fin de fortalecer la capacidad de las comunidades y los Gobiernos locales para mejorar las condiciones de vida en los barrios marginales e informales. La necesidad más acuciante es el acceso al agua potable y al saneamiento. Los grifos de agua públicos y los baños comunitarios son servicios esenciales; sin embargo, dado que suponen un contacto estrecho entre las personas, también son zonas críticas de transmisión de enfermedades. Todavía más preocupante es el hecho de que estas instalaciones pueden aumentar la desigualdad de género. Las mujeres que utilizan los servicios comunitarios pueden verse expuestas a mayores riesgos relacionados con la higiene durante la menstruación o a amenazas físicas por la noche, y las jóvenes se arriesgan a desaprovechar sus estudios si dedican muchas horas a buscar agua. Es necesario ampliar las intervenciones focalizadas que mejoran la capacidad del Estado y la comunidad, combinadas con el financiamiento para infraestructura y servicios. La planificación y el financiamiento deben estar interconectados, no desarticulados. Por ejemplo, además de invertir en infraestructura y servicios para los vecindarios, mediante el Programa Nacional de Mejoramiento de los Barrios Marginales en Indonesia (KOTAKU), se ha fomentado la participación ciudadana dentro de los barrios marginales y se ha mejorado la capacidad de planificación del Gobierno local. No solo han mejorado las condiciones de vida, sino que el incremento general de la capacidad ha permitido que estas comunidades respondan con más eficacia a la pandemia mediante la implementación de videoconferencias en línea, el seguimiento de la salud en la comunidad y los protocolos para las obras de construcción.

Garantizar los derechos de propiedad y sobre la tierra. Sin la tenencia segura de la tierra y la propiedad, los habitantes pobres, ya sea de asentamientos ilegales o informales, tienen pocos incentivos para mejorar las condiciones de sus viviendas. El riesgo de desalojo o demolición reduce las inversiones que los pobres de zonas urbanas pueden realizar para mejorar su vida. La regularización de la tenencia de la tierra y la propiedad para los ocupantes ilegales y colonos informales se ha relacionado con aumentos de los valores de las tierras y las propiedades, importantes inversiones en la consolidación de las viviendas y otros beneficios socioeconómicos, por ejemplo, mejores resultados en materia de educación y salud, para los niños de muchas partes del mundo.[5]

Propiciar los cielos azules. Cuando las intervenciones dirigidas a frenar la propagación del virus sacaron a los vehículos de la calle y cerraron las empresas contaminantes, los habitantes de muchas ciudades de los países en desarrollo disfrutaron de cielos azules y aire puro por primera vez en décadas. En Manila, por ejemplo, las emisiones de NO2 se redujeron en un 65 %.[6] El aire puro hace que las ciudades sean más habitables y productivas, a la vez que fomenta el desarrollo del capital humano.[7] Actualmente, las ciudades tienen una oportunidad única para preservar la calidad del aire mientras se recuperan sus economías. En Egipto, el Gobierno tiene previsto ampliar la red del metro de El Gran Cairo para brindar servicios a 6 millones de pasajeros por día en 2025, en comparación con los 3,5 millones que puede transportar en la actualidad. Asimismo, tiene previsto otorgar subsidios a los propietarios de automóviles particulares a fin de ayudarlos a convertir sus vehículos para que funcionen con gas natural.[8] El aire puro no solo mejorará los servicios locales, sino que también generará un beneficio secundario mundial al reducir la intensidad de las emisiones de carbono. En resumen, es fundamental que los paquetes de estímulo relacionados con la COVID-19 aprovechen esta oportunidad única para impulsar la economía y, a la vez, contribuir a un futuro más sostenible y mitigar los impactos del cambio climático.

Notas:
[1] Agradecemos a Richard Damania por sus útiles comentarios. También agradecemos a Gaurav Bharadwaj y Hogeun Park por su apoyo para el análisis de datos. 
[2] Los casos de la enfermedad por coronavirus 2019 (COVID-19) se han extraído del portal de datos del Departamento de Salud de la Ciudad de Nueva York (https://github.com/nychealth/coronavirus-data)     .
[3] Si bien se utilizan datos mundiales, el Banco ha comenzado a colaborar con organizaciones comunitarias mediante la campaña internacional “Conoce tu ciudad” de Slum Dwellers International, Ciudades y Gobiernos Locales Unidos de África y la Alianza de las Ciudades para validar las “zonas críticas” y mejorar la precisión de las predicciones.
[5] Galiani, Sebastian y Ernesto Schargrodsky (2010), “Property rights for the poor: Effects of land titling” (Derechos de propiedad para los pobres: Efectos del otorgamiento de títulos de propiedad), en Journal of Public Economics, 94, números 9-10, pp. 700-729.
[7] Kahn, Matthew, Nancy Lozano Gracia y María Edisa Soppelsa (2019), Does Pollution Hinder Urban Competitiveness? (¿La contaminación obstaculiza la competitividad urbana?) (en inglés), documento de trabajo sobre investigaciones relativas a políticas de desarrollo n.° WPS 8739, Washington, DC, Grupo Banco Mundial.

El virus de Trump crece, y su economía se estanca

Los cuatro próximos meses van a ser muy feos. Millones de estadounidenses perderán su salvavidas económico



Donald Trump insiste en que el coronavirus pasará.DOUG MILLS / AFP

Hace poco más de dos semanas, The Wall Street Journal publicaba una tribuna de opinión del vicepresidente Mike Pence titulada “No hay ‘segunda ola’ de coronavirus”. Se suponía que el artículo levantaría el ánimo al país. Pero fue, más bien, un claro ejemplo de los delirios y el pensamiento mágico que han caracterizado cada paso de la respuesta del Gobierno de Trump a la covid-19, que ha provocado un desastre político de proporciones épicas.

Pongámoslo así: a estas alturas, según los funcionarios y los sicofantes de Trump, supuestamente estaríamos viendo una pandemia en retroceso y una recuperación espectacular. Lo que tenemos, en cambio, es una recuperación en retroceso y una pandemia espectacular. Acerca de la pandemia: el artículo de Pence declaraba alegremente que “los casos se han estabilizado”, con una cifra media diaria de solo 20.000 contagiados. Incluso esa cifra, por cierto, era cinco veces mayor que la de la UE, que tiene un tercio más de población que Estados Unidos. Desde entonces, los nuevos contagios se han disparado, y el miércoles superaban los 50.000 según algunos cálculos.

De hecho, en estos momentos, Arizona, con siete millones de habitantes, declara tantos casos nuevos al día como toda la UE, con 446 millones. Algunos partidarios de Trump siguen intentando borrar de la mente ese aumento de los contagios porque consideran que es una fábula creada por la realización de más pruebas. Pero no lo es. Los casos han aumentado mucho más que las pruebas. Las hospitalizaciones se han disparado en Arizona y Texas, que son el epicentro del nuevo pico; en ambos estados, los hospitales están en modo crisis. (Florida, que probablemente esté en la misma situación, no ha publicado datos de hospitalizaciones).

La única noticia ligeramente buena es que las muertes por coronavirus siguen disminuyendo, en parte porque la nueva ola de infecciones está golpeando a personas más jóvenes que la primera, y en parte quizá porque los médicos tienen más práctica a la hora de tratar la enfermedad. Pero la covid-19 puede ser debilitante y causar secuelas duraderas, aunque no mate. Además, las muertes son un indicador desfasado. En Arizona, donde la subida de casos comenzó unas dos semanas antes que en el resto del Cinturón del Sol, los fallecimientos están aumentando.

El caso es que el repunte de la covid-19 era completamente predecible, y se predijo. Cuando Donald Trump declaró que iniciaríamos una “transición hacia la grandeza” —es decir, que nos apresuraríamos a reabrir la economía a pesar de que la pandemia seguía descontrolada— los epidemiólogos advirtieron de que esto podría desencadenar una nueva oleada de infecciones. Y acertaron. Y los economistas advirtieron de que, si bien relajar el distanciamiento social conduciría a un breve periodo de crecimiento del empleo, estas mejoras serían de corta duración, que la reapertura prematura sería contraproducente incluso en lo relativo a la economía. Y acertaron también.

No nos dejemos engañar por el elevado número de puestos de trabajo en el informe de empleo del martes; se trata de una cifra que sigue dejándonos con casi 15 millones de puestos de trabajo menos que en febrero. El informe era una instantánea de la economía durante el “periodo de referencia”, básicamente la segunda semana de junio. De modo que nos cuenta lo que estaba ocurriendo antes de que el repunte de la covid-19 se hiciera evidente. No tenemos datos oficiales sobre lo que ha ocurrido desde entonces, pero diversos indicadores en tiempo real muestran que la recuperación se ha estancado o incluso retrocedido. Efectivamente, las cosas empezaron a estropearse antes de que los estados decidieran revocar algunas de las medidas de desescalada. Es lo que tiene el miedo a la infección: mucha gente evita salir, independientemente de lo que digan sus gobernadores.

En consecuencia, el desempleo sigue por encima del 10%, y probablemente no mejore demasiado en mucho tiempo.

Ahora bien, no existe correspondencia directa entre el empleo y la expansión de la pandemia. Si todos hubiéramos llevado mascarillas y evitado políticas estúpidas como reabrir bares y reanudar las reuniones en espacios cerrados, probablemente habríamos registrado un aumento considerable del empleo sin que las infecciones se disparasen. Pero no lo hicimos, principalmente porque Trump y los gobernadores republicanos se negaron a tomar medidas sensatas. Y tampoco podemos pulsar sin más la tecla de reinicio. Las actividades que podríamos haber retomado con seguridad hace dos meses, cuando las tasas de infección de covid-19 eran bajas, han dejado de ser seguras dada la prevalencia mucho más elevada de ahora. Es decir, estamos en peor situación, incluso desde el punto de vista económico, de lo que habríamos estado si Trump y sus aliados se hubieran tomado la pandemia en serio antes.

El aspecto realmente aterrador de nuestra situación actual es que Trump y su gente no parecen haber aprendido nada de su debacle del coronavirus. El miércoles pasado Trump insistía, como lleva haciéndolo en todas las fases de la pandemia, en que el coronavirus “desaparecerá sin más”. Y los trumpistas siguen presumiendo de las cifras de empleo de junio, sin darse cuenta, por lo visto, de que están desfasadas y de que la situación probablemente haya empeorado en las últimas semanas.

Lo triste, aterrador incluso, es que los delirios de éxito trumpianos nos van a salir muy caros al resto de nosotros. Deberíamos estar dejándonos la piel para controlar los contagios de covid-19 y asegurarnos de que los estadounidenses siguen recibiendo toda la ayuda económica que necesiten. En realidad, no es probable que ocurra ninguna de las dos cosas. Las infecciones y las hospitalizaciones se dispararán aún más, y millones de estadounidenses perderán unos salvavidas económicos cruciales en pocas semanas. Los próximos cuatro meses van a ser muy, muy feos.

Paul Krugman es premio Nobel de Economía. © The New York Times, 2020. Traduccion de News Clips

Proyecto nacional: ¿Cualquiera da lo mismo?


Volvemos a la discusión central y a aquella preocupación de Fidel. Estamos de acuerdo en construir un proyecto nacional soberano, pero, ¿cualquiera da lo mismo?

En el año 1964 el profesor Andre Voisin, de la Escuela de Veterinaria de Maisson Alfort, Francia, recibió una sorpresa. Una persona, que pertenecía a la Embajada de Cuba quería entrevistarlo. El profesor Voisin no era una persona demasiado conocida, al punto que la primera vez que intentaron conectarlo, se les informó en la Escuela que no trabajaba allí. Sin embargo había publicado algunos textos como "Dinámica de los pastos", "Tetania de la hierba" y "Suelo, hierba, cáncer", que habían tenido alguna difusión entre sus colegas en Inglaterra, Canadá, España, Rusia, Hungria y Bélgica.

La segunda sorpresa que recibió fue que la persona que lo entrevistó, que era una mujer y no un hombre como supuso, venía a traerle una invitación para que diera unas conferencias en Cuba sobre su especialidad, que eran la química y la fisiológica y su vinculación con la agricultura y la ganadería.

La tercera sorpresa que recibió fue que llegando con demora a La Habana, a las tres de la madrugada, lo estaba esperando en el aeropuerto el primer Ministro Fidel Castro. Después de los saludos de bienvenida lo invitó a charlar unos minutos. La conversación duró hasta la mañana.

Pero quizás la sorpresa mayor la recibió al día siguiente cuando Castro lo invitó a recorrer algunos campos experimentales donde, desde hacía un tiempo, se estaba aplicando su propuesta de manejo de los pastos con rebaños de rodeo lechero.

La única experiencia práctica que tenía Voisin de su modelo de producción la había concretado él mismo en un pequeño tambo de 20 ha. que había recibido como herencia familiar. Ni en su propia Facultad había podido convencer a los académicos de hacer un ensayo de campo.

Al iniciarse el curso en Cuba, Fidel hizo público lo que le había confesado en privado. El dirigente cubano estaba fascinado con la idea de que pudiera producirse sin agrotoxicos y fertilizantes, y especialmente preocupado por la relación entre los modelos de producción, los alimentos y el cáncer. Corría el año 1964 y Fidel empezaba a diseñar el proyecto nacional cubano.

Es de suponer que el corazón de Voisin no aguantó tantos sobresaltos. Después de dar algunas conferencias, fue interrumpido por un ataque cardíaco que lo llevo a la tumba. En el recuerdo de quienes lo escucharon en su primera clase quedó grabada su pregunta: "¿Pero como es posible que el Primer Ministro de un país se interese por la agricultura y la química agrícola?".

Andre Voisin ha pasado a la historia como el padre del Pastoreo Racional y tiene el enorme mérito de que en pleno despliegue de la llamada "revolución verde", con su arsenal de insumos derivados del petróleo y de la industria militar, se animó a proponer que la única sustentabilidad posible de los suelos y la agricultura estaba íntimamente vinculado a la existencia de animales que pasten conducidos por el hombre.

Fue uno de los pioneros de la Agroecología y pagó su desafío muy caro. Las multinacionales productoras de agroquímicos y sus voceros académicos ocultaron durante años su existencia y sus trabajos, que sobrevivieron gracias a la obstinada resistencia de experiencias campesinas y un reducido número de investigadores.

La preocupación de Fidel ilustra un tema que excede a la agroecología y está asociado a la discusión del proyecto de país que se quiere construir y a las preocupaciones militantes.

La discusión de qué proyecto de país queremos construir es vital en este momento en que las fisuras de la globalización capitalista abren mayores posibilidades de que se expresen proyectos soberanos. Las pregunta serían: ¿Estamos pensando solamente en que nos cierren los números para garantizar un ingreso mínimo a la población y cumplir con recaudos básicos de asistencia de salud, alimentación, educación, trabajo y vivienda?. ¿Cualquier proyecto da lo mismo?.

Pensando en las preocupaciones militantes: ¿nos conformamos "no haciéndole el juego a la derecha", o "no cayendo en las tentaciones del reformismo"?. ¿Podremos dormir tranquilos porque los ataques de la derecha certifican que estamos en el camino correcto?. ¿O porque aprendimos la diferencia o la palabra nueva, que hará evidente que somos radicales?

¿O por el contrario nuestras preocupaciones son las de estudiar los problemas que nos afectan como pueblo, y ocuparnos en construir fuerza y social y política que nos permita ejecutar las respuestas políticas adecuadas?

Hace algunos años un investigador del Conicet, el ya fallecido Andrés Carrasco, denunció que el glifosato con que se fumiga masivamente en los campos de nuestro país era cancerígeno. Ese investigador fue desacreditado por los personeros académicos de las multinacionales, pero también por reconocidos referentes científicos del progresismo.

La soja traía divisas al país y hasta 2008 fue políticamente incorrecto hacer comentarios sobre los venenos que eran parte de su paquete tecnológico. Lo que afirmaba Carrasco hoy está confirmado por más de mil estudios científicos. Las empresas Bayer y Monsanto ya están pagando gravosas indemnizaciones a las víctimas del veneno. ¿Era compatible la descalificación a Carrasco con un proyecto científico nacional?

Tratando de encontrar un origen del coronavirus, numerosos trabajos científicos lo han identificado como un virus de origen animal que ha saltado de especie favorecido por acciones humanas, entre las que se mencionan la deforestación y los establecimientos de ganadería industrial, en particular los grandes criaderos de cerdos. Mas allá del covid19 en China acaba de anunciarse la aparición de un nuevo virus denominado G4 EA H1 N1 que está indiscutiblemente asociado a la cría intensiva de cerdos y que ha mutado de la especie animal y ha contagiado a trabajadores de los criaderos.

Como opinaría Voisin, la culpa no es de los chanchos sino del que le da de comer, o sea el sistema de producción. El stress del confinamiento, más la aplicación masiva de antivirales y antibióticos, generan condiciones óptimas para mutaciones y propagaciones de virus que afectan la salud humana. Podemos mirar para otro lado, como se hizo durante años con el glifosato, pero trabajos científicos vienen confirmando desde hace años que los grandes criaderos de cerdos son bombas epidemiológicas.

En estos días leemos en Clarín: "El gobierno negocia ahora con China un ambicioso plan para la exportación masiva de carne de cerdo a dicho país que, según las cifras oficiales requerirá una inversión de instalaciones e infraestructura de hasta 2.700 millones de dólares de aquí a tres años. Para entonces esperan estar exportando hasta 930.000 cabezas faenadas de porcino por un valor de 2.000 millones de dolares".

No parece una 'fake news' de Clarín, por el contrario, parecen entusiasmados con la noticia. Lo que no dice Clarín es que los chinos están pidiendo que el Estado Nacional le entregue las tierras para concretar el proyecto.

En la Argentina la producción de cerdos no esta concentrada en grandes criaderos, como los que hoy hay en China, Alemania o EEUU. Con este proyecto se vienen grandes criaderos, con instalaciones que pueden albergar entre 10.000 y 50.000 madres.

En un momento en que el mundo se está desprendiendo de esas bombas epidemiológicas, ¿aportará su instalación en nuestro país a un proyecto nacional?

Volvemos a la discusión central y a aquella preocupación de Fidel. Estamos de acuerdo en construir un proyecto nacional soberano, pero, ¿cualquiera da lo mismo?.

2 de julio de 2020.

ECONOMIA POPULAR. HOY Y MAÑANA


La pandemia del Covid-19 ha continuado su paso arrollador, sin que las medidas tomadas la hayan contenido. La Organización Mundial de la Salud informó que los contagios ya superan los 10 millones y 500 mil los fallecidos. 

Provocará una crisis devastadora, es probable el aumento en 6-8% de la pobreza y en algunas regiones del sur, el nivel volvería al de los treinta años previos. Los datos existentes ocultaban enormes desigualdades (el 1% de la población mundial poseía más del doble de la riqueza neta de 6900 millones de personas) y a principios de 2020, en 46 países, el gasto en deuda externa superó el de salud pública en cuatro veces. 

Se prevé una inimaginable devastación y sufrimiento, con extremos históricos de hambruna, unos 1600 millones de personas incapaces de ganarse la vida y una pérdida de 8,5 billones de dólares en la producción. Posiblemente, se tardará dos y tres años el regreso a las cotas precedentes a la epidemia y ni en el 2021 se conseguirá una reactivación cercana a la antes. 

El aspecto más impactante es el desempleo, los indicadores alcanzan cifras impactantes, las proyecciones dicen que en Europa podría duplicarse y que casi 60 millones de ocupaciones estarán en riesgo. Perturbará principalmente a los 2 mil millones de trabajadores en el sector informal y en los países pobres, el 90% de los empleos son de ese tipo, en comparación con el 18% en los ricos. 

Las remesas están entre los flujos más castigados (más del 5% del PIB en al menos 60 países), estimándose una baja de 20% hacia los de bajas y medias rentas en el 2020, dado que el 75% de los migrantes laboran en regiones que concentran tres cuartas partes de los casos, lo que resulta un dígito muy revelador, pero menor que el retroceso en 35% de la inversión extranjera directa. 

En el turismo se estiman ingresos menores en el orden de 410 mil millones de euros para el 2020, afectándose también construcciones y transformaciones en la actividad. Para fabricantes de aviones, aerolíneas y proveedores de servicios aéreos, la caída es sumamente preocupante, inquietantes números rojos y despidos masivos; el primer trimestre cerró con 53% de descenso y las previsiones tampoco ofrecen buenas noticias (podría caer hasta 1500 millones para fines de 2020, en comparación con lo habitual). 

La economía se contrae, el dinero se desborda sin límites y la deuda prospera a escalas incontroladas. El Instituto de Finanzas Internacionales alertó que había escalado en 2019 hasta 255 billones de dólares, equivalente al 322 por ciento del PIB y teme que ascienda a 342 este año en un contexto en que no todos encuentran otra alternativa. 

El FMI ha revisado su pronóstico y ahora estima un declive en el 2020 del 4,9%, las pérdidas acumuladas entre 2020 y 2021 superarán los US$12 billones y en el 2022 el comportamiento sería aún 3,3 puntos porcentuales inferior al del escenario base. También advirtió que pueden cristalizar otras vulnerabilidades y que los altos compromisos que existen se pueden volver "inmanejables", lo que representa una amenaza para la resiliencia de las entidades financieras. 

Destaca que por primera vez todas las regiones tienen proyecciones negativas, aunque hay diferencias sustanciales, reflejando la evolución de la enfermedad y la efectividad de las estrategias de confinamiento. Se está viendo como las progresiones van deteriorándose y aunque la catástrofe no será igual en todos, los que han hecho las tareas con prudencia fiscal y bancos centrales independientes, han podido hacer un esfuerzo adicional para enfrentar la situación y en ellos la recuperación será más rápida. 

Habrá profundas recesiones. Estados Unidos, cuyos pasivos excedían los 23 billones de dólares a fines del 2019 y quizás lleguen a 30 billones en los próximos seis meses, con un desplome del 8% en 2020, un empeoramiento de lo vaticinado en abril y Japón con una caída del 5,8% este año. Se proyecta una contracción del 10,2% en la zona euro, Italia y España sufrirán los mayores impactos negativos, ambos con un desmoronamiento del 12,8% y el Reino Unido sufrirá un derrumbe del 10,2%. 

En el caso de las emergentes, anticipa una mengua de la actividad del 3%, dos puntos porcentuales peor de lo publicado en abril. China, donde el choque se centró en los tres primeros meses de 2020, estima un incremento del 1% e India perderá un 4,5%. Las naciones más pobres del mundo, se tambalean frente al ataque implacable contra sus frágiles economías, que se suma a otro golpe letal para su sobrevivencia: las obligaciones financieras. 

Para América Latina y el Caribe, la rehabilitación será más lenta que en el resto del mundo. Suramérica tiene una dependencia importante de China que, aunque se está recobrando relativamente bien, va a encontrarse con un mundo debilitado y el problema no es nuevo, ya venía creciendo menos de lo requerido para el desarrollo y una ampliación fuerte en 2021 se ve lejana; estimándose un derrumbamiento del PIB de 8-10% este año y un resarcimiento solo a partir del segundo semestre de 2021; será más pobre, más endeudada y con más problemas de distribución del ingreso. Está sufriendo la movilidad de personas, las restricciones de viajes, que sacude especialmente al Caribe y a algunas otras zonas; el comercio cayendo fuertemente, un descenso en inversión extranjera directa que puede llegar al 50% y una disminución del 30% de las remesas.

Un grave factor que afecta la capacidad de atajar la recesión, es considerar que solo está relacionada con la pandemia como fenómeno puntual y no que es consecuencia de las contradicciones internas del capitalismo desde un punto de vista permanente y sistémico. 

Se puede ir hacia una globalización con reglas, una suerte de keynesianismo, el fortalecimiento del estado con un sistema de protección social, pero también hacia un nacionalismo autoritario, en donde los sectores conservadores traten de volver a hacer lo que han hecho siempre. La principal preocupación es que en caso de cualquier retroceso -como una segunda ola de infecciones, se produzca una hecatombe más profunda o intensificación del malestar social-, podría poner en riesgo lo avanzado. 

Las más grandes economías no han logrado salir de esa trampa de liquidez por más que inyectaban billones, no obstante, la mayoría de los gobiernos, con su intervención protagónica y a pesar de trasladar las amenazas para el futuro, han adoptado planes de emergencia o sobrevivencia para socorrer a compañías, autoridades, hospitales, desempleados y familias y el límite depende del endeudamiento precursor al Sars-Cov-2. 

El futuro comercio internacional responderá a complejas realidades, que exigen una respuesta para mantener equilibrado el empleo, se encontrará influido por el nacionalismo proteccionista del presidente Trump, un ambiente sensibilizado por presiones sociales en casi todos los países, que alterarán la demanda de los productos y una parte sustancial de los intercambios continuará siendo entre firmas de las grandes corporaciones transnacionales, aunque también se realizará por pequeñas y medianas agrupaciones a cadenas industriales de alcance interregional. 

Es poco factible que empresas se arriesguen en inversiones, el sentimiento dominante alienta a suspenderlas, reducir gastos y créditos. Los billones de dólares y euros que se están sumando a una circulación monetaria corren el riesgo de permanecer en un limbo bancario, si no se los traga la especulación bursátil de nuevo y en particular la recompra de acciones. 

Los países desarrollados también se han visto en un ambiente alterado; junto con los problemas de sequía y la quiebra masiva, buscan posibilidades para solucionar la escasez de la mano de obra agraria barata, que es importada y es de los factores clave de una crisis alimentaria que puede producirse en los próximos meses. 

En el caso del petróleo, la Agencia internacional de Energía calcula que en el resto de los meses hasta que termine 2020 la demanda será inferior a la del pasado año, con 2,7 millones de barriles diarios menos en diciembre. 

En este desastre de salud y de economía causado por la doctrina neoliberal del gran capital financiero, con su habilidad para flotar y ganar siempre, apunta a serlo de nuevo. 

La cada vez más notables dificultades del capitalismo ha acarreado una rápida polarización política entre una izquierda insurgente y fuerzas ultraderechistas y neofascistas que han logrado adeptos en muchos países del mundo, se extiende el descontento popular contra la desigualdad, En ese entorno, los grupos conservadores se empeñan en organizar una respuesta a la emergencia sanitaria y a la crisis económica, abarcando una mayor dosis de subterfugios ideológicos y una renovada movilización de sus fuerzas de choque para demandar el levantamiento del confinamiento. 

La pandemia está lejos de terminar. No se sabe si se quedará para siempre, amenazando activarse y volver a extenderse en cualquier momento, lo que bien podría hacer que la izquierda exija al Estado que este proporcione ayuda a millones de trabajadores y familias pobres. 

Se verá. 
 
Hasta Pronto

Lic. Michael Vázquez Montes de Oca
Junio del 2020