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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

miércoles, 18 de julio de 2018

Los “precios estimulantes” y los rendimientos del agro cubano: ¿un espejismo?

Por Pedro Monreal


Siempre es conveniente contar con buena información para poder hacer un análisis razonado sobre la agricultura cubana, de manera que quienes no poseemos suficientes datos agradecemos todo aquello que pueda ofrecer quienes sí poseen tal información.


En ese sentido, mucho se agradece que el colega Silvio Gutiérrez, Director de Agroindustria del Ministerio de Finanzas y Precios de Cuba, haya gentilmente aportado datos sobre fechas, decisiones, estructura de precios, rendimientos agropecuarios y posibles factores causales de estos. (1)
La hipótesis principal avanzada por Silvio Gutiérrez, y que acompaña la entrega de esos datos, se resume en lo siguiente:
  • Los “precios estimulantes” que paga la empresa de Acopio a los productores han tenido –en general- un efecto positivo sobre el incremento de los rendimientos agropecuarios en Cuba desde 2015.
El corolario de esa hipótesis es que la formación de precios del sector agropecuario debe seguir basándose en un mecanismo de concertación entre la burocracia y los productores, a partir de la iniciativa de la primera, que es quien debe “proponer” los precios. En otras palabras, sería un mecanismo determinado esencialmente fuera del mercado.
Dos precisiones antes de continuar. En primer lugar, no se utiliza aquí el término de burocracia de una manera peyorativa. En segundo lugar, mi visión nada tiene que ver con un enfoque liberal sobre la economía y los mercados. El problema es que una cosa es regular y tratar de influir en los precios, sobre la base de la legitimidad y del poder que tiene el Estado para hacerlo, y otra bien distinta es asumir que la determinación esencial de los precios puede hacerse de manera sostenida por métodos administrativos.
Considero que ese enfoque que sostengo es coherente con lo planteado en el documento de la “Conceptualización” cuando se refiere a “reconocer, regular y lograr un adecuado funcionamiento del mercado, de modo que las medidas administrativas centralizadas, en interacción con las políticas macroconómicas y otras, induzcan a los actores económicos a adoptar decisiones de acuerdo con los intereses de toda la sociedad”.
En los comentarios que siguen abordaré brevemente dos cuestiones:
  • No parece existir evidencia científica alguna acerca de que la causa principal –o cuando menos una causa importante- del incremento de rendimientos agropecuarios en Cuba hayan sido los “precios estimulantes” pagados por Acopio a los productores desde 2015.
  • La utilización de “precios estimulantes” pudiera estar funcionando en la práctica como parte de un proceso de transferencia de ingresos del consumidor hacia el productor, porque los “precios estimulantes” tendrían probables efectos alcistas en los precios minoristas de los productos agropecuarios.
Precios y rendimientos: correlación, causalidad y falta de evidencia
Cualquier estudio sobre las posibles relaciones entre precios y rendimientos agropecuarios se ubica nítidamente en el plano del análisis cuantitativo. Es el típico caso en el que es posible aplicar un análisis estadístico para validar una hipótesis. Obviamente, también el tema debe ser entendido mediante la utilización de un análisis cualitativo, pues ambos se complementan.
Por esa razón, el proceso de validación de la hipótesis de que los “precios estimulantes” pagados por Acopio a los productores agropecuarios desde 2015 tiene un efecto positivo en los rendimientos debe incluir procedimientos que permitan constatar tanto la existencia de un tipo específico de relación entre esas variables (una correlación positiva) como el esclarecimiento acerca de que los mayores rendimientos fuesen el efecto de esos “precios estimulantes” (una relación de causalidad).
Vale recordar dos cuestiones: a) la existencia de una correlación estadística no significa necesariamente que exista una relación de causalidad; y b) en un análisis de relaciones entre factores que se hace con fines de políticas públicas lo que verdaderamente importa es el establecimiento de relaciones de causa- efecto.
Naturalmente, no he dicho algo que no se sepa. Si lo menciono es simplemente para que se entienda mejor que los datos que han sido proporcionados son insuficientes tanto para establecer una correlación positiva como para validar una causalidad.
El primer problema es que se dispone de un período de tiempo demasiado corto como para poder establecer correlaciones significativas. Si el proceso bajo estudio comenzó en 2015, eso significa que habrá datos anuales completos para dos años (2016 y 2017), además de los datos de partida del año base (2015).
Tratándose de producciones agrícolas, las condiciones climáticas y la oportuna, o inoportuna, disponibilidad de insumos importados pueden causar variaciones de rendimientos en el corto plazo. Por esa razón, la existencia de un período breve de tiempo dificulta aún más la posibilidad de obtener correlaciones apropiadas.
Por otra parte, aun cuando se tuviesen datos para períodos más largos –que no es el caso que nos ocupa- la determinación de posibles relaciones causales respecto a los rendimientos agropecuarios exige un análisis cuantitativo de tipo multi-factorial, pues los “precios estimulantes” que paga Acopio al productor representarían solamente un factor, entre varios que influyen en los rendimientos.
La información ofrecida por el colega Silvio Gutiérrez no permite afirmar que se haya efectuado un análisis cuantitativo multi-factorial. No afirmo que no se haya hecho ese estudio, lo que digo es que no se proporciona evidencia para poder saber si se ha realizado. En cualquier caso, la brevedad del plazo considerado dificultaría en extremo tanto el establecimiento de correlaciones positivas como la identificación de causalidades.
En ausencia de ese tipo de análisis no puede conocerse el peso relativo que tuvieron los “precios estimulantes” en el incremento de los rendimientos. Quedaría la duda de que pudieran no haber tenido impacto alguno en los rendimientos, o quizás fue un efecto muy marginal.
Lo que sabemos, por los datos ofrecidos por Silvio Gutiérrez, es que han mejorado algunos rendimientos agropecuarios específicos (papa, frijol, carne porcina y leche), pero los presumibles factores causales que se mencionan para cada uno de ellos no tienen mucho que ver con los “precios estimulantes”: mejor técnica de siembra (papa), utilización de suelos más fértiles (frijol), mayor utilización de insumos nacionales en la alimentación animal (cerdo), y utilización de nuevos medios de producción (leche).
La oferta total y el otro precio: el “precio desestimulante” del consumidor
El aumento de la oferta de producciones agropecuarias, algo que es decisivo para poder reducir los precios del consumidor, no es solamente un resultado de los rendimientos. En el caso de la agricultura, la extensión de la superficie cosechada es un factor muy importante en el volumen de la oferta.
No se dispone de datos públicos completos actualizados hasta 2017 sobre tres variables claves de la agricultura cubana: producción total, rendimientos y superficie cosechada. Las series completas de datos solamente llegan hasta 2016, pero las cifras permiten apreciar dinámicas interesantes que ayudan a comprender el alcance parcial de los rendimientos en la formación de la oferta total. (2)
Cuando se consideran las tres categorías agregadas más importantes de la agricultura no cañera cubana en cuanto al volumen de producción (viandas, hortalizas y cereales), se observa que entre 2011 y 2016 el volumen de producción en toneladas registró los siguientes crecimientos promedios anuales: 4,63% (viandas), 1,63% (hortalizas) y 0,04% (cereales). Es decir, estancamiento en cereales, muy bajo crecimiento en hortalizas y crecimiento moderado en viandas. (3)
Ello ocurrió a pesar de que en los tres casos se registraron incrementos moderados en los rendimientos promedios anuales: 2,94% (viandas), 4,31% (hortalizas) y 2,47% (cereales).
La explicación de esa discrepancia entre el crecimiento de rendimientos y del incremento de la oferta debe considerar lo ocurrido durante el período en términos de la superficie cultivada. (4) En las viandas se registró un incremento promedio anual de 1,64% en la superficie cultivada, que unido a crecimientos moderados en los rendimientos favorecieron un crecimiento superior al 4% en la oferta total. En cambio, la reducción de la superficie cultivada, a ritmos de contracción anual de -2,57% (hortalizas) y -2,45% (cereales), parece haber repercutido en incrementos anuales muy bajos de la oferta total de hortalizas y cereales, a pesar de haberse alcanzado mayores rendimientos.
Colocar en esta perspectiva los rendimientos y la oferta total es importante porque permite relativizar el eventual efecto que pudiera tener una intervención indirecta para tratar de influir en los rendimientos, como pudiera ser el intento de utilizar “precios estimulantes” para el productor. En otras palabras, aun en el caso (todavía no validado de manera pública) de que los “precios estimulantes” pudieran incidir positivamente en los rendimientos, existen otros factores con capacidad para contrarrestar tal efecto.
Es decir, los rendimientos son una parte importante, pero solamente una parte, del proceso que genera la oferta final y, por tanto, no es razonable asumir –hasta que se cuente con una validación analítica- que los “precios estimulantes” que paga Acopio al productor pudieran ayudar a reducir los precios que paga el consumidor, algo que depende fundamentalmente de una mayor oferta.
Una de las partes más interesantes de los argumentos expuestos por Silvio Gutiérrez es el relativo al razonamiento que se utilizó para la formación centralizada de los “precios estimulantes”, específicamente en cuanto a la decisión de añadir utilidades en el rango de 30% a 50% al costo promedio estimado de producción, en dependencia del tipo de producto.
El criterio básico utilizado fue que “los precios minoristas en el mercado agropecuario eran tan altos que permitían estos incrementos a favor de los productores”. Esto parece apoyarse en el supuesto de que es tanta la cantidad de valor que se distribuye en la cadena de precios (precio del productor- márgenes comerciales- precio final del consumidor) que sería posible redistribuir valor –a favor del productor- sin afectar el precio final.
Se trata de un supuesto que conviene examinar con algún detenimiento. En primer lugar, parecería sugerir que la prioridad directa de la política pública no sería tratar de reducir el precio del consumidor sino tratar de crear un efecto indirecto de reducción de precios del consumidor por la vía de un incremento de precios del productor que se asume que posteriormente repercutiría en un incremento de la oferta.
El problema es que, como he comentado más arriba, no existe un análisis público que permita validar el supuesto efecto positivo de los “precios estimulantes” en la oferta agropecuaria en Cuba y sin ello no es razonable pensar que pudieran reducirse los precios minoristas del agro, de manera sistemática. Se estaría apostando muy fuerte a un mecanismo indirecto que parece lógico, pero sobre el cual no se tiene confirmación de que en la realidad opere de acuerdo con esa lógica, en las condiciones concretas de Cuba.
En segundo lugar, la suposición de que la elevación del precio de partida de la cadena (los “precios estimulantes” que se pagan al productor) no va a repercutir en un incremento del precio de consumo final, o en el mantenimiento de estos a niveles altos, es un postulado muy arriesgado.
Para empezar, con los “precios estimulantes” tiende a fijarse un “piso” relativamente alto para el punto de partida de la formación de la cadena de precios, una distorsión de la cual pudieran beneficiarse otros comercializadores distintos de Acopio, por ejemplo, los distribuidores privados.
Hasta donde conozco, parece existir la tendencia en Cuba de que los comercializadores privados pagan un precio “a la salida del surco” que es superior al “precio estimulante” de Acopio. Este último tiende a funcionar como precio de referencia y, por tanto, si ese precio es más elevado ello tiende a inflar otros precios.
¿Es razonable pensar que un comercializador privado se abstenga de “pasarle” al precio final que paga el consumidor ese mayor precio que el comerciante privado ha pagado a la “salida del surco”? ¿Tendría ese precio a la “salida del surco” que paga el comercializador privado un nivel menor si el “precio estimulante” de Acopio fuese menor, o si simplemente si no existiese ese “precio estimulante”?
¿Es el “extra” que paga Acopio al productor un valor que se “redistribuye” en la cadena de precios, manteniéndose fijo el precio final minorista, o es un valor “extra” que se paga al productor habiéndose “adicionado” ese “extra” en otra parte de la cadena -al precio final minorista- mediante el funcionamiento del mercado?
Pudiera estar ocurriendo que el consumidor debería pagar precios minoristas “desestimulantes” –o sea, pagar más- porque Acopio estaría pagando “precios estimulantes” al productor, sin que se hubiese sido capaz de modificar significativamente la oferta.
Por otra parte, las empresas de Acopio, que son las que pagan ese “precio estimulante” son entidades altamente subsidiadas por el presupuesto estatal. Habría que evaluar hasta qué punto una parte de su irrentabilidad pudiera explicarse porque deben pagar precios al productor que pudieran ser relativamente más altos en relación con los que existirían si se utilizasen otros criterios para determinar esos precios.
Obviamente, no puedo afirmar tajantemente que el consumidor está pagando más para que Acopio pueda pagar “precios estimulantes”, ni que la irrentabilidad de las empresas de Acopio tiene que ver con el pago de elevados “precios estimulantes”. Se necesitan datos de los que no dispongo, pero se agradecería que quienes los tengan pudieran contribuir a aclarar el proceso.
Conclusiones provisionales
  • La carencia de un análisis cuantitativo riguroso, de conocimiento público, que permita validar una supuesta relación de causa- efecto entre los mayores “precios estimulantes” que paga Acopio a los productores y los rendimientos agropecuarios, parece justificar el escepticismo –al menos por el momento-respecto a un componente importante de la política de precios del país: los “precios estimulantes” del agro.
  • Aun asumiendo que tal relación de causalidad pudiera existir, el incremento de los rendimientos es solamente una parte del proceso que conduce al mayor nivel de oferta que pudiera incidir en una reducción de los precios del consumidor. En ausencia de un efecto positivo de esos otros factores sobre la oferta, no parece existir evidencia respecto a que los “precios estimulantes” puedan tener la fuerza suficiente como para que deban ser tomados como un mecanismo clave para la política agropecuaria del país.
  • No parecen existir razones para pensar que la elevación del precio de partida de la cadena (los “precios estimulantes” que Acopio paga al productor) no vayan a repercutir en un incremento del precio final que paga el consumidor, o en el mantenimiento de estos a niveles altos. Es decir, no debe descartarse que los “precios estimulantes” del productor tuviesen un efecto en los “precios desestimulantes” del consumidor. Esa es una hipótesis que habría que validar, obviamente.
  • El énfasis de las políticas para el agro cubano debería concentrarse en asegurar factores productivos que incrementen la oferta y en establecer mercados con menos eslabones de intermediación y mejores precios de partida al inicio de la cadena. Es decir, debería enfocarse en acciones que condujesen a la posibilidad de resultados favorables en forma de menores precios, en vez de establecer puntos de partidas desfavorables, en forma de precios relativamente altos al inicio de la cadena, establecidos administrativamente.
 NOTAS:
1 Ver “SILVIO GUTIÉRREZ. La agradable encrucijada de incrementos de los rendimientos agropecuarios sin techo y los precios de acopio máximos”, El Estado como tal, 17 de julio de 2018, https://elestadocomotal.com/2018/07/17/silvio-gutierrez-la-agradable-encrucijada-de-incrementos-de-los-rendimientos-agropecuarios-sin-techo-y-los-precios-de-acopio-maximos/
2 He abordado en un trabajo anterior el tema de los rendimientos agrícolas en Cuba. Ver, “Cuba: el “techo” del rendimiento agrícola en ocho gráficos”, ”, El Estado como tal, 4 de septiembre de 2017,
3 Cálculos del autor basados en tres tablas del Anuario Estadístico de Cuba 2016. ONEI, 2017, Tabla 9.7 – Superficie cosechada y en producción de cultivos seleccionados de la agricultura no cañera, tabla 9.10 – Producción agrícola por cultivos seleccionados de la agricultura no cañera, y 9.13 – Rendimiento agrícola por cultivos seleccionados de la agricultura no cañera, http://www.one.cu/aec2016/09%20Agricultura%20Ganaderia%20Silvicultura%20Pesca.pdf
4 Obviamente, otros factores también pudieron haber tenido un impacto en la oferta, como sería el caso de las condiciones climáticas y las variaciones en la fuerza de trabajo.

Apoyan las inversiones a más producción de alimentos

Creado el Miércoles, 18 Julio 2018 13:45 | Julio Juan Leandro


Ciego de Ávila, 18 (ACN) Inversiones por casi 33 millones de pesos realizaron en los últimos 18 meses las empresas agropecuarias de la provincia de Ciego de Ávila para acrecentar la producción de alimentos y mejorar la ciencia y la técnica.

El monto financiero representó más del 25 por ciento del total planificado, en especial en la Empresa de Cultivos Varios La Cuba, que después del huracán Irma volvió a estar entre las punteras del país, a pesar de los más de 20 millones de pesos en pérdidas por el meteoro.

Carlos Blanco Sánchez, director de esa agrupación, asegura que la tormenta allí arrasó con más de tres millones 300 mil matas de plátanos, lo cual atrasó los acopios pero sus trabajadores están otra vez en la pelea y el mejor ejemplo es haber acumulado ya más de 40 mil toneladas para Ciego de Ávila y otros territorios.

El proyecto monetario en La Cuba resultó eficaz en el componente de construcción y montaje con la ejecución de unos siete millones de pesos, aunque la falta de una retroexcavadora obstaculizó en parte el incremento de un sistema de riego de agua por goteo y el inicio de un secadero de granos.

La cosecha de frijol de la reciente etapa fue una de las más altas de la provincia con seis mil toneladas, aunque algunas cantidades se humedecieron como consecuencia de la carencia de tendales u otros medios imprescindibles, explicó Hanoi Sánchez Medina, presidente de la ANAP en este territorio.

El dirigente destacó que el 80 por ciento del total del frijol sembrado y recolectado lo aportaron los cooperativistas y campesinos, entre los cuales los más destacados fueron los asociados a las CPA Paquito González, Revolución de Octubre y 26 de Julio, todas del municipio de Baraguá.

Las inversiones en el sector estatal favorecieron, además, a la empresa de granos Máximo Gómez Báez, la de Talleres Agropecuarios, la de Florencia, la Agroindustrial Ceballos y Cubasoy, atendida esta por una Unidad Empresarial de Base.

Chequea Díaz-Canel programas de la zafra azucarera, alimentación animal e inversión extranjera



Díaz-Canel se reunió con la dirección de la Entidad de Ciencia, Tecnología e Innovación Sierra Maestra, concebida para dar continuidad a las ideas y acciones del Comandante en Jefe en cuanto a la alimentación animal. Foto: Estudios Revolución.

La zafra azucarera será siempre un renglón importante para la economía cubana, por eso tenemos que hacerla cada vez mejor y más eficiente, valoró el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel Bermúdez.

Asimismo, intercambió ideas con los directivos allí presentes sobre el cambio climático en los últimos años y la necesidad de adecuar a ello nuestras contiendas azucareras; la pertinencia de mantenimientos y reparaciones oportunas; la introducción de maquinaria más eficiente; así como el empleo de investigaciones científico-técnicas que permitan lograr semillas de una mayor calidad.

Tales consideraciones tuvieron lugar durante un encuentro de trabajo que sostuvo esta semana como parte de los chequeos que de manera habitual realiza la máxima dirección del país a programas relacionados con el desarrollo económico y social cubano.

Julio García Pérez, presidente del Grupo Empresarial Azucarero (Azcuba), explicó que desde el 2010 hasta la fecha se ha ido dando cumplimiento a varios de los lineamientos aprobados por el 6to. y 7mo. congresos del Partido Comunista de Cuba, referidos fundamentalmente a lograr un mayor acercamiento de las áreas sembradas de caña a los centrales, el incremento del rendimiento azucarero y la puesta en funcionamiento de más de una docena de centrales que entonces se encontraban paralizados.

Señaló que la producción de derivados experimentó un crecimiento, en particular en alimento animal.

De igual manera, se analizó el comportamiento de la zafra 2017-2018, en la cual se produjeron más de un millón de toneladas de azúcar crudo, lo que no permitió el cumplimiento de lo planificado.

También se conoció que en la próxima contienda, prevista a iniciar en el mes de noviembre, se ha decidido retomar el tiro con tractor y remolque para los centros de acopio; se incrementarán las capacidades en 15 centros de limpieza y se pondrán en funcionamiento 20 transportadores para llevar más carros de ferrocarril en el basculador.

A continuación, María del Carmen Pérez Hernández, directora general de la Entidad de Ciencia, Tecnología e Innovación Sierra Maestra, dijo que la misma fue concebida para dar continuidad a las ideas y acciones del Comandante en Jefe para investigar, desarrollar, innovar, producir y comercializar productos con impacto en la industria agroalimentaria, farmacéutica, cosmética y otras.

Tal y como quería Fidel –aseguró– en la actualidad se aprovechan las capacidades científico-tecnológicas creadas por la Revolución para lograr un mayor avance de cada uno de los proyectos diseñados: la moringa como suplemento nutricional, la producción de materia prima para la industria de concentrados, la sericultura, las alternativas forrajeras de alto valor proteico y la Sacha Inchi.

Más adelante, los ministros de la Industria Alimentaria y de la Agricultura, María del Carmen Concepción González y Gustavo Rodríguez Rollero, respectivamente, explicaron sobre la inversión extranjera en cada uno de sus ramos, teniendo en cuenta las prioridades para la economía cubana y las crecientes demandas de la población. Comentaron, además, los principales aspectos que la limitan, tanto en los negocios en operaciones como en los nuevos.

Tal análisis da cumplimiento a la indicación impartida por el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros en el pasado mes de abril, referida a que las diferentes entidades cubanas rindan cuenta con sistematicidad sobre el desempeño de este particular para así sacar mayores experiencias sobre cada caso.

Finalmente, el Presidente cubano reiteró la importancia de prestar la debida atención a las potencialidades que brinda la inversión extranjera directa y sus disímiles fórmulas de encadenamiento con la industria nacional.

En las diferentes reuniones de este lunes participaron el primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Salvador Valdés Mesa; el Segundo Secretario del Comité Central del Partido, José Ramón Machado Ventura; así como los vicepresidentes del Consejo de Ministros, Ricardo Cabrisas Ruiz y Ulises Rosales del Toro; entre otros representantes del Gobierno.

La innovación en empresas estatales cubanas: análisis para un debate

Economía y Desarrollo
versión On-line ISSN 0252-8584
Econ. y Desarrollo vol.159 no.1 La Habana ene.-jun. 2018

Ileana Díaz Fernández
Centro de Estudios de la Economía Cubana, Universidad de La Habana, Cuba.

RESUMEN

El presente trabajo tiene como objetivo exponer un conjunto de factores que promueven y obstaculizan la innovación en las empresas estatales, como una contribución al debate. Se exponen, no solo los problemas que existen, sino también propuestas para su solución, extraídos de los criterios aportados por más de 60 especialistas de empresas estatales mediante la realización de cuatro talleres. El artículo, además, aborda algunos aspectos conceptuales generales y muestra la evolución de algunos indicadores sobre el financiamiento de la investigación y desarrollo, las fuentes de financiamiento, así como la proporción de gastos en I+D como porciento del PIB en comparación con América Latina.



INTRODUCCIÓN 

La innovación empresarial no se logra por decreto ni por conciencia, para ello es importante conducirse con un enfoque estratégico y crear condiciones para que el espíritu creador de los hombres y mujeres se ponga en función de la creación de riqueza con la eficiencia y eficacia que se demanda. Todo ello implica la necesidad de lograr la confluencia de un conjunto de factores tanto internos como externos en las empresas.

El proceso de innovación es un proceso complejo que integra varias actividades, entre las que existen frecuentes y repetidos caminos de ida y vuelta; no es lineal, ni es posible definir con exactitud el tiempo necesario para su concreción. La clave del éxito de una innovación no reside tanto en disponer de la tecnología como de la dirección del proceso de cambio tecnológico, que guíe a la empresa hacía donde debe dirigir sus esfuerzos y recursos con la intención de producir cambio.

El presente trabajo se propone contribuir al debate sobre la innovación en las empresas estatales cubanas, toda vez que la visión de país aprobada en el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) enfatiza en la prosperidad y sustentabilidad, aspectos para los cuales la innovación es básica. Además, es necesario analizar qué condiciones existen en el país para que las empresas estatales realicen procesos de innovación.

La estructura del artículo parte de esta breve introducción y la metodología utilizada, continúa su desarrollo en tres epígrafes: uno referido a aspectos teóricos generales sobre innovación, el siguiente a los resultados de indicadores generales sobre innovación en Cuba y por último se cierra con el diagnóstico y las propuestas realizadas por los empresarios sobre la innovación empresarial. Se finaliza el trabajo con unas reflexiones finales a modo de conclusiones.

1. Metodología aplicada 

Los resultados que se presentan se obtuvieron de dos talleres desarrollados (CEEC, 2016 a y b) sobre innovación en las empresas cubanas, con la participación de directivos y especialistas de las áreas de investigación y desarrollo (I+D) de las empresas. El primer taller comenzó con la conferencia magistral Procesos de Innovación para Incrementar la Productividad, de la doctora en Filosofía (PhD) Gabriela Dutrenit. Posteriormente, la sesión se orientó a discutir los factores externos e internos que favorecían u obstaculizaban la innovación en las organizaciones cubanas (Dutrenit, 2016). 

El segundo taller de una duración de tres sesiones contó con dos conferencias del PhD Claes Braudenius sobre la innovación y su papel en el desarrollo. A continuación se organizó el debate en pequeños grupos de trabajo con el objetivo de realizar propuestas en las áreas de las regulaciones, la planificación, el financiamiento y los incentivos, que facilitaran y promovieran los procesos de innovación en las empresas estatales. Tales propuestas se consensuaron a nivel de plenaria de todo el grupo (Braudenius, 2016).

En total intervinieron unos setenta participantes de nivel empresarial, vinculados a las industrias azucarera, ligera, sideromecánica, electrónica, de extracción y distribución de petróleo, telecomunicaciones, biotecnológica y farmacéutica.

2. Aspectos teóricos sobre innovación 

El desarrollo impone el cambio tecnológico que atribuye nuevos patrones de eficiencia. Esto condiciona la estrategia y estructura, y transforma o debe transformar las capacidades gerenciales, que deben corresponderse con los cambios estructurales en la industria –provocados por el cambio tecnológico–, lo que impone retos sobre los recursos humanos y la mano de obra calificada. Todo lo anterior implica la necesidad de garantizar el aprendizaje en el ámbito de las organizaciones, de los sectores (por medio de los derrames) y de la sociedad, para lo cual es indispensable una infraestructura facilitadora, mediante acciones gubernamentales en los sistemas educacionales y en los sistemas nacionales de innovación.

El cambio técnico es fruto de un esfuerzo de inversión y aprendizaje, es decir, las opciones técnicas que enfrenta la empresa son «ideosincrásicas», en la medida que resultan de su propia experiencia y, especialmente, de sus logros y fracasos en «acciones de búsqueda» localizadas y específicas. La innovación, por tanto, es endógena al proceso económico de «destrucción creadora» al que, según Schumpeter (1935), se somete la empresa en su dinámica de crecimiento y desarrollo.

Los recursos de investigación y desarrollo (I+D) no son asignados de forma eficiente por el mercado debido a que el cambio técnico produce continuamente situaciones temporales de monopolio y, por ende, a estructuras de mercado imperfectas, todo lo cual justifica la necesidad de crear condiciones externas e internas a las organizaciones para que se acometa el aprendizaje. Aprender no es acumular más información, sino establecer las relaciones lógicas y las interconexiones con el acervo acumulado que surge por la experiencia y el conocimiento adquirido por vías formales y no formales, tales como aprender haciendo (learning by doing), aprender por el contacto con los clientes (learning by using), aprender mediante la búsqueda de nuevas soluciones (learning by searching) y aprender mediante las relaciones con proveedores, socios extranjeros, universidades, entre otros (learning by interacting). El aprendizaje es un proceso social y colectivo, por lo que la apropiación del conocimiento codificado y tácito requiere de destrezas tanto individuales como organizacionales, que se describen a continuación:
  • Destrezas individuales: son conocimientos de origen del capital humano y perfil particular de competencias. Según Yoguel (2000), es la capacidad para resolver problemas, aprender y difundir conocimiento, gestionar recursos de información, desarrollar relaciones interpersonales, dominar la tecnología y demás.
  • Destrezas organizacionales: requieren de una forma específica de organización del trabajo y de rutinas organizacionales para cada empresa, que permitan a los trabajadores interactuar entre sí (se aprovechan sus competencias y capacidades individuales) y que la generación del conocimiento no sea privativa de un grupo dentro de la organización, sino una forma de comportamiento. Surge de la cultura organizacional y hay que construirla.
También es indispensable tener en cuenta condiciones externas a la organización, como el papel de los gobiernos en propiciar un marco institucional que incentive a las organizaciones a la innovación. 

La capacidad de la empresa para lograr una ventaja competitiva no imitable y sostenible estará en relación directa con la combinación adecuada del conocimiento codificado y tácito.(1) La globalización y los medios informáticos, abaratan cada día más el acceso a la información de ahí que el conocimiento tácito se vuelva más importante a los efectos de crear una ventaja competitiva, pues este tipo de conocimiento solo tiene valor dentro de la organización, en la medida en se articula con otros. Según Teece y Pisano (1998), «mientras más tácito sea el conocimiento productivo de la firma, más difícil es de replicar por la firma o sus competidores» (p. 207).


El conocimiento tecnológico incorporado del exterior es complementario del que posee internamente la organización, quien adaptará tecnología incorporada, teniendo en cuenta el conocimiento tácito y codificado acumulado por la organización y apropiándose del conocimiento implícito y tácito de la tecnología transferida. Es así como se crean capacidades tecnológicas. 

El conocimiento tiene un fuerte componente tácito y, en consecuencia, no es fácilmente transmisible; «se trata de conocimientos y habilidades incorporadas en gran medida en la experiencia del personal y las rutinas de la organización(...) cuanto más embebidos estén en la cultura de la empresa y menos susceptibles de codificación sean, más defendible será la ventaja competitiva que proporcionen; serán más difíciles de identificar, primero, e imitar después por posibles rivales» (Fernández, 1992, p. 143).

2.1. ¿Qué entender, entonces, por innovación? 

A continuación se plantean un conjunto de definiciones sobre innovación con la intención de aclarar el término: Medina y Espinosa (1994) se refieren al concepto de C. Friman: «la innovación es el proceso de integración de la tecnología existente y los inventos para crear o mejorar un producto, un proceso o un sistema. Innovación en un sentido económico consiste en la consolidación de un nuevo producto, proceso o sistema mejorado».

De acuerdo con Pérez (1986), «la innovación en cambio es un hecho económico. La primera introducción comercial de una invención la traslada a la esfera técnico-económica como un hecho aislado, cuyo futuro será decidido en el mercado. En caso de fracasar, puede desaparecer por largo tiempo o para siempre» (p. 2). Para Lazonick (1994), «la innovación provee de las bases para incrementar el valor para el cliente sin reducir los retornos para el productor» (p. 1).

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE, 2012), «las actividades de la innovación tecnológicas son todos 

los pasos científicos, tecnológicos, organizacionales, financieros y comerciales, incluyendo, las inversiones en nuevo conocimiento se piensa lleve a la aplicación de nuevos o mejorados productos y procesos» (p. 18).


La Comisión Europea (1995) considera que innovar es «producir, asimilar y explotar con éxito una novedad, en las esferas económico y social, de forma que aporte soluciones inéditas a los problemas y permita así responder a las necesidades de las personas y la sociedad» (p.4). A su vez, Callejón (2007) manifiesta que «si queremos dar un paso más allá y dirigir la atención hacia la innovación, debemos tener claro que la innovación no es sola­mente I+D, sino que es la aplicación comercial de cualquier idea resultante de la I+D. Por una parte, está lo que podemos gastar previamente para llegar a una innovación y, por otra parte, la innovación en sí misma, que solo existe cuando ya se ha conse­guido su comercialización en el mercado» (p. 3).

La ultima definición valorada tiene en cuenta que «una innovación es la introducción de un nuevo significativamente mejorado producto (bien o servicio), proceso, de un nuevo método de comercialización o un nuevo método organizativo, en las prácticas internas de la empresa, la organización del lugar de trabajo o de las relaciones exteriores» (OCDE, 2005, p. 56). 

Si se analizan las definiciones anteriores se observará que el concepto de innovación se mueve entre un resultado o un proceso y en algunas se propone como un proceso para lograr un resultado. En todas está muy claro que la innovación representa un cambio, ya sea en el producto, proceso, comercialización u organización. Este cambio debe materializarse en beneficios para el cliente, sean individuos o la sociedad, y puede ser radicalmente nuevo o simplemente nuevo para el país o empresas e incluso, significativamente mejorado como plantea el Manual de Oslo.


En todas las definiciones comentadas subyace la idea de que el mercado es quien emite la última palabra en cuanto al éxito o fracaso de una innovación, aunque no necesariamente como fuente de la innovación, a la cual pudiera llegarse por el desarrollo de las tecnologías u otras vías. Por último es bueno enfatizar que I+D no es innovación, sino acciones de investigación que pudieran concluir o no en una innovación. El hecho de que el indicador «por ciento del PIB dedicado a I+D» sea el más utilizado internacionalmente como medida de la innovación, lleva a ese error. 

De igual forma, la solución técnica a problemas prácticos de la producción y los servicios puede no ser una innovación al no llevar asociado un cambio tecnológico, ni su introducción en el mercado, aunque pudiera ser un paso que conduzca a la innovación.


En sentido general autores, como Nelson y Winter (1982), Cohen y Levinthal (1989) y Breshi, Malerba y Orsenigo (2000) plantean que existen tres características que influyen decisivamente sobre la innovación tales como: la oportunidad, la apropiabilidad y la acumulatividad. La oportunidad viene dada por el papel que ha alcanzado la ciencia para cada tecnología en particular. La ciencia abre oportunidades de nuevas posibilidades de avance tecnológico. Según G. Dosi (1988), los avances científicos desempeñan un papel mayor en las fases iniciales de un nuevo paradigma tecnológico, aunque también crece en importancia la generación y utilización del conocimiento científico en lo interno de la organización. Esto último es debido al carácter específico, acumulativo y tácito de parte del conocimiento tecnológico, así como del tipo y las especificidades de cada sector, y por tanto del nivel de efectividad de los recursos de I+D invertidos, lo cual dependerá, además, de las características de cada paradigma tecnológico y su grado de madurez.

La innovación involucra el uso creativo de la información y el conocimiento. Cada tecnología tiene sus propios requerimientos de conocimientos para innovar y su propia base de conocimiento codificado y tácito. La apropiabilidad está relacionada con la protección de las innovaciones, que garantice los beneficios esperados a los innovadores, así como la reducción de la imitación. Existen muchas formas de imitación, desde las burdas falsificaciones hasta las adaptaciones de tecnologías, pasando por la llamada clonación y diseño de copias. Las falsificaciones son imitaciones ilegales, pues copian el producto original que se vende con la marca de origen; mientras que todas las demás formas de imitación mencionadas son legales, ya que la clonación, si bien duplica el producto original sin poseer la patente, se vende en el mercado con su propia marca.

Tal y como señalan Kim y Nelson (2000) «la diferencia entre innovación e imitación creativa es muy borrosa» (p. 2). De hecho, la imitación creativa exige de la organización, búsqueda de conocimiento, información del mercado y de los suministradores, así como generación de conocimiento –involucra aprendizaje y ciertas actividades de I+D– no muy diferente de la que exige la innovación, ya que el proceso de imitación de un producto o de adaptación de una tecnología tiene un alto contenido de conocimiento tácito.

No es menos cierto que la protección de los innovadores se convierte en barreras para acceder a los avances por los países no desarrollados. Sin embargo, como ha demostrado la práctica de los Países de Nueva Industrialización (NIC, por sus siglas en inglés), la aplicación de la tecnología inversa y de la imitación en general fue una forma de dar los primeros pasos hacia la industrialización. 

Al mismo tiempo la entrada de tecnología vía patente exige su adaptación y por tanto el desarrollo de procesos de acumulación del conocimiento mediante el aprendizaje. La acumulatividad está asociada al aprovechamiento del conocimiento codificado y tácito y a cómo es socializado; es decir, al aprendizaje tecnológico que debe propiciarse en el interior de las empresas y que permita la generación de ideas innovadoras y su espacio para materializarse. Todo esto no es solo I+D, es mucho más. En los últimos tiempos se observa que las empresas innovadoras son aquellas donde la investigación y desarrollo se realizan en el propio proceso productivo con la participación de especialistas y trabajadores. Esto se vincula a la cultura organizacional prevaleciente que aliente la creatividad, el desarrollo de nuevas ideas, el emprendimiento y la tolerancia al riesgo. Se supone que sectores con empresas de una elevada acumulación de conocimiento y alta apropiabilidad representan barreras de entradas a nuevo competidores, lo que pudiera conducir a un patrón de acumulación creadora.


Los procesos de innovación y aprendizaje tecnológico requerirán de ambientes –tanto externos como internos– favorables a las organizaciones, que propicien las condiciones para generar y desarrollar tales ventajas. Autores como Freeman (1974), Cooper (1990), Peters y Waterman (1982), Quinn (1986), Fernández y Fernández (1988), Compain (1990), Rothwell (1992) y Zahera (1996) han referido en sus trabajos las condiciones que promueven el éxito o el fracaso de las innovaciones. La autora del presente artículo las clasifica en externas e internas a las organizaciones, según se muestra en la tabla 1.


Como puede observarse el peso fundamental lo tienen los factores internos, sin embargo, lo externo puede incidir de forma desfavorable hacia lo interno de las organizaciones. Por ejemplo, la falta de visión a largo plazo pudiera estar dada por horizontes de actuación a corto plazo de los mecanismos económicos. Al analizar la innovación en algún país, es necesario valorar aquellos aspectos que promueven condiciones externas o internas, favorables o no para la innovación, y que se pueden manifestar como factores de éxito o fracaso.

Así, varios estudios sobre innovación en América Latina dan cuenta de la necesidad de estudiar el contexto cuando se analizan los procesos de innovación. Según Aboites et al. (2011), «varios autores argumentan que el contexto, particularmente en el caso latinoamericano, es un factor importante para comprender las dificultades que enfrentan las empresas y los países cuando pretenden seguir una trayectoria de aprendizaje e innovación» (p. 469). Esto se fundamenta en cuanto a horizontes de actuación cortoplacistas, ausencia (o poco desarrolladas) de políticas de ciencia, tecnología e innovación y de desarrollo productivo, desarticulación de las fuentes principales de innovación e I+D, lejanía de los clientes que no permite la interacción con ellos, y demás. Otros trabajos de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) apoyan este punto de vista debido a las debilidades que muestran los contextos y en particular la fragilidad de la institucionalidad.

3. Indicadores generales sobre innovación en Cuba 

Al triunfo de la Revolución y con el vínculo de Cuba al campo socialista, se garantizó durante años la estabilidad económica, ajena a los vaivenes del mercado mundial. Esto le permitió destinar recursos al aumento del nivel de instrucción de su población y, por tanto, de su fuerza de trabajo, al crecimiento de una base científica, a potenciar los servicios de salud, a desarrollar determinada infraestructura y a iniciar trabajos en producciones no tradicionales. Cuba había heredado una cultura que sustentaba la pasividad tecnológica. Sin embargo, la Revolución se propuso modificar este aspecto con el apoyo del campo socialista, por lo que durante muchos años destinó casi el 1 % del producto interno bruto (PIB) al logro de tal objetivo.

El país cuenta con más de 4 000 investigadores a tiempo completo, 25 000 profesores universitarios y decenas de miles de tecnólogos y otros especialistas vinculados a las actividades de ciencia, tecnología e innovación (CTI). Más de 13 000 doctores se han formado en todas las especialidades. En su mayoría, ese potencial humano está organizado en una amplia red de 200 centros de investigación y 30 universidades, así como las instituciones de salud y empresas de todos los sectores, extendidas a todo el país (Cabal y Rodríguez, 2015). En términos agregados, existen 1,9 científicos e ingenieros por cada 1 000 habitantes; 8,1 % de la población es universitaria y el 15 % de los trabajadores es universitario.

Cuba organizó el sistema de ciencia y tecnología como «empujón desde la ciencia», del cual no se ha desembarazado porque el mercado desempeña un papel secundario en este país. La efectividad de esos recursos en términos de resultados patentados se puede observar en la figura 1. Durante el período 1996-2014, solo el 59 % de los resultados obtuvo protección legal como invenciones, por lo que se encuentra entre los cuatro países no desarrollados que presentan la peor relación solicitud/concesiones.

 
Para cualificar este análisis, se puede recurrir a los resultados de la segunda encuesta de innovación (la última aplicada hasta el momento). La encuesta recoge la actividad de innovación desplegada entre 2003-2005 por 600 empresas, sociedades mercantiles y empresas mixtas, vinculadas a las 14 provincias y 17 organismos de la administración central. Pues bien, en la muestra seleccionada, la proporción de empresas que desarrollan innovaciones organizacionales (75,16 %) es mayor que la que realiza innovaciones de procesos (71,83 %) y de bienes y servicios (71,4 %), pero solo el 30 % posee patentes y el 55 % marcas registradas (CITMA, 2008). Otro modo de valorar los resultados de la innovación es mediante el contenido tecnológico de las exportaciones. En la tabla 2 se muestra el incremento de las exportaciones de alta tecnología, pero solo se alcanza un 15 % del total.

El grueso de las exportaciones de alta tecnología se concentra en la biotecnología. Esto contrasta con alrededor de un 70 % en bienes de bajo componente tecnológico. Mucho se ha realizado en el país con el desarrollo del polo científico biotecnológico (conjunto de centros científicos y farmacéuticos, creados en 1986 y que hoy pertenecen al nuevo Grupo Empresarial BioCubaFarma) con un fuerte énfasis en el área de la salud. Otros centros de investigación en invenciones, como las empresas estatales de alta tecnología, dedicadas a la biotecnología han tenido éxito en el mercado. Sin embargo, la acción por parte de las empresas estatales no ha tenido la misma evolución, lo que se puede deducir por la baja proporción de recursos dedicados a las actividades de ciencia y técnica (figura 2).

 
El comportamiento analizado en Cuba es similar al de otros países de América Latina, ya que los países en desarrollo requieren del apoyo de los gobiernos para impulsar las actividades de ciencia y tecnología y de innovación (figura 3). 

 

El financiamiento empresarial en el 2015 ha aumentado respecto a años anteriores, en parte porque las entidades del polo científico bio-tecnológico, se convirtieron en empresas de alta tecnología, sin embargo aunque ha crecido no es significativo a pesar de que ya se autoriza como destino de las utilidades, después de impuestos, la investigación y desarrollo. 

En Cuba, del total de gastos en actividades de ciencia y técnica (presupuestado y no presupuestado), alrededor del 60 % es en I+D, aunque no ha crecido significativamente como se observa en el figura 4.

Cuba destinó en 2015 alrededor de un 0,42 % del PIB en I+D y se sitúa por debajo de la media latinoamericana como la mayoría de los países del área (figura 5).
 
La proporción del PIB destinado a tales gastos se ha venido comportando de este modo desde hace varios años en Cuba. Sin embargo, ello contrasta con la cantidad de investigadores por millón de población, que en el 2013 supera al resto de los países de América Latina, según información de la Presidenta del CITMA (Pérez, 2014), y aunque se ha observado una disminución de la cantidad de trabajadores de nivel superior e investigadores desde 2013 al 2015, la proporción sigue siendo elevada.

Igualmente los gastos en I+D son muy pobres si se comparan con el esfuerzo y gastos realizados en la formación de fuerza de trabajo calificada, lo que supondría crear las condiciones para la aplicación de sus conocimientos en procesos de innovación, pues como apuntaba Fajnzylber (1990) «la solidez de la posición en el mercado internacional está determinada en general por el nivel de calificación de la población y su capacidad de participar en el proceso permanente de innovación tecnológica» (p. 70).

Analizada la innovación en sus marcos generales, es imprescindible mirar hacia las empresas estatales que la promueven, y examinar sus condiciones internas y externas. Los esfuerzos del país en el desarrollo de la fuerza de trabajo han sido significativos, así como la infraestructura científica, pero ello se debe materializar en la producción para lograr un espacio en el mercado internacional.

4. Innovación en la empresa estatal 

En este punto, como base analítica se tomarán los criterios planteados por los empresarios en los talleres antes comentados. Primeramente se expondrán y se analizarán los referidos al diagnóstico, bajo el enfoque de los factores externos e internos que favorecen o limitan la innovación (tabla 1); seguidamente se expondrán las propuestas de mejora para estimular la innovación que realizaron los empresarios, las cuales se comentarán y complementarán.

Al analizar los aspectos internos, las mayores fortalezas para la innovación en las empresas cubanas están en sus recursos humanos, por su nivel de calificación, creatividad, experiencia y actualización constante de sus conocimientos y habilidades. Todo ello se corresponde con alguna de las condiciones de éxito para la innovación y es un aspecto a favor de las empresas cubanas. 

La fuerza de trabajo es un factor importante para la innovación, pero solo si su potencial es incentivado a ser productivo y creativo. En la tabla 3 se evidencian los estudios realizados sobre la aportación de los diversos factores al crecimiento del producto interno bruto (PIB).



La contribución de la fuerza de trabajo (LH) siempre ha sido positiva; sin embargo, en el período 1986-2003 es especialmente bajo. En Cribeiro (2011) se corrobora esta situación y se destacan los bajos niveles de motivación, debido a salarios no satisfactorios, pocos incentivos morales y materiales, problemas organizativos, sobrecalificación para el puesto de trabajo que ocupan y problemas técnico-materiales. Según los empresarios, precisamente entre los factores internos que limitan a las empresas cubanas se encuentran la baja motivación y pobres incentivos a los trabajadores. También ha estado presente la limitada interacción entre las empresas y, a su vez, entre estas y los centros generadores de conocimientos, así como la ausencia de una cultura innovadora. De igual forma se refieren a la falta de autonomía, la no gestión del conocimiento y una pobre concepción de los procesos de innovación. Sin embargo, algunos de tales factores decisivos, son producto de un entorno no favorecedor a la innovación.

El primer factor a destacar está relacionado con los graves problemas de financiamiento que presenta la economía cubana, bloqueada por más de 50 años, sin acceso a fuentes de créditos multilaterales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y demás. Además, se debe señalar la sistemática asignación de recursos a sectores de baja productividad y eficiencia, y que no se ha priorizado la aplicación de la misma biotecnología a áreas como la alimentación. Los empresarios se manifestaron sobre otras condiciones externas que influyen de forma contundente en el accionar empresarial y, por tanto, en la innovación. Entre ellas aparecen:
  • Un marco regulatorio homogéneo que no respeta singularidades. Es disperso y poco flexible. Atrasado respecto a las necesidades.
  • Las políticas de CTI son poco claras.
  • Los incentivos fiscales a la innovación son pobres.
  • Los incentivos para colaborar y competir entre los actores son escasos. Existen limitaciones para realizar alianzas que permitan el aprendizaje.
  • Existe poca necesidad de vincularse con los centros generadores de conocimientos.
  • Los indicadores del plan son de corto plazo, por tanto lo inmediato sobrepasa lo estratégico. Son rígidos y sin capacidad de maniobra para las empresas.
  • El cumplimiento del plan afecta la innovación. La innovación es un proceso que implica riesgo, lo que pudiera ocasionar el incumplimiento del plan, afectaciones salariales y de otro género para las empresas.
  • Hay un exceso de controles.
Todos los elementos que obstaculizan la innovación y que provienen del exterior se encuentran presente en Cuba, ellos presionan de forma negativa sobre los aspectos internos que estimulan la innovación. El mecanismo económico-financiero excesivamente centralizado, le imprime a la planificación rigidez y burocracia, limita en alto grado la autonomía empresarial, lo cual impide un estilo participativo que asuma riesgos, receptivo a ideas y tolerante a criterios conflictivos. Esto no permite el desarrollo de la creatividad, ni de una cultura centrada en la socialización del conocimiento, el intercambio y la innovación. Cuba posee un sistema de patentes que no está explotado consecuentemente y las empresas poseen áreas de I+D, solo que las restricciones financieras y los pobres incentivos no estimulan el aprovechamiento de la investigación y de tener resultados patentables.

5. Propuestas realizadas sobre la innovación empresarial 

Las propuestas realizadas por los empresarios se refirieron a las regulaciones, planificación, financiamiento y estímulo material, y en ese orden se exponen de forma resumida. Las propuestas que se exponen son las más reiteradas.
Regulaciones:
  • Establecer la Ley de empresa y eliminar el Decreto-Ley 281 (su contenido podría ser un manual de gestión no obligatorio).
  • El marco regulatorio debe estimular la innovación y actualizarse según el Manual de OSLO.
  • Aplicar políticas fiscales de incentivos a la innovación.
  • Desarrollar inversiones con componente de innovación, más libertad para las inversiones.
Planificación:
  • Definir las necesidades y prioridades de las empresas previo a planificar.
  • Realizar un plan ajustado a la realidad productiva (capacidad productiva y financiamiento) de las empresas, orientado a la visión estratégica de la empresa.
  • Llevar a cabo una planificación más indicativa y menos directiva, es decir, más flexible.
  • Lograr mayor autonomía empresarial para decidir qué produce, cómo lo produce, a quién le compra y le vende.
  • Otorgar mayor protagonismo a las empresas para administrar sus recursos.
Financiamiento:
  • Formas de financiamiento a mediano y largo plazo
  • Fondos para sectores priorizados
  • Alianzas con todo tipo de capital (extranjero, nacional)
  • Banco de desarrollo
  • Agencias de innovación
  • Cuentas financieras con los ingresos de las patentes
Estímulo a los trabajadores:
  • Retribución a los innovadores de los ingresos de las innovaciones
  • Redistribución de utilidades de las innovaciones entre el equipo de innovadores
  • Participación de los trabajadores en las decisiones
Las propuestas sobre financiamiento y estímulo a los trabajadores están alineados con la práctica de internacional, especialmente en América Latina, donde se utilizan esos y otros instrumentos para el financiamiento. Sin embargo, vale señalar el hecho de que no se propongan canales de interacción con centros generadores de conocimiento, ni tampoco con suministradores y clientes. Razones pueden existir muchas, pero la ausencia de competencia y demandas exigentes de parte de los clientes, no ha requerido la aplicación de la ciencia en la práctica empresarial. Las empresas son monopolios que imponen sus bienes y servicios a un mercado regido por la oferta. Lo anterior, unido a la obligatoriedad de cumplir un plan rígido (en muchas ocasiones sin toda la fundamentación económica) y que abarca toda la capacidad productiva real de la empresa, no incentiva el aprendizaje.

Si el mercado no es la fuente de la innovación (market pull), entonces la vía pudiera ser por el desarrollo de tecnologías (technology push), pero ello requiere de recursos con los que el país no cuenta. Cuba importa bienes de capital y posee fuerza de trabajo calificada, por lo que desarrollar procesos de asimilación de tecnología o de tecnología inversa, podrían ser pasos hacía la creación de capacidades para la innovación en el sentido amplio. Pero, para ello sería necesario que hacía el interior de las empresas existan condiciones de flexibilidad y tolerancia; en definitiva, una cultura del aprendizaje (base de la acumulación de conocimiento) que propicie la innovación y un plan de la empresa basado en tales presupuestos. La práctica empresarial no se ha visto beneficiada por un enfoque que provoque tales comportamientos.

Las propuestas sobre regulaciones y planificación son muy típicas de la economía cubana, que está basada en la dirección centralizada, necesitada de más flexibilidad, menos burocracia, de otorgar más autonomía a las empresas y menos controles gubernamentales, de regulaciones que promuevan incentivo económico y menos regulaciones administrativas. En fin, de un marco institucional que incentive a las empresas a la eficiencia, productividad e innovación.

Es de destacar que no se realizará ninguna propuesta respecto a la estructura del sistema empresarial que contempla el nivel de los grupos empresariales, empresas y unidades empresariales de base (UEB). Este es un sistema vertical, jerarquizado y rígido, lo cual se contrapone a las estructuras flexibles y en red, que son las más adaptadas a las características poco lineales, iterativas e interactivas de la innovación. En general, son necesarias políticas de incentivo a la exportación, y participar de las áreas de alto valor agregado, donde el mercado interno es limitado y no ofrece las condiciones para alcanzar niveles de rentabilidad.

REFLEXIONES FINALES

El país dedica pocos recursos del producto interno bruto a la investigación y desarrollo, a pesar de los gastos incurridos en la formación de fuerza de trabajo calificada. La proporción de gastos de las empresas en actividades científicas si bien no creció de forma significativa, continúa siendo el presupuesto del Estado o el gasto público, la fuente fundamental de financiamiento como en el resto América Latina, a diferencia de los países desarrollados.

Los resultados de las innovaciones en términos de patentes y exportaciones de bienes de medio a alto nivel tecnológico, muestran un pobre desempeño en Cuba y está concentrado en el sector biotecnológico. El sector empresarial identifica a los factores externos a las organizaciones como los que limitan los procesos de innovación, entre ellos los más destacados son el exceso de regulaciones y controles a las empresas, la rigidez del plan, y dificultades para la interacción con otros actores. Sin embargo, la fortaleza más importante para el desarrollo de innovaciones es contar con fuerza de trabajo calificada en las empresas.

Las propuestas realizadas sobre las regulaciones y el plan se alinean con el mecanismo económico que rige en el país, que no le otorga la autonomía necesaria a las empresas. La posición de monopolio de las empresas estatales cubanas, en un mercado de oferta, le otorga el privilegio de sobrevivir sin necesidad de orientarse al cliente e innovar, pero ello erosiona la eficiencia y a la postre se refleja en los resultados macroeconómicos del país.

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Ileana Díaz Fernández. Centro de Estudios de la Economía Cubana, Universidad de La Habana, Cuba. Correo electrónico: ilediaz@ceec.uh.cu

NOTAS ACLARATORIAS

1.Existen cuatro tipos de conocimiento que debe buscar la empresa, el know-what, que no es más que los hechos, la información; know-why, que se relaciona con las leyes y principios de la naturaleza; know-how, que son las destrezas desarrolladas para hacer las cosas; y el know-who, que es el conocimiento desarrollado dentro de las organizaciones. Los dos primeros son conocimiento codificado y al alcance de todos, pero los dos últimos representan conocimiento tácito.