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miércoles, 2 de noviembre de 2022

Una “Gran Transformación”: ecología y economía

 


Por Carles Manera | noviembre 2, 2022

La degradación ecológica, en gran medida, no es causada por el crecimiento, sino por una tasa de consumo de recursos superior a la tasa de regeneración natural o sostenible. Este argumento –que matiza las tesis del decrecimiento en su perspectiva más general– sirve tanto para los recursos renovables como para los no renovables. En cuanto a los segundos, debido al efecto invernadero es seguro que el consumo de combustibles fósiles debería reducirse. Ahora bien, ¿en qué unidad se miden los diferentes recursos, de forma que el incremento en el consumo de uno de ellos pueda compensarse con la reducción en el de otro? Los recursos, por este propósito, no se pueden valorar en términos monetarios sin incurrir en un error de circularidad lógica, ya que para ello necesitamos conocer los precios de éstos, y para eso también debemos saber la escasez de los recursos. Lo que parece claro es que para reducir el coeficiente de impacto ambiental en una dimensión suficiente como para contrarrestar el crecimiento del PIB, se requerirá una mejora continua en una tecnología más eficiente y un cambio en los patrones de consumo.

2. Defendiendo otra Gran Transformación

Este proceso de cambio hace pensar en una nueva “gran transformación” en el sentido que propuso Karl Polanyi en 1944. Recuérdese: que el avance de la economía liberal, en el momento en que escribía Polanyi, auspiciado por las revoluciones industriales sustentadas en nuevos vectores energéticos –carbón, petróleo– provocaba enormes dislocaciones sociales y ambientales. ¿Nos hallamos ahora mismo en esta encrucijada? ¿Debemos repensar el capitalismo? Probablemente. Por varios motivos, siendo uno de los más relevantes la necesidad de un cambio crucial en el modelo energético. Estamos ante lo que se ha denominado “cambio climático antropogénico”, concepto que ya tiene un gran consenso científico (sobre esto: John Cook et alter, “Consensus on consensus: a synthesis of consensus estimates on human-caused global warming”, Environ. Res. Lett. 11 048002, 2016).

En tal sentido, la investigación de dos físicos de la Escuela Politécnica de Zurich, Mark Huber y Reto Knutti, han demostrado –a partir de un análisis de los flujos energéticos de la Tierra y su relación con la evolución de la temperatura– que el 75% del cambio climático acaecido en los últimos sesenta años procede del crecimiento económico, de la actividad humana. Los datos más recientes disponibles de la Organización Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, arrojan un resultado incontrovertible, sustentado sobre análisis de series históricas: el CO2 aumentó un 14% entre 1765 y 1965, cifra que se ha disparado hasta casi el 28% entre ese último año y 2018 (Mark Huber y Reto Knutti, “Anthropogenic and natural warming inferred from changes in Earth’s energy balance”, Nature Geoscience, 5, 2012).

La causa central de esta situación radica en la energía utilizada para el desarrollo capitalista entre 1780 y la actualidad, basada en combustibles fósiles; y en las pautas de consumo existentes. La urgencia en cambiar el modelo energético es crucial: las nuevas revoluciones industriales que se preconizan y teorizan –ya se habla hasta de una quinta revolución industrial– se edifican sobre transformaciones en los sectores productivos, con predominio de los productos derivados de la nanotecnología, el internet de las cosas y la robótica. Pero la ecuación que no se resuelve es: ¿cómo realizar la transición energética, cuando el concurso de los combustibles fósiles seguirá siendo determinante?

Los grandes procesos de transformación requieren de costes de transición. Éstos pueden suponer beneficios en el medio y largo plazo si atendemos a las prospectivas que se están realizando. La actual pauta energética puede generar una contracción del PIB cercana al 25% hacia el año 2100, en el caso de que la temperatura se mantenga estable a los niveles actuales; pero un incremento de la misma aumentará a su vez ese porcentaje de pérdida de riqueza agregada. Esta tesis se ha publicado en Nature (Marshall Burke, W. Matthew Davis y Noah S. Diffenbaugh, Nature, núm. 557, 2018). Para los autores, los costes de transición que se deberían aplicar serían inferiores a los beneficios que se obtendrían: un ahorro estimado en cerca de 20 billones de euros si se disminuyera medio grado –de 2 a 1,5– la temperatura del planeta.

Estos costes de transición deberían canalizarse, se asevera, hacia la inversión en energías renovables. Se ha hablado de la urgente canalización de recursos económicos hacia ese gran ámbito productivo. Sin embargo, las alternativas que se plantean también tienen problemas de sostenibilidad. En un novedoso trabajo publicado por el Club de Roma, Antonio Valero ha señalado que existen límites materiales para las energías limpias, para la movilidad alternativa, para la digitalización, para la alimentación. Los elementos escasos como neodimio, disprosio, indio, galio, selenio, teluro, cadmio, esenciales para las energías renovables, son escasos (Antonio Valero, “Materiales: más allá del cambio climático”, Come on!, Deusto, 2019). A todo esto, cabe tener en cuenta que la construcción de baterías para almacenar energía impone una alta demanda de litio, cobalto, grafito, manganeso, níquel y aluminio, que son igualmente poco abundantes. En otras palabras: a los límites de los propios vectores energéticos más primarios –los combustibles fósiles–, se suma la constricción de algunos metales básicos para la génesis de infraestructuras energéticas alternativas o de productos de consumo de fabricación distinta y más sostenibles, como los coches eléctricos. El reto tecnológico es inmenso, y su relación con otra forma de consumir se traduce en una agenda clave para el futuro inmediato. Lo material acaba por limitar el propio desarrollo del capitalismo.

2. Termodinámica y economía: relaciones necesarias

De todas las contribuciones, la visión de las leyes de la termodinámica se convierte en una encrucijada –y un acicate– para los científicos sociales. Aquí, de nuevo, la ligazón entre economía y ciencias naturales emerge con solvencia. En tal sentido, la asimilación de los principios de la termodinámica a la economía significa asumir –o tener muy en cuenta– las reglas que provienen de la biología, la física y la química. Nicholas Georgesu-Roegen aboga por una ampliación en el análisis de los procesos económicos –incorporando métodos y teorías provenientes de las ciencias de la naturaleza–, con un corolario claro: el crecimiento económico provoca desorden en todos los ámbitos y, obviamente, en el entorno ambiental. De ahí que sea transcendental una disección precisa sobre los impactos ecológicos que promueve un determinado tipo de crecimiento, y que sea importante realizar mediciones que no se circunscriban a los parámetros convencionales en la economía académica.

Así, las investigaciones que se han desarrollado detallan aspectos importantes como las calidades de los suelos, la posible incidencia del clima en la estructura económica, la transformación económica y ecológica del paisaje, entre otros. La imbricación social de esos aspectos es absoluta, y los economistas e historiadores económicos los han trabajado; la proximidad cronológica facilita la disponibilidad de datos más robustos para realizar análisis económicos, con esta perspectiva ambiental. Se consideran unas ideas esenciales –a partir de las tesis de Georgescu-Roegen– que abogan por un cambio metodológico:

  • Una crítica al mecanicismo económico, es decir, a una óptica lineal, atemporal, de la evolución económica, de manera que los elementos cualitativos sean considerados como claves explicativas, auxiliados por las matemáticas, pero sin el sometimiento a su excesivo formalismo –a veces con escaso contenido– que impera en la enseñanza e investigación en economía;
  • La idea de evolución, en clave biológica; o sea, la relevancia del dato histórico, de la trayectoria, del tiempo;
  • La adopción del concepto de entropía, derivado de la termodinámica, un argumento que implica la tesis de la irreversibilidad –e incluso del carácter irrevocable– de los procesos económicos.

El cambio es sustancial. Pero contribuye a enriquecer, técnica y conceptualmente, al análisis de la economía. Éste pasa de una fase mecanicista, de flujo circular cerrado, a otra de dinámica de sistemas, en la que el economista está impelido a dialogar con otras disciplinas para entender mucho mejor lo que acontece en la suya propia. De esta forma, conceptos esenciales como productividad y competitividad –que invariablemente se invocan en la economía– se refuerzan con otros que tienen mayores porosidades con los de la física, la química y la biología: capacidad de carga, eficiencia, eficacia, huella ecológica, intensidad energética, son muestras al respecto.

Al mismo tiempo, otro elemento es considerado determinante: el tecnológico. Éste aparece en los modelos económicos más divulgados –y exigidos en buena parte de las investigaciones en economía– de manera acrítica. Es algo esperado que será capaz de resolver, casi sin discusión, cualquier reto que nos planteemos, incluyendo el relevo de recursos naturales, de manera que esto conduce a una fe ciega, a una confianza imbatible en el progreso tecnológico, resolutivo de los graves problemas que sacuden y cuestionan el crecimiento económico.

La filosofía que impregna estas ideas proviene de los discursos más asimilados por la economía académica, bajo dos preceptos: la existencia de recursos infinitos (de manera que se resta importancia a la escasez de minerales); y lo que se ha venido a calificar como teorías energéticas del valor, es decir, la tesis de que el desarrollo científico proporcionará toda la energía necesaria para reciclar, de forma que el ambiente seguirá siendo natural y sustentará el crecimiento económico continuo. Se concluye que los materiales no son ni serán un problema, toda vez que pueden ser reciclados por mucho que se disipen. Es el “dogma energético” criticado por Georgescu-Roegen; a su vez, señala que lo que caracteriza a un sistema económico son sus instituciones y no la tecnología que utiliza.

3. Reflexión final

Todo esto infiere un gran esfuerzo para el economista: su cuadro de lecturas se amplifica, sus necesidades de conocimientos –aunque éstos puedan ser indiciarios– se reafirman, desde el momento en que se “aprehende” que el material con el que se trabaja es de gran complejidad, presidido por la incertidumbre: el comportamiento humano. El vector temporal y la movilidad de factores constituyen características básicas, que proporcionan profundidad y mayor rigor –más proximidad a la realidad que se estudia– a los análisis. Y, por supuesto, se infiere la modestia necesaria para matizar la estrategia mecanicista que sustenta la predicción en economía. La incertidumbre y el azar se hallan presentes en la cosmología económica; lo que se contradice con los preceptos de la utilidad del consumidor, de la simetría de la información –que impediría los altibajos inherentes al azar y a los fenómenos caóticos– y del encuentro armonioso de familias y empresas en los mercados. Una nueva Gran Transformación.

About Carles Manera

Catedrático de Historia e Instituciones Económicas, en el departamento de Economía Aplicada de la Universitat de les Illes Balears. Doctor en Historia por la Universitat de les Illes Balears y doctor en Ciencias Económicas por la Universitat de Barcelona. Consejero del Banco de España. Consejero de Economía, Hacienda e Innovación (desde julio de 2007 hasta septiembre de 2009); y Consejero de Economía y Hacienda (desde septiembre de 2009 hasta junio de 2011), del Govern de les Illes Balears. Presidente del Consejo Económico y Social de Baleares. Miembro de Economistas Frente a la Crisis Blog: http://carlesmanera.com



sábado, 29 de febrero de 2020

Odd.Bot, el robot capaz de arrancar malas hierbas amenaza de los herbicidas.

25 FEBRERO, 2020, Ecoinventos
Cada vez hay más robots capaces de realizar más labores. Cada vez más automatización que está entrando en todos los sectores, hoy hablamos de la agricultora con Odd.Bot, un robot para quitar las malas hierbas de forma automática.
Odd.Bot se presentó en el Consumer Electronics Show (CES) en Las Vegas el mes pasado con un stand informativo. Martijn Lukaart, Fundador y CEO, explica que Odd.Bot está actualmente diseñado para su uso en la agricultura orgánica, con la idea de facilitar el proceso de desherbado a las grandes granjas que actualmente hacen todo el trabajo de forma manual.
Muchos agricultores con grandes extensiones de terreno ya han invertido en una plataforma que permite a los trabajadores sentarse y ver como los robots arrancan de una forma más rápida y cómoda las malas hierbas.
Odd.Bot puede mejorar el rendimiento de los cultivos atacando las malas hierbas desde el principio y de forma continua. Esto da a los cultivos más espacio para crecer sin la competencia de las malas hierbas, y por lo tanto un mayor rendimiento.
Odd.Bot es 100% orgánico al realizar su tarea sin ningún tipo de producto químico tóxico que pueda causar daño a las plantas. Hace el trabajo mucho más fácil para los agricultores.
Odd.Bot trabaja de forma autónoma a lo largo de las hileras de cultivos, impulsado por neumáticos de alta resistencia. Un mecanismo en el centro del robot se extiende hacia abajo para extraer las malas hierbas mientras se mueve. Cámaras y sensores mantienen al robot en la tarea y lejos de los cultivos, sin importar el ancho de la fila. Los robots pueden alquilarse para despejar los campos o como una “mano” útil a medida que los cultivos maduran.
Además de reducir la carga de trabajo manual y minimizar la necesidad de tractores que consumen mucha gasolina y que contaminan el medio ambiente, Odd.Bot también espera llegar al mercado agrícola tradicional donde pueden influir en una disminución en el uso de herbicidas tradicionales.
En su web hacen público su objetivo: “Con nuestro Weed Whacker pretendemos ahorrar más de 170.000 litros de herbicidas químicos en los próximos siete años“.
Al hacer que la agricultura orgánica sea más rentable, Odd.Bot también espera contribuir directa o indirectamente al cultivo de alimentos sanos a costes razonables.
Más información: www.odd.bot


domingo, 8 de diciembre de 2019

El futuro será verde o no será

El economista Jeremy Rifkin alerta de que el actual sistema capitalista se ha agotado e insta a acelerar la transición hacia un nuevo modelo ante el reto del cambio climático


El economista Jeremy Rifkin. MANUEL CASAMAYÓN

El tiempo se agota. Temperaturas al alza, inundaciones, destrucción de ecosistemas y más pobreza. "El 50% de las especies del planeta se extinguirá en los próximos 80 años si no se logra una economía libre de carbono". Las palabras del sociólogo y economista Jeremy Rifkin caen como un jarro de agua fría, pero el defensor de un green new deal global no deja margen ante la amenaza del cambio climático: “Tenemos que cambiar la concienciación y solo nos queda una generación para hacerlo”.

Durante su intervención en el evento Hacia una sociedad sostenible, organizado por Cinco Días y Abanca el pasado lunes y celebrado en Madrid, Rifkin abundó en que el cambio climático no conoce fronteras y el actual modelo económico capitalista está agotado: "El PIB crece a una tasa más baja en todo el mundo, la productividad ha retrocedido en las últimas dos décadas y el resultado es que tenemos una falta estructural de empleo". La solución, indicó el también asesor de la UE, pasa por acelerar el viraje hacia la tercera revolución industrial.

Esta nueva época girará en torno a la tecnología, que reducirá drásticamente los costes marginales para permitir el salto a una economía circular y logrará la convergencia de las tres infraestructuras clave de cada sistema: comunicación, energía y movilidad. En este futuro inteligente, hecho de coches eléctricos autónomos y edificios conectados, el lnternet de las cosas, el 5G, las renovables y el big data cambiarán la forma en la que nos comunicamos, desplazamos y abastecemos de energía. Todos los actores, desde los Estados a las regiones, los ciudadanos y las empresas, jugarán un papel crucial."La ciudadanía creará un cerebro global; esta es la glocalización", señaló Rifkin. "Mientras que las infraestructuras de la primera y segunda revolución industrial estaban integradas verticalmente, de arriba hacia abajo, la tercera es colaborativa, distribuida, abierta", añadió el economista justo el día que, en la misma ciudad y a pocos kilómetros de distancia, arrancaba la Cumbre del Clima.

“El cambio climático es una realidad que pocos se atreven a cuestionar y el desafío que tenemos por delante es enorme”, corroboró la vicepresidenta del Banco Europeo de Inversiones (BEI), Emma Navarro, quien durante su intervención en el acto recordó que la entidad dejará de financiar proyectos basados en energías fósiles a partir de 2021. La estrategia del órgano financiero de la UE está en línea con el nuevo pacto verde anunciado por la nueva presidenta de la Comisión, Ursula Von der Leyen, y confirma la intención de Bruselas de coger la delantera en la lucha contra el cambio climático. 

Según la ONU, la cifra global necesaria para alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) en 2030 asciende a 90 billones de dólares. En Europa, la factura anual para cumplir con el Acuerdo de París se sitúa en los 400.000 millones de euros. “Ningún presupuesto público puede atender por si solo semejantes necesidades", señaló Navarro. "La inversión privada y los mercados financieros deben tener un papel importante”.

El BEI ya se ha consagrado como el mayor emisor global de bonos verdes, con 28.000 millones de euros liberados desde 2007. Entre 2012 y 2018, la entidad concedió 150.000 millones de euros a proyectos climáticos (1.800 millones en España en 2018), y ahora quiere redoblar su apuesta: prevé que estos planes acaparen el 50% de su financiación en 2025 y sumen un billón de euros en la próxima década. “El reto que plantea la transición es enorme, pero puede ser una oportunidad para modernizar nuestras economías y hacerlas más sostenibles”, dijo Navarro.

De la misma opinión se mostró Francisco Botas, consejero delegado de Abanca, quien insistió en que la transición debe ser "ordenada y planificada", evitando "políticas y decisiones improvisadas". La ONU calcula que la implantación de los ODS puede generar 380 millones de empleos y oportunidades de negocio por 12 billones de dólares. "Son oportunidades claras", reconoció Botas, pero recomendó que este cambio de modelo se aborde de manera holística, sector a sector, para que no genere costes adicionales y desigualdades.

Botas abogó para que el sector financiero implante medidores del riesgo relacionados con el cambio climático y la transición y recordó que Abanca, junto a un reducido número de entidades, firmó el pasado septiembre un acuerdo con la ONU para alinearse con sus objetivos sostenibles. "Nos comprometimos en varios aspectos. Pensamos que es un camino irreversible y que cada vez se sumarán más entidades", aseguró el consejero delegado de la empresa. Entre las iniciativas puestas en marcha en este sentido, el banco gallego ha creado nuevos productos y servicios que responden a criterios medioambientales y está fomentando las prácticas sostenibles en la empresa.

Carmen Sánchez Miranda, directora de ONU-Habitat en España, Carlos Mataix, director del Centro de innovación en Tecnologías para el Desarrollo Humano de la Universidad Politécnica de Madrid, y Jaime Pérez Martín-Gaitero, profesor del IESIDE, cerraron el evento debatiendo sobre las líneas a seguir para cumplir con la transición. Todos coincidieron en la necesidad de respetar los compromisos adquiridos y crear alianzas multinivel. Y, sobre todo, actuar con urgencia.

domingo, 10 de junio de 2018

Diez años de crisis económica en cien años de crisis ecológica

10 junio 2018 | Categorías: ATTAC España, Crisis sistémica, Ecologia

Por Alberto Fraguas – Coordinador del Observatorio de Ecología Política d
e ATTAC Madrid


Warren Buffet, ese supramillonario estadounidense con cara de abuelito bueno y bolsillo de tiburón ballena, hace unos años en un ataque de cinismo autocomplaciente afirmó que “la lucha de clases sigue existiendo … y la está ganando la mía”. En un estilo muy de Estanislao Figueras (“estoy hasta los …. de todos nosotros”) asumía la crítica al modelo neoliberal, basado en los enormes desequilibrios en el pago de impuestos donde él, con enormes ingresos, abonaba al fisco menos del 17% de sus ingresos y sus empleados, una media del 38%. Obviamente esto es así porque sus ingresos provenían (y aún provienen) de rentas de capital invertido en finanzas que pagan mucho menos al fisco. Este hecho explica el enorme crecimiento de las desigualdades en un entorno global donde las grandes corporaciones empresariales mantienen unos beneficios que son reinvertidos en estos mercados financieros, creando una creciente brecha social y económica (se viene denominando “crisis”) que empieza a preocupar inluso a los responsables de generarla (Buffet es un buen ejemplo).
Nuestra organización ATTAC, que lucha contra este capitalismo financiero y sus perniciosos efectos, lanza en estos días una Campaña de común acuerdo con otras organizaciones sociales para recordar que estos diez años de crisis suponen una estafa a la ciudadanía (#10AñosdeCrisisEstafa y # ControlemoslasFinanzas), y que tienen unas claras repercusiones en el ahondar las desigualdades sociales y también los desequilibrios ecológicos.
Pero, ¿que supone realmente esta ausencia de equilibrio ambiental en lo que llamamos crisis? La realidad es que estos desequilibrios se constatan no solo en la economía, sino en otro ámbito ligado a ella (retroalimentado diría) del que depende muy directamente y que muchas veces se olvida como es la ecología, el uso (desigual) de los recursos naturales.
Hay un dato que explicaría muchas cosas. Tan solo 90 empresas en el mundo son responsables del 60% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), siendo así que grandes corporaciones como Chevron, Exxon Mobil, SaudiAramco, BP, GazProm, Shell, National Iranian Oil, Pemex, Conocoo Phillips y Coal India, solo esas 10, generan el 22% de GEI.
Estas grandes corporaciones empresariales que retroalimentaron también mercados financieros especulativos, tienen sus expectativas de crecimiento basadas en el uso permanente de recursos naturales (petróleos, agua, biodiversidad…); aunque esos recursos son bienes comunes y que por tanto su utilización debe estar basada en garantizar su permanencia, su sostenibilidad, dada su importancia global como factores de equidad social. Sin embargo, vemos que esto no es así ni el neoliberalismo plantea en su propia doctrina que lo sea, pues conoce perfectamente que su acción genera desigualdades sociales como crea desequilibrios ecológicos.
La crisis, por tanto, no se circunscribe solo a aspectos sociales y económicos sino en igual medida a los ambientales, siguiendo una rueda de perversa y permanente retroalimentación.
El discurso de esas grandes corporaciones y de los propios Estados es el de mantener el modelo económico con ligeras variaciones correctoras (depurar aire, agua, tratar residuos…) confundiendo compromisos voluntarios con exigencias legales, y asumiendo la monetarización del impacto ambiental; ese “quien contamina paga” tan dañino que no define bien cuándo, cuánto se paga y, sobre todo, si la restitución del entorno ambiental afectado es la adecuada.
Se plantea incluso la creación de “nuevas oportunidades de negocio”, en un bucle perfecto donde el lucro se da en la afección pero también en la corrección de los daños. Se intenta así lanzar un mensaje tranquilizador dirigido a una ciudadanía en demasiadas ocasiones ignorante de la realidad. Esa absoluta confianza en las tecnologías correctoras y hacia una “economía circular” hacen que la utopía esconda la distopía cual es que la realidad física, natural, termodinámica es bien distinta y muestra la falacia de sus planteamientos pues el carácter finito de los recursos naturales en los que se asienta el modelo posee una tasa de renovabilidad en sus materiales que no es lo suficientemente rápida para garantizar los beneficios económicos que requiere el ciclo capitalista. Así el “colapso” está servido y en términos ecológicos está en proceso, pues los cambios en estos ciclos naturales quizás sean más lentos que en los sociales pero son casi inmutables y de difícil y costosa marcha atrás en tiempo y dinero. Este hecho, el de la apropiación de los recursos por el capital para un uso privativo, incide obviamente en la ruptura de equilibrios de los ecosistemas muchos de los cuales son base de la cohesión y equidad sociales.
Asimismo en estos últimos años (coincidentes con la llamada crisis económica) se han creado y potenciado mercados de financiarización de los riesgos ambientales, transfiriendo el modelo especulativo a la propia naturaleza, al transformar estos riesgos en créditos o bonos con los que se especula en bolsas especiales (bonos “catástrofes”, mercados de CO2, “Bancos de biodiversidad”…). Por ejemplo, el mercado de “bonos verdes” o endeudamiento ligado directamente al desarrollo respetuoso con el medio ambiente (mercado de títulos de crédito emitidos para financiar proyectos que contribuyan a la lucha contra el cambio climático u otros proyectos “correctores” de impactos) supone inversiones a largo plazo donde el 70% de los bonos se comercializan a más de diez años, tiene emisores como entidades multilaterales, organismos de inversión internacional, empresas, entidades financieras o administraciones públicas. Ese mercado “bonos verdes” ha pasado de los 2.600 millones de dólares (2.363,6 millones de euros) en 2013 a los 81.000 millones de 2016 (73.636,88 millones de euros), con una previsión de crecimiento de hasta 150.000 millones de dólares (136.366,2 millones de euros) en 2017 y de 60 billones en 2020, según datos de la Iniciativa Bonos Climáticos (Climate Bonds Initiative en inglés). Este proceso de hegemonía del poder financiero ha provocado que se primen rentabilidades a corto plazo, obviando medidas preventivas y correctoras a nivel ambiental y priorizando la extracción de los materiales de los ciclos naturales muy por encima de su capacidad de regeneración. Esta realidad se ha ido conjugando con el acaparamiento de tierras por parte de estas élites financieras, como reservas energéticas o alimentarias.
Desde hace muchos años seguimos con cifras vergonzantes en materia hídrica con más de 1.000 millones de seres humanos sin abastecimiento y más de 2.000 sin saneamiento
Lo que llamamos crisis es, en definitiva, solo una contingencia más del modelo económico y su evolución. En términos ecológicos (y con cierto cinismo) podría considerarse estas acciones correctoras, monetarizadoras y financiadoras a priori como parte del juego, como “hipótesis de trabajo”… pero no lo son en absoluto porque la tozuda realidad no puede ser más nefasta en materia ambiental, catalizándose el deterioro en estos últimos años.
A pesar de todos los Acuerdos internacionales del Clima, los niveles de CO2 nunca han sido tan altos como ahora, en estos últimos años no ha dejado de crecer y con él los riesgos que conlleva. Desde hace muchos años seguimos con cifras vergonzantes en materia hídrica con más de 1.000 millones de seres humanos sin abastecimiento y más de 2.000 sin saneamiento. Pero hay más indicadores. El 13 de noviembre de 2017 se publicaba en la revista BioScience un artículo que actualizaba la “Alerta de los científicos del mundo a la humanidad”, un manifiesto firmado hace veinticinco años por 1.700 científicos incluyendo la mayoría de los premios nobel vivos. En esta ocasión la segunda advertencia lleva la firma de 15.364 científicos de 184 países.
La advertencia es preocupante, pues las tendencias puestas de manifiesto hace veinticinco años no se han detenido, ni siquiera frenado. El agua dulce disponible por habitante se ha reducido un 26,1%. La captura de peces se ha reducido un 6,4% (bastante más desde su máximo posterior a 1992) no por un esfuerzo de conservación, sino porque no hay disponibilidad del recurso. El número de “zonas muertas” en ecosistemas acuáticos ha aumentado un 75,3% con una superficie forestal que ha disminuido un 2,8%. La abundancia de vertebrados ha disminuido un 28,9%.
Hay instrumentos para cambiar estas tendencias pero todos pasan por no poner vendas paliativas sino transformar poco a poco, pausada pero firmemente, los principios del  sistema capitalista. El Medio Ambiente supone un indicador, una voz inmejorable para alertar de las desviaciones del modelo de los márgenes de equilibrio socioecológico. Paso a paso se debe vislumbrar el enorme futuro de un nuevo modelo de economía social y solidaria de mayor proximidad a la ciudadanía basado en principios de cooperativismo y autogestión que suponen menor impacto ecológico y energético. Un modelo nuevo en el que se mide el futuro con parámetros más realistas por integrales que un mero indicador contable como es el PIB. Lo que está claro es que la alternativa al capitalismo no es un capitalismo más verde, pues éste ya ha demostrado su fracaso.
En síntesis, estos últimos 40 ó 50 años de neoliberalismo (y los pasados 10 años en que uniformemente se ubica la crisis) están dejando ver las grietas del modelo que se niega a desaparecer. Pero los sistemas ecológicos han dicho basta. Ellos llevan en crisis más de un siglo. Llamémoslo Antropoceno, Colapso ambiental, Cuarta Revolución Industrial, Sexta extinción… da igual. La tendencia es clara. O se asumen cambios en los patrones y paradigmas económicos o no durará mucho porque el modelo está, estructuralmente, en crisis (que etimológicamente significa separo, elijo). Una crisis que no solo es económica, sino ecológica y por tanto global.
Publicado en nuevatribuna
ATTAC España no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.

jueves, 29 de marzo de 2018

Motores económicos de la destrucción ambiental

Alejandro Nadal, La Jornada

La semana pasada el Panel intergubernamental sobre biodiversidad y servicios de ecosistemas (Ipbes, por sus siglas en inglés) dio a conocer cuatro importantes informes sobre el deterioro ambiental. Se trata de las evaluaciones más importantes sobre el estado del medio ambiente en los pasados 10 años y cubren las regiones de Asia-Pacífico, África, América y Europa-Asia central. Las noticias son alarmantes: la pérdida de biodiversidad está a la par del cambio climático como una de las amenazas más graves para la humanidad. Ambos problemas actúan en retroalimentación y se fortalecen mutuamente en un círculo vicioso.

Cada una de las megarregiones cubiertas por los equipos del Ipbes presenta señales de severos daños en todos los ecosistemas. La pérdida de biodiversidad está acompañada de un grave deterioro en la calidad de los suelos y de una marcada degradación en los acuíferos y cuerpos de agua. Por ejemplo, para África el Ipbes concluye que hacia finales de siglo se habrán extinguido la mitad de las especies de aves y mamíferos del continente debido al cambio climático. El informe señala que se han deteriorado más de 500 mil kilómetros cuadrados en el continente debido a la sobrexplotación, erosión, salinización y diversas formas de contaminación. Y se espera que la presión sobre el medio ambiente se intensifique, porque la población en África pasará de mil 250 a 2 mil 500 millones de personas.

En el continente americano, el informe del Ipbes concluye que en promedio la biodiversidad se ha reducido 31 por ciento en toda la región a lo largo de los pasados cinco siglos, pero el cambio climático va a empeorar la situación. Si las tendencias no cambian, para 2050 se habrá perdido otro 10 por ciento de especies. En general, las malas noticias se repiten una y otra vez para las cuatro regiones que cubren los informes del Ipbes. El mensaje general es que la destrucción ambiental provocada por la actividad económica alcanza dimensiones planetarias y pone en peligro la supervivencia de la especie humana.

Sin duda alguna estos estudios tienen una gran importancia para el diseño y aplicación de políticas. Pero es precisamente en la intersección entre actividad económica y daños ambientales donde se encuentra el punto más débil de los estudios del Ipbes.

En efecto, para los arquitectos de los diagnósticos del Ipbes el tema de los motores del deterioro ambiental es su talón de Aquiles. El equipo medular que realizó el estudio conocido como la Evaluación del milenio sobre los ecosistemas (dado a conocer en 2004) es el mismo que promovió la creación del Ipbes. Ya desde aquel trabajo habló de los motores del deterioro ambiental, pero se limitó a encontrarlos en el crecimiento económico y demográfico. Esto es problemático por varias razones.

Una de ellas es que desde hace más de 40 años la economía mundial viene sufriendo una caída en la tasa de crecimiento. En 1964 se expandió a una tasa de 6.7 por ciento, pero en 2015 el crecimiento se había reducido a 2.6 por ciento. A lo largo de esos 50 años la economía global ha sufrido cinco grandes recesiones y siempre la recuperación presentó tasas de crecimiento inferiores a las de la recuperación en la crisis anterior. A lo largo de todo el periodo se observa una tendencia constante hacia menores tasas de expansión. Y ahora viene la pregunta: ¿esa ralentización fue buena para el medio ambiente? La evidencia a nuestro alrededor es clara y los estudios del Ipbes lo constatan: el deterioro ambiental ha continuado intensificándose a lo largo de estos cinco decenios.

El tema del aumento de la población también amerita un análisis más cuidadoso. Y es que la tasa de crecimiento demográfico también ha manifestado una caída muy importante en los decenios anteriores, pasando de 2 a 1.1 por ciento entre 1963 y 2015. Claro que ahora el volumen de la población total hace que el incremento anual sea comparable al de hace 50 años, pero se espera una tasa de 0.5 por ciento en 2050. Hoy, quizás, los fenómenos demográficos más importantes son la urbanización y la migración. Más de la mitad de la población mundial vive ya en ciudades y la tasa de incremento de la población urbana es de 1.5 por ciento. Y ese proceso tiene fuertes implicaciones ambientales por la adopción de patrones de consumo que muchas veces son insostenibles.

Desgraciadamente, hoy los estudios del por ciento no contienen un capítulo dedicado a los motores de la degradación ambiental. Da la impresión de que se quieren evadir las preguntas clave, que se acercan a las definiciones de prioridades políticas. Por ejemplo, en materia de agricultura se dice que es necesario promover prácticas de agricultura sustentable, pero se hace a un lado el hecho de que la pequeña agricultura campesina ha estado bajo un terrible ataque desde hace décadas por los gobiernos neoliberales en el mundo entero. Se necesita ir más allá de las generalidades para abordar un análisis desagregado y con una mejor definición. Sólo así será posible desentrañar las fuerzas económicas que están detrás de la destrucción ambiental.

domingo, 22 de octubre de 2017

Ruedan en Beijing los primeros ómnibus eléctricos

Cada vehículo mide 18 metros de largo, tiene dos pisos, sistema de seguridad y un filtro que atrapa las partículas PM 2.5, altamente nocivas para la salud

prensa-latina.cu

Beijing, 22 oct (PL) La capital de China puso hoy en operaciones los primeros 10 autobuses eléctricos que incluirán en el sistema de transporte público como parte de la lucha contra las emisiones contaminantes.

Cada vehículo mide 18 metros de largo, tiene dos pisos, sistema de seguridad y un filtro que atrapa las partículas PM 2.5, altamente nocivas para la salud, indicaron las autoridades municipales del sector.

Además usan una batería que se recarga en 15 minutos y garantiza un recorrido de 130 kilómetros hasta que se agote la energía.

La administración de Beijing planea poner en circulación al menos cuatro mil 500 ómnibus de ese tipo antes de fin de año.

En esta ciudad cada vez son más populares los vehículos eléctricos y aumentaron a 151 mil 500 los que recorren sus calles.

China apuesta por ese medio de transporte para reducir la emisión a la atmósfera de gases tóxicos producidos por la combustión de la gasolina, el petróleo y el carbón, pues sufre el deterioro de la calidad del aire principalmente en regiones del norte, donde está ubicada la capital.

viernes, 11 de agosto de 2017

Ikea y Tesla luchan por el negocio de los paneles solares domésticos

IKEA busca liderar el negocio de la energía solar hogareña. A los paneles solares que ya comercializa, quiere sumar baterías para el almacenamiento de energía.
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Hege Saebjornsen, Gerente de sostenibilidad, IKEA UK e Ireland comenta: “En IKEA, siempre estamos buscando maneras de ayudar a los clientes para tomar acciones positivas en casa a favor del medio ambiente y su economía. Sabemos que nuestros clientes quieren vivir de forma más sostenible, y junto con Solarcentury les ayudaremos a obtener más valor de sus paneles solares y ahorrar dinero.”

Los costos del consumo de energía eléctrica aumentaron un 15% en lo que va del año en el Reino Unido, presentándose la oportunidad ideal para que IKEA ofrezca la batería para el almacenamiento y el paquete solar doméstico.

Los valores de los paneles solares serán a partir de £6.925 (US$ 9.157), y los precios de la batería desde £5.000 (US$ 6.612). Estos valores se podrían amortizar en unos doce años.

El almacenamiento de la energía generada por esos paneles se realiza en una batería de tamaño respetable —aunque no tan voluminosa como las de Tesla—, y si algún interesado ya tiene una instalación solar en su domicilio puede adquirir esas bateríasde forma independiente.

Este sistema solar doméstico de IKEA está pensado para revolucionar completamente el mercado de la energía renovable doméstica, los propietarios de casas solares ahora van a ser capaces de maximizar la cantidad de electricidad generada por sus paneles solares, ya que van a poder almacenar y utilizar su propia energía cuando la necesiten. En principio, están ofreciendo el paquete más competitivo del mercado en el Reino Unido.

Según los responsables de la empresa, una casa convencional en el Reino Unido consumirá aproximadamente el 40% de la energía que genere con esta solución, y el 60% se puede revender a la red eléctrica británica, aunque con un valor inferior al que tendría en el mercado convencional. En IKEA indican que con las baterías es posible almacenar esa electricidad para usarla más tarde, lo que aumentaría el aprovechamiento de la energía generada en un 80% como máximo teórico.

IKEA pondrá a la venta online en breve su paquete de almacenamiento Solar Plus, en las tiendas estará disponible a finales de este año. El paquete incluye una batería de 3,3-kWh LG Chem. Esta batería tiene como misión almacenar la electricidad generada por los paneles solares de la vivienda.

Ecoportal.net

Con información de:

sábado, 5 de agosto de 2017

La humanidad ya consume los recursos de 1,7 veces el planeta

Enric Llopis, Rebelión

El ser humano consume ya los recursos producidos por 1,7 veces el planeta (2,4 en el estado español), advirtió el pasado dos de agosto WWF. Esta organización conservacionista y Global Footprint Network han señalado la importancia de la fecha, ya que muestra el creciente impacto de la actividad humana sobre el medio natural. Si en 1997 el ser humano consumió a finales de septiembre el equivalente a los recursos anuales que la naturaleza puede regenerar; en 2016 la fecha se adelantó al ocho de agosto y en 2017, al día dos del mismo mes. Es el denominado “Día de la Sobrecapacidad de la Tierra”, que avanza año a año en el calendario.

Global Footprint Network destaca las emisiones de carbono como principal componente de la “huella ecológica” humana en el planeta, que además ha registrado un significativo aumento en las últimas décadas: pasó del 43% en 1961 al 60% en 2012 (el resto de componentes evaluados son tierras de cultivo y pastoreo, zonas de pesca, superficie forestal y suelo urbanizado). La causa principal de este predominio es el consumo de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas natural). Además de ser el principal factor de la “huella ecológica” a escala mundial, las emisiones de carbono lo fueron en 145 de los 233 países evaluados en 2012, según el informe de WWF “Planeta Vivo. Riesgo y resiliencia en el antropoceno” (2016).

En un artículo titulado “El planeta entra en números rojos”, la organización conservacionista destaca acciones cotidianas al alcance de cualquier ciudadano para retrasar el “Día de la Sobrecapacidad de la Tierra”. Por ejemplo, la reducción del uso del automóvil. Sin embargo, las tendencias son poco halagüeñas. La Organización Mundial de Constructores de Automóviles (OICA) informa que la producción global de vehículos aumentó un 5% en 2016 respecto al año anterior, lo que supone 94 millones de coches, vehículos comerciales y autobuses fabricados en 2016. China mantiene un rotundo liderazgo. Además, en 2014 se superó la cifra de 1.200 millones de automóviles circulando por el planeta.

No menos perentoria es la necesidad de reducir el despilfarro de alimentos, que asimismo plantea WWF. En 2012 la FAO señaló que un tercio de los alimentos producidos para el consumo humano, en todo el planeta, se pierden o desperdician; la citada proporción equivale a 1.300 millones de toneladas anuales. “Es un exceso en una época en la que mil millones de personas pasan hambre”, advierte la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. En el informe “El estado de los bosques en el mundo” (2016) la FAO alerta también sobre los ritmos de la deforestación. En el periodo 2000-2010 se registró una pérdida neta de siete millones de hectáreas anuales de bosque en los países tropicales, una parte en beneficio de la agricultura; el documento establece diferencias en función de las regiones; si la agricultura comercial da lugar a cerca del 70% de la deforestación en América Latina, el porcentaje se reduce a un tercio en África (en este continente la pequeña agricultura contribuye en mayor medida a la tala de bosques).

La “huella ecológica” permite medir las demandas de la humanidad a la naturaleza, en relación con la capacidad biológicamente productiva de ésta (para suministrar recursos, y también para absorber residuos). El Informe “Planeta Vivo” analiza este indicador, que además de los impactos de la acción humana sobre el medio ambiente, hace posible calibrar los desequilibrios globales. Así, entre 1961 y 2012, la “huella ecológica” media por habitante de los países con elevados ingresos (según la clasificación del Banco Mundial) aumentó de 5 a 6,2 hectáreas globales (la cota más alta, 6,6 en el año 1985). También se produjo un incremento en los países de ingresos medios: de 1,4 a 2,3 héctareas globales per cápita en el mismo periodo. El punto de contraste lo ofrecen los países con bajos ingresos, que en cinco décadas se mantuvieron en torno a una hectárea global por habitante. En los países empobrecidos, los patrones de consumo que determinan la “huella ecológica” difieren de los del mundo rico. Así, en Tanzania el 94% obedece a las demandas de alimentos y vivienda, porcentaje que en Estados Unidos se sitúa en el 43%; y en el 51% en Alemania.

El informe de WWF señala que desde 1971, la demanda de la humanidad a la capacidad regenerativa del planeta no ha dejado de incrementarse. Si prosigue la tendencia, en 2020 la proporción entre demanda humana y capacidad regeneradora de la naturaleza podría ser un 75% superior en el primero de los conceptos. Uno de los capítulos en los que puede apreciarse el impacto de la acción humana sobre el medio es la producción de soja, que ha aumentado de manera franca en las últimas décadas. La superficie dedicada a su cultivo en América Latina pasó de 17 millones de hectáreas en 1990 a 46 millones en 2010 (la demanda europea requiere un área de 13 millones de hectáreas en Latinoamérica, aunque el principal importador y en palmario crecimiento es China); además, la FAO cifró la producción mundial del año 2013 en 278 millones de toneladas.

Con la soja se alimenta al ganado y, en consecuencia, se satisface una demanda en crecimiento exponencial de carne. “Esta expansión se ha asociado a un cambio considerable en el uso del suelo y a la deforestación de hábitats de gran valor ecológico, como el Cerrado brasileño”, subraya el documento “Planeta Vivo”. En 2014 WWF-Brasil hizo sonar las alarmas: “desde finales de los años 50 del siglo pasado hasta hoy, aproximadamente la mitad de la sabana natural del Cerrado se convirtió en territorio agrícola”. Si continúa la tendencia, agrega esta fuente, “se intensificaría la presión sobre el Cerrado, la Amazonía, el Chaco y otros ecosistemas amenazados”.

A partir de datos de la FAO, el Informe de WWF señala el enorme impacto de la producción ganadera. Cerca de un tercio de los 1.500 millones de hectáreas de los campos de cultivo del mundo tienen como fin la producción de alimentos para los animales; a ello se agregan 3.400 millones de hectáreas de pastos, destinados a forraje también para los animales. De este modo, puede concluirse que cerca del 80% de las tierras agrícolas se dirigen, de modo directo o indirecto, al ganado, bien para la producción cárnica, de lácteos u otras proteínas de origen animal. Una variable de interés es el impacto en el cambio climático de las actividades vinculadas al sector primario. La suma de agricultura, ganadería y el resto del sistema alimentario producen entre el 25 y el 30% de las emisiones de efecto invernadero, según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de Naciones Unidas.

La acción depredadora del ser humano afecta también a la biodiversidad. El Índice Planeta Vivo (IPV) global resalta que en cuatro décadas, entre 1970 y 2012, la población de vertebrados se redujo en un 58%. En cuanto a las poblaciones analizadas en los sistemas de agua dulce (lagos, ríos y humedales), la disminución alcanzó el 81% en el periodo citado (los datos proceden del estudio de 3.324 poblaciones de 881 especies de agua dulce). Otro factor apuntado en el documento es la merma de los humedales, principalmente por la necesidad de terrenos para la agricultura. El índice WET, que mide las transformaciones del área de los humedales naturales, revela un descenso del 30% en las últimas cuatro décadas. Además, algunos especialistas apuntan que en las últimas tres centurias podrían haber desaparecido el 87% de la superficie de las zonas húmedas.

Circunstancias similares rodean a los ríos: cerca de la mitad de su volumen global fue alterado por la regulación de caudales o la fragmentación. Por otra parte, desde hace 25 años la FAO mesura la disponibilidad de recursos hídricos. En 2014 cerca de 50 países sufrieron “estrés” hídrico (principalmente en África, donde lo padecen el 41% de los países) o escasez de agua (el 25% de los países asiáticos), en comparación con la treintena de 1992. La amenaza se cierne también sobre la actividad pesquera. De hecho, entre 1974 y 2013 el porcentaje de peces que se situaba en cotas sostenibles pasó del 90 al 68,6%.

domingo, 23 de abril de 2017

Crean sistema para cultivar peces y plantas en tu hogar


Investigadores de El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur) y de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT) han desarrollado un sistema que permite a familias de escasos recursos producir en seis meses hasta 120 kilogramos de peces, caracoles y acociles, además de 45 kilogramos de vegetales comestibles, como frijol, chile y cebollín.
ENVIADO POR: INNOVATICIAS.COM / RED / AGENCIAS, 

En México, una parte de la población carece de alimentos suficientes, nutritivos e inocuos para satisfacer sus necesidades energéticas diarias y preferencias alimentarias, ¿cómo contribuir a que sus condiciones de vida mejoren?

Investigadores de El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur) y de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT) han desarrollado un sistema que permite a familias de escasos recursos producir en seis meses hasta 120 kilogramos de peces, caracoles y acociles, además de 45 kilogramos de vegetales comestibles, como frijol, chile y cebollín.

Se trata del Sistema Acuapónico de Baja Intensidad (SABI) que combina las técnicas de acuacultura e hidroponía, una propuesta encaminada a disminuir la inseguridad alimentaria en Tabasco, pero que bien puede extenderse a todos los estados.

En el país, 46.2 por ciento de la población vive en condiciones de pobreza, según datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval). De los mexicanos que habitan zonas rurales, 45.5 por ciento vive en inseguridad alimentaria leve y 22.4 por ciento, en moderada; en tanto que, en ámbitos urbanos 40.6 por ciento tiene inseguridad alimentaria leve y 16.5 por ciento, moderada, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) 2012.

 
Este proyecto, con el que Fernando Iriarte Rodríguez busca doctorarse, es una estrategia de producción de alimentos en el traspatio de familias que habitan en zonas rurales o periurbanas, que les permite disponibilidad y acceso a productos frescos, inocuos y nutritivos de manera prolongada.

Es un sistema de bajo costo porque se integra por materiales de uso común en la industria de la construcción y reutiliza instrumentos, como botellas de PET para la instalación de macetas y contenedores plásticos industriales que son usados como filtros.  

Su operación requiere bajo consumo energético, pues se ayuda de una bomba magnética de mínimo consumo para generar la recirculación del agua. En tanto que es ambientalmente amigable, ya que el uso del vital líquido después del llenado es bajo y la descarga de sedimentos mínima, además de que emplea organismos acuáticos nativos con alto potencial acuícola, como el caracol y el acocil, y vegetales que forman parte de la cultura alimentaria de la entidad.

Fernando Iriarte Rodríguez, también profesor investigador de la UJAT, explica a la Agencia Informativa Conacyt que el proyecto surgió hace seis años con el desarrollo del prototipo ingenieril, el cual se ha ido perfeccionando y a la fecha seis sistemas se encuentran en operación en hogares de Villahermosa y en comunidades periurbanas, mientras que uno más está instalado en la sede de Ecosur, en Villahermosa.

¿Qué es la acuaponía?

Es una técnica de producción de especies acuáticas y vegetales inspirada en las técnicas que los aztecas utilizaban a través de las chinampas para aprovechar las excretas de peces y microalgas para nutrir los cultivos de maíz. 

Suma las cualidades de la acuacultura y la hidroponía a través de un sistema de recirculación del agua, para producir de manera sostenible alimentos de alto valor nutritivo, como fuente de proteínas (pescado), de vitaminas y minerales (chile, frijol, jitomate, frutas), con un valioso impacto social y económico a nivel local.

La producción acuapónica es una alternativa en México, donde el sector agrícola es el mayor consumidor de agua al utilizar 65 por ciento de agua dulce consumida en el país. Solo en 2011, 77 por ciento del total de las extracciones hídricas para usos consuntivos en México se destinó al sector agrícola con un consumo de 61.6 kilómetros cúbicos, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés).

Diversos estudios refieren que esta técnica reduce en 90 por ciento los requerimientos del vital líquido necesario para un cultivo normal de peces; representa una disminución significativa en los costos de cultivo de hortalizas sin que se utilicen grandes extensiones de tierra, pues permite el ahorro de hasta 45 por ciento en fertilizantes debido a que la producción de peces proporciona más de 80 por ciento de los elementos que las plantas necesitan para su desarrollo.

En tanto que los niveles de productividad son importantes, pues se ha documentado que por cada tonelada de pescado producida anualmente, se puede obtener hasta siete toneladas de algún cultivo vegetal.

Sin embargo, estos sistemas no están exentos de los riesgos que representan factores externos como la radiación solar, la temperatura y fenómenos naturales como ciclones y huracanes.

¿Cómo funciona?

La infraestructura de esta iniciativa tecnológica se compone de una tina (alberca), contenedores plásticos industriales, un sistema de tuberías de PVC y botellas de PET recicladas.

El SABI se llena con 15 metros cúbicos de agua, aproximadamente, que puede provenir de la llave, de lluvia o de un pozo, siempre que se sanitice en un sentido básico. Los primeros seres vivos que se siembran son los caracoles, a fin de que generen una flora bacteriana benéfica; tiempo después toca turno a las tilapias, en una proporción de un ejemplar del pez por cada dos caracoles; según lo que han experimentado, se pueden sembrar entre 250 y 350 ejemplares.

El agua sale de la tina a través de un drenaje hacia un primer contenedor, donde se sedimenta la materia orgánica, por procesos bioquímicos naturales, comienza a degradarse la urea y amonio a nitritos.

En un segundo contenedor se deposita un sustrato fabricado que fomenta la colonización por bacterias aerobias, del género Nitrosomona y Nitrobacter, que son las encargadas de hacer el cambio de nitritos a nitratos, debido a que los nitritos son tóxicos para los peces.

El agua que proviene del segundo contenedor es llevada al circuito de cultivo vegetal, que son las tuberías donde se ubican las macetas. En los sistemas implementados por los especialistas de la UJAT y de Ecosur, se colocan 144 macetas, siendo esta la cantidad mínima necesaria para eliminar los metabolitos de hasta 350 tilapias. Las raíces absorben todos los nutrientes del agua, que las hacen crecer produciendo frutos, follaje o semillas. En este proceso, el agua se libera de los metabolitos que pudieran ser perjudiciales para los peces, por la absorción de las raíces que, a su vez, son conservadas limpias gracias a la presencia de acociles.

 

Posteriormente, el agua llega a otro contenedor desde el que se bombea el agua a la tina donde habitan los peces, cerrando el circuito de circulación del agua.

“En este sistema, todos los organismos vivos tienen una función: las tilapias procesan el alimento balanceado produciendo materia orgánica que es consumida por los caracoles; estos la reducen en volumen; las bacterias del tanque sedimentador transforman esa materia a sales de nitrato; las plantas absorben dichas sales minerales; los acociles limpian las plantas al consumir y eliminar sus raíces; de esta manera, el agua proveniente del cultivo vegetal es biológicamente viable para finalmente ser bombeada al cultivo de tilapia”, explica el maestro Fernando Iriarte.

Modelo eficaz

A la fecha, seis familias tabasqueñas se benefician del SABI, actualmente todas lo tienen en operación. El valor agregado que ofrece este sistema —a diferencia de otros modelos que se han desarrollado en México y otras partes del mundo— es que es funcional desde hace casi tres años en el traspatio de los hogares.

A lo largo de este tiempo, Fernando Iriarte Rodríguez y su asesor de tesis, el doctor Manuel Mendoza Carranza —investigador de Ecosur— han validado el sistema, lo han instalado y acompañado a los usuarios en su operación durante los seis meses que dura el primer ciclo de producción.

“Los resultados, independientemente que se obtienen alimentos saludables, libres de toxinas, inocuos y que están siempre ahí, han mostrado beneficios como el incremento de la seguridad alimentaria de las familias, su empoderamiento al consumir alimentos que ellas mismas producen y la organización que tienen para hacerse cargo del sistema”, explica Fernando Iriarte.

Valor académico

El doctor Manuel Mendoza Carranza, investigador del Departamento de Ciencias de la Sustentabilidad de Ecosur, unidad Villahermosa, dice en entrevista que este proyecto tiene múltiples aportaciones desde el punto de vista académico.

En primera instancia, los resultados que está dando el trabajo permitirán que Fernando Iriarte obtenga el grado de doctor. La segunda es que aporta adecuaciones novedosas en su funcionamiento respecto a otros sistemas a nivel nacional e internacional, lo cual tendrá un fuerte impacto científico-tecnológico.

Señala que otra valía del sistema es su planteamiento económico y productivo. “El primer experimento que se hizo fue para validar su eficiencia, tanto de manejo como de la parte económica-productiva, resultando que los sistemas que tenemos instalados, casi todos tienen un comportamiento semejante, quiere decir que tenemos un sistema homogéneo y que desde el punto de vista científico está probando su eficiencia”, abunda.

Hasta el momento ya contemplan la elaboración de un par de artículos científicos, uno enfocado en las características técnicas del sistema, cuánto se siembra y se produce; y un análisis económico evaluando que si una persona invierte en la instalación del SABI en su hogar, en qué tiempo verá recuperada su inversión.

Adicionalmente, el SABI está probando que puede ser utilizado para sembrar más de 90 especies diferentes de plantas, entre ellas, tubérculos como rábano y ajo, de los cuales no se sabía que era posible producirlos por acuaponía.
Cabe señalar que está en trámite de patente como un modelo de utilidad entre Ecosur y los desarrolladores, con el fin de tener mayor seguridad y que el sistema y sus ventajas lleguen a la gente.




viernes, 6 de enero de 2017

Productores de Cienfuegos ganan más con el manejo sostenible

Proyectos de la cooperación internacional dotan a la agricultura cubana de tecnologías ecológicas.


En la provincia de Cienfuegos, destaca la próxima puesta en marcha de una mini industria para procesar frutas y vegetales.
En la provincia de Cienfuegos, destaca la próxima puesta en marcha de una mini industria para procesar frutas y vegetales.
Foto: Tomada del periódico Trabajadores.
La Habana, 6 ene.- La aplicación de proyectos de manejo sostenible y la explotación de diversas fuentes de energía renovable, permiten a cooperativas agropecuarias de la provincia de Cienfuegos incrementar sus ingresos de forma amigable con el medio ambiente.
Con el financiamiento de entidades internacionales, se vieron beneficiadas estructuras campesinas de los municipios de Cumanayagua, Abreus y Palmira, indicó un reporte con los resultados al que la Redacción IPS Cuba tuvo acceso.
Ello propició que diversas cooperativas del territorio hayan experimentado en tres años un crecimiento en la obtención de carbón vegetal así como en la producción de leche, miel de abeja y carne bovina.
La eliminación de especies invasoras, la mejora del pasto y un mayor cuidado de los rebaños, están entre las acciones que permiten dichos resultados.
Otras de las medidas son la puesta en marcha de más de 60 biodigestores, la eliminación de la leña en la cocción de los alimentos y una mejora en el tratamiento de excretas porcinas.
Tales alternativas benefician a viviendas de las respectivas zonas, gracias a una disminución de la tarifa eléctrica por concepto de generación mediante fuentes renovables.
Incluso cooperativas de producción agropecuaria (CPA) como la Abel Santamaría, ubicada en el macizo montañoso de Guamuahaya, lograron incrementar en seis veces sus ingresos anuales.
A los indicadores alcanzados en esta CPA se adiciona el manejo sostenible de especies endémicas locales como el Guano Barbudo.
Gracias a la aplicación de técnicas no invasivas, los capullos de esta planta son empleados en producciones artesanales de soga, sombreros, escobas y cepillos, entre otros.
En una nación donde la agricultura experimenta los retos más complejos, las diversas formas organizativas agrícolas buscan diferentes vías de desarrollo.
En la provincia de Cienfuegos, destaca la próxima puesta en marcha de una mini industria para procesar frutas y vegetales en la comunidad de Espartaco, en el municipio de Palmira.
Por su parte, cooperativas del municipio de Cumanayagua aplicaron la reforestación de más de veinte hectáreas con árboles frutales y maderables.
Las y los productores beneficiados lograron elevar también la producción y rendimientos cafetaleros.
Por otra parte, las medidas trajeron la disminución de las emisiones de gases de efecto invernadero en seis comunidades de dicho municipio cienfueguero, ubicado en el macizo montañoso de Guamuahaya.
Como parte también del apoyo financiero, se potencia la reproducción animal por inseminación artificial, mediante la compra y puesta en marcha de tecnología para tales procesos.
Durante los tres años de ejecución de los proyectos, en las diferentes iniciativas, surgieron oportunidades de trabajos para las mujeres de las distintas comunidades.
En la provincia de Cienfuegos tienen lugar, desde 2012, alrededor de cinco proyectos que benefician a más de una decena de cooperativas y comunidades agrícolas.
Las iniciativas forman parte del Programa de Pequeñas Donaciones del Fondo Mundial para el Medio Ambiente del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. (2017)