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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz
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domingo, 11 de octubre de 2026

Tope o no tope de precios: el debate que renace todos los días

 Por: Rafael Montejo

 






Caricatura: Martirena.

La paradoja cubana: se pide eliminar los topes, pero las provincias los retoman

Mientras en el eje temático número 13 de las Transformaciones Económicas y Sociales, aprobadas por la Asamblea Nacional, titulado: “Transformaciones en la política de precios” (con solo dos propuestas), se puede leer: “descentralizar la facultad de aprobación de precios y tarifas a las empresas y a las administraciones territoriales y locales. Se eliminan los topes de precios de manera general”; en las provincias —los gobiernos provinciales— parecieron no enterarse y los retomaron ante el alza imprevista y desmedida de los precios del aceite.

Del dicho al hecho media la vieja disputa entre controlar o liberar precios, topar o no topar. Spoiler: los topes de precios pueden ganar tiempo en una crisis, pero rara vez ganan la guerra.

Cuba 2026: el caso más reciente y el que más nos importa

En julio, la Asamblea Nacional aprobó 176 Transformaciones económicas y sociales con la directriz explícita de "no determinar precios por métodos administrativos y no topar precios". Desde su puesto de emprendedora, Gina piensa "Los topes en realidad no funcionan. Si al comerciante no le conviene, no vende. Pero si quitan el tope y ellos ponen el precio, ¿no sube más?"

Su intuición se confirmó en semanas. En agosto, Villa Clara, Santiago de Cuba, Holguín y Guantánamo restablecieron topes. En Villa Clara, el huevo a 110 pesos la unidad, el aceite a 2500 pesos el litro, la leche en polvo a 3120 pesos el kilogramo. Matanzas cubrió aceite, pollo, huevo, arroz, granos, leche en polvo, azúcar y embutidos. Pinar del Río habló directamente de "precios máximos": aceite a 2150 pesos.

Quizás por eso se escuchan los gorjeos de un recién nacido, los Mercados de Barrio, que mezclan topes que no son topes pero lo son indirectamente. Otros afirman: "Sin abastecimiento suficiente, la liberalización de precios tampoco resuelve, y sin productos y una tasa cambiaria tan volátil y al alza, los Mercados de Barrio pueden morir al nacer". ¿Y los ingresos de la población? Bien, gracias.

La academia lo aborrece: el debate teórico

El argumento contrario a los topes es directo: si el gobierno fija un precio por debajo del equilibrio, los productores pierden incentivo para ofrecer más, los consumidores compran de más, y la brecha se cubre con escasez, colas o mercado negro. El precio deja de avisar dónde falta mercancía.

Algunos economistas en Cuba lo resumen desde una óptica marxista: los topes no deben ser política permanente ni general, pero en una crisis aguda "pueden ser medidas temporales y focalizadas". Su eficacia depende de tres condiciones: que el precio no quede por debajo del costo de producción con ganancia razonable, que venga acompañado de mecanismos para aumentar la oferta, y que sea transitorio. Cuando falla alguna, "el efecto boomerang supera los beneficios": el producto desaparece del mercado formal, la inflación reprimida estalla y se pierde el incentivo a producir.

En la senda opuesta, la defensa clásica apunta a la distribución. Cuando un monopolio o un oligopolio abusa de su posición, el tope "protege al consumidor de la explotación monopólica", una medida que algunos califican sin ambages de "justa". En crisis externas —bloqueo, desastres naturales—, el límite impide que la escasez sea explotada por especuladores.

Los más ven el tope de precios como una mala palabra vergonzosa a la que en su recurrencia se desafía la lógica más elemental. Las personas, economistas o no, tienden a agradecer cuando alguien o algo les alarga el bolsillo.

Galbraith en Washington: cuando Estados Unidos topó precios

Cuando el economista canadiense John Kenneth Galbraith llegó a Washington una mañana de domingo para hacerse cargo de la División de Precios de la Oficina de Administración de Precios (OPA), Estados Unidos aún no había entrado formalmente en la Segunda Guerra Mundial, pero el gasto en defensa ya estaba inflando los precios. Su tarea era titánica: dividir toda la industria estadounidense en sectores manejables —metales no ferrosos, combustibles, acero, textiles, cuero y confección— y ponerles un techo a los precios.

"Sentado solo en el edificio Bryan un domingo, revisé la división del trabajo de la oficina de las clasificaciones industriales del censo", recordaría después. "Parecía casi demasiado fácil."

Fue un camino cuesta arriba. La oficina llegó a contratar a 15 000 personas. La burocracia creció hasta extremos absurdos. Un curioso grupo se dedicaba a la recuperación de caucho de suelas y tacones, y en un momento se movilizó a carteros de Washington para medir el desgaste de las suelas y evaluar la calidad del calzado. Parecía demasiado soviético.

Cuando los japoneses aparecieron en Pearl Harbor, Galbraith envió un telegrama al mercado de Chicago antes de que abriera la oficina, limitando las alzas diarias de trigo, soja, manteca y huevos. También llamó a las grandes empresas para fijar topes a decenas de productos. Según sus propias memorias, el Congreso, que es como la junta de gobierno o de accionistas del gran capital, "aulló".

La lógica a favor era simple: en una guerra, el sistema de precios deja de asignar recursos y pasa a determinar "quién puede pagar más". El control era la única forma de repartir con cierta justicia. La crítica también era simple: los topes generan escasez y el racionamiento apenas la disimula.

También del lado de acá se nos hace, y estamos en guerra con estos mismos vecinos norteños; no tenemos una oficina de control de precios, aunque sí un ministerio que lo tiene en su nombre y una Oficina Nacional de Estadísticas e Información que calcula el Índice de Precios al Consumidor y que sirve de observatorio. Amén de la población, que sigue la espiral de precios minuto a minuto con menos rigor metodológico pero no menos sentido práctico.

Nixon y Burns: el mayor ensayo de control de precios en tiempos de paz

Luego de cerrada la Oficina de Control de Precios por el propio Galbraith y muchas críticas de Milton Friedman y los Chicago Boys en Chile, golpe de Estado por medio, Nixon pareció no darse por enterado —bueno, de eso y otras cosas— e inició el mayor ensayo de control de precios en tiempos de paz en Estados Unidos.

El 15 de agosto de 1971, Nixon anunció un congelamiento salarial y de precios por 90 días. La Fase I funcionó: los precios al consumidor subieron apenas 0,5 %. La Fase II limitó los salarios al 5,5 % anual y la inflación de 1972 cayó al 3,5 %. Después llegó la Fase III, con controles "voluntarios", y el techo se derrumbó: en 1973 los precios mayoristas industriales crecían a un ritmo anualizado cercano al 16 %. Nixon volvió a congelar por 60 días, ya sin efecto.

El entonces presidente de la Reserva Federal, Arthur Burns, admitió ante el Congreso en 1974 que "los controles directos contribuyen poco a contener la inflación" y que, en un entorno complejo, "los controles amplios y rígidos de salarios y precios probablemente hacen más daño que bien".

No olvidar que entonces, igual que hoy, los precios del petróleo se dispararon, la OPEP hizo lo suyo en aquel momento, el oro de Bretton Woods dejó de ser un referente para el dólar, y la guerra, en aquel entonces contra Vietnam, hoy se libra contra Irán, agregaban una carga adicional. Es cierto que el contexto general geopolítico es otro, pero hay invariantes.

Los topes que no se llaman topes

Ser y no ser al mismo tiempo es una cualidad que Hamlet envidiaría. No todos los controles de precios se anuncian como tales. Buena parte operan disfrazados de política cambiaria, arancelaria, intereses bancarios, impuestos, reservas de recursos, fondos de contingencia, regulaciones o en combinación. Son formas indirectas de regulación y de "topes". Algunos no los reconocen; para ellos solo existen los topes administrativos directos y son a los que les tienen ojeriza casi como un reflejo condicionado. En su opinión, los otros, los topes indirectos, son parte de las políticas y herramientas cambiarias, monetarias, tributarias, etc.

En materia de precios no es posible ignorar, desde la academia, el gobierno, las empresas, las familias y los organismos internacionales, un tema transversal a toda la economía y que se encuentra en el centro de muchas teorías y prácticas económicas desde tiempos tan lejanos como el código de Hammurabi o el intento de Diocleciano de regular el precio del trigo ante una falla en los cargamentos provenientes de Egipto.

Políticas de precios más, políticas de precios menos, siempre toman partido entre dos extremos con matices: o se va a un riguroso control de precios de corte centralizado y administrativo, o se deja, en el mejor estilo laissez faire, que el mercado regule de manera "natural" los precios.

Cuando se apuesta por la regulación indirecta de precios se está dejando una ventana al mercado y a la autonomía de los agentes económicos. El ancla cambiaria es un ejemplo. Cuando un banco central compra o vende divisas para sostener un piso cambiario, está fijando implícitamente el precio del dólar y de la moneda local. El efecto es idéntico al de un salario mínimo: se sostiene un precio por encima del equilibrio, solo que aquí el comprador (el banco central) tiene capacidad de absorber todo el excedente. Y los empresarios se orientan por esa señal, que no es solo una intervención estatal regulatoria sino también una señal al y del mercado.

Las ya muy agotadas reservas de hidrocarburos en inmensas cuevas de sal en EE. UU. están al límite y, con todo y eso, los precios del diésel en California rondan los 10 dólares el galón, más de 3 dólares el litro. Y vuelven a liberarse otros 40 millones de barriles de petróleo para contener unos precios que están encabritados. Utilizar fondos de reserva es también muy común para sostener una banda de precios.

Los aranceles trumpianos también inciden en los precios, generalmente al alza, para estimular la producción nacional y, por esa vía, con el incremento productivo, entonces tener un efecto positivo en los precios. Otra cosa es que funcione mecánica y linealmente.

La Reserva Federal de los EE. UU., sin complejos de doble personalidad, topa el precio del dinero en EE. UU. La tasa de interés que fija la Reserva Federal es la más poderosa señal de la economía norteamericana, que como un efecto dominó fija otros muchos precios. Alguien puede decir: sí, pero esa decisión se orienta por las señales del mercado, y es correcto, pero una vez topado el precio del dinero funciona en cadena. Y el objetivo declarado es mantener la inflación en determinados límites, y la inflación es el efecto del aumento desmedido y sin control de los precios.

Los subsidios y exenciones arancelarias son otra vía. En junio de 2026, Cuba eliminó los aranceles de importación para pollo, leche en polvo, salchichas, pastas y aceite, al mismo tiempo que derogaba los topes de precios que pesaban sobre esos productos desde 2024. Un tope que había funcionado por dos años con efectos variables: muy eficaces al inicio y fueron perdiendo fuelle en la medida en que el tiempo no fue suficiente para incrementar las producciones.

Se intentaba, y en parte se logró, que el tope de precios estuviera acompañado de otras medidas. Entre ellas, las de fomento de la producción en el tiempo que se ganaba por el tope, pero no se logró combinar políticas. Los topes nunca funcionan más allá de seis meses, a lo sumo un año. Pueden durar más tiempo, pero deben ajustarse y combinarse con otras variables y medidas. En ese tiempo deben revisarse y ajustarse hasta lograr aumentos significativos y estables de la producción.

Ya en 2026 se cambió la estrategia. No fue una liberación pura: el costo de importación bajó por decreto, sustituyendo el control administrativo del precio final por un control administrativo del costo de entrada.

Los marcos regulatorios por fórmula cumplen la misma función. Varios países aplican "sistemas de tope de precios" combinando políticas cambiarias, arancelarias e impositivas, en el entendido de que deben mantener la inflación "amarrada" cortica, pero no tanto como los japoneses, e ir a la deflación. La productividad con una propensión excesiva al ahorro hace que las mercancías no se realicen y volvemos al mismo punto, pero en la calle opuesta.

Valor, costos y mercado: las bases teóricas del precio

Si el acento en la determinación de precios parte de la teoría del valor trabajo marxista, entonces estos reflejan las condiciones medias de producción de los bienes y servicios. Y en última instancia depende de los volúmenes de producción, aunque mediados por otros muchos factores, desde la calidad a las tendencias y preferencias de los consumidores finales. En este sentido, el tema de la realización de la mercancía sigue siendo vital.

Si el punto de partida es el neoliberalismo stricto sensu, entonces nada que hablar: todo se resuelve de cara al mercado, apartando al Estado de toda regulación e intervención, eliminando regulaciones y que los más fuertes triunfen en una especie de darwinismo económico, aunque en la realidad las grandes empresas y capitales se “desayunan” al mercado todos los días, lo ignoran olímpicamente y suelen saltarse las más elementales reglas de la competencia y el mercado. El discurso neoliberal es perverso en el sentido de que proclaman lo que de entrada no van a cumplir.

La transformación 118 prescribe: "eliminar la obligatoriedad de utilizar el método de gastos en la formación de precios, dando paso a los métodos de referencia del mercado o por correlación, marcando su posición en la cadena de valor". En este acápite, los que se han dedicado por años a los sistemas de costos o la contabilidad de gestión y la contabilidad estratégica de costos, deben estar atónitos.

Se puede dar el mensaje equivocado o interpretarse que ya no es necesario determinar los costos de lo que producimos o de los servicios prestados. ¿Cuánto cuesta producir un medicamento o formar un estudiante universitario? Es absolutamente necesario determinar con la mayor exactitud los costos.

Otra cosa es si constituyen o no la base del precio. Mi opinión es que sí constituyen la base del precio, aunque no sea el precio definitivo, y entonces otros aspectos como la información del mercado o la correlación terminen conformando el precio definitivo. Los costos siempre son la medida real de la gestión productiva, tecnológica, humana y de dirección. Es la base, además, de la toma de decisiones empresariales junto a otras herramientas como las finanzas, la contabilidad, el marketing, recursos humanos, logística, organización de la producción, etc.

Por otra parte los métodos con información de mercado y por correlación necesitan que las relaciones de mercado funcionen de manera estable. El metodo de correlación no abandona el cálculo de los costos, por el contrario, es esencial porque sin ellos no se puede calcular la utilidad, las ganacias y la rentabildad general. La derminación de los precios por el método de gastos sigue siendo efectiva en la toma de decisiones empresariales.

El debate cubano: técnico, social y político

El debate se da en todas partes. En la calle, en las redes digitales, en blogs y chats de economistas. "¿Un consejo provincial de gobierno operando como agencia de mercado, fijando precios de venta y márgenes comerciales? ¿Es lo que se quiere con las 176 transformaciones?" Otros prendieron velas e hicieron cruces en el suelo cuando los gobiernos locales reaccionaron al influjo del huidizo aceite.

El presidente Miguel Díaz-Canel reconoció en el balance anual del Ministerio de Finanzas y Precios que "el descontento popular por los abusos y la especulación en los precios minoristas" no se ha revertido, y reiteró que "la solución está en producir más bienes y servicios". La directora provincial de Finanzas y Precios de Sancti Spíritus lo dijo sin rodeos: "Por muchas multas que pongamos, la multa no baja el precio". La salida, dijo, es "el abastecimiento, la producción, el mejoramiento de la economía".

El debate cubano no es solo técnico, es sobre todo social y político. Para el gobierno, en un contexto de más de seis décadas de economía planificada, bloqueo y sanciones estadounidenses, liberar precios sin red de contención expondría a los más vulnerables. Díaz-Canel lo planteó en junio: "Los logros sociales son inviolables", la educación y la salud seguirán gratuitas, y el Estado compensará por "planificación y redistribución". No es deseable que "unos avancen y otros queden atrás".

Para los críticos, ha faltado acabado al diseño. El sentido de la urgencia ha puesto el pie en el acelerador. No olvidar que venimos de un ordenamiento monetario con sentido de integración de precios, salarios, devaluación de la moneda, ajuste cambiario e impositivo que se pensó durante largos años y tenía una concepción estudiada y en gran medida cuantificada, y con amplio respaldo normativo y expectativas consensuadas.

Ahora, en 2026, en los últimos tres meses, de las 176 transformaciones en curso ya suman 160 con grados de implementación y 196 normas les dan blindaje jurídico. Se habla de un proceso de debate popular que busca legitimar políticamente lo que ya está en curso. Quizás bajo principios muy antiguos de que "vista hace fe" y de que "obras son amores", y el muy fidelista de que "no les vamos a decir cree, les vamos a decir lee", y esa lectura es también la lectura de la realidad.

La realidad desafiante y el control de precios más efectivo

Esa realidad es desafiante: el dólar se dispara en el mercado informal y en el segmento 3 del Banco Central, los apagones de 20 horas son rutina y los precios superan cualquier lógica económica. En ese contexto, los topes administrativos serían ciertamente simbólicos. Hay que seguir insistiendo en las herramientas indirectas y en los incentivos a la producción. También hay que mantener la mirada en los oligopolios, la colusión de precios, la especulación rampante, ajustarse a la ley y las normas. Potenciar la construcción colectiva de consensos en toda la cadena productiva para lograr verdadera concertación de precios e incorporar definitivamente a los consumidores finales.

Topar o no topar sigue siendo una decisión importante en el camino de la toma de decisiones gubernamentales y empresariales. La regulación, el control de precios por vías directas, topar; e indirectas con el conjunto de herramientas a mano sigue formando parte del carcaj.

El asunto continúa siendo entonces: cuándo, en qué momento y en qué plazos y sectores y acompañado de qué otras medidas que aseguren efectividad y temporalidad. No es un supuesto. Ya hoy se hace. La electricidad, el agua, el gas manufacturado, el oxígeno medicinal, los salarios del sector empresarial y presupuestado, algunos medicamentos y algunos otros precios de amplio consumo popular, aun cuando su abastecimiento sigue teniendo muchas irregularidades, siguen topados. Y por supuesto educación y salud. Y nos es contradictorio: seguimos siendo una sociedad socialista.

Hoy el más efectivo control de precios es que las transformaciones en curso, como punta de lanza del programa de gobierno, tengan éxito, y hacia ese frente hay que enviar todos los recursos y prenderle velas.

martes, 19 de mayo de 2026

Comunicado del Ministerio de Finanzas y Precios y comentarios de Humberto Herrera Carlés, Joaquín Benavides y Fidel Vascos

 

SEGUNDA CITA

 MARTES, 12 DE MAYO DE 2026

Comunicado del Ministerio de Finanzas y Precios


El recrudecimiento del bloqueo económico, comercial, financiero y energético del gobierno de los Estados Unidos contra el pueblo de Cuba, agravado por las órdenes ejecutivas del 29 de enero y 1ro. de mayo del 2026 del presidente Donald Trump, ha provocado una drástica disminución de los suministros de combustibles.

En los últimos meses se ha intensificado el cerco, mediante amenazas y coacción, para impedir que los barcos atraquen o los proveedores vendan, en un escenario internacional encarecido por guerras y tensiones geopolíticas. Ante esta compleja realidad, los escasos combustibles llegan a altos costos, por lo que no es posible mantener un precio único y fijo para la venta en dólares en todo el país.

El paulatino proceso de transformaciones sociales y económicas que, en legítimo y soberano derecho, viene realizando Cuba, ha permitido que existan múltiples actores en condiciones de importar y comercializar combustibles en moneda extranjera.

Atendiendo a este contexto, a partir del próximo viernes 15 de mayo, a las 00.00 horas, los precios de venta en divisas de los combustibles se actualizarán, hacia el alza o la baja, de acuerdo con los costos reales de cada operación específica.

Por tanto, en lo adelante coexistirán diferentes precios minoristas de combustibles publicados en las estaciones de servicio, que responderán al costo real de importación de cada actor económico; en ello influirá el proveedor, el costo de los fletes, la ruta del suministro, los seguros, los riesgos y la fluctuación del mercado internacional.

Hasta la actualidad se mantuvo un precio fijo para la venta de combustibles como política de protección ante los cambios e inestabilidades propias de un mercado convulso, lo cual no se puede sostener económicamente en las presentes condiciones.

Cuba demanda su derecho irrenunciable a importar combustibles para garantizar el desarrollo económico y social del país y el bienestar de su pueblo.

La Habana, 12 de mayo de 2026

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Comentario Humberto Herrera Carlés:

La implementación de precios de combustibles en divisas vinculados a los costos reales de cada operación de importación (con múltiples actores y sin un precio único fijo) tendría varias incidencias significativas en la economía cubana:

1 Aumento generalizado de los costos de transporte y logística: Al encarecerse el combustible en la mayoría de las estaciones (dado el contexto de bloqueo, rutas más largas, seguros y riesgos elevados), subirán los fletes de camiones, ómnibus, taxis y transporte de mercancías. Esto se trasladará a los precios de los alimentos, materiales de construcción y otros bienes esenciales.

2 Presión inflacionaria en el mercado en divisas: Dado que los precios se fijan en dólares u otras monedas extranjeras, y una parte importante de la población recibe ingresos en pesos cubanos, se profundizará la brecha cambiaria. Los actores económicos (pequeños y medianos privados, cooperativas) trasladarán el mayor costo del combustible al consumidor final, encareciendo bienes y servicios en pesos.

3 Fortalecimiento de la dolarización de facto: Al existir diferentes precios minoristas en divisas según la estación (reflejando el costo real de importación), los consumidores y empresas buscarán las opciones más baratas, pero al mismo tiempo más personas necesitarán poseer dólares para operar, consolidando un circuito paralelo dominado por el mercado cambiario informal.

4 Afectación a actividades productivas intensivas en energía: Sectores como la agricultura (riego, cosechadoras, transporte al acopio), la industria cementera, la minería y la generación eléctrica (si usan derivados) verían dispararse sus costos. Esto podría reducir la producción local y aumentar la dependencia de importaciones más caras o la parálisis de plantas.

5 Estímulo a actores económicos con mejores cadenas de suministro: Aquellos que logren importar combustible a menor costo (quizás mediante acuerdos con proveedores alternativos no sujetos a las sanciones más agresivas) tendrán ventaja competitiva. Pero la mayoría enfrentará costos altos por las rutas más largas (necesarias para evitar el bloqueo) y los riesgos de aseguramiento.

6 Presión sobre las finanzas del Estado: Aunque el gobierno ya no subsidia los precios de venta en divisas (al trasladar el costo real a los compradores), el Estado sigue siendo el principal importador de combustibles para sectores clave (salud, defensa, generación eléctrica centralizada). Esos sectores absorberán el impacto si no pueden repercutir el precio a los usuarios finales, o se requerirán reasignaciones presupuestarias.

7 Desestímulo al turismo y la inversión extranjera: Los turoperadores, hoteles y empresas extranjeras que operan en Cuba enfrentarán costos energéticos más volátiles y altos, lo que podría hacer menos competitivos los servicios cubanos en el mercado internacional o reducir los márgenes de ganancia, frenando la llegada de divisas frescas.

8 Segmentación del mercado minorista: Por primera vez coexistirán oficialmente diferentes precios de combustibles en un mismo territorio, lo que puede generar traslados de vehículos hacia estaciones con menor costo, distorsiones en el flujo de mercancías y la necesidad de un control más estricto para evitar el arbitraje o el acaparamiento.

En síntesis: la economía cubana sufriría un shock de oferta negativo (menor disponibilidad física de combustible + mayor costo real por unidad). Los efectos más inmediatos serían mayor inflación, menor poder adquisitivo de la población en pesos, reconfiguración de las cadenas logísticas y una aceleración de la dolarización transaccional, todo ello en un contexto de restricciones externas crecientes. El gobierno, al adoptar esta medida, reconoce implícitamente que no puede sostener más el esquema de precio fijo subsidiado, pero traspasa el ajuste a consumidores y empresas en un momento de alta tensión geopolítica y energética.

De facto el tema del combustible operará como una economía de mercado, veremos cuanto crece este asunto, pero es una medida realista.

 

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Comentario de Joaquín Benavides:

 

Humberto, y cual seria la alternativa?

Con seguridad paralizar todo el transporte del país.

Esta es una medida impuesta por las circunstancias.

Negarse a ella no es realista. Y además podría ser suicida.

Se acabó el monopolio de la gasolina. Debió acabarse antes pero nos hemos negado durante demasiado tiempo a incorporar el mercado a la economía. Ahora la gasolina nos va a obligar no sólo a venderlo en divisas, también a hacerlo en cooperación entre los servicentros del estado y el sector privado que está autorizado por el propio estado a importar la gasolina. Inteligente medida del gobierno.

En mi opinión los problemas que va a crear en las finanzas e incluso en la inflación son secundarios en la muy complicada situación en que se encuentran las familias en el País. No tengo dudas que estamos atravesando un Periodo Especial II, más complejo y peligroso que el anterior.

Un abrazo,

Benavides

 

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Comentario de Fidel Vascos:


Humberto, esta medida del MFP sobre la liberación de precios de combustibles en divisas refleja que el mercado está pisando fuerte en su entrada en la economía cubana y que no tiene alternativa; proceso que responde a la desaparición de la URSS y el CAME que eran el sostén económico de nuestro país en una época ya remota y que nos permitía una amplia independencia del mercado mundial capitalista.

Situación que se agrava con el infame bloqueo económico, comercial y financiero implantado por el gobierno de los EE.UU. desde hace más de 60 años y más recientemente por el inhumano cerco energético de Trump. El MFP ha tomado una decisión inevitable que presionará para extender la actual dolarización parcial de nuestra economía hacia la dolarización total, lo que determinaría el correspondiente aumento de salarios, sueldos y jubilaciones para no continuar afectando a la población.

En mi opinión, el gobierno debe tomar nota del hecho y acabar de aceptar que en el larguísimo período que nos espera de la transición hacia el socialismo, las categorías y leyes objetivas del mercado se constituyen en el principal regulador de la gestión empresarial y la planificación centralizada de asignación de recursos a las empresas que una vez dominó nuestra economía debe ser abandonada definitivamente y sustituida por una planificación central de carácter estratégico que influya en la economía principalmente mediante normas e instituciones (regulaciones) que utilicen los mecanismos monetario-mercantiles sin pretender administrar directamente el accionar empresarial.

La salud económica de nuestro país no puede continuar sujeta a medidas de carácter defensivo, sorpresivo y aislado como la que nos ocupa. Para evitarlo se impone la necesidad, en mi opinión, que el gobierno diseñe un Sistema integral de dirección económica y social a mediano y largo plazo con claros objetivos a alcanzar y respaldados mediante consulta popular, que incluya un cronograma de antecedentes y consecuentes; Sistema que no es el Programa aprobado por el Consejo de Ministros en su más reciente sesión el cual tiene un horizonte para el corto plazo.

 

Un abrazo.

Fidel Vascos

jueves, 26 de febrero de 2026

Ejercicio Nacional de Enfrentamiento detecta más de 17 Mil centros con violaciones de precios

 En este artículo: Cuba, Economía, Gobierno, La Habana, Sociedad


Un total de 17 929 centros presentaron irregularidades o incumplimientos de lo establecido durante el reciente Ejercicio Nacional de Enfrentamiento a las violaciones de precios, como resultado de las más de 25 100 inspecciones realizadas en todo el país, informó el Ministerio de Finanzas y Precios (MFP).

Dania Rubio García, directora de Inspección del organismo, precisó a la Agencia Cubana de Noticias que se priorizó el control de los precios concertados para los productos agropecuarios en los municipios y provincias, así como los de otros bienes y servicios acordados también localmente.

La comprobación se desarrolló del 19 al 21 de febrero, con la participación de inspectores de diversas instituciones y el apoyo de los gobiernos en los territorios.

Según detalló la funcionaria, durante el ejercicio se dio seguimiento al enfrentamiento a ilegalidades, al control a reincidentes en violaciones de precios tanto del sector estatal como del no estatal, y a los deudores de multas por violaciones en el Decreto 30 y en el Decreto ley 91.

Como resultado de las inspecciones, “se impusieron 17 mil multas con un importe de 65 506 539 pesos, 5 596 por incumplimiento de esas normas”, precisó Rubio García.

Además, ante las violaciones de precios “se ejecutaron adicionalmente medidas accesorias como ventas forzosas, decomisos, cierres de establecimientos, retiros de proyecto de trabajo de formas de gestión no estatal y enfrentamiento a ilegales”.

La directora de Inspección del MFP valoró de positivo el ejercicio, incluso con resultados superiores al realizado en enero de este año. Asimismo, durante la comprobación se ejecutaron 1 085 acciones de control fiscal, dirigidas a trabajadores por cuenta propia, Mipymes, proyectos de desarrollo local, cooperativas agropecuarias y entidades estatales.

(Tomado de ACN)

jueves, 16 de octubre de 2025

¿Tope o ficción?: Precios regulados en los agromercados de La Habana

Por: Thalía Fuentes Puebla, Claudia Fonseca Sosa, Yilena Héctor Rodríguez, Marcelino Vázquez Hernández, Verónica Alemán Cruz, Frank Martínez Rivero, Enrique González Díaz (Enro)


En el Agro de Mulgoba se cumplen los precios establecidos. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

Las ferias agropecuarias que funcionan los fines de semana en diversos puntos de La Habana podrían ser un oasis para adquirir los alimentos básicos, pero esta “aparente” solución se desvanece cuando la lista de precios máximos establecida recientemente por el Gobierno capitalino queda en letra muerta.

El pasado viernes, en la feria del Consejo Popular Palatino, el valor de los productos mostraba una relación directa con la inflación y con la cotización del dólar en el mercado informal. Al acercarme a uno de los puestos de productos agropecuarios y preguntar por la lista oficial, el vendedor respondió: “No, no tenemos la tabla hoy, pero puede preguntar que no cobro por eso”.

Este hermetismo no resulta sorprendente. La tarifa no declarada duplica los máximos aprobados por las autoridades: la libra de fruta bomba a 80 pesos frente a los 40 establecidos; calabaza a 50 versus 25; yuca a 50 en lugar de 25; boniato a 60 contra 25; malanga a 150 frente a 75; y el ají cachucha a 150, aunque este último no figura entre los productos regulados.

El resto de los puntos de venta, aunque mostraban los costos a la vista, igualmente incumplían lo normado: la ristra de cebolla de 1200 a 3500 pesos; el ajo entre 2500 y 3500; ají cachucha a 100 pesos el vaso; guayaba a 60 pesos la libra; y naranja a 100 pesos por libra.

Mónica, residente en Avenida Norte, señaló: “Topar los precios es como poner una curita en la llaga. Nadie cumple lo establecido y los inspectores brillan por su ausencia en el mejor de los casos; en el peor, los compran con una ristra de cebolla que bien cara está”. Su padre, quien la acompañaba en la búsqueda de víveres, agregó que estas medidas solo se respetan durante las primeras semanas, luego todo el mundo las olvida.

Feria del Consejo Popular Palatino. Foto: Cubadebate.

Luisa, vecina de Primelles, considera que se necesitan mejores canales de información, pues al desconocer los precios máximos, las personas no pueden exigir sus derechos. Aunque, como ella misma reconoce: “yo que me los sé me siento vulnerable porque o compro lo que necesito al precio que ellos quieren, o me voy con las manos vacías”.

Esta situación ya se había vivido meses atrás cuando se establecieron topes a productos de primera necesidad como aceite, pollo y huevos. Las mipymes y TCP alegaron entonces un argumento concreto: el valor del dólar en el mercado informal crece estrepitosamente, el Estado no les garantiza el acceso a divisas y estos artículos son importados.

Mipyme en San Agustín, La Lisa. Foto: Marcelino Vázquez Hernández/ Cubadebate.

Aunque no pueden ser justificantes para “apretar los bolsillos del pueblo”, los campesinos tampoco escapan a esta realidad. Si bien cultivan en el país, los insumos y fertilizantes deben importarse, y además comercializan otros como naranjas y ajos, que no se producen localmente.

***

En Boyeros el cuartico está igualito. Bastó bajar por las escaleras de mi casa para confirmarlo: una vez más, la regulación de precios sin un aumento real en la producción no da los frutos esperados. A pesar de la reciente resolución emitida por la gobernadora de La Habana, el paisaje en esta zona del sur habanero permanece inalterado: la ley escrita se disuelve en la cotidianidad.

Un recorrido por los puntos habituales de acopio revela un viaje a la desorganización. Los carretones —proveedores frecuentes que llegan desde municipios aledaños— continúan apostándose alrededor del parque de Santiago de las Vegas en su habitual caos. La oferta vocal se impone a cualquier normativa: se pregona la mercancía, pero no hay letreros que indiquen precios, y mucho menos que estos se ajusten a lo estipulado por la autoridad. Varios de estos agricultores, al ser cuestionados, ni siquiera conocían la existencia de los nuevos precios.

La situación no es muy distinta en el agromercado de oferta y demanda de la localidad, conocido tanto por su variedad como por sus precios excesivos. Al llegar, la mayoría de las tarimas estaban vacías. Las pocas que exhibían productos carecían de tablillas con precios claramente visibles.

En medio de este escenario, las voces de los implicados pintan un cuadro complejo. Herminio, veterano campesino de La Salud, vende sus cosechas cada sábado cerca de la iglesia. “Escuché algo de la resolución”, confiesa, “pero mira, mis precios no cumplen con eso, aunque tampoco son abusivos”. Para él, la ecuación es simple: “Prefiero venir y venderlo yo mismo que lidiar con los intermediarios que tocan a mi puerta en la finca, que son unos abusadores”.

Sin embargo, admite la imposibilidad de ajustarse a la tarifa oficial: “Todos los insumos para hacer producir la tierra siguen escasos y por las nubes. Además, cada día es más difícil encontrar trabajadores que acepten menos de 10 000 pesos al mes, y eso encarece todo. ¿Cómo voy a vender la malanga al precio que dicen ellos, si solo ponerla en la tierra me cuesta una fortuna?”.

Desde el otro lado del mostrador, la percepción es de frustración. Margarita, ama de casa que depende de la ayuda de sus hijos, no ve cambios. “Eso es un abuso lo de los carretilleros y los puestos en las esquinas”, afirma con resignación. “No sé si reciben inspección, pero los precios siguen igual o peor. Nada ha cambiado”.

La cadena de problemas tiene muchos eslabones. Pedro, propietario de un pequeño puesto bien surtido en la Calzada de Managua, lo explica desde su experiencia: “El problema es que seguimos comprando a los mismos precios. El combustible está en USD y, para llegar al campo y comprarle a los ‘guajiros’, ¿cómo hacemos? Entonces el gobierno baja los precios sin tener en cuenta esas cosas”.

Al transitar por las cuadras del llamado Boulevard de Santiago, en cada espacio hay venta de todo tipo. Es sábado, y es común recibir inspecciones “sorpresivas”; en la esquina, siempre hay alguien de pie, atento, listo para dar la señal de alarma. Se encuentra de todo, siempre que se pueda pagar a precio de lingote de oro: una libra de tomates a 500 pesos, la cebolla a 400, papas a 500, entre otros productos. Al final, como dice el refranero popular, el cuartico está igualito.

La resolución, bienintencionada en el papel, parece haberse quedado atrapada en un limbo entre el decreto y la tierra. Mientras los precios de los insumos y la logística sigan por las nubes, la orden de descender parece una imposición desconectada de la raíz del problema: una producción que no despega y una cadena de intermediación que la resolución no logra frenar. El sur de La Habana, como termómetro fiel, marca la fiebre de una economía que no se cura solo con aspirinas regulatorias.

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En el Agro de Mulgoba se cumplen los precios establecidos. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

La situación es generalizada en la capital. Tras la publicación de la medida en Cubadebate, decenas de lectores compartieron sus experiencias y valoraciones sobre el cumplimiento real del listado de precios en los mercados habaneros. Las opiniones, en su mayoría, coincidieron en que el principal desafío no radica en la norma, sino en su control efectivo.

Algunos foristas denunciaron irregularidades en la comercialización de los productos. “Hay vendedores que esconden mercancía y, a pocos pasos, la revenden a precios más altos”, comentó un usuario.

La calidad de los productos también fue un tema recurrente. “Para los vendedores ya todo es de primera calidad, sin importar el tamaño o si está marchito”, opinó un lector.

Varios foristas insistieron en la necesidad de fortalecer la labor de inspección y aplicar sanciones más severas. “Los inspectores deben trabajar más los fines de semana, cuando los precios se disparan en las ferias”, escribió Jesús de Armas. Otro usuario, identificado como Eduardo, propuso publicar los números de contacto para denunciar violaciones, aumentar las multas y rotar a los inspectores “para evitar complicidades”.

El escepticismo ante el cumplimiento efectivo es una constante. “Primero hay que hacer que se cumplan las normas. Ya eso lo vimos antes y no hay quien le ponga el cascabel al gato”, señaló Alexandro, mientras Juan José advirtió que “muchos comerciantes ni siquiera tienen pesas y venden por unidad, todo a la vista de los inspectores”.

Aunque algunos lectores consideraron aceptables los nuevos valores oficiales, cuestionaron las malas prácticas en el cobro. “Te ponen un precio en la tablilla y te cobran otro, eso es robo”, escribió un usuario identificado como Andu1980, quien llamó a involucrar a la Policía en el enfrentamiento a estas violaciones.

El consenso entre los foristas apunta a una misma preocupación: sin control riguroso y transparencia en la gestión, los precios topados corren el riesgo de “volver a quedar como letra muerta”, como advirtió un usuario desde el municipio de Playa.

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De acuerdo con información oficial divulgada por la Agencia Cubana de Noticias, el Gobierno de La Habana ha intensificado las acciones de fiscalización y control en los mercados agropecuarios de la capital para garantizar el cumplimiento de los topes de precios unificados establecidos por la Resolución 148/2025.

Durante una jornada de inspección, los equipos de las direcciones municipales de Finanzas y Precios aplicaron multas y sanciones por incumplimientos detectados en varios puntos de venta.

En el municipio Plaza de la Revolución, por ejemplo, se impuso una multa de 16 000 CUP a un infractor por establecer precios superiores en nueve productos, mientras que en la feria de 17 y 8 se sancionó con 10 000 CUP la venta de pimientos a 380 CUP y con otra multa de igual cuantía por pepinos ofertados a 70 CUP. Asimismo, se aplicó una sanción de 7 000 CUP por la venta de plátano burro sin el precio visible.

La ACN reporta que en Arroyo Naranjo, específicamente en la feria de la calle Mina, se impusieron tres multas de 8 000 CUP cada una por violaciones a los precios regulados, más una sanción de 5 000 CUP por no exhibir los precios, totalizando 29 000 CUP en sanciones. Los controles se extendieron a otros municipios como Habana del Este, Diez de Octubre, Guanabacoa y La Lisa, donde se aplicaron sanciones que oscilaron entre 2 000 y 16 000 CUP, según la gravedad de las infracciones.

Además de las multas, las autoridades adoptaron medidas de decomiso en los casos donde se constató especulación, en cumplimiento del Decreto 30 y el Decreto Ley 91. Estas acciones forman parte de la estrategia gubernamental para fortalecer la disciplina comercial y proteger a los consumidores, en correspondencia con la política económica del país.

Feria del Consejo Popular Palatino. Foto: Cubadebate.

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Frank Díaz, residente en el municipio de Playa, señaló que en la feria agropecuaria de 13 entre 84 y 72 los valores se han mantenido sin cambios desde la implantación del tope gubernamental. “Debería ser más barata la feria, pero no es así”, afirmó, y destacó que existe una mayor disponibilidad de productos importados como confituras y enlatados que de agrícolas. Además, precisó que los costos son casi idénticos a los que tienen las mipymes y los Trabajadores por Cuenta Propia (TCP).

Por su parte, María Fonseca, quien vive en Nuevo Vedado, se refirió a la situación del mercado en Tulipán. Allí, comentó, “hay poca oferta de productos y los precios están igual que antes del tope”. La vecina también hizo una observación sobre los vendedores ambulantes: “Los carretilleros tienen más ofertas, pero los valores son muy elevados, muy por encima del límite establecido por el Gobierno de La Habana”.

Esta dinámica en los alrededores del mercado de Tulipán fue descrita con más detalle por Lina, otra residente de la zona: “Casi todos los días vemos a los vendedores y los carretilleros fuera del mercado vendiendo productos del agro y también industriales, pero con precios muy por encima de lo que debería ser”. No obstante, reconoció que estos ofrecen artículos que no se encuentran dentro de la instalación, como “naranjas, pepinos, yuca, boniato, ajo, ají...”.

La escena que se repite con frecuencia, según los testimonios, es la de los carretilleros saliendo despavoridos al ver acercarse una patrulla. Pasan de ser vendedores a veladores. Se avisan entre ellos porque tienen los precios por encima de lo establecido.

Por otro lado, Haydee, también vecina de Nuevo Vedado, ofreció una perspectiva alternativa. Mencionó que “las viandas están a precios más razonables en las ferias que hacen en los parques en algunos municipios de la capital”. Sin embargo, matizó su comentario añadiendo una limitante: “Con eso uno no puede contar porque depende de lo que puedan traer los guajiros y no siempre son los productos que uno necesita”.

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En el Agro de Mulgoba se cumplen los precios establecidos. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

Esta divergencia entre el decreto y la realidad en los mercados habaneros revela que el mecanismo actual es insuficiente. La población se encuentra atrapada en una disyuntiva imposible: acatar una normativa que no se cumple o acceder a precios abusivos para poder alimentarse. El costo de esta fractura entre lo ordenado y lo ejecutado no puede recaer indefinidamente en los bolsillos de las familias, que terminan sufriendo las consecuencias de una aplicación irregular y de la desconexión entre la política diseñada y las complejidades del terreno.

La solución trasciende el simple control. Si bien la fiscalización es necesaria, los testimonios de campesinos y vendedores apuntan a un problema estructural: los altos costos de producción, la intermediación y el acceso a insumos.

Una estrategia integral requeriría, además de una supervisión consistente y transparente, medidas que ataquen estas causas de fondo. Esto implica facilitar el acceso a fertilizantes y combustible a precios asequibles, apoyar directamente a los productores para acortar la cadena de distribución y promover una oferta estable que, a la larga, regule los precios de forma natural.

La efectividad de cualquier medida gubernamental se juzga por su impacto tangible en la vida de las personas. Para que los topes dejen de ser letra muerta y se conviertan en una realidad, es imperativo un enfoque que combine una vigilancia creíble con el diagnóstico y la resolución de los obstáculos económicos que enfrentan tanto productores como consumidores. Solo así las ferias y los mercados podrán cumplir su verdadero propósito: ser un espacio accesible donde la población pueda adquirir sus alimentos.

En el Agro de Mulgoba se cumplen los precios establecidos. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

En el Agro de Mulgoba se cumplen los precios establecidos. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

Mipyme en San Agustín, La Lisa. Foto: Marcelino Vázquez Hernández/ Cubadebate.

Mipyme en San Agustín, La Lisa. Foto: Marcelino Vázquez Hernández/ Cubadebate.