Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

miércoles, 16 de septiembre de 2026

La ilusión de la hegemonía: los puntos de estrangulamiento asimétricos revelan un mundo multipolar




Irán y la sobreextensión del imperio :: De Edward Gibbon y Paul Kennedy a la crítica marxista de la expansión estadounidense


¿Puede una potencia llegar a convertirse en víctima de su propio poder? La respuesta a esta pregunta tiene una larga historia. Edward Gibbon ya la planteó al estudiar la decadencia de Roma. En Historia de la decadencia y caída del Imperio romano, al analizar la política de Augusto, explica por qué el emperador renunció a nuevas conquistas. Las guerras lejanas eran cada vez más difíciles, sus resultados más inciertos y los territorios conquistados más costosos y menos rentables. Gibbon no hablaba todavía de «sobreextensión imperial», era un historiador del Siglo XVIII pero dejó formulado el problema: la expansión puede llegar a un punto en el que conservar lo conquistado resulte más costoso que los beneficios que proporciona.

En el siglo XIX, Marx analizó esa cuestión relacionándola con el funcionamiento del capitalismo. La expansión ya no aparecía únicamente como una decisión política o militar. El capitalismo necesita reproducirse y ampliar constantemente sus espacios de acumulación. La competencia empuja a los capitales hacia nuevos mercados, búsqueda de materias primas y oportunidades de inversión. A comienzos del siglo XX, Lenin desarrollaría esta idea en El imperialismo, fase superior del capitalismo, relacionando la concentración del capital, el predominio del capital financiero y la competencia entre grandes potencias. Rosa Luxemburg profundizó en La acumulación del capital en esa necesidad de encontrar nuevos espacios para la acumulación, mientras Bujarin, en El imperialismo y la economía mundial, mostró cómo la competencia económica termina articulandose con los Estados, convirtiendo el poder político y militar en instrumentos de la rivalidad entre capitales y potencias.

El problema había adquirido así una nueva dimensión. La expansión no era solamente una cuestión territorial. Formaba parte de la propia dinámica económica y de la competencia internacional. En el siglo XX, la estrategia militar incorporaría el concepto de strategical overstretch (sobre extensión estratégica), utilizado por B. H. Liddell Hart[1]. Paul Kennedy daría al concepto una formulación histórica más amplia en The Rise and Fall of the Great Powers (Auge y caída de las grandes potencias, 1987), al estudiar la relación entre poder económico y poder militar. Una gran potencia puede acumular tantos compromisos estratégicos que los recursos necesarios para mantenerlos terminan superando su capacidad económica. La cuestión ya no es solamente cuánto puede conquistar una potencia, sino cuánto le cuesta conservar lo que pretende controlar.

David Harvey retomaría posteriormente esta problemática desde la crítica del capitalismo contemporáneo. En El nuevo imperialismo analiza la expansión geográfica del capital y la «acumulación por desposesión». Cuando los espacios disponibles para la acumulación encuentran límites, la expansión económica puede apoyarse cada vez más en mecanismos políticos, financieros y coercitivos. Harvey introduce así una dimensión especialmente útil para comprender el presente: la expansión del poder económico y la expansión del poder geopolítico pueden reforzarse mutuamente, pero también generar costes y conflictos crecientes.

Con este recorrido llegamos al problema actual. EEUU sigue siendo una gran potencia económica, financiera, tecnológica y militar. No estamos ante un imperio en retirada inmediata. Pero el mundo en el que alcanzó su máxima hegemonía ha cambiado. China dispone de una enorme capacidad industrial, tecnológica y financiera. Rusia posee una colosal capacidad militar y energética. Y numerosos países del Sur Global buscan ampliar su autonomía frente a Washington.

El problema estadounidense no es, por tanto, la desaparición de su poder. Es el coste creciente de mantener una estructura mundial de alianzas, bases, sanciones, despliegues militares y compromisos estratégicos cada vez más extensa.

Y aquí aparece una cuestión decisiva: los recursos de una gran potencia también son finitos. EEUU tiene capacidad para intervenir en muchos escenarios, pero no puede concentrar indefinidamente fuerzas suficientes en todos ellos al mismo tiempo, ni siquiera en unos pocos. La guerra de Ucrania y la confrontación en el Golfo Pérsico plantean precisamente ese problema. Son dos espacios estratégicos diferentes, alejados entre sí y con necesidades militares permanentes. La simultaneidad de ambos conflictos permite observar las posibles flaquezas de una potencia global. El problema no es tener capacidad para acudir a un escenario. El problema es poder estar en todos los escenarios al mismo tiempo y durante todo el tiempo necesario. Por eso Washington necesita apoyarse cada vez más en sus aliados. Aliados que dado su comportamiento arrogante se están perdiendo.

En Asia, Japón y Corea del Sur desempeñan un papel fundamental en la contención de China y en la estructura militar estadounidense del Pacífico. En el Golfo, los países árabes aliados de Washington asumen buena parte de la seguridad regional y proporcionan (o proporcionaban) bases, infraestructuras y apoyo logístico. En Europa, la Unión Europea y los Estados miembros incrementan su esfuerzo militar y financiero para sostener la posición occidental frente a Rusia.

Esto revela una doble realidad. Por un lado, el grado de control que EEUU mantiene sobre su sistema de alianzas. Washington puede distribuir costes y responsabilidades entre sus socios y convertirlos en instrumentos de su estrategia global. Pero, al mismo tiempo, revela algo menos evidente: la necesidad de hacerlo porque una sola potencia no puede estar en todas partes al mismo tiempo. La utilización de los aliados no demuestra únicamente la fortaleza del sistema imperial. También puede ser un síntoma de sus límites. Cuanto mayor es el espacio que pretende controlar, mayor es la necesidad de delegar funciones, repartir costes y convertir a los aliados en extensiones de su poder. Y es precisamente en este punto donde la guerra de Ucrania y la cuestión iraní se encuentran.

Irán: el límite de la coerción

Irán no es un Estado débil. Posee una extensa profundidad territorial, importantes recursos energéticos, capacidad misilística, aliados regionales y una posición geográfica excepcional. Esa posición es el estrecho de Ormuz. Por él circula una parte decisiva del comercio energético mundial. Su importancia convierte el estrecho en un punto estratégico que Washington no puede ignorar. Pero también puede convertirse en una trampa estratégica para EEUU.

EEUU puede desplegar una fuerza militar muy superior a la iraní. Puede destruir instalaciones y ejercer una enorme presión económica. Lo que está resultando mucho más difícil es transformar esa superioridad militar en una solución política estable y militarmente duradera. Ahí aparece el verdadero problema. EEUU ha alcanzado los límites de su capacidad de despliegue, a partir de ahora debe extender redes y efectivos, llevarlos de un punto a otro para abordar los diversos escenarios que se le abren. Por otra parte, ante la falta de efectivos ha decidido bajar los niveles cognitivos y permitir el adiestramiento militar a reclutas con nivel IV (tienen dificultades para reconocer su nombre en una lista de 10), antes se permitía que se enrrolasen hasta un 4% de estos soldados. Ahora se permite que sean el 10% del total de la fuerza reclutada.

La fuerza bruta permite castigar a Irán, pero no garantiza que Irán acepte las condiciones de Washington puesto que no ha sido derrotado militarmente ni mucho menos. Y cuanto más prolongada sea la confrontación, mayor será el esfuerzo necesario para mantener la presión y asegurar la navegación. El 13 de agosto, el secretario de Defensa estadounidense afirmó que la Marina podía mantener indefinidamente el bloqueo mediante la rotación de buques. Más allá de la dudosa viabilidad concreta de la operación, la declaración revela el problema estratégico: una operación concebida como instrumento de presión a corto plazo (se pensaba en un ataque a Irán de dos semanas) puede terminar convirtiéndose en una obligación militar permanente.

Y ahí aparece la lógica de la sobreextensión. No se trata de afirmar que EEUU carezca de capacidad militar. La tiene. Tampoco de sostener que una confrontación con Irán vaya a provocar por sí sola el declive estadounidense. La cuestión es otra: cuántos recursos debe emplear Washington para conservar una posición estratégica y qué resultados políticos y económicos obtiene a cambio. Si cada nuevo compromiso exige más barcos, más bases, más tropas, más armamento y mayores gastos para conseguir resultados cada vez más inciertos, aparece el desequilibrio.

La paradoja de Ormuz

Ésta es la paradoja de Ormuz. EEUU necesita garantizar una ruta cuya importancia estratégica es indiscutible. Pero hacerlo exige mantener una capacidad militar permanente. Cuanto mayor sea la resistencia iraní, mayor será el coste de esa presencia.

Ormuz no demuestra por sí mismo que EEUU esté en decadencia, aunque todo apunta a que ésta ha comenzado. Demuestra algo más preciso: que incluso una potencia militarmente superior encuentra límites cuando debe convertir continuamente su superioridad militar en capacidad efectiva de control. La cuestión decisiva es, por tanto, la distancia entre tener poder suficiente para intervenir y tener poder suficiente para imponer un resultado político duradero. Es este el problema de la sobreextensión Imperial.

[1] En su época se le llamó el "capitán que enseño a los generales".

Texto completo en: https://www.lahaine.org/mundo.php/la-ilusion-de-la-hegemonia-los-puntos

¿ES INEVITABLE UNA DOLARIZACIÓN TOTAL DE LA ECONOMÍA CUBANA?. Comentario HHC


Por Dr Pavel Vidal. 

Investigador director OMFi


El 10 de septiembre de 2026, el Gobierno cubano publicó varias resoluciones que flexibilizan la apertura y operatoria de cuentas en divisas en los bancos de la isla, y que amplían las transacciones internas y externas que pueden realizarse desde ellas.

Un cambio fundamental es que las personas naturales y jurídicas pueden abrir cuentas en divisas sin autorización previa del Banco Central de Cuba. También se amplían las fuentes y los usos de esas cuentas. Para el sector privado, la nueva regulación permite depositar efectivo, recibir transferencias y acreditar ingresos derivados de operaciones comerciales; además, desde esas cuentas pueden efectuar pagos al exterior por importaciones de bienes y servicios, financiamientos y otros conceptos.

Las nuevas normas amplían la dolarización de las transacciones mayoristas entre empresas (estatales y privadas) y, en menor medida, de los mercados de consumo. Mientras que en el comercio interempresarial y mayorista se autoriza directamente el uso de divisas por acuerdo entre las partes, en el comercio minorista se intenta mantener el peso cubano como moneda de denominación general de las operaciones; sin embargo, se permite aceptar efectivo en moneda extranjera en las ventas a la población o turistas.

La dolarización parcial de la economía cubana no constituye un fenómeno nuevo. Entre 1993 y 2004 predominó un esquema monetario en el que el peso cubano convivió con el dólar estadounidense en las operaciones bancarias, en el sector empresarial y en los mercados de consumo.

Las medidas actuales representan otro paso en la reversión del proceso de desdolarización iniciado en 2004 y también se apartan del propósito del Ordenamiento Monetario en 2021 de restablecer al peso cubano como único signo monetario de la economía.

1. VÍNCULOS CON EE. UU. Y PROFUNDIZACIÓN DE LA DOLARIZACIÓN

¿Es inevitable que el dólar continúe desplazando al peso cubano en sus funciones como medio de pago y reserva de valor? Varios economistas y analistas consideran que existen poderosas fuerzas económicas que en el futuro cercano presionarían más en esa dirección.

Cualquier escenario de recuperación y reinserción internacional de la economía cubana parece implicar una mayor vinculación comercial, financiera y de inversiones con Estados Unidos y con la comunidad cubana en Florida. En el contexto geopolítico actual, el Gobierno cubano difícilmente podrá encontrar aliados internacionales que funcionen como alternativa al mercado estadounidense. Una flexibilización significativa de las sanciones es indispensable para que las reformas de mercado produzcan resultados y la economía pueda retomar una senda de crecimiento.

Sea a través de un cambio de régimen político o mediante algún tipo de acuerdo del Gobierno actual con las autoridades estadounidenses, el estrechamiento de los vínculos comerciales y financieros entre las dos economías parece inevitable.

Mayores flujos de remesas, viajes, inversiones de la diáspora, comercio y financiamiento desde Estados Unidos producirían una entrada significativa de dólares a la economía cubana. Además, los inversionistas y empresas vinculados a esos flujos intentarían reducir el riesgo cambiario y operar y mantener parte de sus balances en la misma moneda en la que movilizan sus capitales en su país de origen.

De hecho, esa mayor dependencia de Estados Unidos ya ha comenzado a configurarse. Bajo la presión de las sanciones estadounidenses, varios inversionistas canadienses y europeos han reducido o abandonado sus operaciones en Cuba, sin que esos capitales hayan sido sustituidos por inversiones rusas, chinas o latinoamericanas.

La economía cubana se encuentra hoy mucho más aislada de los mercados internacionales. Una parte importante de los pocos vínculos externos que todavía se mantienen está conectada con Estados Unidos. Allí tienen su origen una parte mayoritaria de los viajes de la comunidad cubana, las remesas, las importaciones de alimentos y otros bienes, una parte creciente de los suministros energéticos y numerosas compras realizadas a través de plataformas de comercio electrónico para apoyar a las familias en la isla.

Por tanto, en el escenario actual y futuro, una extensión adicional de la dolarización, con la perspectiva de llegar a ser total, aparece como una tendencia natural y como una opción lógica en la estrategia de política monetaria de la isla.

2. VENTAJAS Y DESVENTAJAS DE LA DOLARIZACIÓN

La dolarización ofrece ventajas importantes para una economía que ha sufrido alta inflación, depreciación y una profunda pérdida de confianza en su moneda y en el sistema bancario. La adopción del dólar elimina el riesgo de devaluación, protege mejor el valor de los contratos y activos en los cuales se invierte.

En las condiciones actuales de Cuba, una dolarización parcial puede resultar muy útil durante una etapa de estabilización. El documento «Cuba Transformación» propone mantener de manera temporal operaciones dolarizadas en el sistema bancario, la inversión extranjera y los sectores vinculados al comercio exterior, mientras se recupera la confianza en los bancos y la credibilidad del peso cubano.

Una dolarización parcial transitoria puede facilitar la entrada de capital y el financiamiento durante una fase en la que la moneda nacional todavía no puede cumplir plenamente sus funciones.

Sin embargo, la propuesta «Cuba Transformación» recomienda evitar que la dolarización se extienda de manera excesiva, en especial hacia los mercados de consumo. La dolarización parcial genera segmentaciones, distorsiones y desigualdades entre quienes tienen y quienes no tienen acceso a divisas, sobre todo, dado que no existe plena convertibilidad del peso cubano y se mantiene la informalidad y las tasas de cambio múltiples.

Una desventaja de la dolarización es que reduce el rol de la tasa de cambio en la transformación productiva que requiere la economía cubana. Un tipo de cambio único, ajustado a las realidades financieras y suficientemente flexible permite fomentar las exportaciones y las actividades que sustituyen importaciones, y permite orientar trabajo, capital e inversión hacia los sectores con mayor competitividad.

Las correcciones de la tasa de cambio aportan información indispensable para evaluar los balances empresariales y distinguir cuáles empresas estatales son rentables y cuáles sobreviven gracias a precios artificiales, subsidios u otras distorsiones. «Cuba Transformación» considera, por ese motivo, la corrección cambiaria como una de las reformas iniciales esenciales del programa de estabilización.

Una eventual dolarización total no solo eliminaría el papel de la tasa de cambio, sino que implicaría perder la soberanía monetaria para manejar la cantidad de dinero, las tasas de interés y los préstamos a las instituciones financieras. Sin esos instrumentos, la economía se vuelve más rígida y sufriría mucho más las consecuencias de las crisis. La dolarización aporta estabilidad monetaria, pero limita las respuestas frente a los choques internacionales o internos, y aumenta el costo económico y social de los ajustes económicos.

3. LA DOLARIZACIÓN SE PUEDE EVITAR

Cuba nunca ha llegado a una situación de hiperinflación, uno de los escenarios en los que la dolarización suele acelerarse con mayor fuerza. Incluso, durante los momentos de mayor inestabilidad, el crecimiento de los precios se mantuvo muy por debajo del umbral convencional de 50 % mensual utilizado para definir una hiperinflación. El ahorro en moneda nacional se ha debilitado considerablemente; sin embargo, el peso ha continuado funcionando como medio de pago en la mayoría de los mercados internos. Aunque la pérdida de valor del peso ha sido extraordinaria, todavía existe espacio para intentar recuperar sus funciones.

Otro factor para tomar en cuenta es que hay un punto de partida diferente al que tenía la economía durante el Ordenamiento Monetario de 2021. El Gobierno ha comenzado a modificar el marco regulatorio del sector empresarial, ampliando algunos espacios para los mecanismos de mercado y para la actividad privada.

Esos cambios aún son incompletos, pero crean mejores condiciones para que la corrección de precios y del tipo de cambio tengan efectos reales sobre las decisiones de producción, inversión, importación y exportación.

¿Qué se podría hacer en los próximos meses en términos de política monetaria y cambiaria? La propuesta «Cuba Transformación» contiene algunas recomendaciones para la primera fase de estabilización que aportarían a la confianza y valor de uso del peso cubano:

- Continuar reduciendo el déficit fiscal, principalmente mediante una mayor eficiencia y transparencia en el uso de los recursos públicos, y establecer metas anuales y límites verificables a su financiamiento monetario. Eso ayudaría a contener la monetización del gasto público, la inflación y la depreciación del peso.

- Actualizar los tipos de cambio oficiales de los Segmentos I y II hasta unificarlos 
con la referencia del Segmento III, de manera que comience a operar un único tipo de cambio oficial bajo un régimen de flotación administrada.

- Formalizar y ampliar el mercado cambiario, trasladando de forma progresiva hacia canales legales las operaciones que hoy se realizan en el mercado informal y garantizando un acceso efectivo y transparente a la compraventa de divisas para los diferentes actores económicos.

-Transferir al Banco Central las reservas internacionales que permanecen bajo el control del conglomerado militar Gaesa para fortalecer su capacidad de intervención y respaldo a la política monetaria y cambiaria.

- Elevar las tasas de interés para que reflejen mejor la inflación y las condiciones monetarias y financieras, fortaleciendo los incentivos para ahorrar y mantener activos en pesos cubanos.

En una segunda fase sería necesario avanzar hacia reformas institucionales que den mayor autonomía al Banco Central para conducir la política monetaria y cambiaria, establezcan límites más estrictos al déficit fiscal y al endeudamiento público y desarrollen un mercado de deuda pública para eliminar la monetización de los déficits fiscales.

4. EN RESUMEN...

La evolución del sistema monetario cubano estará determinada por dos dinámicas que ejercerán presiones en direcciones distintas.

Una mayor integración comercial y financiera con Estados Unidos aumentará de forma natural la presencia del dólar en la economía. Si ese proceso ocurre sin avances suficientes en la estabilización macroeconómica, el control del déficit fiscal y las reformas monetarias y cambiarias será muy difícil impedir que la dolarización continúe avanzando hasta convertirse en prácticamente total.

Si, por el contrario, se logra recuperar a tiempo la estabilidad, convertibilidad y credibilidad del peso cubano, todavía existe espacio para contener ese proceso y preservar instrumentos monetarios y cambiarios que faciliten la reasignación productiva y la corrección de los desequilibrios externos. Mantener un tipo de cambio funcional permitiría distribuir de forma más equitativa los costos del ajuste y evitaría una mayor segmentación y desigualdades como resultado de las reformas.

Comentario HHC:  El escrito no es neutral. El cambio del sistema politico es impensable.

Frente al reformismo de mercado alineado a los EEUU la posición socialista y soberana debe partir de premisas opuestas: El bloqueo es la causa fundamental, no un "factor externo". Cualquier análisis económico serio debe partir de que Cuba enfrenta una guerra económica no declarada. Las "limitaciones" que se atribuye a la falta de "credibilidad" son, en realidad, consecuencias del cerco imperialista en un porciento relevante.

La planificación centralizada fue la respuesta, no el problema, aunque no se supo aprovechar y eliminar la dualidad monetaria progresivamente, y mantener la descentralización a las empresas , autoridades dadas en la década del 90 La dolarización parcial, lejos de ser una "solución pragmática", profundiza la dependencia externa y la desigualdad y debe consevirse como temporal. La respuesta socialista es fortalecer el peso cubano y con ello es salario de los trabajadores., y garantizar el acceso equitativo a bienes y servicios, una vez estabilizada la economía que debe ser lo fundamnatal . Se necesita una economía eficiente, efectiva y eficaz.

La soberanía no se negocia. La propuesta de "negociar con Estados Unidos" es una trampa, solo no lo es, en igualdad de condiciones. La soberanía se defiende integrando a Cuba con los países que respetan su autodeterminación, desarrollando la producción nacional y rechazando cualquier condicionalidad externa. ( Ej:BRICS).

Los "expertos" tienen clase, financiados por think tanks que promueven la transición capitalista. Su "expertise" es, en sí misma, un instrumento de dominación ideológica.

La crítica socialista y soberana no consiste en negar la gravedad de la crisis económica cubana, sino en rechazar el marco analítico que la convierte en una justificación para la rendición. La crisis es real, pero la respuesta no es más mercado, más dolarización y más negociación con el imperio. La respuesta es más socialismo, más planificación-regulación mediantes mecanismos económicos y financieros, y no de asignación. Y llegar a un entendimiento como en la epoca de Obama. La actual administración de EEUU  aboga por la rendición y anexión de Cuba.