Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

lunes, 8 de abril de 2024

Acerca de la producción de alimentos

Por Alexi Castro Soto del Valle

Cubano patriota seguidor del ideario de los proceres fundadores Felix Varela y José Martí y del ideario 26 de julio del líder revolucionario Fidel Castro Ruz*
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1/7 (Abro hilo) Encontrar solución DEFINITIVA a la producción de alimentos en #Cuba es urgente. No podemos vivir eternamente de ayudas. No podemos seguir importando lo que puede producirse aquí. En esto se juega la vida la #Revolución.
@MinagCuba

2/7 "Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado" dijo #Fidel en mayo del 2000. ¡Hagamos todo lo que NO DEPENDA del #Bloqueo, estudiemos el capítulo agrario del Programa del Moncada!

3/7 El Programa del Moncada de #Fidel no es documento para archivar como historia pasada ¡En este momento crítico de la nación está más vivo que nunca y debe ser luz y guía! No persistamos en el error INMOVILISTA de pensar que todo está hecho. @MinagCuba

4/7 En La Plata, Sierra Maestra, #Fidel firma en 1959 la Ley de Reforma Agraria. Se hizo propietarios a más de 100,000 campesinos, para que con AUTONOMÍA hicieran producir sus tierras, no para que dependieran de incontables trabas burocráticas.@MinagCuba

5/7 Es inconcebible que aún tengamos más de un millón de hectáreas sin producir. Es inconcebible que las cosechas que con duro esfuerzo logra el campesino cubano, se pudran por tardanzas en acopio, o que tarden meses en cobrar.@MinagCuba

6/7 Disponer de AUTONOMÍA para planificar cultivos y ganadería, construir bienhechurías, invertir, asociarse, producir y comercializar es lo que estuvo en el espíritu de las primeras leyes revolucionarias en favor del campesinado cubano.

7/7 Firmada la Ley de Reforma Agraria, #Fidel se dirige a Radio Rebelde para dar el anuncio. ¡No dejemos ahogar en el pantano del INMOVILISMO y la BUROCRACIA, el espíritu de esa reforma tan audaz y revolucionaria!





HHC : * Hijo del Comandante en Jefe

Cuba: en guerra con la economía

 ¿Los cubanos vivimos en realidad una economía de guerra? Hay hechos que indican otra cosa.





“Todo para el frente” es la frase que quizás mejor simboliza lo que es una “economía de guerra”. Se hizo famosa al aparecer en un cartel allá por el año 1942 en plena Gran Guerra Patria. La frase en realidad tiene dos partes “todo para el frente”y “todo por la victoria”. En síntesis, significaba alinear todos los esfuerzos y poner todos los recursos en el objetivo supremo de derrotar al ejército nazi, que para esa fecha estaba peligrosamente cerca de Moscú.

Significaba también supeditar todas las decisiones, y el proceso de tomarlas, a ese objetivo. También implicaba la variable tiempo que, en esas condiciones, la de una economía de guerra, tiene un valor marginal incalculable.

Por cierto, hay que decir que el ejercito nazi no pudo tomar Moscú y el aporte de la Unión Soviética a la derrota del fascismo en Europa, ese mismo que resurge hoy con variados matices, fue decisivo, a pesar de que la nueva historia escrita desde Occidente insista en desconocerlo.

Fue un magnífico artículo de mi colega Joaquín Benavides, “¿Economía de guerra o mercado en la economía?” publicado en el blog Segunda cita de Silvio Rodríguez, lo que me impulsó a retomar ese concepto e intentar entenderlo en nuestro contexto actual.

Una rápida búsqueda en Google nos lleva a varias definiciones. Esta es una de ellas: “El término economía de guerra hace referencia a la forma en que se organiza la economía de un país durante un conflicto armado. Se entiende que consiste en maximizar su capacidad de producción y distribución, lo que pasa por ajustes sustanciales a la producción que permitan acomodarse a las necesidades del país”.

Foto: Kaloian.

Otra definición, en la Economipedia, refiere que:

“La economía de guerra es una situación bélica o de catástrofe en la que el Gobierno toma el control de la gestión de los recursos económicos. Todo ello implica medidas como la movilización de la población, el racionamiento, el control de la producción y el autoabastecimiento. En línea con el abastecimiento de alimentos, el Estado también establece un férreo control sobre el sector primario. Por ello, dirigirá y supervisará la producción de alimentos, prestando especial atención a la agricultura y a la industria alimentaria.

Si los alimentos están racionados, igualmente deben aprovecharse los recursos energéticos. Así pues, se toman medidas para sacar el máximo partido de los escasos recursos energéticos. Se han dado numerosas experiencias en las que, por ejemplo, los combustibles y la luz se han racionado.

Precisamente, en una guerra, un Estado debe ser lo suficientemente fuerte como para contar con los recursos necesarios sin depender de terceros países. Todo ello conduce al autoabastecimiento. En otras palabras, un país en guerra suele encaminarse hacia la autarquía”.

La hiperinflación es uno de los grandes males que acarrea la economía de guerra y la intervención de la política monetaria pareciera ser el recurso más usado en esa situación. Esta historia definitivamente tiene que ver con nuestra realidad y no solamente con la actual, sino con otras varias realidades anteriores.

Una excursión por Wikipedia nos devuelve una descripción sintética de lo que puede ser una economía de guerra, la cito in extenso:

“Se denomina economía de guerra a la que se aplica en momentos históricos de fuertes convulsiones violentas, sean o no conflictos armados, o en periodos de extrema autarquía y que tiene por objetivo mantener el funcionamiento de las actividades económicas indispensables para un país, procurar el autoabastecimiento, desincentivar el consumo privado, garantizar la producción de alimentos y controlar la economía nacional desde el Estado. Cada país se acerca a la reconfiguración de su economía de una manera diferente. Entre las actuaciones fundamentales se encuentran:Control exhaustivo de la política monetaria que evite los procesos de hiperinflación.Favorecimiento de la autarquía como sistema que evite la dependencia de las importaciones exteriores en productos básicos y material militar.Medidas de ahorro del consumo energético.Incentivación de la mano de obra a bajo coste para ocupar los puestos de trabajo de aquellos que se incorporan al ejército.Cambios en la política agrícola que dirigen los cultivos y la industria transformadora hacia la producción de granos y, en general, cultivos que aporten una alta cantidad de hidratos de carbono.Aumento de la producción de la industria pesada y de material militar.Establecimiento de reducciones del consumo privado, que puede incluir el racionamiento a la industria y a las familias.”

Parecería que varias generaciones de cubanas y cubanos hemos estado prácticamente toda nuestra vida viviendo dentro de una economía guerra, ya sea por la magnitud y profundidad de los conflictos, aun cuando algunos de ellos no fueran directamente militares; o por la manera de manejar la economía en determinados momentos; o por los efectos/ resultados de las políticas /medidas puestas en práctica, o por una combinación de los tres.

Foto: Kaloian.

En realidad, en la ecuación de la economía nacional, uno de los criterios relevantes que han condicionado la adopción de cualquier decisión ha sido su influencia/impacto/efecto sobre el conflicto fundamental que nuestro país ha enfrentado desde el año 1959, a saber: el diferendo entre Estados Unidos y Cuba.

De la misma forma, el grado de intensidad de ese conflicto ha sido una variable relevante en la adopción de medidas para manejar la economía.

Listo abajo algunos de esos momentos históricos, hitos, aunque obviamente hay grandes diferencias, entre ellos:La brusca reducción y más tarde la exclusión de la participación de Cuba del mercado norteamericano, tanto como importador que como exportador, y su intensificación hasta llegar al bloqueo económico y comercial en 1962.
  • El fomento de bandas terroristas y la invasión a Playa Girón.
  • La “Crisis de Octubre” o “Crisis de los misiles”.
  • La Zafra de los 10 millones y lo que significó en término de movilización de mujeres y hombres y en cuanto a la asignación de recursos.
  • La “Guerra de Todo el Pueblo”, que se iniciara en los primeros años de la década de 1980.
  • El “Período Especial en Tiempos de Paz” que no se ha despedido de nosotros y parece que no lo tiene en planes por el momento.
  • La “Batalla de ideas”.
  • La Pandemia de COVID 19.
  • Las medidas de la Administración Trump.
Es cierto también que el modelo económico socialista adoptado desde finales de los sesenta, e institucionalizado en los setenta recuerda en buena parte el manejo de una economía de guerra.

Pero la guerra de la economía es otra. Se libra todos los días, desde los ciudadanos y ciudadanas más simples, hasta aquellos otros que tienen alguna responsabilidad en el resultado de la misma.

Después de volver a mirar esas definiciones, me cuesta convencerme de que estemos en una economía de guerra, al menos hay hechos que me mueven a dudas.

Si la nuestra fuera hoy una economía de guerra en sentido estricto, entonces aquella frase que inicia este escrito se podría reinterpretar como “todo para la producción de alimentos”. En definitiva, el precio de los alimentos es el que tiene mayor peso en la dinámica de la inflación según las propias informaciones del Ministerio de Economía.

Los alimentos representan una de las cuentas más altas de nuestras importaciones y en la estructura de gastos de nuestras familias, es el destino decisivo de sus ingresos.

La producción de alimentos es uno de los principales destinos de los subsidios que desde el presupuesto central se asignan a las empresas agropecuarias y terminan incrementando el déficit fiscal, aunque lamentablemente no alcanzan para remediar el problema.

Sin producción nacional sostenible de alimentos la soberanía alimentaria no pasará de ser una quimera. Son los productos de la tierra —y del mar— los que generan cadenas productivas y de valor que permiten integrar diversos sectores, desde la agricultura misma hasta la ciencia y la tecnología. Son esos mismos los que impactan de forma decisiva en el bienestar de la nación y en su percepción de prosperidad.

Sin alimentos de buena calidad, de producción nacional, el sector turístico nacional competirá siempre en desventaja con el resto del mundo y en especial con nuestra región.


Foto: Kaloian.

No podemos hacer depender la leche de nuestros niños de la caridad internacional.

Uno de los mayores recursos que tiene nuestro país es su tierra y el mar que la rodea y tenemos más tierra arable por persona que países grandes productores de alimentos. Aún estamos lejos de la frontera de producción del sector y necesitamos modernizar las tecnologías de producción, entre otras razones, por el despoblamiento de nuestros campos que es la misma razón por la cual debemos modernizar la vida de nuestros campesinos.

Pero no, todavía hoy los recursos se asignan a otros destinos, en un ejercicio difícil de calificar que repite año tras año el mismo error. Y no hablo solo de inversiones asignadas a un “frente” a todas luces estancado, además sitiado y para nada bien manejado. Si estuviéramos en una economía de guerra hace rato esas “balas” debieron haber sido asignadas a otro frente.

Más no es solo un problema de asignación de recursos de inversión. Todavía me cuesta entender que una de las dificultades de la actual zafra sea la poca disponibilidad de combustible y, sin embargo, se mantengan funcionando centenares de autos estatales cuya utilidad apenas es significativa comparado con la necesidad de asegurar la producción de azúcar para la “canasta racionada” o para la producción de una parte del arroz de esa misma canasta.


Foto: Kaloian.

De hecho, si estuviéramos en una economía de guerra, esa misma canasta racionada debería ser mejor asignada, concentrándola en aquellos que más la necesitan y no seguir perpetuando una forma de distribución que consolida brechas de desigualdad cada vez más difíciles de manejar.

Si la nuestra fuera hoy una economía de guerra no habría cómo justificar ese excesivo aparato burocrático del Estado, con sobrepeso evidente y la demora inexplicable a someterlo a una cirugía profunda, que elimine las partes necrosadas del mismo.

Si estuviéramos en una economía de guerra hace rato deberíamos haber identificado la dirección del golpe principal, haber concentrado los recursos en esa dirección y no diluirnos en escaramuzas que debilitan las fuerzas.

Ciertamente, concuerdo con mi colega y amigo Benavides en que la solución no debe venir por reproducir aquellos métodos y estilos que tanto recuerdan a la economía de guerra, pero que en nuestro caso no nos han conducido a obtener una ventaja significativa en este campo de batalla casi perpetuo que ha sido y es la economía.

Porque no es reproduciendo el pasado que podremos conquistar el futuro. Esas son, en buena parte, las razones que me hacen pensar que no parece que estemos en una economía de guerra, más bien parece que estamos en guerra con la economía.

Cuadrando la caja: La industria cubana

 Publicado en: Cuadrando la Caja

 


Este domingo 7 de abril conversamos en Cuadrando la caja con nuestros panelistas sobre “la industria cubana”¿En qué estado se encuentran nuestra industria y sus capacidades? ¿Cuál es la política industrial que nos rige? ¿Ha sido la Revolución cubana un freno o un impulso para la industrialización del país? ¿Qué más hacer hoy para avanzar ? De esto y mucho más se habló en el programa.

En video, programa Cuadrando la Caja

¿Podrá China alcanzar su objetivo de crecimiento para 2024?

Por YU YONGDING PS



En 2024, es probable que una combinación de caída del crecimiento del consumo y de la inversión inmobiliaria impida el crecimiento del PIB chino. Si China quiere cumplir su objetivo de crecimiento del 5% para este año, el gobierno tendrá que compensar estos factores con una política fiscal y monetaria más expansiva.

BEIJING – El 5 de marzo, en la inauguración de la reunión anual de la legislatura de China, la Asamblea Popular Nacional (APN), el primer ministro chino, Li Qiang, anunció que el objetivo del gobierno para el crecimiento del PIB este año es de alrededor del 5% . Es un objetivo alentador, pero para que China lo alcance, es posible que el gobierno necesite ajustar su enfoque político.

Aunque el crecimiento anual del PIB de China alcanzó el 5,2% el año pasado, ha ido disminuyendo constantemente, casi trimestralmente, desde 2010. No ayuda que China haya estado lidiando con una inflación muy baja e incluso con deflación . El índice de precios al consumidor creció solo un 0,2% en 2023, mientras que el índice de precios al productor se redujo un 3% . Esto está en línea con las tendencias a más largo plazo: el IPC chino ha aumentado menos del 2% , en promedio, desde 2012, y el IPP ha estado en territorio negativo durante la mayor parte de la última década.

Cuanto antes China revierta estas tendencias, mejor. De lo contrario, el impacto acumulativo de factores estructurales de largo plazo como el envejecimiento de la población, los persistentes “ efectos de histéresis ” de perturbaciones económicas pasadas y la caída de la confianza harán que sea cada vez más difícil –incluso imposible– reactivar un crecimiento satisfactorio. Afortunadamente, la ventana hacia una recuperación sólida aún no se ha cerrado: con una política fiscal y monetaria más expansiva, el gobierno de China puede estabilizar el crecimiento del PIB a un nivel más alto (alrededor del 6%).

Las autoridades chinas parecen reconocer la necesidad de cierta expansión fiscal. Según su presupuesto para 2024, que la APN aprobó el mes pasado, el gobierno central aumentará su gasto en aproximadamente un 4% este año, hasta 28,5 billones de yuanes (3,9 billones de dólares). Además de los 4,06 billones de yuanes en bonos gubernamentales, el gobierno emitirá 1 billón de yuanes en bonos especiales del Tesoro ultralargos y 3,9 billones de yuanes en bonos para fines especiales de los gobiernos locales.

El gobierno de China todavía prevé que el déficit presupuestario será del 3% del PIB, el mismo que el año pasado. Pero su ratio déficit/PIB “aumentado”, según lo define el Fondo Monetario Internacional, alcanzará el 8,2% en 2024. Este es un paso en la dirección correcta, pero si China quiere alcanzar, y mucho menos superar, su objetivo de crecimiento del 5%, es posible que sea necesario ir más allá.

No todos están de acuerdo. Algunos académicos se oponen a la política fiscal expansiva en China, argumentando que el país debería alejar su modelo de crecimiento de la dependencia de la inversión de capital y, en cambio, fomentar el consumo privado . Podrían señalar, por ejemplo, que el consumo final representó solo el 53% del PIB en China en 2022, en comparación con el 82,9% en Estados Unidos.

Pero esta brecha se puede atribuir en gran medida a las diferencias en el consumo de servicios, que constituye dos tercios del consumo final en Estados Unidos, pero sólo el 43% en China, entre otras cosas porque los precios de los servicios son mucho más altos en Estados Unidos que en China. Mientras tanto, la proporción del gasto de consumo total que se destinó a bienes (incluido el catering) en China fue el 87,4% de la participación de Estados Unidos en 2022, a pesar de que el PIB de China es menos del 70% del de Estados Unidos.

En otras palabras, la participación del consumo de bienes en el PIB es mucho mayor en China que en Estados Unidos. Además, en 2023, el consumo final contribuyó con un enorme 82,5% del crecimiento del PIB de China , y las ventas minoristas totales de bienes de consumo crecieron un 7,2% respecto al año anterior. Si a esto le sumamos la persistente disminución de la participación de la inversión en activos fijos en el PIB durante la última década, queda claro que uno debe tener cuidado a la hora de caracterizar el actual patrón de crecimiento de China como “impulsado por la inversión”.

Sí, el gobierno de China debería seguir promoviendo el consumo, sobre todo para hacer más equitativa la distribución del ingreso. Pero, haga lo que haga, es casi seguro que el crecimiento del consumo será menor en 2024 que el año pasado, debido al poderoso efecto de base pospandemia en 2023. Para oscurecer aún más las perspectivas de China, la inversión inmobiliaria (durante mucho tiempo uno de los principales motores del crecimiento) continúa disminuyendo, habiendo caído ya un 10% en 2022 y un 9,6% en 2023.

Es vital aumentar la inversión en infraestructura para compensar los efectos adversos de la caída del crecimiento del consumo y de la inversión inmobiliaria. Y dado que la infraestructura es un bien público y podría no ofrecer los tipos de retornos grandes y de relativamente corto plazo que los inversores privados suelen buscar, la mayor parte del financiamiento para dicha inversión debe provenir del gobierno.

Desde que completó su paquete de estímulo de 4 billones de yuanes en 2008-09 –una respuesta a la crisis financiera global de 2008– la contribución del gobierno central a la inversión en infraestructura ha sido insignificante, representando menos del 1% del total. Los gobiernos locales contribuyeron más: alrededor del 10%. Pero esto no sólo es insuficiente; también está exacerbando los riesgos de deuda tanto para los gobiernos locales como para los promotores inmobiliarios, porque cuando los gobiernos locales invierten en infraestructura, deben recaudar fondos pidiendo prestado a altas tasas de interés y vendiendo derechos de uso de la tierra .

Un cálculo aproximado indica que el gasto planeado por el gobierno para 2024 puede ser significativamente inferior a las necesidades de financiamiento de infraestructura de China. Por lo tanto, en el transcurso de este año, es posible que las autoridades tengan que ajustar su enfoque, por ejemplo, emitiendo más bonos gubernamentales de lo previsto. También podría ser necesaria una expansión monetaria, y el Banco Popular de China reduciría su tasa de interés de referencia. No se puede descartar la posibilidad de que el gobierno chino tenga que implementar una especie de flexibilización cuantitativa.

Lograr el objetivo de crecimiento del 5% del gobierno este año no será fácil. El objetivo es alcanzable. Pero es posible que el gobierno necesite aplicar una política fiscal y monetaria más expansiva de lo planeado.

Yu Yongding, ex presidente de la Sociedad China de Economía Mundial y director del Instituto de Economía y Política Mundial de la Academia China de Ciencias Sociales, formó parte del Comité de Política Monetaria del Banco Popular de China de 2004 a 2006.