Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

sábado, 15 de octubre de 2016

Cuba. Lineamientos de la política económica y social, periodo 2016-2021. IV. POLÍTICA INVERSIONISTA

IV. POLÍTICA INVERSIONISTA 

LINEAMIENTOS 

88. Las inversiones fundamentales a realizar responderán a la estrategia de desarrollo del país a corto, mediano y largo plazos, erradicando la espontaneidad, la improvisación, la superficialidad, el incumplimiento de los planes, la falta de profundidad en los estudios de factibilidad, la inmovilización de recursos y la carencia de integralidad al emprender una inversión. 

89. Continuar orientando las inversiones hacia la esfera productiva y de los servicios, así como a la infraestructura necesaria para el desarrollo sostenible, garantizando su aseguramiento oportuno, para generar beneficios a corto plazo. Se priorizarán las actividades de mantenimiento constructivo y tecnológico en todas las esferas de la economía. 

90. Elevar la exigencia y el control a los inversionistas para que jerarquicen la atención integral y garanticen la calidad del proceso inversionista e incentivar el acortamiento de plazos, el ahorro de recursos y presupuesto en las inversiones. 

91. Se elevará la calidad y la jerarquía de los planes genera-les de ordenamiento territorial y urbano a nivel nacional, provincial y municipal, su integración con las proyecciones a mediano y largo plazos de la economía y con el Plan de Inversiones, garantizando la profundidad y agilidad en los plazos de respuesta en los procesos obligados de consulta. 

92. Continuar el proceso de descentralización del Plan de Inversiones y cambio en su concepción, otorgándoles facultades de aprobación de las inversiones a los organismos de la Administración Central del Estado, a los consejos de la administración, al Sistema Empresarial y unidades presupuestadas. 

93. Las inversiones que se aprueben, como política, demostrarán que son capaces de recuperarse con sus propios resultados y deberán realizarse con créditos externos preferiblemente a mediano y largo plazos o capital propio, cuyo reembolso se efectuará a partir de los recursos generados por la propia inversión.

94. Se continuarán asimilando e incorporando nuevas técnicas de dirección del proceso inversionista y también de entidades proyectistas y constructoras en asociaciones económicas internacionales. Valorar, siempre que sea necesario, la participación de constructores y proyectistas extranjeros para garantizar la ejecución de inversiones cuya complejidad e importancia lo requieran. 

95. Generalizar la licitación de los servicios de diseño y construcción entre entidades cubanas. Elaborar las regulaciones para ello. 

96. Las inversiones de infraestructura como norma se desarrollarán con financiamiento a largo plazo y la inversión extranjera. 

97. Implementar acciones que permitan el completamiento y preparación de la fuerza de trabajo para continuar avanzando en el restablecimiento de la disciplina territorial y urbana. Simplificar y agilizar los trámites de la población para la obtención de la documentación requerida en los procesos de construcción, remodelación y rehabilitación de viviendas y locales.

Continuará

Xavier Sala i Martin: "Hay que tirar una rama de la macroeconomía a la basura"

POR ANTHONY SUCLUPE Y JUAN MANUEL HURTADO
Xavier Sala i Martin es uno de los economistas más reconocidos a nivel internacional. Profesor de Economía de la Universidad de Columbia, y asesor económico principal del Center for Global Competitiveness and Performance del Foro Económico Mundial, fue uno de los creadores del famoso Índice de Competitividad del WEF, que recientemente publicó sus últimos resultados.
Sala i Martin llegó al Perú invitado por la Sociedad Nacional de Industrias, para dar una exposición sobre los retos del Perú para competir en el mundo. SEMANAeconómica lo entrevistó sobre varios temas.

¿Qué opina de los recientes experimentos macroeconómicos en países avanzados, como las tasas negativas o el quantitative easing? ¿Aumentan la competitividad?


Mi balance es que hay una rama de la macroeconomia [antigua] que tirar a la basura. Cuando ustedes y yo estudiamos macroeconomía, nos dijeron que la economía se recuperaba al bajar las tasas de referencia. Pero ahora, bajan las tasas y la economía no se recupera. Por eso los banqueros se tienen que inventar cosas que antes no existían. El gran perdedor de esta crisis es la teoría macroeconómica.

¿De qué factores depende el crecimiento mundial de los países avanzados?


A largo plazo, el único factor que cuenta es la productividad. Si bien las economías pobres pueden crecer más [que las economías avanzadas] gracias a la convergencia [los países pobres tienen más espacio para crecer que los ricos], a la larga esto se acaba. 
¿Por qué ahora parece que hay una desaceleración de la productividad en los países avanzados?
Hay dos teorías. La primera es que los nuevos inventos no son tan productivos como en el pasado. Antes estaba la invención del motor, y ahora los nuevos inventos son las aplicaciones como Pokémon Go. Ello no es tan productivo.

Sin embargo, también hay otra teoría que dice que no estamos midiendo bien el PBI y, por ende, la prodcutividad. El PBI es el valor de los bienes y servicios producidos en un país, pero ese es un concepto desfasado. En los años 1990, tenías una cámara, una computadora, una televisión, y cada una de ellas valía US$1,000. Ahora tienes un celular que hace lo mismo y vale US$400. Como el PBI mide la producción de un país, parece que el PBI ha bajado, pero no es así.

Pero hay muchas noticias de que la productividad está decreciendo en los países avanzados…


Pero es porque estamos midiendo mal el PBI. Si mides mal el PBI, también medirás mal la productividad [PBI por trabajador]. Yo no creo que haya problema de desaceleración ni un estancamiento [de la productividad].

¿Qué puede hacer la Alianza del Pacífico para aumentar su productividad?


Es una región con muchas diferencias, pero hay problemas comunes: mala infraestructura. corrupción, gobiernos ineficientes,informalidad. Además, hay desigualdad en la educación: el Perú genera gente brillante en educación. Hay dos o tres personas por año que han sabido competir con las mejores mentes de Japón.

¿Algún ejemplo?


[El economista peruano] Norman Loayza, que fue alumno mío. Pero hay muchos otros que no llegan a ese nivel y son analfabetos funcionales. Si quieres preocuparte de la competitividad, cambia radicalmente el enfoque de la escuela primaria.

¿Qué opina de los planes de diversificación productiva para aumentar la competitividad?


El problema es que exista un plan. La creación de un plan implica que ya hay alguien que sabe en qué sectores debe concentrarse la economía. Japón hace sesenta años protegió la minería y la agricultura, y daba por perdida su industria automotriz. Menos mal que Honda y Toyota no hicieron caso de los planes. Un gobierno tiene que actuar para todos los sectores, y que los peruanos con su talento decidan adónde van.
Ikea, Starbucks o Zara han hecho innovaciones en productos que ya existían, como muebles, café o ropa. Fíjate que el éxito del Perú en los últimos años ha venido por Gastón Acurio, y la cocina existe hace miles de años. Nadie lo protegió, y logró revolucionar la cocina al competir con los mejores del mundo. Necesitamos varios Gastón Acurio en todos los sectores.

Los planes de un Gobierno Clinton

No basta con derrotar a Trump; la candidata demócrata necesitará de un Congreso favorable a su ambiciosa agenda



Esto todavía está lejos de acabarse, pero, como dicen los analistas especializados en temas de información secreta, es muy probable que Hillary Clinton gane estas elecciones. Los modelos basados en sondeos situaban sus opciones en torno al 90 % a principios de esta semana (y eso, antes de que la campaña se volviese no apta para menores).

Pero ¿qué será capaz de lograr realmente nuestra primera mujer presidenta? Eso depende de lo grande que sea la victoria que obtenga. No me refiero a la magnitud de su “misión”, que no significa nada: a juzgar por los años de gobierno de Obama, los republicanos se opondrán a todo lo que Clinton proponga, por muy derrotados que salgan. La pregunta, más bien, es qué pasará con el Congreso.

Piensen, primero, en las consecuencias de una victoria por la mínima: Clinton se convierte en presidenta, pero los republicanos se aferran a ambas cámaras del Congreso. Una victoria así no sería insignificante. Evitaría la pesadilla de una presidencia de Trump y también bloquearía el programa radical de privatización y bajada de impuestos que Paul Ryan, el presidente de la Cámara de Representantes, ha dejado claro que impondrá si Trump se las arregla para ganar. Pero dejaría poco margen para acciones positivas.

Las cosas serían muy distintas si los demócratas reconquistaran el Senado. Según los modelos basados en sondeos, la probabilidad de que eso ocurra es de solo el 50 %, pero quienes apuestan sobre las elecciones les dan muchas más posibilidades, dos o tres contra uno. Ahora bien, ni siquiera un Senado demócrata posibilitaría que Clinton aprobase leyes si en la Cámara se topa con una mayoría republicana de un obstruccionismo implacable. No obstante, le permitiría colocar a alguien en el puesto del Tribunal Supremo que quedó vacante tras la muerte de Antonin Scalia.

Si piensan quedarse en casa el día de las elecciones porque el resultado está asegurado, no lo hagan

Esto tendría enormes consecuencias, en especial para la política ambiental. Durante sus últimos años en el cargo, el presidente Obama ha dado un gran impulso a las medidas medioambientales recurriendo a sus poderes normativos; por ejemplo, haciendo mucho más estrictas las normas de emisiones de los camiones pesados. Pero la pieza más importante de su programa —el Plan de Energía Limpia, que reduciría en gran medida las emisiones de gases de efecto invernadero de las centrales eléctricas que funcionan con carbón— está parada actualmente, a causa de una suspensión impuesta por el Tribunal Supremo. La conquista demócrata del Senado eliminaría ese obstáculo.

Y tengan presente que el cambio climático es, con creces, el problema más importante al que se enfrentan Estados Unidos y el mundo, aunque por alguna razón, la gente que escoge las preguntas de los debates presidenciales se niegue a sacarlo a colación. Dicho de forma bastante simple: si los demócratas conquistan el Senado, tal vez tomemos las medidas mínimas necesarias para evitar una catástrofe; si no lo logran, no las tomaremos. ¿Y qué hay de la Cámara de Representantes? Todos, y subrayo lo de todos, los logros legislativos del Gobierno de Obama tuvieron lugar durante el periodo de dos años en el que los demócratas controlaron las dos cámaras del Congreso. ¿Puede volver a suceder?

Hasta hace unos días, la probabilidad de que la Cámara cambiase de manos parecía baja, aun cuando, como ahora parece casi seguro, los candidatos demócratas obtengan en total más votos que los republicanos. Ello se debe, en parte, a que los gobiernos estatales controlados por el Partido Republicano han emprendido una campaña de manipulación de las circunscripciones generalizada y, en parte, a que las minorías, que votan mayoritariamente al Partido Demócrata, se encuentran agrupadas en un número relativamente pequeño de distritos urbanos.

Pero una victoria de Clinton lo bastante amplia podría cambiar la situación, sobre todo si las mujeres de clase acomodada dan la espalda a un Partido Republicano que se ha convertido en el partido de los sobones. Y eso permitiría a Clinton sacar adelante un programa mucho más ambicioso. En qué consistiría ese programa no tiene mucho misterio. No sé por qué hay tantos expertos que afirman que Clinton carece de una visión para Estados Unidos, cuando de hecho ha proporcionado una cantidad poco habitual de detalles en su página web y en sus discursos.

En términos generales, reforzaría considerablemente la red de seguridad social, sobre todo en el caso de los niños y las personas muy pobres, haciendo hincapié en asuntos relacionados con la familia como la baja por maternidad o paternidad. Esos programas costarán dinero, aunque no tanto como afirman los detractores; Clinton propone, y es verosímil, recaudar ese dinero subiendo los impuestos a las rentas más altas, de modo que el resultado general sería una reducción de la desigualdad.

El control demócrata de la Cámara también abriría la puerta a las inversiones a gran escala en infraestructura. Si resultase factible, sé que muchos economistas progresistas —entre los que me incluyo— instaríamos a Clinton a ir mucho más allá de lo que ahora propone.

Si todo esto les suena a una segunda ronda de lo que hizo el presidente Obama en 2009-2010, es porque lo es. ¿Y por qué no? A pesar del obstruccionismo republicano, durante el mandato de Obama ha aumentado notablemente el número de estadounidenses con seguro médico, se ha reducido considerablemente la pobreza y se han creado más de 11 millones de puestos de trabajo en el sector privado.

En cualquier caso, la conclusión es que, si piensan quedarse en casa el día de las elecciones porque el resultado está asegurado, no lo hagan. Salvo una catástrofe política equivalente al impacto de un meteorito, Hillary Clinton será la próxima presidenta, pero la magnitud de su victoria determinará la clase de presidenta que pueda ser.

PAUL KRUGMAN ES PREMIO NOBEL DE ECONOMÍA.

© THE NEW YORK TIMES COMPANY, 2016.

TRADUCCIÓN DE NEWS CLIPS.

Consumo eléctrico y sector residencial cubano



El consumo de electricidad doméstica sigue creciendo en Cuba en un inequívoco síntoma de prosperidad. La afirmación así, a secas, es inexacta. Ciertamente los hogares cubanos dependen cada vez más de la red eléctrica; pero esa dependencia le está imprimiendo una presión adicional al sistema nacional de generación, aún demasiado sustentado en las fuentes no renovables de energía.

En 1959 apenas la mitad de las viviendas en el archipiélago cubano tenía acceso a la electricidad. El Gobierno Revolucionario consideró ese servicio como una cuestión de interés público y llevó el porcentaje de electrificación doméstica hasta el actual 99 por ciento. Hoy las arcas públicas siguen cubriendo buena parte de los 21 centavos que le cuesta al Estado generar cada kilowatt/hora de “corriente” pues la ciudadanía paga una media de un centavo de dólar por cada Kw/h.

La humanidad no concibe la vida moderna sin la electricidad aunque en su conjunto lleve muy poco de su tiempo histórico empleándola. Por ende la gente se intranquilizó en julio pasado con informes no confirmados que auguraban el retorno de los “apagones” similares a los de inicios de los años 90 cuando la desaparición del bloque soviético dejó a la nación sin su proveedor habitual de petróleo, combustible principal para la energía del país.

Tras informar que el plan de consumo total de electricidad previsto para 2016 sería de 15 mil 310 gigawatts (cinco mil menos que en 2015) el vicepresidente del Consejo de Ministros Marino Murillo, aclaró en el Parlamento que el suministro a las viviendas se protegería, haciendo notar que justamente allí va a parar el 60 por ciento de la energía eléctrica generada hoy en Cuba.

La frase mostró una realidad clarísima. El equipo de: televisor, un par de ventiladores, un refrigerador, hornilla, ollas de cocción eléctricas, lavadora y con suerte una computadora, un horno microondas y un aire acondicionado parecen nada ante los gigantescos electrodos de una acería; pero cuando se suma el conjunto sí marca la diferencia.


El arribo del sector doméstico cubano a la primacía dentro de la estructura de consumo eléctrico nacional fue paulatina y gracias a varios acontecimientos. Este aventajó por primera vez en 2011 al llamado sector no residencial que incluye a empresas estatales, entidades mixtas y otras instituciones como iglesias o cooperativas. Ese mismo año fue necesario un mínimo de 66 mil toneladas adicionales de petróleo para hacer frente a la demanda creciente.

Tal como señaló el vicepresidente Murillo la proporción a favor de los hogares ha continuado creciendo. Se aprecia no solo por el consumo per cápita sino además por el incremento de las familias que consumen mensualmente de 200 a 500 o más de 500 Kw/h.

Muchos “poquitos” hacen mucho

La economía cubana salía a flote a mediados de los 90 y el Gobierno de la Islacolocó entre sus prioridades el ahorro energético. Entre 1995 y 1999 invirtió 300 millones de dólares en aligerar su factura petrolera, explotando los yacimientos propios y extendiendo el uso del gas como combustible doméstico.

En 2002 el experto alemán en tecnologías de ahorro energético, Dieter Seifriedrecomendó a las autoridades cubanas la sustitución de los equipos de refrigeración altamente consumidores. Eso, dijo, permitiría elevar la eficiencia energética del país. En 2004 el azote de un huracán y la obsolescencia de las centrales térmicas le dieron la razón.

Cuba emprendió así su propia Revolución Energética. A un ritmo, dice Seifried, mucho mayor que países europeos como Alemania que hizo algo parecido en 2010. En tres años la mayor de las Antillas, mediante facilidades crediticias para los beneficiados, reemplazó por otros más eficientes: 2,5 millones de refrigeradores, nueve millones de bombillos incandescentes, 1,04 millones de ventiladores, 230 mil televisores, 268 mil bombas de agua y 266 mil equipos acondicionadores de aire.

Bajo las mismas condiciones benévolas llegaron además una gama de hornillas y ollas eléctricas que ocuparon el lugar de las cocinas de queroseno y gas las que, salvo en urbes como La Habana y Santiago de Cuba, pasaron a ser la reserva hogareña.

Los vínculos económicos con China posibilitaron el canje de los electrodomésticos para un país como Cuba sometido a un bloqueo económico por parte de los Estados Unidos; y porque financieramente los costos de adquisición de cuantías tan grandes de equipos nuevos se compensó con el ahorro en las importaciones de petróleo crudo, estimadas en unas 250 mil toneladas anuales. El resultado fue que a la altura del 2007 tres millones de hogares cubanos dependían de la electricidad para cocinar sus alimentos.

El Archipiélago edificó además una red de pequeñas estaciones generadoras en todas las provincias, comenzó la renovación de sus redes de distribución y trazó las pautas para extender el uso de las fuentes renovables de energía como la solar, la eólica y la biomasa.

No había transcurrido demasiado tiempo cuando otros expertos advirtieron que esas medidas tendrían implicaciones para el sistema cubano de generación. Los profesores de la Universidad Central de las Villas, Leonardo Casas Fernández y Alberto Ramírez González indicaron en 2007 que si bien cayó el consumo por la salida de servicio de los equipos gastadores, la demanda se incrementó por la entrada de las cocinas y ollas eléctricas. Advirtieron que subía la demanda en los horarios del mediodía y la tarde momento de la cocción masiva de los alimentos.

De las repuestas

La política de la Revolución Energética sí tuvo en cuenta la elevación del consumo a corto plazo en los hogares y sigue tratando de contenerlo. Aunque el Estado mantuvo los subsidios pasó de un tarifa fija a otra progresiva que supone pagos mayores cuanto más se gasta.

Detenida desde 2003, en 2011 se reanudó la venta de electrodomésticos altos consumidores de electricidad y se elevó nuevamente la tarifa para el rango de consumo por encima de los 300 Kw/h. De manera que las familias con los mayores gastos eléctricos deben debe pagar hoy 50 veces más que los consumidores menores.


La Unión Eléctrica (UE) comenzó a instalar metrocontadores digitales y endureció sus penalidades contra el fraude eléctrico. Más recientemente, en 2014, 63 mil de los mencionados dispositivos habían sido reemplazados una vez más por otros infrarrojos primeramente en las viviendas de los cuentapropistas. Sin embargo a escala nacional las pérdidas de energía siguieron creciendo.

El ministro cubano de Energía y Minas, anunció la intensión de reducir a 17,7 centavos de dólar los costos de producción de la energía mediante tecnologías más limpias. Mencionó los proyectos de producir 750 mil kilowatts/hora con la bioenergía de los centrales azucareros, para lo cual se firmaron convenios con Rusia y China.

También a fines de 2014 ya había comenzado una segunda fase de la Revolución Energética con la renovación del alumbrado mediante la instalación de lámparas LED; junto a la venta, ahora al contado, de dos millones de cocinas de inducción, un 30 por ciento más eficientes que las actuales.

En 2011 la directora de Uso Racional de la Energía de la Unión Eléctrica, Tatiana Amarán aseguró que la entidad preveía el crecimiento del consumo en los hogares a causa de la venta de más equipos electrodomésticos ; y también por “el incremento de actividades económicas efectuadas por trabajadores por cuenta propia”. Entonces anticipó que se estudiaba la aplicación de una tarifa diferenciada para estos últimos.

Cinco años después las cifras le están dando la razón aunque las estadísticas siguen mostrando que la producción de electricidad en Cuba depende del petróleo y el porcentaje de las fuentes renovables, mucho más baratas a largo plazo, sigue en números bajos.

Por si todo esto fuera poco, los análisis de los centros de meteorología pronostican un aumento de los valores de las temperaturas mínimas que agregarán un apremio adicional al gasto energético del país por concepto de climatización.

En 2013 el Estado comenzó vender sin subsidios gas licuado y a inicios de 2015 cifras oficiales ubicaban en más de 56 mil los contratos para adquirirlo en cinco provincias. La salvedad de que dicho servicio no sería la base de la cocina cubana corrobora que la medida, junto con otras ya mencionadas, buscan mantener en números aceptables el consumo de energía eléctrica en los hogares y aligerar la presión extra del aluvión de los cuentapropistas.

Pero, salvo esos cambios generales, no se ha visto acción alguna que saque a los representativos del sector privado de la zona gris en que se encuentran también en los análisis sobre el consumo eléctrico, pues restaurantes, casas de renta, talleres y demás negocios emprendidos por los cuentapropistas ya dejaron de calificar como simples viviendas y no llegan a ser grandes industrias. Eso y la dependencia del resto de los hogares de la electricidad siguen presionando seriamente al sistema nacional de generación y distribución.

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Con luz larga…



LA HABANA. En las últimas semanas se han publicado numerosos artículos sobre un posible hallazgo de petróleo en territorio cubano por parte de una empresa australiana, que opera con una licencia del monopolio estatal cubano Cuba Petróleo (CUPET). La desproporcionada atención recibida y las expectativas generadas en no pocos cubanos muestran claramente la ansiedad social que persiste en Cuba en lo relativo al suministro de energía.

Como si fuera poco, los primeros reportes circularon casi simultáneamente con los anuncios del Gobierno acerca de la necesidad de introducir restricciones significativas en el consumo de combustible y electricidad para el segundo semestre de 2016, a partir de la desfavorable situación que vienen presentando los envíos de petróleo desde Venezuela, el principal suministrador cubano.

La preocupación no es exagerada. Para los cubanos, el racionamiento energético remite inmediatamente al oscuro período de principios de la década de los noventa, cuando el colapso de la Unión Soviética sumió a la nación en una de las peores crisis de su historia, y emergió uno de los símbolos negativos más potentes del fracaso económico: el apagón. Ahora probablemente no se llegue tan lejos, pero irremediablemente vuelve a reflotar el fantasma de la fragilidad del modelo energético cubano. ¿Se puede hacer algo? Y, en caso afirmativo, ¿qué exactamente?

La política energética en la mayoría de los países contemporáneos ha evolucionado hasta la actualidad con el objetivo implícito de lograr un equilibrio aceptable entre al menos cuatro dimensiones: autosuficiencia, estabilidad y confiabilidad, costo, y sostenibilidad ambiental.

Aunque la inmensa mayoría de los Estados no sería capaz de alcanzar una independencia total, el desarrollo de fuentes endógenas es determinante en tanto la energía es un insumo clave y una alta dependencia externa se traduce inmediatamente en una elevada vulnerabilidad, que coloca a la sociedad a merced de los vaivenes de los mercados internacionales o de las coyunturas de sus suministradores. En este sentido, si el acceso a estos recursos se halla relativamente bien repartido entre varios productores mucho mejor, en tanto un evento inesperado en alguno de ellos vendría a tener un impacto menos grave en el conjunto del sistema.

La estabilidad del suministro es otro aspecto importante, aunque frecuentemente relegado, porque suele tener un impacto menos visible y difícilmente cuantificable. Si el sistema no puede garantizar una entrega continua, manteniendo ciertos parámetros se estará causando un prejuicio permanente a las actividades económicas y sociales, por ejemplo, reduciendo apreciablemente la capacidad productiva y el rendimiento del capital físico.

Dado que la energía es un insumo clave, su costo es un elemento cardinal, y posiblemente es el que tiende a ser priorizado en el corto plazo, dadas las restricciones financieras que enfrentan los países y los agentes económicos. Además, la satisfacción de las necesidades actuales puede comprometer significativamente la capacidad de atenderlas en el futuro debido a ciertas externalidades negativas derivadas del modelo elegido. Existe un gran debate en el mundo sobre la necesidad de iniciar el tránsito hacia la construcción de matrices energéticas menos dependientes de los combustibles fósiles, identificados como una de las causas fundamentales del cambio climático.

Cuba no está ajena a todo esto. Todo lo contrario. Su condición de país pequeño y pobre si acaso acrecienta la vulnerabilidad de su modelo de suministro energético. Su esquema descansa esencialmente en el uso de combustible fósil importado, junto a la explotación de tecnologías obsoletas y la provisión de altos subsidios para un número no despreciable de clientes. Esta combinación genera una oferta insuficiente, con costos altos, elevada dependencia externa y con daño medioambiental no despreciable. La transición energética que ha comenzado en muchos países a partir de ciertas tendencias internacionales puede ser un buen momento para comenzar una modificación radical del modelo cubano.

Quizá se podrían considerar determinados principios para esta necesaria mutación. Los nuevos documentos propuestos para discusión a partir del VII Congreso del Partido Comunista de Cuba, identifican adecuadamente al sector energético, extracción de hidrocarburos y fuentes renovables como sectores estratégicos. Y realmente lo son. Cuba debe priorizar las fuentes domésticas identificadas hasta hoy con viabilidad comercial, con especial atención a las fuentes renovables.

Son bien conocidos los potenciales de la biomasa cañera, el sol y el viento. Los proyectos que adelanta actualmente el Ministerio de Energía y Minas suponen una adición mínima de 2280 MW de capacidad a partir de las tres fuentes mencionadas anteriormente. Para tener una idea de las posibilidades existentes, esto representaría el 36% de la potencia instalada al cierre de 2015. El potencial eólico se estima puede alcanzar 2000 MW. Otras fuentes podrían estar disponibles en 10 o 15 años.

Cuba también debería renunciar a la búsqueda de acuerdos “especiales” con socios extranjeros para garantizar el suministro en condiciones aparentemente favorables, pero que comprometen el desarrollo futuro de la nación. Y deben darse pasos seguros para diversificar los proveedores externos. Se podría considerar seriamente la incorporación del gas natural licuado (LNG) dentro de la matriz eléctrica cubana. Aunque con menor madurez que el petróleo, se está conformando un verdadero mercado mundial de este combustible, menos agresivo para el entorno. Las tecnologías de generación flexible están listas y hay países en el Caribe que ya las usan exitosamente, como República Dominicana.

Los agentes que operan en el sistema económico cubano deben incorporar el hecho de que la energía en Cuba no es ni abundante ni barata, y hay que lograr ser suficientemente competitivo e innovador para pagar por ella. Por supuesto, estos mismos agentes (hogares y empresas) deben contar con la posibilidad de reaccionar a estas señales, una capacidad que está altamente comprometida en estos momentos. La era de subsidios masivos debe desaparecer gradualmente. No se puede prometer lo que no estamos en condiciones objetivas de cumplir.

Cuba no tiene y no tendrá a mediano plazo los recursos de inversión necesarios para iniciar esta transición. Tampoco cuenta con el desarrollo tecnológico que requiere este salto. El país debe aceptar plenamente que la participación de agentes extranjeros en sus diversas modalidades es imprescindible para llevar adelante estos propósitos. Los recientes eventos para promocionar la cartera de proyectos en esta esfera son un paso alentador.

Pero es necesario hacer más. La contribución esperada de las fuentes renovables en la demanda eléctrica que es de 24% para el año 2030, es un paso importante, pero difícilmente impresionante. Y además, depende del comportamiento de la demanda real. Sin conocer la base de cálculo, el cumplimiento de las metas que supone al Plan Nacional de Desarrollo hacia 2030 implica que el consumo rebasará las previsiones actuales. Esto es si queremos atender los requerimientos de una economía que crecerá por encima del 5% promedio anual.

Las especulaciones sobre el hallazgo de petróleo estremecieron a muchos. La apuesta por el petróleo barato en grandes cantidades puede ser un arma de doble filo. Nuestro entramado institucional es todavía débil. Es oportuno revisar la experiencia histórica de lo que puede hacer el petróleo a países en desarrollo. La “maldición de los recursos naturales” y la “enfermedad holandesa” constituyen fenómenos bien estudiados en las ciencias sociales. Los fracasos son mucho más abundantes que los éxitos. No deberíamos pensar que somos tan excepcionales como para evitar ese curso fatal.

Una vez más los problemas actuales pueden transformarse en una oportunidad para escoger otro camino. En lo inmediato, el racionamiento forzoso será parte de la búsqueda de un precario equilibrio. Aunque muchas veces invisibles, debemos ser conscientes de los costos que estos acontecimientos suponen para la economía y el bienestar de los cubanos.

No se puede acometer esta tarea sin atender otras muchas debilidades del sistema socioeconómico. Esta transformación no es viable en una economía estancada, atrasada y aislada del resto del mundo. La infraestructura energética del siglo XXI es cara y sofisticada, y solo una economía próspera puede pagar por ella. Pero vale la pena.

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