Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

viernes, 31 de julio de 2020

Pesadilla en la Avenida de Pensilvania

A estas alturas, Trump no es más que un presidente fracasado. Todos, salvo sus defensores acérrimos, lo saben


El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el pasado 29 de julio en Midland, Texas.BOB DAEMMRICH/ZUMA WIRE / SPLASH / GTRES

La pesadilla de todo trabajador es ese jefe horrible —todos conocemos al menos uno— que es completamente incompetente, pero se niega a dejar el cargo. Estos jefes tienen el toque opuesto al del Rey Midas —todo lo que tocan se convierte en escoria—, pero hacen todo lo posible, incumplen las normas que haga falta, para quedarse en el despacho de la esquina. Y perjudican a las instituciones que supuestamente deben dirigir, llegando en ocasiones a destruirlas.

Donald Trump es, cómo no, uno de esos jefes. Por desgracia, no es un mal directivo cualquiera. Es, Dios nos asista, el presidente. Y la institución que podría destruir son los Estados Unidos de América.

¿Ha habido antes algún presidente que haya suspendido su gran prueba tan estrepitosamente como Trump en estos últimos meses? Rechazó el asesoramiento de los expertos sanitarios y forzó una reapertura económica rápida, con la esperanza de que se produjera una expansión antes de las elecciones. Ridiculizó y menospreció medidas que habrían ayudado a ralentizar la propagación del coronavirus, como llevar mascarilla y mantener el distanciamiento físico, convirtiendo algo que debería haber sido de sentido común en un frente de la guerra cultural.

El resultado ha sido el desastre epidemiológico y económico. A lo largo de la última semana, en Estados Unidos han fallecido de media por la covid-19 más de 1.000 personas al día, frente a los cuatro —¡cuatro!— muertos diarios en Alemania. La declaración del vicepresidente Mike Pence a mediados de junio de que “no hay segunda oleada de coronavirus”, parecía ya entonces una baladronada; ahora suena a broma pesada.

Y todas esas muertes de más no parecen habernos aportado nada en cuanto a resultados económicos. La contracción económica en Estados Unidos durante el primer semestre de 2020 ha sido casi idéntica a la de Alemania, pero con un número de muertos mucho mayor. Y mientras que en Alemania la vida ha vuelto a la normalidad en muchos aspectos, diversos indicadores dan a entender que, después de dos meses de rápido aumento del empleo, la recuperación estadounidense se estanca debido al resurgimiento de la pandemia.

Pero esperen, aún hay más. Trump, los miembros de su Gobierno y sus aliados en el Senado han apostado todo a la idea de que, a pesar de la nueva oleada de contagios y fallecimientos, la economía estadounidense experimentará una recuperación asombrosamente rápida. Están tan convencidos de ello que parecen incapaces de asumir las abrumadoras pruebas que lo desmienten.

Hace solo unos días, Larry Kudlow, economista jefe de Trump, insistía en que seguía en marcha la llamada recuperación en V, y que “las solicitudes de prestación inicial y las de ampliación de la prestación por desempleo caen con rapidez”. Lo cierto es que ambas están aumentando.

Pero como el equipo de Trump siguió insistiendo en que se aproximaba una fuerte recuperación, y se negaba a ver que no se estaba produciendo, hemos caído en una crisis económica completamente innecesaria.

Gracias a la inacción republicana, millones de desempleados han recibido los últimos cheques del programa de Compensación por Desempleo a causa de la Pandemia, que debían sostenerlos en medio de una economía devastada por el coronavirus; el virus sigue desatado, pero a ellos les han cortado su soporte vital.

Por tanto, Trump ha hecho muy mal su trabajo, y provocado un perjuicio innecesario a millones de estadounidenses y una muerte innecesaria a miles de ellos. Puede que a él no le importe, pero a los votantes, sí. De modo que debería estar intentando dar la vuelta a la situación, aunque solo fuera por su propio interés político y personal.

Lo que pasa es que, aunque Trump fuera el tipo de persona capaz de aprender de sus errores, ya es demasiado tarde. Si nos hubiéramos encontrado en la actual situación hace un año, podría haber tenido tiempo de controlar el virus y sanear la economía. Pero las elecciones están a la vuelta de la esquina.

Supongamos que el número de fallecimientos y el empleo mejorasen un poco en los próximos tres meses. ¿Cambiaría eso la opinión de los votantes sobre el negacionista en jefe? ¿Cuánto crédito daría la ciudadanía a las buenas noticias, incluso a las verdaderamente buenas, tras el falso amanecer de la pasada primavera? A estas alturas, Trump no es más que un presidente fracasado y todos, excepto sus partidarios más acérrimos, lo saben.

Pero, como dije al principio, Trump es uno de esos jefes de pesadilla que no saben hacer su trabajo, pero se niegan a echarse a un lado.

Y ahora, naturalmente, habla de retrasar las elecciones. Era predecible; de hecho, Joe Biden lo adivinó hace meses, suscitando las burlas de los expertos (ninguno de los cuales, anuncio, va a disculparse).

Ahora bien, Trump no puede hacerlo. El 3 de noviembre habrá elecciones. Pero lo que sí puede hacer el presidente, si pierde, es afirmar que le han robado las elecciones, que ha habido millones de votos fraudulentos, que los resultados son ilegítimos. Ya lo hizo después de perder la votación popular en 2016, a pesar de haber ganado el Colegio Electoral.

Casi con seguridad, esas bufonadas no le permitirán seguir en la Casa Blanca, aunque el proceso para sacarlo tal vez sea… interesante. Pero podrían ocasionar un gran caos y muy posiblemente actos violentos en todo el país. Y si alguien piensa que los seguidores contrariados de Trump no intentarán sabotear a un Gobierno de Biden —incluidos los esfuerzos por superar la pandemia— es que no ha estado prestando atención.

Esto es lo que pasa cuando se pone un jefe horrible al mando de un país. Y nadie puede saber cuándo se reparará el daño, si es que se repara alguna vez.

Paul Krugman es premio Nobel de Economía. © The New York Times, 2020. Traducción de News Clips

Sobreprotección

Por  Rafael Alhama Belamaric

Otra vez se ofrece una buena oportunidad para romper fronteras entre disciplinas y con conceptos de una reflexionar acerca de problemas actuales y situaciones que se pueden presentar, hoy y mañana.

A diario se leen artículos, cada vez más profundos e integradores acerca de los problemas económicos y sociales actuales, y de las estrategias, medidas y acciones que se adoptan para enfrentar la profunda crisis económica a nivel mundial, agravada por la pandemia, que en Cuba toma proporciones y características únicas, cuasisingulares. Sin supuestos, pero el bloqueo económico, financiero, comercial, y de todo tipo, tiene un peso tan decisivo, e integrador, que se muestra no sólo en la vida cotidiana, sino a nivel mental y de razonamiento, lo que condiciona en buena medida, lo que se hace, lo que se propone, y los límites de lo posible. Pero, sin autoengañarnos, este es sólo uno de los problemas, que incide y ha incidido y formado una manera de pensar y de actuar durante más de medio siglo. La acumulación de problemas hoy es más visible que nunca antes, y buena parte se debe a la postergación de medidas propuestas en los últimos 25 años.

En todas partes en el mundo, hoy se discuten y aprueban llamados programas y planes de ayuda y de créditos, que toman diferentes formas, sin los cuales difícilmente saldrían de este momento crítico, incluso los países considerados entre los más ricos. Estos cientos y cientos de miles de millones, buena parte de ellos aprobados como créditos, entre amigos, hay que devolver a largo plazo. No es este el objetivo del artículo, sino sólo alertar que la situación actual y las propuestas de transformaciones, si se quiere de reformas, se hacen, no sólo a destiempo, eso ha sido señalado muchas veces, y alertado desde los momentos en que fueron hechas las propuestas, sino en situación financiera, crediticia, comercial, a lo cual se suma la situación productiva, competitiva, realmente nunca antes tan conflictiva, y sin apoyo necesario visible a nivel internacional. De esto también se ha escrito bastante. De los artículos y análisis críticos así como de las dudas, preguntas y propuestas que se hacen no es difícil darse cuenta de la gran capacidad intelectual y profesional que hay instalado en los centros e institutos de investigación de las ciencias sociales, que han sido hasta hoy, sistemática y continuamente desaprovechados, tanto como la llamada tasa del llamado capital humano calculado hace ya décadas como entre las más altas del mundo, pero con evidencias de investigaciones que mostraban muy baja realización.

Tal como la desigualdad no se puede solucionar con medidas iguales, así mismo hoy día una asociación simétrica, o como decíamos hace diez años atrás, una integración de las formas de propiedad a nivel de sistema de propiedad, no se resuelve con medidas y políticas iguales o similares, sino precisamente con tratamiento y políticas diferenciadas, pero integradoras. Para no repetir lo expresado por Monreal en el artículo sobre el desarrollo local, quizás hoy una de las principales dimensiones donde se deben desarrollar las relaciones tanto tiempo desatendidas, hay evidencias y experiencias de las que se pueden y deben sacar lecciones. Y son las reformas, o no reformas, que se llevaron a cabo en los países socialistas de Europa del Este. Si se va a estas experiencias, y se lee lo que ocurrió desde los años sesenta, pero sobre todo en los años setenta, de regreso a la centralización, cuando aquello que se comenzó y tuvo un final abrupto en 1968, en todos los países, unos más otros menos, otros nada, se trató de buscar la complementariedad entre las formas de propiedad, diría a contrapelo, con muchas autolimitaciones, sin modernizaciones, sin modificación ni de las estructuras ni de las funciones, ni sobre todo de las relaciones entre los productores, y los resultados, y contra la voluntad de una parte de la dirigencia.

El tomar el ejemplo de Hungría. Yo puedo llevarlo un paso más allá, a Yugoslavia, porque en los años ochenta, fue no un paso, sino corrió una carrera, frente a los problemas de baja productividad, baja competitividad a nivel internacional, falta de inversiones productivas, créditos, problemas financieros, alta inflación, y agrego uno, quizás siempre poco considerado y no siempre mencionado, la autogestión cuasiparalizada; y no hablo de autogestión obrera que a veces se menciona como parte del experimento yugoslavo, sino de cómo se concibió originalmente, como un proyecto de autogestión social. Pero, se paralizo políticamente, porque debía interesar estructuras administrativas, partidistas y, en este caso federales. Esto se comenzó a desconocer, y no hacer caso ni a los economistas, ni a los sociólogos, mucho menos a los filósofos. Así se llega a los 80 y a finales de la década estaba en todo su esplendor la reforma "neoliberal", con la cual dio una imagen que los demás le veían sólo la espalda. 

En realidad, se elevó el nivel de vida, también el costo de vida, se disparó la corrupción, y la casi totalidad de las empresas que se formaban, eran de importación. Se vivió un espejismo, sin mejoramiento de la productividad, ni cambio de tecnología, ni las inversiones requeridas, tampoco cambiaron las relaciones entre los niveles de decisiones, y el nivel de empresa y del colectivo laboral se convirtió en un recuerdo, o instancia formal. El empresario, ante tanto cambio, de palo pa rumba, como se dice, realmente no sabían que bailar.

Pero, válido tanto para uno como el otro ejemplo, es el caso de los empresarios, directivos de empresa. Y es donde quiero detenerme. Con el personal profesional que debe tener la mayor carga para interpretar y dirigir a nivel de base las medidas propuestas, y otras que deben venir, en un ambiente cambiante, con actitudes y comportamientos que deben superar lo aprendido, precisamente para provocar cambio de actitudes y de actuaciones. Una cosa era cuando se pasaban cursos, uno tras otro, conocí a directores hace treinta años atrás que habían pasado ocho cursos de dirección, pero era para perfeccionar la planificación central tradicional, con sus principios fundamentalistas de los años sesenta, y la gestión interna no implicaba grandes cambios, aun cuando debieron haberse producido. Como el niño no aprende a caminar de un día para otro, ni el empresario estatal va a cambiar de la noche a la mañana, y tampoco el productor privado, emprendedor, o como se denomine.

Ambos, tendrán hábitos aprendidos, caminan unos, otros buscan formas de desplazamiento, pero ambos tendrán que cambiar los sistemas básicos para acabar de desarrollarse Sin entrar en el debate si se ha sufrido de una protección o sobreprotección, creo que es lo segundo, las prácticas durante tres generaciones de formas de dirección han llevado, a unos a sentirse protegidos, a otros a sentir necesidad incuestionable de (sobre)proteger, con independencia de la calidad y preparación del directivo. Esto ha llevado, durante décadas, a que los empresarios y directivos, ya crecidos, formados, se les ha tratado como personas desvalidas, que necesitan cuidados, como los niños que no caminan, lo
que los convierte en dependientes y poco autónomos. En consecuencia, aunque les digan que se levantes y caminen, siempre van a esperar una mano para hacerlo, sea cual sea la situación. Es lógico, lo que no lo es que, al llegar el momento de soltarlos, los sigamos sosteniendo de la mano. Bueno, ¿cuál sería la mano que necesitan ahora? Apoyo. Quizás más que todos los cursos que se han organizado en estos años, tratando de modernizar la dirección, o administración, se requiere de mucha voluntad propia. Las consecuencias desastrosas que puede llevar la sobreprotección, no se van a aprender en ningún curso de superación. Depende de la persona y su personalidad, además de la preparación profesional.

La baja autoestima, sólo puede ser superada enfrentando las situaciones, y saber que sabes y puedes hacerlo. Es un proceso que tiene precio, para todos, pero es un proceso de aprendizaje de superación de inseguridades. Si ante estas situaciones, se muestra una actitud similar de los niveles superiores de baja tolerancia, cualquiera que sea, seguirán esperando que les indiquen qué hacer.
El control del empresario no será su control, sino el control del protector. Si no se establecen las relaciones sobre bases nuevas, se seguirá con miedos, unos por hacer, otros por como lo van a hacer, y para ambos cada situación se convertirá en una amenaza. Por lo tanto, para que haya sobreprotección, debe haber dos partes implicadas, una protegida y otra que protege. Desde luego, en todo este proceso se pone de manifiesto quien es quien, y, sobre todo, de parte del protegido se muestran sus capacidades reales, y la relación se convierte en una colaboración, en un nexo gratificante para ambas partes.

Por tanto, la mano que potencia la ayuda debe perseguir:
  • Dar oportunidad a demostrar que puede
  • Que desarrolle destrezas para sobreponerse
  • Desarrolle capacidad para la toma de decisiones, solución de problemas
  • Desarrolle la capacidad de esfuerzo
  • Dándole autonomía real para que tome decisiones

Alimentación en Cuba bajo el impacto de la covid- 19

Análisis de los efectos de la epidemia en el contexto cubano y posibles medidas para enfrentar el futuro inmediato.

Los alimentos tienen una participación importante en los gastos de las familias cubanas.
Foto: Jorge Luis Baños_IPS
Los efectos de la covid-19 en la alimentación y las producciones agropecuarias que la sostienen, se transmiten por el lado de la demanda y también de la oferta de alimentos, así como a través del comercio internacional de estos rubros y otros factores externos relacionados con los mercados energéticos y crediticios, o los tipos de cambio.
En la demanda hay que tomar en cuenta las posibles variaciones en el poder adquisitivo de las familias. Estas variaciones dependen directamente de las que correspondan a los ingresos, así como a los precios de los alimentos.
En lo tocante a los ingresos, a raíz de la penetración de la pandemia en Cuba se han impuesto medidas de restricción a la actividad económica que tienen un efecto para las familias de los trabajadores que quedaron interruptos o que se determinó proteger especialmente porque resultan vulnerables a la enfermedad o porque son padres de escolares que deben permanecer en casa.
Estos trabajadores vieron disminuidos sus ingresos en 60 por ciento después de mayo. También está el caso de los trabajadores por cuenta propia en las actividades más deprimidas o los contratados por este sector, cuyos ingresos prácticamente desaparecieron en la actual coyuntura.
Mayor gasto en alimentos
Si se tiene en cuenta que los alimentos tienen una participación importante en los gastos de las familias cubanas, y más aún en las que dependen únicamente de salarios o pensiones (estimado entre 42 y 50% ) el impacto puede llegar a ser considerable.
Por otra parte, está la variación en los precios de los alimentos. Ya desde el mes de julio de 2019, después del incremento salarial al sector estatal presupuestado, se libra una batalla por mantener al mismo nivel los precios de los productos de consumo, entre ellos los alimentos.
Desafortunadamente, las decisiones administrativas no han sido suficientes para prevenir los efectos de aquella medida y tampoco los de la actual situación. Aun cuando se ha determinado que los precios no pueden variar, el efecto ha sido la virtual desaparición de los productos de los mercados liberados.
Del lado de la oferta, las medidas de restricción podrían tener un impacto a lo largo de la cadena de suministro de alimentos.
Si bien en Cuba se ha determinado que las actividades económicas que tienen que ver con el sector alimenticio están priorizadas y no deben interrumpirse, el hecho cierto es que ya desde antes de la pandemia el país venía enfrentado dificultades con la provisión de alimentos. Esto vale lo mismo para los que se producen nacionalmente como para los importados.
Baja de precios en el mundo no favorece a Cuba
En su informe sobre la seguridad alimentaria en la pandemia de la covid -19, la CEPAL plantea que en estos meses se ha observado una tendencia a la baja en los precios de todos los grupos de alimentos (cereales, azúcar, aceites vegetales, carne y lácteos) a consecuencia de la menor demanda causada por la pandemia.
Las únicas excepciones a tal comportamiento son el arroz y la carne de cerdo. Sin embargo, son bien conocidas las dificultades que enfrenta Cuba para la adquisición de cualquier producto en el mercado internacional, debido a la vigencia del bloqueo de Estados Unidos contra nuestro país, de modo que lo que vale para el resto del mundo, no tiene que ser necesariamente válido para Cuba.
Ya en períodos anteriores hemos observado precios para las importaciones cubanas que superan los promedios internacionales.
Además, en los últimos años hemos asistido a una contracción sistemática de la oferta doméstica de bienes con destino a la exportación. Desde 2011 las exportaciones de bienes se vienen contrayendo sistemáticamente, la caída acumulada hasta 2018 es de 60 por ciento.
A ello se suma la caída de los ingresos por servicios médicos, por la pérdida de Brasil y Bolivia como destinos, y el desplome de la actividad turística y servicios conexos, vinculado a los efectos de la pandemia.
Los ingresos en divisas del país en la actual coyuntura disminuyeron de manera considerable, lo cual ha puesto en riesgo la adquisición de alimentos o insumos para su producción en los mercados externos.
Cuba podría potencialmente beneficiarse de la caída en los precios internacionales de los alimentos y del petróleo, como país importador neto. Con todo, ya hemos visto que nuestras circunstancias son algo diferentes. Además, siempre hay que contar con las posibles disrupciones en la oferta de exportaciones, por problemas en los países de origen de las mismas.
Los ingresos en divisas del país en la actual coyuntura disminuyeron de manera considerable.
Foto: Jorge Luis Baños/IPS
Meses de baja producción agrícola
A partir de junio, la actividad agrícola entra en un período de menor producción. En verano siempre las producciones de frutas y vegetales decaen. Sin embargo, la entrada del período lluvioso podría beneficiar las producciones de leche y carne bovina. Y este período también puede ser aprovechado para la siembra de cultivos de ciclo corto que permitan mantener un nivel aceptable de suministro de productos frescos.
En cuanto a las condiciones de los mercados crediticios internacionales, no puede menos que esperarse una contracción de la oferta a partir de la caída en la actividad económica.
El tipo de cambio monetario, que en nuestro caso se mantiene incólume, podría pensarse que no tiene un impacto. Con todo, al ser uno de los precios más importantes del sistema económico y reflejar la escasez relativa de divisas, ya se está revelando en los mercados informales e incluso formales, con la apertura de tiendas que transan exclusivamente en divisas.
Para resumir, la situación que se vive y la por venir refleja los impactos en la alimentación de la pandemia, pero también de haber mantenido preterido al sistema agroalimentario cubano por un largo período. Por suerte, las crisis siempre ayudan a resolver algún problema y esta deja como lección la necesaria prioridad que hay que otorgar a esta cadena de actividades.
Algunas sugerencias
De cara al futuro, hay que encarar con decisión la transformación de este sistema y facilitar todas las medidas que permitan expandir la producción doméstica competitiva de alimentos, entre ellas:
-Acceso de los productores y otros actores de las cadenas productivas a medios de transporte e insumos intermedios, a financiar con medios propios.
-Rápida difusión de tecnologías propias para sustituir insumos importados.
– Producción de semillas de variedades nacionales u obtenidas para la explotación en nuestras condiciones.
-Introducción de esquemas de financiamiento especiales para esta cadena.
-Retorno a esquemas de pre-financiamiento por parte de la industria u otros eslabones de la cadena.
-Canalización con prioridad de los esfuerzos y recursos al eslabón de la producción y otros eslabones clave de la cadena.
-Formación de cooperativas de segundo grado para el acopio y otras actividades.
– Garantía de autonomía a los actores de esta cadena, estatales como no estatales, permitiéndoles participar en el diseño de soluciones diversas y viables a este problema estratégico (2020).

Gracias Eusebio.

Por Humberto Herrera Carlés

Eusebio Leal  ha fallecido, y con ello nos ha dejado un legado imperecedero. Solo comento, porque no tendré otra ocasión de hacerlo cuando se habla de recuentos, mis breves pero importantes para mi, pequeños intercambios con este ser humano excepcional.

Solo lo vi una vez en persona, como espectador en la inauguración del Hotel Parque Central en la habana,  quizás hace unos 15 años. El pronunció las palabras inaugurales del Hotel,  y de sus palabras me quedaron en mi memoria para siempre dos frases, como ejemplo del impacto de su verbo y oratoria. Una de ellas la he seguido repitiendo con los años como si fuera propia. Dijo en ese entonces que a los que hicieron posible esa obra les daba  las gracias porque " gracias  es una palabra de la cual no debemos avergonzarnos”. En ese mismo evento otra que también sigo recordando  cuando dijo que los " constructores de esta obra le habían arrancado al tiempo y a la desidia la misma".  Cuanto significado  tienen.

Mas recientemente con este Blog, enviaba todos los días por e-mail  un archivo en Word  con los post que publicaba, y en ocasiones me llegaban respuestas dando las gracias, yo pensaba que el destinatario de esa cuenta de correo era alguien que trabajaba en el Instituto  de Historia de Cuba , como ocurre con algunos compañeros del "circuito" que no conozco, pero les envío y me envían para compartir e intercambiar información y criterios.

Un día el compañero Humberto Pérez  me envío su discurso ( fotos de las páginas impresas) en la Facultad de Economía en 1977 en ese entonces era Ministro - Presidente de la JUCEPLAN  ( ministro de economía) para ver si se podía transcribir en Word , y así facilitar y compartir los importantes criterios vertidos en ese entonces.  Una vez terminado y revisado por H. Pérez, ese trabajo  se publico integro en este sitio e hice una nota junto con el envío del boletín de Cuba y la Economía, señalando que era la primera vez que se publicaba en digital ese discurso,  y que ya estaría disponible por siempre en la WEB.

Recibí una respuesta dándome la gracias por el envío, y señalando que las futuras generaciones agradecerían el rescatar parte de nuestra historia, y que se continuara con ello. Para mi sorpresa, no era un funcionario el que me daba habitualmente las gracias del instituto de historia como yo creía, en esta ocasión venia firmado por Eusebio Leal. 

El último intercambio por correo fue el año pasado, a raíz de un post que publiqué en mi otro Blog Cuba a Diario, por una supuesta foto inédita de Marti con Máximo Gomez. Un artículo - correo de Pedro Martinez Pirez indagando porque otro  estudioso decía que era original,  lo publiqué ocasionando las mas disimiles opiniones entre varios prestigiosos entendidos.  Ante tanta duda decidí escribirle directamente a quien podía dar la opinión mas adecuada, a Eusebio Leal, lo hice, y pasaron unos días hasta que llego su respuesta en la que me decía que ojalá así fuera pero solo se trataba de un fotograma de la película " Páginas del Diario de José Marti" de Pepe Masssip. http://cubaadiario.blogspot.com/2019/01/foto-inedita-de-marti-con-maximo-gomez.htmlCon su respuesta concluyó el debate. 

Así era Eusebio Leal el del verbo martiano insuperable, el de los detalles , el de su Habana, el que tenía tiempo para atender a todos, incluso a un simple mortal como yo. EPD.

La segunda muerte del neoliberalismo

31 julio, 2020 Por obsadmin

«NO SE SALE DE UNA CRISIS ESTRUCTURAL SIN UNA GRAN REESTRUCTURACIÓN INSTITUCIONAL».
Cédric Durand, profesor de Economía de la Universidad Paris13

La ofuscación en la historia a menudo se convierte en una broma, pero no siempre es así. La secuencia abierta en 2008 fue trágica. La mayor crisis financiera -desde 1929- sumió a las economías del Atlántico Norte en una gran recesión cuya onda expansiva culminó, en el flanco izquierdo, con un bloqueo monetario a Grecia (y la rendición de Syriza) y, en el flanco derecho, con el desplazamiento de una serie de países del centro político a un nuevo tipo de nacionalismo, entre ellos los Estados Unidos y Gran Bretaña.
La secuencia abierta en la primera mitad del año 2020 es ya un cataclismo global que afecta a nuestros sistemas sociales y políticos en su conjunto. En respuesta a la epidemia de COVID-19, «el gran encierro», como lo ha llamado el FMI, ha precipitado una dislocación simultánea de las relaciones fundamentales del capitalismo globalizado: caída del PIB, desempleo, explosión de la pobreza, disminución del comercio internacional, congelación de las inversiones… De marzo a mayo, en el espacio de tres meses, estas variables se deterioraron a un ritmo sin precedentes, mucho más rápido y de manera más grave que en la década anterior.
En 2009, el PIB mundial se redujo en un 0,5%, y se espera que este año disminuya en un 6%. Para la OCDE, la disminución será del 7,5% (Figura 1) y de un 11,5% para los países de la zona del euro. No se espera un retorno al nivel de producción de 2019 hasta 2022, y esto ocurriría sólo si no hay una segunda ola de la epidemia.
La violencia la pandemia fue un gran soplo de aire fresco para los ecosistemas. Pero, para el sistema capitalista es un golpe que cualquier forma de recuperación sólo puede ser caótica, frágil y muy larga. Mientras tanto, la apariencia de normalidad de los mercados siguen en curso gracias a la intervención de los poderes públicos, cuya escala evoca, en ciertos aspectos, a las economías de guerra.
Desde el punto de vista económico, la COVID-19 es, por lo tanto, un acontecimiento importante. Sin embargo, la turbulencia a la que estamos siendo lanzados no puede ser resumida en su totalidad por este trágico período. Los datos muestran una larga tendencia a la baja en la tasa de crecimiento desde el decenio de 1960. Década tras década, la gran fatiga del capitalismo ha empeorado. Deberíamos pensar en la situación económica a la luz de una doble perspectiva: la brutalidad de la pandemias y la tenacidad de una larga desaceleración
Crecimiento del PIB en los países de la OCDE desde 1961: datos anuales y promedios decenales (OCDE, previsión para 2020)
Lo global en el neoliberalismo
No hay un «final apacible» para tratar de solucionar una situación tan compleja e inhumana, pero tenemos que encontrar un camino. Empecemos con lo que sabemos: el actual terremoto está reconfigurando el campo de batalla que dominaba el neoliberalismo. En otras palabras, la hipótesis que quiero defender es que esta crisis sanitaria, que se ha convertido en una catástrofe general, es la segunda muerte del neoliberalismo.
El principio de legitimación ideológica del neoliberalismo es la idea que la retribución de los ingresos se produciría según el rendimiento en un contexto de competencia. Durante la última década, este mito movilizador seguía accionando.
En países como Francia, la austeridad y la aparición de las “start-up” tecnológicas produjeron una aceleración de las «reformas». Hoy en día, en ciertos aspectos, el mundo de la próxima generación recuerda furiosamente el periodo anterior. En nombre de la salvaguardia del empleo, Muriel Penicaud promueve una epidemia de recortes salariales en el marco de » nuevos convenios colectivos a nivel de empresa”. Al mismo tiempo, los recortes de la contabilidad gubernamental están teniendo como efecto aumentar la deuda de la entidades de protección social para hacerlos más vulnerables. En resumen, la creciente mercantilización de la relación salarial sigue estando en el orden del día.
Sin embargo, si ampliamos el enfoque, es difícil no ver que el virus ha acelerado el cambio en las limitaciones estructurales dentro de las cuales se mueve la acumulación del capital.
El núcleo de lo que Quinn Slobodian llamó ordo-globalización es el libre movimiento de capital. A finales del decenio de 1970, ante un bloque socialista todavía poderoso y una ola de descolonización, la prioridad de los defensores del capitalismo era su defensa a troche y moche. En su opinión, esto significaba anclar a las naciones en un orden internacional cuya piedra angular debía ser la protección de los derechos y libertades de los inversores.
Así, los neoliberales de la Escuela de Ginebra han inspirado un sistema de gobierno de varios niveles. La economía globalizada se basa en una infraestructura institucional que se ha fortalecido considerablemente desde el decenio de 1980 gracias a la acción de la OMC, el FMI, el Banco Mundial, la Unión Europea y, más en general, mediante la constitución de densas redes jurídicas consistentes en tratados de libre comercio, acuerdos de protección de los inversores, acuerdos de propiedad intelectual y tribunales internacionales de arbitraje.
La construcción neoliberal logró mantener a distancia la lógica del estado soberano aislandolo del juego económico. Se dejaron de tomar decisiones democráticas y se creó un espacio autónomo para la valorización del capital a escala mundial.
Este cambio en el orden internacional ha sido acompañado y reforzado, a nivel nacional, por las llamadas políticas neoliberales basadas en dos pilares. El primero es el aumento de la competencia, logrado mediante la desregulación y la apertura de los mercados nacionales, incluidos los mercados financieros, a la competencia extranjera. El segundo es una limitación de la capacidad de actuación de las autoridades públicas (Habiendo perdido gran parte de su capacidad económica estratégica a través de la privatización, el Estado también ha visto reducido su margen de maniobra fiscal por la institucionalización de su dependencia financiera de los mercados).
Un giro en dos actos
Una década después de la gran crisis financiera, la crisis de COVID-19 ha socavado seriamente este distanciamiento entre el orden capitalista globalizado y el orden político del estado nacional. El problema no es que la excesiva intervención del Estado haya obstaculizado el funcionamiento autónomo del gobierno económico. Más bien, es lo contrario.
Después de 2008, la incapacidad de los mercados financieros para gobernarse a sí mismos hizo necesaria la movilización general del poder monetario y fiscal del estado. El año 2010 se caracterizó por la masiva asistencia financiera, y aunque los mercados mantuvieron una apariencia de funcionamiento normal sólo lo hicieron al precio de una adicción a los esteroides monetarios suministrados por los bancos centrales.
En 2020, con la aparición de la pandemia y su experiencia traumática los “infalibles” mercados se muestran totalmente inútiles. Con la COVID-19, la lógica competitiva aparece atrapada en una completa irrelevancia. Como individuo vulnerable o como empresa transnacional, todos buscan la protección del Estado.
El 29 de marzo, Boris Johnson, confinado en su oficina, rinde homenaje a los cuidadores y concluye «Existe una cosa llamada sociedad». Dijo exactamente lo opuesto a Margaret Thatcher y pareciera que estaba certificando el deceso del thatcherismo.
La bestia neoliberal era dura, ya no lo es más. Por supuesto, el hecho de que esta sentencia haya sido formulada por un Primer Ministro conservador británico habla por sí mismo. Significa algo que es muy simple y muy problemático para la izquierda. Hay un futuro para el capital más allá del neoliberalismo.
Con este concepto del capitalismo neoliberal en crisis debemos abordar la nueva situación; las principales coordenadas son los límites del activismo de los bancos centrales, el retorno de la deuda como tema clave y las consecuencias de la suspensión de la regulación competitiva.
La crisis financiera que no ocurrió
El centro de gravedad de la gestión sistémica se ha desplazado con la reversión de la relación de dependencia entre los mercados financieros y las autoridades públicas. Ya no son los mercados financieros los que asignan recursos e imponen sanciones, sino que son los Estados y los bancos centrales los que apoyan a los agentes económicos aliviando las restricciones presupuestarias mediante condiciones de crédito hiperactivas y una distribución de recursos financieros y garantías públicas.
Los bancos centrales aleccionados – por el precedente de 2008 – no tardaron en sacar la bazuca. A mediados de marzo, la Reserva Federal de los Estados Unidos se embarcó en un programa ilimitado de recompra de valores (deuda pública, deuda corporativa, deuda inmobiliaria, deuda del gobierno local, etc.).
En Europa, después de una primera lucha – que durante unos días dejó a los inversores italianos en estado de pánico por la acción de los especuladores – el BCE tomó la misma ruta. Su programa de recompra de la deuda pública y de la deuda de las grandes empresas supera los 1.000 millones de euros, lo que representa el 8% del PIB de la zona, es decir, unos 3.000 euros per cápita. Además, existen múltiples canales de apoyo a los bancos, incluida la flexibilización de los requisitos establecidos.
Si bien, a diferencia de 2008, el estallido de la tormenta COVID-19 no puede atribuirse directamente a los mercados financieros, obviamente estos no ayudaron a contener la conmoción. Por el contrario, su estabilización requería una intervención del estado masiva y rápida. Entonces, lo dicho por Minsky – “la intervención pública es obligatoria ante el aumento de la inestabilidad financiera” – se confirma con este nuevo episodio.
A pesar que las economías se hunden en la depresión, es particularmente sorprendente que el desplome del mercado de valores en marzo no haya continuado. En junio, los mercados bursátiles volvieron a un nivel de valoración cercano al altísimo nivel alcanzado a principios de año, después de una década de continuo aumento.
Este inesperado rebote es la consecuencia directa de la intervención masiva de los bancos centrales. En un mundo en el que la actividad se está derrumbando, los bancos centrales son el seguro de todo riesgo de los inversores. Protegen la riqueza financiera apoyando directa e indirectamente el valor de todos los activos financieros. Proporcionan una validación política al capital ficticio; los beneficios esperados para el futuro están de alguna manera garantizados por el estado soberano.
Hay dos mecanismos en funcionamiento. En primer lugar, al recomprar la deuda (sin prestar demasiada atención a su calidad) los bancos centrales garantizan que las grandes empresas no tengan problemas de liquidez a medio plazo. En segundo lugar, al volatilizar los mercados de la deuda y empujar los rendimientos, están haciendo que los inversores se desplacen a los mercados de valores, que apoyan mecánicamente los precios de las acciones.
A pesar de este billonario salvataje la comunidad financiera está considerando pedir más. En Japón, el banco central ya tiene más del 8% de la capitalización del mercado del país y, el año pasado, sintiendo el mal viento que se avecinaba, el fondo de inversión Blackrock rogó al BCE que comprara directamente sus acciones.
Deshacer la deuda
Por supuesto, lo que distingue a 2020 de 2008 es que esta vez los poderes públicos han tomado, de hecho, el control de la mayor parte de la vida económica y no sólo del sector financiero. En abril, en el punto álgido de la crisis, Emmanuel Macron hizo una declaración sin ambages sobre este tema:
«Hemos nacionalizado los salarios, las ganancias y pérdidas de casi todos nuestros negocios. (…) El trabajo a corto plazo es la nacionalización de los salarios. Todos los planes de garantía o ayuda, el fondo alemán de 50 mil millones, o el fondo francés de 20 mil millones para comerciantes y otros, se llama nacionalización de las cuentas de explotación de los comerciantes y empresarios”.
Para evitar la «evaporación», el capitalismo se suspendió de alguna manera; el sistema vive en los ganchos del Estado. Y está lejos de haber terminado. En Francia, al igual que en Estados Unidos y Alemania, los empleadores piden más apoyo y adoptan un argumento keynesiano impecable: esto es lo que ha dicho Geoffroy de Bezieux , presidente de la patronal francesa (Medef) : «El endeudamiento del Estado aumentará, por supuesto. Pero sin un estímulo masivo, la contracción de la economía aumentará aún más la deuda, porque habrá menos ingresos fiscales. Apostamos a que sólo recreando la riqueza  pagaremos la deuda, no permitiendo que la economía se derrumbe. »
Olvidando la falsa analogía entre los presupuestos de los hogares y los del Estado, la patronal viene a decir que hay que dejar que el déficit público crezca porque, al estimular la economía, se ayuda a reducir la deuda.
La cuestión de la deuda es un tema candente porque el mundo en su conjunto tiene un nivel de deuda mucho más alto que en 2008. Zambia, el Ecuador, el Líbano, Ruanda y la Argentina son sólo los primeros nombres de una lista de países en desarrollo al borde del incumplimiento. Pero el problema también existe en los países ricos.
Los países de la OCDE cuyas finanzas aún llevan las cicatrices de 2008 experimentarán coeficientes de endeudamiento superiores al 120% del PIB, un nivel no visto desde la Segunda Guerra Mundial.
Los actores privados también están expuestos. No solo los hogares, muchos de los cuales están estrangulados por el aumento del desempleo, también ocurrirá con las grandes empresas. Estas últimas han aprovechado las bajísimas tasas de los últimos años y ahora se apresuran a utilizar las líneas de crédito abiertas y garantizadas por las autoridades para hacer frente a la caída de la actividad.
El aumento del endeudamiento implica que la economía ya no se enfrenta a dificultades temporales para acceder a la liquidez, sino a un problema estructural de solvencia, es decir, a la incapacidad de reembolsar las deudas.
Para el director de Fidelity (un importante fondo de gestión de activos) los recursos necesarios para reembolsar los fondos públicos que las empresas han recibido de los gobiernos o de los bancos centrales son tan grandes que la deuda «se cancelará o aparecerá en el balance produciendo un efecto deprimente en la economía». Las finanzas exigen que sea borrada la deuda empresarial , o de lo contrario éstas traerán la depresión.
El debate sobre la cancelación de la deuda pública, familiar y empresarial, que ya era fundamental en 2008, vuelve ahora con renovado vigor, pero con líneas divisorias cambiantes.
François Villeroy de Galhau, Gobernador del Banco de Francia se ha visto obligado a declarar que «este dinero tendrá que ser devuelto un día, después de la emergencia sanitaria, después de la recuperación y la reanudación de la actividad…”  Pero, si el gobernador  del Banco de Francia eligió hacer de esta frase su corazón y sus sentimientos dicen otra cosa.
Por el lado de la OCDE, Laurence Boone, el economista jefe de la institución, considera lo impensable hace algún tiempo :» que los presupuestos sean financiados por un aumento permanente de la oferta monetaria ( creada por los bancos centrales) no debe dar lugar al miedo a un proceso inflacionario. Este no ocurrirá mientras el crecimiento siga siendo inferior al potencial y se respete la independencia del banco central. Esto tranquilizará a los mercados sobre la capacidad de los gobiernos para apoyar la economía. »
Así que habrá dinero mágico. Este argumento ya no es exclusivo de los defensores de la Teoría Monetaria Moderna. Ahora todos se plantean, desbloquear recursos para la lucha contra la pandemia, facilitar la atención domiciliaria, cancelación de deudas, suspensión de facturas, emplear a los desempleados…».
¿Pero cómo va a pagar el gobierno todo esto?, se pregunta la economista Pavlina Tcherneva: «No se necesita una pandemia o una guerra mundial para recordar a los ciudadanos que el gobierno de EEUU se autofinancia. Las instituciones financieras públicas de América (el Tesoro y la Reserva Federal de los EE.UU) se aseguran de que todas las facturas del gobierno se paguen, sin hacer preguntas”.
Tanto para Boone como para Pavlina Tcherneva en los países ricos (en aquellos cuyos gobiernos están endeudados en su propia moneda) la deuda pública no es en sí misma una restricción al gasto público. Las únicas limitaciones son los recursos realmente disponibles: las competencias, las existencias de materiales y maquinaria, el estado del medio ambiente, la calidad de los procesos políticos y sociales, etc.
Por lo tanto, es muy razonable argumentar a favor de la monetización de la financiación de la economía, ya sea en forma de cancelación de la deuda pública por el Banco Central Europeo, o incluso mediante contribuciones monetarias directas a los ciudadanos, o una moratoria temporal de la deuda de los hogares y las empresas.
El retorno de la política
Al parecer, si el neoliberalismo es derrotado, lamentablemente no será mediante una movilización social victoriosa. Es un colapso interno, el que permitirá el regreso de la política que los fanáticos del neoliberalismo esperaban dejar atrás.
Tal vez el acto más sintomático es la decisión del Tribunal Constitucional alemán sobre el programa de recompra de acciones del BCE. Al exigir al Banco Central Europeo que demuestre que «los objetivos de política monetaria perseguidos por el CPSP no son desproporcionados a los efectos de política económica y fiscal resultantes del programa», el tribunal está pidiendo lo imposible.
La política monetaria no puede separarse de la política económica en su conjunto, porque las decisiones de política monetaria tienen efectos considerables en el empleo, la remuneración, el ahorro, las finanzas públicas, el valor de los activos financieros y las desigualdades.
Es cierto que esta decisión judicial se inspira en consideraciones conservadoras, pero la lógica del juicio es implacable: un banco central independiente no puede hacer política. Por lo tanto, hay dos cosas: o bien el banco debe reducir considerablemente su intervencionismo, o bien su acción debe ser objeto de una deliberación democrática.
Como la primera opción es impensable en el contexto actual, la independencia de los bancos centrales , quizás el mayor  triunfo neoliberal, ahora está en el banquillo de los acusados.
Por el momento, esto está forzando a las instituciones europeas a un peligroso ejercicio para recuperar el margen de maniobra. El plan de recuperación europeo es en parte el resultado de esta situación de fragilidad jurídica en la acción del Banco Central Europeo.La situación nos lleva a prever un aumento del poder fiscal y, por tanto, un aumento del poder político de la UE. Aunque esta eventualidad sigue siendo incierta y la amplitud del movimiento sigue siendo limitada, el tabú de la mutualización ha caído del otro lado del Rin, lo que constituye un primer paso en el único camino para escapar a la desintegración de la Unión [1].
Al mismo tiempo, el discurso sobre la soberanía económica se hace oír cada vez más fuerte. Tras el nacionalismo sin complicaciones de Donald Trump, la Unión Europea moviliza a su vez la retórica de la amenaza china para defender sus intereses.
Por razones de seguridad nacional o para salvaguardar la capacidad industrial, se están imponiendo restricciones a la inversión extranjera -un obstáculo a la libre circulación de capitales- y cada vez son más frecuentes las participaciones públicas en empresas estratégicas. Al mismo tiempo – en un momento en que se multiplican las disputas comerciales- se exige la introducción de un impuesto sobre el carbono en las fronteras.
Más anecdótico, pero sin embargo revelador, los «palomos»- esos empresarios de la economía digital francesa- que se rebelaron contra el impuesto en Holanda – piden ahora a gritos dinero público: su plan de reorientación exige una vigorosa intervención del Estado mediante inversiones en infraestructuras, inyecciones de capital, órdenes públicas y un vasto programa de formación.
Detrás de estos retrocesos hay una verdadera desorientación de las clases dominantes. En cuanto los mercados financieros, estos ya no pueden ser la sede de la coordinación económica, las señales de precios que emiten ya no pueden pretender reflejar el rendimiento en condiciones de competencia. Todo el edificio ideológico neoliberal se rompe y el estado re-aparece como la gran figura coordinadora.
Después del neoliberalismo
La secuencia abierta en 2008 continúa hasta hoy. Es la crisis del capitalismo neoliberal. Es una gran crisis que constituye un momento intersticial entre dos configuraciones político-económicas.
Los norteamericanos de la escuela de regulación hablan de estas configuraciones de estructuras sociales de acumulación (SSA). Sostienen que en una estructura social de acumulación con un régimen capitalista se debe: promover eficazmente la obtención de beneficios, pero las instituciones deben garantizar el crecimiento económico estimulando la demanda, y a la vez estabilizando las relaciones de clase.
La gran crisis del capitalismo neoliberal es la de los límites de la regulación dominada por los mercados financieros globalizados. La situación de los últimos meses agrava un dilema que ya se ha puesto de manifiesto en la última década en los debates sobre el gran estancamiento.
Por un lado, cualquier gestor de fondos de inversión explica siempre a los accionistas: «el capitalismo sin quiebra es como el catolicismo sin infierno», es decir, los mercados sólo pueden ser eficientes si existe una amenaza creíble de fracaso. Pero lo que hacen precisamente las ayudas masivas a las empresas, el acceso ilimitado al crédito y las medidas monetarias excepcionales es suspender la disciplina competitiva. Privado del mecanismo de regeneración de la destrucción creativa, el capitalismo está poblado de empresas zombis con una productividad estancada.
Por otra parte, restablecer la disciplina del mercado es inconcebible: en un momento en que muchas empresas están al borde de la quiebra, cualquier aumento de las tasas o el endurecimiento de la restricción presupuestaria precipitará el sistema a una cadena de quiebras y a una depresión catastrófica.
Desde el punto de vista de los neoliberales, los años 2010 fueron un período de espera ansiosa con la esperanza de que esta contradicción pudiera ser superada con un dinamismo renovado. La crisis actual suena como la sentencia de muerte para tales fantasías.
No se sale de una crisis estructural sin una gran reestructuración institucional. El precio que hay que pagar para superar – simultáneamente – la esclerosis y la amenaza de la depresión es tocar la centralidad de los mercados financieros, es decir, el corazón de la lógica neoliberal. Por lo tanto, lo que está en juego en este momento es la definición de un nuevo régimen de regulación económica en el que los Estados, en función de su posición en la cadena imperialista, recuperan un papel central en detrimento de los mercados financieros.
En la conclusión de «El auge y caída del capitalismo neoliberal», publicada en 2015, David Kotz señala que los Estados Unidos ya han experimentado fases de alternancia entre formas de capitalismo liberal y controlado a principios del siglo XX y luego en los años treinta. Según su lectura, hoy estaríamos en esa fase.
Ante el estancamiento de la configuración neoliberal, el escenario más probable es el de un reordenamiento institucional que lleve a la formación de una regulación socioeconómica neo-dirigista. Kotz prevé tres escenarios: una ruptura eco-socialista que anunciaría un nuevo modo de desarrollo, un renacimiento socialdemócrata que llevaría a una reducción de las desigualdades pero que se toparía con los límites ecológicos del productivismo, o una re-regulación dominada por el capital, de la cual el fordismo de derecha es una figura posible
La posibilidad de una re-regulación del capitalismo por la derecha es todavía difícil de comprender. Sin embargo, podemos aventurar dos observaciones.
En primer lugar, hay que tener en cuenta que la autorregulación como tal no implica ninguna tendencia progresista. El daño del neoliberalismo en las condiciones de empleo tendrá un impacto duradero. La mercantilización de la relación salarial podría incluso seguir aumentando, aunque el sector financiero esté más regulado, el crédito se reorientaría hacia usos productivos y el comercio internacional estaría más controlado.  El nacionalismo económico también puede ser decisivo en un intento de desactivar el conflicto de clases, lo que debilitaría aún más los derechos sociales.
En segundo lugar, el aumento del poder de la intervención estatal lleva consigo las semillas de una intensificación del conflicto político. En efecto, mientras que la lógica del neoliberalismo tiende a ocultar los mecanismos económicos – tras el fetichismo de los intercambios de mercado – la intervención pública los hace más directamente transparentes.
Un mayor autoritarismo en las teatros nacionales y un resurgimiento de los conflictos geopolíticos interestatales, producidos por importantes desequilibrios internacionales, pueden ser, por lo tanto, los subproductos del neo-dirigismo. Y así el internacionalismo y las batallas democráticas recuperarán el filo anticapitalista que el neoliberalismo les ha privado.
Notas
(1) Por supuesto, el autoritarismo antisocial sigue siendo la regla, ya que el acceso a los fondos europeos está condicionado a medidas de competitividad. La idea de un acuerdo contractual ( mencionado ya en 2012 en el informe Van Rompuy) propone que las reformas estructurales se apoyaran con incentivos financieros dando lugar a transferencias temporales a los Estados que sufren «debilidades estructurales excesivas».