Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

martes, 26 de marzo de 2019

Cuba: Sin innovación no hay despegue económico

Innovar es correr riesgos, y nuestra cultura del riesgo aun está en niveles muy elementales.

 

por Dr.C Juan Triana Cordoví , On Cuba



Homo sapiens lo había logrado. Luego de mucha observación –y quizás algo de suerte– había conseguido no solo producir fuego: también había logrado conservarlo e incluso ya podía trasladarlo. Ninguna otra especie vecina lo había podido hacer.

Descubrí, gracias a un documental, que existe una especie de mono en Costa Rica que es capaz de utilizar piedras para abrir las ostras. Llevan siglos haciéndolo, sin embargo no han logrado el “aparato” que les permita hacerlo más fácil. Ellos, siglo tras siglo, siguen golpeando las ostras con una piedra.

En una región del noreste de La India, los elefantes han aprendido a derribar los postes de las cercas eléctricas para acceder a los sembrados de alimentos de los pobladores y alimentarse (es un terrible conflicto que cuesta todos los años la vida de decenas de seres humanos y de elefantes). Sin embargo, a pesar de su inteligencia ancestral, los elefantes no han podido “producir sus propios alimentos”, y qué decir de los castores y esa habilidad natural para crear diques, siempre con sus dientes y patas, desde hace miles de años. Pero tampoco ellos han podido innovar y hacerse de algún tipo de utensilio que les facilite la tarea.

Innovar, esa especie de mezcla o combinación entre capacidad de aprender, imaginación y habilidad para construir algo nuevo usando esas tres habilidades, parece que es única del homo sapiens. Durante años y años fue una habilidad usada y a la vez desconocida, homo sapiens era innovador pero… ¡ignoraba qué era la innovación!

Los economistas tenemos que agradecer a un austríaco, Joseph Shumpeter, haber llamado la atención sobre el papel de la innovación en los procesos de crecimiento y de desarrollo y en haber puesto énfasis en el papel del empresario innovador en estos. No es que antes otros economistas no hubieran abordado el tema de una u otra manera, pero fue Schumpeter quien, tan temprano como inicios del siglo pasado, alcanzó a mostrarnos la importancia de la innovación e introdujo aquel famoso concepto de destrucción creativa y algunos otros más.

El sapiens cubanus, como llamaré a este miembro de la gran manada de sapiens, es también innovador. Ya desde mucho antes del período especial había usado y desarrollado esa habilidad. Solo así se puede explicar que a pesar del corte de suministros y piezas de repuesto procedente de Estados Unidos prácticamente desde el mismo año 1959, las industrias de tecnología norteamericana que había en nuestro país –o sea, casi todas– no se hubieran detenido.

La versión moderna y soft de esa habilidad natural hoy se puede ver en esos flamantes “carros de época” norteamericanos, buena parte de los cuales unos años atrás apenas alcanzaban el título de “cacharros”.

Esa capacidad para innovar ha sido utilizada día a día por el cubano común y corriente a fin de hacer más fácil su cotidianidad. Siempre recuerdo los múltiplos usos que a inicios de los años 90 muchos cubanos les dieron a aquellas famosas lavadoras rusas Aurikas, y que iban desde máquinas para echar aire hasta sorbetera para producir helados, pasando lógicamente por cortadoras eléctricas de césped.

Es cierto que hay innovaciones e innovaciones, pero no es este el espacio para desarrollar una discusión científica acerca del carácter y los tipos de innovaciones, otros colegas (Ileana Díaz, Ricardo Torres, Oscar Fernández, Mario Rodríguez Font hace ya varios años) con mucho más conocimiento que yo sobre este tema han escrito al respecto.

Es cierto también que en todos estos sesenta años las políticas de Educación, Ciencia y Cultura adoptadas por el Estado cubano han sido un factor importante en consolidar, amplificar, mejorar, extender esa capacidad genética innata del sapiens cubanus. Pero lo que ha funcionado para la cotidianidad y la vida diaria no ha tenido el mismo resultado en términos macroeconómicos.

Si revisamos los datos, encontraremos una realidad que no acompaña a aquel esfuerzo.

Así, nuestras exportaciones de bienes siguen concentradas en productos de bajo valor agregado y, con excepción de algunos productos de la farmacéutica biotecnológica, resulta muy difícil encontrar empresas cubanas que se distingan por colocar “nuevos productos de alto contenido tecnológico” en el mercado mundial; ya sea como productos terminados o finales o como “insumos” para cadenas globales de valor. Una parte importante de las investigaciones realizadas en nuestros centros de investigación apenas son conocidas y menos aún utilizadas por el sistema empresarial cubano.

Este último es un viejo problema una y otra vez repetido y nunca resuelto a pesar de todo lo que se ha dicho y del convencimiento de que sin ciencia, tecnología e innovación será muy difícil alcanzar las metas de desarrollo a las que aspiramos.

Hace ya algún tiempo, desde un programa de la televisión cubana me enviaron el siguiente cuestionario:

1. ¿Cuáles son los principios rectores de la política de innovación, tecnología y desarrollo en Cuba? ¿Qué espacio ocupa en el modelo de desarrollo por el que apuesta Cuba?

2. ¿De qué manera se innova en la empresa cubana? ¿Está la innovación asociada a la solución de problemas específicos en el área de la producción y los servicios en el del día a día o al cambio tecnológico?

3. ¿En qué términos se plantea la relación entre centros de investigación y las universidades? ¿Qué nivel de aplicación tienen las investigaciones universitarias en la aplicación en la industria?

4. ¿Qué nivel de acceso tienen las empresas cubanas a las redes nacionales de información y la Internet, y cómo el entorno digital es usado como parte de la gestión de conocimiento para mayor productividad en las empresas cubanas?

5. ¿En qué medida los directivos a diversos niveles tienen en cuenta los resultados de los Forums de Ciencia y Técnica en la toma de decisiones en una empresa, y el conocimiento de los obreros a pie de obra?

6. Cuba actualiza su modelo económico y social, ¿hasta qué punto el sector no estatal forma parte del esquema de innovación. ¿Para qué sirve la innovación en el sector no estatal?

7. Cuba cuenta con un notable desarrollo en el área de la innovación científica en biotecnología, por ejemplo. ¿Qué limita llevar esta experiencia a otras áreas menos favorecidas en lo concerniente a innovación?

8. ¿Qué cambios organizacionales a nivel de empresas pueden o deben ser dados en aras de que la innovación y la tecnología tengan mayor protagonismo en la economía y sociedad cubana?

9. ¿Cuáles son las reservas y potencialidades de Cuba para aplicar una política más efectiva en materia de innovación, tecnología y desarrollo?

Cada una de esas preguntas da para un libro y algunas para dos.

Hace muy poco, el 12 de marzo pasado, Cubadebate publicaba el podcast titulado La Ciencia ¿Gasto o inversión? Desafíos del vínculo universidad – empresa, donde un grupo de calificados compañeros abordaron este tema y respondieron preguntas parecidas. Se habló allí, de nuevo, de la necesidad de un ecosistema para estimular la innovación, de lo impostergable que resulta generar incentivos para que los profesores e investigadores se beneficien cuando una empresa utilice sus conocimientos, de la poca capacidad de asimilación de nuestras empresas, de que se trabaja en una nueva política que está encaminada a generar ese ecosistema, a romper trabas, a generar incentivos, a crear parques tecnológicos (surgieron en los años 50 del siglo pasado, en mi experiencia personal muchos compañeros llevan más de dos décadas luchando por ellos).

En Cuba, sin embargo, lograr tener incubadora de empresas aún no está suficientemente cerca, que los profesores universitarios puedan crear sus propias empresas tampoco parece estarlo, que un sapiens cubanusconvierta una buena idea en un buen producto y que puede crear su empresa esta tan lejos como el horizonte.

¿Acaso esto no es bueno para el país? ¿Acaso no es esta una forma de conservar la fuerza de trabajo calificada? ¿No ayuda esto a la prosperidad que intentamos alcanzar?

Es cierto que en sectores como el de la biotecnología algo se ha logrado, incluso en el vínculo Universidad – Empresa, pero es cierto que en ese sector apenas está el 1% de las empresas cubanas.

Son muchos los factores a poner en línea si queremos que la innovación se convierta en un factor realmente decisivo de nuestro desarrollo y contribuya adecuadamente al crecimiento económico.

A nivel de la economía institucional, habría que alinear los sistemas legales asociados a este asunto, el aparato burocrático de las organizaciones, los intereses individuales, colectivos y nacionales y los incentivos. Esto necesitamos un diseño de políticas y estructuras organizacionales coherentes con el propósito de innovar; sin embargo, tenemos aún resoluciones como la 138 del Ministerio de Finanzas y Precios que se convierte en un desincentivo a la innovación.

La misma forma en que se concibe la planificación se convierte en una gran traba a la aspiración de fomentar la innovación. Lo que se le exige a la empresa estatal es cumplir un plan, generalmente concebido como un incremento o decremento en relación a lo alcanzado el año anterior, pero dónde obtener nuevos productos y colocar nuevos productos en los mercados no alcanza a tener un rango relevante ni incentivos adecuados.

Para el empresario estatal cubano impulsar la innovación compite con mejorar salarialmente a los trabajadores de sus empresas, implica correr riesgos tales que puede incumplir el plan, tener que encontrar “caminos” que le permitan dedicar recursos (tiempo, trabajadores y financiamiento) a una especia de aventura, que de conseguirla, no tendrá un gran impacto en su status, y probablemente el impacto sobre los ingresos de los trabajadores de su empresa y los de el mismo tampoco sean significativos. Y al final, para qué correr el riesgo si la empresa estatal cubana no tiene que competir por mercados y clientes, sino que estos les están dados desde arriba. Innovar es correr riesgos, nuestra cultura del riesgo aun está en niveles muy elementales. Los datos hablan por sí solos:

Según un artículo titulado “Sobrecumplimiento excesivo de utilidades en empresas cubanas en la mira de Finanzas y Precios”, en el año 2018 se distribuyeron utilidades en el sistema empresarial estatal cubano por un valor de 4306 millones de pesos, el 60% estuvo asociado a mejorar la situación de los trabajadores y solo el 3% fue dedicado a investigación y capacitación.

Me he concentrado en el sistema estatal empresarial, que es y debe ser el motor mayor de nuestra economía, pero si miramos hacia el sector no estatal, que ni siquiera aparece incluido dentro de nuestro sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación, entonces encontramos muchas oportunidades desperdiciadas. Pero este subsistema merece un espacio propio. Lo mismo podríamos decir de los sistemas locales de Ciencia, Tecnología e Innovación.

Hay mucho trecho por andar aún en esa tarea de crear el ecosistema adecuado para la innovación, por encontrar los caminos adecuados. Ojalá que no demoremos otros cuarenta años en encontrarlo.

¿Por qué mi economía no se entera de si creció el PIB?


Por José Armando Fernández Salazar

En 2018 el Producto Interno Bruto (PIB) de Cuba fue estimado con un crecimiento del 1,2 por ciento, lo cual, si bien trajo la buena nueva de que la economía nacional no se contrajo, igual no fue capaz de crecer lo suficiente para promover el desarrollo de la estructura económica nacional, un objetivo cumplible si los ritmos sobrepasan el siete por ciento anual, de acuerdo con expertos.

No obstante, cuando la noticia es presentada por los medios, inmediatamente asalta la pregunta: ¿dónde está ese crecimiento del PIB en mi economía familiar?

Se trata de un cuestionamiento lógico, aunque es como pedirle peras al olmo, porque este índice no fue concebido para medir la microeconomía, sino para contabilizar la producción de los bienes y los servicios de un país en un cierto periodo. Fue creado por el economista Simon Kuznets durante la Gran Depresión de Estados Unidos en la década de 1930, y luego de la Segunda Guerra Mundial alcanzó gran popularidad.

Muchos especialistas lo enarbolaron como el indicador ideal para medir el bienestar de los países; sin embargo, su propio creador lo cuestionó porque se convirtió en una medida de la actividad económica en la que cabía todo lo que interesaba a la producción, incluyendo lo bueno y lo malo.

Actualmente las métricas del PIB han sido ampliamente superadas sobre todo porque lo que más valoran los seres humanos son servicios y productos intangibles y la insistencia en la producción y el consumismo nos ha llevado a situaciones como que en 2018 la Humanidad gastó el equivalente 1,7 veces la cantidad de recursos naturales de la Tierra que se podían reponer en un año.

El tráfico de drogas, la prostitución, el incremento de olas decrímenes o de la contaminación ambiental, son elementos nocivos a cualquier sociedad, pero que al contabilizarse en el PIB denotan una economía en ascenso.

En el otro extremo aparecen servicios y prestaciones intangibles que impactan directamente en la calidad de vida de las personas no así en la expansión del PIB. Al respecto, el líder revolucionario Fidel Castro señaló durante un discurso al clausurar la “Conferencia Mundial Diálogo de Civilizaciones. América Latina en el siglo XXI: Universalidad y Originalidad”, en el Palacio de las Convenciones, el 30 de marzo de 2005:

“En nuestro país no hay publicidad comercial, no, por eso todo lo que produce la televisión aporta cero PIB, los servicios de educación, de salud de Cuba y de recreación tienen casi cero PIB, porque son gratuitos, no se cuentan; de esa forma una tonelada de cemento puede valer más que una vida. Alguien puede salvar una vida, porque a lo mejor un médico le hizo que latiera de nuevo el corazón y dio tiempo aque llegara a un hospital, eso vale menos que una tonelada de cemento, porque eso no aportó nada al PIB”.

En ese sentido, en 2010 la Comisión Internacional sobre la Medición del Desempeño Económico y el Progreso Social publicó el informe Medir nuestras vidas: las limitaciones del PIB como indicador de progreso, en el cual señaló que este indicador circunscribe el bienestar al éxito material e introduce distorsiones en las políticas gubernamentales para elevar la calidad de vida de las personas.

Otro estudio presentado en el VI Foro Mundial de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) sobre Estadística, Conocimiento y Políticas, evidenció la relación opuesta entre crecimiento del PIB y desigualdad y falta de sostenibilidad, evidenciando que en naciones con grandes crecimientos sostenidos se aprecia un incremento del daño al medio ambiente y la aparición de brechas de riqueza y trampas de desigualdad.

Varias organizaciones internacionales y territorios han intentado consolidar otras formas de medir el éxito de una economía con el ánimo de proponer políticas orientadas a incrementar realmente el bienestar de las sociedades sobre la base de la sostenibilidad y la equidad social.

Por ejemplo, en 2018 el Banco Mundial lanzó el indicador conocido como Índice de Capital Humano que clasifica a los países de acuerdo con cuánto invierten en sus juventudes. Para su métrica de 157 países, la institución estudió la cantidad y calidad de la educación que se ofrece a los niños, así como la tasa de mortalidad entre los menores de cinco años, entre otras variables.

La OCDE en 2013 lanzó su Índice para una Vida Mejor, formado por una variedad de métricas que reflejan mejor aquello que constituye y promueve el bienestar como, por ejemplo, la salud, educación, acceso y calidad del empleo, seguridad, satisfacción, balance vida-trabajo e ingresos, entre otros.

Otro indicador alternativo lo constituye el Índice del Desarrollo Humano, que surgió en 1990 a instancias de un informe elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, en el cual se incluyen parámetros como la esperanza de vida al nacer, años promedio de escolaridad y años esperados de escolarización e ingreso familiar disponible o consumo per cápita.

Mientras economistas, científicos sociales y estadísticos buscan una manera de evaluar de manera más real el efecto de la macroeconomía, en el bienestar y la calidad de vida de la población, todo apunta a que es un error circunscribirlo al éxito material o el incremento del consumo individual.

Esa realidad se materializa en Cuba bajo el enfoque de un Estado cuyo presupuesto, en más de un 50 por ciento, se destina a los servicios sociales, que son gratuitos y universales. La reparación de hospitales y la introducción de nuevas tecnologías, la rehabilitación de escuelas y la asistencia social, e incluso los subsidios de servicios y productos, son prestaciones que no solo se mantienen, sino que cada año reciben un incremento para que mejore su calidad.

Esto se desvirtúa si los dineros invertidos se van por el caño de la mala calidad o la corrupción.

Si se aspira a evaluar o medir el bienestar y la calidad de vida necesariamente hay que salir de los marcos estrechos del crecimiento económico personal y buscar en la sociedad la mejoría de los servicios, un mayor acceso a las oportunidades y garantías para la sostenibilidad de nuestros derechos y su continua ampliación. (ACN)

Las grandes empresas no son lo que nos dicen

Por 24 de marzo de 2019
Ganas de escribir

Uno de los errores más habituales en cuestiones economicas (inducido por la literatura mayoritaria) consiste en creer que las grandes empresas son las más avanzadas, las que gestionan mejor, las más productivas, las que se encuentran en la vanguardia de la innovación, las que más empleo crean y las que mejor resuelven los problemas de las personas, de las demás empresas y de la economía general. De ahí a que sus intereses se confundan con los de la sociedad en su conjunto, o a que su marca se identifique con la nacional (Marca España), no hay nada más que un paso

La realidad es otra.

Aunque los defensores del capitalismo achacan sus virtudes a que promueve la competencia y el buen funcionamiento de los mercados, lo cierto es justamente todo lo contrario. La historia de la economía capitalista es la de la lucha de las empresas para acabar con la competencia, aumentando su poder de mercado y concentrando cada vez más el capital.

Los datos no dejan lugar a dudas.

Según informe reciente (aquí), el 65% de las ganancias mundiales antes de impuestos corresponde a las empresas que ganan más de 1.000 millones de dólares. Y el 10% que más gana de ellas, captura el 80 % de todos los beneficios que generan.

En Estados Unidos, cinco bancos controlan el 80% de los activos, cuatro compañías todo el tráfico aéreo, dos grandes empresas el 90% de toda la cerveza que se bebe allí, un solo proveedor el acceso a internet del 75% de los hogares. Y esa concentración no ha parado de crecer: hace 30 años, por ejemplo, el 90% de la industria de los medios de comunicación de Estados Unidos se concentraba en 50 empresas, hoy día en sólo 6; y en los últimos 20 años, 4 grandes bancos han pasado a ocupar el lugar que antes correspondía a 37.

Una investigación publicada en 2011 (aquí) reveló que el 80% del valor de las 43.000 compañías multinacionales más grandes del planeta estaba controlado por 737 accionistas y el 40% por sólo 146. Hoy día, la situación sería peor porque se ha demostrado que en las últimas dos décadas, el 75% de las empresas estadounidenses han aumentado sus niveles de concentración de capital (aquí).

Pues bien, a diferencia de lo que se quiere hacer creer (normalmente por parte de las propias grandes empresas que contratan a economistas, políticos o periodistas y compran medios de comunicación o centros académicos para ello) esta concentración orientada a incrementar el poder de mercado de las empresas no las hace más productivas e innovadoras, sino justamente lo contrario.

Hace unos días se publicó una investigación de Germán Gutiérrez y Thomas Philippon (aquí) que demuestra que en los últimos 60 años las grandes empresas han disminuido en un 40% su contribución al aumento de la productividad en la economía de Estados Unidos y que hoy día su contribución es cero. Tampoco ahora emplean a más trabajadores, a pesar de su mayor tamaño y presencia en el mercado, ni es mayor el porcentaje de sus ventas sobre el PIB.

Esos mismos autores han demostrado que la razón de la cada vez más baja contribución de las grandes empresas a tirar del carro de la economía se debe a que la concentración y el creciente poder de mercado es un desincentivo para la inversión, entre otras cosas, porque ahora obtienen más beneficios que las de hace 60 años simplemente porque pagan muchos menos impuestos.

Ya lo saben. Cuando les pongan como ejemplo a empresas como Amazon, Facebook, Google, Apple… o en España a Telefónica, Repsol, Endesa… y otras de ese tipo, cuando les quieran convencer de que hay que satisfacer sus intereses porque ellas son las que tiran de la productividad y, en general, de todas nuestras economías, no hagan caso. El inmenso poder de esas grandes empresas es directamente proporcional a su ineficiencia. Más vale controlarlas y someterlas que dejarlas hacer porque son ellas las que destruyen la competencia y los mercados y las que traen consigo las crisis y las pérdidas de empleo y bienestar.

Un congreso de economistas cubanos con su banco de soluciones


Creado el Martes, 26 Marzo 2019 21:45 | Fidel Rendón Matienzo | Fotos: Radio Rebelde
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La Habana, 26 mar (ACN) Con un banco de soluciones a disímiles problemas que golpean a la economía del país y a los territorios arriba la Asociación Nacional de Economistas  y Contadores de Cuba (ANEC) a su VIII Congreso, previsto del 12 al 14 de junio, fecha en la que la organización cumple 40 años de fundada.

   En conferencia de prensa en la capital, su presidente, Oscar Luis Hung Pentón, subrayó que al calor del proceso asambleario desarrollado desde la base y hasta a nivel de provincia,  han surgido más de mil propuestas vinculadas a 15 temas, por lo cual además de los 210 delegados asistirán como invitados los autores de los trabajos de mayor impacto, en aras de enriquecer los debates en la magna cita.

     Junto al análisis del funcionamiento orgánico de la ANEC, de todo lo relacionado con el fortalecimiento de sus estructuras y de la adecuación de sus documentos rectores, en el congreso se valorará los mejores aportes científicos de los economistas, contadores y auditores a la actualización del modelo económico cubano.

     Según Hung Pentón, entre los asuntos con propuestas de soluciones, todos vinculadas a la implementación de los Lineamientos, figuran los relacionados con la eficacia del control interno, el papel de las finanzas, las cadenas de impagos, los costos hospitalarios -y en otros sectores de vital importancia-, y la eficacia y eficiencia de la empresa estatal socialista.

     También están el impacto de las políticas públicas aprobadas por el Estado, la necesidad de agilizar los procesos inversionistas, la búsqueda de ingresos por las exportaciones, la inversión extranjera, la identificación de nuevos rubros exportables y el rescate de otros, la sustitución de importaciones, los encadenamientos productivos  y el desarrollo local.

    Cerca de 79 mil miembros tiene esta organización social –incluidos profesionales de otras ciencias-, lo cual la convierte en la mayor del país, y el 92 por ciento de ellos asistió a las cinco 403 mil asambleas VIII Congreso celebradas en la base, donde la mayoría de sus dirigentes son mujeres.

     Hung Pentón informó que el proceso asambleario en los territorios ha tenido el acompañamiento de las direcciones del Partido y gobierno,  de las universidades y centros de investigación, interesados tanto la ANEC como las instituciones educacionales en mejorar la formación de los profesionales de las ciencias económicas.

    Solo Artemisa es la única provincia que falta por realizar su asamblea de balance, y en todas se han ratificado los presidentes a ese nivel  y se han elegido los Comités y Consejos Ejecutivos y los precandidatos a delegados al congreso y al Comité Nacional.

    En la conferencia de prensa, realizada en la sede de la ANEC,  uno de sus vicepresidentes, Ramón Labañino, informó el plan de actividades en saludo al congreso y al aniversario 40 de la organización, entre las que figuran encuentros con fundadores y Miembros de Honor de la asociación, conversatorios con especialistas, deportistas y artistas de renombre, exposiciones de pinturas y presentación de libros.

Instala empresa azucarera avileña nuevos sistemas de riego eficiente


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Ciego de Ávila, 26 mar (ACN) La Empresa Azucarera de Ciego de Ávila instala nuevos sistemas de riego eficiente que beneficiarán a mil 920 hectáreas (ha) de caña que hoy están bajo el régimen de secano en áreas del municipio de Ciro Redondo.

    Víctor Diéguez Ogando, especialista principal de riego y drenaje de la entidad, informó que el objetivo de esa inversión es garantizar en los años venideros la materia prima con calidad al central que lleva el nombre del municipio y a la bioeléctrica que se construye próxima a ese ingenio, la cual aportará entre 30 y 60 megavatios según la biomasa que procese.

   Está previsto para el año en curso montar 15 máquinas de pívot central, que beneficiarán unas mil 179 ha de la gramínea; tres sistemas de enrollador diésel en otras 240 ha para la producción de semilla y cuatro por goteo en unas 501 ha, puntualizó  Diéguez Ogando.

   Explicó que el objetivo es completar las 137 de pívot central, 20 enrollador diésel y 10 equipos de irrigación por goteo en toda la provincia.

   Actualmente 11 mil 925 hectáreas están bajo regadío eficiente con estos tres tipos de tecnología y otras ocho mil, localizadas en el municipio de Chambas, se favorecen con el riego por gravedad y por derivación del Conjunto Hidráulico Liberación de Florencia.

   Hay solicitado financiamiento para el 2020 con el objetivo de adquirir dos máquinas que se pondrán en función de lo que se decida en el plan de desarrollo de la parte sur del Canal Magistral Zaza-Ciego de Ávila, agregó el especialista.

   En esa área del sur avileño la Empresa Azucarera recibió de traspaso de la antigua Empresa Cubasoy, dedicada al cultivo de granos, unas tres mil 200 ha, de las cuales ya tienen limpias de marabú unas mil 200, que se prevén sembrar para que reciban agua proveniente del Zaza-Ciego de Ávila cuando el país disponga de los recursos.

Las consecuencias económicas de la incertidumbre global

Mar 25, 2019 MICHAEL SPENCE

BEIJING – La economía global se está debilitando, en gran medida por una sensación profunda y generalizada de incertidumbre. Y una causa importante de esa incertidumbre es la “guerra comercial” en curso entre China y Estados Unidos.

Como ha demostrado Lawrence J. Lau de la Universidad de Stanford, el problema no es que los aranceles en carácter de represalia hayan tenido un impacto especialmente relevante, excepto quizás en algunos sectores económicos estadounidenses y chinos. Más bien, el conflicto ha arrojado dudas sobre el futuro de la conectividad económica global, que se ha traducido en una menor inversión y en un menor consumo en China y Estados Unidos, y entre sus respectivos socios comerciales.

Es más, el estado chino ha expandido su rol en la economía. Las empresas estatales vuelven a ser las favoritas entre los jóvenes que buscan empleo y a los ojos del sector bancario principalmente estatal, aunque a muchas empresas estatales realmente habría que reestructurarlas en lugar de mantenerlas a flote. Al mismo tiempo, a muchas compañías del sector privado el crédito les está resultando escaso y muy costoso, y las quiebras parecen estar en aumento. Las intervenciones políticas periódicas para revertir estas asimetrías de larga data entre el ámbito público y privado han demostrado ser insuficientes.

En cuanto a Estados Unidos, la economía está cayendo de un estímulo fiscal pro-cíclico que iba a dejar una ligera resaca. Y hasta hace muy poco, la Reserva Federal de Estados Unidos venía ajustando la política monetaria, con un probable retraso de los efectos de las tasas de interés más elevadas como consecuencia de los recortes impositivos de diciembre de 2017 implementados por la administración Trump.

Mientras tanto, según un informe reciente del Consejo de Relaciones Exteriores, los empleos en la industria, la construcción y la minería se han vuelto relativamente escasos, mientras que las vacantes sin ocupar en una serie de industrias de servicios de mayor productividad cada vez son más. En términos más generales, el crecimiento de la productividad ha sido a la baja, lo que debilita el crecimiento a largo plazo. Un informe del McKinsey Global Institute observa que esta tendencia se debe en parte a los retrasos en la implementación de nuevas tecnologías digitales. Otro factor es la creciente divergencia de capacidades, que también ha contribuido a una inmovilidad laboral entre los empleos tradicionales de la clase obrera y los servicios.

Los acontecimientos políticos agravan la incertidumbre. En Estados Unidos, nadie sabe si la elección presidencial de 2020 resultará en un segundo mandato de Donald Trump o en una nueva administración demócrata que gobierne desde el centro o desde la extrema izquierda. El rango de posibles escenarios políticos –desde acciones antimonopólicas contra las principales plataformas digitales hasta planes de atención médica universal y cambios importantes en el sistema tributario- es más expansivo de lo que ha sido en décadas.

La situación en Europa no es muy diferente. En un escenario de fortalecimiento del nacionalismo y del populismo (de izquierda y de derecha), los partidos anti-establishment han ganado terreno o han llegado al poder en muchos países. A la luz de estos acontecimientos, parece cada vez más improbable que la Unión Europea implemente las reformas estructurales que tanto se necesitan. Los dos únicos líderes que podrían ejercer presión para que se tomaran estas medidas, la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Emmanuel Macron, se han debilitado políticamente. Merkel ha anunciado que este mandato será el último para ella, y Macron ha tenido que lidiar con protestas generalizadas (y en muchos casos violentas) desde el mes de noviembre.

En mayo, todas las miradas estarán depositadas en las elecciones del Parlamento Europeo, que podrían resultar en una reestructuración radical del personal en el Consejo Europeo y la Comisión Europea. Y para complicar aún más las cosas, el Reino Unido ha caído en el abismo del Brexit, agravando el clima de incertidumbre.

En el frente económico, los problemas de Alemania –debido a su considerable sector industrial y a la exposición significativa a lo que suceda en China- han tenido efectos indirectos en toda Europa. Italia sigue en un período de dos décadas de crecimiento débil y el desempleo juvenil está en 32%, que resulta intolerablemente alto. Peor aún, el gobierno italiano ha adoptado una estrategia belicosa con la UE en materia de reglas fiscales, pero carece de un plan convincente para alcanzar un crecimiento de largo plazo. La deuda soberana italiana ha subido hasta el 140% del PIB y hay motivos para temer que un repunte de los rendimientos de los bonos del gobierno –como sucedió en 2010-2012- pueda provocar una crisis fiscal.

Si esto sucediera, no resulta claro cómo respondería el Banco Central Europeo. En cualquier caso, la ausencia de un crecimiento sólido agravará la fragilidad del sector bancario italiano, ya que los créditos morosos tienden a aumentar con los vientos en contra del crecimiento. Eso, a su vez, resultará en un crédito más ajustado y en un perjuicio para los sectores todavía saludables de la economía italiana.

En términos más generales, Europa está rezagada detrás de otras potencias en términos de innovación y adopción de nuevas tecnologías digitales. Pero las propias tecnologías digitales también están contribuyendo a la incertidumbre global. Hasta qué punto las plataformas digitales pueden influir en los procesos políticos no resulta claro; pero hay suficiente evidencia que sugiere que han agrandado las grietas sociales y que han hecho que las elecciones democráticas sean más fáciles de explotar. Detrás de estas grietas hay tendencias económicas poderosas, sobre todo la polarización del mercado laboral y de ingresos que se observa en las economías desarrolladas.

La economía global está atravesando una transición importante, debido al ascenso de las economías emergentes, especialmente en Asia, y la transformación digital de los modelos de negocios y las cadenas de suministro globales. Los servicios representan un porcentaje creciente del comercio global y se buscan nuevas fuentes de ventaja comparativa. El emplazamiento de los mercados finales y la configuración de las cadenas de suministro están en marcha, o se los está cambiando por completo. Y si bien es obvio que las estructuras y las reglas de gobernanza global necesitan una reestructuración, las instituciones internacionales existentes carecen del poder para presionar por este tipo de cambios por su cuenta, y los gobiernos de las principales potencias económicas del mundo no parecen estar a la altura de la tarea.

En conjunto, estas diversas tendencias económicas y políticas pueden o no derivar en otra crisis global o parada repentina. En cualquiera de los dos casos, alimentarán un período prolongado de incertidumbre radical. En estas circunstancias, la cautela puede parecer la mejor política para las empresas, los inversores, los consumidores y hasta los gobiernos. Pero la cautela conlleva sus propios costos: las empresas y los países que no invierten lo suficiente, por ejemplo, en nuevas tecnologías digitales bien pueden quedarse en el camino. Y mientras las reglas y las instituciones que gobiernan la economía global sigan en duda, no cabe más que esperar un desempeño insuficiente continuo.


MICHAEL SPENCE, a Nobel laureate in economics, is Professor of Economics at NYU’s Stern School of Business, Distinguished Visiting Fellow at the Council on Foreign Relations, Senior Fellow at the Hoover Institution at Stanford University, Advisory Board Co-Chair of the Asia Global Institute in Hong Kong, and Chair of the World Economic Forum Global Agenda Council on New Growth Models. He was the chairman of the independent Commission on Growth and Development, an international body that from 2006-2010 analyzed opportunities for global economic growth, and is the author of The Next Convergence – The Future of Economic Growth in a Multispeed World.