Por Rene Gonzalez Sehwerert. https://www.facebook.com/
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A los enemigos: Fue un placer
Ahora a los amigos:
No dejaron de sorprenderme algunas reacciones a mi pasado post, en que abordaba lo que para mí es el peso del debido proceso en esta lucha, aun cuando sea por la supervivencia, frente a la ola reaccionaria generada por Donad Trump, su efecto sobre la contrarrevolución -siempre tan dependiente ella- y nuestras respuestas.
Me sorprenden también las muestras de apoyo que han generado unos pocos ataques. Debe de ser que la virulencia del lenguaje tomó preminencia por sobre la cantidad de personas que optaron por ello. Aunque no me parece que fuera para tanto, lo agradezco.
Cuesta trabajo creer que haya quienes -minoría, por suerte- no toleren el debate. No pude dejar de pensar en que mientras una persona, allá en Miami, es objeto de persecución McCartista por ser amigo de mi hermano y hacerse unas fotos conmigo, aquí me suceda algo parecido por expresar un criterio. Ahí lo dejo.
Entre esa mayoría que respetuosa y civilizadamente expresó sus opiniones, favorables o no, se manifestaron ideas y conceptos, respaldados por la legitimidad que otorgan el respeto y la limpieza de las intenciones. Me gustaría referirme a algunos:
Aunque uno pudiera sentirse tentado a agradecer a quienes concibieron mi post un acto de valentía, preferiría declinar el merecimiento. Nunca pensé que al opinar me estaba embarcando en algún riesgo y lo sigo pensando.
Otro tema recurrente y más que fundado es el de “no dar armas al enemigo”. ¿Quién no se ha visto en la disyuntiva de decidir entre expresarse o no, para dar o no dar armas al enemigo? ¿Cómo se pone en la balanza el daño que nuestras palabras pueden hacer en boca hostil, frente al perjuicio o el beneficio esperado que en esas circunstancias puede ofrecer nuestro silencio? No hay conflicto interno que supere a ese, cuando nos vemos ante la necesidad de opinar sobre cosas que nos atañen y duelen a todos.
En esas circunstancias, sólo nos queda desear que hayamos tomado la decisión correcta, hacerlo lo mejor posible y esperar que nuestro propósito de estimular a una reflexión colectiva rinda el fruto esperado.
Muchos compañeros piensan que debo dirigirme a las instituciones, a exponer mis puntos de vista, y aseguran que serán escuchados. Con toda franqueza, me parece eso más pretencioso que escribir un post en una página de Facebook. No puedo imaginarme en las oficinas de un ministerio, robándole tiempo a un funcionario -de vez en cuando, además un amigo- para decirle lo que debe de hacer.
Prefiero, aplicando una dosis de mesura, hacer lo que haría cualquier ciudadano porque eso es lo que soy: Un cubano más, además revolucionario, ambas cosas por elección y muy contento de mi condición ciudadana. Con un título que merecen miles de compatriotas, algunos más que yo, que otorga cierto peso a mis opiniones, y que efectivamente me obliga a cuidar de lo que digo y asumir el peso.
En cuanto a las instituciones, trato de relacionarme con ellas sólo por asuntos de mi trabajo, midiéndome mucho por respeto al tiempo que esos compañeros tienen que dedicar a múltiples temas, y sólo cuando es absolutamente necesario. En ellas se me reciproca con igual respeto y colaboración.
Entonces ¿Por qué escribí?
Porque creo en el deber de contribuir, desde la opinión, a que las cosas nos salgan mejor. Estos espectáculos, hoy tan de moda, son la primera etapa de una tortuosa y turbia construcción entre realidad virtual y mundo real, en que rebotan de la tarima a las redes, de las redes a las noticias, de las noticias a las acciones políticas contra Cuba; y de vuelta al mundo virtual el producto final será consumido, en las propias redes, por nuestros hijos, formará sus percepciones e incidirá en su conducta. Cuando ese producto final llega intacto a su destino, me duele.
Esos hijos a los que nosotros mismos hemos enseñado a ser sanos, inquisitivos, inconformistas, justos y sensibles son el consumidor último al que va dirigida esa construcción. Sólo la invulnerabilidad jurídica de nuestras decisiones y la solidez de nuestros argumentos pueden servir de contrapeso, ante sus ojos, a un montaje de tal factura. Ejemplos sobran en estos últimos meses de arremetida furiosa, casi desesperada, que hemos enfrentado con éxito.
Tan importante en nuestro caso es la justeza de las decisiones que tomemos como la infalibilidad de su sustento. Hemos decidido construir una sociedad nueva y eso tiene un precio. En un mundo signado por la hipocresía y el cinismo, nadie como Cuba está obligada a una exquisita correlación entre forma y contenido. No tenemos derecho a una licencia imperial para cometer impunemente un genocidio, o diezmar a nuestros adversarios, o sacar ojos a perdigonazos como se ha otorgado a Israel, Colombia o Chile. Estamos obligados a hacer no sólo lo correcto, sino a hacerlo perfecto. Es el costo de proponerse una sociedad donde por vez primera la justicia humana sea lo primero.
El desarrollo humano nos ha provisto de las redes, y hemos aceptado el reto de usarlas. Siempre he considerado que los cubanos tenemos mucho que aportar a ellas, sin temer al debate franco, respetuoso e inteligente, aún si implica a quienes con igual franqueza, respeto e inteligencia entran a adversarnos. Si hubiera duda, sólo hay que leer los comentarios que desde la otra orilla hemos tenido que eliminar por su lenguaje ofensivo, amenazante, vulgar y soez. Si ese es el trigo que pueden sacar a nuestra crítica, sirva de medida.
En cuanto a mí, nativo analógico, consciente además de que mis palabras tienen cierto peso, mi elemento vital seguirá siendo el mundo real. Perdonen si alguna vez siento algún impulso de meterme en esto. Sólo espero una lectura completa de mis garabatos, que se me devuelva el mismo respeto que otorgo, que aprendamos a escucharnos los unos a los otros sin molestia, y que pensemos en la posibilidad de crecer en un debate sano, franco y civilizado.
Si esa fuera la premisa, pues buenas noches, amigos y enemigos.
Creado el Martes, 18 Junio 2019 14:36 | Rommel González Cabrera|Fotos: Autor
Artemisa, 18 jun (ACN) La fábrica de elementos de cerámica roja, ubicada en San Cristóbal, reinició sus operaciones tras cinco meses de mantenimientos y el significativo aporte de sus trabajadores en la recuperación de la maquinaria.
Toniel Domínguez Iglesias, jefe de turno, señaló como acciones importantes la reparación de la máquina extrusora (encargada de moldear los ladrillos), del mezclador de filtro, de los molinos, las vagonetas y la línea de corte de ladrillos.
Jorge Bocourt Borrego, jefe de mantenimiento, refirió a la ACN que aún con la falta de recursos clave como rodamientos, piezas de repuesto o mangueras, primó el optimismo entre los obreros, sobre todo de los innovadores, cuya pericia e ingenio permitieron la puesta en marcha de la fábrica.
Luis Alberto Piloto González, con cinco años como hornero, resaltó la limpieza profunda realizada al horno y la importancia de contar con los medios de protección que requiere la actividad, aunque confrontan dificultades con el suministro de guantes.
De acuerdo con Grisel Cerutte Martínez, directora de la Empresa de Materiales de la Construcción en Artemisa, la fábrica tiene un plan de 950 mil bloques aligerados de cerámica para 2019, de los cuales 600 mil serán destinados al programa de la vivienda en Pinar del Río y el resto al de Artemisa.
Añadió que el yacimiento de arcilla está a unos 100 metros de la planta y, en la medida que lo permitan la eficiencia y el ahorro energético, producirán rasillas y losas de piso cerámico para exteriores.
Cerutte Martínez precisó que en enero de este año fue conformada la Unidad Empresarial de Base (UEB) Pedro Camejo Peña a partir de la fusión de la planta y las canteras La Reforma, próxima a la fábrica, y Luis Carrasco, en Bahía Honda, por lo cual el objeto social de la nueva UEB es producir áridos y elementos de cerámica roja.
La directora informó que la Empresa de Materiales de la Construcción Artemisa produce elementos de pared y piso, cemento cola, terrazos y áridos destinados, principalmente, a los programas de venta a la población y la vivienda, así como obras de la Administración Provincial.
Según la directiva, la más baja producción se alcanza en las baldosas por ineficiencias de la planta ubicada en la UEB Tomás Álvarez Breto debido al déficit de piezas de repuesto.
Destacó que producen, además, cuatro mil polipaneles (elementos de pared) mensuales para el programa de la vivienda de La Habana. Reconoció que, aunque es más caro que el tradicional bloque de hormigón, el polipanel permite avanzar más rápido en la construcción y el resultado final es una vivienda más fresca, protegida de los ruidos externos.
La nueva Constitución garantiza la continuidad de la Revolución y la irrevocabilidad del socialismo
Foto:José Manuel Correa
El General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Partido, al proclamar la nueva Constitución, expresó que constituye un privilegio excepcional por tratarse de la segunda ocasión en que cumple esa responsabilidad.
“El 24 de febrero de 1976, hace 43 años, el Comandante en Jefe, antes de partir al exterior para cumplir un compromiso impostergable me encargó sustituirle en el acto de Proclamación”, evocó.
La fecha escogida, aseguró, no es casual. Hace 150 años los mambises, reunidos en Asamblea Constituyente, acordaron nuestra primera Constitución revolucionaria.
Aquel texto, recordó, se proyectaba por la unidad, libertad, independencia y reconocimiento de la igualdad entre todos los cubanos.
Esta Constitución es continuidad de aquella, dijo Raúl, porque salvaguarda la unidad de todos los cubanos y la independencia y soberanía de la Patria.
A Guáimaro, rememoró, le siguieron las Constituciones de Jimaguayú y La Yaya, como continuación del mismo proceso.
Por tanto, no es ocioso, a su juicio, recordar que, a pesar de las luchas de los mambises, no se logró la libertad anhelada y la victoria fue arrebatada por la intervención norteamericana.
Siguiendo el curso de la historia, señaló como, en medio de la intervención militar norteamericana, se aprueba la Constitución de 1901 y se puso como apéndice La Enmienda Platt.
Con posterioridad, prosiguió, la Constitución de 1940 consigue reflejar parte de los anhelos de aquellos tiempos; y la coyuntura en que se realiza el proceso constituyente influyeron en que se aprobara un texto de avanzada para la época, que se oponía a la discriminación y prohibía el latifundismo.
Sin embargo, muchos postulados quedaron en letra muerta por no tener un desarrollo legislativo posterior y porque era imposible su realización en aquellas condiciones.
Su vigencia, continuó Raúl, fue interrumpida por el Golpe de Estado de Fulgencio Batista en 1952, y la instauración de unos estatutos espurios, acto que fue catalizador del movimiento revolucionario, cuyos ideales se sintetizan en la Historia me Absolverá, alegato pronunciado por el Comandante en Jefe, tras los Asaltos a los Cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.
El Triunfo de la Revolución, al decir del General de Ejército, rescató los postulados del 40, los cuales fueron atemperados a las nuevas condiciones, mediante la promulgación, el 7 de febrero de 1959, de la Ley Fundamental.
La Revolución, subrayó, fue fuente de derecho, fue ella la que le dio tierra a los campesinos, la que puso la salud pública al servicio de los ciudadanos, la que propició la igualdad de los cubanos, la que nacionalizó.
Recordó que en el informe al Primer Congreso del PCC, el Comandante señaló, que era preciso una Constitución socialista en correspondencia con las características de la sociedad, una que refleje las leyes generales de la sociedad que construimos, las profundas transformaciones de la Revolución y los logros conquistados, que consolide lo que somos hoy y ayude a alcanzar lo que queremos ser mañana.
Hasta 1976, sentenció Raúl, se mantuvo el periodo de provisionalidad y con la nueva Ley de Leyes se reafirmó el carácter socialista de la Revolución, e instituyó los derechos conquistados por el pueblo.
En su intervención, comentó que la caída del Campo Socialista y las nuevas condiciones del Periodo Especial conllevaron a una reforma parcial en 1992, referida, en lo fundamental, a modificaciones en el sistema económico. Además, se introdujo la elección directa por el pueblo de los diputados y delegados provinciales y se amplió la libertad religiosa.
Igualmente fue trascendental la reforma del 2002, cuando Estados Unidos incrementaba las agresiones a Cuba, y que con el respaldo del pueblo se consignó el carácter irrevocable del socialismo.
Los Lineamientos y los acuerdos emanados de la Primera Conferencia Nacional del Partido trajeron la necesidad de introducir modificaciones en el orden constitucional, y en el 2013 se creó un grupo de trabajo con ese objetivo.
De acuerdo con las palabras de Raúl, el Séptimo Congreso del Partido aprobó documentos que también demandaban un reflejo en el orden constitucional por lo que más que una reforma, se requería de una nueva Constitución que profundizara en los principios de la estructura del Estado, los derechos y garantías de los ciudadanos y en otras cuestiones de importancia, pensando no solo en el hoy sino en el futuro de la Patria.
Recordó que el 2 de junio se aprobó el proceso de Reforma Constitucional y se creó la Comisión redactora, integrada por 33 miembros, cuya labor, durante todo el proceso, destacó.
Raúl también evocó la aprobación del Proyecto por los diputados, el cual fue llevado a consulta popular, donde cerca de 9 millones de cubanos participaron en más 133 mil reuniones.
No fue, puntualizó, una mera asistencia, sino que con responsabilidad y libertad todos expusieron sus criterios, en un debate que elevó la cultura jurídica de la población. Con su participación el pueblo se convirtió en el verdadero constituyente y hubo variaciones en casi el 60% del articulado del Proyecto.
Al decir de Raúl, fue encomiable el trabajo del Grupo de Procesamiento de la Información.
También habló de la victoria del Referendo. Es significativo que la mayoría de los cubanos que ejercieron el voto corresponden a generaciones que nacieron después del triunfo, lo que refleja el respaldo. Solo el 9% votó en contra, y no en todos los casos ello significa un rechazo al contenido general, sino a criterios contrarios sobre temas específicos.
Cuba demostró que desde mecanismos democráticos es posible afianzar su sistema en momentos de una escalada en la agresividad del imperialismo, sentenció.
La nueva Constitución, dijo, garantiza la continuidad de la Revolución y la irrevocabilidad del Socialismo, sintetiza los ideales de quienes han luchado por una Cuba soberna e independiente. Esta Ley de Leyes es hija de su tiempo, refleja las circunstancias históricas actuales y tutela jurídicamente los cambios, para alcanzar un socialismo próspero, inclusivo y participativo, y se institucionaliza el Estado, del cual se demanda un actuar transparente. Y si algo lo distingue es el respeto a la dignidad de hombres y mujeres.
Legado para las nuevas generaciones de cubanos
Foto: José Manuel Correa
Raúl dijo que la nueva Carta Magna es fruto del trabajo mancomunado de los que tuvieron el privilegio de acompañar a Fidel en la lucha revolucionaria, y los pinos nuevos que paulatinamente vienen asumiendo las principales responsabilidades de la nación.
Esta Constitución deviene legado para las nuevas generaciones de cubanos, no basta con proclamarla, subrayó, es necesario hacer efectivos sus preceptos y en ese empeño corresponderá a esta asamblea una intensa actividad legislativa para cumplir normas previstas en las disposiciones transitorias de la Constitución, tarea ya encomendada a varios grupos de trabajo.
Anunció que en el día de hoy, una vez concluido el acto de proclamación, será publicado en la
Gaceta Oficial de la República el texto íntegro de la Carta Magna, a partir de lo cual entrará en vigor.
El Primer Secretario del Comité Central del Partido, expresó que entre las tareas inmediatas que por mandato constitucional deben acometer está la aprobación de una nueva Ley Electoral, en cuyo proyecto se labora a fin de presentarla a la aprobación de la Asamblea Nacional en su próxima sesión ordinaria.
Detalló que una vez en vigor la citada norma jurídica el Parlamento elegirá el Consejo Electoral Nacional, y de conformidad con las disposiciones transitorias de la Constitución, antes de los tres meses siguientes, la propia asamblea elegirá a su presidente, vicepresidente y secretario, a los demás miembros del Consejo de Estado y al Presidente y Primer Vicepresidente de la República.
Igualmente ya elegido, y antes de los tres meses, el Presidente de la República presentará a la aprobación de la ANPP el nuevo gobierno, dijo.
Es decir, puntualizó, este Parlamento designará al primer ministro, a los viceprimeros ministros, al secretario y demás miembros del Consejo de Ministros.
Expuso que se trabajará para que todas esas acciones se materialicen antes de concluir el presente año, en tanto a inicios del 2020 corresponderá la elección de los gobernadores y vicegobernadores provinciales, así como la designación, por las asambleas municipales, de los intendentes.
Como era de esperar, dijo, los enemigos históricos de la Revolución han pretendido cuestionar la legitimidad de este amplio ejercicio constitucional. No obstante, todas las infamias se desvanecen frente al hecho irrefutable y masivo de nuestro noble pueblo en su concurrencia a las urnas durante el Referendo.
EE. UU. plantea la amenaza más perentoria de las últimas cinco décadas a la paz
Raúl subrayó que se ha venido alertando sobre la conducta agresiva que el gobierno estadounidense ha desatado contra América Latina y el Caribe, y lo hace en nombre de la doctrina Monroe, con un arrogante desprecio macartista hacia el socialismo, la libre determinación de los pueblos y los derechos soberanos de los países de la región.
Recordó que el 26 de julio del 2018, al conmemorarse el aniversario 65 del Moncada, y el Primero de enero del presente año, al celebrarse el aniversario 60 de la Revolución, advirtió acerca del escenario adverso que se había conformado y el resurgir de la euforia y el apuro de nuestros enemigos por destruir el ejemplo de Cuba.
En ambas ocasiones señalé la convicción de que se estrechaba el cerco del imperio en torno a Venezuela, Nicaragua y Cuba. Los hechos lo han confirmado, sentenció.
La región que Martí llamó nuestra América había logrado en tiempos recientes afianzar la independencia regional, en un clima de paz y armonía entre sus estados miembros, destacó.
Agregó que con el precepto de alcanzar la unidad dentro de la diversidad se avanzó sostenidamente hacia la integración, la complementariedad y el concierto entre todos, para solucionar los problemas económicos y sociales de nuestros pueblos.
Entre otras acciones mencionó la declaración de la América Latina y el Caribe como zona de paz y el progreso en el propósito de alcanzar una relación más respetuosa con los vecinos del norte.
Sin embargo, subrayó, el escenario de hoy es otro, en tanto el actual gobierno de los Estados Unidos y su ambición hegemónica hacia la región plantean la amenaza más perentoria de las últimas cinco décadas a la paz, la seguridad y el bienestar de Latinoamérica y el Caribe.
En pos de los objetivos de dominación, el imperio orquestó golpes de Estado, en un caso militar y en otro de corte parlamentario, para deponer del poder a presidentes progresistas, y en evitación del ascenso de líderes de izquierda, se impidió su participación en elecciones mediante campañas mediáticas y oscuras causas judiciales, señaló.
Precisamente, el pasado domingo se cumplió un año del injusto encarcelamiento de Luis Ignacio Lula da Silva, cuya libertad demandamos, resaltó Raúl.
Lamentó que existan gobiernos y fuerzas políticas que de modo irresponsable acompañan al imperio en esta belicosa escalada.
El pueblo y gobierno venezolanos están escribiendo páginas admirables de resistencia
Se refirió al asedio incesante contra la hermana República Bolivariana de Venezuela, con el uso de métodos de guerra no convencional y asfixia económica, y aunque es el principal foco de agresión la amenaza nos concierne a todos.
El gobierno venezolano y el pueblo chavista están escribiendo páginas admirables de resistencia, recalcó, al tiempo que planteó que en suelo bolivariano se define hoy si es verdad que las naciones de la región tienen derecho a la libre determinación, si el poder soberano descansa en el pueblo o en un gobernante extranjero, si las normas y principios por los que se rige la Organización de Naciones Unidas tienen valor real o son letra muerta, si los pueblos de la región permanecerán pasivos ante el arrebato de poder o responderán en repudio al crimen.
A continuación ratificó, «desde este parlamento la firme solidaridad de apoyo a la Revolución bolivariana y chavista, al presidente Nicolás Maduro Moros y a la Unión Cívico Militar de su pueblo».
Asimismo tuvo palabras de reconocimiento para los más de 20 mil colaboradores cubanos, el 61 % de ellos mujeres, que se encuentran cumpliendo misión en Venezuela; «por su compromiso y consagración en la noble y profundamente humanitaria tarea que realizan al servicio de las familias de esa hermana nación», lo cual fue acompañado de aplausos.
No renunciaremos a ninguno de nuestros principios
El Primer Secretario del Partido reflexionó que el tono de los gobernantes de los Estados Unidos es cada vez más amenazador al tiempo que dan pasos progresivos para deteriorar las relaciones bilaterales. Se culpa a Cuba de todos los males, usando la mentira en el peor estilo de la propaganda hitleriana, expresó.
No obstante, ratificó que jamás abandonaremos el deber de actuar en solidaridad con Venezuela, ni renunciaremos a ninguno de nuestros principios y rechazaremos enérgicamente toda fuerza y chantaje.
Dijo que el incremento de la guerra económica con el fortalecimiento del bloqueo y la continua aplicación de la Ley Helms Burton persiguen el viejo anhelo de derrocar a la Revolución cubana por medio de la asfixia y la penuria, «lo cual ya fracasó y volverá a fracasar».
Hemos hecho saber a la administración norteamericana, con claridad, firmeza y serenidad, por canales diplomáticos directos y públicamente, que Cuba no teme a las amenazas, y que nuestra vocación de paz y de entendimiento está acompañada de la inconmovible determinación y el derecho soberano de los cubanos a defender el futuro de la nación sin interferencia extranjera.
Resaltó que el socialismo, sistema que denigra el gobierno de los EE. UU., lo defenderemos porque creemos en la justicia social, en el desarrollo equilibrado y sostenible, con una justa distribución de las riquezas; al tiempo que destacó que practicamos la solidaridad y rechazamos el egoísmo.
Compartimos no lo que nos sobra sino incluso lo que nos falta, enfatizó Raúl.
El Primer Secretario del Comité Central del Partido subrayó que repudiamos cualquier forma de discriminación social y combatimos el crimen organizado, el terrorismo, el narcotráfico, la trata de personas y todo tipo de esclavitud, mientras que defendemos los derechos humanos de todos los ciudadanos, creemos en la democracia del pueblo y no en el poder político y antidemocrático del capital, porque buscamos promover la prosperidad de la patria en armonía con la naturaleza y el medio ambiente.
Estamos convencidos de que un mundo mejor es posible, acentuó.
Esperamos que la comunidad internacional responda con conciencia y sentido del deber ante tan peligrosa experiencia, y a que no haya que lamentar cuando sea demasiado tarde, apuntó.
Sí se pudo, sí se puede y siempre se podrá resistir, luchar y alcanzar la victoria
Frente al turbulento escenario conformado hemos definido como prioridades insoslayables la preparación del país para la defensa y el desarrollo de la economía nacional, ambas direcciones con igual importancia, informó.
En ese sentido, planteó que desde hace meses se acometen medidas en interés de reforzar la capacidad y disposición combativa de las FAR y todo el sistema defensivo del país, bajo la concepción estratégica de la guerra de todo el pueblo, como refrenda la Constitución de la República que acabamos de proclamar.
Al propio tiempo habló de decisiones para programas de desarrollo, y llamó a estar alertas y conscientes de que enfrentamos dificultades adicionales y que la situación pudiera agravarse en los próximos meses, aunque no se trata de regresar a la fase del periodo especial de la década de los años 90 del siglo pasado, porque hoy es otro el panorama en cuanto a la diversificación de la economía.
Pero tenemos que prepararnos siempre para la peor variante, acotó.
Por ello expresó que es preciso redoblar esfuerzos por incrementar las producciones nacionales, en particular la de alimentos, revisar todos los gastos para suprimir los no imprescindibles, elevar la eficiencia en el uso de los portadores energéticos, especialmente los combustibles; lo que incluye acabar con el robo existente y asumir el ahorro como firme línea de conducta de los dirigentes, desde la nación hasta la base, y los compatriotas en general.
En 60 años frente a las agresiones y amenazas, los cubanos hemos demostrado férrea voluntad para resistir y vencer las más difíciles circunstancias, y a pesar de su inmenso poder, el imperialismo no posee la capacidad de quebrar la dignidad de un pueblo unido, orgulloso de su historia y libertad, conquistadas a fuerza de tanto sacrificio, resaltó.
Cuba ha demostrado que sí se pudo, sí se puede y siempre se podrá resistir, luchar y alcanzar la victoria, no existe otra alternativa, concluyó su intervención, a la que siguieron sostenidos aplausos de diputados e invitados, puestos de pie.
La Constitución no es un punto de llegada, sino de partida. Solo se podrá medir, desde ella misma, si resulta respetada y aplicada en su letra y espíritu.
Estas breves notas no se dirigen a glosar el documento Constitución, a dilucidar sus virtudes o insuficiencias, a comentarlo desde su gramática jurídica, ni tampoco a convencer a nadie de cómo debe votar.
De hecho, están pensadas en la perspectiva de que la nueva Constitución no es una meta en sí misma, sino una estación en un camino hacia la transformación del modelo político y económico, que está por delante. Por alto que sea su valor intrínseco, su lugar en la historia del pensamiento republicano, o su contribución para abrir puertas hacia lo que vendrá, en este enfoque es solo parte de una matriz de transición, que incluye factores sociales, culturales, políticos, estratégicos, tanto internos como externos.
En lugar de una especie de texto sagrado donde encontrar todas las respuestas a las numerosas preguntas y problemas propios de una época de cambios, la Constitución es parte de una dinámica mayor, la de un cambio de época en la vida nacional.
Naturalmente, resulta difícil discernir la complejidad de esa transición a partir del túmulo opaco de opiniones y sentido común que acumulan los medios, incluidas las redes sociales; reflexionar sobre sus problemas bajo la avalancha de inspirada literatura, buenos deseos, apotegmas ideológicos de un signo y de otro, que copa la esfera pública; interpretar las reformas mediante la replicación inopinada de fórmulas simples, sean consignas o teorías de la conspiración que explican las “intenciones del gobierno” o las soberanas preferencias de cada cual; reducir el alcance y significado de un proceso de transformación de la conciencia cívica y la cultura política nacional a un voto de SÍ o NO.
Todo eso, y más, forma parte de un complejo entramado, cuya apreciación requeriría miradas ecuánimes, que faciliten a la sociedad cubana y sus instituciones verse por dentro tales cuales son, sin idealizarse ni maldecirse.
Foto: Yaniel Tolentino.
Consulta y debate
El fermento de ideas que la consulta popular (15 de agosto-15 de noviembre, 2018) ha arrastrado y colocado bajo su luz no se inició con la discusión organizada del borrador constitucional, ni se cerrará con el referéndum. Buena parte ya se había hecho visible en la esfera pública –para el que tuviera ojos con que mirarla–, desde la crisis del Periodo especial, mediante publicaciones periódicas, espacios de debate, investigaciones, eventos académicos y culturales, pero también en obras literarias y artísticas, películas, piezas de teatro.
Esos temas y problemas que emergían en la esfera cultural e intelectual ya estaban presentes en las conversaciones y la vida cotidiana. Más recientemente, con la extensión del acceso a Internet, algunos empezaron a aparecer incluso en la prensa, también la estatal, especialmente en su versión digital; así como, desde luego, en las redes sociales.
El llamado a reconocer el derecho a discrepar “del que no se debe privar a nadie”, a un “debate sin ataduras a dogmas y esquemas inviables,” tendió a favorecer un clima de naturalización del disentimiento. Sin embargo, ninguno de estos llamados, ni los pronósticos de los denominados medios alternativos, y al parecer tampoco en los sondeos de opinión del Partido, anticiparon la dinámica de sociedad abierta que reflejó la consulta de la nueva Constitución.
Sin detenernos en su análisis pormenorizado (para lo cual carecemos aquí del espacio y los datos primarios), resulta evidente que:
Entre las numerosas consultas públicas hechas hasta hoy para adoptar proyectos o reformas constitucionales, legislaciones, “parlamentos obreros,” “Lineamientos económicos y sociales”, esta última ha sido la más democrática y transparente.
Ahora el nuevo gobierno tiene un mapa de la opinión pública y de sus percepciones sobre los problemas del país cuya fidelidad y amplitud rebasa el de cualquier auscultación anterior, y cuyo significado para ejercer la función de gobierno resulta difícil de exagerar.
Ahora la sociedad cubana ha adquirido un dominio de su Constitución como los de pocos países, incluidos los del Primer mundo.
Las lecciones para la educación ciudadana y el buen gobierno que lo anterior entraña, incluido el conocimiento sobre las visiones conservadoras o retrógradas que forman parte de la sociedad civil real, son una contribución excepcional a “verse por dentro” y al desarrollo de una conciencia cívica crítica.
Foto: Yaniel Tolentino.
“El municipio es la sal de la democracia”
Aunque el documento “Lineamientos de la política económica y social del PCC y la Revolución” (2011) mencionaba cincuenta veces la descentralización y sus términos asociados (descentralizar, descentralizado, territorio, territorial, local, municipal, etc.), y a pesar de que esta se iba a poner a prueba en dos flamantes provincias, el sistema se ha mantenido tan hipercentralizado como antes del Periodo especial, hace tres décadas.
Sin entregarle atribuciones al municipio, el nivel central seguirá sujetando la iniciativa local; sofocando las fuerzas productivas y el desarrollo económico; aplicando criterios uniformizadores universales (como si la sociedad y su economía fueran las mismas en todo el país); ejerciendo un control centralizado basado en concepciones obsoletas y mecanismos ineficaces; imponiendo una planificación que no es estratégica sino administrativa; sometiendo la autoridad constitucional de esos gobiernos locales al peso del poder burocrático y los recursos omnímodos de los organismos centrales del Estado. Pero sobre todo, sin autonomía municipal, los gobiernos locales no podrán propiciar el tipo de participación ciudadana que se requiere para “cambiar todo lo que debe ser cambiado.”
Si en la institucionalización de la participación el actual modelo ha podido exhibir la movilización y la consulta como asignaturas aprobadas –no con la máxima calificación, pero al menos con notas sobresalientes a nivel internacional–, en las otras dimensiones de esta participación, especialmente el control de las políticas y la incidencia en la toma de decisiones, está claro que un simple repaso o “perfeccionamiento” no bastan.
Aunque no todas estas condiciones fueran cumplidas por el nuevo texto constitucional de manera explícita, su adopción ha sido un paso notable respecto al de 1976.
El derecho a “participar en la elaboración y posterior ejecución y control del Plan Único de Desarrollo Económico-Social del Estado” (Art. 104, 1976), se expande ahora a reafirmar la potestad de la Asamblea Municipal (AMPP), como el “órgano superior del poder del Estado” e “investida de la más alta autoridad en su territorio” (art.185, 2019); a aprobar y controlar “el plan de la economía, el presupuesto y el plan de desarrollo integral del municipio; organizar y controlar,…las actividades económicas, de producción y servicios, de salud, asistenciales, de prevención y atención social, científicas, educacionales, culturales, recreativas, deportivas y de protección del medio ambiente en el municipio.”
Sin embargo, la adición más importante, a mi juicio, es la de “Garantías a los derechos de petición y participación popular” (Art. 200), en particular, a la “correcta atención a los planteamientos, quejas y peticiones de la población;” “el derecho de la población del municipio a proponerle el análisis de temas de su competencia;” su obligación de analizar, “a petición de los ciudadanos, los acuerdos y disposiciones propias o de autoridades municipales subordinadas, por estimar aquellos que estos lesionan sus intereses, tanto individuales como colectivos, y adoptar las medidas que correspondan.”
Naturalmente que se requerirá una nueva Ley de municipios, que consolide este progreso en la formulación constitucional. Pero sobre todo, un nuevo estilo de gobierno, que empuje a los dirigentes de la administración del Estado a someterse al escrutinio de los órganos representativos. De lo contrario, el poder real y la credibilidad de estos órganos no se recuperarán del desgaste sufrido, especialmente desde el Periodo especial, ni tendrá la capacidad para representar realmente a la ciudadanía.
Foto: Yaniel Tolentino.
El regreso de la propiedad privada
Entre los tópicos más comentados en la consulta popular y las sesiones de la ANPP no está el de la propiedad privada. Cualquiera podría preguntarse por qué el matrimonio igualitario y la edad del presidente han concitado más cuestionamientos que la adopción de la propiedad privada sobre los medios de producción, considerando su significado para un sistema socialista.
En ausencia de datos primarios, algunas hipótesis atendibles como ensayos de respuesta podrían ser:
La gente está harta de la ineficiencia estatal y acepta una alternativa que pueda asegurar la calidad y eficiencia de los servicios, representados supuestamente por los privados.
Los cubanos creen que “el sector privado es el alma y la fuerza de la nación.” Todo lo que sea liberarlo resulta apoyado al instante.
Se trata solo de reconocer una práctica ya existente. Una parte sustancial del sector privado no es “trabajo por cuenta propia” (autoempleo y negocio familiar), sino pequeña y mediana empresa, según su cantidad de empleados.
El VII Congreso del PCC (2016) ya había aprobado la separación entre la microempresa (autoempleo y negocio familiar) y el pequeño y mediano negocio –admitiendo con ellos la inversión privada nacional a mayor escala.
Desde hace más de una década (tránsito al gobierno de Raúl Castro) se ha enfatizado la legitimidad, no sólo la legalidad, del sector privado, que ya no se trata como “un mal necesario,” sino como parte orgánica del nuevo modelo socialista.
No obstante, todas estas posibles respuestas resultan insuficientes para explicar la poca presencia de este tema en la mayoría de los debates. Y se trata aquí de cambios de fondo.
El nuevo texto ya no define la propiedad privada como negocio familiar, sino “la que se ejerce sobre determinados medios de producción.” Al hacerlo, excluye “las tierras que no pertenecen a particulares…el subsuelo, los yacimientos minerales, las minas, los bosques, las aguas, las playas, las vías de comunicación y los recursos naturales”, así como “las infraestructuras…, principales industrias e instalaciones económicas y sociales, así como otros de carácter estratégico para el desarrollo económico y social del país,” todas las cuales son taxativamente estatales. En cuanto a la propiedad sobre la tierra (pequeños agricultores y cooperativistas con títulos), dice que “se regula por un régimen especial,” y “su compraventa… solo podrá realizarse previo cumplimiento de los requisitos que establece la ley” (Art. 29).
En otras palabras, que salvo la lista de arriba, todo lo demás es constitucionalmente susceptible de pertenecer a un pequeño o mediano propietario privado, incluida tierra agrícola adquirida fuera del ámbito familiar. El párrafo donde el texto de 1976 describía como obligatoriamente estatales “los centrales azucareros, las fábricas, los medios fundamentales de transporte, y cuantas empresas, bancos, instalaciones y bienes han sido nacionalizados y expropiados a los imperialistas, latifundistas y burgueses” ha sido eliminado.
Este es solo un ejemplo entre muchos de las puertas que deja abiertas la nueva Constitución. Un hotel, una fábrica, un ferrocarril, una industria “no principal,” un medio de comunicación “no fundamental,” según la letra del texto constitucional, podrían pasar al sector no estatal.
Si bien “la concentración de la propiedad en personas naturales o jurídicas no estatales es regulada por el Estado” (Art. 30), el sector privado podría ir bastante más allá que la renta de habitaciones, los taxis y las paladares.
El tema de la propiedad permite ilustrar la escala de las reformas potenciales hacia un modelo de economía mixta, donde el sector estatal predominante puede asociarse no solo con el capital extranjero sino con la iniciativa nacional. Se trata también de nuevos derechos y libertades, además de las que se estipulan en la sección ampliada sobre derechos individuales y colectivos y acceso a la justicia (Art. 50, 54, 60), mucho más explicadas y debatidas en los medios.
Foto: Yaniel Tolentino.
Un socialismo donde se puede votar NO
El costo político de hacer una votación democrática, donde se visibiliza la diferencia, la discrepancia, el disentimiento, es uno de los méritos de este proceso. Ese riesgo, que merecería acompañamiento, aunque fuera crítico, ha sido asumido por el gobierno en todo su alcance.
La misma ciudadanía que pudo discutir abiertamente, sin cortapisas ni correcciones ideológicas, el borrador constitucional, es la que lo vota.
Tiene a su favor el haber experimentado un curso práctico sobre contenidos y significados de la Constitución, haber escuchado las más diversas opiniones, de tirios y troyanos, tener más elementos de juicio para pensar con su cabeza y ejercer el voto de manera libre y consciente que nunca antes.
No es justo ni tampoco razonable, en términos de la política que anima la nueva Constitución, juzgar a los que votan NO como traidores o vendepatrias. Simplemente no están de acuerdo en algún grado con ideas o normas que la constitución adopta. Por ejemplo, los creyentes religiosos que se sienten obligados a identificarse con la voz de pastores y obispos –aunque sea soslayando otras maneras de interpretar el mensaje de la propia fe.
No es el voto instantáneo, disciplinado o contagiado el que constituye ciudadanos, sino el consciente. Lamentablemente, no hay un concienciómetro que pueda aplicarse a los que votaron sí o no.
Esos que votan NO desde una conciencia cívica (no por embullo, ignorancia o malestar) merecen especial respeto, porque representan a una ciudadanía activa, que ejerce el derecho reconocido por este propio proceso constitucional. Para que ellos puedan expresarse, disentir, sin que su desacuerdo se tome como traición a la patria, ni siquiera como enemistad hacia los valores que el socialismo promueve, se requiere un procedimiento constitucional transparente como el actual.
Los que votan Sí como ciudadanos conscientes, se están comprometiendo con ese nuevo orden, que incluye el derecho a disentir, por parte de los demás y de ellos mismos. Un orden donde, por ejemplo, los debates en los medios públicos den lecciones de rigor y nivel intelectual al zipizape y al ciberchancleteo imperante en las redes, y donde los ciudadanos, incluidos los militantes del Partido, puedan discrepar en el periódico oficial del CC del PCC, en vez de en un blog o un diario electrónico privado.
Finalmente, un “voto por el NO” solo revela que no existe unanimidad, aspecto sobre el que los más altos dirigentes cubanos han vuelto una y otra vez.
En un país cualquiera, 60-65% del voto sería una expresión formidable de apoyo. Por ejemplo, el referéndum que aprobó la salida del Reino Unido de la Unión Europea, conocido como Brexit, solo tuvo el 52%. El hecho de que, en la tradición electoral cubana, un voto inferior al 90% se considere bajo no revela otra cosa que el mismo apego al unanimismo que se suele criticar.
Dado que Cuba es uno de esos países en los que, a diferencia de otros (11 solo en América Latina), el voto en el referéndum constitucional no es obligatorio, una aprobación entre 60 y 70 % no es para nada un desastre –especialmente si se considera que los votos en blanco, las boletas inválidas, los que se abstienen, se restan al porciento total en detrimento del SÍ.
Foto: Yaniel Tolentino.
Una reforma política democrática
Pensar la búsqueda de la democracia como se rescata un objeto incrustado bajo ruinas griegas o romanas; se entresaca de ideales, doctrinas, frases, legadas por padres fundadores, grandes filósofos, figuras de la historia patria; o se postula a partir de un cierto conjunto denominado “los valores de la nación,” no es un ejercicio vano ni inútil, especialmente para construir un discurso inspirado y conceptual sobre el tema.
Ahora bien, si se trata de comprenderla y construirla desde la experiencia histórica, conectada con una cultura política y una participación cívica determinadas, con ideologías y prácticas institucionales, conflictos y voluntades, intereses y luchas, hay que partir de un sistema político real y concreto, que es el que puede transformarse.
Vista así, la reforma nunca se trata de la puesta en escena de una teoría o una ideología, o de la adopción de modelos, sino de trabajar sobre una democracia “imperfecta”, formada por ciudadanos que quizás nunca antes habían leído su Constitución, por una burocracia que difícilmente y solo bajo presión cambia su estilo de mando, e incluso por un Partido único, con una membresía integrada por cubanos reales que no piensan igual.
Estas “imperfecciones” podrían encerrar, al cabo, una riqueza mayor que la ilustrada en muchos libros. Por ejemplo, es precisamente esa diversidad en sus filas la que puede permitir a ese Partido aspirar a cumplir con la misión formidable de representar la diversidad de la nación, el encuentro fundamental que la reúne en sus propias diferencias, y que algunos discursos sobre la unidad nacional no alcanzan a evocar en plenitud.
Una democracia identificada como socialista no se puede fundamentar en una mayoría aritmética simple, sino en una suma de minorías en desventaja, superior a cualquier mayoría, y basada en principios esenciales, como la justicia social y la igualdad.
La Constitución no es un punto de llegada, sino de partida. Solo se podrá medir, desde ella misma, si resulta respetada y aplicada en su letra y espíritu; y si, desde su contenido, puede ser interpretada por los órganos representativos de la ciudadanía, las instituciones a cargo de la ley y la justicia, las estructuras políticas y la política misma.
Esta es, seguramente, una oportunidad crucial para renovar el estilo político gubernamental; hacer uso extensivo de todas las tecnologías de la información y de la comunicación, para compenetrarse con la gente y sus problemas; concebir a los dirigentes, en lugar de instructores políticos o tecnócratas, en su capacidad de escuchar y dialogar, conseguir la participación de los trabajadores en la solución de los problemas, articular un nuevo consenso.
Uno no unánime ni homogéneo –pero consenso al fin.
Dice el célebre cantautor cubano Silvio Rodríguez que si tuviera que pedir un deseo pediría un rabo de nube “que se llevara lo feo y me dejara el querube”. Algo así, no es textual. Lamentablemente, este tornado o rabo de nube como lo conocía desde niño cuando en mi natal Bauta varias señoras trataban de cortarlo con tijeras, no se ha llevado lo feo sino muchas cosas preciosas. Lo más bello que se llevó fue la vida de 7 cubanos, además de causar lesiones de diferentes grados a otros cientos de compatriotas. Suscribo las condolencias a los familiares expresadas por Triana y otros compañeros.
Se llevó también, en milenarias cantidades, uno de los bienes más importantes de las familias cubanas y de cualquier parte del mundo, la vivienda, el principal problema material de los cubanos.
Se llevó la seguridad y tranquilidad de miles de hogares al destruir parcial o totalmente, además de sus viviendas, importantes bienes muchos de los cuales no les será fácil reponer, entre otras causas por los elevados precios en nuestras tiendas. Una de las cosas que debió llevarse el tornado es los prohibitivos precios de artículos electrodomésticos y de otros de primera necesidad que actúan como micro tornados perennes que afectan el nivel de vida de los cubanos, en particular el salario real.
El rabo de nube, no el de Silvio sino el del 27 de enero de 2019 debiera haberse llevado muchas cosas bien feas y eso si tiene que ver con el buen artista cubano. Entre ellas la desvergüenza de los que medran a costa de las necesidades insatisfechas de viviendas y otros bienes personales básicos, toda una mafia de especuladores muy difícil de contabilizar; la desidia, insensibilidad y mal trato de funcionarios y hasta trabajadores que de una manera u otra prestan servicios a la población; la inercia de algunos cuadros estatales y políticos que no tienen que esperar por un evento catastrófica de este tipo para preocuparse y ocuparse, que es lo más importante, de los problemas de la población.
Muchas cosas feas debieron ser arrasadas por el tornado de La Habana, pero no podemos responsabilizar a un fenómeno natural, ni tan siquiera a colosales obras de la inteligencia humana como los engendros radioelectrónicos de Estado Unidos y Rusia en Alaska y Crimea respectivamente, con todos estos defectos que tanto entorpecen la construcción del socialismo en nuestro país.
La más “feo”, que reclama un tornado de responsabilidad y patriotismo es el intento de desunir a los cubanos.
Lo primero que me vino a la mente después del fatídico día del 27 de enero fue publicar en Cuba Economía un mensaje de condolencias y solidaridad con mis compatriotas víctimas del fenómeno natural. No lo hice porque quería contar con el aval moral de mi participación directa en las labores de recuperación y esto se dilató un poco, recién el sábado pude hacerlo junto con cerca de 50 trabajadores y estudiantes de mi centro de trabajo. Ya con este expediente moral podía escribir algo que más bien resulte un complemento a los artículos de Dacal, Ricardo Torres y Juan Triana. Lo más importante estaba dicho. Pero ellos y otros compañeros habían alertado sobre otro tornado más peligroso, un documento elitista que más que contrarrevolucionario resulta antipatriótico. Esto último me impulsó a escribir estas notas sobre dos actitudes ante la vida diametralmente opuestas: la de la mayoría de los cubanos solidarios con los damnificados por el tornado y los malos cubanos que tratan de desunirnos en los momentos en que el pueblo debe ratificar en referendo un documento totalmente unitario, solidario y humano.
Un llamamiento a rechazar la Constitución solo puede sustentarse en patrañas.
La alta jerarquía de la iglesia católica, que no es la iglesia ni sus fieles, la misma que en los momentos más difíciles de la revolución ha tratado de desunir al pueblo, ahora en un manifiesto de 20 “reflexiones” convoca a que “cada ciudadano” ( no solo a los creyentes católicos sino a todos los cubanos con derecho al voto) ejerza su “voto responsable” que después de tantas impugnaciones a la Constitución no puede ser otro que el NO.
En realidad son muy pocos los puntos de crítica y los argumentos son en extremo flojos por falta de veracidad. Las 4 refutaciones: la ideología, el carácter laico del Estado, el matrimonio y la propiedad privada se reducen a tres porque las dos primeras son semejantes.
1) El problema ideológico, porque el texto constitucional menciona el socialismo y el comunismo excluyendo el capitalismo que sería lo distinto. Esto último no lo dicen, es una inferencia nuestra.
2) La cuestión del matrimonio porque se abre la posibilidad de que en un futuro se acepte el matrimonio entre dos personas sin distinguir el sexo. Aquí mienten, como en casi todo el texto, porque dicen “El texto constitucional propuesto a referendo, en lo referente al matrimonio, no ha tenido en cuenta la opinión mayoritaria de la población.” (1) El artículo 68 concentró cerca del 25 % de las opiniones y la mayoría de esa proporción apoyaba la redacción de la Constitución anterior, lo que sería siempre menos de esa relación. (2) Si las matemáticas no han cambiado, aun aceptando como total el 25 %, nunca sería la mayoría de los que opinaron, que es un concepto muy diferente al de “población”.
3) El tema de la propiedad privada, porque no creen que se le pueda poner límite. Dicen los jerarcas:”… nos complace que el Proyecto de Constitución también reconozca la propiedad privada, aunque siempre se deberá tener en cuenta que los límites de cualquier propiedad deben estar solamente condicionados por el principio descrito anteriormente. En este campo, consideramos que lo expuesto con relación a la inversión extranjera debe ser extendido al ciudadano cubano sustentado esto en la igualdad de todos los cubanos en sus derechos, deberes y oportunidades sin discriminación alguna.” (3)
Es obvio que los que les molesta a los grandes jefes de la Iglesia Católica no es la ideología marxista ni la opción del socialismo y el comunismo para alcanzar la verdadera soberanía económica y el bienestar de los cubanos sino la exclusión del capitalismo como sistema para los cubanos.
No hace falta perder el tiempo en desmontar razones tan enclenques. En el hipotético caso de aceptar sus argumentos concentrados en la crítica a 3 artículos (1,3 %) no habría razón ninguna para desestimar y votar en contra de la Constitución que tiene 229 artículos y todos favorecen de manera directa o indirecta al pueblo. Solamente los artículos que refrendan los derechos y garantías de todos los cubanos contenidos en el Título V “DERECHOS, DEBERES Y GARANTÍAS” ascienden a 59 , el 25,8 % del total. Estos son derechos y garantías directos porque los otros capítulos referidos a la estructura y organización del Estado y Gobierno están orientados a crear las condiciones suficientes para que estos casi 60 artículos se realicen. Es muy difícil, para no decir imposible, que una Constitución en el mundo sea tan progresista, tan humana y revolucionaria en el sentido más extenso de este término, y estoy pensando en el contenido del concepto de Revolución de nuestro líder histórico.
Todos estos derechos y garantías se conciben para los cubanos, no importa si todos apoyan al socialismo, si son marxistas, idealistas, anarquistas, ateos, creyentes, (no solo católicos sino de las decenas de religiones de los cubanos: 27 % de católicos y70 % con creencias africanas), heterosexuales, bisexuales y homosexuales.
Es una Constitución para el pueblo cubano, para garantizar su seguridad, su independencia, dignidad y bienestar material y espiritual. No hace diferencia de color de la piel, de género, de preferencia sexual. Tampoco diferencia las diferentes economías que reconoce desde la estatal hasta la privada. Beneficia tanto al trabajador de una entidad estatal como al de una empresa mixta, de capital totalmente extranjero y privada. Por cierto, de los propietarios privados una parte importante ha fomentado sus negocios a partir de un proceso inversionista y no es despreciable el capital que viene del extranjero incluyendo los EEUU. Se calcula que más del 50 % de las remesas.
Pero la propiedad que se establece como la principal, la de todo el pueblo, benéfica a todos los cubanos no solo porque asegura el 70 % del empleo sino porque garantiza el 100 % de la educación y salud gratuitas, entre otras ventajas.
La Constitución de manera total, integral, sistémica, es la unidad, la garantía del progreso para todos, no solo para los marxistas o para los creyentes católicos, para heterosexuales y homosexuales. El llamado de la jerarquía católica a no aprobarla es la separación, la diáspora de todos estos ingredientes que convergen en un solo nombre: CUBA.
Aún con la Constitución actual, la del 76 reformada en 1992, con sus limitaciones, la Revolución ha demostrado que no deja desamparado a nadie, que todo lo que hace es para el bien del pueblo, de cada uno de los cubanos y no es un secreto que una buena parte no conoce ni el socialismo ni el capitalismo, aunque sientan gran amor por su patria.
Los compatriotas que han sido perjudicados por el “rabo de nube”, que les toco lo más “feo” del siniestro y que hacen colas para recibir materiales o alguna ayuda, podrán quejarse por la lentitud de los trámites y manifestaciones puntuales de indolencia, pero ninguno tiene que certificar su militancia política, su afiliación ideológica, su creencia religiosa, su posición social y sexual.
Despedida.
Me disculpan los lectores por toda esta “lata”, pero como expresé en el artículo anterior sobre la realización de la propiedad socialista en la Constitución, por razones de salud, en particular de la vista, no puedo comprometerme con abastecer este blog como se merecen los lectores. No hago ninguna valoración porque no me corresponde, pero si puedo afirmar que disfruté mucho esta oportunidad, muy breve pero enjundiosa. Incluyo en este disfrute la polémica con todos sus aderezos, no siempre de buen sabor, pero de otra forma habría resultado aburrida la faena. Hay muchos compañeros capaces y revolucionarios escribiendo sobre la economía cubana y otros temas de interés para nuestra sociedad socialista en construcción. Seguiré lo que se escribe y publica, leyendo u oyendo. Escribiré lo que pueda, pero sin presión alguna, en particular para la docencia y si algo sirve, de rebote, para la ciencia.
El 24 de febrero junto con la inmensa mayoría de los cubanos emitiré mi voto responsable, diametralmente opuesto a la “responsabilidad” secesionista, exclusivista, propugnada por un grupúsculo casi invisible, anti socialista y antipatriótico.
19 de febrero de 2019.
Notas:
1 mensaje a los Obispos Católicos Cubanos .
[2 ¿Cuáles son los principales cambios en el Proyecto de Constitución? Cubadebate| Redacción Digital 22 Diciembre 2018