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18 Mayo 2026


"La edificación de la nueva sociedad en el orden económico es también un trayecto hacia lo ignoto". RCR



Por Manuel David Orrio del Rosario
La Habana, 26/05/18.- Entre finales de abril y hasta el primero de
mayo, el diario opositor El Toque, realizó una encuesta digital en la que contó con la colaboración de más de 36 medios y creadores.
Guste, o no, es un fenómeno político y mediático relevante, independientemente de los números de la encuesta, por cuanto prueba la existencia de un ecosistema
de medios llamados "independientes" - ¿bajo presupuesto de Estados Unidos? -, que logró coordinarse.
Quizás, la verdadera noticia sea ésa: más de 36 medios y creadores que normalmente rivalizan, lograron ponerse de acuerdo para producir y
difundir un instrumento así en un contexto de acceso
restringido como el de Cuba. Eso es un hecho político; los números, una foto de "una parte
de la sala, no de toda la sala".
Punto a favor de los organizadores,
referido a transparencia metodológica: advierten
explícitamente que se trata de una
muestra no probabilística y autoseleccionada. Reconocen
la sobrerrepresentación de personas con motivación política, acceso a internet y disposición a opinar. Éso es honesto y, en investigación social, un requisito ético. Muchos sondeos políticos no lo hacen. Conviene citar al Director Editorial de El Toque, José Jasán Nieves Cárdenas, quien declaró al medio digital El Estornudo que
"No se puede reclamar, ni lo reclama la encuesta, ni nadie que la ha
difundido, que ésta sea la encuesta representativa
de la Cuba de hoy". Pese a ello, guste o no, es una interesante exploración de estados de opinión que, lamentablemente, no tiene
contrapartida pública en un país del cual ni siquiera se sabe si hay sondeos de esa naturaleza, porque
si los hay, sus resultados no se publican ¿Tiene justificación? ¿Es ético apostrofar al adversario si se
tiene "tejado de vidrio", como ha ocurrido con el sondeo de marras?
Por tanto , ¿a quién representan realmente las
42.263 personas que accedieron a
responder? La nota resumen de los
resultados admite que los mismos no
pueden generalizarse al universo nacional, lo cual es relevante, por cuanto el
42% de los participantes declaró no residir en Cuba.
Sin embargo, tras admitirse una
estructura no representativa de la población residente - de por sí
"contaminada" por la participación de los emigrados -, el informe pudiera dar la impresión de resultados globales , como si hablaran "los cubanos" o "los de la
Isla". Hay una tensión entre la autocrítica metodológica y la forma de titular o narrar
los hallazgos. Por ello, aclaración válida: "Los resultados deben interpretarse como una aproximación analítica rigurosa a tendencias y
percepciones presentes en sectores conectados de la población cubana —la más amplia y diversa jamás consultada en un estudio de estas
características— y no como una representación estadísticamente exacta del universo nacional. En ese marco, su valor
descriptivo, comparativo e histórico es considerable".
¿Qué
se mide, entonces? Pues se mide la opinión
de un sector específico, residente o emigrado, conectado a
internet, lo cual dentro de Cuba excluye a quienes no tienen acceso porque
carecen de medios, datos o presupuesto; viven en zonas sin cobertura o,
simplemente, dada la profundidad de la crisis energética
reinante en la tierra de José Martí, se
han visto privados de ese acceso en tal
o cual medida. Según variados testimonios, esa privación
se ha agudizado en los últimos meses. Punto observable: la baja presencia en la encuesta de los
mayores de 65 años - 6,3% del total que participó
-, cuando ese sector de población representa alrededor de
20% de los cubanos residentes e incluso emigrados, de acuerdo con reconocidos
análisis demográficos. Por sí
mismo, es un dato que revela la no representatividad de la muestra obtenida.
Quienes opinaron tienen, además, suficiente motivación política como para responder un cuestionario largo y sensible; se trata de
personas dispuestas a expresar
abiertamente opiniones que, en el contexto cubano, caracterizado por ese
"poder sin principios" que es la censura - diría Carlos Marx -, también pudiera manifestarse como
autocensura en condiciones de una encuesta presencial, no digital. Por
ende, ni es neutral ni representa a la
Cuba real, mucho más diversa de lo que emerge de la
encuesta. Es más bien la oposición digital organizada y su entorno simpatizante.
Por lo anterior, y aún pecando de suspicaz, ¿cuáles objetivos políticos o mediáticos persiguió en realidad la encuesta? ¿Por qué la encuesta - justo ahora - cuando
se habla abiertamente de una acción militar
contra Cuba por parte de Estados Unidos, habida cuenta de que el sondeo formula
preguntas cuyas respuestas pudieran interpretarse como mayoritariamente
favorables a esa acción? ¿Se trató de una honesta investigación, no de cuantificar resultados
que se esperaban?
Un mérito del sondeo, aunque no guste apuntarlo, es lo que revela: sí existe dentro de Cuba una oposición al proyecto socialista; mínima quizás, no organizada, pero existe. La narrativa de supuesta unanimidad, la
satanización de los "grupúsculos enemigos", recibió un buen golpe,
más allá de las críticas que al sondeo se hicieron en
medios adscritos al Partido Comunista de Cuba, como fue Razones de Cuba.
Indicio claro, y se trata de una
muestra de más de 42 mil declarantes: el 92 %
declara estar "muy insatisfecho" con las políticas oficiales y el 94 % está a favor de
la "urgencia máxima de cambio político"; son cifras tan extremas
que, en cualquier encuesta seria —incluso en países en crisis—, resultan inusualmente homogéneas. Éso no significa que sean falsas -
como algunos críticos han tratado de inducir -, sino
que la muestra ya viene filtrada por una fuerte auto-selección ideológica. También resalta que "El 60.5 % de los cubanos que respondieron desde
dentro de Cuba apoya el derrocamiento del Gobierno por cualquier medio,
incluida la vía armada". O sea, haciendo cálculos a ojo de buen cubero, poco más de 14 mil participantes que residen en Cuba aceptarían hasta ser bombardeados ¿Parece extremo?
Ojo: colegas de este periodista han detectado ese estado de opinión en las calles de La Habana: " ¡que acaben de venir los yankees a ver si se arregla ésto!", más o menos exclaman. Ojo, además, porque un lector no avisado podría interpretar que 6 de cada 10 cubanos dentro de Cuba apoyan una solución extrema, lo cual no resiste un mínimo análisis. También es observable que "sólo el 0,5 %
quiere mantener el sistema actual", lo cual pudiera indicar una mínima aceptación del status quo actual y la crisis
en el discurso oficial, básicamente inmovilista, aunque últimamente se están aprobando medidas, una tras otra,
con hasta más de una década de engavetadas.
Vale destacar, sin sobredimensionar,
la diferencia sistemática entre Isla y diáspora en temas como: aceptación de inversión sin condiciones, disposición a ceder en
juicios por una transición pacífica, y valoración de figuras internacionales, lo
cual es un hallazgo válido dentro de la propia muestra, si bien el porcentaje que señala a las políticas de Estados Unidos contra Cuba
como problema principal - es decir, el bloqueo (14,8 %) -, es llamativo, porque
contrasta con la narrativa oficial y ¿es creíble como representativo?
"Muestra amplia" no es
"representatividad" . El texto dice "la más
amplia y diversa jamás consultada". Amplia en número
bruto, sí. Diversa, no necesariamente: 11.000 respuestas desde La
Habana y 1.600 desde Villa Clara ya
muestran una concentración urbana y capitalina enorme ¿Dónde
quedó la población rural?
La encuesta, por tanto, no es un
fraude, como algunos han publicado; pero tampoco es un "espejo de
Cuba". Es un documento valioso para entender lo que piensa un sector —el más activo, conectado y políticamente movilizado— de la oposición cubana dentro y fuera de este archipiélago caribeño. Sus cifras no pueden extenderse
al conjunto de la población nacional, pero sus comparaciones
internas (Isla vs. diáspora, por ejemplo) ofrecen pistas útiles. La encuesta, también, es un reto
para la propaganda oficial, signada por la censura - eufemísticamente llamada secretismo -, y la creciente desprofesionalización de un periodismo, al parecer incapaz de interiorizar
que alrededor del 70% de la población accede a Internet, según datos de la Oficina Nacional de
Estadísticas e Información (ONEI), y haciendo abstracción de las ya
mencionadas carencias en penetración en la red de
redes, a causa de la crisis energética y de
conectividad. Cuba tiene hoy un "acceso a las corrientes de información" sin precedentes, para emplear la jerga internacional. Por ende,
el discurso oficial u oficialista será y es
contrastado. Si difunde medias verdades, serán interpretadas como mentiras.
Si molesta que se diga, que moleste;
no será ni la primera vez, ni la última, que el discurso contrario a lo que se nombra proyecto socialista
cubano se anota goles en la esfera mediática, por cuanto funciona con mayor libertad operacional - no exenta de
coyundas -, que la llamada "prensa revolucionaria", prisionera por su
parte de censuras y autocensuras francamente absurdas. Este periodista ya se
cansa de tanto señalar el daño que la censura causa a la prensa criolla; también lo expresa a partir de sus experiencias como otrora miembro de la
Seguridad del Estado cubano.
Entretanto, gol para El Toque...y
"los demás", sin que "el
portero" , ni "el capitán", hagan
cambios que permitan al
"equipo" pasar a un contragolpe, mucho menos a la ofensiva.
Para consultar los resultados de la
encuesta:
https://cubanomics.pro/resultados-de-la-primera-encuesta-de-opinion-a-gran-escala-sobre-cuba
Imagen de portada: Asiel Díaz Abreu