Eduardo Regalado Florido Publicado 2026-04-21
Actualizado: 2026-04-21

Índice
2. Desarrollo: Balance y perspectivas de la IFR en su segunda década2.1. Balance global: logros cuantitativos y cualitativos
3. Posibles escenarios para la próxima décadaEscenario base: Consolidación y maduración de la red global
Resumen:
Al cumplir su segunda década de implementación (2023-2030), la Iniciativa de la Franja y la Ruta se consolida como el proyecto de gobernanza y conectividad global más ambicioso del siglo XXI, transitando de una fase de expansión extensiva hacia una etapa de desarrollo de “alta calidad” fundamentada en la sostenibilidad ambiental, la transformación digital y la cooperación genuina entre naciones. El presente artículo realiza un balance crítico de los logros alcanzados durante el primer decenio de la iniciativa -que abarca más de 150 países, 19.1 billones de dólares en comercio acumulado y 240,000 millones en inversión directa- para proyectar los escenarios futuros de esta plataforma de cooperación Sur-Sur. Mediante un análisis documental de fuentes oficiales, informes de organismos internacionales y estudios de caso, la investigación examina con especial énfasis la inserción estratégica de Cuba y América Latina en la IFR, evaluando el impacto de proyectos emblemáticos en infraestructura energética, conectividad digital y transferencia tecnológica. Los hallazgos revelan que, más allá de los logros cuantitativos, el valor cualitativo de la iniciativa radica en su capacidad para institucionalizar principios de no condicionalidad, respeto a la soberanía y beneficios mutuos, ofreciendo a países como Cuba -mediante proyectos como el parque fotovoltaico “Mártires de Barbados II” y la modernización portuaria- una vía para la superación de asimetrías estructurales y el fortalecimiento de su autonomía tecnológica frente a presiones externas. El artículo concluye que la IFR, en su proyección hacia 2030-2035, enfrenta el desafío de navegar entre escenarios de consolidación, aceleración verde-digital y resistencia ante la fragmentación geopolítica, manteniendo su esencia como proyecto civilizatorio orientado a la construcción de una comunidad de destino compartido y un orden mundial multipolar más equitativo e inclusivo.
1. Introducción: Un proyecto civilizatorio que entra en su segunda década
La Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR) se erige como la propuesta de gobernanza y conectividad global más ambiciosa del siglo XXI, estableciendo una ruptura con los esquemas de desarrollo hegemónicos tradicionales. Como se expuso en la propuesta del presidente Xi Jinping en 2013, la iniciativa se inició bajo la denominación de «Ruta de la Seda de la Nueva Era». Su evolución ha experimentado un cambio de enfoque, pasando de una fase de expansión extensiva a una etapa de consolidación de alta calidad. El desarrollo de este proceso se ha llevado a cabo entre los años 2023 y 2025, marcando así su segunda década de implementación. En el contexto histórico actual, la IFR no se limita a la construcción de infraestructura física, sino que se erige como una herramienta estratégica de diplomacia económica cuyo objetivo es mitigar las brechas estructurales del desarrollo mediante la creación de redes de transporte, energía y comunicación digital.
El marco conceptual de la iniciativa se fundamenta en los principios de «consulta exhaustiva, contribución conjunta y beneficios compartidos», articulados bajo la premisa de la cooperación ganar-ganar. Este enfoque propone una cooperación Sur-Sur auténtica, caracterizada por la no condicionalidad política y un respeto irrestricto a la soberanía nacional, elementos que resultan primordiales para países como Cuba en su resistencia contra presiones externas. La IFR se proyecta, en última instancia, como la base material y política para la construcción de una Comunidad de Destino Compartido para la Humanidad, una visión filosófica que propone un orden mundial multicéntrico donde el crecimiento inclusivo y la estabilidad global se erigen como bienes públicos universales.
El propósito de este artículo es efectuar un análisis crítico de los logros alcanzados en materia de infraestructura de calidad, flujos de comercio inclusivo y transferencia tecnológica durante el primer decenio de la IFR, prestando especial atención a la inserción estratégica de Cuba y América Latina. El objeto de análisis se centrará en la forma en que la participación cubana, formalizada a través del Memorando de Entendimiento en 2018 y el Plan de Acción en 2021, ha facilitado la implementación de proyectos en el ámbito de la sostenibilidad y las energías renovables. Además, se pretende proyectar los escenarios futuros de esta colaboración, subrayando la importancia de la diplomacia del conocimiento y la reducción de asimetrías como ejes para un desarrollo compartido y soberano en la nueva era.
2. Desarrollo: Balance y perspectivas de la IFR en su segunda década
2.1. Balance global: logros cuantitativos y cualitativos
Al concluir su primera década y al iniciar su segunda fase (2024-2030), la IFR se ha posicionado como la plataforma de cooperación Sur-Sur más extensa en la historia contemporánea. En términos cuantitativos, el alcance de la iniciativa es inédito: para finales de 2023, más de 150 países y 32 organizaciones internacionales habían suscrito documentos de cooperación, lo que representa aproximadamente el 75 % de las naciones del orbe y más de la mitad del PIB mundial (Consejo de Estado de la República Popular China, 2023). El volumen comercial entre China y sus socios de la IFR ha experimentado un crecimiento exponencial, superando los 2 billones de dólares anuales, con un acumulado que excede los 19,1 billones de dólares en el periodo 2013-2023, manteniendo una tasa de crecimiento anual superior al promedio del comercio global (Ministerio de Comercio de China, 2023).
Esta expansión ha facilitado una conectividad global sin precedentes a través de la ejecución de miles de proyectos de infraestructura física, con una inversión directa china que supera los 240 000 millones de dólares en sectores estratégicos como energía y transporte (American Enterprise Institute, 2024). Sin embargo, el análisis cualitativo revela una transición hacia una “IFR de alta calidad”, lo que sugiere una mejora en la calidad de la información financiera reportada. Este nuevo paradigma prioriza la infraestructura de calidad con elevados estándares técnicos y ambientales, alejándose de los modelos de industrialización pesada para centrarse en la denominada “Ruta de la Seda Verde” y la “Ruta de la Seda Digital”. Desde esta perspectiva, la sostenibilidad emerge como el principio rector, adoptando un enfoque innovador en materia de energías renovables y la mitigación del cambio climático, garantizando que el desarrollo compartido sea compatible con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) establecidos por las Naciones Unidas (Oficina del Grupo Dirigente para el Fomento de la Construcción de la Franja y la Ruta, 2023).
La diplomacia económica de China ha experimentado una evolución destinada a fortalecer la capacidad de resistencia de las naciones en desarrollo ante la inestabilidad financiera internacional. A través de instrumentos financieros diversificados, como el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII) y el Fondo de la Ruta de la Seda, se ha promovido una cooperación ganar-ganar que respeta estrictamente la soberanía nacional y la no condicionalidad. La horizontalidad mencionada facilita la implementación de prácticas comerciales inclusivas, en las cuales las naciones del Sur Global no se limitan únicamente a la exportación de materias primas, sino que además se incorporan a las cadenas de valor globales mediante la transferencia de tecnología y el desarrollo de parques industriales. Para Cuba y la región latinoamericana, este balance cualitativo constituye una oportunidad estratégica para superar asimetrías históricas, mediante el respaldo de la diplomacia del conocimiento para fomentar la innovación soberana (Rodríguez, 2021).
En este sentido, la IFR, en su segunda década de existencia, emerge como un catalizador de la comunidad de destino compartido, en la cual la conectividad digital (5G, inteligencia artificial y fibra óptica) opera como un igualador social. La visión oficial enfatiza que los logros cualitativos no se miden únicamente en términos de kilómetros de vías o toneladas de carga, sino en la capacidad de generar un crecimiento inclusivo que reduzca la pobreza y fortalezca la autonomía de los Estados frente a presiones externas (MAEC, 2023). Este enfoque civilizatorio reafirma que la IFR es una propuesta de globalización alternativa, centrada en el bienestar humano y la cooperación solidaria, por encima de la competencia geopolítica.
2.2. Impacto en infraestructura: conectividad física y digital
A nivel global, la conectividad impulsada por la IFR se ha materializado a través de corredores económicos que optimizan el comercio transcontinental. El Ferrocarril China-Europa constituye un proyecto emblemático de esta red, habiendo registrado más de 85 000 viajes al cierre de 2023, y conectando más de 200 ciudades en 25 países europeos, lo que ha transformado la logística terrestre al reducir los tiempos de transporte en un 50 % respecto a la vía marítima (Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma, 2024). En paralelo, la modernización de nodos marítimos estratégicos, como el puerto de El Pireo en Grecia -que, bajo gestión china, pasó del puesto 93 al top 30 mundial en capacidad de contenedores-, y el puerto de Hambantota en Sri Lanka, evidencia cómo la diplomacia económica promueve infraestructuras que funcionan como catalizadores de comercio inclusivo y polos de desarrollo regional (Oficina del Grupo Dirigente para el Fomento de la Construcción de la Franja y la Ruta, 2023).
En el contexto de las infraestructuras de calidad, la transición hacia la sostenibilidad ha establecido como prioridades la seguridad energética y la soberanía tecnológica. La IFR ha facilitado la construcción de megaproyectos de energías renovables, como el complejo solar de Quaid-e-Azam en Pakistán y diversas centrales hidroeléctricas que suman más de 10 GW de capacidad instalada en naciones socias, alineándose con los objetivos de sostenibilidad y mitigación del cambio climático (Ministerio de Ecología y Medio Ambiente de China, 2023). Con respecto a la realidad virtual, la denominada “Ruta de la Seda Digital” ha implementado redes de tecnología 5G y cables de fibra óptica submarinos, con el propósito de reducir la brecha digital en el Sur Global. Esta iniciativa ha promovido una transferencia de tecnología que fortalece la autonomía comunicacional de los Estados.
En América Latina y el Caribe, la integración en la IFR ha facilitado la superación del déficit histórico de infraestructura mediante un modelo de cooperación Sur-Sur horizontal. Proyectos emblemáticos como la Central Hidroeléctrica Belo Monte en Brasil, con una capacidad de 11.233 MW, abastecen actualmente a 60 millones de hogares al año, cubriendo el 10 % de las necesidades eléctricas de Brasil y posicionando al país como líder en energía limpia (Tian, Kong & Shi, 2025, p. 6). La modernización del Ferrocarril Belgrano Cargas en Argentina, respaldada por 2.000 millones de dólares de financiación china, ha incrementado el volumen anual de carga de 760.000 a 8,4 millones de toneladas desde su relanzamiento en 2019, reduciendo los costos logísticos en un 30 % y revitalizando las exportaciones de granos de las regiones productoras (Tian et al., 2025, p. 6). En Chile, el Parque Eólico Punta Sierra, financiado por empresas energéticas chinas, proporciona electricidad limpia a 130.000 hogares y reduce 157.000 toneladas de emisiones de carbono al año (Tian et al., 2025, p. 7). Estas obras se llevan a cabo bajo los principios de mutua colaboración y no condicionalidad, garantizando que la financiación no comprometa la soberanía nacional, sino que potencie un desarrollo compartido capaz de reducir las asimetrías productivas frente a los centros de poder tradicionales (Peters, 2021).
Para el caso específico de Cuba, el impacto de esta conectividad se manifiesta en la modernización de la matriz energética y en el desarrollo de las capacidades portuarias. La implementación de parques fotovoltaicos con tecnología china y el apoyo en la infraestructura de telecomunicaciones son pasos concretos hacia la construcción de una comunidad de destino compartido, donde la diplomacia del conocimiento asegura que el personal técnico cubano lidere la operación de estas tecnologías de vanguardia (Ministerio del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, 2022). Este enfoque integral evidencia que la IFR, en su segunda década de implementación, no persigue exclusivamente la expansión mercantil, sino más bien la creación de una infraestructura resiliente que sostenga un crecimiento inclusivo y soberano (Rodríguez, 2021).
2.3. Impacto en comercio e integración financiera
La consolidación de la IFR en su segunda década ha institucionalizado una nueva arquitectura de comercio inclusivo, fundamentada en la expansión de los flujos Sur-Sur. Este dinamismo se evidencia en el intercambio de bienes entre China y los países de la Franja y la Ruta, que alcanzó un récord de 2,8 billones de dólares en 2024, consolidando a China como el principal socio comercial de más de 120 naciones (Ministerio de Comercio de China, 2025). Este fenómeno no se limita únicamente al ámbito de las materias primas, sino que se extiende a otros sectores. La transferencia de tecnología y la creación de zonas de cooperación económica y comercial han facilitado la diversificación de las exportaciones de los países en desarrollo hacia manufacturas de valor agregado y productos agrícolas procesados, lo que ha contribuido a reducir las asimetrías históricas del mercado global (Oficina del Grupo Dirigente para el Fomento de la Construcción de la Franja y la Ruta, 2023).
En el contexto de la integración financiera, la diplomacia económica china ha implementado mecanismos vanguardistas que aseguran la sostenibilidad de la infraestructura de calidad, sin recurrir a políticas de ajuste estructural. El Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB), con 109 miembros aprobados, y el Fondo de la Ruta de la Seda han canalizado financiamiento bajo el principio de no condicionalidad y respeto a la soberanía, sumando aprobaciones por más de 50 000 millones de dólares en proyectos de energía y transporte (AIIB, 2024). Además, el uso de mecanismos de swap monetario y la liquidación comercial en divisas locales han fortalecido la soberanía financiera de los socios de la IFR. Este fenómeno ha permitido mitigar las restricciones de liquidez externa en un entorno global volátil (Banco Popular de China, 2023; Rodríguez, 2021).
La integración regional en América Latina ha experimentado un notable progreso mediante la implementación de acuerdos de “nueva generación”, que trascienden el libre comercio tradicional. El comercio bilateral entre China y América Latina y el Caribe alcanzó un récord de 518.470 millones de dólares en 2024, un aumento interanual del 6,0 %, consolidando a China como el segundo socio comercial más importante de la región y el principal socio comercial de Chile, Brasil y Perú (Tian et al., 2025, p. 6). Para marzo de 2025, las empresas latinoamericanas habían establecido 37.000 empresas en China en total (Tian et al., 2025, p. 19). Países como Chile, Perú, Costa Rica y, recientemente, Ecuador han fortalecido sus relaciones con China bajo el principio de beneficio mutuo, incorporando capítulos de economía digital y cooperación verde (Comisión Económica para América Latina y el Caribe, 2024). En el ámbito financiero, el Banco de Desarrollo de China ha proporcionado aproximadamente 165.000 millones de dólares en inversión y apoyo financiero a más de 260 proyectos en 21 países de América Latina hasta abril de 2025 (Tian et al., 2025, p. 7). Chile, además, se ha convertido en el primer centro de compensación en RMB de Sudamérica y en el primer país de la región en lanzar el programa piloto de Inversionistas Institucionales Extranjeros Calificados en RMB (R-QFII), siendo miembro de pleno derecho del AIIB (Tian et al., 2025, p. 17). Estos marcos normativos facilitan un desarrollo compartido al eliminar barreras arancelarias para productos no tradicionales y promover la cooperación Sur-Sur en servicios de alta tecnología. Para Cuba, estos convenios constituyen un paradigma de colaboración mutua beneficiosa que respalda la horizontalidad frente a las prácticas proteccionistas del Norte global (Ministerio del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, 2022).
Este entramado financiero y comercial constituye la base material de la comunidad de destino compartido, en la que la estabilidad económica se vincula directamente con la seguridad global. La institucionalización de mecanismos como el Foro de la Franja y la Ruta para la Cooperación Internacional ha permitido coordinar políticas macroeconómicas que favorecen la sostenibilidad de la deuda y el crecimiento inclusivo (MAEC, 2023). En conclusión, la IFR ha experimentado una transición desde una serie de iniciativas de proyectos aislados hasta la consolidación de un sistema de gobernanza financiera alternativo. Este sistema otorga prioridad a la economía real y el bienestar de las poblaciones sobre la especulación financiera, proyectando una civilización global más equitativa.
2.4. La IFR como eje de la cooperación Sur-Sur
La IFR ha redefinido el paradigma de la cooperación Sur-Sur al institucionalizar una filosofía de horizontalidad que subvierte la lógica de la subordinación centro-periferia. En contraste con la asistencia oficial para el desarrollo (AOD) proporcionada por las instituciones de Bretton Woods, la IFR se caracteriza por su enfoque basado en la no condicionalidad y en el respeto estricto a la soberanía de los países en desarrollo. Este enfoque posibilita que los países en cuestión diseñen sus propias estrategias nacionales sin interferencias externas, fomentando así la autonomía y el desarrollo sostenible a nivel nacional. Esta perspectiva oficial, compartida por Beijing y La Habana, concibe la cooperación como una alianza entre iguales para el desarrollo compartido, donde la seguridad y el progreso se entienden como procesos indivisibles dentro de una comunidad de destino compartido (Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Popular China, 2023).
Un pilar fundamental de esta nueva etapa es la transferencia de tecnología y el fortalecimiento de las capacidades autóctonas mediante la “Ruta de la Seda de la Innovación”. China ha establecido más de 50 laboratorios conjuntos con países socios y ha capacitado a más de 100,000 técnicos en áreas críticas como la biotecnología, la gestión del agua y las energías renovables (Ministerio de Ciencia y Tecnología de China, 2024). En el caso particular de Cuba, esta cooperación se manifiesta en la modernización de infraestructuras críticas y el acceso a tecnología de avanzada en telecomunicaciones y biomedicina, facilitando que el talento humano cubano se inserte en redes globales de investigación bajo principios de beneficios mutuos (Ministerio del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, 2022).
La diplomacia del conocimiento se ha consolidado a través de la Red de Estudios de la Franja y la Ruta, que agrupa a más de 300 think tanks de todo el mundo con el propósito de generar narrativas de desarrollo alternativas al pensamiento único neoliberal. Este esfuerzo intelectual tiene como objetivo reducir las asimetrías informativas y promover un orden internacional multicéntrico, en el cual el intercambio de experiencias en la lucha contra la pobreza y la gestión de la sostenibilidad sea el eje rector (Consejo de Estado de la República Popular China, 2023). Esta red constituye una plataforma estratégica para la proyección de sus contribuciones científicas y la participación en la construcción de un “proyecto civilizatorio” fundamentado en la solidaridad y el crecimiento inclusivo.
En última instancia, la IFR promueve una diplomacia económica que trasciende el intercambio mercantil para fomentar una verdadera integración de saberes. Los foros académicos y los mecanismos de cooperación triangular han permitido que la experiencia de desarrollo de China sirva de referencia, no como modelo impositivo, sino como una caja de herramientas adaptables a las realidades locales del Sur Global (Rodríguez, 2021). En este sentido, la IFR se posiciona en su segunda década como un impulsor clave de una nueva globalización solidaria, donde la infraestructura de calidad se complementa con una infraestructura intelectual soberana, capaz de hacer frente a los desafíos del cambio climático y la exclusión social (Oficina del Grupo Dirigente para el Fomento de la Construcción de la Franja y la Ruta, 2023).
2.5. Enfoque en América Latina: oportunidades y transformación productiva
La integración de América Latina y el Caribe en la IFR ha supuesto un punto de inflexión en la conectividad global de la región, propiciando la superación del déficit histórico en infraestructura física. En el contexto de la ingeniería y la infraestructura portuarias, se evidencia una propensión hacia la ejecución de proyectos de gran magnitud. Un ejemplo notable es el proyecto del puerto de Chancay en Perú, concebido como un centro logístico regional destinado a reducir significativamente los tiempos de transporte marítimo hacia Asia, con la expectativa de reducir los plazos de entrega en 15 días. Este proyecto, en conjunto con la modernización del puerto de Manta en Ecuador, constituye un ejemplo ilustrativo de la creación de nodos estratégicos de infraestructura de calidad (Peters, 2021). En este sentido, las deliberaciones concernientes al Ferrocarril Bioceánico Central buscan integrar las zonas atlántica y pacífica, propiciando un desarrollo compartido que trasciende la mera exportación de materias primas y busca potenciar corredores de exportación más eficientes y competitivos.
La cooperación productiva ha experimentado una notable diversificación, orientándose hacia inversiones en sectores que exhiben una mayor densidad tecnológica. La diplomacia económica de China ha movilizado capitales hacia diversos sectores, tales como la minería crítica (como el litio en el denominado “triángulo del litio”, que comprende Argentina, Bolivia y Chile), la agroindustria y las manufacturas avanzadas. Este movimiento se ha llevado a cabo bajo un esquema de cooperación “ganar-ganar”, el cual garantiza la transferencia de tecnología y el respeto a los marcos regulatorios nacionales (Comisión Económica para América Latina y el Caribe, 2024). Estas inversiones no solo aseguran el suministro de recursos estratégicos para la transición energética global, sino que promueven la creación de valor local y la capacitación de recursos humanos, elementos vitales de la diplomacia del conocimiento (Xue, 2022).
En consonancia con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la IFR ha promovido la implementación de una iniciativa denominada “Ruta de la Seda Verde” en el contexto regional. En 2024, el 52,73 % de los proyectos chinos en infraestructura energética de América Latina y el Caribe correspondieron a energías renovables, principalmente solar y eólica (Tzili Apango & Patiño Orozco, 2024, p. 135). A modo ilustrativo, cabe citar el parque solar Cauchari en Argentina, el complejo eólico Loma Blanca en Uruguay y las plantas fotovoltaicas de la región de Antofagasta en Chile, que han contribuido a la seguridad energética y a la mitigación del cambio climático.
La dimensión tecnológica y digital ha adquirido una relevancia primordial. Se ha establecido una red de 50 laboratorios conjuntos de innovación tecnológica entre China y países latinoamericanos, y se ha capacitado a más de 20 000 técnicos en áreas como 5G, inteligencia artificial y energías renovables (Tzili Apango & Patiño Orozco, 2024, p. 147). En el contexto del espacio, el programa China-Brasil de satélites de recursos terrestres (CBERS) ha facilitado el monitoreo ambiental y la gestión de desastres en toda la región, demostrando, así como la cooperación Sur-Sur puede generar bienes públicos regionales.
Según la perspectiva de la CEPAL, la IFR se presenta como una oportunidad histórica para la transformación productiva y una “inserción inteligente” de la región en las cadenas globales de valor. La organización subraya que, mediante la cooperación Sur-Sur horizontal y no condicionada, los países de ALC pueden reducir las asimetrías estructurales y avanzar hacia una economía digital y verde (CEPAL, 2024). Este enfoque se alinea con la postura oficial del Gobierno cubano, que identifica en la iniciativa china un impulso para el comercio inclusivo y una alternativa soberana frente a la inestabilidad de los mercados financieros tradicionales dominados por las potencias del Norte (Ministerio del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, 2022).
En última instancia, la integración de ALC en la IFR consolida la concepción de una comunidad de destino compartido, en la cual la sostenibilidad ambiental y la mitigación del cambio climático se erigen como prioridades compartidas. La implementación de proyectos hidroeléctricos de alta tecnología y la expansión de redes de energía limpia evidencian una congruencia entre la cooperación sino-latinoamericana y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (Oficina del Grupo Dirigente para el Fomento de la Construcción de la Franja y la Ruta, 2023). En este sentido, la región no se limita a ser un receptor pasivo de capitales, sino que se erige como un socio estratégico en la construcción de un orden internacional más equilibrado y multicéntrico, fundamentado en el beneficio mutuo y el progreso colectivo.
2.6. Enfoque en Cuba: proyectos concretos y avances bilaterales
La integración de América Latina y el Caribe (ALC) en la IFR ha representado un punto de inflexión en la conectividad global de la región, propiciando la superación del déficit histórico en infraestructura física. En el ámbito de la ingeniería y la infraestructura portuarias, se observa una tendencia hacia la implementación de proyectos de gran envergadura. Un ejemplo notable es el proyecto del puerto de Chancay en Perú, una terminal de aguas profundas de 3.500 millones de dólares, propiedad mayoritaria de COSCO Shipping Ports, inaugurada a finales de 2024.
Este puerto está concebido como un centro logístico regional destinado a reducir significativamente los tiempos de transporte marítimo hacia Asia, con la expectativa de reducir los plazos de entrega en aproximadamente 10 días, y puede recibir buques portacontenedores de hasta 18.000 TEU, superando las limitaciones del Canal de Panamá (Tian et al., 2025, p. 22). Este proyecto, junto con la modernización del puerto de Manta en Ecuador, sirve como un ejemplo ilustrativo de la creación de nodos estratégicos de infraestructura de calidad (Peters, 2021). En este sentido, las deliberaciones concernientes al Ferrocarril Bioceánico Central (o Corredor Logístico Brasil-China), de más de 3.750 kilómetros, buscan integrar las fachadas atlántica y pacífica, conectando las zonas agrícolas y minerales de Brasil con los puertos de aguas profundas del Pacífico peruano. Se espera que este corredor reduzca las emisiones del transporte en aproximadamente un 15 % y redirija el 30 % del comercio asiático de Brasil para 2030 (Tian et al., 2025, p. 22). Esta iniciativa propicia un desarrollo compartido que trasciende la mera exportación de materias primas y busca potenciar corredores de exportación más eficientes y competitivos.
La cooperación productiva ha experimentado una notable diversificación, orientándose hacia inversiones en sectores que exhiben una mayor densidad tecnológica. La diplomacia económica de China ha movilizado capitales hacia sectores como la minería crítica (como el litio en el denominado “triángulo del litio”, que comprende Argentina, Bolivia y Chile), la agroindustria y las manufacturas avanzadas, bajo un esquema de cooperación “ganar-ganar” que garantiza la transferencia de tecnología y el respeto a los marcos regulatorios nacionales (Comisión Económica para América Latina y el Caribe, 2024). Estas inversiones no solo aseguran el suministro de recursos estratégicos para la transición energética global, sino que promueven la creación de valor local y la capacitación de recursos humanos, elementos vitales de la diplomacia del conocimiento (Xue, 2022).
En línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la IFR ha impulsado una “Ruta de la Seda Verde” en la región. En 2024, más del 40 % de los proyectos de la IFR a nivel global priorizan energías renovables (Tian et al., 2025, p. 4). En Argentina, el Parque Solar Cauchari, la central fotovoltaica más grande de Sudamérica, entró en operación comercial en septiembre de 2020 con una generación anual superior al millón de megavatios-hora, suficiente para abastecer a 250.000 hogares (Tian et al., 2025, p. 16). El Proyecto de Transmisión de Ultra Alta Tensión (UHV) de Belo Monte en Brasil, construido y gestionado por State Grid Corporation of China, canaliza energía hidroeléctrica desde el norte al sureste, beneficiando a aproximadamente 22 millones de ciudadanos. En Bolivia, la planta de carbonato de litio liderada por una empresa china marca la entrada formal del país en la industrialización de litio de alto valor (Tian et al., 2025, p. 13).
La dimensión tecnológica y digital también ha sido prioritaria. La “Ruta de la Seda Digital” ha acelerado el despliegue de 5G en mercados clave como Brasil y Chile. Huawei Cloud lanzó su primera gran región de nube pública en Chile con una inversión inicial de aproximadamente 100 millones de dólares, consolidando al país como centro digital regional (Tian et al., 2025, p. 14). En Colombia, los proveedores de tecnología chinos han proporcionado soluciones innovadoras para zonas rurales, impulsando significativamente la cobertura de banda ancha móvil y reduciendo la brecha de acceso entre áreas urbanas y rurales (Tian et al., 2025, p. 14). Además, la colaboración espacial ha permitido el lanzamiento de satélites de comunicaciones en Venezuela (Venesat-1) y Bolivia (TKSAT-1), que llevan servicios de televisión, internet y telefonía a zonas remotas, fortaleciendo la autonomía nacional en telecomunicaciones (Tian et al., 2025, p. 23).
Según la perspectiva de la CEPAL, la IFR se presenta como una oportunidad histórica para la transformación productiva y una “inserción inteligente” de la región en las cadenas globales de valor. La organización subraya que, mediante la cooperación Sur-Sur horizontal y no condicionada, los países de ALC pueden reducir las asimetrías estructurales y avanzar hacia una economía digital y verde (CEPAL, 2024). Este enfoque concuerda con la postura oficial del Gobierno cubano, que identifica en la iniciativa china un motor para el comercio inclusivo y una alternativa soberana frente a la volatilidad de los mercados financieros tradicionales controlados por las potencias del Norte (Ministerio del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, 2022).
En última instancia, la integración de ALC en la IFR consolida la concepción de una comunidad de destino compartido, en la cual la sostenibilidad ambiental y la mitigación del cambio climático se erigen como prioridades compartidas. La implementación de proyectos hidroeléctricos de alta tecnología y la expansión de redes de energía limpia evidencian una congruencia entre la cooperación sino-latinoamericana y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (Oficina del Grupo Dirigente para el Fomento de la Construcción de la Franja y la Ruta, 2023). En este sentido, la región no se limita a ser un receptor pasivo de capitales, sino que se erige como un socio estratégico en la construcción de un orden internacional más equilibrado y multicéntrico, fundamentado en el beneficio mutuo y el progreso colectivo.
2.7. Dificultades, amenazas y retos
A pesar de los avances sustanciales en materia de conectividad global, la IFR se enfrenta a un entorno geopolítico complejo, caracterizado por la creciente hostilidad de los centros de poder tradicionales. El desafío externo más significativo se centra en las narrativas de desinformación, tales como la denominada “trampa de la deuda”, empleada por potencias occidentales con el propósito de erosionar la cooperación beneficiosa para ambas partes y la diplomacia económica china. No obstante, los datos oficiales revelan que la deuda externa de los países en desarrollo con China representa menos del 10 % del total global. Las instituciones multilaterales y los acreedores privados de Occidente constituyen los principales tenedores de deuda, lo que sugiere que el desafío no radica en el financiamiento chino en sí mismo, sino más bien en las estructuras financieras desiguales heredadas del orden anterior (Banco Mundial, 2023).
En el ámbito operativo, asegurar una infraestructura de calidad en escenarios de inestabilidad política regional constituye una amenaza persistente para la sostenibilidad de los proyectos. La volatilidad macroeconómica y las fluctuaciones en los gobiernos de algunos socios de América Latina han ocasionado una disminución en la implementación de corredores estratégicos, lo que ha planteado la necesidad de una mayor flexibilidad en los instrumentos financieros y una profundización en la cooperación Sur-Sur horizontal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe, 2024). Para Cuba, el desafío primordial radica en la persistencia del bloqueo económico impuesto por el gobierno de los Estados Unidos de América, que mediante la imposición de sanciones de carácter coercitivo y unilaterales, dificulta la fluidez en los pagos internacionales y el acceso a suministros indispensables para la implementación de proyectos de envergadura nacional, limitando así el alcance completo del desarrollo compartido (Rodríguez, 2021).
La dimensión de la sostenibilidad también presenta desafíos técnicos significativos en la transición hacia una “Franja y Ruta Verde”. La implementación de estándares ambientales elevados requiere una transferencia de tecnología más acelerada y una diplomacia del conocimiento que capacite a las fuerzas locales para gestionar infraestructuras complejas de energía renovable. La disparidad entre la magnitud de los proyectos y las capacidades técnicas locales puede originar cuellos de botella que repercutan en la eficiencia de la conectividad digital (5G y fibra óptica) y la reducción de asimetrías productivas, particularmente en naciones con infraestructuras preexistentes obsoletas (Xue, 2022).
Finalmente, la edificación de una comunidad de destino compartido se enfrenta al desafío que supone la fragmentación del comercio global y el proteccionismo creciente. En este sentido, la IFR debe navegar en un sistema internacional en el que la “securitización” de la economía intenta frenar el comercio inclusivo y la diversificación de exportaciones del Sur Global (Oficina del Grupo Dirigente para el Fomento de la Construcción de la Franja y la Ruta, 2023). Ante estas amenazas, la respuesta estratégica coordinada entre China y sus socios, como Cuba, se centra en fortalecer la resiliencia mediante acuerdos de beneficio mutuo y el estricto respeto a la soberanía, garantizando que la iniciativa mantenga su esencia como un proyecto civilizatorio inclusivo y no se convierta en una herramienta de confrontación (Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Popular China, 2023).
3. Posibles escenarios para la próxima década
Al proyectar el devenir de la Iniciativa de la Franja y la Ruta hacia el horizonte 2030-2035, se identifican tres trayectorias fundamentales que determinarán la evolución de este proyecto civilizatorio.
Escenario base: Consolidación y maduración de la red global
Este escenario contempla una estabilización de la conectividad global mediante la finalización de los grandes corredores ya iniciados, con una transición definitiva de la expansión extensiva hacia la infraestructura de calidad. Se prevé que la IFR se institucionalice como una red de gobernanza multinivel en la que la diplomacia económica priorice la efectividad de las inversiones y la sostenibilidad fiscal de los países receptores. En este contexto, la cooperación triangular -que implica la participación de organismos internacionales o terceros países en proyectos de desarrollo- adquirirá una relevancia significativa para validar los elevados estándares ambientales y sociales de la iniciativa, fortaleciendo el principio de beneficios mutuos y reduciendo las fricciones con otros marcos de cooperación internacional. Para América Latina y el Caribe, este escenario implicaría la finalización de los corredores bioceánicos y la consolidación de los nodos logísticos existentes, como el puerto de Chancay en Perú y el Ferrocarril Bioceánico Central.
Escenario de aceleración: Salto cualitativo verde y digital
En consonancia con una lógica de respuesta proactiva a la crisis climática y la cuarta revolución industrial, este escenario vislumbra un impulso masivo a la denominada “Ruta de la Seda Verde” y la “Ruta de la Seda Digital”. La transferencia de tecnología en sectores como el 5G, la inteligencia artificial y las energías renovables se convertiría en el núcleo de la cooperación Sur-Sur, permitiendo que países como Cuba logren un salto tecnológico soberano. La ampliación de los instrumentos financieros, incluyendo un mayor uso de bonos verdes y la expansión de los fondos de inversión productiva, facilitaría un comercio inclusivo de alta tecnología, acelerando la reducción de asimetrías productivas y consolidando la comunidad de destino compartido a través de una integración digital y energética sin precedentes. En la práctica, este escenario ya se vislumbra con el creciente peso de las energías renovables en la cartera de proyectos chinos en la región (más del 40 % de los proyectos de la IFR a nivel global) y la expansión de los centros de datos regionales de Huawei Cloud.
Escenario de desafíos: Resiliencia ante la fragmentación geopolítica
Este escenario reconoce la persistencia de tensiones geopolíticas y tentativas de “desacoplamiento” que podrían imponer restricciones financieras y críticas externas sobre la IFR. Ante este desafío, la propuesta implica una profundización en los principios de horizontalidad y transparencia, así como un fortalecimiento de los mecanismos de diálogo multilateral, tales como el Foro de la Franja y la Ruta. La respuesta estratégica se centraría en la diplomacia del conocimiento para contrarrestar narrativas de exclusión, asegurando que el desarrollo compartido se mantenga protegido frente a sanciones coercitivas. Para el caso particular de Cuba, este escenario conlleva una profundización en su asociación con China como garante de su soberanía, mediante el uso de la IFR para la diversificación de sus vínculos económicos y la resistencia a las presiones externas a través de una integración más estrecha en los flujos comerciales del Sur Global. Los autores del estudio sobre la IFR en América Latina coinciden en que la capacidad de adaptación de la iniciativa -evidenciada por su transición hacia bonos verdes y alianzas público-privadas- será clave para mantener su relevancia en un entorno global cada vez más fragmentado.
4. Conclusiones: Hacia un futuro compartido
La IFR se ha consolidado, tras más de una década de implementación, como un modelo paradigmático de cooperación ganar-ganar que trasciende la lógica de la asistencia tradicional. Este proyecto civilizatorio ha demostrado una capacidad excepcional para articular la conectividad global mediante la integración de infraestructuras físicas y digitales, dinamizando el comercio inclusivo y revitalizando la solidaridad bajo principios de horizontalidad. La evidencia empírica proveniente de América Latina y el Caribe confirma que la IFR está contribuyendo efectivamente a la reducción de asimetrías estructurales y al fortalecimiento de la autonomía de los países en desarrollo. La IFR, fundamentada en la no condicionalidad y el estricto respeto a la soberanía, se presenta como una alternativa viable a la gobernanza económica mundial, permitiendo que las naciones del Sur Global participen en un esquema de beneficios mutuos que no compromete su autonomía política ni sus modelos de desarrollo nacionales.
Para Cuba y la región latinoamericana, la IFR representa una oportunidad estratégica de primer orden para superar las asimetrías estructurales que históricamente han limitado su crecimiento. El acceso a fuentes de financiamiento alternativas, mediante la diplomacia económica y sus instrumentos financieros, facilita la ejecución de proyectos emblemáticos de infraestructura de calidad que son fundamentales para la transformación productiva soberana. En el contexto cubano, el acercamiento a China ha propiciado avances en materia de seguridad energética y desarrollo de la sociedad digital, mediante la transferencia de tecnología y la diplomacia del conocimiento como mecanismos para mitigar los efectos de las medidas coercitivas externas y fomentar un desarrollo compartido.
En lo que respecta al futuro, la IFR se plantea la proyección de la IFR hacia su segunda década de funcionamiento como una plataforma en constante evolución, con la necesidad imperante de profundizar su carácter inclusivo, ecológico y digital. La transición hacia una “Franja y Ruta de alta calidad” requiere un compromiso renovado con la sostenibilidad ambiental, la economía circular y la mitigación del cambio climático, garantizando que la conectividad global sea compatible con la preservación del ecosistema planetario. En última instancia, el éxito continuado de esta iniciativa dependerá de su capacidad para seguir fomentando una comunidad de destino compartido, donde la cooperación científica y la integración económica sirvan como cimientos para un orden mundial multipolar, próspero y equitativo.
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