Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

martes, 19 de julio de 2016

La desaparición de la URSS 25 años después: Algunas reflexiones (VI y final)


Como se ha señalado en trabajos anteriores, la desaparición del socialismo en la URSS fue motivada por múltiples causas, que se engendraron durante un largo período de tiempo y donde el papel de las diferentes personalidades políticas en su devenir histórico contribuyó de diversa forma al desenlace final.

Un primer factor esencial en el derrumbe fue la ausencia de una verdadera cultura socialista, lo que no aseguró la motivación ideológica capaz de lograr que el hombre identificara su proyecto de vida personal con los intereses más altos de la sociedad, lo que a su vez suponía la participación democrática y consciente del mismo en la toma de decisiones apropiadamente consensuadas entre todos sus miembros. (1)

Un elemento clave para entender la complejidad de la situación lo destacaba Lenin en sus últimos escritos cuando se señala que el reto esencial era, lograr más eficiencia en la empresa comunista en relación a la capitalista, sobre lo que se apuntaba “…o pasamos esta prueba con el capital privado o fracasamos por completo. Para ayudarnos a salir bien de esta prueba tenemos el poder político y una serie de diversos recursos económicos y de otro tipo; tenemos todo lo que quieran, menos capacitación (…) lo que nos falta es cultura en el sector de los comunistas que desempeñan funciones de dirección.” (2)

Esa cultura –que puede también entenderse como el conocimiento indispensable para construir el socialismo- nunca se logró crear plenamente. En su lugar frente a las inevitables contradicciones de este proceso, surgió la imposición autoritaria y la represión del disenso por parte de una élite dirigente divorciada de las masas y burocratizada hasta la médula que olvidó las enseñanzas de Lenin, cegó las potencialidades del socialismo como sistema y contribuyó al colapso de ese modelo.


Foto poco conocida. Stalin (al centro, con chaqueta blanca). A su lado, Trostky (con gafas) en Moscú. Foto: AP

Tras la muerte de Lenin “Stalin fue el rostro visible y la figura representante de la nueva capa dirigente que fue rompiendo gradualmente vínculos con la dirección genuinamente revolucionaria (con mayor énfasis después de la muerte de Lenin), y se fueron deshaciendo de los mecanismos endebles de control político de las masas.” (3)

“A los cargos administrativos principales fueron ascendiendo figuras de relieve secundario dentro de la revolución, motivado esto, entre otros factores, porque muchos antiguos combatientes perecieron durante la contienda civil, o se iban separando de las masas con promociones o cargos de menor relevancia, o porque sencillamente el cansancio de los duros años de combate y las circunstancias hostiles en que se vivía hacían mella en la resistencia de algunos hombres. Esta fue una de las fuentes de donde se nutrió la casta en gestación.” (4)

A lo anterior se sumaría la tradición burocrática del estado zarista, muchos de cuyos integrantes fueron utilizados como personal técnico especializado, pero que también portaron el germen del proceso de burocratización del estado socialista desde el inicio mismo de la Revolución.

En ese contexto, la imposición de decisiones desde los niveles superiores de dirección, sin gestar el apoyo político indispensable para su aplicación, condujo a fenómenos como la colectivización forzosa de la tierra a inicios de los años 30 y a un proceso de industrialización a marchas forzadas, que dejó sus huellas en más de una generación de soviéticos.

Adicionalmente y al contrario de lo ocurrido bajo la dirección de Lenin –que siempre, aun en las circunstancias más difíciles estimuló el debate interno sobre diversos aspectos de la construcción socialista-, en los años 30 Stalin enfrentó la oposición a sus ideas y para ello desató un proceso de purgas internas dentro del propio aparato del partido y el estado soviético que llevó a la liquidación físicamente de su dirección histórica, proceso que culminaría con el asesinato de Trotsky en México en 1940.

Aún hoy cuesta trabajo evaluar el enorme impacto negativo que estos procesos tuvieron para la dirección de la Unión Soviética (5), la construcción del socialismo y las ideas del marxismo en general.

Estas tendencias negativas solo fueron críticamente analizadas de forma parcial por la dirección del PCUS durante un corto período de tiempo –de 1956 a 1961- y los efectos de los errores cometidos no fueron superados por los sucesivos gobiernos soviéticos que existieron hasta la desaparición de la URSS en 1991.

No obstante, si bien los aspectos políticos tuvieron un peso decisivo en la evolución del socialismo soviético, también los errores en el ámbito de la economía tendrían una significativa participación en la misma. En este caso se trata especialmente de la incorrecta interpretación de las relaciones monetario-mercantiles y el papel del mercado en el socialismo, al asimilarlos como una simple técnica para la asignación óptima de recursos en la microeconomía, lo que –al generalizarse- dio pie al llamado socialismo de mercado, que generó un impulso a tendencias economicistas y tecnocráticas, dejando a un lado la necesidad indispensable de compensar los negativos efectos sociales de la economía mercantil.

Otros muchos errores derivaron de estas causas esenciales. Entre ellos cabe señalar la subestimación del consumo; el atraso secular de la producción agropecuaria; la compartimentación de la ciencia limitada al ámbito del complejo militar-industrial, no aplicando sus resultados a la producción y los servicios de la esfera civil; y la expansión excesivamente gravosa del gasto militar.

Los métodos de dirección aplicados y sus efectos nocivos propiciaron también la aparición de la corrupción, el enriquecimiento ilícito y la expansión de la economía sumergida en la sociedad soviética, especialmente en los últimos 20 años de su existencia. A ello se sumaría una conciencia social penetrada por prácticas consumistas y la ausencia cada vez mayor, de un compromiso real con la sociedad socialista entre una parte creciente de la población.

Sin embargo, a pesar de todos los errores y contradicciones, la sociedad soviética mostraría avances incuestionables que elevaron el nivel de vida y la fortaleza del estado soviético en base al enorme esfuerzo de su pueblo.

El riesgo de la simplificación en los análisis de procesos históricos tan complejos siempre ha estado presente. Es por eso indispensable en este punto señalar que en la interpretación de la historia del llamado socialismo real, la mayoría de los análisis contrastan lo ocurrido con lo que teóricamente debía haber sucedido, a lo que se añade la tendencia de muchos autores a no tomar en consideración las condiciones en que transcurrieron realmente esos procesos y su impacto en el desarrollo de los pueblos, al compararlos con la alternativa que hubiera ofrecido el capitalismo para su desarrollo.

Ciertamente no se trata de justificar a posteriori los resultados del experimento socialista soviético a toda costa, pero muchas veces se expresan criterios que únicamente reflejan los ángulos más oscuros del socialismo y se desecha hasta el más modesto reconocimiento a lo que puede haber dejado de positivo esta experiencia.

En este sentido, además de considerar todas las agresiones que debieron enfrentar el pueblo soviético y sus dirigentes, no es posible olvidar que las nuevas relaciones sociales a crear debían ser conscientemente asumidas por los trabajadores, en un proceso de acelerada adquisición de conocimientos y asimilación crítica de la realidad, que suponía simultáneamente la superación de los hábitos de la sociedad mercantil y la implantación de la solidaridad social.

Este proceso –inédito en la historia- suponía un desarrollo político e ideológico de adaptación a las nuevas condiciones sociales que no podía transcurrir sin atravesar complejas circunstancias y profundas contradicciones, especialmente si se tiene en cuenta la tradición que durante siglos llevó al ser humano a enfrentarse a sus semejantes para lograr la supervivencia.

En la medida en que los factores subjetivos no se desarrollaron suficientemente como para permitir una comprensión de esta compleja transición, fue hasta cierto punto lógica la aceptación primero y la asimilación acrítica después de todo el arsenal de ideas del sistema capitalista, cuyas armas melladas –como había advertido el Che- no podían servir para la construcción de la nueva sociedad.

La visión política y el coraje necesario para transitar hacia el socialismo en medio de las enormes dificultades que este proceso planteaba, se expresó claramente en las valoraciones de Lenin y los compañeros bolcheviques que siguieron sus huellas. Pero su genialidad y sacrificio no los eximió de cometer errores, a lo que se sumaría después la debilidad humana de los dirigentes que a nombre del socialismo no pudieron o no quisieron desarrollar sus potencialidades como sociedad superior en la lucha entre los dos sistemas.

Solo faltaría la gestión de una persona como Mijail Gorbachov, que combatiendo supuestamente las deformaciones del socialismo soviético, terminó alimentando las tendencias anticomunistas y pro capitalistas presentes en la dirección del país, contribuyendo así decisivamente a la aceleración del proceso de destrucción de la URSS.


Mijail Gorbachov, quien cumplirá 85 años en marzo próximo, visitó recientemente el Kremlin. Foto: Ivan Sekretarev/ AP)

II

Al producirse la desaparición oficial de la URSS en diciembre de 1991, una parte de los antiguos dirigentes del PCUS –en los que se sintetizaron muchas de las carencias y errores del socialismo soviético- pasaron a encabezar la transición al capitalismo al frente de los nuevos estados que surgieron entonces.

Fueron los casos de Boris Yeltsin en Rusia, que gobernó el país entre 1991 y 1999; Islam Karimov, que preside Uzbekistan desde 1992 y hasta el presente; y Nursultan Nazarbaev que ha presidido Kazajstan en ese mismo período. También la continuidad de antiguos dirigentes soviéticos ocurrió en los casos de Azerbaiyan con Gueidar Aliyev, que fue dirigente del país entre 1993 y 2003; en Kirguiztan donde Askar Akayev gobernó el país entre 1990 y 2005 y en Georgia con Edward Shevardnadze, que fue presidente entre 1992 y 2003.

En el caso de Rusia el gobierno de Yeltsin no solamente se caracterizó por la aplicación de una terapia de shock de un enorme costo económico y social para el pueblo ruso, sino que dio lugar a lo que algunos autores han denominado como el “capitalismo delincuencial” o “capitalismo criminal”, considerando su actuación al margen de la ley y su estrecha vinculación con la oligarquía o la mafia rusa.

La actividad de los grupos mafiosos se manifestó claramente a través de connotaros escándalos durante los años 90 y varios de sus principales representantes ocuparon posiciones oficiales de importancia. Nombres como Boris Berezovski, Mijail Khodorkovski, Vladimir Potanin, Roman Abramovich, Vladimir Gussinski y Oleg Deripaska son representativos de la nueva oligarquía rusa integrada por personas que se enriquecieron rápidamente mediante la corrupción, el soborno y el crimen, ocupando además personalmente cargos de importancia en el aparato estatal.

Si alguna prueba resultase necesaria para demostrar lo que del socialismo se perdió en sus 74 años de existencia de la URSS, bastaría con examinar los resultados de la proclamada transición al capitalismo real.

En efecto, la desaparición del socialismo como sistema no produjo un avance en el desarrollo de la sociedad, sino todo lo contrario. Todas las repúblicas que integraban la URSS –en diferente medida- transitaron hacia el más brutal modelo neoliberal, cuyos costos y consecuencias aún hoy se están pagando.

Baste señalar que solamente en Rusia durante los años 90 no se logró recuperar el nivel del PIB de 1991 –esto solo se alcanzaría en el 2004, 13 años después-; se redujo la población de 148 a 140 millones de habitantes; la esperanza de vida entre los hombres bajó de 65,5 a 57,3 años; emigraron más de 200 000 científicos a Occidente; el salario real bajó un 68,3% y las pensiones mínimas reales un 67%; el coeficiente GINI –que mide la desigualdad en la distribución de ingresos- subió de 0,27 0,48; el rublo –que antes de 1991 se cotizaba por encima del dólar de EEUU-, hoy un dólar equivale a 64 246 rublos de aquel entonces; a finales de los años 90 se calculaba que el 50,3% de la población estaba en la pobreza, en tanto que la tasa de homicidios se triplicó y Rusia se ubicaba entre los 20 países más corruptos del mundo.

A pesar de haber ganado las elecciones de 1996 –destacadas como fraudulentas por todos los observadores- el desgaste político de Yeltsin se aceleró, a lo cual contribuiría la crisis económica de agosto de 1998, que marcó el punto más bajo en el desempeño de la economía rusa postsoviética, a lo que se sumó el deterioro de la propia salud del mandatario. De tal modo, en agosto de 1999 Yeltsin nombró primer ministro a Vladimir Putin.

Putin provenía de los servicios de inteligencia soviéticos, donde alcanzó el grado de teniente coronel. Entre 1991 y 1996 trabajó en el equipo de Anatoli Sobchak, alcalde de San Petersburgo. En 1996 se trasladó a trabajar en la administración del Kremlin y en julio de 1998 fue nombrado jefe del Servicio Federal de Seguridad.

La selección de Putin para suceder a Yeltsin sorprendió a muchos analistas. A pesar de no haber figurado hasta entonces en el centro de la política rusa, mostró capacidad dar continuidad y –al mismo tiempo- desarrollar múltiples iniciativas para recuperar la indispensable estabilidad del país y comenzar una gradual recuperación de su economía.

En cuanto a las estructuras políticas, en el 2001 Putin fundó el partido Rusia Unida que desde entonces ha mantenido mayoría de votos en el parlamento ruso, permitiéndole gobernar –junto a Dimitri Medvedev- sin grandes dificultades internas.

Durante su mandato –y especialmente a partir del 2007- las posiciones nacionalistas de Putin se han ido fortaleciendo, enfrentándose son mayor fuerza a los intereses hegemónicos de Occidente y prestando especial atención a la recomposición del poderío militar del país. Todo ello le ha valido un gran apoyo popular, con políticas que también han mejorado gradualmente las condiciones de vida de la población.

Actualmente los indicadores socioeconómicos de Rusia no muestran los desastrosos resultados de la época de Yeltsin, pero aun la economía no ha cambiado en lo esencial su estructura productiva y las crisis impactan en la misma con mayor fuerza en relación a otros países desarrollados. Se trata así de una sociedad capitalista “de segundo orden” a la que –además- en el orden militar Estados Unidos busca destruir.

Lea los artículos previos

La desaparición de la URSS 25 años después: Algunas reflexiones I, II,III, IV, V

Notas

[1] Para este trabajo el autor se ha apoyado en el capítulo I de su libro “El derrumbe del socialismo en Europa” Ruth Casa Editorial y Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2014 y en el ensayo “La perestroika en la economía soviética (1985-1991)” incluido en el libro de Serguei Glazov, Kara-Murza y Batchikov “El Libro Blanco de las reformas neoliberales en Rusia. 1991-2004” Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2007. También se recomienda el capítulo I del libro de Ariel Dacal y Francisco Brown “Rusia Del socialismo real al capitalismo real” Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2005, así como los capítulos 4 y 5 del libro de Roger Keeran y Thomas Kenny “Socialismo Traicionado. Tras el colapso de la Unión Soviética 1917-1991” Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2013.

[2] V.I. Lenin “Informe político al undécimo congreso del partido” en La última lucha de Lenin. Discurso y escritos (1922-1923) Editorial de Ciencias Sociales, La Habana 2011, pp. 55 y 69.

[3] Lenin había percibido los peligros que entrañaba la personalidad de Stalin y desde su lecho de enfermo se pronunció al escribir: “Stalin es demasiado rudo, y este defecto, aunque del todo tolerable en nuestro medio y en las relaciones entre nosotros, los comunistas, se hace intolerable en el puesto de secretario general. Por eso propongo a los camaradas que piensen en una manera de relevar a Stalin de ese cargo y designar en su lugar a otra persona que en todos los aspectos tenga sobre el camarada Stalin una sola ventaja: la de ser más tolerante, más leal, más cortés y más considerado con los camaradas, menos caprichoso, etc.” V.I. Lenin Carta al congreso del partido, Op. Cit. pp. 232-233. Desde luego en ese documento Lenin se pronunciaría también críticamente sobre otros miembros del buró político, pero alertando especialmente sobre el peligro de escisión por el enfrentamiento entre Trotsky y Statin, cosa que la historia se encargaría de confirmar poco tiempo después.

[4] Dacal y Brown Op. Cit, pp. 4 y 5.

[5] Baste el siguiente ejemplo “El Comité Central del Partido Comunista electo en 1934 tenía 71 miembros. A principios de 1939 quedaban 21. Tres murieron de muerte natural, uno (Serguei Kirov) fue asesinado, otro se suicidó, 9 fueron reportados como fusilados y otros 36 desaparecieron.” G.D.H. Cole Historia del Pensamiento Socialista Tomo VII Socialismo y Fascismo 1931-1939, Fondo de Cultura Económica, México 1963, p. 233.

Las MIPYMES y el desarrollo

Tania Chappi Docurro

Lugar: 
Centro Cultural Fresa y Chocolate
Moderador: 
Foto: Revista Temas
Sin dudas aprendí bastante y disfruté el más reciente debate organizado por la revista Temas en la sala Fresa y Chocolate, del ICAIC. Debo agradecerlo al excelente grupo de expertos reunido. Sus integrantes no solo dominan aristas diversas del asunto en cuestión, también poseen enfoques diferentes en ciertos aspectos. Luis Marcelo Yera, del Instituto Nacional de Investigaciones Económicas (INIE); Vivian Hernández Torres, abogada, secretaria de la Sociedad Cubana de Derecho Constitucional y Administrativo, de la Unión Nacional de Juristas de Cuba;  Humberto Blanco, director del Centro de Estudios de la Economía Cubana; y Alfredo Rosales, diseñador y líder del proyecto Habana Estampa, igualmente mostraron una virtud muy apreciada en esta clase de encuentros: capacidad para no desviarse hacia asuntos colaterales.
A reflexionar en torno al concepto y la implementación de las PYMES, en el capitalismo y el socialismo, los instó Raúl Garcés, subdirector de Temas y esta vez el moderador de UJ. Consecuentemente, el investigador del INIE se remontó a la génesis del término: el Informe Bolton (Gran Bretaña, 1971) por primera vez identificó esa parcela de la economía y consideró relevantes a las desde entonces denominadas “pequeñas empresas”. A partir de él varias naciones desarrolladas, como la mencionada Gran Bretaña, los Estados Unidos y Japón, comenzaron a apoyarlas. Hoy las MIPYMES (micro, pequeños y medianos negocios) se multiplican en el orbe; a pesar de ello, no existe un consenso internacional —otros panelistas coincidieron después con este criterio— en cuanto a una definición exacta, “cada país establece sus propios tramos de tamaños de empresas”. Predominan los que para clasificarlas apelan al número de empleados y el volumen de las ventas; otros añaden los activos. Incluso algunos las agrupan según las actividades realizadas: industriales, servicios, construcción, agricultura…
“En el campo socialista —prosiguió Luis Marcelo Yera— había asimetrías en las políticas hacia ese sector. La Unión Soviética nada más reconocía como ajenos a la gran empresa estatal, las cooperativas agrarias y los trabajadores a los que yo llamo de la propiedad privada individual, o sea, el verdadero cuentapropista. Hungría y Checoslovaquia exhibían mayor diversidad”, pero sin dejar de ser limitada. Actualmente el INIE finaliza un estudio cuyo objetivo es proponer una clasificación —todavía ausente— para las MIPYMES cubanas, necesaria en la jurisprudencia y en la concepción de políticas públicas dirigidas a ellas.
Alfredo Rosales expresó que como artista plástico, o diseñador, si el Fondo Cubano de Bienes Culturales lo autoriza a crear un taller e importar los equipos correspondientes, el nombre que le asigna es el de artista líder. Su grupo pudiera considerarse una pequeña empresa, pues  genera capital, es rentable y satisface una necesidad social. Sin embargo, no recibe ese tratamiento por parte del FCBC. “En realidad no sé si soy el dueño. Me cuesta trabajo verlo de esa manera, porque no sé si está bien o no creerlo —tal vez sea un tabú—, y si en términos legales, jurídicos, lo puedo afirmar”. 
¿Disponemos de legislaciones que permiten hablar de PYME en el caso de Habana Estampa? ¿Cómo dialogamos los cubanos con el entorno jurídico foráneo?, inquirió Raúl Garcés.
Según la abogada, aquellas naciones interesadas en proteger las pequeñas, medianas y microempresas, han instaurado marcos regulatorios que buscan promover su inserción en un contexto económico muy competitivo, donde de inicio participan con desventaja, pues no tienen acceso a tecnologías y otras facilidades privativas de la gran empresa. Para ello se  les procura  financiamientos en términos de préstamos blandos, y consultorías de mercadotecnia y otras materias. En los actuales Estados socialistas el enfoque es heterogéneo. “China ostenta una legislación algo difusa en materia de PYMES; pero una política muy bien definida acerca de su inserción en la economía”. Hoy se promueve, tanto allí como en Viet Nam, el vínculo entre ellas y homólogas europeas. “Cuba padece de anomia en cuanto a las MIPYMES: no poseemos ninguna regulación. Estamos frente a un problema de facto y de jure; el hecho dice que tales empresas existen en la Isla; sin embargo, el derecho hace oídos sordos a esta situación”. De cierta forma la legislación ha facilitado su nacimiento, porque a la vez que un trabajador por cuenta propia ha sido facultado para contratar a otros, se convierte en empleador, y el contratado pasa a ser un asalariado. Tal práctica representa una peculiaridad ya que “en ningún lugar del mundo el emprendedor individual —como se conoce a quienes nosotros llamamos cuentapropistas— puede emplear a nadie; él trabaja por sí solo y determinadas legislaciones y políticas públicas lo benefician”. Aquí, por lo general, se ven limitados a su propia iniciativa. Actúan, “como suele decirse, a la buena de Dios, en muchos casos sin asesoramiento técnico para el desarrollo de sus negocios”, aseveró Vivian Hernández.
Una microempresa en Ecuador está limitada a nueve empleados; en México se aceptan diez, y en Brasil dentro de las MIPYMES califican las que facturan hasta treinta y cinco millones de dólares. Los Estados Unidos y Canadá admiten quinientos trabajadores en una mediana empresa. Es decir, los indicadores que tipifican los negocios en un lugar u otro tienen mucho que ver con el sector en cuestión y las características específicas de cada país, opinó Humberto Blanco. E insistió en que si se toma en cuenta solo el tamaño, la clasificación no estaría relacionada con el tipo de propiedad, por lo tanto sería válido hablar de MIPYMES estatales. Luego añadió: la posibilidad de que un cuentapropista contrate fuerza de trabajo significa una contradicción con la cual hemos convivido; ahora empiezan a avizorarse soluciones, mediante el acto de legitimar la pequeña empresa privada, a partir del documento que recoge la propuesta de conceptualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista.
Foto: Revista Temas
Problemáticas del presente y miradas al futuro
Seguidamente el moderador invitó a meditar sobre las siguientes cifras e  interrogantes: de acuerdo con un artículo de laRevista Cubana de Economía Internacional, en Japón 99% de sus empresas se catalogan como PYMES, en Reino Unido alcanzan 80%, y hay trece millones de negocios similares en la India; a principios de 2014, más de 98% de las empresas de la Unión Europea lo eran; las autoridades de Sudáfrica colocan en ese rango 91% de las entidades que allá generan empleo formal. ¿Cuál es el peso de las MIPYMES en Cuba? ¿Qué faltaría para que la empresa de Alfredo y otras muchas ocupen el lugar al que podrían aspirar? 
“En la Isla no aplicamos indicadores de peso, como el volumen de ventas o el número de trabajadores, para obtener datos sobre todos los actores económicos existentes en el país; eso impide una ponderación real de qué papel juega cada uno”, explicó Luis Marcelo Yera. Empero, las estadísticas recogen la cantidad de personas jurídicas, o naturales, facultadas para poseer una licencia de trabajo. Hasta el momento aparecen registrados más de setecientos mil negocios no estatales, conformados por trabajadores por cuenta propia, las cooperativas agropecuarias y las creadas en otros sectores, los usufructuarios de tierras y los campesinos. Estamos a tono con el mundo, 99,6% de las personas jurídicas y naturales cubanas autorizadas se hallan vinculadas a ese ámbito (no obstante, el peso de la empresa estatal es inmenso, ya que posee más personal y volúmenes de ventas). “En cifras nos encontramos en similar posición que Japón,  ahora bien, andamos muy lejos en lo referido a la calidad de ese tejido empresarial”.
No considera apropiado el disertante que las PYMES formen parte de entidades mayores. Por el contrario, “necesitan independencia”. Para él, además, reconocer legalmente su existencia y garantizar su avance y autonomía significa “respetar una ley marxista —omitida por la economía política del socialismo que se generó en la Unión Soviética—, la del cambio gradual de las formaciones económico-sociales”; ella declara que “todo proceso de desarrollo debe contemplar residuos del pasado, bases del presente y gérmenes del futuro. China y Viet Nam lo están teniendo en cuenta y han promovido enormemente sus PYMES”.
Al decir de Vivian Hernández, en la conceptualización que propone el PCC se trazan las líneas básicas de las futuras PYMES cubanas. Al respecto, “tres de sus párrafos son cardinales. Uno las enmarca en la propiedad privada, categoría desaparecida de nuestra legislación desde hace años, para ello se impone, como fue anunciado en el Congreso del Partido por el Primer Secretario, una reforma constitucional; porque estas nuevas formas de propiedad tienen ante todo que ser insertadas en la Constitución, y como se trata de cuestiones fundamentales, los cambios necesitan ser llevados a un referendo popular. En segundo lugar, el documento estipula que podrán ser una empresa familiar o una MIPYME reconocida como persona jurídica, y que la ley establecerá los tramos de micro, pequeña y mediana empresa, de acuerdo con la cantidad de trabajadores y el volumen de las actividades. Y en el acápite 183 dice: las PYMES desarrollarán actividades complementarias de mediana o inferior escala que tributan al desarrollo local y a encadenamientos productivos con empresas principales; presupongo que se refiere a los otros actores: el sector mixto, el cooperativo o el estatal”.
Mediante el relato de experiencias personales, Alfredo Rosales ejemplificó problemáticas cotidianas en la gestión de los emprendedores particulares. Para comenzar, él no puede importar absolutamente nada sin el permiso del Fondo de Bienes Culturales. Y tanto este como la Fundación Caguayo, el otro representante de Habana Estampa, “prohíben que iniciemos la producción de cualquier trabajo si ellos no han firmado primero el contrato, como una forma de protegernos; pero nosotros no podemos esperar por eso buena parte de las veces, a causa de que los clientes quieren pagar y tener una satisfacción sin demoras”. Y las demoras menudean en ambas instituciones. Por consiguiente, lo primero que necesita ese grupo y otros similares es una gestión legal verdaderamente representativa y fluida en cuanto a la contratación y la protección de sus intereses. Al mismo tiempo precisan otro sistema de suministros, pues carecen de acceso a ventas mayoristas, no tienen permitido comprarlos a extranjeros y el precio al que se los dan los comercios nacionales —en ocasiones varias veces más alto— vuelve poco competitivo el producto o servicio por realizar, una vez añadido al precio final el gravamen establecido por la ONAT, más una ganancia mínima. “El tercer aspecto es el pago de los impuestos. El Estado nos dice que justifiquemos hasta 25% de los gastos, a mí me gustaría justificar 100%”, eso implicaría poder pagar el impuesto tomando como base las utilidades reales y no, como sucede ahora, a partir del 75% no justificado. Igualmente el sector no estatal, continuó Rosales, necesita “una legislación que establezca derechos, deberes, atribuciones, penalizaciones”.
Tras manifestar que a escala internacional todos coinciden en la capacidad de las MIPYMES para generar empleo y ocupar espacios no satisfechos por otras empresas, ya que generalmente poseen mayor flexibilidad y velocidad de respuesta ante el surgimiento de determinadas demandas del mercado —aunque todavía en varias latitudes su aporte al PIB no es significativo—, Humberto Blanco aludió al contexto cubano: a inicios del proceso de actualización del modelo económico se estimó que el sector no estatal —cooperativas y trabajadores por cuenta propia— podía llegar a representar 35% o 40% del empleo. En este momento, según el Anuario Estadístico, ya ha alcanzado 30%, y pudiera ser más alto, debido a que algunos empleados estatales a la par ejercen otras actividades. Sin embargo, “¿queremos empresas únicamente garantes de empleo —más o menos digno—, o agentes económicos con mayor contribución al desarrollo económico y social del país? Ese es uno de nuestros grandes retos”, en un contexto caracterizado por problemas como la dualidad monetaria, la tasa de cambio, la inadecuada formación de precios, los cuales repercuten en los resultados de todo el tejido empresarial.
Los cambios necesarios van desde instituir el registro de empresas hasta una ley que las tipifique e incluya sus atribuciones, derechos, obligaciones, prohibiciones, y cómo se constituyen y extinguen. Ese marco regulatorio haría frente a las actuales inconsistencias y coadyuvaría a liberar las fuerzas productivas. Las transformaciones se extenderían al mercado mayorista y al otorgamiento de las licencias, elemento también primordial, pues “la migración de fuerza de trabajo calificada hacia actividades de bajo valor agregado, pero con mayores incentivos en lo individual, provoca que se subutilice lo invertido por el país en la formación del potencial humano, cuyo aprovechamiento eficaz es una de las claves para el desarrollo”, razonó el ponente. Urge asentar las relaciones entre las diversas modalidades de empresas, en igualdad de condiciones; y que las instituciones de apoyo cumplan eficientemente su cometido, por ejemplo, no resulta suficiente lo instrumentado por el sistema bancario para interactuar con las MYPIMES, cuyo financiamiento aún recae mayormente “en las remesas, los inversionistas, a veces no cubanos, ahorros de emprendedores anteriores, préstamos de amigos”. Es importante, asimismo, la incidencia de la academia en materia de formación profesional, acompañamiento, asesoría e investigación.
Foto: Revista Temas
Dialogando con el público
Llegó el turno de la concurrencia. Para comenzar, un asiduo participante en Último Jueves hizo hincapié en dos contradicciones: la Constitución cubana proclama que para los particulares el trabajo asalariado está prohibido; pese a ello, ya es una práctica legal entre nosotros. Y si bien la política del gobierno plantea que el objetivo es construir un socialismo próspero y sostenible, persisten frenos a la creación de cooperativas —que es un tipo de empresa socialista—, mientras resulta muy fácil obtener el permiso para los emprendimientos privados.
Otros asistentes subrayaron la urgencia de iniciar la reforma constitucional, uno de ellos señaló, además, que en la actualización del modelo cubano “el tema económico tiene que ir complementado con el enfoque social, cultural, psicológico, porque estas PYMES están formando ya una mentalidad básicamente capitalista, individualista”, por consiguiente las regulaciones para todas las formas de propiedad privada, incluidas las mixtas con inversión extranjera, deben incentivar la producción solidaria y establecer la responsabilidad social empresarial hacia la comunidad. “Nos encontramos ante una disyuntiva: apostar por el capital o por una sociedad que aspira al reino de la libertad”, debemos dotar a nuestra sociedad de un modelo de autogestión basado en la comunidad, dijo un orador muy conocido en los debates mensuales de Temas.
Dos nuevas intervenciones aportaron los concurrentes. La primera ilustró sobre las potencialidades de las pequeñas empresas: en los Estados Unidos y Japón contribuyeron a abaratar la industria del automóvil, al encadenarse con las grandes y fabricar para ellas varios componentes. La segunda calificó de inevitables a las MIPYMES, puesto que el Estado no puede administrar todos los sectores y actividades, mucho menos “en el mundo actual, cuando, por ejemplo, alguien sentado en un garaje, con una computadora, es capaz de producir servicios de alto valor agregado”. Y concluyó con una pregunta a los expertos: ¿Quién crea empleo en Cuba hoy, el sector estatal o las PYMES?
A ella se sumó la del moderador: Ineludiblemente se asocia a las PYMES con empresas capitalistas. ¿Aplicarlas a nuestro modelo económico sería asimilar el capitalismo, o podrían insertarse con un enfoque diferente?
Una empresa siempre genera plusvalía y capital, ya sea en el socialismo o en el capitalismo. Y por ello no es buena o mala. Compete al Estado asumir la responsabilidad de distribuir con justeza y según las necesidades de la sociedad lo aportado por ella, alegó Alfredo Rosales. “Cuando una estructura de poder —y hablo a nivel abstracto— pone limitaciones es porque teme perder el control económico o el político. A mi juicio, es ese temor lo que obliga a que en Cuba las pequeñas empresas no estatales mantengan un trato de comercialización solo con entidades determinadas, las cuales pueden ser ineficientes”. Asusta la generación de capital y el surgimiento de ricos, recalcó el joven diseñador, a quien personalmente tal cosa no le preocupa; porque si pagan impuestos —como lo hacen los millonarios suecos, con erogaciones altísimas al fisco— y la distribución de la riqueza es adecuada, “no hay contradicción entre el socialismo y las PYMES”. Debe abrirse paso al nuevo sector, legislar “y posibilitar que crezca sano y haga sana la economía”.
Pocos minutos después Raúl Garcés se permitió una coletilla al anterior planteamiento: “Sabemos que las empresas se desenvuelven en contextos distintos, por lo menos en una sociedad que delega en el mercado la posibilidad de regular todos los procesos económicos, y en otra que debe trazar políticas públicas para distribuir la riqueza de una manera apropiada. Dentro del propio capitalismo no es lo mismo el de Suecia que el de Venezuela en 1998, donde había 80% de pobres”.
Humberto Blanco abordó la naturaleza multivariable del desarrollo, el cual “no significa solo crecimiento económico”. La generación de riqueza “es condición necesaria, pero no suficiente” para la prosperidad de la sociedad. Por consiguiente, el camino de transformaciones iniciado en la Isla “trae interrogantes y desafíos también desde el punto de vista social, cultural, ideológico”, que deben ser debatidos entre todos los cubanos para arribar a un consenso. Parte de los desafíos es “reconocer el papel legítimo que tiene en la construcción de nuestro socialismo esta nueva dimensión económica”, insertar las MIPYMES en los  planes de desarrollo local, e incentivar su actuación positiva en el plano social. “Porque nos estamos jugando no solo el PIB, sino valores que debemos construir y compartir”.
Volvió el micrófono al auditorio, donde salieron a la palestra obstáculos como algunas resoluciones del Ministerio de Comercio Interior —según las cuales solo tienen acceso a las compras en el mercado mayorista las cooperativas surgidas de empresas estatales y los trabajadores por cuenta propia que han arrendado locales del Estado— y la no aplicación, en los negocios particulares, del Código de Trabajo vigente en la Isla.
Antes de concentrarse en las perspectivas, y para aclarar ambigüedades, Vivian Hernández recordó que las MIPYMES “se miden por factores cuantitativos y no por su forma. De hecho en Cuba, hasta el VI Congreso del Partido, en 2011, había muchas de procedencia estatal”. A partir de las políticas aprobadas en dicho evento, el país “está apostando por la macroempresa estatal”, como resultado de esa estrategia las pequeñas y medianas entidades se han transformado en Unidades Empresariales de Base; y al parecer no volverán, al menos en un futuro cercano, a su estatus anterior. 
La jurisconsulta finalizó su intervención comentando el alcance del Código laboral: “Sí ofrece regulaciones para todos, porque habla en términos de empleado y empleador, ya sea una empresa estatal o un trabajador por cuenta propia. El empleador está obligado a cumplir y hacer cumplir ese Código. Y el asalariado tiene derecho a días de vacaciones, a que se le anuncie el despido. Pero tanto él como el dueño lo desconocen, o lo ignoran, y ninguno de los dos se preocupa de antemano, nada más se acuerdan de la ley cuando ocurre un descalabro, entonces ya nada puede arreglarse porque no se firmó un contrato”. 
Tanto lo grande como su contrario, “cada cual en su nicho”, caben dentro de la economía contemporánea. Las naciones desarrolladas exhiben empresas poderosas —entre ellas Boeing y  Volkswagen— que se abastecen de un tejido de pequeños productores, expuso Luis Marcelo Yera, quien al filo de las seis de la tarde, sin tiempo para más, introdujo otro “aspecto crucial: la necesidad de que en Cuba surjan MIPYMES industriales”. Mientras en el planeta ese segmento —aunque no es muy amplio, alrededor de 10%— logra resultados significativos desde el punto de vista de sus producciones y de la asociación con negocios mayores, aquí “no las tenemos, salvo cuarenta y nueve cooperativas no agropecuarias inducidas, o sea, provenientes de UEB que pasaron a la gestión empresarial; ellas están haciendo un gran esfuerzo, pero parten de una base tecnológica obsoleta, esa cuestión la tenemos que resolver también”.