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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

jueves, 14 de marzo de 2019

La concentración de mercados amenaza a la economía estadounidense


NUEVA YORK – Las economías avanzadas padecen una variedad de problemas muy arraigados. En Estados Unidos, en particular, la desigualdad está en su mayor nivel desde 1928, y su PIB sigue creciendo a un ritmo terriblemente lento en comparación con las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

Tras prometer un crecimiento anual del “4, 5 e incluso 6%”, el presidente estadounidense Donald Trump y sus acólitos republicanos en el Congreso sólo han logrado niveles de déficit inéditos. Según las últimas proyecciones de la Oficina de Presupuesto del Congreso, el déficit fiscal federal llegará a 900 000 millones de dólares este año, y superará la marca del billón de dólares cada año después de 2021. En tanto, el estímulo efímero inducido por el último aumento del déficit ya está desapareciendo, y el Fondo Monetario Internacional prevé que Estados Unidos crecerá un 2,5% en 2019 y 1,8% en 2020, una caída respecto del 2,9% de 2018.

Muchos factores contribuyen al problema de falta de crecimiento y alta desigualdad de la economía estadounidense. La mal diseñada “reforma” impositiva de Trump y los republicanos agravó deficiencias previas del código tributario, canalizando todavía más ingresos a los que ya ganaban más. Al mismo tiempo, falta todavía una buena gestión de la globalización, y los mercados financieros siguen más orientados a la extracción de beneficios económicos (búsqueda de rentas, en la jerga de los economistas) que a proveer servicios útiles.

Pero un problema todavía más profundo y fundamental es la creciente concentración de poder de mercado, que permite a las empresas dominantes explotar a sus clientes y exprimir a sus empleados, cuyo poder de negociación y protecciones legales se están debilitando. Los altos ejecutivos obtienen remuneraciones cada vez mayores a expensas de los trabajadores y de la inversión.

Por ejemplo, los ejecutivos corporativos estadounidenses consiguieron que la inmensa mayoría de los beneficios del recorte impositivo fueran para dividendos y recompras de acciones, que en 2018 superaron un nivel récord de 1,1 billones de dólares. Las recompras aumentaron los precios de las acciones y mejoraron el cociente de ganancias por acción, en el que se basa la remuneración de muchos ejecutivos. En tanto, la inversión anual se mantuvo limitada (13,7% del PIB) y muchos planes corporativos de pensiones quedaron subfinanciados.

Casi no hay lugar donde no se vean señales de un creciente poder de mercado. Grandes márgenes de ganancias están ayudando a las corporaciones a obtener enormes beneficios. En un sector tras otro, desde cosas pequeñas como alimento para gatos hasta cosas grandes como telecomunicaciones, servicios de televisión por cable, aerolíneas y plataformas tecnológicas, unas pocas empresas han llegado a dominarentre el 75 y el 90% del mercado, y a veces más; y el problema es todavía más pronunciado en el nivel de los mercados locales.

Conforme el poder de mercado de los gigantes corporativos aumentó, lo mismo ocurrió con su capacidad para influir en la plutocrática política estadounidense. Y conforme el sistema se inclinó cada vez más a favor de las empresas, a la ciudadanía de a pie se le ha vuelto mucho más difícil defenderse de maltratos o abusos. Un ejemplo perfecto es el uso extendido de cláusulas de arbitraje en contratos laborales y de servicio, que permiten a las corporaciones resolver disputas con empleados y clientes a través de mediadores favorables en vez de hacerlo en los tribunales.

Múltiples fuerzas impulsan este aumento del poder de mercado. Una es el crecimiento de sectores con grandes efectos de red, en los que resulta fácil para una sola empresa –por ejemplo Google o Facebook– obtener el dominio del mercado. Otra es la actitud predominante de la dirigencia empresarial, que se acostumbró a pensar que el único modo de asegurar ganancias duraderas es por medio del poder de mercado. Como dijo el inversor de riesgo Peter Thiel: “competir es para perdedores”.

Algunos dirigentes empresariales estadounidenses mostraron verdadero ingenio en la creación de barreras de mercado que impiden toda competencia significativa, con ayuda de una fiscalización laxa de las leyes de defensa de la competencia y de la falta de actualización de esas leyes para la economía del siglo XXI. Esto llevó a que la tasa de creación de empresas nuevas en Estados Unidos esté en caída.

Nada de esto es buen presagio para la economía estadounidense. El aumento de la desigualdad implica una caída de la demanda agregada, porque quienes están en la cima de la distribución de la riqueza tienden a consumir una fracción menor de sus ingresos que quienes cuentan con medios más modestos.

Además, por el lado de la oferta, el poder de mercado debilita los incentivos a invertir y a innovar. Las empresas saben que si producen más, tendrán que reducir sus precios. Por eso sigue habiendo poca inversión, a pesar de que en Estados Unidos las corporaciones obtienen ganancias récord y hay billones de dólares de reservas en efectivo. Además, ¿por qué molestarse en producir algo valioso cuando uno puede usar su poder político para extraer más rentas por medio de la explotación del mercado? Una inversión política en conseguir una rebaja de impuestos rinde mucho más que una inversión real en plantas y equipos.

Para colmo de males, el bajo nivel del cociente recaudación impositiva/PIB en Estados Unidos –apenas 27,1%, incluso antes de las rebajas de Trump– implica que hay escasez de dinero para invertir en infraestructura, educación, atención médica e investigación básica, todo lo cual es necesario para garantizar el crecimiento futuro. Esas sí son medidas ofertistas que se “derraman” a toda la sociedad.

Las políticas para combatir un desequilibrio de poder económicamente dañino son sencillas. Hace medio siglo que los economistas de la Escuela de Chicago, partiendo del supuesto de que los mercados en general son competitivos, hacen girar la política de competencia en torno de la eficiencia económica exclusivamente, sin atender a cuestiones más generales de poder y desigualdad. Lo irónico es que ese supuesto empezó a dominar la formulación de políticas justo cuando los economistas comenzaban a revelar sus defectos. El desarrollo de la teoría de juegos y de nuevos modelos con información imperfecta y asimétrica dejó al descubierto las profundas limitaciones de la modelización de la competencia.

Es necesario poner al día la legislación. Hay que declarar ilegal cualquier práctica anticompetitiva, y punto. Y además de eso, hay infinidad de otros cambios que hay que hacer para modernizar la legislación antitrust en los Estados Unidos. Los estadounidenses tienen que mostrar la misma determinación en defender la competencia que las corporaciones han mostrado en evitarla.

El problema, como siempre, es político. Pero en vista del poder que han amasado las corporaciones en Estados Unidos, hay motivos para dudar de que el sistema político estadounidense esté a la altura de la reforma necesaria. Si a esto le sumamos la globalización del poder corporativo y la orgía de desregulación y capitalismo prebendario bajo Trump, resulta evidente que la delantera tendrá que llevarla Europa.

Traducción: Esteban Flamini


JOSEPH E. STIGLITZ a Nobel laureate in economics, is University Professor at Columbia University and Chief Economist at the Roosevelt Institute. His latest book, People, Power, and Profits: Progressive Capitalism for an Age of Discontent, will be published in April.

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VIERNES, 15 DE MARZO DE 2019 - 8:21:25 IMPRESIÓN

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Ordenar la actividad pesquera

La pesca solo puede ser ejecutada por las personas naturales o jurídicas, cubanas o extranjeras, que posean la correspondiente autorización para tales fines. Foto: Miguel Febles Hernández
Luego de la aprobación, en 2017, de la Política de Pesca, en correspondencia con las transformaciones experimentadas en esta actividad, y como parte de la propia implementación de los Lineamientos, resultaba imprescindible la actualización del marco legal vigente y atemperarlo a los tiempos que corren.
De ahí que la propuesta de norma se pronuncie por «ordenar los recursos pesqueros bajo los principios de conservación, uso sostenible, enfoque preventivo, implementación de criterios científico-tecnológicos y protección de los ecosistemas, a tono con las normas nacionales e internacionales y los preceptos de seguridad y soberanía alimentaria».
Según versa en la fundamentación del proyecto, existen varios presupuestos políticos, económicos y sociales que sustentan esta norma, la cual nació a propuesta del Consejo de Ministros.
Destaca, por ejemplo, que la principal norma vigente, el Decreto Ley NO. 164, Reglamento de Pesca, de 1996, «resulta obsoleto ante las condiciones actuales e insuficiente para el enfrentamiento de la pesca ilegal y la preservación de los recursos pesqueros».
Y en cuanto al impacto económico de la actividad, se manejan datos muy elocuentes.

EN CONTEXTO

  • El consumo per cápita anual de pescado se ha reducido de 16,0 Kg, en 1989, a 4,3 Kg en 2014.
  • En los últimos cinco años, las 54 especies que se pescaban en la plataforma han disminuido en un 44 %. Las capturas en un 70 % y las importaciones de pescado promediaron 8 000 toneladas.
  • La langosta y el camarón aportan 63 millones de dólares anuales por exportaciones y las capturas se han reducido en los últimos cinco años en un 65 y 90 %, respectivamente.
  • Actúan sobre los recursos pesqueros 3 376 pescadores comerciales estatales y 245 pescadores para autoconsumo.
  • Realizan pesca comercial privada unos 18 638 y otros 17 600 la deportiva.
  • Se encuentran vinculados a la acuicultura 2 329 pescadores.
  • Se vinculan a la pesca estatal de manera indirecta 10 843 trabajadores.
  • Se estima que unos mil artefactos navales y alrededor de 2 500 personas realizan actividad de pesca ilegal.
  • A todo ello se suma el limbo legal en el cual se ha mantenido, hasta el momento, el sector no estatal asociado a esta actividad. «La relación con este modo de gestión se limita a contratos de compraventa. Los pescadores comerciales privados no tienen estatus laboral definido y no están vinculados a ningún régimen de seguridad social».
  • Y tampoco puede obviarse la situación económico- social compleja presente en los 168 asentamientos pesqueros identificados. «En varios, la actividad pesquera es el sustento principal y son escasas las alternativas de empleo en otras ramas».

EL PROYECTO POR DENTRO

La propuesta de norma se estructura en capítulos y secciones y consta de 27 artículos y siete disposiciones finales. El objetivo «sombrilla» se enfoca hacia el establecimiento de «regulaciones para el adecuado ordenamiento, administración y control de la pesca, en función de la conservación y el aprovechamiento racional de los recursos hidrobiológicos en las aguas marítimas, fluviales y lacustres de Cuba, con el fin de contribuir a la soberanía alimentaria de la nación».
Y de ahí se desprenden otros pronunciamientos más específicos que complementan el alcance de la normativa:


  • Instituir los principios de ordenación de los recursos pesqueros.
  • Establecer las regulaciones sobre las autorizaciones de pesca (licencias, concesiones y permisos) como medida de ordenación.  
  • Definir las modalidades de pesca comercial -estatal y no estatal-, deportiva, recreativa y de investigación.
  • Disponer las bases para el funcionamiento del órgano consultivo en materia de ordenamiento pesquero.
  • Crear los mecanismos de coordinación entre los organismos de la Administración Central del Estado que intervienen en esta actividad.
DE ESPECIFICACIONES Y OTROS PORMENORES
A tono con la letra del proyecto, «la pesca solo puede ser ejecutada por las personas naturales o jurídicas, cubanas o extranjeras, que posean la correspondiente autorización para tales fines». Se excluye de este requerimiento, la pesca que se practica de manera libre por las personas naturales, nacionales o extranjeras, desde el litoral u orillas naturales mediante varas o carretes, cordeles y anzuelos, sin el auxilio de medios flotantes.
En cuanto a las autorizaciones de pesca, la propuesta de Ley especifica que «se emiten mediante licencias, concesiones y permisos, por la autoridad facultada a partir de la evaluación previa del estado de los recursos». A partir de ahí, se autoriza a su titular la realización de determinada actividad pesquera bajo las condiciones y requisitos que a tales efectos se establezcan.
«La solicitud para conceder, renovar, modificar y cancelar cualquier tipo de autorización se tramita ante la autoridad facultada por el titular de la Industria Alimentaria (Minal)», y constituye «requisito indispensable, en el caso de las personas naturales, que el solicitante tenga 17 años de edad».
Y como ya se ha dicho antes, el proyecto dedica buena parte de su contenido a la definición, de acuerdo con su finalidad, de las diferentes modalidades de pesca:


  • Deportiva
  • RecreativaDe investigación
  • Comercial (estatal, no estatal, de autoconsumo social, con otra finalidad que no sea el consumo humano, dígase, la captura de organismos acuáticos para artesanía, exhibiciones públicas, extracción de sustancias químicas y otros propósitos).
El proyecto también estipula que «los requisitos para la realización de la pesca y el empleo de las artes y los avíos autorizados, así como las disposiciones sobre el destino final de las capturas y otras exigencias relativas a cada modalidad de pesca, se disponen en el Reglamento y en las resoluciones que se dicten por el Ministro del Minal».
De igual modo, se dispone todo lo relacionado con las zonas de pesca, «las cuales se determinan por el Consejo de Ministros», mientras que «la ordenación y manejo de los recursos pesqueros en ellas corresponde al titular del Minal».   
Además, se aclara que, dentro de estas zonas, «la práctica de la pesca puede estar limitada o totalmente prohibida en algunos sitios, debido a intereses estatales relacionados con la defensa del país o el medio ambiente».

DE RESPONSABILIDADES Y HOMBROS PARA SOSTENERLAS

Unido a otros elementos de ordenamiento y estructuras responsabilizadas con llevarlo a cabo, el proyecto establece que será la Comisión Consultiva de Pesca el órgano consultivo del Minal, en materia de orden y administración de los recursos hidrobiológicos de las aguas marítimas, fluviales y lacustres.
Corresponde entonces a esta Comisión «analizar el estado de explotación de los recursos hidrobiológicos en zonas donde el Estado ejerce su soberanía, y proponer las regulaciones y medidas necesarias para lograr una explotación económica sostenible, que incluye zonas y cuotas de pesca, vedas, establecimiento de tallas o pesos mínimos y máximos, requisitos, limitaciones o prohibiciones de las artes de pesca y otras disposiciones al efecto».
Las especificaciones correspondientes a la protección sanitaria de las especies acuáticas, así como lo referido a las acciones de inspección pesquera para prevenir y enfrentar las violaciones del régimen previsto, también se integran a esta propuesta normativa.


LOS CANALES DE LA PARTICIPACIÓN
El proyecto de Ley de Pesca, al igual que el de Símbolos Nacionales, se someterá a debate en los territorios con los diputados y directivos de organismos competentes, del 27 de marzo al 3 de abril próximo. También los ciudadanos podrán enviar sus opiniones a la dirección electrónica:
leydepesca@anpp.gob.cu

Cuba: Llama Díaz-Canel a modernizar los servicios bancarios y financieros





Díaz-Canel llamó la atención en torno a la compleja situación internacional, con el recrudecimiento del bloqueo y la persecución financiera. Foto: Jose M. Correa
«Existe una relación imprescindible entre los servicios bancarios y la economía interna, la cual debe centrarse en los financiamientos a las cadenas productivas, el papel más activo de la banca comercial con aquellas empresas que no acudan a créditos, y el apoyo al combate contra el desorden en el depósito de efectivo. Y en cuanto a la población, hay que simplificar trámites, colas, ampliar la bancarización, y preparar a las personas para el uso de esos servicios».
Así lo consideró Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, al participar en la reunión de balance anual del Sistema Bancario y Financiero, en el cual se analizó la gestión de 2018 y fueron planteadas las prioridades de trabajo para el año en curso.
Díaz-Canel llamó la atención en torno a la compleja situación internacional, con el recrudecimiento del bloqueo y la persecución financiera, y volvió a alertar sobre los peligros que entraña la actual escalada imperialista para implementar una plataforma de restauración capitalista y neoliberal y liquidar los procesos progresistas y de izquierda.
No han sido aislados, dijo, los procesos llevados a cabo en Argentina, El Salvador, Brasil, y los ataques a los proyectos de Nicaragua, Bolivia y Venezuela.
Ante ese escenario, afirmó, «existen dos grandes prioridades: la defensa del país y la batalla económica. No obstante, en medio de amenazas, seguimos avanzando con firmeza».
Y en ese avance es válido reconocer, en palabras del Presidente cubano, la importancia del sistema bancario en la implementación de las políticas monetaria, financiera y crediticia, así como el papel decisivo que debe desempeñar en la ampliación del camino hacia el comercio electrónico.
Foto: Jose M. Correa
Díaz-Canel también dialogó sobre la necesidad de una administración pública más eficiente que transmita confianza, de cara a las personas naturales, el sistema empresarial, el sector no estatal, los inversionistas, e insistió en el desarrollo eficaz de la política de cuadros.
Habló entonces de la necesidad de crear ambientes de trabajo favorables, que permitan la concreción de las aspiraciones profesionales, en especial de los jóvenes, que faciliten la superación, cual estrategias para enfrentar el éxodo de personal calificado, sin obviar, claro está, las motivaciones salariales.
Los cuadros, en todos los sectores, pero sobre todo en este, coincidió Miguel Díaz-Canel, deben distinguirse por la honestidad, la sensibilidad para atender los problemas de la población y la cultura del detalle. Eso impacta, sin dudas, en la calidad de los servicios, que deben llevarse a cabo con menos burocracia.
Insistió, además, en el valor de la comunicación social en su desempeño, en el desarrollo de estrategias que fomenten una cultura sobre los servicios bancarios y sus ventajas e incentiven el uso de todos los instrumentos bancarios por el sector empresarial.
En su intervención, Díaz-Canel puso hincapié en la trascendencia de continuar desarrollando, por un lado, el gobierno electrónico, con la informatización de todos los procesos internos y de servicios a la población, y por otro, el comercio electrónico, con la bancarización de los servicios, proceso que puede contribuir al ordenamiento del sector no estatal. Y tampoco pasó por alto el impacto de la investigación científica, en la búsqueda de soluciones innovadoras. De ahí la valía de las alianzas con los centros de estudio y las universidades.
«La economía hay que desarrollarla con ciencia; la modernización de la actividad bancaria lleva ciencia», subrayó.
La batalla ética contra la corrupción fue otro tópico abordado con vehemencia por Miguel Díaz-Canel, al tiempo que resaltó la necesidad de fortalecer el enfrentamiento ante posibles manifestaciones de lavado de activos, negocios ilícitos, sobornos, relaciones indebidas con clientes nacionales o extranjeros, el sector no estatal, falsificación de documentos, malversación…
El mandatario cubano comentó, de igual modo, sobre los desafíos que, en materia legislativa, supone la aprobación de la Constitución, hecho que constituyó una gran victoria del pueblo cubano.
En el texto, recordó, se reconoce la autonomía municipal, lo que implica un mayor despegue de los proyectos de desarrollo local, asunto que conlleva un tratamiento financiero, por lo que las instituciones bancarias deben ganar protagonismo en los territorios.
Díaz-Canel destacó la necesidad de respaldar financieramente, pese a las limitaciones, procesos económicos importantes como los encadenamientos productivos con las exportaciones, la inversión extranjera, el turismo y la sustitución de importaciones. Y convocó al sistema bancario a apoyar en el cierre de los ciclos de las exportaciones con el cobro oportuno.
Hay que generalizar las buenas prácticas, añadió. «Estamos en tiempos difíciles, pero trabajamos con firmeza, optimismo y fe en la victoria. Tenemos el deber y el pueblo tiene el derecho de apoyar, con resultados, la victoria del Referendo. Vamos a seguir adelante».


Foto: Jose M. Correa
FORTALECER LA BANCARIZACIÓN
Al presentar el informe central, Irma Martínez Castrillón, ministra presidente del Banco Central de Cuba (BCC), dio a conocer los resultados sobre la aprobación y ejecución de créditos a damnificados por los huracanes Sandy, Matthew e Irma, y refirió, entre otros aspectos, el volumen de operaciones realizadas en caja, la disponibilidad de tarjetas magnéticas y el empleo de los cajeros automáticos, ascendentes a 927 en todo el país.
Señaló, además, los problemas identificados en el sistema bancario y que son, a su vez, las principales líneas de trabajo para este año: mejorar la calidad de los servicios, continuar implementando la política de informatización, con énfasis en el gobierno y comercio electrónicos, así como fortalecer el control interno, la comunicación institucional, la capacitación del personal y la logística interna.
En cuanto a las acciones desarrolladas para perfeccionar las prestaciones, particularizó en el incremento de oficinas con horario extendido (28 en La Habana); generalización del servicio de operaciones por cuenta de Cadeca en las sucursales bancarias; empleo de trabajadores por cuenta propia como gestores cobradores; ampliación del servicio de conducción al cliente, unido al mayor empleo de los servicios de Banca Remota, Telefónica y Móvil y creación de oficinas de negocios especializadas.
Martínez Castrillón también mencionó, entre los pilares estratégicos para  2019, el desarrollo de canales de pagos electrónicos y el fortalecimiento de la infraestructura informática, tareas que han estado limitadas, entre otros factores, por el alto nivel de obsolescencia de las aplicaciones empleadas.
A pesar de ello, en materia de comercio electrónico, se realizó, en 2018, el lanzamiento oficial de las tiendas virtuales 5ta. y 42, de Tiendas Caribe; Superfácil, de Citmatel, y el envío de giros nacionales de Correos de Cuba, aunque las plataformas, al decir de la Ministra Presidente del BCC, requieren de mayor sistematicidad en el monitoreo y agilidad de los problemas presentados.
Pero si de retos se trata, Irma Martínez puntualizó en la actualización de las normas bancarias, en correspondencia con la nueva Constitución y todas las disposiciones que de ella emanen, y en el apoyo al crecimiento de la economía mediante la implementación efectiva de las políticas fiscal, monetaria, cambiaria, crediticia y de precios.
También insistió en el incremento del uso de los canales de pagos electrónicos, teniendo en cuenta el aumento del nivel de operaciones que no mueven efectivo, un empleo superior de la pasarela de pagos, el fortalecimiento de la banca móvil, y mayor utilización de los terminales de puntos de venta.
Resulta meta para 2019, a juicio de la Ministra Presidente del BCC, incrementar la calidad de los servicios, a pesar de las limitaciones de infraestructura de las oficinas, ampliar la bancarización y reducir los trámites que realiza la población.
Como parte del debate, directivos de varias instituciones bancarias expusieron sus experiencias en cuanto al otorgamiento de créditos, así como la aprobación de financiamientos para proyectos de desarrollo local y actividades productivas; al tiempo que Irma Martínez llamó a la integración de las instituciones y a ser más proactivos, en aras de elevar la calidad de todos los servicios.

Impensar las Ciencias Sociales[1]


Por Ernesto Molina Molina.[2], http://leyderodriguez.blogspot.com/

El propio autor de este excelente libro, explica su título:

No se trata de repensar las ciencias sociales. Es normal que los eruditos y los científicos repiensen los asuntos. Cuando nuevas evidencias socavan viejas teorías y las predicciones no se cumplen, nos vemos obligados a repensar nuestras premisas (…) Sin embargo, además de repensar —algo que es “normal”—las ciencias sociales del siglo XIX, creo que necesitamos “impensarlas” debido a que muchas de sus suposiciones — engañosas y constrictivas, desde mi punto de vista— están demasiado arraigadas en nuestra mentalidad. Dichas suposiciones, otrora consideradas liberadoras del espíritu, hoy en día son la principal barrera intelectual para analizar con algún fin útil el mundo social.[3]

El aporte central de Wallerstein al nuevo modo de abordar las sociedades históricas y que refuta el modo de hacerlo por las escuelas anteriores, es su teoría del sistema mundo.

El elemento central de la teoría del sistema mundo es que existe un conjunto de articulaciones y relaciones que constituyen un sistema histórico identificable que se extiende más allá de las naciones y los Estados.

Según Immanuel Wallerstein, la economía-mundo capitalista es un sistema que incluye una desigualdad jerárquica de distribución basada en la concentración de ciertos tipos de producción (producción relativamente monopolizada, y por lo tanto de alta rentabilidad), en ciertas zonas limitadas, que por eso mismo pasan inmediatamente a ser sedes de la mayor acumulación de capital. Esa concentración permite el reforzamiento de las estructuras estatales, que a su vez buscan garantizar la supervivencia de los monopolios correspondientes. Pero como los monopolios son intrínsecamente frágiles, a lo largo de toda la historia del sistema mundial moderno esos centros de concentración han ido reubicándose en forma constante, discontinua y limitada, pero significativa.[4]

Ese es el moderno sistema mundial, que surge entre 1450 y 1650 y lo más significativo de su desarrollo ha sido el cambio de la dominación política y militar a la económica.

Según Wallerstein[5] el sistema está compuesto por tres elementos: el centro, la periferia y la semiperiferia. El centro ocupa la posición dominante y está integrado por los países económica y políticamente más poderosos. Ellos concentran las actividades económicas más complejas, que son intensivas en capital y requieren una fuerza de trabajo más calificada; tienen una relativa homogeneidad económica, el nivel de acumulación de capital es mayor y generalmente se especializan en la producción de los bienes “más avanzados” del sistema, aun cuando producen “bienes tradicionales” lo hacen con medios tecnológicos complejos.

La periferia, por contraste, aunque demográfica y territorialmente es mayor que el centro, está compuesta por los países más débiles económica y políticamente, produce bienes de carácter primario y depende de los bienes más avanzados del centro.

La relación entre el centro y la periferia es una relación de explotación, por lo que las relaciones económicas entre centro y periferia benefician al centro.

Entre el centro y la periferia existe un grupo de países que ocupan una posición intermedia, en ellos pueden desarrollarse algunas de las actividades económicas complejas. Actualmente algunos de estos países tienen un desarrollo industrial y también producciones primarias, pero carecen del poder y dominio que tienen los países centrales.

Existe además “la arena externa” de una economía – mundo compuesta por aquellos otros sistemas con los cuales mantiene algún tipo de relación comercial, pero que no son parte integrante de ella, esto es lo que diferencia a la periferia de “la arena externa”. Hay además zonas no integradas, pero a fines del siglo XX se puede decir que, salvo alguna comunidad remota de aborígenes, éstas han dejado de existir.

Las posiciones dentro de este sistema no son estáticas, usualmente un Estado domina el centro, pero éste cambia con el desarrollo del sistema. Los Estados pueden cambiar su posición dentro del sistema, así algunos estados pueden pasar de semiperiferia a centro (caso de la situación de Alemania y Japón) o ser desplazado de centro a semiperiferia (caso de España) o de periferia a semiperiferia (caso de Brasil y los llamados tigres asiáticos).

Teóricamente esa posibilidad sigue existiendo, pero con la consolidación del capitalismo monopolista durante el siglo XX, éste se hace verdaderamente universal, y la estructura, se hace más rígida, lo que se muestra por el hecho de que ninguno de los Estados periféricos o semiperiféricos ha pasado a ser centro. Sin embargo, algunos autores muestran que los Estados que pasaron a ser centros nunca fueron “periferizados”.[6]

Según I. Wallerstein:

El ascenso y la declinación de las grandes potencias ha sido un proceso más o menos del mismo tipo que el ascenso y la declinación de las empresas: los monopolios se mantienen durante algún tiempo y por último son minados por las propias medidas que se toman para sostenerlos. Las “bancarrotas” que siguen han sido mecanismos de limpieza en cuanto del sistema las potencias cuyo dinamismo se ha agotado y las reemplazan por sangre nueva. A lo largo de todo ese proceso, las estructuras básicas del sistema han permanecido sin cambio. Cada monopolio del poder se ha mantenido por algún tiempo pero, igual que los monopolios económicos, fue minado por las mismas medidas que se tomaron para sostenerlo.[7]

Hay una relación, hasta cierto punto, genética, entre la Teoría de la Dependencia y la teoría de la economía-mundo, solo que ésta última incorpora la perspectiva holística de análisis, que exige la multidisciplinariedad. Para Wallerstein la unidad de análisis debe ser el sistema mundial, no un estado, país o sociedad.[8]

En esa proyección él sostiene que no hay límites entre la antropología y la economía, la ciencia política y la sociología.

El libro está estructurado en seis partes con un total de 20 capítulos, bibliografía y un índice analítico.

I. Las ciencias sociales: del génesis a la bifurcación

La primera parte aborda la historia social de la epistemología en cuestión. Intenta catalogar el estudio de las ciencias sociales históricas como una categoría intelectual dentro del desarrollo histórico del sistema mundo moderno. No pretende explicar por qué las ciencias sociales históricas se institucionalizaron como una forma del conocimiento en el siglo XIX, -y sólo en ese siglo-, sino también por qué dieron lugar a una epistemología particular, centrada en lo que, según cree el autor, es una antinomia nomotético-idiográfica falsa.

También pretende explicar en esta primera parte por qué en los últimos 20 años esta epistemología ha empezado a ponerse en tela de juicio, planteándonos los dilemas intelectuales de la actualidad.

II. El concepto de desarrollo

Una vez propuesto el contexto histórico, Wallerstein dirige su atención hacia lo que parece ser el concepto clave y más cuestionable de las ciencias sociales del siglo XIX, el concepto “desarrollo”. No cabe duda que la palabra “desarrollo” se hizo común a partir de 1945, e inicialmente parecía limitarse a explicar los acontecimientos en el “Tercer Mundo” o las zonas periféricas de la economía mundo capitalista.

Pero el autor entiende que la idea de desarrollo es simplemente una fase del concepto de “revolución Industrial” que, a su vez, ha sido eje no solo de gran parte de la historiografía sino de todo tipo de análisis nomotético. Esta idea de desarrollo ha tenido una gran influencia, ha sido muy confusa (precisamente porque, al ser en parte correcta, ha resultado demasiado evidente) y, en consecuencia, ha generado falsas expectativas (tanto a nivel intelectual como político). Y no obstante pocos están dispuestos a impensar este importante concepto.

Una vez que Wallerstein lo expone, todo aparece muy claro: unas sociedades han prosperado a costa de otras que se han empobrecido; unos sectores sociales han oprimido a otros sectores sociales, el Norte se desarrolló a costa del subdesarrollo del Sur.

III. Los conceptos de tiempo y espacio

A continuación, Wallerstein pasa a analizar lo que denomina Tiempo Espacio. Considera nuestro autor que uno de los logros más notables de la epistemología de las ciencias sociales ha sido eliminar el Tiempo Espacio del análisis, lo que no significa que nunca se haya hablado de la geografía y la cronología. Y sí, se ha tenido presente, pero no propiamente desde las ciencias sociales, sino como constantes físicas y, por lo tanto, variables exógenas más que creaciones sociales fluidas y por ende variables no simplemente endógenas, sino cruciales para comprender la estructura social y la transformación histórica. Incluso en la actualidad raras veces consideramos la multiplicidad de Tiempo Espacios que nos confrontan y por consiguiente poco nos preocupa cuáles usamos o deberíamos usar para descifrar nuestras realidades sociales.

IV. Un regreso a Marx

Tras haber intentado demostrar los límites del concepto de desarrollo que son de vital importancia para los paradigmas o modelos del siglo XIX, y la ausencia en ese contexto de lo que debió ser un concepto clave, el Tiempo Espacio –ambos lógica e íntimamente relacionados- Wallerstein dirige su atención a dos importantes pensadores que podrían ser de utilidad para liberar a los científicos sociales del siglo XXI de las limitaciones de las ciencias sociales del siglo XIX: Marx y Braudel.

Karl Marx fue por supuesto un personaje importante en las ciencias sociales del siglo XIX. Se le ha denominado el último economista clásico. Aportó gran parte de las premisas epistemológicas del mundo intelectual europeo de ese entonces. Cuando Engels dijo que el pensamiento marxista tenía sus raíces en Hegel, Saint Simon y los economistas ingleses clásicos, estaba confesando ser parte de ellos.

Y no obstante Marx afirmó participar en una “crítica de la economía política”, afirmación que hace con base muy seria. Esta afirmación es de quien reseña esta obra; porque el propio Wallerstein no lo afirma en forma tan categórica.

Nadie como Marx supo desentrañar los problemas científicos planteados por los autores “clásicos” y “vulgares”, según la propia denominación o clasificación que hiciera el propio Marx. Si Marx se hubiera limitado a estudiar la historia económica y política de las sociedades precapitalistas y la capitalista, no hubiera podido aprovechar la inteligencia de tantos economistas que lo precedieron, unos, (los clásicos) para identificar las leyes económicas objetivas asociadas a cada sistema social; y otros, (los vulgares) para reflejar los fenómenos superficiales del devenir de esos sistemas sociales: todos ellos sirvieron de campo de investigación al primer científico social que develó la materialidad del comportamiento social; pues hasta ese momento solo se reconocía la materialidad de los fenómenos naturales. Al mismo tiempo, Marx no perdió de vista la historia económica a escala global y geográfica hasta donde pudo hacerlo, porque solo así podía contar con un criterio de comprobación científica de su quehacer científico. No olvidemos que Marx no restringió su concepción a las 5 formaciones económico-sociales que los manuales marxistas posteriores presentaron en forma lineal progresiva: él nos habló del modo asiático y de la sociedad antigua.

Marx fue un pensador que pretendió superar las limitaciones de su época. Pero desafortunadamente, según Wallerstein, sus ideas se han introducido en nuestra disertación común principalmente con el formato creado por el marxismo de los partidos, y que este formato, más que buscar la crítica de la economía política, participó de lleno en la epistemología dominante. En este sentido, a Wallerstein le interesa analizar al otro Marx, al que enfrentaba las perspectivas dominantes del siglo XIX.

Llama mucho la atención cierta coincidencia entre la crítica que Marx hiciera a los “marxistas” del siglo XIX; y la crítica de Wallerstein a los marxistas de los siglos XX y XXI.

V. Un regreso a Braudel

Y aun cuando Fernand Braudel es un personaje totalmente distinto a Marx, Wallerstein rescata aquellas ideas fundamentales de aquel historiador que investigaba archivos de donde esperaba formar una historia pensada.. Rara vez hablaba de cuestiones epistemológicas per se, pero tenía un instinto certero que lo conducía al cuestionamiento de verdades historiográficas y, partiendo de ellas (a veces de manera explícita, a veces implícita), derivar nuevas maneras a partir de viejos dilemas. Wallerstein ha investigado a Braudel para ver hasta qué punto nos ayuda a impensar las ciencias sociales del siglo XIX y, en particular, para llegar a comprender el capitalismo a largo plazo que no se base en la premisa de “desarrollo” y la ausencia del Tiempo Espacio.

VI. Análisis de los sistemas-mundo como impensando

Por último, Wallerstein recurre al análisis de los sistemas-mundo como una perspectiva contemporánea del mundo social, una perspectiva que concede gran importancia al estudio del cambio social a largo plazo y a gran escala.

El análisis de los sistemas-mundo pretende ser una crítica a las ciencias sociales del siglo XIX, aunque más bien es una crítica incompleta, porque no ha logrado encontrar la forma de corregir el más resistente (y confuso) legado de las ciencias sociales del siglo XIX –la división del análisis social en tres áreas, tres lógicas, tres “niveles”: el económico, el político y el sociocultural.

Ésta tríada se encuentra, según Wallerstein, en medio del camino obstaculizando el progreso intelectual de los científicos sociales, para acceder a un enfoque holístico, abarcador, que permita reconstruir las ciencias sociales históricas de forma interdisciplinaria.


Notas:

[1]Immanuel Wallerstein, siglo veintiuno editores, s,a de c.v en coedición con el centro de investigaciones interdisciplinarias en ciencias y humanidades, unam, 1998.
[2] Miembro de Mérito de la Academia de Ciencias de Cuba; Profesor Titular del Instituto Superior de Relaciones Internacionales “Raúl Roa García” y Presidente de la Sociedad Científica de Pensamiento Económico y Economía Política de la ANEC.
[3] Immanuel Wallerstein, Impensar las Ciencias Sociales, p. 3, siglo veintiuno editores, s,a de c.v en coedición con el centro de investigaciones interdisciplinarias en ciencias y humanidades, unam, 1998.
[4] I. Wallerstein, Paz, Estabilidad y Legitimación, en: Los Retos de la Globalización, Ensayos en Homenaje a Theotonio Dos Santos, Tomo I, p. 289, Centro Regional para la Educación Superior en América latina y el Caribe (CRESALC), Caracas, Venezuela, 1998.
[5] Ver I. Wallerstein, El moderno sistema mundial, 2 tomos, Siglo XXI, Editores, S.A, México, /ma Edición, 1996.
[6] Ver: Samir Amín: El Desafío de la Mundialización, Siglo XXI, Editores México, 1996.
[7] I. Wallerstein, Paz, Estabilidad y Legitimación, en: Los Retos de la Globalización, Ensayos en Homenaje a Theotonio Dos Santos, Tomo I, p. 290, Centro Regional para la Educación Superior en América latina y el Caribe (CRESALC), Caracas, Venezuela, 1998.
[8]L. Finkel, La Organización Social del Trabajo, p. 56, Ediciones pirámides, Madrid, 1995.