Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

jueves, 25 de enero de 2018

El cacao después de los ciclones


Por: Jorge Luis Merencio Cautín



La mayor producción de cacao de Cuba se encuentra en Baracoa. Foto: Ladyrene Pérez/Cubadebate.

Cuando el huracán Matthew vapuleó a Baracoa, a inicios de octubre del 2016, la producción de cacao exhibía en estos predios los mejores resultados de su historia.
Solo la potencia indetenible del meteoro pudo frenar el ritmo de crecimiento de ese renglón, que llegó a contabilizar 1 600 toneladas en la cosecha del 2015 cayó dramáticamente a unas 200 toneladas en el 2017.
El fenómeno hidrometeorológico afectó en diferentes proporciones a las 3 mil 635 hectáreas existentes en la zona, de las cuales se recuperaron en un año las 2 mil 255 posibles, en dependencia del perjuicio recibido por las plantaciones, su juventud y rendimiento.
Los mayores estragos, sin embargo, los sufrieron los árboles que proporcionaban sombra al Theobroma cacao, liderados por el júpiter o piñón florido.
Como la restitución de esa floresta demora algunos años, se acudió a la siembra de plátano e higuereta como sombra temporal para paliar el efecto del sol al cultivo principal.
En el restablecimiento de sus cacaotales los productores baracoenses fueron asistidos durante varios meses por colectivos agrícolas de otras provincias.
La recuperación del cultivo también requirió rescatar los más de 50 viveros averiados o destruidos, los centros de beneficio y otras infraestructuras del rubro.
Cuando las áreas se redimían de Matthew, entonces apareció Irma, en septiembre último. Los vientos de ese ciclón estropearon el follaje de muchas plantas y tumbaron o quemaron las bellotas en desarrollo, lo que dio el tiro de gracia a la cosecha del 2017, hasta afianzarla como la más baja que se recuerde en más de 70 años.
No obstante, los productores tienen el empeño de acopiar este año 800 toneladas del grano y recuperar para el 2020 la potencialidad productiva dañada.
Esa aspiración se sustenta en el avance del restablecimiento de las plantaciones, la sombra y los bancos de semillas, en la próxima terminación de dos nuevas casas en el Centro de Producción de Posturas por Microinjertos y en la extensión, ya lograda, de esa tecnología a dos cooperativas, explicó Alexis Toirac Perera, director de la Empresa Agroforestal y Coco Baracoa.

Grandes siembras

Este año –agregó el ingeniero– debemos sembrar 450 hectáreas y llegar al 2020 con igual o mayor cantidad de plantas a las que teníamos antes del paso de Matthew.
Argumentó que para asegurar el éxito de tan ambicioso programa de siembra, además de las acciones señaladas, se montarán dos viveros con tecnología de tubete, con capacidad cada uno para obtener 100 000 posturas al año.
La empresa ya dispone de parte de los recursos demandados por dichas instalaciones, las cuales se montarán en San Luis y en Mabujabo, puntualizó Alexis.
Agregó que la estrategia de siembra tiene en cuenta el aprovechamiento de los dos periodos más húmedos en Baracoa, de ahí que entre enero y abril debe ejecutarse el 50 % del plan y la otra mitad entre septiembre y diciembre.
Con el objetivo de garantizar esa tarea se constituyen también brigadas de injertadores tradicionales, las cuales, según Toirac Perera, se capacitan previamente por especialistas de la Estación Experimental Agroforestal Baracoa y la empresa.

Drenaje, caminos, minindustria

La redención del rubro en Baracoa incluye los trabajos de drenaje de las áreas bajas. Esa labor, decisiva en el alza de los rendimientos y la prevención de enfermedades en las plantaciones, inició el pasado año por la cuenca de Sabanilla y se extenderá posteriormente a otras grandes zonas productoras como San Luis, Jamal, Güirito, Mosquitero…
Para el desagüe de los cacaotales, acción relevante de la Tarea Vida en Baracoa, la empresa recibió una brigada con modernos medios mecanizados, entre ellos varias retroexcavadoras.
El cultivo, sobre todo su acopio, también será beneficiado con el mejoramiento de los caminos, labor que comenzó a garantizar una agrupación de la propia entidad (equipada igualmente con potentes medios), la cual labora actualmente en los tramos de Mosquitero y Veguita Amarilla.
En consonancia con el programa de desarrollo de la cadena productiva del cacao y el aprovechamiento del valor agregado del fruto, se adapta un local en el Centro de Beneficio de Paso de Cuba para instalar una minindustria de elaboración de vinagre, a partir de las mieles del grano.
La provincia de Guantánamo reanima la producción de caco tras el embate del huracán Irma. Foto: Tomada de Venceremos/
(Tomado de Venceremos)

Presidente vietnamita urge a estimular el desarrollo de economía privada

NGUYỄN NGỌC TÙNG SOURCE 



Hanoi, 25 ene (VNA) – El presidente de Vietnam, Tran Dai Quang, pidió que los ministros y las localidades sensibilicen a la población sobre la política del Partido Comunista y el Estado dirigida al desarrollo de la economía privada, y implementen las medidas para estimular el crecimiento de ese sector.

Durante una ceremonia celebrada hoy aquí para iniciar el movimiento de estimulación “Empresarios se renuevan por el desarrollo sostenible del país”, Dai Quang expresó que el Partido Comunista, el Estado y el pueblo tienen grandes esperanzas en los empresarios privados para impulsar el proceso de industrialización, la modernización, y la integración internacional del país.

Con el fin de construir un fuerte contingente de empresarios, las entidades nacionales deben fomentar la creatividad, aprovechar de manera efectiva las oportunidades de la cuarta revolución industrial, participar de forma activa en la cadena de valor global, y promover las marcas nacionales en el mercado mundial, subrayó.

En el evento se inauguró la revista electrónica “Empresarios vietnamitas”. VNA
VNA-ECO

Restablecido más del 80 % de las viviendas afectadas en Guantánamo


Perspectivas de una devaluación monetaria en Cuba: cuando la montaña de la política no viene hacia los economistas

Pedro Monreal, El Estado como tal



El colega Juan Triana ha publicado un artículo del cual interpreto dos proposiciones básicas sobre la unificación cambiaria y monetaria en Cuba. En primer lugar, que habiéndose convertido en lo “normal”, la multiplicidad monetaria y cambiaria parecería formar parte de una especie de zona relativamente confortable, desde una perspectiva política. Es decir, funcionarios, productores y consumidores habrían aprendido a gestionar las distorsiones y a minimizar los riesgos, algo que se nos aparece como una realidad inmediata y palpable. Ver, “CUP, CUC, convertidores y moneda total”, http://oncubamagazine.com/columnas/cup-cuc-convertidores-y-moneda-total/
Como contrapartida, las posibles ventajas de unificar monedas y tasas aparecen como algo teórico y, como también pudieran darse efectos negativos impredecibles, entonces el balance se ubicaría más bien en el plano de la incertidumbre, es decir un riesgo que ni siquiera puede ser cuantificado.
En segundo lugar, entiendo del artículo que Triana  considera que sería factible diseñar –desde el inicio- un esquema general monetario y cambiario que pudiera ofrecer respuestas “correctas y duraderas” a cuatro problemas: segmentación económica, frecuencia y magnitud de las devaluaciones, distorsiones de la actual sobrevaluación, e inflación.
El corolario de la primera proposición pudiera ser una preferencia por no asumir, a corto plazo, los riesgos de una modificación de lo que hoy se asume como el estado “normal” de las cosas. La secuencia que va desde una devaluación que afectaría el nivel de vida de la población (vía inflación) y que plausiblemente pudiera motivar un tipo de agitación social que no es buena para la estabilidad política ni para la seguridad nacional, es algo que puede ser percibido sin mucha dificultad.
Cuando se contrasta eso con el eventual efecto positivo que una devaluación tendría para el funcionamiento más eficiente y más eficaz de la economía, y que, consecuentemente, pudiera incrementar el bienestar ciudadano en el largo plazo, favorecer el desarrollo y con ello apoyar la estabilidad política, es evidente que resulta algo más difícil de entender, e incluso hay divergencias entre los especialistas. Pero, sobre todo, es algo que parece estar colocado en un “tiempo político” que no es el actual y por eso funciona como algo intangible que no representa una urgencia y consecuentemente no habría una justificación razonable en cuanto a asumir grandes riesgos en el corto plazo.
Dicho de manera más simple, los economistas pudieran desgañitarse explicando la racionalidad “técnica” de una unificación monetaria y cambiaria, pero probablemente esta no sería aceptada como una racionalidad “suficiente” desde el punto de vista político.
Una posible lección sería que, si la montaña de la política no viene hacia los economistas, los economistas deben ir a la montaña de la política.
Naturalmente, también existe otra posibilidad para que los argumentos “técnicos” fuesen considerados en las decisiones políticas: que los riesgos que ahora se perciben como cosa del largo plazo, tuviesen un efecto negativo –y quizás súbito- en el corto plazo, como pudiera ser el caso de una crisis en la inserción internacional del país (caída de exportaciones y reducción de importaciones), algo que pudiera tener efectos inmediatos en una contracción sustancial del bienestar ciudadano. Sin embargo, ese no parece ser un escenario inmediato, a pesar de algunas tendencias negativas recientes.
En mi modesta opinión, el aspecto central que debería ser entendido es que cuando nos referimos al largo plazo nos colocamos en el plano verdaderamente relevante para el desarrollo. Es decir, si lo que se decidiese ahora fuese seguir postergando la unificación monetaria y, sobre todo, la cambiaria y la devaluación del peso, con tal de no asumir los riesgos de corto plazo, entonces debería quedar asumido explícitamente, por quienes tomen las decisiones, que el país no se encontraría colocado en una senda de desarrollo.
No digo que sea preferible asumir esos riesgos políticos de corto plazo. Lo que expreso es que no debería existir disonancia cognitiva entre quienes tomen la decisión, pues no sería racional asumir simultáneamente dos pensamientos que estarían en abierto conflicto: mantener una moneda nacional sobrevaluada no es compatible con el desarrollo de una pequeña economía abierta.
Me queda claro que inclusive expresado de esa manera –relativamente áspera- el argumento pudiera no tener “pegada” política. Queda entonces, por el momento, la bola en el terreno de los economistas y por eso es importante favorecer un debate amplio, que no solamente involucre economistas “académicos” sino también aquellos que estén participando en la preparación de propuestas oficiales sobre el tema.
Esto último me lleva a la segunda proposición que creo identificar en el artículo de Triana: la factibilidad de un esquema general monetario y cambiario que pudiera ofrecer respuestas “correctas y duraderas”.
Si por eso se entendiese una especie de “propuesta maestra” que fuese capaz de guiar con precisión el proceso, tanto de la unificación monetaria y cambiaria, como lo que ocurriría después en cuanto al nivel de la tasa, francamente dudo mucho que tal cosa sea viable. La verdad es que no me queda claro si Triana quiso decir eso, pero, en cualquier caso, ello ofrece una oportunidad para hacer una breve consideración sobre el tipo de programa que se requiere.
Por supuesto que se necesita un programa concreto. De hecho, quienes hemos estado aportando criterios y propuestas partimos de esa premisa, pero la propia naturaleza de la tasa de cambio (resultado del funcionamiento de sistemas complejos), así como el punto de partida de la “economía real” que existe (un tejido económico “dañado” y con sus componentes deficientemente interconectados), lo que parece necesario es un programa flexible, con alta capacidad de adaptación, más que un programa que ofrezca respuestas detalladas y que pretenda tener un alto nivel de certidumbre anticipada en cuanto a su efectividad.
En ese sentido, creo que pudiera ser conveniente tratar de discutir en el futuro inmediato algunas preguntas como las siguientes:
  • ¿Debe asumirse la tasa de cambio como un precio relativo crucial, cuya variación es deseable para la economía cubana?
  • ¿Qué debería priorizarse, la estabilidad de la tasa de cambio o la existencia de un nivel que favorezca la competitividad internacional?
  • ¿Debería esperarse por una unificación cambiaria para devaluar el peso cubano, o pudieran hacerse devaluaciones (quizás sucesivas) de la tasa de cambio oficial, antes de proceder a la unificación de las tasas?
  • ¿Es el “exceso de demanda” (con altos precios) que hoy se observa en Cuba un resultado de la utilización ineficiente de los factores de producción por parte del sector estatal que gestiona la mayor parte de los activos del país?
  • Si la existencia de una contrapartida de producción nacional –y de su productividad- es importante para sostener la moneda nacional en un país cuyo gasto familiar en alimentos es desproporcionadamente elevado, ¿puede avanzarse hacia la unificación cambiaria con el enorme nivel de subutilización de la tierra agrícola que existe hoy?
  • ¿Qué tipo de modelo (o tipos de modelos) para la determinación de las tasas de cambio serían más apropiados utilizar en Cuba (paridad de poder de compra, enfoque de balance de cartera, enfoque de tasa de interés, enfoque monetario, y enfoque de balanza de pagos)?
  • ¿Es razonable asumir que una tasa unificada tendrá un valor ubicado en algún punto entre la tasa oficial 1 X1 y la tasa de CADECA? ¿Qué impide pensar que la tasa unificada sería aún más baja que la tasa de CADECA, por ejemplo, 1 USD = 30 CUP, o 1 USD = 50 CUP? (ocurrió en Vietnam, por ejemplo)
 Son preguntas que requieren respuestas “técnicas” que ciertamente no son suficientes, pero que deberían ser discutidas antes de poder avanzar hacia una evaluación de sus posibles implicaciones políticas.
 Resumiendo:
  • Los economistas necesitan transitar desde el actual estado del debate –principalmente enfocado en argumentos “técnicos”- hacia un análisis que incorpore otras dimensiones, principalmente la política, y para ello es necesario estimular un intercambio abierto y constructivo con especialistas en otros campos, así como con personas no especializadas, pues la política es un tema esencialmente ciudadano.
  • La naturaleza de la tasa de cambio hace recomendable pensar en un programa “abierto” para avanzar hacia la unificación de las tasas y también para el diseño del “régimen cambiario” que se adoptaría. El programa debería orientarse principalmente hacia la capacidad de adaptación de las decisiones.
  • Si bien es una falacia asociar nuestra futura prosperidad, de forma única o principal, a que tengamos una sola moneda y una sola tasa de cambio, también tendría una alta probabilidad de ser una falacia adoptar el supuesto de que el país pudiera transitar hacia el desarrollo con una multiplicidad cambiaria como la actual, anclada en una sobrevaluación oficial de la moneda nacional.