Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

sábado, 9 de junio de 2018

Corrupción de medio pelo

Las tonterías por las que los ministros trumpistas están dispuestos a sacrificar su reputación demuestran lo malos políticos que son


Por supuesto que Donald Trump es corrupto. Cualquiera con sentido sabía que lo sería, aunque la escala de su lucro personal y la fuerte probabilidad de que los intereses económicos de su familia hayan distorsionado los intereses de la política exterior y de la seguridad nacional estadounidenses han asustado incluso a los cínicos. Y, naturalmente, el ejemplo dado por el estafador en jefe ha infectado todo su Gobierno.

Pero lo que realmente me asombra no es tanto el grado de corrupción entre los miembros del gobierno de Trump como su mezquindad. Y esa mezquindad dice mucho acerca del tipo de personas que gobiernan Estados Unidos.

Los políticos corruptos solían parecerse al secretario del Interior de Warren Harding, Albert Fall, situado en el centro del escándalo Teapot Dome. Fall utilizó su cargo para conseguir sustanciosas operaciones a dos empresas petrolíferas y, a cambio, recibió más de 400.000 dólares en mordidas (muy por encima de 5 millones de dólares en precios actuales). Ese es el tipo de corrupción que uno logra entender y, en cierta manera, respetar.

Los políticos corruptos de Trump, por el contrario, se parecen a Tom Price, que consiguió perder su cargo de secretario de Salud y Servicios Humanos por pagarse demasiados vuelos en aviones privados a costa de la Hacienda pública; Ryan Zinke, que ocupa la antigua cartera de Fall, Interior, y tiene un problema similar al de Price, pero con los helicópteros y la costumbre general de utilizar fondos públicos para financiar viajes privados; Ben Carson, de Vivienda y Desarrollo Urbano, con sus muebles de comedor de 31.000 dólares; y Steve Mnuchin, secretario del Tesoro, al que le gusta viajar en reactores militares para lo que parecen a veces vacaciones privadas.

Y después está el rey de los extras: Scott Pruitt, director de la Agencia de Protección Medioambiental, cuya lista de pequeñas estafas incluye de todo, desde plumas personalizadas hasta decirle a un asistente que le busque un colchón usado, pasando por el intento de utilizar su cargo para conseguirle una franquicia de una conocida cadena de restaurantes especializados en bocadillos de pollo a su esposa.

Algo que me llama inmediatamente la atención de estas historias es que ninguno de estos altos cargos pasa la prueba de las nubes de caramelo, el famoso aunque controvertido experimento psicológico en el que a los niños se les dice que pueden conseguir dos nubes si logran esperar unos minutos antes de comerse la que tienen delante.

Piénsenlo: si ocupasen ustedes un alto cargo en el Gobierno y estuviesen dispuestos a hacer la voluntad de los intereses especiales —permitir que las multinacionales saquen beneficios a costa de terrenos públicos, dejar que los contaminadores envenenen el aire y el agua— dos años de conducta circunspecta le labrarían un futuro extremadamente brillante como miembro de un grupo de presión. Consideren lo débil que debe de ser el autocontrol de alguien dispuesto a poner esta enorme recompensa en juego por un colchón usado.

Pero la curva descendente de la corrupción desde el asunto Teapot Dome hasta el de los sándwiches de pollo no solo nos habla de la inmadurez de los altos cargos de Trump, sino que también nos permite ver la vacuidad de su alma.

Hace mucho tiempo Tom Wolfe escribió un memorable ensayo sobre qué mueve realmente a muchos poderosos. No es tanto el gusto por las cosas buenas; la verdad es que los aviones privados no son tan cómodos, y supongo que muchos de los que se beben botellas de vino de 400 dólares no notarían la diferencia si les sirvieran otro de 20.

Es más bien el placer de “verlos saltar”, de ver a la gente rebajarse, pasar por el aro, satisfacer los caprichos de uno. Se trata de sentirse más grande consiguiendo que los demás se comporten como si fuesen más pequeños.

¿No explica esto todo lo que hace Pruitt? Lo absurdo de sus exigencias es una característica, no un antojo: tengo mis dudas de que use su cabina telefónica insonorizada de 43.000 dólares, pero seguramente le complació ver a su personal correr para proporcionársela.

¿Por qué está el Gobierno de Trump lleno de estafadores de medio pelo? Claramente, siguen el ejemplo de su jefe, que como es bien sabido disfruta con la adulación y humillando a sus subordinados, incluidos los altos cargos. De hecho, sospecho que muchos de los miembros de su Gobierno practican lo que en una ocasión vi descrito como “hacer la bicicleta”: inclinarse ante el que tienen por encima y al mismo tiempo pisotear a los de debajo.

Y es llamativo el apoyo que ha dado Trump a altos cargos como Pruitt, descubiertos en abusos de autoridad mezquinos, a pesar de la mala prensa. Está claro que no ve nada malo en lo que hacen; es lo que él haría y, de hecho, hace.

En consecuencia, como he dicho, estamos gobernados por hombres con almas mediocres y vacías. ¿Importa eso?

En un sentido directo, la verdad es que no. Hay buenas razones para pensar que la especulación de Trump está haciendo un enorme daño, pero las pequeñas estafas de sus subordinados a las arcas públicas son triviales en comparación con las grandes cosas que están haciendo para que Estados Unidos sea un lugar peor: socavar la atención sanitaria, la protección medioambiental, la regulación financiera, y más.

Sin embargo, en un sentido más profundo, la corrupción mezquina y la política destructiva y cruel están de hecho relacionadas. No es muy probable que hombres que en gran medida ven un alto cargo como una licencia para vivir a lo grande, actuar como peces gordos y obligar a los funcionarios públicos a comportarse como criados, se preocupen demasiado por el interés público.

No necesitamos un gobierno de santos; la gente puede ser imperfecta (¿quién no lo es?) y aun así hacer el bien. Pero un gobierno compuesto casi enteramente por mala gente —que es lo que tenemos ahora— va, de hecho, a gobernar mal.

Paul Krugman es premio Nobel de Economía.
© The New York Times Company, 2018.
Traducción de News Clips.

Kempinski abrirá otras instalaciones turísticas en Cuba

Por: Lissett Izquierdo Ferrer
9 junio 2018


Vista del Gran Hotel Manzana Kempinski La Habana. Foto: Abel Padrón/ ACN.

La compañía alemana Kempinski, con sede en Suiza y gestora del primer hotel cinco estrellas plus de Cuba, abrirá otras instalaciones turísticas en este destino caribeño, tras exhibir un desempeño exitoso en su primer año de operaciones en La Habana.

“Hemos apostado por Cuba y vamos a seguir creciendo en alianza con la entidad estatal Gaviota”, anunció Xavier Destribats, gerente general del Gran Hotel Manzana Kempinski, inmueble de seis niveles y 246 habitaciones, inaugurado el 7 de junio del pasado año. El directivo destacó que la firma que representa -la más antigua de su tipo en Europa- posee varios proyectos con esa cadena cubana, fundamentalmente para la administración de hoteles ubicados en balnearios.

Destribats calificó exitoso el primer año de funcionamiento del Manzana Kempinski, el cual -dijo- ha recibido a clientes de varias naciones, como Francia, España, Alemania, Rusia, China y Austria.

La apertura de esta instalación representó la entrada de Kempinski en las Américas y su estreno en Cuba a partir de un contrato con Gaviota.

Datos aportados por el Ministerio de Turismo, refieren que en la Isla existen 21 gerencias extranjeras a través de 95 contratos de administración y comercialización hotelera, responsables de 45 mil 333 habitaciones (65 por ciento del país). Además, otras 27 empresas mixtas gestionan más de cinco mil dormitorios de cuatro y cinco estrellas.

El sector del turismo agrupa al mayor número de negocios en operaciones en el país con inversión extranjera, considerada elemento esencial en la estrategia de desarrollo socioeconómico de la nación.

(Con información de ACN)

Sobre el sector privado en Cuba. Tres opiniones

I - ¿Bombas de tiempo millonarias en Cuba?
 La economía reclama mayor dinamismo, eficiencia, pero sin entregar el país a las leyes del mercado.

Foto: Cubadebate
Tales reacciones no salen del aire. Restablecer formas de propiedad privada como las interrumpidas aquel año, y acaso otras, se ha considerado insoslayable para evitar el agotamiento de una centralización que se había valorado como necesaria. La economía reclama mayor dinamismo, eficiencia, pero sin entregar el país a las leyes del mercado. Estas, dejadas de la mano, conducirían a un tipo de sociedad que ni de lejos sería la equitativa por la que Cuba ha hecho grandes esfuerzos y sacrificios.
Todo eso estará claro en el pensamiento con que —Partido, Estado, participación popular mediante— la nación se ha planteado alcanzar la solvencia necesaria para que el país sea vivible y no se asfixie en una resistencia sin salida. No obstante, si se pone el oído a la vida, se perciben señales o pruebas de que alcanzar ese logro vital sin sucumbir al pragmatismo economicista del capitalismo puede ser un deseo mayoritario, pero no necesariamente unánime, ni tendría por qué serlo.
El asunto es complejo, y Cuba no puede ni ha de aislarse del mundo; pero ¿debe por eso confiar el futuro socialista que busca a formas de capitalismo de Estado o del modo de producción asiático? En el nombre del primero el núcleo es capitalismo, y el segundo, aunque se actualice, es tan ajeno a la cultura del país como la realidad sueca u otras marcadas por una socialdemocracia que se concibió para cerrar puertas al socialismo que parecía erigirse en la euroasiática URSS y en algunos territorios europeos.
Acaso conceptos claros y controles eficaces no sean suficientes, pero sí indispensables si se quiere edificar un socialismo plenamente participativo, con el pueblo en el centro de las decisiones, para no perder el rumbo de una Revolución cuya esencia radica en haber sido y ser hecha por los humildes, con los humildes y para los humildes. Las excepciones pueden ser luminosas, pero son minoritarias.
Que lo planeado como una cooperativa municipal pase a ser una empresa privada con sucursales desde Guantánamo hasta Pinar del Río puede acarrear males de difícil reversión, o sin retorno. La influencia del despropósito aumenta si la entidad no produce presillas para tendederas, sino algo tan vital como viviendas, tarea con serios déficits acumulados y de la cual el Estado no debe desentenderse. Siempre serán útiles las rectificaciones necesarias. Pero frente a males mayúsculos poco valdrían autocríticas y lamentaciones. El dueño de la exitosa empresa se las arreglaría, y recursos no le faltarán, para tener testaferros que, enmascarados como presidentes de cooperativas territoriales más o menos “modestas”, den la cara por él.
¿Es fácil lograr controles perfectos, invulnerables, e impedir que surjan millonarios? Cabe suponer que no lo es. Por eso mismo se requiere aplicar las medidas prácticas más eficaces, no solo para que no surjan monstruos, sino incluso para que también los réditos de las entidades que cumplan las leyes se reviertan de veras en la sociedad, según lo establecido. Con ese fin se ha creado un sistema de impuestos que seguramente podrá perfeccionarse. Pero sería ingenuo imaginar que quienes se hagan de negocios particulares estarán pensando primordialmente en asegurar la construcción del socialismo, y no en fomentar sus ingresos personales, o familiares.
Como en otros tiempos, en el nuevo sector privado puede haber y habrá patriotas que no han renunciado ni renunciarán a los grandes ideales de la Revolución, y estén dispuestos a seguir defendiéndola hasta con las armas si fuera necesario. Ahora bien, no hace falta negar esa posibilidad, o realidad, para saber que la base del proyecto socialista radica en la propiedad social bien entendida, ni para saber por qué el imperio como sistema —no solo un “mago” suyo como el “encantador” Barack Obama— apuesta por ese sector y proclama que únicamente en él tiene Cuba personas emprendedoras, y soluciones.
Para impedir descarrilamientos no basta la propaganda enfilada a sustentar valores y a decir que aquí el socialismo —aún en construcción, y con tremendos obstáculos que vencer— es irreversible, y el capitalismo no podrá volver jamás. Aunque todo eso está muy bien como reclamo de rumbo y defensa del deber ser, la experiencia internacional muestra que no cabe confiar en supuestas irreversibilidades como si fueran un hecho fatal, inevitable, designio de dioses. Junto con la propaganda bien intencionada, y sustentaciones de los más altos ideales, se requieren mecanismos que de veras funcionen como se desea y se necesita que hagan.
Lucidez y prevención resultan indispensables, pero estarán inseguras si entre los seres humanos encargados de cuidarlas no priman la ética, la disciplina y la honradez. Sería incauto suponer que estas se hallan del todo garantizadas cuando no faltan indicios de desorden y comportamientos aberrantes, para no hablar de escandalosos actos delictivos probados. Estos, aunque no suela informarse sobre ellos en la prensa tanto como se debería, son la expresión más ostensible de violaciones desarrolladas al amparo de una insuficiente asunción de lo que significa la propiedad social, a veces entendida como una entelequia que no le pertenece a nadie o es patrimonio del Estado, no del pueblo.
Para que la redistribución social de las ganancias se distorsione, o naufrague, basta el relajamiento más o menos generalizado, aunque fuese a bajos niveles, del orden, la convivencia y la legalidad. El mal se agrava si actúan unos cuantos —¿pocos?— inspectores venales y otros agentes del orden que, en lugar de cumplir sus funciones, las supediten al logro de ganancias y prebendas inmorales. Por ese camino proliferan la defraudación del fisco y pueden darse casos en que, si lo establecido y legal es, digamos, la tenencia de un solo restaurante, alguien se las amañe para ser dueño de varios establecimientos de ese tipo, y de otros, como hoteles, y quién sabe cuántos más.
Pensar que no se debe poner límites al enriquecimiento, o al menos controlarlo, supone abogar por una libertad de empresa que no llevaría a tener un sector privado que, además de obtener sus ganancias, sirva al desarrollo del país con afán socialista. Se fomentarían propietarios privados que acabarían teniendo una influencia social y económica contraria al fin de construir el socialismo. Ese es un propósito para el cual no basta que numéricamente la propiedad social sea básica: es indispensable que resulte eficiente y que la privada no le pase por encima ni en los hechos ni a nivel simbólico.
La escasa o nula inclinación de Fidel Castro a la aparición de ricos —no ya de millonarios como los que van surgiendo— no era cuestión de manual, sino voluntad práctica de prevenir males. Uno de ellos, y no el menor, sería la imagen de prosperidad dable a la vía privada en menoscabo de la social, vistos los hechos desde el egoísmo. A lo que el desequilibrio representaría simbólicamente, se añadiría en los hechos el influjo deformante de lo que puede recibir distintos nombres, pero equivaldría a comprar conciencias, por los “favores” que el rico puede prestar a quienes le rodean, y por el deseo de emularle que su nivel de vida incentive en otros que no han llegado a ser ricos, pero lo añoran. Máxime si los salarios en el sector social son insolventes.
Hace poco, de visita el autor de este artículo en un pueblo de cuyo nombre sí quiere acordarse, pero no viene al caso mencionarlo porque tal vez no sería un caso aislado, los candidatos a diputados por el territorio al Poder Popular fueron recibidos con cordialidad, esperanzas y euforia justificadas. La mayor aportación para el recibimiento —un lechón asado— no fue obra del colectivo, sino de un propietario rico que, a su vez, es delegado de su circunscripción. No hay por qué negarle el derecho a serlo, y llevar a cabo en ello una buena labor, ni escatimarle el reconocimiento de buenas intenciones; pero hechos e imágenes tienen su propio valor en la realidad, en la vida.
A lo largo del país el enriquecimiento de un propietario de finca—terrateniente, aunque no sea latifundista— puede haber venido de tierras otorgadas por el Estado, incluso por la vía de la fundacional Reforma Agraria, que no se concibió para fomentar desigualdades, sino para erradicar o mermar las que existían, y prevenir otras. Además, no todos los ricos se hallan en el sector agrícola, que tampoco se libra forzosamente de las generalidades, y el enriquecimiento puede proceder de varias fuentes, no siempre de la consagración al trabajo y de ganancias bien habidas.
Entre dichas fuentes figura la explotación de unos seres humanos por otros, realidad medularmente opuesta a los ideales socialistas, pero que ocurre siempre que alguien medra con la plusvalía extraída del trabajo ajeno. Eso no lo impide el mero hecho de que alguien entusiasta y bien intencionado quiera suponer que Cuba es un caso tan particular que en ella no funcionan las leyes de la historia y de la economía. Estas son palmarias y actúan aunque no se les quiera tener en cuenta ni se mencione el marxismo. Acaso operen con mayor fuerza cuando se incurre en omisiones tales.
Y hay otras fuentes posibles, o comprobadas, de enriquecimiento. Dos pueden guardar especial relación entre sí: una, aludida ya, es la ineficiencia —que no es inevitable, sino a menudo fruto de errores y desidias— de la propiedad social; otra, la corrupción, las malversaciones, la pérdida de lo que debería llegar al erario público para beneficio ciudadano, y toma otro camino. Como si todo eso fuera poco, nada autoriza a ignorar que entre las vías para hacerse rico en Cuba puede hallarse el dinero recibido del exterior, y no precisamente de un reservorio creado, en Marte, para financiar la equidad en el planeta Tierra.
Vale recordar lo sucedido en lo que fueron la Unión Soviética y el campo socialista europeo. De la corrupción surgieron en esos lares mafias que calzaron fruitivamente —ni siquiera furtivamente en todos los casos, sino quizás ante la vista pública— el desmontaje del socialismo y la suplantación de este, desde dentro, por la maquinaria capitalista. En ningún lugar se debe decretar que tales deformaciones sean imposibles. Tampoco en Cuba, aunque exista el firme propósito de impedir que ocurran.
Este país, que está rodeado por un entorno mundial capitalista, viene de un capitalismo dependiente contra el cual unas décadas de afán socialista pueden no blindar lo bastante el triunfo deseado. Téngase especialmente en cuenta que sus relaciones con el exterior incluyen de manera descollante, y traumática, la hostilidad de una potencia imperialista vecina que apuesta por aplastarlo y borrar de la faz de la tierra el “mal ejemplo” que él viene dando al mundo desde 1959.
Nada de eso puede desconocer Cuba, ni siquiera por la creencia de que esta nación ha tomado un camino del cual no hay fuerza alguna capaz de desviarla. Salvo que, por su excepcionalidad, real o supuesta, le nazcan millonarios y millonarias que, dados con vehemencia a estudiar a fondo El manifiesto comunistaLa historia me absolverá y los documentos del Partido, abracen como la pasión de su vida construir el socialismo. Pero ¿hay por qué contar con que así sea? ¿No sería aconsejable más bien tener presente la propia historia de la nación, en caso de que no se quisiera mirar al mundo?
Cuba viene de una trayectoria en la cual el independentismo halló inicialmente líderes surgidos del seno de la opulencia, con mayor o menor grado de crisis, o sin ella, y al final de la Guerra de los Diez Años lo representaban y defendían básicamente patriotas ubicados en sectores de menos recursos económicos, pobres incluso. Así, radicalizándose, llegó esta nación a la gesta de 1895, y a la etapa de luchas que, iniciada en 1953, le abrió en 1959 el rumbo que la ha traído hasta hoy.
Si para la Cuba de su tiempo halló Martí la palabra de pase en crear, José Carlos Mariátegui entendió el socialismo como un acto de creación heroica. Que los toros sean indóciles, no será razón para ignorarlos, sino para agarrarlos por los cuernos y tratar de que no funcionen como bombas de tiempo contra el socialismo.


II- El sector privado, ¿enemigo?




Cuentapropista en Santa Clara, Cuba. Foto: Desmond Boylan / AP.


Hace unos días, la revista de cultura cubana La Jiribilla publicó el artículo “¿Bombas de tiempo millonarias en Cuba?” firmado por Luis Toledo Sande. En este material, el autor abordó el peligro que puede representar para la Revolución y la construcción del socialismo en Cuba la existencia de un sector privado sin regulaciones ni control de algún tipo.

Esta cita del texto en cuestión resume su tesis central: “Pensar que no se debe poner límites al enriquecimiento, o al menos controlarlo, supone abogar por una libertad de empresa que no llevaría a tener un sector privado que, además de obtener sus ganancias, sirva al desarrollo del país con afán socialista”.

Si bien esta preocupación es totalmente verídica, discrepo en varias cuestiones argumentadas por el autor. La fórmula “control, exigencia y disciplina”, única opción de política hacia el trabajo por cuenta propia, que se repite hasta el cansancio y que se asume en la publicación, ha demostrado su insuficiencia para hacer que el país se ponga en la línea de arrancada de la carrera hacia el desarrollo.


Negocio privado en La Habana. Foto: Roby Gallego.


Abordar el fenómeno del sector privado en Cuba desde una arista política, requiere considerar adecuadamente las condiciones reales del mundo en que vivimos y no de aquel en el que creemos vivir.

Insistir a esta altura en desconocer la aspiración de las personas a prosperar y a tener mejores condiciones de vida, es, precisamente, un craso error político. El artículo falla en ese sentido al afirmar que “…sería ingenuo imaginar que quienes se hagan de negocios particulares estarán pensando primordialmente en asegurar la construcción del socialismo y no en fomentar sus ingresos personales o familiares”.

La preocupación de asegurarse la vida y prosperar está presente en todos y cada uno de los habitantes de este planeta. ¿O los trabajadores de nuestras empresas estatales concurren a sus deberes laborales únicamente por vocación socialista? ¿Optaría entonces el autor por eliminar los salarios para contribuir al ahorro nacional? Estoy seguro de que no. Es hora de que, sin convertirlos en nuestro credo, se acepte que el interés y las necesidades materiales de las personas son fuerzas que operan en nuestra sociedad.


Restaurante privado en La Habana, enero de 2018. Foto: Ramón Espinosa / AP.


El problema a enfrentar en Cuba en cuanto a la economía de mercado no es la existencia de un sector privado que haya copado los espacios políticos imponiendo su agenda por encima de intereses nacionales ni que conspire con intereses foráneos para subvertir el orden interno. Mucho menos que haya ocurrido un proceso de privatizaciones al mejor estilo neoliberal. Si tenemos un sector privado con los defectos que todos conocemos es porque no hemos sido capaces de garantizarle un marco legal y condiciones que, además de establecer las lógicas restricciones, defina reglas de juego claras y que fomenten su desempeño saludable.

Por supuesto que las cosas no son tan sencillas; persisten contradicciones reales de la economía nacional que son difíciles de resolver. Pero en el fondo yace un hecho: no se termina de asumir al sector privado como un actor económico de grandes potencialidades y que tiene que mucho por aportar.

Mientras no se supere el criterio de que el cuentapropismo es válido únicamente como mecanismo para generar empleo y para liberar al Estado de cuestiones de importancia menor, no podremos avanzar.


La Guarida, en La Habana. Foto: Gabriel Guerra Bianchini.


La toxicidad de una economía de mercado libérrima está más que demostrada. Pero igualar en el debate a las gigantescas transnacionales con las pequeñas empresas y los cuentapropistas es una exageración. Las últimas siguen siendo las fórmulas organizativas de producción más extendidas, y son protegidas en varios países. Se pueden mencionar como ejemplos, además de China y Vietnam, no pocas naciones de nuestra área e incluso con gobiernos progresistas o de izquierda.

La CEPAL, organismo internacional que Cuba preside desde hace unas semanas, tiene investigaciones y recomendaciones políticas claras de cuánto pueden las pequeñas empresas y los trabajadores autónomos contribuir al desarrollo, la prosperidad, y cómo emplearlas para disminuir brechas de desigualdad.

Hay que saber mirar hacia el exterior sin complejos y estar dispuestos a aprender de cualquier experiencia valiosa. Contrario a esto, Toledo Sande no reconoce los resultados de China y Vietnam en su tratamiento a la economía de mercado ya que el modo de producción asiático “es tan ajeno a la cultura del país como la realidad sueca (…)”.

¿De dónde salió el socialismo que adoptó como modelo este país? ¿Acaso tenía Cuba en 1961 alguna similitud con la Alemania del siglo XIX o la Rusia zarista? El conocimiento humano, la mayor riqueza que hemos creado como especie, se construyó sumando e integrando los aportes de las diferentes civilizaciones que han poblado el planeta a lo largo de su historia.

En cambio, en el debate se prefiere oponer al sector estatal y el privado al afirmar que “…no basta que numéricamente la propiedad social sea básica: es indispensable que resulte eficiente y que la privada no le pase por encima ni en los hechos ni a nivel simbólico”.


Tienda de souvenirs en La Habana, enero de 2018. Foto: Ramón Espinosa / AP.


Esta filosofía de la “competencia” no es saludable para Cuba y resulta totalmente estéril. Ni la empresa estatal es necesariamente igual a socialismo, ni la empresa privada es el epítome del mal.

Que las industrias estratégicas permanezcan en manos del Estado no contradice la necesidad de que ambos sectores se integren para impactar en el crecimiento y desarrollo de este. Esa debería ser la principal preocupación, cuidando especialmente que los grupos sociales más desfavorecidos se beneficien también.

Un elemento inexacto de los críticos cubanos del papel del mercado, y que emplea Toledo Sande en su análisis, es vincular la desaparición de la URSS a las reformas orientadas hacia el mercado que se realizaron en ese país durante la Perestroika. Ese proceso no puede simplificarse de esa manera. Las causas del desastre fueron más diversas, algunas de las cuales, por cierto, también llevan años reproduciéndose lentamente en nuestro país.

Sin apego a lo sucedido en la URSS, se intenta establecer que los pequeños empresarios fueron los que se repartieron el enorme aparato empresarial soviético y causaron el derrumbe. Nada más lejos de la verdad.

Quienes se erigieron de un día para otro como poderosos empresarios multimillonarios fueron los burócratas, los directivos “socialistas” y toda una pléyade de funcionarios que de ser defensores de una sociedad proletaria pasaron a ser típicos capitalistas. De este hecho, el autor extrae una conclusión incorrecta. Al sector privado no hay que controlarlo por este motivo, porque los que se repartirían el país si se diera una transición capitalista en Cuba no están en la paladar de la esquina, ni detrás del volante de un almendrón. Esto es algo que el autor de “Bombas…” sabe muy bien.


Un semáforo en La Habana, mayo de 2018. Foto: Desmond Boylan / AP.


Espero que una afirmación tan inexacta no tenga la intención de levantar sospechas contra las personas de altos ingresos. Este es otro camino políticamente errado. Visibiliza además una contradicción: ¿Preferimos a los “ricos” extranjeros? ¿A ellos sí les damos garantías y condiciones para abrir sus negocios? ¿Acaso no opera en esos casos la plusvalía extraída del trabajo de sus empleados cubanos? ¿El sector privado cubano es una bomba de tiempo contra el socialismo, y a nuestros capitalistas proveedores extranjeros les agradecemos la confianza cada año en la Asamblea Nacional por esperar a que cumplamos el pago de nuestras deudas?

Es antipatriótico y un motivo de vergüenza nacional que se prefiera contratar a una empresa extranjera cuando se puede obtener el mismo servicio a través de un cubano trabajando por su cuenta, o incluso mediante otra empresa estatal. Hay casos de sobra para sostener esta afirmación.



Turistas en La Habana pasan por delante de un crucero atracado en el puerto de la capital cubana. Foto: Ramón Espinosa / AP.


Urgen coherencia y pragmatismo en Cuba. No hablo de dirigir el país con parámetros técnicos como si fuera una empresa. Pero hay que desterrar el “subjetivismo politicista” como refiriera el Dr. Oscar Fernández en un comentario enviado a La Jiribilla con motivo de “Bombas…” para referirse al daño que nos ha hecho y nos sigue haciendo la subestimación de las ciencias y realidades económicas.

Tal parece que ha surgido en el último año un miedo atroz al desarrollo del sector privado y cooperativo en Cuba. Quienes los critican como herramientas ineficaces para Cuba, ¿qué tienen que ofrecer como alternativa? ¿Cincuenta años más de centralización excesiva y tirar por la borda los lineamientos y la conceptualización del modelo económico que le ha costado años de discusión a este país? ¿Ampliar con fuerza el experimento de las cooperativas no agropecuarias? ¿Propondrán fórmulas que vayan en la dirección de socializar verdaderamente las empresas estatales, donde los trabajadores elijan a sus directivos y puedan decidir realmente sobre todos los asuntos de las empresas?

La hora de los debates se está acabando.


Cooperativa de manicure en La Habana. Foto: Ramón Espinosa / AP.


No se trata de entregar el país a las leyes del mercado, sino de usarlas. Si Toledo Sande dice con razón que las leyes de la plusvalía existen en Cuba y que no se pueden ignorar, hacerlo con las leyes del mercado puede tener también consecuencias catastróficas.

Si queremos sacar a Cuba del hoyo económico en el que está, tendremos que aprender a dominar las fuerzas del mercado de la misma manera en que los humanos aprendieron a dominar el fuego hace millones de años.


III - Oscar Fernández Estrada. Comentarios sobre el economicismo en el debate en Cuba. El Estado como Tal 


El Dr. Oscar Fernández Estrada, colega economista invitado de este blog, comparte un breve comentario a propósito del artículo de Luis Toledo Sande “¿Bombas de tiempo millonarias en Cuba?, específicamente en relación con lo que se ha llamado el “economicismo”.


Estimado autor, partiendo de un inobjetable respeto a su trayectoria y solidez intelectual y respetando aún más su opinión como individuo, deseo sumar al debate sobre su artículo algunos breves elementos, tal vez discrepantes, que me he animado a escribirlos desde el móvil sin tiempo para revisar y resumir (ruego se me perdone por ello).

Muchas veces cuando se enarbola al supuesto “pragmatismo economicista” como peligrosa tendencia que intenta imponerse en Cuba desde algunas esferas, se parte desde un profundo desconocimiento o subestimación de la ciencia económica.

Podría decirse de igual forma (y no recuerdo haber leído esta alerta) de los peligros y las nefastas consecuencias de un “subjetivismo politicista” que hemos padecido durante muchos años que ha borrado, desconocido y estereotipado muchas propuestas rigurosas y audaces desde la ciencia económica realizada por nuestros académicos cubanos (por cierto, de una vocación socialista tan indiscutible como la de los médicos que van al África o los linieros que se movilizan con los huracanes).

Las opciones, por lo tanto, no pueden reducirse a una simplificación tan superficial: lo que existe hoy en materia de sistema económico -como quiera que se le llame- vs la opción capitalista privatizadora de las conquistas de nuestro socialismo que vendería el país a las trasnacionales y dejaría desamparado a nuestro pueblo trabajador.

No es riguroso plantear el problema con esa simpleza. Hay muchos muchos espacios de transformación de nuestra totalmente disfuncional concepción económica (disfuncional sobre todo para desarrollar las conquistas socialistas), muchas opciones para transformar una muy mala forma de administrar nuestra economía (y no me refiero a los funcionarios consagrados del MEP sino al modelo en el que están entrampados) sin que a nadie se le ocurra entregar las riquezas del país a las manos del gran capital.

El socialismo en la URSS no lo destruyeron los cuentapropistas devenidos en empresarios millonarios, sino que fueron los funcionarios del Estado y el Partido -promovidos a sus puestos durante años por un sistema muy parecido al nuestro y con opciones casi nulas de escrutar su gestión muy parecidas a las nuestras- los que se empoderaron y de hecho empujaron el socialismo por el caño.

Siguiendo esa comprobada experiencia diría que todas las alertas de nuestra intelectualidad socialista deberían centrarse mucho más en denunciar peligros potenciales más tenebrosos como la inverosímil y ascendente concentración de poder en el Grupo Empresarial GAESA, de la cual el pueblo trabajador no tiene ni la más mínima idea, pues los medios no hacen la más mínima referencia y sus máximos directivos, a diferencia de los  restantes sectores, no figuran como diputados en la Asamblea Nacional, y ni siquiera son nómina del Comité Central del Partido.

El sector privado en el socialismo cubano debe tener su espacio y el cooperativo más. Y el Estado Socialista cubano tiene que transformarse para adaptarse a su existencia, aprender a encaminarlos, a influir sobre ellos, y a establecer alianzas estratégicas de largo alcance.

El sector empresarial estatal tiene que mantener su espacio. No tiene por qué preocuparnos tanto la amenaza de una eventual privatización en un contexto en el cual en 8 años de reforma económica -que pasó ya su momento de mayor entusiasmo y audacia- absolutamente ninguna instalación estatal ha pasado ni siquiera a la gestión privada -más allá de un puñado de restaurantes y barberías- y mucho menos cambió de propiedad.

Pero el Estado Socialista cubano tiene que transformarse y de una vez entender que las empresas tienen que ser empresas y no departamentos del nivel central, que tienen que tomar decisiones, invertir, asumir riesgos, crecer, fracasar, pagar a sus empleados lo suficiente para garantizar su sostenibilidad. Pero el Estado no sabe cómo lidiar con actores autónomos, cómo controlar e influir en sus comportamientos porque siempre los ha dirigido directamente.

Por último, preferiría que evitáramos el superficial modo de referirnos al mercado como un asesino de niños. El mercado es una institución objetivada hace muchos muchos años, incluso previo a que el capitalismo lo acogiera y lo convirtiera en súmmum. Es la tecnología conocida hasta el momento más eficaz para ordenar un mundo de mercancías del cual Cubita la bella forma parte indiscutiblemente. El desprecio que nos han enseñado a profesarle nos aleja del necesario estudio de sus leyes y de los modos en los que se le puede emplear para fines nobles.

No son las leyes del mercado las que traen tanto desastre y desigualdad en este mundo. Son las leyes del capitalismo aplicadas por los capitalistas.

Construir mercados justos que equilibren la balanza a favor de los consumidores en lugar de entregar poder absoluto a los productores como ocurre en Cuba en la actualidad podría ser también una fuente de equidad social y sobre todo el único camino para combatir al tan estructurado mercado subterráneo, activista principal en la corrosión de valores a nivel social.

Hay mucho por donde aproximarnos a la compleja realidad cubana de hoy. Pero la intención tiene que ser aglutinante y no descalificadora. Personalmente quisiera dejar claro, en resumen, que:

– Comparto los peligros que entraña para la sociedad cubana el desarrollo del sector privado, pero aceptaría el reto. No veo otra opción que intentar el socialismo de este tiempo desde la heterogeneidad. Por supuesto que implica rediseñar el Estado no solo en el ámbito de sus mecanismos económicos. Pero no es posible dar marcha atrás ni desconectarnos totalmente de procesos globales que estamos lejos de controlar.

– El peligro mayor de reversión sistémica radica en el poder incontestable que descansa en empresas, grupos de empresas, supragrupos de empresas, megagrupos de empresas, así como en organismos e instituciones, que al final termina en la mesa de un mortal con nombre y apellidos, con virtudes y debilidades, con aspiraciones ideológicamente correctas o con ambiciones perversas, que requieren urgentemente ser puestas bajo profundo escrutinio público.

Perdone la improvisación y la extensión. Muchas gracias por el interés y la paciencia.

Oscar Fernández Estrada
Doctor en Ciencias Económicas
Profesor Titular de La Universidad de La Habana




En el camino de la innovación

Sobre el suministro de medicamentos y el proceso inversionista conversó Granma con el director de BioCubaFarma

Autor: Orfilio Peláez | orfilio@granma.cu


El Centro de Inmunología Molecular figura entre las instituciones con mayores resultados científicos dentro de BioCubaFarmanuestro canotaje. Foto: Archivo

Creado en el 2012, como parte del proceso de implementación de los Lineamientos aprobados en el 6to. Congreso del Partido, el Grupo Empresarial de las Industrias Biotecnológica y Farmacéutica (BioCubaFarma) tiene la función principal de suministrar medicamentos, equipos, sistemas diagnósticos y tecnologías al sistema nacional de salud y la exportación de bienes y servicios.

La materialización de tan vitales objetivos está sustentada en tres pilares básicos: la investigación científica, el desarrollo tecnológico y la innovación, para lo cual la entidad dispone de recursos humanos altamente calificados.

Tras poco más de cinco años de surgida la organización superior de dirección empresarial, su presidente, el doctor Eduardo Martínez Díaz, dialogó con Granma.

–¿Qué características distinguen el trabajo de BioCubaFarma en su primer lustro?

–En primer lugar se trabajó en la armonización de las dos grandes entidades que constituyeron el Grupo Empresarial (Quimefa y el Polo Científico del oeste de la capital), con condiciones diferentes en cuanto a estándar regulatorio, conocimiento empresarial y desarrollo científico-técnico.

«Fueron establecidos igualmente los procedimientos, políticas y normas para la gestión de los procesos de la nueva organización y hubo una labor muy fuerte centrada en lograr una mayor disciplina y cultura económica, financiera y contable.

«Heredera de un desarrollo previo de más de tres décadas en el sector de la biotecnología y la industria médico farmacéutica cubana, reconocido mundialmente, en los cinco años transcurridos BioCubaFarma, compuesta hoy por 34 empresas y más de 20 000 trabajadores, ha tenido aciertos y desaciertos. Pienso que son más los logros, pero existen deficiencias y nos falta mucho por hacer».

–¿Cómo se ha comportado el suministro de medicamentos al sistema nacional de salud?

–Entre el 2015 y el 2017 hubo reiterados problemas con el abastecimiento de varios grupos de fármacos a la población, causados entre otros factores, por ineficiencias internas, inestabilidad en el funcionamiento de varias líneas productivas debido a la falta de piezas de repuesto, y no contar con las materias primas requeridas para la producción, debido a dificultades financieras.

«Dentro de los medicamentos que más faltaron el año pasado figuran los cardiovasculares como antihipertensivos, antianginosos y antitrombóticos; anticonvulsivos y antiepilépticos; sicofármacos y analgésicos.

«No puedo dejar de mencionar también el efecto del bloqueo económico impuesto por el Gobierno de Estados Unidos, pues varias empresas foráneas que habitualmente nos vendían materias primas dejaron de hacerlo por esa causa.

«Ante cada una de las situaciones presentadas, específicamente las relacionadas con el financiamiento, la máxima dirección del país tomó las acciones correspondientes para minimizar las afectaciones, además de darle un seguimiento permanente al tema, con la participación del Ministerio de Economía y Planificación, el Ministerio de Salud Pública y otras entidades involucradas. Justo reconocer, asimismo, el esfuerzo del personal de BioCubaFarma para mantener las fábricas en funcionamiento.

«Como nos enseñó Fidel, el artífice de este estratégico y pujante sector de la ciencia cubana, lo esencial es buscarle solución a los problemas que vayan apareciendo, evitar que los mismos nos sorprendan y tener siempre alternativas.

«El 2018 lo comenzamos con un aseguramiento de materias primas superior al de los dos años precedentes, están llegando piezas de repuesto y las plantas funcionan de manera más estable. Aunque las perspectivas son alentadoras, ello no implica la inexistencia de tensiones con algunos productos, ni que dejen de presentarse dificultades para adquirir determinados renglones. 

«BioCubaFarma entrega hoy al sistema nacional de salud más de mil productos, de ellos 482 fármacos que cubren el 62 % del cuadro básico de medicamentos. Durante el último lustro logramos introducir un total de 86 nuevos productos, lista donde figuran varios patentados por nuestros científicos que son únicos a nivel mundial y con posibilidades de convertirse en importantes rubros exportables.

«La actividad investigativa e innovadora desarrollada propició obtener 31 nuevos objetos de patentes, mientras ya ascienden a más de 2 400 los registros de patentes alcanzados por la industria biotecnológica y farmacéutica en Cuba y en el mundo.

«Varios de los proyectos en ejecución muestran en las primeras fases de estudios clínicos resultados muy prometedores para combatir las primeras causas de muerte en el país y a nivel internacional».

–¿Cuál ha sido el comportamiento del proceso inversionista? 

–El monto invertido del 2013 al 2017 superó en un 56 % la cifra destinada al sector durante el quinquenio anterior. Tales inversiones incrementaron las capacidades productivas y mejoraron el estándar regulatorio de nuestras instalaciones, acorde con los requisitos establecidos en las normas de Buenas Prácticas de Fabricación. 

«Una de las más prominentes es la referida a la construcción del gran complejo biotecnológico en la Zona Especial de Desarrollo Mariel, concebido para una amplia línea de productos ya obtenidos y validados, y otros que se encuentran en su fase final de desarrollo.

«Hasta el 2030 prevemos el incremento de las capacidades productivas, a fin de sustituir la importación de una gama de medicamentos. Por ejemplo, la Dipirona utilizada en los centros hospitalarios es fabricada en la actualidad por el Grupo Empresarial, pero los 84 millones de tabletas vendidas en las farmacias son importadas. Más allá de lograr el enunciado propósito, las inversiones previstas también favorecerán el aumento de las exportaciones.

«Actualmente, BioCubaFarma llega con sus productos a más de 40 naciones y dispone de un programa para continuar diversificando mercados y crecer en los que ya tiene presencia.

Dispone Holguín de unas 200 plantas para la producción de biogás


Por | Eileen Molina Fernández | Foto: ACN
Biogas Energia Renovable
Holguín, jun (ACN) La provincia de Holguín cuenta actualmente con cerca de 200 plantas para la producción de biogás como combustible, insertadas dentro los programas para ampliar el uso de fuentes renovables de energía.
Este gas es una herramienta para el tratamiento de los residuos biodegradables, considerados altamente nocivos para el medio ambiente y la salud humana, entre ellos el metano.
Alexander Leyva, especialista de la Empresa Eléctrica Holguín, señaló a la ACN que los biodigestores se dirigen fundamentalmente al procesamiento de los desechos sólidos generados por la cría de animales como cerdos y reses.
Leyva, también responsable de la actividad de Fuentes Renovables de Energía (FRE), subrayó que las unidades poseen capacidades de almacenamiento desde 16 hasta 80 metros cúbicos y reportan entre sus beneficios la obtención de energía expresada en calor, luz y electricidad.
Estos biodigestores, mejoran también las condiciones higiénicas y contribuyen a la conversión del excremento en biofertilizantes, con el objetivo de fomentar la agricultura ecológica, indicó.
Como parte de los proyectos para ampliar el uso del combustible, existe actualmente una investigación para monitorear a la vez las condiciones estructurales y de funcionamiento de unas 54 plantas pertenecientes a trabajadores por cuenta propia.
Janet Soberats, coordinadora de la iniciativa, destacó que en este frente se establecen parámetros que posibilitan aplicar pruebas de laboratorio para determinar la acidez del suelo y la calidad del combustible generado en el proceso, lo cual contribuye además a la protección de las fuentes de agua subterránea.
La extensión y perfeccionamiento del biogás, se ajusta al Lineamiento 253 aprobado en el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba,  el cual establece el desarrollo de las fuentes renovables de energía como una prioridad del Estado cubano.

Bernanke alerta de que la economía de EEUU se acerca al 'Momento Coyote'


Ben Bernanke, ex presidente de la Reserva Federal de EEUU, ha criticado con severidad las políticas fiscales de Donald Trump, que llegan en una parte del ciclo en la que pueden hacer más daño que beneficio. La economía y los mercados financieros van mantener el impulso gracias a un mayor endeudamiento fruto de los estímulos, pero llegará un momento en el que los agentes mirarán hacia abajo y verán que no hay nada más que deuda que refinanciar a unos tipos superiores, se asustarán y llegará el Momento Coyote.

Los estímulos "van a influir en la economía a lo grande este año y el próximo, y después en 2020 el Coyote se va a caer por el precipicio", haciendo referencia al desventurado personaje de los dibujos animados de la Warner Brothers. Bernanke cree que el recorte del Impuesto de Sociedades hasta el 21% (desde el 35%) y la reducción del IRPF diseñados por el equipo de Donald Trump "hacen el trabajo de la Reserva Federal más difícil". "Lo que estamos obteniendo es un estímulo en un momento que no es nada adecuado... la economía se encuentra ahora mismo en situación de pleno empleo", asegura Bernanke.

La tasa de desempleo en Estados Unidos cayó en mayo hasta el 3,8% (6,1 millones de parados), una cifra que no se alcanzaba desde mayo del año 2000, después de bajar al 3,9% en abril tras seis meses estancada. La economía ya está funcionando a toda máquina y no necesita más gasolina, para Bernanke esos estímulos fiscales deben guardarse como munición para contrarrestar próximas recesiones.

¿Qué es el Momento Coyote?

El economista jefe de ING para Bélgica, Peter Vanden, hizo referencia a esta situación hace aproximadamente un año al llamar 'Momento Coyote' a lo que tradicionalmente se ha conocido como 'Momento Minsky', por su parecido con la escena más famosa del cómico personaje de los Looney Tunes, que cuando mira bajo sus pies observa que no hay nada que los sostenga y es entonces cuando da comienzo su caída en picado. Los largos periodos de estabilidad fomentan el endeudamiento de empresas y hogares, lo que a la postre hace más vulnerable el sistema, explicaba Vanden.

En este contexto, el banco central puede terminar subiendo tipos (como está ahora haciendo la Fed), poniendo en problemas a las partes más endeudadas de la economía, y finalmente llevando a los mercados financieros a corregir... uno podría comparar esto con el Coyote en su afán por atrapar al Correcaminos, cuando el primero corre sobre un acantilado y sólo se cae cuando mira hacia abajo y ve que sólo hay vacío.

Por su parte, el Momento Minsky es el suceso bautizado con el nombre del prestigioso economista Hyman Minsky, que se produce cuando los mercados colapsan tras un periodo de excesivo optimismo. Este 'momento' llega cuando los inversores sobreendeudados se ven obligados a vender incluso sus inversiones más sólidas para poder pagar sus préstamos, lo que provoca grandes pérdidas en todos los mercados y una ingente demanda de liquidez que obliga a los bancos centrales a prestar dinero a manos llenas.

Indicadores que apuntan a que EEUU no va tan bien como se dice



Las portadas de los principales medios económicos de todo el mundo vienen mostrando desde hace trimestres indicadores económicos estadounidenses que les llevan a teñir de color optimismo sus columnas salmón cuando hablan del desempeño de la economía de EEUU.

Pero lo cierto es que la economía es uno de los sistemas más complejos conocidos por el hombre, y su medición, diagnóstico y dirección ha sido objeto de la ciencia económica desde que existe como tal. Otro tema es cuántas veces lo hace con éxito. Una de las claves para conseguirlo está en qué, cómo y para qué se utiliza cada indicador económico, y hay unos cuántos en EEUU que muestran una realidad muy diferente.

Del catálogo elegido depende la imagen que se quiere mostrar

Los indicadores son eso, simples indicadores. No sólo depende su fiabilidad de la calidad del dato que muestran, cosa ya matizable según analizamos en “¿Econometría o economentira? La realidad económica que se esconde tras la cocina, sino que la dependencia también viene por el lado de qué indicadores se eligen para diagnosticar qué mal económico. Y claro, con tanta opción y tanto “oído, cocina”, muchas veces hay un indicador que, tras pasar por la sartén, consigue dar la imagen que persigue el que lo publica.

Hemos oído por activa y por pasiva que la economía de EEUU ya se ha recuperado de la última crisis y goza de buena salud. Bueno, lo que deberíamos sacar en claro de esos titulares es que los indicadores tradicionales de EEUU apuntan a que se ha dejado atrás la crisis. Pero la realidad económica, al igual que el mundo en sí, es siempre cambiante, y por lo tanto también cambiante debe ser el modo de medirla.

Deberían estar también en el radar de los dirigentes que dictan la política económica estadounidense otros indicadores que, o bien son de nueva creación, o bien hasta el momento no se consideraban tan relevantes como ahora a la hora de medir la economía del pasado. Y sí, estos indicadores son relevantes y muestran una realidad económica paralela mucho menos boyante que la habitualmente divulgada.

Los indicadores de la discordia


Pues estos indicadores de la discordia ni son pocos, ni son poco importantes. Y esto ocurre para desgracia de todos, porque al fin y al cabo Estados Unidos es la primera economía del planeta, y recuerden aquello de que “Cuando Estados Unidos estornuda, Europa se resfría”. Una serie de ellos fueron publicados recientemente por el Washington Post, y no se centran tanto en rimbombantes cifras macroeconómicas, como más bien en cómo es la economía del día a día de los ciudadanos de a pie.

La fiabilidad de estos indicadores alternativos está fuera de toda cuestión, puesto que vienen precisamente de la propia Reserva Federal, que ha optado por analizar nuevos datos, consciente desde hace tiempo (al igual que nosotros) de que la forma actual de medir el desempeño de la economía se está quedando obsoleta. Los datos están basados en encuestas que la institución ha realizado entre más de 12.000 estadounidenses, y las preguntas tratan de poner el dedo en la llaga económica de la era del bajo desempleo pero con ciudadanos que no llegan a fin de mes.

El primero de los datos apócrifos es que nada más y nada menos que un 40% de los estadounidenses adultos no tienen suficiente colchón económico para poder permitirse un gasto inesperado de tan sólo 400$, como puede ser una factura médica de urgencias, una avería del coche, o una reparación en casa. La verdad es que poder atender este tipo de necesidades imprevistas y urgentes no parece ningún lujo, sino más bien una necesidad básica que muchos ciudadanos de aquel país no pueden cubrir. Y lo que llama especialmente la atención es que el importe incluido en la encuesta no es para nada desorbitado, sino todo lo contrario.

El segundo dato de la re(quete)velación es que un chocante 43% de los hogares estadounidenses no pueden permitirse un modo de vida básico. Es decir, casi la mitad de los ciudadanos de la primera economía del planeta no puede afrontar de forma conjunta los gastos de vivienda, comida, gastos infantiles, sanidad, transporte y telecomunicaciones, y eso que los datos fueron pertinentemente ajustados a los diferentes costes en cada condado.

Seguimos de revelaciones que hacen la luz con un tercer dato apócrifo: el año pasado, más de uno de cada cuatro adultos dejó de acudir a recibir asistencia sanitaria que necesitaba porque no se la podía permitir.

Y finalizamos con una traca final de la muerte (socioeconómica). Un 22% de los adultos no son capaces de pagar todas sus facturas a final de mes. Sólo un 38% de los trabajadores en activo piensan que sus ahorros para la jubilación (esenciales en EEUU para sobrevivir llegado el momento) están en línea con lo que necesitan tener ahorrado. Y para echar más leña al fuego en un país cuyas tensiones raciales siempre han sido un talón de Aquiles: sólo un 65% de los afroamericanos y un 66% de los hispanos afirman estar en buena salud económica, frente a un 77% de los blancos.

La realidad que se esconde tras estos datos


Como pueden observar, parece bastante evidente que la economía estadounidense no goza precisamente de buena salud (al menos no tan buena como anuncian los titulares de los medios "commodity"). ¿O más bien deberíamos decir que son sus ciudadanos los que no gozan de buena salud económica? Porque las cifras macroeconómicas, como un desempleo en mínimos y un crecimiento boyante, muestran una realidad económica nacional diametralmente opuesta. Main Street y Wall Street no son ya calles separadas por una gran manzana, sino calles situadas una en una barriada deprimida y otra en un elitista barrio residencial.

Los dirigentes económicos norteamericanos deben fijarse un poco menos en los actuales indicadores macroeconómicos, y mucho más en las economías de los ciudadanos de a pie de calle. Además de medir así más fidedignamente el latido económico del país, deben tener en cuenta que son los ciudadanos los que en su desesperación votan a cualquiera que les prometa lo imposible y les haga ver una salida (independientemente de que luego les dirija a ella o no).

Es fácil acusar de populista a alguien al que difícilmente le llega para comer cuando tú no pasas sus mismas penurias. La desesperación (y también la manipulación, todo hay que decirlo) son muy malas compañeras de viaje de la democracia, y siempre acaban dejándola "colgada" (y tanto). Pero la gracia de la democracia también hace que esos votos depauperados cuenten tanto como el de los que viven holgadamente: si la mayoría del país no puede cubrir sus gastos más básicos, eso tiene su fiel reflejo (con destellos amarillistas) en unas urnas que acaban por regir el destino de todos. El algodón no engaña, y el recuento de votos tampoco (dependiendo del caso).

La situación no debería cogernos por sorpresa: estábamos avisados


Lo cierto es que la conclusión debería ser que medio Estados Unidos está pasando serias dificultades económicas, mientras que el otro medio país vive con holgura. Sería cuestión de prestar más atención a las medianas y menos a las medias. Y en todo caso esto no es más que la demostración de que ya está aquí aquella sociedad dicotómica que les adelantamos en el análisis "Cuando la economía digital trae desigualdad y precariedad".

Ya entonces retratábamos el futuro digital de un mercado laboral dividido entre la precariedad de los empleos sin valor añadido, y los empleos que siguen demandados y gozando de buenas retribuciones en la nueva economía. Pues bien, ese futuro parece que está ya empezando a llegar, y como todo en esta sociedad técnica de progreso exponencial, llega antes de lo que se le esperaba.

De igual manera, esta realidad económica también refleja la creciente brecha salarial existente en las sociedades desarrolladas entre las clases dirigentes y el ciudadano medio. Ya analizamos este tema detalladamente en el artículo "En unos años el 1% más rico del planeta poseerá dos tercios de la riqueza global", y en él ya llegamos a la conclusión y aportamos datos objetivos que muestran cómo las desigualdades intra-nacionales (ojo, que no a nivel global, donde están en claro retroceso) están entrando ya en el terreno de lo (muy) excesivo.

Ahora también hemos podido leer en el excelente The Economist cómo, al contrario que los ejecutivos, la clase media ha sufrido una importante merma de su poder adquisitivo. Mientras los sueldos directivos muchas veces seguían una tendencia fuertemente alcista, mientras la inflación era contenida pero horadaba año a año ahorros y poder de compra, resulta que los salarios medios reales en la mayor parte de los países desarrollados han crecido desde el año 2000 un escuálido 1% anual de media (y en el mejor de los casos). Y esto no es cosa del pasado, pues parece que hoy por hoy hay renovadas e incrementales presiones deflacionarias influyendo en la evolución de los salarios

Incluso el propio Fondo Monetario Internacional (FMI) ha mostrado su preocupación por el hecho de que la creciente desigualdad está perjudicando al crecimiento económico. Otros organismos internacionales se han manifestado también respecto a la desigualdad en EEUU, y el ponente especial de las Naciones Unidas para la pobreza y los derechos humanos ha puesto de relieve que las políticas económicas estadounidenses benefician a los más ricos, mientras que castigan a los más desfavorecidos

Y por si las dos noticias anteriores fueran poco, además está el hecho de que la percepción de esta desigualdad también cotiza al alza, y está contribuyendo de forma determinante al claro auge de populismos y nacionalismos que venden soluciones fáciles, con el gran riesgo que ello supone de desestabilización socioeconómica en muchos países.

Y mientras tanto, en un recóndito rincón de algún gris edificio gubernamental o corporativo...


Sorprendentemente, en vez de verle las largas orejas a este lobo de fauces prominentes, no son pocos los jugadores del sistema, públicos y privados, que se muestran confiados (diría que casi desesperadamente) con que el bajo desempleo existente, en conjunción con el gran número de empresas quejándose de que no pueden encontrar suficientes trabajadores, sólo pueden llevar a que finalmente los salarios medios acaben por repuntar.

Puede ser que un servidor se equivoque, al fin y al cabo ni siquiera tengo una "bola de cristal" en casa (más allá de un recopilatorio musical del programa de los 80), pero mucho me temo que esta forma de ver las cosas recuerda demasiado a la del avestruz que mete la cabeza bajo tierra.

No es la primera vez que afirmamos desde estas líneas que el mercado laboral ha cambiado (como casi todo), y que el progreso tecnológico trepidante ha hecho que, en ese cambio, la demanda de trabajadores haya cambiado a mucha más velocidad que la fuerza laboral, que no puede seguir el ritmo y adaptarse a los nuevos perfiles demandados. De hecho, hay mercados como por ejemplo el de la Intelidencia Artificial que están al rojo vivo por falta de profesionales.

Y mientras los afortunados que saben (o han sabido ver la importancia de) programar inteligencia sintética nadan en la abundancia, gran parte del resto del país no llega a fin de mes. No es cuestión de no reconocer ni la visión ni la capacidad de los profesionales de mundos como el de la Inteligencia Artificial, sino de reconocer también que, cuando la mitad del pais más rico del planeta no puede apenas pagar las facturas básicas, tienen un problema económico y socioeconómico muy grave.


Al otro lado del Atlántico deben ver que tienen que resolver esta situación insostenible con algo más que dádivas y cupones de bancos de alimentos, y que la salida menos traumática es afrontar un cambio de paradigma socioeconómico que, si no lo cogen por los cuernos desde ya, se nos acabará llevando a todos por delante.

Que azuzen sólo al toro de Wall Street, que lo azuzen: no deben olvidar que ese toro cornea para que los índices salgan al alza, y si el gran público no está en el burladero y cubierto económicamente, sino que está expuesto en medio de la plaza, será uno de esos toros el que se acabará llevando a medio país por delante, dando paso al desgarrador zarpazo bajista del oso. Y el resto de países desarrollados llevamos el mismo camino...

Comentario de HHC: Deberíamos mirarnos en el espejo y ver en Cuba estos mismos indicadores socio-económicos.