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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

martes, 10 de marzo de 2026

Repunte de la tala intensifica alertas ambientales en entorno cubano


La tala de árboles para la producción de leña y carbón vegetal se ha convertido en un fenómeno generalizado y crítico en la geografía cubana.




Los hornos de tierra son el método más usado para hacer carbón vegetal en Cuba.

Foto: Archivo IPS Cuba

La Habana, 10 mar.- La crisis con la energía eléctrica que enfrenta Cuba en estos momentos ha reconfigurado el paisaje cotidiano de la isla.

La búsqueda de alternativas al combustible fósil ha llevado a miles de cubanos a mirar hacia los bosques, en un proceso que, desprovisto de control, amenaza con convertirse en una nueva fuente de crisis: la ambiental.

Aunque se trata de una práctica arraigada en el campo cubano, su expansión desordenada hacia zonas periurbanas y su realización al margen de la legalidad vigente encienden las alarmas entre especialistas y defensores del medio ambiente.

La producción de carbón vegetal y la tala para leña se han intensificado en los últimos meses como respuesta a los prolongados apagones y al encarecimiento y escasez del gas licuado.

Necesidad y costo

La necesidad inmediata de combustible está provocando un daño ecológico que ciudadanos y activistas califican como “irreparable”. En varias provincias, la tala indiscriminada avanza sin planificación ni control, afectando incluso áreas boscosas cercanas a las ciudades.

La presión sobre los bosques, aunque Cuba cuenta con una ley forestal y programas de reforestación, se intensifica ante la demanda de subsistencia diaria, dificultando la conservación y el manejo forestal sostenible.

Esta “utilización masiva” del carbón, como califican el hecho varios ciudadanos, sobre todo fuera de la capital del país, conlleva además la migración de fauna de los lugares donde se obtienen los árboles, empobreciendo la biodiversidad.

Legalidad forestal frente al auge del carbón vegetal

Contrario a lo que pudiera pensarse, la normativa cubana no prohíbe de forma absoluta la producción de carbón vegetal. Sin embargo, establece un marco muy estricto sobre quién y cómo puede hacerlo.

El Decreto 107, publicado en la Gaceta Oficial en agosto de 2024, es claro al respecto: las micro, pequeñas y medianas empresas privadas (mipymes), cooperativas no agropecuarias y trabajadores por cuenta propia tienen “prohibida la silvicultura y la extracción de madera”.

La única excepción, recogida tanto en esta norma como en regulaciones anteriores, es la producción de carbón vegetal y leña, siempre que se realice sin romper “el esquema existente hoy para la base productiva” y cumpliendo con lo previsto para el uso de la tierra.Proceso de fabricación de un horno de carbón. (Foto: Tomada del perfil de Cuba Plus en Facebook)

Esto significa que, en teoría, la producción debe estar vinculada a la gestión de la tierra por parte de campesinos o cooperativas agropecuarias, no a emprendimientos de corte industrial o urbano.

El carbón destinado a la exportación solo puede ser comercializado por sus productores, lo que intenta cerrar el paso a fórmulas intermedias descontroladas.

A esta regulación se suma el histórico marco de la Ley Forestal (Ley 85, de 1998). Dicha legislación establece como principio irrenunciable la protección de los bosques contra la tala indiscriminada y prohíbe los desmontes sin la autorización expresa del Consejo de Ministros, previo parecer del Ministerio de la Agricultura.

La ley subraya que los bosques, aunque puedan estar en tierras de propiedad cooperativa o privada, son “propiedad estatal socialista de todo el pueblo”, lo que somete su explotación a un estricto control estatal.

El impacto en la salud es doble. Por un lado, la inhalación del humo de leña y carbón vegetal en espacios cerrados, donde se cocina a diario, está asociada a enfermedades respiratorias crónicas, infecciones oculares y complicaciones cardiovasculares.

El impacto invisible: polvo, humo y tierra pelada

Mientras las regulaciones intentan ordenar el bosque, las consecuencias de la tala ilegal o desordenada ya se sienten en las comunidades y en el cuerpo de las personas.

En zonas rurales de Pinar del Río y las regiones central y oriental del país, es cada vez más común observar árboles frutales o maderables talados sin criterio técnico. La deforestación resultante no es solo un problema estético.

La pérdida de cobertura forestal, que el gobierno cubano logró elevar desde un 13,5 % en 1960 a más del 21 % en la década de 1990, corre el riesgo de revertirse en áreas críticas.

El impacto en la salud es doble. Por un lado, la inhalación del humo de leña y carbón vegetal en espacios cerrados, donde se cocina a diario, está asociada a enfermedades respiratorias crónicas, infecciones oculares y complicaciones cardiovasculares.

Las mujeres y los niños, que suelen pasar más tiempo cerca del fogón, son los más vulnerables.

Por otro lado, el daño ecológico afecta la salud pública a largo plazo. La tala indiscriminada acelera la erosión de los suelos, afecta la retención de agua en las cuencas hidrográficas y reduce la biodiversidad asociada a los ecosistemas forestales, tal como lo advierte la propia Ley Forestal en sus objetivos.Proceso de fabricación de un horno de carbón. (Foto: Tomada del perfil de Cuba Plus en Facebook)

Entre el plato y el bosque

El dilema cubano es complejo. Las resoluciones más recientes, como la Resolución 54/2023, facultan al Cuerpo de Guardabosques y a la Policía Nacional Revolucionaria para imponer sanciones por contravenciones forestales. Sin embargo, la capacidad de vigilancia en un archipiélago de más de 100 000 kilómetros cuadrados es limitada.

El gobierno promueve el uso de fuentes renovables de energía como solución de fondo, y el propio Decreto 107 permite a los actores privados la generación y comercialización de electricidad con fuentes renovables, una puerta abierta a la esperanza.

Pero mientras la transición energética no sea una realidad tangible en los hogares, la presión sobre los bosques continuará. La ley es clara, los impactos ambientales y el daño a la salud están identificados.

El desafío para la política forestal cubana no es solo atrapar al infractor, sino ofrecer alternativas energéticas sostenibles que hagan innecesario mirar al bosque como la única salida al apagón. (2026)

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