Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

lunes, 1 de febrero de 2016

Reseña de The Rise and Fall of American Growth, de Robert J. Gordon

Paul Krugman, Sin Permiso

En los años 60s hubo una breve ola popular de “futurismo” de libros y artículos que trataban de prever los cambios del porvenir. Una de las obras más conocidas y, desde luego, la más detallada, fue The Year 2000 (1967), de Herman Kahn y Anthony J. Wiener, que ofrecía, entre otras cosas, una lista sistemática de innovaciones tecnológicas que Kahn y Wiener consideraban “muy probables en el último tercio del siglo XX”.

Por desgracia, los dos autores estaban en su mayor parte equivocados. No erraron demasiado a la hora de prever transformaciones que se corresponden de modo reconocible con todos los elementos principales de la revolución de la tecnología de la información, entre ellos los “smartphones” e Internet. Pero la mayoría de las innovaciones predichas (“plataformas voladoras individuales”) no se habían materializado para el año 2000…y todavía están por llegar, década y media después.

La verdad es que si nos alejamos de los titulares acerca del último artilugio, se hace evidente que hemos hecho muchos menos progresos desde 1970 — y hemos experimentado una alteración mucho menor de los elementos fundamentales de la vida — de los que casi cualquiera esperaba. ¿Por qué?

Robert J. Gordon, un distinguido macro­economista e historiador económico de la Northwestern University, lleva mucho tiempo argumentando en contra del tecno-optimismo que satura nuestra cultura, con su constante afirmación de que estamos en medio de cambios revolucionarios. Empezando por el auge del frenesí de las punto.com, ha apelado repetidas veces a mantener la perspectiva: las transformaciones de la tecnología de la información y la comunicación, ha insistido, no se condicen con pasados logros. Concretamente, ha sostenido que la revolución de la tecnología de la información es menos importante que cualquiera de las cinco Grandes Invenciones que impulsaron el crecimiento entre 1870 y 1970: la electricidad, las redes de saneamiento urbanas, los productos químicos y farmacéuticos, el motor de combustión interna y la comunicación moderna.

En The Rise and Fall of American Growth [“Ascenso y caída del crecimiento norteamericano”], Gordon hace doblete con ese tema, declarando que el tipo de rápido crecimiento económico que todavía damos por hecho y esperamos que continúe para siempre ha sido de hecho un acontecimiento de los que suceden sólo una vez. Primero llegaron las Grandes Invenciones, que datan casi todas de finales del siglo XIX. Luego llegó el refinamiento y la explotación de esas invenciones, proceso que llevó tiempo y que ejerció su efecto máximo sobre el crecimiento económico entre 1920 y 1970. Todo ha sido desde entonces un débil eco de esa gran ola y Gordon no espera que vayamos a ver nada semejante.

¿Está en lo cierto? Mi respuesta es un decidido tal vez. Pero acabe uno o no estando de acuerdo con la tesis de Gordon, esta tesis bien vale la pena su lectura: una combinación magistral de profunda historia tecnológica, vivos retratos de la vida cotidiana de las últimas seis generaciones y cuidados análisis económicos. Puede que los no economistas encuentren densos algunos de los gráficos y cuadros, pero Gordon nunca pierde de vista a la gente de verdad y a sus verdaderas vidas tras esos gráficos. Este libro pondrá en tela de juicio nuestras visiones acerca del futuro; transformará definitivamente la forma en que vemos el pasado.

Desde luego, casi la mitad del libro está dedicada a cambios que tuvieron lugar antes de la II Guerra Mundial. Otros hay que han cubierto este terreno, y muy notablemente Daniel Boorstin en The Americans: The Democratic Experience. Aun conociendo, sin embargo, esta literatura, me ha fascinado el relato que hace Gordon de los cambios forjados por las Grandes Invenciones. Tal como él dice, “Salvo en el Sur más rural, la vida cotidiana de todos los norteamericanos cambió hasta hacerse irreconocible entre 1870 y 1940.” La luz eléctrica substituyó a las velas y el aceite de ballena, los retretes de cisterna a las casetas con letrina, los coches y los trenes eléctricos reemplazaron a los caballos (en la década de 1880s, había partes del distrito financiero de Nueva York con más de metro y medio de estiércol).

Mientras tanto, las labores agotadoras tanto en el lugar de trabajo como en el hogar se vieron substituidas por empleos bastante menos onerosos. Se trata de un aspecto que a menudo pierden de vista los economistas, que tienden a pensar solamente en de cuanto poder adquisitivo dispone la gente, y no en lo que tienen que hacer para conseguirlo, y Gordon realiza un importante servicio al recordarnos que las condiciones en las que trabajan hombres y mujeres son tan importantes como las cantidades que les pagan.

Aparte de que se trate, sin embargo, de una historia interesante, ¿por qué tiene su importancia estudiar esta transformación? Principalmente, sugiere Gordon — aunque estas palabras son mías, no suyas — para proporcionar un punto de referencia. Lo que ocurrió entre 1870 y 1940, sostiene, y yo estaría de acuerdo, es a lo que se asemeja una verdadera transformación. Cualquier declaración acerca del actual progreso se tiene que comparar con ese punto de referencia para ver hasta qué punto se condice.

Y es difícil no estar de acuerdo con él en que no ha sucedido nada desde entonces que sea ni remotamente. La vida urbana en Norteamérica en vísperas de la II Guerra Mundial ya era reconociblemente moderna; usted o yo podíamos caminar hasta un apartamento de los años 40, con su instalación de fontanería, hornillos de gas, luz eléctrica, nevera y teléfono, y lo encontraríamos básicamente funcional. Nos disgustaría la falta de television y de Internet, pero no nos sentiríamos horrorizados o indignados.

Por contraposición, los urbanitas norteamericanos de 1940 que entraran en alojamientos al modo de 1870 — cosa que podían hacer todavía en el Sur más rural— se sentían desde luego horrorizados e indignados. La vida progresó de manera fundamental entre 1870 y 1940 de un modo como no ha vuelto a suceder desde entonces.

Ahora bien, en 1940 muchos norteamericanos vivían ya en lo que era reconociblemente el mundo moderno, pero muchos otros, no. Lo que sucedió en los siguientes treinta años fue que una mayor maduración de las Grandes Invenciones que llevó a ingresos rápidamente en ascenso y a la difusión de esa forma de vida moderna al conjunto del país. Pero luego todo se volvió más lento. Y sostiene Gordon que es probable que la ralentización sea permanente: la gran era del progreso ha quedado detrás de nosotros. 

Pero ¿es sólo que Gordon viene de la generación equivocada, incapaz de apreciar las maravillas de la ultimísima tecnología? Sospecho que cosas como las redes sociales suponen una diferencia positiva en la vida de la gente mayor de lo que él reconoce. Pero hace dos observaciones realmente magníficas que arrojan mucha agua fría sobre las afirmaciones de los tecno-optimistas.

En primer lugar, apunta que que las innovaciones auténticamente de envergadura traen normalmente grandes cambios en las prácticas comerciales, en la apariencia de los lugares de trabajo y en cómo funcionan. Y hubo algunos cambios de acuerdo con esas líneas entre mediados de los 90 y mediados de la primera década del 2000, pero no gran cosa desde entonces, lo que es evidencia de la afirmación de Gordon de que el principal impacto de la revolución tecnológica ya ha tenido lugar.

En segundo lugar, uno de los argumentos principales de los tecno-optimistas es que las estimaciones oficiales del crecimiento restan importancia al alcance real del progreso, porque no dan plenamente cuenta de las ventajas de bienes verdaderamente nuevos. Gordon reconoce este extremo, pero advierte que fue siempre así y que el sobreentendido que da por sabido el progreso fue probablemente mayor durante la gran transformación de preguerra de lo que es hoy.

Así pues, ¿qué nos dice esto acerca del futuro? Gordon sugiere que el futuro va a verse caracterizado con suma probabilidad por niveles de vida estancados para la mayoría de los norteamericanos, porque los efectos de ralentizar el progreso tecnológico se verán reforzados por un conjunto de “vientos de cara”: creciente desigualdad, parón en los niveles educativos, población envejecida y más cosas.

Resulta una predicción estremecedora para una sociedad cuya imagen de sí misma, y se puede decir que su misma identidad, está ligada a la expectativa de progreso constante. Y hay que preguntarse acerca de las consecuencias sociales y políticas de otra generación de estancamiento y de declive en los ingresos de la clase trabajadora.

Por supuesto, Gordon podría estar equivocado: tal vez estemos en el umbral de un cambio transformador, digamos, de la inteligencia artificiall o de un progreso radical en la biología (lo que plantearía sus riesgos). Pero argumenta su postura de forma sólida. Quizás es que el futuro ya no es lo que solía ser.
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Versión original en The New York Times

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Fortalecen Cuba y China cooperación agrícola en ganadería y granos


Zhao Weining, subdirector general del departamento de Cooperación Internacional del Ministerio de la Agricultura de la República Popular de China, encabezó la delegación de su país que realizó una visita de trabajo a Cuba, para evaluar e impulsar los programas de cooperación agrícola, especialmente en ganadería y granos.

La delegación visitante sostuvoun fructífero encuentro con una representación del Ministerio de la Agricultura (Minag), en La Habana, encabezada por Moraima Céspedes Morales, directora de Asuntos Internacionales, y Maricela Díaz Rodríguez, directora de Ciencia e Innovación Tecnológica.

Durante la reunión se intercambió sobre las acciones ejecutadas para el establecimiento de una Granja Demostrativa Agropecuaria, según el Acuerdo Marco firmado entre ambos países en 2014; y también de los planes de cooperación en la rama pecuaria, el desarrollo de la moringa y de la sericultura.

Se dialogó, además, sobre la posibilidad de establecer proyectos de colaboración conjunta para la cría de animales y la producción de cereales, y se evaluó la posibilidad de ampliar el intercambio en materia de arroz.

Weining, quien viajó acompañado de expertos en ganadería, aves de corral, forraje y sericultura, expresó la decisión de su país de ayudar a establecer en la Isla un Centro de Producción de Granos, proyecto que incluye la construcción de un área para el cultivo de arroz y la donación de equipamiento para la ganadería, así como de semillas de papa adaptables a las condiciones climáticas de Cuba.

En la plática se anunció que este año se desarrollará la primera sesión de la Comisión Mixta en Agricultura Cuba-China.

La directiva Moraima Céspedes Morales igualmente ratificó la voluntad del Minag de avanzar en los proyectos de interés mutuo, y reconoció la importancia del intercambio sostenido sobre los temas de ganadería y granos para la agricultura cubana.

Por su parte, Maricela Díaz Rodríguez, directora de Ciencia e Innovación Tecnológica, agradeció la voluntad del país asiático de impulsar aún más la colaboración con la Isla en programas priorizados para el país.

Por la parte cubana estuvieron presentes, además, Alaimys Martínez Torres, especialista en Asia, y Leonardo Pérez Mesa, coordinador del departamento de Relaciones Internacionales, ambos de la dirección de Asuntos Internacionales del Minag.


Siete perspectivas clave para la economía mundial en 2016

Gonzalo Toca

Cada vez son más los economistas que ven un año lleno de curvas y sorpresas. Éstas son algunas de ellas.
Nos las prometíamos relativamente felices después de los primeros meses de 2015, eso hay que reconocerlo. La economía global había entrado en una fase de crecimiento, lo peor de la crisis empezaba a verse por el retrovisor a pesar de las terribles cifras de paro de países como España y los precios de la energía y la laxitud de la política monetaria habían sellado una alianza virtuosa.
Sin embargo, conforme pasaba el tiempo, las cosas comenzaron a ponerse cada vez más turbias. La energía estaba barata, sí, pero el desplome se ha producido durante 19 meses y ha alcanzado tal intensidad (el barril cayó más de 40% entre 2014 y 2015) que se ha llevado por delante el crecimiento de muchos países productores de combustible. Entonces, empezamos a preguntarnos si Arabia Saudí podría quebrar y el FMI vaticinó que lo haría en cinco años si no tomaban medidas.
La política monetaria, sobre todo los ultra-bajos tipos de interés de Estados Unidos pero últimamente también los de la Unión Europea, hacía prever como decíamos muchas facilidades para crecer, porque incentivaba la inversión y era más cómodo endeudarse y devolver lo prestado. No tardamos mucho en descubrir que los tipos de la Reserva Federal de EE UU (Fed) habían alimentado durante años una burbuja de deuda privada en los emergentes que podría reventarnos en la cara próximamente.
Finalmente, la crudeza de las duras reformas y recortes sin anestesia y la desesperación de parte de la población que siente que la han engañado con las promesas de la globalización han multiplicado el protagonismo de partidos y líderes políticos de extrema izquierda y derecha en Europa o descarnadamente populistas (como Donald Trump) en Estados Unidos. Todo ello anima a dudar de que el crecimiento y la estabilidad de las economías vayan a traer tranquilidad y a evitar la recaída en la recesión.
¿Pero qué podemos esperar realmente para 2016? ¿Cuáles son las amenazas y las previsibles buenas noticias que nos aguardan?
Una inversora camina al lado de una pantalla que muestra los movimientos de la Bolsa en la provincia china de Zhejiang, enero de 2016. STR/AFP/Getty Images
Terror en los emergentes. El Banco Mundial ha advertido de que prácticamente todos los países emergentes, por primera vez desde los 80, están reduciendo su crecimiento al mismo tiempo. A eso se suma “un entorno externo particularmente desafiante para los exportadores de materias primas”, que deberían enfrentarse no solo a la caída del precio y la demanda de su principal fuente de ingresos sino también, y en esto coinciden con el resto, a unos flujos de inversión extranjera cada vez menores y a las presiones que los mercados ya han empezado a ejercer sobre sus monedas. El enfriamiento del comercio internacional está extendiendo el daño de los emergentes exportadores de materias primas a los de manufacturas.
China, el motor que se cala. Aunque nadie duda de que el crecimiento chino, seguramente próximo al 6% también este año, continúe asombrando al mundo, los expertos tampoco niegan los enormes peligrosque están haciendo que la locomotora del planeta empiece a calarse. Los principales motivos son y serán este año el derrape de las exportaciones globales de las que depende en gran medida su prosperidad, la tumultuosa transición de un modelo de crecimiento basado en la inversión a otro basado en el consumo, la espectacular deuda de sus empresas y la creciente salida de capitales –alrededor de 500.000 millones de dólares solo en 2015– que abandonan el país a la menor oportunidad.
¿Crisis de deuda en China y los emergentes? Ha llegado el momento de dejar de afirmar que China y los países emergentes no se pueden enfrentar a una devastadora crisis de deuda soberana solo porque sus porcentajes de deuda pública sobre el PIB son relativamente ligeros. Si tienen que nacionalizar mediante rescates parte de los 18 billones de dólares que deben sobre todo sus empresas para evitar grandes cifras de paro o el descontento de la población, la cosa resquebrajará sus finanzas públicas solo en cuestión de meses y semanas. La posible quiebra de esas compañías podría deberse al efecto combinado de la caída de sus ingresos, el rápido encarecimiento de su deuda (por la subida del dólar y por el mayor riesgo que aprecian sus acreedores) y los extremos vaivenes que están experimentando los precios de la energía.
Globos con las caras de los líderes de los países que conforman el G-7. Robert Michael/AFP/Getty Images
Globos con las caras de los líderes de los países que conforman el G-7. Robert Michael/AFP/Getty Images
El contagio del mundo desarrollado.Maurice Obstfeld, consejero económico del FMI, fue claro en octubre y desde entonces la situación no ha mejorado. Según Obstfeld, “el principal riesgo a medio plazo para las economías desarrolladas es que flaquee aún más su bajo crecimiento económico hasta llegar al estancamiento sobre todo si la demanda mundial sigue frenándosepor  las expectativas de debilitamiento en los mercados emergentes”. En consecuencia, ningún Estado del G-7 crecerá más de un 2% este año a excepción de Reino Unido y Estados Unidos, según el Fondo Monetario Internacional.
India y Estados Unidos, ¿islas de prosperidad? Mientras las convulsiones surgen con fuerza volcánica en los emergentes, EE UU parece imperturbable. Sus niveles de desempleo están muy cerca de alcanzar los de 2007 (pueden caer por debajo del 5% de paro y convertirse así en la envidia de tantos países azotados por la crisis) mientras el FMI augura que la primera potencia global crecerá un 2,8% este año. Es una incógnita cuánto aguantará sin exhibir una sola cicatriz en los pilares de su economía. Si la demanda mundial sigue enfriándose –especialmente allí donde más aumentaba, es decir, en los emergentes– las exportaciones estadounidenses no tardarán en sufrir las consecuencias.
Aunque suela quedar eclipsada por China, India podría crecer alrededor más de un 7% este año, es decir, aproximadamente un punto más que el otro gigante asiático. Sin embargo, todo apunta a que los principales motores son el gasto público y una fuerte inversión en infraestructuras. Si no desatasca las reformas y el mercado internacional sigue perdiendo fuelle, cuando la mano visible del Gobierno se retire gradualmente en los próximos meses, la mano invisible del mercado y la iniciativa privada no podrán tomar el relevo. La consecuencia sería la que ya han conocido otros países desarrollados durante la crisis: los estímulos públicos sin reformas productivas se traducen en más deuda y apenas mejoran el nivel de vida de la población a largo plazo. Es verdad que India necesita puentes, carreteras y tuberías, pero también lo es que sin reformas el crecimiento que permitiría salir a tantos pobres de la miseria no será sostenible.
Un empleado de la Compañía de Petróleo de Kuwait. Yasser Al Zayyat/AFP/Getty Images
Un empleado de la Compañía de Petróleo de Kuwait. Yasser Al Zayyat/AFP/Getty Images
El dilema del petróleo. Los expertosencuestados por Reuters no han dejado de reducir sus expectativas sobre el precio del crudo para 2016 desde mediados del año pasado. A pesar de eso no creen que los Estados productores que integran la OPEP vayan a recortar la producción aunque siga desplomándose. Esto significa una buena noticia para los países que están recuperándose a duras penas de la crisis,  pues la energía suele ser un gran motor de inflación y una generosa porción de las importaciones. Sin embargo, esto puede dañar mortalmente a  muchas grandes petroleras y gasistas, embestir a los países que dependen del crudo que exportan y desestabilizar, sobre todo, a aquellos que sufren una enorme volatilidad política. Arabia Saudí y sus aliados del Golfo están castigando con suma dureza a democracias con gobiernos frágiles como Venezuela, tuteladas por religiosos como Irán, de corte autoritario como Rusia o con instituciones fallidas como las de Irak.
Un mar de incertidumbres. Es un misterio cómo afectará el nuevo enfrentamiento entre Irán y Arabia Saudí a los precios del crudo, cómo se producirá la transición política en Venezuela y probablemente en Brasil por culpa en parte del desplome del petróleo y del enfriamiento de las materias primas, hasta qué punto la multiplicación del gasto militar en Europa que se anunciará seguramente en junio se convertirá en un plan de estímulo disimulado o qué posibilidades realistas existen para los tratados de libre comercio entre Europa y Estados Unidos y Europa y China que se negociarán en 2016 concluyan con éxito. También es difícil imaginar el alcance de la erosión de las finanzas públicas comunitarias que provocarán las incontenibles oleadas de refugiados e inmigrantes de países en conflicto. Todas estas son incógnitas, peligros y quién sabe si oportunidades que ningún economista puede calcular.

"El capitalismo ha agotado su capacidad de adaptarse". Entrevista

Paul Mason 29/01/2016
 
No se sabe qué fue antes, si el analista, si el agitador o si el profesor de música que llegó a ser Paul Mason cuando se lanzó al ruedo económico, antes, durante y después de la crisis, con un pie en Grecia y otro en España, donde asegura haber percibido ese "nuevo espíritu" que ha fraguado en su nuevo libro: Postcapitalismo: hacia un nuevo futuro (Paidós). Asegura Mason (editor económico del Canal 4 británico y antes de la BBC) que la esencia camaleónica del capitalismo ha llegado a su punto final. En su opinión, la puya al sistema que ha llevado las riendas del mundo en los dos últimos siglos viene de la mano de la revolución tecnológica que lo está cambiando todo: del modo de producir a la manera de trabajar, de crear valor, de colaborar y de pensar en un mundo en red y sin las viejas jerarquías. es el nombre que Paul Mason ha puesto provisionalmente a ese experimento en "fase beta" que puede acabar cuajando en algo radicalmente nuevo. Siempre y cuando la disfunción económica y política no nos lleven a todos a un escenario bastante distinto y tirando a apocalíptico...
La entrevista la realizó Carlos Fresneda
El capitalismo ha mostrado en los dos últimos siglos una gran capacidad de adaptación a los cambios. ¿Qué le hace pensar que esta vez será diferente?
 
El capitalismo es efectivamente un sistema complejo y muy adaptativo, pero creo que ha llegado a los límites de su propia capacidad para adaptarse. El factor que a mi entender lo cambia todo es la tecnología de la información, que altera por completo la noción del trabajo. También está alterando la capacidad del mercado para poner precios correctos a las cosas: los mercados están basados en la gestión de la escasez, mientras que la información es abundante... El tercer factor es el ascenso espontáneo de la producción colaborativa, con bienes, organizaciones y servicios que no responden a los dictados del mercado o la gestión jerárquica. El mayor producto de información en el mundo es la Wikipedia, que está hecho por 27.000 voluntarios gratuitamente y que ha acabado con la industria de las enciclopedias y con un mercado de publicidad de más de 3.000 millones de euros. En el futuro vamos a ver más disrupciones al estilo Wikipedia que al estilo Facebook.

Pero hay gente que piensa que modelos como Uber (contratar coches con chófer vía internet) o Airbnb (para alojamiento entre particulares) son el capitalismo de siempre con un nuevo disfraz. ¿Acaso el sistema no ha cooptado (reclutado, asimilado...) ya a lo nuevo que emerge?
 
El mecanismo de autodefensa del capitalismo es la formación de monopolios, pero no van a durar porque nos estamos acercando al límite. Desde los tiempos de Marx, el capitalismo se ha enfrentado a su propia contradicción: cuanto más automatizas, menos mano de obra necesitas. Si quitas a la gente del proceso de producción, puede ser bueno para el proceso de producción, pero la sociedad va a necesitar dos cosas: a) buscar otro empleo para toda esa mano de obra, y b) crear nuevas necesidades, nuevos productos, nuevas industrias que permitan una adaptación del capitalismo a un nivel más alto. Eso es más o menos lo que ha venido sucediendo desde la revolución industrial. Así surgieron de la noche a la mañana colosos como Victor, la compañía que rompió moldes con las grabaciones acústicas y vendió un cuarto de millón de discos a primeros del siglo XX. Pero en la era la información la ecuación cambia, porque la necesidad de trabajo manual se reduce, y existe una separación creciente entre la propiedad y el control, y no quedan muchos más filones para seguir explotando con la clásica mentalidad capitalista... La tercera revolución industrial irá más allá de las relaciones sociales que crea el capitalismo y acabará cuajando en todo caso en una sociedad de redes. El capitalismo ha agotado su capacidad de adaptarse a los cambios y tiene que dejar paso a otra cosa.

¿Y cómo llamamos a eso nuevo que surge? ¿Llamarlo "postcapitalismo" no es acaso una manera de devaluarlo o de reconocer que aún no tiene forma?
 
Postcapitalismo tiene en cierto sentido una connotación negativa, desde el momento que implica dejar atrás el sistema anterior. La transición será larga, de varias décadas quizás, y lo que venga después está tomando aún forma, así que mejor llamarlo de un modo no concreto. Mi libro no es un plan, en todo caso el proyecto de un plan.

¿El Proyecto Cero?
 
Lo he llamado así con doble intención, porque estamos aún en el punto de partida y en fase experimental. Creo que avanzamos efectivamente hacia eso que Jeremy Rifkin ha llamado una "sociedad de coste marginal cero" que va a crear un nuevo paradigma económico en el que muchas cosas serán gratis o costarán poco. Pienso que otra de las metas tiene que ser la creación de un sistema energético de emisiones cero y basado en las renovables. Y creo por último en la reducción de las jornadas laborales a algo próximo a cero...

Si nos quitan el trabajo las máquinas, ¿qué es lo que hacemos y cómo nos ganamos la vida?
 
La naturaleza del trabajo está experimentando una gran transformación. El trabajo ha dejado de ser ya lo que nos define, como definía al trabajador de la fábrica a principios del siglo XX o al oficinista de los años 50 que juraba fidelidad a su empresa. Se puede ver claramente ese cambio de actitud hacia el trabajo en los millennials [los nacidos desde 1981 al 2004], incluso en situaciones de gran desempleo como la que está viviendo España. La gente de 20 años tiene ahora un espíritu emprendedor que no teníamos en nuestra generación. Son conscientes de que van a vivir peor que sus padres, que no van a tener estabilidad, que se enfrentan a un futuro incierto, pero están experimentando y buscan en todo caso una utopía basada en la identidad y no en el trabajo. Los millennials tienen un fuerte sentido de la individualidad: el sentido de la colectividad lo buscan en las redes. Son como nodos que se apoyan para intentar hacerse más fuertes en medio de una gran incertidumbre.

En su Proyecto Cero usted rompe una lanza por la Renta Básica, considerada aún como un tabú por la mayoría de los partidos políticos...
 
Es curioso porque la idea de "una paga básica incondicional para todos" ha surgido alternativamente tanto de la derecha como de la izquierda en las últimas décadas. Yo propongo la Renta Básica como una solución temporal, que va a ser necesaria para formalizar la separación entre trabajo y salario y para "socializar" los costes de la automatización y compensar la precariedad laboral. Pero la transición de la que yo hablo va a erosionar la economía de mercado, y va a dificultar que se recaude suficiente dinero en impuestos como para pagar la Renta Básica a toda la población. El objetivo será lograr que al final del proceso de automatización, muchas cosas sean o muy baratas o gratis: del agua a la electricidad.
¿Y cuánto tardará en cuajar esa transición?
 
La experiencia del siglo XX me hace sentirme un poco frustrado, la verdad. Hemos pasado décadas poniendo metas y dejándolas pasar. El cambio de modelo energético, por ejemplo, lo hemos aplazado hasta que hemos llegado a esta situación límite que está creando el cambio climático. No puedo decirlo, pero cuando tratamos con grandes sistemas humanos, siempre hay un gran elemento de imprevisibilidad. Estamos ahora en plena experimentación, en fase beta, y es difícil predecir qué saldrá de todo esto.

Usted habla del advenimiento de un "nuevo espíritu" como palanca de esa transición. ¿Dónde está ese "nuevo espíritu"?
 
Pienso que ese nuevo espíritu está ya aquí con nosotros ¿Cómo se puso si no en marcha Wikipedia? De acuerdo con la economía convencional, algo así no debería haber tenido éxito en la economía capitalista. Jimmy Wales [fundador de Wikipedia] no ha actuado como un homo economicus, y ha demostrado, sin embargo, que hay otra manera de crear valor sin buscar a toda costa el beneficio. Yo he palpado este espíritu en Grecia y en España, donde están surgiendo modelos de autogestión e iniciativas de economía social que algún día serán algo más que meras alternativas marginales. Y veo ese nuevo espíritu en las nuevas generaciones, en mi propia ahijada de 12 años que es una nativa digital y podrá usar la tecnología de una manera infinitamente más creativa de lo que yo nunca seré capaz.
Usted habla también del advenimiento del «WikiEstado». ¿Utopía o realidad?
 
Lo tenemos a mano y no podemos desperdiciar esa oportunidad. En la transición que vamos a vivir, el papel de Estado como gesto es fundamental, tanto a nivel local como a nivel nacional. Hay que evitar que la transición caiga en manos de los banqueros y de la elite financiera y económica. Hay que innovar desde las instituciones y desde los ayuntamientos, y creo que en España hay en este sentido una buena oportunidad con el ascenso de partidos como Podemos o Barcelona En Común.

Hemos dejado hasta el final la cuestión política. En países como el Reino Unido el neoliberalismo campa a sus anchas. Tras lo ocurrido en Grecia, se habla también de cómo la izquierda puede ser cooptada por el sistema. ¿Hasta qué punto la sociedad está preparada para un cambio radical?
 
Yo viví desde muy dentro todo lo ocurrido en Grecia, y no aspiro ni mucho menos a asesorar desde aquí a Podemos. Soy de los que piensan que para cambiar las cosas hay que querer ganar, pero entiendo que el país del Opus Dei no se puede hacer «postcapitalista» de la noche a la mañana. Esta transición va a llevar su tiempo y hay que tomar posiciones para los grandes cambios sociales que se avecinan, pero el hambre de poder puede pasar factura.

Usted habla en su libro de dos salidas posibles a esta crisis social que ha venido después de la crisis económica. Una es el agotamiento del actual sistema en 10 o 20 años y la transición. Y el otro es un escenario apocalíptico como el de los años 30. ¿Cuál cree que es más probable?
 
Me preocupa el futuro, tengo que reconocerlo. Y las analogías con los años 30 [del siglo pasado], después del crack del 29, son por desgracia bastante evidentes, como vemos en el ascenso del populismo y del fascismo en algunos países europeos. En el Reino Unido, aunque me pese reconocerlo, teníamos un líder laborista como George Lansbury, pacifista y defensor de la justicia social, con el mismo perfil que Jeremy Corbyn... Las contradicciones objetivas del sistema se pueden exacerbar masivamente. Por un lado tenemos la elite financiera, velando por el orden económico desde lugares como Davos y Jackson Hole, y prometiendo que todo volverá a ir bien. Y por otro lado tenemos los problemas geopolíticos que nuestros líderes no son capaces de resolver, como la situación explosiva de Oriente Medio y el hecho de tener a Rusia y a Estados Unidos bombardeando el mismo país [Siria] y sin comunicación entre ellos. Y entre uno y otro, graves problemas como la crisis de los refugiados y la presión social creciente en Europa. Mi miedo es que la disfunción económica acabe colisionando con la disfunción internacional y geopolítica, y que el caos social ponga en riesgo todo esto que está surgiendo.
editor de economía de Channel 4 News. Su libro Postcapitalismo: A guide to our Future, ha sido publicado por Penguin en 2015.
Fuente:
http://www.elmundo.es/cronica/2016/01/29/56a36cbbe2704e752d8b45e7.html

Emprendedoras cubanas aprenden a beneficiarse de la comunicación

El proyecto comunitario recibe el apoyo de la Embajada Británica en Cuba.

Las mujeres son minoría entre los propietarios de negocios privados en Cuba, según cifras oficiales.
Las mujeres son minoría entre los propietarios de negocios privados en Cuba, según cifras oficiales.
Foto: Jorge Luis Baños/ IPS
La Habana, 31 ene.- Profesores y estudiantes de la Facultad de Comunicación Social (FCOM), de la Universidad de La Habana , encauzan el proyecto “Mujeres en desarrollo” para fomentar habilidades y competencias comunicativas entre emprendedoras de barrios desfavorecidos.
“Los encuentros me han dado muchos conocimientos para poner en marcha un negocio de costura que pensamos iniciar varias amigas”, explicó Zoe Zuaznábar, de 72 años, quien participó en una de las sesiones, en el Taller de Transformación Integral del Barrio (TTIB) Alamar Este, en la capital cubana.
Profesores y estudiantes de la FCOM llevan al grupo conocimientos sobre información, comunicación, planeación estratégica y productos comunicativos. También en los encuentros se intercambian vivencias, experiencias y proyecciones.
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Según el investigador Luis Alain de la Noval, el proyecto está dirigido a mujeres que quieren iniciar algún negocio privado o cooperativa, permitidos en la actual reforma económica del país.
“Pero decidimos hacer el proyecto en barrios con determinadas desventajas y vulnerabilidades sociales, con el objetivo de que exista equidad de género”, amplió.
Con diferentes temas, los talleres comenzaron en noviembre de 2015 en los barrios de  Pogolotti y La Ceiba y llegaron en enero de 2016 a Alamar Este.
Luego pretenden incursionar en otros espacios que han manifestado interés en recibir esta iniciativa, que pone además a las ciencias sociales al servicio de la realidad del país.
Las capacitaciones tocan temas como emprendimiento y equidad de género, información para el éxito personal, fundamentos de marketing, negociación para el emprendimiento local, necesidades de información, productos y servicios informacionales, gestión estratégica para la comunicación y productos comunicativos, entre otros.
Según la también profesora de FCOM Heidy Tarragó, el último tema se incorporó a partir de las necesidades que plantearon las beneficiadas y queda pendiente satisfacer otra de las solicitudes: mujeres y liderazgo.
“Las estadísticas muestran que en los negocios particulares los hombres son mayoría y tienen mayor éxito. Ellas quieren saber cómo aun siendo minoría pueden convertirse en lideresas”, apuntó.

Mujeres en desarrollo ha permitido además desde el punto de vista institucional el diálogo entre las ciencias de la comunicación y la información. (Luis Alain de la Noval)

Todas las mujeres, y algunos hombres, que asisten de forma voluntaria a los encuentros consideran que sus emprendimientos están comprometidos con el desarrollo de la comunidad, desde el punto de vista del éxito personal y el trabajo en equipo.
Las participantes tienen en sus mentes proyectos de guarderías, cooperativas de costureras, tejedoras, cuidadoras, cafeterías e, incluso, emprendimientos de carácter social en una biblioteca pública.
En el intercambio salen a relucir temas como valores, buen trato hacia los clientes y empleados, calidad, respeto, derechos, comunicación interpersonal. Se habla de otros relacionados con la responsabilidad de defender y mejorar el proyecto social cubano, que se mueve en un contexto complejo y cambiante.
La beneficiada Mirta Manzo, de 65 años, aseguró que aprendió cómo lograr que su idea de una cooperativa de tejedoras fuera una acción trasformadora en su comunidad.
“Aspiramos a trabajar en Balcón Arimao, en La Lisa; Zamora-Coco Solo y Santa Felicia, en Marianao; Jesús María, en La Habana Vieja, y en La Güinera, Arroyo Naranjo. Pero antes queremos hacer una sistematización y un análisis para mejorar el proyecto”, destacó Tarragó.
Aunque un taller final de sistematización medirá los impactos y como las personas beneficiadas han aprovechado e incorporado las herramientas brindadas, algunos resultados ya están a la vista.
Para Manzo, los saberes adquiridos las ayudarán a iniciar su emprendimiento, cómo comunicarlo y promoverlo, sin olvidar a la comunidad en el proceso. (2016)