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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

martes, 4 de octubre de 2016

Omar Everleny: “Debemos comprender definitivamente que solo si se crea riqueza, tendremos riqueza para repartir”


Por Roberto Veiga González y Lenier González Mederos, Cuba Posible
octubre 4, 2016

El profesor e investigador Omar Everleny Pérez es una de las voces cubanas más autorizadas para dialogar sobre temas económicos. Le agradecemos doblemente: por el compromiso intelectual con el destino de su Patria y por su disponibilidad para dialogar, a pesar de sus intensos compromisos de trabajo.

El profesor e investigador Omar Everleny Pérez es una de las voces cubanas más autorizadas para dialogar sobre temas económicos. Muchos lo conocieron en los últimos años, producto del rol activo que ha desempeñado como intelectual público en la defensa de una mayor integralidad y profundidad de las reformas económicas que impulsa el presidente Raúl Castro. Esta “visibilidad” lo ha llevado a estar en medio de un fuego cruzado entre quienes lo consideran “incómodo” (dentro de Cuba), y aquellos otros que lo catalogan de “oficialista” (fuera de la Isla). Sin embargo, si algo ha caracterizado a Omar Everleny (como profesional y como cubano), ha sido la coherencia y la honestidad con que ha defendido sus ideas en torno al “deber ser” de la economía en Cuba; incluso en tiempos pasados, cuando hablar de “mercado”, “sector privado”, “economía mixta”, “inversiones extranjeras”, “intercambio comercial con Estados Unidos”, etc., no estaba muy de moda entre nosotros y era, casi, un anatema. Agradecemos a Omar Everleny doblemente: por el compromiso intelectual con el destino de su Patria y por su disponibilidad para dialogar, a pesar de sus intensos compromisos de trabajo.

¿Cuáles han sido las bases y las proyecciones del proceso de “actualización del modelo económico cubano”?

Las bases de la elaboración del proceso de actualización del “modelo económico cubano” se encuentran en el documento que fue aprobado en el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), en abril del 2011, y que fue refrendado después en la Asamblea Nacional. Dichas bases se denominan “Lineamientos de la política económica y social del Partido y la Revolución”, que fueron discutidos por toda la sociedad cubana en ese periodo. Recientemente, los mismos se actualizaron y se presentaron en el VII Congreso del PCC; y fueron publicados posteriormente por la Editora Política, en julio del 2016.

Es pertinente aclarar que no todas las dificultades económicas y no todas las líneas que se debieran afrontar para resolver las mismas, se encuentran en el documento. No obstante, existe un grupo significativo de ideas, que si llegasen a ser implementadas debidamente en el menor tiempo posible, el país estaría en mejores condiciones económicas de la que se encuentra en estos momentos.

En la implementación de dicha “actualización”, hasta la fecha, ¿cuáles han sido sus logros y cuáles sus frustraciones? ¿Cómo se han conseguido dichos beneficios y por qué tales fracasos?

Lo que se infiere de las propias autoridades cubanas, es que el proceso no se ejecutó al ritmo deseado. Es decir, que en el año 2016 solo se había cumplido el 21 por ciento de los lineamientos aprobados en 2011, y el otro por ciento estaba parcialmente cumplido o no cumplido.

Quizá el desarrollo mayor estuvo en el sector no estatal de la economía. Del mismo modo, fue importante el reconocimiento de que hay actividades que no le corresponden al Estado, como por ejemplo, la gastronomía. Sin embargo, quedan pendientes demandas importantes, como por ejemplo: el mercado mayorista, con la consiguiente afectación del mercado minorista para la población, que se ve afectada por las grandes compras de los mal llamados “cuentapropistas”.

Igualmente, resulta un avance ligero el reconocimiento de la necesidad de atraer capitales extranjeros. Sin embargo, a más de dos años de promulgarse leyes o decretos-leyes para atraer inversiones, parecería que su aprovechamiento a favor de la economía cubana queda para las calendas griegas. Estamos muy distantes de las cifras que deberían invertirse en Cuba para que el crecimiento económico sea a tasas más elevadas y constantes a lo largo de los próximos años.

Por mucho que se reconozcan en la prensa nacional los éxitos de países del eje socialista, como China y Vietnam, ello no logra tener un impacto en la evolución del modelo cubano. En la práctica, poco se asimila de la experiencia de estos países, que incentivan el desarrollo de grupos sociales “ganadores” y se preocupan de los grupos sociales “perdedores” en las dinámicas de reforma económica. En nuestro caso, no hemos logrado riquezas, con las cuales podríamos ayudar a los grupos más vulnerables. E incluso algunos se empeñan en asegurar que no crezca y se concentre la riqueza del nuevo sector no estatal.

Igualmente ha sucedido con el desarrollo de las llamadas cooperativas “urbanas”. Se aprobaron muy rápidamente cuatro grupos de ellas, pero el quinto grupo lleva más de 2 años a la espera. Entiendo que ese grupo comenzó con una fase experimental; y creo que las autoridades tienen razón en ocuparse de ver los pros y los contras en la implementación de cualquier nueva experiencia. No obstante, la propia necesidad de crecimiento económico del país nos exige repensar, de forma muy rápida, aquellas áreas que podrían expandir las fuerzas productivas existentes en la sociedad.

¿Cuáles resultan los mayores retos de la economía cubana para lograr enrumbarse hacia un desarrollo progresivo y sostenible; por ejemplo: en materia de inversiones, de relaciones con las instituciones financieras internacionales, de perfeccionamiento de la empresa estatal, de la institucionalización de las empresas personales o grupales y de las cooperativas, de la unificación monetaria, de las condiciones laborales como requisito para la centralización del trabajo como pilar del desarrollo socio-económico, de la debida relación entre el plan y el mercado?

Hasta ahora no me he referido al bloqueo económico, pues está más que demostrado que las afectaciones que este impone ha dañado y podría seguir afectando nuestra economía; pero hay muchas cosas que se pueden hacer a pesar de la existencia de ese bloqueo. Por ejemplo: está demostrado que un país que invierta poco menos de un 10 por ciento de su producto nacional, será un país que crecerá poco, y será un país que no verá los resultados económicos que necesita su población.

Por otro lado, pienso que el gerente cubano de una empresa productiva (estatal, ya que no existe otra), debe poseer mayores facilidades y toda la autonomía que se merece. Debemos dejar de considerar al empresario cubano como un simple administrador de los recursos que le asigna “el plan”, con las metas fijadas rígidamente por dicho plan y subordinado de manera absoluta a las autoridades gubernativas.

Estimo, además, que a pesar de las relaciones fallidas con las instituciones financieras internacionales, por factores políticos ya conocidos, y otros, el mundo de hoy no es el mismo de hace 50 años. Cuba debe intentar, aunque es cierto que no depende sólo de ella, buscar la manera de acercarse más a esas instituciones financieras. Sabemos que la Ley Helms-Burton y otras lo limitan, pero hay que estar abiertos a esas posibilidades. En ese sentido, podríamos acelerar el desarrollo de las actuales relaciones con la Corporación Andina de Fomento (CAF), entre otras. De la misma manera, se pudiera aceptar la participación de diferentes bancos de microcréditos europeos; que me constan que están interesados en tener presencia en Cuba y pudieran ayudar muchísimo a la creación de más pequeñas empresas cubanas.

Resulta obvio que si no se crean riquezas, no se pueden aumentar los salarios. Asimismo, queda claro que por los bajos salarios que se pagan en el país, es muy difícil aumentar la productividad del trabajo. Entonces, ¿qué hacer? Otros países han logrado salir de este círculo fatal, por ejemplo: Vietnam. Tomemos su experiencia. Recientemente, los informes de la Controlaría General de República demuestran que a pesar de todo lo realizado en los últimos años, las cifras demuestran que siguen existiendo pérdidas, mala contabilidad y hechos delictivos, entre otros males. La cuestión esencial no es el control. La cuestión esencial es que trabajdor pasa dificultades para que sus ingresos le aseguren los bienes que necesita para su reproducción y esto lo compensa por cualquier vía legal o ilegal.

¿Cuáles serían entonces las transformaciones económicas conceptuales y estructurales que demanda la realidad cubana?

Sin querer entrar en elementos conceptuales, considero que sería factible un estudio acerca de la necesidad de introducir más elementos de mercado en la economía cubana, en el tamaño que la misma necesite; por supuesto que sin abandonar los logros sociales alcanzados hasta el momento. Mercado no es sinónimo de capitalismo, como algunas personas lo reflejan. La competencia, legal y ordenada, resulta un motor fundamental para aumentar, cada vez más, los bienes y los servicios que exigen los ciudadanos; y que deben ser producidos con la calidad y la cantidad requeridos.

Por otra parte, un país como Cuba, con su pequeño tamaño, con ciudades pequeñas y medias, con falta de personal laboral por el envejecimiento poblacional y con problemas de natalidad, entre otros, está obligado a avanzar con más rapidez en la creación de micros, pequeñas y medianas empresas (MPYMES). La mayor parte de la industria cubana, al menos de las ramas ligeras y otras, pudiera pasar a ser MPYMES. Esto permitiría redimensionar la industria nacional, no tanto por el crecimiento de su tamaño, como por la eficacia de sus formas de gestión.

También considero que debemos renovar la concepción acerca de la planificación. Según la concepción actual, no estimula a las instituciones cubanas. Por ende, aunque se diseñen líneas estratégicas hasta el 2030, sino cambia el funcionamiento o la forma de actuar, seguiremos tropezando con las mismas trabas. No soy contrario a la planificación estratégica, pues las economías más exitosas de los últimos 50 años lo han hecho, como por ejemplo: Corea del Sur, Malasia y Singapur, en Asia.

Además, debemos cambiar la mentalidad rentista que ha imperado en el país; modificar la concepción del mal llamado “cuentapropista”. En vez de aumentarse el número de actividades, deberían hacerse públicas las actividades que no son compatibles con el proceso económico social. O sea, debería existir una lista negativa, y dejar a la iniciativa de los ciudadanos la concreción de actividades económicas privadas. Esto debería incluir a los profesionales, que pudieran instituir, por ejemplo, bufetes de abogados, quehaceres de arquitectos, consultorías económicas, desempeños de ingenieros, etcétera, etcétera.

¿Cómo impactará a la economía de la Isla la ampliación e intensificación, radical y progresiva, de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos? ¿Cómo deberá Cuba asumir esta realidad? ¿Cuánto beneficio económico pudíera ofrecerle?

Si realmente se normalizan las relaciones entre ambos países, evidentemente habrá un impacto muy fuerte. No obstante, sería necesario derogar totalmente el bloqueo, pues el mismo hace que medidas importantes, como el uso del dólar en las transacciones internacionales, aun no se haya podido materializar. Sin embargo, Cuba sí debería estar dispuesta a llevar esa relación al límite de las posibilidades existentes. Se debería utilizar, con la mayor optimización posible, todo lo ya aprobado; y ambas cancillerías, que poseen buena comunicación, están llamadas a ofrecer mayor celeridad al proceso.

Se observa un impacto significativo en el turismo. El número de visitantes procedentes de Estados Unidos tuvo un crecimiento, en el año 2015, de un 77 por ciento; y en lo que va de 2016 el incremento supera el 80 por ciento. A eso se le sumaría los contratos de administración hotelera que están firmados y ejecutándose entre la cadena Starwood, de Estados Unidos, y la empresa cubana Gaviota S.A., y los otros contratos ya en gestión. Asimismo, en la aviación civil, con las autorizaciones de aerolíneas para efectuar vuelos regulares entre Estados Unidos y algunas ciudades cubanas, darían beneficios económicos importantes a Cuba.

Sería, además, conveniente, para ambos países, que se incrementen los acuerdos en el área de las telecomunicaciones, pero también que esto se refleje en la disminución de las tarifas telefónicas entre ambas orillas. En el área de la prospección petrolera hay también interés entre ambas partes, que pudiera repercutir en la localización de grandes yacimientos off shore. Igualmente, Cuba debería permitir las importaciones, desde la Isla, de productos o servicios, que pudieran incrementar los ingresos a los cubanos y los fondos del sistema bancario del Estado. En tal sentido, dado que no se ha creado aún el mercado mayorista, sería lógico autorizar a emprendedores cubanos para que realicen importaciones desde Estados Unidos, pagando sus correspondientes aranceles aduaneros, pero sin que ello se convierta en un factor desestimulante de la importación.

Cuba debería sopesar más la falsa disyuntiva presente entre ideología y economía. El desarrollo de una empresa privada no tiene que ser ajeno al compromiso con el país, ni contrario a los beneficios sociales que aún existen. Las propias decisiones del presidente Raúl Castro de eliminar prohibiciones existentes, demostraron que había sido exagerada la percepción en cuanto a “la no aceptación” de ciertas cosas, como por ejemplo: la entrada de cubanos a hoteles, la de ventas de casas y automóviles, el uso de la telefonía celular y las salidas sin permiso al exterior, etcétera, etcétera.

¿Cuáles serían los actuales recursos del país, y cuáles otros recursos podríamos potenciar, con capacidad para generar emprendimientos económicos (tanto por medio de la inversión estatal, como privada, ya sea nacional o extranjera, así como la mixta), que aporten efectivamente al desarrollo?

Cuba cuenta con su principal recurso, que es la calificación de la fuerza laboral del país. Sin embargo, no se utiliza eficientemente, o se descalifica progresivamente, al estar empleados en oficios de mejor remuneración, incluso privados, pero de baja calificación.

El gobierno está potenciando el turismo internacional como un resorte importante, dado nuestro preciado clima y nuestros recursos humanos. No obstante, existen reproches de turistas acerca de la calidad del servicio, que está por debajo de la calidad de otros destinos turísticos en el área caribeña.

Cuba cuenta con ciertas cantidades de tierras, que podrían perfectamente dar un producto agrícola de más calidad que, además, le permitiera exportar a la región. Por ello, no es posible entender por qué el gobierno cubano aún gasta más de 2,000 millones de dólares en la importación de alimentos o productos agrícolas que se podrían producir en Cuba. Se hace forzoso analizar el por qué de las actuales ataduras que tiene el campesino cubano.

La industria mecánica pudiera jugar un rol más elevado en el país, ya que en la historia reciente se habían logrado ciertas producciones de equipos electrodomésticos, entre otras producciones. La industria ligera, pudiera ofrecer envases o embalajes, entre otras potencialidades. El país posee también un prestigio alcanzado en las ramas biotecnológica y de medicamentos, que pudieran dar un mayor aporte a la economía nacional, si se incrementaran más los incentivos laborales. Y por último, resulta un imperativo invertir en infraestructura física. Por ejemplo: en las carreteras y ferrocarriles, en la esfera de las telecomunicaciones, para la utilización efectiva del comercio electrónico.

¿Qué potencialidades tiene el país para lograr conectarse en la economía global, y convertirse en necesario para su funcionamiento integral, y cómo conseguirlo?

Cuba tiene muchas potencialidades para conectarse con la economía global, y a ello contribuye su posición geográfica: muy cerca de la primera economía mundial, y cercana, además, de un canal interoceánico modernizado. Y a esto debemos sumarle su fuerza de trabajo escolarizada. Sin embargo, es un país con baja competitividad, con ciertas excepciones, como el ron, el tabaco y algunos medicamentos.

Tenemos el desafío de encontrar las formas de insertar a Cuba en las cadenas globales de valor. Una pequeña isla, con descapitalización en casi todas sus ramas, no puede sola enfrentarse a la globalización existente, a un mundo con acuerdos y tratados preferenciales de comercio. En tanto, Cuba está obligada a tener aliados, a proponerse acuerdos conjuntos, etcétera.

¿Cómo avanzar en el histórico anhelo de lograr capacidades económicas equitativas y niveles de desarrollo equilibrados en las diferentes regiones y localidades del país?

En este anhelo histórico, aunque muy complejo, tenemos que seguir trabajando. Sin embargo, en un archipiélago, con cerca de 110,000 kilómetros cuadrados, con 11 millones de habitantes, debe resultar complicado ubicar grandes empresas en pequeños asentamientos urbanos. Por eso, el inicio de tal camino estaría en situar esas empresas en ciudades con un tamaño sustancial, por ejemplo: con 100,000 habitantes o más, y después, poco a poco, ir extendiendo el desarrollo empresarial a las urbes de menor tamaño.

Las autorizaciones para constitur fábricas pequeñas y medianas, ayudarían a transformar el perfil productivo y ocupacional de los núcleos menores y traerían consigo la disminución de los flujos migratorios hacia los polos urbanos de mayor densidad o de mejores expectativas (con turismo, minería, etcétera), o hacia el extranjero.

Por ultimo, no deberíamos temer que unos “perdedores” no alcancen los resultados de otros “ganadores”. Por el contrario, los gobiernos, con los instrumentos económicos existentes, como los impuestos y las políticas focalizadas, pudieran asegurar un desarrollo social donde todos mejoren cada día su bienestar socio-económico, aunque algunos mejoren más.

Debemos comprender definitivamente que solo si se crea riqueza, tendremos riqueza para repartir. Si nos desgastamos en tratar de evitar que se cree riqueza, las fuerzas productivas cubanas se moverán, cada vez más, a otros ambientes laborales, muchos de ellos fuera del país.

Lo alcanzado en lo social hasta ahora, que ha colocado a Cuba entre los principales países del mundo, tiene que mantenerse. Sin embargo, reitero, eso lleva recursos financieros, que cada vez son más escasos. Del mismo modo, lleva también que las nuevas generaciones entiendan que esto han sido el resultado de grandes sacrificios, durante un tiempo muy largo, y que deben mantenerse para todos y por medio del esfuerzo de todos. Por ende, el diseño de lo que necesitamos será el adecuado, sólo si resulta de la participación de todos y es compartido por todos.

Necesitaremos un año de 221 días y tres planetas para sobrevivir


Preocupantes constataciones sobre el peligro que corre la vida en nuestro planeta.

El pasado 8 de agosto, la organización Global Footprint Network informó que acabamos de consumir todos los recursos de la Tierra para este año. Este día ha sido denominado por la referida organización “Día del Exceso de la Tierra”, constatando que ocurre cada vez más temprano. Hace 40 años llegó el 19 de noviembre, 20 años mas tarde ocurrió el 4 de octubre, el 13 de agosto el pasado año y, como vimos, este año adelantamos cinco días la funesta fecha.

De manera que el año normal de 360 días se ha reducido a 221. Por su parte el mismísimo Banco Mundial (BM) afirmó que si se cumple el pronóstico de que en el año 2050 la población mundial llegará a 9.600 millones de personas, se necesitarán cerca de tres planetas Tierra para proporcionar los recursos naturales que permitan mantener el actual estilo de vida de la humanidad.

Claro que aunque nos arrastren a todos y a todas, los países corren con distinta velocidad en esta carrera hacia el abismo con una huella ecológica que supera los recursos naturales que pueden renovar. 

Por ejemplo Japón, consume 5,5 veces más de lo que produce, Italia 3,8 veces, Suiza 3,5 veces, Egipto 3,2 veces, Reino Unido 3 veces y China 2,7 veces. 

Agravando aun más la situación, el estudio “Indicadores de Desarrollo Mundial” del BM, muestra que los países más ricos del mundo son los que gastan más en subsidios al petróleo, carbón y gas natural (casi el 14% del PIB).

Estas constataciones llevaron a que el BM señalara que “la voracidad con la que estamos consumiendo los recursos hizo que Naciones Unidas (ONU) incluyera su uso racional en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para 2030”.

La meta número 12 de los ODS procura “garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles” en todos los países del mundo. Por estos motivos, se hace un llamado urgente a reducir el desperdicio de alimentos, reformular los subsidios a los combustibles fósiles y a disminuir los residuos lanzados al medio ambiente, entre otros.

La orgía del consumo. El apocalipsis a la vuelta de la esquina

Para la ONU los subsidios ineficientes fomentan el consumo derrochador y para racionalizarlos es necesario adoptar medidas para eliminar las distorsiones del mercado. 

Algunas de ellas son reestructurar los sistemas tributarios nacionales; reducir a la mitad los residuos mundiales de alimentos per cápita en las ventas al por menor; lograr una gestión sostenible y el uso eficiente de los recursos naturales (según el BM, en 2013 sólo una quinta parte de la energía utilizada en el mundo provino de fuentes renovables). 

También recomienda lograr una gestión ambientalmente racional de los productos químicos durante todo su ciclo de vida ya que la generación de residuos tóxicos per cápita casi se duplicó en todo el mundo entre finales de los años 1990 y la década del 2000, constatándose que en los países de ingresos medios la cantidad aumentó de 17 kilos per cápita entre 1996 y 2000 a 42 kilos en 2006 y 2011 y en países de ingresos altos que no hacen parte de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), se vertieron unos 981 kilos de residuos peligrosos per cápita entre 2006 y 2011.

“Como vemos, lograr el objetivo del consumo sostenible va mucho más allá del simple acto diario de compras, y pasa por una serie de desafíos que involucran a toda la sociedad. 

Es un objetivo que debe ser tomado cada vez más serio para no vernos ante el imposible reto de buscar dos planetas más para poder seguir viviendo en este”, señala el Banco Mundial.

Desde nuestro punto de vista, el estado actual de cosas no se modificará mientras el mundo siga gobernado por el capitalismo

Si partimos de la base que el capitalismo moderno nació con la Revolución Industrial, constatamos que en poco más de 250 años logró comprometer seriamente la capacidad de vida en la Tierra. 

Sustituir el sistema capitalista por otro más racional es una tarea que solamente podrá acometer el movimiento obrero, considerando como tal al movimiento sindical y los partidos de base obrera. 

Para eso deberá comenzar por proponérselo.

Ecoportal.net

Rel UITA

¿Nos van a quitar las máquinas de trabajar?


En 1956 Herbert Simon, premio Nobel de Economía en 1978, escribió: “las máquinas serán capaces de hacer cualquier trabajo que un ser humano pueda hacer”. Esta previsión parece ahora mucho más cercana. "Cualquier cosa que puedas hacer, la inteligencia artificial puede hacerla mejor", titula una reciente monografía de The Economist sobre el futuro del trabajo. Y los vehículos autodirigidos, por ejemplo, parecen darle la razón (aunque quizá no siempre... o sí). Si las máquinas hacen el trabajo, ¿qué harán los humanos?

Una respuesta optimista es que podremos disfrutar de más ocio, consumiendo la producción de las máquinas mediante la percepción de una renta básica sin trabajar; o sea, que nunca más estaremos condenados a ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente.

La visión pesimista la avivó un libro superventas de 2014, "The Second Machine Age" (ya traducido), de Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee. Estos autores ven los efectos positivos pero también sostienen que las empresas solo emplearán a los (pocos) trabajadores que no puedan ser reemplazados por máquinas, lo que reducirá los salarios y creará mucho paro.La creencia ludita en la eliminación de las oportunidades de empleo por el progreso tecnológico resucita de forma recurrente y anunciar el “fin del trabajo” ha servido a menudo para capitalizar predicciones totalmente equivocadas… ¿hasta ahora? ¿Serán los efectos sobre el empleo de las futuras innovaciones tecnológicas diferentes de los observados en el pasado y tendrán razón al final los luditas?

Para responder a esta pregunta, conviene empezar sintetizando lo que hemos aprendido acerca del impacto de los desarrollos tecnológicos en el empleo durante las últimas décadas. Lo vamos a hacer de la mano de un trabajo divulgativo reciente de David Dorn. Por suerte, la realidad no es blanca ni negra, sino que hay tonos de gris.

Comencemos señalando que el progreso tecnológico puede aumentar el paro en el corto plazo, pues provoca que los trabajadores se desplacen de las ocupaciones y los sectores obsoletos a los viables. La transición puede ser costosa y larga, lo que en parte depende de instituciones laborales como la negociación colectiva, la protección de los empleados (costes de despido) y los parados (prestaciones por desempleo) o la intermediación laboral. La cuestión que nos ocupa aquí, no obstante, es el efecto del progreso tecnológico en el largo plazo, es decir una vez que los trabajadores se han adaptado al cambio.

Una primera razón para ser escéptico acerca de la visión neoludita es que, a pesar de todo, estamos en un periodo de crecimiento de la productividad relativamente bajo. Por ejemplo, en EEUU el PIB per cápita ha crecido un 1.6% anual desde 1973, mientras que en 1950-1973 creció un 4% (y en Europa es aún peor). Robert Gordon argumenta en un libro reciente que en el periodo 1870-1970, que llama de la "Gran Innovación", hubo grandes avances como la electricidad, el motor de combustión interna, el desarrollo de los plásticos y muchos otros. Por el contrario, ahora las innovaciones se dan sobre todo en las nuevas tecnologías (informáticas) y por ello el crecimiento económico seguirá cayendo. Este bajo crecimiento de la productividad, junto con un menor crecimiento de la población y su envejecimiento, son las principales causas del renacimiento de la hipótesis del estancamiento secular que anuncia de forma vehemente Larry Summers, entre otros.

Supongamos no obstante que la producción se mide mal o que Gordon se equivoca. Incluso así, si observamos la tasa de empleo desde la mitad del siglo XIX, periodo en que ha habido muchísimas innovaciones tecnológicas, la proporción de la población empleada es muy estable, como se observa en este gráfico del Banco de Inglaterra para el Reino Unido, reproducido por Dorn:


Algo parecido, con más oscilaciones cíclicas, se observa en la tasa de paro. O sea, que no hay una tendencia secular de caída del empleo o de aumento del paro. ¿Cómo puede ser? Sobre todo porque el progreso técnico, por un lado, deja obsoletos algunos sectores y ocupaciones, pero hace surgir otros y, por otro lado, permite reducir los costes de producción de los bienes y por tanto sus precios, con lo que se eleva el poder adquisitivo de la población y su demanda de otros bienes.

En suma, lo que ha hecho el progreso técnico no ha sido reducir el empleo, sino cambiar su composición. En efecto, en el desarrollo económico mundial hay un patrón bien conocido de traslación del empleo de la agricultura a la industria y después de esta a los servicios (la llamada transformación estructural).

Cómo cambia la composición del empleo depende de la naturaleza de las innovaciones tecnológicas. Desde el lanzamiento del primer ordenador personal hace 35 años se reavivó el debate sobre la incidencia del paro tecnológico. Primero se desarrolló la teoría del cambio técnico sesgado hacia la cualificación, que favorece el empleo de los trabajadores con un nivel educativo más alto, en la medida en que las nuevas tecnologías elevan más la producción de este tipo de trabajadores que la de otros.

Más recientemente, indagando en el mecanismo por el que se produce esto, se ha generado una teoría del cambio técnico sesgado hacia las tareas. Resulta que los ordenadores son mucho mejores que los humanos en tareas repetitivas o rutinarias (pensemos en una cadena de montaje), pero no se les da bien producir nuevas ideas, ni reaccionar a situaciones inesperadas, ni tratar con seres humanos. Es decir, que los trabajadores que llevan a cabo tareas abstractas (gestores, ingenieros, investigadores) o manuales (camareros, cuidadores, peluqueros) tienen menor probabilidad de ser reemplazados por máquinas (aquí el artículo clásico de Autor, Levy y Murnane).

Hace poco hablamos aquí de la caída de la participación en la renta de las ocupaciones rutinarias. Los tres tipos de tareas se alinean bastante bien con la distribución de ocupaciones por nivel de salarios, estando los trabajadores que desempeñan tareas manuales más frecuentemente en el tercio inferior de salarios, los de tareas rutinarias en el tercio intermedio y los de tareas abstractas en el superior. Se ha dado en casi todos los países una polarización ocupacional (de la que ya nos habló Florentino Felgueroso), en favor de las ocupaciones en los dos extremos, perdiendo empleo las intermedias:


En EEUU este fenómeno se ha dado a la vez que han aumentado los salarios de los trabajadores de los servicios menos cualificados. David Autor y David Dorn defienden que esta evolución solo puede explicarse por la existencia de un aumento de la demanda de esos servicios, posiblemente gracias a la caída de precios de los bienes en cuya producción las máquinas han pasado a realizar las tareas rutinarias. Así que no todo está perdido para los menos cualificados.

No obstante, parece claro que la frontera entre lo que pueden y no pueden hacer las máquinas se está desplazando, y futuros avances de la inteligencia artificial pueden dar lugar a que también queden dentro de su ámbito de actuación las tareas manuales y las no rutinarias.

¿Cómo deberían reaccionar los trabajadores para mejorar su situación ante este panorama, en especial los jóvenes? Como dice Dorn, lograr un mayor nivel educativo es una receta fácil de dar. Pero hace falta una educación distinta, orientada a adquirir habilidades en áreas en que las capacidades humanas sigan superando a las de las máquinas. Una educación memorística y de cálculo mental no sirve. Fomentar las capacidades de resolver problemas y de comunicación, mediante el estudio de casos y el trabajo en equipo −usando métodos pedagógicos modernos, o como diría Antonio Cabrales, arrumbando la educación viejuna− puede favorecer complementariedades con las máquinas, que permitan crear nuevas oportunidaes de empleo

Y para las ocupaciones intermedias en declive, puede ser útil una mayor atención a la interacción individualizada con el cliente y a la resolución de problemas. Dice Dorn: "Un operario que tenga un conocimiento profundo de cómo funciona una máquina, y del proceso productivo en que se integra, es más difícil de sustituir que un operario que solo está familiarizado con unos cuantos botones del cuadro de mandos de una máquina. (...) De forma parecida, un vendedor que aconseja de forma experta y responde cuidadosamente a las peticiones de cada consumidor es menos fácil que pierda su empleo que un compañero que se limita a pasar tarjetas de crédito por el terminal de una caja. Estos trabajos que tienen una combinación virtuosa de tareas no requieren una educación universitaria pero sí se beneficiarían de un sistema de formación profesional de alta calidad, que combine la experiencia práctica en el trabajo con una educación adaptada a las necesidades de una ocupación concreta." O sea, que se trata de adquirir habilidades para las interacciones personales, versatilidad y sentido común, cosas que, ciertamente, son difíciles de infundir a los seres humanos pero, probablemente, todavía más difíciles de incorporar a una máquina.