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domingo, 1 de marzo de 2026

Las metas del MINEM para 2030 se necesitan actualizar y que sean realistas.

 

Por Humberto Herrera Carlés

En la situación complicada que tenemos a lo interno y externo, es hora  de que se ajusten en el mas breve plazo las metas hasta el 2030 de nuestro país. 

En particular en relación a la generación de energía eléctrica, estas son las metas.( seis primeras)

Metas hasta el 2030

- Alcanzar un 24 % de generación de electricidad utilizando fuentes renovables de energía.

- Instalar 755 MW de biomasa cañera y forestal, a partir de la construcción de 19 bioeléctricas.

- Instalar 633 MW en 13 parques eólicos.

- Instalar 700 MWp en parques solares fotovoltaicos.

- Instalar 56 MW a partir de la construcción de 74 pequeñas centrales hidroeléctricas.

- Instalar 800 MW de generación térmica.

- Generalización de la venta liberada de GLP al 100 % de las cabeceras provinciales y municipales.

- Incrementar los recursos y reservas de materias primas minerales que demanda el sector productivo y su utilización eficiente.

- Incrementar el conocimiento geológico del territorio nacional.

- Crear el Consejo Nacional de Geología.

- Incrementar la producción de níquel más cobalto con la ejecución de nuevos proyectos: Cajalbana en Pinar del Río, San Felipe en Camagüey, Colas negras y rojas de Moa y Nicaro y gestión y transportación de mineral del Pinares de Mayarí hacia Moa.

lunes, 24 de junio de 2024

La teoría de la Revolución en el marxismo original y en Lenin. Algunos fundamentos de sus propuestas teóricas para el desarrollo

 Econ. y Desarrollo vol.168 no.1 La Habana ene.-jun. 2024

0000-0003-1364-203X Daniel Rafuls Pineda1  * 

1 Facultad de Filosofía e Historia. Universidad de la Habana. Cuba.

RESUMEN

En el contexto de los debates actuales sobre los problemas del desarrollo, es muy común hablar de transición económica, de las causas de las crisis sociales y responsabilizar, solo, a los Estados nacionales con las políticas internas que les impiden avanzar a formas superiores de crecimiento material y espiritual, exonerando a las grandes potencias y los más importantes centros de poder económico y financieros de todo tipo de influencias. En este sentido, aun cuando es visible que la mayor parte de los análisis sobre estos temas soslaya las pugnas desatadas, históricamente, dentro de las experiencias socialistas y las tribulaciones porque transitaron para superar el atraso agro-industrial y el social en general, parece conveniente volver al marxismo original y a la experiencia práctica de Lenin, para reevaluar algunas de sus contribuciones teórico-metodológicas más importantes y determinar cuáles de estas podrían sernos útil hoy al objetivo de superar el subdesarrollo. Es, justamente, lo que propone el presente trabajo.


INTRODUCCIÓN

El tema acerca de la transición de la economía centralizada a una de mercado en los extintos países socialistas de Europa del Este y en la antigua URSS, así como el concerniente a la superación, perfeccionamiento o eternización del capitalismo, han sido, durante los últimos casi treinta y cinco años -en el orden político y académico- de los más importantes y polémicos que se haya suscitado dentro de los marcos la economía política marxista y en lo que, hasta hoy, ha sido conocido como Ciencia Política (tanto en la occidental, como en la que se intenta construir desde el Sur).

En este sentido, la variedad de los escenarios donde se han desarrollado los debates y la ausencia de soluciones responsables y coherentes a los conflictos sociales y de clases, generados en casi todos los países, han requerido, de manera tradicional, de respuestas estratégicas, viables y concretas que, lamentablemente, pocos políticos, economistas y politólogos han estado capacitados para enfrentar.

Así, dentro de este contexto de definición de nuevos derroteros, uno de los caminos cursados más conocidos, como parte de lo que se ha llamado transición, es el que se refiere a escritos sobre la denominada transición a la democracia, desarrollados por politólogos como D. Rostow, Guillermo Donnell y Juan Linz (Donnell, Schmitter y Whitehead, 1988), entre otros que, además de la génesis de la democracia y su estabilidad, analizaron las fases del proceso de cambio político y las propias causas de crisis de los llamados regímenes no democráticos.

Pero la transición a la democracia, desde estas perspectivas (Rafuls, 2021), solo se ha apreciado como un proceso de transformación de sistemas de gobiernos considerados autoritarios -como los existentes, en su momento, en Portugal, España y Grecia, en América Latina o en la propia Europa oriental y central-, en otros llamados democráticos que tiene el objetivo de crear o fortalecer, según sea el caso, las estructuras político-institucionales del sistema político capitalista, y no su transformación en otras distintas.

La transición sin embargo, también puede ser asumida como un proceso de cambios que genera la destrucción de formas de participación, socialización y cultura políticas sustentadas en instrumentos capitalistas privados de apropiación productiva, para dar lugar a otras, de mayor complejidad, que tienen su fundamento en un modo de producción distinto. Es lo que, en términos marxista, se ha dado en llamar revoluciones proletarias, socialistas o anticapitalistas.

LA TRANSICIÓN ANTICAPITALISTA. ALGUNAS APROXIMACIONES CONCEPTUALES

De esa manera, como parte de esta posición que requiere la creación de nuevos sistemas políticos y nuevas teorías del desarrollo que la sustenten, donde la toma de decisiones sobre los asuntos más importantes, definitivamente, no sea privilegio de una minoría exclusiva, sino voluntad política de las grandes masas, el papel de Carlos Marx ha sido realmente relevante.

Sus propuestas, en el orden de la ciencia política y la economía política, a diferencia de muchos otros autores -que absolutizan lo político o lo esencialmente económico-, tenían la particularidad de partir de la totalidad social, entendida como un sistema, pero reconociendo que las transformaciones políticas, igual que el resto de las mutaciones superestructurales, debían ocurrir, en última instancia, no solo en correspondencia con las características de la base económica, sino, en particular, con los cambios específicos que fuera demandando.1

Esto constituía parte esencial de su comprensión de que, si bien no podía negarse la acción inversa real e independiente que la política podría ejercer sobre la economía -acelerando, reteniendo o transformando los procesos sociales- en igual medida los comportamientos políticos, dentro de un Estado que transita al socialismo -expresándose mediante reformas económicas, o de otro tipo, para superar cualquier forma de atraso-, y la propia composición clasista del gobierno que lo encabeza, no podrían ser diseñados, arbitrariamente, a gusto exclusivo de los liderazgos políticos, sin correr el riesgo de retornar al capitalismo y, por tanto, sin poder superar los límites del desarrollo que este sistema social permite.

Por eso, a partir del descubrimiento de la concepción materialista de la historia y del secreto de la explotación capitalista mediante la plusvalía, ellos arribaron a la conclusión de que de los múltiples sujetos políticos de clases, vinculados a la producción capitalista, solo podía existir uno; el proletariado que, obligado a vender su fuerza de trabajo para poder sobrevivir, constituía la fuerza social principal llamada a sepultar al capitalismo, lo que fundamentaron y desarrollaron, creadoramente, a lo largo de toda su obra.2

Asimismo, como parte de sus propuestas más importantes, y considerando lo aportado ulteriormente por Lenin -líder de la Revolución Rusa-, se puede afirmar que la teoría marxista de la Revolución, tanto en su aspecto económico, como en todas sus expresiones superestructurales -incluyendo la política-, se sustentaba en dos ideas globales fundamentales:

  1. Desde la publicación del Manifiesto del Partido Comunista en 1848, hasta los últimos escritos de Engels en 1895, se percibe que, para ambos líderes del proletariado alemán -en correspondencia con los diferentes contextos que fueron conociendo- el tránsito político al socialismo, a partir de la condición de países que aún no hubieran agotado la capacidad de expansión de sus fuerzas productivas y, por tanto -conceptualmente hablando en términos actuales-, su propuesta teórica del desarrollo anticapitalista, solo se podría ejecutar bajo las siguientes cuatro premisas principales:

    1. Si los países atrasados avanzaran, aceleradamente, por la senda capitalista, lograran llevar la revolución burguesa hasta el final y las nacientes contradicciones políticas internas, entre burgueses y proletarios, llegaran a convertirse en conflictos. Fue el análisis que hizo Marx, en su obra cumbre El Capital, cuando en el capítulo 24, dirigido a la acumulación primitiva (Marx, 1986), trazó el camino sobre el cual surgió el orden económico capitalista en Europa occidental y, presumiblemente, una de las vías para llegar a la antesala de la revolución proletaria. Constituía la misma razón por la que Engels, particularmente en los últimos años de su vida, vislumbró que instituciones burguesas como el parlamento y los sistemas electorales, podrían ser utilizados por el proletariado de los diferentes países como escenarios para elevar su madurez política.

    2. Si las contradicciones políticas internas, en países atrasados como Rusia, conducentes de manera inicial a una revolución burguesa en sus contornos nacionales, fueran lo suficientemente agudas como para estimular la realización de la revolución proletaria en el occidente civilizado que, ulteriormente, le prestara su ayuda. Es lo que explica la convicción de Engels con respecto a que «si la Revolución rusa da la señal para una revolución proletaria en Occidente, de modo que ambas se complementen, la actual propiedad comunal de la tierra en Rusia podrá servir de punto de partida para el desarrollo comunista» (Marx y Engels, 1976b, p. 16).3

    3. Si los países atrasados, sin desarrollo alguno del capitalismo, fueran conducidos al socialismo por los llamados estados civilizados (entiéndase, sobre todo, Inglaterra, Francia, Alemania y los EEUU) donde, presumiblemente, ya hubiera triunfado la revolución política del proletariado. Es lo que se deriva, en particular, de los análisis realizados por Marx cuando, aun reconociendo el papel de la acumulación primitiva del capital en el surgimiento del orden económico capitalista en Europa occidental, también vislumbró, en la ayuda del proletariado triunfante de la Europa industrializada, la manera en que los países atrasados pudieran superar el capitalismo (Marx, 1988, p. 391).

    4. Si los «países civilizados» que, a fines del siglo XIX, en su gran mayoría, todavía no estaban preparados materialmente para implantar el modo de producción comunista -en correspondencia con el grado en que las relaciones de producción vigentes habían obstruido, realmente, la capacidad de expansión de las fuerzas productivas respectivas-, hubieran asumido, como táctica inmediata, no la destrucción del capitalismo, en bloque -que implicara la eliminación de todas las formas de dominación políticas, económicas y de otro tipo burguesas, vigentes hasta entonces-, sino la supresión de aquellas formas de dominación cuya conservación, en las nuevas condiciones de poder de los trabajadores, hicieran imposible dar cumplimiento a las tareas que la revolución burguesa dejó pendiente. Por eso ellos hablaban de ir arrancando gradualmente a la burguesía todo el capital, para centralizar todos los instrumentos de producción en manos del Estado.4

  2. Y algo, totalmente consecuente con el pensamiento de los fundadores del marxismo, es que para Lenin, la supresión del capitalismo y, por tanto su teoría del desarrollo anticapitalista, en condiciones de atraso industrial, estaba vinculada a cuatro tesis esenciales:

    1. No existía ninguna vía de desarrollo, ni ninguna revolución, que no respondiera, en última instancia, a los intereses de clase de la burguesía o del proletariado, lo que indicaba que, en su concepción -como en la de Marx y Engels-, en medio de un proceso donde las relaciones de poder giraban alrededor del desarrollo del capital, toda revolución a realizar desde mediados del siglo XIX, debería tener, obligatoriamente, o un carácter burgués o socialista.

    2. La transición política al socialismo en un país atrasado -como acababa de mostrar el propio ejemplo de la Revolución Rusa-, iniciada mediante una revolución que convirtiera al proletariado en la clase políticamente hegemónica,5dentro de un Estado que se propone superar el capitalismo, debería comenzar por una etapa de transformaciones sociales que diera cumplimiento a las tareas políticas, económicas y culturales, en general, que la revolución burguesa había dejado pendiente, y que iban a crear mejores condiciones materiales y subjetivas para la aparición de otras formas superiores de desarrollo social.

    3. Convertir al proletariado en la clase políticamente hegemónica dentro del Estado (o sea, colocar el poder político, sobre todo, en manos del proletariado), no significaba la preponderancia física de la clase obrera en el poder político -no fue preponderante en el primer Consejo de Comisarios del Pueblo Ruso y tampoco entre los miembros del Buró Político del Partido Bolchevique que encabezó Lenin- ni su lucha frontal dominante contra una burguesía nacional que apenas existía. Quería decir, colocar al proletariado y sus aliados de clase -en particular a los campesinos-, así como sus más fuertes representantes políticos, al frente del nuevo proceso de transición política al socialismo que se iniciara. El confiaba en que el proletariado constituía la única fuerza social, cuya práctica histórica había estado asociada a la supresión de todos los restos de las viejas formas de explotación y discriminación social (como el absolutismo, el feudalismo y el imperialismo), y cuyo objetivo estratégico era establecer una sociedad futura donde las reglas del capital no determinaran los destinos del hombre.

    4. Los comportamientos políticos, vinculados, en específico, a la clase social que ocupa el papel hegemónico en la toma de decisiones políticas, a las alianzas políticas que se concierten alrededor de ella, y a las tareas a ejecutar en cada etapa concreta del desarrollo histórico dependen, en última instancia, de las transformaciones que necesite la base económica. Fue lo que, tempranamente, comprendieron los bolcheviques, cuando desde la segunda mitad de 1917 llamaron a establecer en Rusia el capitalismo de estado y cuando en 1921 decidieron aplicar la Nueva Política Económica (NEP) ,6 como mecanismo empleado para sortear la crisis aparecida en el país -con tendencia a la hambruna-, luego de la aplicación de la política del Comunismo de Guerra.

Esto, por ejemplo, significa que si la clase trabajadora y sus representantes políticos, asumen el poder del Estado -realizan la revolución política- no como consecuencia, sobre todo, de su enfrentamiento frontal con la burguesía nacional -que, apenas existe-, sino con estructuras oligárquicas y transnacionales responsables de la represión interna y del intercambio desigual, así como de otras múltiples formas de dependencia colonial y neocolonial, entonces, el tránsito al socialismo, desde las condiciones del subdesarrollo, no tendrá que ser excluyente, per se, de todas las fuerzas políticas no proletarias, en primer lugar las masas campesinas. También podrá asumir alianzas políticas y formas transitorias de propiedad y gestión económica que, por no ser hostiles al modo de producción anticapitalista, igualmente podrán contribuir a elevar el desarrollo de las fuerzas productivas.

Es la conclusión que emerge, coherentemente, de la idea de Marx: «ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más altas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado en el seno de la propia sociedad Antigua» (Marx, 1975, pp. 373-374).

Pero la propia Gran Revolución Socialista Rusa de octubre de 1917, que promovió nuevos sujetos históricos, y formas de socialización, participación y legitimización políticas, inéditas, hasta esos momentos, no llegó a explotar todas las potencialidades del socialismo imaginadas por Carlos Marx.

Con la muerte prematura de Lenin, y a pesar de sus valoraciones permanentes sobre la base de la práctica cotidiana de construcción social, la dictadura del proletariado en Rusia, de fundamento clasista de un estado antiburgués, «para arrancar gradualmente a la burguesía todo el capital», fue elevada a rango de instrumento político oficial con el objetivo de respaldar, incondicionalmente, todo acto represivo que garantizara suprimir el derecho electoral a la burguesía y «arrancar, rápidamente, todo su capital».

Por esos años, lo más común, en la literatura de las ciencias sociales, publicada en los antiguos países socialistas -salvo raras excepciones ignoradas o que en su momento fueran declaradas revisionistas- era promover y defender la táctica estalinista de «clase contra clase», aprobada por el VI Congreso de la Internacional Comunista en 1928. A partir de esos momentos -y durante muchos años- se consideró que la transición del capitalismo al socialismo y, por tanto, la garantía de cualquier nueva teoría del desarrollo que se propusiera, debería iniciar, primero con la implantación de una dictadura del proletariado férrea, que implicara el rechazo a todo tipo de alianzas con cualquier fuerza política que formara parte de algún estamento de la burguesía -incluso contra aquellas que hubieran podido contribuir al desarrollo interno de las fuerzas productivas- y, en segundo lugar, con la supresión de la propiedad privada de la clase capitalista sobre, lo que se han llamado medios fundamentales de producción.

CONSIDERACIONES FINALES

En este sentido, luego de analizar, críticamente, algunas de las propuestas conceptuales de mayor significación, emanadas del marxismo original y de Lenin, acerca de la Revolución y la transición al socialismo, y considerando la importancia que ellos atribuyeron a la relación entre lo interno a los diferentes países y su relación de interdependencia con el exterior, se puede, al menos, considerar que los fundamentos más globales de sus propuestas teóricas para el desarrollo estaban vinculados a las siguientes cuatro ideas principales:

  1. La supresión del capital y, en consecuencia con esto, la superación del atraso industrial y agrícola, así como de todas las formas superestructurales en que se expresan -durante cada período específico de evolución de la historia-, no era un acto lineal que requería, obligatoriamente, comenzar por el enfrentamiento de medidas de expropiaciones y nacionalizaciones que convirtieran mayoritariamente en estatal la base económica, sino un proceso gradual de transición política que -en tanto se iniciaba desde las condiciones de un limitado desarrollo industrial-, requería toda una etapa de coexistencia con estructuras y mecanismos democrático-burgueses que permitieran hacer madurar la base económica para empeños mayores de socialización. Es lo que nos explica las transformaciones que han estado ocurriendo en China y Vietnam, respectivamente, desde 1978 y 1986, con el inicio de sus reformas y lo que nos pudiera llevar a entender los cambios que se siguen necesitando en la Cuba de hoy.

  2. El desarrollo y, consecuentemente, el avance hacia formas superiores de emancipación humana, durante el tránsito del capitalismo al socialismo, no depende, per se, de cuánta industria y tierra se haya expropiado y nacionalizado -aun cuando esto, en determinadas condiciones, sea necesario y pueda representar una importante garantía del éxito-, sino de cuánta cuota de poder real tienen los trabajadores y sus representantes políticos en los procesos de toma de decisiones más importantes. Es lo que, independientemente de su potencial reversibilidad, nos pudiera llevar a pensar en el carácter socialista de la Revolución Bolivariana de Venezuela y de los procesos sociales que se han estado desarrollando en países como Nicaragua y Bolivia.

  3. Aun cuando la teoría leninista del desarrollo, durante el proceso de tránsito del capitalismo al socialismo -al igual que en la comprensión de los fundadores del marxismo- comenzó confiando en el papel inicial del occidente civilizado como garantía de la construcción exitosa del socialismo, su propuesta para superar el subdesarrollo industrial y agrícola -asimismo similar a lo que concibieron Marx y Engels- no tuvo como premisa, per se, la realización de grandes nacionalizaciones y expropiaciones, sino el empleo de mecanismos de capitalismo de estado que crearan mejores condiciones para la socialización futura de los medios de producción. Por eso, para el líder ruso, al socialismo, en condiciones de atraso industrial, no se podía simplemente transitar -como si este fuera un proceso lineal, sin retrocesos- sino había que construirlo, con el apoyo de nuevas fuerzas productivas y de otras viejas que, sin haber agotado aun su capacidad de expansión dentro del régimen político capitalista recién superado, también podrían contribuir al desarrollo económico y social del país.

  4. La concepción de los fundadores del marxismo de superar la explotación del hombre por el hombre y erradicar el atraso económico y espiritual, comenzando, sobre todo por Inglaterra, Francia, Alemania o los Estados Unidos, así como hacerlo extensivo ulteriormente a otros países de menos desarrollo -más allá de la objetividad o no de la propuesta-7respondía a su comprensión de la lógica del momento histórico. Entonces, eran los países de más desarrollo industrial capitalista, habían formado parte de grandes imperios y concentraban en su interior los mayores conflictos entre proletarios y burgueses. Por eso era de esperar que, la revolución que triunfara en alguno de ellos, tuviera repercusión, inevitablemente, en sus antiguas colonias y países independientes. Habría que pensar si este principio, en el contexto actual de emergencia a primeros planos de la República Popular China, pudiera ser la reaparición del socialismo desarrollado como motor impulsor del avance, de otros países más atrasados, hacia formas superiores de bienestar material y espiritual.

Estas premisas, asumidas por los fundadores del marxismo y desarrolladas ulteriormente por Lenin en la práctica concreta de construcción del socialismo en Rusia -útiles o no para ser tomados como referente en la solución de nuestros actuales problemas de atraso agrícola, industrial y cultural general-, que podrían ser comprendidas como claves esenciales en sus respectivas teorías del desarrollo, tuvieron otros muchos seguidores marxistas. En este sentido, aun cuando algunos de ellos también promovieron lo que se pudiera llamar, sus propias teorías económicas del desarrollo, también es cierto que lo hicieron dentro de un contexto hostil en el que, bajo el liderazgo de Stalin, toda crítica al sistema soviético podía ser considerada «servir a los intereses de la burguesía». Pero este es tema de otro trabajo.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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NOTAS ACLARATORIAS:

11 En la carta del 21-22 de septiembre de 1890 a J. Bloch, Engels, decía: «[…] Según la concepción materialista de la historia, el factor que en última instancia determina la historia, es la producción y reproducción de la vida material […] La situación económica es la base, pero los diversos factores de la superestructura que sobre ella se levanta -las formas políticas de la lucha de clases […] las Constituciones […] las teorías políticas, jurídicas, filosóficas, las ideas religiosas […] ejercen también su influencia sobre el curso de las luchas históricas y determinan, predominantemente en muchos casos, su forma» (Engels, 1986b, p. 514).

22 En la nota de F. Engels a la edición inglesa de 1888 del Manifiesto del Partido Comunista, se describe como proletarios a la clase de los trabajadores asalariados modernos que, privados de medios de producción propios, se ven obligados a vender su fuerza de trabajo para poder existir (Engels, 1986a, p. 111). En igual sentido se manifestó en «Principios del comunismo» (Engels, 1976a, p. 93). Un desarrollo ulterior en la comprensión de la categoría proletariado fue expuesto por Marx en su tomo IV de El capital, donde califica de proletario a todo aquel que produce plusvalía independientemente del tipo de actividad que realice, de su calificación y papel en la organización social del trabajo (Marx, 1978, pp. 332-334). Esta manera de enfocar el contenido de la palabra «proletariado», que en idioma ruso también sonaba como proletarii, pero en ocasiones utilizado por Lenin como sinónimo de rabochi (trabajador), es lo que permite hablar tanto de hegemonía del proletariado como de los trabajadores, lo que potencialmente incluye como aliado del obrero agrícola e industrial, tanto al médico que no tiene clínica propia como al maestro que vende su fuerza de trabajo al propietario de una escuela.

33 Obsérvese que esta frase, escrita en 1882, es citada otra vez por Engels, a manera de ratificación, en 1894, en sus palabras finales al trabajo «Acerca de la cuestión social en Rusia» (Engels, 1976b, p. 427), lo que constituye una muestra de coherencia, de los dos autores, en su manera de ver el asunto.

44 Por eso, para Marx y Engels, estatizar la industria, al menos en aquellos momentos, no constituía una tarea de primer orden, lo que quedó probado en el cap. II de El Manifiesto Comunista, donde habían sido destacadas las tareas de carácter democrático-burgués que debía asumir el proletariado cuando se convirtiera en clase dominante. Entre estas destacaban: expropiación de la propiedad territorial, fuerte impuesto progresivo, confiscación de la propiedad de todos los emigrados y sediciosos, centralización del crédito y todos los medios de transporte en manos del Estado (Marx. y Engels, 1976a, pp. 42-43).

55 Aunque el concepto hegemonía fue empleado, explícitamente, por primera vez en 1901, en una carta de Axelrod a Struve para destacar la posibilidad de que la socialdemocracia en Rusia pasara a jugar el papel dirigente en la revolución democrático-burguesa que entonces se gestaba, y también tuvo un desarrollo creador en otros autores como Gramsci (que lo utilizó, por un lado, para advertir los compromisos de un grupo revolucionario que es preponderante sobre el resto de sus aliados y, por otro, para explicar el papel de la burguesía en la sociedad italiana y su relación con la categoría dominación), este término puede ser utilizado, sobre todo, en el sentido de cuota mayoritaria de poder; es decir, como el concepto que aun cuando reconoce que, en cada estado, varias clases pueden tener determinado nivel de participación en la toma de decisiones políticas, al mismo tiempo solo una tiene el peso político más importante. Por eso, en un estado capitalista, la hegemonía política debe ser burguesa, en tanto en un estado que transita al socialismo, la cuota mayoritaria de poder debe corresponder al proletariado o a los trabajadores.

66 Ver de Lenin, por ejemplo, antes de la Revolución de Octubre: «La catástrofe que nos amenaza y cómo combatirla» (Lenin, 1985a, pp.157-206) y «¿Se sostendrán los bolcheviques en el poder?» (Lenin, 1985b, pp.297-348). También se puede consultar, como crítica al Comunismo de Guerra, el texto: «Informe sobre la sustitución del Sistema de Contingentación por el impuesto en especie» (Lenin, 1987, pp. 56-73).

77 En la Introducción de Engels a la edición de 1895 del texto de Marx «La lucha de clases en Francia», luego de hacer una caracterización de todas las revoluciones de los tiempos modernos -a partir de la gran Revolución inglesa del siglo XVII, transitando por la gran revolución francesa de 1789 y las que tuvieron lugar en Alemania y la propia Francia a mediados del siglo XIX- él expresó: «Pero la historia nos ha dado un mentís, a nosotros y a cuantos pensaban de un modo parecido. Ha puesto de manifiesto que, por aquel entonces, el estado del desarrollo económico en el continente distaba mucho de estas maduro para poder eliminar la producción capitalista» (Engels, 1975, p. 119)

Recibido: 05 de Junio de 2023; Aprobado: 06 de Julio de 2023

* Autor para la correspondencia: visa@ffh.uh.cu

sábado, 1 de abril de 2023

¿Cómo crecerá la economía cubana durante las próximas décadas?

 Por Ricardo Torres Pérez. Horizonte Cubano

Sin una verdadera reforma, Cuba solo se endeudará peligrosamente. La inversión extranjera, que no es gratuita, solo favorece el desarrollo en un marco de políticas públicas de clara vocación productiva y funciona como complemento del capital nacional.

March 22, 2023

Durante la mayor parte del siglo XX, el aumento de la fuerza laboral constituyó uno de los factores más importantes para explicar el crecimiento económico en América Latina, incluida Cuba (Bértola & Ocampo, 2012). Sin embargo, la Isla muestra indicadores propios de una transición demográfica avanzada, caracterizada por bajos niveles de fecundidad, mortalidad y alta esperanza de vida.

¿Es posible establecer una relación entre los cambios demográficos y el desempeño económico? En años recientes ha crecido el interés por las relaciones entre uno y otro, por la fuerza con que los primeros irrumpen en el proceso de desarrollo. Los cambios en las estructuras etarias de la población tienden a alterar el equilibrio entre grupos de la población en edades económicamente activas e inactivas. Y ello incide poderosamente sobre la disponibilidad y trayectoria de la fuerza de trabajo.

Cambios demográficos y desempeño económico

Usando un modelo simple, se puede descomponer el crecimiento del PIB per cápita en cuatro factores:

  • Tasa de crecimiento del producto por trabajador (productividad del trabajo), que refleja los efectos de las inversiones en capital humano y físico.
  • El aumento de la tasa de actividad económica en las edades laborales; si se asume que la tasa de actividad económica es históricamente más alta y relativamente estable para los hombres, el denominado “bono de género” se corresponde con el incremento de la participación femenina.
  • La tasa de crecimiento de la población en edad laboral.
  • La tasa de incremento de la población total.

El bono (dividendo) u oportunidad demográficos se refiere al período en que la proporción de personas en edades potencialmente productivas crece de manera sostenida en relación con la de personas en edades potencialmente inactivas (dependientes). Las relaciones de dependencia descienden hasta alcanzar mínimos históricos mientras aún no ha aumentado sustancialmente la proporción de personas mayores. En este período se produce una situación particularmente favorable para el desarrollo, ya que aumentan las posibilidades de ahorro e inversión en el crecimiento económico, siempre que se tomen las medidas adecuadas en materia de salud, planificación familiar, empleo, políticas financieras y capital humano. En este modelo, el bono se calcularía como la diferencia entre las tasas de variación de la población en edad laboral y la población total.

El bono demográfico en Cuba

En Cuba, la manifestación fundamental del bono demográfico se observó entre 1973 y 1995 aproximadamente. Luego hubo una breve reaparición entre fines de los 90 y 2012 (Albizu-Campos, 2019). No obstante, su aprovechamiento fue deficiente. De acuerdo con estimados de la CEPAL (Martínez, Miller, & Saad, 2013), Cuba exhibió un comportamiento peculiar entre 1980 y 2010. Más allá de conseguir tasas de crecimiento económico muy bajas, la contribución de los factores poblacionales, aunque positiva, estuvo dominada por el bono demográfico, mientras que el denominado bono de género[1] tuvo una participación muy reducida. El resultado es llamativo teniendo en cuenta que Cuba se reconoce a sí misma como puntera en políticas orientadas a mejorar la participación femenina en todas las esferas de la vida económica y social.

Esta etapa estuvo marcada por dos períodos completamente diferentes. Hasta 1990, el arribo masivo de personas a la edad laboral encontró niveles de inversión relativamente altos, entre 25-30% del Producto Interno Bruto (PIB), pero con un rendimiento muy bajo. La ineficiencia del proceso inversionista y de los procesos productivos en sentido general, dio cuenta del desaprovechamiento de una parte notable de esos recursos. Ese contraste se puede apreciar en una dinámica muy pobre de la productividad del trabajo.

En líneas generales, no se generaron condiciones para sostener ese proceso a más largo plazo. Las consecuencias de la enorme dependencia externa y los acontecimientos en la Unión Soviética y Europa del Este inauguraron una nueva etapa en la que el bono demográfico se desperdició casi completamente.

El colapso del capital físico

A partir de 1990, la dotación de capital físico por trabajador[2] colapsó como consecuencia de la combinación de bajos volúmenes de inversión junto a la obsolescencia moral de una parte de la planta industrial existente, y el descenso en el aprovechamiento de la capacidad instalada. Los datos sobre el stock de capital físico en Cuba son aproximaciones basadas en supuestos gruesos que deben ser tomados con gran cautela. Sin embargo, la mayoría de los expertos coinciden en un incremento sostenido del stock de capital hasta principios de los 90, seguido de una reducción notable que tiende hacia una estabilización y ligero aumento a partir del nuevo siglo.as, líneas telefónicas o puertos disponibles como promedio por cada empleado en la economía.

planta azucarera colapsando

En Palacios (2021) se estima que la dotación de capital físico apenas se habría incrementado un 5,7% entre 1989 y 2014. Esto redunda en una tasa de aumento promedio anual de apenas el 0,2%. Si a ello se agrega que el número de ocupados aumentó a una tasa similar en el período, entonces en el mejor de los casos la dotación de capital por trabajador se mantuvo constante. En estas condiciones, el capital físico apenas contribuye a impulsar el crecimiento de la economía. En estudios que establecen una comparación con América Latina, la menor dotación de capital físico por trabajador explica alrededor de un 55% de las diferencias en PIB per cápita entre Cuba y los países considerados en la muestra (Vidal, 2020).

Reformas parciales limitantes 

A los deprimidos niveles de inversión, se adicionó la propia concepción detrás de las reformas económicas parciales en los 90, que limitó la creación de empleos en sectores “emergentes” como el turismo o la inversión extranjera. Estos hubiesen permitido incrementar las tasas de participación y generar un proceso endógeno de acumulación. En la “industria sin chimeneas” se apostó por un modelo basado en las cadenas hoteleras estatales con uso predominante del “todo incluido” como modelo de negocio, y vinculadas con los turoperadores internacionales a través de los “paquetes turísticos” como producto de comercialización por excelencia. Lo anterior limitó los derrames hacia la población y el tejido productivo local, lo que ha sido comprobado en la última década, cuando el turismo internacional se diversificó más allá del producto “sol y playa” hacia ciudades y villas, e incorporó a su cadena de valor al pujante sector privado.

Por otra parte, el sistema impositivo implementado para los cuentapropistas fue especialmente exigente para el segmento que ofrecía servicios en moneda extranjera (Ritter, 2000). Si bien durante la primera década de expansión turística se logró cierta articulación con empresas domésticas, a partir de los 2000 estos encadenamientos se debilitaron (Figueras & Pajón, 2021).

Las concepciones sobre el papel del sector privado en la economía impidieron su expansión duradera, cercenando la posibilidad de crear cientos de miles de empleos. De un lado, el cuentapropismo enfrentó enormes restricciones para crecer, tales como un marco regulatorio sesgado en su contra e impredecible, nulo acceso al sistema bancario, y un sistema impositivo regresivo e injusto. Los tributos exigidos al cuentapropismo en aquella etapa implicaron que los negocios más pequeños estaban sometidos a tasas efectivas más altas (Ritter, 2000), lo cual resultaba un contrasentido en un contexto donde se requería la generación de nuevos puestos de trabajo en medio de la crisis económica. Si acaso más contradictoria resultaba la apertura restringida a actividades muy simples, de escaso valor agregado en su mayoría, aunque algunas resultasen muy lucrativas en virtud del particular contexto cubano de esa época. Condicionantes de ese tipo impidieron mejorar los retornos de la otra inversión sustancial de la Isla: el capital humano.

Consolidar un nuevo modelo

Si el pasado supuso obstáculos en gran medida insalvables para el crecimiento económico en Cuba en el marco del modelo vigente, el futuro se avizora todavía más desafiante. La década que transcurrió entre 2010-2019 pudo sentar las bases de la transición a otro modelo productivo que ofreciera mejores oportunidades para la fuerza de trabajo. Era esencial consolidar un nuevo modelo justamente cuando el bono demográfico se extinguía. El período que va desde la inauguración de la presidencia de Barack Obama hasta su visita a la Isla, en marzo de 2016, se puede considerar el más favorable que ha disfrutado Cuba en términos de las condiciones externas para su desarrollo, por lo menos desde 1985. Sin embargo, las políticas domésticas no se modificaron suficientemente como para aprovechar esa oportunidad única.

Cuando se anuncia el proceso de “actualización” las tendencias del mercado laboral eran ya preocupantes. Se advertían los primeros efectos del bajo crecimiento poblacional y la emigración sostenida. La población en edad laboral apenas crecía y los ocupados en el sector formal se habían estancado. Se comenzaba a observar una brecha creciente entre ambos.

En aquel momento, uno de los anuncios que recibió mayor atención fue la propuesta del gobierno para reducir el empleo en el sector público en unos 1,5 millones de puestos de trabajo. La noticia fue llamativa por varias razones. El tamaño de lo estatal es uno de los sellos distintivos del proceso cubano posterior a 1959. No ha sido menos la obsesión con el dominio del sector público y de las empresas estatales en la estructura del empleo. A esto se añadió la implementación de un marco más flexible para los cuentapropistas en septiembre de 2010 (antes del propio Congreso del Partido Comunista en abril de 2011), lo que fue interpretado como una muestra de la decisión de colocar al país en el terreno de los cambios profundos.

Las reformas necesarias nunca se materializaron 

Se alcanzaron indudables avances en ciertas áreas, aunque siempre bajo la amenaza del retroceso. Entre 2009 y 2020, casi 1,2 millones de empleos fueron eliminados en el sector estatal, que incluye empresas estatales, servicios sociales y administración pública. En ese período, la población en edad laboral aumentó en 255 000 personas, que representan unos 177 000 empleos nuevos que se debían crear para mantener constante la tasa de desempleo con las tasas de actividad económica del período. El sector cooperativo y privado creó unos 726 000 puestos de trabajo netos en ese período, insuficientes para absorber la contracción del sector estatal y los nuevos arribos al mercado laboral.

clavos no bien martillados y martillo

Como consecuencia, se han expandido tanto el trabajo informal como la emigración. Todo indica que la intención era descargar al Estado de responsabilidades consideradas “excesivas” sin ampliar el espacio correspondiente para los ciudadanos y el sector privado. En un trabajo publicado en el mismo momento en que echaba a andar la reforma económica de Raúl Castro, el Banco Interamericano de Desarrollo advertía que uno de los lastres para la mejora de la productividad en América Latina proviene de la existencia de un enorme número de pequeñas empresas (muchas de ellas informales) ubicadas en actividades simples que no crecen (Pagés, 2010). El pequeño tamaño y el estancamiento se relacionaban con la imposibilidad de acumular, innovar y acceder a mercados externos.

La reforma(s) necesaria(s) nunca se materializó. Más de una década después, la situación ha empeorado. La población en edad laboral aumentó continuamente hasta 2015, hasta un máximo de 7,2 millones de habitantes, pero a partir de ese año se ha reducido más de un 2%, mientras que la edad media de los ocupados ha continuado aumentando.

Como consecuencia, la relación de dependencia demográfica[3] ha pasado de 524 en 2006 a 596 en 2021. Y se proyecta que alcance un valor de 807 en 2030. El propio gobierno ha reconocido que más de un millón de ciudadanos no tenía empleo formal, a pesar de tener capacidades para trabajar en uno. La pandemia de la COVID-19 solo ha acentuado una tendencia ya existente.

La emigración y el aumento de la edad media

La emigración no es nueva en el contexto cubano, pero los datos recientes son alarmantes. De acuerdo con las cifras oficiales cubanas, entre 1990 y 2020 la migración representó la salida de más de 910 000 personas. De acuerdo con datos de agencias de Estados Unidos. El número total de los que han salido de la Isla es mayor teniendo en cuenta todos los posibles destinos y los migrantes en tránsito. Esa cifra es muy superior al crecimiento natural de la población y se añade al decrecimiento demográfico de la franja de población en edad laboral. Se estima que casi el 80% de estos se ubican en la franja entre 15 y 59 años (Albizu-Campos & Díaz-Briquets, 2023).

siluetas de personas en diferentes colores

Todas las proyecciones indican un crecimiento negativo, tanto para la población en su conjunto como para el segmento en edad laboral. Esto redundará en un deterioro progresivo de la relación de dependencia. Las variables demográficas solo se modifican en el muy largo plazo, y sus tendencias se mantienen durante décadas. De hecho, un incremento repentino de la natalidad solo incrementaría la presión durante dos décadas como mínimo, dado el aumento resultante en la relación de dependencia. La buena noticia es que tanto la tasa de actividad económica como la productividad del trabajo pueden modificarse en el medio plazo si se implementan políticas efectivas.

¿Aumentar la tasa de actividad económica como remedio?

Una menor cantidad de personas en edad laboral, junto al aumento de su edad mediana, suponen una menor movilidad laboral. Esto es una mala noticia porque la estructura económica debe continuar cambiando, y ello implica el trasvase de fuerza de trabajo entre sectores. Por ejemplo, la demanda insatisfecha en la manufactura ligera, los servicios personales y al hogar, y los servicios a la empresa crean un enorme potencial de generación de empleos en esas actividades. Este proceso siempre es más difícil cuando el número de trabajadores es menor. Una mayor edad promedio genera fricciones adicionales para cambiar trayectorias profesionales e incorporar nuevas habilidades. Y esa necesidad requiere un nuevo enfoque del sistema educativo para orientarlo adecuadamente hacia el aprendizaje permanente, y el entrenamiento de trabajadores adultos.

Pero la menor disponibilidad en la franja de la edad laboral se puede compensar con el incremento de la tasa de actividad económica. En la actualidad, debido al avance de la transición demográfica, las políticas se orientan crecientemente hacia el aprovechamiento del denominado bono de género.

El estudio de la CEPAL mencionado identificaba a esta como una fuente muy relevante para Cuba, dado el escenario adverso en el plano demográfico. No obstante, incluso en el caso de los hombres, las tasas de participación en la ocupación formal se han contraído durante la última década. Los escasos incentivos monetarios y de desarrollo profesional que dominan el mercado laboral cubano constituyen un problema transversal que requiere ser atendido para revertir la tendencia actual. La materialización del bono de género supone la necesidad de considerar el aporte económico del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, y la urgencia de avanzar más rápidamente en la igualdad de género en el mercado laboral.

Con demasiada frecuencia las mujeres se concentran en categorías ocupacionales “femeninas” de acuerdo con la división sexual del trabajo. Asimismo, se mantiene la segregación vertical a partir de una mayor aglutinación de las mujeres en puestos de baja jerarquía, a pesar de contar con niveles de calificación similares a sus pares varones.  Si la brecha en las tasas de actividad económica entre ambos géneros se redujera a la mitad considerando los niveles de 2020, esto representaría alrededor de 300 000 trabajadores adicionales en el mercado laboral.

Se necesita una verdadera reforma

Por último, el aumento de la productividad del trabajo se presenta como la respuesta más duradera y sostenible al desafío del desarrollo en las nuevas condiciones, pero requiere un cóctel más complejo de medidas interrelacionadas con retroalimentación a lo largo del tiempo. Se pueden destacar dos dimensiones claves que han fallado en el pasado. Por un lado, es imprescindible aumentar la inversión en capital físico y humano. La disponibilidad de recursos no garantiza ganancias en este aspecto, como se demostró durante la bonanza de los 80. La planificación centralizada es especialmente defectuosa a la hora de generar eficiencia en la inversión productiva. La acumulación de capital requiere un marco regulatorio que la haga posible y la promueva sin ambigüedades.

El enfoque que ha predominado se basa en la ampliación del acceso al ahorro externo a través del crédito y la inversión extranjera. Si bien se puede mejorar el ambiente de negocios para continuar avanzado en ambos planos, lo cierto es que la efectividad en el uso de esos recursos sigue dependiendo del modelo económico.

Sin una verdadera reforma, la nación solo se endeudará peligrosamente. Además, se ha demostrado que la inversión extranjera, que no es gratuita, solo favorece el desarrollo en un marco de políticas públicas de clara vocación productiva y funciona como complemento del capital nacional. El problema ideológico para el modelo cubano es que equipara nacional a estatal. Por ese camino no hay solución a esta urgencia.

En un entorno adecuado, el sector privado tiene la capacidad de atender simultáneamente la necesidad de crear puestos de trabajo y de movilizar nuevas fuentes de capital que no están disponibles para el sector público. Todavía más importante: los emprendimientos exitosos generan los recursos para financiar su desarrollo futuro. La capacidad de creación de empleo se puso de manifiesto desde 2010, en condiciones retadoras. Debido a la naturaleza de estas actividades, la inversión necesaria por puesto de trabajo es varios órdenes menores a la norma en las grandes empresas estatales e incluso en los negocios con capital extranjero.

La productividad del trabajo también dependerá de una mejor correspondencia entre la formación de la fuerza de trabajo y los empleos disponibles. Cualquier política dirigida a aumentar la dotación de capital humano debe considerar esta condición. Por ello, es imprescindible garantizar este emparejamiento, ampliando el acceso del sector privado a las actividades más complejas. Se trata de más y mejores empleos. El aumento de la productividad proveerá recursos y liberará trabajadores para garantizar los cuidados que requiere una franja creciente de la población sin comprometer el crecimiento económico a largo plazo.

Conclusión

Este escenario no tiene que condenar a la Isla a una senda perpetua de bajo crecimiento y empobrecimiento generalizado. Sin embargo, mitigar los efectos negativos y aumentar el potencial de crecimiento a largo plazo sí supone una ruptura, en algunos casos radical, con el paradigma actual. Si la Isla puede adentrarse en esta senda es una pregunta que solo tiene respuesta en el plano político.

Referencias

Albizu-Campos, J. C. (2019). Hacia una política de población orientada al desarrollo humano. En R. Torres, & D. Echevarría, Miradas a la Economía Cubana. Un plan de desarrollo hasta 2030 (págs. 123-136). La Habana: Ruth Casa Editorial.

Albizu-Campos, J. C., & Díaz-Briquets, S. (23 de Febrero de 2023). Cuba y la emigración. La salida como voz. Obtenido de Cuba Capacity Building Project.

Bértola, L., & Ocampo, J. A. (2012). The Economic Development of Latin America since Independence. Oxford: Oxford University Press. 

Figueras, M. A., & Pajón, D. (2021). Pensar el turismo en Cuba en una etapa poscovid. En R. Torres, & D. Echevarría, Miradas a la Economía Cubana. Elementos claves para la sostenibilidad. (págs. 115-130). La Habana: Ruth Casa Editorial.

Martínez, C., Miller, T., & Saad , P. (2013). Participación laboral femenina y bono de género en América Latina. Santiago de Chile: CEPAL.

Pagés, C. (2010). The Age of Productivity. Transforming the economies from the bottom up. New York: Palgrave Macmillan.

Palacios, J. C. (2021). Internal and external constraints of the Cuban Productive Sector. Growth and Change, 52, 492-517.

Ritter, A. (2000). El régimen impositivo para la microempresa en Cuba. Revista de la Cepal, 145-162.

Vidal, P. (2020). Where the Cuban economy stands in Latin America. Cuban Studies, 49, 97-118. 

[1] Beneficio económico asociado a un incremento de la participación femenina en el empleo formal teniendo en cuenta que históricamente se verifica una brecha en las tasas de actividad económica por género. 

[2] El valor de las máquinas, equipos, herramientas e infraestructura física como carreteras, líneas telefónicas o puertos disponibles como promedio por cada empleado en la economía.

[3] Es una medida gruesa de la oferta de trabajo potencial. Mide la cantidad de personas dependientes (fuera de la edad laboral) en relación con los que tienen edad para trabajar.

miércoles, 8 de marzo de 2023

Las crisis en el desarrollo económico de Cuba


Autor(es): Hiram Marquetti Temas

La evaluación de las crisis en sus diferentes modalidades o manifestaciones es un tema de recurrente valoración en diferentes naciones. El propósito general de este examen es identificar, con el mayor rigor posible, los factores desencadenantes de estos desequilibrios y constatar aquellas tendencias negativas que han persistido con posterioridad al desarrollo de tales desajustes. De igual modo, se ofrece la posibilidad de identificar las insuficiencias en las que han incurrido las autoridades gubernamentales, sobre todo en el diseño e implementación de políticas económicas para enfrentar en mejores condiciones estas coyunturas. Por tanto, un rasgo distintivo de este tipo de escrutinio es que exige la revisión y evaluación de un amplio número de aspectos diversos (los cuales determinan un alto grado de complejidad), atinente, en particular, a cómo alcanzar la ponderación, con un determinado grado de certeza, de la magnitud de las afectaciones que se han producido y la valoración de la incidencia efectiva de los diferentes factores involucrados.

La experiencia cubana en el enfrentamiento de las crisis se ajusta plenamente a los criterios antes indicados, ya que estas —en específico las de naturaleza económica— han sido consustanciales a la evolución de su economía a lo largo de los últimos sesenta y tres años. El presente artículo revisa, de forma sintética, cómo ha evolucionado el análisis de estos desequilibrios, con posterioridad a la desaparición del bloque socialista. Asimismo, examina, de manera somera, la incidencia del bloqueo estadounidense en el surgimiento de ellos. Por último, ofrece algunas valoraciones sobre diversos factores que afectan el proceso de diversificación de las exportaciones en la actualidad.

Aspectos conceptuales y diferentes enfoques utilizados en la valoración de las crisis

Las crisis económicas han sido parte inseparable del desarrollo de la economía cubana durante los últimos sesenta y tres años, aunque con la singularidad de que no deben examinarse solo desde la evolución cíclica de la economía o la presencia de insuficiencias en el mecanismo de regulación macroeconómica, pues no son exclusivas de Cuba, sino que pueden considerarse comunes a otras naciones. De tal forma, este análisis demanda la inclusión de otras valoraciones que faciliten la aplicación de apreciaciones de alcance sistémico o de naturaleza multifactorial.

En adición, la evaluación de las crisis en el caso específico de la economía cubana supone considerar, en primer término, que durante este período no se ha regido por condiciones similares a las prevalecientes en las economías de mercado, sino que la planificación ha mantenido un rol protagónico en el mecanismo de organización y funcionamiento económico; e incluso, desde la perspectiva gubernamental, se le confiere mayor relevancia a su papel que a la regulación macroeconómica (González Gutiérrez, 2000).[1]

La preeminencia que ha mantenido la aplicación del criterio antes indicado explica por qué los diferentes trastornos en la evolución de la economía de la Isla no son atribuibles, de forma exclusiva, al accionar de los factores de naturaleza cíclica, sino que los orígenes y evolución de estas coyunturas se explican por los siguientes aspectos: insuficiencias en el diseño de las políticas económicas, baja efectividad de los sistemas de dirección de la economía, poco aprovechamiento del potencial científico-técnico disponible, concentración excesiva de los esfuerzos en el fomento de una sola rama de la economía en determinados períodos,[2] errores de idealismo económico,[3] incidencia sistémica del bloqueo; así como el recurrente impacto de los cambios que se producen en el contexto económico exterior.

El examen de las diversas crisis se transformó en un tema omnipresente después de la disolución del bloque socialista. La emergencia de este proceso contribuyó a la aparición de diversos estudios que no se limitaron a la presentación de los numerosos impactos de estas crisis, sino que se constata la intención de encontrar respuestas de mayor alcance. Por tales razones, es posible hallar los más variados enfoques y criterios; por ejemplo, algunos especialistas nacionales concentraron sus valoraciones en los ciclos de centralización y descentralización (Triana Cordoví, 2003), mientras que otros abordaron las fallas presentes en el modelo económico (González Gutiérrez, 2000; Díaz Vázquez, 1997).

Asimismo, resultan de interés aquellos estudios que han empleado la restricción externa al crecimiento económico como el fundamento de sus evaluaciones, e incluso llegan a describir los momentos más críticos por los que transcurrió el ciclo económico nacional en cincuenta años (Vidal Alejandro y Fundora, 2008). Otra visión interesante es la que ofrece Rogelio Torras Rodríguez (2007), quien examina, de forma integrada, las variaciones del ciclo económico con los cambios que acontecieron en la coyuntura internacional.

Un aspecto común que sugieren los trabajos referenciados es que los trastornos de mayor alcance y profundidad sufridos por la economía cubana están asociados a los procesos de crisis de inserción internacional,[4] los cuales no solo han provocado la agudización de los desequilibrios estructurales y funcionales existentes, sino que también su evolución ha generado otras consecuencias, muy difícil de revertir en el tiempo.

Uno de los rasgos distintivos en el desarrollo de estas crisis es que se suceden en períodos relativamente breves, lo cual ha obstaculizado encontrar opciones efectivas para mitigar sus impactos negativos. Otra singularidad es la persistencia de estos por un prolongado lapso.

Como se dijo antes, el examen de las disímiles crisis económicas que han afectado a la economía cubana se transformó en un tema omnipresente, o de seguimiento regular, con posterioridad a la disolución del bloque socialista europeo. Tal preferencia puede conceptuarse de significativa, tanto en el contexto nacional como a nivel internacional (Rodríguez García, 2016). La creciente relevancia de tales análisis marcó un punto de ruptura con las tendencias que habían mantenido antes del abandono del socialismo en Europa oriental y la Unión Soviética. En el período previo a estos drásticos cambios, las valoraciones sobre el desempeño de la economía cubana se concentraban en las aportaciones de un reducido número de especialistas, por lo general, residentes en los Estados Unidos (Mesa Lago, 2015). Sin embargo, posteriormente, van a asumir una línea de investigación de alcance internacional, en la cual participarán diversas instituciones académicas, de naturaleza gubernamental y expertos de disímiles países (Rodríguez García, 2016).

Huelga recordar que el conflicto entre los Estados Unidos y Cuba, desde el triunfo revolucionario, contribuyó a que en la nación norteña se mantuviera el interés en el desarrollo de los estudios sobre la Isla, tendencia que adquirió cotas inéditas en la primera mitad de los años 90 del pasado siglo. Al amparo de ello, fue creada la Asociación de Estudios de la Economía Cubana —ASCE por sus siglas en inglés—, que anualmente publica un texto denominado «Cuba in Transition».[5] De igual modo, se regularizó la celebración de eventos interanuales para dar seguimiento a temas diversos.

Este boom se caracterizó por el predominio de diversas tendencias y enfoques. Primero: determinada preeminencia de los análisis destinados a demostrar la incapacidad de la economía de cubana para soportar la magnitud de las afectaciones derivadas de la desaparición de los vínculos económicos con los países exsocialistas y, por consiguiente, intentar explicar su naturaleza subsidiada.[6] Segundo: aquellas indagaciones relacionadas con la ampliación de los márgenes de descentralización y mayor incidencia de los mecanismos de mercado en el contexto doméstico. Tercero, la evaluación de los impactos de la dolarización parcial de la economía y la expansión del trabajo privado o el autoempleo (Domíguez, et al., 2004).

El ulterior proceso de la actualización del modelo económico cubano ha sido otro de los temas que ha tenido seguimiento sistemático por un amplio número de investigadores desde los Estados Unidos (Mesa Lago, 2012; Hernández y Domínguez, 2013); así como el deshielo de las relaciones políticas entre los dos países, al cierre del ciclo presidencial de Barack Obama; hecho que ha centrado el esfuerzo, además, de estudiosos de otros países. En este contexto, se destaca también la aparición de varias contribuciones que se propusieron demostrar que los principales problemas de la economía cubana no debían atribuirse de forma exclusiva a la incidencia del bloqueo, sino a la presencia de diversas fallas estructurales y funcionales que aún acumula (Feinberg, 2011).

A los aspectos anteriores se adiciona la evaluación de los trastornos experimentados por la economía de la Isla debido a la minoración de las relaciones económicas con Venezuela, a partir de que esta comenzó a sufrir las políticas de bloqueo y las sanciones aplicadas por los Estados Unidos. Una conclusión preliminar es que las referidas afectaciones podrían haber representado el preámbulo de una nueva crisis de inserción internacional (Mesa Lago y Vidal Alejandro, 2019).

El bloqueo y las crisis de la economía cubana

La incidencia de la política de bloqueo exige un tratamiento especial en este análisis, ya que ha desempeñado un papel protagónico en el surgimiento y evolución de los diversos trastornos afrontados por la economía cubana a lo largo de sesenta y tres años. Su implementación implicó que Cuba enfrentara la primera crisis de inserción internacional, situación que se logró sortear, con relativo éxito, en aquel momento, fruto del gradual incremento de los vínculos económicos con la Unión Soviética y, en cierto modo, con el resto de los países socialistas. Sin embargo, a pesar de la sostenida ampliación de las relaciones con este grupo, no fue posible impedir los efectos negativos de la política de hostilidad y la aplicación sistemática de diversas sanciones por los Estados Unidos, las cuales, a la postre, constituyeron el epicentro del ulterior desarrollo de severos trastornos en las finanzas internacionales y en otros ámbitos del sector externo. La aplicación de esta política, oficializada en 1962, ha constituido un factor clave en el surgimiento de los diferentes desajustes que ha tenido enfrentar la economía cubana durante más de sesenta años. De igual manera, ha incidido de forma directa en sus posibilidades de crecimiento, en las opciones de desarrollar estrategias efectivas de internacionalización, en la disminución de la capacidad de maniobra del gobierno en diversas áreas. Ha contribuido a que haya sido más engorroso encontrar soluciones efectivas a las diversas restricciones estructurales que aún persisten en la economía nacional; así como a que las crisis se hayan mantenido como un estadio latente en la evolución del ciclo económico.

La persistencia del bloqueo no solo ha dificultado, en múltiples ámbitos, la gestión gubernamental, sino que también ha impedido la utilización de mecanismos y fórmulas más cercanas a las prevalecientes en el mercado mundial. Por similares razones, tampoco ha sido posible construir una cultura de negocios y de funcionamiento mercantil que facilite la inserción efectiva de Cuba en el sistema económico internacional. Otra cuestión importante es que esta política norteamericana puede experimentar algunas variaciones, como ocurrió al culminar el ciclo presidencial de Barack Obama, que pueden resultar coyunturales. Además, mientras que el bloqueo satisfaga los propósitos para los que fue diseñado es muy difícil que sufra cambios significativos o sea abandonado. Ello replantea la necesidad de introducir fórmulas que permitan mitigar algunas de sus consecuencias, sobre todo en aquellas áreas donde nuestro accionar sea más efectivo y no demande de apoyos externos. La aplicación de este enfoque supondría también el rediseño de algunas de las políticas que se instrumentan en la actualidad.

Desde otra perspectiva, se requiere una evaluación profunda de ciertas condiciones que existieron en los vínculos comerciales de Cuba con los Estados Unidos, los cuales se reprodujeron por diversos factores causales y aún resultan presentes; por ejemplo, la elevada concentración de los flujos comerciales en un solo mercado y el mantenimiento de una estructura exportadora poco diversificada o muy dependiente de un reducido número de rubros. En estas circunstancias, se convierte en un proceso recurrente tener que afrontar obstáculos que no solo impiden el normal desarrollo de las relaciones comerciales y financieras, sino que también implican asumir costos que tienden a deteriorar la capacidad de solvencia de la nación y limitan las posibilidades de promover políticas activas de inserción en el contexto global (CIEI, 2018).

La marcada incidencia del bloqueo igualmente se aprecia en los altos costos que se debe asumir por concepto de contratación de transporte, fletes y seguros internacionales, debido a la desaparición de la flota mercante nacional y a la obligatoriedad de acudir a diferentes oferentes de estos servicios. En suma, se requiere de un rediseño, hacia lo interno, de políticas en diferentes áreas y del manejo de determinados mecanismos económicos que mitiguen, hasta donde sea posible, sus impactos.

Las crisis y el proceso de internacionalización de la economía cubana

La persistencia de las crisis de inserción internacional generó la necesidad de trabajar de forma consistente en la internacionalización de la economía cubana. En ese sentido, se destaca la introducción de ajustes en los mecanismos del monopolio estatal del comercio exterior; la ampliación de los actores que intervienen en la realización de sus operaciones; así como la promoción de una política más activa de apertura económica. En rigor, la evolución de ese proceso implicó la aplicación de medidas de alcance integral. Sin embargo, los progresos alcanzados en determinados ámbitos aún resultan insuficientes, entre ellos la diversificación de las exportaciones y sustitución efectiva de importaciones.

Importancia del incremento y diversificación de las exportaciones

El sector exportador constituye un área de creciente relevancia estratégica para la economía cubana; aspecto común a otras economías en vías de desarrollo, cuya preeminencia responde a la incapacidad estructural de desarrollar, de forma autónoma, la reproducción ampliada.

En diferentes estudios empíricos sobre la evolución de las exportaciones en esas economías, se ha constatado que los países que lograron sostenidos incrementos han alcanzado los siguientes resultados:

1) aumento de los ritmos de crecimiento económico;

2) mejor asignación de los recursos; 3) materialización de transformaciones de hondura en el patrón nacional de ventajas comparativas; 4) inclusión de nuevos rubros para la comercialización internacional; 5) fomento acentuado del cambio tecnológico.

Uno de los retos que afronta el crecimiento económico cubano es la inestabilidad del sector exportador de bienes y servicios. Su evolución, lejos de favorecer la mejoría económica, ha funcionado en sentido contrario, ya que ha mantenido un desempeño inestable y una propensión al deterioro recurrente de sus resultados (Marquetti Nodarse, 2006).

Las exportaciones de bienes sufrieron una severa contracción con posterioridad a 1990, tendencia que perduró hasta 2008, cuando los resultados representaron aproximadamente 68% de lo obtenido en 1990. Su mejoría perduró hasta 2012, momento en que superaron en 3% las cotas conseguidas antes. Sin embargo, a partir de 2013 se inició un nuevo período de decrecimiento, con un descenso de 42,6% hasta 2018. Este desempeño desfavorable tendió a agravarse de forma ostensible en el contexto de la pandemia de COVID-19, pues las exportaciones de bienes se contrajeron en 25,5% en 2020 en relación con 2019. En 2021 se produjo un repunte de 10,2%, aunque estos progresos respondieron al incremento de los precios de varios rubros y a la sustancial devaluación del tipo de cambio oficial de 2 300% (ONEI, 2022b: 21).

En contraste con las ventas internacionales de bienes, la comercialización de servicios tuvo un desempeño favorable desde 1990 hasta 2011, que respondió, inicialmente, a los avances en el sector turístico y, con posterioridad, al acelerado crecimiento del mercadeo de los servicios profesionales (gráfico 1). Los ingresos aportados por las exportaciones de servicios facilitaron cubrir la totalidad del déficit de balance comercial de bienes. No obstante, la comercialización de estos rubros sufrió, en fecha reciente, el impacto del reforzamiento del bloqueo y la evolución de la crisis que acompañó a la expansión internacional de la COVID-19. Ello provocó que aquella se contrajera en 12,8% en 2019 (ONEI, 2019: 47), 30,3% en 2020, y 31,8% en 2021 (ONEI, 2022a; 2019: 47).

En otros análisis relacionados con la evolución de la economía externa cubana, se ha confirmado que esta reacciona con mayor intensidad a la dinámica de las importaciones; incluso se estima que para lograr un crecimiento de 1% del PIB se demanda un incremento de las importaciones en 2% (Quiñones, 2012). Otros autores han evaluado esa relación en otros períodos, y los coeficientes obtenidos respecto al PIB son mayores, lo que corrobora la marcada dependencia de la economía a las compras externas.

En consecuencia, la minoración de la dependencia importadora debe entenderse como un proceso complejo y de difícil materialización en el futuro, por disímiles razones: 1) los coeficientes de abastecimiento importado de los diferentes sectores y ramas son muy diversos; 2) el autoabastecimiento pleno se logra en un reducido número de renglones productivos; 3) los insumos vitales que la economía doméstica requiere que se adquieran, en su totalidad, en el exterior; 4) el deterioro acumulado en la planta productiva, y el sector industrial en el general, incentivan el acrecentamiento de las compras externas.

En suma, esta dependencia es una de las mayores restricciones estructurales que enfrenta la economía, cuya incidencia tiende a acrecentarse por los grandes problemas de integración interna que aún se conservan; de ahí la importancia que se les concede en la actualidad al fomento y fortalecimiento de los encadenamientos productivos y al cierre de cadenas de producción.

Al revisar nuevamente los resultados de la diversificación de las exportaciones a lo largo de los últimos tres decenios, se evidencia un creciente esfuerzo. Sin embargo, por diversas razones no se ha logrado estabilizar los avances en esta dirección. Los mayores progresos se concentran en la industria biofarmacéutica, cuya oferta precisa un alto grado de regulación internacional y requiere cumplimentar un grupo de requisitos muy superiores a los de otros rubros exportables, realizar pruebas de campo o de comprobación de la efectividad por un determinado período; así como el engorroso proceso de registro clínico (Göransson y Magnus Palsson, 2011).

El impacto de las ventas externas de la industria biofarmacéutica ha sido significativo en la dinámica de comercialización internacional. De hecho, es la rama que ha contribuido con mayor cantidad de nuevos renglones exportables, cuyas aportaciones responden a los progresos alcanzados por ella en los últimos treinta años. Al cierre de 2019, esta industria disponía de una cartera de productos —algunos de carácter exclusivo— superior a los 300 rubros, mantenía contratos comerciales con 74 países, y había logrado patentar más de 2 400 (Mauri Pérez, 2014).

Sus avances son el resultado de la aplicación de una política industrial en la que se ha logrado integrar favorablemente factores nacionales —incluidos aspectos propios de la cultura y la práctica local— con el aprovechamiento efectivo de la experiencia internacional (Rodrik, 2007). A estos elementos, se adicionan: 1) un creciente esfuerzo en la formación de capital humano; 2) la creación de capacidades propias de transferencia de tecnologías y conocimientos; 3) el avance ostensible del proceso de internacionalización empresarial; 4) la formalización de alianzas con principales compañías de este sector a escala mundial (Marquetti Nodarse, 2021).

Las capacidades alcanzadas por la industria biofarmacéutica contribuyeron a que esta desempeñara un papel decisivo en el enfrentamiento a la pandemia de COVID-19, en tantoaportó un grupo de fármacos de última generación (Lage Dávila et al., 2020), y expertos nacionales que asesoraron la confección de protocolos utilizados en varias naciones para el tratamiento de la enfermedad. A esto se añade la participación decisiva en la culminación de cinco proyectos vacunales destinados a combatir el virus.



En sentido general, la inestabilidad de los resultados ha caracterizado la evolución de la diversificación de las exportaciones, en cuya dinámica ha incidido con fuerza la elevada concentración de las exportaciones de bienes y servicios en un reducido número de rubros, como se puede apreciar en la tabla 1.

Los datos de la tabla anterior evidencian cómo la estructura exportadora de la nación transitó de la condición de exportadora neta de bienes a la de servicios, entre los que destacan los servicios profesionales de salud. La expansión de la comercialización de este servicio está relacionada con los cambios políticos acaecidos en el contexto latinoamericano a fines de los años 90, período en que ascendieron al liderazgo de varias naciones dirigentes de movimientos y partidos de izquierda. Sin dudas, las transformaciones en las estructuras de poder de Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador y Venezuela ayudaron a su progreso, el cual, por su naturaleza, no se caracteriza por el creciente mercadeo a nivel mundial, sino que depende, en un por ciento decisivo, de las relaciones políticas interestatales. En la actualidad, las exportaciones de servicios de salud enfrentan una feroz persecución y una enfermiza campaña mediática por parte del gobierno de los Estados Unidos, cuyo objetivo es revertir la imagen favorable que tiene la cooperación médica cubana a escala internacional, y afectar otra de las opciones de ingresos de la nación. A pesar de estas acciones, la evolución de la pandemia contribuyó a intensificar la colaboración médica por la parte cubana. En ese sentido, el número de naciones que solicitaron el apoyo de Cuba fue creciendo gradualmente hasta llegar a 57, al cierre de 2021.

En contraste con estos progresos, incluidos los del turismo, el ejemplo más decepcionante es la caída del coeficiente de participación de la exportación azucarera. Tradicionalmente, el azúcar constituyó el principal rubro exportable de Cuba. A inicio de los años 90, su coeficiente de participación en el total de las ventas internacionales era superior a 70%; además, constituía el principal activo de garantía para respaldar la obtención de determinados créditos (Marquetti Nodarse y Marquetti Cortina, 2018).

La disminución de la disponibilidad de combustibles, fertilizantes y herbicidas, a lo largo de esos años, afectó sensiblemente el desempeño productivo de la agroindustria, cuyo techo se ubica, en la actualidad, en niveles análogos a los que se obtenían en las postrimerías del siglo XIX e inicios del XX.

En 2002, se inició un amplio proceso de redimensionamiento de las capacidades de esta rama, que modificó su posicionamiento estratégico en la economía nacional e implicó también variaciones importantes en las relaciones intersectoriales predominantes, al tiempo que se desarticuló la única cadena productiva orgánicamente estructurada que sustentaba el funcionamiento tradicional de la agroindustria. La ruptura de esta cadena resulta contrastante con los esfuerzos que se realizan hoy en pro de mejorar los encadenamientos productivos y las relaciones intra e intersectoriales en el país.

El sistema empresarial y la participación de los territorios son otros de los factores esenciales, para garantizar la diversificación comercial. A esto se añade la apertura del sector no estatal a la posibilidad de realizar operaciones de comercio exterior. Esta reforma es parte de las novedades de la estrategia de recuperación económica que elaboró el gobierno para la etapa pos COVID-19.

Tabla 1. Cuba: evolución de la concentración de las exportaciones de bienes y servicios 1990-2020 (%)


El involucramiento de los territorios en la realización de operaciones comerciales internacionales comenzó en la primera mitad de los años 90 y respondió a las readecuaciones de la actividad del comercio exterior en ese período. A partir de 2016, el MINCEX (Ministerio de Comercio Exterior e Inversión Extranjera), en conjunto con los directivos de todas las provincias cubanas, iniciaron un ejercicio destinado a identificar los potenciales fondos exportables existentes en cada una de las regiones. Como resultado de esta experiencia, se logró establecer en todo el país 1026 rubros de bienes y servicios, con capacidad potencial para la comercialización externa. De este total, se consideró que 59% puede ser colocado en los mercados internacionales, al definirse como bienes y servicios ya consolidados.[7]

El involucramiento del sector no estatal en la realización de operaciones de comercio exterior debe entenderse como un proceso novedoso e indicativo de que los posibles progresos en la diversificación de las exportaciones incluyen todos los eslabones de la economía. Se considera que este sector posee un potencial exportador de 382 rubros, entre los que sobresalen los productos agroalimentarios con 290; les siguen las artesanías, con 42; los aseguramientos para la construcción con 16,8 productos mobiliarios; aves ornamentales, 5; materias primas específicas, 3; elementos decorativos, 3; y servicios audiovisuales, 2 (MEP, 2020).

La ejecución de operaciones de importación y exportación por parte del sector no estatal se efectuará mediante la formalización de relaciones contractuales con un grupo de 58 empresas seleccionadas por el MINCEX y autorizadas por el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, las cuales asumirán la ejecución de un conjunto de servicios fundamentales en el desarrollo de la actividad comercial externa. Los costos que se deriven serán cubiertos financieramente por aquellas empresas no estatales que lo requieran. Además, estas deberán disponer de licencia del Banco Central de Cuba para legalizar la apertura de una cuenta en el Banco Financiero Internacional. Junto a esta autorización, tienen que contar con otros instrumentos financieros que respalden estas actividades: poseer cuenta corriente en otras entidades del sistema bancario nacional y tarjetas magnéticas nominadas en monedas libremente convertibles (Castro Morales, 2020: 3). La inserción más activa de los territorios y la apertura de posibilidades para el sector no estatal deberán aportar un saldo positivo a los esfuerzos que se realizan en pro de la diversificación de las exportaciones, aunque su contribución requiere de tiempo para su real maduración. Además, los avances que se obtengan no estarán en capacidad de revertir la concentración mercantil que caracteriza a las exportaciones de bienes en la actualidad.

Finalmente, la prioridad conferida a esa diversificación precisa consolidar un sistema integral de respaldo a la comercialización internacional de los bienes; tema que muestra determinados avances, pero demanda incorporar otros aspectos de mayor preeminencia; en particular, profundizar las evaluaciones de los posibles mercados de destino, mejorar el aprovechamiento de los esquemas de integración en los que participa el país, así como garantizar el respaldo financiero oportuno a las opciones potenciales de exportación.


Notas:

[1] Cuba representa probablemente una de las pocas naciones a escala mundial que mantiene la condición de economía centralmente planificada, según la clasificación que se utiliza en el sistema de Naciones Unidas.

[2] Durante el desarrollo de la cosecha azucarera de 1970, se pretendió alcanzar un importante salto productivo en esta rama. Para tales fines, se concentró en ella la mayor parte de los recursos disponibles en el país; sin embargo, luego de su instrumentación, una de las principales resultantes de esta decisión es que acrecentaron las deformaciones estructurales presentes en la economía (Rodríguez García, 1990).

[3] Los referidos errores estuvieron relacionados con la intención de desarrollar, de forma paralela, la construcción del socialismo y el comunismo, al tiempo que se desestimó la necesidad del empleo activo de los instrumentos monetarios y financieros (PCC, 1976).

[4] Se asume que la crisis de inserción internacional está relacionada con la pérdida de las condiciones externas que facilitan el desarrollo normal del proceso reproductivo económico nacional.

[5] Disponible en la página web de la institución:<https://bit. ly/3F1sdBm>.

[6] En diferentes trabajos, se pretendió demostrar que la economía cubana se encontraba subsidiada por parte de los países socialistas de Europa oriental y, de forma particular, por la Unión Soviética, lo que fue rechazado con fuerza por las autoridades de la Isla y, por razones objetivas, constituyó el centro de un creciente y álgido debate entre los expertos norteamericanos que defendían este criterio y los especialistas nacionales que argumentaban lo contrario (Mesa Lago, 1993; Rodríguez García, 2011).

[7] Para ampliar la información, consultar la página web del MINCEX: <https://bit.ly/3rlM9qK>, y la de ProCuba: <https:// bit.ly/3Sw3idw>.

Referencias:

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