Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

sábado, 23 de julio de 2016

El candidato que llegó de Siberia

La actitud de Trump y de sus colegas hacia Putin supera la admiración y se acerca a la sumisión


Donald Trump, en la convención republicana de Cleveland. JONATHAN ERNST


Si resulta elegido, ¿se convertirá Donald Trump en el hombre de Vladímir Putinen la Casa Blanca? Esta pregunta debería parecer ridícula e indignante. Después de todo, debe de ser un patriota; hasta lleva sombreros en los que se promete devolver a Estados Unidos su grandeza.

Pero estamos hablando de un candidato ridículo e indignante. Y la trayectoria reciente de la campaña de Trump ha llevado a bastantes expertos en política exterior a preguntarse por la clase de dominio que ejerce Putin sobre el candidato republicano, y si seguirá teniendo esa influencia en caso de que este gane.

No hablo simplemente de admirar los logros de Putin, de sentirse impresionado por la "fuerza" de este dictador de facto y querer emular sus actos. Hablo más bien de indicios que apuntan a que, una vez en el cargo, Trump tendría una política exterior favorable a Putin, a costa de los aliados de Estados Unidos y de los propios intereses del país.

Lo que no significa que Trump no admire realmente a Putin. Al contrario, ha elogiado una y otra vez al déspota ruso, a menudo en términos extravagantes. Por ejemplo, cuando Putin publicó un artículo en el que criticaba la excepcionalidad estadounidense, Trump lo llamó "obra maestra".

Pero la admiración por el putinismo no es rara en el partido de Trump. Mucho antes de la candidatura de Trump, la envidia de la derecha hacia Putin ya era habitual.

Por un lado, Putin es alguien que no se preocupa por insignificancias como las leyes internacionales cuando decide invadir un país. Es "lo que se dice un líder", declaraba Rudy Giuliani después de que Rusia invadiera Ucrania.

También está claro que la gente que coreaba alegremente "Enciérrenla" —por no mencionar al asesor de Trump que pidió la ejecución de Hillary Clinton— encuentran mucho que admirar en el modo en que Putin trata a sus críticos y rivales políticos. Por cierto, mientras el servicio secreto investiga los comentarios sobre la ejecución de Clinton, lo único que se les ha ocurrido decir a los responsables de la campaña de Trump es que "no están de acuerdo con esas afirmaciones".

Y, en la derecha, hay muchos que también parecen sentir una extraña y un tanto espeluznante admiración por el estilo personal de Putin. Rush Limbaugh, por ejemplo, comentaba que, mientras habla con el presidente Obama, "es probable que Putin esté sin camisa, practicando taichí".

Todo esto es, o debería ser, tremendamente inquietante; ¿qué dirían los medios de comunicación si figuras destacadas del Partido Demócrata elogiasen de forma habitual a dictadores de izquierdas? Pero lo que vemos ahora en Trump y sus compañeros va más allá de la emulación y empieza a parecerse a la sumisión.

Primero, el conflicto de Ucrania, respecto al que los dirigentes republicanos han adoptado siempre una postura inflexible y criticado a Obama por su inacción; John McCain, por ejemplo, acusaba al presidente de "debilidad". Y la plataforma del Partido Republicano iba a incluir una declaración reafirmando esa postura, pero acabó diluida y convertida en algo anodino por la insistencia de los representantes de Trump.

Luego llegó la entrevista de Trump con el New York Times, en la que, entre otras cosas, declaró que aunque Rusia atacase a miembros de la OTAN, él sólo acudiría en su ayuda si esos aliados —a los que estamos obligados a defender a causa del tratado— hubiesen "cumplido con sus obligaciones hacia nosotros".

Ahora bien, parte de esto se debe a la profunda ignorancia política de Trump, a su aparente incapacidad para entender que no se puede dirigir el Gobierno de Estados Unidos de la misma manera en que ha dirigido su ruinoso imperio empresarial. Sabemos, por multitud de relatos, de sus impagos a proveedores, de su costumbre de aprovecharse de las empresas aunque estén a punto de quebrar, que para él los contratos son sugerencias, y las obligaciones financieras claras, puntos de partida para la negociación. Y sabemos que no tiene una opinión diferente de la política fiscal; ya ha hablado de renegociar la deuda de Estados Unidos. Así que ¿por qué iba a sorprendernos que viera las obligaciones diplomáticas de la misma manera?

¿Pero hay algo más en esta historia? ¿Existe algún canal específico de influencia?

Se sabe que Paul Manafort, el director de campaña de Trump, ha trabajado como asesor para distintos dictadores, y que durante años estuvo a sueldo de Viktor Yanukóvich, expresidente de Ucrania y aliado de Putin.

Y hay motivos para preguntarse por los propios intereses financieros de Trump. Recuerden que no sabemos nada de la verdadera situación de su imperio empresarial y se ha negado a publicar sus declaraciones de la renta, que nos darían más información. Sí sabemos que tiene mucha relación, aunque sea turbia, con empresas rusas y rusos adinerados. Se podría argumentar que es el sector privado, no el Gobierno, pero en el paraíso de amigotes capitalistas de Putin, esa distinción carece de significado.

En cierto sentido, los motivos de Trump no deberían importarnos. Debería horrorizarnos el espectáculo del candidato de un partido importante insinuando con toda tranquilidad que podría abandonar a los aliados de Estados Unidos, igual que debería horrorizarnos que el mismo candidato insinúe que podría incumplir las obligaciones financieras de Estados Unidos. Pero aquí pasa algo muy extraño e inquietante, y no deberíamos pasarlo por alto.

Paul Krugman es premio Nobel de Economía.

© The New York Times Company, 2016.

Traducción de News Clips.

Mano de obra de la India ayuda en la construcción de hoteles en Cuba







Trabajadores indios a las afueras de un hotel en construcción en La Habana, jul 18, 2016. El grupo francés Bouygues ha empleado a más de 100 indios para trabajar en un hotel que construye en Cuba, rompiendo el tabú en el país de gobierno comunista sobre la contratación de mano de obra extranjera. REUTERS/Alexandre Meneghini(reuters_tickers)

Por Marc Frank

LA HABANA (Reuters) - El grupo francés Bouygues ha empleado a más de 100 indios para trabajar en un hotel que construye en Cuba, rompiendo el tabú en el país de gobierno comunista sobre la contratación de mano de obra extranjera.

Dada la necesidad de satisfacer la creciente demanda turística, la constructora se ha beneficiado de la ley de inversión extranjera aprobada por el Gobierno cubano en el 2014 que autorizó "normas especiales" relativas a obreros extranjeros bajo "circunstancias excepcionales".

Funcionarios del Gobierno cubano no respondieron de inmediato a las solicitudes para comentar sobre la afluencia de trabajadores extranjeros, varias decenas de los cuales dialogaron con Reuters en La Habana.

Las contrataciones hechas por Bouygues, que también fueron confirmadas por un portavoz de la compañía, representan la primera vez que una empresa deja de lado a los obreros estatales cubanos para emplear masivamente a extranjeros.

Aunque ya era popular entre europeos y canadienses como un destino turístico de playa de bajo costo, ahora Cuba vive un auge por el aumento de los visitantes estadounidenses desde que Washington y La Habana anunciaron en diciembre del 2014 que trabajarían por normalizar sus relaciones diplomáticas.

El turismo creció en el 2015 en un 17 por ciento y acumula una expansión del 11 por ciento hasta junio de este año, según datos oficiales. La actividad generó 2.800 millones de dólares en ingresos el año pasado.

En tanto, el déficit comercial de bienes se amplió en 1.500 millones de dólares en el 2015.

Al menos tres nuevos hoteles están en construcción en La Habana y son los primeros cinco estrellas que se edifican en la capital cubana después de varios años. Otra decena está en proceso de negociación con potenciales inversionistas, según la industria turística cubana.

"POCA MOTIVACIÓN" PARA CUBANOS

Una de las razones por las que Bouygues busca mano de obra fuera de Cuba es porque los trabajadores en la isla están optando por brindar sus servicios más en el sector privado, donde pueden ganar mucho más que si lo hacen para el Estado.

Bouygues ya tiene contratados a 200 trabajadores indios en Cuba y los planes son traer más en los próximos meses, comentaron diplomáticos conocedores de la situación y un empleado de la compañía en La Habana que prefirió el anonimato.

"Es cierto que el grupo está trayendo trabajadores de la India formados en diferentes partes donde opera Bouygues (...) en todo el mundo", dijo un portavoz de la compañía constructora desde su oficina en París.

Los indios entrenan a los cubanos en la isla y también trabajan directamente en los propios proyectos, agregó. Ellos están ejerciendo en dos hoteles en La Habana y en otro en el balneario de Varadero, dijeron las fuentes.

"Los trabajadores cubanos no son bien pagados por lo que hay poca motivación", dijo un diplomático occidental familiarizado con las diferencias salariales y quien prefirió el anonimato.

"Los trabajadores de la India están recibiendo un pago de alrededor de 1.500 euros al mes, más de 10 veces por encima de lo que reciben sus contrapartes cubanos", agregó.

"NOS GUSTA LA COMIDA PICANTE"

Cuadrillas de varias decenas de obreros especializados, que exhibían trajes de color naranja, dijeron que estaban felices de haber permanecido en Cuba durante al menos un año.

En un receso por el horario de almuerzo en la Manzana de Gómez, un edificio que se convertirá en un lujoso hotel en el centro de La Habana, Inderjeet Singh Chopra, un electricista con turbante y barba, dijo que un centenar de compatriotas electricistas, fontaneros, carpinteros y albañiles trabajan en el proyecto. No mencionó entrenamiento de locales.

Los trabajadores de la India consultados dijeron que recibían salarios de acuerdo a sus habilidades, pero no revelaron cuánto.

"Hasta el momento, la mayor queja ha sido que quieren algo de comida india y un cocinero está en camino", dijo la fuente de Bouygues.

Singh, quien llegó hace dos meses a Cuba, sonrió cuando se le hizo el comentario. "Sí, ese ha sido un problema. Nos gusta la comida picante", dijo.

(Reporte de Marc Frank. Traducido por Nelson Acosta; Editado en español por Silene Ramírez)

El Banco ofrece créditos a emprendedores tecnológicos, pero…



La Unión de Informáticos de Cuba (UIC) organizó un seminario, y los puso frente a frente. En primera instancia, el hecho de que el Banco Metropolitano se siente con sus actuales y posibles clientes cuentapropistas para explicarles cómo funcionan sus servicios, denota interés por no dejarlos a su suerte; y más que eso, por atraerlos, “enamorarlos”. Sin embargo, la pobre asistencia de los emprendedores al encuentro demuestra que no bastan las buenas intenciones.
Las prestaciones bancarias para el sector privado parecen bastante atractivas, en principio. Por ejemplo, disponer de una cuenta corriente permite administrar mejor los ingresos, efectuar transferencias y tener garantías para diversos objetivos.
Quienes posean tarjeta magnética pueden utilizar la telebanca, y con ello, pagar impuestos, electricidad, agua y teléfono. Además, el banco ofrece financiamiento para costear insumos, equipos, reparaciones y materiales de construcción.
El monto total a otorgar no tiene límite máximo, y ha disminuido el importe mínimo para conceder el crédito (de 3000 a 1000 pesos cubanos) y aumentó el plazo de pago (de 5 a 10 años, en el caso de financiamiento para inversiones). Aquellos que recién comienzan en su negocio, contarán con un período de gracia de hasta 12 meses. Not bad.
Aun así, los cuentapropistas deben enfrentarse a las mismas calamidades que el resto de la población: colas sempiternas, burocracia, inconvenientes técnicos del tipo “se cayó el servidor” o “no hay conexión”, e incluso obstáculos de los más pedestres, como el día de la fumigación, roturas del aire acondicionado, o de un cajero automático.
“No se puede ser eficiente teniendo que ir al banco”, confiesa resignado un emprendedor habanero, relacionado con la producción de software y soluciones tecnológicas. Y la tendencia le da la razón.
En 2013 existían 444 109 trabajadores por cuenta propia, y solo se habían concedido 550 créditos. Si bien en 2014 ocurrió un alza en los otorgamientos, la cantidad que accede a financiamiento todavía no es representativa del total inscrito, reconoció Francisco Mayobre Lence, vicepresidente del Banco Central de Cuba (BCC).
El uso indistinto de efectivo, cheques y tarjetas magnéticas complica más el asunto, porque con cada modalidad no se pueden realizar todo tipo de operaciones. Una solución sería Metropolitano en línea, servicio que –como su nombre lo indica– permite al cliente utilizar su cuenta desde una computadora.
En estos momentos, “por problemas tecnológicos que tuvimos, se está empleando solo con entidades, pero estamos trabajando sobre una nueva plataforma para incorporar a todo el segmento de clientes no estatales, en un futuro no muy lejano”, explicó Evelyn González Senande, de la Dirección de Banca Corporativa del Banco Metropolitano.
Por otra parte, una investigación del Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC)[1], indica que lo legislado e implementado por las instituciones bancarias, significan prácticas y tratamientos bastante homogéneos a los diferentes actores. O sea, a los efectos, se procede igual –o casi igual– con un programador que con el dueño de un restaurante.
De tal modo, medir con la misma vara negocios esencialmente distintos, implica desconocer sus diferentes impactos en cuanto a capacidad exportadora, producciones que involucren procesos tecnológicos de creciente complejidad, aporte a la sustitución de importaciones, aprovechamiento de la fuerza de trabajo calificada, contribución al territorio, entre otros elementos citados por los investigadores.
Puesto al derecho: un escenario ideal sería aquel donde, mediante mecanismos financieros y otros, se estimulara las actividades con alto valor agregado, que generen mayor crecimiento y desarrollo.
Sucede que algunas normas estatales, por las que el Banco Metropolitano se rige, parecen concebidas para un movimiento rectilíneo uniforme, en “condiciones de laboratorio”, en una suerte de divorcio entre las demandas y realidad del sector emprendedor y la legislación vigente en el país. Por ejemplo, los créditos facilitados se deben destinar a comprar o hacer contrataciones en el mercado nacional. Si, como suele suceder, un emprendedor necesita adquirir productos en Panamá, Ecuador o Miami (porque aquí no hay, o porque allá tienen más calidad o son más baratos), el banco no puede otorgar financiamiento para ello.
Incluso si se actualizaran las disposiciones comerciales, aún quedarían por superar el desconocimiento sobre la importancia estratégica de estos negocios (muchas veces necesitados de capitales de riesgo); y la falta de modelos propios de desarrollo y éxito de emprendimientos tecnológicos. El criterio de González Senande lo confirma: “para una cosa que se vea prácticamente oscura, no se puede dar financiamiento. Los ingresos proyectados, la actividad que se realice, deben tener cierta credibilidad”.
Otra situación: si un cuentapropista ofrece sus productos o servicios a un cliente en el extranjero, le es imposible recibir pagos por ello desde una cuenta fuera de Cuba; a menos que le llegue como remesa, a título personal; pero no como resultado de su trabajo. Ello implica un falseamiento de las ganancias reales, lo cual conlleva, entre otras consecuencias, que las autoridades puedan cobrar menos impuestos.
La funcionaria del Banco Metropolitano dijo no conocer acerca de la plataformaStripe Atlas, abierta para la Isla desde marzo pasado. Mediante Atlas, startups de varios países pueden –técnicamente– crear una cuenta de negocios en Estados Unidos, captar las transferencias de pagos, y automatizar el proceso para establecer una presencia legal allí (hasta el momento ningún proyecto cubano ha sido aprobado).
Téngase en cuenta, además, que las iniciativas asociadas a la tecnología, muchas veces se caracterizan por su pequeña escala y alto riesgo. El estudio del CEEC concluye que la propia concepción de la política crediticia reduce los potenciales interesados, pues el beneficiario tiene que estar ya operando formalmente un negocio con cierto grado de consolidación, que permita revisar su historial y predecir ingresos.
“De esta manera, aquellas personas con un proyecto de emprendimiento, e incluso uno de reciente apertura, quedan marginados de esta vía de financiamiento y desviados a otras fuentes, o simplemente condenados a renunciar a la posibilidad de concretar su proyecto o rebasar los umbrales de precariedad”.
La típica vía de pedir dinero prestado a familiares y amigos, de aquí o de allá, resulta más expedita. Aunque será siempre una alternativa insegura y excluyente. Un eslogan del Banco Metropolitano dice: “Abra su cuenta, solicite su financiamiento, desarrolle su negocio”. Quizás muchos emprendedores tecnológicos prefieran ir directo al tercer paso.
Notas
[1]“Política crediticia en Cuba: evolución reciente y efectos sobre el sector no estatal”. Jessica León Mundul y David J. Pajón Espina. En: Miradas a la economía cubana, Análisis del sector no estatal. Editorial Caminos, La Habana, 2015.
(Tomado de Cachivache Media)