Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

miércoles, 26 de septiembre de 2018

La política económica en Cuba: Valorando lo alcanzado y los retos a enfrentar (2011-2018) (IV)

Por: José Luis Rodríguez

Foto: José Raúl/ Cubadebate.
Las definiciones adoptadas en el VII Congreso del PCC celebrado en el 2016, sentaron las bases para la elaboración de una estrategia que posibilite completar adecuadamente la creación de condiciones para un desarrollo sostenible de la economía cubana a mediano plazo.
Para lograr esos objetivos –además de un crecimiento de la eficiencia económica basado en el uso más eficiente de los recursos materiales y humanos disponibles- no es posible pasar por alto el impacto de factores externos que tienen una fuerte incidencia en el desempeño económico del país, tomando en cuenta el elevado nivel de apertura externa que alcanzaba un 38,8% en el 2016.
Es claro que no se trata de descargar la culpa de nuestras dificultades a factores externos, ajenos a nuestro control. Pero tampoco es posible obviar cómo -a pesar de los esfuerzos realizados-, la coyuntura internacional que el país ha debido enfrentar desde el propio año 2016, no ha permitido avanzar con ritmos de crecimiento suficientes para alcanzar los objetivos previstos en 2016 y 2017, ni es previsible un cambio que permita asegurarlos todavía en el 2018.
Es así que luego del impulso logrado en el 2015 –cuando se alcanzó un crecimiento del 4,4% en el PIB- en el 2016 se enfrentaron condiciones externas imposibles de predecir y que condujeron a que no se creciera más que un 0,5% en ese período.
En efecto, hace dos años se produjeron modificaciones abruptas de la coyuntura externa que impactaron negativamente y con mucha fuerza en la economía nacional, cuyos elementos más importantes pueden sintetizarse en lo siguiente:
  • En primer lugar, en el ámbito energético, a partir de la combinación de los suministros externos de hidrocarburos provenientes de Venezuela y la producción nacional, se lograron hasta el año 2015 cifras que permitían un funcionamiento aceptable de la economía. Pero en el 2016 las entregas de petróleo equivalente importado de Venezuela bajaron aproximadamente un 40% en el año, a partir de serias dificultades en la producción de ese país. A ello se sumó el inicio de una tendencia decreciente de la producción de crudo nacional debido al agotamiento de los pozos, luego de haberse alcanzado durante varios años una producción de petróleo y gas ligeramente superior a 4,0 millones de toneladas anuales. Esta situación demandó compras adicionales de combustible a Rusia y Argelia por un valor en torno a los 100 millones de dólares.
  • En segundo lugar, la fuerte reducción de los combustibles tuvo efectos multiplicadores notablemente negativos en casi todos los sectores de la economía y también en el consumo de la población. De tal modo, se redujo el valor agregado en diferentes sectores: Minería (-3,7%); Industria manufacturera (-4,6%); Industria azucarera (-19,4% ); y Comercio (-2,5%). A esto se sumó la caída de un 19,7% del valor de las exportaciones totales y del 10,6% en las importaciones. A ello se agregó un aumento de la liquidez en manos de la población –que se elevó hasta el 52,3% del PIB- y un déficit fiscal del 6,6% también referido al PIB, creando presiones inflacionarias adicionales en la economía.
  • En tercer lugar y no es un dato menor, se mantuvo la presión del bloqueo económico de Estados Unidos, cuyo impacto en el año se calculó en 4 681 millones de dólares.
  • Finalmente, el país sufrió los efectos del huracán Matthew, que afectó 46 706 viviendas y causó pérdidas por 2 431 millones de dólares.
La coyuntura económica fue aun más compleja en el 2017.
  • En primer término, se mantuvo la reducción en el suministro de combustible a niveles aproximadamente iguales a los del año anterior, lo que volvió a requerir compras adicionales de hidrocarburos, al tiempo que la producción nacional de crudo descendió a 3 millones 690 mil toneladas.
  • En segundo lugar, al ganar las elecciones de EEUU en noviembre del 2016 el ultraderechista Donald Trump, cesó el “efecto demostración” positivo que el inicio de la normalización de relaciones con Cuba había provocado en los medios de negocio internacionales, factor que contribuyó al positivo desempeño económico alcanzado especialmente en el 2015. Por otro lado, nuevas medidas de agresión a Cuba –particularmente en el sector turístico- que comenzaron a implementarse por la nueva administración norteamericana en junio del 2017, trajeron como consecuencia nuevamente elevados costos del bloqueo para el país, que llegaron a 4 305 millones de dólares en un año y a 130 179 millones a lo largo de casi 60 años de agresiones constantes.
  • Finalmente, el intenso huracán Irma asoló el país en septiembre del pasado año, causando pérdidas record por más de 13 000 millones de dólares y afectaciones en una cifra superior a las 179 000 viviendas, así como efectos destructivos de importancia en el sector turístico y en la agricultura.
La economía cubana –que había planificado un discreto ritmo de crecimiento del 2% en el 2017-, solo logró incrementar el PIB en 1,6% y –aun cuando aún no están disponibles todas las estadísticas oficiales- según el Ministro de Economía y Planificación se registraron “…incumplimientos de: los ingresos previstos por exportaciones de bienes y servicios; la disponibilidad de combustibles; ejecución de determinados programas inversionistas y problemas climáticos como la aguda sequía y el huracán “Irma”, que afectó a 12 provincias, provocando cuantiosas pérdidas.” Por otra parte se señaló que “En la actividad industrial, la tensa situación financiera durante el año ha conllevado a identificar y priorizar los financiamientos y pagos a los proveedores que garantizan las principales producciones, pero no en todos los casos, se pudo alcanzar ese objetivo.”
En estos momentos los resultados económicos del 2018 muestran un crecimiento del 1,1% en el PIB durante el primer semestre, cifra similar a igual período del 2017, a pesar de las graves consecuencias del mencionado huracán Irma, que impactó negativamente en el turismo durante los primeros meses del año y contribuyó a una producción azucarera en torno a solo un millón de toneladas de azúcar en esta zafra, entre otros efectos. Tampoco puede pasarse por alto que, entre el 2016 y el 2018, los precios de exportación del azúcar bajan un 30%, mientras que los precios de las importaciones de petróleo suben un 51,2% y los de los alimentos se elevan un 7,5%
Para este año los estimados de CEPAL ubican el crecimiento del país en torno al 1,5% , mientras que el Economist Intelligence Unit lo estima en 1,7%.
Ello se apoya en algunos elementos esenciales, que incluyen: la llegada de un estimado de 4 millones 750 mil turistas en el año, con un ingreso bruto que puede calcularse en torno a 3 400 millones de dólares; una producción agropecuaria e industrial aproximadamente igual a la del pasado año; un crecimiento del nivel de inversiones similar al logrado en el 2017, es decir, superior al 20%, unido a un discreto aumento de la inversión extranjera directa; a todo esto se añade una renegociación y pago de las cartas de crédito pendientes de liquidación –proceso ya iniciado el pasado año-, que permita restaurar el suministro de importaciones indispensables para cubrir gradualmente la demanda interna en mejores condiciones.
Es así que puede concluirse que si bien la cifra de crecimiento que se pronostica para este año se aleja de las necesidades de un desarrollo sostenible, no puede pasarse por alto la que puede calificarse de extraordinariamente adversa coyuntura internacional que se encuentra tras ese resultado y –consecuentemente- el enorme esfuerzo que nuestra economía ha debido realizar para que no se produzca una depresión de mayores consecuencias, manteniendo –al mismo tiempo- los servicios sociales básicos de la población con el mínimo de afectaciones posibles.
Por todo lo anterior, es justo pensar que los obstáculos externos que hemos debido enfrentar –con mayor o menor eficiencia- no deben hacernos perder de vista que el país cuenta con los recursos potenciales indispensables para enfrentar las muy complejas circunstancias del presente y salir adelante sin perder la visión de largo plazo y sin renunciar a las conquistas logradas en el orden social y político, que solo el socialismo es capaz de garantizar. De nosotros depende que así sea.

Intervención del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, Miguel Díaz Canel, en el debate general del 73º Período de Sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas. Nueva York, 26 de septiembre de 2018.

Enviado por editor en Mié, 26/09/2018 - 13:35


Señor Presidente:

Imposible estar aquí, hablar desde este podio en nombre de Cuba y no evocar momentos históricos de la Asamblea General que lo son también de nuestra memoria más entrañable: Fidel Castro, Ernesto Guevara, Raúl Castro Ruz y el canciller de la dignidad, Raúl Roa, por sólo citar los más trascendentes, trajeron hasta aquí, no sólo la voz de nuestro pueblo, sino la de otros pueblos latinoamericanos y caribeños, africanos, asiáticos, no alineados, con los que hemos compartido más de medio siglo de batalla por un orden internacional justo, que aún está lejos de alcanzarse.

Es absurdo, pero coherente con la irracionalidad de un mundo en el que el 0,7% más rico de la población puede apropiarse del 46% de toda la riqueza, mientras el 70% más pobre sólo accede al 2,7% de la misma; 3 460 millones de seres humanos sobreviven en la pobreza; 821 millones padecen hambre; 758 millones son analfabetos y 844 millones carecen de servicios básicos de agua potable, cifras todas, por cierto, que elaboran y manejan habitualmente los organismos globales, pero que al parecer aún no alcanzan a movilizar suficientemente la conciencia de la llamada comunidad internacional.

Señor Presidente:

Esas realidades señora Presidenta, no son fruto del socialismo, como el Presidente de los Estados Unidos afirmó ayer en esta sala. Son consecuencia del capitalismo, especialmente del imperialismo y el neoliberalismo; del egoísmo y la exclusión que acompaña a este sistema, y de un paradigma económico, político, social y cultural que privilegia la acumulación de riqueza en pocas manos a costa de la explotación y miseria de las grandes mayorías.

El capitalismo afianzó el colonialismo. Con él nació el fascismo, el terrorismo y el apartheid, se extendieron las guerras y conflictos, los quebrantamientos de la soberanía y la libre determinación de los pueblos; la represión de los trabajadores, las minorías, los refugiados y los migrantes. Es opuesto a la solidaridad y a la participación democrática. Los patrones de producción y consumo que le caracterizan promueven el saqueo, el militarismo, amenazan a la paz; generan violaciones de los derechos humanos y constituyen el mayor peligro para el equilibrio ecológico del planeta y la sobrevivencia de los seres humanos.

Que nadie nos engañe aduciendo que la humanidad no cuenta con recursos materiales, financieros y tecnológicos suficientes para erradicar la pobreza, el hambre, las enfermedades prevenibles y otros flagelos. Lo que no existe es la voluntad política de los países industrializados, quienes tienen el deber moral, la responsabilidad histórica y recursos abundantes para resolver los problemas globales más apremiantes.

La verdad es que al mismo tiempo que se alega insuficiencia de fondos para cumplir los objetivos y metas de la Agenda 2030 o enfrentar el creciente impacto del cambio climático, en el año 2017 se derrocharon en gastos militares 1,74 billones de dólares, la cifra más alta desde el fin de la Guerra Fría.

El cambio climático es otra realidad ineludible y una cuestión de supervivencia para la especie humana, en particular para los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo. Algunos de sus efectos son ya irreversibles. La evidencia científica indica un aumento de 1,1 grados Celsius respecto al periodo pre-industrial, y que 9 de cada 10 personas respiran aire contaminado.

Sin embargo, Estados Unidos, uno de los principales contaminantes de ayer y de hoy, rechaza acompañar a la comunidad internacional en el cumplimiento del Acuerdo de París sobre cambio climático. Compromete así la vida misma de las generaciones futuras y la supervivencia de las especies, incluida la humana.

Más aún, como si no sobraran las amenazas sobre la humanidad y sus deslumbrantes creaciones, es un hecho que se perpetúa y expande el hegemonismo militar y nuclear, en detrimento de la aspiración mayoritaria de los pueblos a un desarme general y completo, ideal que Cuba comparte y, como prueba de su compromiso con este objetivo, el 31 de enero pasado, se convirtió en el quinto Estado en ratificar el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares.

En esta institución que nació de la voluntad humana de superar la destrucción dejada por una guerra terrible con el diálogo entre las naciones, no es posible callar el peligro que se cierne sobre todos, con la exacerbación de conflictos locales, guerras de agresión disfrazadas de “intervenciones humanitarias”, derrocamiento por la fuerza de gobiernos soberanos, los denominados “golpes suaves”, y la intervención en los asuntos internos de otros Estados, formas recurrentes de actuación de algunas potencias, con los más diversos pretextos.

La cooperación internacional para la promoción y protección de todos los derechos humanos para todos es un imperativo; pero su manipulación discriminatoria y selectiva con pretensiones de dominación, viola los derechos a la paz, a la libre determinación y al desarrollo de los pueblos.

Cuba rechaza la militarización del espacio ultraterrestre y del ciberespacio, así como el empleo encubierto e ilegal de las tecnologías de la información y las comunicaciones para agredir a otros Estados.

El ejercicio del multilateralismo y el respeto pleno a los principios y normas del Derecho Internacional para avanzar hacia un mundo multipolar, democrático y equitativo, son requerimientos para garantizar la convivencia pacífica, preservar la paz y seguridad internacionales, y encontrar soluciones duraderas a los problemas sistémicos.

Contra esa lógica, el uso de la amenaza y de la fuerza, el unilateralismo, las presiones, represalias y sanciones, que caracterizan de modo cada vez más frecuente la conducta y la retórica del gobierno estadounidense y su uso abusivo del veto en el Consejo de Seguridad, para imponer su agenda política, plantean enormes desafíos y amenazas dentro de las propias Naciones Unidas. 

¿Por qué no acabamos de concretar el prometido fortalecimiento de la Asamblea General como principal órgano de deliberación, decisión y representación? No debe retardarse ni impedirse la reforma del Consejo de Seguridad, urgida de ajustarse a los tiempos, democratizando su composición y métodos de trabajo.

Hoy venimos a reiterar lo que el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, dijo en ocasión del quincuagésimo aniversario de la ONU y que resume la más noble aspiración de la mayoría de la Humanidad. Cito: “Queremos un mundo sin hegemonismos, sin armas nucleares, sin intervencionismos, sin racismo, sin odios nacionales ni religiosos, sin ultrajes a la soberanía de ningún país, con respeto a la independencia y a la libre determinación de los pueblos, sin modelos universales que no consideran para nada las tradiciones y la cultura de todos los componentes de la humanidad, sin crueles bloqueos que matan a hombres, mujeres y niños, jóvenes y ancianos, como bombas atómicas silenciosas”. 

Han pasado ya más de 20 años de esa demanda y ninguno de aquellos males ha tenido cura, más bien han empeorado. Tenemos todo el derecho a preguntar por qué. Y el deber de insistir en la búsqueda de soluciones efectivas y justas.

Señor Presidente:

“Nuestra América” es hoy escenario de persistentes amenazas, incompatibles con la “Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz”, firmada en La Habana por los Jefes de Estado y Gobierno, en 2014, en ocasión de la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños.

La actual administración estadounidense ha proclamado la vigencia de la Doctrina Monroe y en un nuevo despliegue de su política imperial en la región, ataca con especial saña a Venezuela.

En ese amenazador contexto, queremos reiterar nuestro absoluto respaldo a la Revolución Bolivariana y chavista, a la unión cívico-militar del pueblo venezolano y a su gobierno legítimo y democrático, conducido por el presidente constitucional Nicolás Maduro Moros. Rechazamos los intentos de intervención y las sanciones contra Venezuela, que buscan asfixiarla económicamente y dañar a las familias venezolanas. Repudiamos los llamados a aislar a esa nación soberana que no hace daño a nadie.

Rechazamos igualmente los intentos de desestabilizar al gobierno de Nicaragua, un país de paz y donde se han conseguido notables avances sociales, económicos y de seguridad ciudadana en favor de su pueblo.

Denunciamos el encarcelamiento con fines políticos del ex Presidente Luiz Inácio Lula da Silva, y la decisión de impedir al pueblo votar y elegir a la Presidencia al líder más popular de Brasil.

Nos solidarizamos con las naciones del Caribe que solicitan legítima reparación por las horrorosas secuelas de la esclavitud así como el trato justo, especial y diferenciado que merecen.

Reafirmamos nuestro compromiso histórico con la libre determinación y la independencia del hermano pueblo de Puerto Rico.

Apoyamos el legítimo reclamo de soberanía de Argentina sobre las Islas Malvinas, Sandwich del Sur y Georgia del Sur.

Reiteramos el apoyo irrestricto a una solución amplia, justa y duradera para el conflicto israelo-palestino, sobre la base de la creación de dos Estados, que permita al pueblo palestino ejercer el derecho a la libre determinación y a disponer de un Estado independiente y soberano en las fronteras anteriores a 1967, con Jerusalén Oriental como su capital. Rechazamos la acción unilateral de Estados Unidos de establecer su representación diplomática en la ciudad de Jerusalén, lo que agudiza aún más las tensiones en la región. Condenamos la barbarie de las fuerzas israelíes contra la población civil en Gaza.

Reafirmamos nuestra invariable solidaridad con el pueblo saharaui; y el apoyo a la búsqueda de una respuesta definitiva a la cuestión del Sahara Occidental, que le permita el ejercicio del derecho a la autodeterminación y a vivir en paz en su territorio.

Apoyamos la búsqueda de una solución pacífica y negociada a la situación impuesta a Siria, sin injerencia externa y con pleno respeto a su soberanía e integridad territorial. Rechazamos cualquier intervención directa o indirecta, que se lleve a cabo sin el acuerdo de las autoridades legítimas de ese país.

La continuada expansión de la OTAN hacia las fronteras con Rusia provoca serios peligros, agravados por la imposición de sanciones arbitrarias, que rechazamos.

Demandamos el cumplimiento del denominado Acuerdo Nuclear con la República Islámica de Irán. 

Damos la bienvenida al proceso de acercamiento y diálogo intercoreano, que constituye la vía para el logro de una paz duradera, la reconciliación y la estabilidad de la Península Coreana. Al propio tiempo, condenamos enérgicamente la imposición de sanciones unilaterales e injustas contra la República Popular Democrática de Corea y la injerencia externa en los asuntos coreanos.

Las violaciones de las reglas del comercio internacional y las medidas punitivas contra China, también contra la Unión Europea y otros países tendrán dañinas consecuencias, en especial para los Estados en desarrollo.

Abogamos por el diálogo y la concertación, gracias a lo cual podemos informar hoy que el Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación entre la Unión Europea y Cuba ha entrado provisionalmente en vigor y constituye una buena base para desarrollar los provechosos vínculos entre las Partes.

Señor Presidente:

El gobierno de los Estados Unidos mantiene hacia Cuba una retórica agresiva y una política dirigida a subvertir el sistema político, económico, social y cultural de mi país.

Contrario a los intereses de ambos pueblos y cediendo a las presiones de sectores minoritarios, el gobierno de Estados Unidos se ha dedicado a fabricar artificialmente, con falsos pretextos, escenarios de tensión y hostilidad que a nadie benefician.

Ello contrasta con el hecho de que mantenemos relaciones diplomáticas formales y programas de cooperación mutuamente beneficiosos, en un grupo limitado de áreas.

Entre nuestros pueblos disfrutamos de vínculos históricos y culturales cada vez más cercanos, con expresiones en las artes, el deporte, las ciencias, el medio ambiente, entre otros. Las potencialidades para una relación comercial fluida son reconocidas y un entendimiento genuino y respetuoso beneficiaría los intereses de toda la región.

Sin embargo, el elemento esencial y definitorio de la relación bilateral sigue siendo el bloqueo, que pretende estrangular la economía cubana, con el propósito de generar penuria y alterar el orden constitucional. Se trata de una política cruel, que castiga a las familias cubanas y a toda la Nación.

Consiste en el sistema de sanciones económicas más abarcador y prolongado que se haya aplicado jamás contra país alguno. Ha constituido y sigue siendo un obstáculo fundamental al desarrollo del país y a la realización de las aspiraciones de progreso y bienestar de varias generaciones de cubanos.

Como se ha dicho por tantos años en este mismo escenario, el bloqueo daña gravemente también, por su agresiva aplicación extraterritorial, la soberanía y los intereses de todos los países.

En nombre del pueblo cubano, agradezco a esta Asamblea General por su rechazo casi unánime al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos contra mi país.

Pero la actuación del gobierno de los Estados Unidos contra Cuba va más lejos. Incluye programas públicos y encubiertos de grosera intromisión en nuestros asuntos internos, fin para el cual utiliza decenas de millones de dólares que son oficialmente aprobados en su presupuesto, en violación de las normas y principios sobre los que descansa esta Organización y en particular, de la soberanía de Cuba como nación independiente.

Cuba mantiene la disposición de desarrollar una relación respetuosa y civilizada con el gobierno de los Estados Unidos, sobre la base de la igualdad soberana y el respeto mutuo. Esa es la voluntad del pueblo cubano y sabemos que se trata de una aspiración compartida por la mayoría de los ciudadanos estadounidenses y, particularmente, por los cubanos que residen en ese país.

Seguiremos reclamando sin descanso, el fin del cruel bloqueo económico, comercial y financiero, la devolución del territorio ilegalmente ocupado por la Base Naval norteamericana en Guantánamo y la compensación justa a nuestro pueblo por los miles de muertos y mutilados y por el daño económico y material ocasionado en tantos años de agresión.

Cuba siempre estará dispuesta a dialogar y a cooperar desde el respeto y el trato entre iguales. Nunca realizaremos concesiones que afecten la soberanía e independencia nacional, no negociaremos nuestros principios, ni aceptaremos condicionamientos.

A pesar del bloqueo, la hostilidad y las acciones que ejecuta Estados Unidos para imponer un cambio de régimen en Cuba, ¡aquí está la Revolución Cubana, viva y pujante, fiel a sus principios!

Señor Presidente:

El cambio generacional en nuestro gobierno no debe ilusionar a los adversarios de la Revolución. Somos la continuidad, no la ruptura. Cuba ha proseguido dando pasos para perfeccionar su modelo de desarrollo económico y social, con el objetivo de construir una Nación soberana, independiente, socialista, democrática, próspera y sostenible. Ese es el camino que escogimos libremente.

El pueblo cubano jamás regresará al pasado oprobioso del que se liberó con los mayores sacrificios, durante 150 años de lucha por la independencia y la dignidad plena. Por decisión de la abrumadora mayoría de las cubanas y los cubanos, daremos continuidad a la obra emprendida casi 60 años atrás.

Con esa convicción, comenzamos un proceso de reforma de la Constitución, ejercicio genuinamente participativo y democrático, mediante discusión popular del proyecto que se aprobará finalmente en referendo. Tengo la convicción de que no habrá cambios en nuestros objetivos estratégicos y que el carácter irrevocable del socialismo será ratificado.

Los principios de nuestra política exterior permanecerán inalterables. Como expresara el Primer Secretario de nuestro Partido, Raúl Castro Ruz, en su intervención en ocasión del 70 Aniversario de la Organización de las Naciones Unidas, y cito: “podrá contar siempre la comunidad internacional con la sincera voz de Cuba frente a la injusticia, la desigualdad, el subdesarrollo, la discriminación y la manipulación; y por el establecimiento de un orden internacional más justo y equitativo, en cuyo centro se ubique, realmente, el ser humano, su dignidad y bienestar”. 

La Cuba en nombre de la cual hablo hoy es orgullosa continuadora de esa política independiente, soberana, fraternal y solidaria con los pobres de la tierra, productores de toda la riqueza del planeta, aunque el injusto orden global los castigue con la miseria, en nombre de palabras como democracia, libertad y derechos humanos, que los poderosos en la realidad han vaciado de contenido.

Ha sido emocionante hablar en la misma tribuna donde hace hoy 58 años atrás Fidel expresó verdades tan poderosas que todavía nos estremecen frente a los representantes de las más de 190 naciones que, rechazando chantajes y presiones, cada año llenan la pizarra de votaciones de dignos símbolos verdes de aprobación a nuestra demanda de fin del bloqueo.

Me despido con la esperanza de que las nobles aspiraciones de la mayoría de la Humanidad terminen por realizarse antes de que nuevas generaciones vengan a ocupar este podio reclamando lo mismo que hoy reclamamos nosotros y ayer reclamaron nuestros históricos predecesores.

Muchas gracias.

(Cubaminrex)

El triste caso de la manzana de Blancanieves


La manzana es una noble fruta con mala suerte. Eva la usó con Adán y toda la humanidad pagó la culpa. La malvada reina se la dio a comer a Blancanieves y la puso a dormir por años (cierto que luego apareció el Príncipe); y para colmo una le cayó en la cabeza a alguien que dormía debajo de un árbol y apareció la gravedad, en virtud de la cual todos, aunque flotemos un rato, nos caemos. Cierto también que hay quien se vuelve a parar, pero otros ni con una grúa vuelven a ponerse en la vertical. También están los que flotan perenemente. En resumen, que la pobre fruta ha tenido mala suerte.

Vi con asombro la noticia de las 15 000 manzanas (de la discordia)[1]. Mi primera reacción fue pensar como mi abuelo, que era bodeguero en el Güiro --un pueblo allá entre Quivicán y el Gabriel--, y fue así mi reacción desde ese “gen de comerciante”: magnifica operación, me dije. Sí, y sólo si no se ha producido ningún acto de corrupción (precios más bajos, cantidades no facturadas, etc.), entonces los que vendieron las manzanas han logrado vender quizás todo el inventario de una sola vez; con ello, de una parte, aumenta la rotación del capital comprometido, lo cual, según creo, debe influir positivamente en la masa de ganancias --entonces es bueno para la empresa, digo yo--; segundo, La Puntilla se ha quitado de arriba posibles pérdidas por deterioro de la calidad, lo cual también es bueno para la empresa; tercero, la empresa puede rápidamente y a partir de esos ingresos ¡volver a comprar manzanas!, ese fruto no tropical que gusta tanto, y de esa forma rápidamente ¡vender más en menos tiempo! También bueno para la empresa. Reconozco, sin embargo, que esta es una forma de pensar muy sesgada y que deja de lado la realidad del ¿mercado? cubano. De hecho, existe una resolución de las tiendas de CIMEX que prohíbe vender más de un determinado % de sus inventarios a un solo comprador, para evitar el acaparamiento, resolución que se debe a la forma “peculiar” en que funciona el ¿mercado? en Cuba.

Desde la perspectiva del “consumidor de manzanas”, hay dos situaciones: la de aquellos que fueron a la Puntilla (tienda situada en un lugar de no muy fácil acceso en Miramar) y de pronto no pueden satisfacer la ilusión de comerse una manzana; pero también hay otros consumidores, a los cuales les cuesta relativamente caro (en tiempo o en dinero, que a veces es lo mismo) alcanzar esa tienda, pero que también gustan de las manzanas y son capaces de pagarlas un poco más caro, siempre y cuando la tengan más cerca. No sé cuál de los dos grupos de consumidores es más importante. Existe, además, otro tipo de consumidor de manzanas: aquel que tiene, por ejemplo, una pastelería o dulcería y necesita manzanas en grandes cantidades, pero no existe ningún mercado mayorista donde comprarlas.

Pero después de esa reflexión tan fría de nieto de comerciante, volví a mi condición de profesor de economía. El hecho en sí mismo me pareció fantástico para un estudio de caso desde dos perspectivas distintas: la de la microeconomía y la de la Economía Política.

Desde la perspectiva microeconómica no hay nada que decir, excepto que quizás el precio al que se venden las manzanas en la Puntilla tampoco es un precio determinado por las condiciones del mercado (no sólo la oferta y la demanda, que no hay que ser tan simplistas) en tanto existen condiciones monopólicas conferidas a una empresa estatal para la importación de las manzanas. No obstante ese precio, hay “mercado” para las manzanas, al extremo de que hay quien toma el riesgo de comprar 15 000 de una sola vez. Por lo tanto, no hay problemas. 

Ahora bien, fíjense en una cosa interesante: quien compra las manzanas a un precio que generalmente está multiplicado por un coeficiente mayor de 1.80, tiene dinero suficiente para ¡importarlas! a un precio menor o para comprarlas en un mercado que practique la modalidad de venta al por mayor. Si así fuera, entonces quizás las manzanas se venderían en esos puntos de distribución probablemente a un precio menor que el de La Puntilla, con beneficios para los consumidores y también para el país, pues no habría que arriesgar dinero del país (o sea, del pueblo) en un producto perecedero, para nada decisivo en la estructura de los bienes de consumo fundamentales del cubano promedio. De poder existir esa posibilidad, tanto los consumidores, como el vendedor, como el propio Estado (que así no tiene que gastar en lo que no es decisivo) estaría maximizando la utilidad de sus recursos. Este también es un razonamiento frío, calculador, hecho desde la microeconomía, que es demasiado impersonal y está alejada de las relaciones sociales de producción.

Entonces mirémoslo desde la economía política. Ese acto de intercambio no es más que una manera en que diversos actores de la sociedad se relacionan en unas condiciones determinadas en un momento determinado. La empresa del Estado, como representante del dueño --que es el pueblo--, y el comprador al por mayor de manzanas, que después se las vende al mismo dueño (no al Estado sino al pueblo que las consume) a un precio mayor (sí, parece raro pero es así), vela por los intereses del dueño y hace que sus tiendas funcionen bajo determinadas reglas que garantizan la existencia de las manzanas, y parte de la utilidad que producen las manzanas revierte al dueño en algún tipo de producto o servicio subvencionado, o de programa de desarrollo a partir de esos ingresos producidos por las manzanas.

 Del otro, el comprador de manzanas, que ha descubierto una oportunidad en la distribución al detalle y territorial de la fruta, su interés es venderla y hacer una ganancia para apropiársela de forma privada. Sin embargo, al comprar todas las manzanas de una vez a la empresa estatal le ha facilitado a la misma poder volver a comprar manzanas y seguir cumpliendo con su propósito social, producir mas beneficios para el dueño, que es el pueblo. Es cierto que ese comprador se apropia de una utilidad, pero si y solo si logra vender las manzanas con lo cual permite la realización del producto en el cual una empresa estatal invirtió dinero (del pueblo).

El vendedor, como ya se dijo, se apropia de un ingreso, una parte del cual sirve para pagar a sus vendedores detallistas, con lo cual genera algún tipo de empleo y provee de un salario a personas generalmente de la tercera edad y/o mujeres, o a otros negocios privados, así que si bien es cierto que los “consumidores de La Puntilla” se quedan sin sus manzanas, también es cierto que el propósito por el cual las manzanas se importan y se venden ¡se cumple! Si la empresa que provee las manzanas o La Puntilla pudiera inmediatamente reponer el inventario, sería un gran círculo virtuoso. Pero no es así y, en este caso, no es por causa del Bloqueo (se pueden comprar manzanas no sólo en Estados Unidos, sino también en México o en Canadá).

También es cierto que a la manzana le tiene sin cuidado si es vendida en un lote masivo o si es vendida de forma individual. Ella, siempre que no se pudra, cumplirá con su papel de convertirse en alimento natural directo, en jugo, en parte de algún tipo de postre (¡recuerdan aquel pasaje famoso del oso Yogui ¡Pastel de manzanas, Bubú!) o en una buena y refrescante bebida, como la sidra. Ella es, en definitiva, una manzana, y está consciente de su papel --y si no lo está pues peor para ella--.

Lo de la manera de solucionar el problema --esto es la propuesta del MINCIN de racionar la venta de cuarenta y ocho productos “sensibles” en las tiendas que venden a precios diferenciados y altos (antes conocidas como TRD, pero que desde que no venden en dólares de forma directa solo recaudan CUC, que a pesar de todo lo que pensamos no es una divisa y de hecho hoy está sobrevaluado en su relación con el dólar)-- es otro asunto. Hay que recurrir a la historia económica de Cuba y de otros países que en algún momento practicaron el racionamiento (en el caso de Cuba pues le hemos sido fiel y no lo hemos abandonado), para entenderlo.

En Cuba la historia del racionamiento está asociada a tres factores: el bloqueo y, antes de él, a las medidas de reducción de comercio que tomó el gobierno norteamericano desde el inicio de la Revolución; la decisión del gobierno revolucionario de “garantizar” determinados bienes a toda la población en aquella dura época y, además, de derrotar los planes de los gobiernos norteamericanos de rendirnos por hambre y luego, cuando ya teníamos bastante segura la “ayuda fraternal y solidaria del URSS”, entonces esa medida de guerra se convirtió en un instrumento de igualdad, donde la libreta de abastecimientos es su expresión icónica.

Luego, nuestras fallas productivas, tanto o más que el bloqueo, hicieron que la oferta de productos en Cuba, a pesar de contar con energía barata, créditos a muy bajo costo y mercados y precios seguros para nuestros productos de exportación, nunca pudiera ser suficientemente flexible y responder rápidamente a las variaciones de la demanda. Hoy esa expresión de igualdad deviene sustento de injusticias distributivas pues a pesar de las diferencias de ingresos todos los ciudadanos cubanos recibimos productos y servicios subvencionados, desde los mas ricos (el comprador de manzanas, por ejemplo) hasta los mas pobres, como los jubilados con su pensión como único ingreso. Ojo que el comprador de manzanas no es culpable de ello, ni tampoco de que la Puntilla no pueda volver a comprar manzanas rápidamente.

En general las experiencias de racionamiento físico de productos sólo cumplen un rol muy temporal y corto como forma de regular el mercado. Su permanencia en el tiempo genera distorsiones que a la larga afectan al sistema en su conjunto y lo hacen poco productivo y poco eficiente, además de tener un problema intrínseco de asignación deficiente de recursos (el Plan, nuestro viejo y querido Plan, que no se cumplió nunca, ni aun en aquella época de “vacas gordas”, qué decir de ahora). Recurrir a ellas nuevamente es como comerse la mata de yuca y botar la raíz o, como decimos los economistas marxistas, es conformarse con solucionar momentáneamente el efecto y no la causa. Recuerdo que en el Proyecto de Reforma Constitucional que discutimos todos ahora mismo dice su artículo 20: “En la Republica de Cuba rige el sistema de economía basado en la propiedad socialista de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción como forma de dirección principal, y la dirección planificada de la economía, que considera y regula el mercado en función de los intereses de la sociedad”. Vaya esta “solución” que se ha propuesto como una forma “sui generis” de considerar al mercado, muy parecida a las de los años sesenta, que después fuera reconocida en la Plataforma Programática del Partido Comunista de Cuba como un error.

La historia última reciente (o sea, de los últimos cincuenta años ) de nuestro comercio interior es un gran libro para aprender que es lo que no se debe hacer (no me extiendo aquí, pues da para un par de tomos). Si la medida de racionar productos al final se toma nuevamente, ¿que va a pasar?. Lo primero es que creará mas incertidumbre hacia el proyecto actual de modernización / actualización de nuestra economía, y ese es un mal efecto político; la segunda es que generará también incertidumbre en los consumidores, que se protegerán comprando esos productos aun cuando no los necesiten (“por si acaso”) y obligará a gastos adicionales aun cuando no sean necesarios, o sea, habrá una asignación no eficiente de recursos escasos;  y la tercera --y esta puede que no sea tan mala para algunas personas--, creará un nuevo tipo de empleo, el del COMPRADOR PERMANENTE, que estará afuera en las tiendas presto a “ayudar” a aquellos que necesitan / quieran  comprar un poco más del producto normado: otro empleo improductivo que, probablemente, tenga como correlato alguna “relación especial” dentro de las tiendas, y eso no es ciencia ficción, ya ha pasado y aun pasa y volverá a pasar mientras las causas sigan sin ser resueltas. Creo que primero habría que preguntarse cómo es posible que se importen manzanas cuando otros productos mucho más importantes padecen de la enfermedad de la intermitencia. ¿Alguien se ha hecho esa pregunta?

Desde la perspectiva de la política económica, resulta evidente que falta hoy --y ha faltado desde hace mucho-- esa modalidad de mercado que es la venta mayorista, algo que se ha reconocido por todos como una necesidad de estos tiempos pero que ha sido demorado una y otra vez, a veces con razones que no se sostienen ni desde la economía ni desde la economía política, mucho menos desde la política económica --y aun menos desde la realidad de tener recursos limitados--. Vender al por mayor no requiere ni de un edificio siquiera, es una decisión, y para hacerle funcionar  se pueden utilizar los propios almacenes estatales. Sólo haría falta una cuenta de cliente para los que necesitan o están legalmente autorizados (por su condición de trabajadores por cuenta propia o cooperativistas) hacer ese tipo de operación. 

Mientras nos debatimos en este pastel de manzana, temas muy sensibles y decisivos para el bienestar, para la percepción de prosperidad, para la justicia social y para la equidad, así como para el desarrollo, permanecen sin solución, a pesar del esfuerzo realizado y de las horas que muchas personas le han dedicado.  Asuntos que han sido públicamente tratados por nuestros diputados más de una vez o que han aparecido también más de una vez en las asambleas de rendición de cuentas de los barrios.  

Algunos ejemplos: la débil dinámica de la inversión extranjera, la baja participación de la inversión en ciencia y tecnología en el volumen total de inversiones, el éxodo de profesionales, salarios tan deprimidos que ya están casi  psiquiátricos, el uso para beneficio personal de servicios públicos, el deficiente sistema de atención a las personas de la tercera edad, la falta de insumos básicos en hospitales --como sábanas, toallas, jeringuillas y agujas (que por cierto, estas últimas se venden en las farmacias en CUC)--,  las medicinas por la izquierda, la falta de médicos, las deficiencias casi seculares de transporte público, la basura en las esquinas y la falta de higiene de la ciudad, el déficit de vivienda. 

Todas están ahí, han sido  tratadas una y otra vez. Algunas tienen causas objetivas, otras dependen en un grado elevado de subjetividades de uno y otro tipo. Sin embargo, varias de ellas no logran alcanzar la alharaca que se ha armado por culpa de esta pobre fruta mal comprendida. Y no sé por qué, siendo asuntos tan candentes y decisivos, y estando todos a la vista pública, no han tenido la suerte de ser tratados de igual manera que la manzana de Blancanieves.

Les confieso que a mí me gustan las manzanas, todas, la de Eva y todas las otras también. Cierro con una versión libre del título de esa famosa canción de Silvio: ¿QUIÉN SE COMPRÓ MI MANZANA?



[1] Lo que sigue a continuación parte de de un hecho real y un supuesto: el hecho reales que las manzanas no son un bien de primera necesidad ni en Cuba ni en otro ningún lugar; el supuesto es que la compra “masiva” de manzanas en Cuba no es un acto dirigido a provocar  algún tipo de inestabilidad política vía acaparamiento.

Fundada la primera empresa biotecnológica cubano-estadounidense: Innovative Immunotherapy Alliance SA

26 septiembre 2018 

En la mañana de hoy, el Grupo de las Industrias Biotecnológica y Farmacéutica Biocubafarma, anunció que se ha creado la primera empresa de biotecnológica cubana- estadounidense: Innovative Immunotherapy Alliance SA, la que tendrá su sede en la Zona Especial de Desarrollo Mariel.

Esta nueva empresa mixta ha sido creada entre las filiales comerciales de dos reconocidos centros de investigación: el Centro de Inmunología Molecular de Cuba y el Roswell Park Comprehensive Cancer Center de los Estados Unidos.

Este paso histórico en la colaboración científica entre ambos países permitirá el avance de la investigación y el desarrollo de nuevos medicamentos contra el cáncer, que pueden prolongar y mejorar la supervivencia de miles de pacientes en los Estados Unidos.

La nueva empresa biotecnológica contará entre sus productos con el medicamento CIMAVax-EGF, conocida terapia contra el cáncer de pulmón, y otros tres tratamientos adicionales de inmunoterapia para diferentes tumores, desarrollados en Cuba.

En los primeros años, la empresa tendrá como principal objetivo desarrollar la investigación científica y clínica permitiendo demostrar la seguridad y efectividad de estos novedosos tratamientos en los Estados Unidos. De resultar exitosos estos estudios, la empresa estará en condiciones de exportar estos productos para el beneficio de los pacientes norteamericanos, una vez obtenidas las aprobaciones necesarias por la agencia reguladora de medicamentos de este país.

Fuente: BioCubaFarma