Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

domingo, 13 de enero de 2019

La elección de la izquierda

Project Syndicate

Traducción de Jordi Martínez

Los principales beneficiarios políticos de las fracturas sociales y económicas causadas por la globalización y el cambio tecnológico, es justo decirlo, han sido hasta ahora populistas de derecha. Políticos como Donald Trump en los Estados Unidos, Viktor Orbán en Hungría y Jair Bolsonaro en Brasil han llegado al poder capitalizando la creciente animosidad contra las elites políticas establecidas y explotando el sentimiento nativista latente. 

La izquierda y los colectivos progresistas han estado mayormente desaparecidos en combate. La relativa debilidad de la izquierda refleja en parte el declive de los sindicatos y los colectivos trabajadores organizados que históricamente han formado la columna vertebral de los movimientos izquierdistas y socialistas. Pero la abdicación ideológica también ha jugado un papel importante. A medida que los partidos de izquierda se volvieron más dependientes de las elites educadas que de la clase trabajadora, sus ideas políticas se alinearon más estrechamente con los intereses financieros y empresariales.

Los remedios ofrecidos por los principales partidos de izquierda seguían siendo, en consecuencia, limitados: más gasto en educación, mejores políticas de bienestar social, un poco más de progresividad en los impuestos y poco más. El programa de la izquierda se dedicaba más a endulzar el sistema existente que a abordar las fuentes fundamentales de las desigualdades económicas, sociales y políticas.

Ahora hay un creciente reconocimiento de que las políticas de impuestos y transferencias solo pueden llegar hasta ahí. Si bien hay mucho espacio para mejorar la seguridad social y los regímenes fiscales, especialmente en los EE. UU., se necesitan reformas más profundas para ayudar a nivelar los campos de juego en favor de los trabajadores y las familias corrientes en una amplia gama de dominios. Eso significa centrarse en la producción, el trabajo y los mercados financieros, en políticas tecnológicas y en las reglas del juego político.

La prosperidad inclusiva no se puede lograr simplemente redistribuyendo el ingreso de los ricos a los pobres, o de las partes más productivas de la economía a los sectores menos productivos. Requiere que los trabajadores menos cualificados, las empresas más pequeñas y las regiones rezagadas se integren más plenamente con las partes más avanzadas de la economía.

En otras palabras, debemos comenzar con la reintegración productiva de la economía doméstica. Las empresas grandes y productivas tienen un papel fundamental que desempeñar aquí. Deben reconocer que su éxito depende de los bienes públicos que suministran sus gobiernos nacionales y subnacionales, desde la ley y el orden y las normas de propiedad intelectual hasta la infraestructura y la inversión pública en habilidades e investigación y desarrollo. A cambio, deben invertir en sus comunidades locales, proveedores y mano de obra, no como una responsabilidad social corporativa, sino como la actividad principal.

Anteriormente, los gobiernos realizaban actividades de extensión agrícola para difundir nuevas técnicas a los pequeños agricultores. Hay un papel similar hoy en día para lo que Timothy Bartik, del W.E. Upjohn Institute for Employment Research, llama "servicios de extensión de la fabricación", aunque las ideas también se aplican a los servicios productivos. Los gobiernos que colaboran con empresas para fomentar la difusión de tecnologías de vanguardia y técnicas de gestión al resto de la economía pueden aprovechar un repertorio bien establecido de tales iniciativas.

Una segunda área de acción pública concierne a la dirección del cambio tecnológico. Las nuevas tecnologías, como la automatización y la inteligencia artificial (IA), han sido típicamente reemplazadoras de mano de obra, afectando de manera adversa particularmente a los trabajadores poco cualificados. Pero este no tiene por qué ser el caso en el futuro. En lugar de políticas (como los subsidios de capital) que inadvertidamente promueven tecnologías que reemplazan mano de obra, los gobiernos podrían promover tecnologías que aumenten las oportunidades en el mercado laboral para los trabajadores menos calificados.

El fallecido economista Tony Atkinson, en su magistral libro, "Inequality", cuestionó el juicio de los gobiernos que apoyaban el desarrollo de los vehículos autónomos sin la debida consideración por los efectos en los taxistas y camioneros. Más recientemente, los economistas Daron Acemoğlu, Anton Korinek y Pascual Restrepo han escrito sobre cómo la IA puede desplegarse en nuevas formas con el fin de aumentar la demanda laboral, por ejemplo al permitir que los trabajadores corrientes participen en actividades que antes estaban fuera de su alcance. Pero avanzar en esta dirección requerirá el esfuerzo consciente por parte de los gobiernos de revisar sus políticas de innovación y de establecer los incentivos apropiados al sector privado.

Los mercados laborales también necesitan un reequilibrio. El debilitamiento de los sindicatos y de la protección de los trabajadores ha erosionado las fuentes tradicionales de contrapoder. Investigaciones recientes han demostrado que las empresas mantienen una importante influencia en la negociación sobre los empleados, deprimiendo los salarios y las condiciones de trabajo. Revertir estas tendencias requerirá una gama de políticas pro laborales que incluyen la promoción de la sindicalización, salarios mínimos más altos y estándares regulatorios adecuados para los trabajadores en la "economía de bolos" [“gig economy”].

Las finanzas son otra área que requiere cirugía significativa. Los sectores financieros de las economías más avanzadas siguen inflados. Presentan riesgos continuos para la estabilidad económica sin proporcionar beneficios compensatorios en términos de mayor inversión en actividades productivas. Como Anat Admati de Stanford y otros han argumentado durante mucho tiempo, los bancos necesitan, como mínimo, mayores requisitos de capital y un control regulatorio más estricto. El hecho de que las instituciones financieras hayan escapado relativamente ilesas de la crisis de 2008-2009 dice mucho sobre su poder político.

Como lo sugieren los fallos de la regulación financiera, por importantes que sean tales reformas económicas deben complementarse con medidas que remedien la asimetría de la participación política. En los EE. UU., la celebración de elecciones en días laborales, en lugar de fines de semana o días festivos, junto con las restrictivas reglas de registro, las manipulaciones en los districtos electorales y muchas otras reglas electorales, coloca a los trabajadores corrientes en una desventaja significativa. A esto se añaden, por encima de todo, las reglas de financiación de campañas que han permitido a las corporaciones y a los miembros más ricos de la sociedad ejercer una influencia excesiva en la legislación.

El Partido Demócrata se enfrentará a una prueba crítica en las próximas elecciones presidenciales de EE. UU. en menos de dos años. Mientras tanto, tiene una elección que hacer. ¿Seguirá siendo el partido que simplemente agrega edulcorantes a un sistema económico injusto? ¿O tiene el coraje de abordar la injusta desigualdad atacándola en sus raíces? 


Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelión.org como fuente de la traducción.

Del arroz en barco al arroz que cultivamos

La empresa Sur del Jíbaro de Sancti Spíritus es otra que se va acercando a su registro histórico. Foto: Vicente Brito
Servido en mayor o menor cantidad; blanco o coloreado con la tinta del acompañamiento; solo o con frijoles, carnes, huevos, pescados, embutidos o mucho de eso a la vez; en salsas, frito o salteado; lo cierto es que el arroz pasó, hace bastante tiempo, de guarnición ocasional a ejército empoderado del plato de los cubanos.
La cosa no es tan calva, por supuesto, como para un fanatismo intransigente que niegue ciertos menús si les faltara el arroz, pues nadie piensa dos veces en renunciar a la gramínea si bajo un bistec cualquiera solo hay yucas con manteca, tostón de «plátano macho» o papas enternecidas por el color vegetal de una ensalada.
Pero de que manda, manda, a juzgar por la presencia, y en virtud de tal dominio las cuentas apretadas de la economía cubana le otorgan prioridad, año tras año, para traer del otro lado del mundo o desde latitudes más cercanas, el arroz que no hemos sido capaces de producir aquí.
La depresión que en la vida socioeconómica nacional significó el conocido periodo especial, frenó también el auge que en los años 80 había logrado la producción arrocera.
Precisamente de aquella década se heredan los registros históricos que los polos donde es tradición, ahora y poco a poco, es que van superando; aunque como nación se sobrepasó en 2013, gracias a la incorporación de nuevas zonas, la introducción de tecnología moderna y el incremento gradual del rendimiento en los campos.
Para tener una idea, en 2010 se produjeron en Cuba 86 000 toneladas del cereal, apenas un 12 % de los requerimientos actuales y ligeramente superior a las 82 202 que aportó sola la provincia de Granma en 1988 –hasta hace poco su año récord, porque este 2018 lo rompió al aportar 84 000–.
Los otros cientos de miles de toneladas que consumimos en 2010 atravesaron los mares luego de un verde pago millonario.
Fue ese mismo almanaque el cual, con el oxígeno mínimo de una incipiente recuperación y la urgencia más que clara de sacudirse importaciones con los frutos posibles de tanta tierra vacía, se tomó de base para concebir el programa integral de desarrollo que en un plazo máximo de 18 calendarios, a partir de 2012, debe lograr cubrir al menos el 85 % de las 700 000 toneladas de arroz requeridas por la nación caribeña en 12 meses.
Al cabo de casi siete años de aquel inicio, y en el momento en que transcurre la siembra de frío que aportará los primeros granos de un 2019 prometedor, Granma indagó sobre el estado actual del programa arrocero mediante conversación con Lázaro Díaz Rodríguez, director de la División Tecnológica de Arroz, del Grupo Empresarial Agrícola adscrito al Ministerio de la Agricultura; más abreviadamente, el coordinador líder de las acciones por concretar esta aspiración emergente de la economía cubana.
–¿Qué garantías existen para que 2019 sea otro año de crecimiento concreto y significativo de la producción arrocera cubana?
–Lo primero es que se dispone de lo necesario para plantar las 139 000 hectáreas planificadas en toda Cuba. Hay suficiente semilla de calidad, y con algunas limitaciones de partes, piezas y agregados, los recursos materiales existentes más la capacidad innovadora al interior de las empresas aseguran la disponibilidad técnica de los tractores e implementos que preparan estas tierras.
«También contamos con el agua demandada, así como con las horas de vuelo de las aeronaves empleadas en la plantación y fumigación extensivas.
«Este año se adquirirán nuevos aviones que permitirán avanzar en el número de área cultivada, pero todavía es un tema que entorpece un crecimiento más notable. Aquí mismo en Granma, en la Empresa Fernando Echenique, podremos ocupar 26 000 hectáreas de las 29 000 solicitadas, y a nivel de país, de no existir esta dificultad, habríamos tenido condiciones para aprovechar 161 000 hectáreas que aportarían 350 000 toneladas.
«Otro asunto sensible es la fertilización. Se hace todo para que contemos con los productos que dan continuidad al cultivo.
«La prioridad actual de la gestión es garantizar ese empate productivo, que no haya una interrupción, porque el arroz es un cultivo exigente en este sentido, de mucha disciplina tecnológica, que precisa del producto químico y del fertilizante la cantidad exacta en el momento justo. Las consecuencias de algún bache en tal aspecto son muy notorias en el deterioro de los rendimientos, las enfermedades y la calidad del grano para el consumo».
–¿Con tales garantías, habrá continuidad entonces en el ritmo anual de crecimiento productivo?
–Respecto al año anterior, en superficie más o menos se mantienen los niveles de siembra, pero en producción sí se crece.
«Este 2018 cumplió el aporte físico planificado de 283 000 toneladas y lo superó, hasta pasar incluso las 300 000, de las cuales fueron al encargo estatal poco más de 237 000; lo que de paso constituyó un registro histórico nacional.
«Como continuidad en 2019, con prácticamente la misma área se sostendrá el crecimiento a partir de los rendimientos agrícolas, a fin de obtener 311 400 toneladas, de ellas 247 000 dedicadas al encargo estatal (la diferencia se dedica a las ventas al turismo, la reserva estatal, un nivel mínimo destinado a los laboratorios biológicos farmacéuticos Labiofam, para insumos de los productores y a acopiar la semilla de las campañas siguientes).
«Si la sequía prolongada de 2015 frenó el crecimiento sostenido –de hasta un 25 % respecto al año base 2010– logrado en las campañas de 2012, 2013 y 2014, este 2018 y el 2019 en curso afirmarán el ritmo ascendente que se retomó en 2016 con la recuperación de los embalses. (Ver gráfica)».
–¿El salto en el rendimiento agrícola garantizará entonces el crecimiento en toneladas del grano?
–El programa inició con un promedio nacional de 3,1 toneladas por hectárea y este año tenía como meta cerrar en 4,19, aunque el plan técnico fijaba 4,14. Sin embargo, hasta octubre calculábamos 4,68. Claro, cuando se sume la primavera pasada, que rinde menos, baja un poquito, pero igual se cierra por encima de las 4,19.
«Para la siguiente campaña estamos planificando 4,39, no obstante, las evaluaciones potenciales realizadas en todo el país respaldan la aspiración de dar el salto a las cinco toneladas por hectárea.
«Según la proyección estratégica, en 2023 se deben superar las cinco toneladas por hectárea, y entre el 23 y el 30 lograr la cota de seis. Alcanzar esta marca en un área planificada para siembra de 200 000 hectáreas, nos garantizaría el acopio de 1 200 000 toneladas de arroz húmedo, que una vez secas y molinadas equivaldrían a 600 000 de arroz listo para consumo.
«Esa cifra es la meta del programa para 2030, pero trabajamos para adelantar ese rendimiento y producción a 2023; sobre todo porque existe el potencial, aumentan los recursos y se incrementa la disciplina tecnológica en los productores, que es un factor decisivo.
«Llegado ese momento, el programa estaría sustituyendo importaciones con producción nacional en el orden de un 85 % respecto a las 700 000 toneladas de arroz que Cuba necesita para la canasta básica normada y otros destinos».
–Y Granma, mayor productora, seguiría siendo clave en tal aspiración…
–Tanto es así, que en 2019 es la provincia tradicional en el ramo con mejores condiciones para seguir rompiendo récords. Ya en  2018 superó, con 84 000 toneladas, la marca de 82 202 lograda hace 30 años.
«En Cuba, menos Guantánamo, Santiago de Cuba y La Habana, el resto de los territorios produce arroz a escala industrial, incluido el municipio especial Isla de la Juventud. Hay 12 empresas especializadas (Granma tiene dos), dos proyectos de desarrollo en Holguín y la Isla, y una mixta cubano-china que es Taichí, cuya granja productora está en Granma también.
«La zona de Holguín radica en Mayarí, asociada al trasvase, con una producción que aunque pequeña todavía crecerá hasta lograr un potencial de 3 000 hectáreas, y hay otros campos en la Isla de la Juventud donde se aspira al menos  a autoabastecer al municipio.
«Pero si de todas las regiones productoras Granma logra romper su récord el año venidero, superarlo en 6 000 toneladas y alcanzar las 90 000 comprometidas, estaría consolidando su liderazgo al garantizar el 28 % del arroz obtenido en Cuba.
«La otra empresa más cercana a su registro histórico (unas 70 000 toneladas) es la muy eficiente Sur del Jíbaro, de Sancti Spíritus, pero el déficit de aviones no le permite superarlo».
Ensacado de arroz listo para consumo, proceso final. Foto: Rafael Martínez
–Adelantar siete años de un programa planificado hasta 2030, implicaría acelerar las inversiones que deciden mayores capacidades, sobre todo las industriales. ¿Es así?
–Así es. Las prioridades radican en terminar de montar durante 2019, 11 secaderos de tecnología china y concluir nueve plantas de beneficio, clasificación y tratamiento de semillas (tres en Granma), silos de almacenamiento y básculas de pesaje de 80 toneladas.
«Con el completamiento de estas obras quedarían cubiertas ya las capacidades de secado, molinado y tratamiento de semillas para aceptar la producción agrícola prevista en el programa hasta 2023; pero si lográramos que ya en ese almanaque el campo genere todo el arroz planificado hasta 2030, entonces habría que adelantar también las inversiones de la industria que restan del programa.
«En el caso de la preparación de suelos, tenemos que completar aún las brigadas de campo, con equipos láser de nivelación de terreno, de GPS de alta tecnología, refinadoras, minitraíllas, así como fortalecer los sistemas de riego y adecuar los viales».
–Partiendo de que el arroz cubano lo consumen los cubanos, ¿hay alguna respuesta industrial a los reclamos de la población por la calidad del grano?
–Si la comparamos con etapas anteriores, incluido los años 80, la industria arrocera de Cuba está preparada como nunca. Se ha modernizado según lo previsto en el programa, y lo continuará haciendo. Pero si hablamos de obtener máxima calidad del grano hay varias cosas para medir.
«Una es la composición por tamaño, o sea, grano entero o partido. Para la canasta básica normada, por ejemplo, la norma es de un 20 % de grano partido, para la venta al turismo entre un 4 y un 10 %.
«Otro indicador es la limpieza. El arroz puede tener mayor o menor por ciento de grano partido, que si está limpio no es grande el problema. Pero es muy incómodo si además del grano partido hay muchas impurezas: con unas bolitas llamadas bejuco Godínez, o con la punta negra o de otra coloración en algunos granos, semillas rojas y el famoso machito.
«Eso se evitaría si las líneas no tuvieran pendiente la incorporación de dos máquinas de limpieza, para que el arroz salga como en países exportadores donde es casi cero el nivel de impurezas.
«Hay que introducir además un aparato colorimétrico, que define el color deseado del grano, a la vez que extrae el manchado, el amarillo, el rojo, el fisurado u otra impureza de distinto color.
«La calidad también pasa por llegar a empaquetar el arroz de la población, no solo en el saco actual de 50 kilogramos (kg), sino en pequeños formatos de 1; 2,5 y de 5 kg. Eso es lo que hacen los países con desarrollo en la producción arrocera, y es a lo que nosotros aspiramos.
«En un molino de Sancti Spíritus, que produce para la venta a las cadenas de tiendas, existe un flujo completo. Todas deberán ser así. Lo que pasa es que hay un grupo de aspectos por resolver, antes de lograr la calidad óptima.
«Las limitaciones de la economía nos obligan a priorizar, por ejemplo, la sostenibilidad de la maquinaria, a garantizar las partes, piezas y agregados de los tractores, las cosechadoras, las industrias, a comprar fertilizantes y otros químicos, el combustible...
«Es verdad que hoy debemos escoger un poquito más el arroz antes de cocinarlo, pero qué bien que tengamos el arroz».
–¿Y tanta cascarilla residual del molinado, que es una magnífica biomasa, tiene en las inversiones una oportunidad de ser aprovechada? Se ha convertido en un problema ambiental en algunos lugares, sobre todo cerca de sitios poblados, como pasa en la ciudad de Manzanillo con el molino Julio Zenón.
–Hoy en Cuba existen siete industrias con hornos duales, que inician su proceso de secado con diésel, pero se les incorpora luego la cascarilla residual como combustible y dejan de consumir diésel. De los siete hay tres funcionando y el resto se incorpora en el año.
«Toda la industria que se va adquiriendo desde China, por ejemplo, incluye el horno dual. Por cada tonelada de arroz que procesan, ahorran 16 litros de diésel, además de consumir la cascarilla.
«También se están haciendo pruebas en la industria de Amarillas, en Matanzas, para usarla en la generación eléctrica, de modo que sea posible abastecer la planta y aportar incluso al Sistema Eléctrico Nacional».
–¿Es cuestión de tiempo entonces, de poco tiempo, que el arrocero sea un sector recuperado y entre los más adelantados en concretar la tan urgente sustitución de importaciones?
–Que los cubanos hemos recuperado la disciplina tecnológica de la producción agroindustrial de arroz es un hecho, y estamos en condiciones de seguir creciendo año por año, vencer los objetivos del programa y pasar a nuevas etapas.
«En cuanto a la concreción como sector destacado en la sustitución de importaciones, las cifras dicen que todo apunta a materializarlo, empezando porque producimos arroz a un costo inferior a los precios del mercado internacional.
«El programa integral arrocero tiene aprobados 520 pesos para producir una tonelada; sin embargo, gasta solo 319, mientras en la cotización mundial ronda los 460.
«Este plan nacional de fomento del cereal paga con sus producciones todos los costos en divisas que implica su desarrollo (tiene aprobados 370 millones de pesos, de ellos 161 ya ejecutados en importación de equipos), y ahorra al país anualmente unos 20 millones, después de liquidar todos sus gastos.
«Sin duda alguna, es una expresión real y concreta de la sustitución de importaciones».

Presidente cubano recorre nuevas inversiones en la Zona Especial de Desarrollo Mariel

En este artículo: Cuba, Economía, Fotografía, Inversión Extrajera, Mariel, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Zona Especial de Desarrollo Mariel
13 enero 2019 





Foto: FB de Angelica Paredes.
Por Yaíma Puig Meneses.
El Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, recorrió en la mañana de este sábado varias obras que se ejecutan en la Zona Especial de Desarrollo Mariel (ZEDM), donde pudo apreciar los avances concretados en este proyecto líder del país para atraer inversión extranjera, durante el año que recién concluyó.
Sustanciales avances en infraestructura se materializaron en el 2018, fundamentalmente en lo relacionado con la vialidad y otras redes, al tiempo que se continúa trabajando en la preparación de las parcelas para el establecimiento de los usuarios.
Foto: FB de Angelica Paredes.
Según se explicó durante la visita, en ellas se garantizan los servicios básicos de abasto de agua y electricidad, así como de alcantarillado y comunicaciones, todo lo cual corre a cargo de la Dirección Integrada de Proyectos y la Empresa de Construcción y Montaje Mariel.
Como primer punto del recorrido, el Presidente visitó las instalaciones del Centro de Elaboración y Distribución de Alimentos (CEDA), obra iniciada en septiembre de 2017 y concluida en octubre del pasado año.
Con una capacidad para elaborar 10 mil raciones de comida al día e igual cifra de meriendas, el centro fue creado a partir del aumento en la demanda de alimentos, esencialmente de la fuerza constructora que labora en la ZEDM, y está equipado con sistemas de elevada tecnología, con un alto grado de automatización.
Foto: FB de Angelica Paredes.
En intercambio con algunos de los trabajadores que allí se desempeñan, gran parte de los cuales son jóvenes egresados de nuestras universidades, Díaz-Canel Bermúdez se interesó por conocer detalles sobre las labores de ingeniería civil llevadas a cabo, las posibilidades de superación, el salario y la atención al hombre, entre otras cuestiones.
Luego, el mandatario cubano se dirigió hasta el inmueble que ocupa la empresa española ProFood, de capital ciento por ciento extranjero, dedicada a la fabricación y comercialización de productos alimenticios y bebidas para la hostelería, donde pudo apreciar el proceso de acabado de algunos surtidos.
Foto: FB de Angelica Paredes.
La inversión allí fue concluida recientemente y en las próximas semanas debe comenzar la producción y comercialización con destino al mercado nacional, sobre todo para la red de tiendas y el turismo, lo cual debe beneficiar también la sustitución de importaciones.
Como elemento novedoso se destacó la concreción de varios contratos con empresas cubanas que proveerán tanto materias primas como productos terminados, que deberán adaptarse a los requerimientos de ProFood y a estándares de calidad internacionales.
En tal sentido, el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros insistió en la importancia de encadenar con las empresas nacionales cada uno de los procesos productivos que así lo ameriten, de manera tal que se aprovechen las potencialidades de nuestra industria en las diferentes líneas de elaboración.
A pie de obra Díaz-Canel Bermúdez pudo apreciar las labores constructivas que se ejecutan en el Complejo Industrial Biotecnológico CIGB-Mariel, de capital ciento por ciento cubano, y hasta el momento la obra más grande establecida en la ZEDM, cuya puesta en marcha se prevé para el 2020.
En esta instalación, que estará adjunta al Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, se garantizará la elaboración de productos biotecnológicos de última generación, destinados tanto para la exportación como para el abastecimiento del sistema nacional de Salud.
Un total de 43 usuarios se habían establecido en la ZEDM al cierre del 2018. Diecisiete de ellos se encuentran en operación y 30 en proceso inversionista, lo cual responde a que algunos han comenzado a operar simultáneamente a la ejecución de las obras.
En este calendario que apenas inicia, crucial para el desarrollo económico cubano, como mínimo deben ponerse en operación seis nuevos proyectos, que se sumarán a los ya concretados y que no solo deben contribuir a la sustitución de importaciones en el país, sino a incentivar en las empresas nacionales un mayor desarrollo de nuestras potencialidades.