




"La edificación de la nueva sociedad en el orden económico es también un trayecto hacia lo ignoto". RCR





Producir suficiente cacao haría que convivieran, sin afectarse, todos los actores que lo procesan
Autor: José Llamos Camejo | internet@granma.cu

Baracoa, Guantánamo. –«Ojo que no mira más allá, no ayuda al pie». Acaso esa moraleja, regalo de Silvio, jamás llegó a oídos de los que desvían cacao ni de quienes, por la vista corta, le abrieron cause al desvío. O quizá la oyeron sin atender la advertencia tácita, da igual.
Quién sabe si ahora, frente al juicio de la conciencia, ese trozo de lección-poesía ayude a regresarlos al camino limpio, aunque en el retorcido hayan provocado daños que no podrán reparar correctivos ni sanciones.
Sobre varios implicados en el desvío de cosechas de cacao recayó la justicia laboral y administrativa, según Raúl Matos Pérez, director de la Empresa Agroforestal y del Coco de Baracoa; –cargo en el que no estaba cuando los hechos–.
«Hubo que aplicar sanciones administrativas a funcionarios y directores; en uno de los casos, la medida consistió en la separación», refiere.
Y queda claro otra vez; en Baracoa el desvío de cacao, al margen de otras realidades urgidas de tratamiento, es hijo de unos planes de producción proyectados a la ligera, y nieto de estimados mal hechos, por gente que sabía cómo hacerlos con el rigor necesario.
«Para eso –detalla Raúl– hay que entrar al terreno y contar los cacaoteros y la cantidad de frutos por planta, antes de proceder a un estimado estadístico-matemático certificado por especialistas de la Estación Agroforestal, como se hace ahora».
Antes no hubo control en ese proceso, se sabe. La pregunta es, en este caso, ¿a quién o a quiénes correspondía controlar a un controlador que, a su vez, no cumplió su tarea?
El control es una cadena con nombre y apellidos en cada eslabón, el fallo en uno de ellos cuestiona el funcionamiento de los demás. Entonces, por las consecuencias del desliz en el asunto, ¿respondió todo el que debía?

¿Y AHORA?
«¿Qué hacer con estos equipos?», pregunta Éiser Machado Tardo, uno de los dueños de la mipyme exchocolatera de Paso de Cuba. Habla de tostadoras, pulverizadoras, prensas, molinos…; artesanal andamiaje de máquinas en las que, según Alexis Durand Gamboa
–el otro socio de la mipyme–, gastaron más de medio millón de pesos, aparte de lo invertido en la ampliación de un local para procesar y almacenar los productos.
Su «qué hacemos», Éiser lo plantea contrariado. Le han cambiado el objeto social a su pequeña empresa. La inconformidad de él y de Alexis es la misma de otros homólogos suyos, y por igual razón.
El empeño de reencaminar la ruta del cacao a la modernizada industria de Baracoa desautorizó la línea de procesamiento y comercialización autorizada antes para seis mipymes y más de cien trabajadores por cuenta propia. Mal parados y sin respaldo quedan esos actores económicos, que también le habían restado algunas cifras al desempleo.
LA «INDUSTRIAL GUARIDA» DEL CHOCO, DE UN TIEMPO ACÁ
La propensión al desvío ha disminuido, sostiene Raúl Matos Pérez, y habla de medidas organizativas para repotenciar la producción de cacao.
En tanto, sobre la presencia de actores privados en el sector, Yanelis Borrero Hernández, a cargo de la dirección de Trabajo y Seguridad Social en el municipio, confirmó que a los actores privados que realizaban la actividad se les modificó también esa línea.
¿Será acaso garantía de que todo el cacao de las plantaciones de Baracoa llegue a la industria local? No es lo que sugieren ni el rumor ni el olfato en calles y vericuetos, y hasta en sitios insospechados, más allá de la urbe.
***
El paisaje encanta y el camino es de sobresalto, topográfica versión de una montaña rusa. Recorrerlo es un constante sorteo de grietas, veriles polvorientos, ondulaciones bruscas, piedras sueltas y giros inesperados.
Por esta ruta van y vienen algunos a la usanza de Valentino Rossi; no tendrán la pericia del afamado motociclista italiano, pero sus motos suben y bajan como si este recoveco fuera una avenida; se nota que lo conocen bien.
Mas, desconocer este laberinto no impide llegar hasta donde lo hizo Granma, pues el mismo aroma que dejan los bultos en las parrillas de las motos guía hasta el vértice de la loma en que está una fábrica clandestina.
Su dueño, afable y de buen humor, reclama el anonimato. De su actividad habla bajo el mote de El Choco. «Tengo mis papeles en regla; yo no hago nada escondido».
–Si es así, ¿por qué razón enmascara el nombre?
–Para evitar rollo, periodista, esta gente «no son fáciles» –dice, sin especificar a quienes alude.
Refiere tener licencia de cuentapropista y autorización para procesar cacao. «Pero esa licencia ya caducó, ¿usted lo sabe?».
–Nadie me ha dicho nada.
El Choco mezcla cocoa, licor, y otros derivados del cacao, a los que les agrega valía. Sus clientes, dice, además de trabajadores por cuenta propia baracoenses, son de Villa Clara, Santiago de Cuba y La Habana, fundamentalmente. Él trabaja por encargo.
Los documentos legales que acreditan su actividad no los enseña. Había con él un joven y otro hombre entrado en edad; «mis ayudantes», dice.
Otros llegan con recipientes llenos de mazorcas de cacao: «poquitos que me traen los campesinos de por aquí, se los pago bien. Y mi plan de entrega lo cumplo».
El Choco es campesino; además de cacao, produce cultivos varios y coco. Tiene cerdos y decenas de ovejos.
Por un recipiente de cacao seco, que equivale a 24 partes de un quintal, paga 700 pesos; es decir, 16 800 pesos por quintal. ¿Cobra mucho o poco por sus derivados?; no quiso decirlo, pero se infiere.
«Minindustria» le llama El Choco al amasijo de metales con los que procesa el cacao. Por tostadora, una «balita» de gas licuado, en desuso. Tiene prensa, molino ruidoso y altamente consumidor de energía, y una pulverizadora. Trastos por doquier, envases de mal aspecto. ¿Será una excepción El Choco?
EN PERSPECTIVA
Una nueva fórmula en marcha, que consiste en la entrega de productos alimenticios a precios diferenciados, busca incentivar en los cacaoteros el aumento de sus aportes.
Hasta ahora da algunos resultados, dice Raúl Matos, mas, el acento, cuando se refiere a la definitiva solución para revertir el déficit productivo del importante rubro, él cree que debe ponerse en un posible esquema de financiamiento, ahora mismo en propuesta.
En este punto, Matos opina que debe hacerse como se retribuye el aporte tabacalero; le parece que esa variante, o una parecida, ayudaría a expandir el cacao por las montañas y valles de Baracoa, y aún más allá.
Su razonamiento encaja en los vaticinios que se repiten sobre el cacao en el mundo: que sus altos precios llegaron para quedarse, que es el producto con mayor crecida de precios en los últimos años...
Escucharlo lleva a pensar en la moderna industria cacaotera de Baracoa, capaz de procesar 7 000 toneladas por año, si se le garantizaran esos volúmenes, después de que se haya hecho realidad la convocatoria del vice primer ministro Jorge Luis Tapia Fonseca: desbordar el Alto Oriente con cacaotales.
Todo lo que puede hacerse también hace pensar en la investigación doctoral que propone extender el cultivo a otras regiones de Cuba; y también en los cuentapropistas y en las mipymes, que bajo esas premisas pudieran regresar a un proyecto en sinergia con la industria local, sin afectarla.
«Lo que hace falta es más cacao, y para eso hay que mejorar y estabilizar el precio y los pagos. No es capricho»
Autor: José Llamos Camejo | internet@granma.cu

Baracoa, Guantánamo.–Que el azote de varias sequías y de alguno que otro ciclón se cuente entre las causas del deterioro del cultivo del cacao en este municipio es lógico y comprensible.
Lo cuestionable es que, como sucedió en cosechas recientes, a costa de un nuevo huracán y de otra sequía, algunos productores sobredimensionaran los daños ocasionados a sus plantíos y declararan menos producto del que en realidad habían cosechado.
El ardid del cacao, supuestamente dejado de producir debido al mal tiempo, sirvió para justificar una parte del déficit de ese grano, y le abrió camino a la producción «malograda» que, finalmente, acabó en manos privadas.
Ya no solo se trata de que una materia prima haya echado arrugas en almacenes; la producción cacaotera en Baracoa desciende en picada, de 1 100 toneladas en 2022 a poco más de 700 al año siguiente.
El descenso continuó hasta marcar 380,5 toneladas al cierre de 2024, y según vaticinan productores y especialistas, despedirá el presente almanaque apenas con 150 toneladas.
Es verdad que llovió mucho; que la lluvia fue poca o ninguna, y también que el azote de los ciclones y de un omnipresente bloqueo dificulta el acceso a fertilizantes e insumos.
No obstante, nadie se engañe: esta historia, además del clima y del cerco económico, tiene otros responsables y matices.
LOS CAMINOS DEL DESVÍO
Allá en El Frijol de Sabanilla, Paso de Cuba, cuando Juan Romero Matos recorría áreas cacaoteras, en el camino vio a un productor de cacao, que también es arriero. Agitados iban caballo y hombre aquella mañana, cubierto el lomo del animal por dos sacos llenos de granos secos, y delatada la carga por el olor a cacao.
Juan, quien conduce el Centro de Gestión de Café y Cacao de Paso de Cuba, recuerda que el arriero se puso como nervioso al verlo; «ese cacao quizá lleva otro destino», sospechó el ingeniero.
Conocía al productor-arriero, y a sus oídos habían llegado presuntos desvíos de cacao, un murmullo que recorría ya todo Baracoa. Por eso decidió buscar a la especialista del área donde está enclavada la finca del susodicho, y que se personaran los dos por allá.
Así confirmaron que una parte de su cacao, el labriego-arriero lo comercializó «por la izquierda», y que la cantidad del producto vendida por él a la Empresa Agroforestal y del Coco de Baracoa había sido inferior a lo acordado y planificado.
Para camuflar la verdadera causa de su incumplimiento, el productor esgrimió los daños del ciclón Oscar que, según él, le llevó el producto faltante; mas, por evidencias incontestables, el hombre admitió una treta que entre sus colegas no fue generalidad, pero tampoco infracción cometida por uno o dos, y esto último es lo peor.
En favor de compradores privados que pagan «al tin tin» y a mejores precios, unos cuantos cacaoteros se valieron del amaño para no honrar sus planes de entrega a la Agroforestal y del Coco, empresa que les debía dinero de anteriores cosechas.
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«Yo sí vendí a las mipymes una buena parte de mi cacao en la cosecha pasada, y mi plan con la empresa no lo cumplí». En predios de Saibá, Baracoa, el campesino José Luis Borges Gallego reiteró su verdad, dicha antes «a los compañeros de la Agricultura.
«La verdad salva y no tiene manchas», dice, en tono culto, sincero y sin arrogancia. Rubricó un plan, en virtud del cual debió venderle 60 quintales de cacao a la Agroforestal y del Coco; «y los tuve –recalca–, pero le vendí solo algo más de 40 quintales.
«La empresa paga a 2 000 pesos el quintal de cacao, más del doble de lo que pagaba hace un año», reconoce Borges Gallego, pero «hoy por hoy, como están los precios, eso no me alcanza para cubrir los gastos básicos de la casa, porque la vida está cara».
OTROS «COLORES» DEL EXTRAVÍO
«¡Oiga! –insiste el productor José Luis–, si mi familia y yo fuéramos a vivir del dinero que nos reporta el cacao vendiéndoselo a la empresa… menos mal que la finca sustenta parte de nuestra dieta».
Hace una pausa, respira profundo, y con el verbo empieza a graficar ventas de cacao «por la izquierda», pagos demorados en el trayecto empresa-banco-cajeros, «una cuestión de ineficiencia y de apuros», dice, e invoca el rigor del día a día en el hogar.
«Que si la empresa le pasó los vales al Banco, pero hay que esperar a que a este le entre suficiente dinero, que si usted necesita 10 000 pesos y no puede extraer más de 2 000 o 3 000, y encima de eso, unos cuantos establecimientos no aceptan pagos por transferencia... ¡imagínese!».
«Las mipymes están a la viva– continúa el cacaotero–, tienen plata, la traían en la mano y me decían “aquí está, dame una, dos, cuatro tanquetas” (en cada una iban 40 libras de cacao)… y me traían 2 000 pesos por cada una; así se fueron unos cuantos quintales.
«De veras, no quería hacerlo así, yo soy cumplidor, pero tengo necesidades, hogar y familia, y soy su sostén», remata el hombre, y asegura que el desvío para él ha quedado atrás. «A la empresa le di mi palabra y mi compromiso, y ella hizo lo mismo conmigo.
«Pero fíjese, en esta cosecha yo estoy cumpliendo mi plan y no están haciéndolo igual conmigo; de seis quintales entregados hasta la fecha, solo me han pagado seis libras (108 pesos); entonces, ¿de qué hablamos?».
José Luís asegura que nada de lo dicho significa que él vaya a volver al desvío. «No lo haré, pero la cuestión de los precios y la demora en los pagos es vieja; para bien de todos, es hora de resolverlo».
Tampoco voy a echar a un lado al cacao, dice el campesino, sería como renunciar a mi origen; lo que hace falta es que haya más de ese producto, y para eso hay que mejorar y estabilizar el precio y los pagos. No es capricho. «Si no, ¿cómo yo le pago al que me ayuda en la producción, cómo la sustento, cómo yo vivo?».
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Al desvío de cacao, la entidad afectada le respondió «con mejor chequeo y más control en la base», asegura Raúl Matos Pérez, director de la Agroforestal y del Coco; «empezamos a hacer análisis.
«Cada productor que incumplía, llevaba después una visita de nuestra empresa y de la Delegación de la Agricultura», dice Matos Pérez, y es revelador su «después»; confirma que en este asunto la previsión iba con muletas mientras la distorsión galopaba.
Agrega Raúl que, por incumplir sus contratos, fue multado un grupo importante de productores, y que por esa misma razón se les rescindió la tierra a algunos usufructuarios.
El directivo admite que hoy su empresa paga el cacao a precios que no satisfacen a los productores, y que en eso las mipymes le llevan un trecho. Acepta que hubo superficialidad en la realización de unos estimados que, a juicio de Mayelín Frómeta Alayo, intendente de Baracoa, «no se hacen desde oficinas».
¿La cantidad de cacao desviado?, cientos de toneladas, quizá, admite Raúl, «pero no tenemos la manera de confirmarlo».
Últimamente, a los del cacao se les llama granos de oro, por los altos precios. Foto: José Llamos CamejoParada industrial, una estrategia que en algún punto perdió el rumbo y, con ella, la preciada materia prima del chocolate
Autor: José Llamos Camejo | internet@granma.cu

Baracoa, Guantánamo.–De una parte hubo lógicas ignoradas y pifias difíciles de entender; y de la otra una voraz prontitud que le hizo burla al descuido, mientras degustaba las «achocolatadas aguas» del titubeo y la ligereza. Es una historia que tiene que ver con el curso extraviado de un cacao en la más oriental de las provincias cubanas.
Renovarse o perecer. Sí o sí. Inaplazable dilema en 2018 para la industria de «la gallina cubana de los huevos de chocolate». Con 55 años de explotación y, por si fuera poco, el remate de un meteoro nombrado Matthew, sus máquinas no resistían otro achaque más.
O definitivamente dejaba atrás el desfase, o renunciaba a agregarle valor a su producto líder, de cuyo potencial, cuando al fin se aproveche bien, podría salir un «suero monetario» de los que tanta falta les hacen a las sitiadas arcas de Cuba.
Rejuvenecer la chocolatera era inaplazable. Que no sería cuestión de unas pocas semanas –mucho menos en época de asechanzas y rémoras económicas– se sabía, aunque nadie la supuso tan dilatada.
Y, también es cierto, que cuando la ruta y las etapas de ejecución de la reforma tecnológica parecían despejadas, una pandemia mundial hizo causa común con el cerco económico-financiero estadounidense, detallado y multiplicado.
No obstante, la parada fabril ya era un hecho, pero sin paréntesis productivo en los cacaotales, pues, aunque atropellados igual por el huracán, no dejarían de tributarle materia prima a una industria procesadora en reposo. Eso, igualmente, se conocía.
Lógico fue entonces pensar que a la producción emblema de Baracoa los garantes del cacao le planificarían un destino adaptable a cualquier «marejada». Justamente de ahí vienen las preguntas sobre el asunto.
¿Qué faltó? ¿Previsión, pragmatismo, agilidad ante lo eventual? ¿Se le dio la necesaria preponderancia a la solución del dilema? Porque titubeos y deslices hubo, y dieron lugar a extravíos, ahora en curso de revertirse.
Atraídas por la tentación monetaria proveniente de un actor económico que irrumpió en Cuba hace apenas tres años, cientos de toneladas de cacao han circunvalado órbitas privadas.
LÓGICAS Y ABSURDOS
Todo empezó a gestarse en 2018, en medio de la aún vigente crisis económica mundial, cuando la actual empresa Derivados del Cacao Baracoa detuvo su maquinaria para dotarse de dos modernas líneas de producción. En lo sucesivo, aparecerían los inconvenientes.
Primero, la pausa impuesta por la covid-19. Después, fabricantes a los que se les compró la tecnología, morosos en el envío de sus técnicos para montar, probar y echar a andar los equipos. Hasta que, a guisa de prueba, la industria por fin arrancó en noviembre de 2022.
Así, una inversión concebida para menos de un año demoró más de un lustro en ejecutarse, y la materia prima sobreacumulada creció, explica Raúl Matos Pérez, director de la Empresa Agroforestal y del Coco, rectora de la producción de cacao en la Primigenia Villa.
Unas 800 toneladas de ese producto, después de ser vendidas a Derivados del Cacao Baracoa, permanecieron en almacenes de nuestra entidad, «sin contar lo guardado en otros municipios y en depósitos de otras provincias de Oriente», aclara Raúl.
Que los cacaotales no dejarían de abultar la acumulación del producto, pese a la parálisis de la industria, se conocía. Que ello planteaba un dilema ante los decisores, también. Vaticinio suficiente para preverle, de cara a cualquier eventualidad, más de una variante al destino de la materia prima en espera.
Exportarla, propuso la entidad que lidera Matos. Pero esa propuesta no fue aceptada, «y se optó por venderla a la industria y preservarla para cuando esta echara a andar».
Tras arrancar Derivados…, a finales de 2022, funcionó con intermitencias hasta el epílogo de 2023.
Que por lógica, al menos en ese también dilatado periodo de reajuste posarrancada, la fábrica solo desplegaría una parte de su potencial, y que, por tanto, la materia prima seguiría sobreacumulada, era de inferirse.
El cacao que procesó el municipio en la mencionada etapa fue mucho menos que el que tenía en reserva de esa materia prima, cuyo valor en el mercado mundial iniciaba un despegue, a la postre vertiginoso, de cerca de 2 000 dólares por tonelada en el propio 2022, hasta más 12 700 dólares por igual cantidad en 2024.
Preservar el producto para que la industria le agregara valor antes de exportarlo fue, sin duda, una idea bien fundada; de haber cuajado, habría dejado ganancias más lucrativas. Lo conservador fue no optar por otra variante cuando se hizo evidente que el reinicio de la fábrica se prolongaba, y se perdería la oportunidad de exportar.
En las dinámicas del comercio mundial algunos cambios llegan de golpe, agitados por coyunturas. Y, como en la pelota, si el competidor no reajusta el swing, sale mal parado. La reacción retardada, en este caso ante lo eventual, a Baracoa y al país les impidió un sorbo de divisas frescas de algunos millones. La calculadora no miente.
ATRIBUCIONES NO, ¿Y DEBER TAMPOCO?
Seis micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) sí aprovecharon bien la oportunidad que la coyuntura les dio en la Primera Villa, con la fábrica de chocolate en reposo y la producción cacaotera en marcha y sin destinos suficientes para el producto.
Combinadas esas variables, les propiciaron un «turno al bate» ideal a nuevos actores económicos y a trabajadores por cuenta propia.
A las mipymes que ya tenían una clara estrategia al respecto, les fue admitida una línea de chocolate; «dentro de su objeto social tenían aprobada la comercialización de productos derivados del cacao», confirma Mayelín Frómeta Alayo, intendenta de Baracoa.
«Seis mipymes que tenían contrato con la Empresa Agroforestal y del Coco habían comprado cacao también en Santiago de Cuba y en Granma», abunda Frómeta Alayo.
Los registros de venta lo dicen todo. Una sola de esas mipymes, localizada en Paso de Cuba, compró a la Agroforestal y del Coco 45 toneladas de cacao, «en tres partidas –detalla uno de los dos socios del mencionado ente; «20 toneladas primero, 20 después, y finalmente cinco», remata.
Al sexteto de mipymes les fueron vendidas en total 101 toneladas de Cacao; lo dice Ogli Pérez, director económico de la Forestal y del Coco, la cual vendió la materia prima. Mayelín Frómeta, por su parte, deplora «que un producto principal, destinado a la industria del municipio, haya ido a parar a otra parte».
Aprobar las mipymes y las actividades que estas asumirían como objeto social, en el momento de la historia que nos ocupa, era facultad del Ministerio de Economía y Planificación, al amparo del Decreto-Ley 46 de 2021, del Consejo de Estado de la República.
Granma, no obstante, se pregunta si en este caso no era deber de las autoridades locales alertar a los decisores acerca del inconveniente que suponía, para la estrategia de desarrollo cacaotero de Baracoa, aprobar mipymes con el cacao como línea de producción.
Entre otras razones, por la inseguridad de una tecnología rústica no apta para impregnarle mínimos estándares de inocuidad a sus producciones. Y porque la materia prima para esos actores va contra la que necesita una industria moderna como lo es hoy la chocolatera de La Primada.
La capacidad de procesamiento anual de esa fábrica (7 000 toneladas) supera con amplitud las cerca de 2 200 de cacao entregadas por el municipio desde 2022 hasta 2024, las 150 que pretende aportar en el año actual, y las 4 000 que, estiman, logrará producir en 2030.
Entonces, ¿aprobar que 120 trabajadores por cuenta propia, sin contar los más de 400 que de manera informal –se comenta– también procesaban y comercializaban cacao, tampoco era facultad de las autoridades del municipio?
Ciertamente, este es un asunto que va más allá de competencias. Se trata de alerta y previsión, y ambas fallaron. ¿Qué pasó después? Esa es una interrogante a cuya respuesta nos acercaremos en un segundo trabajo.
Una inversión demorada, mucha materia prima paralizada, luego vendida, y cosechas que se desvían desde el campo, son eslabones de una cadena de consecuencias torcidas
Aun así, la Empresa Agroforestal y del Coco, a cargo del cultivo en Baracoa, encontró un modo de extraerle casi el doble de ganancia a 101 toneladas de la materia prima.
Néiser Machado Matos, administrador de una de esas pequeñas empresas (¿ex?) cacaoteras surgidas aquí, localizada en Paso de Cuba, dice que a ellos les vendieron cacao porque a la entidad estatal «se le echaba a perder en los almacenes, y no tenía quién se lo comprara».
Sobre lo que se dice al respecto, hay algo confuso. De un lado: «pagué a precio doble el producto», se duele el comprador; pero algo en la afirmación hace dudar sobre si todo fue realmente desventajoso en ese negocio.
Igual, la otra parte se contradice al alegar, primero, que por decisión «de arriba» y en favor de la fábrica no exportó la materia prima. Después, que –en contra de la misma industria, y en interés de quién– optó por la venta a compradores privados locales.
Ogli Pérez Pérez, director económico de la Agroforestal y del Coco, confirmó que, pese a haber perdido el cacao ciertos atributos en su prolongada espera, las mipymes lo adquirieron a 100 000 pesos la tonelada; casi el doble de los 55 000 pesos que, aparte de un componente en MLC, pagaba la estatal Derivados del Cacao por cada tonelada de materia prima del producto de calidad que le suministraba la empresa agrícola.
En resumen: importantes volúmenes de cacao comprado, procesado y comercializado por mipymes de Baracoa en los dos últimos años, pasaron antes por depósitos de la empresa estatal rectora de ese cultivo en La Primada de Cuba.
Todo en regla, claro. El cliente, actor económico nuevo y debidamente instituido, tenía contrato con el suministrador, condición que le abrió paso a la compraventa legal.
Gracias a ella, parte de la retenida materia prima traspasó una puerta no principal. A costo elevado –que nos hace suponer alguna «generosidad» calculada–, acabó en manos hábiles que, tras procesarla, la pusieron en rutas de intermediarios.
Así la «bola» de la inflación, mientras rodaba, crecía, dejándoles ganancias multiplicadas a sus gestores, a la par de que –«magia» de los precios– descargaba sobre los consumidores el golpe final y más fuerte.
Bien aprovechada por seis recién nacidas mipymes, la operación le dejó más de 10 000 000 de pesos de ganancia a la Agroforestal y del Coco, vendedora estatal del producto. ¡Vaya «generosidad» de esos precios que encubren déficits productivos y comercialización a destiempo!
AL FIN… DESPUÉS DEL LETARGO
«A raíz de inconformidades planteadas por la industria de Derivados del Cacao –explica Mayelín Frómeta Alayo, intendente de Baracoa–, después de un análisis, a la Agroforestal y del Coco se le dejó claro que no debía continuar vendiéndoles cacao a las mipymes. Paramos ese proceso; sabíamos lo que representaba.
«También a la dirección de Trabajo en el municipio –añade Frómeta Alayo– le dijimos que no era factible que los trabajadores por cuenta propia elaboraran derivados del cacao, y que debíamos evitar el comercio ilegal».
¿Acaso será esta una manera tardía de intentar romper una cadena de consecuencias que parten de razones injustificables y económicamente reprochables: una inversión demorada y una gran cantidad de materia prima paralizada y en depreciación?
¿Son las mipymes las responsables primarias del problema actual, más cuando fueron legalmente concebidas y su objeto debidamente aprobado?
Lo inexplicable e irracional empieza desde mucho antes, con la inercia empresarial de permitir que el cacao se deteriorara, que envejeciera y se hipotecara, que perdiera propiedades para ser exportado a tiempo cuando su valor escalaba en el mercado internacional... Todo eso pudo haberse evitado y no se hizo, ¿por qué?
«La voluntad de encontrarle solución a un problema, sin pensar lo que más adelante podía pasar», admite el ingeniero Raúl Matos Pérez, director de la empresa responsable de la producción del cacao baracoense.
Dice que los trabajos para la actualización tecnológica de la fábrica, previstos para ejecutar en seis meses, «se extendieron demasiado tiempo (por esa razón) hubo materia prima que estuvo casi ocho años en almacenes». Inconcebible e imperdonable.
Por solo hablar de una salida posible a esa situación, a los precios mundiales del producto en 2023, las mismas 101 toneladas de cacao vendidas a las mipymes, de haber sido exportadas, habrían tributado al país algo más de un millón de dólares. Sin embargo, ¿es acaso un desatino vender a actores locales que procesen allí mismo y reproduzcan, en valores agregados, la materia prima que se cosecha en el propio territorio? Claro que no.
No obstante, caben otras preguntas: ¿realmente esta «movida» local aportó beneficios económicos a Baracoa; se captó allí ese supuesto valor agregado que se creó allí; generó impacto real ese aparente ciclo completo de producción?
Si no fuera así, entonces no habría sido, tampoco, una buena salida la venta mayorista de todo el cacao; como no va siendo bueno, igualmente, el fenómeno que se está gestando en los propios cacaotales.
«EFECTO DOMINÓ»
En medio de la larga espera del cacao cosechado, fue cuando irrumpieron en el país las mipymes, como nuevos actores económicos.
En opinión de Raúl Matos, con la referida aprobación, en Baracoa se «desató un efecto dominó entre un grupo de cacaoteros a los cuales aún no se les había pagado todo lo que debía pagársele por sus producciones», incluso una parte en MLC, de cosechas anteriores.
Entonces, argumenta, un segmento privado que se dedica a procesar cacao en cantidades pequeñas, comenzó a proponer pagos tentadores por la materia prima, y a competir, peligrosamente, con lo que paga la empresa. Por supuesto, las entregas al Estado empezaron a mermar.
Unos cuantos labriegos, al margen de sus compromisos de suministrarle cacao a la Agroforestal y del Coco, solapadamente empezaron a poner una parte de su cacao en manos privadas.
A esas alturas ya no se trataba solo de la materia prima con años de espera; a los privados que elaboran productos derivados comenzó a entrarles un cacao acabadito de cosechar, pero salido de las plantaciones por una puerta trasera.
Con la reacción en cadena, el extravío se ha trasladado al cacaotal, para iniciar una travesía clandestina y dañina para la economía local.
Sobre estas deformaciones Granma volverá.

Entre las múltiples particularidades de la bella Baracoa, Primera Villa fundada por los conquistadores españoles en Cuba, se encuentra la de ser el emporio en el país de las plantaciones de coco y cacao, importantes renglones exportables para la economía guantanamera.
Al igual que el cocotero, el cultivo del grano constituye sustento y forma parte de la cultura e identidad de muchas familias de la región más nororiental de Cuba. De generación en generación se mantienen el cuidado de los sembrados y la elaboración del gustado chocolate.
Baracoa se ubica como el municipio productor del 85% de todo el cacao que se da en la Isla, responsabilidad que en la actualidad recae en unos mil 243 campesinos vinculados a diferentes formas productivas.
Si entre el 2014 y el 2015 se lograron romper todos los récords productivos con unas mil 564 toneladas de cacao seco, el devastador paso del huracán Matthew por el extremo más oriental de Cuba los días 4 y 5 de octubre de 2016, dejó un panorama desolador, arrasando miles de hectáreas del cultivo.
Resultaba entonces imperativo impulsar el programa de desarrollo del cacao, por su importancia económica y potencialidades de sus derivados como rubro exportable, y sustento económico de los productores y sus familias.
El programa integral para relanzarlo persigue rehabilitar las plantaciones y recuperar las producciones de forma sostenible e incidir en las mejoras de las condiciones de trabajo y de vida de quienes lo cultivan y la población en general, una tarea que casi en su totalidad la asume la Empresa Agroforestal y Coco Baracoa (EACB), segunda aprobada como polo exportador de la provincia por el Ministerio de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera.
“En los últimos años, la carencia de fertilizantes e insumos (machetes, limas, motosierras y tijeras para podar), junto a insuficiencias en las labores de agrotécnica y de extensionismo agrícola, llevaron a la disminución de los rendimientos por hectárea, con la afectación de unas mil 300 toneladas de cacao, y de las exportaciones ”, explicó el ingeniero Juan Romero, especialista de la entidad baracoense.
Como sucede con otros cultivos, el incremento y desarrollo de la bellota se relaciona también con la introducción de la ciencia en toda la cadena productiva, desde las plantaciones hasta la industria.
A la actual estrategia para el desarrollo y producción del cacao hasta el 2030, se integran proyectos científicos y de innovación que incluyen la superación de los productores, creación de secaderos y una línea de clasificación, y el montaje de tres bancos de varetas para abastecer los viveros de tubetes, donde se obtienen plantas de mayor calidad y resistencia al cambio climático.
“La reparación de más de 200 kilómetros de caminos y el mejoramiento del drenaje permitieron sembrar 200 hectáreas (ha) por año, en la actualidad existen unas tres mil 247 ha, de ellas dos mil 129 en producción y mil 018 en desarrollo”, destacó Alexei Romero Casas, director de la EACB.
Datos expuestos en el encuentro Alimentos con más Ciencia, que lidera el gobierno provincial, señalan que hasta el 2030 existe un potencial de tres mil 123 ha en producción, lo cual permitirá la obtención de alrededor de cuatro mil toneladas del fruto.
Sin dudas, amplias son las perspectivas para el cultivo, desarrollo y producción del cacao y sus derivados en la Villa Primada, un producto líder que está llamado a aportar en el crecimiento económico de Guantánamo.