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sábado, 22 de agosto de 2015

Libro " Socialismo y Mercado" de Fidel Vascos. Aspectos teóricos y metodológicos. Capitulo Final

Aspectos teóricos y metodológicos. Capitulo Final

Por Fidel Vascos

El objetivo del presente capítulo consiste en fundamentar teóricamente la existencia de la producción mercantil tanto en el período de transición del capitalismo al socialismo, como en la fase socialista o primera fase de la sociedad comunista. 

Este análisis se apoya en el método de la abstracción aplicado por Marx en El Capital, el cual consiste en aprehender la esencia del fenómeno estudiado y exponer su contenido general, lo que determina que no se plantee un caso particular, cuyas manifestaciones concretas pueden variar con relación a la generalización abstracta a la que se ha llegado en el análisis, sin que por ello la contradiga. 

La comprensión de la utilización de este método adquiere especial importancia en los tiempos actuales, después de la desintegración de la URSS y la desaparición del campo socia-lista en Europa. El mundo vive una nueva realidad en la cual el capitalismo ha incrementado su influencia, mientras que el número de países socialistas que basan sus concepciones en el marxismo-leninismo, se han reducido. 

Sin embargo, ello no significa la derrota definitiva del socialismo como modelo de sociedad, sino un reflujo temporal y un cambio de condiciones internacionales que modifican, a su vez, las particularidades de la lucha revolucionaria por sustituir al capitalismo por un nuevo sistema económico-social de plena justicia social y solidaridad entre los hombres y las naciones. 

La concepción de Marx para alcanzar el comunismo concibe dos etapas intermedias para su consecución. Primero, un período de transición del capitalismo al socialismo y, después, el socialismo como fase inferior de la sociedad comunista. En esta idea se apoya el presente estudio sobre la existencia de la producción mercantil y sus categorías económicas en el socialismo. 

En la fundamentación que Marx emplea para explicar la existencia de la producción mercantil en el capitalismo distingue, por un lado, las condiciones que se dan para esta existencia y, por el otro, las causas de esta existencia. 

Marx ve en la división social del trabajo la condición para que existan las relaciones mercantiles entre los productores. Esta condición no desaparece con la eliminación del capitalismo como régimen social, sino que la división social del trabajo continúa presente en el período de transición del capitalismo al socialismo y en el socialismo, y sólo se extinguirá en una etapa muy avanzada de la fase superior de la sociedad comunista, presumiblemente cuando esta alcance escala mundial. 

Las formas socio-económicas de la división social del trabajo en el socialismo reflejan un insuficiente grado de socialización de la producción y de los medios de producción, lo cual continúa constituyendo la base de las relaciones indirectas entre los productores mediante el intercambio de mercancías. 

A su vez, la división social del trabajo incluye un aspecto técnico vinculado al nivel alcanzado en el desarrollo de las fuerzas productivas. En el estadío de desarrollo actual, este elemento técnico de la división social del trabajo determina la multiplicidad de tipos de trabajo distintos, tanto manuales como intelectuales, los cuales requieren, para la comparación entre ellos, de una homogeneización por vía indirecta, constituida por el valor de las mercancías. 

Entre los factores que influirán en la definitiva desaparición de la división social del trabajo, y con ella la necesidad de medir y comparar los productos indirectamente mediante el valor, se incluye la materialización generalizada de un solo tipo de trabajo desde el punto de vista tecnológico, que no se diferencie de los otros trabajos simultáneamente existentes ni por el procedimiento de labor ni por las formas de accionar del hombre. Solo en estas condiciones de igualdad técnica entre todas las formas laborales podrá desaparecer la división social del trabajo. 

Se comprende que para alcanzar este nivel de desarrollo de las fuerzas productivas tendrá que transcurrir mucho tiempo y que no es posible prever desde hoy las etapas intermedias que se sucederán. Incluso, no es fácil predecir las direcciones en que estas transformaciones tecnológicas y laborales tendrán lugar. No obstante, se puede adelantar que este desarrollo futuro está íntimamente vinculado, entre otros factores, a los avances y la aplicación de la computación electrónica y las telecomunicaciones en las distintas esferas de la vida social e individual. 

El desarrollo técnico y de las aplicaciones de la microelectrónica, las computadoras y las telecomunicaciones pudieran integrar el trabajo de los hombres de forma tal que la labor humana se convierta en un solo tipo de actividad: el análisis de sistema y la programación correspondiente de las tareas computacionales mediante las cuales se controlan y regulan las actividades productivas. La producción de los bienes y servicios lo harán las máquinas automáticas y los robots programables. Este cambio tecnológico de la producción puede ser la clave para la eliminación de la división social del traba-jo y el establecimiento de un sólo tipo de labor, igual para todos los hombres que participan en el proceso productivo. La actividad del hombre en estas condiciones no debe entenderse en el sentido de apretar botones al estilo embrutecedor de la producción en serie introducida por el capitalismo, sino como la acción inteligente y creadora del ser humano en el dominio de la ciencia y la técnica y sus aplicaciones para el constante bienestar material y espiritual de todos los miembros de la sociedad. 

No obstante estas consideraciones, lo cierto es que las formas que adoptará la desaparición de la división social del trabajo aún no están suficientemente estudiadas ni plenamente definidas, ni pueden predeterminarse desde ahora. 

En el método de Marx, también se incluye precisar la causa de la existencia de la producción mercantil. Marx define que esta causa, en el capitalismo, es la propiedad privada sobre los medios de producción, la cual aísla a los productores entre sí. El pleno dominio e influencia social de la propiedad privada sobre los medios de producción desaparece con la eliminación del capitalismo. Se hace necesario, entonces, definir cuál es la causa de la existencia de las relaciones mercantiles en el período de transición del capitalismo al socialismo y, sobre todo, en el propio régimen socialista. 

La existencia de la producción mercantil en el período de transición del capitalismo al socialismo está asociada a la pluralidad de tipos de economía social. 

Lenin explicó que en el período de transición existían varios tipos de economía social. Estas múltiples condiciones económicas generan importantes diferencias sociales, las cuales se traducen en distintas clases sociales en el período de transición. 

No es casual, por tanto, la diferente relación de propiedad de estas clases sociales con los medios de producción y, por ello, su también distinta relación con el proceso de producción, distribución, cambio y consumo. 

En su artículo “La economía y la política en la época de la dictadura del proletariado”, escrito en octubre de 1919, V.I. Lenin explicó que, en este período, las “formas básicas de la economía social son: el capitalismo, la pequeña producción mercantil y el comunismo. Y las fuerzas básicas son: la burguesía, la pequeña burguesía (particularmente los campesinos) y el proletariado”. 84 

A su vez, Lenin aclaró que además de estos tipos de economía social, en algunos países, como Rusia, podían existir otras, enumerando la economía campesina patriarcal y el capitalismo de Estado. 

Estas ideas de Lenin viabilizan la profundización en el contenido de las relaciones mercantiles en este período de transición, cuyas formas básicas de la economía social de-terminan la existencia de tres tipos de relaciones mercantiles, diferentes por su contenido aunque similares por su forma. 

En este período existen simultáneamente estos tres tipos de relaciones mercantiles, que tienen su máximo desarrollo en épocas históricas diferentes, tal como en parte lo estudió Engels según hemos mencionado más arriba. Estos tres tipos son los siguientes: las relaciones mercantiles de la pequeña producción mercantil; las relaciones mercantiles del capitalismo; y las relaciones mercantiles del socialismo. 

El primer tipo se caracteriza porque existe sobre la base de la propiedad privada sobre los medios de producción y con ausencia de explotación del hombre por el hombre. Las relaciones mercantiles del capitalismo se basan en la propiedad privada sobre los medios de producción y, además, en la existencia de explotación del hombre por el hombre. 

El tipo de relaciones mercantiles del socialismo se caracteriza por la ausencia de propiedad privada sobre los medios de producción y la inexistencia de explotación del hombre por el hombre, teniendo lugar sobre la base de la propiedad social socialista sobre los medios de producción. 

Cada uno de estos tipos de relaciones mercantiles en el período de transición sigue una dialéctica distinta en su desarrollo. 

Como tendencia, las relaciones mercantiles de tipo capitalista se reducen bruscamente y prácticamente desaparecen en este período. Las relaciones mercantiles del tipo de la pequeña producción mercantil también se reducen, pero de forma paulatina. 

Las relaciones mercantiles del socialismo, propias de las empresas y otras entidades estatales, así como de las cooperativas de tipo socialista, no se reducen en esta fase, sino que al contrario, surgen y se desarrollan en el socialismo para extinguirse en la fase superior de la sociedad comunista. 

Cuando se plantea que las relaciones mercantiles desaparecen en el período de transición, se tiene razón, pero solo en parte. Se tiene razón en cuanto a la desaparición, en lo funda-mental, de las relaciones mercantiles del capitalismo y de gran parte de la pequeña producción mercantil; pero no se tiene razón en lo que se refiere a las relaciones mercantiles del socialismo. 

Al rechazar la existencia de relaciones mercantiles en el socialismo se confunden los tres tipos de relaciones mercantiles aquí mencionados. Con este rechazo se niega que la producción mercantil pueda existir sobre la base de la propiedad social sobre los medios de producción y la ausencia de explotación del hombre por el hombre; y se vincula la existencia de las relaciones mercantiles solamente a la propiedad privada sobre los medios de producción y a la explotación del hombre por el hombre, lo cual no se ajusta a la realidad. 

Teniendo esto en cuenta, la explicación de las causas de la existencia de las relaciones monetario-mercantiles en el socialismo se concentra en la fundamentación de esta existencia en las condiciones de la propiedad social sobre los medios de producción y de la ausencia de explotación del hombre por el hombre. 

En este sentido se debe destacar que entre el capitalismo y la fase superior de la sociedad comunista puede distinguirse una época de extinción de las relaciones mercantiles, el cual tiene dos etapas. 

La primera etapa transcurre a lo largo del período de transición del capitalismo al socialismo y se caracteriza por la existencia de varios tipos de relaciones mercantiles. 

La segunda etapa del período de extinción de las relaciones mercantiles tiene lugar a lo largo de la primera fase de la sociedad comunista, o sea, durante el socialismo. En esta etapa, las relaciones mercantiles de contenido socialista se desarrollan para extinguirse en la fase superior de la sociedad comunista. 

La causa más profunda de la existencia de la producción mercantil en el socialismo consiste en la falta de maduración de las relaciones comunistas de producción y el relativamente bajo nivel de desarrollo de las fuerzas productivas; dos aspectos esenciales que caracterizan esta fase inferior de la sociedad comunista y que influyen, a su vez, en la superestructura social, determinando, en su interrelación dialéctica, una insuficiente generalización de la conciencia socialista y comunista en el pueblo. 

Estas características del régimen socialista se manifiestan, entre otros, en el hecho de que la socialización real de la producción, de los medios de producción y del trabajo, así como la conciencia social socialista, aún no han alcanzado el suficiente desarrollo y homogeneización, lo cual determina que en el proceso de producción, distribución, cambio y consumo, los productos aún tienen que seguir comparándose mediante una vía indirecta: el valor de las mercancías. 

Estas peculiaridades del socialismo le dan a este régimen social cierto carácter de transición entre el capitalismo y el comunismo, lo cual marca el contenido y la forma de una serie de hechos y fenómenos en la economía y la sociedad. La primera fase de la sociedad comunista no surge sobre una base propia, sino a partir de la formación económica-social precedente: el capitalismo. A su vez, la misión del socialismo consiste en crear las nuevas bases materiales, técnicas y espirituales que requiere el comunismo en su pleno desarrollo. 

Marx, en su “Crítica al Programa de Gotha”, al caracterizar al socialismo, expresa: 

De lo que aquí se trata no es de una sociedad comunista que se ha desarrollado sobre su propia base, sino de una que acaba de salir precisamente de la sociedad capitalista y que, por tanto, presenta todavía en todos sus aspectos, en el económico, en el moral y en el intelectual, el sello de la vieja sociedad de cuya entraña procede. 

Y más adelante, subraya: 

Pero estos defectos son inevitables en la primera fase de la sociedad comunista, tal y como brota de la sociedad capitalista después de un largo y doloroso alumbramiento. El derecho no puede ser nunca superior a la estructura económica ni al desarrollo cultural de la sociedad por ella condicionado. 

En la fase superior de la sociedad comunista, cuando haya desaparecido la subordinación esclavizadora de los individuos a la división del trabajo, y con ella, la oposición entre el trabajo intelectual y el trabajo manual; cuando el trabajo no sea solamente un medio de vida, sino la primera necesidad vital; cuando, con el desarrollo de los individuos en todos sus aspectos, crezcan también las fuerzas productivas y corran a chorro lleno los manantiales de la riqueza colectiva, solo entonces podrá rebasarse totalmente el estrecho horizonte del derecho burgués, y la sociedad podrá escribir en su bandera: ¡De cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades!85 

El socialismo, con todas sus inmensas ventajas sobre el capitalismo, aún no alcanza las bondades de la fase superior de la sociedad comunista. Este marco histórico en que se desenvuelve el socialismo es lo que determina el relativamente aún poco nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, el bajo grado de maduración de las relaciones comunistas de producción y la insuficiente generalización de la conciencia social entre los trabajadores, lo cual, a su vez, constituyen la causa más profunda de la existencia de la producción mercantil y sus categorías inherentes en el socialismo. 

A lo largo de todo el tiempo que va desde el capitalismo hasta la fase superior de la sociedad comunista, se eleva el nivel de las fuerzas productivas y se desarrolla un proceso de maduración del carácter comunista de las relaciones de producción. Este proceso experimenta un salto al quedar construidas las bases del socialismo, con lo cual termina la etapa de transición del capitalismo al socialismo. Después de este salto, continúa el proceso de desarrollo de las relaciones socialistas de producción, pero ya en un plano superior, hasta convertirse, gradualmente, en relaciones comunistas de producción. 

El proceso de maduración de las relaciones comunistas de producción se manifiesta en una serie de aspectos, sobre la base de los cuales surge la necesidad objetiva de la existencia y utilización de las relaciones monetario-mercantiles en el socialismo. 

En primer lugar debemos distinguir las distintas formas de propiedad. En el sector socialista de la economía existe un solo tipo de propiedad sobre los medios de producción, la cual se expresa en tres formas: la propiedad estatal, de todo el pueblo; la propiedad de las cooperativas socialistas; y la pro-piedad colectiva de los sindicatos, las uniones de profesionales y otras asociaciones. Además, en el socialismo existe también la propiedad personal, individual, sobre los bienes de consumo. Todas estas formas de propiedad se relacionan entre sí y determinan que se intercambien productos los cuales adquieren la forma de mercancías y se comparan entre sí sobre la base de la ley del valor y mediante las relaciones monetario-mercantiles. 

En el socialismo, aún dentro del sector estatal de la economía, los trabajos no pueden medirse directamente en unida-des de tiempo. La división social del trabajo, que sigue presente en el socialismo, determina la existencia de distintos tipos de trabajo: simple y complejo. La comparación entre sí de estos trabajos diferentes y de sus resultados materializados en los productos, hace necesario que se traduzcan a un denominador común que permita indirectamente dicha comparación en iguales unidades de medida. Este denominador común es el valor, el cual genera la utilización de relaciones monetario-mercantiles. 

La falta de maduración de las relaciones de producción de la sociedad comunista, en su fase socialista, se refleja dentro del propio sector estatal de la economía. Aunque en el sector estatal existe la propiedad de todo el pueblo, su ejercicio no es homogéneo en todo este sector y se manifiestan rasgos de relativa autonomía de las empresas estatales entre sí. Esta relativa autonomía tiene lugar sobre la base de la división social del trabajo y la autogestión de las empresas dentro del plan estatal centralizado de la economía. Ello determina que en esta fase las relaciones entre empresas estatales adquieran rasgos de relaciones mercantiles. 

Por otra parte, el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas en la fase socialista de la sociedad comunista no es suficiente para garantizar a todos los ciudadanos por igual, la satisfacción de sus crecientes necesidades materiales y espirituales. En esto reside la base objetiva de la existencia de la estimulación material en el socialismo, de manera que el que más trabaje para la sociedad, reciba más de la sociedad. El principio socialista de la distribución según el trabajo está íntimamente ligado al nivel de desarrollo de las fuerzas productivas en el socialismo. 

En la necesidad de la distribución según el trabajo en el socialismo y en la existencia de la estimulación material de los trabajadores en esta fase inferior de la sociedad comunista influye el hecho de que la conciencia social surge y se desarrolla sobre la base material de la sociedad, pero en el socialismo esto no ocurre espontáneamente, sino mediante una intensa labor educativa y de formación cultural, moral y ética dirigida conscientemente. Esta conciencia social se desarrolla en forma estratificada entre los trabajadores. Quiere decir que todos los trabajadores no tienen, al unísono, el mismo nivel de conciencia social y hay una gama de gradaciones individuales en esta conciencia. 

El relativamente insuficiente desarrollo de las fuerzas pro-ductivas y de la conciencia social en el socialismo determina la necesidad de la estimulación material de los trabajadores y de comparar los resultados del trabajo entre sí y con las normas establecidas de premiación y castigo, lo cual demanda, a su vez, el empleo del dinero, como medio de distribución, y de las relaciones monetario-mercantiles para lograr tal comparación, cuantificándose de manera homogénea la medida del trabajo y la medida del consumo. 

También debemos distinguir, a escala mundial, la existencia de países capitalistas y socialistas o que transitan hacia el socialismo, así como sus interrelaciones económicas y comerciales. 

El mundo capitalista hoy existente se mueve, por ser capitalista, sobre la base de espontáneas leyes económicas, entre las que se destaca la ley del valor. Estas leyes y los resultados de su acción se manifiestan en la economía internacional a través del mercado mundial de bienes, servicios, capital y trabajo, coadyuvando a la necesidad de la existencia de relaciones monetario-mercantiles en estos países. La influencia económica de los países capitalistas sobre los socialistas se ha incrementado después de la desintegración de la URSS y de la desaparición del “socialismo real” en Europa Central y del Este, lo que se manifiesta no sólo en el comercio mundial, sino también en las relaciones financieras internacionales y en las inversiones extranjeras. 

El conjunto de estos y otros aspectos del nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, del proceso de maduración de las relaciones comunistas de producción, la insuficiente generalización de la conciencia socialista, la existencia de relaciones mercantiles en la economía internacional, y no algunos de ellos tomados aisladamente, constituyen la causa de la existencia de las relaciones monetario-mercantiles en el socialismo y determinan la necesidad objetiva de la utilización de estas relaciones en la construcción de la nueva sociedad. 

De esta forma, las relaciones mercantiles en el socialismo existen sobre una base nueva y con un nuevo contenido el cual las diferencia sustancialmente de las relaciones mercantiles del capitalismo. 

Las diferencias principales son las siguientes: 

• las relaciones mercantiles del socialismo se basan en la propiedad social sobre los medios de producción; las del capitalismo, en la propiedad privada sobre estos medios; 

• las relaciones mercantiles del socialismo existen con ausencia de explotación del hombre por el hombre; las del capitalismo presuponen la existencia de esta explotación mediante el trabajo asalariado; 

• las relaciones mercantiles del socialismo se utilizan conscientemente por el Estado socialista en el sistema de planificación centralizada de la economía; las del capitalismo, como tendencia, tienen lugar espontáneamente en medio de la anarquía de la producción, la distribución, el cambio y el consumo; 

• en el socialismo, el valor de uso de la mercancía adquiere un significado de primer orden; en el capitalismo, el incremento del valor es el único objetivo de la producción, independientemente del valor de uso en que se materialice; 

• en el socialismo, el carácter mercantil de la fuerza de trabajo, la tierra y los edificios destinados a la producción es muy restringido y el objetivo principal del dinero ya no es convertirse en capital; en el capitalismo, todo es mercan-cía, incluso la fuerza de trabajo, y en manos del capitalista, el objetivo del dinero es convertirse en capital; 

• las relaciones mercantiles del socialismo tienen lugar según las leyes económicas de este régimen social, con el fin de satisfacer las crecientes necesidades materiales y espirituales del pueblo, sin crisis cíclicas de la economía generadas por causas internas, sin antagonismos socia-les, sin conducir a la ruina de unas empresas y al enriquecimiento de otras; las relaciones mercantiles del capitalismo se rigen, en su esencia, por la ley de la plusvalía y tienen lugar a través de crisis cíclicas de producción, agudos conflictos sociales y en un proceso que engendra la ruina de muchas empresas y el enriquecimiento desmedido de unas pocas. 

La solución de la contradicción entre la utilización de las relaciones monetario-mercantiles en el socialismo y su desaparición en la fase superior de la sociedad comunista está dada en que las relaciones mercantiles en el socialismo existen por el relativamente bajo desarrollo de las fuerzas productivas y la aún poca maduración de las relaciones comunistas de producción. La adecuada utilización de las relaciones mercantiles permite desarrollar las fuerzas productivas e impulsar la maduración de las relaciones comunistas de producción, lo cual va extinguiendo la propia causa de la existencia de la producción mercantil en el socialismo. Eliminada esta causa, cuando se alcance el elevado desarrollo necesario de las fuer-zas productivas, se establezcan las relaciones comunistas de producción y se alcance la necesaria generalización de la con-ciencia comunista en el pueblo, la producción mercantil dejará de existir. 

No es posible predecir las formas concretas y las manifestaciones específicas mediante las cuales tiene lugar este desarrollo dialéctico. Solamente la práctica social y las acertadas interpretaciones teóricas en cada momento histórico precisarán las soluciones que conduzcan a la extinción de las relaciones mercantiles. 

La utilización de las relaciones monetario-mercantiles en el socialismo se manifiesta en múltiples hechos y fenómenos de la vida social e individual. El carácter mercantil de los bienes y servicios producidos permite realizar la planificación centralizada mediante los indicadores de valor. Con ellos se establecen las distintas proporciones tanto a nivel de la macroeconomía, como de las ramas y los territorios, cuantificando en la misma unidad de medida lo producido y lo que debe ser distribuido, acumulado o consumido. 

Entre las categorías mercantiles en el socialismo se incluye la rentabilidad de las empresas, que mide el grado de eficiencia con que esta trabaja, lo cual permite conocer si el resultado de la gestión de la empresa en el uso de los recursos materiales y humanos bajo su custodia genera aportes a la sociedad y aumenta la riqueza social o si, por el contrario, necesita del plusproducto de otras empresas para poder continuar su proceso productivo. Como regla, las empresas deben ser rentables y sólo por excepción y debido a razones muy fundamentadas por la política económica del país deben mantenerse funcionando empresas irrentables que requieren subsidios del Estado. 

Otra manifestación de las relaciones mercantiles en el socialismo lo constituye el balance de ingresos y gastos monetarios de la población. Mediante este balance se lleva a cabo la medida del trabajo y la medida del consumo de los bienes y servicios producidos, así como se aplica el principio socialista “de cada cual según su capacidad y a cada cual según su trabajo” sobre la base de la escala de salarios, la normación, las primas, los premios y la participación en las utilidades de la empresa, todo lo cual debe organizarse con vistas a que reciba más de la sociedad, a través del consumo personal, quien más aportes le brinde. 

Como estas, se pudieran mencionar muchas otras manifestaciones de la existencia y utilización de las relaciones monetario-mercantiles en el socialismo. 

Mientras no se haya implantado la fase superior de la sociedad comunista, podemos llegar a la conclusión de que la utilización de las relaciones monetario-mercantiles en la lucha contra el capitalismo, primero, y por la construcción del socialismo y del comunismo, después, es una ley objetiva para los pueblos que emprenden el camino de eliminar la explotación del hombre por el hombre y construir una nueva sociedad. Esta ley objetiva se incluye entre los temas de estudio de la ciencia de la economía política del socialismo. 

A su vez, es necesario también combatir la tendencia de sobrevalorar el papel de las relaciones monetario-mercantiles en la construcción del socialismo. La existencia de la producción mercantil en el socialismo no determina un funciona-miento espontáneo y automático del mecanismo económico. La edificación socialista es, en primer lugar, un acto consciente y, por tanto, no está sujeta a los vaivenes del anárquico desarrollo del mercado, como sí ocurre en el capitalismo. 

La producción mercantil en el socialismo no impone su veredicto arbitrario al hombre, sino que este se apoya en las relaciones monetario-mercantiles y en el conocimiento de sus características para planificar conscientemente el desarrollo económico y social y alcanzar los objetivos que traza su política y su filosofía. 

La producción mercantil en el socialismo no se opone a la planificación centralizada socialista ni la subordina a su mecanismo automático. Al contrario, la planificación centraliza-da juega un papel primordial que se manifiesta a través de las relaciones monetario-mercantiles y de los mecanismos económicos, los cuales están subordinados a los intereses generales de la sociedad socialista. Se equivocan quienes olvidan esta realidad y subordinan la política y la ideología socialista a los mecanismos automáticos del mercado; en vez de avanzar hacia el socialismo y el comunismo pueden retroceder hacia el capitalismo. 

En el campo de la dirección económica no puede debilitarse el papel del plan centralizado del Estado, ni este puede subordinarse al desarrollo espontáneo y automático de las relaciones monetario-mercantiles. Es imprescindible criticar sistemáticamente las ideas según las cuales el Estado socialista debería abandonar su función planificadora central y convertirse en algo así como un centro de información y pronóstico del desarrollo económico, el cual sería regulado por la acción espontánea del mercado y la gestión de empresas con absoluta independencia económica, sin el control directivo del plan estatal central. 

La acción de las categorías mercantiles en el socialismo no se manifiesta con la misma intensidad en todos los ámbitos de actuación del sujeto de dirección económica. En mayor grado se refleja en las relaciones monetario-mercantiles que se establecen entre las empresas y uniones de empresa. Sobre esta base funcionan los principios de la autogestión financiera, los cuales se basan, entre otros objetivos, en que la empresa realice sus gastos a partir de sus ingresos y genere, además, un plusproducto, que incluye los aportes al Presupuesto del Estado y determinados fondos descentralizados que quedan a disposición de la propia empresa para su estimulación económica y el proceso de su reproducción ampliada. 

En los eslabones superiores de la empresa o de la unión, o sea, en el ministerio ramal y los órganos centrales de planificación estatal, la influencia de las categorías mercantiles y del cálculo económico se reduce, adquiriendo más importancia aún el aspecto centralizado y administrativo de dirección de la economía, y un mayor grado de influencia del aspecto subjetivo y consciente en la toma de decisiones económicas y sociales. 

En la creación de la sociedad comunista, junto al desarrollo de la base material y técnica, es decisiva la formación del hombre nuevo. Al definir los rasgos más generales que caracterizan al comunismo, Marx incluyó, como uno de ellos, “el desarrollo de los individuos en todos sus aspectos”. Entre es-tos aspectos se encuentra el conocimiento científico de la naturaleza y la sociedad, el dominio de la técnica y su aplicación en la producción, la formación cultural y artística, y, lo que es fundamental, la educación y la formación moral y ética de las masas, que se manifiesta en su conducta social e individual. 

El comunismo exige hombres y mujeres con una elevada conciencia del espíritu colectivo, la ayuda mutua y el internacionalismo, sin los rasgos de individualismo que genera la propiedad privada sobre los medios de producción. Este objetivo no se logra solamente con un alto nivel de las fuerzas productivas y el desarrollo de las relaciones sociales de producción, sino que se requiere desplegar un intenso trabajo político e ideológico entre las masas, que las eduque en los nuevos sentimientos de solidaridad humana. 

Un lugar destacado en la conciencia del hombre nuevo lo ocupan los sentimientos internacionalistas, que superan el aislamiento establecido entre los hombres, no sólo por la propiedad privada, sino también por las diferencias entre las naciones. 

En la construcción de la sociedad comunista y, específica-mente, en la formación del hombre comunista, las diferencias entre las dos fases de esta sociedad no debe conducirnos a pensar que entre ellas hay un muro que las separa nítidamente. Dentro del socialismo, que es una primera fase o fase inferior, comienzan a manifestarse y desarrollarse características y actitudes propias de la fase superior de la sociedad comunista. 

Por ejemplo, en la distribución de bienes de consumo y servicios a la población en el socialismo, la educación y la salud pública se prestan de forma igualitaria para todos los miembros del colectivo social, según las necesidades de los usuarios y no según el trabajo que estos aportan a la sociedad. En estas condiciones, cada individuo tiene el derecho de asistir a la escuela desde su más temprana edad y a restablecer su salud si cae enfermo, cuestión que garantiza el Estado socialista, sin mediar pago monetario alguno. He aquí un rasgo de la fase superior de la sociedad comunista. 

De manera similar, la conducta solidaria y los sentimientos generosos y de ayuda mutua con los demás, el espíritu internacionalista, la entrega al trabajo por el objetivo de servir a la sociedad, son rasgos comunistas en la conducta y la conciencia del hombre que se comienzan a manifestar y desarrollar en la fase del socialismo. El desarrollo de estos y otros rasgos del carácter comunista debe ser impulsado y generalizado conscientemente desde la fase socialista. 

De ahí la importancia de la educación ideológica y de la formación política, moral y ética de las masas. La motivación de los trabajadores en la construcción del socialismo y del comunismo no se logra mediante el exclusivo incentivo material, sino con la promoción de una adecuada correspondencia entre la estimulación material y moral y el desarrollo de la conciencia individual y social. 

El afán de asegurarse un mayor ingreso monetario individual a cuenta de los demás miembros de la sociedad no es un rasgo del socialismo, sino de la competencia con fines de lucro propia del capitalismo. 

A su vez, en el socialismo es incorrecto contraponer el interés material y el interés moral. Uno y otro se condicionan mutuamente en unidad dialéctica, donde lo aportado individualmente por el trabajador se reconoce por la sociedad sobre la base de su desarrollo material alcanzado y se siente la satisfacción del deber cumplido y de los objetivos que la sociedad exige de cada uno individualmente. 

En esta unidad, el fortalecimiento de la estimulación moral y la motivación política e ideológica constituye la formación y desarrollo de un rasgo propio de la fase superior de la sociedad comunista, donde el único incentivo de los hombres y las mujeres será el moral. 

Epílogo 

Con el presente trabajo se ha pretendido demostrar que las ideas acerca de la producción mercantil en el socialismo se han ido modificando en el tiempo. Los cambios en las consideraciones teóricas sobre el tema han sido determinados por las nuevas condiciones objetivas y subjetivas que se van sucediendo. Esta característica es propia de las categorías de las ciencias sociales, en la cual se refleja su carácter histórico. En un marco más amplio, lo mismo ocurre con las concepciones acerca de la sociedad socialista. 

En este sentido puede considerarse que la teoría comunista tiene sus orígenes en la descripción social que Platón expuso en La República. En esta obra se formula conceptualmente, por primera vez en la historia escrita, una organización social sin propiedad privada y de absoluta comunidad de bienes. Por el carácter clasista de la visión del gran pensador griego, las relaciones comunistas estaban limitadas a los magistrados, que dirigían el Estado, y a los guerreros, que garantizaban su seguridad. Los labriegos, que componían el tercer estamento en la concepción de Platón, estaban condenados a vivir excluidos del régimen comunitario de propiedad y dedicados únicamente a producir el sustento material de la sociedad. 

Las ideas incluidas en La República fueron retomadas en el siglo XVI en La Utopía, de Tomás Moro, y en La Ciudad del Sol, de Tomás Campanella. También influyeron en La Nueva Atlántida, de Francis Bacon, y en el ensayo comunista de los jesuitas del Paraguay realizado a partir de 1602. 

Los socialistas utópicos del siglo XIX, entre los que descollan Charles Fourier, Saint-Simon C. y Robert Owen, también re-cogieron las ideas comunistas expuestas en La República y las desarrollaron, abarcando a toda la sociedad, que concebían sin clases diferenciadoras del ser humano. Los utopistas de esta época proponían una sociedad basada en la bondad del Hombre, que alcanzaría su mayor expresión mediante la educación y la formación moral. Su insuficiencia radicaba en que no comprendieron las fuerzas motrices de la historia y el grupo social llamado a transformar el capitalismo explotador en la nueva sociedad a la que se aspiraba. No obstante, el aporte de estos pensadores no radica solamente en la caracterización de las relaciones solidarias entre los miembros de las comunidades que describieron, sino en la significación que supieron dar a la formación ética y cultural de la población. Este factor subjetivo ha alcanzado actualmente especial relevancia como parte integrante e indispensable del proceso de construcción de la nueva sociedad. 

Correspondió a Carlos Marx y a Federico Engels formular la teoría del Socialismo Científico basada en la concepción materialista y dialéctica de la historia. Ellos descubrieron en las relaciones económicas, la base de todo el edificio social; en el desarrollo de las fuerzas productivas, el motor del avance de las sociedades; y en la clase obrera, la fuerza social llamada a dirigir el cambio hacia la sociedad sin clases y sin explotación del hombre por el hombre. 

Fue Marx quien explicó que al comunismo no se llegaba inmediatamente después de la desaparición del capitalismo, sino mediante varias etapas, que se iniciaban a partir de un período de transición y se continuaba con el socialismo, concebido como una primera fase de la sociedad comunista. El comunismo sería la última fase de esta sociedad. 

La historia del pensamiento socialista y comunista demuestra que estas concepciones sociales no se han mantenido estáticas desde sus orígenes en la Grecia antigua, sino que se han ido modificando en concordancia con el evolutivo entorno histórico. Las variaciones de la concepción socialista no sólo se han modificado hasta nuestros días, sino que ocurren actualmente y se proyectan hacia el futuro. 

Al siglo XIX le corresponde el momento en que el hombre comienza a comprender la vía para eliminar su enajenación de los medios de producción y de los frutos de su trabajo. Es el siglo de la elaboración de la teoría científica del socialismo, formulada por Marx y por Engels. 

El siglo XX es el de la puesta en práctica de esta teoría. En este sentido, la construcción y desarrollo del socialismo es un fenómeno nuevo que se inició con la Revolución de Octubre de 1917, en Rusia. A partir de este momento y a lo largo de toda la centuria, el socialismo se extendió por Europa, Asia y América Latina, influyendo decisivamente en el proceso de descolonización del llamado Tercer Mundo y constituyéndose en un factor principal de contención para las pretensiones hegemonistas, agresivas e intervencionistas del imperialismo. 

La esencia de las ideas socialistas proclamadas en el siglo XIX fue ratificada en el XX, aunque el desarrollo histórico y la experiencia práctica acumulada modificaron de manera importante la teoría del socialismo elaborada en el siglo anterior. 

Marx y Engels concebían que este proceso para sustituir el capitalismo por el socialismo ocurriría más o menos simultáneamente en los países capitalistas más desarrollados, que en su época eran, principalmente, Inglaterra, Francia y Alemania, sin excluir a los EEUU. Una vez tomado el poder político y económico como resultado de la revolución proletaria en estos países, se iniciaría un período de transición al socialismo en el cual las demás naciones del planeta irían transitando hacia el nuevo régimen social, apoyadas en los países más avanzados que ya serían socialistas. 

En otras palabras, Marx y Engels concebían que los primeros países socialistas del mundo serían Inglaterra, Francia, Alemania y, eventualmente, los EEUU. La lucha principal entre el capitalismo y el socialismo a escala mundial no era concebida por los fundadores del marxismo como un enfrentamiento entre estados de países capitalistas y socialistas, sino como el antagonismo interno entre explotadores y explotados en las naciones atrasadas que aún no habían instaurado el modo socialista de producción. 

Marx y Engels no fijaron fechas para el tránsito al socialismo, pero algunas de sus afirmaciones apuntan a que ellos consideraban que el inicio de este tránsito ocurriría dentro del siglo XIX y, seguramente, no después del siglo XX. 

El devenir histórico posterior, con el surgimiento del imperialismo como fase monopolista del capitalismo, modificó las condiciones prevalecientes en el régimen burgués analizado por Marx. Fue Lenin quien interpretó creadoramente estas nuevas condiciones y concluyó que en la época del imperialismo es posible que la revolución socialista triunfe en uno o varios países primero y no simultáneamente en todos los más adelantados. Esta formulación de Lenin modificó de manera importante las consideraciones originales de Marx y Engels sobre el proceso de la construcción del socialismo a escala mundial. 

La teoría leninista de la construcción del socialismo fue plenamente justificada en la práctica con la creación de la Unión Soviética como el primer país socialista del mundo y el establecimiento de regímenes socialistas en varios países europeos, en China y otros países asiáticos y en Cuba, primer país socialista de América. 

El siglo XX también fue testigo, en sus postrimerías, del derrumbe de una parte del campo socialista, con la desintegración de la Unión Soviética y la desaparición de los países socialistas de la Europa Central y del Este, lo que constituyó un duro golpe para el movimiento revolucionario y socialista mundial. 

La desaparición de la URSS y los países socialistas europeos han alterado el proceso de avances que el socialismo venía registrando durante el siglo XX. No obstante, ello no significa la imposibilidad de continuar la edificación del so-cialismo en las nuevas condiciones. No es primera vez que la teoría del socialismo tiene que ser parcialmente modificada a tenor de los cambios históricos. Marx y Engels introdujeron un primer cambio trascendental en las concepciones del socialismo al transformar su carácter utópico en científico; Lenin produjo un segundo cambio en las nociones de la teoría socialista expuesta por Marx y Engels; el momento actual exige un tercer cambio de los conceptos socialistas. No obstante, el objetivo esencial del socialismo se mantiene inalterable des-de sus inicios: una sociedad donde impere la justicia social y donde el hombre no sea el lobo del hombre. 

En los inicios del siglo XXI, la teoría socialista está llamada a una nueva transformación como sucedió cien años atrás. Una transformación que, ratificando la esencia del socialismo científico original como fue plasmado por sus fundadores, modifique los aspectos que ya no se avienen a las condiciones históricas contemporáneas. Los nuevos aspectos de la concepción socialista no pueden elaborarse de manera inmediata e integral, sino a través de un proceso más o menos largo, en el cual se vayan perfilando las ideas en un desarrollo consensuado entre los luchadores revolucionarios, donde todos tienen la posibilidad de aportar según sus conocimientos y la experiencia práctica acumulada. 

Entre las características de las nuevas condiciones históricas se destaca el proceso de globalización de la economía mundial, con la expansión de las relaciones de mercado y financieras por todo el orbe, todo lo cual hay que tener muy en cuenta al elaborar los nuevos elementos que se proponen del socialismo. 

En la nueva centuria, corresponde hallar las vías para reto-mar la construcción socialista en un entorno internacional diferente al que existía anteriormente, teniendo en cuenta los aciertos y errores de los intentos por construir una sociedad más justa en el siglo XX y frente a un capitalismo que, si bien se ha ido adaptando a las alteraciones del acontecer histórico, ha llevado hasta el límite el desarrollo de sus contradicciones internas. Se necesita el diseño de un nuevo proyecto histórico, de un nuevo socialismo: el socialismo del siglo XXI, que logre resolver las contradicciones que aquejan a la sociedad humana contemporánea. 

En este empeño debe reconocerse que en el proceso de avances y retrocesos del socialismo durante el siglo XX se han formulado ideas y conceptos y se han descubierto principios y leyes económicas y sociales de validez universal y particu-lar, junto a las cuales se han cometido errores y registrado insuficiencias que constituyen lecciones y experiencias negativas que hay que superar. A su vez, aparecen aspectos no totalmente resueltos en la teoría y en la práctica, los cuales requieren de un intenso trabajo creador para su más precisa definición en las nuevas circunstancias. 

Se observó que entre los asuntos todavía no plenamente resueltos se incluye el sistema de dirección de la economía socialista, necesitado de una mayor profundización, tanto en sus elementos conceptuales como en su aplicación; y que uno de los temas más polémicos está relacionado con la existencia de la producción mercantil en el socialismo, el contenido de las categorías mercantiles, el lugar, papel, funciones de los aspectos monetario-mercantiles en la construcción de la nueva sociedad y las relaciones entre la planificación central y el mercado como reguladores de la economía. 

El trabajo que tiene en sus manos el lector pretende adelantar elementos para hallar la respuesta a esta interrogante y dar solución teórica a la aparente contradicción entre planificación y mercado en el socialismo, planteándose que entre planificación y mercado, como reguladores de la economía, no hay una contradicción antagónica. 

Junto a este tema existen otros que también ya han comenzado a ser tratados en la literatura socialista. Todos ellos irán conformando las nuevas consideraciones de la teoría del socialismo hasta impulsar, con la lucha práctica, un nuevo auge del movimiento revolucionario y de la solidaridad internacional, el cual constituirá otro peldaño en el incesante avance de la Humanidad por construirse un mundo mejor, más solidario y más pleno de justicia social, que es a lo que aspiran los pueblos de todo el planeta.

Citas

84 V.I. Lenin: Obras escogidas en tres tomos, t. 3, p. 289, Editorial Progreso, Moscú, 1981. 

85 C. Marx y F. Engels: Obras Escogidas en tres tomos, t. 3, pp. 14-15, Editorial Progreso, Moscú, 1981. 

sábado, 1 de agosto de 2015

Libro " Socialismo y Mercado" de Fidel Vascos. Los Criterios de Lenin. Capitulo II


Por Fidel Vascos. Capitulo II.



El desarrollo del pensamiento de Lenin en cuanto a la economía mercantil y su existencia en el socialismo puede estudiarse en varias etapas. 


La primera, corresponde al período anterior a la Gran Revolución Socialista de Octubre de 1917. En esta etapa, Lenin desarrolla la teoría marxista del valor y del papel del mercado, aplicándola a las condiciones de la Rusia de aquel entonces, y coincide exactamente con Marx y Engels en su concepción sobre la producción mercantil en el socialismo. 

Ello se pone de manifiesto en las obras económicas de Lenin correspondientes a la década de 1890 y el primer lustro del siglo XX. En esos 15 años, Lenin dedicó importantes esfuerzos a la profundización de la teoría económica de Marx y en la aplicación de muchos de sus conceptos claves, de acuerdo con las nuevas condiciones históricas de la Rusia zarista. En su trabajo “Acerca de la llamada cuestión de los mercados”, escrito en el otoño de 1893, Lenin expuso su concepto de producción mercantil relacionándolo con el desarrollo de la división social del trabajo. 

Por producción de mercancía se entiende una organización de la economía social, en la que los productos son elaborados por productores particulares, aislados, y cada productor se especializa en la elaboración de un producto cualquiera, de forma que, para la satisfacción de las necesidades sociales, es imprescindible la compraventa de los productos (que a consecuencia de ello, se convierten en mercancías) en el mercado. Se entiende por capitalismo la fase de desarrollo de la producción mercantil en la que se convierten en mercancía no sólo los productos del trabajo humano, sino también la propia fuerza de trabajo del hombre.23 

Después de profundizar en el desarrollo de la división social del trabajo, Lenin arriba a la idea siguiente: 

La primera conclusión consiste en que el concepto “mercado” es completamente inseparable del concepto “división social del trabajo” de ese, como decía Marx, “fundamento general para toda producción de mercancías” (y, en consecuencia, capitalista, añadimos nosotros). El “mercado” aparece precisamente allí donde aparecen la división social del trabajo y la producción de mercancías. El volumen del mercado está indisolublemente vinculado al grado de especialización del trabajo social.24 

En este sentido también se manifiesta Lenin en su obra El desarrollo del capitalismo en Rusia, escrita en 1896-1899. En este trabajo Lenin define que la economía mercantil viene determinada y se desarrolla sobre la base de la división social del trabajo, constituyendo un proceso que a partir de la economía mercantil simple se transforma gradualmente en economía capitalista, adquiriendo con esta última pleno dominio y difusión general. 

En este período de su pensamiento económico, Lenin aborda su concepción acerca del destino de la economía mercantil en el socialismo. 

Entre los meses de enero y abril de 1902 se llevó a cabo una intensa labor teórica entre los miembros del Partido Obrero Social Demócrata de Rusia (P.O.S.D.R.) con el objetivo de redactar el Primer Programa del Partido, el cual fue aprobado en su II Congreso celebrado en 1903. 

El primer proyecto del programa fue preparado por L. V. Plejanov. A este proyecto Lenin anotó una serie de observaciones. Entre ellas, en el acápite VI del proyecto de programa, Plejanov escribió: 

(...) sólo con sus propios esfuerzos puede la clase obrera sacudirse el yugo de la dependencia económica que pesa sobre sus espaldas y de que para quitarse de encima ese yugo es necesaria la revolución social, es decir, la supresión de las relaciones de producción capitalistas, la expropiación de los explotadores y la transformación de los medios de producción y de circulación de las mercancías en propiedad social.25 

Acerca de este párrafo, Lenin acotó la siguiente observación: 

“¿Destrucción de las relaciones de producción capitalista? Sustitución de la producción mercantil por la producción socialista”. Y añadió: “hay que aclarar cómo es la producción socialista”.26 

De esta manera Lenin expresó que en el socialismo la economía mercantil desaparecería aunque no abordó el proceso en que ello sucedería. Lenin coincidía con Marx y Engels en cuanto al destino de la economía mercantil en el socialismo y como ellos, concebía que la producción mercantil desaparecía al suprimirse la propiedad privada sobre los medios de producción. Posteriormente, Lenin profundizó en esta concepción y al enfrentarse a las tareas prácticas de la construcción del socialismo en Rusia, ratificó que la economía mercantil desaparecería, pero precisó que ello ocurriría pasando por un período de transición en donde la utilización de las relaciones mercantiles por el proletariado en el poder era requisito indispensable para la destrucción del capitalismo y la construcción del socialismo. 


Fue después de la Revolución de Octubre cuando Lenin sentó las bases para la teoría de las relaciones monetario-mercantiles en el socialismo, desarrollando creadoramente la economía política marxista. 


La historia de la teoría económica y de la elaboración y aplicación de los métodos de dirección de la economía planificada socialista en el país de los soviets revisten especial importancia, tanto en sus logros alcanzados como en los errores cometidos. La URSS fue el primer país donde se comenzó, en la práctica, a construir el socialismo; el PCUS y el Estado soviético fueron los primeros en enfrentarse con la necesidad de dirigir una economía socialista centralmente planificada y de desarrollar la teoría económica marxista en las nuevas condiciones históricas. 


Al principio, las relaciones mercantiles se consideraban en la URSS como algo únicamente vinculado al capitalismo y ajeno al socialismo. Posteriormente, fue ganando terreno la concepción de que las categorías mercantiles también se asientan en causas objetivas engendradas por la propia economía socialista, la cual determina un nuevo contenido de dichas categorías, radicalmente diferente al que se manifiesta en el capitalismo y otros regímenes de explotación. 

Para poder analizar el desarrollo de estas ideas en la Unión Soviética desde 1917, es conveniente distinguir varias etapas en este proceso y definir sus características. 

La primera etapa corre desde octubre de 1917 hasta la segunda mitad de 1918. En este período de aproximadamente un año, el gobierno soviético contempló una amplia utilización de las palancas económicas, los bancos, el dinero y el crédito, pero entendía que esta utilización era provisional, pues estas relaciones monetario-mercantiles utilizadas se identificaban con el capitalismo y se consideraban ajenas a la naturaleza del socialismo. 

Desde principios del año 1919 se implantó la política del “comunismo de guerra”, que se mantuvo hasta mediados de 1921. En este período se acentuó la negación de la posibilidad de la utilización de las relaciones monetario-mercantiles en la economía socialista. Se planteó como tarea práctica la eliminación del dinero y del comercio, su sustitución por el intercambio directo de productos y la construcción inmediata del comunismo, acelerando el tránsito por la fase socialista. Durante esta etapa, los economistas soviéticos intentaron sustituir los indicadores de valor por una nueva forma de registro económico y de contabilidad. 

S. Strumilin y E. Varga propusieron organizar el registro directo de los gastos de trabajo en unidades de tiempo y no en dinero. Otros economistas plantearon aplicar solamente el registro en unidades físicas de producción, sin reflejar la expresión de los gastos de trabajo social ni siquiera en unidades de tiempo. 

A partir de marzo de 1921 se aplicó la NEP, impulsada por Lenin. 

La importancia principal de esta etapa consiste en que en ella se comienza a aplicar más ampliamente las relaciones mercantiles para la construcción del socialismo y se empieza a comprender que en la propia economía socialista existen causas que determinan la existencia de la producción mercantil la cual no depende exclusivamente de las relaciones capitalistas de producción. 

Este mérito histórico le corresponde a Lenin, con lo cual sentó las bases para el posterior desarrollo de la teoría económica del socialismo. Esta etapa de la NEP se extendió hasta principios de la década de 1930. 

A partir de la toma del poder y hasta mediados de 1918, el Partido Bolchevique se enfrentó a la tarea práctica inmediata de gobernar a toda Rusia. Esta etapa inicial de estreno del poder soviético en la historia de la humanidad tiene un especial significado. Las realidades concretas de la Rusia de entonces determinaron una profundización en el pensamiento económico marxista. Lenin advirtió a tiempo que una vez realizadas las nacionalizaciones de los bancos, los seguros, el correo, los telégrafos, la industria, el comercio exterior y otros importantes medios de producción que hasta entonces habían estado en manos de la burguesía, no se podía continuar atacando al capital “a lo Guardia Rojo”. Era necesario continuar atacando pero de una forma distinta. Había que hacer un aparente repliegue temporal pero que, en realidad, era la única vía para consolidar el poder soviético, destruir las bases del capitalismo y garantizar la construcción del socialismo. 

Aunque considerada como una táctica provisional, Lenin orientó en esta etapa cambiar el centro de gravedad del trabajo económico y político del proletariado. 

Con las nacionalizaciones, había surgido un importante sector de propiedad estatal que demandaba una efectiva administración en bien del pueblo y para consolidar el poder revolucionario. Por primera vez en la historia, un Estado de obreros y campesinos se enfrentó a la tarea de administrar directamente importantes medios de producción. Lenin comprendió enseguida que no era posible llevar a cabo esta nueva responsabilidad eliminando de inmediato las relaciones económicas y sustituyéndolas por estrictos métodos administrativos. Era necesario garantizar una buena contabilidad y un adecuado control económico. Relacionado con ello, en su trabajo “Las tareas inmediatas del poder soviético”, escrito en abril de 1918, Lenin planteó la consigna general del momento en estos términos: 

"Lleva con puntualidad y honradez la cuenta del dinero, administra con economía, no seas perezoso, no robes, observa la mayor disciplina en el trabajo: estas son precisamente las consignas que, ridiculizadas con razón por el proletariado revolucionario cuando la burguesía encubría con ellas su dominio como clase explotadora, se transforma hoy día, después del derrocamiento de la burguesía, en las consignas principales y propias del momento".27 

Para comprender la esencia dialéctica y revolucionaria de la teoría marxista, es muy importante estudiar a fondo la gran capacidad de Lenin para profundizar y desarrollar la teoría a partir de las condiciones históricas concretas. Una muestra de esta visión de Lenin nos la ofrece su comprensión del cambio de orientación en la conducción del trabajo económico una vez tomado el poder en Rusia por los obreros y campesinos. 

Hasta ahora se destacaban en primer plano las medidas encaminadas a la expropiación inmediata de los explotadores. Hoy colocamos en primer plano la organización de la contabilidad y del control en las haciendas y empresas ya expropiadas a los capitalistas y en todas las demás.28 El centro de gravedad en la lucha contra la burguesía se desplaza hacia la organización de esta contabilidad y de este control. Únicamente partiendo de esto podremos determinar con acierto las tareas inmediatas de la política económica y financiera en el terreno de la nacionalización de los bancos, del monopolio del comercio exterior, del control del Estado sobre la circulación fiduciaria, del establecimiento de un impuesto sobre los bienes y los ingresos aceptable desde el punto de vista del proletario, de la implantación del trabajo obligatorio.29 

Así, de una manera práctica y como un cierto repliegue temporal en la ofensiva contra el capital, se inició en los primeros momentos de la Rusia soviética, la utilización de las relaciones monetario-mercantiles en la construcción del socialismo. Estas medidas comenzaron a crear condiciones para la profundización de la teoría económica marxista del socialismo y constituyeron la primera acumulación de experiencias que condujo, años después, a formular teóricamente la utilización y el nuevo contenido de las relaciones mercantiles en el socialismo. 

En este período que se extendió hasta principios del año 1921, el Estado soviético se orientaba hacia la utilización de las relaciones mercantiles en su lucha contra los capitalistas aún existentes en el interior del país, y en el empeño de fortalecer y desarrollar el sector estatal de la economía. 

En abril de 1918 el Gobierno soviético aprobó un plan de construcción del socialismo que preveía la utilización de las palancas económicas como el dinero, los bancos, el crédito, las finanzas y otras. 

En los primeros tiempos del poder soviético —desde octubre de 1917 hasta los primeros meses de 1919— no se desarrolló un sistema teórico que plasmara de conjunto el plan de construcción del socialismo en Rusia, sino que este plan de construcción se iba elaborando y cumpliendo mediante una serie de medidas prácticas. 

En este período, Lenin abordó en sus artículos y discursos la idea de no eliminar de inmediato las palancas económicas que venían del capitalismo, sino utilizarlas para aplastar a la burguesía y establecer definitivamente el poder obrero y campesino. 

Estas ideas de Lenin se reflejan en los actos legislativos y otros documentos oficiales del Gobierno soviético, así como en las Resoluciones del PCUS. Como ejemplo de ello podemos citar un fragmento del Decreto sobre la nacionalización de los bancos, dictado por el Gobierno soviético con fecha 14 de diciembre de 1917, en el cual se dice lo siguiente: 

"Con el interés de organizar correctamente la economía nacional, de erradicar la especulación bancaria y de liberar por todos los medios a los obreros, campesinos y a toda la población trabajadora de la explotación del capital bancario, y con el objetivo de crear un Banco Popular Unido de la República Rusa que sirva fielmente a los intereses del pueblo y de las clases más pobres, el Comité Ejecutivo Central resuelve: 

1) La actividad bancaria se declara monopolio estatal". 30 

En esta disposición está presente la concepción de que para eliminar el poder financiero de la burguesía representado en las instituciones bancarias, con el cual explotaba al pueblo, la solución no podía ser la supresión de esas instituciones, sino la nacionalización de los bancos, pasando de manos de la burguesía a manos del Estado proletario, el cual no disolvía los bancos, sino asumía su dirección para combatir a la burguesía en el terreno financiero y garantizar la construcción del socialismo. Aquí está implícita la idea de que los instrumentos y categorías económicas del capitalismo cambian de contenido bajo la dirección del Estado proletario, el cual usa las formas de esas instituciones y categorías pero con objetivos totalmente diferentes a los que perseguía la burguesía. 

También en esta época comenzó a elaborarse una Reforma de Precios, cuya aplicación fue detenida por la intervención militar extranjera en Rusia. La Reforma de Precios indicaba la importancia que la Revolución de Octubre daba a esta palanca económica y que el Gobierno no pretendía suprimir los precios, sino que se intentaba utilizarlos en aras de cumplimentar los objetivos revolucionarios del Estado soviético. 

Estas y otras ideas que se elaboraban por el Partido y el Estado con vistas a ejecutar un plan de construcción del socialismo en Rusia fueron brutalmente interrumpidas por la agresión extranjera, que comenzó a gestarse en los primeros meses de 1918 y se desencadenó a principios de 1919. 

La guerra civil y la agresión extranjera impusieron al país condiciones extraordinarias para su supervivencia. Desde los inicios de 1919 y hasta mediados de 1921 el Estado soviético no utilizó las relaciones monetario-mercantiles en la práctica de la dirección económica. Aunque la economía continuaba bajo una atención primordial por parte del Partido y del Gobierno, su objetivo era el abastecimiento material para el frente de combate. En esta etapa, que se conoce como el “período del comunismo de guerra”, no se produjeron avances en la utilización de las relaciones mercantiles ni en el desarrollo de sus correspondientes aspectos teóricos. 

El período del “comunismo de guerra” se extendió desde principios de 1919 hasta marzo de 1921. Durante estos meses se desarrolló la guerra civil en Rusia, donde guardias blancos e interventores extranjeros trataron de ahogar en su cuna a la Revolución Socialista de Octubre. La situación militar de la República de los Soviets era muy peligrosa para su existencia y el Partido Comunista y el Gobierno soviético tomaron medidas extraordinarias para salvar a la Revolución. 

Mantener la capacidad combativa del Ejército Rojo y la economía militar era la tarea principal del momento y lo único que podía salvar al Poder soviético. En aras de lograrlo, se tomaron medidas especiales en la dirección de la economía. Se eliminó la circulación monetaria; las relaciones económicas entre la ciudad y el campo se establecieron mediante medidas administrativas. La lucha de los kulaks contra el Poder soviético y su propaganda contrarrevolucionaria entre los campesinos pobres y medios, agudizó la lucha de clases en el campo y amenazó con debilitar la alianza obrero-campesina, que constituye la principal base social de la Revolución socialista. 

En estas condiciones se implantó la entrega forzosa al Estado del plusproducto agrícola en físico. Se eliminó el mercado, sustituyéndolo por la recogida obligatoria de trigo y otros alimentos para el ejército y los obreros de las ciudades. Estas medidas necesarias, prácticamente eliminaron de momento las relaciones monetario-mercantiles en la economía soviética. La producción industrial también estaba dedicada, en lo fundamental, para el ejército, tanto en el combustible y los metales, como en el tejido y otros productos. Aquí también se eliminaron las relaciones de compraventa y la circulación de mercancías. 

Para explicar la justeza de estas medidas y su aplicación en la economía, se desplegó un intenso trabajo político y organizativo entre las masas. El pueblo entendió los objetivos que se perseguían y apoyó con heroísmo y abnegación la política económica del Partido y el Estado soviético. 

El esfuerzo desplegado por los trabajadores en la aplicación de la política del “comunismo de guerra” permitió elevar la producción y la productividad del trabajo. En la cosecha de 1920-1921, los campesinos entregaron al Estado un 30 % más de trigo que en 1919-1920, así como también mayores volúmenes de carne, papas, mantequilla y otros productos. 

La condición decisiva para esta elevación de la producción y la productividad era la elevada conciencia política de las grandes masas trabajadoras, sus iniciativas y el entusiasmo en el trabajo. Solamente de esta manera era posible abastecer de todo lo necesario al Ejército Rojo y vencer a los guardias blancos y los interventores extranjeros en las extraordinariamente difíciles condiciones de la guerra civil. 

Pero estas medidas en la dirección de la economía soviética, que eliminaron las relaciones monetario-mercantiles e instauraron la más severa centralización administrativa en la industria, la agricultura, el transporte y demás sectores económicos, sólo podían elevar la producción y la productividad en un período de extrema gravedad para la Revolución. Estas medidas solo tienen resultado y ganan el apoyo de las masas cuando el poder obrero está amenazado de muerte ante la ofensiva de los explotadores. Debido a ello, la eliminación de las relaciones mercantiles en la construcción del socialismo puede tener lugar solamente de manera provisional y en períodos extraordinarios. 

En condiciones relativamente normales, sin guerra y sin peligros extremos para la Revolución, no pueden aplicarse exclusivos métodos administrativos ni eliminarse la utilización de las relaciones monetario-mercantiles en la construcción del socialismo. 

Las medidas prácticas extraordinarias que fue necesario tomar en el campo de la dirección económica para rechazar la intervención extranjera fueron interpretadas por algunos teóricos como la política que debía aplicarse en la construcción del socialismo. Estas medidas prácticas provisionales se consideraban por ellos como decisiones definitivas y a partir de aquí se trató de elaborar una teoría general de la construcción socialista, que sirviera para todas las etapas del ulterior desarrollo social. 

Durante este período se divulgó la idea de que al socialismo le era ajeno la economía mercantil y sus categorías económicas. Se partía del criterio de que las relaciones monetario-mercantiles estaban identificadas con el capitalismo y, por tanto, eran un obstáculo que había que eliminar para construir el socialismo. 

En esas condiciones, surgieron una serie de intentos cuyo objetivo era eliminar el dinero y sus funciones económicas. En la segunda mitad del año 1920 se discutió en la prensa y en algunas instituciones económicas las vías para sustituir el dinero en las relaciones económicas socialistas. 

En estas discusiones pueden distinguirse tres direcciones principales que pretendían sustituir el dinero y sus funciones: 

• registro natural directo, en unidades físicas, de los gastos de producción; 
• registro en unidades energéticas de trabajo y 
• registro directo en unidades de tiempo de trabajo puro. 

Durante el “comunismo de guerra” se pretendió justificar teóricamente que la economía socialista eliminaba las relaciones monetario-mercantiles y establecía las relaciones naturales de intercambio directo de productos, sin la mediación del dinero. Es decir, la economía socialista era considerada una economía natural, sin relaciones mercantiles. 

En realidad, ninguna de estas concepciones fue puesta en práctica y el Programa del Partido, aprobado en su VIII Congreso, en marzo de 1919, no planteó la eliminación del dinero en forma inmediata, sino la necesidad de crear condiciones para su eliminación futura. Estas condiciones incluían determinadas medidas financieras dirigidas a garantizar la estabilidad del sistema monetario existente. 

Las concepciones definitivas del Partido en esta etapa pueden apreciarse en los fragmentos siguientes del Programa aprobado en el VIII Congreso: 

Al aspirar a la igualdad en la remuneración por todo tipo de trabajo y al comunismo completo, el Poder soviético no puede plantearse como tarea la inmediata realización de esta igualdad en los momentos actuales en que meramente da los primeros pasos hacia el tránsito del capitalismo al comunismo. Por eso es necesario mantener por cierto tiempo una remuneración más alta para los especialistas, para que ellos puedan trabajar mejor y no peor que antes. Para lograr ese objetivo no se puede renunciar al sistema de premios por el trabajo más exitoso y específicamente, el más organizativo.31 

En la esfera de la distribución, la tarea del Poder soviético en la actualidad consiste en continuar incesantemente la sustitución del comercio por la distribución de productos de forma planificada y organizada a nivel de todo el Estado.32 

En este texto se manifiestan las distintas ideas que sobre la dirección económica se debatieron en el VIII Congreso. En el primer párrafo se reconoce que no es posible implantar de inmediato la igualdad de salario y de consumo y se define que esta igualdad se logrará en el comunismo total, y que en el período de transición del capitalismo al comunismo hay que estimular materialmente a los especialistas de alto nivel técnico, o sea, que no puede implantarse la igualdad absoluta en la esfera del salario y del consumo. 

Sin embargo, en el segundo párrafo se plantea que una de las tareas inmediatas del Poder soviético consiste en sustituir el comercio por la distribución planificada de los productos a escala de todo el país. 

Aquí está presente la idea, superada más tarde, de contraponer el plan al mercado, a la ley del valor y a otras categorías mercantiles. 

Pero el Congreso se manifestó resueltamente por no eliminar de inmediato el dinero y la circulación monetaria, aunque planteó la necesidad de tomar medidas que condujeran a su eliminación, tal y como se aprecia en el texto siguiente: 

"En los primeros momentos del tránsito del capitalismo al comunismo, todavía no se organiza totalmente la producción comunista y la distribución de productos y la supresión del dinero se presentan como tareas imposibles. En esta situación los elementos burgueses de la población continúan utilizando el papel moneda en el objetivo de la especulación, el lucro y el pillaje a los trabajadores. 

Apoyándose en la nacionalización de los bancos el PCR se esfuerza en la realización de una serie de medidas que amplían la esfera de cuentas a la orden y que preparan el terreno para la supresión del dinero, tales como: obligación de mantener el dinero en el banco popular, introducción de libretas de presupuesto, sustitución del dinero por cheques o por billetes con derecho a la obtención de víveres, etc".33 

Terminada la guerra civil con la victoria del Poder soviético sobre los interventores extranjeros y la contrarrevolución interna, la situación del país cambió radicalmente. Las condiciones del peligro militar para la Revolución, que determina-ron la adopción de la política del “comunismo de guerra”, habían desaparecido en lo fundamental. 

En las nuevas condiciones, los principios del “comunismo de guerra” tenían que ser cambiados. 

Un momento importante en la comprensión del papel de las relaciones monetario-mercantiles en la construcción del socialismo fue el paso del período del “comunismo de guerra” a la Nueva Política Económica. Este cambio en el método de dirección de la economía soviética fue concebido y dirigido por Lenin, y en él se refleja la profundización del pensamiento marxista sobre la producción mercantil en las condiciones de la construcción del socialismo. 

Este cambio propuesto, cuya aplicación dio lugar a la Nueva Política Económica (NEP), restableció los principios de la construcción del socialismo en el período relativamente normal de desarrollo de la República Soviética y constituyó un importante aporte a la teoría marxista de la economía socialista. 

El período del “comunismo de guerra” incluyó la eliminación de las relaciones mercantiles mediante actos legislativos del Estado soviético, una excesiva centralización administrativa, la supresión del mercado y la circulación monetaria, la aplicación más estricta del igualitarismo en la distribución, la reducción de la estimulación material de los trabajadores, la rápida extensión de la propiedad estatal a costa de la reducción de la pequeña producción mercantil. Todas estas medidas eran interpretadas como el camino más corto para la construcción del comunismo completo. Se llegó a plantear por algunos dirigentes del Partido y del Estado soviético que la tarea inmediata de la clase obrera era construir el comunismo, eliminando las relaciones monetario-mercantiles y obviando la fase socialista. 

El debate de ideas mediante el cual se formuló la conclusión de que el “comunismo de guerra” tenía que ser cambia-do por la Nueva Política Económica constituye uno de los procesos de mayor riqueza teórica y práctica por el que transitó el país de los soviets. Su importancia no tiene sólo significación particular para la Rusia soviética, sino también para la concepción general de la construcción del socialismo. 

Además de Lenin, entre los dirigentes del Partido que más amplia y profundamente tomaron parte en las discusiones se destacan León Trotsky, Nicolás Bujarin y Eugenio Preobrajensky. El análisis de sus concepciones al respecto ofrece un importante marco de referencia para precisar aspectos esenciales de la construcción económica del socialismo, habida cuenta de las experiencias acumuladas durante el tiempo transcurrido desde entonces. 

No obstante, el empeño por esclarecer sus ideas se hace difícil por lo escaso de la literatura a ellos dedicada sobre este tema y las tergiversaciones que de uno y otro signo político han sufrido sus concepciones. 

Debido a ello, en este caso no se pretende ofrecer al lector las conclusiones acabadas y definitivas sobre este asunto, sino abordar un acercamiento a los distintos puntos de vista en el debate, como un estímulo para profundizar en este aspecto tan medular para el establecimiento del método correcto para la construcción del socialismo, sobre todo en países relativa-mente atrasados como la Rusia de aquel entonces. 

Con relación a las ideas de Trotsky sobre la NEP, en la versión oficial de la historia del PCUS se plantea que Trotsky consideraba los métodos del “comunismo de guerra” como la única posibilidad de la política económica del Estado proletario para la construcción del socialismo no sólo en el período de la guerra civil, sino también para el futuro en condiciones de desarrollo relativamente pacífico del país de los soviets. 

Al respecto, en la Historia del PCUS se incluye el texto siguiente: 

"En unas tesis redactadas para el XII Congreso, Trotsky lanzó la consigna de establecer la “dictadura de la industria”. En labios de Trotsky, esta consigna no significaba destacar el papel rector de la industria en la economía nacional o el desarrollo preferente de la fabricación de medios de producción con respecto a la de artículos de consumo. Trotsky concebía esta consigna como el desarrollo de la industria, a costa de la explotación de los campesinos. Semejante línea habría conducido a la ruptura de la alianza de los obreros y los campesinos, a la muerte del régimen soviético".34 

Con ello se reafirmaba el criterio de que Trotsky era contrario a la NEP, lo que significaba contrario al uso del mercado en la construcción del socialismo y a promover la participación del campesinado, en estrecha alianza con los obreros, en la defensa y desarrollo de la revolución socialista. 

Sin embargo, el propio Trotsky, en su autobiografía, concluida en Turquía en 1929, después de haber sido expulsado de la URSS por el régimen de Stalin, rechaza estas aseveraciones e incluso asegura que un año antes del X Congreso del Partido, en el cual se aprobó la NEP, él (Trotsky) había propuesto al Comité Central cambiar los métodos del “comunismo de guerra” por un sistema que diera más espacio al interés material y a las palancas económicas. 

El X Congreso del Partido tuvo lugar en marzo de 1921 y el famoso artículo de Lenin “Sobre el impuesto en especie”, que fundamentó teóricamente la NEP, se publicó en mayo de 1921. Durante el invierno 1919-1920, Trotsky se encontraba en los Urales, realizando un trabajo de organización económica. Por ese tiempo, el sistema de ferrocarriles en Rusia se había deteriorado mucho y parecía colapsar a mediados de 1920. Lenin le pidió a Trotsky que regresara de los Urales y se hiciera cargo de la reorganización del transporte por ferrocarriles. 

Es en ese momento (febrero de 1920), según su autobiografía, cuando Trotsky propone al Comité Central del Partido su criterio acerca de que los métodos del “comunismo de guerra” se habían agotado y que era necesario introducir el interés personal para revitalizar la economía. El Comité Central rechazó la propuesta de Trotsky por 11 votos contra 4. Trotsky no presentó su propuesta al IX Congreso del Partido, celebrado en marzo-abril de 1920, el cual siguió siendo un Congreso del “comunismo de guerra”.35 

Cuando un año después, el X Congreso del Partido abandonó los métodos del “comunismo de guerra” y aprobó la Nueva Política Económica”, propuesta por Lenin, recibió el apoyo inmediato de Trotsky. Este explicó que su propuesta de principios de 1920 había sido hecha a partir de un criterio económico, mientras que la de Lenin tenía un fundamento principalmente político.36 

En sus concepciones económicas, Trotsky contraponía el plan al mercado, lo que se refleja en el fragmento siguiente del texto de la biografía de Trotsky, escrita por Isaac Deutscher, acerca de lo discutido sobre el tema en el XII Congreso del Partido: 

“Lenin había dicho que la NEP había sido concebida seriamente y para largo tiempo”; y los adversarios de la planificación citaban la frase con frecuencia. 

“Sí, seriamente y para largo tiempo”, replicó Trotsky, “pero no para siempre. Hemos introducido la NEP para derrotarla en su propio terreno y utilizando en buena medida sus propios métodos. ¿En qué forma? Haciendo uso efectivo de las leyes de la economía de mercado (...) y también interviniendo, a través de nuestra industria de propiedad estatal, en el juego de estas leyes y ampliando sistemáticamente la esfera de la planificación. A la larga extenderemos la planificación a toda la esfera del merca-do, absorbiendo y aboliendo así el mercado”.37 

Al respecto, Deutscher plantea: “(...) debido a la insistencia de Trotsky en la necesidad de una política de ofensiva socialista, muchas personas lo juzgaron básicamente opuesto a la NEP (…)” 38 

En el caso de Bujarin, la historia de sus ideas en torno a la NEP es diferente a la de Trotsky. Antes de que Lenin definiera la necesidad de pasar a la Nueva Política Económica, Bujarin era completamente partidario del “comunismo de guerra” como método general para la construcción del socialismo. Después del X Congreso del Partido, Bujarin se dedicó a fondo al estudio de las causas del surgimiento de la NEP y de su papel en la construcción del socialismo en la Rusia soviética. 

Según A.G.Löwy en su libro El comunismo de Bujarin: 

Gran parte del equipo dirigente vio en la NEP una retirada provisional impuesta por las circunstancias. En cuanto que estas mejoraran, ya por el triunfo retrasado de la revolución en la Europa occidental, ya por el robustecimiento interior de Rusia, se podría volver al comunismo integral. Como se puede apreciar por su actitud en los años posteriores, esa fue la opinión de Trotsky, Zinoviev, Kamenev y el mismo Stalin, con la diferencia de que los primeros confiaban principalmente en la revolución mundial y Stalin más en las posibilidades económicas internas de la Unión Soviética (…)39 

El aspecto central alrededor del cual giraba la discusión en torno a la NEP era si esta constituía sólo un accidente histórico debido a las condiciones particulares existentes en la Rusia soviética de los años 20; o si era el primer peldaño de un largo período de economía mixta, incluyendo el mercado, como único camino para construir el socialismo. Si era un accidente, más tarde o más temprano habría que rectificarlo por medios extraeconómicos en un proceso de agudización de la lucha de clases interna en el país. Si no era un accidente sino la condición en que se tendría que construir el socialismo, la propiedad privada y el mercado se extinguirían paulatinamente en un proceso atenuado en la lucha de clases interna. 

El principal descubrimiento de Bujarin -y el más discutido-, asegura Löwy, se expresa en la expectativa de que el socialismo pleno se desarrolle a partir de la NEP, de sus propias leyes económicas.40 

Estudiosos de la obra de Löwy no son tan categóricos en este criterio y plantean que la aseveración del autor de El comunismo de Bujarin no está fundamentado plenamente en su libro. 

No obstante, Löwy reproduce fragmentos de la intervención de Bujarin en el IV Congreso de la Internacional Comunista, en 1922, en los cuales advierte de los peligros del centralismo económico: 

Si el proletariado se empeña en tomar en sus manos demasiadas cosas, necesita un aparato administrativo gigantesco. El intento de sustituir a todos los pequeños productores por funcionarios estatales crea un aparato burocrático tan gigantesco que sus costes sociales son más graves que los provocados por la situación anárquica propia de los estamentos de pequeños productores.41 

Y en el proyecto de Programa de la Internacional propuesto por Bujarin a su IV Congreso se incluye el texto siguiente: 

El proletariado victorioso ha de hallar la proporción correcta entre las esferas de la producción que pueden ser sometidas a una dirección centralizada y planificada y las esferas que, puestas en sus manos, solo significarían un lastre. Estas últimas se tienen que dejar en manos de la iniciativa privada.42 

Este texto propuesto por Bujarin no fue incluido en el documento que se discutía porque, en definitiva, el IV Congreso de la Internacional Comunista aplazó la aprobación del Programa. 

A principios del año 1920, cuando Bujarin era partidario del “comunismo de guerra”, publicó su libro La economía del período de transición. 

Lenin analizó este libro. Sus anotaciones y señalamientos críticos a diversos conceptos de Bujarin constituyen valiosos aportes al desarrollo de la teoría marxista en las nuevas condiciones. 

En el Capítulo I, Bujarin escribe: (...) De este modo, el fin de la sociedad fundada en la producción capitalista de mercancías significa también el fin de la economía política”.43 Lenin anotó en el margen: “No es verdad” y aclaró que la Economía Política como ciencia de las leyes económicas del desarrollo de la sociedad se mantendría incluso en el comunismo. 

Más adelante escribe Bujarin: “Pues la economía política explora la economía de las mercancías;44 a lo que Lenin repostó anotando: “¡No solamente!”. 

En el Capítulo V, Bujarin plantea que las relaciones mercantiles entre el proletariado y los pequeños productores no tienen un contenido económico propio y “se hace posible principalmente a través de la esfera de la circulación, o sea, formalmente (…)”.45 Lenin anotó al margen: “no sólo formalmente”. 

En la Historia del PCUS se incluye la siguiente apreciación de la actividad de Bujarin en torno a la NEP a fines de la década del 20: 

Las dificultades de la reestructuración socialista y la inevitable agudización de la lucha de clases en el país, como consecuencia de la ofensiva del socialismo, provocaron vacilaciones en las capas pequeñoburguesas de la población. Esto tuvo su repercusión también en el partido: se formó el grupo de los capituladores de derecha con Bujarin, Rykov y Tomski al frente. Bujarin había lanzado ya en 1925 la consigna de “¡enriqueceos!”. Esta consigna significaba de hecho una política de apoyo a las haciendas de los kulaks en el campo... tan pronto como el partido pasó a la ofensiva decidida contra los kulaks, los líderes derechistas intervinieron abiertamente contra la política de industrialización socialista del país y de colectivización de la agricultura.46 

La consigna de “¡enriqueceos!” la pronunció Bujarin el 17 de abril de 1925 en el Teatro Bolshoi de Moscú en una reunión del partido, dentro del texto siguiente: 

(...) Nuestra política en el campo tiene que tender a suavizar y eliminar en parte las muchas restricciones que impiden el desarrollo de las haciendas de los campesinos acomodados y de los kulaks. Hemos de decir a los campesinos, a todos los campesinos: enriqueceos, desarrollad vuestras granjas, no temáis que vayamos a tomar medidas coactivas contra vosotros.47 

Posteriormente Bujarin rectificó la consigna explicando que no se trataba de fortalecer a los kulaks sino de levantar las muchas restricciones que impedían el desarrollo de todos los campesinos. Planteó que, en definitiva, no más del tres o cuatro por ciento de los campesinos eran kulaks y campesinos acomodados, y que no habría mayor peligro en desarrollar las haciendas tipo farmers norteamericanas, manteniendo las adecuadas proporciones entre las distintas capas campesinas. 

Eugenio Preobrajensky expuso sus concepciones en el libro La Nueva Economía, publicado en Rusia en 1926. Esta obra constituyó, en su época, el más completo e integral intento de explicar las transformaciones en la teoría económica de Marx y sus categorías sobre la base de las experiencias prácticas acumuladas por el poder obrero y campesino en los nueve años transcurridos en Rusia después de la Revolución de Octubre. 



Las ideas principales de su tesis giran en torno al nuevo concepto de la ley de la acumulación socialista originaria y su lucha contra la ley del valor. 


Preobrajensky destaca que en el capitalismo rige en forma determinante la ley del valor; y que en la economía de transición al socialismo en Rusia, preside la ley de la acumulación socialista originaria. En Rusia, dentro del cerco hostil de los países capitalistas, con 3 millones de obreros industriales y 22 millones de haciendas campesinas privadas en su economía interna, la única posibilidad para lograr la supervivencia del socialismo consistía, según Preobrajensky, en garantizar la acelerada acumulación ampliada de la industria estatal extrayendo los recursos necesarios para este fin del sector no socialista de la economía, principalmente de la economía campesina. 



Preobrajensky contrapone el plan estatal socialista al mercado como reguladores de la economía en el período de transición. Al respecto plantea: “Nosotros oponemos la producción mercantil a la economía socialista planificada, el mercado a la contabilidad de la sociedad socialista, el valor y el precio a los gastos de trabajo de la producción, la mercancía al producto”.48 


El triunfo del socialismo lo ve Preobrajensky como el triunfo de la economía estatal sobre la economía privada en un pro-ceso lo más acelerado posible y en creciente conflicto hasta su conclusión: “(...) la forma socialista de economía no puede existir en el cerco de la producción mercantil privada sobre la base de la coexistencia pacífica”.49 

Este criterio conducía a concebir la superación de la NEP mediante un rápido proceso de creciente agudización de la lucha de clases interna en Rusia. 

Una vez aprobada y puesta en marcha la NEP, el tema discutido era si esta debería desaparecer mediante una “ofensiva socialista” que en relativamente breve tiempo diera paso a una exclusiva economía estatal y a métodos similares a los del “comunismo de guerra”, o si la construcción del socialismo se realizaría a través de un largo proceso de economía mixta, tanto estatal como privada, donde la ley del valor tenía un importante papel como regulador de la actividad económica. 

Trotsky y Preobrajensky eran partidarios de la primera opción, mientras que Bujarin defendía la segunda alternativa, aunque quizás este no vió con suficiente claridad el peligro que significaba para la revolución socialista la existencia de una clase de poderosos propietarios ricos en el campo. 

Lenin puso las cosas en su lugar y demostró que el “comunismo de guerra” constituía una medida provisional impuesta por las condiciones particulares de la guerra civil que se desató en Rusia, y no el método necesario e inevitable para todos los países que construyen el socialismo. El método permanente y que se repetiría como una necesidad en todos los países era el que reflejaba la Nueva Política Económica, la cual constituía la continuación, en las nuevas condiciones, del acertado plan de construcción socialista aprobado por el Gobierno soviético en abril de 1918 y que contemplaba la utilización de las palancas económicas, el mercado, los bancos y el dinero para la construcción del socialismo. El “comunismo de guerra” fue un paréntesis eventual, para las condiciones de Rusia, en el camino inevitable de la utilización de las relaciones monetario-mercantiles en la construcción del socialismo, aunque sin permitir la existencia de grupos sociales basados en la propiedad privada sobre los medios de producción, con gran poder económico y eventual influencia política. 

Lenin comprendió que con la terminación de la guerra era necesario modificar los métodos de dirección e introducir, junto a los administrativos, nuevos métodos económicos. 

La Nueva Política Económica fue discutida y aprobada por mayoría en el X Congreso del Partido, en marzo de 1921, y se reafirmó en la X Conferencia de toda Rusia del Partido, en mayo del mismo año. En esta Conferencia se discutió el trabajo de Lenin “Sobre el impuesto en especie”. 

La esencia del cambio en los métodos de dirección económica del “comunismo de guerra” a los de la nueva política económica consistía en sustituir el acopio forzoso de los productos agrícolas por el impuesto en especie. Solo por este cambio y aunque las palancas económicas no se extendieran de inmediato al resto de los sectores económicos, la implantación del impuesto en especie contenía un aspecto económico de profunda significación posterior. 

La aplicación de la nueva política económica era, en su esencia, una cuestión política, pues el impuesto en especie conduciría al fortalecimiento de la alianza obrero-campesina y las relaciones de estas dos clases determinaban el destino de la revolución socialista en Rusia. La tarea de la nueva política económica consistía en movilizar a la masa campesina hacia el socialismo empleando los métodos económicos más conocidos por ella. 

Lenin aclaró que la NEP no conduciría a debilitar las bases del socialismo, sino por el contrario, mientras el poder político estuviera en manos del proletariado, la NEP sumaba a este poder político, el poder económico. 

Con la NEP, el campesino tenía que pagar de su producción un impuesto en especie al Estado. Lo que le quedaba por encima de este impuesto, podía usarlo en el aumento de su economía, en el consumo personal o en el intercambio por productos industriales y artesanales en los marcos del mercado local. De hecho se estimuló la circulación de mercancías y el uso del dinero en este intercambio mercantil. 

Junto a esta estimulación, el Partido cuidaba de limitar el crecimiento del capital privado en el comercio, garantizando el decisivo papel del Estado soviético en las relaciones monetario-mercantiles. 

Lenin comprendió la necesidad de las relaciones mercantiles entre la ciudad y el campo para el desarrollo de la construcción del socialismo y concibió una ampliación de las formas económicas de estas relaciones. 

En su artículo “Sobre el impuesto en especie”, de abril de 1921, planteó: 

"Una política acertada del proletariado, que ejerce su dictadura en un país de pequeños campesinos, es el intercambio del trigo por los artículos industriales necesarios al campesino. Únicamente tal política de abastecimiento responde a las tareas del proletariado; solo esta política es capaz de consolidar las bases del socialismo y llevarlo a la victoria completa. El impuesto en especie representa la transición hacia ella".50 

En el mismo artículo Lenin vinculaba la NEP a la situación de las relaciones económicas del Estado soviético con los países capitalistas, a la política de las concesiones y del es-fuerzo para que el Poder soviético influyera en el desarrollo económico de Rusia. 

“Libertad y derechos para las cooperativas en las condiciones actuales de Rusia”, —decía Lenin— “significan libertad y derechos para el capitalismo. No querer ver esta verdad evidente sería una sandez o un crimen”. Y más adelante agregaba: “(...) debemos hacer esfuerzos para que este desarrollo del capitalismo —ya que la libertad de venta, la libertad de comercio es un desarrollo del capitalismo— se lleve al cauce del capitalismo cooperativo”.51 

Las concepciones teóricas sobre la base de las cuales se formuló y aplicó la NEP no abarcaban todas las posibilidades del empleo de las relaciones monetario-mercantiles en la construcción del socialismo; pero sentaban las bases para ello. 

La necesidad de la NEP se explicaba a partir de las distintas formas de propiedad sobre los medios de producción en el período de transición del capitalismo al socialismo. El “comunismo de guerra” había avanzado demasiado hacia las formas comunistas de distribución, y era necesario un “repliegue” para asegurar que la masa de campesinos pobres y medios continuara comprendiendo y apoyando la Revolución. 


Se concebía la NEP fundamentalmente como un intercambio de productos y un desarrollo del mercado y el comercio solo en el ámbito local. Poco a poco las palancas económicas fueron abarcando una escala mayor en el mercado, y las relaciones monetarias y financieras comenzaron a jugar un papel más activo en la dirección de la economía soviética. 



Rusia era un país con una enorme masa de pequeños productores, e incluso, una economía patriarcal bastante generalizada. La guerra había destruido en gran parte la economía, con lo cual la restauración de la gran industria sufrió un gran retraso y la ruina del pequeño productor se agravó aún más. 

En estas condiciones era imprescindible aplazar el desarrollo de la gran industria y el único camino que podía iniciar la recuperación de la economía nacional era el resurgimiento de la pequeña producción campesina y de la pequeña industria. La miseria y la devastación eran tales que no se podía restablecer de golpe la gran producción fabril, la producción del Estado, la producción socialista. 

Ante esta situación, el Partido y el Estado aprobaron, a pro-puesta de Lenin, la aplicación de la NEP que introdujo el impuesto en especie, determinada libertad de comercio y otras medidas que fortalecían el papel del dinero y ampliaban el uso de las relaciones monetario-mercantiles. 

Al principio se concebía la NEP solo como un intercambio de productos entre la agricultura y la industria, entre el campesinado y el proletariado. La libertad de comercio era concebida solamente como un intercambio local y en especie. 

Lenin demostró que en el período de transición del capitalismo al socialismo, con una pluralidad de tipos de economía social, no era posible pasar directamente al socialismo, suprimiendo el empleo de las relaciones mercantiles. En las condiciones relativamente normales de este período, para la construcción del socialismo es necesaria la utilización de las relaciones mercantiles. Lenin esclareció que mientras el poder político esté en manos del proletariado, es posible utilizar el intercambio y la libertad de comercio para fortalecer la economía y avanzar en la construcción del socialismo. 

En las condiciones de Rusia, con un gran peso de pequeña economía campesina, Lenin planteó que la libertad de comercio generaría el capitalismo, pero que ello no era inevitablemente fatal para el socialismo. Era necesario que el Estado soviético fuera capaz de movilizar a la pequeña producción mercantil y encauzarla hacia el socialismo. El cauce hacia el socialismo pasaba por el capitalismo de Estado. 

Lenin concibió cuatro formas principales de capitalismo de Estado en la Rusia de entonces: las concesiones a los capitalistas extranjeros, la cooperación (cooperativas de créditos y de consumo, tanto agrícolas como comerciales), el comerciante privado y el arriendo por el Estado al capitalista industrial. 

La política económica planteada por Lenin concebía la movilización de estas fuerzas por la única vía que dichas fuerzas entienden: el intercambio y la libertad de comercio. Con ello, Lenin fundamentó la utilización de las relaciones mercantiles en el período de transición del capitalismo al socialismo. Dada las circunstancias de aquel momento, esta utilización se limitaba a las relaciones con la pequeña producción mercantil y la causa de su existencia se veía en la presencia simultánea de diferentes tipos de economía social en la etapa de transición al socialismo. 

El intercambio de mercancías se continuaba considerando únicamente capitalista. Su empleo se concebía como una necesidad impuesta por un tipo de economía ajeno al socialismo: la pequeña producción mercantil y el capitalismo. 

En la obra de Lenin “Sobre el impuesto en especie” se expresa claramente la concepción de aquel momento acerca del empleo de las relaciones mercantiles por el Estado socialista. 

"El desarrollo de la pequeña hacienda es un desarrollo pequeño burgués, un desarrollo capitalista, ya que existe el intercambio; esta es una verdad indiscutible, una verdad elemental de la Economía Política (…) ¿Qué política puede, pues, realizar el proletariado socia-lista ante semejante realidad económica? (...) ...o bien intentar prohibir, impedir por completo todo desarrollo del intercambio privado, no estatal, es decir el comercio, esto es, el capitalismo, inevitable con la existencia de millones de pequeños productores. Esta política sería absurda y suicida para el partido que tratara de ponerla en práctica... (…) O bien (la única política posible y la única prudente) no tratar de prohibir o impedir el desarrollo del capitalismo, sino tratar de meterlo en el cauce del capitalismo de Estado (...) ¿Es posible la combinación, la unión, la compatibilidad del Estado soviético, de la dictadura del proletariado con el capitalismo de Estado? Claro que es posible (...) 

Todo el problema —tanto en teoría como en la práctica— consiste en encontrar los métodos acertados de cómo se debe llevar precisamente el inevitable (hasta cierto grado y por un plazo determinado) desarrollo del capitalismo al cauce del capitalismo de Estado, en qué condiciones hacerlo y cómo asegurar, en un futuro próximo, la transformación del capitalismo de Estado en socialismo.52 

Hay que desarrollar por todos los medios y a toda costa el intercambio, sin temor al capitalismo, puesto que lo hemos metido en un marco bastante estrecho (por la expropiación de los terratenientes y de la burguesía en la economía, por el poder de los obreros y campesinos en política), bastante “moderado”. Tal es la idea fundamental del impuesto en especie, tal es su significación económica.53 

Esto podrá parecer una paradoja: ¿el capitalismo privado en el papel de auxiliar del socialismo? Pero no es ninguna paradoja, sino un hecho de carácter económico absolutamente incontrovertible".54 

A fines de 1921 y hasta su muerte, ocurrida el 21 de enero de 1924, Lenin continuó profundizando en la teoría económica del socialismo. De este último período de su vida son los aportes principales que sientan las bases para el desarrollo posterior de las concepciones acerca de la utilización de las relaciones monetario-mercantiles no solo en el período de transición, sino en la propia economía socialista. 

Ya en octubre de 1921, Lenin comprendió que los criterios que habían sustentado la aplicación de la NEP fueron superados en la práctica. Con la NEP se pensaba desarrollar, en el ámbito local, el intercambio de productos entre el campesinado y el proletariado. En realidad, la libertad de dicho intercambio condujo al comercio mediante el dinero, cuya esfera de influencia desbordó el marco local y trascendió a la economía nacional. 

Ante estos hechos, Lenin profundizó aún más en su análisis teórico y llegó a la conclusión de que lo correcto no era tratar de llevar el mercado hacia atrás, hacia el intercambio de productos tal y como se había concebido antes, sino continuar desarrollando el mercado y la circulación monetaria. En esta alternativa, el Estado debía jugar un papel activo y conducir dicho mercado y dicha circulación monetaria por cauces que condujeran a la construcción del socialismo, a través de la acumulación para el resurgimiento de la gran industria. 

Esta idea del desarrollo de la NEP la planteó Lenin en octubre de 1921, al intervenir en la VI Conferencia del Partido en la provincia de Moscú. En esa ocasión explicó: 

"Proyectábamos realizar en todo el país un intercambio, más o menos socialista, de artículos industriales por productos del agro, y gracias a este intercambio restablecer la gran industria como fundamento de la organización socialista. Pero, ¿qué ocurrió? Ustedes saben perfectamente, a través de los hechos y también de nuestra prensa, que el intercambio de mercancías fracasó y tomó la forma de compra-venta. (...) Debemos admitir que el retroceso no fue suficiente, que es indispensable retroceder un poco más aún, dar otro paso atrás en la transición del capitalismo de Estado al control estatal de la compra-venta y la circulación monetaria. El intercambio de mercancías fracasó; el mercado resultó ser más fuerte que nosotros, y en lugar del intercambio de mercancías, se operó la simple compra y venta: el comercio. 

Debemos ajustarnos a ella, porque de lo contrario la fuerza espontánea de la compra y la venta, de la circulación monetaria, nos arrollará".55 

En esos momentos Lenin continuaba considerando la utilización de las relaciones monetario-mercantiles en la construcción del socialismo solamente como una necesidad impuesta por los vestigios de un régimen social ajeno al socialismo. El empleo de las relaciones mercantiles era considerado como un paso atrás en la edificación de una economía socialista, que hasta entonces se había concebido alcanzar de forma inmediata y diferente, prescindiendo de la utilización de las relaciones mercantiles. 

Lenin planteó que en las condiciones de Rusia, con una enorme masa de pequeños productores, la construcción del socialismo se llevaría a cabo dando un rodeo, por la vía más larga, y no directamente. Haber descubierto la necesidad de este rodeo para lograr la edificación socialista es un mérito de Lenin. Con esta idea, se enriqueció el marxismo y su teoría económica del socialismo. Hoy se puede asegurar que lo que entonces se consideraba un rodeo es, en realidad, el único camino posible para construir el socialismo. 

Las bases teóricas para llegar a esta conclusión fueron sentadas por el propio Lenin. El control del comercio por el Estado era concebido por Lenin no de una manera temporal a corto plazo, sino en la medida que se alcanzara el socialismo a escala mundial. 

En su artículo “La importancia del oro, ahora y después de la victoria total del socialismo”, escrito en noviembre de 1921, Lenin planteó: 

(...) Pienso que cuando triunfemos en escala mundial construiremos mingitorios públicos de oro en las calles de algunas de las más importantes ciudades del orbe. 

Por el momento es necesario economizar el oro en la RSFSR,* venderlo más caro, adquirir con él mercancías a precios más bajos.56 

La comprensión de Lenin acerca de que la construcción de la economía socialista en la URSS era un fenómeno totalmen-te nuevo y que había que estar preparado para aplicar las formas más variadas de dirección, aún no previstas anteriormente, lo demuestra el siguiente párrafo de la obra última que hemos mencionado: 

(...)Todas las formas económicas de transición son admisibles, y es preciso saber emplearlas, puesto que son necesarias para fortalecer los vínculos entre los campesinos y el proletariado, para reanimar enseguida la economía en un país agotado y arruinado, para elevar el nivel de la industria.57 

A fines del propio año 1921, Lenin comenzó a vincular el uso de las relaciones mercantiles con las características del sector socialista de la economía, planteando que uno y otro no se contraponen antagónicamente. En carta a G.M. Krzhizhanovski, en diciembre de 1921, Lenin escribió: 

(...) la nueva política económica no modifica el plan económico estatal en su conjunto ni se sale de sus marcos, sino que modifica sólo el modo de abordar su realización.58 

Lenin abordó de lleno los métodos económicos de dirección de la economía socialista y su aplicación en el sector estatal socialista. En carta a Sokolnikov, entonces Ministro de Finanzas, el 1ro. de febrero de 1922, planteó los principios del cálculo económico en las empresas socialistas: 

(...) Pienso que los trusts y las empresas que funcionan sobre la base del cálculo económico han sido creados precisamente para responder ellos mismos, y además por entero, de la rentabilidad de sus empresas (...) 

Si después de haber creado los trusts y las empresas basados en el cálculo económico, no lográramos asegurar plenamente y en el terreno mercantil nuestros intereses, seríamos unos tontos de remate.59

En enero de 1923, Lenin definió el carácter socialista de las cooperativas en la URSS. En su conocida obra “Sobre la co-operación”, analizó cómo la organización cooperativa, bajo el capitalismo, no tenía carácter socialista ni constituía el ca-mino al socialismo. Los viejos socialistas utópicos que soñaban con el cooperativismo como vía para construir el socialismo, no comprendían que en aquellas condiciones lo fundamental no era la cooperativa, sino la lucha política de la clase obrera por derrocar el dominio de los explotadores. 

Después de ese derrocamiento, llevado a cabo en Rusia, el papel de las cooperativas cambia por completo y adquiere un contenido socialista, constituyendo el camino más sencillo, fácil y accesible para el campesino en su desarrollo hacia el socialismo. 

(...) Cuando los medios de producción pertenecen a la sociedad, cuando es un hecho el triunfo de clase del proletariado sobre la burguesía, el régimen de los cooperativistas cultos es el socialismo.60
(...) Si pudiéramos organizar en cooperativas a toda la población, pisaríamos ya con ambos pies terreno socialista. 61

Esta definición de Lenin tiene enorme importancia para la comprensión del proceso de construcción del socialismo. Con ella se establece que las categorías económicas pueden cambiar de contenido según el régimen social en que se desarrollen. A su vez, la definición del carácter socialista de las cooperativas tiene especial importancia para el desarrollo de la economía política del socialismo. Con esta definición se establece que las relaciones mercantiles, el uso del dinero y otras palancas económicas, que relacionan entre sí al Estado proletario y a las cooperativas socialistas, surgen no solamente sobre la base de la pequeña producción mercantil y el capitalismo, sino que también hay causas en el propio sector socialista de la economía que determinan la necesidad de la utilización de las relaciones monetario-mercantiles. 

Con ello, Lenin definió que las categorías mercantiles también pueden existir sobre la base del sector socialista de la economía, donde no existen ni la propiedad privada sobre los medios de producción, ni la explotación del hombre por el hombre. 

Este documento de Lenin, unido a sus muchas apreciaciones sobre los principios, la organización y los métodos de dirección económica en la construcción del socialismo, permiten declarar que Lenin enriqueció la teoría económica marxista del socialismo, la desarrolló en las nuevas condiciones históricas y sentó las bases teóricas para el ulterior desarrollo de dicha teoría. 

Citas


23 V.I. Lenin: Obras Completas, t. 1, p.92, Editorial Progreso, Moscú, 1981. 

24 
Ibídem, p. 99. 

25 Ibídem, t.6, p. 21l.

26 Ídem. 


27 V.I. Lenin: Obras Escogidas en tres tomos, t. 2, p. 679, Editorial Progreso Moscú, 1981. 

28 Ibídem, p.681.

29 
Ibídem, pp. 685-686. 

30 Acuerdos del Partido y del Gobierno sobre cuestiones económicas (1917-1967), t 1, p. 28 (texto en ruso), Editorial de Literatura Política, Moscú, 1967. 

31 Acuerdos del Partido y del Gobierno sobre cuestiones económicas (1917-1967), t 1, p. 28 (texto en ruso), Editorial de Literatura Política, Moscú, 1967.

32 
Ibídem, p. 137. 

33 Ibídem, pp. 138-139. 

34 Historia del Partido Comunista de la Unión Soviética, p. 391, 2da. ed., Moscú, s/a. 

35 Leon Trotsky: My Life, p. 463, Pathfinder Press, New York, Seventh printing, 1987.: “From the Urals I brought with me a store of economics observations that could be summed up in one general conclusion: war communism must be abandoned. My practical work has satisfied me that the methods of war communism forced on us by the conditions of civil war were completely exhausted, and that to revive our economic life the element of personal interest must be introduced at all costs; in other words, we had to restore the home market in some degree. I summitted to the Central Committee the project of replacing the food levy by a grain-tax and of restoring the exchange of commodities”. 

36 Ibídem p. 466: “The uprisings at Kronstadt and in the province of Tambov broke into the discussion as the last warning. Lenin shaped the first and very guarded theses on the change to the New Economic Policy. I subscribed to them at once. For me, they were merely a renewal of the proposals which I had introduced a year before”. 

37 Isaac Deutscher: Trotsky, el profeta desarmado, 2do. vol., pp. 101-102. 

38 Ibídem, p. 102. 

39 A. G. Löwy: El Comunismo de Bujarin, p. 177, Ediciones Grijalbo, Barce-lona, 1972. 

40 Ibídem, p.179.

41 
 Ibídem, p. 182

42 
Ídem

43 Nicolai Bujarin: Teoría Económica del Período de Transición, p.154, Siglo XXI, Argentina Editores S. A., Buenos Aires, 1974. 

44 
Ibídem, p.155. 

45 
Ibídem, 179. 

46 Historia del Partido Comunista de la Unión Soviética, p. 440, 2da. ed., Moscú.

47 A. G. Löwy: El Comunismo de Bujarin, p. 287, Ediciones Grijalbo, Barcelona, 1972. 

48 Eugenio Preobrajenski: La Nueva Economía, p. 167, Instituto del Libro, La Habana, 1968. 

49 
Ibídem, p. 236. 

50 V.I. Lenin: Obras Escogidas en tres tomos, t. 3, p. 616, Editorial Progreso, Moscú, 1981. 

51 Ibídem, pp. 620-621.

52 V. I. Lenin: Obras Escogidas en tres tomos, t. 3, pp. 617-618.

53 
Ibídem, p. 625. 

54 
Ibídem, p. 627. 

55 V.I. Lenin: Obras Completas, t. 33, p. 83, Editora Política, La Habana, 1964. 

56 Ibídem,pp. 98-99

57 
 Ibídem, p. 100. 

58 V.I. Lenin: Obras Completas, t.35, p. 552. 


59 Ibídem, p. 566 (cotejado con el texto en ruso).

60 
V.I. Lenin: Obras escogidas en tres tomos, t. 3, p. 789, Editorial Progreso, Moscú, 1981.

61 Ibídem, p. 791.