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martes, 9 de enero de 2018

¿Cómo deben ser ordenadas las ciudades cubanas? (+ Video)




Los especialistas del Instituto de Planificación Física prestan especial interés al diseño de nuestras ciudades. Foto: Ricardo López Hevia
Avanzar en el camino hacia la implementación del Plan de Acción Nacional de la Nueva Agenda Urbana (NAU) es el propósito del V Foro Urbano Nacional que inicia hoy en La Habana y que se extenderá hasta el próximo 11 de enero.
El diseño de las ciudades y asentamientos humanos, así como el planeamiento, la legislación y la economía urbana serán los principales puntos en torno a los cuales girará el debate en el evento. 
A decir del presidente del Instituto de Planificación Física (IPF) Samuel Rodiles Planas, se ha llevado a cabo un intenso trabajo con el Comité Nacional Hábitat y la asistencia técnica de la ONU- Hábitat, un organismo internacional que apoya en lo relacionado con la Nueva Agenda Urbana y con la elaboración del Plan de Acción Nacional.
«El fin de esta herramienta es servir de referencia para elaborar la política urbana de Cuba, para que las ciudades y asentamientos humanos del país se acerquen al ideal propuesto por la NAU en correspondencia con el desarrollo del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista», afirmó Rodiles Planas. 
El Foro cuenta, además, con la participación de Consuelo Vidal, coordinadora residente del Sistema de las Naciones Unidas en Cuba, y de Eugenio Grazia, oficial de Programa ONU-Hábitat en México. 
¿Qué es la Nueva Agenda Urbana?
  • La Nueva Agenda Urbana (NAU) es una iniciativa de ONU que busca impulsar el desarrollo sostenible e inclusivo en las ciudades del mundo. La NAU promueve un cambio de paradigma de la urbanización, considerándola como un elemento clave para el desarrollo económico y social.
  • En Cuba el Instituto de Planificación Física (IPF) y el organismo internacional ONU-Hábitat llevaron a cabo en 2017 un «Diálogo sobre la Implementación de la Nueva Agenda Urbana en Cuba» con el objetivo de intercambiar conocimientos técnicos en el marco de la implementación de la Nueva Agenda Urbana (NAU) en Cuba.
  • También en 2017 se estableció una herramienta para la implementación de la Nueva Agenda Urbana (NAU) en Cuba, la cual fue presentada en el marco del proyecto «Apoyo a programas de desarrollo urbano sostenible en América Latina y Centroamérica: Implementación de la Nueva Agenda Urbana en Cuba».
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La unificación monetaria y cambiaria en Cuba: principales retos

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La gradual eliminación del sistema económico dual, vigente en la Isla desde el año 1993, constituye un paso imprescindible y decisivo, en pro de la consecución de un mayor grado de solidez e incluso certidumbre en la implementación de la reformas en marcha, en tanto se puede afirmar que su ejecutoria representa probablemente, el centro neurálgico de la evolución del proceso de Actualización del modelo económico.

En correspondencia con la importancia estratégica que requiere el necesario ordenamiento del funcionamiento monetario del país, el 22 de octubre del año 2013 el Consejo de Ministros, en su reunión ampliada, adoptó el acuerdo de comenzar a trabajar en el proceso de unificación monetaria.[1]

La ulterior divulgación de esta decisión generó diversas expectativas a escala nacional, sobre todo en el ámbito de la economía real, dado que la paulatina implementación de esta medida deberá contribuir, gradualmente, a superar diferentes distorsiones presentes en la economía, En específico la capacidad para disponer de una base uniforme y fiable en el registro contable de todas operaciones económicas, ya que en la actualidad no resulta posible determinar con certeza cuánto cuesta realmente ninguna actividad económica.

La gradualidad que ha caracterizado la implementación del proceso de eliminación de la dualidad económica y monetaria, ha respondido a diversos factores. Entre otros se destaca el hecho de que la realización práctica de esta decisión comprende el desarrollo de dos transformaciones interconexas, por una parte, deberá verificarse la unificación monetaria, por otra, la introducción de ajustes profundos en la política cambiaria, acción que implicará transitar por una progresiva devaluación monetaria que traerá aparejado determinados costos económicos y sociales que resultará difícil corregir de forma rápida.

En vínculo con lo anterior, debe considerarse que el proceso de unificación monetaria y cambiaria, tendrá que verificarse bajo la persistencia de endebleces macroeconómicas: el mantenimiento de bajos ritmos de crecimiento económico, la inestabilidad en la dinámica de los ingresos que aportan las exportaciones de bienes y servicios, la presencia de factores que propenden a la presencia de condiciones potenciales de riesgo de iliquidez, las presiones que ejerce la política de honrar de forma puntual las obligaciones financieras externas contraídas, insuficientes niveles de las reservas monetarias internacionales, etc. A esto se adiciona el mantenimiento de la crisis como un componente consustancial a la evolución del ciclo económico nacional.

La supresión del régimen de dualidad económica y monetaria presupone también la evaluación profusa de las decisiones que deberán adoptarse, en paralelo a la unificación, en las cuales sobresalen las modificaciones en el sistema bancario, de precios, en el funcionamiento financiero, fiscal, cambiario, de remuneración laboral; así como en el acomodo que deberá experimentar el mecanismo de asignación administrada de la divisa.

En general, el accionar de conjunto de los factores antes descritos, ofrece la posibilidad de explicar por qué en el período transcurrido con posterioridad a 2013, la eliminación de la dualidad económica no presentó progresos tangibles.

II

La unificación cambiaria representa probablemente uno de los aspectos más complejos que comprende el proceso de ordenamiento monetario, ya que no se trata simplemente enfrentar la situación tradicional de sobrevaloración cambiaria, sino el lograr transformar el empleo del tipo de cambio en un instrumento estratégico para la toma de decisiones en el sistema empresarial, dado que en términos prácticos solo existe una visión limitada en torno a este tema en las empresas vinculadas al sector externo.

La unificación cambiaria deberá estar precedida de la eliminación de la circulación del CUC, proceso que presentaría determinadas complejidades, en tanto de forma objetiva pudieran surgir incompatibilidades y trastornos en la transición de un modelo de gestión anclado en la divisa, a otro sustentado exclusivamente en el peso, además de que se requiere crear un marco de convertibilidad mínima del peso como indica Joaquín Infante (2017).

Huelga recordar que por diversas razones no existe un desarrollo adecuado del mercado financiero doméstico y tampoco se dispone de un esquema de "cadecas” estrictamente para el sistema empresarial estatal, que les facilite satisfacer determinados requerimientos financieros.

De igual modo, la unificación cambiaria incidirá con fuerza en la estructura de los precios relativos y, por consiguiente, en las posibilidades de determinar los niveles de rentabilidad empresarial. Incluso podría generar presiones fiscales adicionales, en tanto es previsible que se produzca un incremento de los recursos financieros que se utilizarían para compensar a las empresas que resulten afectadas de forma directa por la referida unificación.

Un reto implícito que acompañará la unificación cambiaria es la devaluación que deberá experimentar el tipo de cambio vigente, tanto para las transacciones oficiales como para la población. Por razones objetivas, la adecuación del tipo de cambio incidirá en la dinámica de los precios internos, como ya indiqué, en términos prácticos se convertiría en un factor potencial que incentivaría el incremento de las presiones inflacionarias. [2]

Aún se desconocen las escalas cambiarias que surgirán del proceso de devaluación, aunque en la actualidad está funcionando un sistema cambiario de tipo múltiple, en particular para las transacciones entre el sector estatal y no estatal. En las propuestas realizadas por Humberto Pérez (2016) y Joaquín Infante (2017) se sugiere que se aplique una devaluación general —tanto para el sistema empresarial como para las personas— de 1 CUC = 15 CUP, la cual es mayor a la vigente en algunos espacios estatales y a las transacciones ya referidas (1 CUC = 10 CUP). Con independencia de que se acepte o no la propuesta de Pérez e Infante, la devaluación prevista es significativa y sus impactos en el corto plazo podrían resultar significativos.

En otra perspectiva, la devaluación a mediano plazo deberá convertirse en una motivación al incremento de las exportaciones. Recordemos que durante la prevalecencia de la dualidad monetaria, el referido régimen monetario tendía a incentivar con más fuerza la propensión importadora que las ventas internacionales. Por supuesto, no se debe esperar automatismo derivado de la devaluación, es decir, que los beneficios que acompañaran a esta decisión no implicarán de inmediato el incremento de las exportaciones.

En este nuevo contexto de eliminación del sistema monetario dual, la política monetaria deberá además privilegiar el mantenimiento de los equilibrios macro, así como lograr un mejor nivel de interrelación con la política fiscal e impositiva. De igual modo, la política cambiaria deberá moverse hacia un marco operacional más flexible y de mayor peso en la dinámica de funcionamiento económico interno, en el que tienda a transformarse en un componente estratégico de la gestión económica, tanto a escala empresarial como gubernamental y, en paralelo, facilitar la creación de aquellas condiciones macroeconómicas básicas que posibiliten orientar la gestión económica y evaluar, con mayor certeza, la capacidad competitiva de la economía nacional.

En general, el proceso de unificación monetaria y cambiaria ha transitado por lo que pudiéramos definir como la primera etapa del proceso, que comprende la promulgación de los documentos jurídicos en que deberán sustentarse las empresas, llegado el momento de suprimir la circulación del CUC: casi se ha generalizado el empleo del CUP en el segmento de mercado que opera en divisa, a la tasa de cambio vigente en las CADECA, en las transacciones con la población; el Banco Central de Cuba realizó la emisión de signos monetarios de mayor denominación para lograr un mejor ordenamiento de la circulación monetaria, mientras que, en relación con la política de tipo de cambio, aún no hay claridad en cuál será el tipo de cambio que quedará vigente después de la unificación, en tanto se continúan empleando diferentes tasas cambiarias.

Finalmente, si compleja resultó la construcción de un sistema de funcionamiento económico anclado en el empleo de la divisa; aún más complicado deberá ser el retorno a un marco regulatorio dependiente de forma exclusiva del peso cubano tradicional (González, 1998), el cual deberá contemplar su ulterior avance hacia el necesario reconocimiento internacional, que coadyuve a disponer de condiciones mínimas de convertibilidad monetaria a escala internacional.

Bibliografía

Resoluciones 19, 20 y 21 de 2014, del Ministerio de Finanzas y Precios. Gaceta Oficial, Extraordinaria, del 6 de marzo de 2014. 

González, A. (1998) "Economía y sociedad: los retos del modelo económico". Temas, n. 11, julio-septiembre.

Infante, J. (2017) "Eliminación de la pluralidad monetaria y cambiaria". Documento de la Asociación de Economistas de Cuba.


[1]. Para mayor detalle, véase "Nota oficial del Gobierno de la República de Cuba". Granma, 25 de octubre de 2013, La Habana.

[2]. La ampliación de las posibilidades para el ejercicio del trabajo por cuenta propia, la eliminación de subsidios, la introducción de otras formas de gestión de la propiedad estatal, entre otras medidas, han provocado la progresiva tendencia al incremento de los niveles de los precios internos.

Dos décadas de inversión en Cuba: ¿antesala del “momento chino” de la reforma?

Por Pedro Monreal, El Estado como tal

En las dos últimas décadas, la inversión en Cuba ha registrado niveles promedios que apenas han alcanzado la mitad de lo que se necesita para el desarrollo nacional. Entre 1997 y 2015, último dato disponible, la inversión ha promediado un 13,06 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), muy inferior al nivel de 27 por ciento del PIB que se ha estimado como necesario (1).


La implicación parece ser clara: con una brecha de inversión como la actual, Cuba no se desarrollará, con independencia de lo que digan los documentos, de las aspiraciones o de las buenas intenciones.
Una economía que anhele desarrollarse necesita modificar su estructura y ello implica, inevitablemente, poder sostener tasas de inversión relativamente elevadas durante un tiempo; con toda seguridad superiores al 20 por ciento, preferiblemente entre el 25 y el 30 por ciento.
De manera muy simplificada, una economía pudiera crecer por dos vías, las cuales pueden ocurrir de manera simultánea, o de manera alternativa. Una vía -usualmente llamada “extensiva”- se basa en la agregación de “factores”, principalmente la fuerza de trabajo y el incremento de la capacidad material para producir. Esto último normalmente es el resultado de la inversión, que es el factor que agrega “capital” a la economía, algo que la estadística oficial cubana define como “formación bruta de capital”.
La segunda vía -normalmente denominada “intensiva”- consiste en hacer una utilización más eficiente de los factores (fuerza de trabajo e inversión) que permita obtener un incremento en unidades del PIB que sea mayor que la adición de cada unidad de los factores utilizados.
En las últimas dos décadas, el crecimiento por la vía “extensiva” se ha enfrentado en Cuba a limitaciones crecientes, tanto en cuanto a la agregación de fuerza laboral como en lo relativo a la inversión. El Gráfico No. 1 facilita la visualización del proceso.
Gráfico No. 1
Grafico1
Fuente: ONEI. Anuario Estadístico de Cuba (varios años: 2000, 2006, 2010, 2014, 2016).
Después de haber crecido en los primeros trece años del período estudiado (1997-2009), el número total de “ocupados” en la economía cubana (en todos los sectores de propiedad) se ha mantenido estancado, con una tendencia clara hacia la reducción a partir en los últimos años, tal y como puede apreciarse en la línea azul del gráfico.
El proyectado envejecimiento de la población cubana, y probablemente la emigración, parecen establecer límites a la posibilidad de que el incremento de la fuerza laboral pudiera funcionar como un factor de crecimiento efectivo en los próximos años.
Debido a la carencia de datos sobre la dotación acumulada de capital del país, pudiera utilizarse la “tasa de inversión” (cociente resultante de dividir la “formación bruta de capital” entre el PIB) para representar el proceso de agregación del factor “capital” a la economía. Las estadísticas de Cuentas Nacionales tienen dos series distintas para el indicador “formación bruta de capital”. La primera expresa la tasa a precios corrientes y la segunda lo hace a precios constantes de 1997. Las tasas para cada año son diferentes en ambas series, adoptando el indicador valores menores en la serie a precios corrientes.
El Gráfico No. 1 se ha construido con la serie a precios constantes de 1997, es decir, con los valores relativamente mas altos de las tasas de inversión, representados por columnas en color verde.
Las tasas de inversión han tenido variaciones, pero -como se ha expresado anteriormente- durante todo el período registró un bajo promedio de 13,06 por ciento. En el período más reciente (2010- 2015), las tasas han sido relativamente estables, pero registrando solamente un promedio de 13,65 por ciento.
Una conclusión preliminar es que la inversión ha permitido una vía de crecimiento “extensivo”, aunque enmarcada en un rango de tasas de inversión relativamente bajas que no parecen tener posibilidades de incrementarse significativamente en el futuro previsible, entre otras cosas porque el crecimiento económico -resultado de la inversión y a la vez fuente potencial para financiar nueva inversión- se ha mantenido a niveles muy bajos que no logran alcanzar la cota del 5 por ciento que, oficialmente, ha sido mencionada como el nivel de crecimiento mínimo que el país necesita para avanzar hacia el desarrollo.
¿Una inversión atrapada sin salida?
Ante las limitaciones que existen para poder estimular el crecimiento económico mediante la agregación de “insumos” (fuerza de trabajo e inversión), la alternativa que quedaría para poder crecer a ritmos mayores que los actuales sería la de poder incrementar la eficiencia de la inversión. Sin embargo, en esa área el récord reciente de Cuba tampoco parece ser satisfactorio.
Si se representa gráficamente la correlación anual entre la tasa de inversión (como porciento del PIB) y la tasa de crecimiento del PIB, pudiera visualizarse una posible medición de la tendencia de la “eficiencia” de la inversión para períodos determinados.
Gráfico No. 2
Grafico2
Fuente: ONEI. Anuario Estadístico de Cuba (varios años: 2000, 2006, 2010, 2014, 2016).
En ese tipo de gráfico, la zona de utilización menos eficiente de la inversión para alcanzar el crecimiento estaría representada por el cuadrante inferior derecho del gráfico, el cual es, precisamente, el que ilustra la situación de Cuba desde 2008.
En ese cuadrante “malo” –delimitado por una línea discontinua azul en el gráfico- se ha mantenido “atrapada” la correlación de la tasa de inversión y la tasa de crecimiento anual de Cuba durante el período 2008- 2015. Los “cruzamientos” de las dos variables se han representado en forma de puntos de color rojo.
El último año para el que existe estadística oficial es 2015, pero con la información divulgada sobre las tasas de crecimiento de 2016 y 2017, así como el pronóstico para 2018, es plausible asumir que las correlaciones para toda la etapa 2008- 2018 se mantendrían en ese cuadrante “malo”.
Debería ser vista con mucha preocupación la situación de los últimos años en la que el crecimiento del PIB ha tendido a mantenerse continuamente a un nivel bajo, en coexistencia con tasas de inversión que, siendo insuficientes, sin embargo, habían sido capaces de asociarse anteriormente con mayores tasas de crecimiento del PIB.
Una posible hipótesis que pudiera ser formulada –para tratar de validarla o de negarla mediante el análisis- sería que la economía cubana habría experimentado un deterioro de la “eficiencia” de la inversión durante la etapa de la “actualización”.
¿Se estaría aproximando Cuba a un “momento chino” en su reforma?
La posibilidad de ilustrar gráficamente un período de aproximadamente dos décadas, permite entender procesos económicos de largo plazo que pudieran tener una relevancia política directa. Una estrategia de desarrollo para Cuba que no logre traducirse en tasas sostenidas de crecimiento relativamente altas y apoyadas en la eficiencia, correría un alto riesgo político de ser percibida como una estrategia fracasada.
El potencial corolario político sería que el actual enfoque de la reforma económica debería enfatizar aún más la atención a los procesos concretos que operan a nivel de las unidades económicas donde se asegura -o donde se arruina- la eficiencia: las empresas.
¿Se estaría aproximando Cuba a un “momento chino” en su reforma? Lo digo por aquello del slogan de “retener lo grande y soltar lo pequeño” que utilizó el Partido Comunista de China (PCCH) durante la etapa de la reforma iniciada a finales de la década del noventa -a raíz del Cuarto Pleno del Comité Central del PCCH, en 1999- y que condujo a una notable restructuración del sector estatal de la economía de aquel país y a una expansión de la empresa privada.
Obviamente los contextos de las reformas en China y Cuba son muy distintos, y por supuesto que no se sugiere aquí “copiar” modelo alguno, pero parece conveniente llamar la atención sobre el hecho de que la decisión política de quienes toman decisiones para reformar una economía con un gran sector estatal que no logra utilizar con eficiencia y efectividad los activos económicos que gestiona, se enfrenta esencialmente a un mismo tipo de reto, aún en países distintos: resolver la difícil opción de ponderar los costos políticos de corto plazo asociados a una reforma, en comparación con los costos políticos de largo plazo que pudieran derivarse del bajo crecimiento y de la disipación de las posibilidades de desarrollo que resultarían de la ausencia de una reforma efectiva.
No es un problema técnico, ni principalmente económico, ni se resuelve con la teoría, ni con un discurso. Es una opción política que toca intereses específicos y que, de manera muy concreta, le pudiera “cambiar la vida” a los ciudadanos. Algunos pudieran ganar y otros pudieran perder, no solo en lo económico. Aquí hay un terreno fértil para los interesados en “hacer” Economía Política en la Cuba contemporánea.
 Notas:
1 Vilma Hidalgo de los Santos y Yordanka Cribeiro Díaz. “Estrategia de crecimiento y equilibrio macroeconómico en Cuba”. Economía y Desarrollo.  Vol.153, supl.1 La Habana, 2015. http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0252-85842015000100003

Otra pelea cubana contra el bloqueo


Eileen Sosin Martínez • 9 de enero, 2018


LA HABANA. Siempre terminamos hablando de lo mismo: la política, la economía, “la situación”. Cambian los nombres y las caras, en diferentes grupos; pero no cambia el tema. Invariablemente, como insecto que vuela a quemarse en el bombillo, acabamos analizando “cómo está la cosa”.

Sin embargo, últimamente nuestro asunto favorito se ha desplazado en el orden del día. Sucede que algunos de mis amigos, profesionales jóvenes la mayoría, se están dedicando a eso de viajar y traer “mercancía”, para venderla después.

Así realizan dos nobles aspiraciones: ganar algún dinero extra, y descubrir lo que hay después del mar. En buena ley, son metas universales, humanas, viejas como el tiempo. No obstante, sobre ellos también se cierne el eterno pasar trabajo, ese que parece nuestro más persistente karma nacional.

El proceso –kafkiano igual que aquel- comienza con un meticuloso estudio de mercado. Sondear la demanda, precios, tipos de artículos; y luego ajustar eso a un estimado de peso y valor en Aduana, supone una compleja habilidad que muchos desconocían tener, hasta que lo hicieron por primera vez.

Paralelamente, deben obtener el visado, si corresponde. En los sitios web de algunas embajadas, la sección para reservar entrevistas permanece cerrada, y cuando abren, se corre la voz de tal manera que resulta casi imposible acceder. Y desde una wifi pública, más imposible todavía. Por eso, otros con Internet suficiente cobran, pongamos, unos 50 CUC, por el mero favor de sacar el turno.

Si todo sale bien, uno recibe mensajes como este: “La buena noticia es que me dieron la visa, lo jodido es q x 6 meses lo q c/ entradas múltiples. Voy en octubre, ya saben, listas cortas jajaja”. No es nuevo que los amigos viajeros se conviertan en proveedores de chucherías y cosas importantes (chocolates, condones “de-a-fuera”, medicina, un disco externo, un celular…).

Del otro lado ya los esperan. Dayana cuenta que en México hay un lugar nombrado Tepito, una especie de feria enorme y variada —y peligrosa— donde suelen comprar los paisanos. “Bienvenidos cubanitos”, se leía en la puerta de una tienda. Por su descripción, yo me lo imagino como La Cuevita del D.F.

Dicen que el Zócalo deviene punto habitual de encuentro, y que al primer vistazo se puede identificar a los que están “en la lucha”. Dicen que si tienes una mano de Orula te tratan con más respeto, porque los mexicanos saben de mambo y de santería igualito que los cubanos, o casi.

Los dos últimos días de su estancia, Dayana se quedó en un hotel de mala muerte (once dólares la noche), también frecuentado por los coterráneos. Aunque claro, existen otros más costosos para quienes los paguen.

Alejandro fue a Panamá acompañado, pues se supone que en grupo la travesía es más segura, además de que se ayudan entre sí con las compras. Y juntos la pasan mejor, por supuesto. Pero con todo y triquiñuelas, los cubanos —mil veces sabichosos— pueden terminar como el cazador cazado. Esa parece la moraleja de un reciente caso de estafa.

En el grupo de Alejandro iba un muchacho ex-trabajador de la Aduana. El Hombre Llave, le llamaban los demás; el conocedor del abracadabra que los haría cruzar ilesos por las puertas de la Isla. Porque aun si lo traen todo en regla, volver llenos de bultos y realizar la bendita primera importación del año, siempre resulta complicado y estresante.

Alejandro utiliza una coartada maestra. Para despistar se disfraza de businessman: camisa de mangas largas, afeitado perfecto, gafas Ray-Ban, perfume matador. Su personaje es un cubano adinerado que vive “allá”, y ahora viene con regalos para la familia.

Llegado el momento, regala piropos a las aduaneras. Por ejemplo, dice: “no seas mala chica, con esos ojos tan lindos que tú tienes”. Si ella sonríe y le devuelve la zalamería, Alejandro sabe que ya ganó. Personalmente prefiere los vuelos después de medianoche, porque a esa hora los funcionarios de Aduana están cansados.

Vender constituye la recta final, un tramo fatigoso donde los merolicos transnacionales abastecen a los merolicos domésticos, o directo a los clientes. El saldo neto serán unos 300 CUC, con suerte 500; y la aventura que para muchos significa montar en avión o en metro, comer fresas o carne de res.

Apuesto que las autoridades cubanas conocen estas historias. Saben, además, que seguirá ocurriendo, porque padecemos lo que algún economista llama “demanda acumulada”; porque la escasez está a punto de transformarse en endémica. (Ojo, perseguir el papel sanitario o el picadillo conspira contra el pensamiento estratégico; la supervivencia nos roba perspectiva.)

Entonces, ¿cuán descabellado sería reconocer este mercadeo como actividad económica legal? El Decreto Ley 162, “De Aduanas”, establece en su Artículo 49: “Podrán efectuar importaciones y exportaciones comerciales las personas naturales y jurídicas autorizadas a estos efectos por el Ministerio del Comercio Exterior”.

En teoría, mientras más bienes de uso y consumo entren al país, se erosiona un poco la corteza pétrea del bloqueo. Esa “pacotilla” —tan fea palabra— representa más champú, más ropa, más televisores y computadoras para el pueblo cubano. ¿O no? Y eso, hasta donde se permite. Pues si dejaran importar tractores para la agricultura, tractores traería la gente.

Veamos un ejemplo. Las TRD venden en 24 CUC una cajita con cuatro repuestos de máquinas de afeitar Gillette Venus. Dayana trae de México esos mismos repuestos y los vende a 2.50 CUC cada uno, o sea, cuatro costarían 10 CUC.

Imaginemos por un minuto qué grande sería comprar lo que sea rebajado por encima del 50 por ciento. Imaginemos, de paso, si ese descuento se consiguiera aplicar a productos más necesarios.

Mientras el bloqueo dure —como parece que durará— hay otras cosas que podemos desbloquear.

Foto de portada: Raquel Pérez.

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